INFORME DERECHO NATURAL ESTOICO Y CRISTIANO
Nombres: Lina Isabel Tobar Vargas
Idar Evandro Gómez Cerón
Profesor: Álvaro Nelson Hurtado Tejada
Materia: Historia del Derecho e instituciones jurídicas
Universidad del Cauca
Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales
Programa de Derecho
Grupo A
INFORME
El derecho natural presupone en el ser humano, en un ámbito que supera la contingencia y
persistiendo a pesar de ella, un orden que predispone lo que es permanente y enteramente válido
respecto a la forma en que deben tener lugar las relaciones sociales. Es un orden natural que
yace, como un primun novens, previo a la convención política de los hombres y que es
trascendental, a saber, supera todo tiempo y espacio, no se agota su validez. Estos, son, empero,
principios generales en cuanto al concepto mismo de derecho natural, pues, concibiéndolo como
un producto del trasegar de las civilizaciones, tiene distintas apreciaciones según el contexto. En
este caso, particularmente, se analizará el derecho natural entre los griegos, entre los romanos y
bajo la acepción que tuvo en el orden cristiano. Este informe se centra en la evolución del
derecho natural desde su formulación en el estoicismo hasta su desarrollo en el cristianismo,
examinando cómo ambas perspectivas han influido profundamente en la jurisprudencia
occidental. El estoicismo, con su enfoque en la racionalidad y el orden cósmico, y el
cristianismo, con su énfasis en la voluntad divina y la salvación, han brindado diferentes
interpretaciones de este concepto que continúan teniendo relevancia en el pensamiento
contemporáneo.
En primer lugar, entre los griegos, hállese la concepción que tuvieron los sofistas acerca del
derecho. Ellos, escépticos por antonomasia, pensaron que los principios de la Justicia, que
llegaron a parecer tan cercanos a los hombres como en el sueño de Parménides, son relativos a
las épocas y las culturas; no son, como se decía, anteriores al hombre. No son, igualmente,
superiores a lo que se constituye con el báculo de la democracia, sino que son, con el mismo
valor que estas, leyes creadas por el poder político para sus propios fines, según piensa
Trasímaco. Es más, como yace expresado igualmente en algunos diálogos de Platón, la Justicia
no se comprende sino como lo que conviene al más fuerte, a quien logra imponerse sobre los
otros y fundar su legitimidad en los medios coercitivos. Por otro lado, Calicles concibe que
realmente las leyes no son establecidas por los fuertes, sino por los débiles, la gran multitud que,
en aras de su seguridad, conviene en establecer límites a las relaciones sociales. Bajo otra
interpretación, Carneades aducía que la Justicia cae en el absurdo, pues implica el sacrificio de la
ventaja personal para un bien general ideal que es meramente imaginario, mientras que todo ser,
ello en procura de su vida, busca su bien particular. No sin distinciones, Rousseau dirá que la
cláusula principal del contrato social comprende la enajenación total de cada asociado con todos
sus derechos a toda la humanidad, de tal suerte que se pierde la libertad natural y se da lugar a la
libertad civil1. Sin embargo, volviendo al quid de la cuestión, hay otro sofista que presenta una
tesis muy interesante. Protágoras, hablando acerca de las leyes creadas por los hombres, dirá que
su validez y obligatoriedad son consideraciones independientes de su contenido moral, esto es,
de su Justicia.
Si bien los sofistas fueron producciones excepcionales de su tiempo, en los griegos tuvo mayor
acepción el derecho natural, y ya la cultura había conservado, bajo el peso de símbolos, las
nociones que dan pábulo a este orden jurídico. De este modo, contémplese el concepto de physis,
referido a una naturaleza elemental, permanente y universal que acoge, en su brotar finito,
ámbitos como el mental, la constitución física y la moral humana. Por otro lado, el concepto de
nomos contiene la noción de que la convención política humana es inestable, sujeta al devenir.
Bajo estas dos distinciones, Hipias sostiene que hay dos tipos de derecho, el escrito, de carácter
divino, y el no escrito, que comprende reglas casuales y, por ende, contingentes. Un ejemplo de
lo que Hipias concibió como derecho escrito fue la prohibición natural de matrimonio entre
parientes cercanos. Bajo otra acepción, Platón concibe que ideas como Bien, Verdad y Justicia
son Ideas, tienen calidad de ser elementos eternos, inmutables y perfectos que no pueden ser
percibidos, sino pensados a través de la razón. Su ideal de Justicia expresa que la armonía de la
República es orgánica, y que en ese sentido cada quien debe obrar según su actividad esencial,
conforme su lugar destinado y función apropiada. La relación entre el Bien, la Verdad y la
Justica, supone que quien goce de un intelecto virtuoso y de sabiduría, debe ser quien ordene las
relaciones sociales de la Polis. Bajo el mismo principio natural, Aristóteles diferenciará la
justicia natural, que es universalmente válida y libre del control del hombre bajo influencia de
sus vicios, del derecho convencional, que no es más que el pronunciamiento positivo de un
cuerpo legislativo según las circunstancias que legisla, esto es, un conjunto de leyes impositivas
creadas por lo que hoy comprendemos como un órgano ad hoc que sirven para regular,
necesariamente, los comportamientos objetivos en sociedad. También Aristóteles, que ha
observado la Justicia como algo que atraviesa todos los ámbitos sociales, piensa que los más
virtuosos deben ordenar la polis. Rousseau dice que debería ser que los hombres fuesen, antes de
las leyes, lo que deben llegar a ser a merced de ellas, pero se necesita de su influjo coercitivo.
Kelsen, deseando lo mismo, expresa que el caso ideal de validez de una norma jurídica sería
cuando, por la representación de la sanción por cumplirse en el caso de un delito, esta se ha
convertido en motivación, en los destinatarios de la norma, para abstenerse del delito. Tal y
como persiste entre nosotros el pensar que el hombre no es el médium pasivo de sus apetitos,
entre los griegos siempre hubo un optimismo frente a lo que los hombres pueden llegar a hacer
bajo influjo de la razón, aunque luego Platón no está de acuerdo con ello tras el juicio de
Sócrates, sobre todo en cuanto a la democracia.
Pasando a otra importante escuela del derecho natural, el derecho natural estoico. El estoicismo,
una escuela de filosofía que se originó en la Antigua Grecia en el siglo III a.C., bajo la dirección
de Zenón de Citio, concibe que la naturaleza es el principio rector del cosmos, un principio
racional que funge como sustancia para el orden de todas las cosas, el logos. La estructura lógica
y racional del universo es cognoscible, por lo que el derecho natural es idéntico a la ley de la
razón, participa esencialmente de la armonía del todo, de la cual el hombre debe participar a
través de su vida, que será guiada por la razón para la constitución de un ethos cuyos principales
valores son la tolerancia, el autocontrol, la eudaimonia (felicidad como una florescencia del
espíritu) y la sabiduría. Siendo consecuentes con la belleza de su principio, los estoicos
concibieron la igualdad entre los hombres con independencia de su nacionalidad; bajo tal
consigna estuvieron también acogidas, no sin ciertas salvedades, las mujeres. A su teoría de la
autorrealización del hombre el Estado se presenta como una institución que, comprendiendo el
estado moral de los hombres, debe guiar a la humanidad hacia una mejor condición, ello a través
del derecho positivo.
Tras el derecho natural estoico pasamos a dilucidar en torno al derecho natural romano, cuyos
efectos a largo plazo yacen contemplados en nuestro orden jurídico, haciendo gala de las
invenciones importantísimas a que dieron lugar los romanos y su mentalidad más práctica. Pues
bien, debe decirse, inicialmente, que los jurisconsultos romanos fueron influenciados por los
griegos y los estoicos. Cicerón, embebido por las ideas de aquellos que reflexionaban bajo la
Stoa del Ágora de Atenas, concibe que la razón en el poder dominante del universo, y que el
derecho, por deducción, es la recta razón conforme a la naturaleza, esto quiere decir que el
derecho tiene una aplicación universal, que vale para todo tiempo y espacio. El derecho insta al
hombre a obrar según el principio del universo e intenta alejarlo del mal mediante prohibiciones.
Algo en lo cual debe prestarse atención, es que para Cicerón la justicia del derecho civil no tiene
como fuente el hecho de que sea promulgado por un soberano, por el Estado, sino porque se
halla fundamentado en el derecho natural, y en ello reside su fuerza vinculante. Este derecho
civil, en términos simples, estaba destinado a aplicarse a los ciudadanos de Roma, y como el
genio romano era inagotable y su mano bélica alcanzó innúmeros territorios, para aquellos
pueblos en que el poder del Imperio no surtía plena efectividad, se creó el derecho de gentes, que
era un cuerpo de normas, principios y costumbres aplicables a controversias entre súbditos y
extranjeros. La equidad y el buen sentido son los pilares de este derecho de carácter natural, que
no negó las costumbres de los territorios conquistados. Y siendo la piedra de toque para la
comprensión de los anteriores tipos de derecho, el derecho natural comprende, según Lord
Bryee, un contenido simple y racional, que persiste en su lógica frente a lo arbitrario. El derecho
natural pretende que lo que es conforme a la razón tiene, en ese mismo sentido, una elevada
moralidad, pues es fuente del sentido común práctico, que sigue la vía de la conveniencia
general. Son preceptos simples que valen para todos los pueblos, ello con arreglo a sus
costumbres particulares, pues la ética y la jurisprudencia comparten una base común.
Siendo consecuentes con sus principios, y con arreglo a las salvedades que puedan hacerse, los
romanos elevaron principios como la igualdad hacia instituciones antiquísimas como la
esclavitud. El jurisconsulto Florentino expresa que la esclavitud es propia del jus gentium, no es
una institución natural y va, de hecho, contra la naturaleza, pues es inconcebible que un hombre
pueda ser sometido al dominio de otro. Con miras a ello, el emperador Claudio decretó que un
esclavo que haya sido abandonado por su amo, o por vejez o enfermedad, era libre. De este
modo, el status de los esclavos mejoró en un cierto sentido, y entonces podría decirse que se
desarrollaron ideas humanistas durante el Imperio romano. Estas ideas permearían a las mujeres
en condición de esposas, que fueron emancipándose gradualmente de sus esposos. Así mismo, se
determinó un tipo de unión social bajo el cual la mujer conservaba sus lazos con su familia, este
fue el matrimonio libre o sine manu. Debe decirse, sin embargo, que la mujer no adquirió
derechos políticos, por ejemplo, para optar a cargos públicos. Respecto a los infantes, se
determinó que el pater familias no podía vender a sus hijos, o asesinarlos, y se estableció la
obligación de su alimentación. Lo que podemos entender hoy por derecho romano y la riqueza
de su sistema jurídico, tiene posibilidad por el hecho de que el emperador bizantino Justiniano
ordenó la recopilación de textos legales y de jurisprudencia romana desde el año 117 al 565 en
un código bajo el nombre de corpus iuris civilis.
Con la expansión del cristianismo en el siglo I d.C., el concepto de derecho natural se
reinterpretó bajo una nueva luz teológica. Mientras que el estoicismo promovía una ley natural
impersonal y racional, el cristianismo propuso un enfoque personalista en el cual el derecho
natural emana de un Dios personal y trascendente. Este cambio reflejó una visión de la
moralidad que no solo se basaba en la razón, sino también en la revelación y en la relación entre
Dios y la humanidad.
San Agustín fue uno de los primeros pensadores en fusionar las ideas estoicas de un orden moral
universal con la doctrina cristiana de la creación y la redención. Según Agustín, el derecho
natural no es solo una expresión del orden racional del cosmos, sino que también es una
manifestación de la ley eterna de Dios. Al considerar que los seres humanos están hechos a
imagen y semejanza de Dios, Agustín argumentaba que el derecho natural era una guía para
alcanzar el bien supremo, que es la unión con Dios.
El cristianismo, por lo tanto, añadió una dimensión espiritual al derecho natural que no estaba
presente en el estoicismo. La ley natural, en la visión cristiana, no solo apunta hacia la justicia y
la virtud en esta vida, sino también hacia la salvación eterna y la conformidad con la voluntad
divina. Esta transformación del concepto de derecho natural resultó en un marco teórico que
buscaba no solo el orden social, sino también la salvación personal.
Tomás de Aquino fue uno de los principales arquitectos del derecho natural cristiano, y su
influencia en la ética y el derecho sigue siendo notable. Inspirado por Aristóteles, Aquino
desarrolló una teoría de la ley natural que integraba la razón y la fe, proponiendo que la ley
natural es una parte de la ley eterna de Dios. Según Aquino, los seres humanos tienen la
capacidad de conocer el derecho natural a través de la razón, pero este conocimiento se completa
y se perfecciona con la revelación divina.
Aquino sostenía que la ley natural es universal e inmutable, y que proporciona un marco objetivo
para la moralidad. La ley natural, según Aquino, tiene como fin el bien común, y la justicia
consiste en darle a cada persona lo que le corresponde. Este enfoque, que combina la razón con
la moral cristiana, establece que el derecho natural sirve para guiar a los seres humanos hacia
una vida virtuosa en armonía con la ley divina y el orden social.
Una de las contribuciones clave de Aquino fue su distinción entre la ley natural y la ley humana.
Según él, mientras que la ley natural es universal y moralmente vinculante, la ley humana es
contingente y puede variar según las circunstancias sociales. Sin embargo, cualquier ley humana
que contradiga la ley natural es, en última instancia, injusta y carece de legitimidad. Este
principio se convirtió en un fundamento para el desarrollo del derecho en el mundo occidental,
proporcionando un criterio para evaluar la justicia de las leyes humanas.
Comparación entre el Derecho Natural Estoico y el Derecho Natural Cristiano
Similitudes
Ambas versiones del derecho natural comparten la convicción de que existe un orden moral
objetivo que es accesible a todos los seres humanos. Tanto el estoicismo como el cristianismo
reconocen que este orden es superior a cualquier norma creada por los hombres y debe guiar
tanto el comportamiento individual como el colectivo. La virtud y la justicia son principios
fundamentales en ambas perspectivas, y se consideran esenciales para vivir en armonía con el
orden natural o divino.
Otra similitud importante es el énfasis en la razón como medio para conocer el derecho natural.
Aunque el cristianismo añade la revelación divina, ambos sistemas consideran que los seres
humanos poseen la capacidad racional para discernir las leyes que rigen el universo. La idea de
que hay principios morales universales y eternos que deben ser respetados por encima de las
leyes humanas temporales ha sido una contribución duradera de ambas filosofías al desarrollo
del derecho y la ética.
Diferencias
A pesar de estas similitudes, existen diferencias fundamentales entre las concepciones estoica y
cristiana del derecho natural. Una de las principales distinciones es la concepción de la
divinidad. Para los estoicos, el universo es gobernado por una fuerza racional impersonal,
mientras que, para los cristianos, Dios es un ser personal y trascendente que interactúa con el
mundo y se comunica con los seres humanos. Esta diferencia teológica tiene implicaciones
significativas para el derecho natural, ya que, en el cristianismo, la moralidad está ligada a la
voluntad de un Dios que tiene un propósito específico para la humanidad.
Otra diferencia importante radica en el objetivo último del derecho natural. En el estoicismo, el
objetivo es alcanzar la virtud y vivir de acuerdo con el orden racional del cosmos. En el
cristianismo, el derecho natural está orientado hacia la salvación eterna y la unión con Dios, que
son los fines últimos de la vida humana. Esta dimensión trascendental distingue el derecho
natural cristiano de su predecesor estoico, ya que introduce un elemento de esperanza en la
redención que va más allá del bienestar moral y social.
Influencia del Derecho Natural en la Ética y el Derecho Occidental
Contribuciones a la Filosofía Ética
El derecho natural ha sido una influencia fundamental en la ética occidental. La idea de que
existen normas morales objetivas y universales ha proporcionado un marco para el desarrollo de
teorías éticas que trascienden las preferencias individuales y culturales. La ética kantiana, por
ejemplo, comparte con el derecho natural la noción de que hay principios morales universales
que deben ser respetados por todos los seres racionales. La noción estoica de vivir de acuerdo
con la razón también ha influido en el concepto de imperativo categórico de Kant: “vive de tal
suerte que tu accionar pueda valer como ley universal”.