¿Qué es un Caudillo?
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Un caudillo es un líder militar, político o social que tiene gran poder e influencia sobre un grupo
importante de personas. La palabra, como tal, proviene del latín capitellus, que significa ‘pequeña
cabeza’ o ‘cabecilla’.
En este sentido, el caudillo es la persona que ejerce su liderazgo ejerciendo las funciones de guía y
conductor dentro de una organización, una comunidad o una nación entera.
En la historia de Latinoamérica, el caudillo es una figura que se asocia al fenómeno político y social
conocido como caudillismo. El caudillismo es producto de la inestabilidad institucional y la
inmadurez política que siguió a las independencias de los nuevos Estados americanos soberanos.
Como tal, las luchas internas de poder y el proceso de reordenación política fueron el escenario
propicio para la dinámica del caudillismo.
La dinámica política del caudillismo consistía en el ascenso al poder, por cualquier medio, que bien
podía ser la lucha armada, el golpe de Estado o la rebelión, de un hombre al cual se le atribuía la
capacidad para resolver los problemas comunes de la nación y representar los intereses de los
grupos de poder. Esta dinámica creó un clima de constante inestabilidad política que afectó a la
mayoría de los países latinoamericanos desde el siglo XIX, cuando se produjo la emancipación de
España, hasta el siglo XX e inicios del XXI.
PRINCIPALES CAUDILLOS ARGENTINOS
El auge del caudillismo fue un fenómeno social de la América Latina posterior a la independencia.
Durante el período 1820-1835, frente a la crisis del Estado y a la ausencia durante muchos años de
un gobierno central fuerte, los caudillos se transformaron en muchos casos en el único poder real
en sus zonas de influencia. Muchos de ellos se transformaron en gobernadores; otros mantuvieron
ejércitos poderosos que desafiaron al poder central y legitimaron sus políticas con el apoyo de los
sectores populares de sus provincias, defendiendo los intereses regionales y su autonomía
amenazadas por la política porteña del libre comercio.
La superioridad de recursos económicos y financieros de Buenos Aires harían que su influencia
predominase en cualquier tipo de gobierno nacional.
Este descontento estalló tras la sanción de la Constitución de 1819, unitaria, aristocrática y
centralista; la difusión en las provincias de las noticias provenientes de Europa sobre la búsqueda,
por parte de enviados porteños, de un monarca para las Provincias Unidas del Río de la Plata. El
surgimiento de un grupo heterogéneo de caudillos, le dio cauce a la protesta y expresó un
sentimiento que se transformó en el sostén de las ideas republicanas y federales enfrentadas a los
intereses porteños.
Los caudillos surgen como una forma de autoridad más cercana a los problemas de la gente. Los
ejércitos gauchos no eran hordas predatorias como las de Atila, sino que estaban estrechamente
vinculados a la institución que les había dado origen y que se fortalecía cada vez más: la estancia.
La mayoría de ellos eran terratenientes que se habían destacado en la defensa de las fronteras, en
la lucha contra el indio o participando en las luchas por la independencia. La lucha contra el indio
importó distintos logros para los valores de los propietarios de entonces: la protección de la
sociedad blanca y de la propiedad, la conquista de nuevas tierras y la consolidación de un poder
militar capaz de demostrar su importancia en la región.
No negaron la necesidad de unión entre todas las provincias, pero consideraban que esta unión
debía respetar la autonomía política y económica de cada una de sus respectivas regiones.
Los caudillos federales más destacados fueron José Gervasio Artigas, de la Banda Oriental,
Bernabé Aráoz, de Tucumán, Martín Miguel de Güemes, de Salta, Estanislao López, de Santa Fe,
Francisco Ramírez, de Entre Ríos, Juan Bautista Bustos, de Córdoba, Felipe Ibarra, de Santiago del
Estero, Facundo Quiroga, de La Rioja, Juan Manuel de Rosas, de Buenos Aires, y Justo José de
Urquiza, de Entre Ríos.
El manejo del puerto y la Aduana en forma exclusiva e injusta por parte de Buenos Aires será el
tema central de los enfrentamientos que comenzarán a darse por esta época y no concluirán hasta
la década de 1870.