ENCUENTRO MENSUAL CON EMILIO CARRILLO
Septiembre 2023
Jueves 14 y 21
AMOR, SEXUALIDAD Y RELACIONES DE
PAREJA: GUÍA PRÁCTICA CONSCIENTE
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1. AMOR
Las dimensiones físico-sexual, emocional y psicológica del amor
Con relación al término “amor”, el Diccionario de la Academia Española de
la Lengua ofrece cuatro acepciones principales:
“1. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia,
necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando
reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para
convivir, comunicarnos y crear.
3. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
4. Tendencia a la unión sexual.”
Como puede observarse:
+Las tres primeras, aunque con notables diferencias entre ellas sobre las que se
volverá después, describen el amor como un sentimiento, por lo que lo asocian
al ámbito emocional del ser humano.
+La cuarta, en cambio, lo liga a la unión sexual y, por ende, al plano físico de las
personas.
+Y es evidente que en ambas dimensiones del amor –la emocional y la física- se
halla presente y subyacente una tercera no menos relevante: la psicológica. No
en balde, esta explica en una parte significativa a las otras dos.
Así quedan definidas tres dimensiones del amor: físico-sexual, emocional
y psicológica.
Transcendencia y Amor
Hay que sumar a lo precedente que la experiencia humana muestra que
existe un amor distinto del hasta aquí definido y que, en aras a diferenciarlo
gráficamente, puede ser escrito como “Amor”, con mayúscula en su primera letra.
Está en íntima comunión con la transcendencia, entendiendo por esta, en
lo que aquí ocupa, aquello que está no en el plano material de la apariencia
perecedera del ser humano –el pequeño yo físico, emocional y mental y la
personalidad a él asociada-, sino en el plano inefable de la Esencia imperecedera
que constituye, dada su naturaleza inmortal, nuestro genuino ser.
Lo que hace, a su vez, que el Amor ostente una dimensión álmica, que
deriva, como se constatará en el tramo final de este texto, de la afinidad entre
almas encarnadas en el escenario humano.
Y el Amor no es ajeno ni está desconectado, como pudiera pensarse a
bote pronto, de la sexualidad y las relaciones de pareja. Todo lo contrario, pues,
como también se verá posteriormente, el Amor ofrece una visión de la realidad e
impulsa un modo de vida que coadyuvan enormemente a impregnar el amor, en
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sus tres dimensiones (físico-sexual, emocional y psicológica-mental), de armonía,
equilibrio y gozo.
Lo que el amor es y lo que no es
¿Cuál las acepciones del Diccionario antes enunciadas puede entenderse
más atinada en la conceptualización de amar?
Parece claro que la segunda, esto es, la que afirma que el amor es un
“sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando
reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para
convivir, comunicarnos y crear”.
Esta definición, como se irá viendo, ha de ser matizada y complementada.
Pero de entrada y frente a las otras acepciones que aporta el Diccionario:
+Libera al amor del lastre de la carencia a la que lo somete la primera: la
insuficiencia propia que nos impulsa a necesitar y buscar el encuentro con el otro.
+Y lo enriquece más allá de la unión sexual -que es abarcada por el amor, pero
que no lo limita ni circunscribe- a la que se circunscribe la cuarta.
Pero, ¿es lo mismo amar que querer o enamorarse?
a) Querer
Si continuamos acudiendo al Diccionario lo y leemos lo que nos indica en
lo relativo a “querer”, se deduce fácilmente que no es un sinónimo válido de
amar, pues rebaja el amor a la categoría de deseo y apetencia y lo contamina
con la inclinación hacia otra persona hasta el punto de llegar a conformarse o
avenirse al intento o deseo de esta.
Por tanto, querer implica bien una cosificación de la persona querida –la
deseamos, al igual que nos apetecen otras cosas- o una subordinación y
supeditación hacia ella, sin descartar en absoluto ambas circunstancias al
unísono.
Nada de esto –ni el deseo/cosificación ni la subordinación/supeditación-
tiene que ver con el amor.
b) Enamorarse
En cuanto a “enamorarse”, el Diccionario muestra que resulta de la acción
y el efecto del enamoramiento, que es “despertar en alguien un sentimiento
amoroso”. Siendo así, enamorarse podría entenderse como sinónimo de amar.
Sin embargo, no son pocos los pensadores y las experiencias cotidianas que nos
advierten de que la práctica del enamoramiento se ha escorado hacia lo
romántico y se ha convertido en algo alejado del amor.
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Así lo explica, por ejemplo, Pablo D’Ors en su obra Biografía del silencio
distinguiendo entre el amor auténtico y el amor romántico, que asocia al
enamoramiento: “El amor romántico, suele ser muy falso: nadie vive más
engañado que un enamorado, y pocos sufren tanto como él. El amor auténtico
tiene poco que ver con el enamoramiento, que hoy es el sueño por excelencia,
el único mito que resta en Occidente. En el amor auténtico no se espera nada del
otro; en el romántico, sí. Todavía más: el amor romántico es, esencialmente, la
esperanza de que nuestra pareja nos dé la felicidad. Sobrecargamos al otro con
nuestras expectativas cuando nos enamoramos. Y tales son las expectativas que
cargamos sobre el ser amado que, al final, de él, o de ella, no queda ya
prácticamente nada. El otro es entonces, simplemente, una excusa, una pantalla
de nuestras expectativas”.
Efectivamente, como compartí en el libro Sin mente, sin lenguaje, sin
tiempo, esto es lo que ocurre con demasiada frecuencia en el llamado
enamoramiento: se busca en el otro una pantalla en la que proyectar desde la
mente los deseos y los temores, las metas y las trampas, las esperanzas y las
frustraciones, las ilusiones y los miedos y las ideas preconcebidas y los formatos
preestablecidos generados por esa misma mente. Y el proyectar en la otra
persona las ensoñaciones de la mente impide ver la realidad de quien realmente
es, superponiendo sobre ella un invento mental, un sueño, alguien que en verdad
no existe.
Es por esto que en el enamoramiento no hay dos protagonistas
enamorados, sino cuatro: el amante, el amado, el amado creado por la mente
del amante y el amante generado por la mente del amado. Aplicado al modelo
más convencional: el chico, la chica, la chica soñada por el chico y el chico soñado
por la chica. Tarde o temprano, la realidad se impondrá y el sueño se romperá.
Entonces quedarán dos. Y entre ellos, roto el sueño, surgirán inevitablemente
dificultades que pueden convertir en pesadilla lo que fue un sueño.
El verdadero significado del amor
Por tanto, ni “querer” ni “enamorarse” son sinónimos de “amar”. Ni
siquiera malos sucedáneos. Eso sí, ayudan a afianzar el verdadero significado del
amor y, no menos importante, a darnos cuenta de lo que el amor no es.
Lo que el amor es Lo que el amor no es
+Sentimiento hacia otra persona que +Cosificar al otro, al que deseamos al
naturalmente nos atrae y que, igual que nos apetecen otras cosas.
procurando reciprocidad en el deseo
de unión, nos completa, alegra y da +Subordinación/supeditación hacia el
energía para convivir, comunicarnos y otro, conformándonos o aviniéndonos
crear. a sus deseos e intereses.
(Esta definición, como se irá viendo a
lo largo del texto, ha de ser matizada +Esperar contrapartidas del otro a
y complementada). modo de expectativas, incluso la
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esperanza de que nos proporcione la
felicidad.
+Usar al otro cual pantalla en quién
proyectar las ensoñaciones de la
mente, mutándolo en un invento
mental, en alguien que en verdad no
existe, en un sueño que, antes o
después, saltará por los aire, pues la
realidad terminará imponiéndose.
Amor y odio: del uno al otro
¿Por qué el amor en no pocas ocasiones se transforma en odio? Pues
porque, verdaderamente, no se trata de amor, sino de un querer y un
enamoramiento que, tal como se ha compartido, devalúan el amor al nivel de
mero deseo emocional/mental. Y degradado a esta condición, tal deseo tiene
ineludiblemente su extremo polar: se trata del odio, que pertenece también al
campo de lo emocional y lo mental. Conviene explicarlo, aunque sea con
brevedad.
Valga el símil de un bastón. Lo vemos en un escaparate, nos encanta su
empuñadura y lo compramos. Ahora bien, al hacerlo, lo que nos llevamos con
nosotros no es la empuñadura, sino el bastón entero, que en el otro extremo
tiene una punta de acero. Y estamos entusiasmados contemplando la hermosa
empuñadura. Pero, si por las circunstancias que sean, el bastón gira, lo que
tendremos delante de los ojos, con riesgo de que se nos clave en uno, será la
punta de acero.
De idéntica manera, cuando en el contexto del deseo-amor (la
empuñadura que nos fascina) introducimos en nuestra vida una relación de
pareja (el bastón), también traemos a ella el odio (la punta de acero), aunque
no sea de forma patente, sino latente. Y si por las circunstancias de la vida hay
un cambio en la relación (el giro del bastón), el odio (la punta de acero) se nos
clavará en el “ojo” de nuestro mundo emocional/mental, provocando dolor.
Por esto hay tantas relaciones de pareja que transitan del deseo-amor al
odio: personas que se han querido, pero que ahora no se pueden ver y hasta
pretenden hacerse daño con saña.
Si la base de la relación fuese el amor, esto no sucedería. Sin embargo, al
tratarse de un deseo emocional/mental –querer, enamoramiento- la transición
de polo a polo es sencilla: tan solo se requiere que las circunstancias le den la
vuelta al bastón.
Y estas circunstancias ocurren y concurren de diversas maneras: cuando
el otro deja de sernos deseable o hay otro que nos apetece más; cuando no
podemos continuar soportando la subordinación/supeditación a sus intereses;
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cuando nos percatamos de que no puede colmar nuestras expectativas; o
cuando, simplemente, la realidad se impone y el sueño, como ante se indicó, se
rompe.
También suele pasar que, roto el sueño, se finge que se sigue “amando”
al otro. El sueño se ha diluido, pero nos esforzamos en mantener de algún modo
la ensoñación, que se convierte así en una pesada carga. Y en lugar de ver lo
real, se echa la culpa al otro y se empieza a buscar otra pareja con la que repetir
la misma historia, el mismo cuento.
2. SEXUALIDAD
Conceptualización y plasmaciones
La sexualidad ha sido objeto de multitud de investigaciones. Analizando
las mismas, se observa que la inmensa mayoría se ocupan esencialmente de su
conceptualización y de sus plasmaciones:
+Con referencia a lo primero, los estudios coinciden en considerar la sexualidad
una faceta fundamental del ser humano que, con base en el sexo, el apetito
sexual y la propensión al placer carnal, abarca un amplio “menú” de asuntos: el
erotismo y la sensualidad, la vinculación afectiva y el amor, la reproducción, el
género y las identidades de sexo y género, la orientación sexual, etcétera.
+En cuanto a las plasmaciones de la sexualidad, las investigaciones ponen el
acento no solo en las prácticas, actividades y comportamientos que conlleva, sino
igualmente en otras expresiones en forma de pensamientos y fantasías, deseos
y creencias, actitudes y valores y roles y relaciones.
Todo lo cual es muy interesante, per se enfoca preferentemente en el
deseo sexual y la líbido y deja fuera del campo principal de la indagación la razón
de ser de la sexualidad: aquello que la causa y origina.
La vida misma como razón de ser de la sexualidad
Todos y cada uno de los seres vivos, da igual su especie y condición, tienen
en común el hermoso y poderoso don de la vida. Esta, la vida, es el patrimonio
compartido por todos ellos. Y es la vida la que proporciona a todos los seres vivos
la fuerza esencial de su existencia y les capacita tanto para realizar esta
efectivamente como para efectuar transformaciones en sí mismos y en el
entorno.
Como sobre lo anterior no caben dudas, la conclusión inmediata es que la
vida puede ser definida como una energía, en el sentido que otorgan a este
término la física y la termodinámica. Por tanto, en clave científica, cabe referirse
a la energía de la vida o energía vital, siendo tres sus características más
destacadas:
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+Es tan real como potente.
+Vivifica íntimamente a todas las modalidades de existencia (también, por
supuesto, la humana).
+Se manifiesta exteriormente por la interacción entre las mismas, de modo que
la energía vital fluye entre todas las formas de vida y las pone en conexión (a
este hecho se refiere el conocido concepto hinduista de “prana”).
En este maravilloso escenario, la energía de la vida o energía vital se
plasma en los seres vivos no solo en el hecho de serlo, de estar vivos, sino de
otras maneras. Una de estas es precisamente la sexualidad, que, por ende, ha
de ser considerada igualmente como energía: la sexualidad tiene su razón de ser
en la energía que aporta la vida, que se recibe continuamente y, cuando se
acumula, se plasma en energía sexual y es uno de los indicadores de la presencia
de esa energía de la vida en todos los organismos vivos. Lo que implica que el
género es un principio universal, que se expresa en cada forma de vida en
consonancia con sus características intrínsecas.
Por tanto, el deseo sexual antes comentado no surge por casualidad ni
como consecuencia de mecanismos o reacciones biológicas o fisiológicas, sino
que es fruto directo de la energía sexual. Y esta tiene su causa en la energía de
la vida presente en cada ser humano.
Energía vital (vida) > Energía sexual (sexualidad) > Deseo sexual (libido)
A partir de ahí, el deseo sexual se presenta de modo diferente en cada
persona en función de los factores y condicionantes explicitados por las teorías
biológica y sociocultural. Pero sus cimientos se encuentran en algo previo y
principal: la energía sexual o sexualidad que proporciona la vida misma, la
energía vital.
Y es crucial no confundir, como sucede con mucha frecuencia, la energía
sexual con el deseo y la libido o con las relaciones sexuales de cualquier
naturaleza y clase que satisfacen ese deseo. De hecho, la energía sexual es
distinta al cuerpo y la genitalidad, aunque influya en ellos; y, como se constatará
más adelante, puede ser reservada de forma consciente, en lugar de utilizarla en
el marco de tales relaciones, para que nutra y enriquezca otras facetas y
vertientes del ser humano.
Variaciones en la intensidad de la energía vital, de la energía sexual y
del deseo sexual.
Situado así el asunto, hay que añadir a lo expuesto tres consideraciones
ligadas al carácter dinámico de la sexualidad:
1ª. La energía de la vida que disfruta cualquier ser humano debe tener siempre
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el grado de intensidad mínimo pertinente para seguir vivo, siendo la llamada
muerte el cese de tal flujo energético.
2ª. Pero, a partir de ahí, más allá de ese nivel mínimo imprescindible, la
envergadura de la energía vital de cada persona varía hacia arriba o hacia abajo
en función de diversos factores.
3ª. Dado lo anterior y al ser la energía de la vida la causa de la energía sexual,
esta tampoco es estática, sino que aumenta o disminuye al hilo de los cambios
en la magnitud de la energía vital: a mayor volumen de esta, más energía sexual;
y a menor cantidad de energía vital, menos energía sexual.
4ª. Por lo mismo, el deseo sexual y la libido crecen o decrecen según lo haga la
energía sexual, que depende a su vez, como se acaba de reseñar, de la intensidad
de la energía vital. Por lo tanto, el deseo sexual también depende, en última
instancia, del grado de energía vital que se goce.
Todo lo cual desemboca en la gran importancia que ostentan esos factores
que afectan a la energía vital de cada persona y, por tanto, a su energía sexual
y a su deseo sexual. Se resumen en el siguiente cuadro.
Factores que potencian o merman la energía vital y sexual y la libido
Potenciación Merma
Estilo de vida en contacto con el sol y Estilo de vida alejado del sol y la
la naturaleza. naturaleza, inmerso entre el cemento
y el asfalto.
Equilibrio y armonía emocional y Alteraciones y perturbaciones
mental. emocionales y mentales.
Práctica de vida saludable Práctica de vida insana
Por tanto, es la vida la que va llenando de energía vital al ser humano y,
al acumularse en tu interior, empieza a sentir la energía sexual. Constituye una
poderosa fuerza que abarca el cuerpo entero, despierta y activa distintas
facultades y tiene en el eje periné–coxis el “asiento” desde el que –a través de la
columna vertebral, el bulbo raquídeo y el sistema de comunicación compuesto
por el cerebro y la glándula pineal– se desparrama por todo el organismo.
Las injerencias de la mente
En un marco tan completo como el hasta aquí descrito, la sexualidad se
desarrolla y opera de manera natural. Y lo hace al margen de la mente, que si
permitimos que aparezca en escena suele ser para complicarla, hasta el punto
de reprimir la sexualidad o convertirla en obsesión.
a) Represión
La mente, dejada a sus fantasías, genera la absurda creencia de que la
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sexualidad es algo “malo” o pecaminoso, un “estorbo” que debe ser frenado, lo
que desemboca en la represión sexual. ¿Qué pasa entonces? Pues que la energía
refrenada, expresado coloquialmente, se toma la revancha ¿Cómo? Surgiendo
cuando menos se esperas.
Por ejemplo, duermes y, en el descanso, el sexo surge en toda su
intensidad; o estás realizando la actividad laboral o cualquier otra tarea y, de
pronto, aparece el sexo. No pinta nada en el escenario en el que te hallas, pero
ahí está de improviso. Y tiene que ser así, porque desde la mente se ha sacado
a la sexualidad de su sitio natural al reprimirla y esta, irremediablemente, como
un río desviado artificialmente de su cauce, reclama su lugar.
b) Obsesión
Y, ciertamente, la represión sexual ha tenido un gran protagonismo
histórico, instigada, además, por intereses de determinados sectores de poder
que la han promovido desde dogmatismos religiosos y falaces esquemas políticos
puritanos. Sin embargo, desde el tramo final del siglo XX, se está experimentado
un movimiento pendular que provoca que la injerencia de la mente en la
sexualidad oscile exactamente hacia el extremo contrario de la represión,
convirtiendo la sexualidad en obsesión, algo en lo que igualmente influyen
objetivos muy concretos de grupos de poder.
Más específicamente, la obsesión ocurre cuando se sublima la sexualidad:
esta es importante en la vida, no hay dudas al respecto y se viene insistiendo en
ello, pero no es el eje de la misma, ni su componente más notable. Verlo así es
un creencia/creación mental, con lo que se saca a la sexualidad de su marco
natural y la exalta hasta producir su derrapaje y transformarla en una idea y una
práctica obsesivas.
Una flagrante contradicción a modo de paradoja: paradigmas
pseudomasculinos y materialistas
Por tanto, la sociedad actual ha ido metiendo a la sexualidad en una
extraña paradoja:
+por un lado, se le carga con el peso de la culpabilidad y el sentido de lo
pecaminoso o, incluso, “sucio”; y
+por otro, se anima de numerosos modos a que su práctica sea abusiva,
promiscua, mecánica, limitante e inconsciente.
Es, evidentemente, una contradicción flagrante. Y si se escarba con cierto
rigor en ella, no es difícil percatarse de que su razón de ser se encuentra en una
visión y una realización de la sexualidad escorada hacia los paradigmas
pseudomasculinos y materialistas.
a) Machismo patriarcal
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Se coloca el elemento compositivo “pseudo” antes de “masculino” para
remarcar que a lo que se hace mención no es realmente a paradigmas
masculinos, sino a una interpretación falsaria y una deriva degenerativa de lo que
lo masculino es en verdad.
Porque la masculinidad es una potente fuerza y un amplio menú de
cualidades que se inscriben en el concepto de género y que, para plasmarse con
plenitud, requieren del equilibrio con lo femenino y de la armonía con lo que este
representa, estando llamado lo masculino y lo femenino a nutrirse mutuamente
y a crecer juntos para, así, fomentar el desarrollo y la expansión consciencial de
las personas.
Sin embargo, a lo largo de la historia, lo masculino ha sido
sistemáticamente pervertido hasta convertirlo en algo muy alejado de su esencia
que podríamos denominar “machismo patriarcal”:
+machismo, como actitud de prepotencia y prevalencia de los varones respecto
de las mujeres, con la consiguiente discriminación sexista; y
+patriarcal, en el sentido de ejercicio autoritario de tal actitud y de la prácticas
de vida cotidianas que de ella desgraciadamente dimanan.
Las nocivas consecuencias de este machismo patriarcal han sido y son
muy numerosas y variadas, destacando entre ellas:
+La manipulación de los paradigmas colectivos y los sistemas de creencias para
promover la negación social de lo femenino –su contenido y sus valores- y la
invisibilización de la mujer.
+La extensión de la idea de que la función de la mujer y lo femenino consiste en
estar al servicio del varón, incentivando la presión psicológica y hasta la violencia
física para lograr ese sometimiento.
+La degradación del papel de la mujer en las distintas esferas sociales, tanto a
nivel micro –especialmente, dentro de la familia- como a escala macro –en la
sociedad-.
+La tendencia a pintar con tintes de “suciedad” la íntima y natural aspiración
femenina de vivir el deseo sexual.
+El rechazo a la maneras de hacer realidad tal vivencia que son propias de lo
femenino, más afectiva y menos física, más selectiva y menos masiva, más
“lenta” y menos imbuida del culto a la velocidad que contamina todas las
expresiones de la sociedad “moderna”.
En definitiva, los efectos del machismo patriarcal han sido demoledores
para la sexualidad en su conjunto, no solo para la mujer, sino también para el
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hombre, aunque, desde luego, mucho más dolorosos para ella que para él.
Y esta anómala situación no se soluciona por la vía de que la mujer haga
suyo las pautas sexuales pseudomasculinas, que es lo que abunda en la
actualidad, sino en la recuperación de que la auténtica esencia de la sexualidad
es consciencia ligada al principio hermético de género, en el que se trascienden
los teóricos opuestos, se halla el equilibrio entre lo que no son sino distintos
ritmos –femenino y masculino– de una misma energía y se disfruta y comparte
la interacción y la fusión de las energías que en la sexualidad fluyen y confluyen.
b) Materialismo
En cuanto al materialismo, está asociado a la “muerte de Dios” y ha llevado
a olvidar radicalmente la dimensión consciente en la que la sexualidad se
enmarca –recuérdese: energía vital/energía sexual/líbido- y debería desplegarse
de manera natural.
Lejos de esto, el materialismo multiplica las injerencias de la mente en la
sexualidad, que no se limitan a los comportamientos extremos ya compartidos
de la represión o la obsesión, sino que se manifiesta de múltiples modos en el
amplio espacio que hay entre ellos.
Valgan dos botes de muestra al respecto:
+El empeño de encorsetar el amor entre los barrotes del hacer –“hacer el amor”,
le llaman- en vez de ser y compartir en él y en el momento presente: creándolo,
recreándolo y gozándolo. Se volverá sobre ello cuando se aborden las relaciones
de pareja.
+La desfiguración y complicación de algo tan natural y espontáneo como el
orgasmo, que, por supuesto, tiene su sitio en las relaciones sexuales, pero de
ninguna manera representa el culmen de las mismas, ni es condición “sine qua
non” de la práctica sexual.
Llamada a la consciencia
Una ignorancia que no es casual, sino efecto directo del machismo
patriarcal, el materialismo y las consiguientes injerencias de la mente que se han
venido comentando.
Para superarla, como se detallará ahora, hay que llenar la sexualidad, en
su sentido amplio y en su plasmación concreta, de consciencia y de
transcendencia:
+Escucha a tu cuerpo y goza en libertad y con consciencia de la sexualidad, que
es mucho más que los órganos estrictamente sexuales y la práctica del coito.
+Esta comprensión profunda llevó hace milenios a hablar de la Sexualidad
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Sagrada, que nada tiene que ver con la percepción de la sexualidad como
seducción, posesión, complemento y contento del momento: ansia de dominio
(celos), control (renuncia a espacios propios, apropiación), miedo (a la pérdida)
y ámbito egóico del pequeño yo.
+En este marco tan potente como natural, vive la sexualidad con gozo interior y
exterior: una sexualidad descargada de prisas y metas, liberada de la carga de
ser el espacio donde se “ahogan las penas” de las frustraciones y sufrimientos
cotidianos y ajena a la dinámica que pretenden suplir en ella, en el encuentro
con el otro, las carencias de una vida incompleta y vacía.
Injerencias de la mente en la sexualidad
Cuando se permiten Cuando no se permiten
Ignorar la honda dimensión energética Desde la escucha del cuerpo y el
y vibracional de la sexualidad y dejar silencio de la mente, captar la
que la mente concreta invada su auténtica naturaleza de la sexualidad
campo de acción hasta desvirtuarla y cual energía que, abarcando el cuerpo
convertirla en seducción para entero, te revitaliza interiormente y te
lucimiento del ego; posesión y ansia regenera constantemente, además de
de dominio (celos); control (renuncia estar a tu disposición para que la
a espacios propios, apropiación); compartas de manera consciente con
miedo (a la pérdida); mecanismo con los demás, el Cosmos y la Creación. Y,
el que suplir, en el encuentro con el a partir de ahí, gozar la sexualidad en
otro, las carencias de una vida libertad y con consciencia; sin
incompleta; descarga de tu malestar y formatos ni esquemas mentales; sin
frustraciones cotidianas buscando un prisas, sin tabúes, sin metas; y siendo
contento fugaz; obsesión por el consciente de que, teniendo una base
orgasmo, sea para elevarlo a física e individual, posibilita
condición sine qua non de la práctica transcender de ella para elevarse a un
sexual o para rechazarlo y revestirlo plano de conexión con la pareja que
mentalmente de supuestos impactos abre las puertas a la Unicidad que en
negativos en forma de pérdida de todo hay y todo es.
energía; etcétera.
Otros usos posibles de la energía sexual
En desarrollo y como complemento de los contenidos de los epígrafes
precedentes, es obligado referirse a un importante asunto: la energía de la vida
o vital y la consiguiente energía sexual no solo pueden ser encauzadas por el ser
humano hacia el deseo y las relaciones sexuales, sino que es factible dirigirlas
hacia otros usos y finalidades que encuentran en ella una notable fuente de
nutrición, estímulo y potenciación.
Se principalmente de los asociados a tres facetas tan fundamentales de la
persona como son la creatividad, la sensibilidad y la transcendencia.
+Creatividad: El ser humano posee la facultad de crear y la capacidad de
creación, que se manifiestan en dos planos básicos: el físico-material y el mental-
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intelectual. Y los resultados adquieren una condición y hasta una dimensión
superior cuando la labor creativa está impregnada de la energía vital y sexual
puesta a su servicio, elevando la labor creativa a una dimensión superior: generar
novedosos proyectos e iniciativas, producir nuevos eventos o cosas, modificar
sustancialmente los ya pre-existentes y dar lugar a hechos, circunstancias y
efectos como consecuencia de nuestras acciones y determinaciones.
+Sensibilidad: La orientación consciente hacia la sensibilidad de las energías vital
y sexual promueve y amplifica en las personas la inspiración –muy ligada a la
creatividad mediante el surgimiento en el ánimo o en la mente de afectos, idea
o temas y la motivación del desarrollo de aquella-, la intuición -comprender las
cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento-, el presentimiento -
tener la impresión de que algo va a suceder, preverlo antes de que ocurra- y la
premonición -conocimiento de las cosas futuras por medio de señales que se han
visto o de sensaciones-. Igualmente, estimula actitudes y experiencias de perfil
transpersonal, en general, y la empatía, la compenetración, la compasión y la
ternura, en particular, y facilitando prácticas de introspección, concentración y
meditación.
+Transcendencia: Mediante la iluminación del entendimiento y la movilización de
la voluntad.
Tantra
Atendiendo a lo anterior, ¿existe alguna vía que priorice la utilización de
las energías vital y sexual al servicio de la creatividad, la sensibilidad y la
transcendencia, pero que contemple igualmente su puesta a disposición de las
relaciones sexuales, haciendo esto último con el menor consumo posible de esas
energías y proporcionando, además, a la pareja una experiencia amorosa más
profunda y gratificante que las relaciones convencionales?
Y lo cierto es que sí, que existe; y desde hace milenios. Es el tantra, que
se configura, por tanto, como una amplia serie de saberes dirigidos al uso
equilibrado y pleno de la energía de la Vida y la energía sexual.
El tantra abarca una tradición esotérica –oculta o reservada, de difícil
acceso para la mente, trasmitida oralmente a los iniciados.- que forma parte de
la espiritualidad oriental –hinduismo, budismo, taoísmo…-. Aunque su origen es
con toda seguridad muy anterior –en el ámbito budista se remonta al propio Buda
Gautama o a grandes maestros que le siguieron, hace casi 2.500 años-, la primera
referencia escrita acerca del tantrismo la encontramos en el texto Rudraya-mala-
tantra -una colección de enseñanzas sagradas de autoría anónima redactadas
alrededor del IX- y, dentro de él, en el capítulo titulado Vijnana Bhairava Tantra.
Se presenta como un rico y hondo diálogo que se desarrolla entre el dios
Shiva (simboliza la Consciencia Pura) y su esposa Devi (representación de Shakti,
la fuerza que da lugar a la Materia, en sentido amplio del término, o Prakriti)
cuando esta le pide a aquel que le revele el camino hacia la liberación espiritual
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–moksha- por la que el alma deja de estar sujeta a las ataduras del karma y de
la cadena de reencarnaciones.
En su respuesta, Shiva describe 112 modos teórico-prácticos, que cuentan
con el telón de fondo de la meditación, entendida como Samyama, la etapa
superior del Yoga, y sus tres fases: Dharana (concentración), Dhyana
(contemplación) y Samadhi (éxtasis o fusión con la realidad, donde desaparece
la auto-presencia de la mente). Marco en el que se describen métodos sobre
centramiento en los distintos componentes del cuerpo, físicos y energéticos;
respiración consciente (vipassana); recitación de mantras (yapa); contemplación
a través de cada uno de los sentidos; y consciencia no dual (advaita).A partir de
todo lo cual se desenvuelven dos tantras: el sendero “de la mano derecha”
(dakshina marga) y el “de la mano izquierda” (vama marga).
Conjuntamente, configuran un amplio bagaje de saberes que, como
Paramahansa Yogananda insistió para procurar diluir las malinterpretaciones que
sobre el tantra se ha ido extendiendo en occidente, no tienen su razón de ser en
el deseo y las relaciones sexuales, sino en las energías vital y sexual, que, como
se ha compartido, son previas y prevalentes.
A partir de lo cual, el tantra coadyuva a encauzar la energía sexual hacia
vertientes diferentes de la líbido y el sexo, pero también hacia este, de lo que se
ocupa en concreto una parte del antes aludido camino de la mano izquierda, que
pone a disposición del ser humano una manera de experimentar las relaciones
sexuales que, siendo gozosa para la interacción de la pareja, requiere de un uso
mínimo de la energía sexual.
Con todo lo cual, el tantra contribuye a que las personas tomen consciencia
sobre:
+su esencia transcendente e imperecedera;
+las energías sutiles existentes en su apariencia perecedera y el uso y
movilización de las mismas en equilibrio y de modo fructífero;
+la conexión de esas energías con las fuerzas de la Vida, incentivando la
Reverencia hacia esta;
+la significación del género y la importancia de la puesta en valor de lo masculino
y de lo femenino dentro y fuera de nosotros.
+los contenidos del amor, más allá de meros quereres o enamoramientos
emocionales, y la forma de plasmarlo en la relación de pareja lejos de las
injerencias de la mente inferior o concreta y dando protagonismo al corazón –
sensibilidad-, a la mente superior o abstracta –creatividad- y al alma –
transcendencia- desde la presencia en el aquí-ahora y la ausencia de
dependencias y expectativas (penetración y orgasmo incluidos); y
14
+la práctica de vida coherente con todo lo anterior, poniendo en valor de manera
sinérgica lo individual, la experiencia en pareja, la interacción con los demás y la
sociedad y la armonía con todas las modalidades de vida y los diferentes reinos
de la naturaleza.
Neotantrismo
Sin embargo, todo lo anterior salta por los aires cuando la mente concreta
se mete por medio, convirtiendo el tantrismo en neotrantrismo.
Se puede denominar así a la burda y sesgada interpretación del tantra que
se ha extendido en occidente bajo el influjo de la New Age y el supermercado
espiritual, desvirtuando sus fundamentos y contenidos verdaderos, ignorando la
entidad de sus enseñanzas y reduciéndolas interesadamente al campo del “to
feel good” (“sentirse bien”) y la inhibición sexual, lo que a veces se reviste, para
colmo, de búsqueda de presuntos estados alterados de conciencia y hasta
“místicos”. Con lo que se fomenta la obsesión y las injerencias de la mente
analizadas en capítulos anteriores.
Un buen exponente de esto son los muchos que se acercan al
neotrantrismo como distracción y entretenimiento o para “conocer” gente y
“tener” sexo y la proliferación de teóricos guías y gurús que usan como
herramienta de abuso sexual "consensuado". Lo que, en última instancia, se
asemeja demasiado a lo que ocurre en el seno de no pocas sectas que justifican
la promiscuidad con palabras huecas sobre el componente espiritual de las
relaciones sexuales.
Nada en absoluto tiene el tantra que ver con esto. Por tanto, aunque el
neotrantrismo suela orientar en sentido contrario, el tantra no es una compilación
de técnicas sexuales, ni un manual erótico, ni un juego de seducción, ni un
catálogo de prácticas y posturas sexuales, ni una variante del turismo sexual, ni
una forma de encuentro para propiciar el “ligoteo” y entablar relaciones sexuales
pasajeras.
3. RELACIONES DE PAREJA: FUNDAMENTOS Y CALIDAD
Relaciones fundamentada en el amor
Tras todo lo hasta aquí expuesto, llega el momento de hacerse una
pregunta crucial: ¿es posible y factible una relación de pareja fundamentada en
el amor?
Y la respuesta es contundente: por supuesto que sí. Es más, una relación
de pareja así es lo natural. Cosa distinta es que, por distintas circunstancias,
varias de las cuales ya se han venido apuntando en los capítulos previos, no sea
usual. Pero es profundamente errónea la extendida tendencia de asimilar lo
“frecuente” con lo “normal”, cuando en realidad hay muchas cosas normales (por
15
ejemplo, las relaciones de pareja con fundamento en el amor) que la sociedad
ha transformado en infrecuentes; y muchas frecuentes (verbigracia, las
relaciones de pareja basadas en pasajeras emociones de quereres y
enamoramientos) que son “anormales”.
Por tanto, claro que es posible el amor en la pareja, pero, eso sí, requiere
de la madurez de los dos componentes y que ambos dejen atrás la absurda idea
de que el otro le proporcione esa seguridad que tanta gente anhela y que, sin
embargo, depende solo y radicalmente de cada cual y nadie puede ni debe
darnos.
Una madurez que también incluye:
+El no temer mostrar la vulnerabilidad en la pareja, practicando la sinceridad y
la honestidad en la relación.
+La cooperación desde la libertad y el empoderamiento personal (algunos lo
llaman auto-dependencia), que es lo que empodera a la pareja.
El amor es mucho más que pasión. Es verdad que se tiende a considerar
la pasión como una fuerza irracional, como el elemento que enciende y mantiene
las relaciones de pareja. Evidencia la atracción física, la búsqueda de placer y el
goce inmediato. Pero el amor no solo se construye con deseo. Al margen del ideal
romántico, ese que lleva años engordando la industria de Hollywood y más
recientemente, las exitosas telenovelas turcas, el amor necesita de un
compromiso fuerte y compartido, de un alto nivel de comunicación y por
supuesto, de confianza, respeto y honestidad. El esfuerzo para procurar estos
elementos debe ser mutuo, equitativo y constante. Difícilmente una relación
puede ser sana y satisfactoria cuando se prescinde de la reciprocidad, cuando
solo una de las partes de la pareja mantiene el interés para cuidar el vínculo.
¿Por qué vivir en pareja?
Para empezar hay que subrayar que la pareja es para el ser humano una
vocación natural, por más que también lo sea, y no es contradictorio, vivir sin
ella.
A partir de lo cual hay que resaltar que la concepción de la pareja ha
cambiado. Ya no solo rige el modelo heterosexual tradicional, sino que
socialmente se han sentado con fuerza el de contenido homosexual y otros tipos
de relaciones que no se corresponden con los patrones convencionales.
Sin embargo, por llamativo que resulten estos cambios de perfiles, no
afectan a lo sustancial a lo que aquí se viene desarrollando. No en balde, lo
primordial es el amor, si existe o no, y, a partir de ahí, lo de menos es cómo se
viva y el formato o modo específico de plasmarse.
16
Con este telón de fondo, tan importante como siempre, pero más que
nunca, cada cual ha de decidir qué es lo que en verdad persigue al relacionarse
con el/la otro/a en el amplio marco de la sexualidad.
+¿Se desea la célebre media naranja -alguien a quien completar y que, a su vez,
nos complete- o una persona completa de por sí y con iniciativa y vida propias
con la que compartir desde nuestra propia completud y construir conjuntamente
un proyecto común en un marco en el que el crecimiento de cada uno apoya el
enriquecimiento de los dos?
+¿Se ansía un salvavidas que nos ayude a sobrevivir o un trampolín que
contribuya a vivir y que sirva, en este sentido, para ambos?
+¿Se pretende hallar a alguien que nos cubra o supla carencias (afectivas,
materiales…) o con quien compartir desde la colaboración amorosa y el apoyo
mutuo consciente y creativo?
+¿Se trata de satisfacer la atracción sexual, sublimándola para colmo en clave
pasional, o de inscribirla en un marco más cabal donde se la da, sin
sobrevaloraciones, el sitio que le corresponde y se le enriquece con interacciones
y conexiones interpersonales que van más allá de lo estrictamente físico?
Cimientos, intereses y proyecto en común
Las respuestas que demos a las preguntas anteriores definen la mayor o
menor calidad de la relación de pareja. Una calidad que, además, tiene que ver
con tres aspectos de la relación:
Calidad de la relación de pareja
BAJA ALTA
LOS De tipo emocional y en torno al De naturaleza espiritual, en el
CIMIENTOS amor emocional y a los sentido no religioso del término,
EN LOS componentes perecederos del con el protagonismo de la afinidad
QUE SE ser humano. álmica (se examinará más
AFIANZA adelante).
LOS De entretenimiento y Transcendentes, que le aportan un
INTERESES distracción; económicos o de valor añadido consciencial.
QUE LA conveniencia; o de cumplimiento
NUTREN de expectativas de los sistemas
de creencias imperantes.
EL De tipo convencional, lo que Cuando es de naturaleza álmica.
PROYECTO suele estar asociada a los
EN COMÚN parámetros que son señas de
identidad de los “ganadores”
(“winners”).
17
Compartir valores, practicar la democracia emocional, superar las
influencias del inconsciente colectivo y fortaleces lazos mediante la
convivencia
Al hilo de estas consideraciones sobre la significación y las consecuencias
de la calidad en la relación de pareja y también como plasmación práctica de las
mismas, en la pareja se precisa compartir los mismos valores, practicar la
democracia emocional –que incluye necesariamente el quererse (bien) a uno
mismo- y superar las influencias derivadas del inconsciente colectivo.
Para comprenderlo mejor, se puede a acudir a lo compartido por Walter
Riso -psicólogo clínico, profesor universitario y autor del libro De tanto amarte,
me olvidé de mí. Cómo saber si tu pareja es la adecuada- en una entrevista
concedida a Cristina Galafate y publicada por el diario El Mundo con fecha 18 de
marzo de 2023.
a) Compartir los mismos valores
Su experiencia como psicólogo le lleva a afirmar que "una pareja que no
comparta los mismos valores está condenada al fracaso. Amar es compartir una
visión del mundo y de la realidad, así como percepciones, experiencias e
iniciativas en ámbitos transcendentes como la consciencia y la espiritualidad, la
sensibilidad y los valores. Spinoza lo define de una forma preciosa, como la
alegría de que el otro exista. Y Unamuno decía eso de que tu dolor me duela y
tu alegría me alegre”.
Y sigue diciendo: “Esto no significa que en la pareja no surjan
desacuerdos, pero al tener el telón de fondo de lo mucho que se comparte, serán
enriquecedores para ambos y tendrán una connotación amistosa, no perezosa
para que el otro no se enfade. Tú me tienes que generar asombro y sorpresa
para que yo te admire por aquello que eres y haces”.
b) Democracia emocional y quererse (bien) a uno mismo
En pareja no debe haber nadie más que nadie y los derechos son
equivalentes. Ha de ser un amor con autonomía y defensa de los derechos.
Porque si no hay reciprocidad, tampoco habrá equilibrio en la pareja: "Se vuelve
una pendiente resbaladiza: todo a favor del otro. Y termina siendo una relación
vertical de dominancia-sumisión, donde hay un rey y una persona sacrificada en
nombre del amor". Si te supeditaste al otro por amor, te faltó respetarte a ti
mismo".
Esto último se halla en estrecha conexión con la ya referida completud de
los dos integrantes de la pareja, en lo que Riso incide remarcando la necesidad
de que para amar de forma sana hay que quererse (bien) a uno mismo. Porque,
¿qué pasa si hay falta de autoestima? Que no sabremos elegir bien y nos
conformaremos.
18
Si estás con una pareja que te limita, te ignora o es posesiva, en definitiva,
que no te hace sentir bien, pero no tienes buena autoestima, creerás que
mereces esa relación. Pensarás: Qué suerte que me ame. Y darás mucho,
olvidándote de recibir. Hasta que te pierdas y no te reconozcas. Quererte es saber
que mereces un amor que te respete y no viole tus derechos".
Al hilo de lo cual Riso indica que hay otra causa por la que estamos con la
pareja inadecuada y seguimos adelante: se trata de ese perfil de personas que
encadena relaciones por miedo a estar solo: “La soledad elegida es buena, nos
permite conocernos, pero obligada se convierte en desolación. La respuesta
habitual es el apego: la adicción al otro. Uno por miedo hace cualquier cosa y
prefiere la subyugación o la anulación con tal de estar con alguien, aunque sepa
que no le hace bien".
c) Superar las influencias derivadas del inconsciente colectivo
Riso nos recuerda igualmente el papel que en las relaciones de pareja
ostenta el inconsciente colectivo, que induce a numerosas creencias erróneas.
Así, indica: "Hay valores más importantes. Por ejemplo, la justicia, la
libertad, la generosidad o la valentía. Sin embargo, a la mujer se le considera
virtuosa si logra un buen matrimonio con hijos. Eso no es que tú te realices, es
que se realice el otro. La maternidad no es una obligación por que se te pase el
arroz ni el matrimonio para toda la vida. Son sistemas de creencias, como el de
que la mujer sea fácil por divorciarse".
Y la masculinidad nueva tiene que integrar su femenino interior,
implicando el cuidado por el otro. El “sin ti me muero” de las canciones y las
películas se debe revertir. "Una pareja puede ser la mejor, pero no lo único. Si
piensas que tu compañero da sentido a tu vida, en vez de tener tu sentido en la
valía personal, las creencias y la espiritualidad, será una veneración".
d) Fortalecer lazos mediante la convivencia
A estos consejos resumidos por Walter Riso hay que sumarle el uso de la
convivencia cotidiana para fortalecer lazos en el seno de la pareja.
La convivencia conlleva el peligro de la rutina y en ello se ahondará a
continuación. Sin embargo, la convivencia puede ser el marco propicio para
intensificar los vínculos y la complicidad entre los miembros de la pareja. Eso sí,
para lograrlo hay que estar atentos a una serie de cuestiones que, siendo
sencillas, son claves.
Así, la convivencia implica la gestión de un espacio común –el hogar-, lo
que conlleva, a su vez, la realización de una serie de tareas domésticas y
estratégicas, que no siempre son agradables o nos motivan.
19
Ante esto, la pareja ha de procurar una adecuada organización –entre
otras cosas, sabiendo diferenciar lo urgente de lo importante-, plantear y plasmar
un reparto justo de funciones y tareas, identificar asuntos que cada uno puede
afrontar mejor con base en sus respectivos talentos y preferencias y coordinarse
para que este tipo de quehaceres, a los que hay que darle la significación que
merecen, no vayan en contra del necesario tiempo que el seno de toda pareja se
necesita tanto para los dos en común como para cada cual en particular.
4. RELACIONES DE PAREJA, RUTINA Y RUPTURAS
¿Cómo vencer el paso del tiempo y la rutina?
La respuesta a esta cuestión está muy condicionada por la calidad de la
relación, en la forma ya desarrollada. No obstante, sin menoscabo de ello,
influyen enormemente tres factores: la confianza, la comunicación y el
acompañamiento.
Y los tres tienen algo muy especial en común: el paso del tiempo favorece
su siembra y crecimiento, a diferencia de otras vivencias y compartires de la
pareja en la que juega en principio en contra (es el caso, como se examinara de
inmediato, de la frecuencia de las relaciones sexuales).
Por eso, conviene empezar aquí por ellos y dejar para después las
relaciones sexuales:
a) Confianza
Cuando se trae a colación la confianza no se hace en su versión débil y
desvirtuada que la convierte en acomodamiento o en una familiaridad que
conduce a la pasividad y desgana, sino en su comprensión fuerte y activa.
Es esta la confianza que en la pareja debe asentarse y es crucial que lo
haga. Y el tiempo no juega en contra de ello, sino que lo favorece, siempre,
lógicamente, que en el transcurso del mismo la confianza se haya cultivado en el
seno de la relación. La práctica de la veracidad y la fidelidad coadyuvan
enormemente a ello.
No en balde, uno de los efectos más devastadores de la infidelidad y el
engaño dentro en la pareja es que la confianza salta por los aires; y una vez rota,
su restablecimiento se hace muy difícil, pues se siembran dudas acerca del
comportamiento del otro/a que tardan mucho en disiparse.
En cambio, cuando en la pareja se cultiva tanto la fidelidad –“observancia
de la fe que alguien debe a otra persona”, como enseña el Diccionario- como el
ser veraz –“decir, usar o profesar siempre la verdad”, como también indica el
Diccionario-, se construyen entre sus componentes el gran pilar de la confianza:
la lealtad, que no es un concepto teórico ni retórico, sino manifestación de la
20
fidelidad que se guarda entre ambos, de la práctica continua de la veracidad entre
ellos y de la existencia de una íntima complicidad –solidaridad, camaradería…- y
de una conexión fidedigna.
b) Comunicación
Con esa conexión fidedigna tiene que ver la comunicación entre los
integrantes de la pareja, que igualmente hay que labrar con constancia en la
cotidianeidad y no como algo que se ejercita de vez en cuando.
Una comunicación que no tiene que abarcar todo lo que a cada uno le
interesa ni a todo lo que se hace, pero sí, desde luego, a tres ámbitos:
+A lo que es importante para cada cual: si es lo es para ti debe serlo igualmente
para tu compañero/a- y, por supuesto, a
+A aquello que afectando a uno repercute en los dos.
+Y, en conexión con esto último, a la identificación de fuentes de conflictos
potenciales o reales para anticiparse a ellos o darles solución mediante la atención
a esta, la solución, y no al conflicto, y el situarse en el lugar del otro ejercitando
la comprensión y la empatía
En este escenario, la comunicación ha de caracterizarse por ser sincera,
fluida, correspondida e incluir la escucha activa ante lo que el otro comparte. Una
comunicación así potencia la compenetración, que no es sumisión ni identificación
con el otro/a en clave de uniformismo, sino capacidad para ponerse en el lugar
de tu pareja, entender sus experiencias y compartir ideas y sentimientos.
Será así como la comunicación reafirme los lazos de unión, colaboración y
apoyo mutuo en lo que ostenta significación para cada uno y, desde liego, en lo
relativo a proyectos e iniciativas comunes.
c) Acompañamiento
Y la confianza y la comunicación, en los términos expuestos, nutre en la
pareja la vivencia del acompañamiento.
No se trata de mera convivencia ni, claro está, de monotonía. Tampoco de
hacer dejación de la propia responsabilidad, actividad y espacio, con el peligro
que ello implica de diluirse en el otro.
El acompañamiento nada tiene que ver con lo anterior, sino que representa
la percepción y la seguridad de que tu pareja es un pilar firme para tu vida, aun
teniendo la suya. Una persona con la que has creado y con la que existe un
vínculo difícil de describir con palabras, pero contundente y presente, que te
permite saber con certeza absoluta que es alguien con quien siempre puedes y
21
podrás contar, sea lo que sea. Y no de un manera vaga, sino efectiva, cercana,
solícita y amorosa.
Y en la plasmación de este acompañamiento juegan su papel cosas
menores, pero con el transcurso del tiempo pueden convertirse en hábitos
favorables para el asentamiento y el funcionamiento de la pareja. Por ejemplo,
no salir de casa o irse a dormir sin despedirse con un beso, al igual que al
despertar por la mañana o al regresar al hogar.
Relaciones de pareja y relaciones sexuales
Como antes se reseñó, el paso del tiempo y la rutina suele provocar la
disminución de las relaciones sexuales en el seno de la pareja: por lo general, la
frecuencia de los encuentros sexuales es mucho más elevada en los inicios de la
relación, donde la intensidad y la idealización marcan el ritmo, tendiendo a tener
menos sexo con el paso del tiempo.
Tal como señaló Loola Pérez en un artículo publicado en El Mundo –
Lifestyle el 3 de marzo de 2023, cuando la fase del enamoramiento termina, las
parejas pueden advertir distintas experiencias:
1ª. Pérdida de la fascinación por el otro, pero mantenimiento de la atracción física
y el deseo.
2ª. Pérdida de la atracción física hacia la pareja, aunque persiste el deseo sexual
como una necesidad o una motivación que puede ser colmada por la pareja, ya
sea de forma parcial o total.
3ª. Pérdida de deseo sexual por situaciones asociadas al estrés, la monotonía, la
edad, la llegada de los hijos, los cambios biológicos o el debut de una
enfermedad, pero continúa la atracción física hacia la pareja.
4ª. La atracción y el deseo sexual desaparecen porque la pareja, por diferentes
razones, ya no resulta deseable (por ejemplo, mala comunicación, infidelidades,
dejadez o abandono en la seducción, intereses diferentes, pérdida del proyecto
de vida común, valores contrarios o ausencia de confianza).
Y hay parejas que deciden mantenerse unidas cuando ya no comparten ni
pasión ni sexo, pasando a ser parejas sin sexo: se entiende por tal aquella que,
en términos absolutos, no tiene sexo o mantiene encuentros eróticos con una
frecuencia inferior a uno en un mes, excluyendo de esta definición a aquellas
personas que, por distintas situaciones o limitaciones (enfermedades,
accidentes…), se encuentran impedidas para tener sexo.
Lo cierto es que las parejas sin sexo, por más que no sea lo mayoritario,
tienen una presencia creciente en la sociedad. No es, por tanto, tan infrecuente
como pudiera pensarse, aunque, como subraya Loola Pérez, se percibe como una
realidad incómoda y a menudo, silenciada, sobre todo por el valor que nuestra
22
cultura otorga a la erótica. Paradójicamente, en una sociedad donde prolifera una
gran diversidad de discursos amorosos y de formas de vinculación, parece que
todavía nos cuesta aceptar que las parejas sin sexo pueden estar satisfechas e
incluso, ser plenamente felices. Y la no práctica del sexo no significa que esas
personas sean asexuales: aunque la asexualidad pueda explicar por qué algunas
parejas no están interesadas en la actividad erótica, eso no quiere decir que todas
las parejas que prescinden del sexo lo hagan porque no están interesadas en ese
contacto o porque les genera aversión.
Ante la ruptura de la pareja
Sean cuales sean los cimientos e intereses de la pareja y con más
probabilidad y premura cuando la calidad de los mismos es baja, las relaciones
de pareja pueden llegar a su fin. Y por más que pueda causar dolor, que lo suele
provocar y a menudo bastante intenso, la ruptura ha de ser vivida desde tres
perspectivas interrelacionadas:
+Como algo natural, no como trauma: La ruptura de la pareja, no siendo
ineludible, pues hay parejas que duran toda la vida, sí es absolutamente natural.
La impermanencia es una de las señas de identidad de la realidad que nos rodea
y en la que nos integramos. Y las relaciones personales, en general, y las de
pareja, en particular, no son ajenas a ello. Este hecho debe servir para evitar
contemplar la ruptura como trauma y vivirla con aceptación.
+Como experiencia, no como fracaso: La ruptura de la pareja no es un fracaso.
Puede darse o no, pero, si sucede, hay que afrontarla como parte de las
experiencias vitales y su desenvolvimiento. El fracaso consistiría precisamente en
olvidar este último.
+Sin miedo y como oportunidad de crecimiento, no como estancamiento o
retroceso: En la vida, toda puerta que se cierra es una oportunidad para que se
abra otra. Quizás no de manera inmediata, pero sí cuando corresponda. Como
ahora se detallará, tras una ruptura no conviene tener prisas en establecer una
nueva relación. Pero si hay que interiorizar desde el mismo momento que se
produce que llega a nuestra vida con un sentido profundo, con un porque y un
para que, lo que se fraguará en la apertura de nuevas puertas, que, por cierto,
no siempre tienen porque ser amorosas, sino que pueden tener otro perfil,
aunque siempre contribuyendo a nuestro crecimiento personal –promoviendo el
mejor conocimiento de uno mismo y actuando cual espoleta para hacer cambios-
y desarrollo en consciencia –impulsando nuestra auto-transformación-.
+Por fin, al hilo de todo lo precedente, la ruptura sin resentimiento hacia el
otro/a: al contrario, con agradecimiento por lo compartido y poniendo en valor lo
vivido y creado conjuntamente, que representa un patrimonio común que la
ruptura no debe dilapidar. El ego y el dolor dificultan estas actitudes y hacen que
primen otras llenas de rencor y hasta de odio. De dejarse llevarse por esto,
nosotros mismos, mucho más que el otro/a, seremos los principales perjudicados.
23
5. AMOR, CON MAYÚSCULA EN SU PRIMERA LETRA
Estando más allá del plano material, puede transformar la sexualidad y
las relaciones de pareja
Para concluir el presente texto hay que entrar en detalles acerca de ese
amor, también presente en la experiencia humana, al que se hizo mención en el
primer apartado de este texto y que es distinto al que ha ocupado
fundamentalmente los capítulos precedentes. Esto es, el que, para identificarlo
adecuadamente, señalamos que puede ser escrito como “Amor”, con mayúscula
en su primera letra.
Un Amor que, como se apuntó al comienzo de estas páginas:
+Se sitúa no en el plano material del ser humano –en su apariencia perecedera:
el pequeño yo físico, emocional y mental y la personalidad a él asociada-, sino
en el plano inefable de la Esencia imperecedera que constituye nuestro genuino
ser.
+Sin menoscabo de lo anterior, el Amor, lejos de estar desconectado de la
sexualidad y las relaciones de pareja, puede incidir muy positivamente en las
mismas hasta llegar a transformarlas, coadyuvando enormemente a impregnar
de armonía, equilibrio y gozo el amor en sus tres dimensiones ya examinadas
(físico-sexual, emocional y psicológica-mental).
Y el Amor ostenta dos potentes manifestaciones estrechamente
relacionadas entre sí:
+La mística, que dimana de la experiencia de Dios.
+La álmica, que deriva de la afinidad entre almas encarnadas en el escenario
humano.
En lo que aquí ocupa, se examinará seguidamente esta segunda
manifestación.
Afinidad Álmica y Amistad
Pero, ¿qué es la Afinidad Álmica?
La sabiduría antigua la define como Amistad. Ahora bien, no en el sentido
que a esta se le da hoy día, sino desde la significación que a la misma se le otorgó
históricamente en distintas escuelas espirituales y filosóficas –verbigracia, la
Academia Pitagórica-.
Porque, efectivamente, la forma en la que la amistad es contemplada en
la actualidad se corresponde con la primera acepción del vocablo según el
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Diccionario de la lengua española: “Afecto personal, puro y desinteresado,
compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. A lo que a
menudo se añaden unas aficiones y unos gustos comunes y la inclinación a
compartir parte del tiempo libre y actividades de ocio.
Sin embargo, para las escuelas mencionadas, la amistad tiene que ver con
la cuarta de las acepciones que el Diccionario recoge: “Afinidad, conexión entre
cosas”, aunque es necesario efectuar una pequeña modificación para subrayar el
papel del alma al respecto: “Afinidad y conexión entre almas”, siendo el alma el
“vehículo” que usa el Espíritu o Esencia divina para proyectarse y encarnan en
cada uno de nosotros.
Características principales de la Afinidad Álmica entre personas
1ª. Existencia entre ellas de similitud o semejanza en el estado de consciencia,
esto es, en la visión y la comprensión de la realidad y de la vida y la manera de
vivirla-.
2ª. Dado que el estado de consciencia, cada uno el suyo, va ligado a una
determinada frecuencia vibracional, cada uno la suya, la Afinidad Álmica se
expresa igualmente entre las personas que la experimentan en una sintonía y
resonancia vibratoria.
3ª. Predisposición espontánea entre quienes la tienen a apoyarse, acompañarse
y enriquecerse mutuamente en las vivencias -procesos conscienciales- que
impulsan la evolución en el estado de consciencia; y la propensión a colaborar y
cooperar en creaciones, iniciativas y proyectos que coadyuvan a plasmar sus
aspiraciones álmicas y a sacar lo mejor de cada uno y ponerlo al servicio de los
demás.
4ª. La posible llegada a la vida de cada cual de personas con las que se tiene
Afinidad Álmica se produce de manera natural, por lo que esta no hay que
buscarla ni ansiarla. Puede acontecer una o varias veces y con personas distintas
a lo largo de la vida física, pero siempre cuando corresponde exactamente y en
el momento preciso desde la perspectiva álmica.
5ª. La Afinidad Álmica, de por sí, no conlleva que entre las personas que la
disfrutan surja la atracción sexual y el establecimiento de relaciones de pareja,
aunque a veces si ocurre, lo que provoca que entre ellas nazca una conexión de
Amor que permite vivir la relación desde la transformación antes señalada y, por
tanto, mucho más allá del simple querer o enamoramiento y del mero deseo
erótico.
La prioridad de la Afinidad Álmica en nuestras vidas
Conjunto de consideraciones que llevan a la conclusión de que la Afinidad
Álmica, con todo lo que implica, ocupa un lugar central en nuestra vida, debiendo
estar atentos a cuando aparece y en la forma exacta. De hecho, al encontrar su
25
fundamento en la interacción álmica entre las personas, ha de ser la prioridad en
nuestras vidas, en lugar de las relaciones de tipo familiar a las que la gente suele
dar tanto protagonismo.
Con esta reflexión no se pretende cuestionar la significación que en la vida
de las personas tienen la familia y las relaciones familiares, muy importantes sin
duda. Ahora bien, en las relaciones familiares lo que priman son los lazos
generados desde la apariencia del ser humano, esto es, desde el componente
físico del pequeño yo: lo genético, lo sanguíneo, el parentesco… Y ojo con esto,
porque muy a menudo, casi sin darnos cuenta, tales lazos nos enredan en
vínculos estrictamente tribales, aunque se subliman emocionalmente para
reinterpretarlos de otra manera.
Y la pareja debe tener esto muy en cuenta en la práctica de vida cotidiana,
tanto de por sí –para cada uno ellos y en las interacciones entre ambos- como
en el modelo familiar que vayan conformando y, dentro de él, en el tipo de
educación que a los hijos se les vaya proporcionando.
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PRÓXIMO ENCUENTRO MENSUAL ONLINE
Octubre de 2023:
Jueves 5 (Exposición) y 19 (Respuesta a preguntas)
“LA MARCA DE LA BESTIA: ¿QUÉ ES Y QUÉ
IMPLICACIONES TENDRÁ EN NUESTRAS VIDAS?”
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