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GUERRA CIVIL

Lucha de poderes
Las guerras civiles no se tratan de buenos y malos sino de quien tiene más poder que el
otro.

Normalmente cuando hay un conflicto civil se piensa que este es producto de las injusticias
o desigualdad social existentes en el país. Si un grupo de civiles toma las armas
probablemente sea porque ya está cansado de aguantar hambre, trabajar sin descanso por
migajas y tener un servicio de salud precario, en suma, si un grupo de civiles toma las
armas es porque está cansado de ser aplastado por el gobierno. Lo anterior es un claro
ejemplo del discurso populista utilizado por los grupos rebeldes para justificar sus actos
atroces y así conservar una buena imagen pública. Es la cortina de humo para ocultar su
negocio lucrativo. Sin embargo, aunque la desigualdad es un buen combustible para
alimentar la llama de la revolución, no es el motor principal para alimentar a estos grupos
armados y sus pasiones. Desde el punto de vista económico, las guerras civiles son
momentos de convulsión social que le permiten a los grupos de delincuencia organizada
apoderarse del mercado y generar ganancias. Por lo anterior, es importante aprender a
reconocer cuando una causa es noble; y cuando, un engaño.

La codicia es el eje central de las guerras civiles, allí no se trata de conformarte con lo que
tienes, por el contrario, se trata de querer más. Estas organizaciones delincuenciales surgen
por la ambición de un líder que utiliza la desigualdad social a su favor para obtener
beneficios económicos. La codicia impulsa las guerras civiles; la soberanía del Estado, el
orden. Generalmente, los líderes revolucionarios tienen intereses personales u
organizacionales en controlar recursos valiosos, como minerales, petróleo o drogas. Las
ganancias producidas por este negocio sirven como fuente de dinero para perpetuar la
guerra. Así, se aprovechan de las debilidades del Estado para desestabilizarlo e intentan
monopolizar el uso de la fuerza y el comercio de materias primas. Estos líderes son como
animales carroñeros que viven en las sombras y se comen a los muertos, porque solo donde
hay oscuridad y dolor se cultiva el desarrollo de estas organizaciones ilegales.

Como se pudo evidenciar en el párrafo anterior los recursos naturales son una pieza clave
en el monopolio de los grupos al margen de la ley. Entonces, en un país cuya economía se
base principalmente en la exportación de materias primas hay una probabilidad mas alta de
que surjan delincuencias organizadas. Lo anterior pasa porque es mucho más fácil
intervenir este tipo de mercados que otros como la producción industrial. En este orden de
ideas, si la economía principal del país se basara en la industria el riego seria mínimo
puesto que no hablamos de cosas que sean fáciles de trasladar o intervenir. En este caso la
materia prima es como un diamante en bruto hallado en una mina, le falta un proceso para
ser precioso pero el solo hecho de encontrarlo le genera ganancia al minero.
Las rebeliones son como el crimen organizado, no se diferencian, pues ambos se sirven de
la depredación, es decir del saqueo de recursos no propios. En segundo lugar, el discurso es
el mismo, aunque el grupo rebelde tenga causas objetivas o no, el discurso de este y de un
grupo de crimen organizado es el mismo. Por esto, las percepciones populares están
equivocadas pues estas se sirven del discurso divulgado y este no es para nada confiable.
Estos grupos rebeldes y el crimen organizado son como gemelos que intentan vestir
diferente para engañar a los demás. Los grupos rebeldes nos hacen creer que son una
protesta violenta, pero no lo es, pues la diferencia se rige en la cantidad de personas que se
unen a la causa. Una protesta se define por el efecto cascada ocasionado, pues la razón es
vinculante, es decir, las personas se identifican con el descontento. En cambio, en la
rebelión las causas no son lo suficientemente vinculantes por lo que se debe volver un
grupo violento y servirse de la depredación para sobrevivir y protegerse de las fuerzas del
gobierno. Las rebeliones y el crimen organizado son iguales; aunque, son vistos por la
sociedad como fenómenos distintos.

Un Estado ausente es terreno fácil para grupos delincuenciales; uno presente, terreno bueno
para el progreso. Un país que no es completamente soberano, con geografía diversa, cuyo
sistema tributario flaquea y donde un gran porcentaje de sus jóvenes no tiene acceso a la
educación es un caldo de cultivo para el caos. Esto suele pasar mucho en Colombia donde
podemos encontrar condiciones aptas para esconderse. Es más fácil para los grupos
rebeldes asentarse en ecosistemas con condiciones densas donde muchas veces no hay
presencia del Estado. Lugares donde no hay dios ni ley. Así estos grupos empezaban a
quitarle espacio y soberanía al Estado. Allí las personas creen que todos sus impuestos se
pierden y sus esfuerzos son en vano. Los jóvenes que no terminan su educación como
bachilleres son envenenados y convencidos de enlistarse a las filas de los grupos al margen
de la ley porque son ellos quienes les ofrecen una luz al final del túnel, una oportunidad de
mejorar su calidad de vida.

En resumen, debemos dejar de creer en el discurso que muestra a las guerras civiles como
producto del descontento social porque es solo un disfraz para ocular las verdaderas
intenciones de las organizaciones ilegales. Estas se aprovechan de la insuficiencia del
estado para apoderarse del mercado, recursos naturales y rutas de comercio. Estos grupos
son apoyados por las comunidades donde ejercen control porque son los únicos que hacen
mover un poco la economía a nivel local. Es como cuando tu pareja busca afecto en otra
parte porque en la relación no recibe lo necesario.

Comentario
Si bien en un inicio la desigualdad social es un insumo importante para iniciar la rebelión
en algún punto del camino cuando ese combustible se acaba aparece la codicia de unos
pocos que envenena a todos. Es en este punto cuando su misión social se desvía y en lugar
de representar la voz de un pueblo y luchar por su bienestar empiezan a hacer todo lo
contrario.

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