Tema: Participación 1
Curso: Ética Profesional
Especialidad:Derecho
Alumnos:
-Sebastián Monge Uvidia
-Álvaro Centeno Silva
-Del Franco Sayritupac Pisconti
Ica-Perú
2023
La ética es el estudio de los principios que nos guían a decidir lo que está bien o mal. A través
de la ética, tratamos de entender por qué algunas acciones son consideradas correctas o
incorrectas, sin depender de lo que una sociedad en particular pueda pensar. Es como una
reflexión más profunda y racional sobre lo que es justo o injusto.
Por otro lado, la moral se refiere a las creencias, normas y costumbres que guían a una persona
o una comunidad en cuanto a lo que consideran bueno o malo. A diferencia de la ética, la
moral suele estar más relacionada con lo que aprendemos de nuestra cultura, religión o
entorno. Por eso, lo que es moralmente aceptable en una sociedad puede no serlo en
otra.Cuando nos enfrentamos a dilemas morales o éticos, tomar una decisión no es fácil.
Primero, hay que entender bien cuál es el dilema, luego pensar en todas las opciones posibles
y reflexionar sobre las consecuencias que tendría cada una. En este proceso es importante
tener en cuenta principios como la justicia, el respeto hacia los demás y tratar de minimizar el
daño.
Después de analizar todo esto, elegimos lo que creemos que es la mejor opción y, una vez
tomada la decisión, es útil reflexionar sobre si fue la correcta o si, tal vez, podría haberse hecho
algo diferente. Esta forma de decidir es especialmente importante en campos como la
medicina o la política, donde las decisiones afectan profundamente la vida de las personas. La
discusión sobre si se debe permitir que el sector privado en Perú adquiera vacunas contra el
COVID-19 ofrece una rica oportunidad para explorar conceptos éticos clave relacionados con la
justicia y la felicidad. Este ensayo profundizará en los aspectos éticos y sociales involucrados en
este debate, abordando temas de justicia distributiva, equidad, responsabilidad social,
solidaridad, eficiencia, y el impacto en el bienestar colectivo.
En un principio, la justicia distributiva se refiere a la manera en que los recursos y bienes se
distribuyen en una sociedad para garantizar que se satisfagan las necesidades de todos sus
miembros. En el contexto de las vacunas contra el COVID-19, el principio de justicia distributiva
exige que la distribución de vacunas se realice de manera que priorice las necesidades
sanitarias y no las capacidades económicas. La justicia distributiva se basa en la premisa de que
todos los individuos tienen derechos iguales a los recursos esenciales para la salud y la vida,
especialmente en una crisis global.
Sin embargo, al permitir que solo el sector privado adquiera vacunas podría exacerbar las
desigualdades existentes en el acceso a la salud. En un país como Perú, donde las disparidades
económicas y sociales son notables, el acceso a las vacunas podría estar condicionado por la
capacidad económica de las personas o las empresas. Esto podría resultar en una situación
donde las personas de menores recursos, que ya enfrentan barreras para acceder a servicios de
salud adecuados, queden aún más marginadas. La justicia social implica que todas las
personas, independientemente de su estatus económico, deben tener igual acceso a
intervenciones críticas como las vacunas.
El derecho a la salud es un derecho humano fundamental, y las vacunas contra el COVID-19
deben ser consideradas como parte integral de este derecho. La Declaración Universal de los
Derechos Humanos y otros instrumentos internacionales reconocen la salud como un derecho
que debe ser garantizado por los estados. Permitir que el sector privado compre vacunas
podría violar este derecho si resulta en una desigualdad en el acceso, favoreciendo a aquellos
con mayores recursos sobre aquellos que no pueden pagar.
La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) implica que las empresas deben actuar de manera
ética y contribuir al bienestar de la sociedad en la que operan. Durante una pandemia, la RSC
de las empresas podría incluir apoyar la salud pública de manera equitativa y accesible para
todos. Si bien permitir que el sector privado compre vacunas podría ser visto como un acto de
RSC, es crucial que este acto no comprometa la justicia y la equidad en la distribución de
vacunas.
La solidaridad social es esencial en tiempos de crisis global. La pandemia del COVID-19 ha
demostrado que la cooperación y el sentido de comunidad son vitales para superar desafíos
sanitarios globales. Permitir que el sector privado compre vacunas podría minar la solidaridad
social, creando una división entre quienes pueden acceder a la vacunación a través de medios
privados y quienes dependen del sistema público. La solidaridad social requiere que todos los
miembros de la comunidad sean tratados con justicia y equidad, y que se priorice el bien
común sobre los intereses privados.
La eficiencia en la distribución de vacunas puede mejorar la rapidez con la que se alcanza la
inmunidad colectiva. Desde un punto de vista utilitario, permitir al sector privado adquirir
vacunas podría acelerar la vacunación y aliviar la presión sobre el sistema público de salud. Sin
embargo, esta eficiencia no debe comprometer los principios de justicia y equidad. La
priorización de la salud pública requiere que la distribución de vacunas se realice en función de
las necesidades de la población, no de la capacidad económica.
Si la eficiencia se convierte en el único criterio para la distribución de vacunas, se corre el
riesgo de perpetuar y exacerbar las desigualdades existentes. La justicia distributiva sostiene
que la equidad no debe sacrificarse en nombre de la eficiencia. La pandemia ha puesto de
relieve la importancia de una distribución equitativa para garantizar que la protección contra el
virus se extienda a todos los sectores de la sociedad, sin que se produzcan exclusiones basadas
en la capacidad económica.
El bienestar colectivo se refiere a la salud y la satisfacción general de la población. Garantizar
que todas las personas tengan acceso a vacunas es fundamental para el bienestar general, ya
que contribuye a la inmunidad de grupo y facilita un retorno a la vida normal. La ética del
bienestar colectivo sugiere que las políticas deben diseñarse para promover la salud y el
bienestar de toda la población, evitando que los recursos se concentren en manos de unos
pocos. El acceso equitativo a las vacunas es esencial para la cohesión social y la estabilidad
comunitaria.
La percepción de justicia en la distribución de vacunas también influye en la confianza pública
en las instituciones. Si la distribución se percibe como injusta o excluyente, puede generar
desconfianza en el sistema de salud y en las autoridades responsables. La ética de la felicidad y
el bienestar colectivo se basa en la premisa de que la justicia y la equidad contribuyen a una
mayor satisfacción y estabilidad social. La percepción de que el acceso a las vacunas está
condicionado por la capacidad económica puede afectar negativamente la moral y la cohesión
social.
Permitir la compra privada de vacunas podría tener efectos colaterales en el sistema de salud
pública. Las vacunas adquiridas por el sector privado podrían desviar recursos y atención del
sistema público, lo que podría afectar negativamente la cobertura y la calidad de los servicios
para aquellos que dependen del sistema público. Es crucial que las políticas de vacunación se
coordinen de manera integral para asegurar que todos los sectores de la sociedad reciban el
apoyo necesario.
El mercado de vacunas plantea preguntas éticas adicionales. La posibilidad de que las vacunas
se conviertan en un bien comercializable puede abrir la puerta a prácticas injustas y
especulativas. La ética de la justicia y el bienestar colectivo demanda que las vacunas se
distribuyan como un bien público esencial, no como un producto de mercado. Cualquier
sistema que permita la compra privada debe estar cuidadosamente regulado para evitar la
explotación y asegurar que la equidad y la justicia sean mantenidas.
La pandemia es un desafío global que requiere cooperación internacional. Las decisiones sobre
la distribución de vacunas deben considerar no solo las necesidades locales, sino también el
impacto global. La ética de la justicia global sugiere que los recursos deben ser distribuidos de
manera que apoyen la equidad y la cooperación a nivel internacional, garantizando que las
poblaciones más vulnerables en todos los países tengan acceso a las vacunas.
El COVID-19 ha planteado un desafío sin precedentes para la humanidad, requiriendo una
respuesta coordinada y solidaria a nivel global. En este contexto, el debate entre el interés
público y el interés privado ha cobrado relevancia.
Si lo analizamos desde los puntos de:
1. Salud pública: La protección de la salud pública es un interés colectivo que supera los
intereses individuales. Las medidas de prevención y control de la pandemia, como la
vacunación y el distanciamiento social, benefician a toda la sociedad.
2. Bien común: El bienestar de la comunidad es más importante que los intereses particulares.
La lucha contra la pandemia requiere sacrificios individuales para proteger a los demás,
especialmente a los grupos vulnerables.
3. Solidaridad: La pandemia ha resaltado la importancia de la solidaridad y la cooperación. El
interés público promueve la unidad y la colaboración para superar el desafío.
4. Economía: A largo plazo, el interés público se refleja en una economía más estable y
próspera. La contención de la pandemia evita pérdidas económicas y garantiza la continuidad
de la actividad productiva.
En este contexto, la Teleología y la Deontología ofrecen perspectivas éticas diferentes:
Teleología (ética consecuencialista):
- En el contexto del COVID-19, la Teleología justificaría medidas como la vacunación obligatoria,
el confinamiento y la restricción de libertades individuales para proteger la salud pública.
Deontología (ética no consecuencialista):
- En el contexto del COVID-19, la Deontología podría argumentar que las medidas de control
violan los derechos individuales y la libertad personal.
En conclusión:
La discusión sobre permitir al sector privado en Perú adquirir vacunas contra el COVID-19 toca
varios aspectos fundamentales de la ética de la justicia y la felicidad. La justicia distributiva
exige que las vacunas se distribuyan de manera equitativa, priorizando las necesidades de
salud de toda la población y evitando la exclusión basada en la capacidad económica. La
responsabilidad social y la solidaridad comunitaria deben ser consideradas para asegurar que
las decisiones sobre la distribución de vacunas promuevan el bienestar general y la cohesión
social. Aunque la eficiencia en la distribución de vacunas es importante, no debe
comprometerse el principio de justicia. Finalmente, el impacto en el bienestar colectivo, la
percepción de justicia, y las implicaciones globales deben ser considerados para garantizar que
la respuesta a la pandemia sea ética y equitativa en todos sus aspectos, el interés público
debe prevalecer sobre el interés privado. La Teleología ofrece una perspectiva ética más
adecuada para justificar medidas que protejan la salud pública y promuevan el bien común. La
solidaridad, la cooperación y el sacrificio individual son esenciales para superar este desafío
global.