1.
El impacto de la diáspora africana: memoria, resistencia
y reconstrucción cultural
El documento comienza abordando el contexto de la diáspora
africana, específicamente la llegada de los esclavos africanos a
Cartagena de Indias. Este puerto fue un centro neurálgico para la
trata de esclavos, y allí las personas africanas, desarraigadas de
sus hogares, se encontraron en un proceso de reconstrucción de
su identidad. Un tema clave es cómo las prácticas corporales —
incluyendo las danzas— permitieron preservar las raíces culturales
africanas.
A pesar de las condiciones deshumanizantes de la esclavitud, las
danzas se convirtieron en un espacio de resistencia cultural. Las
danzas afrocolombianas nacieron como un acto de subversión,
permitiendo a las comunidades mantener un vínculo con su pasado
africano a través de gestos, posturas y rituales simbólicos. Es
importante resaltar que la práctica del baile en África no solo es
una expresión de alegría o celebración, sino que está
profundamente imbricada en el contexto espiritual y cósmico, y en
la relación entre lo físico y lo metafísico.
La falta de estudios comparativos profundos que el texto menciona
es un reflejo de la deuda académica que existe para comprender
con mayor claridad cómo se transformaron estas expresiones en el
contexto colonial. Sin embargo, el texto también subraya que, a
pesar de la represión, las danzas afrocolombianas se mantuvieron
como formas híbridas, combinando influencias africanas, indígenas
y europeas, lo que revela una lucha por mantener la agencia
cultural dentro de las estructuras opresivas coloniales.
2. El simbolismo del cuerpo en movimiento: el cuerpo como
texto y medio de comunicación
El cuerpo, en las culturas africanas, tiene un rol central en la
representación de conceptos espirituales, sociales y cósmicos. Las
danzas afrocolombianas, según el documento, se estructuran en
torno a cuatro ejes corporales (vertical, frontal, horizontal y sagital)
que no son meras orientaciones físicas, sino que representan un
lenguaje simbólico cargado de significado.
El eje vertical conecta el cielo y la tierra, simbolizando la
dualidad entre vida y muerte, fuerzas benéficas y maléficas.
Este eje es fundamental para comprender las aspiraciones de
las comunidades africanas hacia la trascendencia espiritual,
incluso en el contexto opresivo de la esclavitud.
El plano frontal articula el equilibrio entre la fuerza y la
debilidad, estableciendo relaciones duales que reflejan no
solo la condición física, sino también el balance moral y
espiritual. Esta representación del cuerpo se conecta con el
modo en que las comunidades afrocolombianas articulaban
su identidad en un entorno donde la fuerza física (en las
plantaciones y minas) era necesaria para la supervivencia,
pero la fortaleza espiritual y comunitaria era igualmente
crucial para resistir.
El eje horizontal, que representa la vida en la tierra y las
relaciones humanas, subraya el papel de la danza como un
acto comunitario. El plano horizontal es donde los seres
humanos interactúan, construyen relaciones y transmiten
valores colectivos. En este contexto, las danzas
afrocolombianas se convierten en espacios de interacción
social, pero también en lugares donde se reafirma la
conexión ancestral con África.
El plano sagital, que marca la relación entre lo visible y lo
oculto (delante y detrás), destaca el aspecto de protección y
misterio inherente a los rituales africanos. Este simbolismo
refleja cómo las danzas no eran solo espectáculos, sino
también prácticas cargadas de significados ocultos y de
protección ante las influencias externas, incluidas las fuerzas
coloniales.
El análisis de estos planos muestra que el movimiento corporal en
las danzas afrocolombianas no es meramente estético, sino un
vehículo de comunicación simbólica. Cada gesto es una oración,
una plegaria o un deseo, arraigado en una visión del mundo que
comprende la vida como un continuo entre lo terrenal y lo
espiritual.
3. Hibridación cultural: entre la represión colonial y la
resistencia cultural
Uno de los aspectos más interesantes del análisis es la evolución
de las danzas afrocolombianas bajo la influencia de las culturas
europeas e indígenas. El documento menciona que las fiestas
religiosas y profanas se convirtieron en espacios donde las danzas
africanas, reprimidas en su contexto original, encontraron nuevas
formas de manifestarse. La iglesia, en su esfuerzo por cristianizar a
los esclavos, promovió ciertas danzas teatrales que mezclaban
simbolismo africano con narrativas cristianas. Sin embargo, estos
mismos espacios fueron usados por los africanos y sus
descendientes para mantener su cultura viva.
El Caribe colombiano, en particular, presenta un mosaico cultural
en el que el "mulataje" (mezcla entre africanos y europeos) y el
"zambaje" (mezcla entre africanos e indígenas) generaron formas
nuevas y dinámicas de expresión cultural. La cumbia, el
bullerengue y el mapalé son ejemplos de danzas que, si bien
conservan una fuerte ascendencia africana, han sido
transformadas por los contextos locales, incorporando elementos
indígenas y europeos.
Este proceso de hibridación cultural no fue simplemente una
asimilación pasiva, sino una negociación constante entre las
culturas en contacto. Las danzas reflejan esta negociación, al
mismo tiempo que funcionan como testimonios vivientes de la
historia de las comunidades afrocolombianas.
4. El carácter de resistencia en las danzas afrocolombianas
El texto sugiere que las danzas afrocolombianas no solo eran una
forma de preservación cultural, sino también una resistencia activa
frente al sistema colonial. A través del baile, los afrodescendientes
pudieron resistir las imposiciones culturales y religiosas que les
eran forzadas. El ritmo, considerado el fundamento de la cultura
africana, se convirtió en un espacio de libertad simbólica,
permitiendo a los esclavos y sus descendientes expresar sus
sueños de emancipación y sus anhelos de libertad.
Por ejemplo, el bullerengue, originalmente un rito de fertilidad
femenino, simboliza tanto la fuerza femenina como la resistencia
cultural, a pesar de las transformaciones que la danza experimentó
en el contexto colonial. La coreografía es un espacio de
empoderamiento femenino en una sociedad patriarcal, donde las
mujeres tomaban el protagonismo en la expresión de la fecundidad
y el ciclo de vida.
El carácter frenético y erótico del mapalé, por otro lado, refleja
una subversión de las normas coloniales, donde los cuerpos
esclavizados se negaban a ser completamente controlados por el
sistema. Estos bailes, cargados de una energía física intensa,
creaban espacios en los que los africanos y sus descendientes
podían redefinir su identidad en términos de libertad y autonomía.
Conclusión: la danza como vehículo de identidad y memoria
El documento "Movimiento y Ritmo" destaca que las danzas
afrocolombianas son mucho más que prácticas culturales: son
espacios donde las comunidades afrodescendientes han
preservado, transformado y afirmado su identidad. Las danzas no
solo expresan las condiciones materiales de la vida en la colonia
(trabajo, esclavitud, resistencia), sino que también son un medio
de comunicación simbólica que conecta a estas comunidades con
sus raíces africanas y sus esperanzas futuras.
La falta de estudios detallados sobre las continuidades entre las
danzas africanas y afrocolombianas subraya una necesidad
urgente de investigar más profundamente la historia cultural de las
comunidades afrodescendientes en Colombia.