Homero Manzi
En el Homero Manzi se respira y se vive por el tango, un aire musical que comenzó acompañado
por la flauta, el violín y la guitarra; pero que después incorporó el instrumento que le infundiría su
alma: el bandoneón. Este invento del alemán Heinrich Band, sirvió desde el principio para sustituir
al órgano en las parroquias pobres. El primero que llegó a Buenos Aires lo hizo a bordo en un
buque sueco, uno de los marinos cambió el suyo en el puerto por una botella de licor.
El tango nació en los arrabales de la capital argentina y está basado en experiencias personales,
tiene bastante de la milonga, cuando los gauchos recorrían las praderas y los Payadores (músicos
ambulantes) llevaban las noticias de pueblo en pueblo en forma de canción. También tiene la
tristeza, la nostalgia y las aspiraciones de los inmigrantes que llegaron al puerto bonaerense. El
tango se extendió por Europa, por toda América y llegó para quedarse con fuerza en Medellín, su
tradición es defendida en lugares como el Salón Málaga, el Patio del Tango, la Casa Gardeliana y
el Homero Manzi.
En las paredes del Homero, las fotos de cantantes, bailarines, compositores y orquestas, se
exhiben como figuras tutelares y la música que antes ponían en casetes, acetatos y discos
compactos, ahora se controla desde el computador. La rockola, principal protagonista del lugar,
está recién remodelada y ahora funciona también por Bluetooth y USB.
Don Javier Ocampo es el corazón de este Centro Cultural. Se enamoró del tango desde niño en los
bares de la plaza de Amagá, no podía entrar, pero se conformaba con quedarse en la puerta. Su
casa quedaba frente al colegio y apenas sonaba el timbre iba corriendo a escuchar los programas
de Radio Tricolor.
El Homero Manzi fue primero una cafetería en la que no ponían música, pero el doctor Francisco
Duque, quien conoció a don Javier cuando trabajaba en diferentes bares de tango, le preguntó por
qué había abandonado su esencia y le llevó un par de casetes con tangos seleccionados. Don
Javier que siempre había querido tener un local en el que solo se escucharan tangos y donde
pudiera hacer una selección musical a su clientela, montó entonces una casetera y comenzó a
ponerlos. Era el año 1988, y desde ese momento, se esmeró por levantar un sitio respetable, en el
que incluso pudieran entrar las damas, pues un porcentaje grandísimo de los tangófilos son
mujeres.
Como centro cultural, en el Homero Manzi han realizado diversas actividades relacionadas con el
tango como la proyección de vídeos, cantantes en vivo, baile y conferencias nacionales e
internacionales. Además, es la sede de la Asociación Gardeliana de Colombia y la Academia
Colombiana de Tango.
Son muchos los personajes que pueden destacarse dentro del bar, como don Orlando Loaiza quien
desde el principio ha sido mesero, mano derecha de don Javier y encargado del contacto directo
con la gente, o don Camilo, un hombre que va hasta tres veces por semana desde hace 25 años y
que incluso tiene una lista permanente de temas que suenan a lo largo de la noche.
Aunque la historia del Homero ha sido muy fructífera, ha pasado por momentos difíciles, como
cuando lo inauguraron y la ciudad vivía su época más oscura, por miedo tenían que abrir sólo
hasta las 10 de la noche. También fue dura la construcción del Tranvía de Ayacucho y las obras en
la calle Pichincha, porque dificultaron la llegada de la gente (a veces no iba ningún cliente),
únicamente el amor por el espacio les permitió mantenerlo vivo.
Antes había por toda la ciudad negocios de tango, muchos no aguantaron la época del
narcotráfico. Los bares que quedaban en Guayaquil los compraron para construir El Hueco; en los
barrios, los locales adoptaron músicas más populares como el vallenato o el reguetón, solo algunos
espacios como el Homero Manzi se han mantenido vigentes y son los encargados de guardar la
tradición, mantener y cultivar su cultura.
El compositor Homero Manzi nació en Buenos Aires, Argentina, en 1907, fue uno de los principales
letristas del tango, un poeta puesto al servicio de la música, guionista y director de cine, ciudadano
con profundo compromiso político. Don Javier escogió el nombre de su local por la admiración que
sentía por “Barbeta”. Años más tarde se hizo amigo de Acho Manzi, hijo de don Homero, con quien
conoció a profundidad su historia, “era un hombre respetable desde todo punto de vista. No tiene
detractores con causa”.
SALÓN MÁLAGA
El Salón Málaga es uno de esos lugares donde la vieja bohemia
de café y tertulia se combina con el ambiente de los bares
modernos.
El sitio exhala poesía y añoranzas, el lugar predilecto de los
medellinenses que gustan departir con la música de antaño. Su
ambientación, sus fotografías, sus obras, sus clientes, pero
especialmente su música, lo convierten en un lugar donde es posible
vivir el pasado de aquella ciudad de los tranvías, las mulas y las
pianolas. Todo eso, en pleno centro a un paso de la Estación San Antonio
del Metro.
SHOW DE TANGO
Disfruta con los mejores artistas en vivo todos los sábados desde las
6:00 p.m.
TERTULIA MUSICAL
El segúndo miercoles del mes esta dedicado a las melodías antiguas en
vivo desde las s:30 p.m.
TARDE DE BOLERO
Todos los jueves disfruta de grandes interpretes del bolero, en vivo,
desde las 5:00 p.m.
Todos los domingos amigos de todas las edades se encuentran para
bailar clasicos bailables.
A partir de las 2:00 p.m.
Todos los viernes tarde y noche crossover con artistas en vivo desde las 6:00
p.m.
El Málaga es el legado material de varias generaciones que
han cultivado la música popular como un arte excelso del
que se puede disfrutar a plenitud sin importar los años ni la
condición social.
El Bar Málaga más que un sitio popular de Medellín,
representa dos cosas: La supervivencia del antiguo
ambiente de Medellín de los años cincuenta y un auténtico
santuario de la música de antaño, pues don Gustavo
Arteaga, el «patrón» del establecimiento, está reputado
como uno de los más importantes coleccionistas.
De ello da testimonio el Disco de Oro que le otorgó la firma
CBS en el año de 1968, en un concurso en el cual ocupó el
primer lugar. En el Bar Málaga de la Carrera Bolívar, hoy
ruta del monumental Metro de la ciudad, don Gustavo oficia
desde una especie de atril donde tiene sus colecciones de
discos en 78 revoluciones, auténticos tesoros musicales que
constituyen la envidia de sabihondos y profanos.
Aquí encuentra usted títulos diversos de Valente y Cáceres,
Juan Pulido, Los Cuyos, El Conjunto América, Leo Marini,
etc.- Lo que se escucha en el Salón Málaga es música de
los Andes colombianos, argentina y ecuatoriana, la que se
escuchó en todos los bares de Medellín en la primera mitad
del Siglo XX. Se oyen óperas, bambucos, zarzuelas,
habaneras, boleros, criollas, gaitas, porros, valses y hasta
villancicos. Artistas como Juan Arvizu, Alfonso Ortiz Tirado,
Carlos Mejía, Carlos Gardel, Briceño y Añez, las Hermanas
Padilla, Valente y Cáceres, Margarita Cueto, Juan Pulido,
María Luisa Landín, el Conjunto América, Los Trovadores de
Cuyo, las grandes orquestas argentinas, los grupos
ecuatorianos, entre otros, artistas que hacen parte de la
colección de siete mil discos originales de 78 RPM -
revoluciones por minuto-, que tiene Gustavo y que el cliente
puede programar en cualquiera de las siete rocolas
del Salón Málaga.
De entrada cuando se llega al Salón Málaga, lo primero
que se ve es una colección de fotografías que está en
permanente exhibición. Hay fotos de Medellín en los
primeros 50 años del Siglo XX, de figuras glamorosas, de
artistas que se presentaban allí.
En el 2017 el Málaga celebra sus 60 años de existencia,
manteniéndose fiel a su ambiente bohemio y siendo uno de
los únicos bares de su estilo que aún se conserva en la
ciudad
Si uno quiere conocer la historia del centro de la ciudad, es
necesario visitar el Salón Málaga y observar su galería de
imágenes como un estandarte de la zona. Por eso César
Arteaga, hijo de Don Gustavo y administrador del bar, opina
que “la belleza del Málaga radica en que es un sitio que
tiene memoria de ciudad, muestra como era antes, como
eran sus bares y las fiestas de antaño. Eso es muy
importante porque Medellín no tiene memoria, aquí todo lo
han derrumbado, todo lo han tumbado por darle paso al
progreso”.zxxz
Salón Málaga se ha convertido, gracias a la sensibilidad de
sus dueños, en un loable proyecto cultural por ser tan
exótico y tan especial en su género, el Málaga se convirtió
en un centro obligado de turistas nacionales y extranjeros.
Debido a lo especial del lugar, ha recibido reconocimientos
por parte del gobierno Municipal y Departamental y el
especial interés de la alcaldía de Medellín por rescatar la
memoria y la historia de la ciudad.
PASCACIA
La Pascasia sede cultural de Música Corriente, es un viejo
caserón de finales del siglo XIX que consta de un auditorio, una
galería de arte, una librería y que alberga actividades musicales,
literarias y plásticas.
La casa misma incita a la tertulia, su patio central es habitado
por un totumo grande, rodeado de cuernos, helechos y bifloras
que acompañan al visitante mientras recorre la galería donde
antaño durmieran sus habitantes o la librería en la sala del
comedor y terminando el recorrido en donde fuera la cocina del
viejo caserón para tomarse un café o una cerveza junto a un
jardín de enredaderas y dado el caso, pasar a la parte de atrás
para disfrutar de un concierto en donde a principios del siglo
pasado se encontrara un solar, después una bodega y ahora se
encuentra el auditorio de La Pascasia.