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Aportes de la Sociología a la Modernidad

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PROBLEMÁTICA SOCIAL

CONTEMPORÁNEA I
Unidad I Tema II Principales Ideologías

Los aportes de la Sociología a la comprensión de la Problemática Social


Moderna
En sus comienzos, fue el autor francés Auguste Comte (1798-1857) quién acuñara el término
Sociología (etimológicamente, del latín socius con el significado de socio o compañero y, del griego
logos, significando teoría o tratado) para nombrar estos estudios, que desde una Filosofía Positiva
ambicionaban realizar análisis sociales basados en un física social equiparando lo invariante de las
leyes de la Física a los estudios sociológicos de lo que él llamara la dinámica y la estática social. Las
leyes regían los cambios y transformaciones sociales así como también la interrelación de las
partes de la sociedad de manera ajustada y coherente. Otro antecedente de los inicios de la
Sociología fue la Teoría Socialista, una clase de Sociología, cuyo representante fuera Claude Henri
Saint-Simon (1760-1825), mecenas de Comte, quién defendiera la propuesta de desarrollar una
fisiología social como un Socialismo científico en oposición a las corrientes conservadoras proclives
a sostener y reproducir el status quo que buscaba la instauración de un “progreso ordenado” cuya
síntesis fuera “ni restauración ni revolución”.

La reacción provendrá tanto desde la Filosofía Racionalista Ilustrada revolucionaria (El Iluminismo)
como de los filósofos católicos que anhelaban la recuperación romántica de un orden feudal. Pares
antitéticos se incorporaron a la discusión y a la investigación: orden versus caos; profano versus
sagrado; anarquía versus autoridad.

Desde la corriente francesa, la Sociología elaborará conceptos básicos para el estudio de la


sociedad industrial: Sociedad signada por los lazos contractuales; la Comunidad construida por los
lazos naturales emergentes de una solidaridad orgánica dirá Émile Durkheim, quién también
introducirá el concepto de anomia social para dar cuenta de los cambios que sumen a los hombres
modernos en una “falta de sentido por la vida”.

Otras vertientes filosóficas producirán fuerte influencia en el pensamiento social de la época: Kant,

Hegel y, posteriormente, Dilthey y Nietzsche habrán de producir sistemas de ideas que dieran
lugar a las concepciones sobre el hombre,
la política, la economía y la organización
social moderna.
“Como se puede notar, en el siglo XIX el
concepto de clase se identifica con el Con la impronta hegeliana pero en otra senda de
funcionamiento mismo de la sociedad. Lo la producción intelectual, la Teoría Sociológica
que va a hacer Karl Marx es exactamente dar Conflictualista de Karl
al concepto de clase no sólo una dimensión Marx (1818-1883), se gestará el materialismo
científica sino también atribuirle el papel de
dialéctico o histórico, analizando la lucha de
base de explicación de la sociedad y de su
historia” clases y la definición de alienación como
consecuencia directa de la producción
Theotonio dos Santos en el “Concepto de Clases sociales”,
Primera edición: agosto 1973. Buenos Aires: Editorial industrializada, “la cosificación humana en el
Galerna, p.12. trabajo maquinal”, “el fetichismo de las
mercaderías”, la acumulación del capital y la
plusvalía, mostraban al capitalismo
como un sistema de clases en conflicto cuya profundización llevaría al fin de la historia y a una
sociedad sin clases en la que la propiedad fuera comunal, denominada Sociedad Comunista. El
aporte de la corriente marxista ha tenido y tiene una importancia esencial para la comprensión de
factores ligados a la economía, la política y a una concepción antropológica del hombre enajenado,
de sí mismo y de su obra, en el modo de producción en serie impuesto por la Revolución industrial.
Dos grandes vertientes teórico metodológicas se enfrentarán: el Naturalismo representado por
Emile Durkheim (1858-1917) y el Historicismo propuesto por Max Weber (1864-1920). Cada uno
de los teóricos, mencionados en esta semblanza histórica del surgimiento de la sociedad industrial,
demanda un seminario en sí mismo, solo para acercarse a la verdadera magnitud de sus
propuestas y afirmaciones. Es menester aclarar que nuestro objetivo, con esta síntesis, es
meramente abrir el interés por los mismos e introducir, brevemente, al lector a algunas ideas que
hacen de ellos, verdaderos clásicos de las ciencias sociales.

Para Durkheim, la Sociología es el estudio de los hechos sociales, éstos están representados por
aquellos aspectos de la vida social que configuran las acciones individuales. La producción grupal
del arte, la religión o las instituciones se encuentran en la mente individual pero se convierten en
entidades independientes que adquieren un carácter objetivo y exterior a los individuos ejerciendo
sobre éstos una fuerza restrictiva. El autor plasma estas ideas en una sistematización rigurosa
desde el punto de vista metodológico, en “La Reglas del Método Sociológico” (1895). Cabe
mencionar, que el autor aplica un metáfora organicista acerca del orden social que solo es factible,
si el investigador se ubica en el lugar del observador imparcial de su objeto asumiendo que la vida
social puede ser estudiada científicamente, tal como un acontecimiento más de la naturaleza. Como
otros teóricos de la época, Durkheim se encontraba, particularmente, preocupado por
diferenciación entre los hombres, que imponía la nueva división del trabajo1. Era nueva la
necesidad de cooperación debido a que en formaciones sociales previas, históricamente hablando,
el estatus ocupado por la personas estaba dado por la propia organización social. La sociedad
industrial traerá de la mano del capitalismo, la competencia y la posibilidad de la movilidad social
ascendente por medio de trabajo y la escolarización. Entonces: ¿qué mantendría unida a la
sociedad, si los ejes de la antigua cohesión social habían cambiado tanto?, ¿de qué manera la
conciencia colectiva no sucumbirá frente al individualismo moderno?.
Durkheim elaborará el concepto de solidaridad social mecánica, para
hablar de la cohesión social de las sociedades pre moderna y, orgánica
para referirse a la sociedad moderna. En esta última, los hombres deberán
cooperar entre sí sobre la base de la diferenciación, por necesidad, tal
como ocurre en los organismos cada elemento tiene una función
predeterminada (un prerrequisito funcional) y coopera funcionalmente
con los demás para mantener el equilibrio del todo, en este caso, de la
sociedad.
Sin embargo, esa cohesión no es presentada en su obra como una alternativa, debido a que el único
camino para evitar la disgregación social y el caos es que los hombres sostengan la unidad integrada
de la conciencia colectiva. Esta visión, aunque conservadora, advierte sobre los riesgos de la ruptura
de los lazos sociales y la profundización individualista de las actividades en la sociedad industrial. El
mismo peligro de que la sociedad tienda a volverse abstracta con las consecuentes alteraciones
objetivas y subjetivas del mundo, veremos más adelante expresado en el pensamiento de otros
autores del siglo XX y XXI.

Otro factor de interés para la sociología durkheimniana será la falta de sentido en la que el hombre
moderno se verá inmerso por el alejamiento de la religión, como la actividad que vinculaba a los
hombres con los aspectos espirituales de la vida y favorecía el orden y la integración social por
medio de marcos normativos y sistemas de valores irrefutables. La falta de aquello que los ligara a
un bien superior y habilitara la atribución de sentido frente al cambio y el sufrimiento, dejaba a los
hombres modernos solos de cara a la incertidumbre de la vida en la nueva sociedad, a esta falta el
autor la denominará, anomia y será uno de los conceptos clave que aún hoy siguen vigentes. Un
claro desarrollo de su teoría sobre la anomia puede encontrarse en “El suicidio” (1897), un lúcido
estudio sociodemográfico en el que Durkheim, explica la influencia de los factores sociales en el
suicidio.

1 Véase “La división del trabajos social” publicada en 1893, en la que el autor realiza un profundo análisis sobre el trabajo a
partir del nuevo modo de producción capitalista y despliega en profundidad el concepto de solidaridad social.
El Historicismo de Max Weber. Este autor que abarcará estudios sobre la sociedad teniendo en
cuenta la economía, la política, la educación, la religión, la cultura, el derecho, la historia, la filosofía,
entre otras cuestiones, será uno de los grandes pensadores de su tiempo y al quedeberemos
profundos análisis sobre el poder social que nos ofrecen, actualmente, posibilidad de comprender
problemáticas actuales. Para Weber, la Sociología sería empatía social porque su objetivo debía ser
comprender la acción social y dedicarse al estudio de las interacciones significativas entre los
individuos. Partiendo de esta concepción sociológica el método avalado por sus contemporáneos
positivistas, no tenía posibilidad de ser adoptado, así con la influencia filosófica de Kant y Dilthey
elaboró el método histórico comparativo denominado “verstehen”. Por medio de la construcción de
tipos ideales, esta nueva ciencia establecería regularidades y normas acerca de los actos sociales
considerando el punto desde el punto de vista del actor y el sentido mentado por él mismo. El tipo
ideal constituye la base para la elaboración de generalizaciones estadísticas y la probabilidad de las
acciones humanas. Rescatando la singularidad individual (micro social) y el rol de la historia (macro
social) los estudios sociológicos, según Weber, son posibles porque somos participantes activos de la
sociedad y la cultura. De este modo la investigación social es acción creadora y rescata la “ecuación
humana” 2 que implicará ser y permanecer conscientes de la relación entre la actividad científica del
investigador y sus supuestosbásicos subyacentes, a la hora de considerar la definición misma de esta
ciencia social, en particular, y de las ciencias sociales en general.

Max Weber tiene una visión idealista de la sociedad, así se opone a la posición materialista de Karl
Marx para quién el capitalismo surge de las transformaciones económicas de las distintas
formaciones sociales previas en la historia. Weber, sostendrá que son las ideas (y, especialmente,
las ideas religiosas)3 aquellas que otorgarán impulso a la organización de la actividad económica y,
que al mismo tiempo, factores como el desarrollo de la ciencia y la burocracia del Estado tendrán
directa influencia en el desarrollo de la sociedad capitalista. En este sentido, denominaba
racionalización a sus descripciones sobre los avances científicos y la tecnología, por ejemplo. Esta
racionalización guiaba con principios de eficiencia a la nueva organización social, ofreciendo sentido
y legitimidad al modo de dominación legal racional predominante en la sociedad industrial.4

2 Cf. El concepto de “ecuación cultural”, particularmente, de los estudios de la cultura de K.H. Wolff en “A methological note on
the empirical establishment of culture patterns”, American Sociological Review, vol.10, 1945, p.177 a.
3 Para una comprensión más acabada de la propuesta teórico metodológica del autor, sugerimos la lectura de “La ética

protestante y el espíritu del capitalismo” publicada en 1905 y disponible en URL:


[Link]
[Link]
4 Véase los Tipos puros de dominación en Weber, M. (1976): Economía y Sociedad, México, FCE, pp.171-204.
PROBLEMÁTICA SOCIAL
CONTEMPORÁNEA I
Unidad I Tema I Modernidad - Encuadre Histórico

¿Qué le falló a la civilización


burguesa?. Aunque se basaba
en un modo de producción que
todo lo destruye y todo lo
transforma, de hecho su
actuación, sus instituciones y
sus sistemas políticos y de
valores estaban pensados por y
para una minoría; aunque fuera una minoría que podía
expandirse, y así lo hizo (Hobsbawm, E., p.111)

Nos parece interesante comenzar por la clarificación de ciertos términos que han sufrido
una mutación profunda en el pasaje de la Sociedad pre moderna a la Moderna, en primera
instancia. Algunos de los términos a los que hacemos referencia son los de:
“público” y “privado”. Podemos decir que el término público tuvo muchas acepciones
diferentes en su uso primitivo, pero, en particular hay dos que merecen señalarse. La
palabra latina “publicus” fue, con mucha probabilidad, un derivado de “poplicus” o
“populus”, que quería decir “el pueblo”. Pero había, al menos, dos sentidos diferentes de
“el pueblo” presentes en los primeros usos de la palabra público.

1Hobsbawm, E. (2013). Un tiempo de rupturas: sociedad y cultura en el siglo XX – 1° ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires:
Crítica.

p. 1
En un sentido, el término hacía referencia al acceso común, como en “lugar público”.
Según J. Habermas2, la “res pública” era cualquier propiedad generalmente abierta a la
población, y en los tiempos feudales ciertos espacios comunes se consideraban públicos
porque se proporcionaba acceso abierto a fuente y a la plaza del mercado. El concepto
fundamental es de apertura o accesibilidad. En su gran mayoría esta noción continúa en
uso en la actualidad cuando, por ejemplo, empleamos la expresión “hacer público” para
referirnos al proceso de hacer algo ampliamente accesible. Tal vez tuvo mayor predominio
el uso del término “público” en referencia a cuestiones de interés general, y más,
específicamente, a asuntos relacionados con la administración y el Estado. Este segundo
sentido del término tiene poco que ver con acceso común refiriéndose, sin embargo, a
interés común o bien común. Antes de 1830 los diccionarios franceses oponían público no
a privé (privado), sino a particulier (particular, individual). Actualmente el Diccionario de la
Real Academia dice que privado proviene del latín privatus y como adjetivo significa que
se ejecuta a vista de pocos, familiar y domésticamente, sin formalidad ni ceremonia alguna
y que es particular y personal de cada uno; o que tiene privanza o primer lugar en la gracia
y confianza de un príncipe o alto personaje, y por extensión, de cualquier otra persona.

En los escritos medievales, lordly (señorial) y público se utilizaban como sinónimos y


publicare significaba pedir al señor. Según la teoría del absolutismo real, predominante en
Europa antes del siglo XVIII, el monarca era considerado la única persona pública “origen
y principio de unidad en una sociedad particularista”.

El término público pasó a referirse más tarde al Estado, al evolucionar hacia “una entidad
que tiene existencia objetiva sobre y contra la persona que gobierna”. Hoy día,
inspirándose en gran manera en estas conexiones primitivas entre el término público y el
bienestar colectivo, apenas se puede evitar la asociación de asuntos públicos con asuntos
gubernamentales. El término público se presenta, entonces, como un concepto dual que
originalmente significaba dos cosas: “del pueblo” (al referirse a acceso común) y “para el
pueblo” (al referirse al bien común).

La tensión entre el hombre y la sociedad puede encontrarse en Grecia, Roma y en la


cultura medieval. Similar es la situación, que hace a las distinciones entre Estado y
Sociedad que podemos encontrar en el pensamiento de Maquiavelo, Rousseau y Hobbes
y la lucha de pensadores como Vico que se oponían abiertamente a la imposición de un
pensamiento clerical y al monopolio intelectual ejercido por la Iglesia Católica, de hecho
uno de los antecedentes de ingreso al mundo moderno está relacionado con la Reforma
Protestante. El pasaje de la concepción teocéntrica del mundo hacia una visión
antropocéntrica del mismo, fue un requisito para que los hombres asumieran la

2 Véase el desarrollo del pensamiento del autor en algunas de sus obras, como: Historia y crítica de la opinión pública (1962),
La reconstrucción del materialismo histórico (1976), Teoría de la acción comunicativa (1981), Facticidad y Validez (1998), La
inclusión del otro, estudios de teoría política (1999).

p. 2
responsabilidad sobre la construcción de la sociedad humana, en el sentido de lo terrenal
de los asuntos inherentes a las organizaciones sociales.

“Nuestra época no es la primera que ha producido un nuevo sistema


de ideas y que se ha caracterizado por la existencia de conflictos
ideológicos pero, salvo el período de las guerras religiosas del siglo
XVI, en ninguna época, ha surgido tal variedad de doctrinas; sin
excepción, ninguna época ha presenciado un conflicto de ideologías
tan profundo y tan complejo. Ciertas condiciones fundamentales
distinguen el conflicto actual, si bien siempre cambiante, de cualquier
otro en el pasado.”

(Roucek, J.S. en “La ideología como medio de control social”, p.42,


1958)3

LA MODERNIDAD Y EL PROGRESO

El ideal del Progreso se encontraba en el pensamiento filosófico de Bacon, Bodin y Descartes. Esa
idea de progreso estaba engendrada por el rasgo de la civilización que se basaba en el poder de
dominar, transformar y controlar la naturaleza. Este pensamiento relacionado con el avance de la
ciencia permitiría que los hombres consideraran que había llegado el tiempo de ejercer el dominio
por medio de la invención de bienes para la producción de otros, ejerciendo su voluntad y
desarrollando sus facultades. Otras discusiones tendrán lugar, entonces, ya que el progreso no
solo entraña la conquista de un orden material de la vida social, sino también de la felicidad
humana, así la desigualdad frente al progreso y el conflicto ético, serán cuestiones que iniciarán un
debate hasta hoy inacabado e irresoluto. En aquel contexto histórico y social, el Enciclopedismo
francés, el Anarquismo filosófico, el Socialismo utópico, la Filosofía de la historia fueron el germen
intelectual que favorecería la creación de ciencias alejadas de la tutela de la filosofía, la teología o
la ética: las Ciencias Sociales.

3 Roucek, J.S. (ed.) (1958). Contemporary Sociology. Nueva York: Philosophical Library.

p. 3
Hablar del campo de las Ciencias Sociales nos remite a pensar en las Fuerzas sociales e
intelectuales que dieron lugar al surgimiento de la Ciencia Política como una teoría del gobierno y
sus relaciones con la sociedad en el marco del cambio impuesto por la Revolución Francesa de
1789; a la Economía Política para el análisis del desarrollo de la sociedad y los problemas de la
producción industrial producto de la Revolución Industrial, la secularización, la salida del antiguo
régimen pre moderno estamental marcada por el nacimiento del capitalismo, el cambio religioso,
la urbanización, el surgimiento del Socialismo y la aparición de nuevos actores sociales, como el
proletariado.

El surgimiento del Estado Nación junto a la nueva organización social bajo el modo de producción
capitalista, fundaron las sociedades contractuales 4 y, lo social comenzó a ser un proceso de
construcción colectiva. Temas como la soberanía, la representación, la igualdad jurídica y la
ciudadanía serán las nuevas problemáticas provocadas por la organización social moderna y sus
conflictos inéditos con el poder. Nuevas concepciones sobre lo público y lo privado, la división del
trabajo, el salario y las clases sociales habrán de ser parte constitutiva del vocabulario de las
Ciencias sociales, que se plantearán “Positivamente”5 desde un modelo orgánico de la sociedad,
en debate con el pensamiento Ilustrado y el Marxismo.

Haciendo una síntesis de estas fuerzas intelectuales y sociales que estuvieron presentes en el
surgimiento de la Modernidad. Podemos mencionar:

4Véase las afirmaciones de Rousseau con respecto al Contrato Social: “La nueva sociedad, o contrato social, permite la
absorción del individuo en la voluntad común, general, sin perder su propia voluntad, porque al darse a esta voluntad común
se da a una fuerza impersonal, en realidad, casi a una fuerza de la naturaleza “del artículo de Rousseau “Economie Politique”,
Encyclopédie, París, 1 755, vol. V, p.347. Citado en Cassirer, The Philosophy of the Enlightenment, Princeton: Princeton
University Press, 1951, p.260.

5 “Comte, el fundador de la tradición empirista sobre la que se apoya Durkheim, consideraba que, a diferencia de lo que ocurre
en las etapas metafísica y teológica de la investigación, la esencia misma de la etapa positiva es la búsqueda de leyes. Comte
ofrece la siguiente definición de esta última: “En la etapa final, la positiva, el espíritu abandona la vana búsqueda de nociones
absolutas, del origen y del destino del universo y de las causas de los fenómenos, para dedicarse al estudio de sus leyes, es
decir de sus invariables relaciones de sucesión y semejanza. El razonamiento y la observación, adecuadamente combinados,
son los medios para alcanzar este conocimiento (…). Cito en Rex, J. (2001) en “Problemas fundamentales de la teoría
sociológica”, p.29. Amorrortu editores S.A: Buenos Aires.

p. 4
Cambio
religioso
Secularizac MODERNIDAD
ión
Desarrollo
de la
Fuerzacsiencia
sociales e
intelectua Revolució
les n
Antecede Francesa
ntes
filosóficos Rev. industrial
Capitalismo -
Socialismo
Mov. Obrero
Urbanización

“Para afirmar que el hombre es el descendiente modificado de alguna forma


preexistente, es menester averiguar antes si varía en sí mismo, por poco que sea en su
conformación corporal y facultades mentales, y en caso de ser así, si las variaciones se
transmiten a su prole siguiendo las leyes que rigen para los animales inferiores...”

(Darwin, C.R., en “El origen de la especies” 1998, p.7. Madrid: Editorial Alba)

La organización social industrial buscaba nuevas bases para encontrar el equilibrio perdido por las
revoluciones políticas y sociales. La industrialización, produjo la migración de los trabajadores
agrícolas hacia las ciudades, cuyas fábricas ofertarían el empleo industrial para el cual se
encontrarían disponibles, esos nuevos actores sociales: los obreros. Inéditos conflictos y
problemáticas desconocidas se produjeron por efecto de la migración masiva, la producción
contaminante y el desarrollo de los nuevos medios de transporte y comunicación. En otro plano,
los dogmas del pensamiento religioso eran puestos en cuestionamiento debido a la caída del
antiguo régimen monárquico y su asociación con las instituciones religiosos. Asimismo, las ciencias
naturales, particularmente los antecedentes de la física de Copérnico, Galileo Galilei y Newton a
partir del siglo XVI y los avances de la biología con la publicación de “El origen de las especies” de
Charles Darwin en 1859, se constituyeron en hitos de la razón humana que daban cuenta, por
medio de demostraciones científicas, de las leyes del universo y el origen del hombre en la tierra.

p. 5
Estos saberes, insolentemente, humanos pondrían en tela de juicio la propia existencia de Dios.
Las ciencias sociales, levantarían el guante de este desafío para batirse a duelo por ganar la autoría
del orden moral de la sociedad moderna.
La economía de libre mercado produciría, rápidamente, grandes ganancias para pequeñas élites
poseedoras de los medios de producción a costa de una mayoría trabajadora con bajos salarios y
jornadas de trabajo a destajo. Estas situaciones de profunda desigualdad promovieron las
reacciones contra el sistema, que condujeron al surgimiento del movimiento obrero y el
nacimiento del Socialismo.

p. 6
Pereyra Lucchese, Emiliano

El modelo agroexportador en los


manuales de Historia: Algunas
reflexiones sobre la enseñanza
de la nueva Historia Regional en
las escuelas de Santa Fe

Clío & Asociados

2017, nro. 24, p. 71-82

Cita sugerida:
Pereyra Lucchese, E. (2017). El modelo agroexportador en los manuales de Historia:
Algunas reflexiones sobre la enseñanza de la nueva Historia Regional en las escuelas
de Santa Fe. Clío & Asociados (24), 71-82. En Memoria Académica. Disponible en:
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Documento disponible para su consulta y descarga en Memoria Académica, repositorio


institucional de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FaHCE) de la
Universidad Nacional de La Plata. Gestionado por Bibhuma, biblioteca de la FaHCE.

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71

El modelo agroexportador en los manuales de Historia. Algunas reflexiones sobre la


enseñanza de la nueva Historia Regional en las escuelas de Santa Fe.

por Emiliano Pereyra Lucchese1


Universidad Nacional de Rosario
[Link]@[Link]
Recibido: 25/04/2017 - Aceptado: 13/06/2017

Resumen
El propósito del trabajo es analizar los relatos de la explicación histórica de diferentes manuales
escolares para un período específico, el del modelo agroexportador, y evaluar qué peso tiene en sus
explicaciones los sucesos de carácter local o regional, en este caso, de la provincia de Santa Fe. Se
tratará de poner en juego estos contenidos, con los presentados en su momento por los CBC de la
Ley Federal de Educación (LFE), los NAP de la actual Ley de Educación Nacional (LEN) y el
Diseño Curricular de la Provincia de Santa Fe (DCJSF). Se pretende jerarquizar la historia de la
provincia de Santa Fe, que generalmente se la presenta como un apéndice de la de Buenos Aires,
perdiendo de vista sus particularidades. Si bien tanto en la Constitución Nacional, como en las LFE
y LEN se plantea la necesidad de generar contenidos respetando la diversidad y particularidades
regionales, este trabajo pretende demostrar cómo los contenidos curriculares plasmados en los
manuales escolares, si bien se fueron complejizando e incluyendo a nuevos actores sociales, nuevas
herramientas de análisis e incluso fuentes primarias (en paralelo a las reformas educativas de los „90
en adelante), todavía continúan siendo una historia estado-céntrica con eje en la provincia de
Buenos Aires.

Palabras claves
Historia Regional, historia enseñada, manuales, modelo agroexportador

***
The agroexport model in the history manuals. Some reflections on the teaching of the new
Regional History in the schools of Santa Fe.

Abstract
The purpose of the paper is to analyze the accounts of the historical explanation of different
school textbooks for a specific period, that of the agroexport model, and to evaluate the importance
of local or regional events, in this case, the province of Santa Fe. These contents will be put into
play, with those presented at the time by the CBC of the Federal Education Law (LFE), the NAP of
the current National Education Law (LEN) and the Curricular Design of the Province Of Santa Fe
(DCJSF). It is intended to prioritize the history of the province of Santa Fe, which is generally
presented as an appendage to that of Buenos Aires, losing sight of its particularities. Although both
the National Constitution and the LFE and LEN consider the need to generate content respecting
regional diversity and particularities, this paper aims to demonstrate how the curricular contents
embodied in the school textbooks, although they have become more complex and include New
social actors, new analytical tools, and even primary sources (in parallel with the educational
reforms of the 1990s and onwards) still remain a central-state story with an axis in the province of
Buenos Aires.

Keywords
Regional history, history taught, manuals, agroexport model

Clío & Asociados. La historia enseñada. 2017 (24) ISSN 2362-3063 (digital), pp. 71-82
Universidad Nacional del Litoral – Universidad Nacional de La Plata (Santa Fe/La Plata –Argentina)
72

Introducción
El presente trabajo se encuadra dentro del campo de la historia enseñada e intenta indagar acerca
de qué contenidos curriculares del área de la Historia se enseñan en las aulas santafesinas en el nivel
secundario y qué peso tiene en la enseñanza de los mismos las explicaciones de carácter regional o
local en la actualidad, en un contexto de discusión para la sanción de una Ley Provincial de
Educación. El trabajo se centra en el análisis general de los contenidos curriculares de Historia para
el nivel secundario, pero focalizando en un período particular, que se eligió para delimitar el
trabajo: la instauración del modelo agroexportador a fines del siglo XIX en nuestro país. En el
análisis general de los contenidos curriculares se intentó realizar una escueta comparación entre los
contenidos de la Ley Federal de Educación, la Ley de Educación Nacional y el Diseño Curricular
Jurisdiccional de la provincia de Santa Fe, sobre todo para señalar las continuidades y semejanzas
respecto a nuestro problema: el peso específico de las explicaciones locales o regionales en la
enseñanza de la historia. Por otro lado, el uso generalizado de los manuales en las escuelas nos
permite utilizarlos como una vía de acercamiento a lo que se enseña en las aulas, aunque hay que
subrayar su carácter aproximativo. Para este trabajo se utilizaron manuales de tercer año de tres
editoriales: Kapelusz, Estrada y SM. La utilización de estos manuales fue por disponibilidad y
enfoques distintos. Finalmente es necesario subrayar el carácter provisorio de dicho trabajo, que se
irá enriqueciendo con el aporte de colegas y docentes y con la ampliación de temas curriculares,
editoriales y trabajo de campo.

Cambios curriculares en el sistema educativo argentino


Desde la creación del sistema educativo nacional la enseñanza de la historia en clave nacional
fue pensada como una herramienta fundamental para afianzar los valores patrios de un Estado
nacional que se estaba construyendo. Esta historia nacionalista se difundió principalmente mediante
las escuelas, a través de libros de textos que reforzaron todo un gran dispositivo cultural que se
erigió desde el joven Estado a partir de museos, monumentos, festejos patrios, nombres de calles y
plazas, rituales ciudadanos como los desfiles cívico-militares, los juramentos a la bandera, obras de
literatura popular etc., cuyo fin era nacionalizar a las masas de inmigrantes que año tras año recibía
el país. La historia recargada de patriotismo se volvió, en su formato escolar, y producto de las
concepciones de la enseñanza de la época, enciclopedista, memorística y tradicionalista, como
plantea Luis Alberto Romero (2000:43).
Se puede sintetizar la historiografía nacional del corto siglo XX por el debate entre revisionismo
y la Nueva Escuela Histórica. Es muy factible que este encarnizado debate histórico-político, cuyos
portavoces se encontraban en múltiples instituciones de la sociedad civil fuese una de las causas de
la inmutabilidad curricular del sistema educativo argentino, como sostiene Gonzalo de Amézola,
que tuvo llamativamente, pocos cambios curriculares a lo largo de casi un siglo, hasta la reforma
curricular de 1993, donde se implementó la LFE y con ella el currículum recibió un profunda
transformación.
Para entonces, la crisis de los grandes relatos a nivel global y la crisis de la educación en general,
y de la asignatura Historia en particular, en nuestro país, hizo que la reforma educativa cambiara
profundamente los contenidos curriculares, según los lineamientos del Banco Mundial. La
renovación curricular de la asignatura fue de la mano de la renovación del campo historiográfico en
nuestro país, proceso que comenzó con el proceso de normalización de las universidades en los años
„80, posterior a la dictadura, durante el gobierno de Raúl Alfonsín 2. Sin embargo, el quiebre
institucional producido por las diversas dictaduras que sucedieron en nuestro país, y en particular, la
última, por la intensidad de la represión a los sectores populares, se tradujo en una dificultosa
recepción de las novedades historiográficas internacionales. Esto se tradujo en que la historia de
Annales, en crisis en otras partes del mundo, tuviera a fines de los „80, en nuestro país, todavía un
peso importante, no así el marxismo, que por cuestiones políticas, fue dejado de lado, y que

El modelo agroexportador… – Pereyra Lucchese


73

atravesó por una profunda crisis de más de una década. Esto se reflejó en los contenidos
curriculares de la LFE, es decir, en los CBC elaborados para unificar el nivel educativo a nivel
nacional. En ellos, la interdisciplinariedad de las Ciencias Sociales, las diferentes duraciones del
tiempo así como la relevancia de las explicaciones económico- sociales son evidentes, al mismo
tiempo que la historia fue perdiendo especificidad.
La LFE tuvo como objetivo principal adecuar la política educativa a los lineamientos básicos del
Banco Mundial en tono con la globalización imperante y el fin de la historia. Eran tiempos en que
campeaba victorioso el neoliberalismo, sobre los escombros de un socialismo que había sido
devorado por sus profundas contradicciones internas. Los adalides del libre mercado planteaban el
fin de los Estados-nacionales y del trabajo. Desde la televisión, se nos convencía que privatizar las
empresas y fábricas del Estado nos iba a beneficiar. En este esquema, la vieja escuela nacionalista y
su hermana un poco más joven, la escuela técnica, no tenían razón de ser, el Estado ahora debía
formar ciudadanos “flexibilizados”, que supieran adaptarse (pasivamente) a las circunstancias y a
los cambios del mercado, la historia ya no tenía importancia y se le abría las puertas al capital
privado.
Uno de los principales argumentos a favor de la necesidad de reformar la educación era su total
desactualización a los tiempos que corrían. La historia que se enseñaba, era una historia muerta,
aburrida, acartonada, que no motivaba a los alumnos y seguramente tampoco a muchos docentes.
Era una historia que había sido funcional al Estado nación a principios del siglo XX y que luego,
hacia fines del siglo, parecía que había sido abandonada por el poder. La reforma de 1993 fue total,
cambió la estructura del sistema educativo, cambiaron los contenidos curriculares, cambió las
formas de gobernar y dirigir el sistema educativo. Y el rechazo fue muy fuerte, ya que las bases
docentes, los estudiantes, las familias y la sociedad en general no fueron para nada tenidas en
cuentas.

La Ley Federal de Educación, la Ley de Educación Nacional y el Diseño Jurisdiccional de la


Provincia de Santa Fe
La reforma educativa de 1993 trajo profundos cambios curriculares que en muchos aspectos
superaba a la vieja Ley de Educación Común, en particular, dejaba atrás una historia enciclopédica
y memorística de contenido patriótico y militarista, dando lugar a la emergencia de nuevos actores
sociales y a explicaciones de índole económica y social. Se pasó a privilegiar el período
contemporáneo y se incorporaron los contenidos procedimentales que tenían que ver con el hacer
del historiador. La reforma propuso un concepto de región con dos acepciones diferentes: una más
asociada a lo local y otra al Mercosur (Coudannes, 2006:1). Sin embargo, la “Historia” como
disciplina específica desaparecía, se abandonaba la historia antigua y colonial y se dejó el campo de
la actualización curricular en manos del mercado.
El nivel de generalidad de los enunciados de los CBC no nos permite distinguir si las
problemáticas regionales y/o locales eran utilizadas para la explicación de los fenómenos sociales.
El gobierno de Kirchner, el primero elegido democráticamente en 2003 después de las jornadas
de diciembre de 2001 donde un estallido social en los principales centros urbanos del país hicieron
renunciar al presidente Fernando de la Rúa, trató de despegarse de la pesada herencia recibida al ser
del mismo partido político que Carlos Saúl Menem -el Partido Justicialista-. Tras una serie de
hechos simbólicos que lo despegaba de sus predecesores el gobierno modificó una parte de la
política educativa menemista. Lo primero que realizó fue la sanción de la Ley de Financiamiento y
la Ley de Educación Técnico Profesional en el 2005 y finalmente, se sancionó tras un casi
inexistente debate, la LEN, en el 2006. Estas tres leyes junto a la nunca derogada ley menemista de
educación superior fueron el marco legal del sistema educativo kirchnerista. Ese año también se
sancionaba el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, Ley 26.150, aunque su
implementación sigue siendo dificultosa en la actualidad, aunque ha habido grandes avances. Lo
interesante a destacar es que a pesar de su intento de “despegarse” de la herencia de los „90, en el

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diagnóstico que hacía de la LFE el Ministerio de Educación planteaba que destacaba: “la
actualización y unificación de los contenidos básicos comunes para todos los niveles y
modalidades” (Nosiglia, 2007:116). De esta forma, se criticaban los aspectos negativos, el carácter
neoliberal de la LFE, y se rescataban sus reformas curriculares. Es por eso que en su 2° documento,
titulado “Reducir las desigualdades y recuperar la centralidad de los aprendizajes” (Consejo Federal
de Cultura y Educación, 2004), planteaba que: “se deberá identificar núcleos de aprendizajes
prioritarios para todos los niveles, (...). A partir de este documento, se pone en marcha la
elaboración de los núcleos de aprendizaje prioritarios (NAP)” (Nosiglia, 2007:116).
Los NAP de Ciencias Sociales que abordan la problemática seleccionada en este trabajo se
encuentran en el núcleo de 2°/3° año, en el apartado de las sociedades a través del tiempo. En
realidad el único que hace referencia explícitamente es el siguiente:
“La comprensión del proceso de construcción del Estado nacional argentino en el marco de la
expansión capitalista y de la división internacional del trabajo, teniendo en cuenta los acuerdos y
conflictos de los actores implicados y la participación del Estado en la conformación de una
economía agroexportadora y de una nueva sociedad” (Ministerio de Educación de la Nación,
2011:21) (este punto sugiere establecer comparaciones con países latinoamericanos). Hay que
subrayar como una novedad curricular de la LEN el artículo N° 92 donde se explicitan contenidos
obligatorios para todas las jurisdicciones sobre diferentes temáticas. La prescripción de contenidos
curriculares en una ley nacional fija precedente y genera controversias.
Si bien la provincia de Santa Fe aún no cuenta con una ley provincial de Educación, en el 2013
se llevó adelante una reforma curricular muy importante. En dicha reforma, y tras una serie de
movilizaciones de los docentes de historia, se logró que se enseñe historia en 2°, 3° y 4° y en las
escuelas orientadas en Humanidades y Ciencias Sociales, también en 5°. El modelo agroexportador
se puede enseñar en tercer o en cuarto año de las escuelas medias. Los contenidos curriculares en
el nivel jurisdiccional provincial son más específicos, a saber:
La comprensión del proceso de construcción del Estado nacional argentino y la conformación
de la economía agroexportadora en el marco de la expansión capitalista, y de la división
internacional del trabajo, teniendo en cuenta los posicionamientos de los actores sociales
implicados.
La conformación de una nueva configuración social en algunas regiones de la Argentina en las
postrimerías del siglo XIX e inicios del siglo XX, con la emergencia de nuevos actores sociales,
tensiones y conflictos. (Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe, 2014:188)

Es interesante destacar que si bien en la fundamentación de los contenidos se destaca la


necesidad de incluir en el análisis histórico las “fuerzas sociales nativas”, y se plantea la centralidad
de la historia nacional “ponderando las influencias de la sociedad moderna -europeo occidental- en
los procesos de constitución de los estados provinciales y del estado nacional en el siglo XIX”
(Ídem:185), en los contenidos no se explicita nada de ello.

La Historia Regional enseñada


Desde la reforma curricular de 1993 en adelante desde el Ministerio de Educación de la Nación
se planteó de forma reiterada (y en concordancia a la Constitución Nacional 3) tanto la unificación
del sistema educativo nacional como el respeto de las diversidades jurisdiccionales. Es por ello que
cada provincia debía imprimirle a sus escuelas su estilo y contenidos propios. Lo que Nosiglia
sintetiza como “unidad respetando la diversidad” (Nosiglia, 2007:115).
Sin embargo frente a esta realidad, los principales esfuerzos estatales fueron detrás de la
uniformidad del sistema educativo nacional, a contracorriente, se podría decir, de la historia
académica, donde el campo de la nueva Historia Regional (nHR) es uno de los más dinámicos,
junto con el de historia reciente. La enseñanza de la historia regional presente algunos problemas,

El modelo agroexportador… – Pereyra Lucchese


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que diferentes historiadores vienen tratando de resolver. El principal de ellos es la difícil


conceptualización de región, para no caer en visiones sesgadas, localistas o tradicionalistas.
Justamente, otro de los problemas acuciantes de la nHR es poder diferenciarse de la vieja historia
regional nacida de las Juntas Históricas Provinciales que Elvira Scalona llamó muy gráficamente
historias desde el campanario (Scalona, 2007:2) y que se caracterizaban por su fuerte matriz
patriótica, nacionalista, positivista en muchos casos, amateur en otros, que se proponía enlazar la
historia de la localidad o región (generalmente homologada a la provincia) a una historia nacional,
generalmente sobrecargada de mitos. Por todo ello, definir que es región pasa a ser una
problemática central y si bien hay una multiplicidad de posiciones o enfoques en torno a lo que
debiera ser, el presente texto trabaja con aquellas definiciones de región más laxas. Lejos de
elaborar un estado de la cuestión de los debates en torno al concepto región, comentaré sólo algunas
posiciones que me resultaron interesantes para pensar el problema de la enseñanza de la nHR.
Coudannes planteaba la región como “un todo complejo y contradictorio, un espacio de relaciones
sociales que definen una trama particular y unas fronteras de carácter dinámico, susceptibles de
cambios en el tiempo. Cómo tal, involucra aspectos materiales, sociales y simbólicos” (Coudannes,
2006:1).
Este concepto, se posiciona lejos de la región como un dato dado y fijo, al poner el alma de su
definición en las dinámicas relaciones sociales. El recorte geográfico pasa a ser un elemento más de
los aspectos sociales, simbólicos y materiales. Para Sandra Fernández la nHR tiene como
basamento a la historia social y las influencias de otras disciplinas del campo de las Ciencias
Sociales (antropología, sociología, etc.) y no propone un nuevo tema u objeto, sino que viene a dar
una nueva mirada, un nuevo abordaje analítico:
En principio, lo local y también lo regional aluden tentativamente a un ajuste espacial de la
observación y de la práctica – con el consecuente ajuste de lentes-, y a la necesidad de detectar
la diversidad y la particularidad en un contexto mayor al que le une cierta coherencia
fenomenológica. Así, tanto lo local como lo regional pasan a ser categorías flexibles que pueden
hacer referencia a múltiples dimensiones espaciales (puede ser un barrio, una ciudad, una
comunidad, una comarca, etc.). (Fernández, 2007:39)

Cuando habla del consecuente ajuste de lentes, Fernández está haciendo referencia al método
microanalítico. En síntesis la región estaría delimitada por el objeto a estudiar, pero no por el
recorte de los objetos de estudios para hacer más accesible la investigación para el historiador
(disponibilidad de fuentes, recursos, distancias, etc.), sino un recorte para analizar a través del
microscopio del historiador -haciendo referencia a la microhistoria italiana- y de esta manera poner
en evidencia situaciones, relaciones, acontecimientos que desde una óptica macro pasarían
inadvertidos.
A su vez María Silva Leoni plantea que la región se construye bajo la dinámica de la relación
hombre-espacio y que esta es una construcción social: se trataría de un espacio heterogéneo,
discontinuo y no necesariamente coincidente con los límites naturales o jurídicos. La región estaría
ligada a otras a nociones como espacio local y frontera (Leoni, 2015:170). Leoni plantea un
contrapunto con Fernández al decir que en la actualidad los estudios regionales no se agotarían en
un modelo teórico único sino que existe una multiplicidad de modelos. Plantea que no se pude
definir apriorísticamente la región:
En síntesis, ¿Qué le permite definir una región al historiador? No hay una definición
apriorística del objeto de estudio. La región puede definirse a través de los espacios de
circulación de bienes o personas, del desarrollo y dinámica de los mercados, de las
articulaciones y relaciones de interdependencia, especializaciones, estructuras sociales y de
poder, modalidades de acumulación, formación de clases y sistemas de dominación, con una
mirada holística que supera la fragmentación entre historias sectoriales. (Leoni, 2015:177)

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En el caso de Santa Fe, en el trabajo citado de Coudannes se realiza un estado de la cuestión del
desarrollo de la Historia Regional en Santa Fe hasta mediados de la década del 2000. Solamente me
gustaría agregar algunos aportes que creo significativos. Desde el 2005 se vienen organizando desde
la UNL el Congreso Regional de Historia e Historiografía que este año realiza su séptimo
encuentro. En este sentido, el desequilibrio planteado por Coudannes entre Santa Fe y Rosario (los
principales polos de investigación de la provincia) se podría estar reduciendo. Asimismo en los
últimos años se publicaron una serie de historias de carácter regional producto de tesis de
doctorados que fortalece el campo de la nHR, estoy haciendo referencia a los trabajos de Gabriela
Águila “Dictadura, represión y sociedad en Rosario, 1976-1983: un estudio sobre la represión y los
comportamientos y actitudes sociales en dictadura”, editado en el 2008 por Prometeo, al de María
Mercedes Prol “Estado, movimiento y Partido Peronista: la ingeniería institucional en Santa Fe,
1943-1955” editado en 2012 por Siglo XXI y el reciente libro de Laura Luciani editado este año por
la Universidad Nacional de La Plata “Juventud en dictadura: representaciones, políticas y
experiencias juveniles en Rosario: 1976-1983”, entre otras obras.
La gran pregunta o problema a resolver es ¿cómo llevar los nuevos aportes de la nHR a la
escuela? La nHR es un campo, que por más dinámico que sea, presenta serias dificultades a la hora
saltar los altos muros de las instituciones educativas -algo que comparte en general con el resto de
la historia académica-, por lo que es necesario introducir algún tipo de trampolín para facilitar su
enseñanza en las aulas. En primer lugar sería necesario plantear la importancia de la enseñanza de la
nHR en las escuelas: en un contexto mundial de fuerte interdependencia y dependencia entre las
naciones -lo que suele llamarse globalización-, en medio de una verdadera revolución en las
comunicaciones, de información infinita y rápidamente desechable, de constantes guerras “locales”
-Irak, Kosovo, de vuelta Irak, Afganistán, Ucrania, Siria, ¿Corea del Norte?, las guerras civiles de la
Primavera Árabe, los golpes de Estado judiciales en América Latina (Honduras, Paraguay, Brasil),
etc.- que nunca se sabe cuándo se pueden transformar en “mundiales”, de la novedad permanente, el
imperio de la tecnología, la incertidumbre futura como única certeza, del debilitamiento de los
estados nacionales -por lo menos de los Estados al sur del planeta- , lo local y lo regional comienza
a revalorizarse como un lugar que genera distintas identidades colectivas, como un espacio
fuertemente identitario, muchas veces, de trinchera. Por todo esto desde la nHR se plantea que tanto
la ciudad, lo local como lo regional se erigen como lugares estratégicos para pensar la identidad, la
conciencia de comunidad, las relaciones de poder hacia dentro de la misma y reflejar la
contradicción entre lo particular y lo general (Fernández, 2007:37). Y la cuestión de la identidad
nos remite directamente a la disciplina histórica, y a otro problema candente: el de las nuevas
funciones formativas y valorativas de la disciplina (Scalona, 2007:1). En las últimas décadas, tras la
reforma curricular de los „90 la historia sufrió una mutación bastante radical: de enseñar una
historia patriótica donde se exaltaba a los héroes patrios se pasó a una historia reciente donde se
condena el terrorismo de Estado y se exalta a los hombres comunes que lo sufrieron, a los valores
democráticos y de participación (Amézola, 2003:9) 4. Si originariamente la historia se utilizó para
formar al ciudadano del naciente Estado-nación, en la actualidad la historia se utilizaría para formar
al ciudadano del siglo XXI: ¿qué valores y actitudes enseñar?, ¿qué contenidos seleccionar?, ¿qué
procesos desechar?
En relación a la historia local, Mariana Canedo reflexiona acerca de los peligros de caer en una
historia desvinculada de los fenómenos globales y plantea el trabajar con los relatos identitarios
desde la historia local. Estos relatos se articularían a varios niveles: al nivel de la memoria, al nivel
de las visitas a la ciudad (salidas al casco histórico de la ciudad, museos, teatros, barrios, etc.) y al
nivel de los acontecimientos históricos de la ciudad y alrededores. Estos relatos identitarios se
podrían pensar como un complemento más que como una contraposición de las historias nacionales.
(Canedo, 2010:3). Este planteo es muy interesante porque por un lado refuerza la propuesta de
Scalona de utilizar la ciudad como locus para estudiar las nuevas identidades, pero al mismo tiempo

El modelo agroexportador… – Pereyra Lucchese


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previene de caer en una historia anecdótica, y propone, como un método para trabajar en las
escuelas, el de desarticular los mitos que surgen de los relatos identitarios del lugar. Por otro lado,
Leoni plantea dos cuestiones que a mi parecer son muy importantes. Por un lado, en la Argentina, a
diferencia de otros países (como por ejemplo Cataluña en España), los regionalismos no cobraron
gran protagonismo, siendo las identidades provinciales los más poderosos movilizadores de
solidaridades que entraron en conflicto sistemáticamente con la territorialidad del Estado nacional
(Leoni, 2015:172). Esta cuestión nos plantea cómo se construyó la figura del santafesino, las
diferencias entre el sur y el norte, entre el Litoral y el interior, etc. En esta línea, Coudannes nos
recordaba que cuando hablamos de región, no debemos olvidarnos las diferencias hacia adentro:
“¿Región o regiones? La provincia no puede ser tratada como un conjunto homogéneo que olvide
los ritmos desiguales de desarrollo y el conflicto social” (Coudannes, 2006:9). Y a su vez nos lleva
a otra cuestión muy interesante que plantea Leoni: pensar la tarea simbólica de la construcción de la
región, que, al igual que el Estado nacional, fue un lento proceso de construcción social, o lo que es
lo mismo, como se produjeron los imaginarios regionales (Leoni, 2015:171). Estas investigadoras
nos dan importantes sugerencias y pistas para introducir en la escuela la nHR, fundamentalmente
por dos vías:
1. Estudios locales/regionales (la escala la determinará el problema que se enseñe: por ejemplo si
estamos estudiando el Grito de Alcorta o si estamos hablando de La Forestal), que sirvan para
problematizar la historia nacional, para rebatirla o enriquecerla.
2. Estudios locales centrados en la ciudad. “La ciudad tiene un potencial pedagógico
significativo, porque se concibe como punto de anclaje con el pasado a través del patrimonio
urbanístico y porque orienta acciones políticas para el presente y el futuro en pos de una mejor
calidad de vida” (Scalona, 2007:6).
Es necesario subrayar, que si bien en los diseños curriculares la nHR no aparece, en la provincia
contamos con diferentes dispositivos que nos pueden permitir introducirla intersticialmente: me
refiero por un lado al Seminario de Ciencias Sociales, una nueva asignatura que serviría idealmente
para este propósito y por otro a los NIC, que nos da libertad a los docentes para trabajar
interdisciplinariamente problemáticas discutidas en el seno la comunidad escolar.
A continuación veremos algunos ejemplos de cómo en la actualidad se trabajan los contenidos
curriculares en algunos manuales.

Enriqueciendo la historia nacional. Una historia con sentido propio


Se analizarán tres manuales escolares recientes de tercer año, de diferentes editoriales, para
dilucidar el lugar de las explicaciones regionales (desde Santa Fe) dentro del relato nacional. La
pertinencia de los manuales como objeto de estudio es tomada de Ossanna (1993:30).
Los libros analizados fueron “Historia 3: La Argentina y el resto del mundo, siglos XVIII al XX”
de Editorial SM, de 2014; “Historia 3 ES: La expansión del capitalismo y la formación de los
Estados Nacionales en América Latina” de Editorial Estrada de 2013 e “Historia de la Argentina en
el siglo XIX: nuevos desafíos” de Editorial Kapelusz de 2012. Una primera salvedad es que los tres
manuales son editados en Buenos Aires y sus autores son prácticamente todos historiadores de la
Universidad de Buenos Aires. Cada libro enfoca de un lugar distinto el tema que nos compete: el
modelo agroexportador en la Argentina. SM y Kapelusz tratan el tema de una forma más integral,
cada libro le dedica un capítulo entero (de 20 y 22 páginas respectivamente) donde prevalece una
historia económica y social. SM explica el modelo agroexportador a partir de los factores
productivos que fueron necesarios para que la Argentina se insertase al mercado mundial: tierras,
capital y trabajo. Periodiza la inserción a partir de 1850, con las demandas de las sociedades
industrializadas de Europa. Lo interesante, que la división mundial entre países opresores y
oprimidos, característico de esta época, se borra del análisis, al poner a la Argentina en pie de
igualdad con las potencias europeas, como se puede deducir de frases como la siguiente: “Para
aprovechar esta oportunidad [la demanda de productos primarios por parte de Europa], nuestro país

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impulsó un modelo económico agroexportador” ([Link]., 2014:234). De los factores productivos


(tierra, capital y trabajo), el único que abundaba en nuestro país, según SM, era la tierra, que
poseían los pueblos indígenas. Sin embargo, en el capítulo no está clara la relación entre la
conquista de territorios y el aniquilamiento y encarcelamiento de miles de indígenas con la
necesidad de incorporar nuevas tierras a la producción5. Tampoco se explica por qué esas nuevas
tierras no se repartieron entre pequeños propietarios, al estilo farmer. En cambio se hace hincapié
en la colonización agrícola, que durante 1850-1880 permitió el acceso a la tierra como pequeños
propietarios a los inmigrantes. Kapelusz también trabaja el modelo agroexportador desde los
factores económicos, aunque lo explica más claramente, relacionándolo con la segunda fase de la
Revolución Industrial en Europa, que trajo una nueva expansión del capitalismo y contextualizado
en la época del imperialismo. A su vez explica las características del modelo como de crecimiento
hacia afuera, subrayando la dependencia del sistema, y cómo se transformó el mapa económico del
país (Browarnik et al, 2012:200-1). También explica claramente quiénes son los perjudicados y
quiénes son los beneficiarios principales de este régimen de acumulación.
El libro de Estrada trabaja el modelo agroexportador en tres capítulos, en dos bloques, con un
total de 10 páginas dedicadas al tema. Esto se podría explicar por el mayor peso que tiene para esta
editorial la historia política. Más allá de esto, el relato en este libro aparece desarticulado y a veces
poco claro. No explica el modelo agroexportador en base a los factores, y se le da más importancia
a la incipiente industrialización que a la producción agraria. Se hace hincapié en el crecimiento del
mercado interno, y se da como ejemplos a Bagley, Bieckert y Otto Bemberg. Las economías
regionales las relaciona con la naciente industrialización, en vez de la alianza de las oligarquías
provinciales con los terratenientes pampeanos. Sin embargo a diferencia de los otros manuales se
considera a Santa Fe como una economía regional y se la jerarquiza en el análisis. Además se
trabaja específicamente el Grito de Alcorta (Campos et al, 2013:229).
Los tres manuales hacen referencias a los debates sobre proteccionismo y librecambio que
rondaron en la época a causa de las crisis económicas. SM y Estrada hacen una clara referencia a las
economías regionales, en cambio en Kapelusz, sorprendentemente, no trabaja el tema de forma
específica. Los actores sociales, a diferencia de los viejos manuales anteriores a la LFE, pueblan las
páginas de los libros de textos, aunque, en diferentes grados: las mujeres y los pueblos originarios
son nombrados pero no están integrados a la explicación histórica. En cambio, los trabajadores
inmigrantes, los chacareros, los peones rurales, estancieros y empresarios, tienen mayor peso en las
explicaciones.
En relación a las actividades y el uso de fuentes SM y Estrada poseen muchas más actividades
que Kapelusz, por lo general cada dos páginas hay una serie de actividades. La mayoría de las
actividades están relacionadas con responder preguntas, releer y analizar texto, resumir, argumentar
sobre un cuadro, buscar en internet, comparación pasado/presente, completar cuadros; etc. Los tres
libros tienen al final del capítulo actividades integradoras y en el caso de SM también una página de
autoevaluación. Con respecto a la utilización de fuentes primarias, si descartamos las imágenes, en
el libro de SM no se utilizan, en cambio en Estrada y Kapelusz si son utilizadas. Los tres libros
analizados muestran un Estado liberal modernizador, interventor, aunque Kapelusz lo trabaja
explícitamente al plantear la contradicción entre un Estado liberal ideológicamente pero con un
fuerte sesgo intervencionista tanto en la infraestructura como a nivel de las leyes y del fomento de
la inmigración.
Finalmente, el tema que nos preocupa, el peso de las explicaciones regionales en el relato
histórico. Los tres manuales se caracterizan por ser libros de tirada nacional, por lo que su relato
trata de ser lo más federal posible, aunque entre sí hay matices. Kapelusz tiene un relato bastante
balanceado a nivel nacional, al igual que SM, Estrada está un poco más centrado en la historia
estatal y nacional con centro en Buenos Aires. Tanto SM como Estrada explican sistemáticamente
las economías regionales durante el modelo agroexportador, no así Kapelusz, donde aparecen de

El modelo agroexportador… – Pereyra Lucchese


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forma más desordenada. SM en la sección “En profundidad” ([Link]., 2014:250) analiza los
ingenios azucareros tucumanos. Estrada tiene un interesante enfoque sobre la provincia de Santa Fe:
El desarrollo regional más grande de la época fue el de la provincia de Santa Fe. El interés por
poblar el norte del territorio y desarrollar allí alguna actividad económica, llevó a las
autoridades provinciales a expandir la frontera y a dictar leyes para la entrega y subdivisión de
tierras a familias extranjeras que se dedicaran a cultivarlas. De esa manera, entre 1870 y 1890
se produjo una explosión agrícola que transformó totalmente la economía y la sociedad
santafesina. (Campos et al, 2013:171)

Por su parte Kapelusz le presta atención a la colonización agrícola de la provincia, en la sección


“Así vivían” (Browarnik et al, 2012:220) trabaja la vida en las colonias, donde aparece Esperanza,
San José y Moisés Ville. Tanto Estrada como Kapelusz trabajan el “Grito de Alcorta”. La conquista
del Chaco es trabajada únicamente por Kapelusz, en un recuadro. En los tres manuales la industria
del quebracho es atribuida al Chacho, ignorando por completo la importancia que tuvo para la
provincia de Santa Fe la misma:
En el norte, especialmente en el departamento San Javier (hoy General Obligado) se
localizaban las industrias extractivas (forestal y azucarera). (...) Al momento del segundo censo
nacional, se había consolidado un patrón geográfico de especialización industrial centrado en
la elaboración de materias primas forestales y agropecuarias. (Frid y Lanciotti, 2012:164)

Es interesante el concepto de "Fronteras internas" que trabaja Estrada para aquellos pueblos,
parajes y fortines que se encontraban en la frontera con el indio. Por último, Kapelusz ignora que la
primera huelga general del país fue, no en Capital Federal como sostiene, sino en la ciudad de
Rosario, en 1902.
En síntesis, tomando el conjunto de manuales analizados en este trabajo se pueden destacar que
aparecen varias referencias del modelo agroexportador vistos de Santa Fe, pero ninguno lo hace de
forma integral y homogénea. Podríamos agregar que esto no es algo nuevo, Sandra Fernández, en
un artículo de 2009 planteaba la misma situación: en relación al período 1829-1852 el énfasis de los
manuales estaba puesto casi exclusivamente en Buenos Aires, en relación al período de instauración
del modelo agroexportador la realidad descripta se correspondía exclusivamente al área pampeana y
se generalizaba para todo el país. También son sumamente interesantes los planteos de Carlos
Minetti cuando haciendo referencia al período revolucionario nos dice:
A pesar de los cambios que fuimos planteando continúa vigente una Historia lineal y estatista
(en la primera mitad del siglo XIX se relatan todas las dificultades para la construcción estatal
para luego explicar en la segunda mitad de dicho siglo la definitiva formación del Estado), que
tal como plantea Josep Fontana, «nos impide ver que en cada momento del pasado ha existido
una diversidad de futuros posibles, el papel de la mujer, la importancia de la cultura de las
clases populares entendida como saber y no como folklore, y la racionalidad de unos proyectos
alternativos de futuro que no triunfaron». (Minetti, 2017:14)

La cita de Josep Fontana no es gratuita, ya que es sorprendente que, por ejemplo, la Liga de los
Pueblos Libres siga siendo un dato anecdótico en la enseñanza de la historia santafesina, cuando se
trató un importantísimo proyecto político alternativo que no triunfó. Seguimos enseñando que el 9
de julio fue la fecha de independencia de nuestro país, cuando en realidad la Argentina no existía y
la mitad de las Provincias “Unidas” del Río de la Plata estaban en la Liga de los Pueblos Libres y no
participaron del Congreso de Tucumán. También resulta curiosa la omisión prácticamente total de
la experiencia de Paraguay bajo el gobierno del Doctor Francia, cuando se enseña el modelo
agroexportador y la división internacional del trabajo en América Latina. No es un dato menor: fue
la única experiencia alternativa al modelo agroexportador dominante en toda América, y fue

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brutalmente reprimida, y la Argentina tuvo una gran responsabilidad en ese proceso. Sin embargo,
la gran mayoría de los estudiantes -y seguramente de muchos docentes- desconocen esta historia.

Conclusiones
La reforma educativa de 1993, la reforma constitucional de 1994 y la LEN del 2006 hablan de
que los contenidos curriculares deben respetar las particularidades de cada jurisdicción. Sin
embargo esto no se refleja en el Diseño Curricular Jurisdiccional de la Provincia de Santa Fe, por lo
que en la actualidad los docentes y alumnos de la provincia de Santa Fe carecemos de manuales
escritos por historiadores profesionales con una visión más regional, un poco descentrada de
Buenos Aires. Si bien existieron buenos ejemplos de ello, no perduraron en el tiempo. En los
últimos años la producción historiográfica local viene creciendo, con muy buenas experiencias de
difusión a través de la editorial Prohistoria en conjunto al diario La Capital de Rosario y de los
Congresos Regionales de Historia e Historiografía organizados en Santa Fe. Sin embargo todavía
existe un gran campo fértil para la producción académica y didáctica que ofrezca una historia más
cercana, sin olvidar las grandes vinculaciones con el Estado nación, con Latinoamérica y con el
mundo. Es necesario romper con la inercia que muchas veces prevalece en los diseños curriculares:
Mariela Coudannes se preguntaba allá, por el 2006 si frente al proceso de reforma educativa que
había en la provincia, existiría la posibilidad de modificar los contenidos, incluyendo la historia
regional en las escuelas (Coudannes, 2006:5). Casi una década después, con la reforma curricular
consumada la situación respecto a la duda plantea por Coudannes es negativa: la historia regional
sigue fuera del mundo escolar. Una de las posibles causas de esto quizás la podemos encontrar en el
imbatible tríptico: historia nacional -currículas provinciales- manuales o empresas editoriales que
apuntalan una visión de la historia con centro en Buenos Aires (Fernández, 2009:38). Mientras el
mercado siga imponiendo el currículum real en las escuelas, va a ser muy difícil cambiar estas
concepciones acerca de la historia arraigadas en el sentido común del docente. Sería necesario
pensar en un marco regulatorio para las editoriales que quisieran trabajar en las aulas santafesinas.
En la actualidad estamos en un momento propicio para debatir estas cuestiones: se está discutiendo
cómo debiera ser la ley de educación provincial. Creo que sería una muy buena oportunidad para
que dentro de la Ley provincial se explicitaran algunos contenidos curriculares obligatorios para el
área Historia, que hacen a las particularidades de la provincia, de la misma forma que se hace en la
LEN.
A su vez, incorporar la enseñanza de la nHR en las escuelas santafesinas implican desafíos
conocidos por muchos: los relacionados a la formación docente. Se ha escrito mucho sobre esto, lo
que me gustaría subrayar es que nos deberíamos esforzar más en trabajar en conjunto, de forma
articulada, entre los niveles secundario, terciario y universitario. Relacionado con esto, aunque de
forma tangencial, desde la UNR se comenzó con la experiencia de una maestría en Enseñanza de la
Historia que se propone, entre un universo mucho más amplio, pensar también, las cuestiones
abordadas en este artículo. Finalmente, de lo que se trata es de hacer una historia más cercana y más
interesante para que los jóvenes se apropien de ella y breguen por cambiarla.

Bibliografía

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Clío & Asociados. La historia enseñada. 2017 (24) ISSN 2362-3063 (digital), pp. 71-82. UNL – UNLP
82

Notas
1
Profesor de Historia de nivel medio, egresado de la Universidad Nacional de Rosario, adscrito al Taller de Historia de
la Cátedra de Currículum y Didáctica del Departamento de Formación Docente de la Facultad de Humanidades y Artes,
UNR, maestrando de la maestría “Enseñanza de la Historia”, de la misma universidad. Docente en escuelas medias
públicas y privadas.
2 Si bien normalmente se dice que la renovación comenzó en los años „60, el quiebre institucional hizo que recién con
el regreso de la democracia, en la década del „80 el alcance de la renovación institucional, de temas y de enfoques fuese
realmente significativo.
3
Con la reforma constitucional de 1994 se incorporó el inciso 19 del artículo 75, donde se explicitaba que la potestad
del Congreso para sancionar leyes de organización y de base de la educación. Estas leyes debían “consolidar en su
organización la unidad nacional respetando las particularidades provinciales y locales” (Nosiglia, 2007:114).
4
Esto llevó a una historia más inclusiva, pero paradójicamente, también la llevó a perder su especificidad dentro de la
escuela secundaria: hoy existen múltiples asignaturas como por ejemplo las Formaciones Éticas, las Ciudadanía e
Identidad, Ciudadanía y Participación, Ciudadanía y Derechos (y Derecho y Ciudadanía) que tratan de temas y
problemas que entran claramente dentro del campo de la Historia.
5
Se trabaja la cuestión de la Conquista de la Patagonia dos capítulos anteriores al del modelo agroexportador, por lo
que quedan escindidos.

El modelo agroexportador… – Pereyra Lucchese


PROBLEMÁTICA SOCIAL
CONTEMPORÁNEA I

UNIDAD II – Tema 1:

1
. EL SISTEMA SOCIAL Y LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL. ESTRATO:
CONCEPTO Y TIPOS.

“Podemos preguntarnos de qué manera surge el propio orden social. La respuesta


más general a esta pregunta es que el orden
social es un producto humano, o,
más exactamente, una producción humana
constante, realizada por el hombre en el
curso de su continua externalización. El orden
social no se da biológicamente ni deriva de datos
biológicos en sus manifestaciones
empíricas. Huelga agregar que el orden
social tampoco se da en el ambiente natural,
aunque algunos de sus rasgos particulares
puedan ser factores para determinar ciertos rasgos de un orden social (por ejemplo,
sus ordenamientos económicos o tecnológicos). El orden social no forma parte de
la “naturaleza de las cosas” y no puede derivar de las “leyes de la naturaleza”
(Berger, P. y Luckmann, T. en “La construcción social de la realidad”, p.73, 1991)1

1
Berger, P. L. y Luckmann, T. (1991). La construcción social de la realidad, décima reimpresión. Buenos Aires:
Amorrortu.
Los sistemas de estratificación social representan las desigualdades que existen en las
sociedades humanas, ya hemos debatido sobre la diversidad de sociedades y como la
complejidad de las mismas profundiza las jerarquías sociales de distintos tipos.

En las sociedades modernas las variaciones ligadas a la riqueza y el poder social, suelen
ser las fuentes más evidentes de la desigualdad social.

”La estratificación puede definirse como las desigualdades


estructurales que existen entre diferentes grupos de
individuos” (Giddens, A., p. 316)

Podemos señalar cuatro sistemas de estratificación


social: esclavitud; castas; estamentos y clases
sociales.

LA ESCLAVITUD
Esta representa la forma más extrema de la estratificación. La desigualdad entre los
individuos y los grupos y, está representada por el sistema social en los que algunos son
dueños de otros. Las sociedades han legalizado a través de la historia, la posesión de
esclavos. Las personas esclavizadas carecían de todos los derechos humanos más
esenciales, fundamentalmente, el derecho a la libertad y la participación activa y
democrática en la estructura de la sociedad.
La aplicación de la esclavitud ha variado de acuerdo a las diferentes sociedades. En el
mundo antiguo, Grecia y Roma los esclavos podían ser incluidos en algunas actividades
sociales, como la lectura y la escritura; el comercio; la administración o el trabajo artístico.

En América y por producto de las colonizaciones e imperialismos, los esclavos fueron


utilizados como mano de obra para las minas, las plantaciones o la servidumbre
doméstica.
La estructura económica y política se fortalecía con el tráfico de esclavos, por eso las
rebeliones eran sofocadas por sistemas brutales de castigo y llevó en muchos casos a
guerras y matanzas masivas.

Hasta los albores de la sociedad moderna en los siglos XIX y XX, la esclavitud no fue
abolida como sistema de organización social explícito. Sin embargo, cabe mencionar que
las prácticas sociales siguen sosteniendo y reproduciendo situaciones de esclavitud, de
las que somos testigos cotidianos en todo el mundo.

LA CASTA
El sistema de castas puede observarse, todavía hoy, en países como la India. Dos
agrupamientos principales, los varna y los jati, que a su vez se dividen en subcategorías
de acuerdo a su importancia social, muestran la compleja estructura de un sistema social
basado en diversos sistemas de creencias. Los brahmanes – miembros de los varna- son
los grupos más elevados en la escala representado una pureza de la estirpe, vocablo al
que remite la palabra casta.

Las castas como sistema de estratificación en la creencia sobre la reencarnación. En un


tiempo cíclico, aquellos que no respeten y cumplan los deberes de su casta sufrirán el
castigo del renacimiento en grupos inferiores de la escala social. Las castas, ubican en la
parte inferior de su sistema a los intocables o descastados.

La movilidad social dentro del sistema de castas es relativamente rígida, pocos individuos
aislados se mueven cambiando su posición en el sistema. Pero ningún sistema es
absolutamente cerrado o endogámico o de movilidad social nula. Hablamos de
sociedades humanas y ya hemos visto que el cambio, es parte esencial de sus
características.

LOS ESTAMENTOS O ESTADOS


Fueron el sistema de organización social propio del feudalismo europeo. La estructura
social tenía en su cúspide a los monarcas, la aristocracia y a la nobleza. La clerecía y los
guerreros seguían en el orden del poder social, continuando con el tercer estado
compuesto por los plebeyos (servidumbre y trabajadores libres). El sistema estamental
autorizaba la movilidad social por medio del casamiento o la compra de títulos nobiliarios.

En China y Japón Imperiales, se dieron sistemas de estamentos que podían sustentarse


en creencias religiosas aunque no tan estrictas como las del sistema hindú.
Las Clases sociales
La clase es adquirida, en parte, la herencia social, la religión o el sistema legal no definen
a los estratos sociales en el sistema de clases. La movilidad social puede ser ascendente
o descendente en la estructura y los movimientos individuales y grupales, son factibles.

El basamento de la clase social es la diferencia económica y la desigualdad en cuanto a la


posesión de bienes y el poder sobre la administración y distribución de los recursos
materiales. El trabajo, el salario, la educación serán factores que faciliten o dificulten la
movilidad de los grupos en este sistema.

”Podemos definir la clase como un agrupamiento a gran escala


de personas que comparten ciertos recursos económicos, los
cuales tienen una gran influencia en la forma de vida que
pueden llevar. La propiedad de la riqueza y la ocupación son
las bases más importantes de las diferencias de clase”
(Giddens, A., p.319)

Las clases se han dividido históricamente en:

Altas

Medias

Bajas
Sin embargo, en las sociedades actuales frente a la reformulación del mundo globalizado
y el crecimiento del Mercado como un nuevo articulador de la organización social,
debemos hablar también de los grupos excluidos de la sociedad, representados en
aquellos que no ocupan lugar alguno en la estructura social, reproduciendo en muchos
casos esa desigualdad por generaciones.

ANEXO I
Sistemas de Estratificación

Se distinguen dos tipos de sistemas de estratificación. Los sistemas cerrados acomodan


poco cambio en la posición social. No permiten que las personas cambien de nivel y no
permiten las relaciones sociales entre niveles. Los sistemas abiertos, que se basan en el
logro, permiten el movimiento y la interacción entre capas y clases. Diferentes sistemas
reflejan, enfatizan y fomentan ciertos valores culturales y dan forma a las creencias
individuales. Los sistemas de estratificación incluyen sistemas de clases y sistemas de
castas, así como meritocracia.

Los sistemas de estratificación son cerrados, es decir, permiten poco cambio en la posición
social, o abiertos, lo que significa que permiten el movimiento y la interacción entre las
capas. Un sistema de castas es aquel en el que la posición social se basa en la condición
atribuida o el nacimiento. Los sistemas de clases son abiertos, con el logro jugando un papel
en la posición social. Las personas entran en clases en función de factores como la riqueza,
los ingresos, la educación y la ocupación. Una meritocracia es un sistema de estratificación
social que confiere posición basada en el valor personal, gratificante esfuerzo.

El sistema de clases

Un sistema de clases se basa tanto en factores sociales como en el logro individual. Una
clase consiste en un conjunto de personas que comparten estatus similar con respecto a
factores como la riqueza, los ingresos, la educación y la ocupación. A diferencia de los
sistemas de castas, los sistemas de clases son Las personas son libres de obtener un nivel
de educación o empleo diferente al de sus padres. También pueden socializar y casarse con
miembros de otras clases, lo que permite a las personas pasar de una clase a otra.

Los sistemas de estratificación social determinan la posición social en función de factores


como el ingreso, la educación y la ocupación. Los sociólogos utilizan el término consistencia
de estado para describir la consistencia, o falta de ella, del rango de un individuo a través de
estos factores. Los sistemas de castas se correlacionan con alta consistencia de estatus,
mientras que el sistema de clases más flexible tiene menor consistencia de estatus.

Sistemas de estratificación

Esclavitud: es una forma extrema de desigualdad, en la cual algunos individuos son


poseídos por otros, literalmente, como su propiedad. Algunas veces los esclavos fueron
privados de casi todos sus derechos por ley.
Los esclavos fueron utilizados casi exclusivamente como trabajadores en las plantaciones o
como servidores domésticos en los Estados Unidos y las Indias Occidentales, durante los
siglos XVIII y XIX.

Los esclavos estaban excluidos de los puestos políticos y militares; algunos sabían leer y
escribir y trabajaban como administradores del gobierno, muchos eran artesanos. La
esclavitud ha provocado resistencia y luchas periódicas por parte de aquellos sujetos a ella.

Casta: Se relaciona a desigualdades que se fundamentan en diferencias étnicas y religiosas.


Se asocia sobre todo con las culturas del subcontinente indio. El sistema de casta está
extremadamente elaborado y varía en su estructura de zona en zona, tanto que realmente no
constituye un “sistema” en absoluto, sino una diversidad de creencias y prácticas variables
difusamente conectadas.

El sistema de castas está estrechamente ligado a la creencia hindú en la reencarnación; se


cree que los hombres que no siguen los rituales y deberes de su casta renacerán en una
posición inferior en su próxima reencarnación. Este sistema ha sido completamente estático.
Aunque los individuos no pueden moverse entre las castas, grupos enteros pueden cambiar
su posición dentro de la jerarquía de castas.

Los sistemas de castas son sistemas cerrados de estratificación en los que las personas
pueden hacer poco o nada para cambiar su posición social. Un sistema de castas es aquel
en el que las personas nacen en su posición social y permanecerán en él toda su vida. A las
personas se les asignan ocupaciones independientemente de sus talentos, intereses o
potencial. Prácticamente no hay oportunidades para mejorar la posición social de una
persona.
En la tradición de castas hindúes, se esperaba que las personas trabajaran en la ocupación
de su casta y se casaran según su casta. Aceptar esta posición social se consideró un deber
moral. Los valores culturales reforzaron el sistema. Los sistemas de castas promueven
creencias en el destino, el destino y la voluntad de un poder superior, en lugar de promover
la libertad individual como valor. Una persona que vivía en una sociedad de castas era
socializada para aceptar su posición social.

Aunque el sistema de castas en la India ha sido oficialmente desmantelado, su presencia


residual en la sociedad india está profundamente arraigada. En las zonas rurales, es más
probable que se mantengan aspectos de la tradición, mientras que los centros urbanos
muestran menos evidencias de este pasado. En las ciudades más grandes de la India, las
personas ahora tienen más oportunidades de elegir sus propias trayectorias profesionales y
parejas matrimoniales. Como centro global de empleo, las corporaciones han introducido la
contratación y el empleo basados en el mérito a la nación.

Estados: eran parte del feudalismo europeo, pero también existieron en muchas otras
civilizaciones tradicionales. Los estados feudales consistían en estratos con diferentes
obligaciones y derechos recíprocos, algunos de los cuales estaban establecidos por ley. En
Europa, el estado más elevado era el compuesto por la aristocracia y la nobleza. El clero
formaba otro estado, con inferior status, pero con varios privilegios distintos. El tercer estado
eran los plebeyos, siervos, campesinos, mercaderes y artesanos. Se toleraba hasta cierto
punto la movilidad individual o matrimonial entre los estados.
Los estados se hallaban estrechamente ligados a la comunidad señorial local: formaban un
sistema de estratificación local más que nacional (excepto en China o Japón).
La estratificación social y el funcionamiento de la estructura de clases son elementos
transversales del análisis sociológico y su naturaleza se encuentra estrechamente ligada a la
composición teórica y epistemológica de la sociología misma, tratándose directa o
indirectamente en la mayoría de las investigaciones de carácter sociológico. Si obedecemos
a la naturaleza multiparadigmática de la sociología, el acercamiento a ambos problemas, así
como el énfasis puesto en características específicas de la dinámica de clases y en su
composición estructural difiere según la perspectiva teórica abordada.

Es necesario considerar las diferencias asociadas al abordaje epistemológico del estudio de


la estratificación social para posteriormente proceder con las discusiones teóricas
pertinentes. La producción más ortodoxa de teoría sociológica acerca de la estructura de
clases se enmarcó en los parámetros del estructuralismo clásico, tanto marxista como
funcionalista.

Por ende, la formulación de elementos teóricos obedeció a la intención de construir


esquemas conceptuales generales apriorísticos y autorreferenciales de los que pudieran
desprenderse deductivamente hipótesis teóricas válidas para la mayor diversidad posible de
contextos .Tal dirección epistemológica fue fuertemente criticada debido a su inconsistencia
teórica, su incapacidad sistemática para proveer explicaciones adecuadas a fenómenos
sociales específicos y por el rol pasivo adjudicado a la acción individual; lo fue tanto su
versión marxista como la funcionalista.

Erik Olin propone la siguiente clasificación para agrupar teóricamente las diferentes agendas
investigativas dedicadas al estudio de la estratificación social y la estructura de clases:

• Perspectivas funcionalistas o de atributos individuales, donde la conformación de las


diversas clases, así como su distribución en el sistema de estratificación, obedecen a
atributos individuales que se distribuyen jerárquicamente en función de los parámetros
más relevantes del sistema social a manera de roles que, en tanto se ejercen,
garantizan el equilibrio y la suficiencia funcional.

• Perspectivas marxistas, en las cuales las dinámicas de explotación y dominación


juegan un rol crucial en la configuración del sistema de estratificación y las relaciones
entre clases, donde la dominación describe la capacidad de controlar las actividades
de otros individuos y la explotación hace referencia a la adquisición de beneficios
económicos por parte de las clases dominantes a través del trabajo de las clases
dominadas.

• Perspectivas weberianas o de restricción de oportunidades, donde la división


categórica de los individuos en función de sus ocupaciones determina las ventajas
comparativas de las cuales quienes gozan de una mejor posición pueden sacar mayor
provecho, conformándose así tanto clases diferenciadas como grupos de estatus que
condicionan el comportamiento individual.

En términos generales, las perspectivas descritas apuntan a explicar las diferencias de la


conducta individual en relación con la posición que se ocupa en la estructura de clases, la
adopción y aceptación de los medios estructuralmente definidos en función de metas
culturales mayoritariamente compartidas por los individuos, así como también el rol que
juegan las dinámicas de confrontación, competencia, explotación y dominación en la
estructuración del sistema de clases.

Al proceso de estratificación se lo entiende fundamentalmente como uno de diferenciación


funcional jerarquizado, donde los individuos ocupan posiciones particulares en función de
sus roles adscritos respectivos, lo cual a su vez dota a cada uno de ellos de características
psicosociales específicas asociadas con su posición en el sistema de estratificación, lo cual
determina parcialmente su comportamiento individual.

En términos generales, es posible resumir la estructura teórica básica del enfoque


funcionalista de estratificación social mediante el siguiente mecanismo:

Mecanismo funcionalista general de estratificación social

La teoría de los grupos de referencia y los mecanismos de adaptación, desarrollada con


base en los postulados característicos del estructural-funcionalismo, como lo son el criterio
de interdependencia funcional y la tendencia a la integración de la acción individual, persigue
el fin de explicar las diferencias de la conducta individual tanto en el interior de una clase
como en función de la clase a la que se pertenece.

Desde esta perspectiva, la composición estructural de las sociedades y grupos sociales se


divide entre la estructura social, compuesta por las rutas institucionalizadas y, por ende,
legítimas que permiten a los individuos actuar en función de sus objetivos particulares, y la
estructura cultural, compuesta por los diversos valores que los individuos pertenecientes a la
sociedad o grupo social consideran como válidos y legítimos de perseguir.

La composición jerárquica de las sociedades implica un acceso diferenciado a las rutas


institucionalizadas disponibles en la estructura social, si bien los valores perseguidos son
mayoritariamente compartidos por los individuos; lo cual, en un primer momento establece
diferencias en las conductas de las personas en función de su posición en el sistema de
estratificación.

Los aportes realizados por Peter Blau, quien propuso el enfoque macroestructural, son
también puntos de referencia teóricamente importantes para entender el proceso de
estratificación y las dinámicas de diferenciación e integración social. En el enfoque
macroestructural, propuesto por Blau, a la estructura de determinada sociedad se la entiende
como la distribución de una población en posiciones sociales establecidas, constituyendo un
espacio social multidimensional, en donde el grado de interacción entre individuos, por medio
de sus posiciones, termina por conformar la estructura de determinada sociedad.

El enfoque macroestructural pone especial énfasis en la influencia que las posiciones


sociales de los individuos tienen en la configuración de las relaciones sociales; de esta
forma, los roles generados por la ocupación de estas posiciones son la base principal sobre
la cual se estructuran las sociedades, entendiéndose como variables secundarias algunos
elementos tradicionalmente explicativos de los análisis de estratificación tanto materialistas
como culturalistas, tales como la clase social y sus correspondientes dinámicas de
competencia y contradicción, la estructura de valores, los procesos de integración
institucional, el equilibrio sistémico o la división social del trabajo.

En este sentido, la estructura de una sociedad determinada se encuentra delimitada por


parámetros estructurales, que operan como los ejes del espacio multidimensional de
posiciones sociales posibles. En términos empíricos, los parámetros estructurales son
variables que caracterizan a los individuos y diferencian sus roles y posiciones sociales.
Simultáneamente, las relaciones surgidas a partir del proceso de diferenciación de las
posiciones sociales generan nuevas características sociales susceptibles de entenderse
empíricamente como efectos del proceso de diferenciación.

Los parámetros estructurales se dividen en nominales y graduados. Un parámetro nominal


divide a la población en subgrupos cuyas fronteras están explícitamente definidas y sin un
orden específico inherente, lo que empíricamente equivale a entenderlos como variables
nominales. De igual manera, los parámetros graduados corresponden a la diferenciación de
la población en términos de jerarquías de estatus, con un orden definido entre los subgrupos,
lo cual significa en la práctica una variable continua.

Dado que los subgrupos constituidos a través de parámetros nominales no se estructuran


jerárquicamente, su diferenciación interna se entiende como heterogeneidad horizontal,
mientras que, para el caso de los graduados, en tanto que éstos sí se encuentran basados
en relaciones jerárquicas, su diferenciación genera relaciones de jerarquización e inequidad.
En términos generales, la propuesta de Blau apunta a entender las dinámicas de
estratificación y diferenciación como procesos fundamentalmente basados en las relaciones
a diferentes niveles, experimentadas por una población determinada a través de posiciones
sociales definidas.

Enfoques marxistas

En la tradición marxista, las clases sociales se definen a partir de la posición común de


varios individuos en relación con los medios de producción, siendo este el rasgo más
influyente en la generación de las dinámicas que dan forma a la estructura de clases y sus
relaciones respectivas. En el modo de producción capitalista, el mecanismo de control más
importante de los medios de producción es la existencia de la propiedad privada, por lo tanto,
las relaciones entre clases se estructuran en función de dinámicas dialécticas y antagónicas
generadas a partir del proceso de acumulación del capital, sostenido sobre la base de la
existencia de la propiedad privada.

A diferencia de los enfoques funcionalistas y weberianos, las relaciones entre las clases se
sostienen fundamentalmente a partir de procesos de explotación y dominación, los cuales
son necesarios para la acumulación efectiva del capital en el marco de las economías
capitalistas; por esta razón, tanto el marco institucional existente como la división del trabajo
social propios del modo de producción capitalista son efecto de la explotación de las clases
dominadas en función de los intereses de quienes detentan el monopolio de los medios de
producción, y que a su vez son generados por las contradicciones inherentes al
funcionamiento de las economías de mercado y tienen un peso secundario en la
estructuración del sistema de estratificación social.

Las visiones marxistas ortodoxas del problema de la estratificación social persiguen la


formulación de macro teorías que integren explicaciones de carácter dialéctico al
funcionamiento general de las sociedades capitalistas, en aras de garantizar posibilidades de
transformación de las estructuras sociales que les dan forma, basándose principalmente en
la versión de la teoría del valor-trabajo propuesta por Marx como el marco conceptual más
eficiente para entender el rol que juegan las relaciones de clase en los procesos de
acumulación de capital. En este sentido, la estructura de clases del modo de producción
capitalista se reduce, fundamentalmente, a las relaciones antagónicas que surgen entre
capitalistas y trabajadores.

Según la versión marxista de la teoría del valor-trabajo, el valor de un bien está dado por la
cantidad de trabajo necesario para producirlo, lo cual implica que dicho valor no está limitado
a la eficacia aislada de su producción, sino al tiempo socialmente necesario para ser
fabricado en relación con los niveles de productividad del mercado.

En este contexto, el proceso de producción en una economía de mercado es posible


únicamente a través de la venta de la fuerza de trabajo por parte de los trabajadores a los
propietarios de los medios de producción. Mientras que el trabajador recibe un salario a
cambio de vender su fuerza de trabajo, el capitalista usufructúa el rendimiento de la
producción del trabajo asalariado mediante la extracción de plusvalía, que constituye el
mecanismo principal de acumulación de capital en las relaciones entre el proletariado y la
burguesía.

En términos generales, el esquema del marxismo referente a la estratificación social se


resume en el siguiente mecanismo:

Mecanismo marxista general de estratificación social


La propuesta de Sørensen aborda las contradicciones de clase en función de los procesos
de dominación y explotación, en consonancia con los postulados básicos de la tradición
marxista, resaltando su potencial explicativo para entender los fenómenos más relevantes
del modo de producción capitalista.

Para ampliar el espectro de análisis se proponen dimensiones básicas que definen y


diferencian a las clases sociales empíricamente: la dimensión nominal, que define las clases
sociales a partir de su posición en el sistema de estratificación mediante atributos
individuales, principalmente la ocupación; las condiciones de vida, que hacen referencia a las
diferencias empíricamente observables de las pautas de comportamiento individual y las
condiciones materiales de existencia en función de la clase a la que se pertenece y, por
consiguiente, expresan diferencias objetivas entre una clase y otra; y las relaciones de
explotación, que desvelan la existencia de conflictos e intereses antagónicos entre las
diversas clases que componen el sistema de estratificación social en el marco de una
economía de mercado.

Adicionalmente, en esta propuesta se abandona la teoría del valor-trabajo como eje


conceptual de análisis de los procesos de explotación y dominación, y en cambio se aboga
por entender las relaciones entre las diversas clases en el proceso de producción a partir del
concepto de renta, cuyas diferencias representan explícitamente la lógica antagónica de la
estructura de clases.

Lo anterior implica que las relaciones de propiedad no producen por sí mismas ni


estratificación ni explotación. Por consiguiente, la posición dominante en el mercado y, por
ende, en el sistema de estratificación social, detentada por las clases dominantes se
estructura gracias a que la generación de rentas y réditos sobre el capital es posible
únicamente mediante la venta de la fuerza de trabajo por parte de los trabajadores, cuya
generación de renta personal es considerablemente menor en tanto que no poseen los
medios de producción; en este sentido, la generación de rentas diferenciadas es
consecuencia de los procesos de explotación y dominación, debido a que el incremento de
las rentas capitalistas se basa en el detrimento de la condición del trabajador.

Enfoques weberianos

Los análisis asociados con esta perspectiva teórica sostienen que la estratificación social, y
por consiguiente las posibilidades de acción de los individuos, obedecen a las diferentes
oportunidades que efectivamente tienen esos individuos como resultado de su relación tanto
con el marco institucional existente como con los medios de producción, a través de los roles
que ejercen en el mercado.

A diferencia de las aproximaciones marxistas y funcionalistas reseñadas previamente, en


este caso la función estratificadora de la clase la comparten los grupos de estatus y los
partidos, por lo cual es a partir de la interacción permanente de estas dimensiones de la vida
social que se producen los fenómenos de estratificación social.

Desde la perspectiva weberiana, la clase social se define por la relativa similitud entre las
características económicas de sus miembros, así como por la relación de éstos con el
mercado. Los grupos de estatus se delimitan a partir de las diferencias asociadas con el
consumo y las prácticas sociales, las cuales pueden estar ancladas a elementos objetivos o
puramente simbólicos, como lo son el prestigio y la reputación, mientras que los partidos
políticos constituyen los mecanismos más eficientes para la consecución de poder político y
la inserción en el aparato estatal.

El hecho de que la clase social se defina en función de las relaciones económicas sostenidas
por los individuos y de que, adicionalmente, exista como realidad social objetiva, obedece al
proceso de racionalización de la vida social característico de la modernidad. La clase social,
bajo este enfoque, es un marco de clasificación racionalizado, en tanto que su lógica se basa
en la impersonalidad y secularidad de la clase anclada a su relación con un mercado
determinado, compartiendo así los criterios de racionalidad característicos de las diversas
estructuras sociales que dan forma a las sociedades modernas, así como al esquema de
dominación legal burocrática propuesto por Weber.

En términos generales, la intención de este enfoque es aportar explicaciones causales a la


acción individual a través del análisis de las condiciones sociales que dan forma efectiva a la
acción, tal y como lo son las tres categorías principales de estratificación social planteadas
previamente. En consonancia con la teoría weberiana, las dinámicas de las sociedades
modernas son posibles debido al proceso de racionalización de las esferas sociales que las
componen; por ende, las categorías de estratificación social representan dimensiones
claramente diferenciadas de la vida social en relación con las esferas sociales y, por lo tanto,
constituyen la base sobre la cual se fundamenta la acción racional.
Diferenciación del orden social desde la perspectiva weberiana
Esferas de la vida social Categoría de estratificación
• Económica (orden económico) • Clase social
• Comunal (orden social) • Grupo de estatus
• Política (distribución y ejercicio del poder) • Partido (organización política)

Simultáneamente, dado que la unidad fundamental de análisis de la tradición weberiana es la


comprensión del sentido de la acción individual, o el sentido mentado, las categorías de
clase, grupo de estatus y partido aportan explicaciones causales a la conducta individual en
diferentes niveles analíticos, contando además con propiedades específicas que las
diferencian empíricamente.
Categorías de estratificación social en Max Weber

Categoría de Propiedades Identidad Nivel de la


Tipo de acción
estratificación objetivas subjetiva acción
• Acción racional con arreglo a fines
Clase • Si • No • Individual
en relación con el mercado
• Acción racional con arreglo a valor
(prestigio, reputación,
Grupo de estatus • Si • Si honorabilidad) Acción racional con •Individual
arreglo a fines (adquisición de
bienes socialmente valorados)
Partido
(organización • Si • Si • Colectiva
política)

El énfasis de esta propuesta teórica recae en las condiciones institucionales que permiten la
acción individual y explican sus diferencias, fenómeno al que hace referencia el concepto de
restricción de oportunidades, así como al papel que cumplen la clase, el partido y los grupos
de estatus en la articulación de la conducta. En este sentido, el acceso diferenciado a tales
oportunidades obedece a la restricción jerárquicamente institucionalizada de las posiciones a
ser ocupadas, en función de que se requieren determinadas credenciales socialmente
legitimadas para ocupar dichas posiciones, tales como el capital económico, la cualificación
profesional o el ejercicio de un cargo laboral institucionalmente diferenciado.
Por ende, el acceso de los individuos a tales oportunidades es posible debido a las
restricciones que otros individuos enfrentan para acceder a las mismas, en tanto que carecen
de las credenciales socialmente aceptadas como indispensables para ocupar determinadas
posiciones en la estructura social. La legitimación institucionalizada de las diversas
posiciones que ocupan los individuos en la estructura de clase tiene tanta injerencia en su
existencia, reproducción y diferenciación como las dinámicas económicas.
Al mismo tiempo, y en consonancia con los postulados weberianos, el término oportunidades
hace referencia también a los medios institucionalizados y legitimados por determinado
orden social como mecanismos efectivos y validados socialmente como apropiados para la
consecución de objetivos individuales.
En este sentido, el enfoque de restricción de oportunidades se inclina a considerar el marco
institucional existente como el mecanismo más importante a la hora de explicar las
diferencias asociadas con la distribución del capital y la asignación de posiciones en el
mercado referidas a la actividad laboral, a la distribución de prestigio y reputación y a las
acciones políticas organizadas, componentes que, como ya se mencionó, caracterizan a la
clase, los grupos de estatus y los partidos, respectivamente, como bases de la acción
racional.
La institucionalización de la propiedad privada en una economía de mercado constituye el
mecanismo de restricción de oportunidades más determinante para explicar las diferencias
entre clases, debido a que la posesión de los medios de producción por los miembros de una
clase implica la exclusión de los trabajadores de participar en la propiedad de los mismos.
Un fenómeno análogo experimenta la distribución de los bienes simbólicos socialmente
valorados, subjetivos y/o objetivos, en relación con los grupos de estatus y con la adscripción
a organizaciones de carácter político.

Mecanismo weberiano general de estratificación social

En sincronía con lo anterior, el esquema de estratificación de Goldthorpe, catalogado como


neoweberiano plantea que la posición que ocupa un individuo en el sistema de estratificación
la determina su relación con tres dimensiones básicas del espacio social: la económica,
caracterizada por su participación en el mercado a través de su relación con los medios de
producción y la acumulación de capital; la política, relacionada con la capacidad que tiene de
incidir en las dinámicas estatales por medio de su participación en organizaciones políticas,
fundamentalmente en los partidos políticos, y la dimensión institucional, basada en el
prestigio social que posee gracias al ejercicio de determinada ocupación y cuyos criterios de
valoración se encuentran anclados a un marco institucional existente.
En este sentido, el esquema de Goldthorpe establece criterios específicos que permiten
situar a cada individuo en el sistema de estratificación social en relación con las dimensiones
sociales previamente descritas. La situación de la persona en el mercado es producto de la
relación existente entre los niveles de renta y el ejercicio de determinada ocupación;
paralelamente, la valoración social de la ocupación se encuentra ligada a los criterios de
relevancia establecidos por la clasificación de la situación laboral, concepto que hace
referencia a la posición de la ocupación en función de su margen de control de, y autoridad
en, los procesos productivos. Simultáneamente, si bien la posición de los individuos en el
sistema de estratificación es un estado objetivo y empíricamente diferenciado, tal situación
no es hermética y permite la interacción entre los miembros de las diversas clases; tal
fenómeno es conceptualizado en esta perspectiva como las gradientes de clase, que hacen
alusión a las relaciones entre sujetos pertenecientes a diferentes clases en los mismos
contextos sociales.
La clasificación teórica de los diferentes esquemas de clase y estratificación social
presentados a lo largo de este texto permiten esclarecer diferencias conceptuales entre cada
enfoque teórico, lo cual fortalece nuestra idea de que la investigación empírica referida a los
problemas de la estructura de clases y de la posición social jerárquica de los individuos se
caracteriza por su pluralidad teórica y metodológica.

Es importante resaltar que la estructura de clases dista de ser una descripción morfológica
de la composición de una determinada sociedad en un momento específico. Un sistema de
relaciones dinámico y cambiante entre los individuos a través de las funciones que tienen y
las posiciones que ocupan; por ello, cualquier sociedad es susceptible de cambio y
transformación, impulsados por los agentes pertenecientes a las diversas clases que la
integran, en función de sus intereses, valores e ideales compartidos. El análisis de las
relaciones de clase y de los sistemas de estratificación social será más preciso y efectivo si
se le incorporan, de manera integral, algunos elementos de los principales esquemas
teóricos, sobre todo dado que la complejidad del mundo social requiere de una mirada
multidimensional sobre uno de los problemas más relevantes de la sociología.

o Referencias
Castells, M. (2001). La era de la información. Fin de Milenio. Alianza editorial.
Bourdieu, Pierre (2001). La dominación masculina. Buenos Aires: Amorrortu.
Bourdieu, Pierre (2012). La distinción. Las bases sociales del gusto. Barcelona: Taurus.
Castells, Manuel (2002). La era de la información, vol. I, La sociedad red. Ciudad de México:
Siglo XXI.
Giddens, Anthony (2003). La constitución de la sociedad. Buenos Aires: Amorrortu.
Giddens, Anthony (2009). Sociología. Madrid: Alianza Editorial.
Lizón, Ángeles (2007). La otra sociología. Barcelona: Intervención Cultural.
Marx, Karl (2000). El capital, tomo I. Barcelona: Akal.
Merton, Robert (2002). Teoría y estructuras sociales. Ciudad de México: Fondo de Cultura
Económica.
Mills, Charles Wright (1975). Poder, política y pueblo. Ciudad de México: Fondo de Cultura
Económica.
Weber, Max (2002). Economía y sociedad. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.
PROBLEMÁTICA SOCIAL
CONTEMPORÁNEA I
Unidad I Tema III Los Paradigmas de la Modernidad

”Los Paradigmas serían, así, los marcos teórico-metodológicos de interpretación de los


fenómenos sociales creados y/o adoptados por los científicos sociales de acuerdo con los
siguientes supuestos que responden a los interrogantes planteados”:

1) Una cosmovisión filosófica,


2) La determinación de una o varias formas o estrategias de acceso a la realidad,
3) La adopción o elaboración de conceptos de acuerdo con la o las teorías que crea o supone,
4) Un contexto social,
5) Una forma de compromiso existencial y
6) Una elección respecto de los fenómenos sociales que analiza

(...) En los paradigmas: se refleja la comprensión que del mundo y de sí tienen los colectivos: sirven
de manera mediata a la interpretación de los horizontes de aspiración y. de expectativa. De allí
que para toda teoría de la sociedad la conexión con la historia de la teoría represente también una
especia de test. Cuanto mayor sea la naturalidad con que pueda recoger, explicar, criticar y
proseguir ideas tradicionales teóricas anteriores, tanto más inmunizada se verá contra el peligro
de que en la propia perspectiva teórica sólo se hagan valer subrepticiamente intereses particulares
[Habermas, 1987]”1

1Vasilachis de Gialdino, I. (1992): Métodos cualitativos I los problemas teórico-epistemológicos. Buenos Aires:
Centro Editor de América latina S.A.
LOS PARADIGMAS PRODUCTIVOS

Hablando de Paradigmas productivos podemos hacer un recorrido breve sobre las


transformaciones vividas en el proceso histórico del Estado al Mercado como articulador
social, en términos de la economía y el trabajo.

EN EL MARCO DE LA SOCIEDAD INDUSTRIAL

▪ 1880-1929: RÉGIMEN DE ACUMULACIÓN INTENSIVO SIN CONSUMO DE MASAS


(MERCADO)

▪ 1929-1930: CRISIS DE LA RELACIÓN PRODUCCIÓN – DEMANDA

▪ ESTADO KEYNESIANO: 1930-1960 RÉGIMEN DE ACUMULACIÓN INTENSIVA CON


CONSUMO DE MASAS

▪ MODO DE REGULACIÓN KEYNESIANO.

▪ 1930-1970: INTERNACIONALIZACIÓN DE LOS MERCADOS

▪ DÉCADA DEL ‘60: INFLACIÓN Y CAPITAL TRANSNACIONAL

▪ MEDIADOS DE LOS ’70: RÉGIMEN DE ACUMULACIÓN POST-KEYNESIANO

▪ CARACTERÍSTICAS:

MERCADOS INDEPENDIENTES Y SISTEMAS PRODUCTIVOS FLEXIBLES

JAPÓN REPRESENTA EL NUEVO PARADIGMA PRODUCTIVO DE LA POST-GUERRA:


✓ DESEMPLEO ESTRUCTURAL

✓ MERCADO DUAL DE TRABAJO: DENTRO DEL SISTEMA O FUERA DE LA MISMA EN


UNA ECONOMÍA NEGRA O INFORMAL.

✓ ESTADO PRIVATIZADOR. COMIENZA LA ARTICULACIÓN SOCIAL POR


APLICACIÓN DE LA LEYES DEL MERCADO Y LA COMPETENCIA

Siguiendo a Max Weber, resulta oportuno señalar que la Modernidad estableció el ejercicio
de una autoridad del tipo racional-legal en el marco de las profesiones y las
organizaciones, caracterizada ésta por su aptitud para justificarse a través del sistema de
prescripciones explícitas y coherentes que la sostienen. La competencia del saber y la
moralidad se hallan ligadas a este tipo de autoridad debido a que es fiduciaria de la
confianza que se deposita en la
institución que la detenta,
evidenciando de este modo el peso
de la relación entre quiénes la
invisten y quiénes reciben los
mensajes o las órdenes, pero
también revelando los conflictos de
competencia.

En cuanto a la complejidad relacional de la entrama de legitimidad y legitimación de las


relaciones de superioridad y de subordinación puestas en juego en la transformación de la
autoridad en poder institucionalizado, observaremos los pasos de su mutación ya que se
nos revelará de modo diferente en el ejercicio de factores como la coerción, la fuerza, la
influencia y la persuasión debido a que la legitimidad caracteriza el debilitamiento y/o el
fortalecimiento del orden de los vínculos que mantienen los miembros de cualquier
institución social.

En términos de Weber, el sistema representa el dominio de la racionalidad formal, en


cambio, la racionalidad sustantiva halla su enclave en el mundo de la vida.

La Sociedad industrial en su pasaje a la Sociedad de la Información ha gestionado un


perfeccionamiento de aquello que Habermas llama “la colonización del mundo de la vida” 2,
ampliaremos esta visión del autor en la Unidad 4.

2 Véase su relación con los aportes teóricos de Alfred Schütz, George H. Mead, M. Weber y K. Marx.
ANEXO I

El término paradigma

Si lo leemos en el diccionario, paradigma es “modelo, ejemplo”. El filósofo Kuhn lo define de


la siguiente manera: “…Un paradigma es lo que los miembros de una comunidad científica
comparten, y, recíprocamente, una comunidad científica consiste en hombres que comparten un
paradigma…” (Kuhn, 1962, pp. 33).

¿Qué nos dice dicha definición? Nos dice que un paradigma es un conjunto de valores y
saberes compartidos colectivamente, es decir, usados, implícita o explícitamente, por una
comunidad. Compartidos significa también convalidados tácita o temáticamente. Estas
aclaraciones extensas de la definición nos pueden sacar de la circularidad y la inocuidad para
sumergirnos en la vaguedad.

En efecto, podemos decir que un paradigma es:

a) Algo que está constituido por los descubrimientos científicos universalmente


reconocidos que, durante cierto tiempo, proporcionan a un grupo de investigadores
problemas tipo y soluciones tipo.

b) El conjunto de las creencias, valores reconocidos y técnicas que son comunes a los
miembros de un grupo dado.

Atendiendo a esta delimitación en Kuhn, podemos decir que la vaguedad se da cuando la


definición b introduce el concepto de la adhesión de un grupo a una visión de mundo; la
definición a corresponder a la primera edición de la Estructura de las revoluciones científicas; la
definición va las ulteriores ediciones. La vaguedad alude, entonces, a que compartir un
paradigma, en la definición b, es poseer una representación colectiva o vivir en una cosmovisión
o ideología.

La generalidad de esta lectura de la noción de paradigma no solamente es visible, sino que,


además, es la que se da en nuestro medio universitario cuando se afirma que formamos parte
de la “cultura judeocristiana” o de la “cultura occidental” o de la “modernidad” o del
“determinismo”. Sin desmeritar esta perspectiva generalizante de la noción, mencionemos
algunas de las consecuencias que Kuhn supo expresar respecto a esto.

Las teorías científicas se destacan no solamente por las leyes y las aplicaciones, según nos
dice Kuhn, además son cruciales aspectos tales como las comunidades científicas, las
convicciones y creencias y el periodo histórico en que aparecen las teorías. Lo cual significa que
la ciencia no es sólo la formulación de leyes, sino lo que comparte una comunidad en términos
de lenguaje, de visión, de socialización y de valoración.

Por otra parte, la noción de paradigma deja entrever las consideraciones más importantes de
Kuhn sobre la historia de la ciencia, al afirmar que la ciencia no es una sucesión continua y
acumulativa del saber, sino que responde más a la característica de una realidad de dos.
grandes y diferenciados momentos, a saber: la ciencia normal y la ciencia extraordinaria o
revolucionaria.

Como dice el profesor Germán Guerrero:

“…Los hechos de la experiencia no pueden desempeñar una función neutral en los


cambios de paradigma puesto que el hecho mismo está determinado por el paradigma.
Científicos que pertenecen a paradigmas diferentes ante un mismo conjunto de estímulos,
que se pueden considerar idénticos para ambos, tienen sensaciones diferentes. Esta
diferencia en la percepción se origina porque lo que se ve depende tanto del mundo como
de la reeducación visual y conceptual previa…” (Guerrero et al., 1997)

Es lo que podríamos llamar un cambio de Gestalt, estructura perceptiva o aparato generador


de imágenes, como lo dice Konrad Lorenz (1973). Kuhn alude aquí a la experiencia del pato-
conejo: dos hombres sometidos a la misma estimulación visual tienen impresiones diferentes,
mientras uno ve un conejo, el otro ve un pato. Puede darse cuenta del caso de los inversores;
los objetos que caen en el campo visual del hombre que tiene los lentes inversores al principio
se ven invertidos, pero una vez se acostumbra a verlos de este modo se reeduca la vista y
los va a ver de esta nueva forma sin tener los lentes. En conclusión, un cambio de paradigma
trae consigo un cambio de la percepción del mundo.
El término y sus características

Edgar Morin propone la siguiente definición:


Un paradigma contiene, para cualquier discurso que se efectúe bajo su imperio, los conceptos
fundamentales o las categorías rectoras de inteligibilidad al mismo tiempo que el tipo de
relaciones lógicas de atracción/repulsión (conjunción, disyunción, implicación u otras) entre
estos conceptos o categorías. (1992, págs. 216)

De esta definición se destaca el hecho de que Morin insiste en los paradigmas como profundas
inscripciones o sellos (impresión) que tienen culturalmente los individuos y los grupos. Esas
inscripciones y sellos son semánticos, lógicos e ideo-lógicos. Semánticos porque el paradigma
determina inteligibilidad y sentido, es decir, el paradigma nos hace actuar, pensar y hablar con
comprensibilidad y coherencia; asegura nuestro fondo básico de creencias. Lógicos, por cuanto
el paradigma determina las operaciones lógicas rectoras, es decir, el paradigma define reglas
de juego, jugadas válidas o no. Ideo-lógicos, pues el paradigma es una matriz de ordenación de
ideas. El paradigma es generativo y organizacional:

Tomemos un ejemplo: existen dos paradigmas dominantes en lo concerniente a la relación ser


humano/naturaleza. El primero incluye lo humano en lo natural, y cualquier discurso que
obedezca a este paradigma hace del hombre un ser natural y reconoce la “naturaleza humana”.
El segundo paradigma prescribe la disyunción entre estos dos términos y determina lo que de
específico hay en el hombre por exclusión de la idea de naturaleza.

Estos dos paradigmas opuestos tienen en común el que uno y otro obedecen a un paradigma
todavía más profundo, que es el paradigma de simplificación, el cual, ante cualquier complejidad
conceptual, prescribe o bien la reducción (aquí, entre lo humano y lo natural) lo que impide
concebir lo natural y cultural, cerebral y psíquica de la realidad humana, e impide igualmente
concebir la relación a la vez de implicación y separación entre el hombre y la naturaleza. Hace
falta un paradigma complejo dialógico de implicación/disyunción/conjunción que permita una
concepción tal. (Morin, 1992, pp. 226).
Características del paradigma

A continuación, algunas de las características de este concepto:

a) Al paradigma no lo podemos invalidar, falsar, acabar, destruir. No es posible invalidarlo


ni verificarlo empíricamente, esto lo acerca a la noción de ideología. El paradigma es un marco
interpretativo que está eximido de la alternativa falso o verdadero. No podemos decir que los
marcos interpretativos causalistas, mecanicistas y deterministas sean, a este respecto,
errores científicos.

El paradigma pierde vigencia paulatina e imperceptiblemente. Por ejemplo, considere que los
medios de comunicación de masas están guiados por la lógica de la manipulación es un
paradigma que no ha sido vencido por una evidencia empírica que diga lo contrario; lo que ha
ocurrido es que otro eje interpretativo (la perspectiva de las teorías de la recepción), entre
tanto, ha ganado mayor uso y poder explicativo y, por consiguiente, el modelo manipulativo
ha palidecido sin desaparecer.

b) El paradigma es exclusivo y excluyente. Datos, enunciados, ideas que no existen


conforme a su marco de referencia no son reconocidos por éste. Por ejemplo, si afirmamos
con el paradigma de simplificación que “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”,
entonces excluimos la posibilidad de una afirmación compleja del tipo “el todo está en la parte
y en la parte está el todo”.

c) El paradigma nos enceguece para lo que excluye como si no existiera. El paradigma


es inconsciente, es supra consciente, es decir, el paradigma se internaliza y como férrea
anteojera no permite ver otras posibilidades. Ejemplos: en la Edad Media: “la Tierra es plana”,
o en el siglo XIX: “el hombre o la humanidad progresan”, o, como en gran parte del siglo XX:
“la comunicación es un flujo que va del emisor al receptor a través de un canal”, etc.

d) El paradigma es invisible. Es un organizador invisible. Siempre es virtual, el paradigma


nunca es formulado en cuanto tal, no existe más que en sus manifestaciones. Aparece en sus
efectuaciones, se da en sus ejemplos. Nuestro marco perceptivo, nuestro marco mental, de
pensamiento, de actuación y de lenguaje siempre se da como un trasfondo inadvertido, como
una red de supuestos, como una red de valores y de valoraciones intangibles y, sin embargo,
insidiosamente presentes. En el siglo XVII, Francis Bacon los describió como los ídolos de la
tribu (propios de la sociedad), de la caverna (propios de la educación), del foro (nacidos de
las ilusiones del lenguaje) y del teatro (nacidos de las tradiciones).

f) El paradigma crea la sensación de lo que es real. (Ejemplo, determinismo versus


probabilismo). Lo real es lo determinable y las aleatoriedades y casualidades son irreales o
desechables. Lo real es lo objetivo y lo subjetivo es contingente y descartable. Lo real es lo
preciso; lo ambiguo y polisémico son apariencias.

g) Como es invisible, el paradigma es invulnerable. Esta indestructibilidad es relativa, el


talón de Aquiles de los paradigmas tiene que ver con los individuos, su creatividad, su
imaginación y los caldos de cultivo e interacciones entre distintas culturas. La vida de los
paradigmas, ya lo dijimos, se puede extinguir paulatina y, muchas veces, imperceptiblemente.
Ejemplos, el eurocentrismo y la idea del progreso.

h) Los paradigmas son inconmensurables entre sí. La vida de la ciencia y de las teorías
científicas no obedece a un efecto lineal, acumulativo y progresivo. Los paradigmas en los
cuales se alojan y se producen las ciencias son, entre sí, intraducibles; no existe la posibilidad
de un lenguaje meta paradigmático que pueda medir y conmensurar un paradigma con
relación a otro.

i) Un gran paradigma determina una visión de mundo. Sólo el cambio de una época, un
gran cisma religioso, una gran revolución social, un estrepitoso triunfo o una igualmente
contundente derrota (ejemplo, la reforma protestante) son la ocasión para cerciorarnos de
cómo estaba implantada hondamente una creencia, un modo particular de vivir. y actuar
conforme a unos valores, a unos pensamientos, a unas verdades.

La crisis de los paradigmas en la actualidad

Ya sea que nos ubiquemos en el esquema de la historia de la ciencia de Thomas S. Kuhn,


para el cual la situación presente se describiría como la de un período de ciencia
revolucionaria o crisis del paradigma tradicional, o nos ubiquemos en la perspectiva de Edgar
Morin, para quien el período es, ciertamente, transformativo de un paradigma simplificador,
racionalizador, abstracto, disyunto y reductor por un paradigma de la complejidad, la
transdisciplinariedad y la incertidumbre; por cualquiera de los lados que se mire, repito, la
universidad, la academia, la producción teórica y el debate intelectual están atravesando por
una profunda crisis desde hace unos buenos lustros; ahora bien, esa crisis también se ha
generado en y con la sociedad y la cultura en general.

Aproximémonos a una posible descripción de los estratos o capas que va marcando el cambio
paradigmático:

Primera capa o estrato de transformación: sucede en el “gran paradigma de Occidente” y hace


alusión a la crisis de la noción de cultura superior, a su demarcación jerarquizarte entre cultura
docta y cultura popular, ya la realidad que refiere la existencia de los dualismos de
sujeto/objeto; alma/cuerpo; espíritu/materia; cualidad/cantidad; Finalidad/causalidad;
sentimiento/razón; libertad/determinismo; existencia/esencia.

El paradigma no sólo determina los conceptos fundamentales de inteligibilidad, sino, además,


la lógica de su relación. De tal suerte que para Occidente el ser o la realidad es, de un lado,
sujeto y, de otro completamente diferente, objeto; de un lado sentimiento y de otra razón;
donde está el sentimiento está ausente la razón y viceversa, etc. Un valor es positivo, el otro
negativo. Estas mutuas exclusiones y separaciones están cuestionadas desde todos los
ángulos: desde la microfísica, las ciencias sociales y la vida y la comprensión cultural de los
hombres de la actualidad e hijos de Occidente.

Una cultura que considera al sujeto como fuente de perturbaciones y de errores, que
estigmática el cuerpo como la envoltura de algo sagrado llamado alma, que considera,
igualmente, que el caos, el azar y lo probable son casos fortuitos y accidentes contingentes
que no interfieren. en la generación de leyes y cálculos rigurosos está por fuera de una
experiencia que cada vez es más valorada; a saber, la lectura e inteligibilidad de nuestro
conocimiento, nuestra cultura y nuestro ser, por lo que sucede en lo marginal, en lo periférico,
eventual y probable.

La ciencia y el conocimiento durante mucho tiempo predicaron su esencia o característica


definitoria como la del funcionamiento que sustituye lo visible complicado por lo invisible
simple. De tal suerte que el conocimiento, la ciencia y la educación tendrían como regla de
oro el ir de lo complejo a lo simple. El conocimiento y la ciencia explicarían la realidad
mediante el análisis, es decir, mediante el análisis del todo en sus partes. La realidad se
entiende, de este modo, como un agregado de partes que la ciencia determina. Aquí el
paradigma es reductor y abstracto.

El sentido del conocimiento accede hoy a niveles donde la lógica dilemática, binaria y
abstracta es sustituida por un conocimiento no sólo complejo por su sensibilidad a la totalidad
y sus múltiples variables, sino porque la complejidad se nutre del contexto en el que el
conocimiento actúa y vive; porque, además, el conocimiento es y se mueve en la
incertidumbre; porque el conocimiento es consciente de su parcialidad y de su inmersión
radical en contextos sociales, culturales y subjetivos.

El paradigma tradicional en nuestra cultura sigue siendo muy fuerte, ya que muchos actores
sociales todavía lo usan y lo guían. Ese paradigma tradicional lo resumen en la existencia de
tres conceptos clave que en su interacción generan una visión del mundo o gran ideología.
Los conceptos en mención son: el conocimiento como representación, el lenguaje como
instrumento y la educación como transmisión.

o Referencias

Guerrero, G. et al. (1997), Thomas S. Kuhn, Inconmensurabilidad y comunicabilidad en Kuhn,


Santiago de Cali, Univalle.
Kuhn, T. (1962), La estructura de las revoluciones científicas, México, Fondo de Cultura
Económica.
Lorenz, K. (1973), La otra cara del espejo, Barcelona, Plaza y Janés.
Morin, E. (1992), El método, las ideas, Madrid, Cátedra.
ANEXO II
Paradigmas de análisis sociológico

Las posturas teóricas con las cuales nos acercamos a investigar los diferentes problemas
sociales (como son el trabajo, el derecho o la religión, el delito, entre otros) tienen una gran
importancia dado que condicionan los resultados a los que arribaremos. Dichas posturas, que
nosotros vamos a englobar en dos paradigmas de análisis sociológico, son herramientas que
no sólo describen la realidad social, sino que también la construyen. O lo que es lo mismo,
nos permiten ver ciertas características de los eventos, pero nos impiden observar otras.

Esto se explica porque los mencionados paradigmas son ideas y representaciones generales
de la sociedad a partir de las cuales esta última pretende ser interpretada y explicada. Al ser
concepciones muy amplias, pueden abarcar el conjunto de instituciones existentes y
considerarlas portadoras de ciertas finalidades y funciones. En la teoría social tradicional se
suelen presentar dos paradigmas, a saber, el del conflicto y el del consenso.

Si bien hay autores ineludibles para acercarnos a la sociología clásica, como los de Karl Marx,
Émile Durkheim o Max Weber, la intención de los paradigmas de análisis sociológico es
recuperar las ideas más importantes de ellos y otros, para incluirlas en alguno de los dos
enfoques a trabajar: el del consenso o el del conflicto. Los aportes teóricos serán resaltados
principalmente por lo que dice, y no por quién lo dice.

Los paradigmas de análisis sociológico no son propuestas ambiciosas desde un punto de


vista teórico, sino que por el contrario buscan acercar ciertos fenómenos sociales como el
trabajo, la religión, la familia.

I. Esquematizaciones del pensamiento de los autores:

Las ideas que se extraen de los pensadores a utilizar son, en mayor o menor medida,
simplificaciones de su obra. Esto tiene una explicación concreta: los trabajos de Karl Marx,
Émile Durkheim o Max Weber (sólo por mencionar estos tres clásicos) son de una enorme
extensión y de una gran complejidad. De puntualizar en cada uno de los temas que ellos
abordaron junto con los matices que ofrecen, los paradigmas de análisis sociológico serían
inaplicables, por las generalizaciones de las que parten.
Si ubicamos a Durkheim en el paradigma del consenso o a Marx en el del conflicto, es porque
han sido especialmente importantes para sintetizar las características de esos paradigmas.

El caso de Durkheim al señalar la división fuerza del trabajo y sus nocivas consecuencias
para el desarrollo de las facultades individuales es un claro ejemplo, en el sentido que parece
estar con ese argumento más próximo a una mirada conflictual que consensual de la
sociedad.

Sin embargo, visto en conjunto, el aporte de este autor resultó más importante para el
paradigma consensual que conflictual. Y en cierta medida relacionado con esto último, está
la cuestión de que existen diferencias importantes entre autores que ubicamos dentro del
mismo enfoque teórico.

Según Karl Marx puede señalarse el conflicto para el primero nace de las diferencias en la
posesión o no de los medios de producción sociales (condiciones materiales de existencia) y
para el segundo intervienen otros elementos como el poder y la autoridad que no derivan
exclusivamente de la posesión de dichos medios de producción.

Principales ideas del paradigma consensual

Se suele empezar por el paradigma consensual, entre otras cuestiones, porque se encuentra
estrechamente relacionado a la aparición de la sociología como una disciplina autónoma ya
que, con el afianzamiento de capitalismo como modo de producción, la sociedad es tomada
en sí misma como un objeto de estudio.

La sociedad vista como sistema

El paradigma consensual da una gran importancia al tema del orden social, y como
consecuencia de esto, a la necesidad de hallar las causas de la estabilidad en las sociedades.
El orden y la estabilidad fueron centrales para dar forma a uno de los presupuestos iniciales
de este modelo: considerar a la sociedad como un sistema, y en este sentido, darle prioridad
a esta última (la sociedad) por encima de los individuos que la componen. Dicho de otro modo,
es la sociedad, sus características, lo que permitirá explicar las acciones de las personas y
no las acciones de las personas comprender a la sociedad.

En particular Auguste Comte señala al orden como un factor crucial ya que es dicho orden el
que permitiría asegurar el progreso adecuado de la sociedad. Ningún orden verdadero puede
establecerse, y menos aún perdurar, si no es plenamente compatible con el progreso, y
ningún progreso valedero puede realizarse si no tiende a la consolidación del orden [...]. El
infortunio de nuestro actual estado de cosas reside en que las dos ideas [progreso y orden
social] aparecen oponiéndose radicalmente una a la otra. (Nisbet, 1986: 17) De allí que la
finalidad de la sociología sea la de exponer las leyes básicas del comportamiento de las
personas.

Estas leyes básicas Comte las agrupa en dos grandes perspectivas: la estática social, que
según este autor debe revelar las condiciones de existencia de toda sociedad y las del orden
social respectivo (estudio de las relaciones sociales). La dinámica social, por su parte, tiene
la tarea de analizar el progreso y las transformaciones que el mencionado progreso provoca
(los principios que sustentan dicho progreso humano). La sociedad como resultado de la
solidaridad.

Sin dudas, Durkheim ha sido el pensador más decisivo para el desarrollo del paradigma
consensual de análisis sociológico puesto que sentó las bases para entender a la sociedad
como un orden moral que necesita de diversos acuerdos para mantenerse cohesionada.

Una buena definición de lo que dicho autor entiende por sociedad, y la relación que existe
entre esta última y los individuos que la componen, es presentada en Las reglas del método
sociológico, según la cual: La vida [...] está en el todo, no en las partes. No son las partículas
no vivas de la célula las que se alimentan, se reproducen, en una palabra, las que viven; es
la célula misma, y ella sola. Y esto que decimos de la vida podría repetirse de todas las
síntesis posibles. La dureza del bronce no está en el cobre, ni en el estaño, ni en el plomo
que sirvieron para formarlo y que son cuerpos blandos o flexibles; está en su aleación. La
fluidez del agua, sus propiedades nutritivas y demás no están en los dos gases de que se
compone, sino en la sustancia compleja que ellos forman con su asociación.

Apliquemos este principio a la sociología. Si, como se nos admite, la síntesis sui generis que
constituye toda sociedad produce fenómenos nuevos, distintos a los que acontecen en las
conciencias solitarias, es preciso admitir que tales hechos específicos residen en la sociedad
misma que los produce y no en sus partes, es decir, en sus miembros.

En este sentido son pues exteriores a las conciencias individuales consideradas como tales,
lo mismo que los caracteres distintivos de la vida son exteriores a las sustancias minerales
que componen al ser vivo [...]. Y la mentalidad de los grupos no es la de los individuos; tiene
sus leyes propias [...] Que la materia de la vida social no pueda explicarse por factores
puramente psicológicos, es decir, por estados de la conciencia individual, es para nosotros la
evidencia misma. Efectivamente, lo que las representaciones colectivas traducen es la
manera en que el grupo se piensa en sus relaciones con los objetos que lo afectan. Ahora
bien, el grupo está constituido de otra manera que el individuo, y las cosas que lo afectan son
de otra naturaleza.

Por ello no podrían depender de las mismas causas representaciones que no expresan ni los
mismos temas ni los mismos objetos. Para comprender cómo la sociedad se representa a sí
misma y al mundo que la rodea, es necesario considerar la naturaleza de la sociedad y no la
de los individuos particulares (Durkheim, 1982: 22-3). Por lo tanto, la dilucidación de los
fenómenos sociales no debe ir a buscarse en elementos individuales sino en las
características que esa misma sociedad ofrece: el todo, en definitiva, no puede ser explicado
por las partes.

Además, considerar a la sociedad como un orden moral llevó a Durkheim a postular la


existencia de una conciencia colectiva entendida como un conjunto de creencias y valores
que es común al término medio de la sociedad. Esta conciencia colectiva, el grado de
protagonismo que ostente, da lugar a dos tipos de solidaridades. En las sociedades
tradicionales con solidaridad mecánica, las personas están sometidas a las exigencias del
grupo; la individualidad está subordinada a la presión de la conciencia colectiva.

Con las transformaciones sociales, la expansión de la división del trabajo y el debilitamiento


de la mencionada conciencia colectiva las exigencias del grupo respecto de cada persona
van cediendo. Sin embargo, la disolución del viejo orden moral amenaza a las personas con
otro riesgo, que es el de dejarse arrastrar cada uno por sus propios deseos inagotables. El
individuo sólo puede ser libre si actúa en forma autónoma y si es capaz de controlar y canalizar
sus impulsos.
Para Durkheim, entonces, la sociedad tradicional se identificaba por relaciones de solidaridad
mecánica, o lo que es lo mismo, una estructura social de naturaleza determinada, vinculada
a un sistema de sujetos homogéneos y semejantes entre sí. En palabras de Giddens (1994),
se trata de grupos político-familiares muy parecidos entre sí respecto de su organización
interna.

Un elemento crucial para analizar qué tipo de solidaridad enmarca a una sociedad es el
derecho, ya que es el índice objetivo y no moral del progreso de la división del trabajo a
medida que se desarrollan las sociedades; la falta de un indicador objetivo de esa índole
constituye el principal defecto de otras teorías de la sociedad.

El derecho de las sociedades tradicionales es el derecho represivo, que se caracteriza por la


existencia de un acuerdo moral general acerca de la naturaleza del comportamiento punible
(delito). Hay, en otras palabras, un fuerte consciente colectivo que sustenta la aplicación del
derecho represivo y hay acuerdo general también sobre la naturaleza de la pena (que implica,
por ejemplo, verse privado de la libertad y del honor o sufrir castigos) (Taylor, Walton y Young,
2001: 93).

¿Cuándo, para Durkheim, se puede observar el paso de una sociedad con solidaridad
mecánica a otra con solidaridad orgánica? Cuando las leyes se ponen por escrito y se
codifican, lo que evidencia que los problemas de la litigación demandan una solución más
definida. El impulso del derecho restitutivo, que se caracteriza por aplicar sanciones y exigir
un resarcimiento, y que queda institucionalizado con el crecimiento de tribunales específicos
a distintos temas que no habían existido en las sociedades de solidaridad mecánica, es lo que
confirma la caída de la influencia de la conciencia colectiva y del apogeo de la individualidad
de intereses alentado por la especialización de tareas en la división del trabajo.

Por ejemplo, si a una persona le alquilan un departamento y el dueño le asegura al inquilino


que la estufa funciona, pero luego este último confirma que dicha estufa sufre un desperfecto,
lo que nuestro inquilino pretenderá es que el problema se solucione a partir del derecho
restitutivo y no que se castigue penalmente al propietario en base al derecho represivo.
Mientras que [la solidaridad mecánica] implica que los individuos se parecen unos a otros, [la
solidaridad orgánica] presupone su diferencia. La primera solo es posible en la medida en que
la personalidad individual queda absorbida por la personalidad colectiva; la segunda solo es
posible si cada uno tiene una esfera de acción que le es propia y, por consiguiente, una
personalidad.

Es necesario, entonces, que la conciencia colectiva deje libre una parte de la conciencia
individual para que allí puedan establecerse esas funciones especiales, funciones que aquella
no puede regularmente. Para resumir, cuando rige la solidaridad mecánica se institucionaliza
el colectivismo, los roles están menos especializados y diferenciados, y hay una estrecha
proximidad entre las facultades heredadas y la actividad social. Cuando domina la solidaridad
orgánica, el «individualismo» se ve consolidado por la conciencia colectiva: con una división
especializada del trabajo, es necesario que las facultades heredadas se desarrollen
socialmente, y de ahí la importancia de las normas que estimulan.

Principales ideas del paradigma conflictual Al abordar el modelo del conflicto nos serviremos
de los aportes de dos de los pensadores clásicos de las ciencias sociales: Karl Marx y Max
Weber. Como ya lo habíamos aclarado, aquí lo más importante son las ideas que contribuyen
a consolidar los paradigmas de análisis sociológico, y los nombres propios deben
considerarse como aquello que sirva para identificar dichos argumentos. En este sentido,
presentaremos en conjunto las ideas de ambos autores para analizar qué tienen en común y
en qué se diferencian. La objetividad de la realidad social y el punto de vista del actor

Para Marx, del mismo modo que para Durkheim, la realidad social es algo exterior a los
individuos, es decir, que existe más allá de las interpretaciones que las personas tengan de
la misma. Esto significa que la realidad social es objetiva, es el resultado de procesos
históricos de largo alcance referidos a la producción humana del trabajo. La posición de Marx
no parte del individuo, de los intereses particulares de cada uno de ellos, sino de los
acontecimientos sociales que crean y recrean a esos individuos, de allí que consideraba que,
si a los hombres lo forman las circunstancias sociales, lo que se debe hacer es formar más
humanamente dichas circunstancias.

Si el hombre es un ser social, es en la sociedad donde puede desarrollar todas sus facultades,
por eso la importancia de priorizar las relaciones sociales respecto de las interacciones cara
a cara: Pero, igualmente, tanto el material del trabajo como el hombre en cuanto sujeto son,
al mismo tiempo, resultado y punto de partida del movimiento (en el hecho de que ha de ser
este punto de partida reside justamente la necesidad histórica de la propiedad privada).
El carácter social es, pues, el carácter general de todo el movimiento; así como es la sociedad
misma la que produce al hombre en cuanto hombre, así también es producida por él. La
actividad y el goce son también sociales, tanto en su modo de existencia como en su
contenido; actividad social y goce social. La esencia humana de la naturaleza no existe más
que para el hombre social, pues sólo así existe para él como vínculo con el hombre, como
existencia suya para el otro y existencia del otro para él, como elemento vital de la realidad
humana; sólo así existe como fundamento de su propia existencia humana. Sólo entonces se
convierte para él su existencia natural en su existencia humana, la naturaleza en hombre.

La sociedad es, pues, la plena unidad esencial del hombre con la naturaleza, la verdadera
resurrección de la naturaleza, el naturalismo realizado del hombre y el realizado humanismo
de la naturaleza (Marx, 1997: 73). Una cuestión interesante que surge de la cita es que, a
diferencia de pensadores anteriores, Marx sugiere que aquello que caracteriza al hombre y lo
distingue del resto de los seres vivos es el conjunto de relaciones "exteriores" que cada
individuo mantiene con la naturaleza y con los otros hombres en el conjunto de sus relaciones
sociales.

La esencia del hombre, no es algo abstracto e inherente a cada individuo, es, en su realidad,
el conjunto de las relaciones sociales. A su vez, este conjunto de relaciones que el hombre
construye con sus semejantes y con la naturaleza no son vistas por este autor como algo
dado de una vez y para siempre, sino como históricamente cambiantes.

El hombre se construye a sí mismo, entonces, y el fenómeno autogenerado es el trabajo, el


cual debemos entenderlo como una relación real del hombre con las cosas mismas, con la
naturaleza y con los demás hombres, praxis histórico-social: El hombre mismo se diferencia
de los animales a partir del momento en que comienza a producir sus medios de vida [...]. Lo
que [los hombres] son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con lo que
producen como con el modo cómo producen (Marx / Engels, 2005: 20).

Por lo tanto, es el trabajo lo que constituye la esencia del hombre, el medio para poder
realizarse y desarrollar por completo sus posibilidades, para su satisfacción y para su
felicidad. Si bien es cierto que los animales también trabajan, el trabajo humano está
acompañado de conciencia, es un trabajo social y se realiza en un proceso histórico, lo cual
no acontece en el animal, porque, fundamentalmente porque carece de conciencia.
El caso de Max Weber ofrece diferencias importantes respecto de la posición de Marx ya que,
por ejemplo, recupera el punto de vista de los actores sociales que interactúan entre sí. Su
aporte ha sido rotulado como una sociología empírica del sentido subjetivo, puesto que
reivindica a la acción social como uno de los elementos centrales de investigación: Debe
entenderse por sociología (en el sentido aquí aceptado de esta palabra, empleada con tan
diversos significados): una ciencia que pretende entender, interpretándola, la acción social
para de esa manera explicarla causalmente en su desarrollo y efectos.

Por "acción" debe entenderse una conducta humana (bien consista en un hacer externo o
interno, ya en un omitir o permitir) siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a
ella un sentido subjetivo. La "acción social", por tanto, es una acción en donde el sentido
mentado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta de otros, orientándose por ésta
en su desarrollo […]. La acción social (incluyendo tolerancia u omisión) se orienta por las
acciones de otros, las cuales pueden ser pasadas, presentes o esperadas como futuras
(venganza por previos ataques, réplica a ataques presentes, medidas de defensa frente a
ataques futuros).

Los "otros" pueden ser individualizados y conocidos o una pluralidad de individuos


indeterminados y completamente desconocidos (el "dinero", por ejemplo, significa un bien -
de cambio-que el agente admite en el tráfico porque su acción está orientada por la
expectativa de que otros muchos, ahora indeterminados y desconocidos, estarán dispuestos
a aceptarlo también, por su parte, en un cambio futuro) (Weber, 2002: 5-18).

Dicha acción social, en tanto conducta humana con sentido subjetivo, es mentada por los
sujetos que la realizan teniendo en cuenta la conducta de los otros actores. Sentido que
además está condicionado por el comportamiento esperable de los otros y se transforma en
una referencia para la conducta de los individuos ya que tiene en cuenta las expectativas de
los actores.

Weber no ve a la vida social como un flujo inagotable de orientaciones de acciones


individuales, solitarias y desconectadas. Por lo tanto, no existen para él individuos aislados
sino diversos modos de acciones en los que las personas actúan colectivamente en
agrupamientos lo cual permite investigar e identificar regularidades en la acción. O lo que es
lo mismo, en las acciones sociales que realizan las personas pueden observarse
regularidades o conductas que tienden a repetirse, sea en el mismo actor o en muchos.
A partir de esto, Weber brinda cuatro tipos ideales de acción social a partir de los cuales
comprender más cabalmente las intenciones del actor: La acción racional de arreglo a fines:
se trata de la forma más racional posible de la acción, se prioriza el cálculo de medios para
alcanzar un fin valorando racionalmente teniendo en cuenta las probables consecuencias de
los actos y comparando la efectividad relativa de los diversos medios como las consecuencias
que se puedan resultar de su obtención y de los medios utilizados para lograrla. La persona
pasa por todo un proceso de deliberación en el cual, según sus valores, elige fines y aquellos
medios más adecuados para alcanzarlos.

En último lugar, evalúa las consecuencias que puede traerle tanto en alcanzar los fines, como
en la utilización de esos medios y si las consecuencias son desventajosas, podrá cambiar su
curso de acción. En síntesis, en esta acción se tienen en cuenta para llevarla a cabo los
medios disponibles, los fines pretendidos, los valores a partir de los cuales medios y fines
tienen importancia, y las consecuencias que todo esto puede traer aparejado. Por ejemplo,
mi finalidad es aprobar una asignatura de la carrera de derecho, y el medio más idóneo que
considero para ello según mis valores y las posibles consecuencias es estudiar.

La acción racional de arreglo a valores: este tipo de acción social, diferenciándose del primer
caso, supone la orientación del accionar hacia el logro de un ideal que constituye objetivos
coherentes hacia los que el individuo dirige su actividad. El actor social actúa impulsado por
la creencia en un valor que es visto como decisivo, cuyo ejemplo podría ser el de los principios
religiosos o políticos, dejando de lado las posibles consecuencias de su acción. Aquí, las
decisiones suelen tomarse más rápidamente en la medida que se encuentre el camino más
breve para la obtención del fin.

La persona que está dispuesta a dar su vida por una causa no piensa en las consecuencias
de lo que hace, sólo quiere realizar el valor en el que cree. En este sentido, la acción no deja
de ser racional ya que se privilegian los medios más adecuados para alcanzar el fin buscado
y realizar el valor. En síntesis, en esta acción se tienen en cuenta para llevarla a cabo los
medios disponibles, los fines pretendidos, los valores a partir de los cuales medios y fines
tienen importancia, pero no las consecuencias que todo esto puede provocar. Por ejemplo,
mi finalidad es que la causa por la que lucho se haga conocida, y el medio más eficaz para
ello según mis valores es la de inmolarme en un acto público sin considerar que las
consecuencias podrían ser desastrosas.
La acción afectiva: esta acción no supone que el individuo tenga un ideal definido a través del
cual dirige su accionar. En este sentido, se puede advertir que dicha acción se desarrolla bajo
la influencia de un estado emotivo ligado al momento y no a valores internalizados por la
persona. Ejemplo de esto puede ser cuando nos alegramos por encontrarnos con alguien o,
todo lo contrario, nos indignamos al hacerlo.

En términos de Weber, se trata de un tipo de acción que se halla en la frontera entre la


conducta que tiene un sentido y otra que es sencillamente reactiva a un estímulo. La locura
en el amor, o la exacerbación generada por el odio pueden transformarse en emoción violenta,
todo lo cual genera que la acción social pierda sentido, en términos de nuestro autor. La
acción tradicional: el último tipo de acción se enmarca hacia dentro de la costumbre y el
hábito, los cuales provienen de representaciones y símbolos que no guardan necesariamente
coherencia entre sí.

Esta acción se vincula con diferentes tradiciones que se encuentran sumamente enraizadas
en el seno de una comunidad, y que no tienen una finalidad determinada más allá de su
realización. Un caso de este tipo tradicional de actuar pueden ser los rituales por medio de
los cuales no se alcanza el logro de un fin determinado, sino que se los realiza por costumbre.
Ir a una cancha de fútbol con la remera del equipo del que soy hincha no aumenta las
posibilidades de que mi equipo gane, sin embargo, es una tradición hacerlo. Lucha de clases
y estratificación social.

A diferencia de lo que sucede con el paradigma consensual, el paradigma conflictual parte de


la idea de que las sociedades no están regidas por la cohesión y el acuerdo, sino por la
desigualdad entre sus componentes. Esta desigualdad puede asumir distintas características
y diagnósticos de acuerdo a la perspectiva que, dentro de una mirada conflictual, decidamos
utilizar como referencia.

Marx, junto a Friedrich Engels, han encarando una postura que hasta el día de hoy mantiene
adeptos, y que se sintetiza afirmando que la historia de toda sociedad hasta nuestros días no
ha sido sino la historia de las luchas de clases. El enfrentamiento a lo largo de la historia entre
distintos sectores es el motor del desarrollo de las sociedades, y este enfrentamiento se define
-al menos principalmente- por la propiedad de los medios de producción o, por el contrario,
de la fuerza de trabajo para ofrecerla a quien cuente con la posibilidad de comprarla.
La existencia de una clase oprimida es la condición vital de toda sociedad fundada en el
antagonismo de clases. La emancipación de la clase oprimida implica pues, necesariamente,
la creación de una sociedad nueva. Para que la clase oprimida pueda liberarse, es preciso
que las fuerzas productivas ya adquiridas y las relaciones sociales vigentes no puedan seguir
existiendo unas al lado de otras.

De todos los instrumentos de producción, la fuerza productiva más grande es la propia clase
revolucionaria (Marx, 1987: 120-121). Por lo tanto, la lucha de clases es la marcha de la
historia, cuya fuerza impulsora la constituyen las contradicciones, porque en cada momento
histórico las incongruencias y oposiciones que le son propios obran como factores impulsores
del desarrollo: la burguesía dentro del mundo feudal, el proletariado dentro de la sociedad
burguesa, sus respectivos modos de producción, en oposición al sistema vigente en cada
caso, constituyen las fuerzas que mueven la historia.

Según Marx, es posible esbozar un esquema de las distintas etapas de la historia de la


humanidad, a partir de la lucha de clases: A grandes rasgos, podemos designar como otras
tantas épocas de progreso, en la formación económica de la sociedad, el modo de producción
asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués (Marx, 2004: 14). Estos modos de
producción encarnan en su época respectiva un momento necesario y concretamente
justificado. En la Edad Media, por ejemplo, no era posible otro modo de organización sino el
feudal, con la forma fundamental de la propiedad territorial y el trabajo de los siervos, con sus
jerarquías rigurosas y la separación de los derechos respectivos (Carpio, 2004).

Como consecuencia, cada período histórico queda, justificado, y representa un avance


respecto de los períodos anteriores. De allí que ninguna de esas etapas puede dejar paso a
la siguiente sin haber agotado antes sus propias posibilidades: Ninguna formación social
desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de
ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las
condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad
antigua. [...] Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del
proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino
de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos (Marx,
2004: 14).
El modo capitalista de producción supone para Marx la última etapa de lucha de clases de la
historia puesto que las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad
burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este
antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad
humana. Como cuestión central tenemos que hay un paso de un modo de producción a otro
de acuerdo al desarrollo de la historia: del modo de producción asiático al modo de producción
antiguo, y del antiguo al medieval, y del medieval al burgués.

Luego, sostiene Marx, el modo capitalista de producción deberá dejar su lugar a una nueva
etapa, el comunismo, el cual anulará y superará al estado de cosas actual. El proletario no
tiene propiedad ni beneficios que defender. Su única preocupación, la abolición del modo
vigente de trabajo, es el interés de la sociedad como totalidad. Ello se expresa en el hecho
de que la revolución comunista, en contraste con todas las revoluciones anteriores, no puede
dejar en la servidumbre a ningún grupo social, porque no hay ninguna clase por debajo del
proletariado (Marx y Engels, 2005: 82).

Es decir, en esta nueva sociedad, dejarán de existir las clases sociales enfrentadas y el
hombre estará en condiciones de realizar su esencia por medio del trabajo libre. El
proletariado, los trabajadores, eliminarán los antagonismos que hasta ese momento
configuraron la historia de la humanidad. El enfoque de Weber parte, así como el de Marx, de
la existencia de una desigualdad social estructural. Sin embargo, esta desigualdad no se limita
a las clases sociales, sino también a la posición o estatus, y al partido. Para acercarse a la
estratificación, Weber parte del análisis desarrollado por Marx, modificándolo y
reelaborándolo.

Hay dos diferencias fundamentales entre las dos teorías. En primer lugar, aunque Weber
coincide con Marx en que la clase se basa en condiciones económicas objetivas, cree que en
su formación también son importantes otros factores económicos, aparte de los reconocidos
por Marx. Según Weber, las divisiones de clase se derivan no sólo del control o ausencia de
control de los medios de producción, sino de diferencias económicas que nada tienen que
ver, directamente, con la propiedad. Entre estos recursos se pueden incluir especialmente los
conocimientos técnicos y las credenciales o cualificaciones que influyen en el tipo de trabajo
que las personas pueden obtener. Los profesionales y directivos ganan más y tienen mejores
condiciones de trabajo que las personas con empleos de "cuello azul".
Su cualificación -licenciaturas, diplomas y la experiencia que han adquirido- los hace más
"vendibles" que a otros que carecen de ella. En un nivel inferior, dentro de los trabajadores
manuales, los artesanos cualificados pueden asegurarse salarios más altos que los que
tienen poca o ninguna cualificación. En segundo lugar, Weber distingue otros dos aspectos
básicos de la estratificación además del de clase: a uno lo denomina estatus y a otro partido
(Giddens, 1999: 322). La posición o estatus está relacionado con las diferencias que se
presentan entre dos o más grupos a partir del prestigio o notoriedad que les confieren los
demás.

Estas diferencias apoyadas en el estatus suelen variar con relativa autonomía de las
divisiones de clase, pudiendo ser la reputación positiva o negativa. Entre los grupos que tienen
una posición privilegiada en sentido positivo se encuentra cualquier conjunto de personas que
disfrute de gran prestigio en un determinado orden social. Aún con cierta disminución, los
médicos y los abogados siguen contando con cierto prestigio en nuestra sociedad.

Por el contrario, los estigmatizados son grupos que tienen un estatus privilegiado, pero en
sentido negativo y como consecuencia son pasibles de segregaciones que les imposibilitan
beneficiarse de las oportunidades de que goza la mayoría. Los adolescentes con cierta
vestimenta, que suelen provenir de sectores desfavorecidos, padecen una mirada
discriminadora por una parte no menor de la sociedad. Tener dinero da generalmente cierto
estatus, sin embargo, el reconocimiento social puede ser mayor a una familia de larga
tradición que en la actualidad no posea tanta riqueza que a grupos que se hicieron millonarios
en un corto plazo, los llamados nuevos ricos.

Aunque la clase venga dada de forma objetiva, la posición depende de la evaluación subjetiva
que tengan las personas sobre las diferencias sociales. En definitiva, las clases se derivan de
los factores económicos que están relacionados con la propiedad y las ganancias; la posición
se rige por la cambiante forma de vida de cada grupo Respecto del partido, o de la formación
de partidos, Weber afirma que es una fuente de poder considerable en las sociedades
modernas y que puede gravitar en las desigualdades sociales con independencia de la clase
y de la posición.

En este sentido, el "partido" define a un conjunto de individuos que trabajan


mancomunadamente debido a que tienen orígenes, aspiraciones o intereses comunes. Lo
que es importante subrayar es que Marx buscaba explicar las diferencias de estatus y la
organización de los partidos como resultado de la lucha de clases, eran fenómenos
derivados de la lucha de clases.

En cambio, Weber argumenta que ninguno de estos procesos puede reducirse a las divisiones
de clase, aunque ambos se vean influidos por ellas; a su vez, la posición y la organización de
los partidos pueden influir en las circunstancias económicas de los individuos y de los grupos,
afectando, por consiguiente, a la clase (Giddens, 1999). En este sentido, los partidos pueden
reivindicar cuestiones que atraviesan las diferencias de clase como por ejemplo las
diversidades étnicas o sexuales, las creencias religiosas o los ideales nacionalistas.

Resumiendo, lo que plantea Weber acerca de la estratificación es de vital importancia porque,


además de la clase, ofrece otras dimensiones del fenómeno que poseen un gran influjo en
las vidas de las personas. De allí que se sugiera que el esquema de Weber ofrece una base
más flexible y compleja para el análisis de la estratificación que el proporcionado por Marx.
Los conceptos de ideología y legitimación Uno de los aportes más relevantes de Marx, junto
con Engels, tiene que ver con la categoría de ideología a partir de la cual describe cómo no
es la conciencia lo que determina el ser, sino el ser social lo que determina la conciencia.

El sistema moderno de leyes y administración de justicia es un apoyo ideológico muy


importante para el Estado burgués. Pero no es más que la expresión, propia de su tiempo,
del hecho de que la clase dominante, en todas las sociedades clasistas, produce o asume
formas ideológicas que legitiman su dominio. «La clase que dispone de los medios para la
producción material, dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción
intelectual (geistig), lo que hace que se le sometan, generalmente hablando, las ideas de
quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente».

Según Marx, la conciencia esta enraizada en la praxis humana, que a su vez es social. Éste
es el sentido de la frase: «No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por
el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia». Por causa de esta frase, Marx
ha sido objeto de muchas acusaciones malévolas.

Hay que tener presente que en ella el término operativo es ser social, y que pocas objeciones
pueden aducirse contra la afirmación general de que la actividad humana dentro de la
sociedad ejerce una influencia directiva sobre la conciencia (Giddens, 1994: 89-90). Tomando
en cuenta esta cita, lo que Marx decide criticar es al idealismo tanto filosófico como histórico
respecto de su pretensión de analizar las características de una sociedad derivándolas del
contenido de ideas que predominan en ella. De hacerlo de esa manera, sostiene, no se tiene
en cuenta que la relación entre valores y poder no es unilateral: la clase dominante dispone
de medios para difundir las ideas que legitiman su posición de predominio.

En este sentido, ideas como las de libertad e igualdad que aparecen en la sociedad capitalista
como beneficiando a todas las personas por igual no deben tomarse en su «valor supuesto»;
por el contrario, las libertades jurídicas que existen en la sociedad burguesa sirven en realidad
para legitimar el hecho de las obligaciones de los contratos en que los trabajadores
asalariados y carentes de propiedad se encuentran, en tremenda desventaja en comparación
con los dueños del capital (Giddens, 1994). Esto quiere decir que la ideología hay que
estudiarla a partir de las relaciones sociales en la que viene contenida.

Debemos estudiar los procesos concretos que dan origen a los varios tipos de ideas,
juntamente con los factores que determinan qué ideas se colocan en lugar destacado dentro
de una sociedad dada. Por lo tanto, para Marx las ideas no evolucionan por ellas mismas,
sino que lo hacen en tanto elementos de la conciencia de mujeres y hombres que viven en
sociedad, siguiendo actividades determinadas. Es importante distinguir dos puntos
relacionados entre sí, y que Marx pone de relieve al tratar de la ideología […].

Primero, las circunstancias sociales en que acontece la actividad de los individuos


condicionan la percepción que éstos tienen del mundo en que viven. Precisamente en este
sentido el lenguaje constituye la «conciencia practica» de los hombres. Y segundo —
generaliza Marx refiriéndose tanto a la creación como a la difusión de ideas—, en las
sociedades clasistas las ideas de la clase dominante son las que predominan en cualquier
época. De esta última proposición se sigue que la difusión de ideas depende en gran manera
de la distribución del poder económico en la sociedad. Precisamente en este último sentido
la ideología constituye una parte de la «superestructura» social: prevalece en cualquier época
un ethos que legitima los intereses de la clase dominante.
De este modo, las relaciones de producción, a través de la mediación del sistema de clases,
componen «la base real sobre la que se levanta una superestructura jurídica y política y a la
que corresponden determinadas formas de conciencia socialmente (Giddens, 1994: 59). Lo
que acabamos de transcribir sugiere que la base real sobre la que se erige la «superestructura
ideológica», está compuesta por relaciones entre personas activas que llevan adelante la
creación de ideas junto a su aplicación.

Lo más significativo de la «superestructura ideológica» no es que contenga ideas, sino que


esas ideas vienen incluidas en un sistema de relaciones sociales (especialmente en forma de
política, derecho y religión) que normalizan y sancionan un sistema de dominio de la clase
dominante en detrimento de la clase desposeída.

En síntesis, cualquier clase dominante busca que la ideología que legitima su posición de
dominio logre por tal motivo validez universal. A diferencia de Marx, la explicación de Weber
ubica a las ideas y los valores en un lugar de importancia y no como un elemento que sólo
refleja las relaciones de producción.

En concreto, Weber plantea que las ideas pueden tener un papel causal en algunas
transformaciones económicas, como intenta demostrarlo en La ética protestante y el espíritu
del capitalismo. En esta obra expone la singular relevancia que tuvo la consolidación del
protestantismo, en particular el calvinismo, para el desarrollo del capitalismo en occidente a
partir de ideas como la predestinación y la dedicación a honrar a Dios por medio del trabajo.
Estas creencias, luego secularizadas, favorecieron la inclinación de las personas hacia las
metas y los provechos económicos.

A su vez, Weber analiza el fenómeno de la dominación con algo más de sutileza que Marx y
sin una impronta -al menos explícitamente- tan crítica. Según Weber, para que dicha
dominación exista y pueda sostenerse es necesario que haya creencias que la legitimen: No
toda dominación se sirve del medio económico. Y todavía menos tiene toda dominación fines
económicos. Pero toda dominación sobre una pluralidad de hombres requiere de un modo
normal (no absolutamente siempre) un cuadro administrativo; es decir, la probabilidad, en la
que se puede confiar, de que se dará una actividad, dirigida a la ejecución de sus
ordenaciones generales y mandatos concretos, por parte de un grupo de hombres cuya
obediencia se espera. Este cuadro administrativo puede estar ligado a la obediencia de su
señor (o señores) por la costumbre, de un modo puramente afectivo, por intereses materiales
o por motivos ideales (con arreglo a valores).

La naturaleza de estos motivos determina en gran medida el tipo de dominación. Motivos


puramente materiales y racionales con arreglo a fines como vínculo entre el imperante y su
cuadro implican aquí, como en todas partes, una relación relativamente frágil. Por regla
general se le añaden otros motivos: afectivos o racionales con arreglo a valores.

En casos fuera de lo normal pueden éstos ser los decisivos. En lo cotidiano domina la
costumbre y con ella intereses materiales, utilitarios, tanto en ésta como en cualquiera otra
relación. Pero la costumbre y la situación de intereses, no menos que los motivos puramente
afectivos y de valor (racionales con arreglo a valores), no pueden representar los fundamentos
en que la dominación confía.

Normalmente se les añade otro factor: la creencia en la legitimidad‖ (Weber, 2002: 170). En
su desarrollo sobre el tema, Weber postula tres tipos puros de autoridades que son la
tradicional, la legal-racional y la carismática: La autoridad tradicional se basa en la creencia
en la «santidad de las normas y poderes de mando heredados de tiempo inmemorial».

En los tipos más elementales de dominación tradicional, los que gobiernan carecen de
personal administrativo especializado, por medio del cual puedan ejercer su autoridad.
Muchas veces, en las pequeñas comunidades rurales, la autoridad está en manos de los
ancianos del poblado: se considera que los más viejos están más impregnados de sabiduría
tradicional y, por tanto, más cualificados para ejercer la autoridad. Una segunda forma de
dominación tradicional, que de hecho se da a menudo combinada con la «gerontocracia», es
el «patriarcalismo».

En dicha forma, que se basa normalmente en la unidad familiar, el cabeza de familia posee
una autoridad que se transmite de generación en generación mediante determinadas reglas
de herencia […] el tipo puro de organización tradicional contrasta claramente con el tipo ideal
de burocracia racional, que se funda en la dominación legal.

En las organizaciones tradicionales hay bastante ambigüedad por lo que se refiere a las tareas
de los miembros, y los deberes y privilegios están sujetos a modificación según la inclinación
del gobernante; la incorporación de funcionarios se hace a base de la afiliación o afecto
personal; y no hay ningún proceso racional de «elaboración de leyes»: cualquier innovación
en las normas de gobierno tiene que presentarse como un redescubrimiento de verdades
antiguamente poseídas (Giddens, 1994).

El tipo puro de autoridad legal-racional lo propone Weber del siguiente modo. La autoridad se
tiene en virtud de normas impersonales que no son el remanente de la tradición, sino que se
han establecido conscientemente dentro de un contexto de racionalidad con arreglo a fines o
de racionalidad con arreglo a valores. Los que están sujetos a la autoridad obedecen a su
superior, no por una dependencia personal respecto a él, sino porque aceptan las normas
impersonales que definen aquella autoridad; así «el soberano legal típico, la ―persona puesta
a la cabeza‖, en tanto que ordena y manda, obedece por su parte al orden impersonal por el
que orienta sus disposiciones».

Los que están sujetos a la autoridad legal no deben fidelidad personal a un superior, sino que
cumplen sus órdenes dentro del ámbito restringido en que su jurisdicción está claramente
especificada. …. El avance de la burocratización en el mundo moderno viene directamente
asociado con la expansión de la división del trabajo en los varios ámbitos de la vida social. En
la sociología del capitalismo moderno elaborada por Weber es básico el hecho de que la
especialización de la función profesional no se limita de ningún modo al ámbito económico….

La eficiencia de la organización burocrática para la realización de estas tareas que se


convirtieron en rutinarias, es la principal razón de su difusión. Un mecanismo burocrático
perfectamente desarrollado actúa con relación a las demás organizaciones de la misma forma
que una máquina con relación a los métodos no mecánicos de fabricación. La precisión, la
rapidez, la univocidad, la oficialidad, la continuidad, la discreción, la uniformidad, la rigurosa
subordinación, el ahorro de fricciones y de costes objetivos y personales, son infinitamente
mayores en una organización estrictamente burocrática. La dominación carismática, el tercer
tipo de Weber, es completamente distinta de las otras dos.

Tanto la dominación tradicional como la legal son sistemas permanentes de administración


ocupados en las tareas rutinarias de la vida de cada día. El tipo puro de dominación
carismática es, por definición, un tipo extraordinario. Weber define el carisma como «la
cualidad, que pasa por extraordinaria, de una personalidad, por cuya virtud se la considera
en posesión de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas; o por lo menos extraordinarias y no
asequibles a cualquier otro». El individuo carismático es, por tanto, aquel que los demás creen
que posee facultades notablemente no comunes, que a menudo se supone son de tipo
sobrenatural, y lo colocan a parte de lo ordinario.

No importa si tal hombre posee «realmente» algunas, todas o ninguna de las características
que le atribuyen sus seguidores; lo que interesa es que haya quien le atribuye tales
cualidades. La dominación carismática puede surgir en los contextos históricos y sociales más
variados, de modo que las figuras carismáticas pueden ser caudillos políticos o profetas
religiosos cuyas acciones han influido en el curso del desarrollo de civilizaciones enteras,
pasando por muchos tipos de demagogos inferiores en todas las sendas de la vida, que han
logrado que cierto número de personas los siguiera por un tiempo.

Resumen de las definiciones más importantes del paradigma conflictual


• La realidad social es resultado de disputas y conflictos que se dan en torno a bienes
(materiales o no) cuyo acceso no es facilitado a todos de la misma manera.

• Marx percibe al orden social en términos objetivos, y su punto de partida es la sociedad


independientemente de la interpretación que hagan de ella los individuos. Weber
considera importante al actor social y el sentido subjetivo que éste le adjudica a su
acción y a la de los otros.

• Para Marx, las desigualdades y los conflictos se dan en torno a las clases sociales, las
cuales se dividen por la propiedad de los medios de producción o, en contraste, por la
fuerza de trabajo para vender.

• En Weber la estratificación social no se limita a las clases sociales habiendo


fenómenos como el estatus o los partidos que permiten complejizar la cuestión de la
desigualdad.

• La ideología es para Marx una falsa conciencia que distorsiona la realidad tendiendo a
consagrar como universales ideas que sólo benefician a la clase dominante. Weber,
por su parte, considera el fenómeno de la dominación algo más complejo, y que para
que dicha dominación exista y se mantenga deben estar presentes creencias que la
legitimen.

o Referencias

A. Baratta, Criminología crítica y crítica del derecho penal, Siglo XXI, Bs. As., 2004
A. Carpio, Principios de Filosofía, Glauco, Bs. As., 2004 P.
Corcuff, Las nuevas sociologías, Siglo XXI, Bs. As., 2013 R.
Dahrendorf, Hacia una teoría del conflicto social, en Los cambios sociales, FCE, México, 1992
E. Durkheim, Las reglas del método sociológico, Hyspamerica, Madrid, 1982
A. Giddens, El capitalismo y la moderna teoría social, Labor, Barcelona, 1994
A. Giddens, Sociología, Alianza, Madrid, 1999
C. Lista, Los paradigmas del análisis sociológico, Ciencia, Derecho y Sociedad, Córdoba,
2000
K. Marx, Miseria de la Filosofìa. Siglo XXI, México, 1987.
K. Marx, Manuscritos: economía y filosofía, Altaya, Madrid, 1997
K. Marx, Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política, Comares, Valencia,
2004
K. Marx y F. Engels, La ideología alemana, Rueda Editores, Bs. As., 2005 R.
M. Pavarini, Control y dominación, Siglo XXI, Bs. As., 2003 G.
Ritzer, Teoría sociológica clásica, McGraw-Hill Interamericana, Madrid, 1993
G. Ritzer, Teoría sociológica contemporánea, McGraw-Hill Interamericana, México, 1993
I. Taylor, P. Walton y J. Young, La nueva criminología, Amorrortu, Bs. As., 2001 M. Weber,
Economía y sociedad, FCE, México, 2002
PROBLEMÁTICA SOCIAL
CONTEMPORÁNEA I
2. ESTATUS Y ROL: SU IMPORTANCIA EN LOS PROCESOS
SOCIALIZADORES.

p.
1
En todas las sociedades los actores sociales interactúan con los demás, directa o
indirectamente. Muchas veces estos sistemas de interacción dependen de las
posibilidades que ofrece la cultura y los marcos normativos que expresan criterios y
definen límites para las interacciones.

Si el grupo es formal, las normas que lo regulan dejarán en claro cuál es la estructura
jerárquica y la distribución del poder dentro del mismo. En cambio, si es un grupo informal
el marco regulatorio puede estar implícito y surgir una jerarquía que se construya
espontáneamente entre los miembros, respondiendo a factores que no necesariamente
están explicitados en una reglamentación.

La complejización de los grupos puede deberse a una multiplicidad de factores: el número


de miembros; el cambio e incremento de las interacciones entre los actores o del grupo
con respecto a otros; la diferenciación y/o especialización que modifique la distribución de
los estatus y roles. Estos cambios pueden hacen perder el sentido de las normas que lo
regulaban o entrar en conflicto con el accionar del grupo en su totalidad o de algunos de
sus miembros, en particular. Asimismo, las funciones desplegadas por el grupo pueden
verse afectadas frente a dichas transformaciones. Las interacciones entre los miembros
de un grupo pueden darse de manera directa – cara a cara – o de forma indirecta por
algún sistema de intermediación.

La tensión y el conflicto son aspectos que se gestan en todos los grupos humanos, en
algunas situaciones, sin resolución efectiva, se puede llegar a la disolución o la
desorganización temporal de los mismos. En otras ocasiones, una amenaza externa
puede llevar a la unión del grupo ofreciendo un sentimiento de seguridad en la integración
de los miembros frente al desequilibrio.

Todas las personas formamos parte de una variedad de grupos, a veces muy distintos
unos de otros. Estas variadas pertenencias están ligadas a la complejidad de la sociedad
en la que los grupos se desenvuelven.

p.
2
“Podemos comenzar con propiedad

a hablar de “roles” cuando esta clase de tipificación aparece en


el contexto de un cúmulo de conocimiento objetivizado, común
a una colectividad de actores. Los “roles” son tipos de actores
en dicho contexto. Se advierte con facilidad que la
construcción de tipologías de “roles” es un correlato necesario
de la institucionalización del comportamiento” (Berger, P. y
Luckmann, T. en “La construcción social de la realidad”, pp. 97-
98, 1991)1

1
Berger, P. L. y Luckmann, T. (1991). La construcción social de la realidad, décima reimpresión. Buenos Aires:
Amorrortu.

p.
3
LA SOCIALIZACIÓN Y LOS GRUPOS

El tamaño del grupo: pequeño o grande, ejercerá una influencia en el comportamiento de


sus miembros y los afectará, también, psicológicamente de formas distintas.

El grupo pequeño, posee una intensidad de las interacciones muy fuerte y provoca un
compromiso emocional mayor que el que se produce en los grupos más grandes.

Las díadas y las tríadas, por ejemplo, las parejas o las familias pequeñas, en cuanto a su
estructura. Es el caso del grupo primario en el que predomina la intensidad de las
interacciones y la emotividad. Las relaciones que se desarrollan dentro de estos grupos se
convierten en un fin en sí mismas y el compromiso de la persona para con éste es total
predominando las relaciones cara a cara; la cercanía física y psicológica entre sus
miembros; un grado de estabilidad en el tiempo y una frecuencia asidua y prolongada.

Las relaciones de dominación cambian con el número de miembros, dado que a mayor
cantidad de participantes de los grupos, más subgrupos se formarán distribuyendo las
relaciones de dominación, la intensidad emocional y haciendo más formal la comunicación.
Este es el ejemplo, más común de los grupos secundarios en los que las relaciones de tipo
societal están reguladas por contratos con metas específicas que son los fines que buscan
obtener, de otro modo estos grupos no tendrían existencia.

Los distintos tipos de grupos pueden superponerse y coexistir, como la empresa familiar o
los clubes en los que compiten padres e hijos o hermanos entre sí.

Las categorías estadísticas son construcciones teóricas y pueden ser unidades de análisis
de una investigación, siendo el rasgo particular que caracteriza a las personas lo que la
constituye, por ejemplo la edad; el tipo de actividad que realizan o el estrato social al que

p.
4
pertenecen. Asimismo, ocurre con los agregados incluyen personas que no mantienen
interacciones mutuas, no mediando entre ellos relaciones ni metas o fines compartidos. De
este modo, el agregado de individuos se transforma en una muchedumbre o multitud. Un
desprendimiento de una multitud, temáticamente orientada cuyo rasgo, específico es el
sentimiento de anonimato y la violencia en la acción, se convierte en una turba.

Un foco de atención que orienta el interés en torno a ciertos temas compartidos, constituye
un público.

p.
5
GRUPOS DE PERTENENCIA Y DE REFERENCIA
En el proceso de socialización, como ya hemos trabajado, los actores desarrollan un
proceso de identificación con otros agentes significativos, clave para su vida. Estos grupos
iniciales constituyen modelos de acción, valores y normas que resultarán orientadores para
todos nosotros en cuánto a los criterios de selección de los grupos a los que aspiramos o
no a pertenecer. Y la familia es el primer grupo de pertenencia y de referencia al que
pertenecemos. A su vez, otros grupos ajenos funcionarán como referentes o grupos de
referencia positiva o negativa, generando el interés por pertenecer a éstos (referencia
positiva) o el repudio lo que producirá una referencia negativa y el deseo de alejarse o no
pertenecer a los mismos. De manera neutra, se producirá la indiferencia, tanto sea del
individuo hacia el grupo, nada lo orienta a pertenecer o del grupo hacia el individuo, que
aun cuando resulte admisible no es buscado por el grupo.

Puede ocurrir que la aspiración a pertenecer se vea frustrada, porque algo ha cambiado en
nosotros que hace que el grupo me expulse o me margine o el grupo de referencia ostenta
criterios de selección que no nos incluyen. Para confirmar la pertenencia a un grupo debe
darse la doble definición como miembro: la autodefinición y la definición de los demás.

p.
6
Además, deben cumplirse los criterios objetivos y subjetivos de la interacción para
delimitar las fronteras de la pertenencia y la no pertenencia, conjugándose en este
entrecruzamiento las condiciones de admisibilidad.

Los grupos abiertos son aquellos cuya integridad estructural dependen del mayor número
de miembros que puedan obtener, es el clásico ejemplo de los partidos políticos que si
bien tienen restricciones de tipo ideológicas, necesitan ser amplios para tener mayor
poder.

A la inversa, existen grupos cuyo poder radica en ser cerrados o de élite. No es la cantidad
sin los aspectos cualitativos, objetivos y subjetivos, los que hacen a la integridad
estructural del grupo.

Por último, los grupos de pertenencia y de referencia, producen un sentimiento que


diferencia al grupo-nosotros o intragrupo del grupo-otros o extragrupo. Más allá del
fortalecimiento de lazos comunitarios o societales, y de la confirmación de identidades

p.
7
grupales, la dificultad mayor de estas dinámicas grupales pueden ser el odio, la
segregación y la violencia hacia aquellos que se experimentan como ajenos y potenciales
enemigos. La historia ha demostrado y, lamentablemente, lo sigue haciendo que estos
reconocimientos identitarios pueden llevar a la guerra, el odio étnico o religioso,
ahondando diferencias que pueden tornarse irreversibles.

p.
8
ANEXO

Grupo – Equipo

Un grupo es un conjunto de cosas, seres o


referentes que comparten ciertos rasgos o características, propios o contextuales,
permanentes o transitorios, y que por alguna razón consideramos como un todo, de
manera global.

Un grupo de profesionales, por ejemplo, puede incluir geógrafos, historiadores, médicos,


ingenieros y/o arquitectos, por citar algunos ejemplos, dado que el rasgo común que nos
permite agruparlos es, justamente, que poseen un título profesional.

En cambio, un equipo implica que ese grupo de objetos, seres o referentes se encuentran
interrelacionados de una manera productiva, es decir, poseen una organización interna
que les permite llevar a cabo algún trabajo, resolver algún enigma o cumplir con algún
cometido. Podemos decir, visto así, que un equipo es un grupo con un propósito y una
organización propuesta para cumplirlo.

Esta distinción entre grupo desorganizado y equipo estructurado puede incluso rastrearse
en el origen mismo de ambas palabras. La primera proviene del alemán antiguo kruppa,
traducible como “masa” en el sentido de “amasar” o “comprimir”, o sea, algo que tiene
volumen, pero no forma dada.

De allí pasó al italiano gruppo (“bulto”) y eventualmente al francés groupe, usado para
referirse a un conjunto de estatuas en un mismo jardín o de objetos pintados en un
mismo cuadro. Eventualmente el término se empleó para referirse también a la gente.

En cambio, equipo proviene del germánico skip, “barco”, de donde pasó al


francés equipe y equiper, usados en la jerga marítima de la Edad Media para referirse a
la preparación del barco antes de zarpar del puerto.

p.
9
De modo que desde sus inicios se hallaba vinculada con el trabajo organizado y con los
aditamentos especializados, de modo tal que quienes constituyen un equipo actúan como
si fueran la tripulación de un barco, es decir, distribuyéndose funciones, encargándose
tareas y no todos haciendo lo mismo.

Un grupo y un equipo se diferencian por su composición, su estructura y su


funcionamiento. Así, los grupos son aglomeraciones de personas u objetos sin
una estructura o un propósito determinado, mientras que los equipos son grupos dotados
de un propósito y un orden. Por esa razón no es lo mismo el trabajo en grupo (cada quien
haciendo lo suyo junto a los demás) que el trabajo en equipo (todos haciendo una sola
cosa de manera coordinada).

¿Cuál es la diferencia entre grupo y equipo?

Un grupo es un conjunto de personas que coordinan sus esfuerzos, mientras que un


equipo es un grupo de personas que comparten un objetivo común. Para mejorar las
relaciones laborales, es importante comprender las diferencias entre estos dos términos,
a fin de fomentar una dinámica de trabajo saludable.

Independientemente de que lideres un equipo nuevo o un grupo ya conformado, lo


importante es poder crear un lugar de trabajo agradable donde se fomenten las
comunicaciones. Existe una gran diferencia entre liderar un grupo y un equipo.

En un grupo de trabajo, los miembros son independientes entre sí y tienen


responsabilidades individuales. En un equipo en cambio, la responsabilidad es
compartida y se trabaja en estrecha colaboración para resolver los problemas que surjan.
Estas dinámicas determinan la forma en que se gestionan las tareas y la colaboración
general.

p.
10
¿Qué es un grupo?

Un grupo está formado por varias personas que trabajan juntas. Cada persona tiene
objetivos individuales que el grupo trabaja colectivamente. Los grupos trabajan por
objetivos separados, pero también comparten un interés o identidad comunes que los
unen.

Existen dos tipos de grupos: los grupos informales y los grupos formales. Los grupos
informales se forman naturalmente en torno a intereses, identidades u objetivos sociales
comunes. Por otra parte, los líderes de las empresas crean grupos formales con el
objetivo de realizar una tarea específica para una organización.

Ventajas de trabajar en grupo

Estas son algunas de las ventajas de los grupos:

• Los grupos construyen relaciones temporales: dado que los miembros trabajan en
paralelo, como por ejemplo en proyectos externos a corto plazo o en consultorías
internas temporales, se construyen relaciones de trabajo temporales.

• Los grupos suelen ser muy eficientes: A diferencia de los equipos que trabajan
para crear una eficiencia para el objetivo común, los grupos se centran en la
eficiencia individual. Esto permite mejorar la eficacia del trabajo individual y los
objetivos grupales más grandes.

• Los grupos fomentan en el crecimiento individual: dado que los grupos apoyan el
trabajo individual, también se centran en el desarrollo individual. Esto se puede ver
como un grupo de expertos individuales en lugar de un equipo de expertos.

Desventajas de trabajar en grupo

Si bien los grupos fomentan el trabajo individual y el desarrollo profesional, no ofrecen


todas las ventajas del trabajo en equipo. Por ejemplo, la falta de conexión entre el trabajo
p.
11
y los objetivos y la falta de espíritu de equipo.

Estas son algunas de las desventajas de trabajar en grupo:

• Los grupos pueden aislar a las personas: dado que los grupos trabajan
individualmente, se suele dedicar menos tiempo al fortalecimiento del espíritu del
equipo. Esta falta de trabajo en equipo puede aislar a las personas y causar
problemas de comunicación.

• Los grupos no contribuyen a los objetivos de la empresa: Del mismo modo, la falta
de trabajo en equipo puede crear una brecha en la claridad de la organización.
Esto hace que sea difícil conectar el trabajo con las metas y objetivos
corporativos.

Estas son algunas de las razones por la que algunas empresas prefieren trabajar en
equipo. Por ese motivo, también es importante comprender las ventajas y desventajas del
trabajo en equipo.

¿Qué es un Equipo?

Un equipo es un grupo de personas que trabajan juntas para lograr un propósito u


objetivo compartido. Cada equipo es la suma de sus partes individuales, lo que significa
que los miembros del equipo deben apoyarse unos a otros para poder lograr el resultado
deseado.

Los miembros de los equipos trabajan juntos para resolver problemas, desarrollar
productos nuevos y realizar otras funciones como combinar pasiones y objetivos. Existen
diferentes tipos de equipos, como los equipos interdisciplinarios, los equipos de procesos
y los equipos autogestionados. Todos son ligeramente diferentes entre sí, sin embargo,
tienen ventajas y desventajas similares.

Ventajas del trabajo en equipo

p.
12
Trabajar en un entorno de equipo tiene muchas ventajas que se derivan de trabajar para
lograr los mismos objetivos y apoyar a todos los miembros en una experiencia
compartida. Muchas empresas trabajan en equipo, ya que prefieren los beneficios de este
tipo de colaboración, que incluyen una mayor productividad y una resolución de
problemas más rápida.

Estas son algunas de las ventajas de trabajar en equipo:

• Los equipos se basan en la colaboración y la sinergia: El trabajo en equipo puede


promover la colaboración y la sinergia, lo que ayuda a respaldar el objetivo general
y a mejorar la comunicación y la transparencia a nivel organizacional.

• Los equipos promueven la productividad del grupo: en tanto los grupos promueven
la eficiencia, los equipos son más beneficiosos en lo que respecta a la
productividad. Esto se debe a que los miembros del equipo apoyan el trabajo de
sus compañeros y ayudan a resolver los problemas generales, lo que hace que
el trabajo sea mucho más productivo.

• Los equipos son más efectivos en cuanto a la resolución de problemas. Es cierto


que cuantas más personas intercambien ideas, mejor. Es por eso que el trabajo en
equipo puede ayudar a resolver problemas de manera más rápida y efectiva la
primera vez.

Las ventajas de trabajar en equipo pueden ayudar a las empresas a prosperar gracias al
trabajo en equipo y la comunicación. Dicho esto, también existen algunas desventajas
que es importante considerar.

Otras Ventajas del trabajo en equipo

Aunque con el trabajo en remoto puede ser difícil conseguirlo, el trabajo en equipo no solo
aporta beneficios tangibles al proyecto, sino que también tiene un impacto positivo en los
individuos involucrados. Por eso es importante organizar bien el trabajo remoto.
p.
13
Sinergia:

La colaboración estrecha genera una dinámica de grupo que puede llevar a una mayor
creatividad e innovación. La diversidad de habilidades y perspectivas conduce a soluciones
más efectivas y creativas.

Soporte mutuo:

En un equipo, los miembros se apoyan y motivan mutuamente. Esta dinámica de apoyo


puede ayudar a superar obstáculos y enfrentar desafíos de manera más efectiva.

Diversidad de habilidades:

Un equipo bien conformado reúne una variedad de habilidades y experiencias, lo que


enriquece el proceso de toma de decisiones y permite abordar los problemas desde
diferentes ángulos.

Compromiso compartido:

El trabajo en equipo fomenta un sentido de pertenencia y compromiso. Cuando todos los


miembros están igualmente comprometidos con el objetivo, se incrementa la motivación y la
satisfacción en el trabajo.

Desarrollo personal y profesional:

Trabajar en equipo permite a los individuos aprender unos de otros, desarrollar nuevas
habilidades y expandir sus conocimientos.

Mejora en la comunicación:

La necesidad de coordinar y colaborar estrechamente en un equipo fomenta el desarrollo de


p.
14
habilidades de comunicación efectiva.

Responsabilidad compartida:

En un equipo, los éxitos y los fracasos son compartidos, lo que fomenta un sentido de
responsabilidad colectiva y reduce la presión individual.

Desventajas del trabajo en equipo

Si el trabajo en equipo tiene muchas ventajas, también tiene algunas desventajas, como
por ejemplo la dificultad para promover el desarrollo individual de cada miembro y los
problemas de eficiencia.

Estas son algunas de las desventajas de trabajar en equipo:

• Los equipos no siempre se centran en el desarrollo individual de sus


miembros: aunque no siempre es así, algunos equipos tienen dificultades para
fomentar el crecimiento individual. Esto se debe a que los resultados se centran
más en el bien común que en lo que es mejor para cada individuo.

• Los equipos pueden tener problemas con la eficiencia: Los equipos tienen la
ventaja de ser más productivos en general, aunque si no se implementan los
procesos organizacionales correctos, pueden sufrir problemas de eficiencia. Esto
puede provocar que el trabajo tarde más de lo esperado y que no se cumplan los
plazos.

Si bien el trabajo en equipo puede tener sus desventajas, es posible minimizar el impacto
si se implementan los procesos y el liderazgo adecuados. La clave es promover la
claridad organizacional para apoyar tanto a los equipos como a las personas que forman
parte.

p.
15
¿Qué diferencia hay entre un grupo y un equipo?

Se puede resumir de la siguiente manera:

Grupo Equipo

Están conformados por varios Están conformados por varios


elementos que comparten un rasgo elementos diferentes, integrados en
común. un orden y con un propósito.

Sus elementos actúan de manera Sus elementos actúan de manera


autónoma. organizada.

El desempeño del grupo se


El desempeño del equipo se mide
entiende como la sumatoria de los
de manera conjunta: si un elemento
desempeños individuales de sus
falla, el equipo entero falla.
integrantes.

Carece de un propósito Está orientado hacia el


establecido. cumplimiento de una meta.

Son ejemplos de grupo:


● La multitud en un concierto de Son ejemplos de equipo:
rock. ● Una selección nacional de
● Quienes atienden a un mitin fútbol.
político. ● Los médicos y enfermeros en
● Los transeúntes en una plaza un quirófano.
en un momento dado. ● Los marineros de un barco.
● Todas las personas de un ● Los pilotos de un avión.
país.

¿Cuál es la diferencia entre un grupo y un equipo de trabajo?

p.
16
Dentro de una organización es necesario agrupar a los trabajadores de forma eficaz para
conseguir los objetivos deseados.

A saber, un grupo de trabajo es un conjunto de personas que desarrollan tareas similares


dentro de una organización. Tienen en común que todos los miembros trabajan en el mismo
campo y desarrollan sus obligaciones de forma individual.
Suele haber un único jefe al mando de todo el grupo y la jerarquía es muy clara.

A pesar de trabajar en la misma área cada miembro del grupo es autónomo y desarrolla su

trabajo individualmente, sin depender directamente del resto. Es posible que dentro de un
grupo haya resultados irregulares porque algunos cumplan con sus objetivos y otros no, sin
que unos afecten a otros, pero sí a la consideración del grupo en general.

Los equipos de trabajo se organizan de manera distinta. Dentro de un equipo de trabajo los
miembros tienen diferentes habilidades y trabajan de forma interdependiente para conseguir
un objetivo común. No pueden trabajar de forma individual porque sus tareas están
íntimamente ligadas con las de sus compañeros, y se ven obligados a comunicarse entre
ellos continuamente.

Las jerarquías son mucho menores ya que, aunque puede que exista un coordinador, cada
miembro del equipo es el experto en su área y se relaciona con los demás de igual a igual
para avanzar en el trabajo. El resultado del equipo se valora globalmente, no por cada
miembro, porque todos contribuyen a un único fin.

Las diferencias entre el grupo y el equipo de trabajo son notables. Respecto al liderazgo, en
el grupo es individual y en el equipo es compartido. La cohesión es mucho más importante en
el equipo que en el grupo, pues un grupo de trabajo puede permitirse el lujo de que sus
miembros trabajen independientemente, pero el equipo necesita de una coordinación
constante entre todos los implicados.

Los objetivos de un grupo están alineados con la misión general de la empresa, mientras que
un equipo puede formarse dentro de una compañía para atender objetivos específicos y
p.
17
nuevos.

Formar un buen equipo de trabajo

Hay determinados perfiles que pueden contribuir al éxito del trabajo en equipo.

• Observador. Una persona que tal vez pasa desapercibida, pero aporta su capacidad
crítica y audacia.

• Perfeccionista. Se exige mucho a sí mismo y no se conforma hasta que entrega un


trabajo impecable.
• Creativo. Lleno de ideas y propuestas, encuentra nuevas formas de dar solución a los
problemas.
• Mediador. Una persona preocupada por el bienestar del grupo, que se dedica a limar
asperezas cuando se encuentra con un conflicto.
• Investigador. Se emociona ante nuevos proyectos, especialmente al inicio, e investiga
y se sumerge en nuevas materias con mucha motivación.
• Impulsor. Similar al líder, es un perfil dinámico y lleno de energía que se compromete
mucho con cada proyecto.
• Evaluador. Analiza y evalúa las decisiones del grupo y propone mejoras para seguir
creciendo.
• Especialista. El perfil más teórico y con conocimientos muy especializados sobre el
tema en el que se trabaja.

p.
18
Lo más común en las organizaciones de tamaño medio o grande es combinar equipos y
grupos según tareas y objetivos. La gestión de equipos es muy compleja, pero hay
habilidades que no pueden faltar: la motivación, por ejemplo, para saber levantar a tu equipo
en momentos de bloqueo y frustración.

La empatía también será necesaria para ponerte en la piel de tus compañeros y entender a la
perfección sus necesidades. Ser una persona con habilidades comunicativas, clara y
transparente, te ahorrará muchas confusiones en tu día a día y saber trabajar bajo presión te
permitirá tomar las mejores decisiones y saber guiar con ellas a tu equipo.

Grupo Equipo

Definición Personas reunidas o que comparten Personas organizadas para


ciertas características. actuar en conjunto.

Objetivos Cada miembro puede tener Los objetivos son comunes a


objetivos particulares y conseguirlos todos los integrantes y se
individualmente. consiguen en conjunto.

Desempeño Individual, no depende de los demás Colectivo, depende del aporte de


integrantes. los demás integrantes.

Actitud Pasiva, normalmente los miembros Proactiva, es más usual la


solo siguen las directrices participación y aporte de los
establecidas. integrantes.

En el ámbito Trabajan con un esquema de forma Se valora la creatividad y la


laboral direccional. novedad en las ideas de los

p.
19
Grupo Equipo

miembros.

Tipos de grupo

Los grupos se pueden clasificar de la siguiente manera tomando en cuenta la integración,


interacción y normas que los rigen:

Grupo primario

Están integrados por pocas personas y la comunicación se da en forma directa.


La relación entre sus miembros se fundamenta en el afecto, el compromiso y la solidaridad.
Ejemplo: la familia, los amigos.

Grupo secundario

Está compuesto por muchas personas que no siempre interactúan directamente.


La razón que los une son los objetivos comunes y el hecho de que se rigen por un
reglamento.
Ejemplo: los trabajadores de una compañía.

Grupo de referencia

Es utilizado para hacer comparaciones y estudiar comportamientos para ser asimilados por
una persona externa que no pertenece a él.
Ejemplo: el grupo artístico al que desearía pertenecer un músico en el futuro.

Grupo de pertenencia

Grupo del que forma parte una persona donde todos los miembros comparten determinadas
p.
20
características.
Ejemplo: personas que comparten la misma nacionalidad, como los mexicanos, los
venezolanos o los argentinos.

Grupo formal

Cumple con un esquema y reglas establecidas para sus integrantes, con el fin de lograr
objetivos previamente formulados.
Ejemplo: un grupo de debate.

Grupo informal

Suelen surgir de los grupos formales por la integración de miembros unidos por lazos
afectivos y el compañerismo.
Ejemplo: un grupo de colegas de trabajo.

Otros tipos de clasificación de equipos

Tomando en cuenta diferentes criterios, los equipos pueden clasificarse de la siguiente


manera:

Según el tiempo de funcionamiento:

• Permanentes: funcionan de manera indefinida, independientemente de los objetivos


que vayan alcanzando. Por ejemplo: el equipo de reporteros de un periódico.

• Temporales: son creados para atender una eventualidad surgida en el momento. Al


presentar una solución, finalizan sus funciones. Por ejemplo: un equipo que se
constituye para competir por una licitación.

Dependiendo del grado de formalidad:

p.
21
• Formales: se crean con un objetivo preestablecido y pueden ser permanentes o
temporales. Por ejemplo: un equipo de fútbol que se conforma para competir por un
trofeo.
• Informales: se forman espontáneamente para atender algún asunto puntual o con
fines sociales. Por ejemplo: unos compañeros de estudio improvisan un equipo de
debate para discutir sobre un tema.

Según la jerarquía:

• Horizontales: todos sus integrantes están en el mismo nivel y posición a la hora de


tomar decisiones.

• Verticales: sus integrantes ocupan diferentes cargos o posiciones y están en


diferentes niveles jerárquicos.

Según su función en el ámbito laboral:

• De solución de conflictos: se encargan de resolver problemas específicos que


afectan a todo el equipo. Por ejemplo: el departamento de recursos humanos.

• De toma de decisiones: son los que marcan la pauta a seguir. Por ejemplo: la junta
directiva de una empresa.

• De producción: motivan a todos los miembros para obtener los mejores resultados.
Por ejemplo: los gerentes de cada uno de los departamentos de una compañía.

Diferencia entre grupos y equipos de trabajo

Cada equipo puede ser un grupo, pero no cada grupo puede ser un equipo. Un equipo
incluye personas que comparten habilidades complementarias y tienen un propósito claro y
unificado. Mientras que un grupo puede ser un conjunto de personas que pueden tener o no
un propósito unificado.

p.
22
A diferencia de los grupos, los equipos exhiben una fuerte sinergia, esfuerzos coordinados y
responsabilidad mutua, aprovechando diversas habilidades y roles para resolver problemas,
innovar y lograr resultados colectivos.

Por su parte, un grupo es una reunión de individuos con características o intereses


compartidos, a menudo alineados por un contexto u objetivo común.

A diferencia de los equipos, los grupos pueden funcionar con esfuerzos independientes hacia
objetivos individuales, careciendo de la fuerte interdependencia y responsabilidad colectiva
que se observa en los equipos.

Pueden formarse de forma natural o ser organizados por líderes, fomentando diversos grados
de interacción y coordinación entre los miembros.

Otras diferencias entre ambos conceptos.

Interdependencia

Los miembros de un equipo son altamente interdependientes y dependen de las


contribuciones de los demás para lograr objetivos colectivos. Mientras que los miembros del
grupo trabajan de forma independiente sin depender demasiado unos de otros.

Propósito y metas

Los equipos tienen objetivos compartidos y específicos, de modo que todos los miembros
trabajan colectivamente en pro de su consecución. Sin embargo, los grupos pueden compartir
un interés común, pero carecen de objetivos compartidos específicos. Los objetivos
individuales tienen prioridad.

Toma de decisiones y resolución de problemas

En un equipo, se trabaja en colaboración, participando en procesos colectivos de toma de


p.
23
decisiones y resolución de problemas. Y en los grupos se toman decisiones individualmente,
centrándose en estrategias individuales de resolución de problemas.

Comunicación y colaboración

Cuando se trabaja dentro de un equipo de trabajo, se enfatiza la comunicación constante y la


alta colaboración entre los miembros para lograr el éxito colectivo.

En los grupos, pueden haber niveles de comunicación variados, con menos énfasis en una
colaboración sólida en comparación con los equipos.

Funciones y responsabilidades

Los miembros del equipo tienen roles y responsabilidades claramente definidas, a menudo
complementarios y coordinados para lograr una sinergia óptima. En los grupos, las personas
pueden tener roles variados, pero estos roles no están coordinados específicamente para
operar de manera coordinada.

Responsabilidad

En los equipos, todos los integrantes son responsables del desempeño y los resultados del
proyecto, mientras que los miembros individuales de un grupo son principalmente
responsables de sus acciones y resultados.

Medición del desempeño

El desempeño del equipo se mide de manera colectiva, enfocándose en lograr objetivos y


resultados compartidos. Por su parte, el desempeño del grupo puede ser variable,
dependiendo de los esfuerzos individuales sin un fuerte enfoque en la productividad colectiva
general.

Cohesión y confianza

p.
24
Los equipos dan prioridad a generar cohesión y confianza entre los individuos para establecer
un ambiente de colaboración positivo. Y en los grupos la dinámica puede variar en cohesión y
confianza, y se le da menos importancia a generar fuertes vínculos de equipo.

Son muchas las diferencias entre un grupo y un equipo de trabajo. El carácter normativo del
equipo y la fuerte interdependencia entre los miembros definen esta forma de organización.
En el caso del grupo, son otros aspectos los que se potencian, como la independencia de los
miembros y su forma de reportar y orientarse hacia los objetivos.

La diferencia entre trabajar en grupo y trabajar en equipo

En el mundo laboral y académico, la colaboración entre individuos es clave para el éxito de


muchos proyectos. Sin embargo, no todas las formas de colaboración son
iguales. Comprender la diferencia entre trabajar en grupo y trabajar en equipo puede ser
crucial para lograr los objetivos deseados de manera efectiva.

Diferencias Claves entre Grupos y Equipos

Enfoque en el resultado vs. enfoque en el proceso:

En los grupos, el énfasis suele estar en alcanzar resultados individuales que contribuyan a un
objetivo general. En los equipos, el proceso de cómo trabajar juntos es tan importante como
el resultado final.

Interdependencia vs. independencia:

Los equipos se caracterizan por una alta interdependencia entre sus miembros, mientras que,
en los grupos, los miembros suelen ser más independientes.

Liderazgo:

En los grupos, a menudo hay un líder claro. En los equipos, el liderazgo puede ser más
p.
25
dinámico, compartido o rotativo según las necesidades del proyecto.

Construyendo un Equipo Efectivo


Para formar un equipo efectivo, es importante considerar varios factores:

Selección de miembros:
Elegir a las personas adecuadas con las habilidades y actitudes necesarias.

Establecimiento de objetivos claros:


Definir claramente lo que se espera lograr como equipo.

Fomentar la confianza y el respeto mutuo:


Crear un ambiente donde los miembros se sientan valorados y seguros para expresar sus
ideas.

Promover la comunicación abierta:


Asegurar que todos los miembros del equipo tengan la oportunidad de expresar sus opiniones
y preocupaciones.

Gestión de conflictos:
Desarrollar estrategias para manejar desacuerdos y conflictos de manera constructiva.

Entender la diferencia entre trabajar en grupo y en equipo es fundamental para estructurar de


manera efectiva las colaboraciones en cualquier proyecto. Reconocer y aprovechar las
fortalezas del trabajo en equipo puede conducir a resultados más exitosos y satisfactorios
tanto para el proyecto como para los individuos involucrados.

p.
26
PROBLEMÁTICA SOCIAL
CONTEMPORÁNEA I

3. LA ARGENTINA MODERNA Y LOS PROYECTOS DE ESTADO

” ¿Qué nos pasó? La


Argentina del ajuste perdió
algunos preciosos atributos:
una amplia clase media que
ayudaba a metabolizar el
conflicto social; vastos
sectores obreros con
inserción laboral estable y
niveles de vida modestos pero
dignos; altísimos flujos de
movilidad social ascendente
que permitían transitar la vida
en términos de un proyecto;
niveles de cohesión social
superiores a
los de muchos países periféricos e incluso a los de algunos países centrales.
Pérdidas que, hoy por hoy, parecen irreversibles. Argentina se ha constituido así en

p. 1
un paradigma de cómo no debe establecerse un orden neoconservador, incluso
entre los defensores de esta opción” 1 (Torrado, S., pto.6)

Siguiendo a Torrado S. (2004) realizaremos un recorrido por las estrategias de desarrollo y


las alianzas sociales que transformaron la estructura económica, política y social en la
Argentina de fines del siglo XIX hasta inicios del siglo XXI, transitando el pasaje de una
sociedad moderna hacia una sociedad posindustrial.

Modelo
Modelo Modelo
Agroexportador
Industrializador y Aperturista (1976-
(1870-1930) Inicios desarrollista
2002) Inicios de los
de la sociedad (1945-1972) procesos globalizadores, fin de
salarial, crisis del la sociedad
capitalismo y salarial y
surgimiento del surgimiento del
Estado Benefactor Estado
subsidiario

1
Torrado, S. (2004). Ajuste y cohesión social: Argentina el modelo para no seguir. En Libro Revista Tareas, N° 117
Mayoagosto. CELA (Centro de Estudios Latinoamericanos, Justo Arosemena). Panamá, R. de Panamá, pp.15-24.
Disponible en URL: WWW.[Link]
p. 2
MODELO AGROEXPORTADOR (1870-1930)
La afluencia de las masas migratorias a nuestro país que hicieron su llegada hacia fines del
siglo XIX e inicios del XX, obligaron a la formulación de procesos de organización social
nuevos para la estructura de un país en gestación que buscó mecanismos de
disciplinamiento social, protección y asistencia de la, aún no nacida, ciudadanía argentina.

Si recordamos las palabras de Eduardo Wilde en las que expresaba su deseo de crear una
Buenos Aires – Atenas le seguía, con una lógica de hierro, el buscar formar “hoplitas” (del
griego: soldado de infantería que usaba armas pesadas) de “opitas” (del quechua: tonto,
idiota); moldear una cultura superior sobre la base de una cultura inferior o fundar la
civilización sobre la barbarie, de esta forma aquel círculo virtuoso de la moral moderna
cerraba sin fallas. A su vez, las propuestas sobre cómo llevar a cabo este delicado proceso,
por aquellos tiempos, sobraban.

Se hablaba mucho sobre la Instrucción pública y se evidenciaba allí la influencia del fundador
de la pedagogía científica, Juan Federico Herbart, un pensador alemán que sostenía que
“la instrucción tiene por fin, como toda la educación, la virtud, o sea la fuerza de
carácter de la moralidad”, que “la disciplina persigue el mismo fin que la educación
en general, o sea la formación para la virtud y que “el gobierno se dirige a la
conservación del orden, a la conducta externa de los niños, para lo cual el medio más
importante es mantenerlos ocupados, activos. Otros medios empleados son el amor,
la autoridad, la vigilancia, la amenaza y el castigo, siendo los más eficaces los dos
primeros”. (2).

Estaba presente el fantasma de que la diferencia y la diversidad podían torcerle el brazo a


la gobernabilidad, además algunos extranjeros venían con identidades que podían competir,
por eso debía crearse un clima de peligrosidad sobre sus propuestas e ideas, y un ejemplo
en este sentido fue el del anarquismo cuyos principios desconocían y deslegitimaban la idea
de patria.

Todas estas ideas debían disciplinarse porque según afirma Adriana Puiggros “el tipo de
cohesión social de la Argentina nacido de la República Conservadora, estaba basado en la

p. 3
disciplina, en la relación entre los diversos rangos y el cruce entre ellos”5. Pero la mirada

2
Luzuriaga, Lorenzo: Historia de la educación y de la pedagogía, 17ª edición, Losada, Buenos Aires, 1984, pp. 205. 5
Puiggros, Adriana: Sujetos, disciplina y curriculum en los orígenes del sistema educativo argentino, Buenos Aires,
Editorial Galerna, 1990, Cap.4, pp117. 6 Terán, Oscar: Ibídem.

p. 4
de la élite no sólo recae en los distintos sino también dentro de su propio círculo, era hora
de redefinirse como aristocracia sobre la base de las fuentes originales: el anti hispanismo
de Mayo, la idea del tutelaje sobre las masas que persistió y atravesó, especialmente, a las
dos últimas generaciones y la idea del orden social y de las ideas. Terán cita a Miguel Cané
como un claro representante de estas ideas fuerza, para él la aristocracia debía tener linaje
patricio, conciencia de un prestigio social positivo, un ser y un parecer reflejado en las
virtudes (cultura y honorabilidad) y una fortuna que les permitiera poner distancia de “las
pequeñas miserias que marchitan el cuerpo y el alma”6, según A.J.Pérez Amuchástegui esa
circunstancia de decirse nacidos en “cuna de oro” y de sentirse realmente superiores a la
chusma se origina quizás en una modalidad burguesa aparecida en Austria en el Siglo XVIII
y esparcida luego por toda Europa, especialmente en Francia, en dónde hizo crisis en
épocas de Napoleón III (1852-1870)”3.

Además creía que la élite debía contar con espacios de formación que cumplieran la doble
función de ser válvula de escape a la chatura de la vida diaria y tribuna de opinión, por eso
junto a Carlos Pellegrini fundó el Jockey Club Argentino (copia fiel de los ya existentes
europeos) al que accederían “todos los hombres cultos y honorables”8.

De esta forma Cané estaba dibujando con trazo firme el perfil de la clase dirigente y
estableciendo las condiciones de pertenencia, le temía como muchos otros de su generación
a la propia decadencia, a convertirse en “mercachifles” y a perder los valores conservadores.
Por eso, la nueva tarea para esta clase era totalizar todo aquello que la modernidad
fragmentaba, armonizar, crear un orden donde no lo había y conciliarlo con la libertad.

Otra vez aparecía allí el Romanticismo que buscaba rescatar la belleza y la armonía de la
polis griega, con esos parámetros se fundó en 1896 la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Buenos Aires de la que Cané fue decano, también la Universidad de Buenos
Aires respondía a esta lógica porque nació con vocación de gestar en sus claustros a los
futuros cuadros dirigentes, especialmente en la Facultad de Derecho, los Románticos del ‘37
crecieron en la fragua de instituciones educativas rivadavianas que supieron cobijar al
sistema lancasteriano de enseñanza mutua antes del período constitucional, primero en el
Colegio de Ciencias Morales y después en la Universidad, allí convivieron porteños como
José Mármol o Vicente Fidel López compartiendo una misma experiencia cultural con otros
del interior del país como los tucumanos Juan Bautista Alberdi y Marco Avellaneda, entre
p. 5
muchos. Allí, en aquellas aulas se hizo visible la conciencia de pertenencia a una élite
intelectual autónoma frente a los poderes constituidos de la sociedad: el Estado, La Iglesia
y las corporaciones; y al deber de ser ellos quienes debían expresar a la Nación en su
conjunto. Otra vertiente fue la de la Universidad de La Plata que en su Facultad de Ciencias
de la Educación y Humanidades conjugó la cultura estética y la cultura científica, traducidas
en un positivismo comteano que fue sustentado por el discurso de docentes

3
Pérez Amuchástegui, A.J.: Mentalidades Argentinas 1860 –1930, 6ª edición, Buenos Aires, EUDEBA, 1984, pp.86.
8
Terán, Oscar: Ibídem.

p. 6
como Víctor Mercante con quién se formara luego, en la Escuela Normal de Mercedes,
Rodolfo Senet.

Todos estos esfuerzos por mantener una cohesión interna para retener el poder se vieron
resquebrajados en los albores del Siglo XX por una diversidad de posiciones cismáticas que
fueron irrefrenables, como el surgimiento de la disidencia Radical de la Unión Cívica,
encabezada por Hipólito Yrigoyen, y el socialismo con la guía de Alfredo Palacios. A partir
de 1853 con el dictado de la Constitución se instauró un período constante en cuanto a la
legislación que afectó permanentemente al Sistema Educativo Argentino. Las ideologías
reinantes de la época se instrumentalizaron en el Sistema de instrucción pública centralizado
estatal (SIPCE) previo a la sanción de la Ley 1420 y lo hicieron desde su espíritu fundacional
con las tres llamadas presidencias educadoras de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino
Sarmiento y Nicolás Avellaneda.

La cultura científica hizo pie en el sistema educativo corporizándose en el discurso médico.


Los demás discursos de la época y las circunstancias concretas como fueron las epidemias
que se sucedieron desde 1867 hasta 1887, contribuyeron a fortalecer este modo de concebir
a la educación y a la estructuración de las instituciones educativas. El mesianismo positivista,
quizás hipertrofia empirista del historicismo de acuerdo al análisis precedente, era uno pero
no sus direcciones y corrientes, podemos distinguir entre el positivismo social que coloca a
la ciencia como fundamento de un nuevo orden social y religioso y el positivismo
evolucionista según el cual la evolución, fundamento de toda realidad natural, es la
manifestación de un misterioso principio desconocido e infinito. Del primero se reconoce la
influencia, en nuestro sistema, del pensamiento de Saint-Simon, de Comte y de Bentham
(particularmente en Rivadavia ya que mantenían contacto epistolar fluido con éste y se
manifestaba como un admirador de las ideas utilitaristas); del segundo corresponde citar la
vertiente impregnada por las ideas de Spencer y Taine.

La estratificación social estaba signada por el concepto de enfermedad y derivaba en una


cadena de razonamientos sobre sus causas, actores y vías para contrarrestarla, por lo tanto,
la enfermedad del cuerpo biológico de ciertos grupos era enfermedad que afectaba a todo
el cuerpo social y, a su vez, la enfermedad de ese cuerpo biológico era enfermedad moral
que debía ser erradicada; el Dr. José María Ramos Mejía hablaba sobre el factor
determinante de la herencia psico-fisiológica traída por los inmigrantes y cuyo compuesto

p. 7
heterogéneo “podía resultar en el progreso o en una lamentable confusión de tendencias e
ideales” (4).

La tendencia clasificatoria, propia de las Ciencias Naturales, era representativa de la versión


paradigmática más cientificista de la época, se clasificaba: por la evolución, por la
normalidad, por la adaptación, por la edad, por el medio pero, por sobre todo por la

4
Puiggros, Adriana: Ibídem, pp. 125.

p. 8
pertenencia social; el riesgo era que estos sujetos no aptos fueran portadores de un
“daltonismo moral” que infectara a toda la sociedad sin remedio. La problemática era
recurrente las masas no eran un todo uniforme presentaban la constante de la diferencia
categorizada en desigualdad, en los discursos de comienzos del siglo XX aparecía ya citado
el principio de organización propio de las sociedades modernas: el de clases y éste
conllevaba el reconocimiento de la movilidad social y la aceptación de que, tarde o
temprano, miembros de esas masas ascenderían por influjo de la educación o del medio,
ya latía de lejos e invisible para los ojos cegados por la ideología el germen crudo del
populismo.

EL MODELO INDUSTRIALIZADOR Y DESARROLLISTA (1945-1972)5

Abandonado el modelo agroexportador y sufrida la crisis del capitalismo de 1930, a partir de


1945 se gesta una política de industrialización, de pequeñas y medianas empresas
nacionales para la sustitución de importaciones, promovida por los dos gobiernos
justicialistas de Juan D. Perón. Con el ejercicio de una política de: protección arancelaria,
aumento del salario real (la fuerza de trabajo se acrecentó en mano de obra - destinada
principalmente a la industria y a la construcción – aunque comenzó a esbozarse el trabajo
urbano no agropecuario que se extendió a lo largo del desarrollismo); subsidio al crédito;
entre otras medidas.

Desde el Estado nacionalizador se reasignaron recursos que fueron derivados a áreas vitales
de la sociedad como: la vivienda, la salud y la educación. Esta etapa se caracterizó por
producir una nueva alianza social entre, actores sociales que involucraban a: la clase obrera,
los industriales nacionales y las Fuerzas Armadas Nacionalistas que desplazaron a la
antigua clase dominante que se tornará en oposición desestabilizadora junto a facciones
militares, grandes grupos empresarios, cuyas acciones, más las características
estructurales y coyunturales de este período, redundaron en el derrocamiento del orden
democrático, por medio del golpe de Estado.

5
Torrado, S. (1992): “Estructura social en la Argentina: 1945-1983”.Edic. de la Flor. Buenos .Aires. Pág. 49 a 68.
p. 9
“En esta estrategia – de corte “distribucionista” – la industria constituye el objetivo central

del proceso de desarrollo (...) El principal mecanismo para lograr estos objetivos fue la

reasignación de recursos para la producción a través de la nacionalización del comercio

exterior de productos agropecuarios, transfiriendo los recursos así obtenidos al

financiamiento del desarrollo industrial (...).” (Torrado S, 1992, [Link].)

Con la proscripción del peronismo, una alianza entre la burguesía nacional y el capital
extranjero comenzó a consolidarse de la mano de un Modelo Desarrollista que abarcó los
años de 1958 a 1972.

Este modelo, derivó en la concentración de ingresos en estratos sociales más reducidos si


bien el Estado mantuvo, en gran medida, la producción de bienes y servicios se produjo una
caída del salario real aumentando la ocupación del sector terciario y la incorporación de
tecnologías. Volvieron a verse desfavorecidos los sectores agroexportadores por estas
políticas. El conflicto social, comenzó una espiral de profundización que llevó al surgimiento
del tercer modelo, aquí considerado, por imposición del último golpe militar de 1976.

p.
10
EL Modelo Aperturista e inicio del Estado subsidiario
(1976-2002)
La alianza social dominante que dio lugar a este modelo se forjó, inicialmente, entre bloques
del estamento militar, capitales extranjeros y una élite de la burguesía nacional, hasta 1983,
cuando se produjo el regreso al orden democrático.

Se abortaron los modelos de


industrialización por medio de una
apertura externa de la economía “La particularidad de este momento histórico es
con importación de capitales y de que las fuerzas armadas llegaron entonces al

bienes. Los ejes centrales de este poder con intereses que claramente depasaban la
esfera de lo económico apuntando a lograr un
período fueron el aumento de la
disciplinamiento social generalizado mediante un
deuda externa; el capital financiero
cambio drástico de la antigua estructura de
especulativo; la
relaciones económicas, sociales y políticas (...) se
reducción del salario real; la dio implícitamente por terminada la

violencia social - tanto desde industrialización como objetivo central del proceso
de desarrollo”
grupos terroristas- como desde el
propio Estado. Estas Torrado, S. [Link], 63.

transformaciones llevaron a la
sociedad a una crisis económica
profunda y a la Guerra de Malvinas
en la década del ’80.

p.
11
La subsidiariedad connota una visión residual
de las políticas públicas: al Estado sólo le
corresponde actuar allí donde el mercado no
llega o dónde no hay mercado” (Torrado, S.,
2004, pto.5.2, [Link].)

Ya en el sistema democrático recuperado, la


sustitución veloz y contextualizada, en nuestro
marco sociohistórico y en los procesos globalizadores posteriores a la caída del Muro
de Berlín, abrieron un paisaje inaudito de resocialización. La precarización laboral, el
desempleo y el fin del salario; la exclusión social masiva de colectivos enteros que
quedaron al margen del sistema; la desafiliación social y, por ende, la pérdida de
construcción ciudadana derivó en lo que Torrado (2004) señala como: “el proceso
de confiscación de los derechos sociales” que terminó en la confiscación de los
ahorros y el corralito.

p.
12
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
BERGER, P.L. (2000): “Introducción a la Sociología”. Editorial Limusa, S.A. de
C.V... Grupo Noriega Editores, México.

GARCÍA DELGADO, D. (1994): “Estado & Sociedad”. FLACSO y Tesis-Norma,


Buenos Aires

GERMANI, G. (1955): “Estructura social de la Argentina”. Ediciones Solar,


Buenos Aires. (1955)

GIDDENS, A. (1998): "Sociología". Editorial Alianza Universidad Manuales,


Primera edición, España.

MERTON, R. (1980): “Teoría y estructura sociales”. F.C.E. Méjico.

PORTANTIERO, J.C. (1977): “La Sociología clásica”: Durkheim y Weber.


Introducción y Selección de textos” C.E.A.L, Buenos Aires.

RITZER, G. (1993): “Teoría Sociológica Contemporánea”, 1º edic. Castellano,


McGrawHill Inc., España.

p. 13
TORRADO, S. (2004). Ajuste y cohesión social: Argentina el modelo para no
seguir. En
Libro Revista Tareas, N° 117 Mayo-agosto. CELA (Centro de Estudios
Latinoamericanos,
Justo Arosemena). Panamá, R. de Panamá, pp.15-24. Disponible en URL:
WWW.[Link]

- (1992): “Estructura social en la Argentina: 1945-1983”.Edic. De la Flor.


Buenos Aires.

WILLIAMS, R. (2000). Palabras Clave. Un vocabulario de la cultura y de la


sociedad. Edit. Nueva Visión Buenos Aires.

ZORRILLA, R. H. (1992): Principios y leyes de la Sociología, Edit. EMECE.

p. 14

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