EL HILO ROJO
Cuenta una antigua leyenda que, hace muchos años,
un emperador invitó a una poderosa bruja que tenía la
capacidad para ver el hilo rojo del destino.
Cuando la hechicera llegó a palacio, el emperador le
pidió que siguiera el hilo rojo de su destino y lo condujera
hacia la que sería su esposa. La bruja accedió y siguió el
hilo, desde el dedo meñique del emperador, que la llevó
hacia un mercado. Allí se detuvo frente a una campesina en
cuyos brazos sostenía a un bebé. El emperador, enojado,
pensó que se trataba de una burla de la bruja e hizo caer a
la joven al suelo, provocando que la recién nacida se
hiriera la frente. Luego, ordenó que los guardias se
llevaran a la bruja y pidió su cabeza.
Años después, el emperador decidió casarse con la
hija de un poderoso terrateniente a la que no conocía.
Durante la ceremonia, al ver por primera vez el rostro de
su futura esposa, el emperador observó una cicatriz
peculiar en su frente.
Leyenda del Baobab
Dice la leyenda que, hace muchos años, el baobab era
el árbol más alto y bonito de todos los de la tierra.
Todos estaban cautivados por su belleza, desde los
más pequeños animales hasta los dioses. Su tronco era
muy fuerte, tenía ramas muy largas y un color que
hipnotizaba. Un día los dioses decidieron hacerle un
regalo: convertirlo en uno de los seres vivos más longevos.
Con esta nueva condición, el baobab no paró de
crecer durante años y quiso tocar el cielo y ser como los
dioses. Esto impedía que el resto de árboles recibieran la
suficiente cantidad de luz del sol. Con gran orgullo, el
baobab anunció que pronto alcanzaría a los dioses y se
pondría a su altura.
Cuando sus ramas estuvieron a punto de alcanzar a
los dioses que habitaban en el cielo, éstos se enojaron
tanto que le arrebataron su bendición para darle una
lección de humildad. También, le condenaron a crecer al
revés y así vivir con las flores en la tierra y sus raíces en el
aire, dándole el aspecto que hoy presenta.
Se desconoce si el baobab aprendió o no la lección,
pero lo que si se sabe es que desde entonces presentan el
aspecto extraño que tienen hoy en día.
La mariposa azul
Una antigua leyenda oriental cuenta que, hace mucho
tiempo en Japón, vivía un hombre viudo con sus dos hijas.
Las muchachas eran muy curiosas e inteligentes y siempre
estaban dispuestas a aprender. Continuamente le hacían
preguntas a su padre y este trataba siempre de darles
respuesta.
A medida que pasaba el tiempo, las niñas tenían cada
vez más dudas y hacían preguntas más complejas. Incapaz
de responder, el padre decidió mandar a sus hijas una
temporada con un sabio, un antiguo maestro que vivía en
la colina.
Enseguida, las niñas quisieron hacerle todo tipo de
preguntas. El sabio siempre respondía todas las
cuestiones.
Pronto, las niñas decidieron buscar una pregunta para
la que el maestro no tuviera respuesta. Así, la mayor
decidió salir al campo y atrapó una mariposa, después, le
explicó a su hermana el plan: “Mañana, mientras sostengo
la mariposa azul en mis manos, le preguntarás al sabio si
está viva o muerta. Si dice que está viva, la aplastaré y la
mataré. En cambio, si responde que está muerta, la
liberaré. De esta forma, sea cual sea su respuesta, siempre
será incorrecta”.
Al día siguiente, cuando le preguntaron al sabio si la
mariposa estaba viva o muerta, deseando que cayera en su
trampa, este les respondió calmado: “Depende de ti, ella
está en tus manos”.
Leyenda de la yerba mate
Cuenta una antigua leyenda guaraní que, desde hace
mucho tiempo, la Luna Yasí pasea desde siempre por los
cielos nocturnos, observando curiosa los árboles, ríos y
lagos. Yasí solo conocía la tierra desde el cielo aunque
deseaba bajar y poder ver las maravillas de las que le
hablaba Araí, su amiga la nube.
Un día Yasí y Araí se animaron a descender a la tierra
transformadas en niñas de largos cabellos, dispuestas a
descubrir las maravillas de la selva.
De pronto, entre los árboles, apareció un yaguareté
que se acercaba para atacarlas. Pronto, un viejo cazador
apuntó con una flecha al animal y este escapó veloz del
lugar. Yasí y Araí, que estaban muy asustadas, volvieron
rápido al cielo y no pudieron agradecer al señor.
Yasí decidió que esa misma noche le daría las gracias
al anciano y, mientras este descansaba, le habló desde el
cielo y le dijo: “Soy Yasí, la niña que hoy salvaste quiero
agradecer tu valentía, por eso, voy a darte un regalo que
encontrarás frente a tu casa: una nueva planta cuyas hojas
tostadas y molidas darán como resultado una bebida que
acercará los corazones y ahuyenta la soledad”.
Al día siguiente, el anciano descubrió la planta y
elaboró la bebida tal y como le había indicado la luna. Así
fue como nació el mate.