Mi llano muere de sed
En las extensas llanuras, donde el sol brillaba con fuerza y los animales pastaban
tranquilamente, vivía una pequeña hormiga llamada Antú. Antú era muy curiosa y
le encantaba explorar su entorno. Un día, mientras buscaba comida, notó algo
extraño: la tierra estaba seca y agrietada, los ríos casi no tenían agua y las plantas
se veían marchitas.
"¡El llano muere", "¡La tierra está sedienta!", exclamó Antú. Preocupada, fue a
contarle a su amiga Mariquita, que vivía en una hoja de plátano.
Mariquita asintió con tristeza. "Sí, Antú, hace mucho que no llueve. Todos los
animales estamos buscando agua".
Juntas, decidieron buscar ayuda. Fueron a ver a la sabia lechuza, que vivía en un
árbol de flor amarillo. La lechuza, con su mirada sabia, les explicó: "La tierra
necesita agua para vivir. Si no cuidamos el agua, todo se secará y los animales
tendrán que buscar otros lugares para vivir".
Antú y Mariquita se dieron cuenta de la gravedad de la situación. Volvieron a su
comunidad y convocaron a todos los animales: hormigas, mariposas, abejas,
capibaras, venados y hasta güios... Les contaron lo que había dicho la lechuza y
les propusieron una idea: ¡tenían que ahorrar agua!
Cada uno aportó su granito de arena: las hormigas buscaron lugares donde el
suelo estuviera más húmedo para almacenar agua, las mariposas ayudaron a las
abejas y juntas polinizaron las flores para ayudar a las plantas a crecer fuertes y
resistentes a la sequía, y los capibaras cavaron agujeros en la tierra para que el
agua de la lluvia se filtrara y llegara a las raíces de las plantas.
A pesar de los esfuerzos de los animales, la sequía empeoraba. Los ríos se
convertían en simples arroyos, los pozos se secaban y las plantas se marchitaban
cada vez más. Antú y Mariquita, desesperadas, sabían que necesitaban algo más
que su propio esfuerzo.
"Debemos pedir ayuda a los humanos", dijo Mariquita. "Ellos usan mucha agua y
tal vez puedan ayudarnos a encontrar una solución".
Así que Antú y Mariquita se dirigieron hacia la pequeña aldea cercana. Con mucho
valor, se acercaron a los niños que jugaban cerca del río casi seco. Les contaron
lo que estaba sucediendo y les mostraron la tierra agrietada. Los niños, al
escuchar la historia de Antú y Mariquita, quedaron muy sorprendidos y tristes.
Los niños hablaron con sus padres y juntos decidieron tomar medidas. Redujeron
el consumo de agua en sus casas, repararon las fugas en los caños y plantaron
árboles para ayudar a conservar la humedad del suelo. Además, comenzaron a
construir pequeñas represas en los arroyos para almacenar el agua de lluvia.
Los animales y los humanos trabajaron juntos para enfrentar la sequía. Los niños
ayudaron a los animales a encontrar fuentes de agua y a proteger las plantas. Y
los animales, a su vez, enseñaron a los niños a respetar la naturaleza y a valorar
el agua.
Poco a poco, gracias al esfuerzo de todos, la situación comenzó a mejorar. La
tierra se recuperó lentamente, los ríos volvieron a tener agua y los animales
pudieron vivir en paz.
Antú y Mariquita se dieron cuenta de que, trabajando juntos, los animales y los
humanos podían lograr grandes cosas. Y así, el llano volvió a ser un lugar verde y
próspero, donde todos vivían en armonía.
El Chigüiro Mágico y la Gran Inundación
En el corazón del llano, donde los ríos son como serpientes de plata y los árboles parecen
tocar el cielo, vivía un chigüiro muy especial. Se llamaba Capi y tenía un secreto: ¡era un
poco mágico! Podía hablar con los animales y entender la naturaleza.
Un día, Capi sintió un cosquilleo en sus bigotes. Miró al cielo y las nubes estaban más
oscuras de lo normal. El río, que siempre era tranquilo, ahora parecía gruñir. Capi sabía lo
que eso significaba: ¡iba a llover mucho!
Con su voz profunda y ronca, reunió a todos los animales del llano. "Amigos el río va a
crecer y el llano se puede inundar. Debemos prepararnos".
Las hormigas, muy trabajadoras, comenzaron a construir sus nidos más altos. Los
venados buscaron lugares seguros en las colinas. Los pájaros volaron hacia los árboles
más grandes. Y los peces, muy listos, se escondieron en las partes más profundas del río.
Pero había un grupo de animalitos que no le hicieron caso a Capi. Eran unos monos
traviesos que preferían jugar en vez de escuchar al chigüiro sabio y a las señales que
daba la naturaleza.
Cuando llegó la lluvia, el río se convirtió en un gran lago. Los monos, que estaban
jugando cerca del río, quedaron atrapados en una isla pequeña. ¡Estaban muy asustados!
Capi, con su magia, hizo crecer una liana muy fuerte desde la orilla hasta la isla. Los
monos se aferraron a la liana y llegaron sanos y salvos a la orilla.
Desde ese día, los monos aprendieron una gran lección. Capi les dijo: "La naturaleza es
muy poderosa y debemos respetarla. Cuando el chigüiro sabio habla, hay que hacerle
caso".
Y así, todos los animales del llano aprendieron a vivir en armonía con la naturaleza y a
estar preparados para cualquier cambio.
Mi llano muere de sed
¡Hola! Soy Camila y vivo en un pueblito del llano llamado Villanueva Casanare. Antes,
aquí todo era muy bonito: los ríos eran grandes y llenos de peces, y las vacas pastaban
en la hierba verde. Pero ahora todo está seco y amarillo. ¡Hasta mi vaca Romina está
flaquita!
Mi maestra nos dijo que esto se llama sequía. Es como si el cielo se hubiera olvidado de
mandarnos lluvia.
Un día, mi papá me dijo: “Camilita, el agua es muy importante, hay que cuidarla mucho.
¿Ves esa mancha en el suelo? Es por una gotera en la manguera. ¡Hay una que
arreglarla ya!” Y así lo hicimos. Tapamos bien la gotera para que no se desperdiciara ni
una gota.
Mi mamá también me enseñó muchas cosas. Por ejemplo, que en vez de dejar correr el
agua mientras me lavo los dientes, puedo usar un vaso. ¡Y adivina qué! Con el agua que
sobra de lavar los platos, puedo regar mis matitas. ¡Crecen súper rápido!
En la escuela, hicimos un cartel gigante con todos los consejos para ahorrar agua.
Aprendimos que podemos tomar duchas más cortas, usar la lavadora solo cuando esté
lleno y no tirar la basura en los caños o ríos.
Un día, mientras exploraba el bosque cerca de mi casa, escuché unos ruidos extraños.
¡Eran unos chigüiros! Pero no estaban jugando como siempre, se veían muy débiles y
asustados. Les pregunté a mis papás qué pasaba y me contaron que los chigüiros vivían
en una laguna grande y profunda, pero que ahora la laguna estaba casi seca por la
sequía.
¡Tenía que ayudarlos! Junto con mis amigos, decidimos ir a buscar a los chigüiros. Nos
adentramos en el bosque, siguiendo las huellas que habían dejado en el suelo. Después
de caminar mucho, encontramos la laguna. ¡Era muy triste verla así, tan pequeña, seca y
agrietada!, el ambiente olía a animalitos muertos, los chigüiros estaban atrapados en el
lodo, sin poder moverse y muriendo de sed.
Con cuidado, los ayudamos a salir del lodo y los llevamos a un lugar seguro, cerca de un
pequeño charco de agua que habíamos encontrado. Los chigüiros bebieron agua hasta
saciarse y nos miraron con agradecimiento.
Cuando volvimos a casa, le contamos a toda la comunidad lo que habíamos hecho. Todos
se emocionaron y decidieron ayudar a los animales. Juntos, construimos un canal para
llevar agua desde un río cercano hasta la laguna de los chigüiros. ¡Ahora, los chigüiros
tienen un hogar feliz y seguro!, aunque ahora tenemos una tarea aún más grande: evitar
que algún día los Casanareños nos convirtamos en esos chigüiros y estemos atrapados
en un país y un planeta sin agua, esperando morir de sed.