Uniones Convivenciales vs Matrimonio
Uniones Convivenciales vs Matrimonio
Los cambios sociales modificaron las estructuras familiares a través del tiempo. Se dejaron de
lado las formas tradicionales de familia. Las uniones convivenciales son una realidad que el
legislador no protegió hasta la sanción del Código Civil y Comercial. En la actualidad, hay un
reconocimiento más amplio de derechos para el conviviente. La atribución de la vivienda
familiar, los deberes de asistencia, son algunos aspectos reglamentados. Sin embargo, hay una
diferencia entre las uniones registradas y no registradas. A estas últimas, el legislador les
reconoce muy pocos derechos. No puede igualarse una unión convivencial al matrimonio, hay
un núcleo mínimo de protección pero con diferentes ventajas y desventajas para quienes deciden
vivir en la informalidad.
ABSTRACT
Social changes in family structures changed over time. They were put aside traditional forms of
family. The convivial unions are a reality that the legislature did not protect until the enactment
of the Civil and Commercial Code. Currently, there is a broader rights for cohabiting recognition.
The attribution of the family home, homework assistance, are some aspects regulated. However,
there is a difference between registered and unregistered unions. In the latter, the legislator
recognizes them few rights. You can not match one convivencial marriage union, a minimum
core of protection but with different advantages and disadvantages for those who choose to live
in informality.
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INDICE
INTRODUCCION__________________________________________________________ 4 - 6
Capitulo I __________________________________________________________________ 7
1.1. Introducción_____________________________________________________________ ____8
1.2. Concepto y caracteres de las uniones convivenciales._____________________________9-10
1.3. Principios fundamentales sobre los cuales se asienta.______________________________ 11
1.4. Reseña histórica de la figura.________________________________________________12-13
1.5. Requisitos fundamentales para que se le reconozcan efectos jurídicos.________________14
1.6. Registración de la Unión.___________________________________________________15-17
Conclusiones Parciales___________________________________________________________18
Capítulo II: ________________________________________________________________ 19
2.1. Introducción________________________________________________________________20
2.2. Los pactos de convivencia y sus características____________________________________21
2.2.1. Forma y contenido______________________________________________________ 22-24
2.2.2. Límites, modificación y extinción______________________________________________25
2.3. Efectos durante la convivencia_________________________________________________26
2.3.1. Relaciones patrimoniales entre los convivientes.______________________________26-29
Conclusiones Parciales:___________________________________________________________30
Capítulo III: _______________________________________________________________ 31
3.1. Introducción________________________________________________________________32
3.2. Efectos del Cese. La compensacion Economica_________________________________ 32-34
3.3. Fijación Judicial de la compensación económica___________________________________35
3.4. Atribución de la vivienda familiar____________________________________________36-38
3.5. Distribución de Bienes_____________________________________________________39-40
Conclusiones Parciales___________________________________________________________41
Capítulo IV __________________________________________________________ 42-43
4.2. La unión no registrada y los problemas probatorios_____________________________ 44-46
4.3. Las uniones y sus diferencias con el matrimonio__________________________________ 47
4.3.1. Aspectos esenciales_______________________________________________________ 47
[Link]. El acto constitutivo_______________________________________________________ 47
[Link]. Acuerdos Prenupciales y Pactos de convivencia._______________________________ 48
[Link]. La vocación hereditaria___________________________________________________ 49
[Link]. La cohabitación_________________________________________________________ 50
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4.3.2. Aspectos no esenciales______________________________________________________50
Conclusiones Parciales___________________________________________________________ 51
Conclusiones Finales _____________________________________________________ 52-54
Bibliografía: ______________________________________________________________ 55
Doctrina:____________________________________________________________________55-56
Legislación_____________________________________________________________________56
Jurisprudencia__________________________________________________________________57
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INTRODUCCION
Tal figura denominada desde antaño como concubinato, unión de hecho o matrimonio
aparente son términos que fueron usados indistintamente y con idéntica significación. El Código
de Vélez, las ignoró en un principio, por considerarlas inmorales de acuerdo a los estándares
éticos de la época. No se hallaban reguladas de forma íntegra, sino bajo un sistema abstencionista
que tenía como antecedente a destacar el Código Civil Francés o Código de Napoleón.
Este instituto tan poco reglado y tan importante para la época en la cual vivimos donde
convivir sin casarse formando un tipo de familia diferente a la tradicional, es una decisión
adoptada por diversas clases sociales en todo el ámbito geográfico, donde las personas conviven
pero sin haber celebrado nupcias. Esto nos demuestra la gran cantidad de argentinos que optaron
por ejercer su derecho a no casarse. Elijen la forma no matrimonial en base a su autonomía de la
voluntad, pero en ocasiones deduciendo, en base a mitos sociales, que la unión de hecho luego
de un transcurso de tiempo generaba las mismas implicancias legales que el matrimonio.
En los fundamentos del Anteproyecto del Código Civil y Comercial (2012), los redactores
sostienen que la llamada constitucionalización del derecho civil y la incorporación de los tratados
de Derechos Humanos en el bloque constitucional han tenido fuerte impacto en el derecho de
familia.
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En este marco, la reforma y unificación del Código Civil y Comercial de la Nación
ocurrida en el año 2014, no pudo estar ajena a la regulación integral de la figura de la Unión
Convivencial. Es así que la incorpora y la define como “la unión basada en relaciones afectivas,
de carácter singular, pública, notoria, estable y permanente de dos personas que conviven y
comparten un proyecto de vida común, sean del mismo o de diferente sexo”.
El afecto, en todas sus manifestaciones, desde el existente en una pareja o una paternidad,
constituye un punto determinante para originar relaciones jurídicas, y que no fue considerado
por Vélez. Durante el Siglo XIX, la familia tradicional fue el modelo en que se inspiró el
codificador. Cualquier otra manifestación quedaba fuera de los marcos legales.
Se introducen diferencias entre aquellas uniones que son registradas y las que no lo son.
Hay un amplio margen de acuerdo entre los convivientes, que pueden plasmarse mediante pactos
de convivencia. Pero tales aspectos no pueden ser contemplados en uniones no registradas, en
las que la voluntad del legislador no ha sido tutelarlas.
Por tal motivo, este trabajo tiene como objetivo principal determinar cuáles son las
ventajas y desventajas de la unión convivencial en relación al matrimonio, y dentro de ellas, las
diferencias en materia de derechos tutelados entre las registradas y las no registradas.
Como también determinar los requisitos y caracteres de estas uniones, describir los
principios constitucionales que las protegen y analizar los puntos comunes entre las uniones
registradas y el matrimonio.
Otros objetivos son: analizar las características de los pactos de convivencia, indagar
acerca de los efectos jurídicos durante la unión y cesada ella, y analizar la situación de las uniones
no registradas.
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El presente trabajo se divide en cuatro capítulos: el primero aborda cuestiones generales
sobre las características de este instituto, el reconocimiento de derechos en diferentes leyes y los
principios fundamentales en los que se asienta dicho vínculo.
El segundo capítulo trata los aspectos más relevantes que incluye el Código sobre dicha
institución. Las características de las uniones registradas y las no registradas y los derechos que
tienen los convivientes.
En la tercera parte se indaga sobre los efectos jurídicos al momento de cese del vínculo.
Las causales previstas, así como las consecuencias personales y patrimoniales.
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CAPITULO I
“Aspectos Generales”
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1.1. Introducción
Desde la vigencia del Código Civil de Vélez Sarsfield, la sociedad argentina sufrió
numerosos cambios políticos, sociales y culturales, a los que nuestras leyes tuvieron que
adecuarse, para dar respuestas a nuevas formas de relaciones familiares, no contempladas por el
codificador.
En sus orígenes, el derecho asumió una postura abstencionista en cuanto a otorgar efectos
jurídicos a las uniones de hecho. Sin embargo, ante el aumento de tales uniones, mediante
sucesivas reformas parciales al código y la sanción de diversas leyes especiales, han ido
incorporando ciertos efectos precisos a los que elijan emplazarse en esta forma de organización
familiar. A pesar de ello, no se logró dar cobertura a la amplia gama de situaciones que generaban
este tipo de uniones.
La mutación de las relaciones familiares genera nuevos vínculos que deben ser
considerados por el derecho. Los lazos jurídicos dados por un matrimonio, ceden ante la
existencia de familias cuyo vínculo que los une es el afecto y no la ley. Es así donde la regulación
de estas uniones resulta fundamental para el legislador en el nuevo código ya que, si bien no se
le otorgan los mismos efectos que el matrimonio, al menos se regulan ciertos aspectos
patrimoniales, en cuestión de vivienda familiar, entre otros.
Los lazos afectivos en este tipo de relaciones, son los generadores de derechos y
obligaciones. Esta es la gran diferencia con el matrimonio.
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1.2. Concepto y caracteres de las uniones convivenciales.
El nuevo Código tipifica este instituto en el artículo 509, diciendo que es una unión basada
en relación afectiva, de carácter: singular, pública, notoria, estable y permanente de dos personas
que conviven y comparten un proyecto de vida común, ya sean de igual o diferente sexo.
Las relaciones afectivas, implican una forma familiar de dos personas que comparten un
proyecto de vida en común, según expresan Lloveras, Orlandi y Faraoni (2014).
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Esta norma nos expone que, para que exista una unión convivencial, se deben cumplir
con requisitos, tanto en una pareja de igual o diferente sexo. Están unidos por una relación
afectiva de carácter singular (se refiere a la existencia de una única relación, por ende no se puede
constituir más de una unión convivencial simultánea). Debe ser pública, es decir, se tiene que
poder conocer la situación fáctica de los convivientes de forma notoria y al alcance de todos
(Itzik,Tombesi y Valle, 2004).
¿Puede haber una unión convivencial entre novios que viven en casas diferentes?, la
respuesta a este interrogante es no, ya que la norma reza como elemento esencial que las mismas
deben convivir, es decir cohabitaren una misma residencia, quedando excluidas por lo tanto la
unión transitoria de corta duración como las relaciones sexuales estables pero no acompañadas
de cohabitación y las convivencias asistenciales. Deben compartir un proyecto de vida en común
esto nos está excluyendo a la pareja de hermanos, amigos y afines que conviven por
circunstancias económicas, sociales, etc. porque para que se configure la unión convivencial
típica debe haber una proyección de vida en común.
Además es estable y permanente. Para que dicha unión tenga efectos legales, deberá
prolongarse en el tiempo. Se establece un plazo mínimo de dos años de convivencia. Tal como
se la ha regulado entendemos que la unión genera entre los convivientes un “estado de familia”.
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Desde ese punto de vista, la unión convivencial es una alternativa y un derecho personal
a la hora de elegir si formar una familia bajo el tipo matrimonial o no matrimonial. A pesar de
que ambas instituciones no pueden tener idénticos efectos, porque sería vaciar al matrimonio de
sus efectos personales y patrimoniales. Valores que han sido arduamente defendidos por los
sectores doctrinarios más conservadores.
Al momento de definir los principios en los que se basan las relaciones familiares,
podemos basarnos en:
La autonomía de la voluntad. Ello significa, la libertad para elegir entre formar una
familia del tipo matrimonial o bajo una unión convivencial, cualquiera sea la orientación
sexual de la pareja. Tal principio de autodeterminación se ve expresado en la posibilidad
de realizar pactos entre convivientes que regirán la unión. (Art. 515)
El principio de solidaridad. El orden público que regía en todos los temas inherentes al
matrimonio en el Código derogado, es el fundamento del principio de solidaridad familiar. Sin
embargo, la norma basa sus argumentos en el principio de igualdad, reconociendo los diferentes
modelos de familias, ya sean matrimoniales, uniones convivenciales o familias ensambladas. Con
base en este principio constitucional de igualdad y no discriminación, se protege los diferentes
tipos de familia existentes en la Argentina. La nueva norma, dicen las autoras antes citadas, logra
un equilibrio entre el orden público vigente hasta la reforma y la autonomía de la voluntad.
Adopta una posición intermedia, reconociendo efectos jurídicos al denominado concubinato,
pero de manera limitada.
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Afirma Grosman (2014) que la respuesta a la regulación de este instituto, es cómo resolver
la tensión entre la autonomía de la voluntad, mi derecho a no casarme; y el orden público o
solidaridad familiar, exige un juicio de ponderación, en donde la manda de la protección integral
de la familia y el principio de igualdad y no discriminación son llamados a intervenir.
Los principios fundamentales que sostienen la regulación de estas uniones, según Lloveras
(2015), son:
La legislación Argentina, ante las situaciones conflictivas que se fueron dando como
resultado de la abstención normativa del Código de Vélez Sarsfield, con respecto al concubinato
o uniones de hecho, fue brindando respuestas puntuales para resolver cuestiones que eran
insoslayables, así encontramos las siguientes disposiciones:
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El derecho a percibir la remuneración del concubino previsto en el art. 248 de la Ley de
Contrato de Trabajo. La extinción del contrato de trabajo por muerte del trabajador.
Indemnización por antigüedad, monto y beneficiaria Art. 248. En caso de muerte del
trabajador, las personas enumerada en el artículo 38 del decreto, Ley N° 18.037 tendrán
derecho, mediante la sola acreditación del vínculo, en el orden y prelación allí establecida, a
percibir una indemnización igual a la prevista en el artículo 247 de esta ley.
Ley 24.193 de trasplantes de órganos y materiales anatómicos que establece la posibilidad
de ser donantes a los concubinos.
Todos estos son ejemplos que demuestran que existían algunos derechos reconocidos,
diseminados en diferentes cuerpos normativos. Pero también es algo real las diferencias entre
parejas casadas y parejas convivientes sin pasar por el instituto del matrimonio, cuyas diferencias
eran enormes porque el que no optaba por la forma matrimonial para formar su familia no
heredaba, no tenía derecho alimentarios entre otras cuestiones que hacen a la innegable
discriminación y desprotección normativa hasta esta nueva figura recientemente reglada
tipificada como uniones convivenciales, tal como lo reconoce Diez Picazo (2001).
La estructura normativa define en primer lugar los caracteres para la existencia, como se
analizara oportunamente, ya que no cualquier unión tiene la identidad de convivencial.
El Código Civil y Comercial en su art. 510 dispone que para que se les reconozca efectos
jurídicos a las uniones convivenciales se requiere que:
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5. Mantengan la convivencia durante un período no inferior a dos años, con ello lo que se
busca es resguardar la seguridad jurídica y evitar la arbitrariedad. Afirma De la Torre
(2014) que ese plazo varía dependiendo del país, en Uruguay se considera cinco años y
en Paraguay cuatro años. Explica la autora, que la pretensión del legislador, al fijar un
plazo es el resguardo de la seguridad jurídica y así evitar arbitrariedades que pueden surgir
de la indeterminación.
Esto nos señala que existen dos tipos de uniones, las registradas y las no registradas. En
las primeras, la registración sólo sirve a los fines probatorios y de publicidad de la existencia de
la relación la cual se efectúa en el registro civil a través de un acta de constatación de la unión.
No cambia el estado civil de la persona. No procede una nueva inscripción de una unión sin la
previa cancelación de la preexistente. La registración de una unión convivencial debe ser
solicitada por ambos integrantes de la unión. (Molina de Juan, 2015).
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Esto se establece para que los pactos de convivencia tengan efectos con relación a
terceros, deben ser inscriptos en el registro local que correspondan a los bienes (art. 517). Esta
previsión sólo encuentra explicación para el caso en el cual los convivientes hayan pactado
gestión conjunta. Con relación a los convivientes los pactos tiene efectos desde su celebración
sin necesidad de inscripción alguna. Hay un solo efecto que producen las uniones convivenciales
registradas y es la protección de la vivienda familiar y los muebles, para ello es necesario que la
unión esté inscripta. (Pellegrini, 2012).
Ello no implica que una unión no registrada no genere efectos jurídicos. En la medida que
tal vínculo sea probado y acreditada la antigüedad de dos años, surtirá los efectos previstos en
la ley.
1. Ambos integrantes de igual o distinto sexo tienen que ser mayor de edad.
2. No deben estar unidos por vínculo de parentesco en línea recta en todos los grados, ni
colaterales hasta el segundo grado.
3. Dos años de convivencia pública y permanente.
4. Partida de nacimiento de hijos comunes si hubiere.
5. Dos testigos que prueban los dos años de convivencia mínima, con sus respectivos D.N.I.
atreves de una declaración jurada.
6. No deben estar casados, ni tener registrada otra convivencia de manera simultánea.
7. Ambos contrayentes deben tener domicilio común, cohabitar, el mismo debe constar en el
D.N.I de cada uno de ellos.
8. La solicitud deberá ser suscripta por ambos convivientes y por el oficial público
interviniente.
9. En el mismo Registro se registrarán los pactos que los integrantes de la pareja hayan
celebrado.
Art 512: Establece que la unión puede acreditarse por cualquier medio de prueba, y que la sola
inscripción en el registro correspondiente es prueba suficiente para su existencia, la inscripción
de la unión requiere de la solicitud y aceptación voluntaria por parte de los dos integrantes. La
cancelación de esa inscripción puede hacerse a pedido de una sola de las partes que conforman
la unión.
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La inscripción/registración y posterior certificado que da cuenta dela existencia de la
unión convivencial es la postura legislativa que va obteniendo mayor espacio a la luz del
panorama normativo comparado. Sucede que de esta manera se le permite a la pareja durante su
duración contar con un instrumento público que dé cuenta sobre su existencia, si es que así lo
requieren o, en su defecto, que pueda ser probado cuando lo precisen por cualquier medio
probatorio. De este modo, para ser considerada unión convivencial no hace falta estar inscripta
en el registro que se crea a tal fin. Pero si se pretende mostrar a terceros la existencia de la unión,
ésta puede ser inscripta y el certificado que se expida en consecuencia será el medio probatorio
por excelencia de este tipo de unión. (Lorenzetti, 2014)
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Conclusiones Parciales
Aunque pensamos que es muy prematuro aún hacer una evaluación de tal reforma, pero
es positivo otorgarles un contenido jurídico a modelos familiares basados en el afecto y no en la
ley.
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CAPÍTULO II:
“Las relaciones Personales y Patrimoniales”
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2.1. Introducción
Sin embargo, no tiene efectos plenos como el matrimonio, cuyas diferencias se verán en
los próximos capítulos. Como dice Kemelmajer de Carlucci (2016) la unión convivencial no
puede tener los mismos efectos que el matrimonio, porque resulta contradictorio, que una pareja
exija solidaridad de parte del Estado (como régimen de seguridad social, por ejemplo), y a los
demás (por ejemplo al reclamar vocación hereditaria), pero al mismo tiempo, pretende vivir sin
ningún tipo de responsabilidad interna.
Explica Lloveras (2015) que se crea y plasma en el nuevo Código un modelo de unión
convivencial, basado en la autonomía personal, que reconoce la responsabilidad y la solidaridad
como límites del propio sistema: el riesgo de un ejercicio anti funcional de los derechos por
alguno de los miembros de la pareja puede provocar un daño en el otro, particularmente en el
momento más álgido del desarrollo histórico de la unión, como en el cese o ruptura de la
convivencia.
Por tal motivo se legisla sobre la posibilidad de suscribir pactos de convivencia que
regirán mientras dure la unión, e incluso otorga la posibilidad de decidir sobre la disposición de
los bienes después de cesada la unión.
El presente capítulo comienza con una breve descripción de los pactos convivenciales,
los contenidos y límites de los mismos. Luego expondremos los requisitos para su modificación,
rescisión y extinción con la finalidad de iniciar el análisis sobre el momento a partir de los cuales
producen efectos respecto de los terceros.
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2.2. Los pactos de convivencia y sus características
La libertad de realizar acuerdos para regular las relaciones de carácter patrimonial o extra
patrimonial, se expresa a través de un pacto de convivencia. En él está presupuesta la autonomía
de la voluntad de las partes, para convenir los efectos de su unión. Los convivientes pueden pactar
una administración conjunta, indistinta o separada de sus bienes.
También tienen la opción de no celebrar pactos. En cuyo caso los convivientes ejercen de
forma libre la facultad de administración y disposición de sus bienes y se rigen por las normas
de derechos reales.
En el análisis que efectúa Lorenzetti (2014) del espíritu de la redacción de estos acuerdos
es que se intenta respetar, primordialmente, la decisión autónoma de los miembros de la unión,
limitándola tan sólo en cuanto pudiese lesionarlos derechos fundamentales que titularizan u
ocasionare un perjuicio a legítimos intereses de terceros. En estas circunstancias, los
convivientes, tienen la posibilidad de establecer con la máxima libertad posible las más variadas
cláusulas que consideren mejor sirvan para regir su vida en común, y para el caso en que nada
hubieran previsto, entran a jugar las normas generales como piso mínimo de derechos y
obligaciones inderogables que tienden a asegurar una adecuada tutela a los integrantes del grupo
familiar y a terceros que se encuentran vinculados a él de una u otra manera.
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2.2.1. Forma y contenido
Los pactos de convivencia deben ser realizados por escrito. Pueden ser pactos que se
creen para establecer los efectos durante la convivencia o que se generen para establecer los
efectos entre los convivientes al cese de la convivencia, como también se pueden realizar para
regular los efectos de la unión convivencial frente a terceros.(Sojo, 2015).
Estos pactos son convenios o contratos destinados a regular las relaciones personales y
patrimoniales de los convivientes.
Rivera (2014) afirma que las características de estos pactos son las siguientes:
Las contribuciones que realizará cada individuo que conforma la unión para solventar las
cargas del hogar durante la cohabitación.
La atribución de la vivienda familiar, en caso de ruptura de la unión.
La distribución de los bienes obtenidos como fruto del esfuerzo en común.
Esta enumeración es solamente enunciativa, pudiendo pactarse otras cuestiones, siempre
teniendo en cuenta las limitaciones prescriptas.
Una observación a tener en cuenta, es el planteo que hace Rivera (2014), al respecto, al
explicar que la norma sólo exige que se hagan por escrito. Al no estar prevista la escritura pública
para este tipo de acuerdo, se presenta un problema en cuanto su inscripción en los registros. Esto
sucede, por ejemplo, en los Registros de la Propiedad Inmueble, el único instrumento admitido,
es la escritura pública.
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El carácter meramente probatorio de la inscripción, como la amplitud en el modo de
verificar la unión convivencial responden a una flexibilidad en el reconocimiento jurídico de este
tipo de figuras y se fundan en las diversas razones por las cuales las personas no contraen
matrimonio, sino que consolidan su proyecto de vida en común a través del tiempo, y cumpliendo
con determinados requisitos. (Lorenzetti, 2014).
Es de gran importancia aclarar, afirma Basset (2016), que para la registración de la unión
prevista en los Registros de Uniones Convivenciales, que funcionan como oficina especial dentro
del Registro Civil y de Capacidad de las Personas en cada jurisdicción, los cónyuges necesitan
tener aptitud nupcial, en otras palabras que no tengan impedimento de ligamen, como establece
la norma.
En definitiva, el régimen de la unión convivencial se regirá por los pactos suscriptos. Ante
ausencia de ellos, se regirá por lo establecido en la ley. La autonomía de la voluntad se ve limitada
cuando estas convenciones sean contrarias al orden público, en todo caso se tendrán por no
escritas.
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Un punto de gran relevancia a tener en cuenta, es que, ante la ausencia de acuerdo sobre
la titularidad de los bienes de la unión, el Código sigue las tendencias doctrinarias y
jurisprudenciales. No hay una comunidad de bienes gananciales. La titularidad le corresponde al
conviviente que lo adquirió. No hay sociedad de hecho y en todo caso, rige el régimen del
condominio. No hay variaciones con relación a la norma derogada.
Scolarici (2015) afirma que para que concurra una sociedad de hecho debe concurrir como
recaudo indispensable la obtención de alguna utilidad apreciable en dinero, que los socios
deberán dividir entre sí, del empleo que hicieron de lo que cada uno hubiese aportado.
Los tribunales siguen manteniendo tal posición con la aplicación del nuevo Código. En
una sentencia del 03/11/2015, la CNCiv., Sala J, autos “F.M.L., c/N.R.H., s/disolución de
sociedad”2 determinó que la sentencia del tribunal a quo que admitió la existencia de una
sociedad de hecho entre concubinos, y además consideró que la totalidad de los bienes de
titularidad individual conforman un capital común; debía revocarse. Argumentó que el decisorio
asimiló erróneamente la situación a un régimen de ganancialidad propia de la institución
matrimonial. Esto carece de sustento jurídico alguno y ni siquiera el nuevo régimen legal
regulado entre el artículo 509 al 528 del nuevo Código Civil y Comercial atribuye tales efectos
a las uniones convivenciales.
1
[Link]. Com. Lab. Min, Sala A, Trelew. “N.O.R. s/Inc. Liquidación Sociedad Conyugal”.Recuperado el 17/08/16
de [Link] Sumario Q0018384 (2006)
2
CNCiv., Sala J, “F.M.L., c/N.R.H., s/disolución de sociedad”. Recuperado el 17/08/16 de
[Link] AR/JUR/6316/2015
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2.2.2. Límites, modificación y extinción
Como todo contrato, dichos pactos encuentran sus límites en los principios generales de
la buena fe, la moral, el respeto al orden público y al principio de solidaridad familiar. En base a
estos principios, los pactos no podrán establecer efectos que contraríen al orden público, ni
contrarios al principio de igualdad entre los convivientes, tampoco podrán afectar los derechos
fundamentales de los integrantes de la unión.
El cese de la convivencia, se puede dar por una situación fáctica, como las que reza el art
523 donde se produce el cese de la unión por la muerte de uno de los convivientes, la sentencia
firme de ausencia con presunción de fallecimiento de uno de los convivientes, por matrimonio
o nueva unión convivencial de uno de sus miembros, por la celebración matrimonial de los
convivientes, por el mutuo acuerdo, por la voluntad unilateral de alguno de los convivientes
notificada fehacientemente al otro o por la interrupción de la cohabitación no justificada por
situación fáctica, como por ejemplo por trabajo. Estos supuestos extinguen de pleno derecho los
pactos hacia el futuro. (Lloveras, Orlandi, Faraoni, 2014).
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Todos los efectos extintivos de la convivencia son oponibles desde la inscripción del cese.
Como sostiene Lorenzetti (2014) son los convivientes los que determinarán, por acuerdo
de voluntades exteriorizado en un pacto, cómo administrar y disponer de los bienes que uno o
ambos convivientes adquieran durante la vigencia de la unión. Como puede observarse en las
relaciones patrimoniales, no existe régimen legal en las uniones convivenciales, sino primacía
del libre juego de las autonomías de los integrantes para conformar sus relaciones patrimoniales
dentro del núcleo mínimo de tutela.
En estos casos hay que hacer distinciones. En las uniones registradas y ante la existencia
de pactos, el régimen acordado entre ambos es el que rige la unión. Sin embargo, puede suceder
que no se hayan pactados acuerdos escritos, o si la unión no está registrada, mal podría inscribirse
un acuerdo. En estas situaciones, cada conviviente tiene la libre administración y disposición de
sus bienes, cuya titularidad corresponde a quien lo adquirió. Como se explicó oportunamente, si
el bien es adquirido por ambos, rigen las normas del condominio.
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La relación patrimonial entre los convivientes tiene una base o piso mínimo que debe ser
respetado de forma obligatoria, y son:
Los convivientes son responsables solidariamente por todas las deudas contraídas para
afrontar los gastos del hogar, la educación y manutención de los hijos. Pero cada uno es
responsable por las deudas contraídas por sí, cuando no fuese para afrontar los gastos antes
descriptos. No pueden embargarse los bienes del otro conviviente por las deudas propias
contraídas por uno de ellos. En casos de condominio, el embargo será procedente sobre la porción
del conviviente deudor.
En cuanto al segundo inciso, implica que ambos convivientes responderán ante los
acreedores con todos sus bienes por este tipo de deudas. Son los acreedores los que tienen la
carga probatoria de acreditar la convivencia y también la naturaleza de la deuda para extender la
responsabilidad hasta el conviviente que no contrajo la deuda. Si la unión está inscripta, basta
solo la certificación correspondiente y si no está inscripta, podrá apelar a cualquier medio
probatorio que acredite la existencia.
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Resulta muy claro que el legislador sólo le otorga una tutela a las uniones registradas,
dejando a la no registrada fuera de esta protección.
Para resumir, en las uniones registradas, las relaciones patrimoniales pueden estar regidas
por pactos, o no, y también tiene derecho a la protección de la vivienda. Sin embargo, en las no
registradas, rige la plena autonomía de la voluntad, sin que el codificador les de alguna tutela
especial y en materia de bienes registrables se aplican las normas de los derechos reales.
Uno de los deberes, al igual que los cónyuges, es que los convivientes se deben asistencia
mutua mientras dure la cohabitación. Algunos autores, como Luján (2015) sostienen que esta
asistencia es de carácter moral o espiritual y no necesariamente referida a alimentos, como en el
matrimonio. Si bien esta diferenciación es clara en el matrimonio, más no lo es en la regulación
de las uniones. Rivera (2014) dice que los alimentos en estas uniones sólo son procedentes si
hubiese un acuerdo inscripto que así lo exigiera.
En otro sentido, Lorenzetti (2014) y Herrera et al. (2014) expresan que la obligación de
asistencia, incluye los alimentos entre los convivientes, pero este tipo de asistencia, únicamente
es debida durante la vigencia de la unión. A excepción que mediante algún pacto se acordara
alimentos cesada la misma.
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En cambio, dicha obligación es procedente para con los hijos menores o con capacidad
restringida. En este caso se declara que el que no cumpliere con esta obligación puede ser
demandado judicialmente por el otro para que cumpla con su deber.
La obligación de contribuir con los gastos del hogar es una norma de orden público. Cada
conviviente aportará de acuerdo a sus ingresos, su condición laboral, entre otras, pero no puede
dejar de hacerlo argumentando la autonomía de la voluntad.
En definitiva serán los operadores judiciales los encargados de resolver dichas cuestiones
y considerar que una cláusula de este tipo podría ser considerada nula.
Rivera (2014) señala una serie de efectos personales en todo el articulado por ejemplo:
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Puede observarse que la norma les da el mismo tratamiento a hijos nacidos dentro del
matrimonio o de la unión convivencial. Sin distinción en cuanto al deber de asistencia mutua,
alimentos para los hijos menores o discapacitados, gastos de mantenimiento del hogar, y
solidaridad por deudas. De ahí que la tutela no distingue a los tipos de familia, dándoles el mismo
tratamiento-como ya lo hacía el Código derogado-, a los hijos nacidos dentro y fuera del
matrimonio. Ese núcleo mínimo basado en el principio de solidaridad y el orden público es lo
único que equipara a la unión con el matrimonio.
En este sentido, el Código logra brindar una respuesta equilibrada formada a la luz de los
criterios axiológicos que bien se enumeran en los Fundamentos que acompañan este texto: el
principio de realidad, la "constitucionalización del Derecho Privado", la igualdad y no
discriminación y el multiculturalismo. (Lorenzetti, 2014).
Conclusiones Parciales:
El segundo peldaño está dado por las uniones convivenciales registradas, a la que se les
reconoce ciertos derechos, pero bajo ningún punto de vista de la rigurosidad matrimonial; donde
la autonomía de la voluntad es más acentuada que en el régimen del matrimonio. Se puede pactar
todo, en la medida que no se vean vulnerados el orden público, el principio de igualdad y la moral
y buenas costumbres. Un aspecto que consideramos muy positivo es la protección de la vivienda
familiar.
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CAPÍTULO III:
“Cese de la convivencia”
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3.1. Introducción
En esta parte indagaremos sobre las consecuencias jurídicas que tiene el cese de la
convivencia, en similitud a la disolución jurídica del matrimonio. Las causas que prevé la norma,
pueden ser de tipo naturales como la muerte o presunción de fallecimiento de uno de los
convivientes; o convencionales como matrimonio o inicio de una nueva unión, o simplemente
por acuerdo mutuo o decisión de uno de los convivientes de no continuar la relación. También
cesan los efectos jurídicos si hay una interrupción de la cohabitación en forma prolongada (por
más de un año), siempre y cuando no exista voluntad de mantenerse unidos. (Puede suceder que
por razones laborales la pareja se encuentre separada circunstancialmente.)
El cese del vínculo da origen a ciertos derechos, en algunos casos, que se irán analizando
durante esta parte del trabajo.
Aunque suene reiterativo, los mayores efectos se producen sobre la unión efectivamente
registrada. Sin embargo, ante la existencia de hijos menores, aunque la unión no estuviese
registrada, ahí el reclamo de alimentos y asistencia que pudiese hacer uno de los convivientes, es
para los menores a su cargo y no para sí mismo.
También recordemos que terminada la unión, los pactos suscriptos quedan sin efecto de
pleno derecho, a excepción que se hubiese acordado algún tipo de efectos para el futuro.
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La norma estructura, dice Lorenzetti (2014) mediante una enumeración taxativa, las
causales por las cuales se produce el cese de la unión convivencial. Algunas de ellas originadas
en circunstancias ajenas a la voluntad de las partes, y otras nacidas de la propia voluntad de los
miembros de la pareja, voluntad constitutiva de la propia unión convivencial como acontece con
el cese de la unión, el matrimonio de los convivientes entre sí o de alguno de ellos con un tercero.
Este elemento volitivo está presente también, al aclararse que la unión no se entenderá
interrumpida si la falta de cohabitación no obedece a la elección de los miembros de la pareja,
sino a motivos ajenos a dicha voluntad.
La descripción de las causales de cese, son casi idénticas a las causales de disolución del
matrimonio, acá puede verse la similitud entre ambos institutos.
En cuanto a los derechos patrimoniales, la norma en su art. 524 fija el derecho a una
compensación. Cuando cesara la conviviencia, si uno de ellos sufriera un desequilibrio
económico manifiesto originado por la ruptura tiene derecho a una compensación económica.
Esta compensación puede consistir en una prestación única o periódica por un tiempo
determinado que nunca puede ser mayor al tiempo de duración de la unión. Por ejemplo si la
unión duró seis años, la compensación no puede exceder tal plazo.
Además puede pagarse en dinero o con usufructo de otros bienes o cualquier otra
modalidad acordada por las partes, o fijada por el juez. Este concepto fue tomado de la
jurisprudencia: “La compensación económica podrá abonarse de diferentes formas pecuniarias o
por ejemplo con el uso y goce de un bien determinado y deja la opción de lo establecido de forma
voluntaria por las partes”3.
[Link] AR/JUR/3689/2000
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Kemelmajer de Carlucci y Molina de Juan (2014) afirman que la compensación es el
resultado de que; si bien el respeto por la autonomía de la voluntad no puede legitimar conductas
egoístas, el Código, dicen las autoras, opinión a la que adherimos, promueve la responsabilidad
con aquellos con que se ha compartido la vida familiar, reconociendo que puede existir una
desigualdad patrimonial originada por la asignación de roles y responsabilidades entre los
convivientes. Los frecuentes sacrificios, postergaciones y renuncias al desarrollo personal, no
tienen que ser ignorados al finalizar una convivencia.
Hay una gran discusión doctrinaria al respecto, porque no se comprende cuál es el gran
perjuicio o desequilibrio económico. En los Fundamentos del Proyecto (2012) se sostiene que es
la afectación del principio de igualdad o equidad para aquel conviviente que no trabajase o la
pérdida de oportunidades laborales de aquel quien se quedó a cuidar a los hijos menores. Sin
embargo, otros como Grosman (2014), afirman que es una contradicción, por un lado dejar todo
reglado a la autonomía de la voluntad, y por otro reclamar una compensación.
Es aquí también donde equipara a la unión con el matrimonio, porque en el supuesto que
uno de los cónyuges sufriera un menoscabo económico manifiesto, tiene derecho a percibir una
compensación. Sin embargo, en el matrimonio esta compensación puede ser por tiempo
indeterminado. En cambio, por razones de política legislativa, también se le pone un límite de
tiempo en caso de convivencia, para diferenciarla de la unión matrimonial.
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Molina de Juan, (2015) al analizar esta figura introducida del derecho comparado sostiene
que persigue la finalidad de "compensar" el perjuicio económico que la ruptura de la pareja
provoca a uno de sus miembros, atenuando su impacto hacia el futuro. Se traducen en una
prestación destinada a "corregir" el desequilibrio patrimonial causado por la vida en común, que
hasta entonces permanecía oculto, y se visibiliza con el divorcio o el cese de la convivencia. No
busca, por el contrario, igualar patrimonios ni restituir lo perdido por su equivalente exacto,
tampoco garantizar el nivel de vida que se tenía durante la convivencia.
En cuanto a los efectos patrimoniales del cese, como se aclaró, salvo que los convivientes
hubiesen pactado algo diferente, terminan todos los efectos patrimoniales. Sin embargo el
conviviente que sufriera un desequilibrio manifiesto y un empeoramiento de su situación
económica puede reclamar una compensación económica. Para ello el juez tendrá que analizar
diferentes parámetros como el aporte y dedicación al hogar y crianza de los hijos que hizo cada
uno durante la convivencia, el patrimonio individual al iniciar la unión y al finalizar, edad de los
hijos, edad y estado de salud de los convivientes, entre otros.
Las pautas de fijación de tal compensación son las mismas que las fijadas en caso de
matrimonio, porque acá lo que se tutela es el perjuicio futuro a sufrir por uno de los integrantes
de la unión ya sea convivencial o matrimonial.
Lorenzetti (2014) explica que las pautas en que se debe basar el magistrado constituyen
una visión integral de la situación, tanto para el pasado-analizando situación al inicio y fin de
cada conviviente, ingresos, educación, etc; y hacia el futuro-reinserción laboral, colaboración en
las actividades comerciales del otro, por mencionar algunas de ellas.
Otro de los puntos que define el Código es cuál es el destino de la vivienda familiar en
caso de interrupción de la convivencia. En este sentido, el espíritu del legislador es la protección
de la vivienda donde habita la familia, teniendo idéntico tratamiento que el matrimonio. Como
se explicó reiteradamente, el principio constitucional de protección a la familia y de igualdad se
materializa con la tutela del hogar familiar, independiente de si es una unión formal o informal.
El inmueble que habitaron los convivientes puede ser atribuido a uno de ellos en los
siguientes casos:
[Link]., Sala II, Tucumán “ P.R.S.,” La Ley NOA, 2008 (NOVIEMBRE), 1021
4
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a) si tiene a su cargo el cuidado de hijos menores de edad, con capacidad restringida, o con
discapacidad
b) si acredita la extrema necesidad de una vivienda y la imposibilidad de procurársela en forma
inmediata.
Le corresponde al juez fijar el periodo de atribución del hogar familiar, pero este plazo
no puede exceder los dos años de cesada la convivencia. El otro conviviente al que no se le
atribuyó el inmueble, puede solicitar una renta compensatoria por el uso del inmueble, o que el
mismo no fuere enajenado sin el acuerdo expreso de ambos, o que el inmueble en condominio
de ambos no sea partido ni liquidado. Esta decisión tendrá sus efectos desde la inscripción
registral, ya que recordemos que la unión no registrada no tiene este tipo de tutela. En caso de
que el inmueble fuese locador, el conviviente no locatario tiene derecho a seguir habitándolo
hasta la expiración del plazo, debiendo hacerse cargo del canon locativo.
El derecho a la atribución de la vivienda familiar, cesa por las mismas razones que en el
instituto del matrimonio por:
Por el cumplimiento del plazo fijado por el juez, (los 2 años máximos).
Por cambios en las circunstancias que se tuvieron en cuenta para su fijación (mayoría de
edad de los hijos, situación de necesidad superada, etc.).
Por las causales de indignidad
En caso de muerte del conviviente, el art. 527 le otorga al otro cierta seguridad reglando que
sólo el conviviente supérstite que careciera de vivienda propia habitable o de bienes suficientes
que aseguren el acceso a esta, puede invocar el derecho real de habitación gratuito, por un plazo
máximo de dos años sobre el inmueble de propiedad del causante, que constituyó el último hogar
familiar, y que a la apertura de la sucesión no se encontraba en condominio con otras personas.
Además hay que considerar que este derecho es inoponible a los acreedores del causante.
Además se extingue si el conviviente supérstite constituye una nueva unión convivencial, contrae
matrimonio, o adquiere una vivienda propia habitable o bienes suficientes para acceder a ésta.
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La norma incorpora un nuevo derecho real: el de habitación gratuito, que consta de un
límite temporal dos años, siempre y cuando el supérstite no tuviese vivienda y además no contara
con los medios para proveérsela.
Dijo la Cámara que la ley no ha reconocido derecho alguno a uno de los convivientes,
sobre los bienes del otro, salvo que existan aportes conjuntos, para reclamar su parte.
La previsión protectora establecida mediante la adjudicación del uso del inmueble sede
del hogar familiar a la ruptura de la unión convivencial se complementa con similar tutela que se
reconoce para el caso de muerte del compañero, si bien el derecho es incorporado con ciertos
límites y recaudos que en rigor no hacen más que compatibilizar los intereses en juego. Con esta
norma, se complementa el panorama de protección integral de la familia, sin distinción entre las
diversas manifestaciones. (Lorenzetti, 2014)
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3.5. Distribución de Bienes
Por lo tanto, los convivientes tienen la libertad de pactar el régimen de bienes que ellos
crean conveniente, hasta su distribución. Ante la inexistencia de un convenio se aplican las pautas
generales, que son las mismas que regían anterior a la reforma.
De esta manera, como dicen Herrera et al. (2014) la nueva legislación, a falta de pacto,
no establece acciones particulares que puedan entablarse entre convivientes para resolver el
conflicto sobre determinado bien, sino que manda a aplicar las reglas atinentes a los principios
generales del derecho civil constitucionalizado.
De lo analizado, puede observarse que se otorga la plena libertad a los convivientes para
que reglamenten sus derechos personales y patrimoniales. Caso contrario, ante la inexistencia de
estos acuerdos, el Código no introduce ninguna innovación en materia de administración y
disposición de bienes. Mal puede pensarse en una comunidad de bienes cuando existe únicamente
un acuerdo tácito en la convivencia.
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poco a poco, llenen de contenido los textos legales, suficientemente flexibles para dar una
respuesta oportuna y eficaz a la necesidad social que los justifica. (Molina de Juan, 2015).
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Conclusiones Parciales
En esta parte se indagó sobre los efectos de la unión durante y después de su cese.
Creemos que existe un exagerado énfasis de la autonomía de la voluntad que introduce la
reforma, incluso con la reforma de la institución matrimonial. Si bien no pueden equiparase tales
derechos, la desprotección casi total a las uniones no registradas, es uno de los aspectos que
tendrán que evaluarse en las futuras reformas.
La protección de la vivienda familiar es uno de los puntos más importantes en los que se
avanzó, sin embargo el plazo de dos años, consideramos arbitrario y extremadamente corto, para
el conviviente que tiene los hijos menores a cargo o no tuviese vivienda.
Es muy pronto efectuar un análisis sobre las bondades de la reforma. Sin embargo,
constituye el primer peldaño y visibiliza una problemática que debía ser resuelta por el operador
jurídico.
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CAPÍTULO IV
“Las diferencias entre las uniones
convivenciales y el matrimonio”
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En el transcurso de este trabajo se han expuesto las características sobresalientes de estas
uniones. La preeminencia de la autonomía de la voluntad, y la tutela a todas las modalidades
familiares, constituyen los puntos básicos de la reforma del derecho común. La decisión de elegir
un proyecto de vida determinado, no implica que la ley le otorgue una protección especial o darle
las mismas garantías a quien se sujeta a las normas matrimoniales.
Por eso, en esta parte se analizan los problemas probatorios de las uniones no registradas
y además otras diferencias entre el matrimonio y la unión que no fueron descriptas en los
capítulos anteriores.
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4.2. La unión no registrada y los problemas probatorios
Por lo tanto, aquellas uniones en que uno o ambos convivientes estuviesen separados de
hecho, sin una sentencia de divorcio, la manera de acreditar convivencia, es mediante una
información sumaria judicial, tal como se venía haciendo antes de la entrada en vigencia de este
Código, hecha ante el juez competente del domicilio de los convivientes con la declaración de
tres testigos. Esta modalidad, se aplica en forma residual, cuando no pueda inscribirse la unión.
(Basset, 2016).
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A diferencia del matrimonio, la unión exige la cohabitación estable, ininterrumpida y por
un periodo no menor a los dos años. El objetivo de la prueba judicial será comprobar que viven
en la misma residencia y tienen una comunidad de vida.
Gaibrois (2015), dice que desde el punto de vista jurídico se aplica al lugar de residencia
al que refiere el artículo, considerada esa casa en sentido genérico de vivienda, donde la persona
habita con intención de permanecer y afincar su sede para realizar dichas actividades. Este hecho
jurídico y la conducta mantenida por el sujeto son los elementos a los que la ley le otorga
determinados efectos jurídicos.
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La prueba documental generalmente es un medio irrefutable para acreditar convivencia.
En la causa “Copa, Gregoria c/Provincia de Salta s/adquisición de dominio por prescripción” la
[Link]. Civ. y Com., Sala III, Salta6, la prueba documental presentada fue la determinante para
acreditar la convivencia en un juicio de usucapión. La prueba documental presentada, hizo
presumir al Tribunal que desde la el inicio de la convivencia, hacía más de treinta años, la pareja
se instaló en ese inmueble, que continuó siendo habitado por el conviviente supérstite, al fallecer
uno de ellos. La existencia de convivencia fue procedente para dar curso a la usucapión, que era
el objeto de la demanda.
Sin embargo, la Corte no ha reconocido la prueba testimonial como único medio para
verificar la convivencia en “R.D., M. c/ANSES”.8Los hechos fueron: La Cámara Federal de
Apelaciones confirmó el fallo de primera instancia que había rechazado la pensión peticionada
por la actora, por considerar que ésta no demostró la unión de hecho invocada respecto del
causante al no estar comprobada la vida marital mediante prueba documental, considerando
insuficientes a tal fin las declaraciones testimoniales. La actora dedujo recurso ordinario, que fue
concedido. La Corte Suprema confirmó la sentencia recurrida. Se rechazó el beneficio de pensión
debido a la inexistencia de otra prueba aparte de la testimonial. La solicitante no pudo acreditar
por ningún medio escrito la existencia de la convivencia, en consecuencia al valorar la prueba
testimonial, la misma no fue suficiente para el convencimiento del juez.
6
C. Apel. Civ. y Com., Sala III, Salta “Copa, Gregoria c/Provincia de Salta”LLNOA 2012 (febrero) , 96
7
[Link]. Civ. y Com., 2° Nom., Sgo del Estero“P.M.,P. S/Información sumaria” La Ley NOA, 2002-818
8
CSJN “R.D., M. c/ANSES” Fallos 329:3457. La Ley 2007-A, 349
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Según lo descripto en este capítulo la unión no registrada es aquella que deberá probarse
para invocar la pretensión de un derecho. Habrá que efectuar un análisis pormenorizado de cada
situación particular, pero el tiempo no genera derechos, y sin pruebas contundentes, en caso de
la inexistencia de hijos comunes, se puede llegar a perder incluso el beneficio previsional.
A pesar de que en los capítulos anteriores se han marcado algunas diferencias con el
matrimonio, en esta última parte se distinguirán otros aspectos fundamentales. Dejando al lector
la evaluación de la consideración si son ventajas o desventajas ya que son dos miradas diferentes
de un mismo hecho.
Lorenzetti (2014) y también Rivera (2014), hacen una distinción entre diferencias
esenciales y no esenciales.
El matrimonio constituye un acto formal solemne que debe responder ciertos requisitos.
La formalidad es el fundamento de dicho acto jurídico y produce efectos desde la celebración.
Es decir se produce una posesión de estado desde el inicio. Si no se cumplen con los recaudos
previstos en la norma, tal unión es nula. Reza el art. 406 que para la existencia del matrimonio
se requiere el consentimiento expreso de ambos cónyuges manifestado en forma personal y
conjunta ante autoridad competente para celebrarlo. El acto que no tiene estos requisitos no
produce efectos civiles.
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El matrimonio genera un vínculo de parentesco, no así la convivencia.
Únicamente los cónyuges antes del matrimonio pueden efectuar convenciones relativas
a:
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Mientras que en la unión, nos preguntamos, ¿sería posible acordar una compensación
económica para el conviviente inocente, en caso de adulterio del otro conviviente? Como es un
acuerdo donde hay una supremacía de la autonomía de la voluntad, en principio consideramos
que tal pacto sería válido porque no afecta ni la moral ni el orden público.
Con la reducción de la porción legítima de 4/5 a 2/3 cuando hay hijos, la porción
disponible que puede recibir el conviviente supérstite tendría un derecho testamentario sólo por
el tercio restante. Mientras que el cónyuge hereda sí o sí, concurriendo en las formas que
establece el Código y por un porcentaje mayor.
En el único caso en que cónyuge y conviviente están equiparados es, si no hubiese hijos
en ambas situaciones, y en caso de la unión convivencial, hubiese un testamento por todo el
acervo. Es decir acá la voluntad se equipara a la ley. De lo contrario, los derechos hereditarios
son inexistentes o mínimos.
Este es el aspecto, que de acuerdo a nuestra visión, debería reverse para una próxima
reforma. Quien pasó años al lado de alguien tendría que tener algún derecho hereditario, sin que
se concurra al acervo hereditario en idéntica porción que el cónyuge.
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[Link]. La cohabitación
Los aspectos no esenciales fueron descriptos en el transcurso del trabajo, como por
ejemplo:
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Conclusiones Parciales
Sostenemos que de alguna manera el conviviente supérstite tendría que tener algún tipo
de vocación hereditaria además de la testamentaria, habría que analizar esta cuestión en tiempos,
porque no es lo mismo una unión de dos años que de veinte años.
De todos modos celebramos la reglamentación de tal figura porque, al menos las familias
constituidas de esa manera tienen un piso mínimo de protección que antes le correspondía
dilucidar al juez.
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Conclusiones Finales
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A lo largo del presente trabajo, hemos explicado qué son las uniones convivenciales, sus
características, y principios sobre los cuales se asienta. Su reseña histórica, y también los
requisitos fundamentales para que se le reconozcan efectos jurídicos. Se examinaron los
presupuestos para su existencia y prueba. También se analizaron los pactos de convivencia, sus
formas, características, contenido y límites. Se focalizó en los efectos jurídicos patrimoniales y
personales durante y al cese del vínculo y sus diferencias con el matrimonio.
Como podemos observar, y esto ya fue planteado a lo largo de la investigación, hay tres
escalas de tutela. La protección mínima está dada en la convivencia no registrada y sus problemas
probatorios. En segundo lugar, la parcial que reciben las uniones registradas, y por último, la
integral que tiene el matrimonio.
Más allá del núcleo mínimo de garantía que tienen todas las uniones convivenciales y
conyugales, el Estado en cierta forma, desconoce otros derechos y garantías que podrían tener
los convivientes. Sostenemos que el conviviente supérstite tendría que ser considerado heredero
forzoso, aunque con un límite menor al cónyuge, y no únicamente como beneficiario del acervo
hereditario por testamento, en la porción disponible.
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La reforma del Código pretende incluir distintas formas familiares, y darles un contenido
normativo a todas las modalidades de uniones estables, sin ningún tipo de discriminación. Tales
argumentos son concordantes con los principios constitucionales y con la incorporación de pactos
internacionales de derechos humanos a nuestra Carta Magna. Pero tal instrumentación de
garantías, no implica el otorgamiento de derechos en forma plena a aquellos que no aceptan las
normas del matrimonio y deciden armar su propio proyecto de vida por fuera de esta institución.
Por lo tanto, quienes eligen este tipo de unión, mal pueden exigir los mismos derechos
que otorga el matrimonio. Nos preguntamos: si ante una unión no registrada, podemos registrarla,
¿Por qué no hacerlo?, y si estamos en presencia de una unión registrada, siendo las partes aptas
para contraer matrimonio ¿Por qué no casarse?
No podemos hablar de ventajas y desventajas entre ambas figuras. Podemos decir que
hay diferencias esenciales que generan derechos irrenunciables en el caso del matrimonio.
En definitiva serán los operadores judiciales los responsables de resolver los litigios por
los pactos de convivencia, lo que originará nuevos precedentes jurisprudenciales que aclararán
algunos aspectos inconclusos.
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Bibliografía:
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Ley 23.061 Locaciones Urbanas
Ley 24.417 Violencia Familiar
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CSJN “R.D., M. c/ANSES” Fallos 329:3457. La Ley 2007-A, 349
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AUTORIZACIÓN PARA PUBLICAR Y DIFUNDIR
TESIS DE POSGRADO O GRADO
A LA UNIVERIDAD SIGLO 21
Por la presente, autorizo a la Universidad Siglo21 a difundir en su página web o bien a través
de su campus virtual mi trabajo de Tesis según los datos que detallo a continuación, a los fines
que la misma pueda ser leída por los visitantes de dicha página web y/o el cuerpo docente y/o
alumnos de la Institución:
Autor-tesista
(apellido/s y nombre/s completos) López Ruth Macarena
DNI
(del autor-tesista) 38.882.207
Título y subtítulo
(completos de la Tesis) La unión convivencial. Sus ventajas y
desventajas con el matrimonio.
Correo electrónico
(del autor-tesista) Ruth_macarena@[Link]
Unidad Académica
(donde se presentó la obra) Universidad Siglo 21
Datos de edición:
Lugar, editor, fecha e ISBN (para el
caso de tesis ya publicadas), depósito en
el Registro Nacional de Propiedad
Intelectual y autorización de la Editorial
(en el caso que corresponda).
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