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Ensayo: texto de reflexión personal que dé cuenta de la lectura del texto

del autor: La educación política, ensayos sobre ética y ciudadanía en la


escuela. Isabelido Siede

Alumna: Villoldo Julia


Curso: 4to b

La educación, lejos de ser solo una transmisión de conocimientos, se configura como


una práctica profundamente política y social. A través de la figura del docente, se
manifiestan diversas tensiones y desafíos que deben ser abordados para lograr una
enseñanza significativa y transformadora. En este contexto, es esencial comprender el
papel de las cualidades humanas en la práctica docente: la criticidad, la creatividad y el
compromiso.
La criticidad es fundamental para que los docentes puedan navegar en un mundo social
cada vez más complejo. Este enfoque crítico no solo permite a los educadores analizar
los problemas y desafíos que enfrentan, sino que también los capacita para cuestionar
y desmantelar discursos que perpetúan desigualdades y limitan el potencial humano.
Un docente crítico reflexiona sobre su propia práctica y contexto, contribuyendo a la
formación de estudiantes que también piensen críticamente sobre su entorno.
Por otro lado, la creatividad se convierte en una herramienta indispensable para la
búsqueda de soluciones a problemas que no pueden ser resueltos con enfoques
tradicionales. Un docente creativo no solo aporta nuevas ideas, sino que también
fomenta un ambiente donde los estudiantes se sientan libres para explorar y proponer
sus propias soluciones. La creatividad, entonces, es más que una habilidad; es una
actitud que promueve la innovación en el aula y la colaboración en proyectos
colectivos.
El compromiso es la fuerza que impulsa a los docentes a involucrarse en la
transformación social. Este compromiso no se limita a un deber profesional; se
extiende a un amor por la humanidad y la dignidad de cada estudiante. Un docente
comprometido defiende el derecho a la educabilidad de todos los niños y se esfuerza
por ofrecer un contenido educativo relevante y significativo. Esta responsabilidad va
más allá de la mera entrega de conocimientos, abarcando la creación de un espacio
donde cada estudiante pueda desarrollarse plenamente.
Es crucial entender que estas tres cualidades no deben ser abordadas de forma aislada.
La criticidad sin creatividad puede llevar a la parálisis; la creatividad sin crítica puede
resultar en propuestas vacías; y el compromiso sin reflexión puede convertirse en una
acción impulsiva. Por ello, es necesario cultivar una educación que integre estos
elementos, donde la autenticidad del docente y su capacidad de reflexión alimenten
una práctica educativa efectiva.
El desafío contemporáneo para los docentes radica en desprenderse de los arquetipos
tradicionales que los limitan. Representaciones como el "genio de la botella" o el
"Frankenstein", que reflejan una falta de conexión con la humanidad y autenticidad del
docente, deben ser superadas. En cambio, se busca una figura docente que viva
plenamente, reconociendo sus emociones, dudas y aprendizajes. Esto no solo
enriquece su práctica, sino que también ofrece a los estudiantes un modelo de
autenticidad y valentía en la búsqueda del conocimiento.
Finalmente, el papel del docente en la sociedad actual se define como una práctica
emancipadora que reconoce y valora la diversidad. La educación debe ser un espacio
donde las diferencias sean apreciadas y el conflicto no se evite, sino que se aborde
como una oportunidad de crecimiento. La tarea de formar ciudadanos críticos,
creativos y comprometidos es un acto de resistencia ante un mundo que a menudo
parece inmutable. Así, al construir un enfoque educativo que priorice estas cualidades,
los docentes no solo transforman sus aulas, sino que también contribuyen a la
construcción de un futuro más justo y equitativo.

Al reflexionar sobre mi papel como docente, reconozco que la educación es una


práctica profundamente política y transformadora. No se trata solo de transmitir
conocimientos, sino de formar ciudadanos críticos, creativos y comprometidos.
La criticidad me impulsa a cuestionar las desigualdades y a formar estudiantes que
piensen de manera independiente. La creatividad es esencial para innovar en el aula y
fomentar un ambiente donde los alumnos se sientan libres para explorar. Por su parte,
el compromiso es lo que da sentido a mi labor, al valorar a cada estudiante y defender
su derecho a una educación de calidad.

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