Los estados de hierro son clave para entender cómo este elemento circula en los ecosistemas y su
papel en los procesos ecológicos. El hierro puede existir en varios estados de oxidación, pero los
más importantes en los ambientes naturales son el hierro ferroso (Fe²⁺) y el hierro férrico (Fe³⁺).
Ambos tienen comportamientos ecológicos distintos, ya que su solubilidad y disponibilidad para
los organismos dependen del estado de oxidación.
Hierro Férrico (Fe³⁺)
Estado de oxidación: +3
Características: El hierro férrico es la forma más oxidada y es común en ambientes
oxigenados. En su forma férrica, el hierro es insoluble en agua a pH neutro o alcalino, lo
que significa que forma compuestos que se precipitan, como óxidos e hidróxidos de hierro
(Fe(OH)₃), y no está disponible fácilmente para los organismos.
Presencia en la naturaleza: Se encuentra en suelos, rocas, y sedimentos como parte de
minerales como la hematita (Fe₂O₃) y la goetita (FeO(OH)). La presencia de oxígeno en el
medio ambiente provoca que el hierro ferroso se oxide a férrico, especialmente en suelos
bien aireados y aguas oxigenadas.
Ecología: En este estado, el hierro no está disponible directamente para los organismos
vivos, lo que puede limitar su crecimiento, especialmente en sistemas acuáticos donde la
disponibilidad de hierro es baja. En áreas costeras y océanos, el hierro férrico puede limitar
el crecimiento de fitoplancton, que depende del hierro como micronutriente esencial para
la fotosíntesis.
Hierro Ferroso (Fe²⁺)
Estado de oxidación: +2
Características: El hierro ferroso es la forma reducida del hierro y es más soluble en agua,
especialmente en condiciones anóxicas (sin oxígeno). Esto significa que es más fácilmente
disponible para los organismos vivos, ya que se disuelve en el agua y puede ser absorbido
por plantas, fitoplancton y microorganismos.
Presencia en la naturaleza: El hierro ferroso se encuentra en suelos y aguas donde el
oxígeno es limitado o ausente, como en suelos anegados, pantanos, sedimentos
profundos, y ambientes acuáticos con poco oxígeno. Las bacterias reductoras de hierro
juegan un papel importante en la conversión del hierro férrico en ferroso bajo condiciones
anóxicas.
Ecología: El hierro ferroso es crucial para el crecimiento de las plantas y microorganismos,
ya que es la forma en la que estos organismos pueden utilizar el hierro. En ambientes
acuáticos, la presencia de Fe²⁺ puede ser fundamental para la productividad primaria en
áreas pobres en nutrientes, donde el hierro es un factor limitante para la fotosíntesis.
Los procesos físicos y químicos que afectan al hierro son fundamentales para su ciclo en los
ecosistemas, y regulan su disponibilidad y movilidad en el entorno. Entre estos procesos, destacan:
1. Oxidación: En condiciones aeróbicas (con presencia de oxígeno), el hierro ferroso (Fe²⁺) se
oxida y se convierte en hierro férrico (Fe³⁺), que es menos soluble y precipita en forma de
óxidos o hidróxidos. Estos compuestos insolubles se depositan en suelos, sedimentos o
cuerpos de agua, reduciendo la cantidad de hierro biodisponible para plantas y
microorganismos. La oxidación del hierro también afecta la química del agua,
contribuyendo a la formación de sedimentos de hierro en ríos y lagos.
2. Reducción: En ambientes anóxicos (sin oxígeno), como suelos saturados o sedimentos
profundos, las bacterias reductoras de hierro desempeñan un papel importante. Estas
bacterias usan el hierro férrico (Fe³⁺) como aceptador de electrones, reduciéndolo a su
forma ferrosa (Fe²⁺), que es más soluble y biodisponible. Este proceso es clave en zonas
como pantanos, suelos inundados y sedimentos acuáticos, donde la reducción del hierro
facilita su absorción por plantas y organismos acuáticos.
3. Precipitación: Cuando el hierro ferroso es oxidado, tiende a precipitarse como minerales
insolubles, como el óxido de hierro o el hidróxido férrico, lo que puede formar capas en
sedimentos o estructuras geológicas. Estos depósitos no son fácilmente accesibles para los
organismos vivos, lo que limita el papel del hierro en el ecosistema hasta que condiciones
reductoras vuelven a liberar hierro en su forma ferrosa.
4. Lixiviación: En suelos y ambientes acuáticos, el hierro puede ser arrastrado o movilizado
por el agua, un proceso conocido como lixiviación. El hierro soluble, principalmente en su
forma ferrosa, puede moverse a través del suelo y llegar a otras partes del ecosistema,
transportándose hacia aguas subterráneas o cuerpos de agua superficiales.