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Espigando 44. MATRIMONIOS

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01. Matrimonio Contrato o Pacto………………………..

02. La Ministración de la pareja…………………………

03. Edificando el hogar en Amor………………………..

04. Salvando la familia………………………………….

05. Cuando la enfermedad llega al hogar……………….

06. Padres agentes de bendición………………………..

07. La sujeción en la familia……………………………

08. Cómo entender y atender a mi hijo adolescente……

09. Las mentiras en el matrimonio……………………..

10. La comunicación en la familia……………………..

11. La disciplina de los hijos…………………………...

12. Honrando el pacto matrimonial……………………

13. Los enemigos del matrimonio……………………..

14. La fidelidad en el matrimonio……………………..

15. Deudas, efectos y cómo saldarlas…………………

¿CÓMO ENTENDER Y ATENDER A MI HIJO ADOLESCENTE?

Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia;


y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas
estas cosas te juzgará Dios. Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal;
porque la adolescencia y la juventud son vanidad.
Eclesiastés 11:9,10
Durante su desarrollo biológico el ser humano sufre en su cuerpo y en su caracter
una serie de cambios. Es así como se manifiesta la infancia, la niñez, la adolescencia, la
juventud, la adultez y la ancianidad.

Dios creó al hombre perfecto. No se ve que Adán, dentro del paraíso, tuviera niñez,
juventud, etc., era perfecto, mas, como consecuencia del pecado, perdió esta perfección, y
al ser expulsado del Edén sufre las limitaciones del nuevo sistema en el cual habría de
desenvolverse. Es así como su edad tiene límite, la procreación de su descendencia sería
con dolor, trabaja por su alimento, etc.

El Señor pide instruir al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará
de él (Pr 22:6). Aunque este verso marca dos extremos en la vida del hombre: niño y viejo,
no deja por un lado el desarrollo que implica llegar de niño a viejo.

Quizás el término adolescente no exista en el lenguaje de Dios, pero en la vida del


hombre existe una etapa difícil, en la cual decide qué camino seguir: el camino de Dios o el
de los dioses extraños. Una versión de la Biblia define la adolescencia como: falta de
conocimiento. Por esta causa, el enemigo de nuestras almas busca confundir a quienes
atraviesan por esta etapa; más gracias a Dios pues por medio de su Hijo nos da sabiduría
para sobrepasar este escalón de nuestra vida cristiana.

El propósito es llevar, por medio de la Palabra y la luz del Espíritu Santo, una guía
para sobrepasar esta etapa, que, se quiera o no, llega a la vida del ser humano.

I. Definición

La palabra adolescente viene del latín adolescere, cuyo significado es adolecer,


padecer un sufrimiento, un defecto, una insuficiencia o una deficiencia.

A continuación se enumeran ciertas características que diferencian entre el joven y el


adolescente:

El joven El adolescente

1. Limpia su camino (Sal 119:5) 1. No quiere limpiarse (Pr 10:17)


2. Tiene cobertura (Mr 14:51) 2. Desnudez, en algunos casos no
tiene o no la quiere (Mr 14:52)

3. Tiene sujeción (1 P 5:5) 3. Necedad (Gn 8:21), está ligada


Elige voluntariamente estar sujeto,
al corazón del joven (Pr 22:15)
reconoce cobertura por su libre
albedrío. Tiene un proceso.

4. Yugo (Lm 3:27; Mt 11:30) 4. Su alma desfallece (Job 36:14),


Camina de acuerdo con Cristo, relacionado con las pasiones
llega a su destino sin desviarse. juveniles.
5. Tiene pasiones, pero huye 5. Temor y confusión (Is 54:4)
(2 Tm. 2:22).
Por sus actos trae vergüenza
y afrenta.

Ahora bien, se enumeran a continuación los conceptos que el Señor ha permitido


visualizar en cuanto al periodo de adolescencia que se da en todo ser humano, los cuales
darán a los padres, deseosos de brindar ayuda a sus hijos, una visión amplia para enfrentar
esta situación, y llevar al joven por el camino que a vida eterna lo conduce.

a) Concepto del mundo

1. La ciencia médica define este estado como un trastorno hormonal relacionado


con conflictos de identidad y lo ve como algo inevitable.

2. La Psicología lo explica como una brecha generacional, en la cual el joven aduce no ser
entendido, falta la comunicación y, al final, lo presenta como algo normal.

b) Concepto de Dios.

Como se apuntó anteriormente, el hecho de que el término adolescente se mencione


solo dos veces en la Biblia (Ecl 11:9,10), no exime al hombre de sufrir las dificultades
que implica atravesar por esta etapa. Llama poderosamente la atención el verso en el
cual se menciona a Jesús padeciendo con el propósito de aprender (He 5:8), lo cual
implica que Él, en lo humano, sobrepasó momentos difíciles los cuales, por su
adolescencia, fueron decisivos para el desarrollo de su ministerio terrenal.

Para el mundo el joven es un ser inestable. Esto es consecuencia de la inmadurez


existente en su alma (1 Tm 4:12). Ahora bien, todo este trastorno puede ser corregido y
llevado a la obediencia, si Cristo toma en la vida del joven el lugar que le corresponde.

Se dan a continuación ejemplos de jóvenes cuya vida manifiesta los beneficios de ser
guiados por el Señor.

a. José honró a sus padres, y en el momento de estar separado de ellos puso por
obra sus enseñanzas. A pesar de atravesar circunstancias adversas, este varón
antepuso el amor de Dios a todo suceso negativo, aparentemente, y alcanzó a ser
de bendición para los suyos.

b. David no tuvo temor de enfrentar a Goliat y defender a su pueblo pues sabía que
Jehová estaba con él. El Dulce cantor de Israel atravesó por circunstancias
propias de un adolescente, él fue menospreciado por su familia, fue literalmente
separado de ellos, más todo esto no consiguió amargar su alma y en los
momentos de soledad encontró refugio en la presencia de su Dios.
Es interesante leer en el libro de Eclesiastés, escrito por Salomón, hijo de David,
la relación entre la adolescencia y juventud. Es fácil suponer que esta enseñanza,
quizás, la recibió de su padre quien había sufrido el abandono de su familia, lo
cual sirvió de base para aconsejar a los jóvenes de las generaciones venideras.

c. Otro ejemplo es Daniel, quien, cautivo en la ciudad más corrupta y perdida de su


tiempo, Babilonia, dispuso en su corazón no contaminarse (Dn 1:8). Su mayor
anhelo era agradar al Dios de sus padres. Daniel puso por obra la enseñanza
recibida por sus progenitores y, con plena convicción, rechazó mezclar sus
principios con los deseos del mundo.

Características como las anteriores busca desarrollar el Espíritu Santo en quienes


atraviesan la difícil etapa de la adolescencia. Dios ha delegado en los padres, como
administradores de un bien de Jehová, la conducción de este ser, cuyo camino, en ciertas
oportunidades, parece sin salida. Por esta razón el Señor desarrolla en los padres, creyentes,
desde luego, un proceso de restauración, para reconocer que solo con la ayuda del Espíritu
Santo se puede desempeñar correctamente el papel que les han asignado.

La Biblia dice: en el final de los tiempos el Señor hará volver el corazón de los
padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres (Mal 4:6), lo cual enmarca un
proceso de restauración en ambas partes. Pero esto resultará beneficioso, o no, dependiendo
de lo sembrado por los padres en la vida de sus hijos.

II. Origen de la juventud

Principio eterno: Lo que se siembra, se cosecha. Durante la niñez se establece la


base para la juventud, en la juventud para la vida adulta y en la vida adulta para la vejez. De
aquí se deduce la importancia que tiene la guianza de los padres en la vida de los hijos.

La juventud se da en relación con la concepción, la gestación y el nacimiento. El ser


humano no puede desligarse de este orden divino pues debe cumplir con el ciclo estipulado
para su vida. Recordemos que cada etapa en el crecimiento del hombre es parte del proceso
para su restauración, y solo a través de este proceso llegará a la estatura del Varón Perfecto
(Ef 4:13).

En la cultura judía, después del periodo de cuidado y protección de la madre, o sea


después del destete, el hijo pasa bajo la cobertura de los padres, pues es necesaria la
participación de ambos en la instrucción del niño; a continuación se realiza la fiesta de
presentación, la cual se describe así:

Hat baj – niño (12 años) = “Este es mi hijo amado en el cual me complazco”
Hardis-baj – niña (13 años) = “Esta es mi hija amada y le doy gracias a Dios por
haberla hecho mujer”.

Ahora bien: ¿Quién determina que la persona actúe como joven o como
adolescente? Los padres, quienes se transforman en agentes de bendición o maldición.
Cada etapa en el desarrollo del ser humano es algo nuevo. Él nunca ha pasado por
situaciones similares. Esto hace de mayor importancia la orientación de quienes ya han
recorrido esa parte del camino.

III. ¿Cómo enfrentar el periodo de adolescencia?

Las vicisitudes de la adolescencia no son de Dios, es del enemigo, quien siembra


inseguridad en la vida del joven, generando confusión en su alma. Ahora, Dios da la salida
a esta situación difícil cuando declara: ¿Con qué limpiará el joven su camino?, con guardar
Tu palabra (Sal 119: 9). En ese “camino”, que implica un recorrido, el joven es afectado por
las asechanzas de aquel que vino a robar, matar y destruir, pero: Gloria a Dios porque Él
envió a su Hijo para dar vida, y vida en abundancia.

Se describen algunos pasos, considerados necesarios, para que los padres


desarraiguen del corazón del joven, con la ayuda del Espíritu Santo, los conceptos
equivocados que dañan el crecimiento del joven en la vida nueva a la cual el Señor lo ha
llamado.

a. Reconocer los errores: Es necesario reconocer lo que sembramos en los hijos. Si


sembramos rechazo hay una conducta de rechazo, esto se convierte en un círculo de
destrucción. Por esta razón la Biblia nos aconseja despojarnos de la vana manera de
vivir heredada de nuestros padres (1 P 1:18) y que, sin lugar a dudas, se ha
transmitido de generación en generación.

b. Confesar nuestra falta: Daniel y Nehemías pidieron perdón por el pecado de sus
padres. Reconocieron que aquel pecado cometido mucho tiempo atrás afectaba su
vida y amenazaba con afectar a las generaciones venideras. Alcanzaron a
comprender el privilegio de ser elegidos por Dios para cortar con aquella cadena y
abrir un nuevo horizonte para las generaciones venideras.

c. Perdón: Con esta actitud se trae sanidad al alma, tanto del joven como de los padres,
y se cierran puertas. Se da la oportunidad de sembrar lo de Dios en su corazón.
Conclusiones

1. Es importante, como cristianos, principiar a formar bases sólidas para las futuras
generaciones.
2. ¿Cómo tratar a los hijos?, influye mucho la forma como se vivió esa etapa. Es
común repetir en los hijos la vana manera de vivir heredada de nuestros padres;
pero ahora, con la ayuda del Señor, y por medio de la ministración, es posible
desarraigar todo falso concepto implantado por el enemigo.
CUANDO LLEGA LA ENFERMEDAD

Así pues, las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: —Señor, tu amigo querido está
enfermo. Jesús, al oírlo, dijo: —Esta enfermedad no va a terminar en muerte, sino que ha de
servir para mostrar la gloria de Dios, y también la gloria del Hijo de Dios.
Juan 11: 3,4

El término enfermo procede del griego astheneo, cuyo significado es estar débil.
Como consecuencia de la desobediencia de un hombre, el pecado entró al mundo y
juntamente con el pecado la muerte (Ro 5:12). En sus inicios sobre la tierra el hombre fue
un ser perfecto, creado a la semejanza de Dios (Gn 1:26). En ese estado no padecía mal
alguno pues gozaba de salud divina.

El designio de Dios se cumplió. El hombre murió, y aunque continuó su existencia


sobre la faz de la tierra, fue sometido a las limitaciones propias del sistema. Una de estas
limitaciones es ser afectado por enfermedades, algunas de las cuales son de muerte.

Resulta difícil aceptar que un Dios de amor y misericordia permita el sufrimiento de


un ser humano, pero Él no actúa así, pues todo lo que el hombre sembrare, sea bueno o
malo, eso mismo cosechará (Gl 6:7). Todo es consecuencia de su comportamiento. Hay
ocasiones que Dios utiliza la enfermedad para glorificar su nombre, pero esto está dentro de
su soberanía.

Veamos lo que la Palabra de Dios dice al respecto:

I. La enfermedad

a) Tenemos una naturaleza pecaminosa (Col 2:11). Como consecuencia de su


separación de Dios, el ser humano está a expensas de las contaminaciones del
mundo y aunque sea un hijo de Dios, corre el mismo riesgo. Pero aquí está la
diferencia, pues mientras los del mundo confían en la ciencia, el nacido de
nuevo confía en el Señor, quien ha prometido satisfacer todas nuestras
necesidades conforme a sus riquezas en gloria. Jesús mismo transmitió esa
confianza a sus discípulos cuando les dijo: En el mundo tendréis aflicción,
pero confiad, Yo he vencido al mundo (Jn 16:33).

b) Un día disfrutaremos de salud divina. Cuando se realice el proceso de


restauración en nuestro ser, estaremos por siempre con el Señor y allá en la
eternidad no habrá más llanto ni más dolor (Ap 21:4), pues Dios será todo en
todos. Terminarán las peticiones de sanidad pues no se conocerá más la
enfermedad.

c) Hay tratos individuales y familiares. Si el plan de Dios es perfecto es de


suponer que Él tiene un propósito en todo. En el evangelio de Juan 4:46-53, se
narra acerca de la enfermedad que aquejaba al hijo de un oficial, quien,
obrando en fe, pidió a Jesús por la salud de su hijo. El pasaje narra como, al
ser sanado el muchacho, toda la casa, o familia, creyó en Jesús.

d) Cuando Dios no sana un cuerpo, trata un alma. Parece ser que este era el caso
de Pablo, quien tenía un aguijón en su cuerpo (2 Co 12:7), el cual le recordaba
que la gracia del Señor le era suficiente. Dios utiliza métodos que al hombre le
parecen dañinos, más sin embargo, como en el caso de Job, el sufrimiento que
padeció en su cuerpo lo llevó a declarar: De oídas te conocía, más ahora mis
ojos te ven (Job 42:5).

II. Propósito de la enfermedad

Para los que aman al Señor, todas las cosas ayudan a bien (Ro 8:28). Nada escapa
del control de Dios y, aunque parezca extraño, Él se vale de la enfermedad para manifestar
su amor y su misericordia hacia la humanidad.

La Biblia dice en Hebreos 1:1, que Dios habla de muchas formas y de muchas
maneras. Esto acontece con el único propósito de rescatar al hombre de la esclavitud, la
cual se puede manifestar a través de una enfermedad, ya sea en uno mismo o en un ser
querido.

Veamos a continuación el propósito por el cual el Señor permite que llegue la


enfermedad al hombre.

a. Para sensibilizar. Dios conoce el corazón del hombre y sabe que por su forma de
vida muchas veces este se vuelve insensible. Vemos el caso del apóstol Pablo,
quien antes de su conversión su corazón era insensible a la voz de Dios, por lo
cual fue necesaria una ceguera temporal para transformar su corazón de piedra en
uno de carne. Fue Dios actuando, por medio de una limitación física, en quien
habría de ser el Perito Arquitecto de la Iglesia.

b. Creer en el Señor (Jn 11:15). El Señor conocía la incredulidad que prevalecía aún
en el corazón de sus discípulos, por lo cual esperó un tiempo prudencial para
acudir hasta donde estaba Lázaro. Pasado este tiempo, Él manifestó su amor y su
poder al resucitarlo, lo cual motivó a los discípulos para permanecer cerca del
Señor.

c. Glorificar el nombre del Señor (Jn 9:3). Hay situaciones que al hombre le
parecen imposibles de resolver, pero a través de ellas Dios manifiesta su poder,
no porque necesite hacerlo, sino más bien porque Él se deleita en hacer lo bueno,
en especial con sus hijos.

d. Probar (Gl 4:14). Todo lo que Dios crea, o cría, lo prueba. Él prueba la fe, el
amor, la fidelidad, porque anhela que sus hijos se identifiquen los unos con los
otros. En este caso, a través de la enfermedad de Pablo, el amor de los hermanos
de Galacia hacia él se hizo evidente, lo cual confortó al apóstol.
III. Reacciones ante la enfermedad

Cuando se ignora la voluntad de Dios, es fácil encontrar despropósito en esta, e


incluso se cae en el error de juzgar a Dios. Es así como la Biblia describe la reacción que
hubo en personas que sufrieron, o vieron sufrir a otros, cierto tipo de enfermedad, para que
nosotros no cometamos el mismo error.

a. Esposa de Job (Job 2: 9,10). Este pasaje evidencia claramente la ausencia total de
fe en esta mujer. Se vistió de humanismo. Prefería ver a su esposo muerto antes
de que continuara sufriendo. Tenía sus sentidos espirituales desconectados por lo
cual creyó, al igual que los amigos de Job, que la enfermedad que aquejaba a su
marido, era consecuencia de su pecado.

b. Confiar en el hombre. Es muy frecuente que el creyente deje a Dios como última
opción. El Señor determina un equilibrio para la vida de sus hijos, lo cual
estipula buscar primeramente el consejo de Dios para la solución de toda
situación adversa que se presente a nuestra vida. Nuestra confianza debe ser
plena en el Señor.

c. Confiar en el Señor. Cuando la obra del Espíritu Santo llega a un nivel elevado
en la vida del cristiano, este alcanza tal grado de madurez que su confianza en el
Señor se evidencia continuamente, de tal forma que, ante cualquier situación,
busca ser guiado por el Señor.

Conclusiones

a. Es necesario reconocer nuestras debilidades para que el poder de Dios se


manifieste plenamente en nosotros.
b. En todo Dios tiene un propósito, y Él en su soberana voluntad actúa para
beneficio de los suyos. Esto hace necesario que el hijo de Dios busque mantener
su relación con Dios para conocer sus propósitos, y el nombre de Dios sea
glorificado.
LAS DEUDAS, SUS EFECTOS Y CÓMO RESOLVERLAS

Nunca te hagas responsable de las deudas de otra persona,


pues si no tienes con qué pagar, hasta la cama te quitarán
Proverbios 22:26,27

Deuda es un déficit, es sobrepasar los límites de lo que se posee. Por ejemplo: Cuando una persona
se excede en el ejercicio físico, el cuerpo se reciente pues se sobrepasa la capacidad que tiene este para
soportar la fatiga, se tiene un déficit de energía. Ahora bien, aplicando el concepto a lo que son puramente las
finanzas, tener un déficit es sobrepasar el límite del capital con que se cuenta, lo cual genera una deuda.

Es importante notar como, a través del endeudamiento, el cristiano se esclaviza, y en esta condición
es fácil presa del enemigo, el cual anda como león rugiente viendo a quien devorar (1 p 5:8). Adquirir deudas
es consecuencia del afán de poseer lo material sin poner ninguna atención a lo espiritual. Recordemos que
vivimos en este mundo como peregrinos, que nuestra herencia está allá en los cielos.

A la luz de la palabra vemos como Abraham se negó a recibir ningún beneficio del rey de Sodoma,
evitando así concederle algún derecho al enemigo (Gn 14:22,23).

Entonces se pueden plantear las siguientes interrogantes:

a. ¿Qué piensa el Señor de las deudas?

En Isaías 1:18, el Señor ofrece saldar nuestra deuda. Él no quiere hijos


endeudados. Esta es la razón por la cual ofrece arrojar la deuda del pecador a lo profundo
de la mar, y así este siga a Dios no por obligación sino por amor.

Una de las formas como Faraón sometió a la a esclavitud al pueblo de Dios fue
precisamente por medio del déficit. Faraón decidió no proporcionarles paja. Eran deudores
de Faraón.

En el pasaje de Lucas, capítulo 4, versos del 1 al 13, se nota la insistencia que el


diablo mostró para que Jesús aceptara sus ofrecimientos, y de esa manera adquirir derechos
sobre Él, pretendió que Jesús se convirtiera en su deudor. Todo fue en vano, pues escrito
está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás. Además, es conveniente recordar el
pasaje que dice: Dios los ha comprado a ustedes; no permitan que otros hombres los hagan
esclavos (1 Co 7:23).

Actualmente las depresiones económicas nos afectan en gran manera y la deuda es


uno de los métodos que el enemigo utiliza para esclavizar al pueblo cristiano.

b. ¿Qué dice Dios de las deudas?

Si Dios, por medio del sacrificio de Cristo, exime al pecador de la muerte segunda, que es la paga del
pecado, es decir lo que el pecador adeuda a su Creador, es fácil comprender que el Señor anhela ver a sus
criaturas totalmente libres. Esto se manifiesta tanto en el plano espiritual como en el material, pues, como
morada del Espíritu Santo, somos llamados a vivir en libertad, ya que: Donde está el Espíritu del Señor, allí
hay libertad. Las deudas producen esclavitud.
El Señor declara: Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia; también
nos pide no afanarnos por las cosas materiales pues: Vuestro Padre que está en los cielos
sabe de que tenéis necesidad. Jesús nunca se preocupó por las comodidades, si embargo
nunca le faltó nada.

Adquirir deudas a nivel material conlleva un proceso, el cual, si no se controla,


afecta de tal manera al deudor que este busca solventar su situación sin importar los
medios. Consecuencia de todo esto, el cristiano, incapaz de solventar sus deudas materiales,
se afana más por las cosas del mundo menospreciando las cosas de Dios.

c. El proceso espiritual de la deuda

Las deudas producen tal opresión en la vida del creyente que este, en su afán por
solventarlas, es presa de depresiones, las cuales lo apartan de su vida devocional, al
extremo de hacerlo insensible.

Es usada esta situación como pretexto para actuar, incluso, incorrectamente. Se


enfría de tal manera el amor hacia Dios que, como consecuencia, se cae en esclavitud. Lo
más tremendo de esta esclavitud es el echo de llegar a despreciar las cosas de Dios. Se cae
en tal apatía espiritual que es cauterizada la conciencia del cristiano, lo cual conlleva el
riesgo de convertirse en un apóstata de la fe.

Por esta razón el Señor aconseja a su pueblo no poner su mirada en las cosas de la
tierra, sino más bien: Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás
cosas os serán añadidas. Sencillo ¿verdad? Si, es sencillo cuando se permite al Espíritu
Santo administrar nuestra vida, pues Él nos conduce a ser herederos de las cosas de Dios y
no deudores de las cosas del mundo.

Ante todo esto es fácil observar que

d. Dios no es creador de deudas

Ya que Jehová tu Dios te ha bendecido, prestarás a muchas naciones, pero tú no


pedirás prestado. Tendrás dominio sobre muchas naciones, pero tu no estarás bajo
dominio (Dt 15:6).

Dios anhela ver a sus hijos disfrutar de la libertad por la cual Cristo pagó en la cruz
del Calvario. Él quiere separar a los suyos de la influencia del sistema y hacerlos
dependientes únicamente de su Creador. En el pasaje en el cual al Señor paga el impuesto
para entrar al templo, se nota claramente como Él manifestó no pertenecer al mundo pues
quienes pagaban este tributo eran los extranjeros y no los hijos. Esto es figura para el
creyente de hoy, quien en este mundo es un peregrino lo cual lo invita a no contraer deudas
con el mundo.
Entonces,

e. ¿Por qué las deudas?

1. Por la necedad del hombre, quien cede ante los ofrecimientos del mundo, del
sistema. No hemos aprendido a conocer, o reconocer, a Dios como nuestro
sustentador, y muchas veces, ante la tardanza de Dios, dudamos, buscando
solución a nuestras necesidades por otros medios, los cuales, incluso, se apartan
de la voluntad de Dios.

2. Falta de fe. Piden y no reciben, porque piden mal. El pueblo de Dios perece por
falta de conocimiento pues su visión es muy corta y no alcanza a ver por detrás
del horizonte. El enemigo busca apartar al cristiano del camino, para lo cual usa
muchas artimañas, una de las cuales es crear en el creyente tal dependencia de las
cosas del mundo que este, en su afán por alcanzarlas, adquiere deudas
innecesarias, las cuales, con el correr del tiempo ahogan su fe.

3. Por menospreciar la herencia de Dios. Puesto que esta herencia no es terrenal, y


“como lo comido es lo seguro”, el hijo de Dios busca satisfacer sus necesidades a
través de medios apartados totalmente de los planes del Señor, lo cual conduce a
la insatisfacción y al menosprecio de las cosas celestiales (Is 55:1-4).
f. Cómo resolver las deudas

Dios en su misericordia, y a pesar de nuestra necedad, siempre está presto a brindar


la solución a los problemas que se nos presentan. Por esta razón Él inicia un proceso
de regeneración en todo nuestro ser, lo cual nos lleva a visualizar las cosas a la
manera que Dios las ve. Pero es necesario que quien se acerca a Dios crea que existe
y que es galardonador de los que le buscan.

Ahora bien, Dios no pide que nos desentendamos, al menos en el plano material, de
las deudas que adquirimos, pues el hijo de Dios, nacido de nuevo, es responsable de
los compromisos adquiridos. Cuando Sara, la esposa de Abraham, falleció, este
buscó un lugar donde sepultarla. Encontró el sitio adecuado y sepultó el cadáver de
su esposa, sin embargo el lugar no le pertenecía por lo cual decidió adquirirlo en su
justo precio. El propietario pretendió obsequiarle el terreno pero Abraham se negó y
dio a cambio el valor de la propiedad.

Entonces, la forma más eficaz par resolver las deudas es depositar nuestra confianza
en aquel que es dador de toda buena dádiva, y que como buen Padre, provee a sus
hijos los medios necesarios para solucionar sus problemas.

Conclusión

Dios siempre proveerá, a quien reconoce su condición, los medios para solventar las deudas
que con conocimiento, o sin él, el creyente adquiere (Filipenses 4:11-13).
EDIFICANDO EL HOGAR EN AMOR

Es verdad lo que se dice: que todos tenemos el conocimiento de la verdad; pero el


conocimiento hincha de orgullo, en tanto que el amor edifica la comunidad
1 Corintios 8:1

Siendo el amor la base de nuestra relación con Dios, también se convierte en el


fundamento del matrimonio. El Señor relaciona el matrimonio con una viña, la cual, si es
cuidada adecuadamente, a su tiempo da su fruto. El matrimonio fue instituido por Dios
mismo. Pablo lo asemeja a la relación entre la Iglesia y Cristo lo cual concede a esta unión
un carácter sublime, especial.

Recordemos que el matrimonio es la base de la familia, por lo cual el Diablo busca


dañar esta entidad desde sus cimientos. Pero el perfecto amor de Dios implantado en el
corazón de cada pareja, es suficiente para desarraigar todo temor y toda asechanza del
enemigo (1 Jn 4:18).

El matrimonio fundamentado en el amor viene a ser como aquella casa fundada


sobre la roca, la cual, a pesar de ser azotada por las tormentas, permaneció firme (Mt
7:24,25).

Ahora bien, como todo en la vida tiene un fundamento, el matrimonio no es la


excepción, por lo cual, de este principio se parte para desarrollar el siguiente punto de este
tema, así:

I. El fundamento del hogar

Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser


presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no
alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo,
esperarlo todo, soportarlo todo (1 Co 13:4-7).

1. El amor. Esposos, amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y dio su vida por ella (Ef
5:25). Reconocer la función de cada uno dentro del matrimonio es fundamental, pues de esa
manera existe respeto mutuo, lo cual lleva a una convivencia en unidad.

2. Comunión. Esto señala intimidad. Recordemos que ya no son dos sino una sola carne (Gn 2:24).
También es necesario darle valor a la palabra de Dios cuando dice: Por tanto lo que Dios ha unido
no lo separe el hombre (Mt 19:6), pues de esta manera reflejaremos en nuestra vida matrimonial,
la restauración de Dios.

3. Confianza en la pareja. Cuando se vive en un ambiente de desconfianza se rompe toda buena


relación. La Biblia menciona la dificultad para caminar de dos personas en desacuerdo. Por lo
tanto, aquellos que en un tiempo prometieron estar unidos hasta que la muerte los separe, deben
apoyarse mutuamente en toda situación que se presente dentro de su hogar, y esto se consigue
únicamente si existe confianza del uno hacia el otro.

II. ¿Cómo edificar en amor?


Hay en la Biblia consejos para quienes desean disfrutar plenamente las bendiciones
de Dios. El único requisito es: Amar al Señor tu Dios... (Mr 12:30), lo cual, si se lleva a
cabo, genera en la vida matrimonial tal armonía y aunque vengan momentos difíciles,
permanecerán, pues su fundamento es Cristo, la roca de la eternidad.

Veamos a continuación algunos de esto consejos:

a. Comprensión. Ayúdense entre sí a soportar las cargas, y de esa manera cumplirán


la ley de Cristo (Gál 6:2). Comprender es sinónimo de amar, pues solamente a
través de este vínculo perfecto se logra entender a los demás. Es importante
cultivar este atributo en la pareja, pues de esta forma, en toda circunstancia, se
alcanzará la felicidad.

b. Cubrir. El odio provoca peleas, pero el amor perdona todas las faltas (Pr 10:12).
Es necesario mostrar con nuestra vida la obra de Dios, la cual se ha manifestado
a nosotros por medio del perdón, porque: De tal manera amó Dios al mundo... (Jn
3:16). Entonces, la mejor manera de convivir dentro del matrimonio es
desarrollar la cobertura entre la pareja, lo cual cierra puertas al enemigo y
permite al Espíritu Santo llenar con su luz el hogar.

c. Siendo afectuosos. Ámense sinceramente unos a otros. Aborrezcan lo malo y


apéguense a lo bueno (Ro 12:9). No basta con decir: Te amo, es necesario
manifestarlo. Nuestro mayor ejemplo, Jesucristo, nunca dejó de manifestar el
amor hacia los suyos, por lo cual, siguiendo su ejemplo, todo perjuicio será
desarraigado de nuestro corazón y disfrutaremos la libertad del Espíritu
plenamente.

III. ¿Cómo hacer crecer el amor?

La mejor manera de lograr frutos de una planta es a través del riego. Este principio
es aplicable también al hogar, pues este, a la manera de una viña, necesita de ciertos
cuidados para su desarrollo.

Una manera de riego es darle vida a las palabras, es llevar a la práctica todo cuanto
se encuentra dentro de nuestro corazón. Es darle libertad al Espíritu Santo.

La Biblia dice: “¿Acaso se trae una lámpara para ponerla bajo un cajón o debajo de
la cama? No, una lámpara se pone en alto, para que alumbre (Mr 4:21). De igual manera es
el amor, el cual ha sido depositado en el corazón de cada miembro del hogar, por lo tanto es
necesario cultivarlo para que su luz vaya de aumento en aumento hasta colmar
completamente cada vida.

Conclusión

Dios ama los hogares, por lo cual busca restaurar y hacer crecer el amor en cada uno de los que conforman
esta unión, y así alcancen a disfrutar todos los beneficios que Él ha dispuesto para quienes se unen en el
vínculo del matrimonio.
LA MINISTRACIÓN EN LA PAREJA

Como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno de ustedes sirva a los demás según lo
que haya recibido. Cuando alguien hable, sean sus palabras como palabras de Dios. Cuando alguien preste
algún servicio, préstelo con las fuerzas que Dios le da. Todo lo que hagan, háganlo para que Dios sea
alabado por medio de Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el poder para siempre. Amén

1 Pedro 4: 10,11

En la mayoría de los matrimonios se evita tocar el tema de la ministración por la


poca confianza entre la pareja. Se olvida que ya no son más dos sino uno en el Señor. Por
esta causa, se da una marcada separación en la vida de aquellos que, aun viviendo bajo el
mismo techo, parecen seres extraños.

Este es un trabajo sutil que el enemigo ha desarrollado en la vida del ser humano,
pero Dios, por medio del Espíritu Santo, busca desarraigar de las parejas, en proceso de
restauración, todos aquellos conceptos que dañan una sana relación entre los hijos de
Dios.

Por esta causa el Señor provee los medios adecuados para sanar estas alteraciones
en las relaciones matrimoniales. Uno de estos es la ministración, la cual, aplicándola en el
sentido correcto, genera grandes beneficios.

A continuación se evalúan ciertos aspectos causantes de la ausencia de ministración


en el matrimonio, los cuales, con la ayuda del Señor, pueden ser eliminados para así
disfrutar la vida en abundancia a la cual hemos sido llamados.

Entonces,

I. ¿Por qué no se practica la ministración en la pareja?

a. Por no creer (He 4:2)

Israel oyó la Palabra de Dios a través de Moisés, los profetas y sacerdotes, pero, por
no mezclarle fe, no les fue de provecho. Aunque Dios dé verdades a su pueblo,
si este no le cree, no le son de beneficio.

La Biblia deja entrever como muchos personajes se apartaron de los consejos de


Dios por no creer en su efectividad, lo cual provocó en su vida una separación
de los principios establecidos por el Señor. Esta misma situación prevalece en
muchos matrimonios actualmente, y provoca en los tales, la ruptura de su
intimidad. Para eliminar estas alteraciones el Señor aconseja, por medio de su
palabra: Dame hijo mío tú corazón, Yo lo transformaré, y serás verdaderamente
feliz tú y los tuyos.

b. No buscar ayuda (Sal 10:4)


La altivez de corazón y el orgullo impiden humillarse a quien se encuentra en
problemas. No es pena ni vergüenza, es solo por guardar las apariencias, y bajo
estas circunstancias, se busca resolver el problema utilizando nuestro propio
criterio (Pr 28:25,26).

Ante la negativa del ser humano de buscar ayuda con el único capaz de darla, Dios,
Él toma la iniciativa de acercarse hasta el hogar de sus hijos para
proporcionarles el pronto auxilio, manifestando de esta manera el interés
prevaleciente en su corazón de dar a los suyos, por medio de la ministración, la
salida a todos sus problemas. Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye
mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos (Ap 3:20).

c. Buscar ayuda en el mundo (Jer. 17:5).

Dios continuamente ofrece ayuda al necesitado, pero este, por falta de fe, duda,
y busca ayuda en el lugar equivocado. Los métodos utilizados por el mundo
solucionan los problemas temporalmente, solo dan alivio pero no sanan
completamente, y al correr del tiempo aquellos problemas supuestamente
solucionados afectan nuevamente la relación matrimonial. Pero, ¿por qué?,
porque no fue cortada la raíz.

Dios busca desarraigar del corazón del hombre toda aquella vana manera de
vivir y a cambio hacer crecer la semilla que Él sembró al momento de tomarlo
por hijo. Cuando comprendamos esta realidad, entonces podremos decir como
el salmista: Al contemplar las montañas me pregunto: “¿De dónde vendrá mi
ayuda?” Mi ayuda vendrá del Señor, creador del cielo y de la tierra (Sal 121:1).

II. ¿Cómo alcanzar la ministración en la pareja?

a. Ayúdanos contra el enemigo, pues nada vale la ayuda del hombre (Sal 60:11).
Nadie más puede ayudar a la pareja a edificar el hogar. Solamente aquel que
conoce lo íntimo del corazón del hombre es capaz revelar tanto el problema
como la solución y llevar a la pareja por el camino de vida eterna.

b. Confianza entre ambos (Gén 2:25). Esta fue una relación implantada por Dios
en Adán y Eva, ellos tenían intimidad, se conocían muy bien, y a pesar de estar
desnudos, no se avergonzaban. Todo lo contrario sucede cuando no hay
confianza en la pareja pues se ven más los defectos que las virtudes.

c. Reconocer nuestra necesidad (Lc 19: 8,9). El Señor, a pesar de conocer la


necesidad de las personas, siempre espera que los suyos le pidan ayuda.
Muchas veces este es el mayor obstáculo en la vida matrimonial, pues se tiene
el concepto, o la idea, de ser cada uno superior al otro.

Cuando David evitó reconocer que tenía necesidad de ser ministrado de parte
del Señor por el pecado cometido, sus huesos se envejecieron, más cuando lo
reconoció, recibió la ayuda del Señor (Sal 32:3-5). Es sencillo y a la vez difícil
aceptar que somos necesitados, pero el Señor, cual amoroso Padre espera
pacientemente para brindar la ayuda a quien se humille y la solicite.

Zaqueo reconoció su condición y el Señor lo ayudó. Si reconocemos nuestra


necesidad acudiremos en busca de ministración.

d. Debe existir amor. De la misma manera deben los esposos amar a sus esposas
como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa, se ama a sí mismo. Porque
nadie odia su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida, como Cristo hace
con la iglesia, porque ella es su cuerpo. Y nosotros somos miembros de ese
cuerpo (Ef 5:28-30). Quien ama se preocupa por el bienestar de su pareja. El
amor permitirá la ministración del uno al otro. Cuando se ama a la pareja, el
cónyuge se limpia, además: El amor cubre multitud de faltas 81 P 4:8).

III. ¿Cómo realizar la ministración de la pareja?

a. Por la Palabra. Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y
reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre
de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de
bien (2 Tm 3:16,17). Puesto que el matrimonio es un huerto, la pareja tiene la
libertad y la facultad, de parte de Dios, de exhortarse y edificarse por medio de
la Palabra.

Pero esto es un proceso de humillación, pues muchas veces se equivocan los


términos y, quien conoce más de la Palabra, pretende tener la preeminencia, y
no es así, pues el único digno de tener la preeminencia sobre los matrimonios
es nuestro Señor Jesucristo. La Palabra busca corregir con el fin de
perfeccionar.

b. Por el Espíritu Santo(Jn 16:13). Es indispensable la presencia del Espíritu


Santo pues Él nos convence de nuestros errores y nos ayuda a perdonar. No
existe mejor consejero que Él y por muy difícil que parezca la situación, Él
siempre tiene la solución.

c. Sujeción a las coberturas (He. 13:17)


Debemos buscar ayuda en los ministros, pues ellos velan por el bien de
nuestras almas. Los ministros son siervos delegados por el Señor para la
conducción de sus ovejas, por lo tanto: Humíllense, pues, bajo la poderosa
mano de Dios, para que Él los enaltezca a su debido tiempo. Dejen todas sus
preocupaciones a Dios, porque él se interesa por ustedes (1 P 5:6,7).

d. Limpieza. Si uno se mantiene limpio de esas faltas, será como un objeto


precioso, consagrado y útil al Señor, apropiado para cualquier cosa buena. (2
Tm 2:21). Debemos limpiarnos y ser instrumento útil para nuestra pareja. Es
necesario permitir que a cambio de nuestra vana manera de vivir, la vida de
Cristo se desarrolle plenamente en nosotros para así disfrutar, y compartir con
nuestra pareja, los beneficios del nuevo nacimiento. Por lo tanto, el que está
unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron
en algo nuevo (2 Co 5:17).

Conclusión

Señor, abre mis labios, y con mis labios te cantaré alabanzas. Pues tú no quieres
ofrendas ni holocaustos; yo te los daría, pero no es lo que te agrada. Las ofrendas a
Dios son un espíritu dolido; ¡tú no desprecias, oh Dios, un corazón hecho pedazos!
(Sal 51:15-17).
HONRANDO EL PACTO MATRIMONIAL

Que todos respeten el matrimonio y mantengan la pureza de sus relaciones matrimoniales;


porque Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales
y a los que cometen adulterio.
Hebreos 13:4

¿Qué es honrar? Es respetar, enaltecer, apreciar, estimar, premiar, agradar. Pero,


¿qué provoca la deshonra en el matrimonio? Depende del valor que se le de. Solo se honra
lo que tiene valor. Entonces, ¿ por qué se deshonra el matrimonio? Porque pierde su valor.

El matrimonio tiene valor según el concepto que tengamos de él.

Siendo el matrimonio intituido por Dios mismo, Él ha establecido normas para su


buen funcionamiento. El hombre se ha apartado de estas normas y ha mezclado en esta
relación santa, los conceptos del mundo, por lo cual, como consecuencia, no hay respeto
hacia el pacto realizado un día entre quienes se unieron en matrimonio.

Mas Dios, en los postreros tiempos, busca la restauración plena en esta relación
maravillosa, por lo cual, por medio del Espíritu Santo, toca a la mente de cada cónyuge,
para desarraigar todo pensamiento del mundo e implantar la mente de Cristo. Por lo tanto,
se da la oportunidad para los matrimonios fundamentados en la Verdad, Cristo, de
transformar todo cuanto en otro tiempo se sembró y es causa de conflictos entre la pareja.

Dos funciones son esenciales en la vida conyugal, con las cuales el cristiano debe
ceñirse. Estas son:

1. Visión. Es necesario tener una visión clara de nuestro matrimonio y de nuestra


familia, pues de esto depende en gran parte el valor que le demos. Cristo
siempre mantuvo presente en su mente y en su corazón la visión para lo cual fue
enviado, por eso Él pudo sobreponerse a todas las situaciones que pretendieron
apartarlo de su propósito. El enemigo busca crear división entre los hijos de
Dios, y en especial en los hogares, más el Todopoderoso está en nosotros y es
capaz de realizar la obra que un día Él mismo principió en nuestra vida.

2 Tenacidad. Recordemos que Dios nos ha dado un espíritu de poder y no de


cobardía, por lo cual tenemos la capacidad de pelear las batallas hasta alcanzar
la victoria. En Cristo somos más que vencedores.

Como parte de la familia de Dios, es necesario librar batallas espirituales, pues los
dardos del enemigo vienen constantemente, pero, vistiéndonos con toda la armadura del
Señor, permaneceremos firmes.

Ante a la batalla existen tres opciones:


1. Retirarse. Desentenderse. Con esta actitud, se le confieren derechos al enemigo,
quien, ni lerdo ni perezoso, la aprovecha para provocar el mayor daño posible.
Pero el hijo de Dios no enfrenta la batalla con sus fuerzas sino con la fuerza de
Dios. Dando valor a esta verdad, toda batalla, por difícil que parezca, será fácil
de ganar.

2. Rendirse. Darse por vencido. El hijo de Dios es morada del Espíritu Santo, posee
en su ser el poder que da la presencia de Dios, por lo cual, no tiene derecho a
rendirse ante las adversidades. Su única rendición debe ser ante le Señor.

3. Vencedor. A esto hemos sido llamados. Dios confirma y certifica que: Mayor es
el que está en nosotros que quien está contra nosotros. Cristo venció y porque Él
venció nosotros también venceremos.

El matrimonio no puede darse como una simple relación, es un compromiso


adquirido de común acuerdo entre la pareja, con mayor razón en la pareja con conocimiento
de la voluntad de Dios. Esta unión se presenta así:

I. El matrimonio como pacto

En la Biblia la palabra para definir el pacto en el matrimonio, es la misma utilizada


por Dios cuando establece un pacto con su pueblo: Mi pacto no se quebrantará jamas (Is
54:10). Dios permanece fiel aunque nosotros seamos infieles

El Señor ve el matrimonio como un pacto, pero el hombre, influenciado por la


corriente del mundo, lo toma muchas veces como un simple contrato, lo cual se opone a la
voluntad de Dios.

Esta oposición a la voluntad de Dios se da muchas veces por desconocer las


características que enmarcan a un pacto. Ubiquemos estas características las cuales, si se
ponen en práctica, conducirán a la pareja hacia una nueva dimensión en su vida
matrimonial.

Características de un pacto

1. Responsabilidad sin límites. Responder ante las necesidades que se


presenten dentro del matrimonio, demostrando de esa manera el interés por
mantener la unidad en el hogar. Actuar con responsabilidad fortalece los
lazos de amor entre la pareja.

2. Muerte a la vida independiente. Evitar tener un concepto mayor de uno


mismo, dando de esta manera el correspondiente lugar a la pareja. Esto
llevará a una convivencia cordial dentro del matrimonio, y, de igual manera,
con Dios.
3. Tiene prioridad la vida compartida sobre la vida individual (Mal 2:14; Pr
2:17). El casado ya no tiene vida individual sino una vida compartida (1 Co
7:32,33). Ya no son dos sino uno mismo en el Señor.

4. No está condicionado a la lealtad del otro. Puesto que el hombre está en


proceso de restauración, aún no se ha manifestado por completo lo que habrá
de ser. Por esta razón, Dios nos lleva a un mejor pacto, el cual pide amar a
nuestro prójimo como a nosotros mismos. Esto implica sumergirnos en el
fluir del Espíritu quien nos ayuda a perdonar los errores cometidos.

II. Cómo evitar la ruptura del pacto

La forma más extrema de deshonrar al matrimonio es rompiendo el pacto establecido. La ruptura es


un proceso, no se da de la noche a la mañana, por eso es necesario detectar las pequeñas zorras que echan a
perder la viña.

El matrimonio cristiano está expuestos a continuos ataques de parte del enemigo,


quien utiliza continuamente una serie de movimientos espirituales con el propósito de
separar lo que Dios ha unido. ¿Y, cómo se manifiestan estos movimientos? Así:

a. Asechanza al espíritu (Jezabel).Así como Elías fue amenazado por Jezabel, también en
estos días el espíritu esta mujer acecha a los matrimonios con el propósito de sembrar
temor, por lo cual es necesario pedir a Dios la facilidad de discernir el tipo de asechanza
que hay sobre nuestro matrimonio para así enfrentarlo. La ventaja de los matrimonios
creyentes es que el Espíritu Santo está a su favor, y cual poderoso guerrero se levanta
para dar la victoria a los escogidos de Jehová.

b. Asechanza en el Alma (Mt 19:3). Es muy sutil pues acecha la voluntad. Mediante esta
amenaza, el enemigo pretende conseguir que el creyente le seda terreno para así
manipular nuestra carne. En el pasaje el Señor no respondió de su propia cuenta, sino
los llevó a las Escrituras, las cuales manifiestan que la voluntad de Dios no era el
repudio, más por la dureza del corazón de ellos, la ley de Moisés permite dar carta de
divorcio.

Conclusión

Cuando existe un problema en el matrimonio, la mitad de la solución del mismo está en


entenderlo y utilizar todas las armas con las cuales Dios ha provisto a quienes depositan su
confianza en Él.
FIDELIDAD EN EL MATRIMONIO

Yo te haré mi esposa y te seré fiel,


y tú entonces me conocerás como el Señor.
Oseas 2:20

La palabra fiel se deriva del griego Pistos, cuyo significado es: Verdadero, leal, exacto, incapaz de
traicionar, que no abandona nunca a nadie.

La fidelidad es un atributo divino. Quizás de todas las características de nuestro Señor, la fidelidad es
una de las más palpables para el hombre, pues esta se manifiesta en su vida a cada momento. Por su fidelidad
no somos desechados de su presencia.

La Biblia describe al hombre, vaso de barro, como poseedor de un tesoro escondido, y, dentro de este
tesoro maravilloso está la fidelidad, la cual, si adquiere vida en nosotros, permite contemplar de forma
diferente la bendición contenida en los lazos matrimoniales.

Muchos matrimonios fracasan porque, a causa de la infidelidad en la pareja, pierden su visión. Más
el propósito de Dios es restaurar los matrimonios dañados por la influencia de las trampas del enemigo y
orientarlos por el camino correcto.

Muchas veces se cae en el error de creer que la infidelidad se da solo cuando se engaña a la pareja,
pensamos solo en lo físico, pero esto también se manifiesta en lo interno, en el alma, pues recordemos que
Dios, por medio del matrimonio, nos llevó a establecer un pacto inquebrantable, el cual abarca el ámbito
espiritual.

Para quien anhela vivir la restauración, se dan a continuación ciertas características


para traer a la memoria de la pareja, la responsabilidad adquirida en el momento de contraer
matrimonio.

Entonces:

I. Cuando hay fidelidad, se adquieren funciones sacerdotales

Tanto el varón como la mujer tienen la potestad, delegada por el Señor, de


ministrar, o fungir, como sacerdote dentro del matrimonio. Esto se convierte en una forma
de medir la fidelidad.

Pero, ¿qué funciones tiene un sacerdote?

a. Cubre. La forma de cubrir de Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, era santificándose,


lo cual llevaba a los suyos grandes bendiciones. Si nosotros, como sacerdotes,
buscamos nuestra santificación, más que el oro o la plata, los nuestros disfrutarán
los beneficios, pues Dios es galardonador de los que le buscan (He 11:6).

b. Intercede. Cuando intercedemos peleamos la batalla juntamente con nuestro


cónyuge, pero muchas veces, por ignorar la necesidad que se genera en el alma
de nuestro cónyuge, permitimos que libre su batalla a solas, lo cual representa un
peligro para la estabilidad matrimonial. Esta es la función que actualmente
desempeña nuestros Señor, quien, sentado a la diestra del Padre, intercede por su
pareja, la Iglesia.

c. Ministra. Bendice a su pareja en oración. Por medio de la oración se mantiene


una comunión, y comunicación, constante con Dios, el dador de toda buena
dádiva, por lo tanto, el canal de bendición se mantiene siempre en un continuo
fluir, el cual limpia y fortalece los lazos de amor entre la pareja.

d. Representa a Dios. Desempeña una doble función. A la manera como Moisés, al


salir del tabernáculo, proyectaba la presencia de Dios al pueblo de Israel, así
nosotros, si permanecemos ante la presencia sublime de nuestro Señor, debemos
transmitirla a nuestro cónyuge.

Todas estas características son necesarias para desempeñar la función sacerdotal que
nos ha sido encomendada, y mostrar de esa manera nuestra fidelidad al Señor nuestro Dios
y a nuestro cónyuge.

Basados en estos lineamientos, el esposo tiene funciones por desempeñar, dentro de


las cuales están:

1. Proveer integralmente (espíritu, alma y cuerpo). En el alma se provee para las


emociones: amor. La relación íntima debe ser la consumación del amor que
existe hacia el cónyuge. Esto marca una relación de intimidad, pues solo así se
alcanza a conocer la necesidad que se guarda en lo más íntimo del corazón de la
persona.

2. Pastorear. A la manera como Jesús se dio a sí mismo por su amada. Cumplir la


función de Pastor implica entregar la vida pues el Buen Pastor, su vida da por
las ovejas. Dar la vida es despojarse de todo prejuicio y anteponer la necesidad
del cónyuge, incluso, a la nuestra.

3. Formar. Esta función solo puede desarrollarse con la ayuda del Espíritu Santo,
pues la imagen a formar en la persona es la de Cristo, siendo nuestro mayor
anhelo ser semejantes a Él para agradar al Padre. Se puede pensar, en base a las
líneas anteriores, que esto abarca solo el plano espiritual, pero no es así, pues lo
exterior manifiesta lo que hay en el interior. El corazón puro hermosea el rostro.

4. Es amigo. A través de una cualidad se desarrolla confianza, comunión, intimidad,


ingredientes indispensables para mantener un buena relación con los demás. El
Señor dio un valor especial a esta relación cuando le manifestó a sus discípulos el
deseo de llamarlos amigos y no siervos. Ese mismo valor debe tener en la pareja
la amistad.

5. Aconseja no impone. El matrimonio es una relación de amor, son dos seres


iguales conviviendo. Fruto de la amistad es la confianza, y en ese sentir, el
cónyuge busca obtener primeramente el consejo de su pareja.
El desempeño de estas funciones implica que, en quien se ha depositado tan grande
responsabilidad

II. Se dan cualidades (1 Tm 3:1)

Obispado, en una de sus definiciones indica pastorado, y esta función se desempeña


primeramente en casa. David cuidó ovejas en casa de su padre, lo cual fue parte de la
preparación para su futuro reinado sobre la casa de Dios.

Estas cualidades se detallan así:

1. Marido de una sola mujer, o esposa de un solo hombre. Contemplar al cónyuge.


Así como Jesús ve solamente a su amada. El libro de Cantares, el cual enmarca la
relación entre el amado y su amada, menciona a la paloma porque esta ave mira
fijamente a un punto, no tiene visón para los lados.
2. Prudente en su comportamiento.
3. Hospedador. Cobija continuamente y da refugio en los momentos difíciles.
4. Decoroso ante su pareja.
5. Apto para enseñar. Con su manera de vivir.
6. No pendenciero. Es comprensivo y evita reñir.
7. No codicioso. Antepone la necesidad de su pareja a la suya propia
8. Amable, afectuoso, cortés, atento, afable, bondadoso, gentil, servicial, accesible.
9. Apacible, dulce, suave, tranquilo, sereno.
10. No avaro.
11. Gobierna bien su casa. Manifiesta en su matrimonio el gobierno de Dios
sobre su vida.

Pero como el camino hacia la felicidad es estrecho, el enemigo trata de apartarnos de


este, para lo cual utiliza armas que se manifiestan como

III. Enemigos de la fidelidad (2 Co 11:3).

El Diablo, nuestro más acérrimo enemigo, quiere destruir los lazos de amor dentro
del matrimonio, para lo cual usa medios, los cuales, si no nos cobijamos al abrigo del
Altísimo, pueden cumplir su propósito. Parte de la batalla se gana por el conocimiento del
enemigo y sus estrategias, por lo cual se da a continuación una lista de las armas usadas en
contra de nuestro matrimonio:

a. Personas. Ciegos que buscan conducir a otros. Aquellos cuya experiencia en


su vida matrimonial ha sido mala, y por esta causa les es molesto ver la
felicidad en otras parejas, por lo cual buscan crear discordia en matrimonios
cuya relación es buena.
b. Sentidos (1 Jn 2:16,17). Medios de comunicación. La realidad artificial
presentada por medio de novelas, películas, canciones, produce esclavitud.
Todo esto provoca un desequilibrio emocional en las personas y genera
graves conflictos dentro de los hogares.
c. Mundo y su corriente. Liberación femenina, machismo, infidelidad. Todas
estas alteraciones al orden divino provocan, en quienes no se someten a la
voluntad de Dios, continuos conflictos los cuales dividen cada vez más a las
parejas.

Conclusiones

Debemos buscar primero la fidelidad a Dios y Él nos ayudará a ser fieles con nuestra
pareja, pues la fidelidad es uno de los atributos del Señor.
Si somos fieles en lo poco, nuestra pareja, seremos fieles en lo mucho, Dios.
Salmo 31:23.
LA MENTIRA EN EL HOGAR

No se mientan los unos a los otros, puesto que ya se han despojado


de lo que antes eran y de las cosas que antes hacían, y se han revestido de la nueva
naturaleza: La del nuevo hombre, que se va renovando a imagen de Dios,
su Creador, para llegar a conocerlo plenamente.
Colosenses 3:9

Para el Diablo, padre de mentira (Jn 8:44), esta es su arma favorita pues a través de
ella causa daño en la vida conyugal. Su uso se vuelve tan común, al extremo de
considerarlo algo normal en la vida del ser humano. Pero Dios no tiene amistad con la
mentira pues Él no es hombre para mentir (1 Sm 15:29).

En el hijo de Dios debiera haber el mismo sentir, pues ha sido trasladado del mundo
de tinieblas al mundo de Su luz admirable (1 P 2:9). El anhelo del Espíritu Santo es formar
la imagen de Cristo en quien ha sido tomado por hijo, y así, haya en nosotros el mismo
sentir del Señor.

Mentir, producto de una influencia espiritual, se vuelve tan natural en el hombre que
se transforma en hábito. Así como el malvado planifica sus maldades mientras duerme (Pr
4:16,17), de igual manera lo hace el mentiroso.

Este hábito no debiera darse en los hijos de Dios, más como consecuencia de la
alteración sufrida por el alma cuando estaba sin Dios y sin esperanza, aún se da, por lo cual
el Señor ofrece desarraigar esta mala influencia en quienes anhelen la plena restauración de
su vida.

Entonces,

I. ¿Por qué se da la mentira en el hogar?

a. Ministración de los padres. Desde pequeño el ser humano adquiere este hábito de
sus padres. Esto es parte de la vana manera de vivir adquirida de nuestros padres
(1 P 1:18), la cual acompaña siempre al hombre. Pero Dios en su amor y
misericordia provee en Cristo, el medio por el cual el hombre puede romper con
toda influencia ancestral.

b. Temor a perder, o querer obtener lo material. Como consecuencia del hábito de


mentir, el ser humano pierde la capacidad de enfrentar y resolver las
circunstancias adversas que se presentan a su vida, por lo cual opta por lo más
fácil, la mentira. Por ejemplo, cuando alguien no tiene los medios para cancelar
una deuda, miente de tal manera que, para evadir su responsabilidad, hasta parece
verdad la mentira inventada.

c. Para guardar las apariencias. Por la influencia del mundo, el hombre ha


aprendido a vivir por apariencia. Esta influencia ha afectado de tal manera a los
matrimonios que, para evitar los comentarios de los demás, prefieren mentir y
no buscar solución a sus problemas.

d. Por influencia de un espíritu de mentira. De hecho esta es la mayor influencia


que conduce al hombre a mentir. Esto se pretende negar, pero lo cierto es que la
Biblia hace mención sobre el espíritu de mentira (1 R 22:22), el cual afecta el
carácter del hombre. Mentir se vuelve un hábito provocado por un espíritu de
mentira.

Lo expuesto anteriormente no es un simple concepto, es una realidad, lo cual da


lugar a las

II. Consecuencias de la mentira (Gn 26:6).

La ley divina de la siembra y la cosecha, marca la realidad de que todo lo que se


hace tiene sus consecuencias. El hábito de mentir no escapa a esta ley, por lo cual
apuntamos a continuación algunas de las consecuencias de practicar la mentira en el hogar.

a. Hijos mentirosos. Por la costumbre de mentir, los padres abren puertas al


enemigo, lo cual este aprovecha para sembrar en el corazón de los niños la
semilla de la mentira, la cual, si no se erradica a tiempo, puede dañar para
siempre su vida.

b. En el ámbito espiritual se forman hijos religiosos (1 Sm 2:12). Esto se da cuando


los padres actúan en casa de manera diferente a como se comportan en la iglesia,
lo cual crea confusión en los hijos, pues ellos ven en sus padres el ejemplo de lo
que serán en el futuro. Entonces, asisten a la congregación por costumbre, pero
en su corazón no aman a Dios, y a pesar de tener conocimiento de la verdad se
apartan y se vuelven incrédulos.

c. Destrucción y castigo (Sal 5:5; Pr 19:6). No tiene ninguna comunión la luz con
las tinieblas (2 Co 6:14). Dios aborrece la mentira y por ende a quien la practica,
pues escrito está: Los mentirosos no heredarán el reino de los cielos. Jesucristo
mismo estableció los parámetros para nuestro hablar: Si o no (Mt 5:37), lo cual
excluye la tentación de mentir. Es conveniente recordar que: De la abundancia
del corazón habla la boca (Mt 12:34), entonces, si decimos que somos hijos de
Dios debemos conducirnos como tales.

Ahora bien, Dios siempre está dispuesto a brindar ayuda a quien se encuentra en
problemas, por lo cual, por medio de su Palabra escrita nos enseña

III. Cómo erradicar el hábito de mentir.

Erradicar es arrancar de raíz, y todas aquellas alteraciones en nuestra alma


solamente el Señor puede cortarlas de raíz, y conducir al creyente hacia la verdadera
libertad y paz. Por esto vemos a continuación los consejos que el Espíritu da para suprimir
la mentira de nuestra vida y de nuestro matrimonio.
a. Reconocer. Aceptar nuestra enfermedad, la mentira, y buscar ayuda en Aquel que
ofrece sanar todas nuestras enfermedades, y desea ver en sus hijos el cumplimiento
de todas las bendiciones ofrecidas a quienes se presentan delante de Él con un
corazón contrito y humillado. Reconocer implica sojuzgar nuestros deseos y
someternos a la voluntad de Dios.

b. Confesar (Sal 119:29; Pr 28:13). Es abrir nuestro corazón para que la luz del Espíritu
entre y ministre aquellas áreas de nuestra alma afectadas por la corriente del mundo.
Implica ministración, lo cual es una invitación a buscar ayuda en ministros, o
servidores delegados por estos, por medio de los cuales el Señor lleva la respuesta a
la necesidad de su pueblo.

c. Hablando verdad (Ef 4:25). Se mencionó en párrafos anteriores la exhortación de


Jesús a los suyos con respecto a su manera de responder: Que tu decir sea: si, o no
(Mt 5:37), pues: Por toda palabra que salga de nuestra boca seremos juzgados. Si en
nosotros se ha dado el nuevo nacimiento y todas las cosas viejas pasan para dar lugar
a las del Espíritu, nuestra mente es renovada y atada a los pensamientos de Cristo

Conclusión
Esto es lo que siempre deben hacer ustedes: Díganse siempre la verdad unos a otros,
juzguen con justicia y procuren la paz en los tribunales; no se hagan daño unos a
otros ni juren en falso. Porque yo odio todo eso. Yo, el Señor, lo afirmo (Zac 8:16).
ENEMIGOS DEL MATRIMONIO

Luego, Dios el Señor dijo: “No es bueno que el hombre esté solo.
Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él1
Génesis 2:18

Cuando a Luzbel, por causa de su desobediencia, le fueron quitados todos sus


atributos celestiales, se convirtió en enemigo de Dios, por lo cual, desde entonces busca
dañar a las criaturas del Señor. Es así como consiguió que la tercera parte de los ángeles
desobedeciera a Dios y se convirtieran de igual manera en enemigos del Creador.

No es difícil pensar que aquel que en un tiempo contó con el beneplácito de Dios,
hoy, quizás por envidia, busque dañar a quienes cuentan con el favor inmerecido de ser
considerados por Dios como sus hijos. Uno de sus objetivos principales son los
matrimonios, pues él conoce el misterio que encierra dicha unión, por lo cual dirige la
mayor parte de sus ataques hacia esta institución.

Desde el tiempo de Adán y Eva se puede notar el interés del enemigo por separar a
las parejas, así como también se notan las artimañas que utiliza para conseguir su propósito.

Aunque Dios instituyó y bendijo el matrimonio, hoy en día el mundo lo ha deformado, y lo que fue
establecido para ser deleite y bendición, muchas veces se convierte en carga. El matrimonio es el estado ideal
del hombre y de la mujer (Pr 18:22). Ahora bien, si el matrimonio es instituido por Dios, entonces

I. ¿Por qué hay enemigos en el matrimonio?

a. Porque el diablo quiere destruir (Jn 10:10)


En este pasaje se nota la forma como el diablo busca separar lo que Dios ha
unido. El enemigo pretende despojar a la pareja de la bendición que encierra la
unión matrimonial, y conseguir, de ser posible, la total perdición del esposo, la
esposa y los hijos. Es así como vemos el proceso que esto conlleva

1. Robar. Desproveer al matrimonio lo que Dios ha concedido (Pr 18:22).


El matrimonio fue instituido por Dios para bendición, y no hay mayor cosa
para los hijos de Dios que disfrutar de todo cuanto proviene de la mano del
Padre de las luces, lo cual implica el desarrollo integral de la pareja. El
matrimonio forma parte del proceso de restauración que el Señor ofreció al
ser humano. Esto abarca tanto el plano espiritual como el físico, pues todos
anhelamos alcanzar ser desposados con el Señor.
2. Matar. Esto abarca al amor, la confianza, la compresión, la comunicación y
la comunión. Si el enemigo consigue este objetivo dentro del matrimonio, la
pareja corre el riesgo de ser afectada en su relación con el Señor lo cual
resultaría en una muerte con consecuencias eternas, la espiritual, la muerte
segunda.

1DiosHabla Hoy - La Biblia de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas


Unidas) 1998.
3. Destruir. La unidad, paz, armonía y el gozo en la pareja. Crear un ambiente
de discordia dentro del matrimonio para apartarlos de los caminos del Señor,
y en ese estado, desarrollar su plan de conseguir que la pareja sea separada
de la presencia de Dios.

b) Se aportilla el vallado (Ecl 10:8; Ef 4:27)

Aportillar es romper. Cuando el Señor adquirió el compromiso de cuidarnos, por ser


sus hijos, nos envolvió con sus alas de amor, las cuales nada puede traspasar. De igual
manera sucede con el matrimonio, Él prometió sostener esa unión, siempre y cuando la
pareja lo permita. Ahora bien, siendo de esta manera, no deberían darse situaciones difíciles
en los matrimonios, más por la desobediencia del hombre, el enemigo toma derechos.

Ante todo esto cabe preguntar: ¿Cómo puede ser esto posible?

1. Desobediencia a la Palabra. Dios, para bendición del ser humano, ha establecido


leyes o mandamientos, y el matrimonio no es la excepción, por lo cual Él
manda:
- A la mujer: Sujetarse a quien ha sido delegado como su cabeza;
- Al varón: Considerarla como vaso más frágil.

2. Por mantener una individualidad (Mt 19:5)

La Biblia dice: Y serán una sola carne, no más dos, uno solo. Esta palabra fue dada
por Dios mismo lo cual le confiere el carácter de invariabilidad. Puede ser que la
forma de vida de cada uno antes de contraer matrimonio haya sido así: Vida
independiente, sin embargo, al menos en el caso de los matrimonios cristianos,
esto ya nos se debe dar, pues recordemos que en el Señor somos un solo
cuerpo, somos hijos de un mismo Padre, y la comunión debe prevalecer sobre
cualquier concepto humano, permitiendo de esa manera que el Espíritu Santo
sea quien conduzca el matrimonio hacia la verdadera felicidad.

2. Por infidelidad. Cuando un miembro de la pareja aparta su mirada de Cristo,


comienza a ver defectos en su cónyuge, lo cual el enemigo aprovecha para llevar
a su mente dardos que, si no se repelen en el momento, pueden cautivar nuestros
sentidos y hacernos olvidar el pacto que suscribimos delante de Dios el día
cuando nos casamos. Esta situación abarca ciertas cosas, entre ellas: Honestidad,
sinceridad, etc.

Todo lo anteriormente escrito sería una mera información si no se da a conocer

II. ¿Quiénes son los enemigos del matrimonio?

a. El mundo (Gl 1:4).


Por ser el ambiente en el cual nos formamos, ejerce gran influencia en nuestra
vida. Traemos estructuras de la vana manera de vivir de nuestros padres, la esposa
aprende de su modelo: la mamá, y el esposo aprende de su papá. En Cristo Jesús, se
debe romper con todo esto, pero es necesario buscar en la Palabra el oportuno
socorro.

b. La carne y sus obras (Gl 5:19).

La vieja naturaleza aún se manifiesta en nosotros, por lo cual muchas veces


actuamos fuera de la voluntad de Dios. Es necesario deponer actitudes como el
orgullo, la soberbia, la indiferencia, etc., lo cual no nos deja humillarnos. Es
imperante hacer morir las obras de la carne en nosotros para que la obra de Dios se
desarrolle plenamente en nuestro matrimonio.

c. El diablo. Es el enemigo acérrimo de los redimidos de Jehová y por esa causa busca
destruir toda bendición que el Señor trae a nuestra vida. El diablo conoce el secreto
que encierra la unión matrimonial, por lo cual busca por todos los medios destruir
este enlace. Dios mismo da la voz de alerta a los suyos sobre esos ataques y
juntamente con el aviso, da la salida, es así como Él aconseja: Humíllense, pues,
bajo la poderosa mano de Dios, para que él los enaltezca a su debido tiempo. Dejen
todas sus preocupaciones a Dios, porque Él se interesa por ustedes. Sean prudentes
y manténganse despiertos, porque su enemigo el diablo, como un león rugiente,
anda buscando a quien devorar. Resístanle, firmes en la fe, sabiendo que en todas
partes del mundo los hermanos de ustedes están sufriendo las mismas cosas (1 P
5:6-9).

Es interesante notar como Dios mismo se da a la tarea de sostenes aquella unión que
Él mismo bendijo. Él es Todopoderoso, sin embargo da participación a sus hijos en el
desarrollo de su restauración, por lo cual dota a los suyos de armas, las cuales no son
carnales sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Estas armas son dadas a
los hijos para que estos sepan

III. Cómo vencer a los enemigos del matrimonio

Es importante observar y poner por obra cada uno de los consejos que el Señor ha
dejado plasmado en su Palabra, pues actuando de esa manera, el caudal de bendición se
hará notorio en nuestra vida y en nuestro matrimonio. Ahora bien, ¿cómo logramos vencer
al enemigo?

a. Velando y orando (Mt 26:41). Dios conoce la intención del corazón del hombre y
sabe que en él hay disposición a hacer lo bueno, pero que las influencias externas lo
conducen muchas veces a actuar de manera indebida. Por esta razón él aconseja a
sus hijos mantener una actitud sumisa pues de esta manera:
1. Se agudizan los sentidos espirituales. Nuestro corazón se vuelve más
sensible a la voz del Espíritu, quien nos guía a toda la verdad.
2. Se evita caer en tentación. El temor reverente hacia Dios es más real en
nuestra vida.
3. Se adquiere autoridad y poder. Ante el sometimiento de nuestra voluntad a la
voluntad del Señor, somos revestidos de la autoridad y el poder de Cristo, y
en Él somos más que vencedores.
b. Firmes en la Fe. Porque Él venció, nosotros también venceremos.
No debemos vivir por lo que vemos sino por lo que creemos, vivimos de verdades y
no de realidades.
Mayor es el que está en nosotros.
Agradando al Señor. Números 14:8.
El Señor vino para restaurar y retribuir.

c. Creer que Jesús es el Hijo de Dios 1ª. Juan 5:5.


Jesús es la base del matrimonio y el único que puede prosperar, restaurar, retribuir y
bendecir nuestro matrimonio.

Conclusión:
El matrimonio es una institución divina a la cual el Señor quiere bendecir y restaurar como
al principio.
MATRIMONIO: CONTRATO O PACTO

Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa,


y los dos llegan a ser como una sola persona.
Génesis 2:24

Pacto: Promesa o acuerdo contraído entre dos partes, generalmente una superior y una
inferior, mediante una fórmula verbal o ritual, que comprometa a ambas partes. En el
lenguaje bíblico el acto representa la promesa de Dios al hombre de siempre darle vida y
paz y constante cuidado, y el compromiso del hombre de vivir conforme a las
estipulaciones del pacto.

Puesto que el matrimonio entre dos creyentes es un compromiso adquirido ante la presencia
de Dios, es de suponer que debe existir respeto solidario entre la pareja.

Dios buscó una compañera para el varón y no la encontró, tomó de su propia naturaleza o
género y formó a una ayuda excelente para él. Una ayuda es para adelantarse o reforzar,
nunca una ayuda es para halarla. Se debe contribuir a lo que el varón necesita.

I. ¿Quién instituyó el matrimonio?

a? Dios: Génesis 2:24.


Una sola carne = una unidad.
Matrimonio = unión entre un hombre y una mujer, nació en el corazón de Dios que las
parejas se unieran.

b? Es una ley: puesta por Dios en el corazón de todo hombre. Génesis 2:18.
Por no seguir lo establecido por Dios existen deformaciones: no dejar de depender de
los padres. Es intromisión de otras autoridades. Los padres pueden ser asesores para
consejo.

c? Las autoridades: Dios ha establecido autoridades humanas para que realicen el


matrimonio.
Romanos 13:1-3
 La iglesia no casa sólo bendice, es un testimonio público delante de Dios que
unieron sus vidas delante de Él.

d) Comparación entre:

Contrato Pacto
1. Convenio oral o escrito entre partes que se 1. Alianza o testimonio.
Obligan sobre una materia o cosa determinada.
2. Es frío: muchos matrimonios hechos por contrato. 2. Tiene un sentido divino, más
Temporal por cualquier situación se rompe. Profundo. Originalmente un
Sentido Eterno.
3. Es condicionado (Ej. : por separación de bienes) 3. Es por amor (para compartir
lo que Dios dé al hogar)
4. Es por conveniencia (intereses establecidos: por 4. Yugo de Cristo: la misma tribu,
dinero, posición social, cultura, etc.). fe, un mismo sentir.

II. El Matrimonio en Cristo

a? Por sujeción: Efesios 5:22. Tiene fundamento y sustentación en la Palabra. Dios


establece:
Cristo -------- cabeza -------- varón Se reconoce autoridad (donde hay
autoridad
Varón -------- cabeza -------- mujer hay unción)
 El Espíritu Santo tiene que trabajar en nosotras para comprender la verdadera sujeción,
en éste principio se origina la restauración.

a? Unidad: Marcos 10:9. Cristo dá al matrimonio una unidad indivisible. Dios lucha para
que no se separen las parejas, pero por el cuerpo de bajeza las uniones se destruyen. Por
la ruptura se hace inútil la obra del Espíritu Santo y no se da la restauración.
 El yugo es Cristo = el más joven es halado por el maduro, se establece el equilibrio, la
misma Palabra regula el matrimonio.

a? Permitir el mover del Espíritu Santo: sólo el Espíritu nos puede enseñar para que lo
viejo que hay en nosotros sea botado y salga lo bueno y nuevo.
 Temperamentos controlados por el Espíritu = entrar en armonía con Dios, se van a
someter los frutos de la carne.
 Transformados en nuestra mente y ser liberados de la vana manera de vivir heredada
por nuestros padres.
 Al darle espacio al Espíritu Santo va a trabajar nuestra vida

III. Propósito de Dios en el Matrimonio

a? Expansión de su creación: En el Edén el Señor quería que llenaran la tierra. Salmo 90:1.
 Las parejas son instrumentos que Dios usa para traer seres al mundo.
 El Señor tiene propósito con cada vida. Ej.: Ruth 4:1, Dios quería incluir a Ruth en la
genealogía de Jesús (que propósito tan lindo)
 Dios llena sus propósitos en su creación.

a? Sean felices: que vivan una vida de deleite en la tierra como pareja. Cuando no hay
atributos podemos pedírselos al Señor para agradar a nuestra pareja. Permitiendo al
Espíritu Santo que desarrolle en nosotros el amor ágape (conocemos el fileos y el eros)
así podremos amar verdaderamente. Romanos 5:5 y 1ª. Corintios 13:4-8.

c) Fidelidad: Es un atributo de Dios, el hombre sólo conoce la infidelidad. 2ª. Timoteo


2:13.
 Dios quiere que seamos fieles a la pareja.
 Infidelidad = falta de verdadero amor.
 La fidelidad conserva el pacto. Malaquías 2:15
a? La proyección de los hijos: Salmo 127:4.
 Engendrados en Cristo.
 Que como personas sean seguras de sí mismas, también al ser profesionales y sobre
todo que tengan TEMOR DE DIOS.

Conclusiones:

1? El matrimonio no es sólo bendición en la tierra, sino también en la eternidad.


2? Se puede alcanzar el éxito en el matrimonio por el pacto de la Sangre de Cristo
derramada en el Calvario, allí hay restauración: Dios se puede glorificar si se abre
espacio al Espíritu Santo.
3? El matrimonio es un camino a la perfección.
SALVANDO A LA FAMILIA
Hechos 16:31
“Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa.”

Introducción:
 Vemos la sucesión de los hechos
1? Oraban y cantaban al Señor.
2? Hubo un terremoto.
3? Se soltaron las cadenas de todos y se abrieron las puertas.
4? El carcelero intenta suicidarse al ver lo sucedido.
5? Pablo le persuade.
6? El carcelero pide luz y le pregunta a Pablo y Silas ¿Qué debo hacer para ser salvo?
 CREE: es algo individual y por ello obtenemos promesa para nuestra familia.
 El Señor nos da promesa de restauración para nuestra familia.
 Nosotros no podemos salvar, pero si mostrar el camino. Somos señales
 En el hogar es donde se ponen los cimientos para todas las cosas.
 Aunque nuestros hijos no nos satisfagan pero que el TEMOR DE DIOS ESTE EN SU
CORAZON.

I. ¿Cómo conducir a la familia para salvación?


 Hay que ganarlos, no es automático. 1ª. Pedro 3:1.
 Hay necesidad en que nos convirtamos en pastores, guías, tutores y maestros.

a? Testimonio: Es clave, a los nuestros no les podemos engañar, ellos nos conocer tal y
como somos.
Debemos preguntarnos:
 ¿Hemos cambiado nuestra vida? Para que ellos quieran lo que les ofrecemos.
 ¿Ven la realidad de Dios en nosotros? No sólo letra sino realidad. 1ª. Juan 1:1.
Ejemplo: Timoteo. 2ª. Timoteo 1:5.

a? Enseñarles el camino de salvación:


Enseñar = guiar, trasladar información, Logos que se convierte en Rhema.
Ej.: Felipe y el Etíope Hechos 8:26-40.
 Debemos llevarlos hasta el nuevo nacimiento.
 Transmitirles el Temor de Dios. Ej.: Samuel

c) Preparar a los hijos para la salvación: Eclesiátes 11:1.


 Es sembrar sin esperar de inmediato los frutos, es de trabajar y trabajar, es tirar la
semilla, hay que esperar y no cansarse. Ej.: Moisés: su madre preparó un canasto
para ponerlo en el río Nilo.

a? No obligarlos: con equilibrio.


 Amar a los nuestros.
 Llevarlos al punto que conozcan a Cristo. Judas 22-23.
Conclusión: Que ésta sea nuestra oración: Josué 24:15.

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