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Resumen sobre Interculturalidad en América Latina

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Resumen interculturalidad

La interculturalidad no se limita a la coexistencia o el intercambio de diversas expresiones


culturales; también es un proceso y un proyecto que busca la igualdad y el respeto a la diversidad.
Según la UNESCO, implica "la presencia y la interacción equitativa de distintas culturas, generando
expresiones culturales compartidas a través del diálogo y el respeto mutuo".
Durante la década de 1990, en América Latina, la interculturalidad fue clave en políticas públicas,
impulsadas por las demandas de los pueblos indígenas en defensa de sus derechos. Además de la
cuestión territorial, la educación se convirtió en un tema central de debate. A pesar de que los
Estados reconocieron identidades culturales, muchas de ellas, junto con sus formas de
conocimiento y cosmovisiones, quedaron marginadas. En el contexto colonial, se estableció un
sistema de castas que separaba a los españoles de las poblaciones indígenas, negras y mestizas,
consolidando progresivamente la noción de "razas". Este concepto se utilizó para legitimar la
superioridad de la población europea, marginando a los pueblos colonizados bajo la idea de que
había diferencias naturales entre ellos.
La diferencia cultural, de este modo, se impuso como una diferencia colonial, es decir, una
relación de desigualdad. Estudios actuales permiten entender la raza como una construcción
social, cuya interpretación ha variado según el contexto histórico. La categoría de raza vincula
naturaleza y cultura, sugiriendo que la primera determina la segunda. Esta dualidad ha permitido
justificar la idea de que algunas poblaciones están más cercanas a la naturaleza y otras a la cultura.
Desconstruir estas dicotomías es fundamental para comprender que las diferencias fenotípicas,
atribuidas como "naturales", también son construcciones sociales.
En la era colonial, la racialización de la población indígena comenzó con la deshumanización de las
personas colonizadas. Un ejemplo de ello se encuentra en las representaciones artísticas de
“monstruosidades” que circulaban en Europa, asociando características monstruosas a los sujetos
coloniales. Esta deshumanización fue un primer paso hacia la construcción de una distinción
radical entre europeos y poblaciones indígenas, que progresivamente se consolidó mediante el
color de la piel como marcador racial.
En la segunda mitad del siglo XX, hubo un consenso sobre la inexistencia de las razas como
diferenciación genética. La raza se comprendió como una construcción social, aunque sigue
operando bajo términos como etnia o cultura. Expresiones como "es algo de sangre" perpetúan la
esencialización de la cultura, es decir, verla como inmutable y ligada a características físicas. Por
eso es importante devolver a la cultura su historicidad y reconocer su variabilidad a lo largo del
tiempo.
A lo largo de la historia, tanto las campañas de exterminio como las políticas de asimilación
buscaron eliminar las diferencias culturales en pos de una identidad nacional homogénea, blanca y
de ascendencia europea. Frente a esto, el multiculturalismo destaca la diversidad cultural presente
en los países, pero a menudo la trata como compartimentos separados que solo requieren
reconocimiento e inclusión en el Estado nación. La interculturalidad, en cambio, aboga por que los
intercambios culturales se den sobre la base de la igualdad, reconociendo que ningún grupo social
está aislado y que las interacciones suelen estar atravesadas por relaciones de poder.
Las prácticas culturales, construidas a lo largo de la historia, no son esencias inmutables ni tienen
fronteras fijas. La interculturalidad es parte de este proceso. Pensar en interculturalidad desde una
perspectiva de derechos humanos en América Latina implica reconocer una identidad regional y su
diversidad intrínseca. Durante años, la interculturalidad y la diversidad étnica en este continente
fueron negadas y silenciadas por los Estados y gran parte de la sociedad. Aún hoy, América Latina
enfrenta altos niveles de desigualdad y retos pendientes para el cumplimiento pleno de los
derechos.
Es crucial entender que los derechos humanos, concebidos como un imperativo transcultural,
deben leerse desde una óptica intercultural, donde todas las personas tienen derecho a ser
iguales, pero también a ser diferentes cuando la igualdad ponga en riesgo sus identidades. La tarea
es reconocer los diversos modos culturales existentes, con sus diferencias y aspectos comunes,
para promover procesos de intercambio que construyan espacios de encuentro y diálogo entre las
personas, sus conocimientos y formas de entender el mundo.
En Argentina, la modalidad de Educación Intercultural Bilingüe se implementó en 2006 con la Ley
de Educación Nacional N° 26206. Esta modalidad busca responder a las necesidades educativas de
los pueblos indígenas y otras comunidades históricamente invisibilizadas, promoviendo una
educación que respete la diversidad cultural y lingüística del país.

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