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Filosofía del Método Científico

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TEMA 2: Filosofía del método científico (I): la filosofía de la ciencia clásica

Desde el nacimiento mismo de la filosofía en la Antigua Grecia estuvo presente la


pregunta por la verdad y el conocimiento, y con él la distinción 1 que afianzaron
Parménides y Platón entre doxa (opinión), un conocimiento limitado a las apariencias,
basado en la cotidianidad, irreflexivo e improvisado; y episteme (ciencia), un
conocimiento sobre las esencias, consciente de sí mismo y metódico:

“La opinión verdadera, con el agregado de una razón (logos), era conocimiento, mientras
que la opinión sin razón quedaba excluida de él” (Platón, Teeteto).

La filosofía de la ciencia está atravesada por dos cuestiones fundamentales: la


demarcación de la ciencia, es decir, cómo diferenciar a la ciencia de otros saberes o tipos
de enunciados; y por la unidad o diversidad de la(s) ciencia(s), planteando que haya una
única ciencia o una multitud de ellas.

A lo largo de la historia se han desarrollado distintas formas de justificar la veracidad de


un enunciado: a través de la autoridad o la tradición, en base a la experiencia individual,
como fruto del consenso o del
“sentido común” o en base a
criterios de utilidad o congruencia.
Pero por encima de todas ellas,
situándose como principal forma de
justificación, se ha consolidado la
Ciencia, que, a través del método
científico o hipotético-deductivo,
aplicando una lógica circular y
secuencial, relaciona la deducción
con la inducción, separando a su vez
entre momento de teorización y momento empírico; lo cual permite un progreso
acumulativo del corpus de conocimientos.

1 Ejemplificada en el mito de la caverna.

1
Racionalismo, empirismo, deducción e inducción

El racionalismo tuvo entre sus defensores a René Descartes y Baruch Spinoza, y afirma
la primacía de la razón en la construcción del conocimiento humano, a la cual le
corresponde la tarea de formular desde ella misma los principios del conocimiento y las
proposiciones de alcance general sobre los objetos del conocimiento. Se sirve del método
deductivo, consistente en inferir el caso (observación) a partir de las premisas (teoría).

El empirismo, defendido por John Locke y David Hume entre otros, se le opone
afirmando que nuestro conocimiento proviene de la experiencia, es decir, que el sujeto
cognoscente recibe a través de sus sentidos todos los elementos que intervienen en su
conocimiento. Defiende la inducción, basado en la generalización de la experiencia,
infiriendo la regla (teoría) a partir de algunos casos (observaciones). Francis Bacon, con
su empirismo científico, era partidario de que para hallar la verdad era preciso derivar
axiomas desde los sentidos y lo particular, erigiéndose el conocimiento de forma
paulatina y constante, terminando por llegar a axiomas más generales. Estos axiomas eran
sistemáticamente sometidos al examen de la experiencia de los sentidos, siendo
modificados cuando entraban en contradicción con la observación.

En el razonamiento deductivo las premisas permanecen incuestionadas, garantizando ser


lógicamente coherente, pero no nos permite asegurar que los enunciados sean verdad, ya
que son axiomáticos, por lo que puede caerse en tautologías (e.g.: todos los seres que
huelen a leche son bebitos y este perro huele a leche, así que este perro es un bebito. Pero
¿por qué todos los seres que huelen a leche tienen que ser bebitos?2); y en el razonamiento
inductivo vemos una generalización antojadiza de la experiencia, ya que nunca es
lógicamente necesaria, es decir, siempre contiene un salto lógico, lo cual puede hacer que
la conclusión pueda ser falsa pese a ser verdaderas las premisas, puesto que resulta
imposible cerrar del todo la puerta a la existencia de anomalías no previstas (e.g.: de los
cien mil perros que olían a leche, todos han resultado ser bebitos, por lo que todos los
perros que huelen a leche son bebitos. Pero ¿cómo sé que todos los perros que huelan a
leche van a ser en todos los casos bebitos?).

2Aclaramos que la persona encargada de la redacción de estos apuntes le ha coincidido estar escribiendo
esto con que Albert Rivera haya decidido traspasar los límites de lo posible en lo que a dar vergüenza ajena
se refiere subiendo a Instagram el vídeo con Lucas, su “arma secreta para el debate”.

2
La Revolución científica: entre el racionalismo y el empirismo

En los siglos XVI y XVII comenzaba a estar claro que, vista desde el microscopio, la
materia cotidiana estaba compuesta por elementos infinitamente más pequeños y
diversamente estructurados de lo que la Biblia o la ciencia aristotélica llegaron jamás a
sugerir. Ese mundo nuevo funcionaba racionalmente, aunque no por los principios
tradicionalmente expuestos. Para discernir sus estructuras y su orden interno era necesario
un nuevo método que permitiera hacer inferencias desde lo que ya sabemos hasta aquello
que estamos justificados a creer respecto de lo desconocido. Este método era el método
científico, fruto de la conjugación del racionalismo con el empirismo, que permitía
combinar la inducción y la deducción a través de leyes y teorías que relacionaran los
hechos observados con sus correspondientes explicaciones y predicciones.

A raíz de ello comienzan a surgir instituciones y academias científicas, centros dedicados


a la observación y experimentación, como la Royal Society que presidía Isaac Newton.
Afirmaban que para obtener conocimiento de la naturaleza no bastaba con observarla, tal
y como defendía Aristóteles, sino que era preciso manipularla y examinarla, violentarla,
experimentando con ella a fin de descubrir su funcionamiento (Kant los llamaría
“interrogadores de la naturaleza”).

Se trataba, por tanto, de observar los fenómenos de la naturaleza, reproducirlos más tarde
en condiciones controladas (i.e.: un laboratorio), midiéndolos en base a sistemas
estandarizados, generando datos que permitieran la formulación de hipótesis
(explicaciones), siempre sujetas a contrastación empírica, como resultado de lo cual
podrían ser refutadas o verificadas, permitiéndonos, en este último caso, predecir los
sucesos futuros. De todas las explicaciones que podamos dar a un suceso, debemos hallar
cuál de ellas es replicable y se ve sistemáticamente verificada en la observación empírica
(e.g.: el texto de Hempel donde Semmelweis se dedica a buscar explicaciones a la alta
mortalidad, alterando sucesivamente las condiciones y observando si tras ello cambia el
resultado).

La filosofía de la ciencia neopositivista: el empirismo lógico del Círculo de Viena y


el falsacionismo de Karl Popper

A pesar del desarrollo de las instituciones científicas y del éxito de la ciencia moderna
(acelerados ambos desde principios del siglo XIX), el problema de la fundamentación

3
filosófica del método científico no dará lugar a una disciplina denominada Filosofía de la
Ciencia hasta comienzos del siglo XX, cuyos problemas serán epistemológicos: la
demarcación del conocimiento científico y la formalización del método.

En la década de 1920 surge el Círculo de Viena (Moritz Schlick, Rudolf Carnap, Otto
Neurath, Hans Hahn, Phillip Frank…), formado por una serie de pensadores de ideología
socialista, especializados en distintas áreas, que pretendían oponer la fuerza de la
racionalidad a las incipientes tendencias autoritarias anti-racionalistas que darían lugar al
fascismo.

Defendían el positivismo lógico, cuya idea directriz era que, puesto que las pretensiones
de conocimiento del mundo sólo pueden ser justificadas por la experiencia, no tenemos
derecho a afirmar la existencia de algo que se halla fuera de toda posible experiencia:

“Una oración S tiene significado empírico si y solo si es posible indicar un conjunto finito
de observaciones O1, O2… On, tales que, si son verdaderas, S es necesariamente
verdadera” (A.J. Ayer)

Por ello, el sentido de todo enunciado se determina empíricamente (excepto la lógica y


las matemáticas, cuyo sentido se determina analíticamente), distinguiendo entre
enunciados protocolares, aquellos producidos en el momento puro de la observación,
en contraste con los hechos y sobre los que se asentaba el sistema de constitución del
conocimiento; y los pseudo-enunciados, carentes de significado por no ser
empíricamente verificables. Ello les hacía rechazar de plano la metafísica, que por
definición no tiene referentes empíricos, así como la existencia de, por ejemplo,
estructuras inobservables, fuerzas e instintos, ni tampoco procesos dialécticos.

Aspiraban a la unificación de la Ciencia a través del monismo metodológico y la creación


de una red de fórmulas neutrales cada vez más amplia formada por enunciados
protocolares articulados lógicamente en torno al único método válido: el método
científico. La lógica era la forma de conectar los enunciados protocolares con los
enunciados teoréticos (oraciones descriptivas que forman parte de una teoría científica),
permitiendo crear conocimiento científico.

Karl Popper, partidario del racionalismo crítico, planteaba, frente a la primacía que el
Círculo de Viena daba a la observación y la inducción, la preeminencia de la teoría y la

4
deducción. Es decir, para Popper, dadas las limitaciones de la inducción3, no es posible
verificar empíricamente y de forma definitiva ninguna ley o regularidad científica, pero
sí falsar aquellas afirmaciones o leyes que se contradicen con una observación empírica.
Por ello, las hipótesis sólo pueden ser aceptadas provisionalmente, en ningún caso
podemos darlas por definitivamente verificadas (falsacionismo).

“No exigiré que un sistema científico pueda ser seleccionado, de una vez para siempre,
en un sentido positivo; pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo
por medio de contrastes o pruebas empíricas; ha de ser posible refutarlo por la
experiencia” (K. Popper)

Esta provisionalidad del conocimiento científico derivada de nuestra ilimitada ignorancia


no lo hace más débil, sino que da cuenta de los grandes avances que se han producido en
el campo del conocimiento, que avanza cada vez que nos topamos con problemas, que
nos indican que algo no está en orden en nuestro presunto saber. El método científico
consiste en ensayar posibles soluciones para estos problemas (teorías), que serán
propuestas y criticadas por la comunidad científica en un intento de falsarlas
racionalmente comprobando si se ajustan a los hechos. Si las soluciones planteadas
resisten la crítica, serán verificadas provisionalmente, produciéndose un progreso
acumulativo del conocimiento. Por ello, toda especialidad científica no es sino un
conglomerado delimitado y construido de problemas y ensayos de solución. Es esta crítica
racional de los ensayos de solución por parte de la comunidad científica la que dota a las
soluciones que finalmente son aceptadas de su objetividad, no la objetividad del científico
que las propone.

Popper no defiende que los científicos sean seres desapasionados y plenamente objetivos,
puesto que entiende que las motivaciones e ideales puramente científicos que los guían,
tanto en la búsqueda de soluciones como en el examen de las soluciones ofrecidas por sus
compañeros, hunden sus raíces en valoraciones extracientíficas (“La objetividad y la
neutralidad valorativa constituyen en sí mismas valores”). La crítica científica implica
establecer una clara separación entre las cuestiones concernientes a valores puramente
científicos como la verdad, la relevancia, la sencillez, etc. de problemas extracientíficos.

3 Ver último párrafo de la página 2.

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