Universidad Eafit (2021)
Departamento de Humanidades
Sonia López Franco
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Concepto de texto y de discurso
Si hablamos de texto, inmediatamente aludimos al discurso, ya sea para separar los conceptos,
para unirlos o relacionarlos. De todos modos, todo depende del lugar desde donde se ubique la
definición. De hecho, es evidente que lo que antecede a nuestra posición conceptual es el
asiento lingüístico respaldado en las perspectivas sociocognitiva y en el modelo de
Interacción. Esto es, nos ubicamos entre los analistas funcionalistas y la perspectiva
sociosemiótica. En consecuencia, los conceptos texto/discurso despliegan una relación
complementaria, más no de contraste.
Desde un inicio debemos entender el discurso como “texto más contexto” (Van Dijk, 2000:
247), un contexto lingüístico, un contexto social, un contexto de interacción, un contexto
humano. De hecho, no confundimos discurso con lengua, porque de ella se vale toda vez que
el sistema lo dinamiza, ni con el habla, entendida como realización física individual de la
lengua, porque además de realizarse físicamente, el discurso se efectúa simbólicamente y está
cargado de antecedentes colectivos. Por eso es la manifestación práctica del lenguaje, porque
une acto físico, con elementos del sistema y genera acciones sociales; una de ellas es la de
constituir grupos humanos, para forjar conocimiento, para repetir tradiciones y para
profundizar políticas.
Es mediante el discurso que nos apropiamos de los saberes y las acciones, en tanto que,
herramienta de socialización, permite la continuidad de una generación, de una tradición, de
una decisión. De esta manera, diferenciándolo de la lengua y del habla, describimos el
discurso como una unidad de expresión representada no solo por el habla, sino también por el
texto. Este último tiene un carácter escrito, el cual, independiente de la extensión, cuenta con
contenido y genera sentidos (se habla de algo), tiene forma (se habla con algo) y se usa como
expresión (se dice algo).
De esto se desprenden dos tareas del texto con respecto al discurso: la primera es la de
permitir que los sentidos generados en los discursos, se generen allí también, gracias a sus
intricadas conexiones y asociaciones. Es decir, el texto no se circunscribe a ser solo forma o
disposición; también cuenta con relaciones complejas, en las que se desgajan sentidos
potenciales, que pueden cambiar en la medida en que las situaciones y las diferentes
interacciones comunicativas cambien. La segunda tarea es la de encarnar al discurso a travésde
una estructura, entendida como una ordenación con carácter independiente y autónoma que
adquiere dimensión real al ser usado. Esta función del texto, de representar al discurso, de
ninguna manera es directa; está atravesada por múltiples significaciones, estados y roles.
Para definir el discurso y describirlo representado en el texto, reconocemos en la lengua
niveles de realización que se replican tanto en el texto como en el discurso, aunque otros de
esos niveles no sean exclusivos de los discursos. Hablamos, por ejemplo, de las estrategias,
las interacciones, los procesos de representación y de construcción de identidad, etc.
Los niveles de la lengua son el fonético-fonológico, semiótico, sintáctico, semántico y
pragmático. A cada nivel lo estudian diferentes disciplinas. Es el caso de la fonética y la
fonología, que se ocupa de los sonidos y las realizaciones diferentes de esos sonidos en el
habla. Los rasgos prosódicos, de entonación, de acento y de curva melódica, tono, timbre
intensidad y duración son básicos al analizar el discurso oral o escrito a partir de las unidadesde
análisis llamadas tonemas. Para este nivel, el sonido de una expresión es la unidad de análisis.
Por otra parte, el nivel semiótico analiza los rasgos multimodales a partir de lo no verbal
como unidad de trabajo.
Por su lado, el nivel sintáctico busca describir el orden de las palabras, la información
nueva y la dada, indica los contrastes, los énfasis, la distribución de la información (Van Dijk,
2008a: 29). Estos elementos los estudia la sintaxis, más allá de la oración, en “cómo influyen
en la forma de las oraciones, otras oraciones próximas en el texto o en la conversación” (Van
Dijk, 2008a: 29). Se ocupa de estudiar las relaciones seleccionadas entre las unidades
paradigmáticas de la lengua, al combinarse estructuralmente dentro de las relaciones
sintagmáticas. Esto es, estudia las combinaciones de las categorías gramaticales y sus
funciones de fusión.
Adicional a ello, el nivel semántico se concentra en el contenido o significado de las
secuencias discursivas y sus relaciones de sentido (sinonimia, polisemia, homonimia, etc.).
Tiene como unidad de trabajo la proposición1, definida como enunciado con valor de verdad o
juicios de valor. Esto es, la proposición es la unidad básica de la configuración semántica;
define el significado y determina la cohesión del texto/discurso. La función de este nivel es
describir las relaciones entre las proposiciones y la forma como se enfatiza o no un tópico
(sentidos globales del discurso), un foco, un entorno discursivo, el de qué se habla, el “meollo
del discurso”. Estudia el micronivel, esto es, las relaciones de sentido entre las proposiciones, la
coherencia y la referencia, “modo como el discurso y sus sentidos se relacionan con los
sucesos reales o imaginativos de los cuales se habla, es decir, los referentes” (Van Dijk,
1
“Representa el primer nivel de organización y consta de dos elementos: predicador y argumento (s) o
relación tema/rema. El rema (predicador), como portador de la nueva información que se espera
transmitir, contiene el elemento nuclear que cumple la función predicativa y, de acuerdo con las
unidades semánticas que lo conforman, selecciona los argumentos que pueden contraer relaciones
lógicas con él; por su parte, representa el argumento que encierra la información conocida por el
oyente (vieja información que puede estar presente o ausente en la expresión verbal” (Tobón de Castro,
2007: 85).
2008a: 30).
La disciplina pragmática estudia la lengua en uso, la acción y la puesta en escena del
sistema. Con ella se describen los discursos a partir del decir-hacer, esto es, los actos de habla.
En otras palabras, las oraciones se estudian como actos de habla, los hablantes como
participantes, las relaciones sintagmáticas como estrategias elegidas con una intención y una
acción. La función de este análisis es
[…] describir los discursos en términos de las acciones sociales que llevan a cabo los usuarios
del lenguaje cuando se comunican entre sí en situaciones sociales y dentro de la sociedad y la
cultura en general [...] y mostrar un macroacto de habla, definido como resumen de secuencias
de actos de habla integrados. Es la totalidad, la función ilocutiva global del discurso, lo que a su
vez define su coherencia pragmática global (Van Dijk, 2008a: 38).
En efecto, si el texto representa al discurso, no solo con su estructura, sino también con
todos los elementos para generar sentido, y por su estructura, podemos definir el discurso
como texto, con estructura, cargado de elementos lingüísticos y no lingüísticos, pero
dependiente de la lengua. Es más, el discurso no deja de ser sistemático.
Al criterio estructural del texto, sin olvidar que es un germen constante de sentido,
contrastamos inmediatamente el criterio ideológico constituyente del discurso, para definirlo,
finalmente, como un conjunto de rasgos tanto lingüísticos como sociales, no solo de forma
sintáctica, también y sobre todo de rasgos de interacción y de representación de los sujetos
que lo usan para hacerse un lugar en el mundo. Con su uso nos marcamos socialmente, porque
manifestamos nuestros roles, porque nos habla.
Ahora bien, podemos esgrimir otras características: el texto es escrito, el discurso puede
ser oral y escrito. Cuando el texto entra en acción, inmediatamente adquiere las dimensiones
del discurso, porque el texto se torna discurso cuando entra en contexto de interacción y el
discurso es un texto en acción. Texto y discurso son expresiones de un grupo social. Ambos
tienen dominios claros, el acercamiento a ellos es lo que los puede distanciar. De hecho, no
constituyen dicotomía, sino procesos. El texto es un escrito que se torna dinámico al entrar en
la interacción autor/lector. Discurso es acción siempre y, además, acción social.
El discurso establece relación con el contexto (rasgos situacionales), con el texto (rasgos
gramaticales funcionales), con los participantes (rasgos de interacción), con el tema (rasgos de
sentido) y, lo más relevante, con la acción (rasgos de afectación-consecuencias). Por tanto, el
discurso es un evento social que construye realidades a partir de sus usos, los cuales pueden ser
persuasivos, manipuladores, motivantes, es decir, estratégicos. Si las formas del discurso son
tanto parte (uso) como consecuencia (uso determinado) de ciertos procesos sociales, no se
puede analizar aislado de la realidad humana, como un objeto independiente y abstracto, sino
como interacción social, llevada a cabo en una cultura, en una historia, en un espacio
cotidiano.
Todo enfoque, dimensión o modelo de análisis (sociocognitivo y de interacción) parte de
reconocer que el discurso, manifestado en un texto, recibe influencia de las decisiones que un
sujeto tenga al elegir una expresión, porque con dicha selección se refleja su posición o su
postura frente al mundo que lo rodea. Si bien el texto implica una intención, es en el contexto
del discurso donde se evidencia, en tanto que es todo acto que surja de la interacción entre
sujetos, dado que es allí donde se reproduce ideológicamente una forma particular de ver el
mundo.
En efecto y a partir del rastreo conceptual que precede, podemos hablar de discurso
organizacional como un tipo de discurso, de la misma forma como se habla de un discurso
político o de un discurso pedagógico, porque cuenta con una fuente de producción, con un
sistema de circulación muy marcado por la repetición y la norma, con unos sujetos de la
interacción (empleados/empresarios) y con propósitos explícitos. Porque son textos en uso,
concebidos por las instancias de las organizaciones, desde las cúspides de la ley y porque
constan de un conjunto de estrategias. Es el caso del manual o el código de buen gobierno, un
tipo de género discursivo en tanto allí se consigna información especializada en controlar la
conducta laboral (propósito) y en donde se integra no solo a los sujetos pertenecientes a la
empresa (participantes).
Bibliografía
• Bolívar, A. (2005). Discurso e interacción en el texto escrito. Caracas: Universidad
Central de Venezuela.
• Bolívar, A. (2007). Los primeros problemas del analista: ¿qué teorías? ¿qué
métodos? ¿por dónde empezar? En A. Bolívar (Comp.) Análisis del Discurso. Por
qué y Para qué (pp. 21-38). Caracas: Los Libros de El Nacional.
• Teun A. van Dijk (1994) Discurso, Poder y Cognición Social Conferencias de
Cuadernos. Nº2, Año 2. Octubre de 1994. Maestría en Lingüística. Escuela de
Ciencia del Lenguaje y Literaturas. PDF
• Teun A. van Dijk (2016) Estudios Críticos del Discurso: Un enfoque sociocognitivo
Universidad Pompeu Fabra (Barcelona) Universidad Estadual de Rio de Janeiro
(UERJ) Traducido por Laura Sánchez de la Sierra y Jorge Diz Pic. Discurso &
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• Teun. A. van Dijk (2008) Semántica del discurso e ideología Universitat Pompeu
Fabra Departamento de Traducción y Filología Traducido por Cristina Perale.
Discurso & Sociedad, Vol 2(1) 2008, 201-261 PDF
• Teun A. van Dijk (2009) DISCURSO Y PODER Contribuciones a los Estudios
Críticos del Discurso Traducción de Alcira Bixi. Gedisa. PDF