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Uniones Convivenciales vs Matrimonio

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RESUMEN

Los cambios sociales modificaron las estructuras familiares a través del tiempo. Se dejaron de
lado las formas tradicionales de familia. Las uniones convivenciales son una realidad que el
legislador no protegió hasta la sanción del Código Civil y Comercial. En la actualidad, hay un
reconocimiento más amplio de derechos para el conviviente. La atribución de la vivienda
familiar, los deberes de asistencia, son algunos aspectos reglamentados. Sin embargo, hay una
diferencia entre las uniones registradas y no registradas. A estas últimas, el legislador les
reconoce muy pocos derechos. No puede igualarse una unión convivencial al matrimonio, hay
un núcleo mínimo de protección pero con diferentes ventajas y desventajas para quienes deciden
vivir en la informalidad.

ABSTRACT

Social changes in family structures changed over time. They were put aside traditional forms of
family. The convivial unions are a reality that the legislature did not protect until the enactment
of the Civil and Commercial Code. Currently, there is a broader rights for cohabiting recognition.
The attribution of the family home, homework assistance, are some aspects regulated. However,
there is a difference between registered and unregistered unions. In the latter, the legislator
recognizes them few rights. You can not match one convivencial marriage union, a minimum
core of protection but with different advantages and disadvantages for those who choose to live
in informality.

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INDICE
INTRODUCCION__________________________________________________________ 4 - 6
Capitulo I __________________________________________________________________ 7
1.1. Introducción_____________________________________________________________ ____8
1.2. Concepto y caracteres de las uniones convivenciales._____________________________9-10
1.3. Principios fundamentales sobre los cuales se asienta.______________________________ 11
1.4. Reseña histórica de la figura.________________________________________________12-13
1.5. Requisitos fundamentales para que se le reconozcan efectos jurídicos.________________14
1.6. Registración de la Unión.___________________________________________________15-17
Conclusiones Parciales___________________________________________________________18
Capítulo II: ________________________________________________________________ 19
2.1. Introducción________________________________________________________________20
2.2. Los pactos de convivencia y sus características____________________________________21
2.2.1. Forma y contenido______________________________________________________ 22-24
2.2.2. Límites, modificación y extinción______________________________________________25
2.3. Efectos durante la convivencia_________________________________________________26
2.3.1. Relaciones patrimoniales entre los convivientes.______________________________26-29
Conclusiones Parciales:___________________________________________________________30
Capítulo III: _______________________________________________________________ 31
3.1. Introducción________________________________________________________________32
3.2. Efectos del Cese. La compensacion Economica_________________________________ 32-34
3.3. Fijación Judicial de la compensación económica___________________________________35
3.4. Atribución de la vivienda familiar____________________________________________36-38
3.5. Distribución de Bienes_____________________________________________________39-40
Conclusiones Parciales___________________________________________________________41
Capítulo IV __________________________________________________________ 42-43
4.2. La unión no registrada y los problemas probatorios_____________________________ 44-46
4.3. Las uniones y sus diferencias con el matrimonio__________________________________ 47
4.3.1. Aspectos esenciales_______________________________________________________ 47
[Link]. El acto constitutivo_______________________________________________________ 47
[Link]. Acuerdos Prenupciales y Pactos de convivencia._______________________________ 48
[Link]. La vocación hereditaria___________________________________________________ 49
[Link]. La cohabitación_________________________________________________________ 50

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4.3.2. Aspectos no esenciales______________________________________________________50
Conclusiones Parciales___________________________________________________________ 51
Conclusiones Finales _____________________________________________________ 52-54
Bibliografía: ______________________________________________________________ 55
Doctrina:____________________________________________________________________55-56
Legislación_____________________________________________________________________56
Jurisprudencia__________________________________________________________________57

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INTRODUCCION

En los últimos años, en la sociedad argentina hubo un cambio de pensamiento ante la


institución matrimonial. Las estadísticas demuestran que cada vez existen más parejas de igual o
diferente sexo que deciden vivir informalmente sin casarse. El incremento de diferentes formas
familiares, monoparentales, ensambladas, entre otras no son solo una estadística.

Tal figura denominada desde antaño como concubinato, unión de hecho o matrimonio
aparente son términos que fueron usados indistintamente y con idéntica significación. El Código
de Vélez, las ignoró en un principio, por considerarlas inmorales de acuerdo a los estándares
éticos de la época. No se hallaban reguladas de forma íntegra, sino bajo un sistema abstencionista
que tenía como antecedente a destacar el Código Civil Francés o Código de Napoleón.

Este instituto tan poco reglado y tan importante para la época en la cual vivimos donde
convivir sin casarse formando un tipo de familia diferente a la tradicional, es una decisión
adoptada por diversas clases sociales en todo el ámbito geográfico, donde las personas conviven
pero sin haber celebrado nupcias. Esto nos demuestra la gran cantidad de argentinos que optaron
por ejercer su derecho a no casarse. Elijen la forma no matrimonial en base a su autonomía de la
voluntad, pero en ocasiones deduciendo, en base a mitos sociales, que la unión de hecho luego
de un transcurso de tiempo generaba las mismas implicancias legales que el matrimonio.

Sin embargo con el fenómeno denominado constitucionalización del derecho de familia,


que significa la materialización en el derecho interno de garantías constitucionales, y basados en
el principio de igualdad familiar, es que el Código Civil y Comercial recepta estos principios y
le otorga un mínimo de protección a las uniones convivenciales.

En los fundamentos del Anteproyecto del Código Civil y Comercial (2012), los redactores
sostienen que la llamada constitucionalización del derecho civil y la incorporación de los tratados
de Derechos Humanos en el bloque constitucional han tenido fuerte impacto en el derecho de
familia.

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En este marco, la reforma y unificación del Código Civil y Comercial de la Nación
ocurrida en el año 2014, no pudo estar ajena a la regulación integral de la figura de la Unión
Convivencial. Es así que la incorpora y la define como “la unión basada en relaciones afectivas,
de carácter singular, pública, notoria, estable y permanente de dos personas que conviven y
comparten un proyecto de vida común, sean del mismo o de diferente sexo”.

La nueva normativa recepta las mutaciones sociales imperantes en el derecho comercial,


societario, contractual, entre otros. Sin embargo, es en el derecho de familia, donde hay un
cambio más profundo. Los vínculos generadores de tutela jurídica ya no se basan solamente en
la naturaleza biológica o genética.

El afecto, en todas sus manifestaciones, desde el existente en una pareja o una paternidad,
constituye un punto determinante para originar relaciones jurídicas, y que no fue considerado
por Vélez. Durante el Siglo XIX, la familia tradicional fue el modelo en que se inspiró el
codificador. Cualquier otra manifestación quedaba fuera de los marcos legales.

Se introducen diferencias entre aquellas uniones que son registradas y las que no lo son.
Hay un amplio margen de acuerdo entre los convivientes, que pueden plasmarse mediante pactos
de convivencia. Pero tales aspectos no pueden ser contemplados en uniones no registradas, en
las que la voluntad del legislador no ha sido tutelarlas.

A pesar de todas las modificaciones introducidas, no puede adquirir la unión convivencial


el mismo estatus jurídico que la matrimonial.

Por tal motivo, este trabajo tiene como objetivo principal determinar cuáles son las
ventajas y desventajas de la unión convivencial en relación al matrimonio, y dentro de ellas, las
diferencias en materia de derechos tutelados entre las registradas y las no registradas.

Como también determinar los requisitos y caracteres de estas uniones, describir los
principios constitucionales que las protegen y analizar los puntos comunes entre las uniones
registradas y el matrimonio.

Otros objetivos son: analizar las características de los pactos de convivencia, indagar
acerca de los efectos jurídicos durante la unión y cesada ella, y analizar la situación de las uniones
no registradas.

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El presente trabajo se divide en cuatro capítulos: el primero aborda cuestiones generales
sobre las características de este instituto, el reconocimiento de derechos en diferentes leyes y los
principios fundamentales en los que se asienta dicho vínculo.

El segundo capítulo trata los aspectos más relevantes que incluye el Código sobre dicha
institución. Las características de las uniones registradas y las no registradas y los derechos que
tienen los convivientes.

En la tercera parte se indaga sobre los efectos jurídicos al momento de cese del vínculo.
Las causales previstas, así como las consecuencias personales y patrimoniales.

Por último, en el cuarto se visualizan las diferencias esenciales y no esenciales con el


matrimonio, pudiendo evaluarse si se consideran ventajas o desventajas.

Finalmente, las conclusiones que constituyen un resumen de lo investigado, con una


opinión fundada sobre las bondades y limitaciones de esta institución jurídica.

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CAPITULO I

“Aspectos Generales”

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1.1. Introducción

Desde la vigencia del Código Civil de Vélez Sarsfield, la sociedad argentina sufrió
numerosos cambios políticos, sociales y culturales, a los que nuestras leyes tuvieron que
adecuarse, para dar respuestas a nuevas formas de relaciones familiares, no contempladas por el
codificador.

En los últimos tiempos se ha observado el debilitamiento del matrimonio tradicional,


basado en relaciones determinadas por la unión intersexual, dando lugar, paulatinamente, a un
sistema familiar, fundado sobre todo en el afecto, sin importar la orientación sexual de sus
miembros.

En sus orígenes, el derecho asumió una postura abstencionista en cuanto a otorgar efectos
jurídicos a las uniones de hecho. Sin embargo, ante el aumento de tales uniones, mediante
sucesivas reformas parciales al código y la sanción de diversas leyes especiales, han ido
incorporando ciertos efectos precisos a los que elijan emplazarse en esta forma de organización
familiar. A pesar de ello, no se logró dar cobertura a la amplia gama de situaciones que generaban
este tipo de uniones.

La mutación de las relaciones familiares genera nuevos vínculos que deben ser
considerados por el derecho. Los lazos jurídicos dados por un matrimonio, ceden ante la
existencia de familias cuyo vínculo que los une es el afecto y no la ley. Es así donde la regulación
de estas uniones resulta fundamental para el legislador en el nuevo código ya que, si bien no se
le otorgan los mismos efectos que el matrimonio, al menos se regulan ciertos aspectos
patrimoniales, en cuestión de vivienda familiar, entre otros.

Los lazos afectivos en este tipo de relaciones, son los generadores de derechos y
obligaciones. Esta es la gran diferencia con el matrimonio.

El presente capítulo está destinado a establecer el concepto de la unión convivencial, su


regulación y sus características tipificantes. Luego veremos los principios fundamentales sobre
los cuales se asienta, para conocer su naturaleza jurídica, la reseña histórica de la figura. En este
marco estableceremos los requisitos fundamentales para que se le reconozcan efectos jurídicos y
la forma de registración, y prueba de esta figura.

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1.2. Concepto y caracteres de las uniones convivenciales.

Al hablar de uniones convivenciales muchos pensamos directamente en la unión de dos


personas que habitan bajo el mismo techo. La incorporación de dicha institución al derecho
común, sólo implica darle efecto jurídico a situaciones fácticas que son parte de la vida cotidiana.

La nueva normativa reconoce formalmente a las parejas de hecho, como parejas


constituidas que merecen la tutela legal.

Ansuátegui (2005), sostiene que la familia y el matrimonio, son respuestas a las


necesidades culturales, sociales, religiosas y políticas de una sociedad. Si bien la relación padre
e hijo, nace en algunos casos de un vínculo biológico, esta es solamente una de las formas de
manifestación de la filiación. La adopción y las técnicas de fertilización asistida, o las uniones
convivenciales, generan vínculos jurídicos en donde el pilar es el afecto.

Los motivos de su reglamentación están dados en los Fundamentos del Anteproyecto de


Código Civil y Comercial (2012) que explica que el progresivo incremento del número de
personas que optan por organizar su vida familiar partir de una unión convivencial, constituye
una constante en todos los sectores sociales y ámbitos geográficos. Desde la obligada perspectiva
de Derechos Humanos, encontrándose involucrados el derecho a la vida familiar, la dignidad de
la persona, la igualdad, la libertad, la intimidad y la solidaridad familiar, la regulación, aunque
sea mínima, de las convivencias de pareja, constituye una manda que el anteproyecto debe
cumplir.

El nuevo Código tipifica este instituto en el artículo 509, diciendo que es una unión basada
en relación afectiva, de carácter: singular, pública, notoria, estable y permanente de dos personas
que conviven y comparten un proyecto de vida común, ya sean de igual o diferente sexo.

Las relaciones afectivas, implican una forma familiar de dos personas que comparten un
proyecto de vida en común, según expresan Lloveras, Orlandi y Faraoni (2014).

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Esta norma nos expone que, para que exista una unión convivencial, se deben cumplir
con requisitos, tanto en una pareja de igual o diferente sexo. Están unidos por una relación
afectiva de carácter singular (se refiere a la existencia de una única relación, por ende no se puede
constituir más de una unión convivencial simultánea). Debe ser pública, es decir, se tiene que
poder conocer la situación fáctica de los convivientes de forma notoria y al alcance de todos
(Itzik,Tombesi y Valle, 2004).

¿Puede haber una unión convivencial entre novios que viven en casas diferentes?, la
respuesta a este interrogante es no, ya que la norma reza como elemento esencial que las mismas
deben convivir, es decir cohabitaren una misma residencia, quedando excluidas por lo tanto la
unión transitoria de corta duración como las relaciones sexuales estables pero no acompañadas
de cohabitación y las convivencias asistenciales. Deben compartir un proyecto de vida en común
esto nos está excluyendo a la pareja de hermanos, amigos y afines que conviven por
circunstancias económicas, sociales, etc. porque para que se configure la unión convivencial
típica debe haber una proyección de vida en común.

El fundamento de su protección está dado por el principio de igualdad. Estas nuevas


formas de familias merecen idéntico amparo que el otorgado a la que surge de un matrimonio
civil.

Además es estable y permanente. Para que dicha unión tenga efectos legales, deberá
prolongarse en el tiempo. Se establece un plazo mínimo de dos años de convivencia. Tal como
se la ha regulado entendemos que la unión genera entre los convivientes un “estado de familia”.

Por su parte, la Constitución Nacional brinda una protección integral a la familia,


promueve la defensa del bien de familia y la compensación económica familiar y el acceso a una
vivienda digna.

El rango constitucional de diferentes pactos de derechos humanos, incorporados en el art.


75 inc. 22, en los cuales se tutela la igualdad ante la ley, fue uno de los motivos por los cuales se
requería darle un tratamiento jurídico a estas nuevas formas familiares. El derecho interno debía
estar en consonancia con los preceptos constitucionales e instrumentar los mecanismos
necesarios para efectivizar el efectivo goce de estos derechos.

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Desde ese punto de vista, la unión convivencial es una alternativa y un derecho personal
a la hora de elegir si formar una familia bajo el tipo matrimonial o no matrimonial. A pesar de
que ambas instituciones no pueden tener idénticos efectos, porque sería vaciar al matrimonio de
sus efectos personales y patrimoniales. Valores que han sido arduamente defendidos por los
sectores doctrinarios más conservadores.

1.3. Principios fundamentales sobre los cuales se asienta.

Al momento de definir los principios en los que se basan las relaciones familiares,
podemos basarnos en:

 La autonomía de la voluntad. Ello significa, la libertad para elegir entre formar una
familia del tipo matrimonial o bajo una unión convivencial, cualquiera sea la orientación
sexual de la pareja. Tal principio de autodeterminación se ve expresado en la posibilidad
de realizar pactos entre convivientes que regirán la unión. (Art. 515)

La autonomía de la voluntad en estas formas familiares está íntimamente ligada al


principio de reserva consagrado en el art. 19 de la Constitución. Sin embargo, el Código Civil y
Comercial también establece límites a esta libertad, cuando establece que los pactos de
convivencia que la pareja puede celebrar, y en los cuales la misma podrá regular los efectos
jurídicos derivados de la unión, no podrán ser contrarios al orden público. Además se deben
respetar el principio de igualdad entre los convivientes, no podrán afectar los derechos
fundamentales de los integrantes de la unión (Kemelmajer de Carlucci, Herrera y Lloveras,
2014).

 El principio de solidaridad. El orden público que regía en todos los temas inherentes al
matrimonio en el Código derogado, es el fundamento del principio de solidaridad familiar. Sin
embargo, la norma basa sus argumentos en el principio de igualdad, reconociendo los diferentes
modelos de familias, ya sean matrimoniales, uniones convivenciales o familias ensambladas. Con
base en este principio constitucional de igualdad y no discriminación, se protege los diferentes
tipos de familia existentes en la Argentina. La nueva norma, dicen las autoras antes citadas, logra
un equilibrio entre el orden público vigente hasta la reforma y la autonomía de la voluntad.
Adopta una posición intermedia, reconociendo efectos jurídicos al denominado concubinato,
pero de manera limitada.

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Afirma Grosman (2014) que la respuesta a la regulación de este instituto, es cómo resolver
la tensión entre la autonomía de la voluntad, mi derecho a no casarme; y el orden público o
solidaridad familiar, exige un juicio de ponderación, en donde la manda de la protección integral
de la familia y el principio de igualdad y no discriminación son llamados a intervenir.

En consecuencia, esta ponderación comienza al aceptar que no existen jerarquías internas


en la Constitución y que los distintos principios en ella contenida, carecen de un peso autónomo,
de ahí la necesidad de equilibrar el orden público y la solidaridad familiar, con la autonomía de
la voluntad.

Los principios fundamentales que sostienen la regulación de estas uniones, según Lloveras
(2015), son:

 La autonomía personal y el derecho a no casarse


 El principio de no discriminación por el estado de familia
 La solidaridad familiar
 La protección de un núcleo mínimo de garantías.

1.4. Reseña histórica de la figura.

La legislación Argentina, ante las situaciones conflictivas que se fueron dando como
resultado de la abstención normativa del Código de Vélez Sarsfield, con respecto al concubinato
o uniones de hecho, fue brindando respuestas puntuales para resolver cuestiones que eran
insoslayables, así encontramos las siguientes disposiciones:

 La Ley de Locaciones Urbanas Nº 23.091 en el art. 9 protege al concubino locatario, ya


que expresamente reza que “en caso de abandono de la locación o fallecimiento del
locatario, el arrendamiento podrá ser continuado en las condiciones pactadas, y hasta el
vencimiento del plazo contractual, por quienes acrediten haber convivido y recibido del
mismo ostensible trato familiar”.
 La Ley de Violencia Familiar Nro. 24.417, equipara a la pareja unida por una unión de
hecho, con la de esposos, a efectos de protegerlo de las situaciones de violencia. Sostiene
que toda persona que sufra maltrato físico o psíquico por algunos de los integrantes del
grupo familiar puede denunciar dichos hechos.
 Ley provincial N° 9283, en su art. 4, realiza la misma equiparación de reconocimiento
del término de familia a parejas unidas por el matrimonio o la simple unión de hecho.
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 Ley 24.441 de Jubilaciones y pensiones, reconoce el derecho a pensión del concubino o
unido de hecho si demostrara una cohabitación anterior a cinco años, periodo que se
reduce a dos años, en caso de la existencia de hijos en común.
 XIX Jornadas Nacionales de Derecho Civil celebradas en la ciudad de Rosario del 25 al
27de septiembre de 2003, dónde la comisión Nro. 10 trató la temática de las uniones de
hecho en el MERCOSUR, subrayando que resultaba imprescindible la armonización
normativa de las uniones de hecho en los países integrantes del MERCOSUR a efectos de a)
optimizar el sistema de seguridad social para la familia constituida a partir de una unión de
hecho; b) reglamentar una adecuada protección a la vivienda familiar de los miembros de la
unión de hecho.
 El art. 210 del derogado Código Civil que hace cesar el derecho alimentario si el que
lo percibe vive en concubinato. Igual sanción cabía en el caso de divorcio vincular, de
conformidad a lo establecido en el art. 218 del mismo cuerpo la prestación alimentaria
y el derecho de asistencia previsto en los artículos 207, 208 y 209 cesarán en los
supuestos en que el beneficiario contrajere nuevas nupcias, viviere en concubinato o
incurriese en injurias graves contra el otro cónyuge.
 El art. 3574 del C.C. establecía la pérdida de la vocación hereditaria del cónyuge
separado personalmente si inicia una relación de hecho. El artículo 3573 preveía la figura
a los fines sucesorios, esto significa que cuando se ha celebrado un matrimonio y uno de los
cónyuges, estando afectado en ese momento por una enfermedad, muere de la misma
dolencia dentro de los 30 días subsiguientes, hereda únicamente el sobreviviente si el
matrimonio se celebró para regularizar una situación de hecho de forma vitalicia y gratuita.
 El art. 257 del Código Civil se expedía sobre la presunción de paternidad iuris tantum en
caso de concubinato: “El concubinato de la madre con el presunto padre durante la época
de la concepción hará presumir su paternidad, salvo prueba en contrario” a favor del
concubino de la madre.

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 El derecho a percibir la remuneración del concubino previsto en el art. 248 de la Ley de
Contrato de Trabajo. La extinción del contrato de trabajo por muerte del trabajador.
Indemnización por antigüedad, monto y beneficiaria Art. 248. En caso de muerte del
trabajador, las personas enumerada en el artículo 38 del decreto, Ley N° 18.037 tendrán
derecho, mediante la sola acreditación del vínculo, en el orden y prelación allí establecida, a
percibir una indemnización igual a la prevista en el artículo 247 de esta ley.
 Ley 24.193 de trasplantes de órganos y materiales anatómicos que establece la posibilidad
de ser donantes a los concubinos.

Todos estos son ejemplos que demuestran que existían algunos derechos reconocidos,
diseminados en diferentes cuerpos normativos. Pero también es algo real las diferencias entre
parejas casadas y parejas convivientes sin pasar por el instituto del matrimonio, cuyas diferencias
eran enormes porque el que no optaba por la forma matrimonial para formar su familia no
heredaba, no tenía derecho alimentarios entre otras cuestiones que hacen a la innegable
discriminación y desprotección normativa hasta esta nueva figura recientemente reglada
tipificada como uniones convivenciales, tal como lo reconoce Diez Picazo (2001).

1.5. Requisitos fundamentales para que se le reconozcan efectos jurídicos.

La estructura normativa define en primer lugar los caracteres para la existencia, como se
analizara oportunamente, ya que no cualquier unión tiene la identidad de convivencial.

El segundo punto es la exigencia de ciertos requisitos constitutivos para darles ciertos


efectos a esta unión no matrimonial.

El Código Civil y Comercial en su art. 510 dispone que para que se les reconozca efectos
jurídicos a las uniones convivenciales se requiere que:

1. Los dos integrantes sean mayores de edad.


2. No estén unidos por vínculos de parentesco en línea recta en todos los grados, ni colateral
hasta el segundo grado. Con base en que nuestra legislación Argentina, (Código Penal,
art. 119 inc. b)
3. No estén unidos por vínculos de parentesco por afinidad en línea recta
4. No tengan impedimento de ligamen ni esté registrada otra convivencia de manera
simultánea.

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5. Mantengan la convivencia durante un período no inferior a dos años, con ello lo que se
busca es resguardar la seguridad jurídica y evitar la arbitrariedad. Afirma De la Torre
(2014) que ese plazo varía dependiendo del país, en Uruguay se considera cinco años y
en Paraguay cuatro años. Explica la autora, que la pretensión del legislador, al fijar un
plazo es el resguardo de la seguridad jurídica y así evitar arbitrariedades que pueden surgir
de la indeterminación.

Una consideración general de suma relevancia, afirma Lloveras (2015), que el


cumplimiento de los rasgos estructurales definidos en el art. 509, más los requisitos constitutivos,
son exigidos a los fines de reconocer los efectos jurídicos; por tanto, no puede inferirse de este
razonamiento que las Convivencias de pareja que no cumplan con alguno o varios de estos
requisitos no tengan efecto jurídico alguno dentro de la nueva legislación civil y comercial. Por
el contario, y solo a título ilustrativo, podemos mencionar el reconocimiento de legitimación
activa para reclamar daño extra patrimonial al conviviente en tanto demuestre “trato familiar
ostensible” la posibilidad de constituir en beneficiario de la afectación de la protección a la
vivienda única al conviviente, la adopción de integración del hijo del conviviente que, a
diferencia de la adopción conjunta, no requiere la configuración de una unión convivencial entre
el progenitor y su pareja, etc.

1.6. Registración de la Unión.

La norma estipula que la unión puede registrarse. Los efectos de la registración, a


diferencia del matrimonio, no son constitutivos. La registración es válida únicamente a los
efectos probatorios.

Esto nos señala que existen dos tipos de uniones, las registradas y las no registradas. En
las primeras, la registración sólo sirve a los fines probatorios y de publicidad de la existencia de
la relación la cual se efectúa en el registro civil a través de un acta de constatación de la unión.
No cambia el estado civil de la persona. No procede una nueva inscripción de una unión sin la
previa cancelación de la preexistente. La registración de una unión convivencial debe ser
solicitada por ambos integrantes de la unión. (Molina de Juan, 2015).

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Esto se establece para que los pactos de convivencia tengan efectos con relación a
terceros, deben ser inscriptos en el registro local que correspondan a los bienes (art. 517). Esta
previsión sólo encuentra explicación para el caso en el cual los convivientes hayan pactado
gestión conjunta. Con relación a los convivientes los pactos tiene efectos desde su celebración
sin necesidad de inscripción alguna. Hay un solo efecto que producen las uniones convivenciales
registradas y es la protección de la vivienda familiar y los muebles, para ello es necesario que la
unión esté inscripta. (Pellegrini, 2012).

Ello no implica que una unión no registrada no genere efectos jurídicos. En la medida que
tal vínculo sea probado y acreditada la antigüedad de dos años, surtirá los efectos previstos en
la ley.

Los requisitos para registrar esta unión son:

1. Ambos integrantes de igual o distinto sexo tienen que ser mayor de edad.
2. No deben estar unidos por vínculo de parentesco en línea recta en todos los grados, ni
colaterales hasta el segundo grado.
3. Dos años de convivencia pública y permanente.
4. Partida de nacimiento de hijos comunes si hubiere.
5. Dos testigos que prueban los dos años de convivencia mínima, con sus respectivos D.N.I.
atreves de una declaración jurada.
6. No deben estar casados, ni tener registrada otra convivencia de manera simultánea.
7. Ambos contrayentes deben tener domicilio común, cohabitar, el mismo debe constar en el
D.N.I de cada uno de ellos.
8. La solicitud deberá ser suscripta por ambos convivientes y por el oficial público
interviniente.
9. En el mismo Registro se registrarán los pactos que los integrantes de la pareja hayan
celebrado.

Art 512: Establece que la unión puede acreditarse por cualquier medio de prueba, y que la sola
inscripción en el registro correspondiente es prueba suficiente para su existencia, la inscripción
de la unión requiere de la solicitud y aceptación voluntaria por parte de los dos integrantes. La
cancelación de esa inscripción puede hacerse a pedido de una sola de las partes que conforman
la unión.

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La inscripción/registración y posterior certificado que da cuenta dela existencia de la
unión convivencial es la postura legislativa que va obteniendo mayor espacio a la luz del
panorama normativo comparado. Sucede que de esta manera se le permite a la pareja durante su
duración contar con un instrumento público que dé cuenta sobre su existencia, si es que así lo
requieren o, en su defecto, que pueda ser probado cuando lo precisen por cualquier medio
probatorio. De este modo, para ser considerada unión convivencial no hace falta estar inscripta
en el registro que se crea a tal fin. Pero si se pretende mostrar a terceros la existencia de la unión,
ésta puede ser inscripta y el certificado que se expida en consecuencia será el medio probatorio
por excelencia de este tipo de unión. (Lorenzetti, 2014)

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Conclusiones Parciales

El Código nuevo recepciona principios constitucionales y legisla sobre las uniones


convienciales, aceptando nuevos modelos de familia. Estas formas se basan en la autonomía de
la voluntad y la libertad de no casarse. Sin embargo es erróneo pensar que el legislador va a
otorgarle las mismas consecuencias jurídicas que al matrimonio. Para que produzca los efectos
previstos, el vínculo debe cumplir con los caracteres enunciados y los requisitos previstos.
Consideramos que es un gran avance legislar y darle cierta protección al conviviente. Esto es en
consonancia con las garantías constitucionales de protección de la familia y el principio de
solidaridad e igualdad.

La novedad que introduce la norma es la registración de la misma, solamente a los efectos


probatorios. Es viable esta solución intermedia dando un marco normativo a situaciones fácticas
y diferentes modelos familiares que estaban totalmente desamparados.

Aunque pensamos que es muy prematuro aún hacer una evaluación de tal reforma, pero
es positivo otorgarles un contenido jurídico a modelos familiares basados en el afecto y no en la
ley.

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CAPÍTULO II:
“Las relaciones Personales y Patrimoniales”

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2.1. Introducción

El cambio de las relaciones familiares incidió directamente en la nueva visión sobre la


conformación de las mismas. Las normas de orden público vigentes en el Código derogado, se
atenuaron, dando lugar a la autonomía de la voluntad. El incremento innegable de estas uniones,
motivadas por factores económicos, culturales o la simple decisión de no casarse, generó la
necesidad de regular de cierta forma las relaciones no matrimoniales.

Sin embargo, no tiene efectos plenos como el matrimonio, cuyas diferencias se verán en
los próximos capítulos. Como dice Kemelmajer de Carlucci (2016) la unión convivencial no
puede tener los mismos efectos que el matrimonio, porque resulta contradictorio, que una pareja
exija solidaridad de parte del Estado (como régimen de seguridad social, por ejemplo), y a los
demás (por ejemplo al reclamar vocación hereditaria), pero al mismo tiempo, pretende vivir sin
ningún tipo de responsabilidad interna.

Explica Lloveras (2015) que se crea y plasma en el nuevo Código un modelo de unión
convivencial, basado en la autonomía personal, que reconoce la responsabilidad y la solidaridad
como límites del propio sistema: el riesgo de un ejercicio anti funcional de los derechos por
alguno de los miembros de la pareja puede provocar un daño en el otro, particularmente en el
momento más álgido del desarrollo histórico de la unión, como en el cese o ruptura de la
convivencia.

Por tal motivo se legisla sobre la posibilidad de suscribir pactos de convivencia que
regirán mientras dure la unión, e incluso otorga la posibilidad de decidir sobre la disposición de
los bienes después de cesada la unión.

El presente capítulo comienza con una breve descripción de los pactos convivenciales,
los contenidos y límites de los mismos. Luego expondremos los requisitos para su modificación,
rescisión y extinción con la finalidad de iniciar el análisis sobre el momento a partir de los cuales
producen efectos respecto de los terceros.

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2.2. Los pactos de convivencia y sus características

La libertad de realizar acuerdos para regular las relaciones de carácter patrimonial o extra
patrimonial, se expresa a través de un pacto de convivencia. En él está presupuesta la autonomía
de la voluntad de las partes, para convenir los efectos de su unión. Los convivientes pueden pactar
una administración conjunta, indistinta o separada de sus bienes.

También tienen la opción de no celebrar pactos. En cuyo caso los convivientes ejercen de
forma libre la facultad de administración y disposición de sus bienes y se rigen por las normas
de derechos reales.

La autonomía de la voluntad es una manifestación de su derecho de libertad, es decir es


una atribución que posee cada persona individualmente para ejercitar su derecho subjetivo y
regular libremente sus intereses, no es admitida de forma absoluta sino que posee restricciones
establecidas por la ley. Se debe recordar que todo derecho tiene como fin el comienzo del derecho
propio y legítimo de mi prójimo, la autonomía de la voluntad es un principio básico que se ve
reflejado en el derecho contractual, todo acto jurídico generador de obligaciones constituye la
expresión técnica del reconocimiento de la autonomía de voluntad a través del consentimiento.
(Rivera, 2014)

En el análisis que efectúa Lorenzetti (2014) del espíritu de la redacción de estos acuerdos
es que se intenta respetar, primordialmente, la decisión autónoma de los miembros de la unión,
limitándola tan sólo en cuanto pudiese lesionarlos derechos fundamentales que titularizan u
ocasionare un perjuicio a legítimos intereses de terceros. En estas circunstancias, los
convivientes, tienen la posibilidad de establecer con la máxima libertad posible las más variadas
cláusulas que consideren mejor sirvan para regir su vida en común, y para el caso en que nada
hubieran previsto, entran a jugar las normas generales como piso mínimo de derechos y
obligaciones inderogables que tienden a asegurar una adecuada tutela a los integrantes del grupo
familiar y a terceros que se encuentran vinculados a él de una u otra manera.

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2.2.1. Forma y contenido

Los pactos de convivencia deben ser realizados por escrito. Pueden ser pactos que se
creen para establecer los efectos durante la convivencia o que se generen para establecer los
efectos entre los convivientes al cese de la convivencia, como también se pueden realizar para
regular los efectos de la unión convivencial frente a terceros.(Sojo, 2015).

Estos pactos son convenios o contratos destinados a regular las relaciones personales y
patrimoniales de los convivientes.

Rivera (2014) afirma que las características de estos pactos son las siguientes:

 Bilaterales: porque se establecen derechos y obligaciones recíprocas.


 Consensuales: se completan con el sólo acuerdo de las partes
 Formales: toda vez que su forma escrita es requerida por ley

Pueden regular cuestiones relativas a:

 Las contribuciones que realizará cada individuo que conforma la unión para solventar las
cargas del hogar durante la cohabitación.
 La atribución de la vivienda familiar, en caso de ruptura de la unión.
 La distribución de los bienes obtenidos como fruto del esfuerzo en común.
Esta enumeración es solamente enunciativa, pudiendo pactarse otras cuestiones, siempre
teniendo en cuenta las limitaciones prescriptas.

Una observación a tener en cuenta, es el planteo que hace Rivera (2014), al respecto, al
explicar que la norma sólo exige que se hagan por escrito. Al no estar prevista la escritura pública
para este tipo de acuerdo, se presenta un problema en cuanto su inscripción en los registros. Esto
sucede, por ejemplo, en los Registros de la Propiedad Inmueble, el único instrumento admitido,
es la escritura pública.

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El carácter meramente probatorio de la inscripción, como la amplitud en el modo de
verificar la unión convivencial responden a una flexibilidad en el reconocimiento jurídico de este
tipo de figuras y se fundan en las diversas razones por las cuales las personas no contraen
matrimonio, sino que consolidan su proyecto de vida en común a través del tiempo, y cumpliendo
con determinados requisitos. (Lorenzetti, 2014).

En consecuencia, no siendo la registración una obligación, sino una posibilidad, la prueba


de estas relaciones personales constituye un aspecto fundamental. Ya que no es condición sine
qua non tal inscripción, como requisito de su existencia.

Es de gran importancia aclarar, afirma Basset (2016), que para la registración de la unión
prevista en los Registros de Uniones Convivenciales, que funcionan como oficina especial dentro
del Registro Civil y de Capacidad de las Personas en cada jurisdicción, los cónyuges necesitan
tener aptitud nupcial, en otras palabras que no tengan impedimento de ligamen, como establece
la norma.

En definitiva, el régimen de la unión convivencial se regirá por los pactos suscriptos. Ante
ausencia de ellos, se regirá por lo establecido en la ley. La autonomía de la voluntad se ve limitada
cuando estas convenciones sean contrarias al orden público, en todo caso se tendrán por no
escritas.

El Código no resuelve qué pasa en caso de incumplimiento contractual. Lorenzetti (2014),


entiende que pueden darse tres situaciones.

 Requerir el cumplimiento judicial o extrajudicialmente. En el primer caso, ante el juez de


familia del domicilio donde está inscripta la convivencia
 Dejar de cumplir con los deberes que están a cargo de uno de los convivientes, con
basamento en el incumplimiento de la otra parte
 Retirarse de la convivencia, y en consecuencia, dar por finalizada la unión

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Un punto de gran relevancia a tener en cuenta, es que, ante la ausencia de acuerdo sobre
la titularidad de los bienes de la unión, el Código sigue las tendencias doctrinarias y
jurisprudenciales. No hay una comunidad de bienes gananciales. La titularidad le corresponde al
conviviente que lo adquirió. No hay sociedad de hecho y en todo caso, rige el régimen del
condominio. No hay variaciones con relación a la norma derogada.

Scolarici (2015) afirma que para que concurra una sociedad de hecho debe concurrir como
recaudo indispensable la obtención de alguna utilidad apreciable en dinero, que los socios
deberán dividir entre sí, del empleo que hicieron de lo que cada uno hubiese aportado.

El concubinato no genera por sí la existencia de una sociedad de hecho. Es necesario


distinguir la esfera de las relaciones personales entre los concubinos, de la esfera de las relaciones
patrimoniales que puedan surgir entre ellos, a través de contratos con el propósito de obtener y
soportar las pérdidas. A los efectos de alegar la existencia de una sociedad de hecho, pedir su
disolución y liquidación, es necesario probarla por medio de los efectivos aportes hechos a ese
emprendimiento económico común. ([Link]. Com. Lab. Min, Sala A, Trelew. “N.O.R. s/Inc.
Liquidación Sociedad Conyugal”)1

Los tribunales siguen manteniendo tal posición con la aplicación del nuevo Código. En
una sentencia del 03/11/2015, la CNCiv., Sala J, autos “F.M.L., c/N.R.H., s/disolución de
sociedad”2 determinó que la sentencia del tribunal a quo que admitió la existencia de una
sociedad de hecho entre concubinos, y además consideró que la totalidad de los bienes de
titularidad individual conforman un capital común; debía revocarse. Argumentó que el decisorio
asimiló erróneamente la situación a un régimen de ganancialidad propia de la institución
matrimonial. Esto carece de sustento jurídico alguno y ni siquiera el nuevo régimen legal
regulado entre el artículo 509 al 528 del nuevo Código Civil y Comercial atribuye tales efectos
a las uniones convivenciales.

1
[Link]. Com. Lab. Min, Sala A, Trelew. “N.O.R. s/Inc. Liquidación Sociedad Conyugal”.Recuperado el 17/08/16
de [Link] Sumario Q0018384 (2006)

2
CNCiv., Sala J, “F.M.L., c/N.R.H., s/disolución de sociedad”. Recuperado el 17/08/16 de
[Link] AR/JUR/6316/2015

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2.2.2. Límites, modificación y extinción

Como todo contrato, dichos pactos encuentran sus límites en los principios generales de
la buena fe, la moral, el respeto al orden público y al principio de solidaridad familiar. En base a
estos principios, los pactos no podrán establecer efectos que contraríen al orden público, ni
contrarios al principio de igualdad entre los convivientes, tampoco podrán afectar los derechos
fundamentales de los integrantes de la unión.

Tampoco se puede hacer convenciones que modifiquen el régimen legal de asistencia


recíproca, la responsabilidad por deudas contraídas por uno de los convivientes para solventar
los gastos del hogar o mantenimiento de los hijos, y la protección de la vivienda familiar. Al ser
un contrato consensual, se rescinde o modifica por acuerdo de las partes. La rescisión, al igual
que las modificaciones, tiene como requisitos que se instrumente por escrito, exige la voluntad y
consentimiento de ambas partes, no posibilita la rescisión tácita.

El cese de la convivencia extingue el pacto para el futuro de pleno derecho. El espíritu de


la norma, es que terminada la relación vinculante, inmediatamente dejan de tener efectos
jurídicos todas las estipulaciones pactadas. La extinción de los pactos por cese de la unión, al
igual que las modificaciones y rescisiones, es oponible a terceros desde su inscripción en el
registro civil con jurisdicción correspondiente.

El cese de la convivencia, se puede dar por una situación fáctica, como las que reza el art
523 donde se produce el cese de la unión por la muerte de uno de los convivientes, la sentencia
firme de ausencia con presunción de fallecimiento de uno de los convivientes, por matrimonio
o nueva unión convivencial de uno de sus miembros, por la celebración matrimonial de los
convivientes, por el mutuo acuerdo, por la voluntad unilateral de alguno de los convivientes
notificada fehacientemente al otro o por la interrupción de la cohabitación no justificada por
situación fáctica, como por ejemplo por trabajo. Estos supuestos extinguen de pleno derecho los
pactos hacia el futuro. (Lloveras, Orlandi, Faraoni, 2014).

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Todos los efectos extintivos de la convivencia son oponibles desde la inscripción del cese.

Se entiende que la fórmula de la oponibilidad a partir de su inscripción en el registro


correspondiente se presenta como una solución perfectamente atinada para resolver la
complejidad que plantea la conciliación de la voluntad privada de los convivientes y el resguardo
que igualmente debe conferirse a toda persona que contrata con aquéllos. (Luján, 2015).

Según lo descripto, puede observarse, que a distingo del matrimonio,-cuyas diferencias


se analizarán en el último capítulo- el legislador les otorga una amplia atribución a los
convivientes para que puedan pactar lo que ellos estimen conveniente, dentro de los límites
morales impuestos. Los pactos pueden modificarse o rescindirse en cualquier momento siempre
de común acuerdo.

Como sostiene Lorenzetti (2014) son los convivientes los que determinarán, por acuerdo
de voluntades exteriorizado en un pacto, cómo administrar y disponer de los bienes que uno o
ambos convivientes adquieran durante la vigencia de la unión. Como puede observarse en las
relaciones patrimoniales, no existe régimen legal en las uniones convivenciales, sino primacía
del libre juego de las autonomías de los integrantes para conformar sus relaciones patrimoniales
dentro del núcleo mínimo de tutela.

2.3. Efectos durante la convivencia


2.3.1. Relaciones patrimoniales entre los convivientes.

En estos casos hay que hacer distinciones. En las uniones registradas y ante la existencia
de pactos, el régimen acordado entre ambos es el que rige la unión. Sin embargo, puede suceder
que no se hayan pactados acuerdos escritos, o si la unión no está registrada, mal podría inscribirse
un acuerdo. En estas situaciones, cada conviviente tiene la libre administración y disposición de
sus bienes, cuya titularidad corresponde a quien lo adquirió. Como se explicó oportunamente, si
el bien es adquirido por ambos, rigen las normas del condominio.

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La relación patrimonial entre los convivientes tiene una base o piso mínimo que debe ser
respetado de forma obligatoria, y son:

1. La contribución a los gastos domésticos del hogar, la de su propio sostenimiento y el de


los hijos (hijos menores de 18años de edad, con discapacidades o capacidades diferentes
de uno de los convivientes que convivan con ellos), teniendo en cuenta los recursos de
los convivientes
2. Responsabilidad solidaria por deudas domésticas frente a terceros
3. Protección de la vivienda familiar. Sólo rige para uniones convivenciales inscriptas.

Los convivientes son responsables solidariamente por todas las deudas contraídas para
afrontar los gastos del hogar, la educación y manutención de los hijos. Pero cada uno es
responsable por las deudas contraídas por sí, cuando no fuese para afrontar los gastos antes
descriptos. No pueden embargarse los bienes del otro conviviente por las deudas propias
contraídas por uno de ellos. En casos de condominio, el embargo será procedente sobre la porción
del conviviente deudor.

En cuanto al segundo inciso, implica que ambos convivientes responderán ante los
acreedores con todos sus bienes por este tipo de deudas. Son los acreedores los que tienen la
carga probatoria de acreditar la convivencia y también la naturaleza de la deuda para extender la
responsabilidad hasta el conviviente que no contrajo la deuda. Si la unión está inscripta, basta
solo la certificación correspondiente y si no está inscripta, podrá apelar a cualquier medio
probatorio que acredite la existencia.

Un aspecto importante a considerar también, es el último punto referido a la vivienda. Si


la unión estuviese inscripta, ninguno de los convivientes puede disponer, sin el asentimiento del
otro, de los derechos sobre la vivienda familiar, ni tampoco sobre los muebles indispensables que
hay en ella, como tampoco transportarlos fuera del inmueble. Únicamente el juez puede autorizar
la disposición del bien, si el mismo es prescindible y el interés familiar no resultare
comprometido.

Afirma Lorenzetti (2014) que si esta autorización judicial es omitida y el otro no ha


prestado su asentimiento, puede exigir la nulidad del acto dentro de un plazo de caducidad de
seis meses, en caso de que continúe la convivencia. Además se prohíbe la ejecución de la vivienda
por deudas contraídas después de la inscripción de la unión.

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Resulta muy claro que el legislador sólo le otorga una tutela a las uniones registradas,
dejando a la no registrada fuera de esta protección.

Para resumir, en las uniones registradas, las relaciones patrimoniales pueden estar regidas
por pactos, o no, y también tiene derecho a la protección de la vivienda. Sin embargo, en las no
registradas, rige la plena autonomía de la voluntad, sin que el codificador les de alguna tutela
especial y en materia de bienes registrables se aplican las normas de los derechos reales.

Uno de los deberes, al igual que los cónyuges, es que los convivientes se deben asistencia
mutua mientras dure la cohabitación. Algunos autores, como Luján (2015) sostienen que esta
asistencia es de carácter moral o espiritual y no necesariamente referida a alimentos, como en el
matrimonio. Si bien esta diferenciación es clara en el matrimonio, más no lo es en la regulación
de las uniones. Rivera (2014) dice que los alimentos en estas uniones sólo son procedentes si
hubiese un acuerdo inscripto que así lo exigiera.

Azpiri (2015) se expresa en el mismo sentido, en que la obligación de alimentos dentro


de la unión es una obligación moral, más no jurídica. El deber de alimentos, en las familias
ensambladas, sostiene el autor, se debe del padre para con sus hijos pero no para el conviviente.

Los doctrinarios ratifican tal teoría argumentando que el incumplimiento no configura un


delito penal, tipificado por la ley 13.944 ya que quien puede ser sancionado en el art. 2 por
incumplimiento de los deberes familiares puede ser: el padre, adoptante, tutor y el cónyuge, pero
la ley no habla de conviviente.

En otro sentido, Lorenzetti (2014) y Herrera et al. (2014) expresan que la obligación de
asistencia, incluye los alimentos entre los convivientes, pero este tipo de asistencia, únicamente
es debida durante la vigencia de la unión. A excepción que mediante algún pacto se acordara
alimentos cesada la misma.

El contenido de la obligación alimentaria (art. 541) incluye lo necesario para la


subsistencia, habitación, vestuario y asistencia médica, en relación a quien la recibe. Esto
depende de las condiciones económicas del alimentante. Por lo cual si la unión está basada en el
principio de igualdad, en principio tal prestación no sería exigible, a excepción de que se hubiese
pactado.

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En cambio, dicha obligación es procedente para con los hijos menores o con capacidad
restringida. En este caso se declara que el que no cumpliere con esta obligación puede ser
demandado judicialmente por el otro para que cumpla con su deber.

La obligación de contribuir con los gastos del hogar es una norma de orden público. Cada
conviviente aportará de acuerdo a sus ingresos, su condición laboral, entre otras, pero no puede
dejar de hacerlo argumentando la autonomía de la voluntad.

En cuanto al deber de cohabitación es uno de los caracteres esenciales de la unión. Si no


hay cohabitación no hay vínculo, con la idea de un proyecto de vida común. En tal sentido,
algunos doctrinarios, se han planteado que si en algún pacto los convivientes podrían acordar una
compensación por adulterio o infidelidad. Acá surgen las discusiones, porque si en el matrimonio
el deber de fidelidad es moral, mal podría exigirse una compensación por infidelidad en una
convención. En cambio, para Belluscio (2015), si lo que prima es la autonomía de la voluntad,
dicha cláusula será viable ya que es un acuerdo entre las partes.

En definitiva serán los operadores judiciales los encargados de resolver dichas cuestiones
y considerar que una cláusula de este tipo podría ser considerada nula.

Rivera (2014) señala una serie de efectos personales en todo el articulado por ejemplo:

 La convivencia durante la época de la concepción, con la mujer cuya maternidad se


determina, hace presumir la paternidad del conviviente. (art. 585)
 Uno de los convivientes puede adoptar al hijo menor o mayor de edad del otro
conviviente, o ambos pueden adoptar conjuntamente a un menor de edad.
 Aparece la figura del progenitor afín que es el vínculo del mayor con el hijo menor del
cónyuge o conviviente, teniendo los mismos deberes si el menor convive con ellos.
 En caso de conflicto entre convivientes, se pueden solicitar medidas provisionales.
 Además el conviviente tiene legitimación para: solicitar la discapacidad mental de su
pareja, mientras la convivencia no haya cesado: reclamar consecuencias no patrimoniales
por la muerte del otro conviviente; reclamar daños materiales derivados de la muerte del
conviviente.

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Puede observarse que la norma les da el mismo tratamiento a hijos nacidos dentro del
matrimonio o de la unión convivencial. Sin distinción en cuanto al deber de asistencia mutua,
alimentos para los hijos menores o discapacitados, gastos de mantenimiento del hogar, y
solidaridad por deudas. De ahí que la tutela no distingue a los tipos de familia, dándoles el mismo
tratamiento-como ya lo hacía el Código derogado-, a los hijos nacidos dentro y fuera del
matrimonio. Ese núcleo mínimo basado en el principio de solidaridad y el orden público es lo
único que equipara a la unión con el matrimonio.

En este sentido, el Código logra brindar una respuesta equilibrada formada a la luz de los
criterios axiológicos que bien se enumeran en los Fundamentos que acompañan este texto: el
principio de realidad, la "constitucionalización del Derecho Privado", la igualdad y no
discriminación y el multiculturalismo. (Lorenzetti, 2014).

Conclusiones Parciales:

El legislador abre un abanico de posibilidades para las uniones convivenciales. Podemos


hablar de tres estándares jurídicos. El primero está dado por el matrimonio y su protección casi
de orden público aunque la reforma otorgó cierta autonomía que anteriormente no estaba
previsto.

El segundo peldaño está dado por las uniones convivenciales registradas, a la que se les
reconoce ciertos derechos, pero bajo ningún punto de vista de la rigurosidad matrimonial; donde
la autonomía de la voluntad es más acentuada que en el régimen del matrimonio. Se puede pactar
todo, en la medida que no se vean vulnerados el orden público, el principio de igualdad y la moral
y buenas costumbres. Un aspecto que consideramos muy positivo es la protección de la vivienda
familiar.

Por último, el tercer eslabón es la unión no registrada, cuya decisión legislativa es no


protegerla. Sin embargo el núcleo mínimo de tutela para la familia, cuando hay hijos, es idéntico
en los tres casos. Esto se debe a la necesidad de garantizar a los menores, basado en el principio
de interés superior del niño, la no discriminación, cualquiera sea el ámbito en el que se desarrolle.

De lo expuesto se expresa que la autonomía absoluta, que implica vivir en la informalidad


jurídica, tiene su reciprocidad ya que el conviviente tiene sus derechos muy acotados.

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CAPÍTULO III:

“Cese de la convivencia”

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3.1. Introducción

En los capítulos anteriores se trataron los aspectos fundamentales de la unión


convivencial y los efectos jurídicos que les otorga el nuevo Código a estas familias. Como se
pusiera de manifiesto, la mayoría de los efectos le resultan aplicables a las uniones registradas,
ya que quienes eligen vivir en la informalidad total, prácticamente tienen derechos muy acotados.

En esta parte indagaremos sobre las consecuencias jurídicas que tiene el cese de la
convivencia, en similitud a la disolución jurídica del matrimonio. Las causas que prevé la norma,
pueden ser de tipo naturales como la muerte o presunción de fallecimiento de uno de los
convivientes; o convencionales como matrimonio o inicio de una nueva unión, o simplemente
por acuerdo mutuo o decisión de uno de los convivientes de no continuar la relación. También
cesan los efectos jurídicos si hay una interrupción de la cohabitación en forma prolongada (por
más de un año), siempre y cuando no exista voluntad de mantenerse unidos. (Puede suceder que
por razones laborales la pareja se encuentre separada circunstancialmente.)

El cese del vínculo da origen a ciertos derechos, en algunos casos, que se irán analizando
durante esta parte del trabajo.

Aunque suene reiterativo, los mayores efectos se producen sobre la unión efectivamente
registrada. Sin embargo, ante la existencia de hijos menores, aunque la unión no estuviese
registrada, ahí el reclamo de alimentos y asistencia que pudiese hacer uno de los convivientes, es
para los menores a su cargo y no para sí mismo.

También recordemos que terminada la unión, los pactos suscriptos quedan sin efecto de
pleno derecho, a excepción que se hubiese acordado algún tipo de efectos para el futuro.

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La norma estructura, dice Lorenzetti (2014) mediante una enumeración taxativa, las
causales por las cuales se produce el cese de la unión convivencial. Algunas de ellas originadas
en circunstancias ajenas a la voluntad de las partes, y otras nacidas de la propia voluntad de los
miembros de la pareja, voluntad constitutiva de la propia unión convivencial como acontece con
el cese de la unión, el matrimonio de los convivientes entre sí o de alguno de ellos con un tercero.
Este elemento volitivo está presente también, al aclararse que la unión no se entenderá
interrumpida si la falta de cohabitación no obedece a la elección de los miembros de la pareja,
sino a motivos ajenos a dicha voluntad.

La descripción de las causales de cese, son casi idénticas a las causales de disolución del
matrimonio, acá puede verse la similitud entre ambos institutos.

3.2. Efectos del Cese. La compensación económica

La disolución de la unión hace cesar inmediatamente todos sus efectos. La unión no


provoca una modificación de “estado”, por lo que los convivientes si son solteros, viudos o
divorciados, no hay ningún tipo de cambio en tal sentido.

En cuanto a los derechos patrimoniales, la norma en su art. 524 fija el derecho a una
compensación. Cuando cesara la conviviencia, si uno de ellos sufriera un desequilibrio
económico manifiesto originado por la ruptura tiene derecho a una compensación económica.
Esta compensación puede consistir en una prestación única o periódica por un tiempo
determinado que nunca puede ser mayor al tiempo de duración de la unión. Por ejemplo si la
unión duró seis años, la compensación no puede exceder tal plazo.

Además puede pagarse en dinero o con usufructo de otros bienes o cualquier otra
modalidad acordada por las partes, o fijada por el juez. Este concepto fue tomado de la
jurisprudencia: “La compensación económica podrá abonarse de diferentes formas pecuniarias o
por ejemplo con el uso y goce de un bien determinado y deja la opción de lo establecido de forma
voluntaria por las partes”3.

CNCiv., Sala H, “S., A. M. c/ B., C. I. S/ liquidación de sociedad”. Recuperado el 20/08/16 de:


3

[Link] AR/JUR/3689/2000

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Kemelmajer de Carlucci y Molina de Juan (2014) afirman que la compensación es el
resultado de que; si bien el respeto por la autonomía de la voluntad no puede legitimar conductas
egoístas, el Código, dicen las autoras, opinión a la que adherimos, promueve la responsabilidad
con aquellos con que se ha compartido la vida familiar, reconociendo que puede existir una
desigualdad patrimonial originada por la asignación de roles y responsabilidades entre los
convivientes. Los frecuentes sacrificios, postergaciones y renuncias al desarrollo personal, no
tienen que ser ignorados al finalizar una convivencia.

En cuanto a su naturaleza jurídica, sostiene la doctrina que es una prestación de naturaleza


autónoma porque no se trata de una indemnización, ni tampoco es una prestación alimentaria.
Rivera (2014) la define como una obligación legal, de contenido patrimonial, y que basada en la
solidaridad familiar, pretende reparar las consecuencias de la ruptura.

Hay una gran discusión doctrinaria al respecto, porque no se comprende cuál es el gran
perjuicio o desequilibrio económico. En los Fundamentos del Proyecto (2012) se sostiene que es
la afectación del principio de igualdad o equidad para aquel conviviente que no trabajase o la
pérdida de oportunidades laborales de aquel quien se quedó a cuidar a los hijos menores. Sin
embargo, otros como Grosman (2014), afirman que es una contradicción, por un lado dejar todo
reglado a la autonomía de la voluntad, y por otro reclamar una compensación.

Es aquí también donde equipara a la unión con el matrimonio, porque en el supuesto que
uno de los cónyuges sufriera un menoscabo económico manifiesto, tiene derecho a percibir una
compensación. Sin embargo, en el matrimonio esta compensación puede ser por tiempo
indeterminado. En cambio, por razones de política legislativa, también se le pone un límite de
tiempo en caso de convivencia, para diferenciarla de la unión matrimonial.

Obvia es la aclaración, que dicha compensación dependerá de la situación real de la


pareja, tampoco puede significar un enriquecimiento sin causa para el conviviente que reclame
tal prestación, y en definitiva, a falta de acuerdo, será el juez quien decidirá el monto y la forma
de pago de la misma.

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Molina de Juan, (2015) al analizar esta figura introducida del derecho comparado sostiene
que persigue la finalidad de "compensar" el perjuicio económico que la ruptura de la pareja
provoca a uno de sus miembros, atenuando su impacto hacia el futuro. Se traducen en una
prestación destinada a "corregir" el desequilibrio patrimonial causado por la vida en común, que
hasta entonces permanecía oculto, y se visibiliza con el divorcio o el cese de la convivencia. No
busca, por el contrario, igualar patrimonios ni restituir lo perdido por su equivalente exacto,
tampoco garantizar el nivel de vida que se tenía durante la convivencia.

3.3. Fijación Judicial de la compensación económica

En cuanto a los efectos patrimoniales del cese, como se aclaró, salvo que los convivientes
hubiesen pactado algo diferente, terminan todos los efectos patrimoniales. Sin embargo el
conviviente que sufriera un desequilibrio manifiesto y un empeoramiento de su situación
económica puede reclamar una compensación económica. Para ello el juez tendrá que analizar
diferentes parámetros como el aporte y dedicación al hogar y crianza de los hijos que hizo cada
uno durante la convivencia, el patrimonio individual al iniciar la unión y al finalizar, edad de los
hijos, edad y estado de salud de los convivientes, entre otros.

Las pautas de fijación de tal compensación son las mismas que las fijadas en caso de
matrimonio, porque acá lo que se tutela es el perjuicio futuro a sufrir por uno de los integrantes
de la unión ya sea convivencial o matrimonial.

El magistrado establecerá la procedencia y el monto de la compensación económica en


forma objetiva, en base a los parámetros enunciativos que establece el art. 524, pudiendo basarse
en otros que considere pertinentes. Entre ellos:

 El estado patrimonial de cada uno de los convivientes al inicio y a la finalización de la


unión.
 La dedicación que cada conviviente brindó a la familia y a la crianza y educación de los
hijos y la que debe prestar con posterioridad al cese.
 La edad y el estado de salud de los convivientes y de los hijos.
 La capacitación laboral y la posibilidad de acceder a un empleo.
 La colaboración prestada a las actividades mercantiles, industriales o profesionales del
otro conviviente.
 La atribución de la vivienda familiar.
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El plazo de caducidad es de seis meses de cesada la convivencia, para solicitar al juez
dicha compensación. Acá será fundamental definir la fecha exacta del cese de la unión, si está
inscripta será desde su inscripción. Si no lo estuviese, corresponderá probar a quien reclame, la
existencia de tal unión y su cese.

Lorenzetti (2014) explica que las pautas en que se debe basar el magistrado constituyen
una visión integral de la situación, tanto para el pasado-analizando situación al inicio y fin de
cada conviviente, ingresos, educación, etc; y hacia el futuro-reinserción laboral, colaboración en
las actividades comerciales del otro, por mencionar algunas de ellas.

En definitiva, esta prestación constituye la instrumentación del principio de solidaridad


familiar y también la garantía constitucional de igualdad, sin que signifique un aprovechamiento
por uno de los convivientes, aunque la doctrina detractora de esta prestación pregona que quien
no quiere someterse a las reglas del matrimonio, mal puede exigir sus reglas al finalizar la unión.

3.4. Atribución de la vivienda familiar

Otro de los puntos que define el Código es cuál es el destino de la vivienda familiar en
caso de interrupción de la convivencia. En este sentido, el espíritu del legislador es la protección
de la vivienda donde habita la familia, teniendo idéntico tratamiento que el matrimonio. Como
se explicó reiteradamente, el principio constitucional de protección a la familia y de igualdad se
materializa con la tutela del hogar familiar, independiente de si es una unión formal o informal.

La legislación incorpora dicha tutela, dando claridad a las numerosas posiciones


doctrinarias y jurisprudenciales que negaban cualquier tipo de derechos. Así por ejemplo la
[Link]. Civ., Sala II, Tucumán, en “P.R., S”4 en el año 2008 resolvió que: el concubinato no da
derecho a la continuación en el uso de un inmueble cuando la relación cesa por cualquier causa,
es decir que producida la muerte del concubino propietario, los herederos pueden reclamar la
restitución del bien, toda vez que se trata de una liberalidad sin plazo alguno razón por la que se
puede requerir la devolución en cualquier momento.

El inmueble que habitaron los convivientes puede ser atribuido a uno de ellos en los
siguientes casos:

[Link]., Sala II, Tucumán “ P.R.S.,” La Ley NOA, 2008 (NOVIEMBRE), 1021
4

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a) si tiene a su cargo el cuidado de hijos menores de edad, con capacidad restringida, o con
discapacidad
b) si acredita la extrema necesidad de una vivienda y la imposibilidad de procurársela en forma
inmediata.

Le corresponde al juez fijar el periodo de atribución del hogar familiar, pero este plazo
no puede exceder los dos años de cesada la convivencia. El otro conviviente al que no se le
atribuyó el inmueble, puede solicitar una renta compensatoria por el uso del inmueble, o que el
mismo no fuere enajenado sin el acuerdo expreso de ambos, o que el inmueble en condominio
de ambos no sea partido ni liquidado. Esta decisión tendrá sus efectos desde la inscripción
registral, ya que recordemos que la unión no registrada no tiene este tipo de tutela. En caso de
que el inmueble fuese locador, el conviviente no locatario tiene derecho a seguir habitándolo
hasta la expiración del plazo, debiendo hacerse cargo del canon locativo.

En el límite temporal, también el Código hace su diferencia entre el matrimonio y la


convivencia. Mientras que en el primer caso no hay un plazo máximo, para la unión convivencial
se estipula un plazo máximo de dos años. En definitiva, hay un reconocimiento del derecho, pero
no con la misma amplitud que en el matrimonio.

El derecho a la atribución de la vivienda familiar, cesa por las mismas razones que en el
instituto del matrimonio por:

 Por el cumplimiento del plazo fijado por el juez, (los 2 años máximos).
 Por cambios en las circunstancias que se tuvieron en cuenta para su fijación (mayoría de
edad de los hijos, situación de necesidad superada, etc.).
 Por las causales de indignidad

En caso de muerte del conviviente, el art. 527 le otorga al otro cierta seguridad reglando que
sólo el conviviente supérstite que careciera de vivienda propia habitable o de bienes suficientes
que aseguren el acceso a esta, puede invocar el derecho real de habitación gratuito, por un plazo
máximo de dos años sobre el inmueble de propiedad del causante, que constituyó el último hogar
familiar, y que a la apertura de la sucesión no se encontraba en condominio con otras personas.

Además hay que considerar que este derecho es inoponible a los acreedores del causante.
Además se extingue si el conviviente supérstite constituye una nueva unión convivencial, contrae
matrimonio, o adquiere una vivienda propia habitable o bienes suficientes para acceder a ésta.
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La norma incorpora un nuevo derecho real: el de habitación gratuito, que consta de un
límite temporal dos años, siempre y cuando el supérstite no tuviese vivienda y además no contara
con los medios para proveérsela.

Hasta la reforma, la justicia claramente no reconocía ningún derecho del conviviente


sobre el inmueble del fallecido. En “H.P.N., s/sucesorio” la CNCiv., Sala H5, resolvió que se
admitió la demanda interpuesta por un heredero forzoso bajo argumento que la mera convivencia
no da derecho a la continuación en el uso del inmueble a la muerte del propietario, al no existir
derecho de propiedad adquirido por el supérstite con relación a la casa habitación y de tal modo
de no poder excluir o postergar a los herederos del causante.

Dijo la Cámara que la ley no ha reconocido derecho alguno a uno de los convivientes,
sobre los bienes del otro, salvo que existan aportes conjuntos, para reclamar su parte.

La previsión protectora establecida mediante la adjudicación del uso del inmueble sede
del hogar familiar a la ruptura de la unión convivencial se complementa con similar tutela que se
reconoce para el caso de muerte del compañero, si bien el derecho es incorporado con ciertos
límites y recaudos que en rigor no hacen más que compatibilizar los intereses en juego. Con esta
norma, se complementa el panorama de protección integral de la familia, sin distinción entre las
diversas manifestaciones. (Lorenzetti, 2014)

CNCiv, Sala H, “H.P.N., s/sucesorio”. Recuperado el 20/08/16de [Link]/JUR/68925/2005


5

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3.5. Distribución de Bienes

Los antecedentes doctrinarios y jurisprudenciales negaban al concubinato o unión la


característica de una sociedad de hecho. Para la existencia de una sociedad de estas características
debía existir un aporte patrimonial conjunto, según las decisiones jurisprudenciales. En la nueva
norma estos conceptos se siguen aplicando, ya que el art. 528 establece que en caso de la
inexistencia de pactos, los bienes continúan en el patrimonio de su titular. Si se hubiesen
adquirido en forma conjunta, serán considerados como un condominio en el porcentaje que cada
uno aportó.

Tales situaciones no invalidan la posibilidad de aplicar las normas del enriquecimiento


sin causa.

Por lo tanto, los convivientes tienen la libertad de pactar el régimen de bienes que ellos
crean conveniente, hasta su distribución. Ante la inexistencia de un convenio se aplican las pautas
generales, que son las mismas que regían anterior a la reforma.

De esta manera, como dicen Herrera et al. (2014) la nueva legislación, a falta de pacto,
no establece acciones particulares que puedan entablarse entre convivientes para resolver el
conflicto sobre determinado bien, sino que manda a aplicar las reglas atinentes a los principios
generales del derecho civil constitucionalizado.

De lo analizado, puede observarse que se otorga la plena libertad a los convivientes para
que reglamenten sus derechos personales y patrimoniales. Caso contrario, ante la inexistencia de
estos acuerdos, el Código no introduce ninguna innovación en materia de administración y
disposición de bienes. Mal puede pensarse en una comunidad de bienes cuando existe únicamente
un acuerdo tácito en la convivencia.

El Código Civil y Comercial introduce un correctivo jurídico de las desigualdades


económicas familiares, que apunta a la igualdad real de oportunidades luego del cese del proyecto
común. Persigue el propósito de que cada uno tenga la posibilidad de diseñar su propio proyecto
de vida, de elegir libremente los medios para concretarlo y de poner en marcha las estrategias
adecuadas para su realización. Sin dudas subyace un valioso mecanismo de género orientado a
evitar el estigma de tener que ser alimentado. Generalmente asociado a un sistema de distribución
de roles discriminatorio, que todavía impacta en mayor medida en las mujeres. Es de esperar que
los operadores jurídicos asuman con responsabilidad el desafío de ir haciendo camino al andar y,

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poco a poco, llenen de contenido los textos legales, suficientemente flexibles para dar una
respuesta oportuna y eficaz a la necesidad social que los justifica. (Molina de Juan, 2015).

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Conclusiones Parciales

En esta parte se indagó sobre los efectos de la unión durante y después de su cese.
Creemos que existe un exagerado énfasis de la autonomía de la voluntad que introduce la
reforma, incluso con la reforma de la institución matrimonial. Si bien no pueden equiparase tales
derechos, la desprotección casi total a las uniones no registradas, es uno de los aspectos que
tendrán que evaluarse en las futuras reformas.

La protección de la vivienda familiar es uno de los puntos más importantes en los que se
avanzó, sin embargo el plazo de dos años, consideramos arbitrario y extremadamente corto, para
el conviviente que tiene los hijos menores a cargo o no tuviese vivienda.

Es muy pronto efectuar un análisis sobre las bondades de la reforma. Sin embargo,
constituye el primer peldaño y visibiliza una problemática que debía ser resuelta por el operador
jurídico.

Descriptos los aspectos fundamentales de este instituto, en el próximo capítulo veremos


las ventajas y desventajas en relación al matrimonio.

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CAPÍTULO IV
“Las diferencias entre las uniones
convivenciales y el matrimonio”

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En el transcurso de este trabajo se han expuesto las características sobresalientes de estas
uniones. La preeminencia de la autonomía de la voluntad, y la tutela a todas las modalidades
familiares, constituyen los puntos básicos de la reforma del derecho común. La decisión de elegir
un proyecto de vida determinado, no implica que la ley le otorgue una protección especial o darle
las mismas garantías a quien se sujeta a las normas matrimoniales.

Aquel que vive en el informalismo por convicciones culturales, religiosas, sociales o


personales, no puede pretender que el derecho vele por sus intereses de idéntica manera que lo
hace sobre quien formalizó una unión.

La sociedad plural y multicultural a la que se refiere el Código es aquella en que se deja


de lado la concepción de la unión matrimonial heterosexual de la que nacen hijos biológicos. El
reconocimiento está dado a otras formas de uniones, cualquiera fuera el sexo de sus integrantes,
los hijos biológicos, los adoptados, los nacidos de técnicas de fertilización, los hijos del cónyuge,
etc. Esta amplia gama de posibilidades son las que contempla la legislación como nuevas formas
familiares, pero dejando bien claro que no es lo mismo la unión convivencial que conyugal.

El límite de la libertad está dado por los principios de la solidaridad y responsabilidad de


los integrantes, cualquiera sea la forma que tiene esta unión.

La no discriminación del estado de familia y la protección de un núcleo mínimo de


derechos, no implica un reconocimiento integral de una relación diferente al matrimonio.

La elección de vida es un derecho personal por lo que hablar de ventajas y desventajas,


son las dos caras de una misma moneda. Lo que se plantea es el mayor o menor amparo jurídico
que puede tener una persona dentro de una convivencia o un matrimonio.

Por eso, en esta parte se analizan los problemas probatorios de las uniones no registradas
y además otras diferencias entre el matrimonio y la unión que no fueron descriptas en los
capítulos anteriores.

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4.2. La unión no registrada y los problemas probatorios

Para comenzar a analizar las desventajas, no podemos dejar de referirnos a cuestiones


probatorias. La registración de la unión, a diferencia del matrimonio, no es constitutiva. Sirve
únicamente a los efectos probatorios. Es decir que el certificado de inscripción es al solo efecto
de acreditar la existencia de la misma. La norma les da una identidad, sin embargo, exige su
prueba.

En materia de uniones no registradas, la reforma no introduce una protección mayor. Si


bien aclara que puede probarse por cualquier medio, la realidad no es tan simple como establece
la norma.

Generalmente la invocación de la existencia de la unión es a los efectos previsionales para


el conviviente supérstite.

La comprobación de la relación es un medio cuya eficacia depende del derecho que se


quiere invocar. ¿Por qué probar la unión convivencial? La respuesta está dada por la pretensión
procesal, con la finalidad de otorgar efecto jurídico a una situación de hecho, que algunos de los
convivientes, o un tercero invocare. Por ejemplo un acreedor reclama una obligación solidaria
por deudas originadas por los convivientes por gastos del hogar. La certeza de la existencia del
vínculo permitiría accionar contra ambos convivientes en forma solidaria, caso contrario,
únicamente contra quien contrajo la obligación.

Según lo descripto en capítulos anteriores, la inscripción de la convivencia es viable


cuando los convivientes declaren ser personas capaces, solteros, viudos, o divorciados con
sentencia firme. Se adjuntará a la declaración jurada, los pactos de convivencia y se efectuará
con la presencia de dos testigos.

Por lo tanto, aquellas uniones en que uno o ambos convivientes estuviesen separados de
hecho, sin una sentencia de divorcio, la manera de acreditar convivencia, es mediante una
información sumaria judicial, tal como se venía haciendo antes de la entrada en vigencia de este
Código, hecha ante el juez competente del domicilio de los convivientes con la declaración de
tres testigos. Esta modalidad, se aplica en forma residual, cuando no pueda inscribirse la unión.
(Basset, 2016).

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A diferencia del matrimonio, la unión exige la cohabitación estable, ininterrumpida y por
un periodo no menor a los dos años. El objetivo de la prueba judicial será comprobar que viven
en la misma residencia y tienen una comunidad de vida.

El presupuesto fundamental es la elección del hogar convivencial donde se desarrolla el


proyecto de vida en común. El artículo 73 se refiere al domicilio real en el lugar de residencia
habitual. Si ejerce una profesión o actividad económica lo tiene donde la desempeña para el
cumplimiento de las obligaciones emergentes de dicha actividad.

Gaibrois (2015), dice que desde el punto de vista jurídico se aplica al lugar de residencia
al que refiere el artículo, considerada esa casa en sentido genérico de vivienda, donde la persona
habita con intención de permanecer y afincar su sede para realizar dichas actividades. Este hecho
jurídico y la conducta mantenida por el sujeto son los elementos a los que la ley le otorga
determinados efectos jurídicos.

En consecuencia, el hecho fundamental a probar es la existencia de la cohabitación. La


norma acepta una amplitud probatoria: documental, informativa, testimonial, confesional, entre
otras.

Si el proceso transcurre en un fuero de familia, el nuevo Código le atribuye un rol


fundamental a este magistrado quien, en base a las pruebas aportadas podrá determinar la certeza
sobre la existencia o no de esta relación.

En cambio en un proceso civil, el magistrado deberá respetar taxativamente lo dispuesto


en materia procesal de esa jurisdicción.

En el fuero de familia, dice Ferreyra de La Rúa (2003), que el valor probatorio de la


confesión es acentuado. En este tipo de procedimiento, no tiene la misma eficacia, según el hecho
que se quiera probar. Cuando se trate de corroborar relaciones personales, la confesión no hace
plena prueba por parte del confesante, habrá que acompañarlo con otros medios. En otros
supuestos también en el trámite familiar, se tolera a la prueba de confesión pero no con eficacia
de prueba plena, sino que se le atribuye un valor probatorio menguado. Ello no significa que la
prueba carezca de valor, sino que en realidad tendrá un valor relativizado.

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La prueba documental generalmente es un medio irrefutable para acreditar convivencia.
En la causa “Copa, Gregoria c/Provincia de Salta s/adquisición de dominio por prescripción” la
[Link]. Civ. y Com., Sala III, Salta6, la prueba documental presentada fue la determinante para
acreditar la convivencia en un juicio de usucapión. La prueba documental presentada, hizo
presumir al Tribunal que desde la el inicio de la convivencia, hacía más de treinta años, la pareja
se instaló en ese inmueble, que continuó siendo habitado por el conviviente supérstite, al fallecer
uno de ellos. La existencia de convivencia fue procedente para dar curso a la usucapión, que era
el objeto de la demanda.

Sobre la eficacia de medios probatorios, la jurisprudencia decidió que la prueba de


informes prevalece sobre la testimonial. La [Link]. Civ. y Com., 2° Nom, Sgo. Del Estero
“P.M.P. S/Información sumaria”7 determinó que la prueba de informes tienen mayor eficacia
probatoria que la testimonial. En este fallo de la información que surgía ni de los documentos ni
los informes se acreditaba una unión convivencial. En cambio el testigo sostenía la existencia de
la relación.

Sin embargo, la Corte no ha reconocido la prueba testimonial como único medio para
verificar la convivencia en “R.D., M. c/ANSES”.8Los hechos fueron: La Cámara Federal de
Apelaciones confirmó el fallo de primera instancia que había rechazado la pensión peticionada
por la actora, por considerar que ésta no demostró la unión de hecho invocada respecto del
causante al no estar comprobada la vida marital mediante prueba documental, considerando
insuficientes a tal fin las declaraciones testimoniales. La actora dedujo recurso ordinario, que fue
concedido. La Corte Suprema confirmó la sentencia recurrida. Se rechazó el beneficio de pensión
debido a la inexistencia de otra prueba aparte de la testimonial. La solicitante no pudo acreditar
por ningún medio escrito la existencia de la convivencia, en consecuencia al valorar la prueba
testimonial, la misma no fue suficiente para el convencimiento del juez.

6
C. Apel. Civ. y Com., Sala III, Salta “Copa, Gregoria c/Provincia de Salta”LLNOA 2012 (febrero) , 96
7
[Link]. Civ. y Com., 2° Nom., Sgo del Estero“P.M.,P. S/Información sumaria” La Ley NOA, 2002-818
8
CSJN “R.D., M. c/ANSES” Fallos 329:3457. La Ley 2007-A, 349

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Según lo descripto en este capítulo la unión no registrada es aquella que deberá probarse
para invocar la pretensión de un derecho. Habrá que efectuar un análisis pormenorizado de cada
situación particular, pero el tiempo no genera derechos, y sin pruebas contundentes, en caso de
la inexistencia de hijos comunes, se puede llegar a perder incluso el beneficio previsional.

Los convivientes se encuentran en un estado de extrema vulnerabilidad, por tener una


protección aún menor que en las uniones registradas. Podemos citar como ventaja la extrema
informalidad sin ninguna responsabilidad jurídica. Mientras que el mismo hecho también es
desventajoso porque al mismo tiempo no le genera al conviviente ningún derecho a reclamar.

4.3. Las uniones y sus diferencias con el matrimonio

A pesar de que en los capítulos anteriores se han marcado algunas diferencias con el
matrimonio, en esta última parte se distinguirán otros aspectos fundamentales. Dejando al lector
la evaluación de la consideración si son ventajas o desventajas ya que son dos miradas diferentes
de un mismo hecho.

Lorenzetti (2014) y también Rivera (2014), hacen una distinción entre diferencias
esenciales y no esenciales.

4.3.1. Aspectos esenciales:

[Link]. El acto constitutivo

El matrimonio constituye un acto formal solemne que debe responder ciertos requisitos.
La formalidad es el fundamento de dicho acto jurídico y produce efectos desde la celebración.
Es decir se produce una posesión de estado desde el inicio. Si no se cumplen con los recaudos
previstos en la norma, tal unión es nula. Reza el art. 406 que para la existencia del matrimonio
se requiere el consentimiento expreso de ambos cónyuges manifestado en forma personal y
conjunta ante autoridad competente para celebrarlo. El acto que no tiene estos requisitos no
produce efectos civiles.

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El matrimonio genera un vínculo de parentesco, no así la convivencia.

Mientras que la unión convivencial es oponible a terceros desde su registración y


únicamente tiene como finalidad darle una certeza jurídica a la misma, no tiene efectos
constitutivos.

La diferencia esencial que fue analizada también es el deber de cohabitación. Requisito


esencial en el concubinato y no exigible en el matrimonio, considerado como un deber moral
pero no una obligación jurídica.

[Link]. Acuerdos Prenupciales y Pactos de convivencia.

La reforma modificó el régimen de comunidad de bienes de orden público durante el


matrimonio. Introdujo la posibilidad de suscribir un acuerdo previo al matrimonio sobre la forma
de administrar y disponer los bienes durante el mismo y después de su cese. Pasado un año de la
elección de un régimen, se puede pasar a otro. En caso de que no se hubiese fijado un régimen
convencional le será aplicado el sistema de comunidad de bienes, distinguiendo entre gananciales
y propios, de la misma manera que regía anterior a la reforma.

Únicamente los cónyuges antes del matrimonio pueden efectuar convenciones relativas
a:

a) la designación y avalúo de los bienes que cada uno lleva al matrimonio;


b) la enunciación de las deudas;
c) las donaciones que se hagan entre ellos;
d) la opción que hagan por alguno de los regímenes patrimoniales previstos

En el matrimonio no se pueden pactar cuestiones vinculadas a las relaciones personales,


a diferencia de la unión convencional que los convivientes pueden pactar lo que crean
conveniente.

A modo de ejemplo: la reforma eliminó el deber de fidelidad como un valor jurídico


dejándolo con un estatus moral y en consecuencia se suprimieron las causales subjetivas de
divorcio y la culpabilidad del cónyuge infiel.

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Mientras que en la unión, nos preguntamos, ¿sería posible acordar una compensación
económica para el conviviente inocente, en caso de adulterio del otro conviviente? Como es un
acuerdo donde hay una supremacía de la autonomía de la voluntad, en principio consideramos
que tal pacto sería válido porque no afecta ni la moral ni el orden público.

[Link]. La vocación hereditaria

Uno de los puntos que se mantuvo inmutable después de la reforma, es el no


reconocimiento del conviviente, a diferencia del cónyuge, en la calidad de heredero forzoso. Acá
es donde el derecho marca la gran división entre conviviente y cónyuge. La norma reformada
continúa manteniendo el orden de prelación hereditaria que legisló Vélez, sin otorgarle al
compañero la vocación hereditaria.

El conviviente podrá ser heredero testamentario. Acá nuevamente se manifiesta la


voluntad del causante de hacer beneficiario a quien fuera su pareja. Entendemos que tal
testamento podría estar sujeto a la condición de que la convivencia se mantuviese al momento de
la muerte.

Con la reducción de la porción legítima de 4/5 a 2/3 cuando hay hijos, la porción
disponible que puede recibir el conviviente supérstite tendría un derecho testamentario sólo por
el tercio restante. Mientras que el cónyuge hereda sí o sí, concurriendo en las formas que
establece el Código y por un porcentaje mayor.

En el único caso en que cónyuge y conviviente están equiparados es, si no hubiese hijos
en ambas situaciones, y en caso de la unión convivencial, hubiese un testamento por todo el
acervo. Es decir acá la voluntad se equipara a la ley. De lo contrario, los derechos hereditarios
son inexistentes o mínimos.

Este es el aspecto, que de acuerdo a nuestra visión, debería reverse para una próxima
reforma. Quien pasó años al lado de alguien tendría que tener algún derecho hereditario, sin que
se concurra al acervo hereditario en idéntica porción que el cónyuge.

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[Link]. La cohabitación

Otro de los distingos esenciales es que la reforma suprimió el deber de cohabitación. Un


matrimonio puede vivir en casas separadas, mientras que la unión informal el requisito
determinante es que habiten en la misma residencia.

4.3.2. Aspectos no esenciales

Los aspectos no esenciales fueron descriptos en el transcurso del trabajo, como por
ejemplo:

1. En caso de cese: el derecho a una compensación económica. Con un plazo indeterminado


en el matrimonio y un plazo máximo en la convivencia.
2. Atribución de vivienda: en ambas situaciones, y dadas ciertas circunstancias se le puede
atribuir al conviviente o al cónyuge la vivienda. En la unión por no más de dos años, sin
plazo para el cónyuge.
3. El cónyuge cesado el vínculo puede pedir alimentos, bajo ciertas circunstancias, el
conviviente no tiene ese derecho, salvo que lo hubiese pactado.

También hay similitudes para ambas situaciones como se analizaron anteriormente. La


existencia de ese núcleo mínimo de responsabilidades cualquiera sea la opción elegida. El deber
de asistencia mutua, de colaborar con los gastos de manutención del hogar y la educación de los
hijos y la solidaridad de las deudas originadas por las erogaciones familiares, son los puntos de
convergencias para cualquier tipo de familia constituida.

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Conclusiones Parciales

La regulación parcial de esta institución pone de manifiesto que no es intención del


codificador equipararla ni darle el estatus jurídico que tiene el matrimonio. Se puede hablar de
tres peldaños, la unión no registrada con limitaciones probatorias y derechos muy limitados, la
unión registrada donde está jurídicamente acreditada la existencia de la misma, con atribuciones
mayores y finalmente el matrimonio con una protección integral.

Sostenemos que de alguna manera el conviviente supérstite tendría que tener algún tipo
de vocación hereditaria además de la testamentaria, habría que analizar esta cuestión en tiempos,
porque no es lo mismo una unión de dos años que de veinte años.

De todos modos celebramos la reglamentación de tal figura porque, al menos las familias
constituidas de esa manera tienen un piso mínimo de protección que antes le correspondía
dilucidar al juez.

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Conclusiones Finales

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A lo largo del presente trabajo, hemos explicado qué son las uniones convivenciales, sus
características, y principios sobre los cuales se asienta. Su reseña histórica, y también los
requisitos fundamentales para que se le reconozcan efectos jurídicos. Se examinaron los
presupuestos para su existencia y prueba. También se analizaron los pactos de convivencia, sus
formas, características, contenido y límites. Se focalizó en los efectos jurídicos patrimoniales y
personales durante y al cese del vínculo y sus diferencias con el matrimonio.

La regulación de esta institución es la respuesta a situaciones de hecho que se venían


produciendo en la sociedad argentina, y a las cuales el derecho no les brindaba ninguna solución.
El cambio de paradigma sobre la concepción tradicional de la familia y del reconocimiento de
parentesco únicamente biológico y excepcionalmente adoptivo, abre nuevos caminos sobre la
aceptación de cualquier forma no tradicional, cuyo basamento es el afecto, más que el vínculo
jurídico.

La prevalencia de la autonomía de la voluntad, por sobre normas estrictas de orden


público, es uno de los emblemas de este tipo de unión. La redacción de pactos de convivencia
donde absolutamente “todo” es acordable, salvo la alteración del orden público, la moralidad o
la igualdad de los convivientes, pensamos que es una exacerbación extrema del art. 19 de la
Constitución.

Como podemos observar, y esto ya fue planteado a lo largo de la investigación, hay tres
escalas de tutela. La protección mínima está dada en la convivencia no registrada y sus problemas
probatorios. En segundo lugar, la parcial que reciben las uniones registradas, y por último, la
integral que tiene el matrimonio.

Más allá del núcleo mínimo de garantía que tienen todas las uniones convivenciales y
conyugales, el Estado en cierta forma, desconoce otros derechos y garantías que podrían tener
los convivientes. Sostenemos que el conviviente supérstite tendría que ser considerado heredero
forzoso, aunque con un límite menor al cónyuge, y no únicamente como beneficiario del acervo
hereditario por testamento, en la porción disponible.

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La reforma del Código pretende incluir distintas formas familiares, y darles un contenido
normativo a todas las modalidades de uniones estables, sin ningún tipo de discriminación. Tales
argumentos son concordantes con los principios constitucionales y con la incorporación de pactos
internacionales de derechos humanos a nuestra Carta Magna. Pero tal instrumentación de
garantías, no implica el otorgamiento de derechos en forma plena a aquellos que no aceptan las
normas del matrimonio y deciden armar su propio proyecto de vida por fuera de esta institución.

Por lo tanto, quienes eligen este tipo de unión, mal pueden exigir los mismos derechos
que otorga el matrimonio. Nos preguntamos: si ante una unión no registrada, podemos registrarla,
¿Por qué no hacerlo?, y si estamos en presencia de una unión registrada, siendo las partes aptas
para contraer matrimonio ¿Por qué no casarse?

No podemos hablar de ventajas y desventajas entre ambas figuras. Podemos decir que
hay diferencias esenciales que generan derechos irrenunciables en el caso del matrimonio.

La consideración de la elección de vida es una decisión de los integrantes de la pareja en


la que el Estado no puede inmiscuirse. Quienes afirmen la conveniencia de estas uniones porque
no creen en el matrimonio, es porque no creen en la ley. En consecuencia, tampoco pueden
ampararse en los beneficios de un matrimonio.

Consideramos positiva la inclusión en la reforma de estas uniones, aunque recién a un


año de su vigencia, es muy apresurado hacer una evaluación al respecto.

En definitiva serán los operadores judiciales los responsables de resolver los litigios por
los pactos de convivencia, lo que originará nuevos precedentes jurisprudenciales que aclararán
algunos aspectos inconclusos.

En nuestra opinión, como profesionales del derecho, no se puede vivir al margen de la


ley, o aceptarla a medias, y exigir el cumplimiento del plexo normativo cuando nuestros derechos
se vean vulnerados.

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 Ley 23.061 Locaciones Urbanas
 Ley 24.417 Violencia Familiar
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 Ley 20.744 Contrato de Trabajo
 Ley 18.037 Jubilaciones
 Ley 24.193 Trasplante de órganos
 Ley 13.944. Incumplimiento de los deberes de asistencia familiar
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 CSJN “R.D., M. c/ANSES” Fallos 329:3457. La Ley 2007-A, 349

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AUTORIZACIÓN PARA PUBLICAR Y DIFUNDIR
TESIS DE POSGRADO O GRADO
A LA UNIVERIDAD SIGLO 21

Por la presente, autorizo a la Universidad Siglo21 a difundir en su página web o bien a través
de su campus virtual mi trabajo de Tesis según los datos que detallo a continuación, a los fines
que la misma pueda ser leída por los visitantes de dicha página web y/o el cuerpo docente y/o
alumnos de la Institución:

Autor-tesista
(apellido/s y nombre/s completos) López Ruth Macarena
DNI
(del autor-tesista) 38.882.207
Título y subtítulo
(completos de la Tesis) La unión convivencial. Sus ventajas y
desventajas con el matrimonio.

Correo electrónico
(del autor-tesista) Ruth_macarena@[Link]

Unidad Académica
(donde se presentó la obra) Universidad Siglo 21

Datos de edición:
Lugar, editor, fecha e ISBN (para el
caso de tesis ya publicadas), depósito en
el Registro Nacional de Propiedad
Intelectual y autorización de la Editorial
(en el caso que corresponda).

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Otorgo expreso consentimiento para que la copia electrónica de mi Tesis sea publicada en la
página web y/o el campus virtual de la Universidad Siglo 21 según el siguiente detalle:

Texto completo de toda la Tesis


(Marcar SI/NO)[1] Si
Publicación parcial
(informar que capítulos se publicarán)

Otorgo expreso consentimiento para que la versión electrónica de este libro sea publicada en la
en la página web y/o el campus virtual de la Universidad Siglo 21.

Lugar y fecha:

_____________________________ _______________________________
Firma autor-tesista Aclaración autor-tesista

Esta Secretaría/Departamento de Posgrado de la Unidad Académica: _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _


______________ certifica que la tesis adjunta es la aprobada y registrada en esta
dependencia.

Firma Aclaración

Sello de la Secretaría/Departamento de Posgrado

[1]Advertencia: Se informa al autor/tesista que es conveniente publicar en la Biblioteca Digital las obras intelectuales
editadas e inscriptas en el INPI para asegurar la plena protección de sus derechos intelectuales (Ley 11.723) y
propiedad industrial (Ley 22.362 y Dec. 6673/63. Se recomienda la NO publicación de aquellas tesis que desarrollan un
invento patentable, modelo de utilidad y diseño industrial que no ha sido registrado en el INPI, a los fines de preservar
la novedad de la creación.

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