BLOQUE 4:
LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN
4.1 EL REINADO DE CARLOS IV. LA GUERRA DE INDEPENDENCIA
4.1.1 El reinado de Carlos IV:
Carlos IV asumió el trono de España en 1788, continuando con las reformas ilustradas de su padre y
manteniendo la alianza con Francia. Sin embargo, su reinado estuvo marcado por la Revolución
Francesa y la influencia de Manuel Godoy, su valido, quien controló la política y generó un gran
descontento entre la nobleza y el clero. La derrota de España en la Guerra de los Pirineos (1793-
1795) y la destrucción de la armada española en la Batalla de Trafalgar (1805) debilitaron aún más
el poder de la monarquía.
En 1807, Carlos IV firmó el Tratado de Fontainebleau, permitiendo el paso de tropas francesas con
el pretexto de invadir Portugal, pero Napoleón tenía la intención de ocupar también España. Esto
llevó al Motín de Aranjuez en 1808, donde Godoy fue destituido y Carlos IV abdicó en favor de su
hijo Fernando VII. Napoleón, aprovechando la crisis, forzó las abdicaciones de Carlos y Fernando
en Bayona, imponiendo a su hermano José Bonaparte como rey de España, lo que fue rechazado por
la mayoría del pueblo.
El 2 de mayo de 1808, un levantamiento popular en Madrid contra las tropas francesas marcó el
inicio de la Guerra de Independencia. Durante el conflicto, se formaron Juntas Locales y
Provinciales para resistir la invasión francesa, mientras se delineaban las primeras divisiones
ideológicas en España: absolutistas, liberales, ilustrados y afrancesados. A pesar de los esfuerzos de
Napoleón, la resistencia española fue constante, y la guerra se prolongó hasta 1814, culminando con
la restauración de Fernando VII en el trono.
4.1.2 La guerra de independencia
La Guerra de la Independencia Española tuvo tres interpretaciones: como una sublevación popular
patriótica en defensa de la religión y la patria, una guerra de liberación nacional contra la invasión
francesa y un proceso de cambio político que alteró las estructuras del Antiguo Régimen. El ejército
francés, el más poderoso de la época, encontró una feroz resistencia en España, donde las tropas
regulares y los guerrilleros adoptaron tácticas de combate sorpresa debido a la inferioridad militar.
En la primera fase de la guerra (1808), los españoles lograron importantes victorias, como el primer
sitio de Zaragoza y la Batalla de Bailén, donde el general Castaños derrotó al ejército francés de
Dupont, obligando a José Bonaparte a abandonar Madrid temporalmente. Estas victorias, junto con
la rendición de las tropas francesas en Portugal a manos de los británicos liderados por Wellington,
dieron un respiro a la resistencia española.
En la segunda fase (1808-1812), Napoleón intervino personalmente, reorganizando el ejército
francés y ocupando Madrid tras la Batalla de Somosierra. A pesar de que los franceses controlaban
gran parte de la península, el pueblo español continuó luchando mediante la guerra de guerrillas,
mientras que ciudades como Zaragoza resistían heroicamente. Napoleón se vio obligado a
abandonar España debido a la campaña en Rusia y otros conflictos europeos, lo que debilitó la
presencia francesa.
En la tercera fase (1812-1814), el ejército anglo-español, liderado por Wellington, lanzó una
contraofensiva que culminó en las decisivas batallas de Los Arapiles, Vitoria e Irún. Estas derrotas
obligaron a las tropas francesas a retirarse, y José Bonaparte cruzó la frontera en 1813. Finalmente,
Napoleón firmó el Tratado de Valençay, que restauró a Fernando VII en el trono y puso fin a la
guerra.
La Guerra de la Independencia dejó profundas secuelas en España. Se calcula que murieron unas
500.000 personas debido a la guerra, las epidemias y el hambre. La destrucción afectó ciudades,
infraestructuras, industrias y la economía en general, frenando el desarrollo industrial del país.
También hubo grandes pérdidas culturales, con saqueos y destrucción del patrimonio artístico.
4.2 LAS CORTES DE CÁDIZ. LA CONSTITUCIÓN DE 1812.
4.2.1 Las cortes de Cádiz
La Junta Suprema Central se estableció el 25 de septiembre de 1808 en Aranjuez en respuesta a la
invasión francesa, reconociendo a Fernando VII como rey legítimo y asumiendo la soberanía para
liderar la resistencia. En 1809, convocó unas Cortes Constituyentes para definir la nueva
organización del país, creando una comisión presidida por Jovellanos. Sin embargo, ante el avance
francés, la Junta se trasladó a Sevilla y luego a Cádiz, donde finalmente decidió disolverse debido a
problemas internos.
Surgió entonces un Consejo de Regencia el 29 de enero de 1810, presidido por Castaños, que actuó
como un gobierno provisional. Este consejo convocó elecciones para una única Cámara en junio de
1810, aunque las elecciones resultaron difíciles debido a la ocupación francesa.
Las Cortes se reunieron el 24 de septiembre de 1810 y fueron las primeras modernas de España, con
un sistema de voto por diputado. Participaron unos 300 diputados, mayoritariamente eclesiásticos y
burgueses, sin representación de las masas populares. Había tres tendencias ideológicas: los
absolutistas, que defendían el Antiguo Régimen; los moderados, que buscaban reformas; y los
liberales, que abogaban por la soberanía nacional.
Las Cortes tenían como objetivos suprimir el absolutismo y establecer un nuevo régimen, lo que
culminó en la aprobación de la Constitución de Cádiz de 1812 y la eliminación de la sociedad
estamental y sus privilegios.
4.2.2 La constitución de 1812.
Durante año y medio, las Cortes de Cádiz trabajaron en la elaboración de la Constitución de 1812,
conocida como “la Pepa,” la primera Constitución española. Promulgada el 19 de marzo de 1812,
estableció los principios del régimen liberal a través de 10 títulos y 384 artículos. Entre sus
disposiciones más relevantes se encuentra el establecimiento de una monarquía constitucional, la
declaración de la soberanía nacional, y la inclusión de derechos y libertades individuales, como el
derecho a la propiedad privada y la libertad de imprenta. Sin embargo, aunque garantizaba varias
libertades, el Estado seguía siendo confesional, lo que generó críticas.
La Constitución también definió la estructura del gobierno con la división de poderes: el
Legislativo, compuesto por Cortes unicamerales elegidas por sufragio universal; el Ejecutivo, bajo
el control del Rey a través de secretarios de estado; y el Judicial, que debía ser imparcial e igual
para todos. Esta Constitución marcó el inicio del constitucionalismo en España y sirvió de modelo
para otros países. Sin embargo, era inapropiada para la realidad social de España en 1800, donde
había una desconexión entre la clase intelectual y un pueblo mayoritariamente analfabeto.
Además de la Constitución, las Cortes llevaron a cabo reformas para eliminar las estructuras del
Antiguo Régimen, como la abolición de los señoríos jurisdiccionales, la supresión de los
mayorazgos y de los gremios, así como la abolición de la Inquisición y un intento de reforma
agraria.
4.3 EL REINADO DE FERNANDO VII. LA CUESTIÓN SUCESORIA.
4.3.1 El sexenio absolutista (1814-1820)
Fernando VII regresó a España en 1814 con gran apoyo popular. En abril de ese año, recibió el
respaldo del ejército y del Manifiesto de los Persas, un documento firmado por 69 diputados que
pedían el regreso al absolutismo. Con estos apoyos, Fernando VII dio un golpe de Estado con el
Real Decreto de Valencia el 4 de mayo, anulando la Constitución de Cádiz y restaurando el
Antiguo Régimen.
Comenzó el Sexenio Absolutista (1814-1820), caracterizado por la represión de los liberales, la
restauración de privilegios para la nobleza y el clero, y el restablecimiento de instituciones del
Antiguo Régimen como la Inquisición. Este período trajo caos económico y social, con la crisis de
la Hacienda, la pérdida del mercado colonial, y la ruina del país tras la guerra.
Varios pronunciamientos liberales intentaron derrocar al rey, pero fracasaron hasta el de Rafael del
Riego en 1820, que obligó a Fernando VII a restaurar la Constitución de 1812, poniendo fin
temporalmente al absolutismo.
4.3.2 El trienio liberal (1820-1823)
Tras el pronunciamiento de Riego en 1820, se formó una Junta liberal y Fernando VII juró la
Constitución de 1812. Las Cortes, dominadas por los liberales, restauraron reformas como la
supresión de la Inquisición, la creación de la Milicia Nacional, la abolición de privilegios
estamentales y mayorazgos, y medidas para liberalizar la economía.
El período, conocido como el Trienio Liberal (1820-1823), fue políticamente inestable debido a la
división entre liberales moderados (doceañistas) y radicales (veinteañistas), además de la fuerte
oposición absolutista, que contaba con el apoyo del rey. En 1823, la intervención del ejército
francés de los Cien Mil Hijos de San Luis, enviada por las potencias europeas, restauró el
absolutismo y puso fin al Trienio. Fernando VII retomó el poder absoluto y mandó ejecutar a Riego,
iniciando una década de represión conocida como la Década Ominosa.
4.3.3 La década ominosa (1823-1833)
Con el regreso al Antiguo Régimen, se abolieron las leyes del Trienio y comenzó una fuerte
represión contra los liberales, muchos de los cuales fueron ejecutados (como Riego, Torrijos y
Mariana Pineda) o exiliados. Sin embargo, la grave crisis de la Hacienda obligó a Fernando VII a
implementar reformas económicas a partir de 1825.
Desde 1826, la represión se suavizó y el absolutismo se moderó, adoptando un tono más cercano al
despotismo ilustrado, lo que provocó tensiones con los sectores más radicales del absolutismo,
conocidos como los Apostólicos, quienes apoyaban a don Carlos, hermano del rey. Fernando VII,
temiendo su influencia, se acercó a los moderados.
4.3.4 La cuestión sucesoria
Tras tres matrimonios sin descendencia, Fernando VII, a sus casi 50 años, se casó en 1829 con su
sobrina María Cristina de Borbón, quien pronto quedó embarazada. En 1830, Fernando promulgó la
Pragmática Sanción, que permitía a las mujeres heredar el trono, lo que desplazaba a su hermano
Carlos y a los carlistas (absolutistas radicales). Ese mismo año nació su hija, Isabel.
En 1832, durante una enfermedad del rey, los carlistas lo presionaron para restablecer la Ley Sálica,
pero tras su recuperación, Fernando reinstauró la Pragmática Sanción, asegurando que Isabel sería
su heredera. En 1833, Fernando y María Cristina desmantelaron el aparato absolutista: Carlos fue
exiliado, los Voluntarios Realistas fueron desarmados y se permitió el regreso de los liberales.
Fernando VII murió en septiembre de 1833, Isabel fue proclamada reina y María Cristina asumió la
regencia, lo que marcó el fin del absolutismo y el inicio de la Primera Guerra Carlista.