La Vengadora
Franco Vaccarini
Apenas hice correr la voz de que necesitaba alquilar casa,
una señora me llamo por teléfono y me ofreció un
departamento a buen precio. No tardé en mudarme, feliz de
mi buena suerte. La propietaria me había dejado una
botella de vino en la mesa; un gesto hospitalario.
Invite a Nancy, Francisco y Ana a brindar, todos detectives
policiales, como yo.
-Emilio, te voy a hacer un origami para que tengas el primer
adorno…-dijo Nancy, fanática de ese arte oriental.
-Yo no sé hacer origami, pero te traje queso- aclaró
Francisco.
Ana, siempre parca, se limitó a estudiar la etiqueta y me
dijo:
-Bodegas Calván. Me suena…
Poco sé de vinos y bodegas, y sus palabras nada me
dijeron.
Lo descorché y, en alegre ronda, mis amigos se dispusieron
a brindar.
-Demasiado ácido. Que gusto raro- dijo Francisco, que si
sabía de vinos.
Entonces me iluminé:
- ¿Bodegas Calván? ¡No tomen este vino envenenado!
Los análisis de laboratorio confirmaron mi presunción. Hacía
poco había apresado al bodeguero Augusto Calván por
exportar vinos de contrabando.
A mis amigos el mal trago les produjo algunos malestares.
Francisco, en el hospital, aprendió a hacer origami con
Nancy. Ana, entretanto, me recordó, con su simpática
parquedad:
-Si no fuera por nosotros, estarías en el horno, Emilio.
La señora Calván fue a la cárcel y yo no le deposito
puntualmente el alquiler.