Pseudónimo: Dalí.
¿Se encuentra nuestra realidad detrás de un espejo?
No sólo la Filosofía ha tratado de dar respuesta a esta pregunta durante años; autores,
científicos, incluso religiosos han pasado las horas muertas buscando esa ancla que nos
ate a una conclusión, a una realidad fiable. A la verdad. Pero, si me permiten formular
otra pregunta, ¿ha encontrado alguien la respuesta?
Personalmente, y supongo que igual que ustedes después de reflexionar unos momentos,
llego a la conclusión de que no. No hay respuesta, a ninguna de las preguntas. Sólo
encontramos más y más interrogantes: ¿Quién creó el mundo? ¿Fue Dios? ¿Quién es
Dios? ¿Existe mismamente? ¿Existe el mundo? ¿Existe la evolución? ¿Existimos
nosotros? Los humanos somos seres muy simples: no somos capaces de coexistir con
aquellas cosas que no tienen nombre, así que nos dedicamos a pretender que las
conocemos. Fingimos que nos conocemos entre nosotros y el lugar dónde vivimos pero
en realidad no sabemos nada. No hemos encontrado esa desgastada esquina levantada
de la pegatina llamada Realidad, así que no sabemos que hay debajo, encima, o ni
quiera si hay algo. Y todo ello debido a que, seamos niños o adultos, nos asusta la
oscuridad.
Recurriendo a la famosa alegoría de la caverna de Platón puedo decir que nuestra
caverna es eterna. No sabemos dónde acaba, ni dónde empieza, lo que genera más
preguntas, como antes he aclarado. Preguntas que puede que tengan o no respuesta, pero
que hacen que no podamos escapar nunca de nuestra oscura cueva. Es cierto que cuando
descubrimos algo (antes desconocido para nosotros) abandonamos esa caverna, o en
otras palabras, avanzamos un paso más hacia la salida de la cueva más grande, pero
nada más. Nuestra vida no es más que un viaje dentro y fuera de innumerables cavernas.
¿Pero es acaso ese viaje real? Ni siquiera aunque encontráramos la verdad lo sabríamos.
Sólo podemos formular simples hipótesis, pero también es cierto que es en esto, y no
en otra cuestión, en lo que se basa la Filosofía; necesita hipótesis, exploradores, mentes
pensantes y sobre todo muchas preguntas para subsistir.
Volviendo a la primera de ellas: sí, Alicia atravesó el espejo tiempo después de bajar
por la famosa madriguera, pero nosotros, simples humanos, lo calificamos de fantasía
(una vez más fingimos diferenciar realidad y sus opuestos) y hasta ahí llegamos. Porque
1
somos conformistas, hijos de la sumisión. Creemos que somos libres sólo porque los
barrotes de nuestra jaula son transparentes y cualquier suposición sobre el tema de
apariencia y realidad queda suspendida en el aire, flotando efímeramente, pues como
digo, no existe ningún punto de referencia al que amarrarnos y con ello comprobar lo
que pensamos. Tenemos bocas, útiles a veces, inútiles otras. Bocas como pistolas que
escupen balas como palabras. Balas que nos matan, que nos salvan y balas perdidas.
Tenemos ojos también, que a veces ven y a veces no. Algunos, los más filósofos o
curiosos, al mirarse con ellos al espejo piensan en mil y una posibilidades: “¿qué pasaría
si el verdadero yo fuera mi reflejo? ¿Es el espejo realmente sólido? ¿Me está
observando alguien ahora mismo desde ahí?...” Otros, los que poseen una mente
demasiado cansada para estas cuestiones por la mañana, simplemente echan un vistazo a
su estado físico y tratan de “arreglarlo” un poco para su día. De aquí derivamos que
existen dos tipos de personas (a grandes rasgos): las que preguntan y las que se arreglan.
En otras palabras: o buscas la realidad o te quedas en la apariencia. Nuestro mundo
resumido en dos palabras no tan opuestas, pues, ¿no se trata de analizar la mezcla y
ambigüedad de ambas? Son leves rasgos pintados con “sfumato”, una por su deslealtad
y la otra por su fragilidad.
Habiendo pensando esto, debemos hacernos una vez más otra pregunta: ¿queremos
realmente conocer la verdad, descubrir esa realidad supuesta? Es cierto que, como ya he
dicho, puede que ya la estemos viviendo sin saberlo, pero también hay que recordar que
el Barroco no agradó a todo el mundo. El desengaño lleva en la mayoría de los casos a
la desesperación, a la decepción; por eso nos inspira pavor. Las preguntas son muy
peligrosas y más aún cuando no tenemos un punto de referencia, por mínimo que sea,
como es este caso. Así que ahora le planteo este problema directamente a usted, lector:
¿prefiere la bonita y acogedora celda de la ignorancia o la dudosa y susceptible a la
decepción libertad del saber?
Vivimos en un mundo desleal, falso. Desconocido. Para algunos como Calderón de la
Barca se trata de los sueños, para otros como Lewis Carroll de los espejos y las
madrigueras, otros más cercanos a nosotros prefieren la edición de fotos, los filtros y las
redes sociales, para los más dramáticos consiste en las máscaras y los disfraces. Pero
para todos nosotros se trata de la apariencia.
2
Vivimos en la constante espiral del engaño, o más bien, de la ignorancia. Por otra parte,
podríamos decir que la realidad es un secreto, pero ¿lo sigue siendo si nadie lo conoce?
Si utilizamos el ejemplo de la “Teoría de los colores” de Goethe encontramos
similitudes entre la célebre pregunta que él nos proponía y la mía propia. ¿Un vestido
rojo sigue siéndolo cuando nadie lo mira? Aplicando esto a la pregunta sobre la
secretista realidad, no. No creo ni que el vestido sea rojo cuando no hay espectadores ni
que la realidad pueda ser un secreto si nadie la conoce. El término secreto exige tres
partes: la información, una persona que la conozca y la oculte y otra persona que no la
pueda conocer por lo anterior. Así pues, la realidad no es un secreto entre los humanos,
pues ninguno de nosotros la conoce de forma irrefutable. En cambio, si existiera una
segunda entidad que si la conociera y que nos estuviera impidiendo verla a nosotros,
simples y ciegos humanos, sí que sería un secreto. Pero eso, como la mayoría de temas,
no se sabe.
Incógnita sería un término más acertado para describir o explicar este concepto. Las
incógnitas matemáticas, las que se descubren en las ecuaciones si son bien efectuadas,
son datos que nosotros no conocemos en un primer momento, pero que tampoco oculta
nadie. Se podría decir que se ocultan solas. De aquí podríamos derivar que, tomando la
realidad como la “x” de la ecuación, al hacer ciertos cálculos podríamos llegar a
conocerla. Pero, ¿de dónde sacar los datos? Es cierto que las matemáticas nos rodean
por completo, no hay más que mirar a la naturaleza para verlo: el número áureo, la
geometría, la secuencia de Fibonacci, la proporción, etc. Pero tampoco podemos negar
que en muchas ocasiones miramos y no llegamos a ver realmente.
Así que, aunque parezca que este problema no tenga solución, debemos seguir
buscando. Es verdad que, como decía al principio de esta disertación, la pregunta que
planteo no tiene respuesta… por ahora. Es decir, tampoco sabemos si alguna vez la
tendrá o no, si ya la tiene y es invisible para nosotros, si se descubrirá en poco tiempo o
si tendrán que pasar años, etc. Muchas preguntas sin responder, pero así se trata la
Filosofía. Como respuesta provisional a la cuestión de si es realmente desconocida
nuestra realidad aportaré un simple “sí, pero…” pues como he dicho, nunca se sabe lo
que traerá el futuro.
Podríamos empezar por ser reales nosotros mismos, en la medida de lo posible. Tirar
abajo la hipocresía, el aparentar lo que no somos. Modificar nuestro estilo de vida, no
3
sentirnos necesitados a la hora de la aprobación ajena. Ser reales, pero para eso debemos
conocernos a nosotros mismos primero. Una vez hecho esto (puede parecer sencillo
pero es más fácil decirlo que hacerlo) podemos pasar a ser reales con los que nos
rodean. Como decía: honestos por dentro y fuera. Sólo así podremos crear, poco a poco,
un mundo más real, aunque este escenario se nos muestre siempre algo velado.
Como ejemplo utilizaré un caso que habremos experimentado todos alguna vez. Es un
fallo común, solemos usar la parte por el todo, ¿o no han oído alguna vez la expresión el
mundo está loco? Personalmente no creo que eso sea cierto. El mundo no está loco, sólo
habitado por personas que sí lo están. De la misma forma, el mundo no es desconocido,
solo hay personas que sí lo son viviendo en él. Así que, por bien común y propio,
máscaras fuera, por favor. Supongo que coincidiremos en que explorar sin el peso de la
apariencia es más sencillo.
Concluyendo, la realidad puede ser algo colectivo o personal, puede ser subjetiva u
objetiva, falsa, real desconocida o indefinida. La realidad sólo tiene tantas caras como
nosotros nos atrevamos a mirar. Así que, si queremos hacer al menos el esfuerzo de
aportar algo para descubrirla (pues como ya sabemos puede que no se encuentre nunca
esa tentadora respuesta), el esfuerzo de dar un paso más, debemos comenzar por
nosotros mismos.
Hágase preguntas, busque respuestas, explore, pase noches en vela pensando, tire abajo
las barreras de falsedad y descorra todos los telones de ignorancia que encuentre. Y,
como consejo, recuerde comprobar siempre la solidez de los espejos que contemple.