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Dios y poesía (¿Dios es poesía?

) (¿La poesía es
Dios?) – Parte I de III
1 marzo, 2020 José Luís Pérez Libros, Poesía
Aunque el título parezca un juego de palabras heterodoxamente irreverente, se trata de plantear
simplemente unas preguntas retóricas que puedan dar paso a la reflexión sobre ambos conceptos.
Dice el evangelista Juan, en su capítulo 1, versículo 1: En el principio era el Verbo y el Verbo era
con Dios, y Dios era el Verbo. El término «Verbo», que viene del griego λόγος, se atribuye a Jesús,
que sería el portavoz de la palabra de Dios Padre para los hombres. Como vemos, esta voz, esta
palabra es tan importante como para afirmar que Dios era el Verbo.
La poesía también utiliza la expresión oral y el enunciado escrito para convertirse en la
manifestación máxima del sentimiento hecho palabra, en el vehículo de comunicación entre el poeta
y el lector o el oyente. El mensaje divino –las Sagradas Escrituras– y el mensaje humano –la
poesía–, comparten la palabra, lo sublime, y quieren llegar al corazón del oyente o tocar sus
pensamientos para removerlos.
Dios y poesía no son una interrelación nueva. Desde los inicios de la poesía y de las comunidades
sociales más primitivas se ha ensalzado a los dioses, se ha cantado y se ha utilizado la lírica para las
liturgias y ceremonias religiosas de cualquier divinidad, fuera cual fuese su forma, o su nombre:
Osiris, Viracocha, Quetzalcoatl, Odin o Frida 1
Dámaso Alonso en su obra Poetas españoles contemporáneos llega a afirmar que toda la poesía es
religiosa, lo que para Leopoldo de Luis vale decir que el sentimiento religioso y la actitud poética
reconocen una raíz común en el corazón de los hombres 2
El poeta, como creador de nuevos mundos que superan los sentidos, trasciende hacia lo intangible.
La poesía emplea medios materiales, humanos, lingüísticos: recurre a la relación semántica, a la
comparación de elementos, a la exaltación de ideas o sentimientos… y, a pesar de que se parte de
realidades concretas, en muchos casos se trata de un camino de búsqueda de lo absoluto (el amor, el
tiempo, el sentido de la vida, el dolor humano, la pasión…y, por supuesto, Dios). En esta
indagación del máximo grado de perfección en la expresión de los sentimientos, la poesía emplea la
palabra como una herramienta generadora de imágenes, de emociones, de ideas…

VIDA
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».


Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.


(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada).

Qué más da que la nada fuera nada


si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada. 3

José Hierro

NOCHE DEL AMOR INSOMNE


Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadena.

Noche abajo los dos. Cristal de pena,


llorabas tú por hondas lejanías.
Mi dolor era un grupo de agonías
sobre tu débil corazón de arena.

La aurora nos unió sobre la cama,


las bocas puestas sobre el chorro helado
de una sangre sin fin que se derrama.

Y el sol entró por el balcón cerrado


y el coral de la vida abrió su rama
sobre mi corazón amortajado. 4

Federico García Lorca

CÁNTICO DOLOROSO AL CUBO DE LA BASURA


Tu curva humilde, forma silenciosa,
le pone un triste anillo a la basura.
En ti se hizo redonda la ternura,
se hizo redonda, suave y dolorosa.

Cada cosa que encierras, cada cosa


tuvo esplendor, acaso hasta hermosura.
Aquí de una naranja se aventura
su delicada cinta leve y rosa.

Aquí de una manzana verde y fría


un resto llora zumo delicado
entre un polvo que nubla su agonía.
¡Oh!, viejo cubo sucio y resignado,
desde tu corazón la pena envía
el llanto de lo humilde y lo olvidado 5

Rafael Morales

COMO LA HIEDRA
Por el dolor creyente que brota del pecado.
Por haberte querido de todo corazón.
Por haberte, Dios mío, tantas veces negado;
tantas veces pedido, de rodillas, perdón.

Por haberte perdido; por haberte encontrado.


Porque es como un desierto nevado mi oración.
¡Porque es como la hiedra sobre el árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión!

Porque es como la hiedra, déjame que Te abrace,


primero amargamente, lleno de flor después,
y que a mi viejo tronco poco a poco me enlace,

y que mi vieja sombra se derrame a tus pies;


¡porque es como la rama donde la savia nace,
mi corazón, Dios mío, sueña que Tú lo ves! 6

Leopoldo Panero
Hay una circunstancia en la que poesía y Dios se unen y la superación de lo material y lo personal
convierten la lírica en un mensaje religioso. Aquí llega el momento de descubrir el tupido velo del
exclusivismo del creyente y su fe; y el tiempo de preguntamos por qué Dios optamos o qué religión
elegimos… ¿Qué hacemos cuando la selección no pertenece al conjunto de dogmas que profesamos
o la divinidad destinataria no es la nuestra? ¿Y, dónde dejamos a los incrédulos, agnósticos, ateos y
demás familia de escépticos? ¿Cómo se entenderá la poesía religiosa?
Cuando se trata de poesía, no debería haber problema, tanto si es religiosa como si no. No es tan
difícil de sentir si la palabra cumple su función estética y las imágenes transmiten significados
asumibles. Nuestra comprensión de la vida y costumbres, de la cultura y conocimientos de nuestro
entorno social habría de permitirnos que el mensaje y el contexto sean perceptibles, sea cual sea el
tema tratado. En otras palabras, para acceder a una poesía amorosa, por ejemplo, no se necesita
estar enamorado, al igual que sucede con la poesía religiosa:

DESEO
Tú, quieto, como piedra. Tú, frío, como piedra.
Yo, con mi brasa oculta por un velo ¡tan tenue!
que el roce de tus labios lo hubiera destrozado…
Pero no fue… Yo, acaso, te miré dulcemente;
acaso una sonrisa se me quedó en los labios…

Cien veces me has tenido. Antes. Después. Mil veces…

Y no sabrás que nunca, como entonces, se hubiera


alzado la perfecta llamarada del éxtasis. 7

Ángela Figuera Aymerich

LA ORACIÓN DEL ATEO


Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes,


cuando Tú de mi mente más te alejas;
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi alma endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande


que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,


Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras. 8. [Link]. Dios en la poesía actual. Edición de Ernestina de
Champourcín. Ed. B.A.C. Madrid, 1972.

Miguel de Unamuno
En nuestra cultura occidental contamos con escuelas y figuras relevantes alrededor de la poesía
relacionada con la religión: Santa Hildegarda de Bingen en Alemania, San Francisco de Asís en
Italia, pero, sobre todo, tenemos importantes autores en España como Fray Luis de León, Santa
Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz. Y, aprovechando esta circunstancia, repasaremos brevemente
la lírica religiosa en España.
La creación poética que habla de Dios toma itinerarios distintos. Puede ir encaminada a la expresión
de un sentimiento religioso, a la manifestación de la fe personal:
DIME
Dime que no te hago
a la medida
de mi desolación sin horizonte.
Dime que mi agonía
no te inventa,
cuando en su ahogo lento, pronunciado,
te siento por las venas
respirándote.
Dime que yo no sueño. Que es tu mano
la que temblando aprieto
entre las mías,
cuando la noche en mis pupilas crece.
Dime que cuando hablo —que sólo a Ti te hablo—
vas recogiendo mis palabras leves. Apretándolas
sobre tu corazón. Como presiento
Dime que cuando lloro
alargas tu sonrisa —la que veo—
hasta lo más mojado de mi cara.8 […]

María Elvira Lacaci


Dios, invención admirable,
hecha de ansiedad humana
y de esencia arcana,
que se vuelve impenetrable.
¿Por qué no eres tú palpable
para el soberbio que vio?
¿Por qué me dices que no
cuando te pido que vengas?
Dios mío, no te detengas,
¿o quieres que vaya yo? 9

Guadalupe Amor
O bien, la lírica religiosa tiende hacia un encauzamiento dogmático, ritual, didáctico o hagiográfico:

LA SAETA
«¿Quien me presta una escalera,
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?»
Saeta popular
¡Oh la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar! 10
Antonio Machado
[…]
Señor sancto Domingo, leal escapulado,
andaba en la orden como bien ordenado,
los ojos apremidos, el capiello tirado,
la color amariella, como homne lazrado.

Quequiere que mandaba el su padre abat,


o prior o prepuesto de la socïedad,
obedecié él luego de bona voluntad,
teniéngelo los bonos a bona Cristiandad

En claustra nin en coro nin en otro logar


que vedaba la regla él non querié fablar;
quiquiere que en cierto lo quisiese buscar
fose a la eglesia acerca del altar.
[…]

Gonzalo de Berceo
Quizá la poesía de carácter piadoso trate de expresar las indagaciones y experiencias orientadas a
una purificación, a un acercamiento a la divinidad mediante un camino de perfeccionamiento
espiritual –la lírica ascética–, que es un paso previo a la mística:

ODA XIII – DE LA VIDA DEL CIELO


Alma región luciente,
prado de bienandanza, que ni al hielo
ni con el rayo ardiente
fallece; fértil suelo,
producidor eterno de consuelo:

de púrpura y de nieve
florida, la cabeza coronado,
y dulces pastos mueve,
sin honda ni cayado,
el Buen Pastor en ti su hato amado.

Él va, y en pos dichosas


le siguen sus ovejas, do las pace
con inmortales rosas,
con flor que siempre nace
y cuanto más se goza más renace.

Y dentro a la montaña
del alto bien las guía; ya en la vena
del gozo fiel las baña,
y les da mesa llena,
pastor y pasto él solo, y suerte buena.
Y de su esfera, cuando
la cumbre toca, altísimo subido,
el sol, él sesteando,
de su hato ceñido,
con dulce son deleita el santo oído.

Toca el rabel sonoro,


y el inmortal dulzor al alma pasa,
con que envilece el oro,
y ardiendo se traspasa
y lanza en aquel bien libre de tasa.

¡Oh, son! ¡Oh, voz! Siquiera


pequeña parte alguna decendiese
en mi sentido, y fuera
de sí la alma pusiese
y toda en ti, ¡oh, Amor!, la convirtiese,

conocería dónde
sesteas, dulce Esposo, y, desatada
de esta prisión adonde
padece, a tu manada
viviera junta, sin vagar errada. 1
Fray Luis de León
El último rumbo que puede tomar la poesía religiosa es la descripción de una práctica interior que
suele superar la explicación racional. Se trata de una experiencia de comunicación con Dios, un
diálogo que expresa la unión del alma con su Creador. En otras culturas aparecen tendencias
filosóficas o espirituales que pretenden la comunión del espíritu con la naturaleza o la disolución
del yo (mística animista celta, budismo…); pero, sobre todo, las dos religiones con más seguidores
–el cristianismo y el islam– tienen diversas formas de espiritualidad que pretenden la purificación y
la unión con Dios: misticismo y sufismo. En la literatura española tenemos, en el ámbito católico,
dos representantes de esta lírica mística, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz:

NOCHE OSCURA DEL ALMA


En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquesta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
El aire del almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.
Quedeme y olvideme.
El rostro recliné sobre el Amado.
Cesó todo y dejeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado. 2
San Juan de la Cruz

ALMA, BUSCARTE HAS DE MÍ


Alma, buscarte has en Mí,
y a Mí buscarme has en ti.
De tal suerte pudo amor,
alma, en mí te retratar,
que ningún sabio pintor
supiera con tal primor
tal imagen estampar.
Fuiste por amor criada
hermosa, bella, y así
en mis entrañas pintada,
si te perdieres, mi amada,
Alma, buscarte has en mí.
Que yo sé que te hallarás
en mi pecho retratada,
y tan al vivo sacada,
que si te ves te holgarás,
viéndote tan bien pintada.
Y si acaso no supieres
dónde me hallarás a Mí,
no andes de aquí para allí,
sino, si hallarme quisieres,
a mí buscarme has en ti.
Porque tú eres mi aposento,
eres mi casa y morada,
y así llamo en cualquier tiempo,
si hallo en tu pensamiento
estar la puerta cerrada.
Fuera de ti no hay buscarme,
porque para hallarme a mí,
bastará sólo llamarme,
que a ti iré sin tardarme
y a mí buscarme has en ti. 3
Santa Teresa de Jesús
Este tipo de vivencias, de acontecimientos espirituales de lo divino se atribuyen, en el entorno
cristiano, a personas con características muy especiales, generalmente canonizados por la Iglesia, es
decir, los santos, que han demostrado en su vida actitudes de abnegación, virtuosismo e incluso de
sacrificio, desde el punto de vista eclesial.
En la actualidad también se considera poesía mística a aquella que anhela la unión del alma con
Dios (no como vivencia, sino como voluntad o deseo). Se buscan las prácticas espirituales que
acerquen al Ser Supremo y sobre todo, la comunicación con Él. No es necesario «ser santo» para
aproximarse y hablar con la divinidad; pero, ¿cómo se conversa con Dios en el siglo XXI?, ¿cómo
es –o cómo puede haber– lírica espiritual, contemplativa en plena era tecnológica?
El pasado 31 de mayo de 2019 asistí a la presentación de En voz alta, un poemario de Pilar Elvira
Vallejo que reúne las características apuntadas más arriba referidas a la «mística moderna». Y,
casualidades de la vida –y de la poesía–, dos días más tarde, el 2 de junio, fui testigo de la aparición
de Mi fe desnuda de Guillermo Arróniz, otra obra enmarcada en la misma línea de unión con Dios y
sus consecuentes experiencias extáticas en la actualidad.
Ambos han presentado sus obras al Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo, sin
conocerse, y he tenido el honor de haberlos puesto en contacto. Ahora me permito reseñar sus obras
no comparativamente, sino de manera simultánea, ya que hay algunas coincidencias que merecen
ser analizadas.
La pregunta hecha anteriormente sobre ¿cómo se conversa con Dios en la actualidad?, tiene
respuesta en los siguientes fragmentos que transcribo a continuación. Pilar Elvira nos traslada a un
mundo íntimo, de comunicación intensa y profunda, donde la confianza no está reñida con el
respeto. Dios parece estar tanto dentro del yo lírico como exteriormente. Y la facilidad, la
familiaridad con la que dialoga con la divinidad contrasta y se convierte en todo un problema a la
hora de expresar esta experiencia a los demás:
Yo sé muy bien, mi Señor,
cómo se charla Contigo.
Te llamo como a mi padre,
mi imperturbable cobijo.
A veces como a una madre
benévola con sus hijos.
y en ocasiones te hablo
como al más íntimo amigo.
Porque Tu Amor no es humano,
es un misterio divino;
excede en su dimensión
cualquier querer conocido.
No me hacen falta palabras
no necesito eufemismos,
podría hablarte desnuda
¡sobran pudor y vestido!
No necesito la voz,
ni un discurso reflexivo,
ni explicarte lo que siento
ni excusas, ni artificios.
Porque Tú lo sabes todo,
incluso lo que no digo.
¡Hablar Contigo es tan fácil!
No cabe el malentendido
¡Pero no sé cómo hablar
de Ti ante ajenos oídos! 4
Pilar Elvira Vallejo
Guillermo Arróniz realiza un acto de convencimiento sincero, una oración lírica que enuncia su fe
cristiana, donde la palabra de Dios es vida y camino hacia lo eterno. Para ello, el yo poético
interpela a su creador para cuestionarle razones teológicas y de fe, con el fin de lograr la unidad con
él:
Señor, sólo Tú tienes las palabras
de vida incandescentemente eterna.
Son ascuas que iluminan hacia dentro
y muestran un camino llameante
de gran oscuridad muy primigenia,
la auténtica materia creadora,
profunda senda de noche frondosa.
No alcanzo a comprender bien lo que dicen
alguna de tus bienaventuranzas:
¿el Reino de los Cielos pertenece
a los pobres de espíritu? ¿Por qué?
Quisiera saber: ¿quiénes son los pobres
de espíritu? ¿Se llega a ser así?
¿Se nace siendo pobre? ¿Qué podría
hacer para alcanzar la propiedad
más alta, Vuestro Cielo, Vuestro Hogar? 5
Guillermo Arróniz
La unión con Dios también significa comprender sus designios y ser capaces de «ponerse en su
lugar» entendiendo el sufrimiento que padeció como hombre. El dolor de la crucifixión es para
Arróniz una consecuencia de la contemplación extasiada de El Cristo de Cellini (subtítulo de su
obra). El paralelismo entre una aguja y los clavos de la cruz son la hipérbole comparativa que dejan
de manifiesto la imperfección humana comparada con la tortura soportada por el Hijo de Dios.
El punto de vista de Elvira Vallejo se inclina por la vivencia en propia carne de esos padecimientos.
Se trata de un relato puntual del dolor físico donde el yo poético ocupa el lugar de Cristo y llega a
comprender que, sin la gracia divina, ese calvario puede ser el mismo que sufre ahora ella. Un
mecanismo original para expresar, como en una imagen superpuesta, la unión con Dios.
Tú sabes a qué punto desbocado
me aterra todo daño, todo mal.
Apenas soy capaz de no quejarme
al tacto reducido de la aguja,
pinchazo leve, insignificante.
Si pienso en esos clavos inclementes
que rompen la belleza de Tus manos,
estoy al borde mismo del desmayo.6
Guillermo Arróniz

LA CRUZ
¡Abrázame fuerte, Señor!
Que se me ha roto la espalda
y no puedo sostenerme
con la columna quebrada.
¡Ya no podré caminar
sin el sostén de Tu gracia!
[…]
¡Padre, no me llega el aire!
se ha cerrado mi garganta,
mi pulso se ha detenido
en una fría montaña.
¡Ya no podré respirar
sin el soplo de tu gracia!
[…]
Mis piernas no me sostienen,
de dolor debilitadas;
caigo ante Ti de rodillas,
a Tu clemencia postrada.
¡Ya no podré levantarme
sin la fuerza de Tu gracia!
Ayúdame con la cruz,
Contigo podré llevarla
¡Abrázame fuerte, Señor!
¡sin Tu gracia no soy nada! 7
Pilar Elvira Vallejo
Uno de los caminos para acercarse a Dios es contemplar su creación, gozar de las maravillas que el
mundo ofrece a los ojos del poeta místico y reconocer en ellas la mano divina. Pilar nos plantea en
su poema «La orilla» esta admiración hacia el Ser Supremo como creador del mundo; su belleza
arrebata el espíritu de la poeta y, aunque sabe que algún día sus sentidos no podrán seguir
admirando tales creaciones, el consuelo es concluyente: ¡cómo será, mi Señor, / el fuego ardiente
del alma / al contemplar al Creador / desde la orilla sagrada!.

LA ORILLA
[…]
¡Qué deleite en los cinco sentidos!
Verdes prados de hierba,
libres aves volando confiadas,
los ingenuos potrillos trotando,
a lo lejos las viejas montañas …
claroscuros de soles y nubes,
el olor del salitre y las algas …
la caricia fugaz de la brisa en el
rostro…
[…]
[…]
¡Ay Señor, que embriagas mi espíritu
de vehemente belleza creada!
Algún día cerrarás mis ojos
a la ilusión oceánica
Serán sordos mis oídos
al canto de nanas de agua,
cesarán los aromas marinos,
el sabor de la sal en la boca sellada.
[…]
[…]
… Si al contemplar Tu creación
desde esta vertiente humana
logra arder mi corazón
con tan magnífica llama …
¡cómo será, mi Señor,
el fuego ardiente del alma
al contemplar al Creador
desde la orilla sagrada!

La beldad de los innumerables detalles de la naturaleza o la delicadeza de algunos gestos humanos


son para Guillermo pruebas fehacientes de la estela sagrada que el Espíritu Santo deja a su paso por
el mundo. Tal es el efecto que produce en el poeta la contemplación de esas experiencias que llegan
a ser un bálsamo, un remedio para la incertidumbre existencial que, como ser humano, pueda tener:
dudo de mis dudas y temores.
En cambio, cuando pienso en el Espíritu,
me es fácil intuïrTe en todas partes
tu gracia descubierta en cada gesto:
las manos arrugadas de un anciano
que tanto acariciaron y vivieron;
un sauce que se agita con el viento;
[…]
la risa desdentada y transparente
de un niño que descubre el arco iris
o juega con la nieve o salta libre;
la frágil danza de la mariposa,
las mudas castañuelas de sus alas,
la lluvia de color de su aletea;
la ola con su espuma juguetona
que besa y viene y va sobre la arena;
el cielo que se tiñe de calores
al lento atardecer de los veranos;
la gota de rocío en la azucena
brillando sobre el dulce terciopelo
de pétalos tan bellos como suaves;
los dedos del bebé recién nacido
perfectos pajaritos que se agitan;
el pico blanquecino en la montaña,
capilla natural que apunta al cielo;
el suave escalofrío en la caricia,
o la mejilla dulce sonrosada:
Allí Tu gracia está tan rebosante
que dudo de mis dudas y temores.
[…]
Las almas más sencillas Te perciben
en todas estas cosas y otras muchas:
Tu Espíritu penetra en todas partes
y deja claras huellas a Su paso. 1
Guillermo Arróniz
Otra de las vías para llegar a Dios, para lograr la unión mística, es la senda de la virtud, la búsqueda
de la santidad a través de la renuncia a lo material y la entrega personal a los demás, a los
necesitados, como acto de caridad extraordinario. Los dos poetas abordan esta travesía vital desde
puntos de vista diferentes. Para Pilar Elvira, amar a los demás, como lo hizo Jesús, es ardua tarea,
pero es el camino de perfección que la puede unir a Dios. Lo difícil, sobre todo, es amar lo
imperfecto, entregarse a los demás sin excusas ni prejuicios:

AMAR
¡Yo no sé amar como Tú!
Mi fe movería montañas
pero me falta el amor. ..
Suenan huecas las campanas
unos platillos retiñen:
sin el amor no soy nada.
¡Amarte a Ti es tan sencillo!
[…]
Pero me pides que busque
en los demás Tu mirada,
que reconozca Tu rostro
en las miserias humanas.
y mi amor se vuelve torpe …
¡Es la tarea tan ardua!
Abrazar la imperfección,
la fealdad, la ignorancia,
la enfermedad, el sudor,
la tosquedad, la desgracia …
con dulzura maternal
y devoción espontánea.
Sonreír a quien me irrita
con paciencia sosegada,
condescender gentilmente
con todo aquel que me daña,
saber buscar la inocencia
tras una mueca malvada.
Facilitar el esfuerzo
de amarme a quienes me aman,
templando mi corazón
con humildad delicada.
Amar sin vacilación
a aquellos que no me aman.
¡Qué sobrehumana labor!
Soy débil e inacabada,
en mi pobre imperfección
nunca podré alcanzada
¡Dame un nuevo corazón
que no rinda la batalla!
[…] 2
Pilar Elvira Vallejo
Para Guillermo Arróniz, el tránsito hacia la unión con el Ser Supremo pasa por la oración como
símbolo de fe, de la comprensión de Dios y de sus designios. El poeta necesita superar las dudas y
las paradojas que acarrea el anhelo de santidad para encontrar a Dios y el dolor será un elemento
catalizador y purificador:
No quiero cuestionar en absoluto
tus prédicas, Señor. Estoy rezando.
Rezando con afán de comprenderTe.
Soy barco a la deriva, busco faro,
destino, referencia … mas Tus signos
difíciles resultan, más que humanos:
ser santo es quemadura que no sana,
herida placentera que no cierra,
terror de hacerlo mal a cada instante
angustia inexplicable, sofocante,
¡anhelo de encontrarTe, de encontrarTe!
Son ganas tan auténticas, tan vivas,
que hunden sus raíces cuerpo adentro
y secan los sentidos lentamente
o dan a los sentidos un sentido
distinto a lo que el mundo me ha enseñado.

Se escuchan los pesares de los vivos,


se mascan como propios sus dolores:
son trozos de Tu propio sufrimiento,
caídos de la cruz, inmensos clavos.
Se huelen como llagas florecidas
las palmas de tus manos traspasadas:
besarlas, luminosas como espadas,
sentirlas, afiladas como espinas
de arbusto donde crece tu corona
vergüenza de los hombres que fustigan
Tu Cuerpo de verdad como rosales,
hermoso y perfumado en el Domingo. 3

Guillermo Arróniz
Además de las concomitancias temáticas expuestas, Pilar Elvira y Guillermo Arróniz han optado
por dar un formato métrico concreto a sus obras: ella se inclina por el romance y él por los
endecasílabos libres, aunque los dos coinciden en incluir el soneto en momentos puntuales de sus
textos.
Al margen de estas concurrencias citadas, Pilar y Guillermo tienen, por sí solos, exclusivos
momentos de fuerza expresiva, de sentimiento piadoso y de inspiración lírica que merece la pena
que sean destacados.
Comenzando por Pilar Elvira, el primer fragmento extraído de su obra pertenece al poema «Luz
blanca». En él, la voz poética aparece metaforizada como fugaz arena en comparación con la
grandeza de una galaxia. A pesar de esta minúscula sencillez, Dios la conoce y le ofrece su
magnanimidad. El anhelo de ver a Dios se hace patente, como en otros momentos de la obra:

LUZ BLANCA
[…]
Y yo soy fugaz arena
en el seno de una playa
de un minúsculo planeta
en una remota galaxia.
Mas Tú me conocerías
aunque el viento entremezclara
en furioso torbellino
toda la arena dorada.
Te sigo, ruego y confío,
pues si al andar tropezara
por dirigirme a Ti a ciegas
Tú encontrarías mi alma,
me mostrarías la senda
que conduce a tu morada
y en el umbral, generoso,
disculparías mis faltas.
Se acallarían los ecos
huecos de voces humanas,
se eclipsarían las luces
que de Tu luz me separan
¡Y entonces podría verte…!
¡Por fin los dos cara a cara!
en un gozo inmensurable
de eternidad sublimada.4
Pilar Elvira Vallejo
El segundo texto elegido es un poema cuya brevedad viene a corroborar la sentencia de Gracián (lo
bueno, si breve, dos veces bueno). Cualquier detalle fruto del hombre, por mínimo que sea, puede
llevar a Dios. Lo humano y lo divino se complementan. La autora se siente unida provisionalmente
a la divinidad y lo que espera es el reencuentro definitivo:
En el límpido celeste
un avión traza una línea
blanca directa al cielo.
Así dejaste tu rastro
para que pueda seguirte
hasta un reencuentro certero.5
Pilar Elvira Vallejo
El último texto elegido se trata del relato de una experiencia que podría calificarse de extrasensorial.
Se produce una ceremonia de unión entre una coral juvenil, los arcángeles y la voz lírica de la
poeta. La presencia del espíritu de Cristina (Cristalina, la hija ausente (físicamente) a la que dedicó
su primer poemario –Cielos rasos–) como una de las voces junto a Dios es un pasaje con un
profundo lirismo y de los más conmovedores del libro.

¡HOSANNA!
Un coro de jóvenes voces
entona alegre las notas de un canto.
Dan gloria a los cielos,
proclaman un Santo,
se aprietan entre ellos
en el primer banco,
uniendo algazaras
que vuelan muy alto.
El techo del templo
no puede enclaustrarlo.
Un grupo de arcángeles
se une a los salmos.
Empiezo a cantar sin poder evitarlo.
¡Hosanna! corean
serafines y santos
en un repetido estribillo afinado.
Una comunión
vibrante y extraña
llena de emoción
la loa rutinaria.
Destaca una voz
limpia y Cristalina …
Cuando Dios la escucha,
sonríe y me mira.
Mi trémula voz
se quiebra en el llanto
al reconocerla
cantando en mi banco.6
Pilar Elvira Vallejo
El fragmento que voy a presentar ahora es uno de los que más me impresionó en la primera lectura
del libro Mi fe desnuda de Guillermo Arróniz. Se trata de un acto de fe: tienes un camino para mí,a
pesar del vacío racional que aparentemente sufre su autor: esta obsesión de darle vueltas / a las
cosas, pensar sin comprender…
El yo poético se confiesa imperfecto y utiliza unas palabras muy duras, dolorosas, para expresar sus
pecados clamorosos. Es un acto de contrición, de arrepentimiento sincero, quedando desnudo
espiritualmente ante Dios y ante el lector. Pero se trata de un camino necesario para llegar a Dios
con esperanza y convencimiento:Yo siempre creo.
Saber que me conoces, sin embargo,
también me hace pensar, de alguna forma
que tienes un camino para mí,
que no me pedirías lo imposible,
que toda esta obsesión de darle vueltas
a las cosas, pensar sin comprender,
(Levítico, Levítico, Levítico)
dejar que la conciencia me fustigue
por todos mis pecados clamorosos,
deformes como monstruo sin cabeza
que escupe sus blasfemias desdentadas
por pérfidas gargantas cercenadas
que hieden al estiércol insufrible
que no produce más que espasmo y odio;
que el tránsito voraz de mi impaciencia,
la rata que me roe desde dentro
haciéndome sentir tan inseguro
cayendo intensamente hacia la nada;
que el pálpito mezquino que me asalta,
la baba miserable de la envidia;
y tantas otras manchas infecciosas
que atacan la lisura de mi alma
y alejan mi mirada de Tu rostro
son sólo la agria cruz que he de cargar
siguiéndoTe aun de lejos por decirTe
que creo en Ti, Señor. Yo siempre creo. 7

Guillermo Arróniz
En la misma línea que los versos anteriores, el sujeto lírico vuelve a confesar sus defectos, como un
acto de humildad, pero el lenguaje no es tan severo; el diálogo con Dios se suaviza y se convierte en
una catarsis purificadora:
Tú sabes cómo soy, porque me hicisTe,
y porque estás en todas partes, siempre;
Tú sabes mis pequeñas mezquindades,
que suben con los gases de la ira
y ocupan como un humo irrespirable
los vasos de mi alma pecadora.
Tú sabes que la hiedra vanidosa
se nutre de las ramas de mi espíritu …
carcome con placer y con estruendo
y bebe de la savia elemental.
Tú sabes a quien amo suavemente,
de quien mirar el sueño me enternece.
Tú sabes que hay deseo natural
en este cuerpo viejo y enfermizo;
que la belleza física me atrapa
con dientes de una trampa placentera:
veneno dulce, sierpe despiadada
que hunde sus colmillos mientras ríe.
Tú sabes cuán cobarde llego a ser,
oculto entre mentiras y placeres,
huyendo del dolor a toda hora.8

Guillermo Arróniz
En este texto seleccionado a continuación se dan dos características reiteradas en toda la obra: el
diálogo con Dios y la reflexión personal, que aparecen aquí envueltos en forma de bella metáfora.
José Luis Camacho en su artículo «Poesía mística» afirma que la labor poética comparte con la
mística la dificultad de expresión, la búsqueda constante de imágenes 9 .En este caso, Dios y el
Universo son una laguna y caminar sobre sus aguas se convierte en un acto de fe; hundirse en ellas
es la dulce muerte, la vía de acceso hacia Él:
Laguna de quietud, Señor, pareces…
mas es profunda, larga e insondable,
el lago que contiene el universo,
el todo convertido en dúctil líquido.
Y asusta no saber andar las aguas
y hundirse para siempre y sin embargo …
¿acaso no es hundirse en Ti la vida
auténtica? Hundirse siempre en Ti,
dejar el mundo atrás y sus mentiras
cubiertas de sus máscaras de lujo,
vacías como fruto sin semilla. 10
Guillermo Arróniz
A pesar del tiempo transcurrido, la poesía religiosa sigue siendo un elemento recurrente en muchos
de los escritores actuales. ¿Quién no está influido culturalmente –sea poeta o no– por
cosmovisiones, textos sagrados, rituales, costumbres religiosas, éticas o creencias espirituales?
Incluso el grupo de personas no religiosas y ateas tienen nociones opuestas o proyecciones mentales
que rondan alrededor de la idea de Dios, aunque la nieguen o la ignoren o crean en su incapacidad
para comprenderla.
Desde el Siglo de Oro de nuestras letras hispanas, momento culmen de la lírica mística, hasta ahora,
han pasado muchos años de creación literaria de máxima espiritualidad, con sucesión de
acontecimientos favorables y adversos; pero que, en pleno siglo XXI siga existiendo la poesía
mística, significa que continúa viva la llama de los poetas que son capaces de expresar determinadas
experiencias y sentimientos solo permitidos a los seres humanos en determinados momentos.
Y el espíritu sigue vivo… Y lo dice un agnóstico…

Sri Auribondo

Porque Tú eres Todo-belleza y Todo-gozo,


mi alma ciega y enamorada Te anhela;
acoge Tu místico toque en todo cuanto es
y se estremece con la carga de ese éxtasis.

Detrás de todos los ojos encuentro Tu mirada secreta


y en cada voz escucho Tu mágica melodía:
Tu dulzura acosa mi corazón por los caminos de la Naturaleza;
en ninguna parte late ahora a Tu celada inmune.

Él ama Tu cuerpo en todo cuanto vive;


Tu dicha está ahí en cada hoja, en cada piedra:
los momentos Te traen en sus ardientes alas;
el arte sin fin de la mirada eres sólo Tú.

El tiempo viaja contigo en su proa


Y toda la apasionada esperanza del futuro eres Tú.

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Aunque hasta ahora sólo sea un elevado sueño del
espíritu
o una controvertida ilusión de la diligente mente del
hombre,
una nueva creación surgirá de lo viejo,
un Conocimiento inarticulado encontrará expresión,
la belleza sofocada eclosionará en la flor del paraíso,
placer y dolor se sumirán en el gozo absoluto.
Un oráculo sin lengua hablará por fin,
la consciencia Superconsciente crecerá en la tierra,
las maravillas de lo Eterno alcanzarán la danza del
Tiempo.

Además, el ser psíquico, la personalidad psíquica en nosotros, no


emerge de golpe con todo su esplendor y su luz: ella evoluciona,
pasa por un lento desarrollo y una lenta formación. En primer
lugar, la forma de su ser puede ser indistinguible y después
permanecer por largo tiempo, débil y embrionaria, no impura sino
imperfecta; porque su formación y su crecimiento dinámico se
apoyan sobre el poder del alma que a pesar de la resistencia de la
Ignorancia y de la Inconsciencia, es puesta en primer plano en el
curso de la evolución. Su aparición es la señal de que el alma
emerge en la Naturaleza, y si esta emergencia es todavía débil e
imperfecta, la personalidad psíquica también será endeble o débil.
Además, ella está separada de su realidad interior debido a la
oscuridad de nuestra consciencia, y no se comunica más que
imperfectamente con su propia fuente en las profundidades del ser.
En efecto, la ruta está poco despejada, se obstruye fácilmente, los
hilos están frecuentemente cortados o atestados de
comunicaciones de otro género y que provienen de otro origen; su
capacidad para transmitir lo que ella recibe a los instrumentos
exteriores es asimismo imperfecta. Con la pobreza de sus medios
debe, para la mayor parte de las cosas, confiar en sus instrumentos
y es sobre sus dotes en los que se apoya y toma su impulso para
expresarse y actuar y no sobre la percepción de la entidad psíquica
única e infalible.
En estas condiciones, ella no puede evitar que la verdadera luz
psíquica sea empobrecida o deformada al pasar por la mente y se
reduzca a una simple idea u opinión, que el sentimiento psíquico
en el corazón se transforme en una emoción débil o en un simple
sentimentalismo y que, en las partes vitales, la voluntad de actuar
psíquica se cambie en entusiasmo vital ciego o en excitación febril.
La personalidad psíquica está muy forzada a aceptar estas
deformaciones, a falta de otra cosa mejor, e intenta realizarse a
través de ellas. Porque eso forma parte del trabajo del alma, influir
en la mente, en el corazón y en el ser vital, y orientar sus ideas, sus
sentimientos, sus entusiasmos, sus dinamismos hacia lo que es
divino y luminoso; pero eso no puede hacerse más que
imperfectamente al principio, con su lentitud y mezcolanza. A
medida que la personalidad psíquica crece y se hace fuerte,
comulga más estrechamente con la entidad psíquica que está
detrás, y mejora sus comunicaciones con la superficie. Ella puede
transmitir sus intimaciones a la mente, al corazón y a la vida con
una pureza y una fuerza mayores, y porque es más capaz de
ejercer un control sólido y reaccionar contra las falsificaciones; por
lo tanto, ella se hace sentir cada vez más distintamente como un
poder en nuestra naturaleza. Pero aun así, esta evolución será
todavía lenta y larga, si está sujeta a la sola acción automática y
dificultosa de la Energía evolutiva; es únicamente cuando el
hombre se despierta al conocimiento del alma y siente la necesidad
de traerlo a la superficie y hacerlo maestro de su vida y de su
acción, cuando interviene un método de evolución consciente y
más rápido y una transformación psíquica llega a ser posible.

Pero esta influencia o esta acción psíquica no llega con toda su


pureza a la superficie o no puede mantener su pureza con claridad;
si lo hiciera seríamos capaces de distinguir netamente lo que es el
alma en nosotros y seguir consciente y plenamente su voz. Una
acción oculta de la mente, de la vida o del físico sutil, interviene, se
mezcla con esta voz, intenta servirse de ella y modificarla para sus
propios fines, empequeñece su divinidad, deforma o disminuye su
expresión, la hace incluso desviar o tropezar, o la sazona con las
impurezas, las bajezas y los errores del mental, de la vida y del
cuerpo. Después de haber alcanzado la superficie, así alterada y
aminorada, la influencia psíquica es atrapada por la naturaleza
superficial que la recibe de forma oscura y le da una forma
ignorante, y como consecuencia, hay o puede haber una desviación
o una mezcla todavía más pronunciada.
Se toma una dirección falsa, se produce una deformación, una
aplicación falsa, una formación falsa, un resultado erróneo de lo
que, en sí, es acción pura y sustancia pura de nuestro ser
espiritual. Así se forma una consciencia que es una mezcla de las
intimaciones psíquicas, junto con ideas y opiniones mentales,
deseos e impulsos vitales, y las tendencias habituales del físico. A
la influencia psíquica oscurecida vienen a combinarse igualmente
los esfuerzos ignorantes, aunque bien intencionados, de las partes
exteriores del ser que aspiran a una dirección más alta; una
ideación mental de un carácter muy mezclado, frecuentemente
oscuro incluso en su idealismo, muchas veces incluso cometiendo
errores desastrosos, el fervor y la pasión del ser emotivo que viene
a arrojar la espuma de sus emociones, de sus sentimientos y de su
sentimentalismo, el entusiasmo dinámico del ser vital, las
reacciones ávidas del físico, los temblores y las excitaciones de los
nervios y del cuerpo, todas estas influencias se funden en un
conjunto complejo que se toma frecuentemente por el alma, y se
confunde esta acción mezclada y confusa con la inspiración del
alma, con el desarrollo o la acción del ser psíquico, o con una
influencia interior real. La entidad psíquica misma es libre de toda
mancha y de toda mezcla pero lo que llega a la superficie no está
protegido por la misma inmunidad; esto es por lo que esta
confusión llega a ser posible.

A medida que prosigue la evolución, la Naturaleza hace lentamente


intentos para manifestar las partes ocultas de nuestro ser; nos
invita a observar cada vez más dentro de nosotros mismos, o lanza
a la superficie desde estas partes ocultas insinuaciones o
formaciones más claramente reconocibles.
El alma en nosotros, el principio psíquico ha comenzado ya a tomar
forma secretamente: crea y desarrolla una personalidad psíquica,
un ser psíquico diferenciado para representarla.
Este ser psíquico permanece todavía detrás del velo en la parte
subliminal de nuestro ser, como la mente verdadera, el vital
verdadero o como el ser físico verdadero o sutil; pero, como ellos,
actúa sobre la vida de superficie por las influencias y las
insinuaciones que hace brotar hasta allí.
Éstas vienen a añadirse al conglomerado de la superficie que es el
producto de la acumulación de influencias y de eclosiones
interiores, cuyo conjunto configura la formación o superestructura
que generalmente sentimos y creemos ser nosotros mismos.
Sobre esta superficie ignorante percibimos vagamente algo que se
puede llamar un alma y que es distinta de la mente, de la vida y del
cuerpo; y esta alma la sentimos no solamente como la idea mental
o el vago instinto que nosotros tenemos de nosotros mismos, sino
como una influencia perceptible en nuestra vida, nuestro carácter
y nuestra acción.
Una cierta sensibilidad para todo lo que es verdadero, bueno y
bello, delicado, puro y noble, una receptividad a estas cosas, una
necesidad de estas cosas, una presión sobre la mente y la vida para
que ellas las acepten y las formulen en nuestros pensamientos,
nuestros sentimientos, nuestra conducta, nuestro carácter; tales
son los signos más habitualmente reconocidos –si bien ellos no
sean los únicos–, los signos más generales y más característicos de
la influencia de la psique.
Del hombre que no tiene este elemento en él o que no responde
completamente a estas incitaciones, nosotros decimos que no tiene
alma. Porque es esta influencia la que nosotros podemos reconocer
más fácilmente como la parte más noble o incluso divina en
nosotros, y también la más poderosa para orientar lentamente
nuestra naturaleza hacia alguna perfección.

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