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Daniel 1

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P R I M E R A P A R

1T E

DANIEL Y SUS
COMPAÑEROS EN BABILONIA
(CAP. 1)
En el estudio de este capítulo del libro de Daniel, vemos cómo
el diablo ataca a la juventud creyente, directa e indirectamente, bus-
cando destruir su fe en Dios. Hecho esto, conseguirá todo lo demás.
1. “En el año tercero del reinado de Joacim...” (1.1). Retro-
cedamos un poco en el tiempo para que veamos la situación
anterior del trono de Judá.
El rey Josías (639-609 a.C.) fue un buen rey. Reinaba en
Judá cuando murió en Meguido frente al Faraón Necao, rey de
Egipto (2 Cr 35.22; 2 R 23.29,30). Faraón Necao subió a guerrear
contra Carquemis, en la orilla occidental del Éufrates, que acababa
de ser conquistada por Nabucodonosor, rey de Babilonia. Car-
quemis, desde la caída de Nínive, capital de Asiria, en 612 a.C.,
se volvió base avanzada de Egipto, a fin de dominar a los países
vasallos, como Siria, Fenicia y otros. Ahora Babilonia, en su
escalada por la supremacía mundial, se apoderó de Carquemis
(2 Cr 35.20; Jer 46.2).

DANIEL Y SUS COMPAÑEROS EN BABILONIA 13


De modo que, en ese tiempo en que el joven Daniel entra
en escena, Babilonia ya se había formado como potencia domi-
nante mundial.
Rey Joacaz, hijo de Josías (609 a.C.) También llamado Salum
(Jer 22.11). Reinó sólo tres meses, siendo después depuesto por
Faraón Necao y llevado cautivo a Egipto, donde murió. Ese
Faraón puso en su lugar al hermano de Joacaz, Eliaquim,
cambiándole el nombre a Joacim (2 R 23.31-35; 2 Cr 36.14).
Rey Joacim, hijo de Joacaz (609-597 a.C.). Ese, después de
tres años de servidumbre a Egipto, se rebeló contra Faraón Necao.
En su tercer año vino contra él Nabucodonosor (2 R 24.1; 2 Cr
36.6). En el reinado de Joacim comienza la historia de Daniel
(1.1). Reinó once años (2 R 24.1-6; 2 Cr 36.5-8). Ese rey malo
era enemigo del profeta Jeremías, a quien persiguió (Jer 26.21;
36.26). Por lo tanto, en ese tiempo el reino de Judá estaba
sometido a Babilonia.
Los dos reyes siguientes fueron los últimos de Judá, y no
tuvieron expresión alguna. Joaquín, hijo de Joacim, que reinó sólo
tres meses, en 597 a.C. (2 R 24.8; 2 Cr 36.9), también se le llama
Jeconías (Jer 27.20), e incluso Conías (Jer 37.1). Fue llevado preso
a Babilonia por Nabucodonosor, que después puso como rey en
su lugar a Matanías, hermano del propio Joaquín, a quien llamó
Sedequías (2 Cr 36.10,11). Sedequías reinó once años (597-587
a.C.) Más tarde vino Nabucodonosor y lo llevó encadenado a
Babilonia, donde murió. De ese modo pereció, por lo visto, el
reino prometido a David. La razón de toda esa desolación sobre el
pueblo escogido está declarada por Dios en 2 Crónicas 36.14-17.
Nabucodonosor fue sólo el ejecutor de la acción correctiva divina
sobre el rebelde pueblo de Israel (Jer 25.9).
Jeremías ya ejercía el ministerio profético cuando Daniel
iniciaba el de él. (Léanse las apropiadas referencias en ese sen-
tido, en 2 Crónicas 35.25; 36.12,21,22; Jeremías 25.1; 37.5-8; 46.2.)
En ese “año tercero del reinado de Joacim” (1.1) fue hacia
Babilonia el primer grupo de cautivos, y entre ellos Daniel (1.3).
(Aquí comenzó el conteo de los setenta años de cautiverio de
Judá: año 606 a.C.)

14 DANIEL
2. “El Señor entregó en sus manos a Joacim” (1.2). Eso
ocurrió porque “hizo lo malo ante los ojos de Jehová, confor-
me a todas las cosas que sus padres habían hecho” (2 R 23.37).
El líder o jefe que hace que el pueblo se extravíe es el primero
en ser entregado en las manos del adversario.
Aquí “entregó” indica que Dios soportó hasta donde fue
posible sin afrentar su carácter, y luego quitó la restricción al
mal. Es como cuando se quita una compuerta que retiene las
aguas. De igual modo, Dios soporta el mal, pero llega un punto
en que Él quita la barrera. Es el caso de la multiplicación de la
impiedad, depravación moral y violencia entre los hombres
en los últimos días, según Romanos, capítulo 1. Allí se dice
tres veces que Dios “los entregó” (Ro 1.24,26,28). Es decir,
Dios soportó o detuvo el mal hasta un punto, y luego quitó su
restricción. Es ese el cuadro espiritual de los últimos días en la
tierra.
3. “a la casa de su dios” (1.2). Se trataba de Bel, la princi-
pal divinidad de los babilonios. En Canaán, a Bel se le adoraba
bajo el nombre de Baal.
4. “y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios”
(1.2). Se trataba de los utensilios de la casa de Dios, llevados
por Nabucodonosor. Eran objetos sagrados, pero al estar el
pueblo descarriado, para nada servían. Tenemos un paralelo
de eso en la aparatosa liturgia de las muchas iglesias muertas
de la actualidad, como es el caso de la Iglesia Romana. Pero
tampoco muchas iglesias que se dicen evangélicas se quedan
atrás.
5. “del linaje real” (1.3). Entre esos cautivos del primer
grupo estaba la flor y nata de la nación judía, incluso miembros
de la casa real, probablemente descendientes del rey Ezequías,
según la profecía de Isaías 39.6,7, que debe leerse aquí.
6. “muchachos” (1.4). Daniel debía de tener entonces en-
tre catorce y dieciséis años, según los principales estudiosos
de la Biblia y del pueblo judío. Que consideren eso nuestros
jóvenes de hoy para que en el albor de su juventud puedan
servir lealmente a Cristo.

DANIEL Y SUS COMPAÑEROS EN BABILONIA 15


Notemos las exigencias de un rey pagano en cuanto a ser-
vidores para sí:
a) Cualidades físicas — “en quienes no hubiese tacha
alguna”.
b) Cualidades intelectuales — “sabios en ciencia”.
c) Cualidades morales — “idóneos para estar en el palacio”.
¿Podemos servir a nuestro Rey Eterno sin las cualidades
necesarias?
7. “los criase tres años” (1.5). El curso de tres años en un
ambiente espiritualmente adverso... ¡Cuántos estudiantes
cristianos, desde entonces, han afrontado circunstancias pareci-
das!
8. “de la provisión de la comida del rey” (1.5). Esa comida
del rey se ofrecía ceremonialmente a los ídolos antes de servirse.
Daniel tenía, pues, razón para rechazarla. (Léase 1 Corintios
10.28.)
9. “Daniel, Ananías, Misael y Azarías” (1.6). Entre los
hebreos el nombre tenía que ver con la naturaleza de la persona,
denotando su carácter. Cada uno de esos nombres incluye el de
Dios, cuando se considera el original (Daniel — Dios es mi
juez; Ananías — Jehová es misericordioso; Misael — ¿Quién es
igual a Dios?; Azarías — Dios es mi ayudador). Se cambiaron
todos esos nombres, de modo que incluyeran los de tres
divinidades paganas babilónicas. Daniel se cambió a Beltsasar
— Bel te proteja; Ananías se cambió a Sadrac — Orden de Aku
(la diosa luna, de los babilonios); Azarías se cambió a Abed-nego
— Siervo de Nego (o Nebo).
Ese cambio de nombres era para que esos jóvenes soldados
de la fe se olvidaran de su Dios, su pueblo, su patria y su religión.
10. “Daniel propuso en su corazón no contaminarse” (1.8).
Aquí vemos el propósito sincero de Daniel de agradar a Dios.
(Léase Romanos 12.2.) En este versículo está escrito que él “pidió”
al jefe de los eunucos. Daniel no se insubordinó. A pesar de ser
noble, era humilde y respetuoso. ¡Hay quienes no son nada
aquí y muestran mucho orgullo y presunción! Tenemos reflejada
en Daniel una gran virtud.

16 DANIEL
11. “Puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con
el jefe de los eunucos” (1.9). Dios obró en el jefe de Daniel. En el
Salmo 144.2, David, hablando de la providencia divina, dice:
“El que sujeta a mi pueblo debajo de mí.” En Proverbios 21.1
está escrito: “Como los repartimientos de las aguas, así está el
corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo
inclina.” Sí, Dios puede hacernos simpáticos al pueblo.
12. La negativa del jefe de los eunucos (1.10). Eso no afectó
la fe de Daniel. Era muy joven, pero tenía fe en Dios y
perseverancia.
13. Una vez más, la perseverancia de Daniel: “te ruego”
(1.12). En esta ocasión le pidió a otro funcionario de la corte.
Para agradar a Dios y preservar su fe, no se cansó de pedir.
14. Para un rostro hermoso (1.11-16). Para esto basta una
buena dieta de legumbres (1.18,19) es fe en Dios. Por lo tanto,
los cosméticos no son la verdadera solución de un rostro
hermoso... La primera dieta del hombre fue la de vegetales (Gn
1.29). Después es que vino la carne animal (Gn 9.3).
15. “Dios les dio...” (1.17). Dios recompensa la fidelidad.
Dios les dio a esos jóvenes conocimiento e inteligencia. Dios
les dio también dones sobrenaturales de sabiduría.
16. “En todo asunto de sabiduría” (1.20). Recordemos que
los babilonios fueron los precursores de la ciencia astronómica.
17. “magos y astrólogos” (1.20). Los magos formaban en
aquel tiempo una casta religiosa de sabios. Había entre los persas
una ciencia como tal, que nada tenía que ver con la astrología
actual, más bien relacionada con el espiritismo. De ese inicio de
investigación científica persa procede la moderna astronomía.
Los magos (sabios) que vinieron a adorar al niño Jesús procedían
de Persia (Mt 2.1-12). Desde el tiempo de Daniel en Babilonia,
quedó un grupo de fieles que se dispersó por los países
orientales, como hemos dicho: de ese grupo proceden los ma-
gos relacionados con el niño Jesús. A Daniel se le hizo jefe de
aquellos magos. (Léase Daniel 4.9; 5.11.)
18. “hasta el año primero del rey Ciro” (1.21). Llegamos
aquí al año 536 a.C. cuando Ciro se convirtió en el primer

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emperador de Persia como imperio mundial. La antigua Persia
está hoy ocupada en parte por el moderno Irán, que adoptó ese
nombre a partir de 1935.

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