CUADRO PRIMERO
Escena ambientada en una habitación pintada de amarillo.
JOHAN:
(Entrando.) Madre.
ANA:
¿Qué?
JOHAN:
Me voy.
ANA:
¿Adónde?
JOHAN:
A la viña. (Se dispone a salir.)
ANA:
Espera.
JOHAN:
¿Quiere algo?
ANA:
El almuerzo.
JOHAN:
Déjelo. Comeré uvas. Deme la navaja.
ANA:
¿Para qué?
JOHAN:
(Riendo.) Para cortarlas.
ANA:
(Entre dientes y buscándola.) La navaja, la navaja... Malditas sean todas y el bribón que las
inventó.
JOHAN:
Vamos a otro asunto.
ANA:
Todo lo que puede cortar el cuerpo de un hombre. Un hombre hermoso, con su flor en la
boca...
JOHAN:
(Bajando la cabeza.) Calle usted.
ANA:
...ese hombre no vuelve. O si vuelve, es para ponerle una palma encima...
JOHAN:
(Fuerte.) ¿Vamos a acabar?
ANA:
No. ¿Me puede alguien traer a tu padre? Y luego el presidio... ¡Allí comen, fuman, tocan
instrumentos!
JOHAN:
¿Es que quiere usted que los mate?
ANA:
No... Pero no me gusta que lleves navaja. No quisiera que salieras al campo.
JOHAN:
(Riendo.) ¡Vamos!
ANA:
Me gustaría que fueras una mujer, para bordar juntas.
JOHAN:
(Coge a ANA por el brazo, riendo.) Madre, ¿y si yo la llevara conmigo a las viñas?
ANA:
¿Qué hace en las viñas una vieja?
JOHAN:
(Levantándola en sus brazos.) Vieja, revieja, requetevieja.
ANA:
Tu padre sí que me llevaba. Eso es buena casta. Sangre.
JOHAN:
¿Y yo, madre?
ANA:
¿Tú, qué?
JOHAN:
¿Necesito decírselo otra vez?
ANA:
(Seria.) ¡Ah!
JOHAN:
¿Es que le hace mal?
ANA:
No.
JOHAN:
¿Entonces?
ANA:
No lo sé yo misma. Sé que la muchacha es buena... pero cuando la nombro, siento como si
me dieran una pedrada en la frente.
JOHAN:
Tonterías.
ANA:
Es que me quedo sola.
JOHAN:
Pero usted vendrá con nosotros.
ANA:
No puedo dejar a tu padre y a tu hermano. Tengo que ir todas las mañanas.
JOHAN:
(Fuerte.) Vuelta otra vez.
ANA:
Perdóname. (Pausa.) ¿Cuánto tiempo llevas en relaciones?
JOHAN:
Tres años. Ya puedo comprar la viña.
ANA:
¿Ella tuvo un novio, no?
JOHAN:
No sé. Las muchachas deben mirar con quién se casan.
ANA:
Yo no miré a nadie más que a tu padre.
JOHAN:
Usted sabe que mi novia es buena.
ANA:
No lo dudo, pero siento no saber cómo fue su madre.
JOHAN:
¿Qué más da?
ANA:
(Mirándolo.) Hijo, tienes razón. ¿Cuándo quieres que la pida?
JOHAN:
(Alegre.) ¿Le parece bien el domingo?
ANA:
(Seria.) Le llevaré los pendientes de azófar, y tú le compras unas medias caladas. Y para ti,
tres trajes.
JOHAN:
Me voy. Mañana iré a verla.
ANA:
Sí, y a ver si me alegras con seis nietos.
JOHAN:
El primero para usted.
ANA:
Sí, pero que haya niñas.
JOHAN:
Estoy seguro de que usted querrá a mi novia.
ANA:
La querré. Anda, ya estás muy grande para besos. Se los das a tu mujer... cuando lo sea.
JOHAN:
Me voy.
ANA:
Anda con Dios. (El NOVIO sale.)
Aparece VALERIA vestida de oscuro en la puerta.
ANA:
Pasa.
VALERIA:
¿Cómo estás?
ANA:
Ya ves.
VALERIA:
Vine a verte. ¡Vivimos tan lejos!
ANA:
Hace veinte años que no subo a lo alto de la calle.
VALERIA:
Tú estás bien.
ANA:
¿Lo crees?
VALERIA:
Las cosas pasan. Hace dos días trajeron al hijo de mi vecina con los dos brazos cortados.
ANA:
¿A Rafael?
VALERIA:
Sí. A veces pienso que nuestros hijos están mejor donde están, descansando.
ANA:
Calla. Esas son invenciones.
VALERIA:
¡Ay!
ANA:
¡Ay! (Pausa.) ¿Y tu hijo?
VALERIA:
Al fin compró la viña. Ahora se casará.
ANA:
Oye, ¿conoces a la novia de mi hijo?
VALERIA:
Buena muchacha, pero vive muy sola.
ANA:
¿Y su madre?
VALERIA:
Era hermosa, pero no quería a su marido.
ANA:
¡Siempre igual! ¿Quién fue el novio de la muchacha?
VALERIA:
Leonardo.
ANA:
(Levantándose.) ¡De los Félix!
VALERIA:
No tiene culpa. Era un niño cuando lo de las cuestiones.
ANA:
Es cierto... pero oír Félix es lo mismo. (Escupe.) Tengo que escupir por no matar.
VALERIA:
No te opongas a la felicidad de tu hijo. Nos toca callar.
ANA:
No le diré nada.
VALERIA:
Me voy, que pronto llegará mi gente del campo.
ANA:
Adiós. (Se dirige a la puerta, se detiene y se santigua.)
CUADRO SEGUNDO:
Escenario: Una habitación pintada de rosa, decorada con cobres y flores. En el centro, una
mesa con mantel. Es la mañana.
JULIANA (meciendo al niño en brazos)
Nana, niño, nana, del caballo grande que no quiso el agua. El agua era negra dentro de las
ramas. Cuando llega el puente se detiene y canta. ¿Quién dira, mi niño, lo que tiene el agua
con su larga cola?
JESICA haciendo punto de media)
Duérmete, clavel, que el caballo no quiere beber.
JULIANA
Duérmete, rosal, que el caballo se pone a llorar. Las patas heridas, las crines heladas,
dentro de los ojos un puñol de plata. Bajaban al rio. ¡Ay, como bajaban! La sangre corria
mas fuerte que el agua.
JESICA
Duérmete, clavel, que el caballo no quiere beber.
JULIANA
Duérmete, rosal, que el caballo se pone a llorar.
JESICA
No quiso tocar la orilla mojada, su belfo caliente con mosca de plata. A los montes duros
solo relinchaban con el rio muerte sobre la garganta. ¡Ay caballo grande que no quiso el
agua! ¡Ay dolor de nieve, caballo del alba!
JULIANA
¡No vengas! Detente, cierra la ventana con rama de sueños y sueños de rama.
JESICA
Mi niño se duerme
JULIANA
Mi niño se calla
JESICA
Caballo, mi niño tiene una almohada
JULIANA
Su cuna de acero
JESICA
Su colcha de holanda
JULIANA
Nana, niño, nana
JESICA
¡Ay caballo grande que no quiso el agua!
JULIANA
¡No vengas, no entres! Vete a la montaña. Por los valles grises donde esta la jaca.
JESICA (Mirando)
Mi niño se duerme.
JULIANA
Mi niño descansa
JESICA (Bajito)
Duermete, clavel, que el caballo no quiere beber
JULIANA (Levantandose, y muy bajito)
Duermete, rosal que el caballo se pone a llorar
(Entran al niño, entra MIGUEL)
MIGUEL
¿Y el niño?
JESICA
Se durmió.
MIGUEL
Ayer no estuvo bien. Lloró por la noche.
JESICA
Hoy está como una dalia. ¿Fuiste a casa del herrador?
MIGUEL
Sí, pero llevo dos meses poniendo herraduras nuevas al caballo y se le caen.
JESICA
Ayer me dijeron que te vieron al límite de los llanos. ¿Eras tú?
MIGUEL
No. ¿Qué iba a hacer yo allí?
JESICA
El caballo estaba reventado de sudar.
MIGUEL
¿Lo viste tú?
JESICA
No, mi madre.
JULIANA
¿Quién da esas carreras al caballo? Está tendido, como si viniera del fin del mundo.
MIGUEL (agrio)
Yo.
JESICA
Piden a mi prima. La boda será en un mes.
MIGUEL (serio)
No sé.
JULIANA
La madre de él no estaba satisfecha con el casamiento.
MIGUEL
Y quizá tenga razón.
JESICA
No me gusta que penséis mal de una buena muchacha.
JULIANA
Él la conoce, fue su novia tres años.
MIGUEL (bruscamente a su mujer)
¿Vas a llorar ahora? Vamos a ver al niño.
(Entra la ANGELA alegre)
ANGELA
Señora, el novio ha comprado todo lo mejor.
JULIANA
Ellos tienen dinero.
ANGELA
Compraron unas medias caladas con dibujos. ¡Qué lujo!
MIGUEL (fuerte)
No nos importa.
JESICA (a LEONARDO)
¿Qué te pasa?
MIGUEL
Déjame.
JESICA
No me dejes así.
MIGUEL
¡Cállate! (Sale)
JULIANA (llorando)
¡El niño! (entra y vuelve a salir con el en brazos. JESICA ha permanecido de pie, inmóvil).
Las patas heridas, las crines heladas, dentro de los ojos un puñal de plata. Bajaban al rio, la
sangre corria mas fuerte que el agua,
JESICA (volviéndose lentamente y como soñando)
Duermete, clavel, que el caballo se pone a beber.
JULIANA
Duermete, rosal, que el caballo se pone a llorar.
CUADRO TERCERO
Interior de la cueva donde vive la NOVIA. Al fondo, una cruz de grandes flores rosa. Las
puertas redondas con cortinas de encaje y lazos rosa. Por las paredes de material blanco y
duro, abanicos redondos, jarros azules y pequeños espejos.
MARIA JOSE:
(Presenta la entrada)
– Pasen… ¿Se quieren sentar? Ahora vienen. (Sale la CRIADA)
ANA:
(Preocupada)
– ¿Traes el reloj?
JOHAN:
– Sí.
ANA:
– Tenemos que volver a tiempo. ¡Qué lejos vive esta gente!
JOHAN:
– Pero estas tierras son buenas.
ANA:
– Buenas; pero demasiado solas.
(Entra CHILITO)
CHILITO:
(Saludando)
– ¿Mucho tiempo de viaje?
ANA:
– Cuatro horas.
CHILITO:
– Buena cosecha de esparto.
JOHAN:
– Buena de verdad.
ANA:
– Tú sabes a lo que vengo.
CHILITO:
– Sí.
ANA:
– ¿Y qué?
CHILITO:
– Me parece bien. Ellos lo han hablado.
ANA:
– Mi hijo tiene y puede.
CHILITO:
– Mi hija también.
ANA:
– Mi hijo es hermoso. No ha conocido mujer.
(Entra MARIA JOSE con bandejas)
ANA:
(A JOHAN)
– ¿Cuándo queréis la boda?
JOHAN:
– El jueves próximo.
CHILITO:
– Día en que ella cumple veintidós años justos.
(Entra SARA con la cabeza baja)
ANA:
(Suave)
– ¿Estás contenta?
SARA:
– Sí, señora.
CHILITO:
– No debes estar seria. Al fin y al cabo ella va a ser tu madre.
SARA:
– Estoy contenta. Cuando he dado el sí es porque quiero darlo.
ANA:
– Naturalmente. Mírame.
JOHAN:
(A SARA)
– Mañana vendré.
SARA:
– ¿A qué hora?
JOHAN:
– A las cinco.
SARA:
– Yo te espero.
(Salen ANA, JOHAN Y CHILITO)
MARIA JOSE:
– Que reviento por ver los regalos.
SARA:
(Agria)
– ¡Quita!
MARIA JOSE:
– ¡Ay, niña, enséñamelos!
SARA
– No quiero.
MARIA JOSE
– Parece com MARIA JOSE o si no tuvieras ganas de casarte.
SARA:
– ¡Ay!
MARIA JOSE:
(Preocupada)
– Niña, ¿qué te pasa? No pienses en cosas agrias.
SARA
– Calla he dicho. Hablemos de otro asunto.
(Pausa)
MARIA JOSE
– ¿Sentiste anoche un caballo?
SARA
– ¿A qué hora?
MARIA JOSE:
– A las tres.
SARA
– Sería un caballo suelto de la manada.
MARIA JOSE
– No, llevaba jinete.
SARA
(Sorprendida)
– ¿Quién era?
MARIA JOSE:
– Era Leonardo.
SARA
(Furiosa)
– ¡Mentira! ¡Mentira! ¿A qué viene aquí?
(Se siente el ruido de un caballo)
MARIA JOSE
– Mira, asómate. ¿Era?
SAR:
– ¡Era!
(Telón rápido)
ACTO SEGUNDO – CUADRO PRIMERO
Zaguán de casa de SARA. Portón al fondo. Es de noche. SARA sale con enaguas blancas
encañonadas, llenas de encajes y puntas bordadas y un corpiño blanco, con los brazos al
aire. MARIA JOSE, lo mismo.
MARIA JOSE
Aquí te acabaré de peinar.
SARA
No se puede estar ahí dentro, del calor.
MARIA JOSE
En estas tierras no refresca ni al amanecer. (Peinándola.) ¡Qué hermosa estás!
SARA
Sigue peinándome.
MARIA JOSE
¡Dichosa tú que vas a abrazar a un hombre, que lo vas a besar, que vas a sentir su peso!
SARA
Calla.
MARIA JOSE
Y lo mejor es cuando te despiertes y lo sientas al lado.
SARA (Fuerte.)
¿Te quieres callar?
MARIA JOSE
¡Pero niña! Una boda, ¿qué es? Una boda es esto y nada más. ¿Son los dulces? ¿Son los
ramos de flores? No. Es una cama relumbrante y un hombre y una mujer.
SARA
No se debe decir.
MARIA JOSE
Eso es otra cosa. ¡Pero es bien alegre!
SARA
O bien amargo.
MARIA JOSE
El azahar te lo voy a poner desde aquí hasta aquí, de modo que la corona luzca sobre el
peinado. (Le prueba el ramo de azahar.)
SARA (Se mira en el espejo.)
Trae. (Coge el azahar, lo mira y deja caer la cabeza, abatida.)
MARIA JOSE
¿Qué es esto?
SARA
Déjame.
MARIA JOSE
No son horas de ponerse triste. (Animosa.) Trae el azahar. (La NOVIA tira el azahar.)
¡Niña! ¿Qué castigo pides tirando al suelo la corona? ¡Levanta esa frente! ¿Es que no te
quieres casar? Dilo. Todavía te puedes arrepentir. (Se levanta.)
SARA
Son nublos. Un mal aire en el centro, ¿quién no lo tiene?
MARIA JOSE
¿Tú quieres a tu novio?
SARA
Lo quiero.
MARIA JOSE
Sí, sí, estoy segura.
SARA
Pero este es un paso muy grande.
MARIA JOSE
Hay que darlo.
SARA
Ya me he comprometido.
MARIA JOSE
Te voy a poner la corona.
SARA
(Se sienta.) Date prisa, que ya deben ir llegando.
MARIA JOSE
Ya llevarán todos lo menos dos horas de camino.
SARA
¿Cuánto hay de aquí a la iglesia?
MARIA JOSE
Cinco leguas por el arroyo, que por el camino hay el doble.
(SARA se levanta y MARIA JOSE se entusiasma al verla.)
Despierte la novia la mañana de la boda. ¡Que los ríos del mundo lleven tu corona!
SARA (Sonriente.)
Vamos.
MARIA JOSE (La besa entusiasmada y baila alrededor.)
Que despierte con el ramo verde del laurel florido. ¡Que despierte por el tronco y la rama de
los laureles! (Se oyen unos aldabonazos.)
MIGUEL (entra):
Buenos días.
MARIA JOSE
¡El primero!
MIGUEL ¿No me han convidado?
MARIA JOSE:
Sí.
MIGUEL:
Por eso vengo.
MARIA JOSE:
Ahora mismo la voy a vestir.
MIGUEL
¡La novia! ¡Estará contenta!
VOCES (A lo lejos) ¡Despierte la novia la mañana de la boda!
MIGUEL
Despierte la novia la mañana de la boda.
SARA (Apareciendo todavía en enaguas y con la corona de azahar puesta.)
Lo trajo.
MARIA JOSE (Fuerte.)
No salgas así.
SARA
¿Qué más da? (Seria.) ¿Por qué preguntas si trajeron el azahar? ¿Llevas intención?
MIGUEL:
Tú me conoces. Sabes que no llevo ninguna intención. Dímelo, ¿quién he sido yo para ti?
SARA:
¿A qué vienes?
MIGUEL:
A ver tu casamiento.
SARA:
¡También yo vi el tuyo!
MIGUEL:
¡Amarrado por ti, hecho con tus manos! No quiero que todos estos cerros oigan mis voces.
SARA:
Las mías serían más fuertes.
SARA:
¿Por qué preguntas por el azahar? ¿Llevas intención?
MIGUEL:
Ninguna. Pero callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima.
SARA:
No puedo oírte. Es como si me bebiera una botella de anís y me durmiera.
MARIA JOSE
¡Debes irte ahora mismo!
MIGUEL
Es la última vez que voy a hablar con ella.
VOCES (fuera): ¡Despierte la novia!
MARIA JOSE:
Ya está aquí la gente.
SARA (corriendo):
¡Despierte la novia!
JOHAN:
¡Con la corona da alegría mirarte!
SARA
¡Vámonos pronto a la iglesia!
JOHAN:
¿Tienes prisa?
SARA:
Estoy deseando ser tu mujer y quedarme sola contigo.
CHILITO:
¡Vamos pronto! ¡A coger las caballerías y los carros!
ANA:
¡Que llevéis cuidado! No sea que tengamos mala hora.
JESICA (a Leonardo):
Vamos a la iglesia. Pero no vas en el caballo, vienes conmigo.
MIGUEL:
¡Vamos!
(Se oye música, salen todos hacia la iglesia.)
ACTO SEGUNDO – CUADRO SEGUNDO
Exterior de la cueva de la SARA. Entonación en blancos, grises y azules fríos. Grandes
chamberas. Tonos sombríos y plateados. Panorama de mesetas color barquillo, todo
endurecido como paisaje de cerámica popular.
MARIA JOSE (arreglando en una mesa copas y bandejas mientras canta)
Giraba, giraba la rueda, y el agua pasaba...
Giraba, giraba la rueda y el agua pasaba; porque llega la boda que se aparten las ramas y
la luna se adorne por su blanca baranda.
(En voz alta.)¡Pon los manteles!
(En voz patética.) Cantaban, cantaban los novios y el agua pasaba. Porque llega la boda
que relumbre la escarcha y se llenen de miel las almendras amargas.
(En voz alta.) ¡Prepara el vino!
(En voz patética.) Galana. Galana de la tierra, mira cómo el agua pasa. Porque llega tu
boda recógete las faldas y bajo el ala del novio nunca salgas de tu casa. ¡Porque el novio es
un palomo con todo el pecho de brasa y espera el campo el rumor de la sangre derramada!
Giraba, giraba la rueda y el agua pasaba. ¡Porque llega tu boda, deja que relumbre el agua!
ANA (entrando)
¡Por fin!
CHILITO
¿Somos los primeros?
MARIA JOSE
No. Leonardo llegó hace rato con su mujer, corrieron como demonios.
CHILITO
Ese busca la desgracia.
ANA
¿Qué sangre va a tener? La de su familia: manejadores de cuchillos y gente de falsa
sonrisa.
CHILITO (intentando calmarla)
Hoy no es día para acordarse de esas cosas.
ANA
Hoy más que nunca, porque me quedo sola en casa.
CHILITO
En espera de nietos.
ANA (con esperanza)
Esa es mi ilusión, los nietos.
(Entran más invitados, incluido MIGUEL, quien sale casi de inmediato. SARA Y MIGUEL
también entran, tomados del brazo.)
JOHAN
En ninguna boda se vio tanta gente.
SARA (sombría)
En ninguna.
(ANA habla con la SARA, intentando animarla, pero la SARA parece distraída y desganada.
En ese momento, MIGUEL vuelve a cruzar la escena en silencio.)
JESICA (nerviosa)
¿Pasó por aquí mi marido?
JOHAN (sin sospechar nada)
Debe estar por ahí, dándole una carrera al caballo.
(JESICA se retira inquieta. JOHAN intenta animar a la SARA, pero ella sigue distante.)
JOHAN
Vamos al baile.
SARA (angustiada)
Quiero echarme un poco.
(ANA aconseja a JOHAN sobre cómo tratar a su esposa, pero la tensión en la escena es
evidente.)
JESICA (entrando apresurada)
¡Han huido! Ella y Leonardo. Iban abrazados en el caballo.
CHILITO
¡No puede ser! ¡Mi hija no!
ANA (con furia)
¡Tu hija sí! ¡Pero ya es la mujer de mi hijo!
JOHAN
¡Vamos detrás! ¿Quién tiene un caballo?
(Los personajes salen rápidamente, divididos en dos grupos. Se desata una atmósfera de
tensión y venganza.)
ANA
Dos bandos. ¡Atrás todos!
(Telón)
ACTO TERCERO - CUADRO PRIMERO
Bosque. Es de noche. Grandes troncos húmedos. Ambiente oscuro. Se oyen dos violines.
Salen tres LEÑADORES.
MORENO
¿Y los han encontrado?
BOLAÑOS
No. Pero los buscan por todas partes.
MORENO
Ya darán con ellos.
BOLAÑOS
¡Chissss!
MORENO
¿Qué?
BOLAÑOS
Parece que se acercan.
MORENO
Cuando salga la luna, los verán.
BOLAÑOS
Debían dejarlos.
MORENO
El mundo es grande. Todos pueden vivir en él.
BOLAÑOS
Pero los matarán.
MORENO
La sangre pudo más.
BOLAÑOS
Hay que seguir la inclinación; han hecho bien en huir.
MORENO
Ya están mezclando sus sangres.
BOLAÑOS
Hay nubes, será fácil que la luna no salga.
MORENO
El novio los encontrará. Lo vi salir, como una estrella furiosa.
BOLAÑOS
Su casta de muertos en mitad de la calle.
(TATIANA aparece como un leñador joven con la cara blanca. La escena se ilumina de
azul).
TATIANA
Cisne redondo en el río, ojo de las catedrales, alba fingida en las hojas soy; ¡no podrán
escaparse! ¿Quién se oculta? ¿Quién solloza por la maleza del valle? La luna deja un
cuchillo abandonado en el aire, que siendo acecho de plomo quiere ser dolor de sangre.
¡Dejadme entrar! ¡Vengo helada por paredes y cristales! ¡Abrid tejados y pechos donde
pueda calentarme! ¡Tengo frío! Mis cenizas de soñolientos metales, buscan la cresta del
fuego por los montes y las calles. Pero me lleva la nieve sobre su espalda de jaspe, y me
anega, dura y fría, el agua de los estanques. Pues esta noche tendrán mis mejillas roja
sangre, y los juncos agrupados en los anchos pies del aire. ¡No haya sombra ni emboscada,
que no puedan escaparse! ¡Que quiero entrar en un pecho para poder calentarme! ¡Un
corazón para mí! ¡Caliente!, que se derrame por los montes de mi pecho; dejadme entrar,
¡ay, dejadme! (A las ramas.) No quiero sombras. Mis rayos han de entrar en todas partes, y
haya en los troncos oscuros un rumor de claridades, para que esta noche tengan mis
mejillas dulce sangre, y los juncos agrupados en los anchos pies del aire. ¿Quién se oculta?
¡Afuera digo! ¡No! ¡No podrán escaparse! Yo haré lucir al caballo una fiebre de diamante.
(ESTEBAN entra, cubierta con paños oscuros).
(Desaparece entre los troncos y vuelve la escena a su luz oscura. Sale ESTEBAN
totalmente cubierta por tenues paños verde oscuros. Lleva los pies descalzos. Apenas si se
le verá el rostro entre los pliegues. Este personaje no figura en el reparto.)
ESTEBAN
Esa luna se va y ellos se acercan. De aquí no pasan. El rumor del río apagará con el rumor
de troncos el desgarrado vuelo de los gritos. Aquí ha de ser, y pronto. Estoy cansada. Abren
los cofres, y los blancos hilos aguardan por el suelo de la alcoba cuerpos pesados con el
cuello herido. No se despierte un pájaro y la brisa, recogiendo en su falda los gemidos, huya
con ellos por las negras copas o los entierre por el blando limo. (Impaciente.) ¡Esa luna, esa
luna!
(Aparece la TATIANA. Vuelve la luz intensa.)
TATIANA
Ya se acercan. Unos por la cañada y el otro por el río. Voy a alumbrar las piedras. ¿Qué
necesitas?
ESTEBAN
Nada.
TATIANA
El aire va llegando duro, con doble filo.
ESTEBAN
Ilumina el chaleco y aparta los botones, que después las navajas ya saben el
camino.
TATIANA
Pero que tarden mucho en morir. Que la sangre me ponga entre los dedos su delicado silbo.
¡Mira que ya mis valles de ceniza despiertan en ansia de esta fuente de chorro estremecido!
ESTEBAN
No dejemos que pasen el arroyo. ¡Silencio!
TATIANA
¡Allí vienen! (Se va. Queda la escena a oscuras.)
ESTEBAN
De prisa. Mucha luz. ¿Me has oído? ¡No pueden escaparse!
(Entran JOHAN y BOLAÑOS. La MENDIGA se sienta y se tapa con el manto.)
JOHAN
Por aquí.
BOLAÑOS
No los encontrarás.
JOHAN
¡Sí los encontraré!
BOLAÑOS
Creo que se han ido por otra vereda.
JOHAN
Sentí el galope.
ESTEBAN
Tengo frío.
JOHAN
¿Viste un hombre y una mujer en un caballo?
ESTEBAN
No han pasado, pero están saliendo de la colina.
JOHAN y la ESTEBAN salen rápido.
Los LEÑADORES regresan.
MORENO
¡Ay muerte que sales!
BOLAÑOS
¡No abras el chorro de la sangre!
Entra MIGUEL Y SARA.
MIGUEL
¡Calla!
SARA
Desde aquí me iré sola. ¡Vete!
MIGUEL
¡Calla! Nos persiguen.
SARA
Con los dientes, con las manos, como puedas, quita de mi cuello honrado el metal de esta
cadena, dejándome arrinconada allá en mi casa de tierra. Y si no quieres matarme como a
víbora pequeña, pon en mis manos de novia el cañón de la escopeta. ¡Ay, qué lamento, qué
fuego me sube por la cabeza! ¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
MIGUEL
Ya dimos el paso. Te llevo conmigo.
SARA
¡Pero ha de ser a la fuerza!
MIGUEL
¿Quién bajó primero las escaleras?
¿Y qué manos me calzaron las espuelas?
SARA
Yo las bajé.
MIGUEL
¿Quién le puso al caballo bridas nuevas?
SARA
Yo misma. Verdad.
MIGUEL
¿Y qué manos me calzaron las espuelas?
SARA
Estas manos, que son tuyas, pero que al verte quisieran quebrar las ramas azules y el
murmullo de tus venas. ¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta! Que si matarte pudiera, te pondría
una mortaja con los filos de violetas. ¡Ay, qué lamento, qué fuego me sube por la cabeza!
MIGUEL
¡Qué vidrios se me clavan en la lengua! Porque yo quise olvidar y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía. Es verdad. ¿No lo recuerdas? Y cuando te vi de lejos me eché en los
ojos arena. Pero montaba a caballo y el caballo iba a tu puerta. Con alfileres de plata mi
sangre se puso negra, y el sueño me fue llenando las carnes de mala hierba. Que yo no
tengo la culpa, que la culpa es de la tierra y de ese olor que te sale de los pechos y las
trenzas.
SARA
¡Ay qué sinrazón! No quiero contigo cama ni cena, y no hay minuto del día que estar contigo
no quiera, porque me arrastras y voy, y me dices que me vuelva y te sigo por el aire como
una brizna de hierba. He dejado a un hombre duro y a toda su descendencia en la mitad de
la boda y con la corona puesta. Para ti será el castigo y no quiero que lo sea. ¡Déjame sola!
¡Huye tú! No hay nadie que te defienda.
MIGUEL
Pájaros de la mañana por los árboles se quiebran. La noche se está muriendo en el filo de
la piedra. Vamos al rincón oscuro donde yo siempre te quiera, que no me importa la gente ni
el veneno que nos echa. (La abraza fuertemente.)
SARA
Y yo dormiré a tus pies para guardar lo que sueñas. Desnuda, mirando al campo,
(Dramática.) como si fuera una perra, ¡porque eso soy! Que te miro y tu hermosura me
quema.
MIGUEL
Se abrasa lumbre con lumbre. La misma llama pequeña mata dos espigas juntas. ¡Vamos!
(La arrastra.)
SARA
¿Adónde me llevas?
MIGUEL
A donde no puedan ir estos hombres que nos cercan. ¡Donde yo pueda mirarte!
SARA (Sarcástica.)
Llévame de feria en feria, dolor de mujer honrada, a que las gentes me vean con las
sábanas de boda al aire, como banderas.
MIGUEL
También yo quiero dejarte si pienso como se piensa. Pero voy donde tú vas. Tú también. Da
un paso. Prueba. Clavos de luna nos funden mi cintura y tus caderas. (Toda esta escena es
violenta, llena de gran sensualidad.)
SARA
¿Oyes?
MIGUEL
Viene gente.
SARA
¡Huye! Es justo que yo aquí muera con los pies dentro del agua y espinas en la cabeza. Y
que me lloren las hojas, mujer perdida y doncella.
MIGUEL
Cállate. Ya suben.
SARA
¡Vete!
MIGUEL
Silencio. Que no nos sientan. Tú delante. ¡Vamos, digo! (Vacila la NOVIA.)
SARA
¡Los dos juntos!
MIGUEL (Abrazándola.)
¡Como quieras! Si nos separan, será porque esté muerto.
SARA
Y yo muerta.
(Salen abrazados. Aparece la TATIANA muy despacio. La escena adquiere una fuerte luz
azul. Se oyen los dos violines. Bruscamente se oyen dos largos gritos desgarrados, y se
corta la música de los violines. Al segundo grito aparece la MENDIGA y queda de espaldas.
Abre el manto y queda en el centro como un gran pájaro de alas inmensas. La LUNA se
detiene. El telón baja en medio de un silencio absoluto.)
TATIANA aparece lentamente, la escena se ilumina intensamente. Se escuchan gritos
desgarrados. ESTEBAN se transforma en un pájaro de alas inmensas. La TATIANA se
detiene. El telón baja en silencio absoluto.
CUADRO ÚLTIMO
(Habitación blanca con arcos. VALERIA Y ANGELA devanando una madeja roja.)
ANGELA
Madeja, madeja, ¿qué quieres hacer?
VALERIA
Jazmín de vestido, cristal de papel.
Nacer a las cuatro, morir a las diez.
Ser hilo de lana, cadena a tus pies
y nudo que apriete amargo laurel.
MARIA JOSE
(Cantando)
¿Fuisteis a la boda?
ANGELA
No.
MARIA JOSE
¡Tampoco fui yo!
¿Qué pasaría por los tallos de las viñas?
¿Qué pasó que nadie volvió?
VALERIA
Hemos dicho que no.
(MARIA JOSE se va.)
VALERIA
Madeja, madeja, ¿qué quieres cantar?
ANGELA
Heridas de cera, dolor de arrayán.
Dormir la mañana, de noche velar.
MARIA JOSE
(En la puerta)
El hilo tropieza con el pedernal.
Corre, corre, corre, y al fin llegará
a poner cuchillo y a quitar el pan.
(MARIA JOSE se va.)
VALERIA
Madeja, madeja, ¿qué quieres decir?
ANGELA
Amante sin habla. Novio carmesí.
Por la orilla muda tendidos los vi.
(Aparece la JESICA Y JULIANA, angustiadas.)
ANGELA
¿Vienen ya?
JULIANA
No sabemos.
VALERIA
¿Qué contáis de la boda?
JESICA
Quiero volver para saberlo todo.
JULIANA
Tú, a tu casa.
Valiente y sola en tu casa.
A envejecer y a llorar.
Pero la puerta cerrada.
Clavaremos las ventanas.
Y vengan lluvias y noches sobre las hierbas amargas.
JESICA
¿Qué habrá pasado?
JULIANA
No importa.
Échate un velo en la cara.
Tus hijos son hijos tuyos nada más.
Sobre la cama pon una cruz de ceniza donde estuvo su almohada.
(Salen.)
ESTEBAN
(A la puerta)
Un pedazo de pan, muchachas.
MARIA JOSE
¡Vete!
(Las MUCHACHAS se agrupan.)
ESTEBAN
¿Por qué?
MARIA JOSE
Porque tú gimes: vete.
ANGELA
¡Niña!
ESTEBAN
¡Pude pedir tus ojos!
Una nube de pájaros me sigue;
¿quieres uno?
MARIA JOSE
¡Yo me quiero marchar!
VALERIA
(A ESTEBAN)
¡No le hagas caso!
ANGELA
¿Vienes por el camino del arroyo?
ESTEBAN
¡Por allí vine!
Yo los vi; pronto llegan:
dos torrentes quietos entre las piedras grandes,
dos hombres en las patas del caballo.
Muertos en la hermosura de la noche.
(Con delectación.)
Muertos, sí, muertos.
ANGELA
¡Calla, vieja, calla!
ESTEBAN
Cubiertos con dos mantas ellos vienen
sobre los hombros de los mozos altos.
Así fue, nada más. Era lo justo.
Sobre la flor del oro, sucia arena.
(Se va. Las MUCHACHAS inclinan la cabeza y rítmicamente van saliendo.)
ANGELA
Sucia arena.
VALERIA
Sobre la flor del oro.
MARIA JOS
Sobre la flor del oro traen a los muertos del arroyo.
Morenito el uno, morenito el otro.
¡Qué ruiseñor de sombra vuela y gime sobre la flor del oro!
(Se va. Queda la escena sola. Aparece ANA con una VALERIA, que llora.)
ANA
Calla.
VALERIA
No puedo.
ANA
Calla, he dicho.
¿No hay nadie aquí?
Debía contestarme mi hijo.
Pero mi hijo es ya un brazado de flores secas.
Mi hijo es ya una voz oscura detrás de los montes.
(Con rabia, a la VECINA.)
¿Te quieres callar?
No quiero llantos en esta casa.
Vuestras lágrimas son lágrimas de los ojos nada más,
y las mías vendrán cuando yo esté sola,
de las plantas de mis pies, de mis raíces,
y serán más ardientes que la sangre.
VALERIA
Vente a mi casa; no te quedes aquí.
MADRE
Aquí quiero estar.
Y tranquila. Ya todos están muertos.
A medianoche dormiré,
sin que me aterren la escopeta o el cuchillo.
(Entra una MUJER DE NEGRO, se arrodilla.)
VALERI
Quítate las manos de la cara.
Hemos de pasar días terribles.
No quiero ver a nadie. La tierra y yo.
Mi llanto y yo. Y estas cuatro paredes. ¡Ay!
(Se sienta transida.)
VALERIA
Ten caridad de ti misma.
ANA
He de estar serena.
Porque vendrán las vecinas y no quiero que me vean tan pobre.
Una mujer que no tiene un hijo que llevarse a los labios.
(Aparece SARA, sin azahar y con un manto negro.)
VALERIA
(Viendo a la novia, con rabia.)
¿Dónde vas?
SARA
Aquí vengo.
ANA
(A la VECINA)
¿Quién es?
VALERIA
¿No la reconoces?
ANA
Por eso pregunto.
Porque tengo que no reconocerla,
para no clavarle mis dientes en el cuello. ¡Víbora!
(Se dirige hacia la NOVIA, se detiene.)
¿La ves?
Está ahí y está llorando,
y yo quieta sin arrancarle los ojos.
No me entiendo. ¿Será que no quería a mi hijo?
Pero ¿y su honra? ¿Dónde está su honra?
(Golpea a la NOVIA. Esta cae al suelo.)
VALERIA
¡Por Dios!
(Trata de separarlas.)
SARA (A VALERIA)
Déjala; he venido para que me mate y me lleven con ellos.
(A ANA)
Pero no con las manos;
quiero que sepa que yo soy limpia,
que estaré loca, pero que me pueden enterrar
sin que ningún hombre se haya mirado
en la blancura de mis pechos.
ANA
Calla, calla; ¿qué me importa eso a mí?
SARA
¡Porque yo me fui con el otro, me fui!
Tú también te hubieras ido.
Yo era una mujer quemada, llena de llagas,
pero el otro era un río oscuro.
Y yo corría con tu hijo,
que era como un niñito de agua fría,
y el otro me mandaba cientos de pájaros que
me impedían el andar.
ANA
Ella no tiene culpa, ¡ni yo!
¿Quién la tiene, pues?
¡Floja, delicada!
Es quien tira una corona de azahar
para buscar un pedazo de cama calentado por otra mujer.
SARA
¡Calla, calla! Véngate de mí; ¡aquí estoy!
Mira que mi cuello es blando;
te costará menos trabajo que segar una dalia de tu huerto.
Pero ¡eso no!
Honrada, honrada como una niña recién nacida.
Y fuerte para demostrarlo.
Enciende la lumbre.
Vamos a meter las manos: tú, por tu hijo;
yo, por mi cuerpo. La retirarás antes tú.
ANA
Pero, ¿qué me importa a mí tu honradez?
¿Tu muerte? ¿A mí nada?
Benditos sean los trigos,
porque mis hijos están debajo de ellos.
Bendita sea la lluvia,
porque moja la cara de los muertos.
Bendito sea Dios, que nos tiende juntos para descansar.
SARA
Déjame llorar contigo.
ANA
Llora. Pero en la puerta.
(Entra MARIA JOSE. SARA se agacha y se quita el manto.)
MARIA JOSE
He venido con pajaritos; voy a buscar unos más grandes.
Te traigo flores y sol;
las flores que tengo son de gran majestad
y el sol es tan fuerte que no hay quien me lo arranque.
(Se van.)