Aunque el impuesto de los diez centavos y el tratado de 1873
aparecen a primera vista como los detonantes del conflicto, las
causas fundamentales de la guerra fueron profundas y complejas.
Entre ellas los historiadores señalan la vaguedad de las fronteras
coloniales, el interés por el negocio del salitre y la tensión producida
por las diferencias entre el progreso de Chile y la inestabilidad política
y económica de los aliados.
Los territorios disputados, así como las zonas aledañas, se ubican en
el desierto de Atacama, y en aquel tiempo tenían acceso expedito
solo por mar. En los primeros seis meses, Chile logró la supremacía
naval, indispensable para conquistar las zonas costeras del desierto.
Antes de fines de 1879 ocupó la provincia peruana de Tarapacá y, a
comienzos de 1880, la zona de Tacna y Arica, tras lo cual Bolivia
abandonó militarmente la guerra. Luego, en enero de 1881, tras
vencer en las batallas de San Juan y Chorrillos y Miraflores al ejército
peruano, las fuerzas chilenas ocuparon Lima. Después de estas
campañas, la guerra entre Chile y Perú continuó por dos años más
entre los remanentes del ejército, guerrillas y montoneros peruanos
contra las fuerzas chilenas de ocupación, hasta la firma del Tratado de
Ancón en 1883, en la que Perú, entre otras cosas, cedió
perpetuamente el departamento de Tarapacá y le fueron retenidas
temporalmente las provincias de Arica y Tacna.
Al año siguiente se firmó el Pacto de Tregua entre Bolivia y Chile de
1884, que puso fin al estado de guerra entre ambos países. Por su
omisión en el tratado, Bolivia aceptó la anexión chilena de la franja
23°S-24°S. Bolivia aceptó la ocupación militar chilena de la zona entre
el río Loa y el paralelo 23°S, pero su soberanía quedó en disputa y fue
resuelta a favor de Chile en el Tratado de 1904 entre Chile y Bolivia.
Mediante el Tratado de Lima de 1929, Tacna fue devuelta a Perú y
Arica fue cedida a Chile.