LOS CUATRO ÚLTIMOS
IMPERIOS MUNDIALES
(CAP. 7)
Cronológicamente, este capítulo viene antes del capítulo 5.
Basta comparar 5.30,31 con 7.1.
Aquí tenemos la continuación del capítulo 2, otra profecía
pronunciada unos sesenta años antes. El tema es el mismo: las
cuatro últimas potencias mundiales. En el capítulo 2 esos imperios
están representados por una imagen con la cabeza de oro, el
pecho de plata, el vientre de bronce, las piernas de hierro, y los
pies, en parte de hierro y en parte de barro, que se desmenuzaron
al impacto de una piedra cortada de un monte.
En el presente capítulo, esos mismos imperios se representan
con un león, un oso, un leopardo y un animal sin nombre y
terriblemente espantoso. Por fin viene el Hijo del Hombre, que
ejerce el juicio y establece el reino eterno del Altísimo (vv.
13,14,26,27).
En el capítulo 2, por medio de Nabucodonosor, Dios reveló
el aspecto político de esos últimos imperios mundiales. A Daniel,
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en ese capítulo, Dios le reveló el aspecto moral y espiritual
mediante cuatro bestias. Es significativo que las naciones, en
general, escogen inconscientemente, para sí símbolos nacionales
provenientes de animales feroces y aves de rapiña. Ejemplos de
eso son: China — dragón; Inglaterra — león; Estados Unidos —
águila; Rusia — oso; Italia — lobo; y así sucesivamente.
1. El mar agitado (7.2) son las naciones inquietas. (Léase
Apocalipsis 17.15.) La inquietud y perplejidad de las naciones
es una característica de los tiempos de los gentiles, como vemos
aquí. Eso por las crisis cada vez mayores, que surgen interna y
externamente. Los vientos pueden ser los poderes del mal que
incitan y afligen a las naciones.
2. El león (7.4). Corresponde a la cabeza de oro de la estatua
del capítulo 2, es decir, Babilonia (2.32,37,38). El león tenía dos
alas, lo que indica la rapidez en sus conquistas, como bien
muestra la historia.
Primer imperio mundial de los tiempos de
los gentiles: Babilonia (606-536 a.C.).
Simbolizada por el león (Dn 7.4), rey de los
animales. Eso indica la primacía del Imperio
Babilónico sobre los demás que siguieron.
Corresponde a la cabeza de oro de la
estatua de Dn 2.32,37,38. Las alas de
águila hablan de sus rápidas conquistas.
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3. El oso (7.5) corresponde al pecho de plata del capítulo 2,
es decir, Medopersia (2.32,39). En el capítulo 8.20 Medopersia
vuelve a representarse con un carnero. El oso se alzaba de un
costado, y tenía en la boca tres costillas. El costado que se alzaba
era Persia, que llegó a tener supremacía sobre Media. Las tres
costillas en la boca aluden a la conquista (por parte de Persia)
de Babilonia, Lidia y Egipto.
Segundo imperio mundial de los tiempos
de los gentiles: Persia. Simbolizada por un
oso que se alzaba de un costado con tres
costillas en la boca (Dn 7.5). El costado
que se alzaba era Persia que llegó a tener
supremacía sobre Media. Las tres costillas
hablan de su conquista de Babilonia, Lidia
y Egipto. Período de Persia como Imperio
mundial: 536-331 a.C.
4. El leopardo (7.6) corresponde al vientre de bronce
del capítulo 2, es decir, a Grecia (2.32,39). En 8:21 Grecia
vuelve a aparecer bajo la figura de un macho cabrío. El
leopardo tenía cuatro alas y cuatro cabezas. Las cuatro alas
indican más rapidez en las conquistas que Babilonia. Las
cuatro cabezas hablan de la cuádruple división del imperio
griego después de la muerte de Alejandro, es decir, Egipto,
Macedonia, Siria y Asia Menor. En realidad, en diez años
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Tercer imperio mundial de los tiempos de
los gentiles: Grecia. Período: 331-146
a.C. Se simboliza con un leopardo que
tenía cuatro alas y cuatro cabezas. Las
cuatro alas hablan del avance relámpago
de Grecia en sus guerras. Las cuatro
cabezas hablan de la cuádruple división
del imperio griego después de la muerte
de Alejandro. Texto bíblico: Dn 7.6.
Alejandro dominó al mundo civilizado de su tiempo. Su
ejército estaba muy adiestrado y empleaba el principio de
la guerra relámpago, es decir, sorpresa y rapidez en los ata-
ques.
5. El cuarto animal (7.7,8,11,19-24) corresponde a las piernas
y a los pies de la estatua del capítulo 2, o sea, al Imperio Roma-
no, e incluso a su última forma de expresión, en la época de la
venida de Jesucristo. Tenía diez cuernos. Entre esos diez surgió
uno pequeño. Tres de los otros fueron destruidos por el cuerno
pequeño (vv. 8,24).
El cuarto animal sería un rey o reino, como los demás ani-
males (7.17,23). Ese animal tenía dientes de hierro (v. 7). Sería
el reino de la fuerza, de la fiereza, del aplastamiento, como fue
el Imperio Romano. Los diez cuernos del versículo 7
corresponden a diez reyes futuros (v, 14). Esos futuros reyes o
reinos corresponden a los diez dedos de los pies de la estatua
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del capítulo 2.41,44 y a los diez cuernos de la bestia de Apoca-
lipsis 13.1 y 17.12, es decir, al anticristo y sus naciones confede-
radas durante la gran tribulación.
La visión del cuarto animal con sus detalles fue tan
impresionante que Daniel concentró su atención en él, queriendo
saber a qué se refería (vv. 19,20).
El cuarto imperio mundial de los tiempos de los gentiles: Roma. Período: 148 a.C. a 476 d.C., cuando
ocurrió la caída de Roma. Tenía diez cuernos (Dn 7.7,8,19-24).
6. El cuerno pequeño (7.8) representa al futuro anticristo.
Él, al surgir entre los diez reinos, derribará a tres reyes. Esa
expresión del Imperio Romano en diez reinos todavía no ha
ocurrido, pues cuando ese imperio dejó de existir tenía sólo
dos formas, correspondientes a las dos piernas de la estatua
del capítulo 2, es decir, el Imperio Romano de Occidente y el
Imperio Romano de Oriente. El primero cayó en 476 d.C. El
segundo, en 1453. La división del imperio en dos se dio en
395 d.C. Por lo tanto, los hechos proféticos del versículo 8
son aun futuros, como bien lo muestra el libro de Apocalip-
sis. El versículo 8 en consideración revela también que el
anticristo será muy inteligente (“ojos” — vv. 8,20), y también
un orador inspirado e hipnotizador de multitudes (“boca que
hablaba grandes cosas” — vv. 8,20). Con eso concuerda Apo-
calipsis 13.5,6.
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7. Juicio de las naciones (7.9-13). Aquí tenemos una profecía
de los juicios de Apocalipsis, que culminan en el juicio de las
naciones, en la venida del Hijo del Hombre (v. 13). (Léanse
aquí Mateo 25.31-46 y Apocalipsis 19.11 y siguientes.) El “Anciano
de días” (vv. 13,22) es Dios. (Véase Isaías 57.15 — Aquel “que
habita la eternidad”.) El versículo 13 también muestra que
Jesucristo y el Padre eterno son dos personas distintas. Acto
seguido vemos a Jesucristo recibiendo el reino (v. 14): “Los
reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su
Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Ap 11.15).
8. “Me acerqué a uno de los que asistían...” (7.16).
Hasta este punto del libro, Daniel fue el agente de Dios
para interpretar los sueños de otros. De aquí en adelante un
ángel interpreta los sueños de él. Sin duda es un solo ángel:
Gabriel (8.16; 9.21). Dios lo hizo así para mostrar su soberanía y
para evitar que el hombre se enorgullezca. (Léanse los pasajes
de Daniel 7.16; 8.15-17; 9.20-23; 10.10-14.)
9. “los santos del Altísimo” (7.18; también vv. 21 y 25). Aquí
son los judíos fieles, durante la tribulación. Son “los escogidos”,
de Mateo 24.31. Hasta el capítulo 6 de este libro las profecías
giran en torno de los gentiles. A partir del capítulo 7 giran en
torno, principalmente, de los judíos.
10. El reino de los diez cuernos (7.24). Ese futuro reino es
equivalente al de la primera bestia de Apocalipsis 13.1-8 y
17.12-17. Hasta hoy no ha ocurrido esta forma de gobierno del
Imperio Romano. No se trata del propio imperio restaurado,
como muchos afirman precipitadamente. El texto de Daniel 7.24
afirma que se formarán esos países “de aquel” mismo reino.
11. Los últimos tres años y medio de la gran tribulación
(7.25) serán los peores años de los juicios. Ese período se men-
ciona en Apocalipsis como: cuarenta y dos meses (Ap 11.2;
13.5); mil doscientos sesenta días (Ap 11.3; 12.6), y “un tiempo,
y tiempos, y la mitad de un tiempo” (Ap 12.14). En Daniel 7.25
se le cita como “tiempo, y tiempos, y medio tiempo”.
El anticristo tratará de iniciar una nueva época. “Pensará en
cambiar los tiempos y la ley” (v. 25). Uno de sus nombres en el
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Nuevo Testamento es el “inicuo” (2 Ts 2.8), que en griego es
“anomos”, es decir, el que se opone al orden establecido; el
subversivo, el díscolo, aquel que se opone a la ley. Habrá, pues,
cambio en el orden de las cosas y de la ley establecida.
12. Versículo 28. Este versículo concluye el texto arameo,
que comenzó en 2.4.
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