0% encontró este documento útil (0 votos)
15 vistas3 páginas

Cuento Emily

cuento para emily

Cargado por

g.soto23
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
15 vistas3 páginas

Cuento Emily

cuento para emily

Cargado por

g.soto23
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Baja California, 1591

Autores: Emily
Solo los sobrevivientes de una tierra infertil, burgueses con monopolios tec-
nológicos, lograron superar la crisis que hubo tras la cuarta guerra mundial. El
magnate e ingeniero en procesos alimentarios Franklin Slim tenía en posesión
un subsidio subterráneo de agua que le permitía no preocuparse jamás por la
escasez de agua dulce, un recurso ya escaso en la Tierra. Además, producía
carne a partir de cultivos en su propio laboratorio, debido a la imposibilidad de
criar ganado.
Franklin Slim vivía junto a su esposa, Vic Ryder. Vic, una mujer de carácter
fuerte, tenía una obsesión: salir de la Tierra en busca de vida en otro planeta
y encontrar signos de una posible humanidad. Sabía que, bajo las condiciones
actuales, la Tierra estaba condenada a morir. El oxígeno era casi inexistente y
las condiciones eran cada vez más deplorables.
Las comunicaciones habían colapsado, principalmente por la falta de personas
dispuestas a mantener y manipular los sistemas. La falta de mano de obra y los
daños a las infraestructuras fueron tan graves que la creación de nuevas redes de
comunicación se volvió una imposibilidad cada vez mayor, especialmente debido
a la extrema radiación solar.
El ambiente donde vivían era bastante solitario. Se había vuelto una normalidad
el no escuchar rastro alguno de civilización. Ellos vivían en el Valle de los Cirios,
dentro del desierto central de Baja California. No había mucha flora ni fauna en
el escenario inhóspito post-apocalíptico; lo común era ver algunos zorros por las
noches y, por el día, algunos insectos como los escorpiones. En cuanto a flora,
los cactus adornaban el ambiente desértico.
Vic, esperanzada de encontrar vida en otro planeta, miraba todos los días hacia
el cosmos por la noche. Franklin, a su vez, se dedicaba a pasar su tiempo libre
en su laboratorio. Él estaba experimentando formas factibles de crear oxígeno,
experimentando con plantas.
Una noche, Franklin estaba en la azotea, donde tenía su laboratorio. Estaba
analizando la velocidad y la temperatura del viento, y se dio cuenta de que algo
extraño estaba pasando. Las magnitudes de temperatura y velocidad mostra-
ban un aumento de forma no lineal, lo cual fue motivo de una preocupación
inmediata para Franklin, que en menos de un minuto había despertado a su
esposa para comentarle sobre el hecho preocupante.
Algo no estaba bien. En ese mismo instante, sentían una sensación extraña,
pesada, que se extendía en el aire.
Miraron por la ventana y vieron que el ambiente se volvía hostil. El cielo
empezó a producir múltiples destellos, y fue entonces cuando ambos vieron una
luz brillante descender hacia la Tierra. Ellos sabían que no era un satélite;
sabían que era algo extraordinario.

1
Vic no gritó. Estaba hipnotizada. Las luces se extendían de forma exponencial.
No era algo que pudiera describirse fácilmente con palabras. No era una nave,
ni una forma reconocible. Simplemente era. . . un ser, o algo que nunca habían
visto. La temperatura cayó drásticamente, el oxígeno desapareció y la radiación
aumentó.
Franklin, alarmado por los sistemas de alarma de la casa, salió al exterior con
gran prisa, pero la atmósfera que los rodeaba ya había cambiado. Lo que antes
era un aire seco y caliente, ahora estaba pesado, distorsionado. En ese mismo
instante, Vic lo miró. Los ojos de Franklin estaban llenos de pavor.
“Franklin. . . están aquí. Esto no terminará bien. No es posible. . . ”
Antes de que pudiera terminar la frase, una luz cegadora se apoderó del desierto.
El cielo parecía abrirse, y la Tierra tembló con una magnitud de aproximada-
mente 9.7 en la escala de Richter, tan profunda que Franklin sintió que sus
huesos se resquebrajaban.

Llegada de algo desconocido

No caminaban. No flotaban. Simplemente se deslizaban por el aire, como som-


bras de un pasado remoto. Eran figuras de proporciones anormales, con caras
distorsionadas y ojos brillando con una luz verdosa, como si toda la energía del
cosmos hubiera sido concentrada en sus ojos. Sus movimientos eran impredeci-
bles, como si atravesaran una dimensión diferente a la de los humanos. Y aunque
no emitían sonido, el aire temblaba con la vibración de sus pensamientos.
Franklin intentó moverse ante el eco de la presencia extraterrestre, pero su
cuerpo se había vuelto denso, pesado, como si la gravedad misma lo estuviera
devorando. Los seres no se acercaron físicamente. Más bien, parecían invadir
su mente, como un cáncer que crecía dentro de sus pensamientos. Él podía
escuchar dentro de su cabeza cómo le hablaba una voz extraña y terrorífica.
“El fin de la humanidad es ahora. El ciclo de muerte y renacimiento se completa.
La Tierra ahora es un cadáver.”
Vic, paralizada, también estaba sintiendo la presencia. Pero mientras Franklin
luchaba por resistir, ella empezó a comprender algo más profundo. Era el fin.
No solo del planeta. No solo de los humanos. Era el fin del ciclo mismo. Un
ciclo cósmico que se repetía una y otra vez.
La luz de los seres se intensificó, y la realidad misma empezó a distorsionarse.
Las estrellas parpadeaban, el aire se volvía más denso, y el cielo mismo parecía
estar cediendo a la presión de una presencia cósmica. El mundo de Franklin
y Vic se desmoronaba, como un castillo de arena frente a un viento implacable.
“No es posible. . . ” murmuró Franklin, viendo su piel arrugarse y su cuerpo
empezar a desintegrarse lentamente.

2
Los seres extraños estaban reabsorbiendo la vida de todo el planeta. La tec-
nología que Franklin había creado, su oasis en el desierto, no era más que un
refrigerio temporal en un universo que constantemente devoraba y regeneraba
gracias a estos seres de irreconocible procedencia.
Vic intentó hablar, pero su voz se convirtió en vapor. Todo a su alrededor em-
pezó a desvanecerse, como si la energía vital del planeta se estuviera drenando.
Las plantas, los cactus, incluso los insectos como los escorpiones, comenzaron a
disolverse en polvo. La vida, como la conocían, se estaba desintegrando.
En sus últimos momentos de conciencia, Franklin y Vic vieron cómo el cielo se
llenaba de una luz cegadora, que no era ni cálida ni fría, sino algo más allá de
lo que podían comprender. La realidad misma empezó a disolverse, y los dos
se vieron atrapados en un vacío, un espacio donde ya no existía el tiempo ni
dimensiones reconocibles por los sentidos.
Y entonces, como un último susurro del universo, escucharon una última voz
distorsionada en sus mentes:
“Cada pensamiento que has tenido, cada decisión, ha sido parte de un ciclo. El
ciclo de la muerte y el olvido. Lo que ves, lo que sientes, no es real. Es una
ilusión creada para que creas que todavía existes. Pero la verdad es. . . ya estás
muerto. El universo ya te ha consumido.”
El susurro continuó, esta vez en un tono que resonaba directamente en sus
huesos, en sus genomas, como si el propio universo estuviera leyendo sus mentes,
arrastrándolos a una comprensión que no podían soportar.
“El ciclo comienza de nuevo. Y esta vez, no habrá recuerdo. No habrá re-
nacimiento. Nada. El fin es absoluto. Tú no recordarás nada. Ningún susurro,
ninguna señal. Solo la negrura infinita que no tiene principio ni fin.”
Los últimos rayos de luz se extinguieron por completo, y lo único que quedaba
era la presencia de la oscuridad. Un vacío tan profundo, tan insondable, que
no había escapatoria. No era solo la muerte lo que los esperaba. Era el olvido
absoluto.
Un silencio ensordecedor llenó el aire, y el susurro final se deslizó en sus mentes
como una luz negra. Algo que no se puede ver ni tocar, pero que se siente con
una intensidad insoportable.
“Y cuando despiertes. . . no sabrás que has muerto.”
Y así fue como la oscuridad los tragó y los diluyó por completo.

Fin.

También podría gustarte