El Amor Agitado
El Amor Agitado
NDICE
El amor prologado....................................................................6 El amor universal...................................................................14 El amor catalogado.................................................................20 El amor enamorado................................................................27 El amor biolgico...................................................................35 El amor culto..........................................................................45 El amor (in)finito....................................................................53 El amor feliz...........................................................................58 El amor entero........................................................................64 El amor elegido......................................................................70 El amor bello..........................................................................77 El amor poltico......................................................................86 El amor eterno........................................................................94 El amor contrariado..............................................................100
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El amor muerto.....................................................................104 El amor trabajado.................................................................109 El amor recetado...................................................................117 El amor libre.........................................................................125 El amor apasionado..............................................................129 El amor imperfecto...............................................................135 El amor ertico.....................................................................145 El amor casado.....................................................................159 El amor adltero...................................................................170 El amor divorciado...............................................................178 Eplogo.................................................................................184 Bibliografa...........................................................................186 Notas.....................................................................................189
EL AMOR PROLOGADO
Y, por fin, el 11 de junio de 2007, un peridico llev a su portada un asunto relacionado con el amor romntico. A tres columnas: Con el calor, el amor est en el aire. Despus, en las pginas 2 y 3, se hablaba de los riesgos de esas fechas para las relaciones de pareja. Se informaba de que uno de cada tres divorcios se produce en las vacaciones de verano; se explicaba cmo los hombres sufren ms que las mujeres tras la ruptura amorosa, segn una universidad canadiense; se ofrecan soluciones para afrontar el desamor, incluidos los consabidos tiempo al tiempo y un clavo saca otro clavo; y se afirmaba que varios estudios demostraban que el matrimonio es bueno para la salud, especialmente para las mujeres mediterrneas. A simple vista, podra parecer un atrevimiento superficial de un peridico gratuito (en este caso el diario Qu!). Y, sin embargo, las parejas que efectivamente rompieran ese verano difcilmente leeran en esos meses otro titular que les afectara de forma tan ntima.
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No es frecuente que un peridico aborde estos temas en portada, ocupados como estn en otras cuestiones aparentemente ms graves y actuales. Cuando hablan del tema lo hacen en la seccin de sociedad, como si se tratara de alguna cuestin anecdtica. Aunque pocos asuntos hay que ocupen a ms gente que el amor. De hecho, podramos afirmar que todos y cada uno, poco o mucho, estamos ocupados y preocupados por el amor. El que no lo tiene por tenerlo, la que lo tiene por disfrutarlo, el que lo pierde por recuperarlo, la enamorada porque nada le distraiga del amor*. Si alguien saca la cuestin alrededor de una mesa, la conversacin se puede alargar durante horas, hasta el amanecer y ms all. Y todos defendern fieramente su opinin. Quizs nos ocurra como a Roland Barthes, un escritor francs, que pensaba que podra resultar obsceno pensar en suicidarse por una llamada que no llega y ms viendo el hambre del mundo1. Ni mucho menos se trata de restarle importancia a temas como el terrorismo, la guerra, el cambio climtico, la crisis, los desahucios o los salarios mnimos (ridculos). Pero, reconozcmoslo, cuando estamos enamorados, todo lo dems pasa a un segundo plano. Y si la llamada no llega, no nos suicidaremos, vale, pero miraremos la pantalla del telfono una y otra vez, no vaya a ser que la llamada no llegue porque estamos sin cobertura. A pesar de su indudable grandeza, el amor acta a nivel atmico. Cada uno de nosotros lo vive ntimamente y su historia de amor es nica. sta es una de las dificultades principales a la hora de abordar la cuestin: su indudable dimensin subjetiva. Tanto es as que, cuando se habla de la opinin de tal o cual autor, se suele echar mano de su biografa para, generalmente, desacreditarle. De ste se dice
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Una aclaracin. Cmo usar un lenguaje no sexista sin recargar el texto con arrobas o con barras/os? Una alternativa: escribir indistintamente en femenino o masculino, ya sea en singular o plural, salvo en los casos en que sea conveniente hacer referencia concreta a un sexo u otro.
que muy bien todo lo que dijo pero que, en realidad, nadie le am. Del otro se apunta que mucho defender la fidelidad en sus escritos pero que, a la hora de la verdad, era un adltero de tomo y lomo. Es evidente que las teoras sobre el amor estn ms que influenciadas por la experiencia amorosa. Es imposible escribir un verso alegre cuando la amada se ha marchado como es imposible un ensayo optimista sobre el amor cuando tu relacin de pareja se derrumba, salvo esfuerzo titnico. Y al revs: en plena reciprocidad del amor cmo no se van a cantar sus innumerables maravillas y aprovechar cualquier excusa para alabar al amado? En todo caso, quien lea esto har bien en no preocuparse: el escritor se compromete a no agobiarle con sus historias personales. Ahora bien, a lo que no puede comprometerse es a que no influyan sobre lo que aqu se escriba. Procurar que sea en la menor medida posible. Al amor hay que mirarlo de cerca, casi con microscopio, y describir lo que se ve en cada caso, que no tiene por qu parecerse en nada al caso de al lado. Pretender elaborar generalizaciones es arriesgado, ms que por difcil por inconveniente. Y es que en vez de hablar del amor, deberamos proclamar la existencia de los amores, uno para cada persona, en un verdadero caso de plural universal. No se trata de liquidar de un plumazo la existencia de un sentimiento o impulso comn a las personas pero s de reconocernos nuestra parcela de autonoma para elaborar y sentir nuestro propio amor. La excepcin es la nica ley posible del amor, escribieron los filsofos franceses Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut2. Lo anterior no impide que se puedan ir sealando cuestiones en las que casi todos los enamorados se sientan reflejados, entre otras cosas, porque los enamorados comparten un lenguaje comn. El amor, y ms el enamoramiento, nos coloca en una situacin comn y
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simpatizamos con los que estn como nosotros. Pero tambin es verdad que en el amor se tiende al dogmatismo. Podremos hablar el mismo lenguaje que los compaeros enamorados pero slo nosotros conocemos la verdad sobre el amor. Es ms, slo yo conozco el verdadero amor, yo y slo yo conozco cmo debo amar y, sobre todo, cmo quiero que me amen. Por eso suelen llegar a ser tan repetitivas algunas discusiones de pareja; por eso nos inmiscuimos en las historias de amor de los vecinos, porque estamos convencidos de saber qu les conviene, quin es el culpable y quin la vctima; por eso alabamos a tal autor por atinar tanto al hablar del amor o denostamos a tal otro por ser tan atrevido o tan carca. El amor no puede encorsetarse en una sola definicin ni en teora alguna. Se trata de una extraordinaria paradoja que igual puede ser una cosa que su contraria. Cmo, entonces, encerrar algo tan grande en un libro, por muchas pginas que tenga? Cuando se hace algo as, sea la intencin la que sea, se est dando validez a un tipo concreto de amor y degradando al resto. Todas las parejas del mundo deberan medir su amor segn el rasero diseado por el autor poseedor de la verdad. Ponte entonces delante de una pareja de adolescentes y diles que su amor no es maduro ni autntico porque no ha explicitado el compromiso ni se basa en la voluntad, el esfuerzo y el trabajo. Haz lo propio con dos amantes clandestinos que le roban minutos al reloj y diles que el amor verdadero es el que se fragua en la lucha diaria dentro del hogar y la familia. Busca a dos hombres enamorados y diles que el amor homosexual no es pleno por esta u otra razn. Atrvete a tal cosa y asume lo que pueda pasarte. Es admirable el empeo en conocer lo que nos rodea, sean leyes csmicas, recetas de cocina, estatutos de autonoma o amores romnticos. Todo esfuerzo destinado a obtener conocimiento es valioso y respetable. Pero lo que en Fsica
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puede ser acertado, no lo es en cuestiones intrnsicamente humanas. Quizs los orbitales del tomo necesiten de una verdad nica, de una ley escrita que los explique y les dicte a los electrones qu hacer para pasar del orbital s, tan redondito, al p, con su figura estilizada en forma de ocho. De hecho, la certeza de ciertas ciencias es sumamente placentera. Un verdadero oasis entre tantas dudas. Sin embargo, las cuestiones humanas se sienten incmodas vistiendo corss. Si las encuestas cientficas pueden dar lugar a varias interpretaciones, si las sentencias judiciales pueden ser recurridas, imagnese la lectora las discrepancias que pueden surgir alrededor del amor. Al escribir del amor no es necesario ofrecer un discurso cerrado y monoltico. Se pueden ofrecer visiones distintas, alternativas contradictorias, opciones igualmente vlidas y dejar que cada cual construya desde su libertad el amor que le haga ms feliz. Lo contrario sera como ir a una agencia de viajes y preguntar por el nico viaje vlido, autntico y maduro. Lo ms probable es que nos manden a la rivera Maya. Despus, si les hemos hecho caso y el viaje no nos satisface o nos hace infelices, ser difcil reclamar. La intencin de este libro es afirmar que son varios los viajes que se pueden hacer y que nadie debera reducirlos a uno slo. Por eso se abordan hasta 21 aspectos distintos del amor en un rompecabezas que cada cual podr resolver a su gusto. Claro que tambin puede haber quien no quiera saber ms del tema de lo que ya sabe. En una tira cmica de Calvin y Hobbes, del genial artista estadounidense Bill Watterson, la madre de Calvin, un nio de seis aos, le da un libro para que lo lea. Al cabo de pocos das, el nio se lo devuelve con cara de circunstancias y le dice: no me des ms, me ha hecho pensar. El amor tiene muchos mitos. Uno de ellos es el de Eros y Psique y sirve para ilustrar el doble filo que nos ofrece el
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conocimiento. Como suele ser habitual en estos casos, un rey y una reina tenan tres hijas. La ms pequea de todas era la ms hermosa y se llamaba Psique. Tan hermosa era que su belleza provoc los celos de la mismsima Venus. Harta de que los hombres adoraran a Psique y se olvidaran de ella, orden a su hijo que hiriera con una de sus flechas a la bella joven para que se enamorara perdidamente del hombre ms vil y grotesco que pudiera haber. El arquero no era otro que Eros, tambin conocido como Cupido. Al mismo tiempo, los padres de Psique estaban preocupados. Sus dos hermanas mayores ya estaban casadas pero la pequea no. Era tan hermosa que los hombres la admiraban al tiempo que la teman. No se les ocurri otra cosa que consultar al orculo, que respondi con una de sus habituales frases incomprensibles y fatalistas. La familia de Psique entendi, vete t a saber por qu, que lo que tenan que hacer era llevar a la joven a lo alto de una gran roca y dejarla abandonada. As lo hicieron. Entonces, un oportuno viento la alz y, en volandas, la llev hasta un hermoso y florido valle, donde la joven qued dormida. Al despertar, vio un deslumbrante palacio del que salan unas voces que la invitaban a entrar. All pudo descansar y comer todo tipo de manjares. Al llegar la noche, not una dulce presencia a su lado. En la oscuridad, Psique y su misterioso, a la par que repentino, esposo yacieron felices. Desde ese momento, cada noche, envuelto en las sombras, su marido llegaba hasta ella y juntos disfrutaban de los placeres del amor. A las primeras luces del alba, l desapareca. El amor nocturno y medio furtivo se convirti en un pacto entre esposos. Las hermanas de Psique hervan de envidia y aprovechaban cada visita de la pequea para sembrar la duda y hacerle creer que si l se esconda en la oscuridad sera porque era una especie de serpiente o monstruo desagradable.
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Cuando est dormido, coge una lmpara y este cuchillo y crtale la cabeza, le aconsejaron. Cmo no hacer caso a las hermanas mayores. Psique era feliz con su vida aunque ignorara el aspecto de su marido. Pero la duda, el temor y la curiosidad salpicaron su felicidad. Una noche, armada con el cuchillo, encendi una lmpara y la acerc a su marido. Su sorpresa fue inmensa cuando descubri que no era otro que el bello Eros. Psique qued extasiada mientras una gota de aceite de la lmpara caa sobre uno de los hombros desnudos del hombre. Eros se despert sobresaltado y dolorido. Deba haber confiado en l y aceptado la rutina amorosa, era el trato. Pero no, ella le haba traicionado empendose en saber ms de lo necesario. Eros le dijo que por ella haba hecho odos sordos a las rdenes de su madre, toda una diosa. Estaba profundamente enamorado pero no poda tolerar semejante traicin. Su amor estaba acordado y el misterio de quin era l formaba parte de tal acuerdo. Lo que Psique acababa de hacer mereca un castigo y se sera perderle para siempre. Eros se alej silencioso. Los mitos suelen tener la ventaja de la polivalencia, son como una escalera que igual sirve para subir que para bajar. Segn la lectura que se haga de ellos explican un hecho o su contrario. Este mito sirve a muchos para justificar la ruptura de la pareja cuando, con el paso de los aos, se acaban conociendo demasiado y el aburrimiento se instala entre ambos. Tambin podra servir para argumentar que uno puede conformarse con ser feliz en la situacin que tenga, sin empearse en desentraar todos los secretos del amor. Aunque, antes de seguir, habra que tener en cuenta el final de la historia. Despus de superar toda una serie de pruebas que le impuso Venus, incluyendo un descenso al infierno, Psique recuper a Eros y pudieron volver a ser felices juntos. Hasta tuvieron una hija a la que pusieron de nombre Voluptuosidad.
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Por aquel entonces, los del registro civil no eran muy quisquillosos. La ignorancia puede dotarnos de ciertos momentos de calma. Ojos que no ven En todo caso, parece que es mejor ir por la vida conociendo todo lo posible el suelo que se pisa, aunque en ocasiones parezcan arenas movedizas, aunque en ocasiones el conocimiento suponga sufrir. Ahora, una historieta a lo Coelho, con perdn. En cierta ocasin, un campesino que yaca en su lecho de muerte les dijo a sus tres hijos que en el campo que cultivaban haba enterrado un tesoro. A los pocos das, celebrados ya los funerales por el padre muerto, los hijos se lanzaron al campo y cavaron a diestro y siniestro. No encontraron ningn tesoro pero, al ao siguiente, el campo removido dio el triple de cosecha. sa es la intencin de este ensayo. No se promete ni al lector ni a la lectora tesoro alguno, pero se confa en que el mosaico amoroso ofrecido enriquezca sus vivencias romnticas y le permita disfrutar ms del amor. Otro de los mitos a los que suele recurrirse habitualmente al hablar del amor es el de Tristn e Isolda. En un momento de su atormentada historia visitan a un ermitao en busca de consejo y ste les espeta: El amor forzosamente os agita!3 Cunta razn tena. El amor nos lleva y nos trae, nos hace felices o desgraciadas, seres nicos o ninguneados, almas en pena o encumbradas, dioses o diablos. Ha llegado el momento de devolverle el favor y agitarlo un poco. Ah vamos.
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EL AMOR UNIVERSAL
Hay unos mecanismos cerebrales, fisiolgicos y hormonales que explican el proceso del enamoramiento y del amor posterior. Las reas del cerebro que se iluminan al enamorarse estn presentes en cualquier persona y por cualquier torrente sanguneo humano, est en el continente en que est, corren la serotonina, la norepinefrina y la dopamina. Hay toda una serie de mecanismos biolgicos del amor bien identificados. Pero una cosa es cmo funcionemos por dentro y otra cmo nos expresemos por fuera. El amor adquiere formas distintas a lo largo del tiempo y el espacio. Esta capacidad polimrfica del amor sirve para que haya quien afirme que el amor no es universal. Hay quien, por ejemplo, dudaba de que en China existiera4. Curiosamente, era en China cuando en pleno siglo XII, el mismo siglo de los trovadores y el amor corts europeo, se contaba la historia La diosa de jade5. Meilan, una chica de quince aos hija de un alto oficial, se enamor de Chang Po.
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Y l de ella. Chang Po se le declar recurriendo a palabras y promesas que hoy podra usar cualquier enamorado. Pero los jvenes eran de clases distintas y su amor imposible (a alguien le suena este argumento de algo?). Todo acab como el rosario de la aurora, faltara ms, y ella enterrada en el jardn paterno. Entre las lecturas que han servido de base a este ensayo, han sido ms frecuentes las posturas a favor de la universalidad del amor. Diane Ackerman, escritora norteamericana autora de Una historia natural del amor, por ejemplo, repasa profundamente el amor en el Egipto de los faraones. Citando varios poemas de aquella poca, evidencia cmo ciertas caractersticas del enamorado de hoy en da ya se escriban hace milenios: idealizacin del amado, el amor como esclavitud, dificultad para hacer algo que no fuera estar con el amado o pensar en l... La poesa parece poner de manifiesto que el amor ir cambiando a lo largo del tiempo y el espacio pero su trasfondo es siempre el mismo. Por eso, escribe Ackerman, si una mujer del antiguo Egipto apareciera de golpe en alguna ciudad occidental actual mirara desconcertada los coches, los edificios, el humo, los hombres enloquecidos que hablan a un pinganillo que cuelga de su oreja pero si viera a una pareja escondindose para abrazarse lejos de miradas indiscretas, sabra al momento lo que estaba pasando. La antropologa tambin pone de su parte. En un estudio sobre ciento sesenta y seis culturas diferentes, los antroplogos hallaron evidencias de amor romntico en ciento cuarenta y siete de ellas, el 87%6. En el resto no aparece, claro que, tambin podra suceder que el amor romntico en tales casos se expresara de forma que pasara desapercibido para el avispado cientfico occidental. Aunque hubo un antroplogo que encontr una cultura que no amaba. Se llamaba Colin Turnbull y en la dcada de
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los setenta del siglo pasado estuvo un tiempo conviviendo con los Ik, una tribu de cazadores de una rida regin montaosa de Uganda. Al poco tiempo de estar con ellos, el antroplogo, horrorizado, descubri que aquella gente haba perdido su capacidad de amar. A tal cosa, eso s, no se haba llegado por casualidad o incapacidad innata de los Ik. El gobierno ugands les prohibi cazar en el Parque Nacional Kidepo, que forma parte de sus tierras. Eso les supuso quedarse sin su fuente principal de alimento y riqueza. Slo podan cultivar en campos secos y hueros. Desde entonces, el hambre y la miseria se instalaron entre los Ik. Turnbull ilustr el grado de desesperacin que el hambre haba provocado entre estas personas con muchos ejemplos: abandonaban a los nios a los tres aos con la esperanza de que sobrevivieran unindose a las bandas de nios, abran las bocas de los ancianos para quitarles la comida a medio masticar... Tres generaciones despus, ya no exista el amor entre ellos7. La historia de los Ik puede hacernos pensar que el amor ms que una necesidad es un lujo pero, de hacer tal cosa, estaramos equivocndonos. Las necesidades tambin se priorizan. En 1943, el psiclogo norteamericano Abraham Maslow describi su clsica pirmide de necesidades. Esta teora jerarquizaba las necesidades y afirmaba que segn se iban satisfaciendo unas se iban atendiendo las siguientes. El primer escaln es el de las necesidades fisiolgicas bsicas (comer, beber, respirar), el segundo es el de la seguridad, le siguen la afiliacin, el reconocimiento y la autorrealizacin. El amor se incluira en el tercer escaln. Mientras uno de los escalones no est satisfecho, mnimamente, no se puede atender al siguiente, lo que significa que si no estn debidamente atendidas las necesidades bsicas y de seguridad no se podr amar en condiciones. En otras palabras: si una no tiene para comer y se muere de hambre difcilmente se dedicar a tallar corazones flechados e iniciales en la corteza
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de los rboles. El amor podr presentar una base comn pero se expresa de manera diferente en unos sitios y en otros. En la antigua China, una mujer poda llevar a la casa alguna de sus hermanas como esposa de reserva; las parejas esquimales pactan con otras parejas intercambios sexuales y en el Tibet una mujer puede estar casada con varios hermanos a la vez8. Esta disparidad del amor a la hora de concretarse y su imbricacin con las leyes del matrimonio, la moralidad, la economa y la sexualidad, provocan que el amor de un lugar se diferencie tanto del de otro que lleguen a parecer cosas completamente distintas. Hay quien duda de que el amor romntico exista en culturas distintas a la occidental e incluso hay quien duda de que el amor exista en la sociedad occidental actual. El pensador alemn Erich Fromm, dueo de una teora del amor interesante pero muy exigente, afirma que la gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepcin; el amor es inevitablemente un fenmeno marginal en la sociedad occidental contempornea9. Para Fromm, el amor consta de cuidado (preocupacin activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos), responsabilidad (estar dispuesto a responder ante las necesidades y los deseos de la persona amada), respeto (ver al otro como una persona plena, permitir que sea tal como es, algo slo posible desde la propia libertad e independencia) y conocimiento (necesidad bsica de fundirse con otra persona para trascender la prisin de la propia individualidad). Considera el amor un arte que, como todo arte, requiere: disciplina, concentracin, paciencia y preocupacin suprema por dominarlo (uf!). Viviendo como vivimos en una sociedad que busca lo inmediato, lo fcil, el usar y tirar, la visin del amor de Fromm es casi inalcanzable. Segn se entienda el amor, as ste ser ms o menos posible. La sociedad en la que vivimos es una sociedad que, en
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muchos aspectos, es dura e inhspita. En el slvese quien pueda que rige nuestras vidas queda poco sitio para el amor fraternal, filial, paternal, conyugal... La obligacin de trabajar y las jornadas laborales reducen el tiempo en el que un padre puede expresar el amor hacia su hija. Entre facturas, visitas al pediatra, reuniones del AMPA en el colegio, tardes de horas extras y urgencias de ltima hora no hay quien cuele un fin de semana romntico. Con tantas obligaciones que hay que llevar para adelante, quin saca tiempo para estar con los amigos y demostrarles cunto los queremos? Estresados y frustrados con tanto buscar piso, los jvenes amantes pueden caer en el desnimo. Pero que el amor no pueda expresarse ni desarrollarse en toda su plenitud no quiere decir que no exista. Debemos aspirar al amor perfecto, a superarnos, a ser cada vez mejores personas, mejores amantes, pero tambin es bueno saber que hay lmites, a veces casi insalvables. Es posible que los occidentales contemporneos no podamos desarrollar un ars amandi como el propuesto por Fromm. Pero el amor romntico, se exprese con ms o menos finura, con mayor o menor dramatismo, est totalmente presente en nuestras vidas. Es ms, lo que en el siglo XII pareca reservado a reinas, caballeros y poetas es ahora un hecho democratizado. El amor romntico se ha convertido en un fenmeno de masas. Por fin, nos pertenece a todos. Porque, al contrario que los Ik, en buena parte de la sociedad occidental contempornea (aunque ni mucho menos en toda) las necesidades ms urgentes estn suficientemente cubiertas. No necesitamos ser como la reina Dido y arrojarnos al fuego desesperadas de amor porque Eneas se nos marcha. Nuestro amor tampoco tiene por qu ser propio de un mito o un drama shakesperiano. Como dice la cancin: pudo ser un amor del montn / pero todo el montn era mo10. Quizs un hecho pueda poner de manifiesto que el amor romntico se extiende a lo largo del tiempo y del
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espacio, de la sociedad posindustrial a las alturas tibetanas. Como ha sido habitual en casi todas partes durante casi todos los siglos anteriores, los padres nepalenses casaban a sus hijos siguiendo ciertas normas muy estrictas. Pero, desde 1993, el noventa por ciento de los matrimonios se realizan por amor, aunque los contrayentes tengan que huir para casarse. Habra quien pudiera pensar que esto es cosa de la globalizacin. Algo tendr que ver. Es indudable que el fenmeno globalizador est homogeneizando las culturas y haciendo que todas seamos cada vez ms parecidas. Pero entre las causas de esta explosin de matrimonios por amor se encuentran la electricidad, las pelculas de amor autctonas, la enseanza y la alfabetizacin (gracias a la cual, las cartas de amor se han convertido en la ltima moda nepal)11. En todo caso, y para finalizar este captulo, conviene apuntar que al amor romntico al que se har referencia de forma habitual a lo largo del libro ser al de la sociedad occidental actual.
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EL AMOR CATALOGADO
Este libro podra leerse de principio a fin excluyendo este captulo sin que en ningn momento se dude del amor sobre el que se reflexiona. Incluso no hara falta adjuntarle calificativos como romntico, conyugal o de pareja. Con el amor sucede como cuando, de pequeos, el profesor nos preguntaba qu era tal cosa. S lo que es pero no me sale, respondamos. De una manera u otra, todos sabemos lo que es el amor, lo que no significa que no venga bien un captulo como ste, en el que se expondrn algunos intentos de definir con palabras algo tan complejo.
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A la hora de catalogar el amor, la cuestin puede amplificarse hasta lo insostenible o reducirse hasta lo atmico. Si uno empieza a reflexionar acerca del amor paterno, el amor al arte, el amor a la patria, el amor a Dios, el amor a los libros, el amor a la libertad, el amor a los ideales, etctera, podra perderse en un laberinto sin salida. No ser el caso. Lo que nos ocupa es slo el amor romntico, el amor de pareja. Y an as, la cosa no es fcil. Definir algo tan complejo y contradictorio es un cometido reservado a los hroes. Las opciones para salir airoso, ante tal reto, son varias. Si el nimo es suicida, puede uno lanzarse al vaco y elaborar una definicin, y que los dioses lo amparen. Se puede ser ms prudente y, eludiendo la definicin, hablar de las caractersticas del concepto. O, tambin desde la prudencia y un nuevo quiebro a la definicin, se puede clasificar la cosa en categoras. Las dos ltimas son estrategias habituales para no salir muy mal parado al afrontar una misin tan difcil. Hay pocos valientes que hayan arriesgado una definicin. Uno de esos intrpidos es el psiclogo espaol Enrique Rojas para el que el amor es un estado afectivo que lleva consigo un intercambio recproco de conductas positivas, que se manifiestan en la vertiente oral, sentimental, cognitiva, de conducta y asertiva (de habilidad social)12. Cul es el riesgo de una definicin de este tipo? Pues que, o es kilomtrica o deja varios flancos desprotegidos. De verdad que las conductas que se intercambian en el amor son slo positivas? Y esas pequeas miserias humanas propias de todos nosotros: hacer esperar, dar celos, mostrarse orgullo? Las vertientes en las que se manifiesta el amor son varias pero no se incluye la carnal. Y cualquiera le quita al amor romntico la vertiente carnal. Deberamos volver al amor corts del siglo XII, y ni siquiera. La reciprocidad sera otro taln de Aquiles de la definicin. El amor, para desgracia de
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muchos enamorados, no siempre es recproco. El 16 de julio de 1926, el peridico El Sol public un extenso artculo que terminaba as: Si a esta altura resumimos los atributos que del amor se nos han revelado, diremos que es un acto centrfugo del alma que va hacia el objeto en flujo constante y lo envuelve en clida corroboracin, unindonos a l y afirmando ejecutivamente su ser. De esta manera, Ortega y Gasset resuma un puado de ideas acerca de las caractersticas del amor, una de las alternativas prudentes para eludir la definicin del trmino. La frase citada (que aparece en el libro Estudios sobre el amor) era el corolario a un texto de varias pginas en el que se escriban cosas muy interesantes. Al contrario que en el deseo, donde el centro de gravitacin es uno mismo y esperamos que el objeto deseado se nos acerque, en el amor somos nosotros los que nos movemos hacia el objeto, gravitamos hacia lo amado atrados por fuerzas poderosas. El amor es movimiento y el primero que se produce, el que lo desencadena todo, es de carcter centrpeto, es decir, se produce desde el objeto que ser amado hacia el que amar. Es esa estimulacin, ese tiln que nos llama la atencin, ese algo misterioso que hace que veamos a la amada cada vez que cerramos los ojos. Entonces, y una vez haya aparecido el amor, ste se dirigir hacia el objeto amado en un movimiento centrfugo. El movimiento al que se refiere el filsofo espaol no es el movimiento que busca el achuchn, que tambin, sino el movimiento del alma que sale en busca del amado. El proceso de amar no se interrumpe mientras dura, no se ama a chispazos. Se ama de forma continuada como una fuente que no dejara de manar, apunta Ortega. Por si fuera poco, el amor, adems, tiene temperatura. El amor es un sentimiento clido, aunque sus grados centgrados puedan ir cambiando hasta llegar a arder o congelarse. Amar una cosa es estar empeado en que exista, no
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poder vivir en un mundo en el que no est el ser amado. Es evidente que Ortega supo explicar brillantemente varias de las caractersticas del amor poniendo palabras precisas a lo que todos experimentamos en algn momento u otro. Al fin y al cabo, sa es la labor del filsofo. La segunda alternativa de los prudentes es la bsqueda de una clasificacin apropiada. Probablemente la categorizacin amorosa ms citada sea la que hizo Stendhal. El escritor francs distingua cuatro tipo de amores diferentes, todos con cierto carcter de hermosura. El primero de ellos es el amor-pasin. Es el amor que se encuentra en muchos mitos, el de Tristn e Isolda, el de Abelardo y Elosa, el del lector con quien-l-ya-sabe-quin. El segundo es el amor de buen tono. Es un amor idlico, el que forma un cuadro ideal todo teido de rosa y colores pastel y en el que no debe haber nada desagradable. Quizs un amor algo empalagoso a lo Candy Candy. El tercer amor de Stendhal es el amor fsico. Es el amor que se representaba en el anuncio de un refresco gaseoso en el que todas las empleadas de una oficina acudan a la misma hora a una ventana determinada para ver cmo un portentoso obrero con el torso desnudo y sudoroso saboreaba el refresco en cuestin. O, en palabras del propio escritor: en la caza, hallar una guapota y fresca aldeana que huye en el bosque. Se tratara, eso s, de un amor de carcter seco y malaventurado. Por ltimo, est el amor de la vanidad. Se trata de tener por pareja a alguien famoso, rico y/o poderoso. Y si no se puede tener a alguien as, procurar al menos salir con alguien bien visto y popular. Los ejemplos quedan en manos de cada cual. Los griegos no escatimaban en tipologas y tenan casi una docena de palabras distintas para nombrar al amor de pareja, segn fuera de un tipo o de otro. En 1976, el psiclogo John Alan Lee reagrup las variedades griegas de amor alrededor de seis categoras: Eros (el amor romntico, la
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pasin, el sexo, el que se tiene con una pareja exclusiva y especial), Ludus (el amor juguetn, el que revolotea y huye del compromiso), Storg (un amor calmado y tranquilo, de carcter fraternal y amistoso), Mana (el amor que busca poseer, el que no consiente ninguna presencia ajena, el celoso, el obsesivo e irracional; combina ludus y eros), gape (un amor desinteresado, casi espiritual, en el que se es capaz de cualquier sacrificio por el bien del amado, el amor ms como deber que como pasin; combina eros y storg) y Pragma (el amor calculador, el que mide cada movimiento que se da y prev las consecuencias, es un amor contradictoriamente racional; combina ludus y storg)13. Segn el mismo Lee, si las dos partes de la relacin mantienen un enfoque muy distinto del amor, la falta de entendimiento se hace inevitable. Es bueno conocer el tipo amoroso del otro y el de una misma. Para un amante ldico el romance es ms probable con un amante ertico. Y si se tiene por pareja a un amante agpico, hay que estar prevenida: la persona agpica tiende a ser muy generosa y prestar mucha atencin a los dems, por lo que difcilmente seremos el centro14. Las parejas ms duraderas son las estrgicas y las ldicas las ms inestables, aunque lo pasen mejor que ninguna mientras duren. En cuanto a los sexos, las mujeres suelen ser ms pragmticas y estrgicas que los hombres, puntuando tambin ms en mana (celos y posesin); los hombres suelen ser ms erticos y ldicos15. Estos estilos pueden incluso ir sucedindose en el tiempo y una relacin que empezara de forma juguetona podra pasar con los meses a ser una relacin ertica y, despus, tras el matrimonio, los hijos y la hipoteca convertirse en una relacin estilo storg (con alguna gotita de eros o ludus, por favor). Otra teora muy popular es la que Robert Sternberg, psiclogo estadounidense, recoge en su libro El tringulo del
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amor. Para Sternberg, el amor puede ser entendido como un tringulo dentro del cual cada vrtice representa uno de estos tres componentes: intimidad, pasin y decisin/compromiso. La intimidad se refiere a aquellos sentimientos dentro de una relacin que promueven el acercamiento, el vnculo y la conexin. Sternberg enumera hasta diez elementos: deseo de promover el bienestar de la persona amada, sentimiento de felicidad junto a la persona amada, respeto, entendimiento mutuo y etctera. La intimidad, tngase en cuenta, se desarrolla lentamente y es difcil de lograr. La pasin es el estado de intenso deseo de unin con el otro. Incluye las necesidades de autoestima, entrega, pertenencia, sumisin y satisfaccin sexual. Importante: la pasin prospera por el refuerzo intermitente (ahora lo tengo, ahora parece que no). Irnicamente, si el refuerzo se hace permanente, si siempre consigo lo que quiero, puedo perder la pasin. La decisin/compromiso tiene dos componentes, uno a corto plazo y otro a largo plazo. El primero es la decisin de amar a otra persona. El segundo es el compromiso de mantener ese amor. Ambas cosas no tienen por qu pasar a la vez. Uno puede amar sin compromiso de seguir hacindolo y puede no amar y comprometerse a hacerlo (como en los matrimonios arreglados). Sternberg distingue siete tipos de amor: cario (slo intimidad), amor insensato (slo pasin), amor vaco (slo decisin/compromiso), amor romntico (intimidad y pasin), amor compaero (intimidad y compromiso), amor vano (pasin y compromiso), amor consumado (tringulo total: intimidad, pasin y compromiso) y el no-amor (ni tringulo ni nada de nada). Por su parte, Hellen Fisher en Por qu amamos hace su propia clasificacin. Con el fin de dirigir el apareamiento y la reproduccin (dos cuestiones que a primera vista pueden
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resultar muy biolgicas pero que estn ntimamente relacionadas con la trascendencia humana, con el quines somos, de dnde venimos, adnde vamos) evolucionaron tres redes cerebrales primigenias. Una es el deseo, el ansia de satisfaccin sexual, dirigida a que nos apetezca unirnos sexualmente con casi todo el mundo. Otra es el amor romntico, que nos enamora y nos impele a concentrar fuerzas, tiempo y empeos en una sola pareja. Y la tercera es el apego, que es la tranquilidad, el sosiego y la seguridad que podemos acabar sintiendo al lado de alguien sin el cual ya no querremos estar nunca. Yo no s a la lectora, pero al que escribe le suele pasar que despus de leer y estudiar a algunos de estos cientficos que diseccionan y clasifican el amor como si se tratara de una coleccin de mariposas disecadas, tiene sentimientos encontrados. Por un lado valora y disfruta el esfuerzo intelectual pero por otro se acuerda de esa escena de El club de los poetas muertos en la que el profesor estupendo les pide a los alumnos que arranquen la hoja en la que se explica un mtodo matemtico para medir la belleza de los poemas. En ocasiones, resulta muy forzado hablar de algo como el amor en jerga cientfica. Sin embargo, el esfuerzo merece la pena. Por ejemplo, podemos pasar una dulce velada con nuestro amado discutiendo si nuestro amor es ms eros o ludus. O, si pasamos la noche en vela pensando en quien todava no es nuestra pareja y sintiendo una opresin en el pecho, podemos consolarnos sabiendo que es nuestra alma, que nos empuja desde dentro en su movimiento continuo y centrfugo hacia el ser amado. Y, si nuestra noche en vela es con ella al lado despus de la ensima discusin, podemos repasar la receta de nuestro amor, para ver si el fallo est en un exceso de pasin, una falta de intimidad o una dosis insuficiente de compromiso.
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EL AMOR ENAMORADO
El banco del parque es incmodo. Empieza a hacer un fro molesto, de sos que hacen que al da siguiente duelan los riones y los huesos. Oscurece y el entorno se puebla de personajes que no inspiran mucha confianza. Pero para los amantes que se besan todo lo anterior no importa. Es ms, no existe. En su burbuja ficticia, irreal, no existen bancos incmodos, ni fro, ni ladronzuelos de tres al cuarto. Son como los amantes del cuadro de Lichtenstein que ni siquiera necesitan respirar16. El tiempo tampoco existe para ellos. A que no sabes qu hora es? pregunta l. Pues no s, duda ella e intenta calcular las once y cuarto? No, responde l, son casi las tres de la maana. Durante mucho tiempo, esa hora, las once y cuarto, fue para ellos la hora del amor, la ms clara evidencia del poder que nos otorga el enamoramiento: somos capaces de todo, incluso de detener el tiempo. Pero los superpoderes del enamoramiento no duran
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para siempre. Con el paso de los aos y agotados por la vida real que rodea la burbuja fantasiosa del amor, se van apagando poco a poco. Algn tiempo despus de la escena del banco, 18 meses segn los menos optimistas y 3 aos segn los ms optimistas, los amantes volvern a ser siervos del tiempo y el calendario, mirarn atentos el reloj porque se acerca la hora de la toma del beb o irritados porque empiezan a cansarse de la impuntualidad del otro. Hay muchos aspectos del amor que no necesitan ser clarificados. Pero precisamente ste, las notables diferencias entre enamoramiento y amor, s requerira ciertas puntualizaciones. El enamoramiento es la primera fase del amor, es el momento de las emociones fuertes, de las verdades absolutas y de los placeres definitivos. Enamorados nos suceden ciertas cosas muy caractersticas y extraordinarias. Pero no dura siempre. El enamoramiento acaba y deja paso, si todo va bien, al amor. Echemos un vistazo. Una de las obras de referencia ms interesantes sobre esta cuestin es Enamoramiento y amor, del socilogo y periodista italiano Francesco Alberoni17. En las primeras pginas de su libro cita al socilogo Durkheim:
el hombre tiene la impresin de estar dominado por fuerzas que no reconoce como suyas, que lo arrastran y que no domina se siente transportado a un mundo diferente de aquel en el que se desarrolla su existencia privada. La vida en l no es slo intensa, sino que es cualitativamente diferente se desinteresa de s mismo, se olvida de s mismo, se entrega enteramente a los fines comunes En tales momentos, esta vida superior se vive con una intensidad tal y de una manera tan exclusiva que ocupa casi por completo la conciencia, de la que expulsa ms o menos por completo las preocupaciones egostas y vulgares.
Parece una cita evidente sobre el enamoramiento. Pero no. Hay trampa. La cita hace referencia a lo que les suceda a
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los participantes de la Revolucin Francesa! De esta manera, Alberoni defiende su idea de que el enamoramiento es el estado naciente de un movimiento colectivo a dos. Se trata de un fenmeno colectivo similar al que se da en las grandes revoluciones. Con la diferencia de que lo que se produce no es un sindicato, un partido poltico o un grupo guerrillero sino un nuevo nosotros de dos personas. Cuando se est satisfecho con lo que se tiene, una no hace la revolucin, tampoco se enamora. Si lo hace es porque no est conforme, porque quiere rebelarse y cambiar las cosas. Suele existir una situacin previa que prepara para el enamoramiento, una situacin de necesidades nuevas, de carencias y de aspiraciones insatisfechas. El amor gusta de grietas y rendijas para colarse en nuestro interior. No es fcil aceptar que las cosas no funcionan, que lo que ambamos hasta hace poco ya no nos vale. Por eso, porque solemos negar que nuestro mundo no nos gusta, el enamoramiento nos pilla desprevenidos (pareca tan feliz conmigo, dice el esposo traicionado). En la insatisfaccin es cuando uno trama estrategias para asaltar el Palacio de Invierno o para enamorarse. Buscamos, de forma ms o menos consciente, romper con lo que tenemos y unirnos a algo nuevo. Barthes es de la misma opinin: El episodio hipntico (enamoramiento), se dice, es ordinariamente precedido de un estado crepuscular: el sujeto est de algn modo vaco, disponible, ofrecido sin saberlo al rapto que lo va a sorprender18. Este estado de predisposicin al enamoramiento es muy evidente. Seguro que la lectora conoce algn amigo que est loco por echarse pareja. Por las teleseries pululan muchos personajes de esta ndole. Sentimos la necesidad de dar un vuelco a nuestra vida y pensamos que para conseguirlo no hay nada mejor que alguien que nos rescate. La fuerza de este estado naciente es tanta que el
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enamorado puede arrastrar al amado. Es bastante frecuente que sea uno el que se enamore y que sus sentimientos e insistencia acaben por hacer que el otro caiga rendido a sus pies. Pero, cuidado, hay que estar advertidas contra un posibilidad: nuestra predisposicin a enamorarnos es caprichosamente magntica y puede acabar atrayendo a una tercera persona inesperada. Y siendo tres es ms difcil que cuadren las cuentas y ya sabemos que la aritmtica del amor es muy restrictiva. El enamoramiento acta separando unas cosas y uniendo otras. Una se enamora y, desobedeciendo las ms elementales normas de la tradicin, rompe con su familia para casarse con alguien de otro pas, otra cultura, otra fe. Es una verdadera revolucin de dos. Otra se enamora y da por finalizada su relacin de veinte aos con su marido, cambia de ciudad, de trabajo, de pareja, claro, y empieza una nueva vida con la esperanza de, esta vez s, ser feliz. Por esta razn, porque el enamoramiento es trasgresin, tiene tanto gusto por el obstculo y se crece ante la adversidad. Cuanto ms difcil es romper con lo anterior y unir lo nuevo, ms razn de ser tiene el amor. Que se lo digan a un adolescente al que sus padres le han prohibido salir con la vecina de al lado porque no le conviene (me han dicho que sus padres est separados y que ella le da al orujo, un escndalo). Los errores de los movimientos colectivos tambin se dan en el enamoramiento. Atribuir al lder las virtudes del movimiento es un error similar a considerar que la persona amada es la responsable de todo lo que sentimos al enamorarnos. Segn Alberoni, es justo lo contrario, es la experiencia del enamoramiento la que hace especial a la persona amada. Con palabras y formulaciones distintas, son varios los autores que defienden esta idea. Stendhal habla en Del amor del fenmeno de la cristalizacin, que es la operacin del espritu mediante la cual deduce de cuanto se le
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presenta que el objeto amado tiene nuevas perfecciones. El lder sabe lo que nos conviene, l nos conducir a la victoria y a un mundo mejor de la misma manera que nuestro amado es el hombre perfecto y junto a l seremos felices hasta lo increble. Stendhal explica que si uno echa una rama deshojada por el invierno en las profundidades de alguna de las minas de sal abandonadas de Salzburgo y la saca al cabo de dos o tres meses, la encontrar embellecida por hermosos diamantes de sal. Pues bien, dice, dejad trabajar la cabeza de un enamorado durante veinticuatro horas y mirad lo que encontraris. En la cabeza tenemos habitualmente miles de cosas hasta que nos enamoramos. Entonces lo desatendemos todo para concentrarnos slo en ella, en descifrar qu nos quera decir con esa mirada de reojo que nos ech al salir del trabajo o en recrearnos con ese trozo extra de piel prometedora que el escote nos dej entrever. Como atendemos slo a una cosa, el resto desaparece y la amada se hace gigante, gigante, hasta ocupar todo nuestro pensamiento. Al tener ms presencia tiene ms importancia y ms afecto, se va haciendo perfecta, se cristaliza, se convierte en la lder indiscutible de nuestra revolucin y todo lo bueno que nos pasa se lo debemos a ella. El estado naciente es, por definicin, transitorio, advierte Alberoni. No es un estar, es un ir hacia. Cuando todo funciona bien, el enamorarse termina en el amor. La relacin que existe entre el estado naciente y la institucin (noviazgo, matrimonio) es la misma, apunta Alberoni, que entre volar y volver a poner los pies en tierra firme, la relacin que hay entre la flor y el fruto. Hace un tiempo, discutamos los amigos sobre el amor, en un versin humilde de El banquete del filsofo griego Platn. Uno de nosotros defenda que l segua amando a su mujer como siempre. La nica diferencia, puntualizaba, era que al principio tena dudas de poder conseguirla y ahora estaba seguro de tenerla. No es
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una diferencia pequea. En la obra del filsofo griego, Scrates explicaba que igual que uno es hijo en funcin de que tiene padres, el amor existe en funcin de algo. No hay amor si no hay objeto amado. Pero posee el amor la cosa que desea o no la posee? se pregunta. Agatn le responde que lo ms verosmil es que no la posea. No se puede desear lo que ya se tiene (si, por ejemplo, alguien que posee salud y riqueza dice desearla, lo que est queriendo es mantenerla en el futuro). Concluye Scrates que el Amor es amor de alguna cosa, y, en segundo lugar, de una cosa que falta. La idea no es que el amor desaparezca una vez conseguido el objeto amado sino que se transforma, avanza a un nuevo estadio. Parece evidente que no se siente lo mismo a lo largo de una relacin de pareja (y ms si es de las largas). La emocin del principio, los nervios por lo que pueda pasar, las dudas que mutilan margaritas acaban dando lugar a otro tipo de sentimientos y momentos. Y no hacen falta juicios de valor. No tiene sentido preguntarse qu es mejor si la flor o el fruto como no tiene sentido preguntarse qu es mejor el estado naciente o la institucin. Pasados los efectos del filtro amoroso (ver la historia de Tristn e Isolda narrada en el captulo dedicado al amor eterno), se debilitan los superpoderes y el mundo ficticio de los enamorados se difumina. El amor debe entonces convivir con las leyes de la fsica, del mercado, de la sociedad, de la razn Los amantes de Liechtenstein deben retornar a la superficie y volver a respirar. Llega as uno de los puntos crticos del amor. Como la multitud tiene que meterse siempre en lo que no la llaman, la sociedad institucionaliz el recorrido que va del noviazgo al matrimonio para asegurarse el paso del enamoramiento al amor. Pero hay que apuntar que no tiene por qu producirse necesariamente tal paso. El enamoramiento puede acabarse sin producir amor. Y un amor verdadero y fuerte puede surgir de una relacin tranquila y
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placentera, seala Alberoni. Pudiera ser, a estas alturas del captulo, que hubieran surgido dudas sobre las diferencias entre enamoramiento y amor. Por si as fuera, un par de diferencias pueden ayudar a aclarar las cosas. Durante el enamoramiento, embellecemos al amado con todo tipo de perfecciones, creando una ilusin que de ninguna manera se puede corresponder con la realidad. Tarde o temprano, los diamantes de sal desaparecern y nuestra amada se nos mostrar tal cual es. Amar a alguien perfecto es imposible porque no hay nadie perfecto. Al contrario, el amor perfecto, si es que existe, sera aquel capaz de sobreponerse a los defectos de la persona amada19. La psicloga espaola Isabel Menndez lo explica as: Mientras en el enamoramiento el otro nos hace sentirnos plenos porque tenemos la ilusin de que nos completa, en el amor el otro es una persona de carne y hueso a quien amamos en su totalidad, con virtudes y defectos; es alguien al que no distorsionamos para que se adapte a lo que deseamos20. Poder detener el tiempo puede estar bien, pero vivir con los pies en la tierra acaba siendo ms rentable a la larga. Hay una diferencia decisiva. El enamoramiento es un estado y el amor una accin. Denis de Rougemont, socilogo e historiador suizo, se refiere al tema con rotundidad: se sufre un estado, pero se decide un acto21. El amor supone la llegada de la voluntad y de la razn, aunque pueda sonar contradictorio y le chirre a ms de una. Durante el enamoramiento somos raptados por la pasin, el mundo se vuelve irreal, en nuestra cabeza slo hay una persona cristalizndose y hacemos planes de revolucin. Las circunstancias nos llevan de ac para all. Nos enamoramos sin saber cmo ni por qu. Flotamos por el aire porque ni la gravedad tiene que ver con los enamorados. Hasta que, sin darnos cuenta, tocamos tierra y el enamoramiento deja paso al
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amor. Entonces es cuando actuamos, decidimos vivir en pareja, pasar por alto los fallos del otro o dialogar para cambiar lo que no nos gusta, tener hijos, cambiar de ciudad Pasamos de ser vctimas del enamoramiento a protagonistas del amor. Una sugerencia final. Habra que estar atentos para ver cundo se nos posan los pies en el suelo. Precipitarnos podra ser imprudente. El escritor estadounidense George Bernard Shaw adverta: Bajo la influencia de la ms violenta, ms insensata, ms engaosa y ms transitoria de las pasiones, se les exige [a los amantes] que juren que permanecern continuamente en esa condicin palpitante, anormal y agitadora hasta que la muerte los separe22. All cada cual.
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EL AMOR BIOLGICO
Algn lugar habitado de la Tierra. Hace miles de aos. Una partida de caza tiene rodeado a un animal salvaje. Si tienen suerte, esa noche se darn un festn. Si no, llorarn a los muertos. Se lanzarn contra la bestia a la seal del jefe. Cualquier descuido puede ser fatal. Por suerte, fulano ya no mira con desconfianza a mengano. Y zutano ya no odia a sus compaeros. Ahora, gracias a la decisin de la tribu de imponer las relaciones mongamas, cada cual sabe quin es su pareja y todos tan panchos a la hora de salir a cazar. Se acabaron los malos rollos de la promiscuidad. As, ms o menos, fueron las cosas segn el zologo y etlogo britnico Desmond Morris23. Siglo XII. La hereja ctara recorre Europa procedente de Oriente. En el midi francs, los trovadores, quintacolumnistas de la nueva religin, cantan al amor corts.
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Varios de ellos escriben su propia versin del romance de Tristn e Isolda, con su pcima de amor, su adulterio, su espada entre los cuerpos desnudos de los amantes y su muerte liberadora. Los ctaros fueron aniquilados pero el mito de los amantes desgraciados (y adlteros) se asienta en la conciencia de los europeos y da lugar al amor romntico occidental. As, ms o menos, fueron las cosas segn Denis de Rougemont, La intimidad de cualquier hogar, la fecha que sea. Un nio observa cmo su madre besa a su padre. Algo en su interior burbujea de rabia. Acaba de descubrir la traicin, la ms vil de las traiciones. Su propia madre le engaa con su propio padre. Es el ineludible tringulo edpico. El nio tendr que resolverlo durante sus tres primeros aos de vida y de cmo lo haga depender toda su vida posterior y, muy especialmente, cmo ame y se deje amar. As, ms o menos, son las cosas segn los psicoanalistas freudianos. Hay muchas versiones que explican el amor y las relaciones de pareja. Tambin hay una versin biolgica que deja huecos estrechos para que se cuelen interpretaciones y cuestionamientos. No es que no puedan hacerse pero si un neurlogo explica que al ver la foto del amado se ilumina tal parte del cerebro de la amante y, para colmo, ensea la imagen obtenida por resonancia magntica funcional, o como se diga, a ver quin es el guapo que se lo discute. Cuestin de volumen24 (bebs cabezones y el amor) Despus del fuego, cambiaron muchas cosas. Incluida la dieta humana. No es lo mismo comer los alimentos crudos que cocinados. El fuego elimina toxinas y microorganismos y hace que la digestin sea mucho ms fcil. Por lo tanto, no hace falta invertir mucha energa en la digestin y la que antes consuman estmago, hgado, intestinos y dems, pudo redireccionarse al cerebro. Y no hay nada como la energa
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para que un rgano mejore y crezca. Especialmente el cerebro, que para esto es muy suyo: a pesar de que representa slo una parte muy pequea de nuestro peso corporal, consume hasta una cuarta parte de la energa metablica y casi la mitad de nuestra glucosa en sangre. Cocinamos la comida y nos volvimos ms inteligentes, qu cosas. Nuestro cerebro se fue expandiendo y fuimos siendo capaces de cada vez ms cosas, entre ellas amar complejamente. Pero al hacernos inteligentes nos hicimos tambin cabezones, especialmente los nios y nias. Cada cara tiene su cruz. El tamao del crneo de los bebs lleg a los 800 centmetros cbicos y se encendieron todas las seales de peligro. El canal del parto era estrecho y la pelvis deba conservar su tamao para permitir la marcha en posicin erecta. Qu hacer frente a lo que Fisher denomina el dilema obsttrico? La evolucin reflexion y dio con la clave. Naceris antes, anunci. Su sugerencia se cumpli despus de que muchas madres murieran al dar a luz y sobrevivieran slo aquellas a las que se les adelant el alumbramiento. Bien, las madres ya no moran en el parto pero los bebs nacan indefensos y muy inmaduros. Cualquier tiempo pasado fue mejor, debieron pensar estas mujeres. Antes, cuando vivamos en los rboles y andbamos a cuatro patas, todo era ms fcil. Te echabas el beb a la espalda y a correr. Pero, ahora que hay que llevar al beb en brazos, apenas se pueden usar las manos y hace falta una pareja masculina que ayude en casi todo. Por si fuera poco, nacen los bebs indefensos e inmaduros. Y aqu no acaba el asunto porque la duracin de la infancia se multiplic por dos. En el siglo XXI los padres se quejan de que los hijos no se van de casa hasta pasados los treinta. Por aquel entonces, se quejaban de que los primos chimpancs completaban la pubertad a los diez aos de edad, mientras que los hijos humanos no completaban su
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maduracin hasta los 18. La crianza de los hijos se convirti en una carga excesiva para uno solo, afirma Fisher. As que haba que buscar pareja estable y ser muy estricta en la eleccin. Los cerebros humanos empezaron a potenciar las habilidades del cortejo, entre las que se incluyeron la msica, la poesa y otras artes. En opinin de Fisher esta mayor necesidad de buscar a una pareja duradera dio lugar a los circuitos cerebrales del amor romntico. Redes cerebrales (los reptiles y el amor) Hellen Fisher y sus colaboradores fotografiaron el cerebro de un grupo de personas enamoradas y descubrieron que, al mirar la foto del amado, el ncleo caudado se llenaba de sangre y se iluminaba como un rbol de navidad. Esta regin cerebral forma parte del sistema de recompensa del cerebro, la red mental que controla la excitacin sexual, las sensaciones de placer y la motivacin para conseguir recompensas. Ya lo dijo Scrates al afirmar que el Amor era amor por algo que no tenamos y que queramos conseguir. El ncleo caudado discrimina entre varias recompensas, elige a la que cree que ms nos conviene y elabora las mejores estrategias para conseguirla. Sirva para lo que sirva, ya sabemos que es cosa de nuestro cerebro reptiliano (as se llama tambin al ncleo caudado) idear mandar un SMS con un bello poema de amor o planificar un fin de semana romntico en una casa rural. El amor es cosa del cerebro. Las tarjetas de San Valentn siguen adornadas con el rgano equivocado. Que alguien les diga a sus fabricantes que ya va siendo hora de actualizarse. En Londres, un poco antes de que lo hicieran Fisher & ca, se public un trabajo cientfico parecido con resultados similares. Con la diferencia de que los londinenses haban
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encontrado actividad en otras partes del cerebro de los enamorados: en la corteza cingulada anterior y la corteza insular (quin pondr estos nombres entre poticos e imposibles?). Son partes del cerebro que, entre otras cosas, se relacionan con la conciencia del estado emocional propio, con la capacidad de evaluar los sentimientos de los dems, con la atencin y la memoria relacionada con el trabajo. Los sujetos de Fisher no mostraban actividad en esas regiones. Por qu? La razn era evidente y la ofrece ella misma: los del estudio ingls llevaban enamorados alrededor de 2,3 aos y los del estudio estadounidense alrededor de 7 meses. La conclusin derivada es que, segn la antroploga, a medida que una relacin se alarga, las regiones cerebrales asociadas con las emociones, la memoria y la atencin empiezan a responder de forma diferente. El amor cambia con el paso del tiempo y el escner lo confirma. Lo que todava no queda claro a los cientficos es qu va haciendo cada parte del cerebro conforme avanza la relacin. Se admiten suposiciones y hasta el escritor se va a atrever a hacer una. Conforme pasan los meses, la relacin evoluciona, pasa del rapto inicial del enamoramiento al aterrizaje de los pies en el suelo. Lo que empez como algo irrefrenable pasa a ser una relacin en la que interviene la voluntad y tenemos que poner en juego nuestra habilidad para procesar los sentimientos del otro, la atencin para descubrir qu le gusta y qu no, el esfuerzo para mantener los pequeos detalles o no usar ese tono de voz que tanto le disgusta. Y para todo eso hay que ir activando nuevas regiones cerebrales que en el loco enamoramiento no tenan nada que hacer. El ncleo caudado brilla como el nen cuando se mira la foto de la amada. Y el ncleo caudado se relaciona con la motivacin y las conductas dirigidas a conseguir un objetivo. Esto da que pensar, especialmente a los neurlogos que dirimen las cuentas pendientes entre emociones e impulsos.
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Las motivaciones, segn Fisher, pueden definirse como sistemas cerebrales orientados a la planificacin y la persecucin de una necesidad o un deseo especfico. Mientras que las emociones vienen y van (por la maana me siento feliz y capaz de todo y al rato vuelvo a estar deprimido), el amor se mantiene tenaz como l slo. Mientras que las emociones se relacionan con muchos objetos (me dan asco tantas cosas: las cucarachas, los pelos de gato, algunos discursos polticos), el impulso romntico se concentra en una recompensa: el ser amado. Mientras que las emociones, al menos las bsicas, se reflejan en expresiones faciales concretas, el amor romntico, como impulso que es, no se asocia con ninguna expresin determinada. Y mientras que las emociones son ms o menos controlables, el amor romntico es un caballo desbocado al que no hay quien le ponga las riendas. Ahora bien, el que un impulso sea difcil de controlar no significa que sea incontrolable. Si una puede aguantarse la sed y hasta hacer huelga de hambre, tambin puede actuar a voluntad por mucho amor que la impulse hacia el ser amado. El amor romntico sera entonces un impulso aderezado con todo tipo de emociones: alegra cuando la mano de ella nos roza en un descuido, miedo cuando pasan los das y no llega ningn correo electrnico, celos cuando mira a las otras Y, seguro que todos lo intuamos, se trata de un impulso ganador, capaz de imponerse a otros impulsos insignificantes como el de dormir o comer. Hormonas (el carbono, el hidrgeno y el amor) Los cientficos suelen tener la costumbre de ponerse contentos por cosas que al resto dejan indiferentes o, a lo sumo, aturdidos. La doctora Fisher fue muy feliz al descubrir que el rea ventral tegmental se activa como loca en los que
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aman. Resulta que el rea ventral tegmental es la que se encarga de repartir la dopamina, una hormona, por todo el cerebro y resulta tambin que la doctora sostena la hiptesis de que el amor romntico est asociado con niveles altos de dopamina y/o norepinefrina. A todos nos gusta llevar razn. Fisher formula su hiptesis de esta manera: el eje central del amor romntico est provocado por altos niveles de dopamina o de norepinefrina, o de ambas a la vez, as como por la disminucin de los niveles de serotonina. La dopamina, en niveles altos en el cerebro, produce una gran concentracin de la atencin, una motivacin de hierro y una conducta dirigida a un fin concreto. Esta hormona se asocia tambin a estados de xtasis y euforia y a cosas propias de enamorados como hiperactividad, insomnio, prdida de apetito, ansiedad Explicara incluso las relaciones de dependencia porque todas las adicciones se relacionan con altos niveles de dopamina. La norepinefrina tiene efectos variados pero muchos de ellos son similares a los de la dopamina. Entre otras cosas, podra explicar por qu los amantes son capaces de recordar hasta el ms mnimo detalle de aquella noche de pasin en la playa bajo las estrellas de los dos hemisferios reunidas slo para ellos y arrullados por los susurros del mar alcahueto. Y es que esta hormona se relaciona con la capacidad de recordar estmulos nuevos. La serotonina, en concreto un nivel bajo de la misma, se relaciona con trastornos obsesivos, como para muchos es el amor. En 1999, unos cientficos italianos estudiaron a 60 personas. Un tercio haban estado enamorados durante los ltimos seis meses, otro tercio sufra trastornos obsesivoscompulsivos y el tercio restante, el grupo control, ni una cosa ni otra. El resultado, explica Fisher, mostraba que los dos primeros presentaban niveles mucho ms bajos de serotonina que el grupo control.
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Pero an hay ms: testosterona, oxitocina, vasopresina Recuerde el lector que Fisher distingua tres redes cerebrales que dirigan el apareamiento y la reproduccin: deseo, amor romntico y apego. El primero se relaciona con la testosterona, el segundo con la dopamina, norepinefrina y serotonina y el tercero con la oxitocina y la vasopresina. La sustancia encargada de despertar y regular el deseo sexual es la testosterona. Hay relacin directa entre los niveles de testosterona en sangre y la libido. Los atletas que se hormonan y las mujeres que toman testosterona en la menopausia tienen ms deseo sexual. Lo mismo les pasa a los chavales de veintitantos aos o a las mujeres en torno a los das de ovulacin, tienen ms hormona circulando y la sangre se les altera en una primavera sin fin. Un dato para la esperanza: a medida que los estrgenos disminuyen con la menopausia, la testosterona empieza a quedar al descubierto y puede expresarse sin tapujos. En otras palabras: el sexo no entiende de edades. La oxitocina y la vasopresina producen muchos de los comportamientos relacionados con el apego (la relacin de pareja larga en el tiempo, ms calmada y segura que la primera poca del enamoramiento). La vasopresina se relaciona con el instinto paternal y la oxitocina (que se libera tanto en el parto como al dar de mamar) se relaciona con el instinto maternal. Ambas sustancias se liberan durante la estimulacin de los genitales y de los pezones y durante el orgasmo, contribuyendo, en palabras de Fisher, a esa sensacin de fusin, cercana y de apego que se siente despus de haber disfrutado de una agradable encuentro sexual con el ser amado. Lo ms sorprendente es la relacin entre todas estas hormonas. Fisher lo denomina, con mucho ingenio, la trama del amor. La dopamina puede liberar testosterona, lo que
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quiere decir que al enamorarnos, antes o despus, anhelamos el encuentro carnal con la amada. Al revs no tiene por qu pasar pero puede ocurrir. La actividad sexual puede aumentar los niveles de dopamina y norepinefrina y, hala, ya estamos liados. Lo que comenz como un rollo sin compromiso, acaba envuelto en romanticismo y en boda a la que uno se descuide. Ms complicada es la relacin entre la qumica del deseo y la del apego. La testosterona puede liberar oxitocina y vasopresina y favorecer el apego. Las llamadas hormonas del abrazo tambin pueden desencadenar a la del sexo. Y lo contrario: la qumica del apego puede reducir a la del deseo y, por eso, apunta Fisher los hombres y mujeres que forman matrimonios estables pasan menos tiempo en su habitacin haciendo el amor. Por su parte, la dopamina y la noreponefrina pueden estimular la produccin de oxitocina y vasopresina, pero, atencin, stas ltimas pueden resultar algo desagradecidas y provocar una disminucin de la actividad de las primeras. Lo que ya sabamos, vamos: el amor romntico acaba produciendo apego y el apego, a la larga, tranquiliza y difumina al romanticismo. Y, ahora, despus de tanto mareo, un par de biodraminas. Un dato final, tambin ofrecido por Fisher, que es necesario tener en cuenta: el fluido seminal puede potencialmente contribuir a la pasin romntica. Este fluido, adems de transportar los espermatozoides, contiene dopamina y norepinefrina. La eyaculacin masculina tiene tambin testosterona, varios estrgenos que contribuyen al orgasmo femenino, oxitocina y vasopresina. Es decir, se trata de un prodigioso tres-en-uno que ofrece a la vez las hormonas del deseo, el amor romntico y el apego. Ah es nada. Es probable que, llegados a este punto, ms de una se haya removido en su silln despus de leer tanto trmino
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anatmico y fisiolgico. Hay quien piensa que esto desmitifica al amor y lo convierte en una mera cuestin de reproducirse para sobrevivir porque as lo ordena la Madre Naturaleza. Pero, en opinin del escritor, saber cmo la aguja del tocadiscos traduce los surcos de vinilo en sonido no le quita ni un pice de emocin a la msica.
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EL AMOR CULTO
A modo de prlogo del captulo: cultura es una de esas palabras que, segn quin la pille, la usa para apaar un roto o un descosido. El amor culto no hace referencia, ni mucho menos, al amor de los cineastas o al de los catedrticos. Este captulo se refiere al amor que resulta de la cultura, entendiendo cultura como el conjunto de respuestas que un grupo de personas dan, en un sitio y momento determinado, a las situaciones con las que se enfrentan. Cultura es el hecho de que las abuelas cren a los nietos porque el padre y la madre quieren/deben trabajar. Cultura es cmo la msica evoluciona y recoge influencias de la moda textil o del cine. Cultura es que los jvenes no se vayan de casa hasta mucho despus de dejar de ser jvenes y que hagan botelleo porque la borrachera sale ms barata. Cultura es que las parejas homosexuales ya puedan casarse porque despus de unas elecciones un gobierno ha hecho una ley que permite tal cosa. Cultura es hacer autovas amplias para poder llegar antes a los lugares de veraneo. Y un largo etctera. De lo anterior deriva algo muy
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importante: nadie es ms culto que nadie. Habr gente que carezca de formacin reglada pero no hay nadie inculto. Opinemos lo que opinemos de la cultura del vecino, todos tenemos de eso. Fin del prlogo. A veces nos empeamos en enfrentar cosas que no son contrarias y en resolver enigmas que no son tales. El debate cultura versus biologa es un debate que viene de lejos. Desde el pensamiento progresista ha existido cierta prevencin, y hasta tiricia, por las cuestiones genticas. Parece que si uno empieza por dar crdito a la influencia de los genes en la conducta debe acabar, s o s, afirmando que las personas grises son ms valiosas que las naranjas porque el dimetro de su rtula es superior. No hace falta llegar a tanto. Nuestra conducta, y todo lo humano que nos rodea, es el resultado de la interaccin ntima de biologa y cultura. Incluso a veces es difcil delimitar qu se debe a qu, porque llega el momento en que un comportamiento meramente cultural acaba dejando huella gentica y transmitindose generacin tras generacin. Unos amigos le contaban al escritor que, a pesar de su cuidadosa educacin no sexista, su hija, de cuatro aos, se vuelve loca por las barbies y los complementos de color rosa. Es cosa del cromosoma X o es que las influencias culturales son tan escurridizas que se cuelan incluso entre las rendijas de la ms cuidadosa coeducacin?25 La cuestin es tan difcil de resolver que es conveniente llegar a la solucin de compromiso de que ambas influencias estn presentes. Nadie se va a poner a discutir ahora que comer es una necesidad bsica y un instinto. Pero hemos sido capaces de transformar ese instinto en alta cocina a base de alimentos deconstruidos26. Lo mismo con el amor. El beso a la francesa es biolgico o cultural? Segn Desmond Morris, el beso con lengua procede de la costumbre de las madres primitivas de alimentar a sus cras pasando de su boca a la de
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ellas la comida ya triturada, con el consiguiente intercambio de saliva y contacto mutuo de lengua y labios. La biologa se culturiza y la cultura acaba impregnada en los genes27. Es a la hora de dilucidar quin puede ms en caso de conflicto, si el gen o la cultura, cuando se llega a los momentos ms tabernarios. Y si hace falta se resuelve a cuchillo. Cuando se habla de la influencia de lo natural en el comportamiento humano, la bicha del determinismo biolgico se deja ver. Con muy mala intencin, la escritora y videoartista norteamericana Laura Kipnis afirma: Cuando los sociobilogos empiecen a cagar en sus patios traseros despus de cenar con sus invitados del vecindario, quiz resulten ms persuasivas sus teoras de que lo innato prima sobre lo cultural28. Para Kipnis, desde el discurso biolgico se presenta al hombre como un simio asesino y a la mujer como una trtola nutricia. Pero aceptar la influencia de los imperativos evolutivos y del gusto del hombre por las caderas anchas como indicio de que la mujer dar bien a luz, no implica que se tenga que reconocer que el hombre mata a su pareja femenina porque un gen se lo ha susurrado al odo. Cosa que, por otra parte, no lo exculpara en lo ms mnimo. No se trata de buscar la equidistancia, algo que este escrito detesta, sino de reconocer que la dopamina puede disparatarnos la atencin y volvernos insomnes, al tiempo que podemos decidir cambiar de ciudad para olvidar. Pareca que no pero el escritor tambin tiene opiniones propias: en caso de conflicto, la cultura puede, y debe, imponerse al gen. Que el amor se exprese segn la cultura propia de la persona, indica que se trata de una conducta aprendida. Tomamos, del entorno en el que vivimos, actitudes, habilidades, informacin y con todo ello aprendemos una manera de concretar el amor. Algunos, como Franois de La Rochefoucauld, filsofo francs del siglo XVII, estn convencidos de esto hasta el punto de afirmar que hay gente
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que no se habra enamorado si nunca hubiera odo hablar del amor29. Esto sera el colmo de la postura pro-cultura. Imagnese el lector una especie de Gran Hermano donde naciera un beb al que se le hiciera crecer en un ambiente controlado en el que el amor romntico se ocultara. Qu hara nuestro protagonista al llegar a la pubertad? Se enamorara de la chica neumtica que se sienta al lado suyo en clase? Tonteara con algn compaero en el gimnasio? Crecera inmune a las desdichas del amor romntico y pasara de todo? La situacin permite varios finales. Casi con toda seguridad, acabara sintiendo la necesidad de unirse a alguien con quien compartir su intimidad. Y, sin ningn tipo de condicionamiento previo (que es lo que finalmente resulta ser la cultura), estara en disposicin de disear su propia forma de amar. Pero la situacin anterior es completamente imposible. El amor est por todas partes y es imposible crecer sin su influencia. La cultura se nos ensea por infinidad de canales: desde el ejemplo de los padres (en todas las combinaciones parenterales posibles), hasta la televisin, el cine o la literatura. Es posible que esta ltima est perdiendo terreno pero su aportacin a la versin occidental del amor romntico es determinante. Ya sabemos que segn Denis de Rougemont amamos como amamos porque los trovadores del s. XII cantaron al amor corts (devocin pasional, intimidad entre los amantes, gusto por lo prohibido y los obstculos, deseo contenido, elogios conmovedores, secretos compartidos.). El amor es eminentemente cultural y el mito de Tristn e Isolda nos influye mucho ms que el nivel de dopamina en sangre. La influencia de la literatura volvi a ser decisiva en el siglo XVIII. Nuestra versin del amor romntico es, para muchos entendidos, una conducta aprendida que se puso de
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manifiesto a finales de dicho siglo (especialmente el matrimonio por amor). La obra sealada es una novela epistolar del escritor francs Jean-Jacques Rousseau y se titula Julia o La nueva Elosa (en referencia a la Elosa que en el siglo XII se enamor de Abelardo). Con esta novela se recuperaron algunos de los elementos de los mitos fundacionales del amor romntico occidental. Pero mientras que antes todo terminaba con la muerte trgica de los amantes, la novela del francs acababa en matrimonio. La institucin acoga y bendeca al amor, por fin. La nueva Elosa era bastante nueva, especialmente por el final completamente distinto al que sufri la antigua Elosa. Abelardo naci en Bretaa, en 1079. Encamin sus intereses intelectuales hacia el sacerdocio, tampoco tena muchas alternativas, y en pocos aos consigui ser director del claustro de Notre-Dame. A los cuarenta aos, conoci a la sobrina de un vecino. Se llamaba Elosa y tena 17 aos. Los dos se enamoraron locamente, cmo no. Abelardo se convirti en su tutor y, al parecer, pasaban la noche entre libros haciendo el amor hasta el amanecer. Ejemplo de la carnalidad no reconocida del amor de aquellos siglos. Llevaron poco cuidado y el to de Elosa los descubri. Abelardo propuso que se casaran en secreto pero Elosa se neg porque algo as podra destruir la carrera de su amado y acabar con su amor! (por entonces se pensaba que el matrimonio era incompatible con el amor). A pesar de ello, acabaron casndose. Para acallar rumores, Elosa se march al convento donde haba sido educada de nia. Abelardo la visitaba a menudo. La pasin los dominaba y, mientras Elosa vesta los hbitos, hacan el amor en el refectorio y en la propia iglesia. Escandalazo. El to de Elosa clamaba venganza por la deshonra y plane un justo castigo para Abelardo. l mismo lo cuenta as: Una noche, tras haber corrompido con dinero a un siervo
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mo, me sorprendieron mientras descansaba tranquilamente en una habitacin apartada de mi casa, y me castigaron con la ms cruel y vergonzosa de las venganzas, de lo que todo el mundo se enter con estupor; me cortaron la parte del cuerpo con que haba cometido aquello con lo que se haban sentido agraviados30. Abatido y castrado, Abelardo se retir a la abada de Saint Denis y le orden a Elosa, que entonces tena 19 aos, que se hiciera monja y se mantuviera casta el resto de su vida. Pasaron diez aos separados, sin saber nada el uno del otro. Despus de lo cual, volvieron a coincidir y empezaron un intercambio de cartas tan apasionadas y dulces que se han convertido en referencia para todos los enamorados del mundo. En una de ellas, Elosa le reconoci a Abelardo que amarle a l era ms importante que amar a Dios. Esto enoj mucho al religioso y volvieron a distanciarse. Cuando l muri, ella pidi y consigui una carta de absolucin para los pecados de su amado. Elosa muri 20 aos despus y fue enterrada en la misma tumba que Abelardo. En aquellos das, se cont que los brazos de l se abrieron para recibirla con un abrazo. En el siglo XVIII hubo otra innovacin cultural va literatura digna de ser mencionada, al menos para Laura Kipnis: la repugnancia sexual. Resulta que en la novela Orgullo y prejuicio (de Jane Eyre), la protagonista, Charlotte, siente asco al acostarse con su marido, que al parecer es algo repelente, y as se lo cuenta a sus amigas. La muchacha en cuestin se haba casado en un enlace de conveniencia. Ruth Perry (citada por Kipnis), estudiosa de la literatura, afirma que hasta ese momento no hay muestras de nada parecido. La repulsin ante una relacin sexual es una respuesta aprendida y condicionada socialmente. Se trata de una especie de control social de la fidelidad, una, si se permite la exageracin, ablacin cultural del cltoris. As es como lo describe Perry:
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Si las mujeres tenan que perpetuarse como la propiedad sexual de un nico hombre, tenan que ser adiestradas para sentir repugnancia hacia las relaciones fsicas con cualquier otro. La repulsin femenina al sexo (esta noche no, cario, que me duele la cabeza), la fidelidad y el matrimonio por amor son productos culturales. Somos menos originales de lo que nos creemos, es lo que tiene la cultura: que Werther se suicida, todos a suicidarse; que a Charlotte le da asco el sexo con su marido, todas a ser mongamas; que Elosa (la nueva) se casa por amor, todos al altar. Esto se hace muy evidente cuando uno se atreve con sus primeros poemas de amor. Las metforas habituales (los dientes-perlas o tu-pelo-negro-como-lanoche) se copian y al hacerlo estamos tambin copiando una forma de sentir y amar. Ahora ni siquiera hace falta copiar: manda poema al 55555 y recibirs en tu mvil lindos poemas de amor para enamorar a quien t quieras. Y es que, si en la era literaria era difcil ser original, ahora es casi un imposible. La cultura occidental es una cultura de masas, a lo bruto, y con ansias expansivas. Va cine, televisin e internet, vamos camino de homogeneizar la cultura y acabar todos como si estuviramos hechos en serie. El discurso es algo tremendista y exagerado pero no est exento de razn. El amor se nos ofrece precocinado y envasado al vaco. El guin est escrito de antemano y a nuestra disposicin en cualquier teleserie o comedia romntica de Hollywood. Kipnis, en su libro contra el amor, describe a lo largo de ocho pginas (ocho!) un catlogo de prohibiciones sobre las que se asientan las relaciones de pareja. Al escritor se le pusieron los pelos como escarpias al leer entre lo prohibido lo siguiente: no puedes simplemente colgar a los operadores de telemarketing, tienes que ser educado. l que se crea original y no lo es ni siquiera en sus reproches. La
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coincidencia en este tipo de detalles revela lo mucho que la cultura nos iguala. (El escritor se juega el meique izquierdo a que casi todas las prohibiciones presentes en la lista son comunes a la inmensa mayora de parejas). En su Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes define el trmino topos de la siguiente manera: el ser amado es reconocido por el sujeto amoroso como topos, es decir inclasificable, de una originalidad incesantemente imprevisible. Barthes defiende que es preciso conquistar la originalidad de la relacin porque la mayor parte de las heridas me vienen del estereotipo: estoy obligado a hacerme el enamorado, como todo el mundo, a estar celoso, abandonado, frustrado, como todo el mundo. La cultura nos arrastra a un solo tipo de amor pero qu pasa si no es el que nos satisface? Debemos hacer lo que todo el mundo hace porque, al fin y al cabo, si lo hace todo el mundo ser porque es lo mejor. Si nos satisface ms o menos es una cuestin secundaria31. La originalidad no debe ser una nueva imposicin pero s la consecuencia de una eleccin libre en el amor. Echamos pestes del posible determinismo biolgico y nos descuidamos ante la cultura homogeneizadora y aplastante. Si nuestra voluntad es capaz de imponerse al imperativo biolgico, tambin podr hacerlo ante la cultura monoltica. No faltan los ejemplos de valientes. El peridico El Pas public una noticia encabezada con el siguiente titular: Una lesbiana desafa en Nigeria a la shara y se casa con cuatro mujeres (28/04/07). La realidad es insuperable. La ley islmica prohbe la homosexualidad y las uniones del mismo sexo. Y, a pesar de ello, Aunty Maiduguri va y se casa no con una, ni con dos, ni con tres sino con cuatro mujeres. Por supuesto tuvieron que huir despus de la boda pero contaron con la complicidad familiar. No hay gen ni norma cultural que el empeo humano no pueda obviar.
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EL AMOR (IN)FINITO
Dante crea que el amor mova el sol y las estrellas. El sol y las estrellas, cualquier cosa. No cabran en esta pgina todos los nmeros necesarios para decir en kilos lo que pesan el sol y las dems estrellas. Lo mismo para indicar en newtons la fuerza que habra que emplear en tal hazaa. Evidentemente, se trata de una licencia potica. Vale, el amor no mover los astros pero puede despojarlos de su belleza. Puede hacer que nos d igual que amanezca o anochezca y que no le dirijamos ni la ms vaga de las miradas al ltimo eclipse de sol del milenio. El amor nos agita tanto que creemos que nos va a romper en mil pedazos. Nos lleva y nos trae como si furamos sus marionetas y l nuestro marionetista caprichoso. El amor causa tanta conmocin que la idea de que los mortales lo provoquen por s mismos parece imposible. Al menos as pensaban los griegos. Incluso, el amor era tan grande que hacan falta dos dioses para hacerse cargo de l:
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Afrodita y Eros. Y ni as libraban a los simples humanos de sus antojos. Pero no hacen falta dioses. El mismo Platn ya lo puso en duda. Cuando, en El banquete, Scrates habla de las enseanzas amorosas que recibi de Diotima, explica que el amor es un demonio. Tranquilidad, la idea griega de demonio no es la de un bicho que echa peste a azufre y se come crudos a los nios. Un demonio es un ser entre lo mortal y lo inmortal. Es el intermediario entre personas y dioses, el que eleva las plegarias y sacrificios de los primeros a los segundos y, en camino inverso, hace llegar los mandatos divinos a los simples mortales. Los demonios son muchos y el amor es uno de ellos. Por no hacer falta, no son necesarios ni los demonios. Nos bastamos nosotros mismos para crear, protagonizar y destruir el amor. El amor romntico es cosa de humanos, es nuestra creacin, nuestra criatura. Por lo tanto, nunca podr ser ms que nosotros. Lo dice una de las ms elementales leyes de la lgica: la consecuencia no puede ser mayor que la causa. Si los que amamos somos finitos, nuestro amor no puede ser infinito. Que la poesa nos perdone. Sea lgico o no, existe un empeo en convertir el amor en algo propio del Olimpo. Hace algunos aos, una encuesta de SOFRES ofreca el siguiente dato: slo el 5% de las jvenes francesas pensaban que un ser humano toma en su vida decisiones ms importantes que el matrimonio. Dicho al revs: para el 95%, la inmenssima mayora, la decisin ms importante en la vida de un ser humano es el matrimonio 32. Y ya sabemos que el matrimonio actual es por amor. Pero podramos estar ante una impostura. Quizs el amor no sea tan importante como queremos creer. En su Informe Hite sobre el amor, la pasin y la violencia emocional33, la sexloga norteamericana Shere Hite descubra que, para la mayora de las entrevistadas, el amor constitua la
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parte ms importante de sus biografas al tiempo que declaraban, contradictoriamente, que sus relaciones amorosas no eran el centro de sus vidas. El amor, dicen, mueve el sol y las estrellas pero a la hora de la verdad la vida acaba gravitando alrededor de otras cosas. La contradiccin no se acepta y se sigue esperando: De manera extraa y obsesionante, la mayora de las mujeres en este estudio, casadas, solteras o divorciadas, de todas las edades, dicen que todava no han encontrado el tipo de amor que buscan y que esperan que su gran amor an llegue, afirma Hite. Algo no acaba de encajar. De pequeos, todos hemos tenido uno de esos juegos en los que debes hacer pasar cada pieza por el agujero correspondiente. La esfera por el agujero redondo. La pirmide por el tringulo. El cubo por el cuadrado. Etctera. Y de qu nos ha servido? Con el amor actuamos como si quisiramos ajustar un cilindro de un par de metros cbicos en un espacio kilomtrico. Hagamos lo que hagamos, el cilindro se quedar suelto, chocando insistentemente contra las paredes. Los zapatos deben ajustarse al pie. Si son grandes, nos caeremos al andar. El amor es importante. Claro que s. Es ms, el amor es muy muy importante. Pero no es lo ms importante. Simplemente porque no existe lo ms importante. La cancin lo corrobora: tres cosas hay en la vida / salud, dinero y amor. El amor es una de las cosas ms importantes de la vida. Una de ellas. En nosotros debe estar la razn para hacer del amor algo propio de los dioses. A ver si hay suerte y la encontramos. Tristn, afirmaba Rougemont, deseaba el amor porque la pasin nos hace creer que somos nicos y poderosos34. Enamorados, convertimos a la persona amada en un ser nico y excepcional. Si nuestro amor es correspondido, nos son devueltas todas las virtudes del amado. Si l es perfecto y me ama, es que yo soy perfecta. La pisicloga
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alemana Verena Kast, en su obra La naturaleza del amor, cita al escritor ruso Fiodor Dostoievski: Amar a una persona significa verla como Dios la hubiese querido crear. Para Kast esto se contina con el siguiente razonamiento: yo tambin soy como Dios me haba querido crear, al fin y al cabo, l me ama35. Pero el amor podra convertirnos en algo ms que el producto perfecto de Dios. Basta un poco de lgica de 1 de Bachillerato: si el amor es cosa de dioses y yo amo desesperadamente, soy, en conclusin, una diosa. Sean cuales sean mis aspiraciones narcisistas, se vern satisfechas. Hay ms explicaciones, aparte de la psicolgica. Por ejemplo, la que nos llega desde la sociologa. En pleno siglo XXI van quedando pocos clavos ardiendo a los que agarrarse. Dios parece no ser de mucha confianza, las tradiciones no encuentran sitio en la poca de la tecnologa, el trabajo no nos hace libres ni nos dignifica qu nos queda? El amor, cmo no. Muchos hablan del amor y de la familia como en los siglos pasados hablaron de Dios, sostienen los socilogos Beck y Beck-Gernsheim. E insisten: el afn por el amor representa el fundamentalismo de la modernidad. As las cosas, es normal que le sigamos dando al amor ms importancia de la que tiene. Tambin puede pasar que el amor reciba una dosis de su propia medicina. El amor nos hace exagerados. Todo enamorado es como la princesa de Andersen, incapaz de dormir sobre veinte colchones porque debajo hay un diminuto guisante. Ella es la ms hermosa, l el ms valiente, la vida no merece la pena porque no ha llegado la carta que esperaba, triunfar en la vida slo para conseguir su atencin, llevo tres das sin comer El amor liquida el sentido de las proporciones. Y as, desproporcionados, cmo no creer que el amor es la mayor fuerza del cosmos? Ajustar el amor a su propia medida no es, ni mucho
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menos, un ejercicio cnico y descredo. No somos dioses, por fortuna, y si aspiramos a serlo, acabaremos frustrados. Es absurdo pretender amar como no podemos. O, al menos, es poco prctico. Estara bien aceptar que las limitaciones forman parte de nuestra propia esencia. Nuestro amor no podr mover el sistema solar y qu? Es nuestro amor, el que nos desvela de madrugada o nos pone el vello de gallina si su mano nos roza. Debera bastarnos con eso.
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EL AMOR FELIZ
Felicidad = E (M + B + P) / R + C S, han ledo bien. Es una frmula y de la felicidad! El autor es el divulgador espaol Eduardo Punset y aparece en su obra El viaje a la felicidad. Tantos aos escuchando a los profesores de todos los cursos y todas las asignaturas decir que no existan frmulas mgicas y que si las hubiera ya les gustara a ellos tenerlas y resulta que nos estaban mintiendo. Hasta la felicidad tiene la suya. En el denominador de la frmula de Punset aparecen los factores que impiden la felicidad. La R son los factores reductores, entre los que se incluyen el miedo, el recurso a la memoria grupal y la ausencia de desaprendizaje (dar por hecho lo que nos dicen los dems y vivir en funcin de eso, sin pasarlo por el filtro de nuestra propia opinin). La C es la carga heredada, tanto biolgica como cultural: mutaciones lesivas, envejecimiento, ejercicio abyecto del poder poltico
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(se hace difcil ser feliz bajo un gobierno dictatorial y corrupto) y el estrs imaginado (nos basta imaginarnos un problema, sea real o no, para que se nos haga un nudo en el estmago). En el numerador estn las cosas que nos hacen felices. La E es la emocin, el componente bsico. El rasgo ms universal y distintivo de las personas felices, segn el filsofo britnico Bertrand Russell36. La M es de mantenimiento y se refiere a la importancia de cuidar los detalles, recrearnos en el rbol y olvidar un poco el bosque. La B es de bsqueda, es necesario abrir la mente, desbrozar nuevos caminos y recorrerlos. Y, por fin, en la P, que se refiere a las relaciones personales, aparece el amor en la frmula de la felicidad. (Menos mal, no llega a aparecer y hay que apagar e irse.) En opinin de Punset, las relaciones personales ocupan el espacio estelar de la frmula de la felicidad. En esto ltimo suele haber mucho consenso. Segn un grupo de investigadores de la Universidad de Cdiz, la percepcin y sentimientos que las personas tienen sobre sus relaciones interpersonales comportan un mayor impacto sobre su satisfaccin general o felicidad que la que les brindan sus trabajos, ingresos o, incluso, su salud fsica37. La felicidad est relacionada con el amor pero y viceversa? Qu tiene que ver el amor con la felicidad? O mejor preguntado, cmo debe ser el amor para ser feliz? No hay problema, los cientficos tienen investigaciones y respuestas para todo. Un equipo de la Universidad de Oregn ide un sistema predictor de la felicidad conyugal relacionando la frecuencia de las relaciones sexuales de la pareja con su porcentaje de discusiones. Descubrieron, es de suponer que sin mucha sorpresa, que la mayora de las parejas felices manifiestan una tasa de relaciones sexuales mayor a la de las discusiones graves. Al revs en las parejas infelices. Proponen, a la luz de la evidencia, el siguiente algoritmo:
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felicidad conyugal = porcentaje de relaciones sexuales porcentaje de discusiones graves. Una vez ms, la ciencia cubre con una ptina de brillo acadmico lo que es simple sentido comn. En lo que se refiere a Espaa, el Centro de Investigaciones Sociales y el Instituto de la Juventud, realizaron un estudio sobre la cuestin. La felicidad de la pareja se basa en la fidelidad, el entendimiento y la tolerancia, una relacin sexual satisfactoria, unos ingresos adecuados, tener juntos intereses comunes y compartir tareas domsticas; otros le aaden el tener hijos, nunca rechazar o descuidar sexualmente a su compaero y discutir convenientemente los problemas mutuos38. Curiosamente, hasta hace no mucho tiempo, la relacin que mantenan amor y felicidad era inversamente proporcional. Los amantes deban sufrir, cuanto ms mejor. La nmina de los ejemplos es larga. Tristn e Isolda: muertos. Juan Diego e Isabel: muertos y enterrados juntos en Teruel. Julieta y Romeo: muertos. Dido: autoinmolada. Eurdice: devuelta definitivamente al infierno. El amor feliz no tena historia, y si la tena no se contaba. Amar era sufrir, superar obstculos insuperables y comprar todas las papeletas para una muerte terrible. La asociacin amor-felicidad no se instaur hasta hace poco. En el siglo XVIII empezaron a aparecer las primeras novelas que acababan en happy end poniendo as fin a siglos de coqueteos entre los amores desaforados y el desorden y la anarqua. Haba llegado el momento de que ganara la sociedad, el statu quo, y los amantes se casaran, fundaran una familia, fueran felices y comieran perdices. La mezcla de amor y felicidad es delicada como una filigrana y terreno abonado para todo tipo de paradojas. Una de esas paradojas es la siguiente: nos casamos por amor y esperanzados en conseguir la felicidad, pero si la felicidad
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tarda en llegar pensamos que ha fracasado el amor, nos separamos y somos entonces profundamente infelices. La pareja descansa sobre la idea de la felicidad y eso nos lleva a hacer valoraciones pragmticas, se reconozcan o no. Pensamos en el poder adquisitivo del otro, en su proyeccin profesional, en su reconocimiento social y en el valor de su carga gentica. Cuando finalmente nos emparejamos, lo hacemos porque estamos convencidos, hechos todos los clculos, de que junto a la otra persona seremos felices. Pero la idea de la felicidad es frgil y muy subjetiva. Tan subjetiva que a veces uno no es capaz de ponerse de acuerdo ni consigo mismo sobre lo que necesita para ser feliz. Consensuar la cuestin con otra persona es un verdadero encaje de bolillos. A eso hay que sumarle que la felicidad es escurridiza. Se podr formular pero es muy difcil someterla a nuestra merced. Algo as dice tambin la madre del escritor. Para ella la felicidad es ese subidn que te viene de repente, sin saber muy bien cmo, por qu o de dnde. Entonces todo lo ves color de rosa, te convences de que hasta el ms difcil de los problemas tiene solucin y haces planes maravillosos al instante. Hasta que, plaf, igual que vino se fue. Para Alberoni la felicidad es algo discontinuo. La felicidad perfecta y continua, dice, es la promesa que ofrecen los psiclogos, socilogos, asistentes sociales y el resto de terapeutas. Y al hacerlo, afirma el italiano, actan como los mdicos charlatanes que ofrecan las botellitas del elixir de la larga vida o de la eterna juventud en las plazas. La felicidad continua del vivieron felices es tan imposible como la eterna juventud, concluye39. Y parece que no le falta razn. No se puede ser feliz las veinticuatro horas del da, siete das a la semana, cuatro semanas al mes, doce meses al ao, etctera. Habra entonces una asincrona entre amor y felicidad. El amor fluye continuamente mientras que la felicidad es
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intermitente. A chispazos no se ama pero s se es feliz. Aqu estara, por cierto, otra paradoja. Si una fuera eternamente feliz no necesitara nada. Al no necesitar nada, dejara de anhelar cosas y de imaginar que las consigue. Y, segn Punset, se es ms feliz imaginando que se consigue algo que en el momento de obtenerlo. En el hipotlamo de nuestro cerebro, explica, existe lo que los cientficos llaman el circuito de la bsqueda. Entre sus funciones se encuentra la de alertar a los resortes del placer y de felicidad y slo se activa durante la bsqueda y no en el preciso momento del acto buscado40. Volvamos ahora con Alberoni y el mito de la felicidad continua. Cmo nace este mito? l lo explica de la siguiente manera. La vida cotidiana es tranquilidad y desencanto. El enamoramiento es xtasis y tormento. El mito nace tomando ambos polos positivos (tranquilidad y xtasis) y olvidando los negativos (desencanto y tormento). Queremos lo mejor de cada cosa, tontos no somos. Sabemos que en el enamoramiento se accede a la felicidad y aoramos estar siempre as. Quiero que todos los das sean como el da en que consinti por fin a ir al cine conmigo y en la oscuridad de la sala me atrev a rozarle la mano y luego la bes y luego tal y luego cual. Olvido los malos momentos y me convenzo de que a su lado podr vivir siempre en xtasis. Es la tpica trampa de la memoria que filtra los recuerdos, dejando slo los buenos. Lo curioso, seala Alberoni, es que en el enamoramiento, en pleno frenes de felicidad, deseamos que llegue cuanto antes la tranquilidad y la seguridad de que el amado va a estar siempre con nosotros. Deseamos que el xtasis se domestique. Una vez el escritor, en ese pleno frenes, escribi la siguiente dedicatoria: Ojal llegue el da en que, cuando nos quedemos en silencio, pueda decir tranquilamente que te quiero. Otra paradoja: las novelas rosa. Estas novelas, con su
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inevitable final feliz, refuerzan los valores ms tradicionales o frecuentes, no cuestionan nada y ofrecen una visin acrtica de la realidad41. El happy end nos anima a todos a buscar la felicidad, pero la buscamos repitiendo lo que nos han dicho y eso es precisamente lo peor que se puede hacer para ser feliz. El caso extremo es el efecto Pretty woman: cuntas no quisieron meterse a putas para encontrar a su Richard Gere particular con el que comer perdices? En la clase del instituto del escritor, varias. Recuerde el lector la R del denominador. Punset: El pesado fardo del pensamiento y de las convicciones que no han sido sometidas al anlisis de la experimentacin y la prueba es inversamente proporcional a los ndices de la felicidad42. Si hacemos lo que todos dicen que hay que hacer para ser feliz, no seremos felices. Ya lo decan en La bola de cristal: Hay que desensear a desaprender cmo se deshacen las cosas. Todos queremos encontrar a nuestra media naranja, casarnos, tener una casita con jardn y home cinema, un par de hijos (nio y nia, la parejita, qu ilusin), ir de vacaciones a sitios exticos y envejecer juntos. En la universidad llambamos a ese plan vital de la siguiente manera: Casarse, tener hijos y morir. Pero, a todas luces, en los caminos abarrotados no se encuentra la felicidad. Sera una pena conformarnos con el estado de gracia. La felicidad no puede ser algo que se nos conceda durante un par de segundos y al azar, sin que tengamos nada que decir al respecto. Con frmula o sin ella, no est de ms perseguirla. As que, hala, a cuestionar todo lo que nos han enseado, a recrearnos en los detalles y a imaginar nuestra propia historia de amor para ser todo lo felices que podamos.
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EL AMOR ENTERO
Sea por las fuerzas aportadas por el cido ascrbico o por el tino de quien lo ide, el mito de la media naranja se pasea triunfal por los campos del amor. Es una de las ideas ms citadas y el anhelo secreto (y pblico) de la inmensa mayora. Quin no desea encontrar a su media naranja? El escritor, de hecho, recuerda el momento en que aprendi lo que significaba tal cosa. Estaba viendo una serie espaola, de los tiempos en los que slo emita TVE, en la que actuaba Amparo Larraaga, casi con toda seguridad, y que se llamaba Platos rotos (o algo as). Alguien dijo que tal persona era su media naranja. Qu es eso, pap? pregunt el escritor. La explicacin despert tales resonancias y expectativas en su interior que todava la recuerda. Tal vez sea cierto lo siguiente: Ese deseo de fusin interpersonal es el impulso ms poderoso que existe en el hombre; constituye su pasin ms fundamental, la fuerza que sostiene a la raza humana, al clan, a la familia y a la
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sociedad43. Tal vez sea cierto o no. Antes de continuar, vayamos a las fuentes. El mito de la media naranja es cosa de Platn, aunque l no le pusiera ese nombre frutal. En El banquete, Aristfanes, uno de los comensales, cuenta cmo empez todo.
La naturaleza humana era antes muy diferente de cmo es hoy da. Al principio hubo tres clases de hombres: los dos sexos que subsisten hoy en da y un tercero compuesto de estos dos y que ha sido destruido y del cual slo queda el nombre. Este animal formaba una especie particular que se llamaba andrgina porque reuna el sexo masculino y el femenino44.
ramos redondeados, el pecho y la espalda eran como una esfera y las costillas circulares, y tenamos cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras en una sola cabeza, cuatro orejas y dos rganos genitales. Con todo eso, los hombres originales se fueron sintiendo cada vez ms poderosos. Hasta que se creyeron capaces de enfrentarse a los mismos dioses. Zeus no estaba por la labor de que se le subieran a las barbas y decidi cortar por lo sano. No poda destruir a los hombres porque se quedara sin fieles (los dioses sin creyentes no son nada) pero poda partirlos por la mitad. Y as lo hizo. Del hombre doble surgieron dos hombres, de la mujer doble dos mujeres y del andrgino un hombre y una mujer. La separacin la hizo a la altura del vientre y les volvi la cara hacia all para que contemplaran siempre su humillacin. Los rganos sexuales quedaron en la espalda. Despus, encarg a Apolo que curara las heridas. Lo hizo tan bien, al fin y al cabo era un dios, que slo nos qued una pequea cicatriz en forma de ombligo. Separados, cada mitad correte alocada en busca de la otra y cuando se encontraban se abrazaban y unan con tal ardor en sus deseos de volver a la primitiva unidad, que
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perecan de hambre y de inanicin en aquel abrazo, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Si una de estas mitades mora, la otra buscaba una nueva con quien unirse hasta morir. Y as iba pereciendo la especie. Como eso no poda ser, porque los dioses perderan la clientela, Zeus coloc los rganos reproductores delante. Con ello dio comienzo la era de la procreacin humana. De tal separacin violenta y de la urgencia de resolverla procede el amor que naturalmente sentimos los unos por los otros, que nos vuelve a nuestra primitiva perfeccin. Estas dos mitades se buscan siempre, deseando ser como eran antes. Y atencin a esto: Los hombres que proceden de la separacin de aquellos seres compuestos que se llamaban andrginos aman a las mujeres y viceversa; las mujeres que provienen de la separacin de las mujeres primitivas se interesan por las mujeres y los hombres procedentes de la separacin de los hombres primitivos buscan de igual manera el sexo masculino. El mito explica todas las combinaciones amorosas. Es indudable lo sugestiva de esta idea. Es bonito pensar con el poeta que el alma de la persona amada est siempre buscando la del otro, afanndose por conseguirla, buscndola por todas partes, anhelando encontrarla otra vez, tratando de atraerla haca s como un imn que atrae el hierro45. Pero son muchos los inconvenientes que ofrece. El primero es que aceptemos ser media persona, o pero an: media fruta. Hace un par de aos, se inici una campaa titulada Por los buenos tratos46. En uno de los primeros carteles que hicieron se vean dos naranjas y debajo el lema: Dos mejor que media. La afirmacin parece indiscutible. En el lenguaje del amor aparentan no tener cabida las cuestiones econmicas pero quin en su sano juicio se quedara con media pudiendo tener una entera? No existen razones para considerarnos una persona a medias. Cada cual
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somos lo suficientemente valiosos y complejos como para ser considerados una unidad completa. Insistir en lo contrario acaba dando por vlidas ideas terribles como que nuestro bienestar no depende de nosotros sino de nuestra alma gemela, que la vida no merece la pena si no hay alguien con quien compartirla o que hay que soportar todo lo que el otro me haga porque sin l soy slo media mujer. El inconveniente anterior sigue de la siguiente manera: no slo somos medias personas vagando por la vida en busca de nuestra otra mitad, es que, adems, segn la pareja que formemos, alcanzaremos la unidad salvadora o nos quedaremos en una pareja desviada. Hay doctrinas que llegan a afirmar que el verdadero individuo humano es la pareja hombre-mujer47. Por extensin, resultara que la pareja hombre-hombre y la pareja mujermujer no seran el verdadero individuo humano. Qu seran entonces? Por su parte, Fromm habla del deseo de unin entre hombre y mujer como una necesidad universal especfica y de orden biolgico48. La persona se siente sola y separada del resto. Necesita unirse a otro y, adems, procrear. Esto, segn el pensador alemn, est notablemente expresado en el mito platnico. (Un mito que, dicho sea entre parntesis, l no cuenta del todo porque slo habla de los hombres que buscan unirse con las mujeres y al revs, olvidando que del hombre original surgieron los gays y de las mujeres originales las lesbianas.) La unin procreadora hombre-mujer es la base de toda creatividad y un renacer slo al alcance de unos pocos, opina Fromm. As, La desviacin homosexual es un fracaso en el logro de esa unin polarizada, y por eso el homosexual sufre el dolor de la separatidad nunca resuelta. Fromm no dice nada al respecto de que el mito platnico explicaba a la vez el amor homosexual y el heterosexual49 ni de que Zeus nos dio la capacidad de reproducirnos sexualmente para no quedarse sin clientela.
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La psicloga Isabel Menndez da por vlida la tesis de partida: El enamoramiento ha existido siempre, responde a la necesidad psicolgica de encontrar un alma gemela, un lter ego, alguien con quien fundirnos: otro, en fin, que nos haga volver al estado primigenio del que venimos y donde alucinbamos creyendo que todo lo que queramos estaba al alcance de nuestra mano. Pero despus pone los puntos sobre las es y advierte de que no existe la media naranja. O sea, no hay nadie que nos ofrezca todo lo que necesitamos Conviene especificar que el estado primigenio del que habla Menndez no es el de la persona doble y redonda, sino algo que hemos perdido y que la pasin nos hace reencontrar Lo que el hombre pierde, segn ella, es el modelo ideal de mujer, su madre, que es lo que buscar durante toda la vida. Lo que la mujer pierde es ese hombre principesco y salvador, su padre, que es lo que buscar toda la vida. Las doctrinas freudianas parecen empearse en que, despus de los tres aos de vida, no haya nada nuevo bajo el sol. No buscamos la mitad que Zeus nos arranc sino a la mujer ideal que vimos en nuestra madre. A saber qu es peor. La aportacin al debate de Diane Ackerman tampoco es muy tranquilizadora. Segn esta autora slo existe la unin absoluta entre dos seres durante el tiempo en que un feto vive y crece en el seno materno. El nacimiento se vive como una amputacin y el beb busca recuperar el cuerpo del que le arrancaron. Esto podra explicar, afirma, el anhelo osmtico que todos sentimos, en un momento u otro, de mezclar nuestro corazn, nuestro cuerpo y nuestros fluidos con los de otra persona50. No s el lector, pero el escritor es recorrido por un escalofro cada vez que piensa que las veces que se ha enamorado ha sido porque deseaba volver al tero materno. Una ltima dificultad que plantean las naranjas a medias. Hay por ah un alma gemela que nos corresponde pero como no hay forma de saber cul es, no nos queda otro
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remedio que esperar y cruzar los dedos. Si hay suerte, encontraremos los gajos que completen los nuestros. Si no hay suerte, iremos desangrndonos por el camino hasta quedarnos sin una gota de zumo. No pintamos nada en estos asuntos porque, como escribi Barthes, el amor pertenece al orden del Golpe de dados51. Con todo este lo, la aritmtica del amor queda profundamente alterada. La pareja son dos. Pero tambin es uno, porque somos mitades que nos unimos para alcanzar la unidad original. En opinin del escritor, el ms listo es el escritor Jos Saramago que en vez de ser uno o dos, eligi ser tres. En una entrevista, el Nobel portugus explic que una pareja son tres: una/o, otro/a y la pareja que forman ambos. No se puede negar que es una forma muy inteligente de resolver la cuestin. Cada persona tiene valor por s misma, un valor completo, y, adems, entre las dos forman una tercera persona, que sera la pareja. Esta idea explicara muchas cosas, como, por ejemplo, el hecho de que hay veces en que algo no nos apetece nada pero lo hacemos porque sabemos que al otro, y a la pareja, le va a venir muy bien. Hay quien se ha tomado muy en serio la posibilidad de ir aumentando la cifra. Una de las manifestaciones ms recientes del amor es lo que se ha dado en llamar el poliamor. Vale, de acuerdo, no existe la media naranja, no hay nadie que pueda darme todo lo que necesito. Buscar entonces todas las personas que necesite para sentirme completo. Y as, los viernes saldr con Julia que sabe cmo acariciarme, los sbados ir con Miguel a ver el partido y a emborracharnos como espartanos, el lunes hablar de poesa con Mara, es tan sensible, y etctera.
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EL AMOR ELEGIDO
El refrn bien podra ser as: dime de quin te enamoras y te dir quin eres. Pocas veces en la vida la eleccin es tan importante y tan nuestra. La familia nos viene dada, no hay nada que hacer al respecto. Con los profesores y los jefes que nos van a ir amargando la vida en sus distintas etapas tampoco tenemos voz ni voto. Bueno, voz s tenemos pero a ver cmo la usamos, que una palabra fuera de tiesto y nos expulsan del instituto tres das o del trabajo para siempre. A los amigos s los elegimos. Pero no hay tope, podemos elegir tantos como nos plazca, lo que hace la eleccin ms fcil. Esto no pasa con la amada. Cuando la elijo siempre lo hago pensando que ser la nica, la definitiva. No habr nunca ms otra elegida. Qu tensin. El corazn tiene razones que la razn no entiende y al enamorarnos perdemos la voluntad y los vientos de la pasin nos arrastran a su antojo. Pero pintamos ms de lo que nos
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creemos. Desde que nacemos, vamos elaborando nuestro propio sistema de valores y de gustos. Habr mucho que se lo debamos al dictado gentico (busca una mujer de pechos grandes porque amamantar bien a tus hijos), otra parte estar heredada culturalmente (el metrosexual est de moda y ms si gana un sueldazo) y otra ser cosa nuestra y de nadie ms. Con ese cctel como teln de fondo, vemos pasar a miles de personas a lo largo de nuestra vida. Y slo unas pocas nos harn tiln. A veces, sorprendentemente, el elegido no tiene nada que ver con lo que pensbamos que nos gustaba. Los nios y las nias aprenden desde muy pronto a mentir. Lo hacen escandalosamente, inventndose historias increbles, probando los lmites factibles de la mentira y la realidad. Los adultos les ayudamos, ensendoles que hay que fingir que queremos compartir, a sonrer, a ser amables siempre, etctera. Enseguida nos volvemos impostores, en parte eso es socializarse. Perdemos la sinceridad a favor de la correccin poltica. Mostramos agrado ante un regalo horroroso, alabamos la paella de nuestro cuado aunque est mala porque es nuestro cuado, fingimos inters por la historia que nuestra vecina nos ha contado ya veinte veces en lo que va de semana Pero no podemos ser falsos a la hora de enamorarnos. Uno siempre se enamora de verdad. Y da gusto que haya algo sincero en la vida. Esta sinceridad nos pone al descubierto. En todo podemos fingir, ser animales sociales polticamente puros, pero el amor brota desde nuestro interior y al hacerse materia en la persona amada revela nuestra esencia. De manera habitual, una mujer que crea en la justicia social no se enamorar de un tiburn de las finanzas codicioso y despiadado. A pesar de lo que diga el tpico de los polos opuestos, nos enamoramos de personas que se parecen a nosotros. Basta un vistazo a lo que nos rodea para descubrir sin mucho
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esfuerzo que las parejas que conocemos son muy parecidas en casi todo: atractivo fsico, origen social, gustos, ambiciones Esto se explica por varios motivos. Por ejemplo, nos sentimos atrados por los que comparten nuestras creencias o ideologas porque eso confirma nuestra escala de valores, si nos enamoramos de alguien es porque es perfecto y si ese ser perfecto piensa como nosotros, algo de esa perfeccin nos pertenecer. Al amar a alguien como nosotros nos reafirmamos. Robert Sternberg (en su obra ya citada) aporta un par de razones ms. Una: el riesgo del rechazo puede llevar a la gente a apostar por lo seguro y a buscar compaeros que concuerden con ellos, en vez de aquellos muy diferentes. Dos: cada cual se hace una idea de lo que cree merecer (generalmente en relacin directa con su atractivo) y eso acota el grupo de personas con las que intentar emparejarse, buscando a alguien de caractersticas similares a las suyas. El parecido entre los amantes se puede apreciar en muchos elementos, incluso en algunos supuestamente pasados de poca como el origen social. Desmond Morris afirma lo siguiente:
en nuestra sociedad moderna e igualitaria la clase social est considerada un recuerdo del pasado, pero cuando se trata de algo tan importante como encontrar una pareja, los viejos prejuicios clasistas afloran de nuevo a la superficie, reivindicando enrgicamente sus reglas tradicionales de pertenencia o no pertenencia52.
En las novelas de Corn Tellado o Danielle Steel, las chicas ricas se pueden enamorar de chicos pobres o al revs, pero en la vida real este tipo de emparejamiento se da muy pocas veces. Y cuando se da, advierte Morris, pocas veces resulta satisfactorio. Habr quien se resista a dar lo anterior por cierto. El amor lo puede todo, no hay barrera que lo detenga, si puede
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mover el sol y las estrellas puede unir a dos personas distintas, da igual que sean como el agua y el aceite. Pero el amor no es un don otorgado por los dioses. Es, como ya se ha escrito anteriormente, un producto humano. Nuestro amor es cosa nuestra. Por eso nos enamoraremos con ms frecuencia de personas que se parezcan a las que hemos conocido en nuestro entorno, que son con las que habitualmente tratamos, y que nos han dado seguridad, tranquilidad, alegra Personas parecidas a nuestra familia, a nuestros amigos y a nosotros mismos. No se trata de algo bueno o malo, y s de algo evidente. Todo dentro de un lmite, claro est. Nos gustan parecidos pero sin pasarse. Los cientficos creen que hay una edad crtica en la niez, quiz entre los tres y los seis aos, en la que los chicos y chicas que viven ntimamente pierden la capacidad de enamorarse unos de otros. Existe una aversin animal a copular con miembros cercanos de la familia, compartida por los humanos, con el fin de evitar la endogamia53. Hay que mezclarse para que los genes no decaigan ni se corrompan, para no convertirnos en pusilnimes consanguneos cargados de taras de todo tipo. Para evitar demandas, no se pondrn ejemplos. Se realiz un experimento sorprendente, el de la camiseta sudada, que corrobor lo anterior. A un grupo de hombres se les puso una camiseta y se les hizo sudarla (no consta con qu tipo de esfuerzo). Despus se pidi a varias mujeres que olieran las camisetas sudadas y dijeran qu olor les pareca ms sexy. Eligieron las camisetas de los hombres cuyos sistemas inmunitarios eran diferentes al suyo pero compatibles con l54. La ciencia nos dice: de acuerdo, nos enamoramos de los que se parecen a nosotros pero con una pizca de diferencia, que es donde est la gracia. El mito de los polos opuestos queda as en entredicho. Una cosa es sentir atraccin por alguien puntualmente y otra
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elegirlo para pasar con l el resto de la vida. Jugando a ser antroplogos podramos afirmar que el circuito cerebral del deseo se estimula principalmente con las personas distintas a nosotros porque buscamos mezclar nuestro ADN con un ADN distinto. Ya se sabe que la mezcla enriquece. Pero despus, el circuito cerebral del amor romntico, que sabe que el elegido ser el que nos ayude en la crianza y cosas por el estilo, mira todo aquello como una locura y se niega a activarse delante de una persona tan distinta. Al respecto de que el amor nos pone en evidencia, Ortega y Gasset mantuvo una polmica epistolar con un lector cordobs que se mantuvo en el anonimato. No estaba de acuerdo el remitente con el hecho de que la persona elegida revelara nuestro verdadero ser. En su opinin, se nos poda conocer dirigiendo la mirada hacia otro lado: Por el amor s puede conocerse al amante; pero no por el objeto amado. Cada persona ama con la plenitud de su espritu, con fuerza suficiente para poner en el amado cuantas delicadezas y finuras necesite el alma del amante (o sea, su propia alma). En su momento, esta afirmacin fue rebatida por el filsofo. Pero algn tiempo despus, l mismo zanj la polmica con la siguiente frase: Segn se es, as se ama. Por esta razn, podemos hallar en el amor el sntoma ms decisivo de lo que una persona es55. Otra variacin del refrn: dime cmo amas y te dir quin eres. Bueno, podra ser, pero hay quien da poco y se queja por no recibir mucho. Enamorarse es un estado, una situacin pasiva en la que se manifiestan nuestros gustos, nuestros sueos secretos y todo eso. Como es un estado, no existe la habitual distancia entre lo predicado y el ejemplo. Otra cosa es a la hora de amar, que es un acto, entrando en juego nuevos factores como la fuerza de voluntad, la decisin, la coherencia... Una puede estar del todo convencida de que el amor es un arte que debe ser estudiado, practicado y cuidado.
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Pero le da tanta pereza que las fuerzas le llegan justo para exigirle tal cosa a su pareja y no para practicarla56. Una cosa sern las finuras que espere y otras las que conceda. En el amor se puede poner de manifiesto alguna que otra debilidad de nuestro espritu. Habra que decir que en el amor exigido encontramos el reflejo de lo que una persona desea ser. Dime cmo quieres ser amado y te dir quin eres. El amor revela tanto la trastienda de los enamorados como la de la sociedad misma. Con una mano escribimos poemas de amor mientras que con la otra tecleamos incesantemente en la calculadora para resolver todo tipo de clculos interesados. A este respecto, Laura Kipnis cita a la sociloga Eva Iluso,
la verdadera transformacin del amor moderno consiste en que la categorizacin de las parejas por su vala econmica y social se halla ahora incorporada en la psicologa del amor y las estructuras inconscientes del deseo: los individuos han interiorizado la racionalidad econmica que en otros tiempos ejercan los padres y se enamoran libremente de personas que son a la vez buenas inversiones.57
Acertar a la hora de elegir pareja, escriban Verd y Ferrndiz hace algn tiempo, quiere decir que elijamos a una persona cotizada por la comunidad o, lo que es lo mismo, deseada por una gran nmero de individuos. Esa cotizacin social implica que el elegido tenga las caractersticas valoradas en un tiempo y grupo social concretos. Igual que el coche, la casa, el cargo, la posesin de una persona me valoriza positiva o negativamente segn el precio que a esa persona, en virtud de propiedades objetivas, le atribuye la sociedad58. Pocas cosas lucen ms que una buena pareja a nuestro lado. Dijo una vez el escritor: Desde que estoy contigo me saluda ms gente en la facultad y me miran mejor. Un grupo de psiclogos han llegado a demostrar que cuando un
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hombre est relacionado con una mujer atractiva, produce una impresin global mucho ms favorable en la gente y se le aprecia ms que cuando est relacionado con una mujer que no es atractiva59. En todo caso, no es necesario estresarse. Los mecanismos del enamoramiento se parecen a los de la respiracin o la digestin: se encargan ellos solitos de hacerlo casi todo. Cuando vengamos a darnos cuenta, ya habremos elegido.
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EL AMOR BELLO
De todos es sabido el gusto de Zeus por los disfraces. Todo un Mortadelo olmpico. Para poseer a Leda, o a Nmesis, las versiones son contradictorias, se transfigur en cisne. Despus de la consumacin, las leyes de la naturaleza se impusieron a las de la lgica y la afortunada puso algunos huevos. Varios bebs nacieron de los huevos semidivinos, Helena entre ellos. Su belleza era tal que, ya de pequeita, la rapt Teseo con la intencin de casarse con ella. No pudo hacerlo porque los hermanos de la muchacha consiguieron liberarla. Cuando tuvo edad de desposarse, los ms famosos y terribles hroes griegos acudieron a pedir su mano. Su padre, asustado por lo que pudiera pasar cuando todos menos uno se enfadaran, consigui arrancarles un pacto de respeto a la
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decisin que tomara Helena. Tambin se comprometieron a acudir en ayuda del elegido si Helena le era usurpada. La mujer como objeto que se rapta, que viene y va, como recompensa, como premio entregado al elegido, sin tener ella nada que decir al respecto. Helena decidi casarse con Menelao. En el entretanto, Paris tena una dura decisin que tomar. Deba elegir quin era la ms hermosa: Atenea, Hera o Afrodita. La vencedora ganara una manzana de oro. Como estaba permitido sobornar al juez, Atenea le ofreci prudencia y la victoria en todas las batallas en las que participara, Hera le ofreci toda Asia y Afrodita el amor de Helena. Por supuesto, triunfaron el amor y la belleza. Paris fue a Esparta a por su premio y aprovechando la ausencia del rey Menelao, rapt a Helena. Al regresar, el esposo ofendido puso el grito en el cielo, clam venganza y se fue corriendo a recordar al resto de pretendientes el pacto hecho. Cumplieron su palabra y todos se aliaron para recuperar a Helena. As empez la guerra de Troya. Ni cien, ni trescientos, ni quinientos. Mil barcos fueron mandados a la guerra para rescatar a Helena. Se hace difcil saber si era ella la raptada por los hombres o eran ellos los raptados por la belleza de Helena. Su hermosura era tanta que lleg a dar nombre a una unidad de medida: la milihelena (cantidad de belleza suficiente para mandar un barco a la guerra)60. Pero ms que con la guerra, la belleza se relaciona con el amor. Para algunos, la relacin es tan fuerte que es la belleza la que activa el amor y al hablar del uno no hay ms remedio que hablar de la otra. En opinin del religioso francs Andreas Capellanus, all por el siglo XII, el amor surge de la percepcin de la belleza (del otro sexo, puntualiza) y en la obsesin por esta belleza61. Pero el origen de la relacin siamesa belleza-amor se remonta, otra vez, a El Banquete, de
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Platn. En l, Scrates sigue enumerando todo lo que la sabia Diotima le ense acerca del amor. Segn ella, el amor es el deseo de la belleza. El deseo de poseerla... para siempre. El amor quiere ser inmortal. Pero cmo ser inmortal siendo un producto humano? La solucin que da Diotima es la reproduccin: Porque la generacin es la que perpeta la familia de los seres animados y le da inmortalidad compatible con la naturaleza humana. El amor consiste en desear que lo bello nos pertenezca siempre y para ello optamos por engendrar en la belleza, ya sea teniendo hijos, construyendo mausoleos megalmanos a nuestra amada o componiendo sublimes melodas de amor. Todas las simplificaciones son equvocas y reducir la belleza a simple atractivo fsico es un gran error. La belleza es bondad, es perfeccin y otro montn de cosas ms. La belleza es simetra. La idea procede de otro griego: Aristteles. La ciencia le da la razn: los animales ms simtricos lo son porque han sido capaces de repeler las bacterias, virus y parsitos que provocan irregularidades corporales. Mi gentica es superior, puedo con cualquier enfermedad, anuncia a los cuatro vientos la simetra animal. Los hombres ms simtricos parten con ventaja: empiezan a practicar sexo cuatro aos antes que el resto, tienen ms parejas sexuales y, por extensin, son ms adlteros. Cuando una mujer hace el amor con un hombre simtrico tiene ms orgasmos y, por si todo lo anterior no fuera suficiente, sus contracciones orgsmicas absorben mayor cantidad de su esperma (lo que sea porque el padre de mis hijos sea un hombre simtrico)62. Lo curioso del asunto, aparte de lo de las contracciones orgsmicas, que tiene su aqul, es comprobar de qu poco
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depende la (a)simetra (y todo lo que conlleva). Salvo algunas excepciones, los animales estamos dotados de simetra bilateral. Estamos divididos en una mitad izquierda y una mitad derecha, siendo cada una imagen especular de la otra. Pero esa simetra es slo aproximada y suele estar ensombrecida por inoportunas alteraciones. Hasta el mes de enero de 2004, el origen de esas asimetras era un misterio. Entones lleg el cientfico espaol Juan Carlos Izpisa Belmonte al mando de un grupo de aguerridos cientficos y dio con el quid de la cuestin: La clave ltima no est en los genes sino en una pequea fluctuacin del nivel de calcio en el ambiente. La maquinaria gentica detecta esa leve fluctuacin transitoria y la convierte en un programa fijo y slido que perdura el resto de la vida63. El calcio sube o baja durante el desarrollo embrionario y, zas, si hay suerte empezamos a hacer el amor cuatro aos antes que el resto de nuestros competidores. La belleza es salud. El genetista Armand Marie Leroi dice: Cuando juzgamos la belleza de alguien, lo primero que miramos es su cara. Casi todas las enfermedades y trastornos genticos dejan su huella en la cara. La cara es el espejo del alma y de la anamnesis mdica. Para Leroi, la belleza es la ausencia de error. O sea, alguien bello nos demuestra que todo est en su sitio, que ninguna enfermedad lo ha alterado. No es [la belleza] una cualidad en s misma, sino la ausencia de vicisitudes en la vida, de mutaciones reflejadas en el rostro. De vez en cuando vemos a alguien que ha escapado de ellas y nos decimos que encarna la belleza64.
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La belleza es cultura. Para Charo Altable, maestra espaola especialista en Pedagoga Teraputica, la belleza depende de procesos interiores que podemos construir, destruir o hacer crecer, porque no son conceptos estticos. La belleza cambia a lo largo del tiempo y del planeta. La mujer que en un lugar es bella en otro no pasa de ser una del montn. Lo mismo con el hombre, menos, al parecer, con George Cloonie. Cada ao se otorga una especie de contra Nobel a investigadores rigurosos pero algo bizarros. El contra Nobel de Investigacin Interdisciplinar del ao 2003 fue para tres investigadores (dos suecos y un italiano) que publicaron un estudio titulado, ah es nada, Los pollos prefieren humanos guapos en la prestigiosa Human Nature. Una de las investigadoras lo explica:
Cogimos una serie de pollos y les enseamos a distinguir entre hombres y mujeres que aparecan en un ordenador. Les dbamos una recompensa si tocaban la pantalla cuando era una mujer. Cuando saban distinguirlos, les ensebamos una serie de caras de mujeres, y cuanto ms guapas eran, observamos que los pollos tocaban antes la pantalla. Lo mismo ocurra cuando les ensebamos hombres.
El estudio, segn sus autores, demuestra que las preferencias sexuales son aprendidas y no heredadas65. Consideramos bello lo que nos han dicho previamente que es bello, ya seamos humanos o pollos. La belleza es reproduccin. Nos acostumbramos como si nada a hacer cosas verdaderamente prodigiosas. Si nos mostraran en una pizarra
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todos los clculos de fsica avanzada que nuestro cerebro hace para llevar a cabo algo tan simple como tomar un vaso de agua y beber, no lo creeramos. l solito calcula con exactitud milimtrica la distancia hasta el vaso, el peso aproximado del mismo en funcin de la cantidad de agua y del material del que est hecho, los centmetros que debe desplazarse el brazo, la presin que los dedos deben ejercer... Y todo en milsimas de segundo y sin darnos cuenta. Nuestro cerebro se pasa el da interpretando la realidad y haciendo clculos del tipo qu relacin habr entre la circunferencia de la cintura de esa pimpolla y su cadera? Si es del 70% me enamoro. La psicloga Devendra Singh mostr a un grupo de hombres estadounidenses una serie de dibujos de mujeres jvenes y les pregunt qu tipo de cuerpos les parecan ms atractivos. La mayora eligieron a mujeres cuya circunferencia de la cintura equivala aproximadamente al 70 por ciento de sus caderas. Resultados similares fueron obtenidos en lugares tan dispares como: Gran Bretaa, Alemania, Australia, India, Uganda y otros pases66. Las mujeres con una proporcin cintura-cadera de alrededor del 70 por ciento tienen ms probabilidades de tener descendencia y las que se alejan de esas proporciones tienen ms dificultades para quedarse embarazadas, conciben ms tarde y tienen un mayor nmero de abortos espontneos. As que, lo que los hombres ven con buenos ojos, lo que para ellos es bueno y bello, es una pareja que les asegure la descendencia. Las razones reproductivas se extienden a otros tems de belleza. Imagen estndar de mujer bella: joven, de piel suave, dientes blancos como la nieve, ojos brillantes, pelo resplandeciente, msculos firmes, un cuerpo gil... Todo ello son caractersticas que favorecen la reproduccin67. Por su parte, cuando las mujeres ven guapos a hombres educados, ambiciosos, ricos, con posicin y respetados, estn
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buscando buenos padres para sus hijos68. El escritor recuerda cmo se enfadaba hace aos cada vez que una amiga deca aquello de que ellas no se fijaban en lo de fuera porque la belleza estaba en el interior. Cunta hipocresa, rechinaba entre dientes. Durante el instituto y buena parte de la universidad, lo que triunfaba era el atractivo fsico y ya. Pero, poco a poco, con el paso de los aos, el escritor pudo comprobar que las mujeres apreciaban belleza en otras cuestiones. De pronto, fregar los platos, sacar notas altas o mostrar maneras de buen padre daba puntos. Como en el caso de los monos tamarinos, habitantes de las selvas sudamericanas y de los documentales de La 2. Los machos cortejan a las hembras pasendose delante de ellas cargando un monito a la espalda, demostrando que podran ser unos verdaderos padrazos. El nico inconveniente es que esta tcnica de cortejo resulta eficaz slo a partir de cierta edad y, para entonces, ms de un amor imposible se habr quedado en la cuneta. La belleza, tambin, es atractivo fsico. Si los anteriores factores de la belleza hay que explicarlos y argumentarlos, nada hace falta decir acerca del atractivo fsico. La belleza ser bondad, la verdad ser la belleza, pero basta con ser guapo para que todo lo dems sobre. Un grupo de investigadores de la psicologa humana pidieron a varios estudiantes universitarios, varones y mujeres, que valoraran las fotografas de tres personas de atractivo fsico variable (de acuerdo con un extenso nmero de caractersticas). Los resultados fueron claros: Las personas ms atractivas fsicamente fueron juzgadas como poseedoras de mejores personalidades, mayor felicidad conyugal, mayor xito laboral, social y profesional y mayor felicidad en la vida que las personas menos atractivas
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fsicamente69. Lo anterior se conoce tambin como efecto halo. Si una persona tiene una cualidad, tendr ms. Si alguien es guapo, tambin, se supone, ser bueno, feliz, rico, famoso... Las mujeres valoran cualidades complejas en su pareja, tomando en cuenta desde su educacin hasta sus posiciones polticas. Por eso suelen ser menos impulsivas y se enamoran ms poco a poco, dicen. Pero tambin les gustan los guapos. El fsico masculino favorito para la mujer occidental presenta piernas delgadas, un abdomen delgado/medio y un torso entre medio y grueso (no excesivamente musculoso), siendo las nalgas pequeas y prietas el atributo ms admirado en los hombres junto a una figura esbelta, vientre liso, y unos ojos expresivos. La silueta ms atractiva es en forma de V y la menos popular la figura en forma de pera. Tambin gusta que el hombre sea entre diez y quince centmetros ms alto que la mujer70. En cuanto a los hombres, un estudio de 1969 los agrupa en tres segn la regin anatmica femenina que ms influye en sus gustos y rechazos: amantes del busto, amantes de las nalgas y amantes de las piernas. Los grupos no son excluyentes. Pero no todo es tan carnal: los tres grupos coinciden en valorar especialmente los ojos de la mujer71. La belleza es ventaja. Sternberg cita en su Tringulo del amor una investigacin que es para echarse a temblar. La susodicha consista en que un grupo de personas calificaran la calidad de un ensayo literario con la foto del escritor adjunta a ste. El texto era siempre el mismo pero las fotos cambiaban en cuanto al atractivo fsico, en unos casos el escritor era muy guapo y en otros era muy feo. Las personas ms atractivas recibieron mejores calificaciones para sus ensayos, independientemente de la calidad real del mismo. As, explica
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Sternberg, parece ser que el atractivo fsico puede influir en el modo en que se juzga la obra de una persona. En vista de lo cual, y mientras escribe esto, el escritor ha avisado ya a sus editores para que tengan a punto el Photoshop. Por ser, la belleza es hasta negocio. Hace unos aos, ante un selecto auditorio que se dio cita en una de las salas de Wall Street, sede de la Bolsa neoyorquina, Silvio Berlusconi cant las bondades de Italia y anim a los ricos presentes a invertir en su pas. Adems de buen tiempo, pregon el primer ministro, tenemos bellsimas secretarias y guapsimas muchachas72. Quedaba as reformulada la unidad de medida de la belleza. Milihelena: cantidad suficiente de belleza que las secretaras de un pas deben tener para animar al capital extranjero a invertir mil dlares/euros.
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EL AMOR POLTICO
Al poder nunca le ha gustado mucho el amor, siempre lo ha visto como un invitado indeseable que en el momento menos pensado te desbarata la cena, tan trabajada y planificada. Un buen gobierno prospera en el orden y el amor romntico es lo ltimo que necesita porque trae caos, anarqua y emociones incontrolables. A los empresarios les pasa lo mismo. Se echan a temblar de pensar que sus empleados puedan enamorarse porque por todos es sabido que a los enamorados les importan un pito los horarios, las responsabilidades que no incluyan al amado, los ndices de productividad y otras zarandajas por el estilo. Hasta hace no mucho, unos grandes almacenes (eufemismo que en este pas se usa para no decir El Corte Ingls) no permitan que sus empleados se casaran. No podan impedir que se enamoraran pero s que fueran matrimonio. Si
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se atrevan a tal cosa, uno de los dos deba dejar la empresa. Por supuesto, fue la madre del escritor la que lo hizo. Y qu decir del poder religioso monotesta. Nadie ms que l ha luchado tanto y tan descaradamente por ostentar el monopolio del amor. Si no te lo ha bendecido un cura, tu amor es despreciable, cuando no pecado. Hasta el poder revolucionario teme al amor. Cuenta Rougemont que la Rusia de la Revolucin conoci una alegra sexual en la juventud desconocida hasta entonces en Europa. El matrimonio fue barrido durante el periodo de los soviets. La moral de los intelectuales nihilistas o romnticos, que inspiraba a los jvenes jefes bolcheviques, se tradujo en la realidad por una generalizacin de la unin libre y del aborto. Lenin, en una carta escrita a una camarada, se mostraba indignado por todo ese desorden y protestaba de lo que consideraba una anarqua sexual pequeo burguesa. Veinte aos despus de la Revolucin, con Stalin en el poder, se restableci la familia tradicional por la necesidad de recuperar las bases sociales. Y es que no hay elemento ms esttico y estabilizador que la familia. Nada le sienta mejor al statu quo. Hecha la revolucin, el Estado Socialista dict una serie de leyes contra el divorcio, contra el aborto y contra el abandono de los nios nacidos fuera del matrimonio73. En el captulo dedicado al amor enamorado, se escribi que nadie se enamora si est conforme con lo que tiene, de la misma manera que no se hace la revolucin si se est satisfecho con el estado de cosas. Enamorarse es como hacer la revolucin. La relacin es tanta que se dan ms enamoramientos en el comienzo de los grandes movimientos sociales y polticos y, a menudo, los anuncian. Vase el caso de la Revolucin rusa. La oposicin del poder al amor es directamente proporcional a sus ansias totalitarias. Cuanto ms totalitario pretende ser el poder ms hostil se mostrar ante quien quiere
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ignorarlo. Y sos son, afirma Alberoni, los que se enamoran, los que ven en el amor la posibilidad de rehacer la realidad y se alan con la amada en la ms pequea unidad social capaz de desafiar al poder establecido74. Esta hostilidad de la que habla Alberoni es patente desde hace siglos. Los romanos, por ejemplo, idearon todas aquellas leyendas de finales trgicos para asustar a los ciudadanos. No os enamoris, les decan, o acabaris ardiendo en el peor de los fuegos. Los intentos de manipulacin se han ido afinando con el paso de los aos. Ahora lo que se lleva es hacer que la ciudadana interiorice los valores del poder. Que cada una de nosotras queramos lo que el poder quiere que queramos. Un plan perfecto. A este respecto, Laura Kipnis se muestra implacable. Para ella, el amor es la ltima alienacin social. Cita al filsofo francs Michel Foucault que argument que el poder moderno dej su impronta en el mundo inventando nuevos tipos de recintos cerrados e instituciones (fbricas, escuelas, cuarteles, manicomios) donde los individuos pudieran ser localizados, supervisados, procesados, conocidos, sometidos a la inspeccin, el orden y los horarios. La americana sospecha que el matrimonio actual es una de esas instituciones75. Todas las sustancias que producen efectos sobre la mente suelen estar sujetas a regulacin en las sociedades industriales (sexo, drogas). El amor ms, que nada en el mundo, nos sacude el cerebro, as que, como el resto de sustancias que nos dan placer o nos hacen pensar, es sometido a todo tipo de regulaciones. Existe [contina Kipnis] una interminable cantidad de instrucciones sociales que nos dicen lo que es, qu hacer con l, cmo y cundo. El poder ha diseado un tipo de amor a su medida y nos lo ha metido con calzador. Ha resuelto as el problema que le plantea la insumisin del deseo a la norma establecida. Ahora amamos de la manera que es mejor para la sociedad: como
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hacendosas abejas obreras y dciles constructores de nidos76. En su libro El normal caos del amor, Beck y BeckGernsheim afinan el anlisis. Fue en el siglo XIX cuando la familia actual acab de tomar forma, segn las necesidades de la sociedad industrial. Curiosamente, el trabajo familiar y la produccin industrial se rigen por principios contradictorios. El primero se basa en la gratuidad y el amor, el segundo tiene que ver con las leyes del mercado. Aunque los dos se parecen en ser desiguales. A lo largo de ese siglo, se consolidaron estos dos sistemas de desigualdades: uno relacionado con los medios de produccin (dueos-asalariados) y otro, transversal, relacionado con el gnero (hombre-mujer, esposo-esposa). La modernidad no haba acabado del todo con el sistema feudal que, segn estos autores, sigue presente en el fatalismo que rige el reparto de papeles, ms debido al origen social y al gnero que a las decisiones libres. Si tu familia es rica, difcilmente acabars trabajando por un sueldo de hambre. Si naciste varn, difcilmente acabars fregando los platos de la cena (y los de la comida, que a medioda no te dio tiempo de fregarlos porque el hijo pequeo volvi malo del colegio y tuviste que llevarlo corriendo al pediatra de guardia). Para la mayora, las opciones (no siempre elegibles) son slo dos: o trabajo domstico de por vida o una existencia asalariada. Claro que, por muy mal que te paguen afirman los alemanes, si tienes un empleo eres una persona autosustentada, el dinero lo ganas t y con l compras lo que necesitas t y tu familia. Mientras, las amas de casa deben conformarse con manejar dinero de segunda mano y depender siempre del matrimonio (marido) para el sustento77. Y qu es lo que consuela cuando el despertador nos muestra impertinente y sdico todo un da de trabajo por delante o cuando por la noche caemos derrengados en el sof? Estos destinos de gnero estamentales son mitigados, superados, agudizados y encubiertos por la promesa del amor, afirman
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los socilogos alemanes. Despus de la II Guerra Mundial y la modernizacin del Estado del Bienestar, continan Beck y Beck-Gernsheim, la mujer se introdujo en la sociedad industrial. Es decir, se incorpor al mercado laboral y empez a disearse su propia biografa. Ya no slo era casarse, tener hijos y morir. Las posibilidades crecieron: estudiar una carrera u otra, trabajar antes de casarse o incluso despus de tener hijos, permanecer soltera Esto est provocando la disolucin de muchos valores tradicionales y, entre otras cosas, apuntan, la liberacin de las personas de sus modelos estamentales de gnero. Pero estamos llegando a un punto muerto. Conviene tener presente, recuerdan, que la sociedad industrial no puede ser slo sociedad industrial pues necesita del reparto desigual de tareas y de la gratuidad de la familia para existir (vase en caso de duda la cantidad ingente de trabajo no remunerado que realizan los abuelos, hacindose cargo de la crianza de los nietos, para que los padres puedan trabajar). Por esa razn, los problemas que plantea la sociedad de mercado no se pueden resolver dentro de la sociedad de mercado. La familia nuclear y el reparto de tareas por gnero no es designio divino ni mandato natural. Fueron las necesidades de la sociedad industrial las que crearon la familia tradicional. Entonces qu? Hombres y mujeres no pueden llevar una existencia econmica independiente en esta sociedad tal y como est planteada. Tampoco se pueden superar los estereotipos de gnero con simples enfrentamientos hombremujer. Visto con perspectiva histrica, dicen Beck y BeckGernsheim, sera comparable al intento de convertir a la nobleza en los esclavos de los campesinos. Muchos hombres estn con la mosca detrs de la oreja. Segn Shere Hite, la mayora de ellos temen que la liberacin de la mujer (que incluye su independencia econmica) los deje sin amor. La
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dependencia econmica de la mujer se ha mezclado con los sentimientos amorosos de manera tan intrincada que ha hecho que muchos hombres no estn seguros de que se merezcan el amor a un nivel profundo78. Est conmigo porque me ama pero tambin porque el dinero que la sustenta es el mo. La duda no tiene ms remedio que aflorar. Kipnis alerta de lo que puede estar pasando con el intento de liberacin femenina dentro del mismo sistema que necesita de su sumisin: An est por ver si el mayor logro del feminismo ha sido la liberacin de la mujer o ha sido redistribuir la sumisin femenina ms equitativamente entre los gneros79. El escritor piensa a menudo en esto, sobretodo al medioda, cuando la recibe con la mesa puesta y la cocina recogida y, tras una breve conversacin, se marcha corriendo a seguir trabajando, esta vez fuera de casa, y ella, sin haber recuperado el aliento, recoge el testigo de las obligaciones hogareas y de la crianza. El movimiento feminista est trabajando desde hace aos en el delicado equilibrio entre liberacin y vinculacin. Permanecen las esperanzas en una relacin entre iguales pero cada vez surgen ms dudas. Altable se muestra contundente en este punto: debemos reconocer que el amor romntico es producto del poder; existe y existir mientras haya seres que ejerzan poder y dominio sobre otros, mientras existan las desigualdades sociales, laborales, polticas, etc. entre mujeres y varones y entre las diversas capas sociales80. Pensado con frialdad, lo anterior no es una exageracin muy exagerada. El amor es un producto humano. Las relaciones humanas actuales estn basadas en el poder y la desigualdad (en mayor o menor medida). Ergo, el amor est condicionado por el poder y la desigualdad. Era cuestin de tiempo (o prrafos) que acabramos pinchando en hueso. Las mujeres y el amor son pilares bsicos, afirma el escrito feminista canadiense Shulamith
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Firestorm, examinadlos y estaris amenazando la estructura misma de la cultura81. El empeo de las mujeres en liberarse y una nueva concepcin del amor de pareja nos acercan a otro mundo distinto de ste (y es de esperar que mejor). La mujer no se siente bien en ningn sitio, afirma Shere Hite82. En casa se siente culpable y retrgrada por estar en el hogar. En el trabajo tiene que competir, demostrar que es como el hombre, pero sin sus salarios ni oportunidades. Por si fuera poco, el amor con los hombres tampoco es consuelo. Si las mujeres ya no encajan y forman una mayora de la poblacin acaso esto las convierte en un segmento potencialmente revolucionario? Los estereotipos de gnero son, segn Hite, la causa fundamental de los problemas entre las mujeres y los hombres en las relaciones amorosas. Entre distintos no puede establecerse nunca un buen contrato emocional. Para Hite este contrato es el meollo de las relaciones, el entendimiento implcito entre dos personas respecto a cmo cada una debera comportarse en una relacin, cmo cada persona espera que el otro exprese sus emociones, cmo cada uno interpreta las protestas emocionales y los silencios del otro. Despus de la igualdad, y slo entonces, se podr establecer en la intimidad de cada pareja un contrato emocional justo y reconfortante. Un contrato que impida que l la deje con la palabra en la boca, en el que las necesidades de ella no sean tomadas por tonteras y etctera. Sin el bloqueo de su obstculo fundamental, la desigualdad emocional, el amor florecer en las relaciones, confa Hite. Ya se lleva recorrida buena parte del camino. Quizs no se tenga todava un contrato emocional que haga felices a las dos partes, pero las familias llevan dcadas democratizndose. El hombre ya no es el cabeza de familia. Su palabra no es ley y cada vez ms cosas deben ser discutidas y acordadas. Una pareja democrtica es una pareja ms amorosa, aunque el
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amor no est muy acostumbrado a usar el lenguaje poltico. Lo que est ocurriendo en la mente de las mujeres es una revolucin cultural a gran escala, anuncia Hite. Desde la frustracin, que es de donde surge la revolucin, se replantean seriamente su relacin amorosa. No es satisfactoria, por lo que est mal, por lo que hay que cambiarla. Esas preguntas empiezan con un por qu no me llama, siguen con por qu mi padre era as, despus con por qu el amor es tan difcil y acaban cuestionando todo el sistema. Van descubriendo la realidad que las rodea y van cambiando sus puntos de vista, sus ideologas y filosofas. A la par que las mujeres han ido incorporndose al mercado laboral, han empezado a enfrentarse al modelo cultural imperante, algo que ha sido llamado por muchos la revolucin silenciosa. El sistema femenino, con su reserva de valores humanos que resaltan la reciprocidad y la cooperacin, es un autntico tesoro cultural. Ya est bien de que la mujer tenga que masculinizarse cada vez que entra en una nueva parcela de la sociedad. La opcin es que se feminice la sociedad 83. Y hay que apuntar que el amor y el enamoramiento siempre se han considerado femeninos. En palabras de Barthes: Este hombre que espera y sufre est milagrosamente feminizado, un hombre no est feminizado porque sea invertido sino por estar enamorado. Para el francs hay una utopa y un mito: el origen ha pertenecido, el porvenir pertenecer a los sujetos en quienes existe lo femenino84. Puede que encarando los defectos de la vida en pareja se entre de lleno en la utopa que acabe reformando los defectos de la sociedad. Cuando amemos ms igualitariamente, seremos ms igualitarios. Cuando amemos ms libremente, seremos ms libres. Lo personal sigue siendo poltico.
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EL AMOR ETERNO
La excusa perfecta para, en el captulo dedicado al amor eterno, contar, por fin, la historia de Tristn e Isolda es la siguiente: ambos se enamoran despus de beber un filtro amoroso con fecha de caducidad! Tristn no se llam Tristn por casualidad. Llega a este mundo con muy mal pie. Su padre acababa de morir y Blancaflor, su madre, muere en el parto. Por suerte para l, y todo el amor romntico occidental, su to materno, el rey Marcos de Cornualles, se lo lleva a la corte y lo educa como a un hijo. Casi desde pequeito, empieza a realizar proezas. Poco despus de ser nombrado caballero (alrededor de la pubertad) pide permiso para enfrentarse a Morholt, un gigante que acuda a Cornualles cada cierto tiempo a exigir un tributo en forma de jovencitas. Se le concede el permiso y Tristn vence
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al gigante. Pero la gesta no le sale gratis porque recibe una estocada emponzoada. Sin esperanzas, se embarca a la aventura en un barco sin vela ni remos. Entre la valenta y la estupidez. La fortuna lo lleva hasta las costas de Irlanda, cuya reina es la nica que conoce la manera de curar la herida envenenada. Como resulta que la reina era hermana del gigante, Tristn se hace el tonto cada vez que sale el tema y se guarda muy mucho de decir nada al respecto. La hija de la reina no es otra que Isolda, a la que le encargan que cuide y atienda al joven caballero. Aos ms tarde y por esos caprichos de la ficcin, un pjaro le lleva unos cabellos de oro al rey Marcos, al que no le queda ms remedio que prometerse en matrimonio con la desconocida duea de aquella cabellera dorada. Quin no lo hara? Sin pensrselo dos veces, enva a su sobrino en busca de la misteriosa dama. De nuevo el destino lleva a Tristn a las costas de Irlanda. All, vuelve a enfrentarse a un monstruo. Esta vez un dragn. Y como pasara con el gigante, vence pero resulta herido e Isolda le cuida y consuela. Alguien se va de la lengua e Isolda averigua que Tristn es el asesino de su to Morholt. Irrumpe en el bao del hroe armada con una espada y amenaza con matarlo. Tristn, buscando la manera de librarse de aquello, le cuenta que est all con la misin de llevarla a Cornualles para que se case con el rey Marcos. Tal revelacin detiene las ansias de venganza de Isolda, que se muere por ser reina. Algunas versiones dulcifican el cambio de opinin de la joven afirmando que tambin par el golpe porque la belleza de Tristn la perturb. En el viaje de vuelta a Cornualles, en plena alta mar, el viento amaina y el calor se vuelve sofocante. La sirvienta Brangania les ofrece una bebida refrescante pero, por error, les da el vino con hierbas que la reina de Irlanda haba preparado para su hija y su prometido. Los jvenes beben el
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filtro de amor y entran en un destino trgico que no les abandonar durante el resto de sus vidas (aunque el bebedizo tuviera fecha de caducidad). Obnubilados por el brebaje mgico, se confiesan su amor y lo consuman. Tristn ha traicionado a su rey pero sigue comprometido con l. As que, tal y como le fue encargado, le entrega a Isolda. La noche de bodas, Brangania se hace pasar por Isolda sin que Marcos llegue a enterarse de nada. Bendita oscuridad. De esa manera, la honra de su ama es protegida y la doncella expa su error fatal. Unos barones felones descubren el asunto y van con el cuento al rey. Chivatos. El enano Frocn, cmplice de los barones, les tiende una trampa a los amantes sembrando flor de trigo entre sus camas. Antes de partir a una nueva misin, Tristn quiere reunirse con Isolda. Para no ser descubierto, salva la distancia entre los dos lechos de un salto (?). Pero con el esfuerzo se le abre una herida que tena en la pierna y la flor de trigo se mancha de sangre. Esto alerta al enano, a los barones y al rey que sorprenden a los amantes en la cama. Para que luego vayan por ah diciendo que el amor corts no se consumaba. Isolda es condenada a ser entregada a una banda de leprosos (eso es saa y lo dems tonteras) y Tristn es condenado a muerte. Pero el hroe, en el proverbial ltimo segundo, escapa, libera a Isolda y se fugan juntos al bosque de Morrois. All llevan una vida dura y spera. Un da, Marcos los sorprende. Los amantes estn durmiendo uno al lado del otro, desnudos pero con la espada del caballero entre ambos. Emocionado por lo que considera un gesto de castidad, Marcos los perdona y sustituye la espada de Tristn por su espada real. Pasados los tres aos, el filtro deja de actuar. Tristn se arrepiente de lo que ha hecho e Isolda echa de menos las comodidades de la corte. El enamoramiento se ha esfumado y
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el amor que ha ocupado su lugar no parece ser lo suficientemente fuerte. Acuden a la casa del ermitao Ogrn y, a travs de l, Isolda es devuelta a Marcos. Nuevas aventuras llevan lejos a Tristn que, convencido de que la reina ya no le ama, consiente en casarse con Isolda la de las blancas manos. Se casa con ella slo por su nombre, que le recuerda a su amor verdadero. Por ensima vez, Tristn, el ms pupas de todos los mitos, recibe una herida envenenada. Slo la reina de Cornualles puede salvarle. Cuando es avisada, acude en ayuda de su amor lo ms rpida que puede. Isolda de las manos blancas vigila la llegada. Ve llegar el barco de su competidora enarbolando la bandera blanca de buen augurio. Pero, movida por los celos, se acerca al lecho de su marido y le anuncia que la bandera es negra. Tristn, creyendo que Isolda no acude a su lado, muere. Al poco, llega Isolda la rubia (la primera y verdadera) y al ver muerto a su amado, abraza su cuerpo inerte y muere tambin. Alegra. Que en una historia como la anterior, tan tremenda, el filtro de amor dure un tiempo determinado da que pensar. Ante la eternidad, nos encontramos con una situacin similar a la que tuvimos al abordar la felicidad o el amor (in)finito. Quien mucho abarca poco aprieta. Ms nos vale ajustar nuestras expectativas porque as ser ms probable que sean satisfechas. En el amor no nos andamos con chiquitas. No slo nos empeamos en institucionalizarlo sino que ante las autoridades humanas, y muchos ante las divinas, juramos amor eterno. Estas ceremonias y sus smbolos no son cuestiones azarosas. El amor tendr fecha de caducidad pero si se jura eterno, habr que hacerlo eterno. Para fortalecer el juramento se aaden los smbolos, tan influyentes en el espritu humano. El anillo que se regalan los esposos no tiene principio ni fin, al igual que el amor que se han jurado. Se
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trata de un smbolo de la eternidad del amor que se ha utilizado desde el Antiguo Egipto (el primer anillo del que se tiene constancia es de 2800 aos aC)85. En Estonia van ms all y algunos novios, despus de casados, caminan ceremonialmente alrededor del borde circular de un lago (circular como el anillo de la alianza, como la eternidad). El lago se encuentra, ni ms ni menos, en el interior de un crter que un meteorito hizo al chocar contra la Tierra. Y, sin embargo, lo nico que el amor no puede vencer es el tiempo. Isolda y Tristn se aman apasionadamente pero cuando pasan los tres aos y se descubren en el bosque padeciendo penurias llega el arrepentimiento y la aoranza de lo perdido por culpa del amor. Y eso que los trovadores fueron generosos al darle al filtro de amor una duracin de tres aos. Un equipo de neurlogos concluy hace unos aos que el amor romntico dura normalmente entre doce y dieciocho meses. Fisher, que es quien cita el dato anterior, se empea en dar su cifra: nuestro estudio del cerebro sugiere que el amor puede durar al menos diecisiete meses86. Ao y medio, tres aos... lo que parece evidente es que la cosa no es para siempre. Otros, por el contrario, tienen su propia opinin. Enrique Rojas afirma que todo amor autntico es perenne, eterno e infinito87. Otra vez se pierde la perspectiva. Si el amor es producto humano y el humano no es ni perenne, ni eterno ni infinito cmo puede serlo su amor? De nuevo se trata de plantear que el amor es una cuestin divina? La parte maliciosa del escritor sospecha que estas afirmaciones tan categricas encierran cierto inters. Si el amor perfecto es algo que ninguna persona puede conseguir (nadie es perfecto), todos los amantes acabarn frustrados antes o despus. Y a los terapeutas no les faltar trabajo. Slo hay dos casos en los que es posible que el enamoramiento dure aos y aos y ambos tienen que ver con
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la no-resolucin, con el no-final. Rick ha pasado aos intentando olvidar y ahora, de entre todos los cafs de Casabanca, ella ha tenido que ir precisamente al suyo. Borracho y todava enamorado, le empieza a contar a Ilsa una historia de amor, su propia historia de amor. Al rato, cuando se queda callado, ella le pregunta por el final. Todava no lo s, responde Rick. El amor eterno es el amor eternamente insatisfecho de los trovadores o el del protagonista de la pelcula Casablanca. La primera opcin de las dos posibles para conseguir la eternidad es que los amantes mueran. Su amor apasionado que todava no ha podido ser vencido por la rutina se ha ido con ellos y ser tan eterno como lo sea la muerte. Tal es el caso de tantas y tantas parejas que habitan en los mitos. La segunda opcin es que el amor sea obstaculizado, que interminables complicaciones impidan que la pasin se culmine: los nazis invadiendo Pars y el lder de la resistencia llamando a Ilsa a su lado. Pocas cosas alimentan tanto al amor romntico como las dificultades. Seguro que la lectora lo sabe bien. En todo caso, si uno quiere buscar una artimaa para declarar su amor eterno puede recurrir a la capital francesa. Siempre nos quedar Pars, dijo Ilsa Laszlo. Est el amor y la pareja en el punto que sea, los recuerdos los podemos atesorar. Busca una circunvolucin cerebral en el que estn cmodos y djalos ah bien guardaditos, como oro en pao, para poder recuperarlos cada vez que te venga en gana. Adems, cuentas con la ventaja de que la memoria va puliendo los recuerdos, quitndoles lo malo y dejando slo lo bueno. Es el consuelo habitual ante una ruptura: te quedarn los buenos momentos que pasaste con l. A esto lo podramos llamar la doctrina E.T.: siempre estar aqu, dice la que se va, mientras con un dedo luminoso seala la frente del que se queda.
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EL AMOR CONTRARIADO
El amor romntico occidental es as, se recrea en la desgracia. Varios botones de muestra: Bertold Brecht: Cuando no duele la herida / duele la cicatriz88. Mara Alcoforado, la monja portuguesa enamorada: Os agradezco desde el fondo de mi corazn la desesperacin que me causis, y detesto la tranquilidad en que viva antes de conoceros... Adis, amadme siempre y hacedme sufrir an mayores males89. La seorita de Lespinase le escribe a su amado el conde de Guibert: Te quiero como se ha de amar, con exceso, con locura, con desespero90. Marcel Proust: El amor es una tortura mutua91.
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Fiodor Dostoievsky: Lo que no s es cmo voy a vivir el tiempo que falta para que volvamos a vernos!92 De los trovadores del siglo XII a la cancin pop de entresiglos compuesta por Fernando Alfaro: Yo tena un verdadero amor / y lo tuve que matar / nos hacamos tanto dao 93 o Por qu si te quiero tanto / te hago tanto dao?94 Novalis: Cuando huimos del dolor es que ya no queremos amar... ...que dios me conserve ese dolor, que me es indeciblemente caro95. Un bolero escogido al azar: Quiero emborrachar mi corazn / para apagar un loco amor / que ms que amor es un sufrir96 Lawrence Durrel: Me pregunto quin invent el corazn humano. Dmelo, y mustrame el lugar donde lo ahorcaron97. Ovidio: El placer que obtienen los amantes es escaso; mayor es el sufrimiento: preprense en su interior para soportar muchas cosas98. Los botones podran amontonarse hasta abastecer todas las merceras de una gran ciudad. A comienzos de este siglo, la polica de Washington redact un declogo de cmo hacer buenos y tempranos delincuentes. Estaba dirigido a los padres y el sexto mandamiento mandaba as: Djele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estn esterilizados, pero deje que su mente se llene de basura99. Los padres del amor, Poros y Pena segn Platn, deberan haber cuidado algo ms las lecturas de su hijo. Tanto Dostoievski, tanto Flaubert y tanto Hugo no le han hecho
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ningn bien. Habiendo crecido con mitos amorosos como el de Tristn e Isolda, o el de cualquiera de las otras parejas, y habiendo escuchado sin cesar el run run con el que comenzaba este captulo, el amor ha quedado unido a la desgracia en nuestra cultura, tal vez para siempre. El gusto del amor por lo que le contrara se hace ms que evidente en la necesidad que del obstculo tiene el amor romntico. Cualquier madre que le haya dicho a su hija que nada de salir con el chico se del pendiente y los tatuajes dar fe de ello. Las madres dan fe y los cientficos lo demuestran. En un artculo titulado Parental Interferente and Romantic Love (Interferencias paternas y amor romntico), un grupo de psiclogos observaron que la intromisin paterna en una relacin determina que sus miembros se unan con ms fuerza. Por lo tanto, si los padres quieren impedir una relacin, lo mejor que pueden hacer es apoyarla vivamente100. Es como si hubiramos llegado al siguiente punto: no es que el amor se crezca en la contrariedad, es que sin ella no es posible. Lo que cuenta no es un tipo de barrera especial sino la existencia de una barrera. Da igual: oposicin familiar, relacin de parentesco, fe religiosa, orientacin sexual, matrimonio... Lo determinante es que haya un rey Marcos y unos barones felones a los que burlar. Pero mantengmonos escpticos. Charo Altable opina que el amor, alegra por excelencia, no tiene nada que ver con el sufrimiento o el dolor. El dolor tiene que ver con el desamor101. Lo anterior parece ms un deseo que una realidad. S, es cierto que el amor recproco nos hace intensamente felices. Pero igual de cierto es que el conflicto forma parte de las relaciones humanas y, nos recreemos ms o menos, el amor estar irremediablemente acompaado de momentos de enfado, de desesperanza, de dolor, de angustia... A lo mejor no habra que darle tantas vueltas. A saber si
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el amor romntico se ha ido impregnando del gusto occidental por la desgracia o si ha sido al revs y el gusto occidental por el sufrimiento ha ido conformando un tipo de amor apasionado y romntico como el que conocemos ahora. Sea como fuere, el amor parece ya inseparable del dolor. Tampoco pasa nada. No hay que huir del dolor ni del desamor. Sufrir no es necesariamente una enfermedad, aunque en la actualidad haya toda una corriente de pensamiento que criminaliza el dolor y nos obliga a aspirar a unas vidas aspticas y monocordes en las que no hay que dejar ni un rinconcito para sufrir. El amor se crecer ante la adversidad y nos har pasar malos ratos pero es que el amor es as. Quizs si, animados por esta corriente posmoderna de lo fcil, lo rpido y lo inocuo, vaciramos el amor romntico de desgracias y obstculos, ya no sera amor romntico. Se tratara de aceptar que en las relaciones de pareja hay una dosis positiva (e inevitable) de conflicto. Cuando en el tercer captulo de Mujeres desesperadas, un polica interroga a Bree (una de las protagonistas) acerca de la muerte de su marido, le pregunta sobre su relacin de pareja y si tenan ms o menos problemas. ramos un matrimonio, responde ella, claro que tenamos problemas. Poco ms se puede aadir.
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EL AMOR MUERTO
En el captulo anterior, se repasaba la relacin del amor con las desgracias y los obstculos. La muerte es, precisamente, la mayor de las desgracias, el obstculo definitivo porque no suele ser vencido. Aunque se han documentado casos de amantes que s lo han logrado. Orfeo casi consigue rescatar a Eurdice de Otro Mundo. Superman, desesperado al encontrarse a Lois Lane muerta, hizo rotar la Tierra en sentido contrario al habitual, deshizo el tiempo y devolvi la vida a su amada (como pudo verse en Superman I). Un milagro similar realiz Neo en la segunda parte de Matrix. El Elegido introdujo su mano en la versin digital de Trinity y, con su poder extraordinario, consigui que tanto los ceros y unos de un lado como la musculatura cardaca del otro volvieran a latir. Quizs el caso ms desgraciado de amantes que fueron ms all de la muerte es el de Dido y Eneas. Despus de la
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cada de Troya, el hroe local Eneas se hace a la mar. Es el momento de buscar otro hogar. Tras una tormenta, Eneas y su fiel amigo Acates son separados del resto de la tripulacin y llegan a la costa africana, a una ciudad fundada por la reina Dido. Envueltos por la magia, son invisibles y recorren la ciudad. Eneas se queda maravillado por todo lo que contempla. En esto llega el resto de la tripulacin y consiguen hablar con la reina. Le cuentan todas sus aventuras y ella lamenta que el hroe no est all presente. Al or sus palabras, Eneas decide volverse visible y presentarse a la reina. Ni que decir tiene que se enamoraron. Dido era viuda y al morir su marido, haba decidido que su amor quedara enterrado con l para siempre. Pero, como se contaba en otro captulo, la eternidad amorosa es un concepto relativo. El amor es eterno hasta que deja de serlo. Eneas enciende la pasin de la reina y la promesa queda borrada. Pasan as meses de placer, lujuria y amor. Hasta que los dioses, siempre tan impertinentes, le ordenan a Eneas que contine el viaje y busque su patria perdida. Dividido entre el amor y el deber, Eneas duda. Finalmente, decide hacerle caso a los dioses. Cuando Dido se entera de los propsitos de su amado, enloquece de dolor. La poderosa reina pierde los papeles y le ruega a Eneas que no se marche. El miedo a perder al amado borra de la poderosa gobernante todo vestigio de dignidad y orgullo. Llora, suplica y se arrodilla ante Eneas. Todo en vano. Cuando sus ruegos caen en saco roto, monta en clera y le desea la peor de las desgracias. Pocas rabias superan a la del amante traicionado. En el amor todo es talla XXL. Dido llega a la habitacin que comparti con Eneas. Coge las pertenencias que ste no haba recogido y hace una pira con todas ellas. La reina se lanza a las llamas despus de
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ensartarse con la espada de su segundo marido (alguien da ms?). Su nico consuelo es que Eneas ver su pira funeraria desde el barco en el que ha partido de la ciudad. Aos despus, Eneas desciende a Otro Mundo y se encuentra con Dido. Le explica que tuvo que dejarla por mandato divino y le suplica su perdn. Ella se muestra inconmovible y, rencorosa, no le perdona. Dido muri por amor y vivi toda su muerte consumida por el desamor. La muerte y el amor tambin se entremezclan en los cuentos infantiles. El Hrcules de Disney, por ejemplo, se zambulle en el Otro Mundo, engaando a Hades, y consigue rescatar a Meg, su amada. Aunque, sin duda, la historia ms conmovedora es la de El soldadito de plomo de Hans Cristian Andersen. El soldadito viva feliz en la habitacin de los nios hasta que una rfaga de viento le hizo salir volando por la ventana. Desde ese momento, le sucedieron todo tipo de aventuras. Mientras que navegaba en un barquito de papel, peleaba con ratas y era devorado por un pez, pensaba en su amada bailarina, tambin de plomo. El azar que le hizo pasar tantas penalidades, hizo tambin que acabara volviendo al lado de la bailarina. Cuando se las prometa muy felices y cruzaba lnguidas miradas con su amada, lleg uno de los nios y, sin mediar palabra, le arroj al fuego de la estufa. El soldado sinti un terrible calor, pero ignoraba si aquello que lo consuma era el fuego o el amor102. Mientras se derreta, su mirada segua entrelazada con la de la bailarina. Una nueva rfaga de viento intervino en la historia, esta vez para arrastrar a la bailarina al fuego, junto al soldado. El soldadito se fundi en una masa y al da siguiente, cuando la criada retir las cenizas, lo encontr convertido en un pequeo corazn de plomo; de la bailarina, en cambio, quedaba slo la lentejuela, que el fuego haba vuelto negra como el carbn 103. Desde pequeitos nos cuentan y ensean la relacin del amor con el dolor y la muerte.
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Y ya puestos a repasar amantes y muerte, el escritor cree de justicia recordar una historia de protagonistas annimos. El 29 de agosto de 2003, dos personas murieron arrolladas por un tren104. El suceso ocurri a las 23 horas en la estacin de Alcantarilla (Murcia), cuando pasaba el TALGO nmero 226 que haca el recorrido Madrid-Cartagena. l tena 35 aos y haba nacido en Palma de Mallorca, ella era una murciana de 33 aos. Lo sorprendente del caso es que la pareja invadi la va voluntariamente y all en medio se abrazaron. El maquinista pudo verlos y les avis haciendo sonar el claxon del tren. Pero los amantes desoyeron los avisos y permanecieron abrazados hasta que la mquina los arroll. Abrazados. As haban decidido morir. La muerte de estos amantes est a la altura de Ana Karenina o de Monsieur Bovary (todo un hroe de las muertes romnticas). La muerte, adems de un momento absoluto de no retorno, es muchas cosas, sobre todo alegricas. Para los poetas que cantaban los amores de Tristn e Isolda, la muerte era la vuelta a la Noche, la liberacin de un mundo (el de los vivos) gobernado por el mal. La muerte aparece tambin como un ltimo gesto de voluntad y decisin. El enamoramiento nos rapta y nos priva de autonoma. Muriendo volvemos a tener el control. Es el rescate de su destino lo que satisfacen al morir; es un desquite por el filtro de amor, escribe Rougemont refirindose a Tristn e Isolda105. La muerte en pequeo tambin es, al menos para los franceses, el orgasmo. Ese preciso instante en que uno no sabe por dnde le circula la sangre, en que los msculos se desfondan y el aliento se nos escapa por la boca en un gemido que igual sirve para el placer que para el dolor. El momento cumbre del placer no es ms que una muerte en miniatura. Los amantes mueren abrazados para resucitar al instante. Para los budistas, la muerte es la verdadera liberacin,
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la paz duradera. Slo hay una forma de librarse del agotador carrusel de reencarnaciones sucesivas: la muerte. Las almas transmigran sin cesar. Si hemos cometido malas obras, nos reencarnaremos en una existencia peor y viceversa. Pero la meta ltima es, sin embargo, salir para siempre del ciclo de reencarnaciones106. De manera anloga, enamorarse es morir para el mundo cotidiano y renacer en un nuevo mundo esplendoroso y radicalmente distinto. Enamorados, rompemos la tediosa cadena de causas y consecuencias, liquidamos el karma y alcanzamos la paz redentora del amor.
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EL AMOR TRABAJADO
En el siglo XII, entre cruzada y cruzada y cancin y cancin, los nobles se entretenan jugando a las cortes de amor. Alguien planteaba una cuestin amorosa y los participantes deban resolverla, dictando una sentencia final. Si un enamorado ha jurado a su amada que no cantar sus virtudes ni la defender nunca y falta a su palabra para defender el honor de ella ante unos caballeros que la insultan, es digno de seguir siendo amado? Quin es preferible, un pobre honesto o un rico noble, un joven bello carente de toda honra o un caballero feo que s la tiene? Si un caballero pierde un ojo u otra parte del cuerpo luchando valientemente debe perder los favores de su amada? En su Tratado de amor, Andreas Capellanes recoge muchos de estos juicios amorosos. Una de las principales juezas fue la Condesa de Champagne. Un ejemplo servir para poner de manifiesto quin era y cmo se las gastaba esta mujer. Capellanus cuenta que la dama A. y el conde G.
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enviaron una carta a la condesa Marie de Champagne. En la misiva le planteaban dos preguntas, una de ellas la siguiente: Puede existir verdadero amor entre los esposos? Resulta que tras haber pasado toda una tarde discutiendo la cuestin, no se ponan de acuerdo y pedan el arbitrio de la condesa. sta respondi amablemente diciendo que, tras analizar minuciosamente cada tesis y buscar por todos los medios la verdad, queran poner fin al litigio con el siguiente juicio: Decimos y afirmamos que el amor no puede extender sus fuerzas entre dos esposos. En efecto, los amantes se dan todo gratuitamente el uno al otro y sin que una razn lo obligue; en cambio, los esposos estn obligados, por el deber, a satisfacer sus mutuos deseos y a no negarse nada. Recuerda tambin varias reglas del amor corts para afirmar de nuevo que el amor no podr extender sus derechos entre los casados. Tal juicio, apunta, ha sido corroborado por el consejo de muchas damas y debe ser considerado como una verdad indudable y eterna. A 1 de mayo de 1174107. Este juego daba mucho de s y era muy recomendable para combatir la melancola de las tardes de domingo. Muchas de las cuestiones discutidas en este libro podran haberse planteado como cortes de amor. Por eso, este captulo se plantear como tal. Varios personajes, con la Condesa de Champagne como moderadora y jueza, discutirn si el amor debe ser trabajado o espontneo, qu cantidad de esfuerzo es tolerable invertir en carantoas y cuestiones por el estilo. Galera de personajes: La moderada: Mujer. 36 aos. Tras varias idas y venidas ha encontrado el amor de su vida. Est pletrica. El fatalista: Hombre. 33 aos. La vida y el desamor le han destruido la imagen perfecta que tena del amor.
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La convencida: Mujer. 19 aos. Para ella el amor perfecto existe. El apasionado: Hombre. 22 aos. La mujer de su vida se ha fijado en l, por fin. Lo ve todo de color de rosa. La cnica: Mujer. 40 aos. Considera el amor un producto cultural al servicio del sistema. Cree que hay cosas mejores. CONDESA DE CHAMPAGNE: Seoras, seores... discutimos hoy la relacin entre amor y trabajo. Para algunos el amor es cuestin del azar y de los sentimientos. Para otros es pura voluntad. Hoy deberemos concluir algo al respecto. Les rogara brevedad y que exponga cada cual su opinin sin entrar en ms debates que los imprescindible. Es que a las siete he quedado con mi trovador, que me va a cortejar un rato. Puede empezar por ejemplo... usted, seora Moderada. Moderada: Me gustara empezar sealando una cuestin importante. Hay quien est convencido de que el amor es una simple cuestin de azar. Y en parte lo es, al menos al principio, pero las cosas importantes de la vida no pueden dejarse en manos del destino, ni que furamos marionetas. Somos personas tambin cuando amamos y tenemos que demostrarlo siendo responsables y activas. Para la prctica del amor hace falta lo mismo que para la prctica de cualquier arte: disciplina, esfuerzo, tesn, paciencia, teora Cnica: Por favor! No tenemos bastante con trabajar diez horas diarias para tener que emplear las pocas fuerzas que nos quedan en seguir trabajando en casa? Disciplina,
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esfuerzo, tesn... pero no estbamos hablando de amor? Fatalista: No le falta razn a Cnica. Muchas mujeres estn cansadas de los esfuerzos interminables que deben realizar al cabo del da. Deben ser madres, amas de casa, trabajadoras competentes y competitivas, esposas entregadas... Por su parte, muchos hombres deben hacer lo mismo y conviene recordar que an no tienen la suficiente prctica en eso. Moderada: Pues ya va siendo hora de que practiquen. Fatalista: Y estamos en ello. Vale, no todos, pero cada vez somos ms. Apasionado: Creo que es cierto, nos guste ms o menos, que el azar es muy importante en el amor. Dar con la persona adecuada es como encontrar una aguja en el pajar. Y que adems ella se fije en ti eso es rizar el rizo, cuadrar la circunferencia. Convencida: No ser tan difcil cuando hay tanta gente que se ama. El amor es un sentimiento maravilloso que nos transforma en personas maravillosas. Eso es lo importante. Fatalista: No me puedo creer que reduzcas el amor a simple maravilla. Si es tan fcil, qu hacemos nosotros aqu discutiendo? El amor como poco tiene dos caras y como te ensee la mala ests perdido. Moderada: Por eso es tan interesante este debate, deberamos ser capaces de evitar esa mala cara del amor. Estoy convencida de que con nuestro esfuerzo y un poco de saber hacer podemos prolongar el amor y conseguir que dure
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la felicidad. Convencida: Pues yo pienso que el verdadero amor se mantiene por s solo. Cuando una pareja se ama de verdad no tiene que hacer cosas artificiales para mantener la pasin. Cuando se tiene que recurrir a los trucos y las recetas es mala seal. Un amor mantenido de esa manera sera algo as como un zombi. Si el amor ha dejado de funcionar, lo mejor es dejarlo. Fatalista: No es mala seal, nia, es que la vida es as. Espera a estar en pareja, a pagar hipoteca y a pasar noches en vela por culpa del clico del lactante u otro problema por el estilo. Ya vers qu poco dura el amor ante la vida real. Me acuerdo de esa pelcula, Cmo era? Ah, s, Love Story y esa tontera de que amar significa no tener que decir nunca lo siento. Pero si amar es tener que estar todo el tiempo diciendo lo siento. Apasionado: Hablas del amor y de la vida real como dos cosas distintas y el amor tambin es la vida real. Son dos cosas que pasan a la vez. La vida no slo son problemas y complicaciones que matan el amor. A veces la vida te pone en el sitio justo para encontrar el amor. Moderada: En realidad, debatir si el amor se trabaja o se cultiva es algo secundario. Lo que debera quedar meridianamente claro es que el amor necesita de la voluntad. La euforia de los primeros meses est destinada a desaparecer y est bien que as sea. A lo largo de la vida debemos ocuparnos de muchas cosas, no slo de regodearnos en el amor. Una vez consolidada la pareja, las llamas se van atenuando y hay que cuidar el fuego de vez en cuando para que no se apague.
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Apasionado: Quizs habra que insistir en la idea de que hay como dos momentos: el del enamoramiento y el del amor. Al principio, creo que todos estamos de acuerdo, no hace falta hacer nada, el enamoramiento se va haciendo solo. Resulta tan fcil todo. Pero es verdad que despus las cosas se pueden ir complicando y cada cual tiene que ir poniendo de su parte. Fatalista: E incluso poniendo cada uno de su parte, el amor acaba por agotarse. Convencida: Creo que te ests dejando llevar por alguna mala experiencia. Me niego a pensar como t y dar por hecho que el amor tiene que acabar siempre mal. Fatalista: Yo no digo que acabe mal, digo slo que acaba. Convencida: Eres un triste. Cnica: Estoy con la nia cuando dice que si el amor no funciona lo mejor es dejarlo. Apasionado: Eso no es de cobardes? Cnica: No lo creo. Lo que es de cobardes es quedarse en una pareja finiquitada, fingiendo que no pasa nada. Cunta gente hay as? Fatalista: Como si fuera tan fcil separarse. Busca un abogado, otro piso, a ver qu haces con la hipoteca, con los hijos, repartir los libros, que si ste lo compr yo, que si ste es mo
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Cnica: No ser fcil pero es lo menos que uno puede hacer cuando el amor ha desaparecido. Apasionado: Pero habr que intentar que no sea as. Cuando uno se enamora es por algo. No creo que ese amor merezca ser abandonado a las primeras de cambio. Los amantes tenemos la responsabilidad de cuidar, o cultivar, como queris, el amor. Es importante cuidar los detalles, hacer cosas juntos, esforzarse por el otro Hacemos cosas por los hijos, por los amigos, por la familia, con ms razn deberamos hacerlas por la pareja. Cnica: La pareja debera ser alguien que te cuide, que te consuele no alguien que te suponga una carga extra de trabajo, para eso ya est el jefe y los compaeros gorrones. Moderada: Creo que esa visin es algo reducida. Tienes razn en lo que debe ser una pareja, pero el amor es de ida y vuelta y si uno quiere ser cuidado, tambin debe cuidar. Me vais a permitir la metfora, pero si no se riega y cuida el rbol, una no puede ir luego a tomar los frutos. CONDESA: Muy bien, muy bien. Lo vamos a dejar aqu. Ahora me toca a m dictar sentencia. He escuchado con sumo inters los argumentos de todos los participantes. Os anuncio que, a diferencia de otras veces, hoy me encuentro algo salomnica y optar por una solucin de compromiso. Ya s que las soluciones de compromiso son las ms fciles y que acaban por dejar insatisfechos a todos. Pero es que, entindanme, estoy loca por irme con mi trovador. El enamoramiento es un estado que depende casi ms del azar que de nosotros mismos (aunque nuestros gustos secretos influyan en la eleccin de la persona amada). En ese
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estado, el amor debe ser espontneo y florecer sin esfuerzo. Quien, estando enamorado, deba recurrir a trucos para mantener su amor, tendr que pensar seriamente en dejarlo. Un enamoramiento autntico no necesita esfuerzo alguno para mantenerse. Otra cosa es el despus. Para este caso da igual el nombre que se use: amor conyugal, matrimonio, pareja, apego El amor con vocacin de futuro debe contar con la voluntad de los amantes. El amor depender de nuestras decisiones y nuestros actos. Es conveniente cultivar el amor para que se mantenga en el tiempo y, de vez en cuando, nos ofrezca alguna que otra flor. Ahora bien: no se lleven los esfuerzos ms all de lo razonable. El amor no debe mantenerse artificialmente vivo cuando haya muerto. Nunca consientan que sea un zombi, como ha dicho la nia. Si ven que huele olvdense, ya no es amor. Y hasta aqu puedo leer. Me voy corriendo que ya oigo al final del pasillo las dulces notas del lad de mi amado trovador. Que ustedes lo pasen bien.
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EL AMOR RECETADO
Hay gente con empeos muy raros. Por ejemplo, Robert Epstein. Este psiclogo y director de la revista Psichology Today public un editorial solicitando la colaboracin de una mujer con la que salir. Sus intenciones eran nobles. El tipo aseguraba que tras seis meses de salir juntos (un ao si se le resista) y realizar una serie de ejercicios, acabaran los dos amndose apasionadamente. Se comprometa a, si era necesario, acabar en el altar mayor. Algunas de las normas que deban cumplir durante ese tiempo de enamoramiento in vitro eran: se lo contaran todo y se aconsejaran mutuamente de forma habitual, leeran muchas novelas y ensayos sobre el amor, practicaran la respiracin sincronizada y se esforzaran en conocerse a fondo el uno al otro108. No hay constancia de si Epstein encontr una
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voluntaria ni de, en ese caso, cmo finaliz la prueba. Sin embargo, y aunque parezca lo contrario, hay numerosos precedentes. Cuntos matrimonios de conveniencia han finalizado en amor? No hay estadsticas pero deben de ser un buen puado. Esto se puede mirar desde dos ngulos. Uno irritado y ofendido por tamaa banalizacin del amor. Dnde est la magia? Y el misterio del flechazo? Qu ha sido del rapto apasionado? El otro punto de vista sera ms calmado y pragmtico. Podemos aislar determinados comportamientos que favorecen tanto el enamoramiento como el amor. Una vez analizados se pueden estudiar y, despus, ofrecer en atractivas presentaciones y cmodas dosis. El amor tiene mucho de magia y azar pero tambin puede entenderse como una materia moldeable y previsible. Ovidio aconsejaba a quien quisiera conquistar a una mujer que fingiera estar enamorado de ella. Pero, al mismo tiempo, adverta: Ms de una vez sin embargo el que slo simulaba, comenz a enamorarse de verdad; ms de una vez hubo en realidad lo que en un principio finga l que haba109. Es curioso que uno pueda acabar enamorndose de verdad si antes se ha dedicado a fingir que lo estaba. Si no son fciles de conseguir los libros que reflexionan sobre el amor romntico con cierta vocacin de rigor y profundidad, s lo son los libros que dicen cmo amar, cmo elegir pareja, cmo desenamorarse, cmo vencer el desamor, cmo hacer eterna la pareja Otra cosa no, pero consejos de autoayuda sobran. Y, a pesar de esta abundancia, es bastante sensato mostrar, al menos, cierta prevencin. Una pareja sometida a terapia podr aprender a controlar la rabia, a expresarse con asertividad, a sacar tiempo para hacer cosas juntos pero est por inventar el consejo que permita recuperar el amor perdido. Las recetas salvadoras del amor se enfrentan, al menos, a dos problemas. El primero es que el amor, aunque sean
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tantos los elementos comunes, es bsicamente una vivencia subjetiva. Slo yo s cmo amo, a quin, cunto. Los consejos pueden ser interesantes pero intiles porque no tienen nada que ver con mi situacin. El psiclogo Rodrguez Ponga da una serie de indicaciones para mejorar la convivencia: Tener el don de la oportunidad, evitar interrupciones en el descanso del cnyuge que puedan ser frustrantes, no corregir permanentemente al otro por cuestiones insignificantes, no recordarle una y otra vez ciertas prohibiciones en sus hbitos de vida, no mostrar con excesiva frecuencia conductas y lenguajes contradictorios, no desatenderle en un momento en que reclama nuestro inters110 Todo eso est muy bien pero es que, resulta, que en mi caso no tengo el don de la oportunidad porque siempre he sido una bocazas, o que no puedo interrumpir el descanso de mi cnyuge porque el pobre descansa tan poco como yo, o que no tengo ms remedio que corregirle eso que hace con los dientes porque me crispa los nervios, o que me muestro contradictoria porque estoy hecha un lo, o que no s cundo atenderla porque no me habla y estoy harto de tener que interpretar silencios. El segundo problema al que se enfrentan las recetas amorosas tambin tiene su origen en lo ms profundo de cada cul. Slo yo s, aunque no quiera reconocerlo porque duele como mil diablos, que he dejado de amar. A veces sucede. Se deja de amar como se empieza a amar, sin saber muy bien cmo ha sido. Pero no se admite. Durante un tiempo se finge y como el amor no se puede falsear mucho tiempo, la impostura acaba saliendo a la luz. Y ni todas las terapias del mundo conseguirn revivir un amor muerto. Se podr negociar un nuevo tipo de convivencia, se podr seguir en pareja con afecto pero sin amor pero por muchos consejos que uno siga, la pasin perdida seguir perdida. E incluso as, el listado de consejos es infinito.
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Hay consejos peligrosos: Si se quiere que el amor dure, hay que quemar las naves y poner todo lo que uno tiene al servicio de la empresa matrimonial111. A pesar de que las personas somos multidimensionales hay quien se empea en reducirnos a una sola cosa. Nuestra vida est formada por cantidad de elementos y no nos pueden pedir que los olvidemos todos menos uno. Adems, qu nos quedar en el caso de que, aun as, fracase nuestra pareja? Nos habremos quedado sin nada. Vacos. Y nos acordaremos del que nos dijo que quemramos todas las naves. Hay consejos machistas. Cuando se ha convivido largamente con alguien, si uno tiene nobleza autntica, disculpa, comprende, excusa, justifica perdona, dice Enrique Rojas112. Hasta ah bien. Pero luego se advierte de que el esquema matrimonial est cambiando por la incorporacin de la mujer al trabajo. Vale, de acuerdo, que trabaje si quiere pero siempre y cuando no desatienda las tareas familiares y domsticas que tradicionalmente le han sido confiadas (sic). Como esto no est pasando, la mujer trabaja al tiempo que descuida sus responsabilidades hogareas, nos encontramos con muchas situaciones indeseables. Si esto [liarse con otra] le sucede al hombre, que hasta ahora es lo ms frecuente, ese matrimonio puede mantenerse, siempre gracias al esfuerzo, dedicacin y renuncia de la mujer, que lo salva por su alta dosis de entrega; pero como el modelo matrimonial ha cambiado y la mujer moderna no cuenta con esos resortes, todo se desmorona rpidamente (otra vez sic). Hay consejos pragmticos. Isabel Menndez recuerda que para pasar del enamoramiento al amor debemos aceptar que siempre nos faltar algo y que nuestro amado no tiene la misin de cubrir ese vaco, sino de acompaarnos con nuestras dificultades y las suyas113. El amor se consolida cuando veo en el otro a una persona en su verdadera dimensin, ambivalente, con cosas buenas y malas,
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exactamente como soy yo. Esta reflexin tiene un corolario muy interesante: la pareja ideal es la pareja posible. Uno debe saber con quin est, conocer sus posibilidades y limitaciones. Est bien pedirle que mejore con los aos y que nos trate lo mejor posible pero si le pedimos esfuerzos inalcanzables slo conseguiremos estropear las cosas. Ya deberamos saber que no se le pueden pedir peras al olmo... y es ms habitual ser olmo que peral. Hay consejos interesantes. La alternancia de roles es una de las actitudes que ms une a la pareja, afirma la citada Menndez. Los papeles adjudicados a hombres y mujeres van ms all de coser un botn (ella) o arreglar el grifo que gotea (l). De forma habitual, ellos se muestran distantes y callados, fuertes, sin debilidades a la vista, con los ojos siempre secos y dispuestos a enfrentarse a cualquier problema que se ponga por delante. De forma habitual, ellas son las que hablan, las que buscan momentos de caricias y confesiones, las que piden socorro para que las rescate su prncipe azul, las que cuidan al guerrero en su merecido descanso. Da igual que el papel que te toque sea bueno o malo, a fuerza de repetirlo terminas hasta las cejas de l. Por eso es tan interesante que sea ella la que lleve de vez en cuando los pantalones en casa (qu expresin ms cutre sa de los pantalones en casa), o que l se desmorone y llorando reconozca que est agotado y que odia al imbcil de su jefe, o que ella tontee con el vecino del cuarto, o que l le pida que no se duerma todava para hablar un ratito sobre cmo les ha ido el da. Hay consejos consensuados. El que ms adhesiones concita a su alrededor se refiere a la utilidad del riesgo, la emocin y la aventura. Cmo no, hay un experimento que demuestra la afirmacin anterior. Lo realizaron los psiclogos Donald Dutton y Art Aron y es conocido como El experimento del puente peligroso. En Vancouver, al norte de Canad, hay dos
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puentes peatonales que cruzan el can de Capilano. Uno es un puente colgante que tiene unos noventa centmetros de ancho y se mece a unos setecientos metros de altura. Un puente propio de Indiana Jones. Un poco ms all, hay un puente slido, ancho, de baja altura. Dutton y Aron pidieron a docenas de hombres que cruzaran un puente y el otro. Cuando estos voluntarios iban por la mitad del puente, se encontraban con una joven encantadora y atractiva (parte del experimento) que les iba pidiendo que le contestaran a unas preguntas sobre la prueba. Al terminar, con una cada interesante de ojos y voz melosa, les daba su nmero de telfono y les deca que podan llamarla si les haba quedado alguna duda. Nueve de los treinta y dos hombres que cruzaron el puente estrecho y poco de fiar la llamaron. Slo lo hicieron dos de los que se la encontraron en el puente seguro. La razn se encuentra en la adrenalina, una hormona que se dispara en situaciones de peligro. La adrenalina, adems, provoca el incremento de otras hormonas que, como se vio en El amor biolgico, estn relacionadas con el enamoramiento114. Si una pareja viviera una vida repleta de emociones y peligros, estaran siempre enamorados. Pero la vida de la mayora dista mucho de ser la de un aventurero a lo Phileas Fogg. La rutina y el aburrimiento nos comen por los pies. Algo habr que hacer, compaeros y compaeras. S, estamos limitados por los cuatro puntos cardinales, pero deberamos buscar la manera de aderezar con algo de sal y pimienta nuestras aburridas vidas. El amor nos lo agradecer. (Si a alguien se le ocurre algo, lo que sea, que lo diga.) Como con tanto consejo por aqu y por all, uno puede acabar perdindose, Diane Coontz, historiadora y sociloga estadounidense apunta las claves fundamentales del buen matrimonio en apenas unas lneas115. Lo interesante de estas claves es que, explica, son el reflejo del ideal cultural de Occidente, no el resultado de una prctica provechosa. En
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otras palabras: la eficacia de estas recetas es ms que dudosa, pero todos las elaboramos a diario. En primer lugar, dice, los esposos deben amarse profundamente y elegirse sin permitir que en esa relacin influya ninguna presin externa. Despus, una vez casados, cada cual debe ponerse en lo alto del pedestal ms alto. La relacin amorosa estar por encima de cualquier otra. Los occidentales estamos convencidos de que un marido y una esposa deben a su cnyuge y a los hijos que cren entre los dos la mayor deferencia y la ms profunda lealtad. Tambin consideramos importante que nadie se inmiscuya en nuestro amor, ya sean familiares, amigos o vecinas. Por ltimo, los casados deberan ser buenos amigos y compartir sus sentimientos y secretos ms ntimos, deberan expresar abiertamente su afecto pero tambin hablar francamente de los problemas y, por supuesto, deberan guardarse fidelidad en el aspecto sexual. La misma Coontz se muestra reticente ante este listado de creencias culturales. Y lo que est claro, expone, es que los matrimonios felices a lo largo de la historia no lo fueron siguiendo la receta occidental. De hecho, opina que los matrimonios bien avenidos, sean cuales sean sus coordinadas cartogrficas, lo son a su manera. Una vez ms, y no ser la ltima, la originalidad se nos ofrece como la va ms segura para el amor. Por ltimo, habra que referirse a un tipo de soluciones que no suelen ser muy mencionadas en los libros de ayuda amorosa: las soluciones institucionales. La falta de soluciones institucionales (por ejemplo, pocas plazas de guarderas, falta de un horario flexible, proteccin social insuficiente) potencia los conflictos en las relaciones privadas, y al revs: unas medidas institucionales adecuadas ayudan a descargar las tensiones entre los gneros116. Resulta que el amor tambin depende de las decisiones polticas, qu cosas. Cuando toda una serie de complicaciones cotidianas se ven
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reducidas por buenas polticas sociales, la pareja contar con ms tiempo y energa para dedicarse a s misma. Si no tenemos que hacer malabarismos para entrar los dos puntuales al trabajo sin dejar abandonado al hijo a la puerta cerrada de una escuela infantil que abre ms tarde, la tensin hogarea ser menor y tendremos menos peleas. Si no tenemos que quedarnos hasta las tantas en el trabajo y podemos pedirnos algn da de asuntos propios, podremos escaparnos una tarde a esa playa nudista que tanto nos gusta. Si llegamos a fin de mes con algo de dinero porque las ayudas por hijo son suficientes y el trabajo es seguro, haremos un viaje al extranjero aprovechando el puente de la Constitucin. Y etctera.
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EL AMOR LIBRE
Al hablar del amor y la felicidad, se ponan de manifiesto toda una serie de paradojas. Peccata minuta en comparacin con las que se desatan al hablar de la libertad o de la pasin (vase el captulo siguiente). Hay una cita muy usada por los que en algn momento u otro han escrito sobre el amor: Lamour est lenfant de la libert (de una cancin popular francesa). El amor es el hijo de la libertad. Y qu poco se ha parecido a su madre, al menos en los ltimos siglos. El amor ha tenido poco que ver con la libertad. Tanto es as que la expresin amor libre parece contradictoria en sus trminos, como si libre fuera un oxmoron al lado de amor. Al menos para la moral establecida s son categoras incompatibles. (Una aclaracin antes de seguir. Al hablar de amor libre
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no se est haciendo referencia al amor que viene y va, al Ludus, al naturalmente entrpico. No es el amor que practicaron los poetas ingleses Byron y Shelley en el siglo XIX y cantaron los hippies en los sesenta. No es el amor caprichoso y espontneo. No. En este caso el amor libre es aquel que es capaz de hacerse a s mismo segn las necesidades y gustos de los amantes, sin dejarse imponer condiciones externas). En la sociedad previa a la modernidad, la vida de los seres humanos era determinada por un gran nmero de vnculos rgidos y rigurosos: matrimonio, familia, patria, religin Estos vnculos tenan una doble cara: por un lado limitaban nuestra capacidad de decisiones, marcando unos lmites muy bien definidos, y, por otro lado, nos daban estabilidad y seguridad. Uno naca sabiendo de antemano hasta el ltimo detalle de su biografa. Saba hasta dnde poda aspirar, a quin deba obediencia, con quin se casara Todo muy cerrado pero muy fcil. La predeterminacin social, las normas, nos hacen sentir parte de algo superior. El grupo da compaa, las normas dan calor en las noches fras. Aqu puede estar la clave del miedo a la libertad. Tememos a la libertad porque nos deja solos y nos hace sentir desamparados como cuando es de noche, mam no est y el monstruo del armario amenaza con devorarnos. No es fcil la libertad. No es nada fcil. Las normas actan como un copiloto que nos dice cmo y por dnde conducir. Se abre, tres, ras, ahora te casas con quien han elegido tus padres, curva cerrada, cinco, ras, tienes que engendrar porque el matrimonio est hecho para tener hijos, etctera. Las lneas rectas son ms fciles de recorrer que las curvas y no necesitan pldoras contra el mareo ni bolsas para el vmito. La libertad nos pone delante un camino escarpado, serpenteante y, casi con toda seguridad, cuesta arriba.
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Sin embargo, estamos metidos en el fango del camino hasta las rodillas. Con el avance de la modernizacin, advierten Beck y Beck-Gernsheim, se multiplican las opciones. En todas las dimensiones de la biografa irrumpen posibilidades de elegir y obligaciones a elegir117. Incluido, por supuesto, el amor. En su opinin, la mayora de la gente (recordatorio: hablan de la sociedad occidental ms o menos acomodada) ha entrado en una fase de ensayo de formas de convivencia. Hemos dejado de ser como el mono calzado de Richard de Fournival. En su Bestiario de amor, este trovador francs del siglo XIII habla del mono y de la manera que tenan los cazadores de apresarlo. Delante de l, se calzaban unos zapatos que despus se quitaban y dejaban arteramente olvidados y al alcance del animal. El mono, deseoso de repetir todo cuanto vea hacer, corra a ponerse los zapatos y a caer en la trampa. Porque con los zapatos puestos, el mono no poda huir y era capturado por los cazadores. Hasta hace bien poco, no nos quedaba ms remedio que imitarnos unos a otros, hacer lo que nos decan, ponernos los zapatos que las normas culturales nos dejaban como cebo y dejar de ser libres. Haba que entender el amor y su institucionalizacin de una sola manera. No haba opciones. Y ahora s las hay. Ah, pero no hay forma de estar contentos. Elegir puede llegar a convertirse en una tortura. Todo depende de nosotros, hay que hacer clculos, sopesar pros y contras, asumir el fallo en primera persona, estar solos ante el peligro. Ir descalzos por la vida es difcil, porque encima de que el camino es retorcido, se nos van clavando las piedras en los pies. Es la originalidad de la relacin lo que es preciso alcanzar, afirma Barthes118. El topos del que se habl en el captulo del amor culto. Debemos buscar nuestro amor, el que nos satisfaga, el que nos corresponda slo a nosotros. Y la
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cosa se muestra tan complicada que puede surgir la paradoja final, consistente en que el vrtigo solitario de la libertad acabe con la vuelta al camino fcil. Seguro que ms de un amante que ha intentado amar libremente ha terminado por gritar aquello de vivan las cadenas. Llevamos siglos de someternos al dictado de la sociedad, de ser como el mono deseoso de calzarse la trampa de las normas. Quizs nos lleve otro montn de siglos aprender a caminar por las sendas de cabras de la libertad.
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EL AMOR APASIONADO
En segn qu cuestiones no suele ser muy habitual la precisin del lenguaje. Amor, por ejemplo, se usa para cosas tan distintas como el amor romntico o el amor a la patria. Es posible que haya elementos comunes pero ambas emociones impulsos son ms bien distintas. Podemos seguir viviendo sin aclarar definitivamente los trminos y sin inventar palabras nuevas que sustituyan a amor cuando no se refiera al amor de pareja. Claro que podemos pero esta falta de precisin hace que algunas conversaciones parezcan propias de besugos. Y si no tenamos bastante, al amor le salen sinnimos que no siempre lo son, como es el caso de pasin. Pasin es un trmino amplio, casi comodn, que se puede usar, entre otras muchas cosas, para sustituir a amor o para calificarlo. Te amo con pasin, le dice l a l. Es tan apasionado, me tiene loca, le cuenta ella a las amigas. Hay que recuperar la pasin en nuestra relacin de pareja, aconseja
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al mundo el terapeuta de turno. La pasin tiene una cara amable y otra desagradable. Todava se usa la expresin crimen pasional. La pasin es vista por muchos como algo indeseable. Para los romanos era una peste de la que huir y para convencerse de ello contaban todas aquellas historias de amor desgraciado. El filsofo espaol ms citado en este ensayo tampoco le tena especial afecto. De hecho abogaba por devolver al vocablo pasin su antiguo sentido peyorativo119. Para Ortega, la pasin no deca nada sobre la cantidad o calidad del amor y se trataba de un estado patolgico, la degeneracin del amor en almas inferiores. De nuevo nos encontramos en una encrucijada de difcil salida. Hay que hacer no se sabe bien cuntos esfuerzos por mantener viva la llama del amor, para que el aburrimiento no apague la pasin, y resulta que tal empeo lo que manifiesta es que nuestra alma est degenerada y es inferior. Rougemont, en su El amor y Occidente, no ayuda a aclarar las cosas. En su opinin, la pasin debe ser tenida por una fiebre maligna y una catstrofe. Pasin quiere decir sufrimiento, cosa padecida, preponderancia del destino sobre la persona libre. Para el suizo, la idea moderna de felicidad nos pone ante el siguiente dilema: aburrimiento resignado o pasin. No se ignora que la pasin sera una desgracia, pero se presiente que sera una desgracia ms bella y ms viva que la vida normal, ms exaltante que la felicidad sin problemas. La pasin nos posee y nos hace cometer barbaridades. Y, sin embargo, es algo por lo que tenemos que luchar a diario en nuestra relacin. Menudo lo. Y la cosa se puede poner mucho peor. Ahora veris. Resulta que, hasta ahora, se expresaba como un avance sociocultural el hecho de que la mayora de los matrimonios actuales se basasen en el amor. La gente ya no se casa segn los intereses de ambas familias, el esposo no es elegido por los padres, las razones pecuniarias son secundarias No
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importa la dote sino el amor. Pero esto tampoco es tan bueno. La pasin y el matrimonio son por esencia incompatibles, sentencia Rougemont. Segn l, tienen orgenes y finalidades excluyentes y advierte de que de su coexistencia en nuestras vidas surgen interminables problemas insolubles, y ese conflicto amenaza permanentemente a todas nuestras seguridades sociales. Si nuestra civilizacin quiere sobrevivir necesita una revolucin que evidencie que el matrimonio (en el que se sustenta su estructura) es ms importante que el amor que nos empeamos en cultivar y que debe fundamentarse en algo ms slido que una bella fiebre, sentencia. No hemos salido de una paradoja y ya estamos en otra peor si cabe. Es el amor, justo el amor, lo que amenaza el futuro del matrimonio y, por ende, de toda la civilizacin. En su obra (tomen aire) Informe Hite sobre los hombres y la sexualidad masculina: la construccin ideolgica de la sexualidad masculina y la psicologa masculina, Hite descubre que la mayora de los hombres se sienten tan incmodos y vulnerables en el amor que no se casan con la mujer de la que estn ms enamorados: Al comienzo del enamoramiento disfrutaban pero luego se sentan incmodos, ansiosos e incluso atrapados. No queran perder el control o mostrarse abiertamente emocionales porque eso es un comportamiento femenino. Seguimos siendo como los romanos, seguimos temiendo a la pasin y nos casamos por amor, pero un amor moderado120. Lo anterior y unos versos de Mecano nos pueden dar una pista de por dnde anda el origen de tantas confusiones. Los versos de Mecano son stos: olvidar quince mil encantos es / mucha sensatez121. Olvidar a la mujer a la que amamos con locura es sensatez. Casarnos con la que amamos, pero no mucho, es lo correcto. O sea, la sensatez y la cordura van por un lado y los sentimientos y el amor van por otro. Los hombres de Hite, a pesar de haber perdido el amor, se sentan
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orgullosos de haber usado la cabeza y ser racionales. Razn y pasin como incompatibles, contradictorias. Y ms vale que predomine la primera ante la segunda. Arrastramos falsas verdades y conocimientos no contrastados como el mono de Fournival se calzaba los zapatos trampa. Sigue haciendo falta una buena dosis de desaprendizaje porque no es verdad que razn y pasin sean incompatibles. Ms bien al contrario. Spock, el vulcaniano de Star Treck, era el listo de la serie, el que siempre calculaba en un parpadeo el porcentaje infinitesimal de xito de la prxima misin suicida de la Enterprise. En su momento, los vulcanianos decidieron prescindir de las emociones y alcanzar as un grado superior de inteligencia y racionalidad. Entonces Eduardo Punset sale al paso: Al suponer que una criatura carente de sentimientos superara en inteligencia a los humanos, los creadores de la serie Star Treck estaban perpetuando un antiguo motivo de la cultura occidental122. Segn Punset, la ciencia actual indica que un ser sin emociones estara menos capacitado para evolucionar y sera menos inteligente. La neurociencia, y en concreto el investigador Joseph LeDoux, ha descubierto que los humanos tomamos las decisiones a travs de dos canales, la va de arriba y la va de abajo, segn los llam su descubridor. El de arriba es lento y preciso y se basa en la razn. El de abajo es rpido y turbio y se basa en las emociones. Lo interesante es que no son dos canales alternativos o excluyentes. Usamos los dos a la vez para tomar decisiones y ambos estn conectadas con el sistema de recompensa del cerebro (por donde tambin anda el amor haciendo de las suyas)123. Es curioso que sean los cientficos los que acudan en ayuda del buen nombre de la pasin. Desde que podemos recordar, existe en nuestra cultura la oposicin razn-pasin. Y si la pasin poda ser buena para poetas y enamorados, el
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discurso dominante la despreciaba frente a la razn fra y madura. Ni que decir tiene que el empeo de la Iglesia Catlica en identificar emociones e impulsos con pecado contribuy bastante en el descrdito de la pasin.. Por suerte, la ciencia empieza a desmentir lo anterior. Rara vez, dice Hellen Fisher, tenemos una idea que no vaya acompaada de un sentimiento y un deseo; y rara vez sentimos o queremos algo sin que ello no vaya acompaado de una idea124. Ella misma cita al neurlogo Antonio Damasio para justificar lo anterior: Sin emociones y sin deseos no podemos asignar diferentes valores a las diferentes opciones. Nuestro pensamiento, nuestro razonamiento, nuestras decisiones no tendran inters, seran indiferentes si carecieran de los vitales componentes emocionales necesarios para sopesar las variables y efectuar elecciones. Segn eso, cada decisin y acto humano se deben en parte a la razn y en parte a las emociones. Los sentimientos no nos hacen ms tontos sino ms listos. Cuando esta afirmacin empiece a circular y se consolide, buena parte de la mala fama de la pasin ir desapareciendo. Aunque todava quedar por ajustar alguna que otra cuestin semntica. Si una porcin del lo provocado por la pasin se deba al error de enfrentarla a la razn, otra porcin se debe a los distintos significados que la palabra puede adoptar. Segn la RAE, pasin puede ser desde Accin de padecer a Apetito o aficin vehemente a una cosa, pasando por Estado pasivo en el sujeto, Cualquier perturbacin o afecto desordenado del nimo o Inclinacin o preferencia muy vivas de una persona a otra. Con esa coleccin de significados se hace casi imposible mantener ninguna postura coherente al hablar de la pasin y, al revs, la pasin permite que se diga de ella casi cualquier cosa. El mismo Rougemont, que tanto critic a la pasin, nos
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da la solucin final. Treinta y dos aos despus de la publicacin de El amor y Occidente, cuando su autor contaba con sesenta y cuatro aos, public un Post-scriptum. En l aclaraba algunas cuestiones que haban levantado mucho polmica. Y escribe lo siguiente: Expres el error del romanticismo aburguesado: querer fundar el matrimonio sobre el amor pasional. Un error apenas menos fatal sera querer excluir la pasin del matrimonio. Propone como remedio que Eros y gape establezcan una alianza paradjica en el seno mismo del matrimoniopareja. Eros era el amor romntico, el sexo, la pasin. gape era el amor desinteresado, el que era capaz de cualquier sacrificio. El escritor se apunta a la propuesta.
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EL AMOR IMPERFECTO
El amor es cosa de humanos y, como tal, dista mucho de ser perfecto. Precisamente por eso nos gusta tanto. Entre los grandes misterios de la humanidad se encuentra el hecho sumamente desconcertante de que los malos de las pelculas tengan siempre un momento en el que sincerarse con el hroe. Cuando los agentes tenan prisionero a Morfeo y le torturaban para que les dijera el emplazamiento secreto de Sin, el agente Smith pidi a sus compaeros quedarse a solas con el prisionero. Entonces, en vez de meterle astillas de bamb debajo de las uas o administrarle descargas de electricidad en salva sea la parte, le cuenta su vida y el funcionamiento secreto de Matrix. Las mquinas haban hecho varios intentos de recrear un mundo virtual en el que tener entretenidos a los humanos mientras los usaban como pilas. Empezaron por disear un entorno ideal, todo perfecto, el paraso digital. A priori, todo el mundo sera feliz y se conformara. Pero no
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funcion y al poco todo se fue al garete. Tras varios intentos, debieron reproducir el mundo en el punto en el que estaba antes de la guerra humanos-mquinas. Ese mundo imperfecto, injusto, difcil era en el que el humano se senta como pez en el agua. Al fin y al cabo haba sido hecho por l. El escritor arriesga una idea ganadora: si el amor fuera perfecto, si al primer intento uno encontrara la pareja ideal y viviera junto a ella feliz hasta el fin de los das, nadie hablara del amor y sera algo tan insulso como el respirar. A lo largo del texto se han puesto en evidencia muchas de las contradicciones y problemas del asunto amoroso. Este captulo repasa algunas imperfecciones del amor que suelen presentarse con cierta frecuencia y sobre las que conviene estar prevenidos. La persona ideal (el error, la burbuja y el amor) Una de las cuestiones que suele aparecer recurrentemente en la literatura amorosa es la idealizacin del amado. Lo que Stendhal llam proceso de cristalizacin (ver el amor enamorado). Cuando una relacin sale mal, lo habitual es que ambos protagonistas se consuelen pensando que no acertaron al elegir. Cmo pude ser tan tonta de enamorarme de semejante energmeno, dice ella mirndose al espejo sin reconocerse. En qu estara pensando para querer envejecer al lado de una imbcil tan imbcil, piensa l despus del segundo trago. Pero, no, no os habis equivocado al elegir, es que el amor es, por esencia, un error125. Nos enamoramos cuando nuestra imaginacin traicionera proyecta sobre determinada persona perfecciones inexistentes. Nuestro cerebro altera su normal funcionamiento y convierte a la persona que tenemos al lado en una superpersona, crisol de todas las virtudes humanas.
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Hay que ser tonto, dijo, prcticamente, Ortega: El enamoramiento es un estado inferior de espritu, una especie de imbecilidad transitoria126. Teniendo la cabeza ocupada como la tenemos en acumular bondades en el ser humano elegido, en pleno estado inferior de espritu, el mundo real se aleja. El enamoramiento nos envuelve en una burbuja a la que le molesta todo lo que no tenga que ver con la amada, tan hermosa, tan lista, tan generosa, tan hbil, tan ingeniosa, tan maravillosa, tan perfecta y etctera. Bueno, tampoco descubrimos nada nuevo. Ya sabamos que el enamoramiento nos vuelve tontos. Y si no nos damos cuenta cuando nos pasa, s se nos hace evidente cuando los que tontean son los otros. Cuando uno intenta afinar y descubrir los rincones ocultos del amor descubre en seguida que la tarea amenaza con no tener final. La cristalizacin admite una nueva vuelta de tuerca. Idealizar a un hombre o a una mujer conduce con frecuencia a intentar cambiarlo para que se adapte a nuestras necesidades inconscientes, afirma la psicoanalista Isabel Menndez127. La afirmacin parece contradictoria. Si el amado es perfecto, qu necesidad hay de cambiarlo? Alberoni llega en nuestra ayuda. Nuestro corazn enamorado bombea al cerebro sangre llena de glbulos rojos convencidos de que el otro, el amado, es perfecto. Pero eso no nos impide pedirle pequeas renuncias. Al fin y al cabo, el amor es accin, requiere hechos, peticiones, esfuerzos. Si el otro nos quiere debe demostrarlo con pequeos gestos. Y yo debo poner a prueba su amor. Es casi mi responsabilidad. No le pido grandes cambios. Slo cosas pequeas que ni mucho menos llegan a los puntos de no retorno (esos cambios sin vuelta atrs)128. Querer formar a la pareja es una fantasa amorosa que no es totalmente desconocida para la mayora, advierte
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Kast129. El mito que recoge esta necesidad es el de Pigmalion, un escultor que talla a una mujer segn su imagen ideal para despus enamorarse de ella. En una versin ms cercana, apunta Kast, el catedrtico Higgins intenta convertir a Elisa, una modesta vendedora de flores, en toda una dama (My Fair Lady). No hace falta llegar a ser Higgins ni Pigmalion, basta con ir pidiendo-imponiedo pequeos cambios que van alterando a la persona amada. Y pueden alterarla tanto que, al final, cuando ha cambiado, nos sentimos decepcionados porque en nada se parece a la persona de la que nos enamoramos. (Nadie est harto de que todo sea tan enrevesado?) El ejemplo con que Alberoni ilustra su explicacin es una situacin muy habitual. Un hombre se enamora de una mujer porque es bella, joven, valiente. Al mismo tiempo teme todas esas bondades porque atrae a otros hombres. Le va pidiendo a su amada que cambie, que se domestique, para no tener miedo y para que bajen los riesgos de perderla. Entonces, cuando ante s tiene un ama de casa que en nada se parece a la mujer de la que se enamor, se aburre y va de nuevo en busca de una mujer bella, joven y valiente. El otro como pretexo (amar el amor) Slo nos enamoramos porque necesitamos sentir amor, pensaba Proust130. Desde pequeos omos hablar del amor. Y s, vemos que la gente sufre por su culpa, pero tambin vemos que se persigue como el mayor de los tesoros. Para muchos es tan maravilloso amar que cualquier excusa es buena para hacerlo. A este proceso, Barthes lo denomin Anulacin: Perversin tpicamente amorosa por la que el sujeto ama el amor y no el objeto. Es mi deseo lo que deseo y el ser amado
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no es ms que un agente. Me exalto pensando en una causa tan grande que deja muy atrs de s a la persona de la que he hecho su pretexto. He aqu pues al otro anulado bajo el peso del amor131. Quizs por esa razn, porque amando el amor olvidamos a la amada, es por la que varios autores califican este proceder como patolgico. Las personas aquejadas de este mal viven condenadas a saltar de amor en amor. Al saber que el escritor estaba trabajando en este libro, alguien le cont una historia mientras pasaban las horas en un velatorio. El protagonista de la historia narrada es un profesor de secundaria con pareja estable. El tipo todava no ha conseguido plaza fija y el ir cambiando de centro cada curso le permite seguir llevando a cabo su particular perversin. Cada poco tiempo, elige una compaera de trabajo de la que enamorarse. Despus, empieza el cortejo con vistas a que ella tambin se enamore. Recurre a todos los clsicos: notas de amor, rosas rojas en la taquilla, correos electrnicos personales e intransferibles, poemas por sms... Cuando la cosa cuaja, la invita a cenar. Si ella manifiesta abiertamente su amor (sin necesidad de la confirmacin de los cuerpos) l da por concluida la tarea y a otra cosa mariposa. Al parecer se est corriendo la voz porque se cuentan por docenas las afectadas. El escritor reconoce que esper que su interlocutora acabara la historia reconociendo que ella era una de ellas... pero no fue as. Yo, yo, yo, mo, mo, mo (el terremoto y el amor) Quiero lo mejor para la persona amada. Sera capaz de cualquier cosa por verla feliz. Con la misma decisin que Aleksei Ivanovich, decimos: pdeme que me tire por un barranco por ti y lo har132. Claro que esta entrega tiene truco. Lo doy todo por el otro porque quiero hacerle feliz porque si
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es feliz a mi lado me amar y su amor me har feliz. A m. Al doctor Jekyll de la generosidad le acompaa su inseparable Mr. Hyde del egosmo. La pareja Bruckner y Finkielkraut explican que el amor puede aparecer como una mera cuestin contable: La frmula te amo es un sacrificio calculador, un don que especula sobre su reembolso; se trata de que me devuelvas lo que te inmolo133. Estoy dispuesto a darte todo lo que me pidas pero es imposible que eso suceda sin nada a cambio. Quizs en un caso extremo de amor gape tal cosa sera posible. Aunque no es lo habitual. La imagen puede resultar molesta pero la balanza de pagos es habitual en las relaciones humanas. Por qu no habra de estar presente en el amor? Es bello amar pero tambin que te amen. Y que te amen quiere decir que la otra persona acte hacia ti y para ti. Al final es inevitable comparar. En un platillo de la balanza todo lo que he hecho por ti. En el otro todo lo que has hecho por m. Si la balanza se equilibra o se decanta a mi favor, me conformar. Pero y si se decanta a favor del otro? Las expresiones ms descontroladas de egosmo aparecen en el momento de la ruptura. El amor, al igual que el partido, no acaba hasta que el rbitro pita el final. Lo opuesto al amor no es el odio, es la indiferencia, la ausencia de impulso y sentimientos134. En ese sentido, los fallos que se ponen de manifiesto ante la amenaza de ruptura o tras la misma podran ser achacados igualmente al amor. Y es en esos momentos cuando, con ms fuerza de lo que es habitual, emerge el egosmo con todo su podero. El amor no pide intenciones sino actos, hechos, cosas y trata los sentimientos y los valores como objetos que se toman o se dan, en el mejor de los casos se intercambian. Cuando el marido ve que la mujer lo va a abandonar pide que no lo haga y que se quede a su lado. Lo mismo piden la amante y el novio. No puedo suplicar que me sigas amando o que vuelvas
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a enamorarte de m pero s que sigas a mi lado. Lo importante es tu presencia fsica y no lo que puedas sentir o querer. Prefiero tenerte toda la noche llorando a mi lado que perderte. Prefiero que sacrifiques tus nuevos sentimientos y que permanezcas a mi lado, amortajando al amor. Los tintes dramticos salen a escena si la ruptura implica a una familia con hijos. En cualquier otra crisis (terremoto, incendio, inundacin) los padres salvan primero a los hijos incluso arriesgando su propia vida. Se trata de un mandato biolgico, una fuerza sangunea que nos da fuerza extra y agilidad sobrehumana. Seramos capaces de cualquier proeza por salvar a un hijo. Pero en el divorcio los hijos quedan relegados a un segundo plano. Imperan los problemas propios, yo, yo, yo, mo, mo, mo. Los hijos no slo son relegados sino que, en demasiadas ocasiones, son usados como rehenes o armas arrojadizas en un claro ejemplo de que el (des)amor puede ser profundamente egosta. La ensima paradoja (los policas y el amor) La libre eleccin de pareja, alejada de las obligaciones sociales y de las rdenes paternas, produce nuevas formas de coacciones y represiones ntimas. Donde todo est abierto todo debe ser negociado. Los papeles de marido y mujer ya no estn configurados, y mucho menos los de marido y marido, o los de mujer y mujer. Hay que ver qu aporta cada uno, cmo comportarse, qu decir, adnde ir de vacaciones... La negociacin es un campo abonado para imponer conductas o enumerar una lista interminable de prohibiciones. Incluso las terapias de pareja recurren a las prohibiciones, con otros nombres ms dulces, para indicar qu se puede hacer y qu no. Ella debe dejarle ms tiempo libre. l no debe ser tan manitico con la ropa interior de su marido (s, s, dir en la
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consulta pero luego en casa: Estoy harto de encontrarme tus calzoncillos tirados en cualquier parte, para qu compramos la cesta de ropa sucia?). Seguimos siendo deudores de los trovadores del siglo XII. La cortesa dejaba bien claro que toda fisura en la devocin era una falta. Uno debe estar siempre pendiente de su amada lo que, por lgica, le deja sin tiempo para estar pendiente de si mismo. Con el paso de los das, acabamos convertidos en prisioneros voluntarios. Este sistema de tirana tiene la peculiaridad de que aspira a ser recproco. Explicaba Capellanus que amor procede del verbo amar que significa coger o ser cogido: Pues el que ama es cogido por las cadenas del deseo y anhela coger a otro con su anzuelo135. Acepto tus prohibiciones para poder imponer las mas. Vale, de acuerdo, subir la tapa del vter cada vez que mee pero por la noche escucharemos El larguero y no El ojo crtico. Al fin y al cabo el amor moderno es democrtico y negociado y las actuales democracias estn llenas de prohibiciones y de policas. Slo una caladita ms (partes mdicos, drogadicciones y el amor) En una de las tiras dominicales de Calvin & Hobbes, escritas y dibujadas por el genial Bill Waterson, Calvin (un nio de seis aos) le pregunta a Hobbes (su tigre de peluche) cmo es estar enamorado. Bueno, dice el tigre, imagina que ella pasa ante ti Primero el corazn se te cae al estmago y te aplasta las tripas; eso te hace sudar abundantemente; la condensacin te cortocircuita el cerebro y te quedas todo mareado; al tiempo que se te consume el cerebro, se te desencaja la boca y balbuceas como un cretino hasta que ella se marcha. ESO es amor?!? pregunta Calvin asombradsismo. Mdicamente hablando, responde Hobbes.
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Una vez me pas eso, aade el nio, pero cre que eran piojos. Unos aos antes, el escritor y periodista estadounidense Ambrose Bierce defini el amor en su Diccionario del diablo de la siguiente manera:
Locura temporal que se cura con el matrimonio o alejando al paciente de las influencias que le hicieron sufrir el trastorno. Esta enfermedad, como la caries y muchos otros achaques, slo se da entre las razas civilizadas que viven en condiciones artificiales; las naciones brbaras que respiran aire puro y se alimentan de comida sencilla disfrutan de inmunidad frente a sus asaltos.
Varios siglos antes, en plena Edad Media, los franceses consideraron el amor como un desarreglo del espritu. La cura era agradable: mantener relaciones sexuales con la persona amada o con cualquier otra136. Claro, con tal remedio, sucede como en el verso de la cancin: con esta medicina quin no quiere enfermar137. Ms siglos antes, los griegos y los romanos consideraron el amor como una enfermedad en la medida que trascenda la voluptuosidad, que es su fin natural. Como el amor era una enfermedad, el enamorado, aconsejaba Ovidio en su Arte de amar, deba dar seales de mala salud: Palidezca en cambio todo el que ama! se es el color que conviene al enamorado, eso es lo que le sienta bien; muchos creen por ello que se encuentra enfermo. El amor romntico no es una enfermedad pero puede provocar algunos sntomas que nos inclinen a pensar lo contrario. Fisher enumera algunos de estos sntomas, que justifican que muchos psiclogos consideren el amor como una adiccin: ansia, obsesin, compulsin, distorsin de la realidad, dependencia emocional y fsica, cambio de personalidad y prdida del autocontrol138.
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Fisher profundiza en la idea anterior, que para algo es suya. Casi todas las drogas, de manera ms o menos directa, afectan a un mismo recorrido cerebral, el sistema de recompensa, activado por la dopamina. El amor romntico estimula partes de ese recorrido con la misma sustancia. De hecho, explica, cuando un grupo de neurlogos compararon los escneres cerebrales de sujetos enamorados con los de hombres y mujeres que haban consumido cocana u opiceos, comprobaron que se activaban muchas de las mismas regiones cerebrales. Uno de los primeros que se refiri al amor como una drogadiccin fue el psiclogo Stanton Peele139. Al principio del amor hay habituacin: a fuerza de estar con ella me acostumbro a su presencia, llena de mil maravillas. Despus, una hora al da no me basta. Sufro tolerancia a la dosis administrada. Necesito ms. Tengo que estar con ella las veinticuatro horas del da. Entonces, antes de que pueda darme cuenta, ya dependo de sus encantos sin fin. Estoy enganchado hasta los ojos. Y si me deja, sufro el sndrome de abstinencia hasta el ms mnimo detalle: depresin, accesos de llanto, ansiedad, insomnio, prdida de apetito, irritabilidad, aislamiento Hay una coincidencia ms entre amor y drogadiccin. Despus de rota la relacin y pasado el tiempo, tanto que ya creo que la he olvidado, puedo recaer en cualquier momento. Por qu tuve que pasar por ese lugar, justo donde nos dimos el primer beso?
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EL AMOR ERTICO
Por alguna razn, nos cuesta vernos como un todo, nos gusta diseccionarnos, separarnos en trocitos. Especialmente los cientficos (sean bilogos, anatomopatlogos, psicoanalistas o socilogos) tienen inclinaciones de Jack el destripador y nos ofrecen al corte, con unas partes delicadas y caras y otras despreciables y baratas, simple casquera. Las partes que se corresponden con el alma, la razn, los sentimientos puros, el arte estn bien vistas. Es estupendo disfrutar de la poesa de Rilke o de la msica de Bach. Por el contrario, las partes que se corresponden con la carne, con segn qu impulsos, con el sexo, no estn tan bien vistas. Masturbarse puede ser muy agradable pero tampoco es plan de ir presumiendo por ah de haber estado toda la tarde a solas. Ya con el siglo XXI bien empezado, nuestras almas caminan por un lado y nuestros cuerpos por otro. Como si tal cosa fuera posible. Habr quien piense que el sexo ha ganado
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en prestigio y naturalidad. No le faltar razn pero todava queda mucho por recorrer. A raz de la dichosa portada de El Jueves que retrataba a los Prncipes de Asturias en la intimidad y que supuso el secuestro de la revista, se ha hablado mucho sobre libertad de expresin y no tanto sobre el hecho de que ser retratado haciendo el amor sea algo injurioso y ofensivo. Acaso el sexo no es una expresin ms del amor? Acaso no se trata de una actividad frecuente, enriquecedora y necesaria? Qu hay de malo o sucio en practicar sexo? Dnde estaba el delito: en la desnudez de los cuerpos, en la postura? Hubiera pasado lo mismo si la caricatura dibujara a la pareja hacindose arrumacos al calor de la chimenea? Est claro que el sexo no es una cuestin neutral. A pesar de la suciedad y la culpa con la que ciertas cuestiones de la carne han sido marcadas durante siglos, alguien es capaz de imaginar una relacin romntica sin sexo? Alguien? Nadie? Nadie a la una a las dos y a las tres. El 1 de marzo de 1919, el psicoanalista alemn Wilhem Reich escribi en su diario: Estoy convencido de que la sexualidad es el centro en torno al cual gira tanto la vida social como la vida interior del individuo. En su opinin, el conjunto de las artes se basan en el sexo, las leyes patriarcales que rigen la cultura, la religin y el matrimonio son leyes contra el sexo y el inters que ms influye en la persona es el inters por el sexo. Casi nada. Hay quien piensa que el discurso de Reich est pasado de revoluciones. Los psicoanalistas seguidores de Jung, por ejemplo, gustan de poner los pies sobre la tierra y mesurar las cuestiones humanas con ms prudencia. El escritor canadiense Robertson Davies, hace decir en su novela Mantcora a una psicoanalista de esta escuela lo siguiente: El sexo es muy importante, aunque si fuera lo ms importante de la vida todo sera mucho ms sencillo, y me permito dudar que la
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humanidad se hubiera esforzado tanto por vivir ms all de la edad en la que el sexo es el mayor de los placeres. Despus aade algo que parece recordar a los Ik (ver captulo del amor culto): No s si lo sabe, pero uno se puede pasar una vida entera sin sexo y no pasa nada realmente perjudicial. Son centenares las personas que as lo hacen. En cambio, psese un da sin comer y la cuestin del alimento pasa a ser imperativa140. Ah, pero si el amor provoca consensos acerca de su bondad, el sexo hace arder las hogueras (en todos los sentidos que se quieran). Suenan las alarmas. Se encienden las luces de emergencia. Nos adentramos en terreno minado, ataos bien las botas y cruzad los dedos. Al infierno de cabeza (culpas, pecados, cegueras y el amor) A estas alturas de la pelcula, no queda duda alguna acerca de la animadversin del cristianismo (en todas sus variantes) contra el sexo. Un botn de muestra: el papa Gregorio el Grande lo dej bien claro all por el siglo VI: La unin conyugal no puede darse sin el placer carnal y ese placer, en ninguna circunstancia, puede carecer de culpa141. Pero no todas las religiones son iguales. La religin india, por ejemplo, se complace con toda naturalidad en la sensualidad, la corporeidad y la sexualidad142. Y esta complacencia se pone en evidencia en la falta de inhibiciones para representar el encanto de los cuerpos desnudos y de las actividades sexuales. Uno de los grandes dioses hindes, Siva, es a menudo representado como un falo, bien sea de forma simblica o explcita. En los templos se representa de forma habitual la unin sexual. Y cuanto ms grande y lujoso es el templo ms espacio deja para representar temas erticos. Al entrar a un templo hind se pueden
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contemplar por todas partes penes, vaginas, pechos, posturas imposibles. La sexualidad hind tiene como libro de referencia el Kamasutra. De su anlisis, concluye Desmond Morris que antes de que una serie de sacerdotes y misioneros obtusos desde un punto de vista emocional y con una mentalidad deformada impusieran la gazmoera represiva occidental a otras culturas, el goce de la desinhibicin sexual se fomentaba en ambos sexos. En opinin del antroplogo, los representantes en la Tierra del Dios cristiano llenaron los placeres de la carne de oscuridad y pecado all por dnde fueron pasando. Y esto, aade, no fue algo causal. Ellos nos convertan en pecadores a todos para despus orientarnos, perdonarnos y salvarnos, disfrutando as de un negocio la mar de boyante143. Los responsables estn identificados con toda claridad. Pero no han estado solos en todo esto. A mitad del siglo XIX, el pensamiento denominado positivista anunci que Dios haba muerto pero tranquiliz a todos diciendo que, a pesar de eso, la moral segua a salvo la ciencia cuidara de ella144. La amenaza mdica fue, si cabe, ms terrible que la religiosa. La libertad sexual ya no nos condenaba a las marmitas del infierno pero nos procurara todo tipo de enfermedades y desgracias. La masturbacin era peor que un pecado mortal porque te reduca a la imbecilidad, provocaba tuberculosis, ceguera Los males mdicos asociados el sexo han estado presentes en nuestra cultura hasta hace slo una generacin. Incluso estos argumentos se aliaron con los religiosos, as que o te quedabas calvo o ibas al infierno, o las dos cosas, en el peor de los casos Pero el siglo XX trajo vientos de cambio que siguen soplando hoy en da. El sexo empieza a hacerse visible y perder su vinculacin con el pecado y le enfermedad. En Londres hay un museo dedicado al sexo, ya se ruedan
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pelculas porno dirigidas a pblico femenino, las reuniones de tuppersex donde se muestran y venden juguetes erticos estn a la orden del da, ya no hay que llegar virgen al matrimonio Son indudables los avances en este sentido aunque no todo est hecho. No es fcil desprenderse de siglos de mala fama e infundios. Reproducirse es lo que cuenta (guerra ideolgica, anticonceptivos y el amor) Toda cruzada moral debe tener un mnimo de justificacin lgica. En el caso que nos ocupa la fundamentacin terica se bas en la clsica identificacin entre sexo y reproduccin: el placer sexual era un hecho colateral a la procreacin, ni ms ni menos. Y no slo eso, a veces era hasta un estorbo y para asegurarse de que la mujer se quedara embarazada haba que fornicar sin disfrutar en exceso. Nos han impuesto la ideologa de la reproduccin y todo lo que est de ms, ya sabis, es pecado. Llevando lo anterior a su conclusin lgica, pocos actos sexuales seran lcitos, tal vez dos o tres durante toda la vida, cuatro a lo sumo. El escritor supo de una nia que se alarmaba al saber que sus abuelos haban tenido justamente cuatro hijos. Lo han hecho cuatro veces, deca escandalizada, cuatro veces! Por eso la mujer deba llegar virgen al matrimonio. Su sexualidad estaba destinada exclusivamente a tener hijos y tal cosa deba llevarse a cabo en el seno de una familia. Gozar por gozar era una barbaridad. La ideologa de la reproduccin es perversa se mire por donde se mire. Un ejemplo. Si lo bueno es reproducirse, las parejas que no pueden hacerlo (por la va natural, por supuesto, la adopcin no vale en este caso) no serviran, seran malas. Tal sera el caso de las parejas homosexuales. O el de
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personas con problemas de fertilidad. Lo curioso del asunto es que al principio no se relacionaba coito con embarazo y parto. Segn Hite, nuestros antepasados ms lejanos se amaban por amarse y luego, sin saber cmo ni por qu, llegaban los hijos a este mundo 145. Por suerte, los anticonceptivos han venido a devolvernos a esa poca feliz. La medicina no siempre es mala. Gracias a la amplia gama de anticonceptivos, ha desaparecido el miedo a los embarazos no deseados y se ha reducido hasta la nada la relacin entre sexo y procreacin. Si se puede hablar de revolucin sexual, si la mujer puede dejarse llevar, si las propuestas finales de este captulo son viables es todo gracias a la pldora, al DIU, a los preservativos (que adems defienden al placer frente a las enfermedades venreas), etctera. No es lo mismo, o s (la unidad, el pudor y el amor) Si el amor es bueno y el sexo malo (necesario en el mejor de los casos) es conveniente que marchen por separado. Ya se sabe que una manzana podrida acaba pudriendo a todo el cesto. Menos mal que hay cultura popular. Pero es difcil separar cosas que, sin ser lo mismo, gustan de ir unidas. Ms que nada porque tendern a buscar la unin original que tan buen resultado suele darles, por mucho que se haya luchado por separarlas. Hoy existe una corriente de pensamiento que confunde el amor y el sexo, advierte Rojas. Si se piensa de ese modo, afirma el terapeuta, se est firmado el acta de defuncin de esa relacin amorosa146. Hemos retrocedido siglos sexualizando las relaciones humanas. Con tanto sexo estas relaciones han perdido profundidad, son superficiales, sucias. Y no os pensis que con tanto follar hay ms alegra de vivir, no. Al contrario, el resultado ha sido un cierto hasto que
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desemboca en un especial vaco interior147. Ea, ya est, ya lo ha dicho, no os quedaris ciegos pero mataris vuestro amor y seris infelices. Hay que recuperar el pudor, propone Rojas. Delimitar claramente lo que es amor y lo que es sexo. Y esto segundo guardarlo bien guardado. La intimidad, propone, slo debe darse a quien lo merezca, a quien lo haya ido ganando da a da. Es bueno que todo eso est guardado y salga a la luz en el momento oportuno. La abuela del escritor sola dar un consejo parecido: Guarda el roalico, nena, guarda el roalico148. La separacin de sexo y amor viene de lejos y tiene mucho que ver con el insoportable machismo que ha condicionado casi toda la historia humana. Algn crneo privilegiado masculino decidi que la mujer buena era la mujer pura y casta. La mala era la sucia y hmeda. La santa y la puta. Si es frgida ser de lo primero, si goza ser de lo segundo. A una se la puede amar. A la otra se la puede follar. Para estos hombres que disocian sexo y amor, el sexo slo es posible cuando el objeto sexual est degradado. Y a partir de ah todas las complicaciones que uno quiera. Isabel Menndez, denuncia esta idea tpicamente freudiana y afirma despus que el amor siempre tiene relacin con la sexualidad. De hecho, en su opinin, es cuando el sexo y el amor caminan de la mano cuando se suele alcanzar una relacin satisfactoria149. Entre la separacin y la unidad, hay una postura intermedia, la del que jerarquiza. El amor surge del sexo o del sexo surge el amor. Uno es el padre, otro el hijo. Recuerda la lectora la primera historia de este ensayo en la que Eros y Psique tuvieron una hija a la que llamaron Voluptuosidad? Despus de la I Guerra Mundial, cuenta Erich Fromm, la mutua satisfaccin sexual se supona la base de las relaciones amorosas satisfactorias y, especialmente, de un matrimonio feliz. En este caso, se parta del principio de que el amor es el
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hijo del placer sexual (al revs que en la historia) y que dos personas se amarn cuando sepan satisfacerse recprocamente en el aspecto sexual. Para Fromm la verdad, en este caso, estaba en el rincn del ring ocupado por el mito griego: El amor no es el resultado de la satisfaccin sexual adecuada; por el contrario, la felicidad sexual es el resultado del amor150. Los que no estn de acuerdo con la simbiosis amorsexo y se empean en diferenciarlos, castaean los dientes cuando escuchan la expresin hacer el amor. Les parece de lo ms inapropiado. Porque, incluso, esa expresin se puede usar para referirse a dos (o ms) personas (de cualquier sexo) que practiquen sexo sin amor. En muchos de los textos de referencia de este ensayo, ambas palabras, sexo y amor, son usadas como sinnimos. No llegan a serlo del todo, pero sus coincidencias les permiten aparentarlo. En realidad, sexo y amor son dos cosas distintas y similares de una manera casi nica. Son como dos piezas de un puzzle de dos piezas. Envidia de cltoris (la eyaculacin, el infinito femenino y el amor) Segn la psicoanalista Mary Jane Sherffey, una de las piedras angulares indispensables sobre la que estn basadas todas las civilizaciones modernas es la supresin coercitiva de la desmesurada sexualidad de las mujeres151. Atencin ahora a lo que Ortega escribi acerca de dicha desmesura sexual de las mujeres (quizs confundiendo naturaleza con cultura):
Apunto aqu slo la advertencia de que probablemente la notoria desproporcin entre el sexualismo del hombre y el de la mujer, que hace a sta, normalmente, espontneamente tan moderada en el amor, coincide con el hecho de que la hembra humana suele disponer de menos poder imaginativo que el varn. La naturaleza, con tiento y previsin, lo ha querido as, porque de acaecer lo contrario y hallarse la
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mujer dotada de tanta fantasa como el hombre, la lubricidad hubiera anegado el planeta y la especie humana hubiera desaparecido volatilizada en delicias.
El escritor reconoce que la turbacin le inunda cada vez que lee lo anterior. Se imagina cubierto de fluidos femeninos y ahogndose en ellos. Lo que Ortega plantea es ni ms ni menos que si la sexualidad femenina fuera libre y campara por sus respetos, a fecha de hoy no habra humanidad alguna porque hubiramos desaparecido de tanto follar. Increble. Se sabe a ciencia cierta que el dueo de las civilizaciones modernas es el hombre. Por lo tanto a l y slo a l (y a algunas mujeres colaboracionistas) le corresponde la supresin de la sexualidad femenina. Y ha encontrado muchas formas de hacerlo. Ya sea imponiendo la idea de que gozar es pecado, reduciendo la sexualidad a mera reproduccin, expandiendo un modelo puritano, con novelas rosas En lo que se refiere a denunciar la imposicin de un modelo sexual masculino, exclusivamente genital y pobre, pocos han sido tan contundentes como Bruckner y Finkielkraut en su Nuevo desorden amoroso. En su opinin, se ha reducido el sexo/amor a un sistema en el que slo tiene valor lo masculino y lo femenino es reducido a la nada. El hombre, dueo y seor de la creacin, o al menos de la humanidad, ha impuesto su modelo sexual a la mujer. Pero no ha sido por generosidad. Tampoco porque el suyo sea el mejor. No. Ha sido por pura y simple envidia. Qu pena. Lo menos que puede decirse del placer masculino, opinan, es que es breve y dbil. Ante el orgasmo sentimos el miedo a quedar atrozmente desilusionados; tanto desorden para tan poco. En un visto y no visto, la potencia, la energa libidinal que prometa fluir como loca hasta el fin del mundo, el deseo descomunal, las fantasas ms desbordantes todo se desinfla como un globo pinchado. Con la eyaculacin se
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escapa el semen y el podero masculino. Tirados en el colchn, resoplantes y sudorosos, pensamos que eso no puede ser todo, que debe haber algo ms. Entonces miramos a nuestra compaera, que nos ha exigido tanto, que se ha contorsionado de esa manera increble, que ha gritado hasta quedarse sorda, y sentimos una punzada de envidia por lo que acabamos de ver. La irrupcin de las mujeres en el escenario del amor, dicen Bruckner y Finkielkraut, provoca que todo se vuelva inseguro. Los hombres habamos ocultado y sometido al placer femenino. No queramos ver reflejada nuestra impotencia en su despliegue sobrehumano. Ahora, las mujeres se rebelan, y su presencia libre y provocadora en nuestras camas nos pone ante la evidencia de nuestra pequeez. De ser los amos estamos pasando a ser seres llenos de preguntas soterradas y dudas disimuladas. En la mujer y su forma de gozar entrevemos escenarios hermosos de placer sin fin. Algo que considerbamos imposible. La sexualidad femenina se va descubriendo como el universo, un gigante inconmensurable en perpetua expansin. Cuantos ms orgasmos tiene una mujer, ms fuertes resultan; cuantos ms orgasmos tiene, ms puede tener, dice Mary Jane Sherffey152. La mujer no conoce orgasmo en el sentido estricto de la palabra, no hay lmites para su apetito ertico, ninguna emocin voluptuosa, por fuerte que sea, es la ltima para ella. Su sexualidad se mueve en crculos, viene y va, desciende al tiempo que asciende. Los mensajes que nos llegan son incomprensibles, nuestros cdigos amorosos eran bien simples, apenas manejaban un puado de palabras, y la mujer lo ha alterado todo, descubriendo infinitas posibilidades. Nosotros, pobres machos, miramos fascinados sin saber qu est pasando. Somos tan simples, tan breves, tan rectilneos. Los hombres eyaculamos y llega el fin, generalmente
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antes de lo deseado. A nuestro lado, la mujer para por parar. Si no sigue es o porque est agotada o porque no es capaz de concebir que sea posible ms placer. O, tal vez, para no poder en evidencia las limitaciones de su compaero. Cuanto ms mejor (balanzas, orgones y amor) La fascinacin masculina por la cantidad se refleja perfectamente en el siguiente chiste: los hombres son como el parchs, se comen una y se cuentan veinte. (Vale, no es muy bueno, pero es que al escritor no se le da bien esto de contar chistes.) Lo nuestro es cosa de cantidad, de evidencias. No nos gustan las cosas sutiles, las que no podemos aprehender, las que se nos escurren de la mano (figuradamente hablando). Nuestro orgasmo es un fin de fiesta cuantificable. Se ve, se palpa, se huele. La materia nos supone la evidencia del final feliz. Pero qu pasa con las mujeres? Ellas son ms etreas, su orgasmo no puede confirmarse con pruebas fsicas. La inseguridad o la incompetencia masculina generan el mito del orgasmo fingido. Y si nos engaan? Desearamos encontrar la evidencia de que ella ha llegado al orgasmo, su palabra no siempre nos basta. A los hombres hechos y derechos les gustan las cifras y los retos. Y cul mayor que el que plantea Reich de cien polvos al ao. Desde el punto de vista biolgico, afirma el alemn, el organismo humano sano requiere de tres mil a cuatro mil coitos en el curso de una vida genital de treinta a cuarenta aos153. Haced cuentas, salen cien al ao, o lo que es lo mismo: uno cada tres das. Para Reich la cosa iba de cantidades, mecanismos y energas (y despus de fascismo, revoluciones y cnceres, leedlo, de verdad, es muy interesante). Somos simplemente una mquina elctrica que tiene su estructura propia y se halla
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en accin recproca con la energa del universo, deca en su clsico La funcin del orgasmo. La mquina humana se mueve impulsada por la energa sexual, una energa que debe ser canalizada convenientemente a base de coitos. De no ser as, si la energa sexual se estanca y no fluye nos enfrentamos a toda una serie de peligros. Se empieza con la neurosis, se sigue con el cncer y se acaba con la peste social del fascismo. Para Reich, todos los males de la humanidad tienen relacin con la represin sexual. La energa sexual no fue idea de Reich sino de Freud, que le puso el nombre de libido. Ahora bien, la libido no slo se canaliza y emplea en ejercicios sexuales. Mediante un proceso llamado sublimacin se puede transformar en actividades distintas, aparentemente, al sexo. Estas actividades son del tipo de la investigacin intelectual o de la actividad artstica. Suelen ser actividades valoradas socialmente y creativas, que gustan tanto al que las produce como al que las consume. La libido se empea en producir placer a diestro y siniestro, ya sea en la desnudez de los cuerpos o en la delicadeza de la poesa. Se ha empezado bien trayendo a primer plano el sexo y cantando sus virtudes. Pero se deja el camino a medio andar, incluso se desva de la buena ruta, cuando se cuadricula todo sobre una cuartilla de papel milimetrado. Debe ser uno al da, debera prescribir el mdico, y debe hacerse as y as. l debe descargar tantos orgones de energa libidinal y ella estos tantos. Despus todo quedar en relajacin, hasta que la libido vuelva a reclamar la necesidad de otra descarga. A las barricadas (desaprender, aprender y el amor) Bruckner y Finkielkraut gastan muchas hojas en criticar las soluciones de Reich pero, bsicamente, parecen estar conformes con la existencia de un problema de base que
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debe ser remediado. La sexualidad no se reprime y contiene porque s. Hay muchas razones que explican tal fenmeno. En opinin de Reich, la funcin de la supresin de la sexualidad infantil y adolescente es facilitar a los padres la sumisin de los nios a su autoridad. Al principio, cuando ramos ms brutos, la sexualidad era combatida por la castracin o las mutilaciones genitales de un tipo u otro. Ms tarde, cuando nos refinamos, fue la castracin psquica, mediante la implantacin de la angustia sexual y el sentimiento de culpa. Reprimidos sexualmente, los adolescentes se someten a sus padres y despus, cuando son adultos, se someten al orden establecido. Reich lo ilustra muy grficamente: La represin sexual sirve a la funcin de mantener ms fcilmente a los seres humanos en un estado de sometimiento, al igual que la castracin de potros y toros sirve para asegurarse bestias de carga154. El anhelo humano de vida y placer no puede desterrarse, afirma Reich. Lo que s puede cambiarse es la regulacin social de la vida sexual. Ante su propuesta cuantitativa que negaba una importante parte de la sexualidad (el placer femenino, la homosexualidad, fetichismo, sadomasoquismo) Finkielkraut y Bruckner proponen una serie de cambios a los que se niegan a llamar revolucin. En opinin de estos autores no existe la sexualidad buena ni mala ni, mucho menos, una solucin final para el erotismo. Feminicmonos! nos dicen. As conseguiremos unos cuerpos penetrables y expandiremos nuestras posibilidades voluptuosas. De paso, conseguiremos sacudirnos otra serie de tiranas a las que la masculinidad nos tiene sometidos: honor, coraje, violencia, dureza La liberacin sexual hoy, proponen, puede entenderse como la yuxtaposicin de todos los acordes sentimentales, acogida de las diversidades afectuosas, emplazamiento de una red de compatibilidad de todos los erotismos155. Dejemos de
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buscar la sexologa buena y correcta. Dejemos que nos funcione la imaginacin, aunque corramos el riesgo de ser anegados. Demos rienda suelta a nuestros deseos y observemos serenamente los de los otros. Aceptemos por fin que el sexo, necesario o no, inseparable del amor o no, reproductivo o no, revolucionario o no, debera entenderse como una actividad humana neutra, sin juicios de valor ni morales, vlida por s misma, especialmente por el placer que depara. (Con lo bien que viene un poco de placer en estos tiempos tan hostiles que corren.) Olvidemos la culpa y el pecado que no sirven para nada156. Una vez ms, la originalidad, el topos, vuelve a ser la mejor de las opciones, tal vez la nica.
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EL AMOR CASADO*
Paleoltico. La objetividad, reconozcmoslo ya, no deja de ser un deseo, una meta que, a veces, queda cerca y, otras, la mayora, muy lejana. Igual que la funcin hace al rgano, la ideologa condiciona la teora. Ni la ms escrupulosa de las cientficas puede escapar a la inevitable subjetividad. La forma de pensar de cada cual rezuma entre
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En muchos captulos de este ensayo se hacen referencias a instituciones como el matrimonio, el adulterio o el divorcio. Se reflexiona a partir de ellas pero no exclusivamente sobre ellas. Hay situaciones de hecho en las que todo lo escrito puede ser igualmente vlido. Ahora, muchos matrimonios no se reconocen como tales. Las parejas se unen y no firman papel alguno. Igualmente, las parejas se rompen sin necesidad de divorcio de por medio. No es nada nuevo. Cuenta Coontz en su Historia del matrimonio que Lombardo, obispo de Pars en la segunda mitad del siglo XII, impuso una doctrina que llevaba su nombre. Si un joven deca, utilizando el tiempo presente: Te acepto como esposa; y la muchacha responda: Te acepto como esposo, quedaban casados, con o sin testigos, amonestaciones, bendiciones o cualquier otra cosa, as dijeran las palabras en una capilla, una cocina, un campo abierto o un granero, hubieran tenido o no relaciones sexuales, o hubieran convivido o no bajo el mismo techo. Valga todo lo dicho en el matrimonio, divorcio, adulterio, etctera, tanto para las parejas casadas dios y ley mediante como para las parejas simplemente unidas.
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las palabras rigurosas con las que se formulan las hiptesis, las teoras, las leyes. Un grupo de paleontlogos y sociobilogos defiende la idea de que el matrimonio surgi en la Edad de Piedra para proteger a la pobre y desvalida mujer. La hembra humana no poda consigo misma y menos an con los hijos que deba acarrear. De no haber sido por la ayuda del macho protector, habran muerto todas de hambre y fro. Estos cientficos, con un pulso envidiablemente firme, tienden una lnea recta entre el matrimonio de hace tres dcadas con el de hace miles de aos. La familia nuclear de hoy en da es la misma que la de hace trece mil aos. Ya entonces, las sociedades se conformaban alrededor del matrimonio y de las familias formadas por l, ella y los hijos. Por cierto, por qu, de entre todos los adjetivos posibles, se usa nuclear para calificar a la familia? Parece una advertencia, como si en el momento menos pensado fuera a estallar la bomba de cien mil kilotones dejndolo todo muerto y arrasado por la radiacin. La idea anterior olvida o desconoce muchos elementos que se consideran propios de las organizaciones humanas de aquella poca. Por entonces, la mujer, con hijos o sin ellos, era capaz de recorrer varios kilmetros al da y aportar ms de una docena de kilos de comida para el grupo, recolectando, cultivando... Toda la familia participaba en las partidas de caza. La comida y los recursos se compartan con el grupo y se ofrecan a grupos extraos para crear buen rollo. En fin, una serie de caractersticas que hacen poco creble la idea del macho protector y la hembra desvalida. Desde el otro lado, hay quien afirma que el matrimonio es la institucin que surgi del empeo del hombre en someter y explotar a la mujer. Los hombres intercambiaban mujeres segn las necesidades del grupo. Te doy a mi hija, a cambio dame a sa de ah que se le ve buena moza. Las mujeres estaban haciendo muchos avances en el cultivo de la tierra, en
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la experimentacin con medicinas, eran las responsables de la reproduccin Todo eso deba ser controlado por el hombre, as que se invent el matrimonio y la sumisin de la mujer. Y agradable no fue: quien no se someta por propia voluntad era raptada, violada, forzada157 Stephanie Coontz recoge todo lo anterior en su libro Historia del matrimonio. En su opinin, la segunda teora tiene ms visos de acertada que la primera. Sin embargo, no llega a ser del todo precisa pues son muchos los ejemplos que la contradicen. Uno de ellos se debe a un barn francs que viajaba por Canad y que se qued con los ojos como platos mientras se haca cruces al comprobar que los padres nativos crean que sus hijas tienen autoridad sobre sus propios cuerpos y pueden disponer de sus personas como mejor les cuadre; tienen la libertad de hacer lo que les place. Para Coontz, siendo cierta la opresin a la que la mujer casada fue sometida en la mayora de las culturas humanas, el matrimonio se cre como una institucin econmica, es decir, como una manera de regular los recursos relativos al sexo, la crianza, la educacin, la comida y hasta las relaciones con el resto de grupos vecinos. No hubo, en su opinin, nada inherente al matrimonio relacionado con la discriminacin, la sumisin o la explotacin, aunque despus se usara la institucin para esos fines. Y, desde luego, la familia nuclear era la gran desconocida en la Edad de Piedra. Las personas se organizaban en grupos ms o menos grandes, compartiendo riesgos y recursos. Ah dentro estaban las parejas, que miraban la mejor manera de repartirse las tareas, los cuidados, las bayas, los salmones, las pieles curtidas y las carnes saladas sin olvidar que lo importante era el grupo. Hace diez mil aos. Las poblaciones se fueron haciendo sedentarias. Las formas habituales de conseguir alimentos fueron alterndose. La caza no era ya tan
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importante y s empez a serlo la propiedad privada: el trozo de tierra, los animales, las herramientas El hombre se hizo dueo de los recursos y la mujer qued relegada a un segundo plano. Su contribucin a la economa familiar se vio reducida. Y como no posea tierras no poda transmitirlas. No perder lo que se tena se volvi crucial. Como lo fue aumentar las posesiones y hacerlas heredar a los descendientes. As, el matrimonio se fue reforzando como medio para aumentar el poder, la propiedad privada y asegurar la herencia siempre patrilineal. Qu vas a hacer qu? Pero t ests loco, ya nadie se casa por amor. Te casars con la hija del jefe de la tribu tal y cual porque he pactado con sus padres unas alianzas muy estratgicas y favorables. O: te casars con la hija de los vecinos, que nuestros campos lindan y nos conviene usarlos, adems tienen un pozo de agua que nos va a venir de perlas para regar las hortalizas. La mujer se convirti en un estorbo porque era un objeto difcil de vender en el mercado. Hasta no haca mucho, era la familia del novio la que aportaba la dote al matrimonio. Ya no. Ahora era la familia de la novia la que deba dar una dote a la familia que le quitaba la carga de encima. Y tal tradicin se mantuvo y reforz a lo largo de los siglos. Desde comienzos de la Edad Media hasta el XVIII, explica Coontz, la dote que una mujer llevaba consigo al casarse era con frecuencia la mayor transfusin de dinero, bienes o tierras que un hombre reciba en toda su vida158. La dote era fijada por la ley de la oferta y la demanda. A ms mujeres, ms dote tena que ofrecer la familia para poder casarlas. Imagnese el lector la situacin dramtica en la que se encontraban las hurfanas, sin nadie que ofreciera compensacin a quien cargara con ellas. Menos mal que se puso de moda la dote caritativa. Para que luego digan que cualquier tiempo pasado fue mejor. (De nuevo se deja caer por aqu la parte maliciosa del escritor para recordar una boda y la cara del padre de la novia. Tena esa
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expresin de quien por fin lo ha conseguido. Uf, pareca decir, una colocada.) 400 aC (siglo arriba, siglo abajo) al siglo XVIII. El matrimonio se estaba convirtiendo en algo demasiado importante para dejarlo en manos de un puado de hormonas inestables que nos convierten en superhroes obsesionados y descuidados con todo lo que no tenga que ver con el amor. Haba que controlarlo pero a ver quin era el guapo que le pona el cascabel al gato. Se hizo necesario atacar a la poblacin por varios frentes. Bombardear con todo tipo de ideas que nos convencieran para renunciar al amor y aceptar la primaca de los intereses familiares sobre los amorosos. Los griegos fueron por el lado religioso. En Grecia, una joven al casarse renunciaba a su diosa protectora, Artemisa, y juraba fidelidad a una nueva diosa, Demter... Y? La cosa se entiende si se tiene en cuenta que Artemisa es una cazadora que desborda energa y sensualidad y celebra la naturaleza en su aspecto ms libre y salvaje; mientras que Demter es la diosa maternal de la tierra, encarnacin de lo no ertico y la fecundidad. Una vez casada, la mujer se deba a una diosa que guardaba por los intereses ms profundos del matrimonio159. Por su parte, Sneca aport filosofa al adoctrinamiento de masas. No hay nada ms pernicioso que amar a la esposa como una favorita, proclam dejando bien claro que las medias tintas eran para pelagatos. E insisti para dejarlo bien claro: Se comporta con desvergenza aquel que se enardece con un exceso de amor hacia su esposa. Demasiado amor, o sea, el amor desenfrenado, la pasin, es lo que sienten los amantes fuera del matrimonio. Un hombre razonable debe amar a su mujer con sensatez y no con pasin160. Los juglares y las damas del siglo XII pregonaron hasta la afona que amor y matrimonio eran dos cosas bien distintas. Tal argumento no se sabe si jugaba a favor del amor o del
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matrimonio. Quizs era una posicin pragmtica que pretenda estabilizar una cosa y otra. Segn Beck y BeckGernsheim, separar ambos conceptos estabilizaba el matrimonio porque lo liberaba de la inconstancia de la pasin y estabilizaba el amor porque no lo ataba a las obligaciones de la paternidad y de la duracin161. Algn tiempo despus, los victorianos ingleses contribuyeron a la cruzada con su idea del matrimonio feliz. En realidad se trataba de una dulcificacin del tipo de pareja representada por Zeus y Hera: ella una hacendosa mujercita de su casa y l un tarambana de cuidado. La idea base estaba bien pero los matices fallaban. Haba que ajustarlos y a ello se dedicaron los victorianos. Una mano de pintura por aqu, unos embellecedores por all, algn que otro aplique de fantasa y voil! todo listo. Los nuevos Zeus y Hera de las parejas seguan siendo los mismos de siempre pero ahora el marido apareca como el proveedor y el amo supremo. Su palabra era ley y sus deseos rdenes, porque todo lo haca por el bien de la familia, hasta lo que pareca hacer en contra de la misma. La esposa era obediente y casta, siempre vestida para la ocasin, incluso a la hora de practicar sexo. Una mujer discreta, amante de su marido y de sus hijos, cumplidora de todas sus obligaciones, virtuosa y silenciosa. La idea se repiti como un eco interminable en el cine y en la televisin. Cuantas comedias televisivas tienen como protagonistas un matrimonio feliz made in victorianos? Inevitable que millones de parejas de varias generaciones a lo largo y ancho del planeta quisieran ser as162. 1595. Shakespeare estrena Romeo y Julieta, pareja arquetipo del amor por encima de los intereses familiares y los matrimonios interesados. Desde los egipcios hasta hace bien poco, la institucin del matrimonio no se decida por amor. Una idea rebelde y
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revolucionaria que ha estado siempre guardada en el corazn de hombres y mujeres. Las personas siempre hemos querido vivir dulces y alocadas historias de amor, otra cosa era que nos lo pudiramos permitir. Para la cultura popular, nadie como los jvenes venecianos representa mejor la pelea por casarse (unirse) con el ser amado y no con el ser econmicamente adecuado. Pero no fueron los primeros ni los ltimos. La historia del teatro, la literatura, el cine o la msica est llena de parejas con el mismo empeo. Finales del XVIII, principios del XIX. Hay cierto consenso en apuntar esta fecha como el momento en que todo cambi, de nuevo, demostrando que, aunque a veces parezca que no, estamos vivos. Hasta entonces, el matrimonio sigui siendo una cuestin econmica, poltica, familiar y social. Pero, poco a poco, los deseos inevitables de amar y poder consolidar tal amor fueron saliendo a la superficie. Ni todas las programaciones morales e ideolgicas pudieron contenerlo. Sin embargo, este siglo, como todos, fue algo contradictorio. Si bien la idea de casarse por amor cobraba fuerza, los poderes fcticos indicaban otro sentido a la marcha. Explican Beck y Beck-Gernsheim que es a finales del XVIII cuando la burguesa consigue imponer su moral puritana frente a las costumbres libertinas de la aristocracia163. As, y con el apoyo de una supuesta medicina y psicologa neutrales, se persigui y reprimi el placer y la diversidad sexual y amorosa. Aunque este empeo burgus en controlar la institucin marital hasta en sus ms pequeos detalles pudo tener consecuencias imprevistas. Se trat de la gota que colm el vaso o el giro que pas de rosca a la tuerca. Ante tanta rigidez, los amantes se rebelaron y empezaron a abrir puertas
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y ventanas en busca de un matrimonio ms libre, de un amor ms individual. 1945. Acaba la II Guerra Mundial y comienzan a sucederse una serie de cambios que acabaran dando lugar al matrimonio por amor o a la crisis del matrimonio, segn se mire. Esos cambios tienen como principal protagonista a la mujer y su incorporacin al trabajo. Como siempre hay quien toma tal hecho como un gesto de liberacin de la mujer y quien lo ve como el acatamiento de un nuevo deseo/orden de nuestro Amo y Seor Mercado. La incorporacin de la mujer al mundo laboral, la flexibilizacin que el mercado ha impuesto a la vida laboral (eso de un empleo en un sitio para toda la vida es ya cosa de la arqueologa), los deseos de autonoma personal y el renacimiento del mito del amor romntico (iniciado en el siglo XVIII) han puesto al matrimonio en una situacin en la que no se haba visto antes. El romanticismo se fue democratizando. Pasin para todos, era el lema. La locura de amor ya no era cosa de los mitos sino de todas y cada una de nosotras. Y frente al matrimonio aburrido y su felicidad envasada, el amor ofreca todo un mundo de sensaciones. Libertad y felicidad en estado puro. Muchos eran los cantos de sirena que sonaban por entonces. Uno de ellos, por ejemplo, deca que una vez se acabara la sumisin econmica de la mujer al hombre, sera posible una relacin entre iguales y el amor verdadero florecera sin ms remedio. Muchas feministas siguen, an hoy, discutiendo esta profeca. Agarrados a la bandera del amor, los amantes fueron derribando uno a uno todos los obstculos externos. Nadie oa ya las indicaciones de los padres, mucho menos las de los vecinos. Las herencias no entraban en los clculos amorosos
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(al menos conscientemente). Y el sexo no se dej dirigir ms desde los plpitos o las consultas mdicas puritanas. Todo apuntaba hacia un final feliz. Pero de sobra se ha comprobado que el amor es terreno abonado para las paradojas. Las promesas de libertad, felicidad y eternidad estn poniendo en jaque al matrimonio (y resto de parejas, oficializadas o no). Uno se casa para ser libre, para ser feliz, para amar eternamente. Pero todo eso no deja de ser una aspiracin poco realista. Y ya sabemos que despus de las aspiraciones poco realista llegan las decepciones. Si no puedo ser libre, feliz y amar eternamente me separo. Es todo tan difcil. Segn Bruckner y Finkielkraut164, el modelo conyugal est tocando fondo aunque, de momento, el punto y final no se muestra como la clausura del matrimonio o la aparicin de una institucin mejor. En su lugar, aparecen multitud de formas intermedias que no saben bien hacia dnde dirigirse y los amantes tienden a hacer trampas. Dicen unirse en nombre del amor, pero, llegado el momento de la verdad, o no se atreven a abandonarse al amor165 o descubren que el amor no era lo que esperaban. De momento, los comportamientos son inseguros, segn estos dos filsofos, y se resumen en dos imperativos: (uno) no perder nada (mantener la seguridad de la pareja sin encerrarse por ello en el convento sentimental que presupone) y (dos) ahorrar, lo que significa no darlo todo a un solo ser, querer unas pasiones lagunosas, no fijar el amor en la idea de la totalidad. Agarrar bien la cesta pero sin poner en ella todos los huevos, vamos. Me caso imbuida por todo el mito romntico pero a la que pueda reduzco la apuesta y saco el as que haba escondido en la manga. El matrimonio ha sido revolucionado por el amor pero el final es imprevisto. Est todo por decidir. Es posible que, como casi siempre, todo cambie para que todo siga igual. O
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puede ser que en algunas dcadas contemplemos el final del matrimonio. O, quin sabe, tal vez se temple el mito del amor romntico, aprendamos a desaprender, demos rienda suelta a la imaginacin y, siendo originales, descubramos la felicidad hecha a medida como un buen traje de sastrera. Junio de 1970. Se publica el n 18 de Mundo cristiano, revista orgnica del Opus Dei. Uno de los colaboradores, identificado como Vctor M., escribe sobre noviazgos raros: sos que se ennovian sin compromiso de matrimonio, los los de una noche, etctera. Al final del texto lanza una maldicin que pesa todava sobre la inmensa mayora de las parejas: Se casarn, pese a todo! No lo dudis!166. La sentencia sigue vigente en la actualidad, cuando, casi la mayora de las parejas acaban entrando en el matrimonio. Pero hay esperanza: el escritor va conociendo parejas valientes que han decidido casarse en la clandestinidad, huyendo de pompas y celebraciones desquiciadas. Mayo de 2005. Entra en vigor la ley que abre las puertas de la institucin del matrimonio a parejas del mismo sexo. Como ya ni los debates pueden ser sinceros y la derecha sigue llena de complejos (y mscaras) no se discuti si estaba bien o no que los homosexuales se emparejaran. El quid de la cuestin se situ en la palabra matrimonio. No, clamaban algunos aguantndose los insultos en la punta de la lengua, cmo se va a llamar matrimonio a eso, si el matrimonio ha sido durante siglos la unin de un hombre y una mujer. De un hombre y una mujer, por Dios167. Pero no hay ley alguna, divina o humana, que impida que una institucin cambie. Desde la trinchera homosexual hay tericos que no acaban de entender el empeo en poder casarse como los heterosexuales. El matrimonio es una institucin disfuncional, dicen, si nos casamos acabaremos teniendo parejas aburridas y
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rutinarias. Parece que tuvieran presente el juicio de la condesa de Champagne que haca incompatibles matrimonio y amor. Estos activistas creen que el amor debe sacudirse de todo aquello que lo condiciona, incluido por supuesto el matrimonio. Meterse de lleno y por propia voluntad en la boca del lobo es de locos, dicen. El escritor le escuch a Boris Izaguirre el argumento que, en su opinin, zanja todo este debate. Por qu inventar una nueva palabra para las parejas legalizadas de homosexuales? Por qu ese empeo en diferenciarlos, en apartarlos de la norma? Puede parecer muy romntica la lucha clandestina por el amor pero acaba cansando hasta al ms pintado. Ya basta de ser sealados como los distintos. Por una vez est bien poder ser como el resto, vivir felizmente confundidos con todos los dems.
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EL AMOR ADLTERO
Hay palabras que casi dicen ms con el significante que con el significado. La u esdrjula de adltero deja bien a las claras que se trata de una palabra inquietante y un poco desagradable (y as ser la persona a la que califica). Alguien adltero no puede ser bueno, sea lo que sea lo que signifique ser adltero. Los significantes de las palabras se construyen en muchas ocasiones reflejando el sentir popular. Una chuchera es algo bueno, sin duda. Un cachivache es algo divertido. Una adltera es una mala mujer. Por si la cosa no suena con suficiente claridad, se busca el verbo conveniente para acompaar al sustantivo. El adulterio se comete, como el resto de los crmenes. El matrimonio ha ido evolucionando a lo largo de la historia, hasta que un da lleg a ser la va principal de transmisin de propiedades, privilegios y prestigio social. Entonces, tanto los hombres como las mujeres, sufrieron importantes restricciones en su conducta. Por supuesto, en el caso de la mujer las restricciones y el control fueron mayores.
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Ella, siendo infiel, poda tener el hijo de otro varn, introduciendo sangre extraa y complicando todos los planes hereditarios de la familia. El adulterio o las relaciones sexuales prematrimoniales de la mujer estaba sujetos a severas penas. En el caso del hombre se aplicaba aquello de pelillos a la mar, al fin y al cabo era el hombre, razn ms que suficiente para que hiciera lo que le viniera en gana. Volvamos a poner ahora la mquina del tiempo en el siglo XII. El matrimonio, convertido en una institucin utilitaria y desprovista de sentimientos, se llena de abusos y mala vida. Ante eso, surge el amor corts. Cuando todo era violencia, inestabilidad, guerras y dems desgracias, el amor corts permiti a los amantes ser humildes, sumisos, refinados, amables y discretos. De repente el amor (adltero) se destap como una verdad buena y reconfortante, todo un oasis. Lo interesante de todo esto es que el amor corts propona una infidelidad fiel. El amor no poda encontrarse en el matrimonio. El matrimonio no ofreca amor pero tampoco poda impedirlo. La primera regla del Tratado de amor de Andreas Capellanus era que el matrimonio no era una excusa vlida para no amar. Haba que buscar el amor fuera del matrimonio y, sin ms remedio, se cometa adulterio. Pero al amante se le juraba fidelidad y amor eterno. La razn no era heredar unas tierras, mantener el patrimonio familiar o doblar las hectreas de la finca. No. La razn de todo era el amor. Durante mucho tiempo, siglos, el adulterio fue la nica institucin que dio cobijo al amor. Hay quien sita el origen del adulterio en la bsqueda de estrategias reproductivas complementarias. Segn Desmond Morris, no existe hombre adulto que no cometa adulterio todos y cada uno de los das de su vida, si no de facto s figuradamente. Qu bonitos los estereotipos (y qu molestamente ciertos tantas veces). Quiz lo haga
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simplemente con los ojos, matiza, pero cada vez que se cruza con una mujer atractiva la mira de una forma muy concreta. Pero Morris nos tranquiliza, el hombre no est interesado en crear lazos afectivos de pareja sino en sembrar su material gentico lo ms ampliamente posible168. En nuestro interior hay una voz (de dnde saldr?) que nos dice una y otra vez: reprodcete, con quien sea, como sea, a todas horas, en cualquier sitio, venga, nimo, propaga tu ADN a los cuatro vientos, s inmortal. La mujer tambin oye esta voz. Si el compaero de la mujer es un hombre maduro, seguro econmicamente y buen protector, aunque quizs algo feo, cabe la posibilidad de que ella busque otro varn joven y guapo del que quedarse embarazada. As, tendr un hijo dotado de unos genes muy atractivos que ser cuidado por un macho maduro y protector. Un plan perfecto. Esto no quiere decir, aclara de nuevo Morris, que tal mujer no ame a su pareja estable, lo que sucede es que responde al imperativo biolgico de tener un vstago lo ms perfecto posible. En el caso de que el compaero de esta mujer, remacha el antroplogo, fuera lo anterior y adems joven, guapo y fuerte, todo lo necesario estara reunido en l y ella no tendra el impulso primario de serle infiel. Habra alguna ventaja ms para la madre adltera. Una mujer que tuviera un hijo resultante de una aventura, se asegurara cuidado extra tanto para ste como para los que ya tuviera. Es decir, su pareja oficial cuidara de todos sus hijos a la vez que el otro padre, el oficioso, tambin le proporcionara cuidados169. En mitad de la noche, cuando el marido descansara fatigado de cazar tigres dientes de sable, el otro se acercara sigiloso a la cueva y le dejara a la madre de su retoo un puado de fruta o un buen pernil de mamut. Todo esto est ambientado en la prehistoria pero no se encuentra muy alejado del presente. En un programa de 1998
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para detectar enfermedades genticas, los cientficos se quedaron sin palabras al descubrir que el diez por ciento de los nios sometidos a las pruebas no eran los hijos de sus padres legales. El diez por ciento es un porcentaje considerable. Por cierto, habra que tener en cuenta que si en una familia hay hijos ilegtimos (que palabra tan fea) sin que lo sepa uno de los miembros de la pareja, es porque la infiel ha sido ella170. No poda faltar la explicacin psicoanaltica acerca del origen del adulterio, una vez ms de la mano de Isabel Menndez. Esta autora propone que el adulterio puede aparecer como un va de escape para quienes prefieren huir en vez de resolver sus problemas de pareja. Quien acta as se deja llevar por sus intereses sentimentales, ignorando que est siendo dominado por objetos internos que con frecuencia se refieren a sus primeros objetos de amor. Menndez plantea que quien comete adulterio sufre de inmadurez psicolgica y no ha encontrado el verdadero amor171. Una y otra vez el amor verdadero como el Santo grial, el Arca de la alianza, el Dorado, la Piedra filosofal o los cocodrilos que viven en las alcantarillas porque sus dueos los arrojaron por el vter cuando empezaron a hacerse grandes. El amor verdadero como una leyenda urbana, rural, ubicua Nuestro primer objeto amoroso es la madre. Somos pequeos y tenemos una visin del mundo muy particular. La madre nos pertenece, es nuestra y slo nuestra. Pero aparece nuestro padre para demostrarnos lo equivocados que estamos. Vemos cmo la besa y, con un nudo indescifrable en el estmago, contemplamos cmo el complejo de Edipo dibuja nuestro primer tringulo amoroso. No lo sabemos pero nos enfrentamos a un momento crucial en nuestras vidas. De cmo lo resolvamos depender casi todo nuestro futuro (eso es tensin y no lanzar un penalti en la final de la Champion). Deberemos aceptar nuestra exclusin de la relacin amorosa
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madre-padre para, ms tarde, poder tener nuestras propias parejas. Tolerando que la madre nos sea infiel con el padre nos preparamos para ser fieles a la persona que hayamos elegido como pareja. Alcanzamos nuestros deseos posibles cuando hemos renunciado a los deseos edpicos imposibles, apostilla Menndez. De no ser as, si nos negamos a aceptar nuestra exclusin entre mam y pap, quedaremos lastrados para siempre por cargas patolgicas que nos impedirn establecer lazos afectivos fieles y duraderos. Obsesionados con mam y muertos de miedo ante la idea de una relacin estable, nos lanzaremos sin dudarlo en manos del adulterio172. Menndez plantea una cuestin muy interesante. Las razones para confesar la infidelidad son varias: ser perdonado, agredir al otro, vengarse, buscar el castigo Pero la confesin explcita no siempre es necesaria para que el otro sepa lo que est pasando. En una pareja existe una comunicacin soterrada, sin palabras, incluso sin gestos, basta un olor desconocido, un gesto fuera de lugar, un retraso inesperado El engaado puede saber la verdad sin necesidad de que le sea confesada. Otra cosa es que se aplique eso de ojos que no ven, corazn que no siente. Alejada de todas las explicaciones anteriores, Laura Kipnis expone un origen casi utpico y rebelde para el adulterio. El adulterio, segn ella, es al amor lo que un tubo de ensayo es a la ciencia: un recipiente para los experimentos. Con estas escaramuzas amorosas se sale de lo conocido y se pone el pie en un mundo nuevo y abierto, al menos aparentemente, a todo tipo de posibilidades. El adulterio es la bsqueda de la pregunta ms censurada y molesta de todas: Podran ser las cosas diferentes?173 En el adulterio se experimenta, se hacen pruebas de cmo podra ser una relacin distinta. No slo distinta porque sea con otra persona sino porque se viva de otra manera y se hagan otras cosas. El adulterio ofrece la sensacin de ser
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reinventado, de ser deseado y fascinante. El adulterio aparece como el compaero dialctico del compromiso. La tesis es el compromiso, la anttesis es el adulterio y lo que nadie sabe qu es la sntesis. Es el problema del adulterio, que no puede ser un experimento durante mucho tiempo. Al final, hay que resolverlo y ah es cuando llegan los problemas. En la mayor parte de los casos, todo queda en meros fuegos de artificios. Hemos probado lo que supone una vida nueva pero no queremos asumir los riesgos de hacerla real. La resistencia humana frente al cambio es tremenda, casi incomprensible. Muchas historias de adulterio, con la insoportable experiencia de dolor en la que sumerge a tres personas, acaban en el mismo sitio en el que empezaron. La pareja se reconcilia y el tercero en discordia vuelve a quedar impar. Qu se ha sacado de tanto sufrimiento? En la mayora de los casos, insondables heridas falsamente cicatrizadas. El adulterio se puede presentar de muchas maneras. Fisher ofrece una serie de posibilidades muy interesantes. Segn ella, muchos de nosotros pasamos por periodos en los que los tres impulsos del emparejamiento, el deseo, el amor romntico y el apego, no se concentran en la misma persona174. Parece estar en nuestro destino el ser neurolgicamente capaces de amar a ms de una persona a la vez (aqu el verbo amar hace referencia a los tres impulsos amorosos citados en la frase anterior). Uno puede sentir un profundo apego por el que hace tiempo es su cnyuge y sentir una pasin romntica por alguien de su entorno y experimentar deseo sexual por una tercera persona que ve pasar por la calle, todo al mismo tiempo. Lo importante de esta afirmacin de Fisher es que si tal cosa es posible, los juicios de valor pasan a un segundo plano. Si a alguien le pasa tal cosa, no est loca, por mucho que lo diga el bolero, no es un monstruo, simplemente le est pasando algo probable. Otra cosa es cmo decida gestionar esos sentimientos y las
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acciones que lleve a cabo. Por ltimo, un par de visiones peculiares sobre la fidelidad y la monogamia, una vuelta al lenguaje mdico y una frase clebre. Primera visin peculiar. Sostiene Ortega y Gasset que hay individuos que aman a lo largo de su vida a varias mujeres, pero todas repiten con clara insistencia el mismo tipo de feminidad. Segn el filsofo, se trata de una suerte de fidelidad larvada en la que a travs de muchas mujeres se ama a una sola175. Como Tristn casndose con Isolda de las blancas manos slo porque se llamaba como su amada Isolda. Segunda visin peculiar. Ciertos mormones defensores de la poligamia en Utah (Estados Unidos) alegan que es lo mismo la poligamia simultnea que la sucesiva. O sea, que es lo mismo lo que hace el varn mormn teniendo varias esposas a la vez que lo que hace el hombre que se casa con varias mujeres pero una tras otra176. Vuelta al lenguaje mdico. Se podra afirmar que el adulterio es a las parejas en crisis como la fiebre a la enfermedad. Fulanito se encuentra fatal, malo de morirse. Le duelen partes del cuerpo que desconoca tener hasta ese momento. Descuelga el telfono decidido a llamar al trabajo para explicar que est malo y no ir aquella maana a trabajar. Pero no tiene fiebre. Carece de un dato objetivo que confirme su diagnstico casero. Sin fiebre le tomarn por un cuentista. As que, se viste y acude puntual a su puesto de trabajo. Algo parecido ocurre con el adulterio. Estamos mal, dice Fulanito, la cosa no funciona. Fulanito tiene recopilada una lista de agravios sin fin. Podra estar horas hablando de las razones de su infelicidad, de lo harto que est de sentirse siempre relegado por ella al ltimo puesto, de su mana de pasarse el da viendo la tele como si l no existiera o de no atender sus necesidades. Con la mitad de lo que l tiene, podra separarse. Te ha puesto los cuernos? le pregunta un amigo cansado ya
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de or sus quejas. Fulanito guarda silencio y piensa en aquella vez que fue a trabajar medio muerto porque no tena fiebre. El adulterio es la gran desgracia, el resto son simples menudencias. Problemas de pacotilla. Pero el diablo est en los detalles y el amor est lleno de detalles. Los pequeos detalles cautivan a los espritus sensibles, nos ense Ovidio en su Arte de amar. Esos pequeos detalles son los que encienden y apagan al amor. Nos enfrentamos a un problema de difcil solucin porque estamos educados para que el rbol no nos impida ver el bosque. No hay adulterio = el bosque del matrimonio va razonablemente bien, las alarmas no se encienden. Mientras, entre el humus, empiezan a arder las llamas de la ruptura avivadas por pequeas tonteras, simples detalles sin importancia. Y llegamos a la frase clebre. Para terminar, esta vez de verdad, el escritor no puede evitar recurrir a una de las tpicas frases de scar Wilde que adorna cualquier seccin de frases clebres que se precie: Las cadenas del matrimonio son pesadas, y son necesarias dos personas para tirar de ellas y a veces, tres.
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EL AMOR DIVORCIADO
La inmensa mayora de historias de amor acaban. Se trata de una verdad estadstica e irrefutable. Lo habitual es que cada uno de nosotros hayamos tenido ms de una relacin de pareja. De todas ellas, slo una, como mucho, seguir vigente (salvo tramposos que hagan dobles), lo que quiere decir que varias se han acabado y quedado atrs en el camino. Encontrar el amor definitivo a la primera y seguir con esa persona a lo largo de toda la vida es tan difcil como encontrar un trbol de cuatro hojas, una aguja en un pajar o un sitio libre para aparcar el coche en hora punta. En conclusin, hay ms historias de desamor que de amor. Antes de meternos en harina, conviene poner sobre la mesa una evidencia que influye poderosamente sobre las parejas y su disolucin, ms o menos tarda: el notable
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incremente de la esperanza de vida (de nuevo se hace necesario recordar que este ensayo est contextualizado en el mundo occidental). Hay que tener en cuenta, sealan Beck y Beck-Gernsheim, que en el transcurso de un siglo se ha producido casi una duplicacin de la duracin media del matrimonio. Ofrecen unos datos referidos a Austria que ilustran a la perfeccin el aumento de los aos de convivencia: una pareja que contrajo matrimonio en 1870, conviva un promedio de 23,4 aos; alrededor de 1900 ya eran 28,2; en 1930 unos 36 aos; mientras que las personas que se casaron en 1970 podan contar con que la ruptura de su matrimonio se producira despus de 43 aos, por la muerte de uno de los esposos177. Segn Punset, el acontecimiento ms singular y trascendente de toda la historia de la evolucin desde el origen de la vida es la triplicacin de la esperanza de vida en los pases desarrollados en menos de doscientos aos178. Las mujeres y los hombres disponen de cuarenta aos adicionales de vida despus de haber cumplido con las tareas reproductoras. El fenmeno no tiene precedentes y el descubrimiento revolucionario de que no estamos programados para morir est muy lejos de calar en la conciencia humana y, todava menos, en la programacin y los mecanismos decisorios de las instituciones sociales y polticas, advierte. Una de las instituciones que no acaba de hacerse consciente de este dato es el matrimonio. Las cifras de divorcio estn ah, y cada vez parecen mayores, pero ni los discursos acerca del matrimonio, ni su prctica ni las esperanzas depositadas en el mismo contemplan las dificultades que pueden derivarse de una convivencia de 60 aos. Diane Vaughan describe un proceso tpico de separacin. Segn esta autora todo comienza con un secreto179. Uno de los dos empieza a sentir algo raro en el
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estmago, una leve seal de alarma. Algo no marcha bien. Como no est seguro de lo que es, guarda silencio y crea un mundo al margen en el que poder analizar qu es lo que est sucediendo. En ese momento aparece la brecha entre la pareja y la comunicacin empieza a fallar. Poco a poco, afirma Vaughan, y de forma torpe, el descontento empieza a lanzar mensajes. El otro no los sabe interpretar y los toma como quejas parciales. Al no decir las cosas claras, esos tmidos intentos de salvar la relacin no dan ningn resultado. Convencido de que dentro de la pareja la solucin es casi imposible, recurre al consuelo exterior. As, busca algo en lo que ocupar el tiempo libre fuera de casa y, en muchas ocasiones, esa ocupacin suele ser otra pareja. Esto consigue distanciar ms a la pareja original y enmudecer ms la comunicacin. La persona en la que se ha buscado consuelo es llamada por Vaughan persona transicional, porque es la que ayudar, casi con toda seguridad, a finiquitar la relacin. La brecha comunicacional se pone en evidencia cuando el miembro descontento de la pareja se queja de todos los intentos infructuosos que ha hecho para salvar la relacin y el otro se sorprende de lo que est pasando. Cada miembro de la pareja habla como si viviera en un mundo distinto al del otro. Los dos son responsables de la falta de comunicacin, uno por no ser claro y el otro por no querer interpretar todas las seales que le llegaban, suponiendo que eran quejas sin importancia, tonteras, o lo problemas tpicos de todas las parejas. Por qu no me lo dijiste antes? Pero si llevo aos dicindotelo, lo que pasa es que no me escuchas cuando hablo. Una vez que la crisis ha explotado, la pareja puede hacer intentos por salvarse pero es demasiado tarde, existe ya demasiada distancia entre ambos. Adems, hay una notable diferencia de poder: el que lleva tiempo con el tema est menos implicado en la relacin porque hace aos que la
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cuestiona y es el que tiene en sus manos romper o seguir. El que toma la iniciativa est ms preparado para la ruptura y la vivir mejor si acaba sucediendo. Vaughan finaliza el relato de la secuencia de los hechos advirtiendo de que la separacin es la opcin ms frecuente. La reconciliacin no es lo habitual y si la hay no podr ser una vuelta a lo anterior sino una reformulacin de la pareja. Vaughan ofrece como frecuente una trayectoria de pareja en pendiente, cuesta abajo. Otros, ms amables, creen que la pareja no va cuesta abajo sino que dibuja una trayectoria en forma de U180. Segn estos optimistas, la satisfaccin conyugal es elevada durante los primeros aos, declina durante los aos intermedios y, finalmente, vuelve a elevarse durante los ltimos aos. Una razn que explica este modelo en forma de U es la crianza de los hijos. Est bien documentado, afirma Robert Sternberg, el hecho de que la llegada de los hijos crea nuevas tensiones y se asocia a una disminucin de la felicidad conyugal. A medida que los hijos van creciendo y abandonando el hogar, existen evidencias de que los matrimonios vuelven a mejorar. Sndrome del nido vaco? Venga ya. El amor se apaga de golpe y de improvisto, se lamenta Barthes. Y sigue: Este fenmeno resulta una limitacin del discurso amoroso: no puedo yo mismo construir hasta el fin mi historia de amor: no soy su poeta ms que para el comienzo; el fin de esta historia, exactamente igual que mi propia muerte, pertenece a los otros181. Efectivamente, suele ocurrir que ninguno de los miembros de una relacin que se extingue sabe exactamente qu ha pasado. Cuando la puerta se cierra dejando a cada uno a un lado, ambos miran al vaco con cara de tontos pensando cmo ha podido suceder, dnde ha estado el fallo. Es como si la relacin, en sus ltimos tiempos, hubiera adquirido vida propia, sugiere Sternberg. Quizs esa tercera persona que formaba la pareja (ver el amor entero) ha
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decidido caminar por su cuenta para autoliquidarse sin pedirnos opinin. Entonces, dice Sternberg, uno debe crear un libreto, un guin que explique lo que pas. Que se ajuste ms o menos a los hechos es secundario, lo importante es que el malo sea siempre el otro. Esta necesidad de guin se puede explicar por el denominado efecto Zeigarnik, por el cual las personas tienden a recordar los sucesos incompletos mejor que los completos. Si uno quiere superar una relacin y desterrarla de su mente, necesita un guin que explique qu fue lo que march mal y que concluya con un final claro. Uno sabe que no se est haciendo justicia, que lo que se guioniza no es lo que sucedi en realidad, pero ayuda a olvidar, que es lo importante (el amor eterno es el que se queda a medio y esa eternidad es completamente indeseable en el caso de los desamores, salvo en caso de masoquismo). El humano tiene la necesidad de controlar la situacin o, al menos, tener la fantasa de controlarla. Para esto tambin sirve el guin de la ruptura. Cuando confesamos nuestro amor, estamos procurando tomar las riendas de la situacin, acabar con la incertidumbre para saber a qu atenernos. Algo parecido ocurre al final, cuando nos decidimos a plantear la opcin de la ruptura. La situacin de espera inicial llega a hacerse intolerable. Ni un da ms puede uno aguantar sin saber si su amor es correspondido. Igualmente, la situacin de crisis puede hacerse intolerable. Ni un da ms puede uno aguantar viviendo de esa manera. El divorcio es la sancin legal de la no eternidad del amor. Es la institucin del desamor. Y es necesario porque existe la institucin del matrimonio. Si no, bastara con separarse. El hecho de que se deban desarrollar toda una serie de trmites legales, papeleos y dems justifican la definicin que Bierce ofrece del divorcio en su sin par Diccionario del diablo: Divorcio, s. Reanudacin de las relaciones
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diplomticas y rectificacin de las fronteras182. Sin duda, la ruptura es el peor momento del amor, y uno de los peores de la vida. El infierno en la Tierra. Pocas veces se sufre tanto como cuando el ser amado se marcha para siempre. Sin embargo, incluso de una situacin as puede sacarse algo bueno. Cuando nos separamos de una persona nos queda aquello que esa persona amaba en nosotros y, al hacerlo, tambin lo haba sacado a la luz, dice Verena Kast183. Si fuimos amados, fue, sin duda, por alguna de nuestras virtudes. El amor reforz y desarroll aquellas cosas brillantes de nuestra personalidad. Slo hace falta guardarlas, buscar consuelo en ellas y saber que, incluso sin el ser amado, nos siguen perteneciendo.
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EPLOGO
Cuando el senador norteamericano W. Proxmire supo que la National Science Foundation haba otorgado una millonaria subvencin para una investigacin sobre el tema del amor, frunci el ceo y alz su voz para hacerse or: Hay doscientos millones de estadounidenses que quieren que determinadas cosas continen siendo un misterio, y precisamente la primera de esas cosas que no queremos saber es por qu un hombre se enamora de una mujer, y viceversa184. Bien, en el caso que nos ocupa, el senador puede estar tranquilo porque (a) la inversin para este ensayo no ha sido millonaria (al menos en euros o dlares) y porque (b) pese a la cantidad de citas, datos y reflexiones ofrecidas, el amor seguir siendo un misterio. Es ms, siempre lo ser. Ante l seremos como los monos o los astronautas de 2001: Una odisea en el espacio admirados ante el monolito. Da igual que pasen los siglos por docenas o que la ciencia avance
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que es una barbaridad. Da igual. Siempre lo miraremos asombrados y extraadas. Sin saber muy bien qu es aquello que ha aparecido en nuestras vidas y se ha convertido en el nico centro gravitacional. El ensayo, como se advirti en el prlogo, se ha ido conformando como un mosaico, no slo por la disposicin de los captulos sino por la elaboracin del texto a partir de citas y ms citas. A este respecto podra seguir una cita ms. Al comienzo de su Bestiario de amor, Richard de Fournival explica que todo no es sabido por un solo hombre, sino por todos los hombres juntos. Con esa intencin se han recopilado y ordenado tantos puntos de vista como han sido posibles. Este ensayo no es una exposicin de las ideas del escritor, que tambin, sino de la de varias decenas de autores y autoras. De esa manera, aumentando el ngulo de visin, uno puede acercarse mejor al conocimiento de la materia abordada. Inevitablemente, el escritor se ha mostrado sutilmente favorable a algunas opiniones y contundentemente en contra de otras. Sin embargo, comparte el siguiente principio formulado por Wilhem Reich: Todos tienen razn de alguna manera; slo se trata de buscar de qu manera. Bueno, pues hasta aqu hemos llegado. Se podra seguir hablando acerca del amor hasta el infinito. Probablemente, despus de practicarlo no haya en el mundo nada tan grato como hablar de l. Pero hay que acabar. Al escritor slo le queda una esperanza: haber ayudado al lector o a la lectora a desaprender algo, aunque haya sido slo un poco. Y para no perder la costumbre, una cita final de sas que conviene recordar: Entre todas las formas de cautela, la cautela en el amor es, posiblemente, la ms letal para la autntica felicidad185.
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BIBLIOGRAFA DE REFERENCIA
Nota: el ao que aparece hace referencia a la edicin consultada para este ensayo. Ackerman, D. (2000). Historia natural del amor. Barcelona: Anagrama Alberoni, F. (2004). Enamoramiento y amor. Barcelona: Gedisa Altable, C. (1998). Penlope o las trampas del amor. Valencia: NAU llibres Barthes, R. (2005). Fragmentos de un discurso amoroso. Madrid: Siglo XXI Beck, U. y Beck-Gernsheim, E. (2001). El normal caos del amor. Barcelona: Paids - El Roure
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Bruckner, P. y Finkielkraut, A. (2001). El nuevo desorden amoroso. Barcelona: Anagrama Capellanus, A. (1984). Tratado sobre el amor. Barcelona: Edicions dels Quaderns Crema Coontz, S. (2006) Historia del matrimonio. Barcelona: Gedisa De Fournival, R. (1990). Bestiario de amor. Madrid: Miraguano ediciones Ferrndiz, A. y Verd, V. (2004). Noviazgo y matrimonio en la vida espaola 1974-2004. Madrid: Taurus Fisher, H. (2004). Por qu amamos. Madrid: Taurus Fromm, E. (2003). El arte de amar. Barcelona: Paids Gala, F. J. y col. El deseo y el amor: el hombre inacabado (www.editorialmedica.com/Cuadernos74-Trabajo4.pdf) Hite, S. (2001). Las mujeres como agentes revolucionarias de cambio. Madrid: Kira Edit y Vindicacin feminista Kast, V. (2000). La naturaleza del amor. Barcelona: Paids Kipnis, L. (2005) Contra el amor (una diatriba). Madrid: Algaba. Menndez, I. y Queipo, V. (2007). Dejemos hablar al amor. Madrid: Temas de hoy Morris, D. (2000). Masculino y femenino (claves de la
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sexualidad). Barcelona: Plaza y Jans Ortega y Gasset. (2006). Estudios sobre el amor. Madrid: Revista de Occidente en Alianza Editorial Ovidio. (1995). Arte de amar. Barcelona: Planeta-DeAgostini Platn. (2007). Dilogos (Gorgias, Fedn, El banquete). Madrid: Espasa Calpe Punset, E. (2005). El viaje a la felicidad. Barcelona: Destino Reich, W. (2003). La funcin del orgasmo. Madrid: El Pas Rojas, E. (2007). Remedios para el desamor. Madrid: Temas de hoy Rougemont, D. (2002). El amor y Occidente. Barcelona: Kairs Stendhal. (1998). Del amor. Madrid: Edaf Sternberg, R. El tringulo del amor. Barcelona: Paids
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Barthes, R. Fragmentos de un discurso amoroso. Madrid: Siglo XXI (primera edicin en 1977, ditions du Seuil) Bruckner, P. y Finkielkraut, A. El nuevo desorden amoroso. Barcelona: Anagrama. (primera edicin en 1977, ditions du Seuil) Citado por Denis de Rougemont en El amor y Occidente. Barcelona: Kairs En Estudios sobre el amor, Ortega afirma: El amor ms que un poder elemental (instinto) es un gnero literario (una creacin) y el indio o el chino no lo conocen. En El amor y Occidente, el filsofo suizo Denis de Rougemont escribe: En China el concepto amor no existe. Un psiquiatra dira que es locura. China est basada en la familia y sta en la ausencia de amor. Parece que no es del todo exacto que en China el concepto amor no exista. Lo que sucede es que no tiene la importancia que se le da en Occidente. El amor excesivo entre la pareja puede ser considerado un riesgo para la solidaridad con la familia extensa. Si la pasin romntica del esposo por la esposa es muy grande y le supone descuidar sus responsabilidades hacia sus padres, stos pueden devolver a la mujer a su familia de origen. En la lengua china, la palabra amor se ha usado tradicionalmente para designar una relacin ilcita y socialmente desaprobada. En la dcada de los veinte del siglo pasado, un grupo de intelectuales inventaron una palabra nueva para designar un fenmeno que se estaba extendiendo por toda China: el amor entre cnyuges (como explica la historiadora y sociloga estadounidense Stephanie Coontz en su libro Historia del matrimonio). Historia citada por Fisher en Por qu amamos. Esta investigacin, titulada A Cross-Cultural Perspective on Romantic Love fue realizada por William Jankowiak y Edward Fischer en 1992 Citado por Ackerman en Una historia natural del amor. Ejemplos tomados de Historia del matrimonio de Stephanie Coontz. Fromm, E. El arte de amar. Barcelona: Paids De la cancin: Del montn, Sr. Chinarro. Del disco El mundo segn Publicado por Mushroompillow. (Sr. Chinarro es el nombre artstico del cantaautor sevillano Antonio Luque.) Fisher, Por qu amamos.. Rojas, E. Remedios para el desamor. Espaa: Temas de hoy (primera edicin en 1998) Citado por Alain de Benoist en Una tipologa de los estilos amorosos (www.alaindebenoist.com/pdf/una_tipologia_de_los_estilos_amorosos.pdf) Citado por Sternberg, R. en El tringulo del amor. Barcelona: Paids. Gala, F. J. y col. El deseo y el amor: el hombre inacabado (www.editorialmedica.com/Cuadernos74-Trabajo4.pdf). (Equipo de investigacin de la Universidad de Cdiz.) We Rose up Slowly de Roy Lichtenstein. (puede verse en www.lichtensteinfoundation.org/0208.htm) Alberoni, F. Enamoramiento y amor. Barcelona: Gedisa (primera edicin en
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1979, Garzanti Editor) Barthes, op. cit. Para ms informacin sobre personas imperfectas y amores perfectos, volver a ver el estupendsimo final de la pelcula Con faldas y a lo loco.. Menndez, I. y Queipo, V. (2007). Dejemos hablar al amor. Madrid: Temas de hoy Rougemont, op. cit. Citado por Stephanie Coontz en Historia del matrimonio Morris, D. (2000). Masculino y femenino (claves de la sexualidad). Barcelona: Plaza y Jans La base para los apartados de este captulo se debe al libro Por qu amamos de Hellen Fisher (entrecomilladas aparecern las citas extradas de dicho texto). Cosas que pasan: en un descanso de la ensima correccin del texto, el escritor lee el siguiente titular en un rinconcito del peridico: El rosa est hecho para las chicas (El Pas, 21/08/07). Una investigadora de nombre Anya Hurlbert dice haber demostrado que la preferencia por los colores depende del sexo y no de la educacin. Las nias prefieren el rosa y los nios el azul. Y esta preferencia sucede en la cultura occidental y en la oriental, donde los colores tienen otro sentido (el color del luto, por ejemplo, es el blanco). Segn Hurlbert, la evolucin ha podido llevar a las mujeres a preferir los colores rojizos: frutas rojas, caras sonrosadas que indican salud. Y la cultura lo que hace es explotar y dar forma a estas tendencias. Ah queda eso. [el hombre] mata para alimentarse y luego llama a la cultura en su auxilio para que le brinde coartadas ticas y estticas. El hombre primitivo coma carne cruda, plantas crudas. Mataba y coma. Era sincero. Luego se invent el roux y la bechamel. Ah entra la cultura. Enmascarar cadveres para comrselos con la tica y la esttica a salvo. (Manuel Vzquez Montalbn, El delantero centro fue asesinado al atardecer) Un ejemplo muy interesante de esta imbricacin entre biologa (anatoma en este caso) y cultura lo cuenta Ackerman en su Historia natural del amor citando al romano Aulo Gelio: Cuando se corta el cuerpo humano tal y como lo hacen los egipcios y se practican disecciones, se encuentra un nervio muy fino que va desde el dedo anular hasta el corazn. De ah que parezca ms razonable conceder a este dedo que a los otros el honor de llevar el anillo, habida cuenta la conexin que mantiene con el rgano principal. La vena en cuestin se llama vena amoris o vena del amor. Kipnis, L. (2005) Contra el amor (una diatriba). Madrid: Algaba. Citado por Rougemont en El amor y Occidente Citado por Diane Ackerman en Una historia natural del amor. Una aclaracin conveniente: la cultura es a la vez lo ms homogneo y lo ms variado. A lo largo del planeta, las distintas culturas ofrecen alternativas para todos los gustos. Pero, de una en una, cada cultura busca imponerse a
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todos sus sbditos. As, si eres occidental debers comportarte como todos los occidentales. Si eres musulmn, como todos lo musulmanes. Y etctera. La encuesta (de 1970) es citada por Alejandra Ferrndiz y Vicente Verd en Noviazgo y matrimonio en la vida espaola 1974-2004. Madrid: Taurus En 2001, Kira Edit y Vindicacin feminista publicaron Las mujeres como agentes revolucionarias de cambio que recopilaba varios informes de Shere Hite, entre ellos todos los mencionados en este ensayo. Rougemont, op. cit. Kast, V. La naturaleza del amor. Barcelona: Paids (primera edicin en 1984, Kreuz Verlag) Russel, B. La conquista de la felicidad. Madrid: El Pas Gala, F. J. y col. op. cit. (citando a su vez la obra Psicologa Social de Smith, E. y Mackie, D.) La informacin de este prrafo y del anterior procede, una vez ms, del artculo ya citado de Gala y col. Alberoni, op. cit. S pero no, hubiera dicho el psicoanalista alemn Wilhem Reich al escuchar este argumento. La espera es gratificante (incluso ms que la consecucin) cuando se tiene cierta certeza de alcanzar lo esperado dentro de un tiempo razonable. Sin esa perspectiva de gratificacin ms o menos temprana, la espera podra convertirse en intolerable (de su obra La funcin del orgasmo). Altable, C. (1998). Penlope o Las trampas del amor. Valencia: Nau llibres Punset, op. cit. Fromm, op. cit.. Platn. Dilogos (Gorgias, Fedn, El banquete).Madrid: Espasa Calpe.. Ibn-Hazam (poeta musulmn en El collar de la paloma. www.porlosbuenostratos.org Como los saint-simonianos, segn cuenta Ortega y Gasset en Estudios sobre el amor Fromm, op. cit. Es ms, segn algunas interpretaciones del texto platnico, el ms bajo de los amores es el de hombre-mujer, por encima estara el de mujer-mujer y el ms noble de todos sera el del hombre-hombre. El ms noble e, incluso, el nico verdadero y durable (ver la edicin de Dilogos publicada por Austral con introduccin de Carlos Garca Gual) Ackerman, op. cit. Barthes, op. cit. Morris, op. cit. Hellen Fisher en Por qu amamos Ibidem. Ortega y Gasset, op. cit. Ante la situacin de un caballero que amaba sin mesura a una dama que no le devolva el mismo cario, la condesa de Champagne (ver el captulo El amor trabajado) afirm: Evidentemente, la intencin de una mujer que busca ser
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amada pero que se niega a amar es considerada bastante inconveniente. Es absurdo, en efecto, que alguien exija de los dems, sin respeto, algo que l mismo se niega categricamente a entregar. (Andreas Capellanus, Tratado de amor) Kipnis, op. cit. Verd y Ferrndiz, op. cit. Sternberg, op. cit. Ackerman, op. cit. Andreas Capellanes (s.XII). Tratado sobre el amor. Barcelona: Edicions dels Quaderns Crema Fisher, op. cit. El Pas 08/01/04 Citado por Punset en El viaje a la felicidad El Pas 12/10/2003 Citado por Hellen Fisher en Por qu amamos. Ibidem Gala, F.J. op. cit. Citado por Robert Sternberg en El tringulo del amor Gala, F.J. op. cit. Ibidem El Pas 26/09/03 Rougemont, op. cit. Alberoni, op. cit. Kipnis, op. cit. Ibidem El 17 de junio de 2007, y por unanimidad, la Xunta de Galicia aprob la Ley de Violencia de Xnero. Segn esta norma, las mujeres gallegas que sufren violencia de gnero recibirn la ayuda de la Xunta, aunque no denuncien a sus parejas ante la Justicia. Tendrn derecho a asistencia psicolgica gratuita, a percibir el salario de la libertad o prioridad para acceder a una vivienda pblica o a un puesto de trabajo slo con un informe de los servicios sociales o sanitarios de la administracin autonmica o local. El llamado salario de la libertad est destinado a romper la dependencia econmica de la mujer del hombre que la maltrata, de ah el nombre (informacin aparecida en www.farodevigo.es y www.elpais.com). Hite, op. cit. Kipnis, op. cit. Altable, op. cit. bidem Hite, op. cit. Para triunfar en esta sociedad, una mujer debe ser ms hombre que sus competidores varones. Se triunfa pasando por encima del resto, a codazos y empujones. Pura testosterona. Frente a esto, la poltica de cuotas deja expedito el camino para que las mujeres puedan manejar poder (poltico,
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econmico, social) sin necesidad de doparse con hormonas masculinas. As s es posible que la sociedad se feminice. La informacin del anillo y del crter son de Desmond Morris, Masculino y femenino. Ackerman (op. cit.) difiere de esta afirmacin. Segn ella, los historiadores no estn seguros de cundo se utiliz por primera vez. A pesar de las interpretaciones romnticas, el anillo serva originalmente como aviso y recordatorio de que la mujer que lo llevaba estaba casada y, por tanto, perteneca a un hombre en concreto. El hombre, por cierto, no tena que llevar anillo de casado. Fisher, op. cit. Rojas, op. cit. Brecht, B. Poemas de amor. Madrid: Hiparin (Brecha es un poeta alemn) Citado por Ortega en Estudios sobre el amor y Rougemont en El amor y Occidente. Las cartas de amor de esta monja se conviertieron en todo un clsico de la literatura amorosa. Carlos Fisas en Historia de las historias de amor (citando a su vez la biografa de Julia de Lespinasse realizada por Jean Lacouture y MarieChristine dAragon). Citado por Ackerman en Una historia natural del amor. Dostoievsky, F. Noches blancas. Barcelona: Club Internacional del Libro. De la cancin El diablo adolescente (del lbum El amigo de las tormentas, Surfin Bichos, reeditado en 2006 por Subterfuge Records). De la cancin Mare Nostrum (del lbum Tejido de Felicidad, Chucho, editado en 1999 por Chewaka y Virgin) (Fernando Alfaro es un msico albaceteo de la llamada escena indie, fue lder y compositor de los dos grupos referenciados en esta nota y la anterior). Citado por Rougemont en El amor y Occidente. (Novalis fue el pseudnimo del poeta alemn Friedrich Leopold von Hardenberg). Del bolero Nostalgia, compuesto por E. Cadicamo y C. Cobin. Durrel, L. Justine. Madrid: EL PAIS . Ovidio. Arte de amar. Barcelona: Planeta-DeAgostini . Este declogo estuvo un tiempo circulando por internet. Dele cada cual la credibilidad que considere oportuna. Citado por Robert Sternberg en El tringulo del amor. Altable, op. cit. Andersen, H. C. Cuentos. Barcelona: Galaxia Guteberg Crculo de Lectores. Ibidem. El mundo, 29/08/03 Rougemont, op. cit. Kng, H. (2004). En busca de nuestras huellas. Barcelona: Crculo de Lectores Capellanes, op. cit.
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El Mundo, 10/07/02 Ovidio, op. cit. Citado por Enrique Rojas en Remedios para el desamor Rojas, op. cit. Ibidem Menndez, op. cit. ABC, 05/02/09 Coontz, D. 2006. Historia del matrimonio. Barcelona: Gedisa. Beck y Beck-Gernsheim en El normal caos del amor. Beck y Beck-Gernsheim, op.cit. Barthes, op. cit. Ortega y Gasset, op. cit. En la novela El estrangulador, de Manuel Vzquez Montalbn, el protagonista pregunta a los lectores Alguna vez se han mirado el alma en el espejo de almas? La cuestin que plantea Hite es muy desconcertante. Todo apunta a que actualmente nos casamosemparejamos por amor. Y resulta que a las primeras de cambio, en cuanto alguien investiga un poco, encuentra que no es as. Cuesta creerlo. En todo caso, la lectora y el lector que tengan pareja, si quieren, pueden mirarse el alma en el espejo de almas y descubrir si viven con la persona de la que ms se enamoraron. Aunque quizs lo mejor sera dejarlo estar, no vaya a ser que no guste lo que se descubra. De la cancin Me cuesta tanto olvidarte del lbum Entre el cielo y el suelo Punset, op. cit. Este prrafo est elaborado con informacin de Punset (El viaje a la felicidad) y de Fisher (Por qu amamos) Fisher, op. cit. Ortega y Gasset, op. cit. Ibidem Menndez, op. cit. Alberoni, op. cit. Kast, op. cit. Citado por Ackerman en Una historia natural del amor. Barthes, op. cit. Protagonista de El jugador de Dostoyevski Bruckner y Finkielkraut, op. cit. En El viaje a la felicidad, uno de los entrevistados de Punset (Robert Sapolsky) cita al premio Nobel Elie Wiesel: Lo opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia, lo opuesto del amor es la indiferencia ante los sufrimientos ajenos. Antes, Punset haba citado al mismo Sapolsky, que presume de poder diagnosticar on line el estado anmico de un desconocido a partir de sus constantes hormonales, con la excepcin del amor y el odio. El amor y el odio son tan afines, que en el caso de dos amantes no podra dictaminar si estaban haciendo el amor o acuchillndose. Capellanes, op. cit.
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Stephanie Coontz, Historia del matrimonio De la cancin Quines son los curanderos? de Tringulo de amor bizarro (lbum: Tringulo de amor bizarro, editado por Mushroompillow) Fisher, op. cit. Robert Sternberg en El tringulo del amor. Davies, R. Mantcora. Barcelona: Libros del Asteroide Citado por Stephane Coontz en Historia del matrimonio Hans Kng, En busca de nuestras huellas. Morris, op. cit. Bruckner y Finkielkraut, El nuevo desorden amoroso Hite, op. cit. Rojas, op. cit Ibidem Nota del traductor: en murciano, roalico quiere decir himen. Menndez, op. cit. Fromm, op. cit. Citada por Bruckner y Finkielkraut en El nuevo desorden amoroso De nuevo citada por Bruckner y Finkielkraut Reich, op. cit. Reich, op. cit. Bruckner y Finkielkraut, op. cit. Aclaracin por si las moscas: no necesitamos culpa ni pecado porque ya tenemos el sistema legal que marca los lmites hasta donde pueden moverse las opciones sexuales. Sorprendentemente, todava quedan sueltos muchos energmenos trogloditas que piensan que la mujer debe ser sometida a golpes. Para el cerebro de algunos no pasan los milenios. Coontz, op. cit. Ackerman, op. cit. Citado por Beck y Beck-Gernsheim en El desorden natural del amor. Ibidem Por las ideas tambin pasa el tiempo y se adaptan al calendario que les toca vivir. Todava hoy, la idea de matrimonio resignado como nica opcin feliz posible est muy presente. De hecho, en televisin se ve a diario. De 14:00 a 15:00 horas, de lunes a domingo en Antena 3. En un episodio de Los Simpsons (una serie bastante menos nihilista de lo que presume) la familia habla del amor romntico alrededor de la mesa de la cocina. Cada uno cuenta una historia de amor: Homer, Marge, Lisa, Bart. Todas y cada una de ellas termina tristemente. Se hace el silencio. Alguien habla para preguntarse amargamente si es que el amor siempre tiene que terminar mal. De nuevo el silencio. Finalmente, Homer dice que no siempre el amor acaba mal. Y cuenta su historia de amor con Marge. Enternecedor si no fuera porque Homer es un marido alcohlico, olvidadizo, torpe, que nunca es carioso, un padre psimo y Marge es una mujer encerrada en casa, sumisa, superada por
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las obligaciones, frustrada, amargada Nadie querra vivir en un pareja as. (El escritor tampoco quiere quedar como un censor de la correccin poltica ni como un progresista recalcitrante y aprovecha la ocasin para declararse fan incondicional de Los Simpsons.) Beck y Beck-Gernsheim, op. cit. Bruckner y Finkielkraut, op. cit. Este hecho confirmado por Hite es de lo ms desconcertante. Tanto que uno se empea tantas veces como lo lee en pensar que es mentira, que algo estar equivocado en las investigaciones de la norteamericana. Pero la cosa no es tan descabellada como nuestra querencia por el mito romntico nos hace pensar. Por ejemplo, Verena Kast, en La naturaleza del amor, ofrece el siguiente razonamiento. Pienso en la persona amada, en la ms amada de todas. Estar junto a ella me hara un ser completo, feliz, inacabable. Pero y si me dejara? La perspectiva de tal posibilidad nos coloca ante el ms terrible y profundo de los barrancos. El vrtigo es insoportable y el riesgo a correr inaceptable. Por eso nos acobardamos ante el amor y nos conformamos con una persona amada pero no con la ms amada de todas. Citado por Verd y Ferrndiz en Noviazgo y matrimonio en la vida espaola 1974-2004 Por Dios y por la Naturaleza. Es curioso que estas personas hagan llamamientos a la ley natural para atacar a las uniones homosexuales. Lo natural es lo bueno, segn ellos. Bien, madres del mundo, disponeos a comeos a vuestras cras cuando pensis que no hay recursos suficientes para sacarlas adelantes. Y vosotros, machos naturales, afilad los cuchillos para dar buena cuenta de vuestros rivales sexuales. Morris,op. cit. Fisher, op. cit. Hay numerosas encuestas que intentan medir la infidelidad en el mundo occidental. Los datos son muy dispares pero si se puede extraer alguna conclusin es que la mayora de los encuestados mienten. El dato del 10% podra poner sobre la mesa el hecho de que la mujer sea ms infiel de lo que se piensa (cosa que, por otra parte, no sera ni bueno ni malo, ni siquiera todo lo contrario). Kipnis (Contra el amor) apunta el siguiente dato: cuanto ms alto es el nivel educativo de la mujer, ms probabilidades tiene de tener algn lo y cuando es ella la que tiene un nivel de estudios mayor, suele ser ms infiel que l. Rougemont (El amor y Occidente) hace referencia a un poema del siglo XIII titulado Dit de Chiceface . En l aparece el monstruo Chiceface que se alimenta slo de mujeres fieles, por lo que es de una delgadez espantosa; mientras que su colega Bigorne, que slo come maridos consentidos, es de una gordura sin igual. Sea el nivel de adulterio de ellas el que sea, es cierto que no se trata igual que el adulterio masculino. Segn Reich (citado por Verd y Ferrndiz en Noviazgo y matrimonio en la vida espaola 1974-2004) a una mujer
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engaada no se la desprecia, sino que se la compadece, porque la infidelidad del esposo constituye para la mujer, en su situacin de dependencia econmica, un peligro real. La infidelidad de la esposa, por el contrario, significa en el criterio pblico que el marido no ha sabido hacer respetar sus derechos de propietario, quiz tambin que no ha sido lo bastante hombre, en el sentido sexual, para retener a su mujer. Menndez, op. cit.. Cuenta Reich en su libro La funcin del orgasmo que, a principios de 1926, el antroplogo Malinowski public algunas de sus investigaciones realizadas con los habitantes de las Trobriands (unas islas de Los mares del sur). En ellas rechazaba la naturaleza biolgica del conflicto sexual nio(a)-padres descubierto por Freud (osease: el complejo de Edipo). Seal, acertadamente para Reich, que la relacin nio(a)-padres cambia con los procesos sociales; que es, por tanto, de naturaleza sociolgica y no biolgica. Entre los habitantes de las Trobriands, la educacin de los hijos depende del hermano de la madre. El padre es como un amigo. El nio y la nia crecern con tabes y normas pero sin conocer el complejo de Edipo. Por cierto que, entre los vecinos de estas islas, la forma socialmente aceptada de convivencia en pareja es la monogamia espontnea, una relacin que puede disolverse sin dificultades. Esto ltimo supone, segn Reich, que no haya promiscuidad. Kipnis, op. cit. Fisher, op. cit. Ortega y Gasset, op. cit. Morris, op. cit. (Por cierto, los mormones son cristianos) Beck y Beck-Gernsheim, op. cit. Punset, op. cit. Citada por Robert Sternberg en El tringulo del amor Citados por Robert Sternberg en El tringulo del amor Barthes, op. cit. Bierce ofrece una segunda definicin. Divorcio, s. Toque de clarn que separa a los combatientes para que continen la lucha a distancia. Kast, op. cit. Citado por Gala, F. J. y colaboradores Russell, B. La conquista de la felicidad. Madrid: El Pas
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