1
Novena compuesta por un religioso del convento del Seráfico
Padre San Francisco en Santa Fe de Bogotá en el año 1848, y
reimpresa en 1906. Imprimátur de Mons. Juan Vicente
Arbeláez Gómez, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, quien le
concedió 80 días de Indulgencia a cada oración de la
Novena.
Esta novena está inspirada en los escritos de
la “Mística Cuidad de Dios” de la Venerable
Madre Agreda, Concepcionista Franciscana
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros
✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del
Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Me pesa, Señor, de todo corazón el haberte ofendido por ser
Tú quien eres, porque te amo sobre todas las cosas, y
propongo firmemente con tu gracia no volver a pecar más.
Oración para todos los días
Soberana Señora, Emperatriz de los Cielos y tierra, Estrella
refulgente del mar, que fija en los candores de tu Inmaculada
pureza diriges los errados navegantes, hijos de Adán. Yo el
más indigno de todos ellos, me postro ante tu Sagrada
2
Imagen, venerándote en el primer instante de tu Purísima
Concepción, desde el cual fuiste escogida para Madre de Dios
y Virgen Purísima, y te suplico en esta novena, que consagro
a tus aras, que te dignes de ser mi Madre, pues lo eres de
todos los miserables hijos de Adán; y me alcances del trono
de la Beatísima Trinidad pureza de intención y conformidad
con su santísima voluntad, para que por tu santísima
intercesión sean mis súplicas oídas de su piedad; y en especial,
Señora, se digne concederme el remedio de esta especial
necesidad que te manifiesta mi corazón, lo que con gran
confianza espero de tus piedades para que, una vez
conseguida, te rinda en esta vida las gracias, hasta que logre
alabarte en la gloria eternamente. Amén.
Día Primero
(29 de Noviembre)
Consideración para este día
«Fui creada desde el principio, antes de todos los siglos»
(Eclesiástico 24, 14)
Contemplemos cómo habiendo llegado al trono de la
Beatísima Trinidad las humildes súplicas de San Joaquín y
Santa Ana, padres de María Santísima, se determinó en aquel
Divino Consistorio dar cumplimiento a sus deseos, y así
determinó Dios Uno y Trino, llegada la plenitud de los
tiempos y el momento de cumplir el plan de la Redención,
manifestarlo al Arcángel San Gabriel en esta forma: «Gabriel,
ilumina, vivifica y consuela a Joaquín y Ana, nuestros siervos,
y diles que sus oraciones llegaron a nuestra presencia, y sus
ruegos son oídos de nuestra clemencia. Promételes que
recibirán fruto de bendición con el favor de nuestra diestra, y
que Ana concebirá y dará a luz una hija, a quien le damos
por nombre MARÍA».
Consideremos como con esta determinación descendió al
punto el Arcángel en forma humana, más refulgente y
3
hermoso que el sol, y se les apareció a los padres dichosos de
María Santísima, y les anunció la Concepción dichosa de esta
Divina Niña, advirtiéndoles que era en todo maravillosa esta
embajada, pues la Hija que había de concebir había de ser
grande, escogida, poderosa, llena del Espíritu Santo, y que su
Concepción alegraría al cielo y la tierra.
Se medita por un momento, y se rezan nueve Avemarías y luego se
dice la siguiente
Oración para el día Primero
¡Oh Soberanos y esclarecidos Santos Joaquín y Ana! Todos
los que hemos empezado esta novena en honra de la
Concepción de su Santísima Hija María, nuestra Señora, les
damos mil parabienes del feliz anuncio que les dio el Santo
Arcángel y gozándonos de su gozo, les suplicamos
humildemente nos alcancen que la Santísima Trinidad,
purifique nuestras conciencias con sus divinos auxilios, para
que concibamos pensamientos, palabras y obras libres de
toda impureza, que dignamente prosigamos esta novena, y
nos alcancen de su Santísima Hija y Señora nuestra, las
especiales súplicas que en ella le hacemos, para que
purificados en esta vida le sirvamos fieles, y en la otra le
alabemos para siempre. Amén.
Salutaciones para todos los días
1) Ave María Santísima, Señora nuestra, llena de gracia,
Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen. Por esta
infinita dignidad e incomparable prerrogativa tuya, y por
el singular privilegio de tu purísima Concepción, te
suplico, que pues el Padre, como a Hija suya, te hizo
poderosísima, que en vida y en muerte me libres del
poder del demonio. Amén.
Se rezan un Avemaría y Gloria
4
2) Ave María Santísima, Señora nuestra, llena de gracia,
Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen. Por esta
infinita dignidad e incomparable prerrogativa tuya, y por
el singular privilegio de tu purísima Concepción, te
suplico, que pues el Hijo, como a Madre suya, te hizo
sapientísima, que me alcances de su Divina Majestad una
fe constante y una esperanza firme, y que ni en vida ni en
muerte me pueda pervertir alguna ignorancia o error.
Amén.
Se rezan un Avemaría y Gloria
3) Ave María Santísima, Señora nuestra, llena de gracia,
Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen. Por esta
infinita dignidad e incomparable prerrogativa tuya, y por
el singular privilegio de tu purísima Concepción, te
suplico, que pues el Espíritu Santo, como a Esposa suya, te
enriqueció de una caridad inmensa, alcances que mi
corazón perpetuamente se abrase en el fuego del amor
divino. Amén.
Se rezan un Avemaría y Gloria
4) Ave María Santísima, Señora nuestra, llena de gracia,
Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen. Por esta
infinita dignidad e incomparable prerrogativa tuya, y por
el singular privilegio de tu purísima Concepción, te
suplico, que pues la Santísima Trinidad te hizo templo
suyo, sustentado sobre las columnas de las más sólidas
virtudes, que me alcances de su Divina Majestad que
participando de tus virtudes, sea yo vivo templo suyo en
tiempo y eternidad. Amén
Se rezan un Avemaría y Gloria
5
Gozos
Para los días 1, 3, 5, 7 y 9
Todo el mundo en general
te cante con alegría:
Sois concebida, María,
Sin pecado original.
Si Dios legislador pudo
dar en la ley excepción,
y hacer que en la Concepción
fueras la Vara sin nudo;
armada estas con escudo
de exenta en la Ley penal:
Sois concebida…
Si en gracia con su poder
Dios a los Ángeles creó,
esto mismo ejecutó
en tu primer ser;
que así quiso disponer
tu claustro virginal:
Sois concebida…
Si tú fuiste decretada
ante toda criatura,
ya quedaste, Virgen Pura,
de la culpa preservada,
para cerrarle la entrada
a la Serpiente infernal:
Sois concebida…
Si en el diluvio se ve
que a todo el mundo anegó;
y no obstante se salvó
solo el Arca de Noé,
verdadero anuncio fue
que eres Arca Celestial:
Sois concebida…
6
Si viendo Moisés que ardía
la zarza, y no se quemó,
que la culpa no te tocó
confiesa la Iglesia pía,
porque Dios, que te protegía,
te libró de incendio tal:
Sois concebida…
Si su corriente el Jordán
pasando el Arca, cortó,
tu Concepción pasó
sin las corrientes de Adán,
que su contagioso afán
suspendió reverencial:
Sois concebida…
Si aquel decreto de Asuero
no se extendió con Ester,
tampoco a ti comprender
en el instante primero
pudo la culpa, ni el fuero
del decreto universal:
Sois concebida…
Si Dios como Omnipotente
libró tu Concepción,
con pía y acorde unión
cantaremos igualmente,
diciendo de gente en gente
con aplauso universal:
Sois concebida…
Si con tierna devoción
América te ha elegido
por patrona y aplaudido
del Papa la decisión,
sea tu protección
para América especial.
Sois concebida…
7
Todo el mundo en general
te cante con alegría:
Sois concebida, María,
Sin pecado original.
Por la siguiente antífona y oración, el Papa Pablo V, mediante
decreto del 10 de Julio de 1615, concede 100 días de Indulgencia.
Antífona
Esta es la vara en la cual no hubo ni el nudo del pecado
original, ni la corteza de la culpa actual.
V/. En tu Concepción, oh Virgen, fuiste Inmaculada;
R/. Ruega por nosotros al Padre, cuyo Hijo concebiste
Oración Final
¡Oh, Dios!, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen
María preparaste digna morada para tu Hijo; te rogamos
que, así como la preservaste a Ella de toda mancha por la
muerte prevista de tu mismo Hijo, así también nos concedas
que, mediante su intercesión, lleguemos limpios de toda
culpa a tu presencia. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor,
que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es
Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo.
Amén.
Gozos
Para los días 2, 4, 6 y 8
Santa Iglesia Universal,
repite con alegría:
8
Sois concebida, María,
Sin pecado original.
Arboles de la montaña
que alzan las copas al cielo
nieves, escarchas y hielo
y bramador vendaval.
bendigan a su Reina
casto lirio virginal
Sois concebida…
Linda flores de los valles
y flores de los jardines
violetas, rosas y jazmines
de blancura sin igual
exhalen blandos aromas
a la rosa celestial
Sois concebida…
Estrellas del firmamento
blanca luna, sol radiante,
agua clara del torrente
tan limpia como el cristal
bendigan a nuestra Madre
con este acorde triunfal:
Sois concebida…
Apacible primavera
crudo invierno, ardiente estío
fuego, granizo y rocío
y asolador temporal
ensalcen a nuestra Madre
lucero primaveral
Sois concebida…
Pobres ancianos, enfermos,
y jóvenes valerosos,
niños que duermen gozosos
sobre el seno maternal,
canten a la Virgen pía
repitiendo sin cesar:
9
Sois concebida…
Almas nobles fervorosas
en el mundo desterradas,
vírgenes puras amadas
del monarca celestial,
complazcan a su Esposo
repitiendo sin cesar:
Sois concebida…
Pueblos todos de la tierra,
señores de las naciones,
valerosos campeones
de este valle terrenal,
doblen con amor la frente
ante la Esposa eternal
Sois concebida…
Sacerdotes del Eterno,
Pontífices, confesores
y santos habitadores
de la Ciudad Eternal,
repitan mil y mil veces
a la Reina del mortal
Sois concebida…
Espíritus soberanos
que cercan nuestros altares,
ofrezcan nuestros cantares
al Rey del cielo inmortal,
y ensalcen a nuestra Reina
porque ahuyenta todo mal.
Sois concebida…
Santa Iglesia Universal,
repite con alegría:
Sois concebida, María,
Sin pecado original.
10
Día Segundo
(30 de Noviembre)
Consideración para este día
«Mancha original nunca hubo en ti» (Cánticos 4, 7).
Consideremos cómo preparados con soberanos favores y
especiales disposiciones los padres de María Santísima, llego el
momento de la creación del alma de esta augusta princesa,
alma que había de ser la complacencia del Altísimo, reflejo de
sus divinos atributos, resplandeciente prodigio de su poder, a
quien no había de tocar ni ofender la mácula de la culpa de
Adán; obra de la Omnipotencia, imagen de la Divinidad más
que cualquier otra humana creatura, y complemento de la
grande obra de la misericordia de Dios. En ella debían quedar
depositadas todas las prerrogativas y gracias concedidas a los
espíritus angélicos, y aun al hombre mismo, si este se hubiera
conservado en el primer estado de gracia en que fue creado.
El Verbo, que se había de humanar, siendo Redentor y
Maestro de los hombres, había de fundar la Ley perfectísima
de gracia y enseñar en ella a honrar a la Madre, como causa
segunda de su ser natural, a esa Madre Virgen que él mismo
eligió previniéndola y adornándola con lo más admirable,
santo y excelso de todas las gracias y dones; siendo el más
grande y singular de todos ellos el no sujetarla a la malicia del
enemigo común, sino que había de ser siempre libre de la
muerte y de la culpa.
Se medita por un momento, y se rezan nueve Avemarías y luego se
dice la siguiente
Oración para el día Segundo
¡Oh Soberana Reina de los Ángeles! Cielo hermosísimo,
adornado de divinas luces, a tus pies santísimos postrados
todos los que te veneramos en esta Novena, te damos mil
parabienes por la determinación de la Beatísima Trinidad en
11
hacerte exenta de la culpa original, y en adornar y enriquecer
tu alma de purezas y bienes celestiales, de que sumamente
nos gozamos todos los miserables hijos de Adán, y te
suplicamos humildes atiendas a nuestros ruegos,
alcanzándonos de la Beatísima Trinidad lo que te
representamos en esta Novena, y en especial un eficaz auxilio
para que purificadas nuestras almas por la confesión y
penitencia, continuando estos divinos ejercicios, merezcamos
los eternos premios de la Gloria. Amén.
Se rezan las cuatro Salutaciones y los Gozos correspondientes para
este día
Día Tercero
(1 de Diciembre)
Consideración para este día
«Ella aplastará tu cabeza» (Génesis 3, 15).
Contemplemos cómo habiéndose determinado en el
Consistorio de la Beatísima Trinidad la creación del alma de
María Santísima, Señora nuestra, manifestó el Altísimo a los
Santos Ángeles, cómo, por qué y para qué habían de cuidar
de esta Soberana Reina, y así hablando con todos les dijo:
«Ya saben cómo la antigua Serpiente, después de la señal que
vio de esta maravillosa mujer, las anda rodeando a todas y
desde la primera que creamos persigue con astucia y
asechanzas a las que conoce más perfectas, pretendiendo
encontrar entre todas a la que ha de hollar, y quebrantar su
cabeza, y cuando atento a esta purísima e incomparable
creatura la reconozca tan Santa, pondrá todo su esfuerzo en
perseguirla; pero nuestra voluntad es que a esta nuestra
Ciudad Santa, y Tabernáculo del Verbo Encarnado, tengan
especial cuidado para guardarla, asistirla, defenderla,
consolarla con digno cuidado y reverencia mientras sea
viadora entre los mortales».
12
Contemplemos cómo en la manifestación de la Divina
voluntad, recibieron los Ángeles un nuevo júbilo y gloria
accidental, y rindieron gracias al Altísimo, y con santa
emulación cada uno deseaba que le tocara en suerte ser
guardián de la Reina: entonces la Divina Majestad eligió de
los nueve Coros de cada uno cien, que son novecientos.
Luego señaló otros doce para que más de ordinario la
asistieran en forma corporal y visible; fuera de estos, designó
el Señor otros dieciocho de los más superiores, para que
subieran y bajaran por esta mística escala con embajadas de la
Reina a su Alteza, y del mismo Señor a ella; sobre todos
estos, señaló el Altísimo otros setenta Serafines de los más
allegados al Trono de la Divinidad para que confirieran con
la Princesa del Cielo y le comunicaran, del mismo modo que
ellos mismos entre sí se comunican y hablan, y los superiores
iluminan a los inferiores, que todos hacen el número de mil
Ángeles, entre Serafines y los demás de las Órdenes inferiores;
con que esta ciudad de Dios quedó superabundantemente
guarnecida contra los ejércitos infernales.
Se medita por un momento, y se rezan nueve Avemarías y luego se
dice la siguiente
Oración para el día Tercero
Soberanos y celestiales espíritus, grandes de la corte del Cielo,
fuertes que guardan el vivo Templo del mejor Salomón,
Cristo Señor nuestro, mil parabienes les damos por el gozo y
gloria accidental que recibieron en ser guardas y custodios de
la que se concebía pura y sin mancha para ser Madre del
Divino Verbo, y les suplicamos humildes nos asistan con sus
soberanos influjos, para que libres de las asechanzas de
nuestros comunes enemigos, podamos celebrar con toda
pureza esta Novena de la Inmaculada Concepción de su
Reina y Señora nuestra, María Santísima, y que se digne
concedernos lo que en ella le suplicamos, y en especial nos
guarden y defiendan de los enemigos del nombre Cristiano,
13
para que triunfando nuestras almas de su poder, sirviendo a
su Majestad en esta vida, los acompañemos en la Gloria.
Amén.
Se rezan las cuatro Salutaciones y los Gozos correspondientes para
este día
Día Cuarto
(2 de Diciembre)
Consideración para este día
«La gracia está difundida en tus labios» (Salmo 44, 3).
Contemplemos cómo prevenidas y dispuestas todas las cosas
por la Divina Sabiduría para sacar en limpio del borrón de
toda la naturaleza a la Madre de la gracia, se formó (aunque
del modo natural de las demás) pero con especiales cuidados
del Divino poder el cuerpo de María Santísima en el vientre
de Santa Ana.
Aunque este cuerpo no era capaz de los dones espirituales
antes de tener alma, más lo era de los dones naturales, y
éstos le fueron concedidos por orden y virtud sobrenatural,
con tales condiciones como convenía para el fin de la gracia
singular a la que se ordenaba aquella formación, sobre todo
el orden de naturaleza y gracia. Fue la Concepción de este
Soberano cuerpo en domingo, correspondiente a la creación
de los Ángeles, cuya Reina y Señora había de ser superior a
todos. En el siguiente sábado próximo a la Concepción del
cuerpo, se hizo la segunda Concepción, que es la que celebra
nuestra Madre la Iglesia, creando el Altísimo el Alma de su
Madre, e infundiéndola en su cuerpo con que entró en el
mundo la pura criatura más Santa, más perfecta y agradable a
sus ojos de cuantas ha creado y creará hasta el fin del mundo;
ni por sus eternidades.
Se medita por un momento, y se rezan nueve Avemarías y luego se
dice la siguiente
14
Oración para el día Cuarto
Soberana Reina de los Ángeles, Margarita preciosísima,
formada y creada maravillosamente en la concha nácar de tu
precioso cuerpo, sin las amarguras de la culpa original;
humildemente postrados a tus pies todos tus devotos, te
damos mil parabienes por tu entrada feliz en el mundo,
preciosa en el cuerpo y agraciada en el alma, y pues vienes,
Señora, a dar a nuestra naturaleza la honra que perdimos por
la original culpa, siendo excepción del divino decreto que a
todos los demás comprendió: te suplicamos rendidos nos
alcances de tu Santísimo Hijo lo que en esta Novena te
pedimos, siendo de tu agrado, y así mismo mires con ojos de
piedad al Sumo Pontífice, Colegio de Cardenales, Arzobispos
y Obispos para el buen gobierno de la Santa Iglesia, y para
que todos los Católicos vivamos en gracia y amistad de su
Majestad, para que después de esta vida merezcamos besar
tus pies en la Gloria. Amén.
Se rezan las cuatro Salutaciones y los Gozos correspondientes para
este día
Día Quinto
(3 de Diciembre)
Consideración para este día
«Fue hecha hermosa» (San Ildefonso).
Contemplemos cómo habiendo llegado aquella hora deseada
de la Concepción de María Santísima, cumplió el
Omnipotente a satisfacción el deseo que desde su eternidad
tenía de comunicar a esta Divina Señora los mayores tesoros
de gracia y virtudes que jamás se dieron, ni se darán
eternamente a otra alguna criatura, y así derramó todas las
gracias y dones en aquella alma Santísima de María en el
instante primero de su Concepción, en tan eminente grado,
cual ninguno de los Santos, ni todos juntos pudieron alcanzar.
15
Contemplemos que desde aquel instante empezó a ejercitar la
Divina Niña los actos de algunas virtudes que el Altísimo le
había comunicado, como fueron los de las tres virtudes
teologales (Fe, Esperanza y Caridad), los de la Religión, y las
demás Cardinales, que a estas siguen. Conoció a Dios como
es en sí, y como Creador y Glorificador, con heroicos actos lo
reverenció, alabó, dio gracias porque le había creado; y le
amó, le temió, adoró y le hizo sacrificio de magnificencia,
alabanza y gloria por su ser inmutable, conoció los dones que
recibía (aunque el de la Maternidad se le ocultó) y por todos
dio gracias con profundísima humillación y postraciones
corporales, que luego hizo en el vientre de su madre con
aquel cuerpecito tan pequeño, y con estos actos mereció más
en aquel estado, que todos los Santos en el supremo de su
perfección y santidad. Sea por siempre bendita y alabada.
Se medita por un momento, y se rezan nueve Avemarías y luego se
dice la siguiente
Oración para el día Quinto
¡Oh Emperatriz Soberana de los Cielos! ¡Oh prodigio
admirable del Poder de Dios! ¡Oh María Santísima, Señora
nuestra!, que desde el primer instante de tu purísima
Concepción fuiste enriquecida con todos los bienes de la
gracia y naturaleza, y como mayorazgo de la Beatísima
Trinidad, tomaste posesión de todos, desde el instante de tu
dichosa animación. Infinitos parabienes te damos por el feliz
logro de tantos bienes y te suplicamos, Señora, que a todos
los que afectuosamente celebramos esta Novena, nos
concedas lo que en ella rogamos, y en especial nos alcances
de tu Santísimo Hijo la luz que necesitamos para ejercitar los
actos de las virtudes Teologales, para que creyendo,
esperando y amando a su Majestad, humildes y reconocidos
lo adoremos y reverenciemos como a nuestro Supremo
Señor; y así mismo, Señora te pedimos mires con ojos de
misericordia a esta República y a nuestros magistrados para el
16
acierto del gobierno. Por la paz, unión y concordia de todos
los Príncipes cristianos, extirpación de las herejías y
destrucción de todas las sectas, para que rendidos todos al
yugo de nuestra Católica Fe, vivamos en gracia y te
veneremos en la Gloria. Amén.
Se rezan las cuatro Salutaciones y los Gozos correspondientes para
este día
Día sexto
(4 de Diciembre)
Consideración para este día
«El Señor santificó tu tabernáculo» (Salmo 66, 5).
Consideremos cómo entre los muchos favores que el
Todopoderoso hizo a María Santísima en aquel primer
instante de su Concepción, fue darle noticia especial y
conocimiento de la Divinidad y Trinidad Santísima, y aunque
no la vio intuitivamente y clara como Bienaventurada, sí la
vio abstractivamente con otra luz y vista inferior a la visión
beatífica, pero superior a todos los otros modos con que Dios
se puede manifestar, o se manifiesta al entendimiento creado;
porque le fueron dadas más especies de la Divinidad tan
claras y manifiestas, que en ellas conoció el Ser inmutable de
Dios, y en Él a todas las criaturas con mayor luz y evidencia
que ninguna otra criatura; conoció la creación, estado y ruina
de los ángeles rebeldes, y la justificación y gloria de los
buenos; el estado primero de Adán y Eva, con su ignorancia,
y el engaño, culpa y miseria en que por ella quedaron los
primeros padres, y por ellos todo el linaje humano, la
determinación de la Divina Voluntad para su reparación, y
cómo ya se iba acercando y disponiendo.
Por todas estas maravillas que fue conociendo por su orden
aquella Alma Santísima de María en el instante que fue unida
con su cuerpo, fue también obrando heroicos actos de las
virtudes con incomparable admiración, y para que más te
17
enamores de las piedades de esta Divina Señora, sepas que
desde aquel instante, siendo aquel cuerpecito tan pequeño,
que apenas se podían percibir sus potencias exteriores,
conociendo la caída del hombre, lloró y derramó lágrimas en
el vientre de su madre. Conociendo la gravedad del pecado
contra el Sumo Bien, y con este milagroso afecto, pidió luego
por el remedio de los hombres, y comenzó el oficio de
Medianera, Abogada y Reparadora. Y antes de conversar con
los hombres, los amaba con ardentísima caridad, y tan presto
como tuvo el ser natural, tuvo el ser su bienhechora con el
amor divino y fraternal que ardía en su abrasado Corazón, y
sus peticiones las aceptó el Altísimo con más agrado, que
todas las oraciones de los Santos y Ángeles. Sea alabada de
todas las criaturas por siempre.
Se medita por un momento, y se rezan nueve Avemarías y luego se
dice la siguiente
Oración para el día Sexto
¡Oh poderosísima Reina de los Ángeles!, dulcísimo imán de
nuestros corazones. Divina Maestra de las más heroicas
virtudes, mil parabienes te damos por la posesión de tantos
bienes con que te enriqueció el Todopoderoso desde el
primer instante de tu Purísima Concepción. ¡Oh, qué
hermosos pasos fueron los tuyos!, Hija del Príncipe, pues con
ellos primero llegaste a la Divinidad. Divinos son tus ojos,
pues con ellos robaste el corazón de Dios. Tu piedad
imploramos todos los que devotos asistimos a tus cultos, y te
pedimos nos alcances todo lo que en esta Novena te
suplicamos, y pues por el conocimiento de la culpa lloraste
nuestras miserias, alcánzanos lágrimas de perfecta contrición,
y no permitas, Señora, que en esta Novena quede alguno en
culpa mortal, sino que purificados todos por una buena
confesión, firmes en el propósito de no ofender más a tu
Santísimo Hijo, después de esta vida celebremos tus purezas
en la Gloria. Amén.
18
Se rezan las cuatro Salutaciones y los Gozos correspondientes para
este día
Día séptimo
(5 de Diciembre)
Consideración para este día
«Descansé igualmente en la ciudad santificada»
(Eclesiástico 24, 15).
Contemplemos, cómo en aquella visión que tuvo el
evangelista San Juan, en que vio «la ciudad santa, la Nueva
Jerusalén, que descendía del Cielo preparada como la esposa
adornada para su esposo», le manifestó el Altísimo al
Evangelista sagrado todos los misterios, gracias y privilegios
de la Concepción en gracia de María Santísima Señora
nuestra; y así la llama Nueva, porque todos sus dones,
grandezas y virtudes fueron nuevas, y causan nueva maravilla
a los Santos, y porque vino sin el contagio de la culpa, y
descendió de la gracia por nuevo orden suyo, y lejos de la
común ley del pecado; y nueva porque entró en el mundo y
triunfando del demonio y del primer engaño, que fue la cosa
más nueva que en él se ha visto desde su principio. Y como
todo esto era nuevo en la tierra, y no pudo venir de ella, dijo
que bajó del Cielo, y aunque por común orden de la
naturaleza desciende de Adán, pero
no vino por el camino ordinario
de la culpa, pues solo para esta
divina Señora hubo otro
decreto de la Divina
Predestinación, y se abrió
nueva senda por donde
viniese, y así nueva bajó
desde el Cielo de la mente y
determinación de Dios; y dice
que bajó como esposa
adornada, porque así como
entre los mortales se buscan los
19
mejores adornos para el día de los desposorios, ¿qué
adornos, qué preparación, qué joyas serían las que puso el
Altísimo en el cuerpo y alma de la que siendo su esposa, se
concebía para madre del Unigénito del Padre? ¡Y más siendo
el Señor que la adornó Dios Omnipotente, infinito y rico sin
medida ni tasa!
Y así, almas, admiradas con júbilo y alabanza, pregunten
¿Quién es esa que sale como aurora, hermosa como la Luna,
escogida como el Sol, terrible como ejércitos bien ordenados?
Y les responderán los Ángeles: «Esta es María Santísima, única
Esposa y Madre del Omnipotente, que bajó al mundo
adornada y preparada como Esposa de la Beatísima Trinidad
para su Esposo y para su Hijo, concebida en los candores de
la gracia. Te alaben eternamente todas las creaturas».
Se medita por un momento, y se rezan nueve Avemarías y luego se
dice la siguiente
Oración para el día Séptimo
¡Oh Reina de los Ángeles! ¡Oh
hermosísima Esposa del Cordero
inmaculado! ¡Oh mística Ciudad de
refugio, y amparo para todos!
Humildemente postrados a tus
Sacratísimos pies, te damos continuos
parabienes de los adornos de
excelentes virtudes y prerrogativas
con que te adornó el Altísimo en
el primer instante de tu Purísima
Concepción, y te suplicamos
rendidos nos concedas lo que
en esta Novena te
representamos, y en especial,
Señora, que nos alcances de
tu Santísimo Hijo el que
adorne nuestras almas de
20
todas las virtudes y destierre de ellas todos los vicios, para
que sirviéndole en esta vida con tu amparo, logremos verlo
eternamente en la Gloria. Amén.
Se rezan las cuatro Salutaciones y los Gozos correspondientes para
este día
Día Octavo
(6 de Diciembre)
Consideración para este día
«Reina concebida sin pecado original»
(Invocación añadida por Pío IX a la Letanía Lauretana).
Esta ciudad mística de María Santísima, dice el evangelista,
«tenía un alto y gran muro». Contemplemos cómo son
altísimos los misterios que en esta mística Ciudad, María
Santísima, están encerrados, y para conocer algunos,
consideremos cómo cuando en el primer instante de su
Concepción se le manifestó la Divinidad en aquel modo (que
queda dicho en el día sexto de la Novena), entonces la
Beatísima Trinidad, como renovando los antiguos Decretos
de engrandecerla, hizo un acuerdo, y como contrato con esta
Señora (aunque no se lo dio a conocer por entonces), pero
fue como confiriéndolo entre sí las tres Divinas Personas, y
fue en esta forma:
«A la dignidad que damos a esta pura criatura de Esposa
nuestra, y Madre del Verbo que ha de nacer de ella, es
consiguiente y debido constituirla Reina y Señora de todo lo
creado, y sobre los dones y riquezas de nuestra Divinidad que
para sí misma la dotamos y concedemos, es conveniente
darle autoridad para que tenga mano en los tesoros de
nuestras misericordias infinitas, para que de ellos pueda
distribuir y comunicar a su voluntad las gracias y favores
necesarios a los mortales, señaladamente a los que como hijos
y devotos suyos la invocaren, y que pueda enriquecer a los
21
pobres, remediar a los pecadores, engrandecer a los justos, y
ser universal amparo de todos.
Y para que todas las criaturas la reconozcan por su Reina,
Superiora y depositaria de nuestros bienes infinitos con
facultad de poderlos dispensar, le entregaremos las llaves de
nuestro pecho y voluntad, y será en todo la Ejecutora de
nuestro beneplácito con las criaturas. Le daremos además de
esto, el dominio y potestad sobre el dragón, nuestro
enemigo, y todos sus aliados los demonios, para que teman
su presencia y su nombre, y con él se quebranten y
desvanezcan sus engaños, y que todos los mortales que se
acogieran a esta ciudad de refugio se hallen ciertos y seguros,
sin temor de los infernales espíritus y sus falacias».
Consideremos por último, cómo sin manifestarle este decreto
al Alma de María Santísima en aquel instante primero le
manda el Señor que orase con afecto; y que pidiese la eterna
salud, y en especial por los que a ella se encomendaran en el
discurso de su vida, y le ofreció la Beatísima Trinidad, que en
aquel rectísimo Tribunal nada le será negado. Bendita seas
para siempre.
Se medita por un momento, y se rezan nueve Avemarías y luego se
dice la siguiente
Oración para el día Octavo
¡Oh Soberana Reina de los Ángeles! Señora universal de todas
las criaturas, tesorera y depositaria de las piedades:
humildemente postrados a tus santísimos pies todos tus
devotos, y en especial todos los pecadores, te damos eternos
parabienes de los especiales privilegios y singulares mercedes
con que te enriqueció la Beatísima Trinidad desde el instante
primero y graciosísimo de tu Purísima Concepción, y te
suplicamos rendidos nos concedas misericordiosa el especial
favor que en esta Novena representamos, pues en tus manos
22
puso el Altísimo la dispensación de todos los bienes;
enriquece nuestras almas con todas las virtudes de que
necesitamos para servir a tu Santísimo Hijo, y adelantar tus
cultos, y no permitas, Señora, que en esta Novena muera
alguno en pecado mortal, para que sean todos tus ruegos
aceptados a los Divinos ojos, y viviendo en su gracia,
logremos por tu intercesión, la Gloria. Amén.
Se rezan las cuatro Salutaciones y los Gozos correspondientes para
este día
Día Noveno
(7 de Diciembre)
Consideración para este día
«Yo soy la Inmaculada Concepción»
(Palabras de Nuestra Señora en Lourdes).
Los fundamentos del muro de aquella Ciudad que vio San
Juan, estaban adornados con todas las piedras preciosas. Es
esta Ciudad, María Santísima, los muros, su fortaleza y
seguridad; las piedras preciosas, su hermosura, alteza de
santidad y dones, y su Concepción Purísima, que es el
fundamento de todo lo cual hemos de contemplar, que desde
el primer instante de su Concepción, fue adornada por la
Beatísima Trinidad de todos los dones y virtudes que
representan estas preciosas piedras, y le fueron conferidos los
privilegios correspondientes.
En la primera, que es el Jaspe, se le dio fortaleza y constancia
para la ejecución de todas las virtudes en el grado más
heroico que se puede considerar, y a esta correspondió el
privilegio de superioridad e imperio sobre Lucifer y todos los
infernales espíritus, para mandarlos y arrojarlos a los
Infiernos, cuando la Reina gustase. En el segundo, que es el
Zafiro, se le concedió una grandiosa serenidad y paz interior
y exterior, para que como Cielo inmutable, gozase de una
paz serena y sin nubes ni turbación, y el privilegio
23
correspondiente para comunicar sosiego y serenidad de
entendimiento a quien se la pidiere por medio de su
intercesión. En el Calcedonio, que fue la tercera, se le significó
su Santísimo Nombre y las virtudes que tendría, no más que
nombrado con reverencia, y el privilegio fue darle virtud a
este nombre para desterrar las densas nubes de la infelicidad,
y destruir los errores de las herejías, paganismo, idolatría y
todas las dudas de la Fe Católica.
En la cuarta, que fue la Esmeralda, se le comunicó gracia de
amabilidad y dulzura devota, y por privilegio, que pudiese
comunicar estas gracias a quien de veras la amase. En la
quinta, que es el Sardonio, se le comunicó la similitud con su
Santísimo Hijo, al privilegio de hacer por su intercesión eficaz
con sus devotos, el valor de la Redención. En la sexta, que es
el Sardio, se le comunicó el incendio del amor divino con que
ardía incesantemente desde su Purísima Concepción, y el
privilegio para dispensar el influjo del Espíritu Santo, su amor
y sus dones, con todos los que por medio de esta Divina
Señora le pidiesen.
En la séptima, que es el Crisólito, se le comunicó amor a la
Iglesia Militante y la ley de gracia, y el privilegio de alcanzar,
a quien le llamare, gracia con que disponerse para recibir los
Santos Sacramentos. En el octavo, que es el Berilio, se le
comunicaron con singularidad las virtudes de Fe y Esperanza,
y el privilegio de dar a sus devotos esfuerzo y paciencia en los
trabajos. En la novena, que es el Topacio, la pureza de su
virginidad perpetua, junto con el ser Madre de Dios, y el
privilegio de ser maestra y guía de vírgenes y castas.
En la décima, que fue el Crisopacio, se le concedió inmóvil
firmeza en la esperanza, y el privilegio de que fuese eficaz
medianera para sus devotos esta ciudad. En el undécimo, que
fue el Jacinto, se le infundió un amor intensísimo de la
Redención del linaje humano, y el privilegio de alcanzar el
24
fruto de la Redención para los pecadores que la llamasen de
veras. En la duodécima, que fue la Amatista, se le dio virtud
para afligir con su presencia a los demonios, y el privilegio de
expelerlos de los cuerpos humanos, con la invocación de su
Santísimo Nombre. Todas las criaturas te alaben por todos los
siglos. Amén.
Se medita por un momento, y se rezan nueve Avemarías y luego se
dice la siguiente
Oración para el día Noveno
¡Bellísima soberana de nuestras almas! ¡Brillante estrella que
nos guías en el tempestuoso mar de esta vida! ¡Lucero
hermoso de la mañana, que te anticipas risueña a la luz del
claro Sol de justicia, anunciándonos sus misericordias y sus
bondades! ¡Mensajero bendito de paz, anuncio de alegría!
Tuyos somos, Madre amabilísima, y deseamos serlo por toda
la eternidad, especialmente los que devotos y amantes hemos
llegado al fin de este
Novenario, que rendidos te
hemos ofrecido en prueba
de amor y fidelidad. Y pues
tan próspera eres, y tan
poderosa con su Alteza: te
suplicamos, Señora, mires
con ojos de misericordia a
tus siervos pobres y
miserables, y con los dones
que el Señor puso en tus
manos para distribuirlos a los
necesitados, repara nuestra
vileza, enriquece nuestra
desnuda pobreza, y
compélenos como Señora,
hasta que eficazmente
25
queramos y obremos lo más perfecto y hallemos gracia en los
ojos de tu Santísimo Hijo, Señor nuestro.
Ruega, Señora, por nosotros, y por todos los que creen,
confiesan y defienden el dogma de tu pura e Inmaculada
Concepción, definido por el augusto Pontífice Rey y Vicario
de Jesucristo, el inmortal Pío IX, tu hijo predilecto. Protege a
toda la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, hoy perseguida
y atacada por los emisarios de Satanás, perversos y
usurpadores. Protege a todo el Episcopado y clero católico, y
a nuestros dignos Prelados; ilumina a los ciegos incrédulos,
sostén a los que padecen por tu causa, y danos a todos fuerza
contra tus enemigos para que, después de pelear con ánimo
resuelto y alegre las batallas del Señor en este mundo en que
militamos como soldados de Cristo y tuyos, vayamos a recibir
algún día su bendición, y de tus divinos labios una dulce
sonrisa de aprobación que sea nuestra eterna recompensa.
Amén.
Se rezan las cuatro Salutaciones y los Gozos correspondientes para
este día
Oración para todos los días
María madre admirable a tus pies venimos para meditar tus
virtudes y celebrar tus alabanzas. Tú vas a hacer durante estos
nueve días el objeto de nuestra contemplación. Tú centro de
nuestros deseos, muéstrate pues, tan bella y tan perfecta
como eres a través del espeso velo de nuestra carne; disipa la
niebla de nuestro entendimiento para que te conozcamos,
reanima el desmayo de nuestro corazón para que te
cantemos según mereces y subyuga la voluntad rebelde a tus
santos deseos.
26
Admiración y amor yo no puedo rehusártelos mientras sea
capaz; mas para imitarte oh Señora necesito el auxilio de la
gracia que por ti distribuye el Omnipotente. Grande es mi
debilidad y mi miseria; mas Tú no querrás que un alma y un
corazón que desde hoy se te consagran de veras permanezcan
fuera de tu amor y de la ley y amor de Jesucristo. Amén.
Día Primero
(29 de Noviembre)
“El altísimo ha santificado su tabernáculo” (Salmo 45,4)
Madre Inmaculada; tu gloria es sin par como tu pureza sin
mancilla y una y otra ceden en esperanza y bien de nosotros
tus hermanos en Adán y tus hijos en Jesús. En la general
prevaricación primera de que todos nos hicimos reos cábenos
el consuelo de tu preservación santísima; una y mil veces nos
gozamos en proclamarla y aceptamos como honor común a
la humana raza y prenda del valimiento y protección
soberana, el que uno de sus miembros permaneciera sin
contaminarse, siempre puro, siempre aceptable a los ojos del
Señor.
Pero ¿qué vale un privilegio
celebrar, no cuidando de
conservar la divina gracia? Tú
tan Santa, nosotros tan
corrompidos; Tú tan vigilante,
nosotros tan descuidados; Tú
tan fuerte y humilde, nosotros
tan débiles y presuntuosos.
Madre de Dios y Madre
nuestra; no permitas que Jesús
sea ofendido y que nosotros
le ofendamos, danos un
corazón contrito y humillado.
Amén.
27
Jaculatoria
Madre Inmaculada hazme casto de alma y cuerpo. Madre
Inmaculada dame fuerza y valor en las tentaciones.
Madre Inmaculada sé mi confianza en la vida y mi amparo en
la hora de mi muerte.
Se hace la petición…
Gozos
Santa Iglesia Universal,
repite con alegría:
Sois concebida, María,
Sin pecado original.
Arboles de la montaña
que alzan las copas al cielo
nieves, escarchas y hielo
y bramador vendaval.
bendigan a su Reina
casto lirio virginal
Sois concebida…
Linda flores de los valles
y flores de los jardines
violetas, rosas y jazmines
de blancura sin igual
exhalen blandos aromas
a la rosa celestial
Sois concebida…
Estrellas del firmamento
blanca luna, sol radiante,
agua clara del torrente
tan limpia como el cristal
bendigan a nuestra Madre
con este acorde triunfal:
Sois concebida…
28
Apacible primavera
crudo invierno, ardiente estío
fuego, granizo y rocío
y asolador temporal
ensalcen a nuestra Madre
lucero primaveral
Sois concebida…
Pobres, ancianos, enfermos,
y jóvenes valerosos,
niños que duermen gozosos
sobre el seno maternal,
canten a la Virgen pía
repitiendo sin cesar:
Sois concebida…
Almas nobles fervorosas
en el mundo desterradas,
vírgenes puras amadas
del monarca celestial,
complazcan a su Esposo
repitiendo sin cesar:
Sois concebida…
Pueblos todos de la tierra,
señores de las naciones,
valerosos campeones
de este valle terrenal,
doblen con amor la frente
ante la Esposa eternal
Sois concebida…
Sacerdotes del Eterno,
Pontífices, confesores
y santos habitadores
de la Ciudad Eternal,
repitan mil y mil veces
a la Reina del mortal
Sois concebida…
29
Espíritus soberanos
que cercan nuestros altares,
ofrezcan nuestros cantares
al Rey del cielo inmortal,
y ensalcen a nuestra Reina
porque ahuyenta todo mal.
Sois concebida…
Santa Iglesia Universal,
repite con alegría:
Sois concebida, María,
Sin pecado original.
Oración Final
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha
oído decir que ninguno de los que han acudido a tu
protección, implorando tu asistencia y reclamando tu
socorro, haya sido abandonado de ti.
Animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Madre,
Virgen de las vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de
mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia
soberana.
No deseches mis humildes súplicas, oh Madre del Verbo
divino, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente.
Amén.
Día Segundo
(30 de Noviembre)
“Mancha original nunca hubo en ti” (Cánticos 4,7)
Madre Inmaculada vaso de honor y predilección que el
Eterno llenó de sus gracias hasta el colmo. Cuánta es la
30
grandeza de tus designios, cuánta la santidad con que a ella
correspondiste. Llenaste los designios más altos, apareciste
como la obra maestra del poder divino y el más vivo reflejo
de sus infinitas perfecciones y cada uno de los instantes de tu
vida mortal se exhaló al pie de su trono cual precioso aroma.
Míranos formados de barro quebradizo, y trocados en vasos
de corrupción por más que sobrenaturales gracias en copiosa
medida han llovido también sobre nuestra alma.
El Señor como a Madre suya, te predestinó a ser modelo
nuestro en la tierra y nuestro amparo y defensa en el cielo.
No suceda no, que este título tuyo tan glorioso quede sin
cumplimiento respecto de nosotros. Tu destino es ser madre
mía y el mío es ser hijo tuyo. Concédeme que sienta hacia ti
aquel amor que es una prenda casi segura de salvación.
Imprime en mi tu imagen como en ti se imprime la de Dios y
tu Voluntad que es la suya, haga que la mía quiera lo que
quieres. Tú ocupas el excelso trono que para ti, estaba
asentado sobre los coros de los ángeles. Oh, no permitas que
por mi culpa quede vacío el lugar que me preparó tu hijo en
la patria celestial. Amén.
Día Tercero
(1 de Diciembre)
“Tú has hallado gracia delante de Dios” (Lucas 1,8)
Inmaculada y Purísima María Madre de Dios; tú eres superior
a todos los santos y después de Jesucristo, tú sola has hallado
gracia delante de Dios en el privilegio de tu santa concepción.
Oh excelsa princesa: cúbrenos con el manto de tu
misericordia: oh virgen Inmaculada nos acogemos a la
sombra de tu amparo y nos cobijamos con tu manto y con
filial confianza te suplicamos que aplaques con tus suplicas el
enojo del Hijo, provocado por nuestros pecados para que no
nos desampares y nos dejes en poder del demonio nuestro
cruel enemigo. Oh María llena la gracia alumbra nuestro
31
entendimiento, suelta nuestras lenguas para que canten tus
loores en el misterio de tu Inmaculada Concepción. Amén.
Día Cuarto
(2 de Diciembre)
“Me Elevare e iré a ver el gran prodigio de que no se quema la
zarza” (Éxodo 3,3)
Tú eres, Virgen purísima aquella única mujer en quien el
Salvador halló su descanso y a quien sin reservas franqueó
todos sus tesoros. Por esta razón venera la Iglesia tu
Inmaculada Concepción, privilegio sobre todos los demás
pues en ti como en templo de Dios se dio principio a la
salvación del mundo y se hizo la reconciliación entre Dios y
los hombres.
Tú eres aquel huerto cerrado oh gran Madre de Dios, en el
cual no entró ser alguno que mancillara tu pura alma, eres
aquel hermoso jardín en el que puso Dios todas las flores: tú
eres el paraíso de donde salió la fuente de agua viva que
fecundizó toda la tierra. Te alabo por los beneficios que has
dispensado al mundo; tú eres el manantial por donde se nos
comunican todos los bienes y las gracias. Oh madre mía,
alcánzame lo que necesito para mi salvación. Amén.
Día Quinto
(3 de Diciembre)
“Yo soy la flor del campo y el lirio de los valles” (Cantar 2,1)
Oh Virgen bendita; me complazco de que vengas al mundo
llena de gracia y escogida entre todos los ángeles y santos.
Bendigo la infinita misericordia de Dios, quien por ti nos
mostró abiertas las puertas del cielo, que la culpa nos tenía
cerradas. Ruego, Madre mía me alcances del Señor la gracia
de apartarme de las ocasiones de pecado para cantar
dignamente tus glorias. Socórrenos oh misericordiosa Señora
sin fijarte en la multitud de nuestros pecados; bien sabes la
32
necesidad que tenemos de nuestra asistencia a ti pues nos
encomendamos; has Señora que no nos perdamos sino que te
sirvamos y amemos. Amén.
Día sexto
(4 de Diciembre)
“Esta ley de muerte no ha sido dada para ti, sino para los demás”
(Ester 15,11-13)
Cándida azucena de los jardines celestiales. Purísima María,
única privilegiada criatura que has atravesado este valle de
dolor sin ser herida con las espinas de la culpa ni aficionada
por la concupiscencia; para quienes en atención a los méritos
de Jesucristo, se suspendió la fatal ley de la humana
naturaleza que alcanza a todos los desentiendes de Adán.
Pura y en fin santísima no solo antes de nacer, sino desde el
instante mismo de tu concepción. Toda la humanidad te
saluda, Madre mía y se felicita de tus incomprensibles
privilegios viendo en ti y en ellos la garantía de su
restauración. En ti cifro mis esperanzas de salvación después
de Dios: Madre mía, intercede por este infeliz pecador que
desea alabarte eternamente en la gloria. Amén.
Día séptimo
(5 de Diciembre)
“Pero a ti no te daré muerte porque llevaste el Arca del Señor”
(Reyes 2,26)
Purísima radiante, gloriosa Madre mía, dulcísima alegría de
este valle de dolor; te venero como bendición para los
hombres, eres la causa de nuestra alegría, pues por tu medio
rasgó Jesucristo la sentencia de muerte mudándola en fuente
de bendición. Te saludo templo de la gloria de Dios, casa
sagrada del Rey del cielo. Tú con Jesucristo reconciliaste a los
hombres con su Dios, te venero Madre de los pecadores;
ciertamente mereces ser bendecida, porque sólo tu entre
33
todas las mujeres fuiste digna de ser Madre de nuestro
Creador en donde, como en purísima escala subieron los
suspiros de la tierra y bajaron las esperanzas del cielo.
Oh María: si pongo mi confianza en ti alcanzaré los medios
de mi salvación y si me coges bajo tu dulce amparo, nada
temeré porque para tus verdaderos devotos eres un escudo
impenetrable en los asaltos de nuestros enemigos. Madre de
Dios, ampáranos. Amén.
Día Octavo
(6 de Diciembre)
“Oh, llegaos a mí, para que se llenen de la dulzura de mi corazón”
(Sir. 24-19)
Purísima alegría del valle del dolor; Madre de misericordia:
aplaca a tu Hijo; tú que estas en lo más alto del cielo y todos
los del mundo, valle de lágrimas, te reconocemos como
nuestra abogada. Te rogamos pues oh virgen María que nos
concedas el socorro de nuestras súplicas delante de Dios,
suplicas más estimables y preciosas que todos los tesoros de la
tierra, súplicas que obligan al Señor a perdonar nuestros
pecados y nos alcanza abundancia de beneficios; súplicas que
ahuyentan a nuestros enemigos y confunden sus proyectos y
ataques, vida y esperanza nuestra, consuélanos, no nos
abandones a nosotros que confiados nos llegamos a tus
purísimas plantas. Amén.
Día Noveno
(7 de Diciembre)
“Este es el camino; caminad por él “(Isaías 30,21)
A tus Purísimas plantas oh Inmaculada Madre de Dios, antes
que las perfumadas flores ponemos en tu era la flor de
nuestro corazón, aplaca a tu Hijo, socórrenos oh
misericordiosísima Señora: acuérdate que nuestro Creador se
34
revistió de carne humana en tu casto seno no para condenar
a los pecadores, sino para salvarlos y redimirlos.
¿Acaso puedes olvidar a los hombres siendo tus hijos? Ay, no
ciertamente. Tú no ignoras los peligros en que vivimos y en el
estado miserable en que se hallan tus siervos. No, no está
bien a una misericordia tan grande como la tuya olvidarse de
una tan extremada miseria como la nuestra.
Reprime con tu poder el furor de nuestros enemigos; pues si
tú nos ayudas jamás prevalecerá contra nosotros ya que Dios
te ha hecho poderosa en los cielos y en la tierra. Amén.
35
Oración para todos los días
Oh Jesús, corona de las vírgenes, que cumples las promesas
hechas a los que escuchan tu palabra y la ponen en práctica,
atiende nuestra oración y concédenos que al celebrar la
novena en honor de Santa Beatriz de Silva, recibamos las
gracias que por su intercesión nos tienes destinadas, para que
imitándola en la entrega a Ti y a tu Madre bendita,
obtengamos, como ella, los premios que nos tienes
prometidos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Día Primero
(8 de Agosto)
Santa Beatriz de silva, escogida por María
Inmaculada
“Tú eres el orgullo de Jerusalén, la gloria de Israel y el honor de
nuestra nación. Que el Señor todopoderoso te bendiga a través de
las edades” (Jdt 15, 10)
María Inmaculada, vencedora de satanás, es el orgullo de
nuestra raza y el modelo que todos hemos de imitar. Hay un
privilegio que estima la Virgen Santísima de manera
especialísima, por el cual es libre de toda mancha de pecado,
36
en atención a su maternidad divina y en previsión de los
méritos de su Hijo: la Inmaculada Concepción.
La orden franciscana se distinguió en honrar el favor
concedido a nuestra Madre del cielo. En el siglo XIX el Papa
definió solemnemente este dogma y la virgen María se
apareció a santa Bernardita para decirle que ella era la
Inmaculada Concepción.
Desde hace varios siglos Dios escogió a santa Beatriz para que
fundara una orden con el propósito definido de honrar este
singular privilegio de la reina del cielo y Madre de Dios, y le
concedió la gracia de penetrar en el misterio de su pureza sin
mancha. La santa viviendo una vida humilde y modesta de
heroica sumisión, escondida a las miradas humanas, con el
íntimo deseo de ser admirada solo de Dios, fue preparando la
semilla que cayó en tierra buena y murió, y se convirtió más
tarde en árbol frondoso que extendió sus ramas por todo el
mundo y ha sido testimonio vivo y perenne de esa singular
elección de María.
En estos tiempos de general corrupción y de búsqueda
exagerada del placer, tiene vigencia especial esta Orden, que
grita desde el apartamiento de su vida, la necesidad de que la
carne no corrompa su camino
para que Dios no se arrepienta
de haber creado al hombre, ni
piense en destruirlo con un
nuevo diluvio, sino que mire a
los fieles imitadores de María y a
esta Orden esclarecida que como
arco iris sobre las nubes, le
recuerde a Dios su promesa de
no destruir al hombre y lo incite
a tener compasión, y para que Él
pueda encontrar a los diez justos
37
que no halló en Sodoma Y Gomorra.
Hoy como ayer, la Virgen deja oír su voz angustiada para
advertir a los hombrees que la mano justiciera de su Hijo
pesa mucho y que es preciso acoger su misericordiosa
bondad, antes de que tenga que dejar obrar la justicia, pues
Dios está airado por tantos pecados que se cometen y por el
desprecio de sus gracias y de sus llamados a la conversión.
Como en tiempos de Abraham o de Moisés, el mundo está
necesitado de justos que intercedan en su favor y lo libren de
las catástrofes.
Tema de Reflexión
¿Qué aprecio siento por la virtud de la castidad?
¿Evito las ocasiones de pecado?
¿Me encomiendo a la Santísima Virgen y a Santa Beatriz
para que me fortalezcan en la lucha contra las pasiones
desordenadas?
Propósito
Hacer una mortificación especial para desagraviar a Dios por
tantos pecados de la carne y para que la Virgen Inmaculada,
por intercesión de Santa Beatriz, purifique nuestra mente y
podamos percibir la voluntad de Dios en nuestra vida, y la
misión que Él nos tiene encomendada.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Y se dice tres veces
una de las siguientes Antífonas:
V/. Oh María por tu Inmaculada Concepción
R/. Purifica mi cuerpo y santifica mi alma
V/. Oh María sin pecado Concebida
R/. Ruega por nosotros que recurrimos a ti.
38
Primeros Gozos
Para los días 1, 3, 5, 7 y 9
Consagrada a María
desde los más tiernos años.
Celosa te protegía
de la envidia y el engaño.
Destinada te tenía
para honrar el don sagrado
de haber sido concebida
con un cuerpo Inmaculado.
Por Beatriz, la elegida
del Señor tres veces Santo,
protégenos, oh María,
concebida sin pecado.
De Francisco hija querida,
pobre, humilde, despreciado,
venerabas las heridas
de su cuerpo traspasado.
el dolor te compartía
de Jesús crucificado;
y a tu oído repetía:
“amar al que no es amado”
Por Beatriz, la elegida…
Mientras vivías escondida,
sirviendo en regio palacio,
por Jesús tu pecho ardía,
pues ya te había desposado
y tu afecto pretendía;
y en la cruz te había comprado.
Solo para él te quería,
Él solo sería tu amado.
Por Beatriz, la elegida…
39
Íntimamente adherida
a tu amante enamorado,
absorta en la compañía
de tu esposo adorado,
en la oración te unías
a Jesús, verbo encarnado.
Tu corazón le ofrecías
a quien te había conquistado.
Por Beatriz, la elegida…
Al terminar la partida
y al partir hacia el Amado,
en tu frente relucía
la estrella del Dios cercano
que anunciaba que sería
tu cuerpo glorificado
y pronto te agregaría
a los bienaventurados.
Por Beatriz, la elegida…
Inspírales a tus hijos
cuan precioso es tu legado,
que tengan su vista fija
en Jesús muerto y llagado,
y que fieles y solícitos
rehagan tus mismos pasos
y que sea su fiel consigna:
orar por los operarios.
Por Beatriz, la elegida…
Del evangelio imbuidas,
sea su mente un relicario.
en cuerpo y alma abstraídas
en la misa y el breviario,
Atraigan enfebrecidas
a las puertas del sagrario
mil doncellas seducidas
por Jesús sacramentado.
40
Por Beatriz, la elegida…
Gloria a María concebida
sin la mancha del pecado.
Gloria a Beatriz escogida
de la madre en el regazo,
y por siempre admitida
por Jesús resucitado,
a rendirle noche y día
gloría al Cordero inmolado.
Por Beatriz, la elegida…
Segundos Gozos
Para los días 2, 4, 6 y 8
Pues tu imán, vida y anhelo
fue la Concepción sin mancha
Danos Madre Fundadora
Amor a la Inmaculada
Campo Mayor te dio cuna
naces de regia prosapia,
tu peregrina hermosura
recrea toda la casa
y el cielo ya te distingue
con altura de la gracia.
Danos Madre…
Desde tus más tiernos años
latía tu pura alma
la idea de un gran servicio
a la aurora de la gracia
y Jesús ya te previene
para una empresa tan alta.
Danos Madre…
Por muy alta providencia
dejas Portugal tu patria,
eligiéndote la Reina
por su confidente y dama,
41
y es que el cielo te destina
para una empresa muy santa.
Danos Madre…
En la corte diste prueba
de virtud muy acendrada,
las coronas despreciando,
al cielo solo aspirando,
eligiendo a Jesucristo
por esposo de tu alma.
Danos Madre…
Cuando en estrecha prisión
te encuentras atribulada
recurres a la oración,
a tu madre Inmaculada;
ella viene en tu favor
dejándote confortada.
Danos Madre…
Hábito blanco te muestra
la Princesa Soberana,
con manto azul como el cielo
para tus hijas amadas,
vistiendo tú la primera
esta librea sagrada.
Danos Madre…
El Papa Inocencio Octavo
expidió Bula plomada,
aprobándote la Orden
de María Inmaculada
y un mensajero divino
te anuncia estar confirmada.
Danos Madre…
Fue víctima del naufragio
esta Bula deseada;
más tu ferviente oración
alcanza recuperarla;
el ángel san Rafael
42
la trae a tu cofre salva.
Danos Madre…
Se publicó este milagro
con procesión ordenada
por la ciudad y Cabildo
de nuestra Iglesia Primada
quedando tú, muy gozosa,
con tu Orden ya fundada.
Danos Madre…
Por la gran Reina del cielo
nuevamente visitada
te dice que en breve tiempo
irás a gozar la calma,
celebrando el desposorio
en la Patria deseada.
Danos Madre…
Antes de tu feliz muerte
el cielo ya te señala
con una estrella en la frente
que luce cual luna clara
signo que prueba evidente
la pureza de tu alma.
Danos Madre…
Dejaste doce discípulas
tan fuertes y tan formadas,
que cual plantas misteriosas
por doquier tienden sus ramas,
propagándose esta Orden
a regiones muy lejanas.
Danos Madre…
Desde el cielo te has mostrado,
muy gloriosa y encumbrada
formando un especial coro
con tus hijas muy amadas
¡condúcenos, Madre mía,
a gozar dicha tan alta!
43
Danos Madre…
Pues tu imán, vida y anhelo
fue la Concepción sin mancha
Danos Madre Fundadora
Amor a la Inmaculada
V. Ruega por nosotros Santa Madre Beatriz
R. Para que seamos dignas hijas de la Inmaculada Virgen
María
Oración Final
Virgen Purísima, Señora y Madre nuestra. Tú que elegiste a
Santa Beatriz para que honrara el glorioso privilegio de tu
Inmaculada concepción, concédenos, por su intercesión, ser
partícipes de la fidelidad con que ella cumplió la misión
encomendada, para que como fruto de la celebración de esta
novena en su honor, seamos luz del mundo y sal de la tierra,
nos convirtamos del pecado a una vida virtuosa y
contribuyamos a que muchos hermanos mejoren las
costumbres y acrecienten el deseo de las delicias eternas
donde tu Hijo divino es el premio de los bienaventurados en
el seno de la Trinidad Beatísima. Por Jesucristo tu Hijo y
Señor Nuestro. Amén.
Día Segundo
(9 de Agosto)
El proyecto de vida de santa Beatriz
“Yo por mi parte, no corro a ciegas ni peleo como si estuviera
dando golpes al aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a
obedecerme, para no quedar yo mismo descalificado después de
haber enseñado a otros”
(1Co 9, 26-27)
44
Pablo, enseñado por Dios, desde que fue alcanzado por
Cristo, va a la fija. Se ha trazado un derrotero a seguir. Tiene
metas precisas y da los pasos conducentes a la consecución de
sus objetivos. De esa manera no se expone a perderse a sí
mismo, después de haber ayudado a muchos.
El ser inteligente obra por un fin, todo lo dirige a la
consecución de ese fin y lo que no contribuya a él o lo desvié
de él, lo desecha para no caminar a largos pasos, fuera del
camino. San Pablo dice que los que corren en el estadio,
todos corren, pero es uno solo el que alcanza el premio, ellos
lo hacen por un galardón perecedero y nosotros por una
corona que no se corrompe. Advierte que los atletas se
abstienen de muchas cosas que pueden hacerles daño y les
impiden competir expeditamente. Dice también que sigue
adelante en pos de la meta a ver si consigue llevar a cabo la
tarea que le señaló nuestro Señor Jesucristo, y todo lo demás
lo tiene por basura en comparación del eminente
conocimiento de Jesús, por el cual todo lo perdió.
Santa Beatriz, desde el principio dirigió sus pensamientos a
Dios para pedirle le mostrara el camino que habría de seguir.
Pero, cuando descubrió la tarea que el Señor le encomendaba
pensó solo en llevarla a cabo, por ella se sacrificó, oró,
esperó y fue preparando sus discípulas y compañeras para
que llegado el momento trazar el género de vida que habrían
de imitar, en honor de la Virgen Inmaculada, luchando hasta
obtener la aprobación pontificia y dejar sólidamente
cimentada su obra.
Cuan pocos son los que caminan en pos de un ideal y
realizan fielmente la misión que Dios les encomendó. Cuantos
van a la deriva sin encontrar el sentido de su existencia,
tratando de sobreguardarla, pero, llevando una vida
mediocre e insatisfecha. Estrecho es el camino que conduce a
la vida y pocos lo encuentran.
45
Tema de Reflexión
¿Me guío por un proyecto de vida y obro procurando la
realización de mis metas?
¿Busco el cumplimiento de la voluntad de Dios en mi
vida?
¿Me propongo con lo que hago conseguir la salvación
eterna?
Propósito
Preguntar a Jesús como Pablo: “¿Qué quieres que haga?” o
como Francisco: “Muéstrame la verdad de tus caminos”, e
imitar a santa Beatriz en la tenacidad y en la ejecución del
encargo recibido de Dios al crearme.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Y tres veces una de
las Antífonas de la Pág. 37
Día Tercero
(10 de Agosto)
La oración, medio indispensable para conocer y
realizar la vocación. Santa Beatriz, mujer
contemplativa
“Marta, Marta, estás preocupada y afligida por muchas cosas,
pero solo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte y
nadie se la va a quitar” (Lc 10, 41)
Nuestro Señor se declaró en favor de la oración y de la vida
contemplativa cuando reprendió a Marta por su excesiva
agitación y defendió a María que permanecía a sus pies
escuchando su Divina Palabra.
El Señor previno a los apóstoles para que oraran y vigilaran
para no caer en la tentación. Les propuso la parábola de la
46
viuda que acude al juez y aunque no es atendida
inmediatamente, persevera en su demanda hasta que
finalmente obtiene lo que se había propuesto; y la del que va
a la tienda a pedir que le vendan tres panes porque ha
llegado su amigo, y solo cuando se los vende deja de insistir,
para concluir que de la misma manera Dios, nuestro Padre
nos escucha si perseveramos en la oración. Dios se manifiesta
a los que le buscan con sincero corazón.
Santa Beatriz hizo de su vida una oración continua, a ejemplo
de francisco de Asís, del cual se dijo que no era un hombre de
oración sino la oración hecha hombre.
Cuando fue encerrada en un baúl por la reina, celosa de la
belleza de su dama de honor, con el fin de que muriera
ahogada, se encomendó a la Reina del cielo que la preservo
de la muerte, se le apareció con su divino Hijo y le anunció
que había sido elegida para fundar una Orden que honrara el
misterio de su Inmaculada Concepción.
Durante toda su existencia escogió el ocultamiento para
poder dedicarse más a Dios en el recogimiento y el silencio.
Allá Dios le fue manifestando sus caminos y fue descubriendo
el sentido de su vida.
Para cumplir la misión encomendada por la Madre de Dios,
fundó una Orden dedicada a la oración. Las religiosas
concepcionistas saben que el Señor busca personas que
quieran hacer de su vida un cielo en la tierra y ser jardines en
los que Él se deleite. Dijo un gran pensador: “Qué descansada
vida, la del que huye del mundanal ruido y sigue la escondida
senda por donde han ido, los pocos sabios que en el mundo
han sido.”
Hoy el mundo está sumido en el activismo e impera la
dictadura de los medios de comunicación que todo lo
47
invaden. No seamos de aquellos que cuando Jesús vino a los
suyos, no lo recibieron, sino de aquellos que lo recibieron y a
los que les dio la gracia de ser hijos de Dios, nacidos no de la
carne y de la sangre, sino nacidos de Dios.
Tema de Reflexión
¿Acudo a Dios en mis necesidades y pido por la
conversión de los pecadores?
¿Soy devoto del santo rosario y visito al Señor en la
Eucaristía?
¿Imito a Santa Beatriz en su vida de silencio, de retiro y de
contacto con Dios?
Propósito
Fomentar la oración silenciosa y rezar el santo rosario para
pedir a la Virgen María, la fidelidad en la vocación y para
interceder en favor de los que no encuentran el sentido de su
vida.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Y tres veces una de
las Antífonas de la Pág. 37
Día Cuarto
(11 de Agosto)
Devoción de Santa Beatriz a San Francisco de Asís
y a san Antonio de Padua, modelos y ejemplos en el
seguimiento de la vocación
“Una cosa te falta: ve y vende todo lo que tienes y dalo a los
pobres y tendrás un tesoro en el cielo” (Lc 18, 22)
La invitación que no fue acogida por el joven rico del
Evangelio, sí fue tenida en cuenta por san Francisco de Asís,
que abandono las riquezas y la vida mundana e incluso a su
48
padre Pedro Bernardone para seguir a Cristo pobre y
humilde, no teniendo más Padre que el que está en el cielo.
A Francisco lo sedujo la pobreza de Cristo y a san Antonio lo
atrajo la pobreza de Francisco, junto con el fervor y el
martirio de los primeros franciscanos. Ambos tuvieron que
hacer un corte brusco en la dirección de sus vidas: el joven
soñador de Asís troco sus ideales caballerescos de gloria y su
lujosa armadura, por el sayal roto y pobre junto a la altísima
pobreza de nuestro Señor Jesucristo, y el joven brillante de
Lisboa, hubo de abandonar la cuna de su vida religiosa, sus
anhelos misioneros entre infieles y sus deseos de martirio para
trabajar en el campo que el Señor le señaló entre los herejes y
alejados de Dios.
Cuando Beatriz huía de la vida palaciega para entregarse al
cumplimiento de su misión, sin rumbo fijo, yendo sola,
desamparada e incierta ante lo que le deparaba el provenir,
Francisco y Antonio se le aparecen y le confirman su misión
de fundar una Orden, siendo madre de una gran familia.
Más tarde, cuando va a vivir al palacio que le donó la reina
Isabel la católica, los franciscanos le tendieron la mano y
después de que Beatriz muere, ellos ayudan a evitar la
extinción de la comunidad naciente.
El Señor modeló a Beatriz a la
manera de Francisco: sencilla,
amante de los más necesitados,
desprendida de los honores y de
aparecer en público. Ella al igual
que Francisco rehusó un porvenir
de placeres y riquezas para abrazar
la vida oculta de nuestro Señor
Jesucristo.
49
En estos tiempos en los que impera el amor al dinero que
muchas veces se considera un dios al que se le ofrendan
tantas vidas, se busca el placer por el placer relegando al Dios
verdadero el último lugar. Por ello es urgente reavivar el
espíritu de Francisco y Beatriz para que entendamos en qué
consiste la verdadera alegría, tratando a los bienes terrenales
en el justo valor y apreciando debidamente los tesoros
celestiales, dando lugar a Dios para que nos muestre su divina
voluntad y cómo podemos llevarla a cabo.
Tema de Reflexión
¿Soy devoto de los santos y procuro imitar sus virtudes?
¿Estudio la vida de los santos para aprender sus
enseñanzas y su fidelidad en el seguimiento del
llamamiento divino, a ejemplo de santa Beatriz de Silva?
¿Imito a san Francisco, a san Antonio y a santa Beatriz en
el amor a la pobreza y en el celo por la salvación de las
almas?
Propósito
Dar una limosna a un pobre y ver en él el rostro de Jesús, a
imitación de Beatriz, para que el rostro del pobre nos
descubra el rostro de Dios que debe modelarse en nuestra
vida.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Y tres veces una de
las Antífonas de la Pág. 37
50
Día Quinto
(12 de Agosto)
Santa Beatriz, mujer de principios
“Jesús sufrió en la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa
muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y
alegría, y está sentado a la derecha del trono de Dios” (Heb. 12, 2)
Jesús obraba movido por una fuerte motivación, tenía en
cuenta la voluntad y el honor del Padre, la salvación del
género humano y la victoria sobre satanás. Sabía que debía
sufrir pobreza, humillación y dolor para conquistar la gloria.
Animó a sus discípulos a seguir sus pasos, para merecer la
corona prometida a los que perseveren hasta el final.
Santa Beatriz, para poder decidirse a abandonar el hogar,
despreciando los honores y placeres de la corte junto con las
magníficas propuestas matrimoniales, tuvo ante sus ojos la
promesa de Cristo de dar el ciento por uno en esta vida y
después el galardón de la eterna a quienes lo siguieran.
Persiguiendo el ejemplo mismo de Cristo pobre y humilde,
quien fue coronado de espinas y crucificado, resucitado al
tercer día y ahora está sentado a la diestra del Padre, que
vendrá a juzgar a vivos y a muertos, cuyo reino no tendrá
fin; le ayudaron a Beatriz para vivir en la fe, esperanza y
caridad, sin vacilación en la decisión de dejarlo todo por él.
Ella meditaba de continuo la pasión y el triunfo de Cristo,
acompañaba a Jesús sacramentado, era observante del
silencio, modesta en extremo y contrariaba las apetencias de
la naturaleza, segura de que nada perdía y por el contrario
todo lo reencontraría con creces.
Si queremos perseverar en las luchas sin desfallecer, en las
noches oscuras y en las sequedades, en los desalientos, en las
51
tentaciones y contradicciones, hemos de sustentarnos en la
perseverancia que nos estimula el ejemplo mismo de Cristo.
Tema de Reflexión
¿He formulado unos principios claros sobre los cuales
fundamentar mi manera de vivir?
¿Los valores evangélicos rigen mi vida a imitación de
Santa Beatriz de Silva?
¿Estos criterios me sostienen en mis luchas?
Propósito
Repasar y afianzar mis principios y motivaciones, para
perseverar tanto en los momentos de prosperidad como en
los de adversidad.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Y tres veces una de
las Antífonas de la Pág. 37
Día Sexto
(13 de Agosto)
Beatriz de Silva, mujer de acción
“No se cosechan uvas de los espinos ni higos de los cardos. Así que
todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos
malos. El árbol bueno no puede dar frutos malos ni el árbol malo
dar frutos buenos. Así pues, por sus frutos los reconocerán”
(Mt 7, 15-21)
Nuestro Señor dejó una formula muy sencilla para probar
cómo es una persona. Su modo de obrar. La operación sigue
al ser. Como es cada uno, así actúa. Dijo igualmente que sin
Él nada bueno podíamos hacer, así como el sarmiento
separado de la vid no puede dar frutos. A la rama que no da
frutos se la corta y se la hecha al fuego para que arda.
52
Además dijo que vendría a pedir cuenta de los talentos
recibidos y a quienes los hicieron fructificar los premiaría con
largueza, mientras que al siervo perezoso que escondió el
talento, lo castigaría con dureza.
Santa Beatriz después del acontecimiento central de su vida,
cuando escapo de las insidias mortales de la reina por
intervención divina, abandona la corte, huye por un largo y
extenuante camino llena de incertidumbres, busca un lugar
propicio para alejarse del ambiente agitado de Castilla,
llegando al monasterio de Santo Domingo, donde se dedica a
vivir sirviendo a Dios en silencio y ocultamiento. Es una
persona eucarística que vive de la eucaristía y para la
eucaristía, estrechando su amistad con Cristo que quiso
quedarse como compañero de camino.
Sin un conjunto de pequeñas acciones entrelazada, no
hubiera realizado su obra en la Iglesia. Sabe perdonar a la
reina que intentó quitarle la vida recibiéndola con
benevolencia cuando viene a visitarla triste y agobiada tras la
muerte de su esposo. En su trabajo abnegado se entrega a sus
compañeras con decisión. Reparte de lo suyo quedándose
con lo indispensable, comprende el valor de las obras
pequeñas.
Cada acción se constituye en punto de partida para otras
similares. La vida tiene efecto acumulativo; el día de hoy es
hijo del de ayer y somos los encargados de recoger, como
dice el Señor, los pedazos sobrantes de los panes de la
multiplicación, para que no se pierdan, pues cada pedazo es
parte del todo de nuestra vida. Cada acto debidamente
ubicado es el eslabón de una cadena, es el paso de una
escalera por la que subimos al cielo, o por el contrario lo
perdemos.
53
El tiempo es la moneda con la que compramos la eternidad.
Ni un vaso de agua quedará sin recompensa y ni una palabra
ociosa sin castigo. Dios nos conceda por los méritos de
nuestra santa Patrona llenar nuestros días de buenas obras sin
que la mano izquierda sepa lo que hace la mano derecha,
pero seguros de que el Padre que ve en lo oculto, nos
recompensará,
Tema de Reflexión
¿Soy consciente de que el Señor me va a juzgar según mis
obras?
¿Al hacer el examen de conciencia descubro si mis
acciones se encaminan a dar buenos frutos?
¿Puedo presentar a Dios una vida fecunda de buenas
obras, a imitación de Santa Beatriz?
Propósito
Prestar un servicio a uno de mis hermanos, para cumplir el
mandato del amor como Cristo nos lo enseñó.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Y tres veces una de
las Antífonas de la Pág. 37
Día Séptimo
(14 de Agosto)
La victoria de santa Beatriz sobre la timidez y el
temor para realizar la misión
“Jesús comenzó a sentir pavor y temblor, le sobrevino un sudor
como de gotas de sangre y un ángel bajó del cielo y lo consoló”
(Lc 22, 43)
Nuestro Señor quiso soportar todas las angustias de la
humanidad porque Dios lo hizo maldición por nosotros; en
54
su pasión las furias del infierno se desataron incontenibles
contra Él.
También la Virgen María tuvo que afrontar muchos temores
para ser fiel al compromiso con Dios de cooperar a la obra
redentora de la humanidad. Sufrió ante las incertidumbres de
José acerca de la concepción de su Hijo por obra del Espíritu
Santo, en el nacimiento de Jesús en la cueva de Belén,
cuando huyó a Egipto, en la profecía de Simeón acerca de la
espada que traspasaría su corazón, en la pérdida de su Hijo
en el templo y especialmente en las dolorosas horas de la
pasión de Jesús.
Hay un temor generado por la magnitud de la misión
encomendada y frente a los obstáculos para realizarla; a
María el ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado
gracia delante de Dios”, y a José, le dijo: “No temas recibir a
María por esposa, porque lo que en ella se ha obrado es por
intervención del Espíritu Santo.”
Santa Beatriz, fue una de esas mujeres fuertes, que hay que ir
a buscar en los confines de la tierra. De noble linaje, debió
sufrir la incertidumbre y el temor al tener que abandonar
padres y hermanos, alejándose de la patria para marchar a un
país desconocido.
Cuantos temores hubo de superar en una corte corrompida y
llena de intrigas, para mantenerse ajena a partidismos y
ambiciones, conservando su virtud incontaminada entre
pasiones desbordadas sin que su corazón se apegara a las
creaturas y sin ceder a las seducciones que contaminaran su
belleza corporal y espiritual, sufrir ante los desvíos y
suspicacias de la reina que veía en ella, sin razón, una rival en
el amor del rey, intentando por eso eliminarla en una especie
de ataúd, en el que fue sepultada viva.
55
Cómo se angustiaría su corazón en su apresurada y casi
solitaria huida; en la larga espera del cumplimiento de su
misión en el monasterio de Santo Domingo donde vivió sin
ser religiosa de esa Orden, aguardando el cumplimiento de la
solicitud que le había hecho María Inmaculada; en los
tropiezos de la fundación de la Orden, cuando por tres días
se extravió la Bula de aprobación siendo hallada
milagrosamente.
Finalmente, supero el temor de la muerte animada por la
promesa de la Virgen Santísima quien la preparo para dar el
paso definitivo de esta vida a la otra, aún con la
incertidumbre del futuro de su Orden naciente.
Cuántas veces nos hacemos indignos de los favores divinos y
no cumplimos con la tarea que el Señor nos asignó porque
somos de poca fe.
El Señor de los ejércitos nos dé valor para la lucha, para que
nos hagamos dignos del premio por la intercesión de la
poderosa Reina del cielo, fuerte como un ejército en orden
de batalla.
Tema de Reflexión
¿Acudo a Dios frente a las acometidas del demonio, del
mundo y de la carne?
¿Entre las olas del mundo miro a la estrella y llamo a
María?
¿Me animo a pelar, con coraje y con fe en el triunfo, a
imitación de la fundadora de la Orden Concepcionista?
Propósito
Hacer un examen de conciencia para pedir perdón a Dios por
mis infidelidades, al esconder muchas veces los talentos que el
Señor me ha confiado.
56
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Y tres veces una de
las Antífonas de la Pág. 37
Día Octavo
(15 de Agosto)
Muerte dichosa de Santa Beatriz, feliz final de una
vida dedicada toda a la realización de una misión
“Vale más el día en que se muere que el día en que se nace. Vale
más ir a un funeral que ir a divertirse; pues la muerte es el fin de
todo hombre y los que viven debieran recordarlo. Vale más llorar
que reír, pues podrá hacerle mal al semblante, pero le hace bien al
corazón. El sabio piensa en la muerte,
pero el necio en ir a divertirse”
(Ecle. 7, 2-7.9)
“A la hora de la muerte llámame y mándame ir a Ti, para que
con tus ángeles y santos te alabe por los siglos de los siglos.
Amén.” (Oración alma de Cristo). Se dice que, para tener la
dicha de morir sin pena, bien vale la pena vivir sin dicha. Esta
oración a Jesús, es sabia, porque tiene en cuenta la muerte,
que es el fin de todos acá en la tierra y el principio de la
inmortalidad feliz si alcanzamos el cielo, o desgracia si lo
perdemos.
San Juan de la Cruz comentando la palabra del salmo:
“Preciosa es a los ojos del Señor, la muerte del justo.” Dicen
que los santos mueren de amor, aunque mueran de
enfermedad o vejez y que son tantas las asomadas y llamadas
que le hace el Espíritu Santo, que, en una de ellas, se rompe
la tela de ese dulce encuentro y el alma libre vuela al cielo. Y
en ese momento vienen a acompañar al justo todas las obras
buenas primeras y postreras a la mansión del cielo, como ríos
anchurosos y represados que entran en el mar.
57
El pensamiento de la muerte es provechoso. Es triste para el
que vive apegado a sus vanidades. La muerte es buena
consejera. Acuérdate de tus postrimerías y nunca pecarás, dice
el libro santo. Los santos, los verdaderos sabios, viven de cara
a la muerte. “Hermano de morir tenemos, cuándo ni dónde
no lo sabemos”. “Mira que te mira Dios, mira que te está
mirando, mira que has de morir, mira que no sabes cuándo.”
Como se vive, se muere, la muerte es el último acto de la
vida.
La Madre de Dios, correspondió a la vida de quien está en la
vela a la espera del esposo, con la lámpara encendida.
Nuestra Señora le anuncio cuándo vendría por ella y se
preparó a conciencia para que no le llegará de improvisto.
“De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor.” La
Virgen María prometió a sus devotos que no tendrían una
muerte desgraciada.
Quien como Beatriz vivió para el cielo, murió para el cielo.
Quien se negó los goces de esta vida, recibió las alegrías
eternas. Felices los que lloran porque ellos serán consolados.
Para ellos la muerte es una liberación y es llegar a la
verdadera vida, es fin a males y principio de bienes, porque
esta vida, a decir de Santa Teresa, es una mala noche en una
mala posada.
Tema de Reflexión
¿Vivo de cara a la muerte?
¿Estoy preparado para dar cuenta al justo juez de los
talentos que me dio y de la misión que me encomendó?
¿Cómo Santa Beatriz, me encomiendo a la Madre de Dios
para que me acompañe en el paso a la eternidad?
58
Propósito
Hacer con frecuencia el ejercicio de la buena muerte y vivir
con el pensamiento fijo en la eternidad, meditando en las
postrimerías.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Y tres veces una de
las Antífonas de la Pág. 37
Día Noveno
(16 de Agosto)
Santa Beatriz en la gloria del cielo
“Por tanto, si han resucitado con Cristo, busquen los bienes del
cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios, piensen en
las cosas del cielo, no en las de la tierra. Porque ustedes están
muertos y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se
manifieste Cristo que es vida de ustedes, entonces, también
ustedes aparecerán con él, llenos de gloria” (Col 3, 1-5)
San Pablo nos exhorta a que nuestro pensamiento esté en el
cielo, porque hemos resucitado con Cristo, con él hemos
muerto y nos hemos sentado a la diestra de Dios Padre. Y
añade algo muy importante y es que, en la manifestación de
Cristo, nosotros también apareceremos llenos de gloria.
Si tenemos nuestros pies en la tierra, nuestros ojos han de
estar vueltos al cielo. Vivimos no donde estamos sino donde
amamos. Ignacio de Loyola repetía: “Qué triste me parece la
tierra cuando miro al cielo.”
En la vida de Santa Beatriz, el pensamiento del cielo es
predominante, y eso es lo que explica el que, haya sido fiel al
encargo recibido de la Madre de Dios, de fundar una Orden
en honor de su Inmaculada Concepción con el hábito blanco
59
y azul, a pesar de todas las amarguras que hubo de soportar.
Recibió serenamente la visión de la lámpara que se apagaba
como señal de que la Orden por ella fundada sufriría un
eclipse, pero después resurgiría lozana.
Todos estos acontecimientos los miraba con ojos de cielo y
con la mirada de Dios, que prueba nuestra fe para que
marchemos en la oscuridad y creamos en Él.
Esperemos como Abraham, contra toda esperanza,
purificando nuestro corazón como el oro en el crisol, al igual
que lo hizo Beatriz, quien vio desde el cielo el
desenvolvimiento de la Orden, su extensión por diversos
países, entre contradicciones y el surgimiento de monjas de su
Orden a las que Dios favoreció con dones místicos.
Beatriz de Silva está expuesta a la veneración de sus devotos
que imploran y reciben muchos favores de esta alma elegida
por Dios, ve a Dios en su esencia y en Dios ve a sus devotos y
los protege. Es invocada, concretamente por madres que
desean ser favorecidas con un hijo que alegre su hogar.
Al terminar esta novena en honor de
Santa Beatriz de Silva, fundadora de la
Orden de la Inmaculada Concepción de
María, pedimos a nuestra Señora que nos
mire con la misma benignidad con que
acogió a esta hija suya predilecta y le
rogamos a la santa, nos obtenga del
Espíritu Santo, docilidad a sus
inspiraciones, para que no nos
contentemos con admirar las obras de los
santos, sino que los imitemos en sus
virtudes para que merezcamos como
ellos, después de realizar la misión que
Dios nos tiene encomendada, gozar con
60
los bienaventurados de los premios merecidos, en la mansión
celestial.
Tema de Reflexión
¿Pienso con frecuencia en el cielo que tengo que
conquistar con mis buenas acciones?
¿Suspiro por la gloria de los bienaventurados en el seno
de la Augusta Trinidad?
¿Imito a Santa Beatriz en sus obras heroicas, para gozar
como ella y junto a ella, de las alegrías eternas?
Propósito
Hacer un sacrificio y una obra de caridad, a ejemplo de Santa
Beatriz de Silva, en honor de la Santísima Virgen, para que
nos asista a la hora de la muerte y nos lleve al cielo.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Y tres veces una de
las Antífonas de la Pág. 37
61
Oración para todos los días
Señor Dios de la paz, que has creado a los hombres objeto de
tu benevolencia, para ser garantes de tu gloria; te bendecimos
y te damos gracias porque nos has enviado a Jesús, tu Hijo
amado; has hecho de él, en el misterio de su pascua, el
artífice de la salvación, la fuente de la paz, el vínculo de la
fraternidad.
Nosotros te damos gracias por los deseos, los esfuerzos, las
realizaciones que tu Espíritu ha suscitado en nuestro tiempo,
para sustituir el odio con el amor, la desconfianza con la
comprensión, la indiferencia con la solidaridad.
Abre aún más, nuestro espíritu y nuestro corazón a
las exigencias concretas del amor hacia todos
nuestros hermanos, de modo que podamos ser
siempre constructores de paz.
Recuerda, Padre de misericordia, a todos
aquellos que padecen, sufren o mueren en la
búsqueda de un mundo más fraterno. Que
para los hombres de toda lengua venga tu
reino de justicia, de paz y de amor y ¡Que la
tierra se llene de tu gloria! Amén.
Día Primero
(8 de Agosto)
Aurora de gracia
Las monjas contemplativas, “siguen al Señor de manera
especial, de modo profético”, han sido llamadas a descubrir
los signos de la presencia de Dios en la vida cotidiana, a ser
62
sapientes interlocutores capaces de reconocer los
interrogantes que Dios y la humanidad nos plantean.
Para cada contemplativa el gran desafío consiste en la
capacidad de seguir buscando a Dios “con los ojos de la fe en
un mundo que ignora su presencia”, volviendo a proponer al
hombre y a la mujer de hoy la vida casta, pobre y obediente
de Jesús. (VDq 2)
Reflexión
Santa Beatriz de silva ha encontrado como modelo
insuperable para contemplar los misterios de Cristo a la
Virgen María. Como Madre del divino Salvador, el rostro de
su Hijo le pertenece por título singular. Madre y maestra del
perfecto seguimiento de su Hijo, con su presencia ejemplar y
maternal, es de gran apoyo en la cotidiana fidelidad a la
oración.
Es en esta escuela que nuestra santa ha entendido que la
oración, como nos lo narra San Lucas en el acontecimiento de
la Anunciación, es un dialogo que se establece entre la
creatura y el Creador. Este dialogo que comporta silencio,
escucha y cuestionamiento, es siempre iniciativa del Padre
Dios. Es Él quien quiere encontrarse con el hombre, es Él
quien inicia este coloquio extraordinariamente cercano, es Él
quien espera la respuesta confiada de quien se dice su
discípulo: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré, y cenare con él, y el
conmigo.”
Lectura Breve
Efesios 2, 4-6
Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos
amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos
vivificó juntamente con Cristo, por gracia habéis sido
63
salvados y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos
en Cristo Jesús,
Responsorio
V/. Contémplenlo y quedaran radiantes, su rostro no se
avergonzará
R/. Contémplenlo y quedaran radiantes, su rostro no se
avergonzará
V/. Que los humildes lo escuchen y se alegren
R/. Su rostro no se avergonzará
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Contémplenlo y quedaran radiantes, su rostro no se
avergonzará
Preces
Confiados en la bondad del Señor que hizo obras grandes en
Santa Beatriz, supliquemos a Dios por las necesidades de
todos los hombres:
R/. Señor nuestro, escúchanos
Para que la Iglesia cumpliendo fielmente como Santa
Beatriz la voluntad del Padre, por la predicación y el
bautismo, engendre nuevos hijos para la vida inmortal.
Roguemos al Señor.
Para que el Espíritu del Señor, que cubrió con su
protección amorosa a Santa Beatriz, ilumine a todos los
hombres y les haga discernir los signos de su presencia en
el mundo. Roguemos al Señor.
Para que cuantos lloran, sufren, son perseguidos por la
violencia, perciban la intercesión de Santa Beatriz y se
sientan reconfortados en sus sufrimientos. Roguemos al
Señor.
64
Para que todos nosotros considerando la fraterna
protección de Santa Beatriz, cooperemos con nuestro
esfuerzo en la misión apostólica de la Iglesia. Roguemos al
Señor.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración para el día Primero
Padre de Misericordia: tu Hijo
nos invita a que como María
“escojamos la mejor parte,
porque ésta no nos será
quitada;” te damos gracias por
Santa Beatriz de Silva, quien se
entregó a ti en el silencio
contemplativo y en la vivencia
de la fraternidad en comunidad;
haz que nosotros a ejemplo de
esta virgen y fundadora nos
ejercitemos, sin pretensiones, en
la sencillez del corazón y sin
egoísmos en la concreción de la
caridad, hasta que alcancemos la
talla perfecta de tu amado Hijo,
Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Gozos
Si pregonar la pureza,
De María, fue tu misión
Enciende en amor las almas
A su pura concepción
65
Desde niña Dios te cubre
con su sin igual amor
dotándote de favores
y dones con profusión.
Como regalada a natura
con auras, flores y sol,
así puso en ti hermosura
que causaban admiración
Si pregonar la pureza…
De tu alcurnia con los Reyes
se confunde tu blasón;
regio palacio por cuna,
riquezas, fama y honor.
Más piedad muy acendrada
fue la riqueza mayor
que el Señor en su clemencia
en tu infancia te infundió
Si pregonar la pureza…
Los Franciscanos, tus maestros,
sembraron en ti el amor
a la Reina de los cielos
como riquísimo don.
Discreta, pura y sencilla,
llena de amor a tu Dios,
despedías suave fragancia
como su aroma la flor.
Si pregonar la pureza…
A la corte te llevaron
para aumentar su esplendor
la que fue tu regia prima
como su dama de honor.
Allí fue probado el oro
de tu virtud, en crisol,
pues a todos arrebataba
tu belleza y candor.
Si pregonar la pureza…
66
Príncipes y cortesanos
se abrazaron en pasión
por obtener preferencia
en tu noble corazón.
El mismo Rey de Castilla
tus virtudes admiró
quedando así cautivado
de tu mucha discreción
Si pregonar la pureza…
Pero tu alma generosa
morada sólo de Dios,
tantas pompas y lisonjas
siempre fuerte despreció.
Pues tu virtud y belleza
la de la Reina eclipsó,
llena de celos y envidia
en un cofre te encerró
Si pregonar la pureza…
Tu alma triste y afligida
con fe al Señor invocó;
y a ti llega con su Madre
para calmar tu aflicción.
La Virgen, tierna y clemente,
vestida de blanco albor,
cubierta con rico manto
azul, de regio esplendor.
Si pregonar la pureza…
Sostiene al Niño en sus brazos
que te mira con amor,
infundiendo fortaleza
a tu noble corazón.
Tú le pides que te libren
de aquella triste prisión
y en cambio íntegro le entregas
de tu pecho el casto amor.
67
Si pregonar la pureza…
No temas, dice la Virgen,
Dios acepta tu oblación,
pues te tiene reservada
para servicio mayor.
Tú serás la Fundadora
de una Orden que en su esplendor
cantará siempre las glorias
de mi limpia Concepción.
Si pregonar la pureza…
Desde el cielo tu mirada
vuelve, Madre, con amor
a tus hijas que de hinojos
piden hoy tu bendición.
Bendice a la Santa Iglesia
y de Cristo al Sucesor;
y que tu Orden viva siempre
en la paz y santo amor.
Si pregonar la pureza…
Oración Final
A la Inmaculada Concepción
Oh Virgen Santa María: nosotros tus hijos, veneramos la
singularidad de tus privilegios en el misterio de la Inmaculada
Concepción.
Eres la única creatura humana, en la cual la idea creadora de
Dios, se refleja fiel y totalmente.
Eres la primera redimida, que en virtud de los méritos de
Jesucristo, has sido preservada de toda mancha de pecado
original.
Eres transparencia de Dios ¡Oh esposa del Espíritu Santo! Eres
horizonte existencial, profundidad de amor, dulzura, belleza,
paz y armonía.
68
Te rogamos, virgen Madre: que nos hagas comprender,
desear, y poseer en el sosiego de nuestro corazón, la pureza
del cuerpo y la blancura del alma.
¡Oh clemente, oh pía, oh dulce Virgen María!
Día Segundo
(9 de Agosto)
Seguiré tus pasos Señor
Las religiosas contemplativas profesan un modo especial de
consagración en la Iglesia, llamadas por Dios y enamoradas
de él, viven su existencia totalmente orientada hacia la
búsqueda de su rostro, deseosas de encontrar y contemplar a
Dios en el corazón del mundo.
La presencia de comunidades religiosas, en su misma sencillez
de vida, representan visiblemente la meta hacia la cual toda
la comunidad de los creyentes “se encamina por las sendas
del tiempo con la mirada fija en la futura recapitulación de la
humanidad en Cristo” (VDq 2)
Reflexión
María, es maestra de oración para Santa Beatriz de Silva; de
ella ha captado el alcance de la Buena Nueva, que sin lugar a
dudas está siempre fuera de cualquier cálculo humano. En
María ha descubierto no solo la altura de esta alma
privilegiada, sino la valentía de la mujer a quien “todas las
generaciones llamarían bienaventurada.” En Ella, se
entrecruzan dos voluntades bien definidas: una humana,
69
generosa y pura, la de María; y otra inexorable, fascinadora y
maravillosamente divina, la del Padre Dios.
Nuestra santa, ha intuido como lo afirma el Papa Francisco,
que la suerte de sus hermanos, de la entera humanidad, se
decide en el corazón orante y en los brazos levantados de los
contemplativos. Por ello, no admitió excusa alguna, ninguno
la pudo separar, nada pudo interferir entre ella y el ministerio
orante. De esta manera, a través de la contemplación, se fue
transformando en imagen de Cristo y sus hijas a lo largo de
los siglos en auténticas escuelas de oración.
Lectura Breve
Cantares 8, 6-7
Grábame como un sello sobre tu corazón, como un sello
sobre tu brazo, porque el Amor es fuerte como la Muerte,
inflexibles como el Abismo son los celos. Sus flechas son
flechas de fuego, sus llamas, llamas del Señor. Las aguas
torrenciales no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si
alguien ofreciera toda su fortuna a cambio del amor, tan solo
conseguiría desprecio
Responsorio
V/. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo
nombre.
R/. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo
nombre.
V/. Él te colma de gracia y de ternura
R/. Y todo mi ser a su santo nombre.
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo
nombre.
70
Preces
Proclamemos el bien obrar de Santa Beatriz de silva, quien
llena de gracia y del Espíritu Santo, supo mantener la lámpara
encendida hasta el regreso del Divino Esposo y, acudamos
por su intercesión al Señor, diciendo:
R/. Señor nuestro, escúchanos
Oremos por todos los que, como Iglesia, ejercen el
ministerio del diaconado, del presbiterado o del
episcopado, para que el Señor les conceda el realizar este
servicio de manera irreprochable y con una vida santa.
Roguemos al Señor.
Por nuestros gobernantes, para que cada día más, sus
esfuerzos estén orientados hacia la implantación de la
justicia social; hacia la búsqueda de la equidad en favor de
los más pobres, de los menos favorecidos, de los que no
tienen trabajo, de los inmigrantes y de los refugiados.
Roguemos al Señor.
Por los ausentes y encarcelados, por los débiles y
oprimidos, por los que sufren o padecen alguna
necesidad, para que la esperanza evangélica les anime en
la lucha y la perseverancia en el bien obrar, para que
puedan testimoniar en medio de las dificultades la
cercanía del reino. Roguemos al Señor.
Tú que dijiste, dichoso quien escucha la Palabra de Dios y
la pone en práctica; te pedimos que a ejemplo de Santa
Beatriz podamos estar a la escucha de la Palabra y a las
inspiraciones de la gracia. Roguemos al Señor.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración para el día Segundo
Oh Dios, todopoderoso y eterno: tu hijo “se anonadó a sí
mismo, tomando la condición de esclavo y actuando como
71
un hombre cualquiera.” Te ensalzamos por Santa Beatriz de
Silva, quien siguiendo las huellas de Jesús vivió la
mansedumbre y la humildad de corazón; haz que a ejemplo
de esta virgen fundadora; seamos reverentes contigo y
sencillos con todos nuestros hermanos; disponibles en el
servicio y generosos en la entrega, por Jesucristo nuestro
Señor.
Gozos y oración final
Día Tercero
(10 de Agosto)
Iluminada por el Espíritu
Las religiosas contemplativas, que en honda comunión con
todas las otras vocaciones de la vida cristiana “son rayos de la
única luz de Cristo que resplandece en el rostro de la iglesia,”
por su carisma específico dedican mucho tiempo de la
jornada a imitar a la Madre de Dios, que meditaba
asiduamente las palabras y los hechos de su Hijo, así como a
María de Betania que, a los pies del Señor, escuchaba su
palabra.
Su vida “escondida con Cristo en Dios” se convierte así en
figura del amor incondicional del Señor, el primer
contemplativo, y manifiesta la tensión teocéntrica de toda su
vida hasta poder decir con el Apóstol: “Para mí vivir es
Cristo” (Flp 1,21), y expresa el carácter totalizador que
constituye el dinamismo profundo de la vocación a la vida
contemplativa. (VDq 3)
Reflexión
No deja de ser paradigmático, en lo que a oración se refiere,
la “Anunciación” de María y la “Pasión y muerte de Jesús”:
Beatriz de Silva, como fiel discípula de la Virgen Madre ha
72
entendido que la oración es un acontecimiento que se
entreteje de palabras y silencios, de respuestas e
interrogantes, de certezas pero también de incertidumbres. El
ángel ciertamente ya le ha expresado a María cuál es el
designio salvador del Padre Dios, ahora Éste calla para que
María pueda hablar; de su respuesta dependerá la redención
de la humanidad.
Por otra parte, siguiendo las huellas de Francisco de Asís, la
Pasión y muerte de Jesús, ha signado definitivamente la vida
de Beatriz de Silva e igualmente el contenido y sentido de su
espiritualidad. En ella se ha encontrado con el Hijo de Dios
encarnado, con Aquel que se hizo uno como nosotros para
expresarnos de modo inmediato la cercanía del Padre Dios.
De ahí que de su amor esponsal surja en su totalidad el
contenido de su plegaria, la gratitud hecha alabanza de su
oración.
Lectura Breve
Romanos 8, 26-27a
El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque no
sabemos lo que nos conviene, pero el mismo Espíritu
intercede por nosotros con gemidos inenarrables. Y el que
penetra los corazones, conoce los pensamientos del Espíritu.
Responsorio
V/. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa
del Señor por los días de mi vida
R/. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa
del Señor por los días de mi vida
V/. Gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo
R/. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa
del Señor por los días de mi vida
73
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa
del Señor por los días de mi vida
Preces
Santa Beatriz de Silva contempló al Padre Dios, en el Señor
Jesús Palabra hecha carne; por su intercesión, elevemos
nuestra común oración.
R/. Señor nuestro, escúchanos
Por nuestra Iglesia particular, para que abunde en ella la
alegría y la ilusión de vivir la Buena Noticia del reino que
nos anunció Jesucristo. Roguemos al Señor.
Por los que dirigen los destinos de las naciones para que
sepan manifestar, con la entrega de su vida a los que
yacen sin esperanza, quien es la verdadera vida para el
mundo. Roguemos al Señor.
Por los miembros de la Iglesia que están en la edad de la
niñez, de la infancia y de la adolescencia; para que la
propuesta del Evangelio les ayude a encontrar la felicidad
verdadera. Roguemos al Señor.
Por la existencia contemplativa de Santa Beatriz;
concédenos la luz del Espíritu para conocerte y el fuego
del amor para contemplarte. Roguemos al Señor.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración para el día Tercero
Señor Dios nuestro: tú plantaste a tu Hijo entre nosotros
“como la verdadera vid, de la cual somos los sarmientos”; te
damos gracias, por Santa Beatriz de Silva, quien se adhirió sin
reserva a Cristo, nuestro Señor, haz que nosotros a ejemplo
de esta virgen y fundadora, sigamos viviendo en profunda
74
unión con él y con todos los hermanos, para que en los
tropiezos e incertidumbres de la vida, sigamos creyendo,
amando y esperando; mientras aguardamos la llegada de tu
reino, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Gozos y oración final
Día Cuarto
(11 de Agosto)
Una historia de Amor
La vida consagrada es una historia de amor apasionado por el
Señor y por la humanidad: en la vida contemplativa esta
historia se despliega, día tras día, a través de la apasionada
búsqueda del rostro de Dios, en la relación íntima con él. A
Cristo Señor, que “nos amó primero” y “se entregó por
nosotros”, las mujeres contemplativas responden con la
ofrenda de toda su vida, viviendo en él y para él, “para
alabanza de su gloria” (Ef 1,12).
En esta dinámica de contemplación son la voz de la Iglesia
que incansablemente alaba, agradece y suplica por toda la
humanidad, y con su plegaria son colaboradoras del mismo
Dios y apoyo de los miembros vacilantes de su cuerpo
inefable. (VDq 9)
Reflexión
La suplica de María juntamente con la de Jesús en el huerto
de los Olivos, se convertirá cada una por su lado, en las
plegarias más definitivas para el futuro de la humanidad. Es la
misma oración, con el mismo sentido, con igual intención.
Todo depende del “Fiat”, del “hágase tu voluntad”. Es el
momento de la opción; el más radical que el hombre pueda
elegir.
75
Nazaret y Getsemaní se identifican, como lugares de oración
y contemplación, en donde tanto el hombre como la mujer
se juegan toda su existencia: María y Jesús. Los dos, con gran
fe y esperanza, dieron una vez y para siempre un “sí”
generoso al amor de Dios en función de la humanidad.
Cuando Dios calla, habla una mujer diciéndole sí a la
propuesta divina. Dios que llama, María responde. De igual
modo Beatriz de Silva, como muchos otros contemplativos a
lo largo de la historia, han respondido haciendo del amor en
exclusivo, la respuesta más elocuente a ese silencio de Dios.
Lectura Breve
Filipenses 3, 8-9
Todo lo tengo por pérdida ante el sublime conocimiento de
Cristo Jesús, mi Señor, por quien he sacrificado todas las
cosas, y las tengo por basura con tal de ganar a Cristo y
encontrarme en él; no en posesión de mi justicia, la que viene
de la ley, sino de la que se obtiene por la fe en Cristo, la
justicia de Dios, que se funda en la fe.
Responsorio
V/. Lámpara es tu palabra, Señor, para mis pasos, luz en mi
sendero.
R/. Lámpara es tu palabra, Señor, para mis pasos, luz en mi
sendero.
V/. Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi
corazón.
R/. Luz en mi sendero.
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Lámpara es tu palabra, Señor, para mis pasos, luz en mi
sendero.
76
Preces
Aclamemos hermanos a Dios, nuestro Salvador, que se
complace en enriquecernos con sus dones, y digámosle con
fe:
R/. Señor nuestro, escúchanos
Alabemos a Dios que se dignó valerse de almas
consagradas como la de Santa Beatriz de Silva; te rogamos
por nosotros, para que como Iglesia, sigamos su ejemplo,
dando testimonio de fe y esperanza cristiana. Roguemos
al Señor.
Para que el Señor preserve a nuestros gobernantes de toda
acción errónea o mala y les conceda ejercer su ministerio
de manera íntegra y honorable. Roguemos al Señor.
Para que por la intercesión de esta virgen fundadora, nos
alcances por su intercesión, el saber leer tus mensajes y
llevarlos a la práctica. Roguemos al Señor.
Por quienes son víctimas del odio, la envidia y de los
innumerables errores del pecado; para que el Señor Jesús
se digne sostenerlos con su gracia en la aflicción.
Roguemos al Señor.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración para el día Cuarto
Dios, fuente de luz y de gracia: en su vida terrena tu Hijo nos
prometió que “si alguno amaba y guardaba su palabra, el
Padre lo amaría y vendría a él, y harían morada en él.” Te
alabamos por Santa Beatriz de Silva, quien de una manera tan
particular, tomó para sí como ideal de vida, la certeza de que
tú habitas en lo más profundo de nosotros mismos; haz que a
ejemplo de esta virgen fundadora, nos unamos a tu Hijo,
como los sarmientos a la vid, de tal manera que demos frutos
77
abundantes de justicia, bondad y fraternidad; que nuestra
unión con Él se haga visible en la apertura hacia el prójimo y
en la profundidad de nuestra oración; por Jesucristo nuestro
Señor.
Gozos y oración final
Día Quinto
(12 de Agosto)
Corazón orante de la Iglesia
La vida contemplativa monástica, en su mayoría femenina, se
ha radicado en el silencio del claustro generando preciosos
frutos de gracia y misericordia. La vida contemplativa
femenina ha representado siempre en la Iglesia y para la
Iglesia el corazón orante, guardián de gratuidad y de rica
fecundidad apostólica y ha sido testimonio visible de una
misteriosa y multiforme santidad.
A lo largo de los siglos, la experiencia de estas hermanas,
centrada en el Señor como primero y único amor, ha
engendrado copiosos frutos de santidad. ¡Cuánta eficacia
apostólica se irradia de los monasterios por la oración y la
ofrenda! ¡Cuánto gozo y profecía grita al mundo el silencio
de los claustros! (VDq 5)
Reflexión
María reconoce lo que ella es: una esclava del Señor, una
simple servidora de Dios, y por eso el Señor la ha escogido
llenándola de gracia, que es su mismo Espíritu. Con ese gesto
generoso, María se convierte en la servidora de la voluntad
del Padre, quien quería hacer de ella la Madre de su Hijo,
templo del Espíritu, la bienaventurada por excelencia, entre
todos los bienaventurados.
78
Beatriz de Silva, por su parte, a través de su consagración
claustral al Señor Jesús; ha entendido este nuevo estilo de
vida como la relación esponsal que se establece entre el
amado y la amada; como esa alianza en la que la existencia
de ambos hace alusión permanente el uno al otro. Ha sido
tan profunda esta unión, que se fue acrecentando día tras día
hasta llegar a la plena comunión con Cristo. Este mismo
Espíritu inspiró a nuestra santa para fundar la Orden de la
Inmaculada Concepción. Su testimonio tantas veces oculto a
lo largo de la historia, su decisión voluntaria de abandonar
todo cuanto poseía, su vida escondida y su fidelidad, han
sido los gestos generosos a través de los cuales ella ha
cantado eternamente las maravillas del Señor.
Lectura Breve
Salmo 39 (40), 7-9
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, no pides holocaustos ni
sacrificios por el pecado; en cambio, me has abierto el oído,
por lo que entonces dije: Aquí estoy, en el libro está escrito
de mí: Dios mío, yo quiero hacer tu voluntad, tu ley está en
el fondo de mi alma.
Responsorio
V/. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me
instruye internamente.
R/. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me
instruye internamente.
V/. Por eso se me alegra el corazón, y se gozan mis entrañas.
R/. Hasta de noche me instruye internamente.
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me
instruye internamente.
79
Preces
Demos gracias a Dios con alabanzas continuas, porque ha
querido enriquecer a la Iglesia con la presencia de las monjas
concepcionistas a las que santifica con su gracia. Por tanto,
supliquémosle:
R/. Señor nuestro, escúchanos
Oremos por los que están fuera de la Iglesia o han
extraviado el camino; para que el Buen Pastor de las
ovejas, nuestro Señor Jesucristo, les conceda la conversión
y puedan regresar gozosos al rebaño de donde se habían
apartado. Roguemos al Señor.
Por los gobernantes, para que el Señor les conceda
sabiduría y honestidad, y los convierta en garantes de la
libertad individual y la propiedad. Roguemos al Señor.
Tú que diste fuerza a María para permanecer junto a la
cruz de Jesús, conforta a quienes el dolor, la enfermedad
o la pobreza les abruman; sé horizonte de esperanza en su
angustia y socórrelos en su necesidad. Roguemos al Señor.
Alabemos a Dios que eligió a Santa Beatriz como ejemplo
de humildad y de disponibilidad, haz que nosotros como
esta virgen fundadora, perseveremos fieles en la práctica
de sus virtudes. Roguemos al Señor.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración para el día Quinto
Dios de bondad, de donde procede todo don perfecto: en el
sendero de Francisco de Asís, apremiaste a Santa Beatriz a
alcanzar la libertad de espíritu vendiendo todos sus bienes y
repartiéndolos entre los más pobres, te damos gracias por su
vida y su ejemplo y, te pedimos por la intercesión de esta
virgen y fundadora nos alcances también a nosotros, el don
80
inapreciable de conservar esa misma libertad del corazón,
para poder así abrirnos a la verdadera riqueza que consiste en
entregarnos a ti y a los hermanos, por Jesucristo nuestro
Señor.
Gozos y oración final
Día Sexto
(13 de Agosto)
Solo Dios basta
Desde la oración personal y comunitaria las religiosas
contemplativas descubren al Señor como tesoro de su vida, su
bien, “todo el bien, el sumo bien”, su “riqueza a satisfacción”
y, con la certeza en la fe de que “solo Dios basta”, han
elegido la mejor parte. Han entregado su vida, su mirada fija
en el Señor, retirándose en la celda de su corazón, en la
soledad habitada del claustro y en la vida fraterna en
comunidad. De este modo son imagen de Cristo que busca el
encuentro con el Padre en el monte.
A lo largo de los siglos, la Iglesia nos ha mostrado siempre a
María como summa contemplatrix. De la anunciación a la
resurrección, pasando por la peregrinación de la fe culminada
a los pies de la cruz, María queda en contemplación del
Misterio que la habita. En María vislumbramos el camino
místico de la persona consagrada, establecida en la humilde
sabiduría que gusta el misterio del cumplimiento último.
(VDq 9-10)
Reflexión
En la visitación de María a su prima Isabel, con otras
palabras, y en circunstancias diferentes, se va a repetir un
nuevo encuentro de Ella con Dios. María entra en la casa de
Zacarías, saluda a Isabel quien, ante esta visita también
inesperada, se deja llenar del Espíritu Santo y exclama en alta
81
voz. Ese encuentro, está mediado por el otro, el hermano o
la hermana; Isabel en su emoción, reconoce que no es digna
de recibir esta visita. De nuevo aparece esa actitud de
pobreza, propia de quien se sabe necesitado del otro.
En el encuentro de Beatriz de Silva con sus hermanas en el
claustro, cae en cuenta cada vez más y con mayor claridad,
que no había sido llamada a replegarse sobre sí misma; que
sus relaciones con la divinidad no eran gracias exclusivas de
ella y de su Dios. Descubrió que el Señor a quien se había
consagrado era un Dios familia, un Dios comunitario, un Dios
Trinidad.
Percibió nuestra santa, que su vocación nada tenía que ver
con el retraimiento o la separación. Su llamado y la respuesta
al mismo, consistiría en alcanzar la comunión con la
naturaleza, con las personas y con Dios. Descubrió que lo
suyo era ser, amar y adorar. De la conquista de estas tres
dimensiones, dependería el alcance de su realización
personal, de su santidad.
Lectura Breve
Romanos 12, 3
En virtud de la gracia que me fue dada, les digo a todos y a
cada uno de ustedes: No se estimen en más de lo que
conviene; tengan más bien una sobria estima según la medida
de la fe que otorgó Dios a cada uno.
Responsorio
V/. El cielo proclama la gloria de Dios, y hasta los límites del
orbe difunde su lenguaje
R/. El cielo proclama la gloria de Dios, y hasta los límites del
orbe difunde su lenguaje
V/. El firmamento pregona la obra de sus manos.
R/. Y hasta los límites del orbe difunde su lenguaje
82
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. El cielo proclama la gloria de Dios, y hasta los límites del
orbe difunde su lenguaje
Preces
Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que
misericordiosamente siempre nos acoge y no cesa de
bendecirnos. Digámosle con ánimo confiado:
R/. Señor nuestro, escúchanos
Te pedimos Señor por los que están en pobreza y
exclusión, para que como Iglesia seamos sensibles ante
esta realidad que sufren muchos hermanos nuestros.
Roguemos al Señor.
Para que los gobernantes y los que gestionan el bien
común no se dejen intimidar por el mal o vencer por el
pecado; que Dios les conceda cordura, sabiduría,
prudencia y discernimiento para saber lo que es bueno, el
bien hacer y el justo proceder. Roguemos al Señor.
Para que los pobres, los enfermos, puedan experimentar
el consuelo, la riqueza, la hartura y la recompensa del
Padre Dios. Roguemos al Señor.
Por nuestra asamblea: para que el ejemplo de Santa
Beatriz de Silva, cuya memoria celebramos, nos estimule a
vivir las bienaventuranzas de Cristo. Roguemos al Señor.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración para el día Sexto
Padre eterno, tras las huellas de Jesús, tu hija Santa Beatriz
puso todo su empeño en buscar primero el Reino de Dios y
su justicia, con la confianza plena de que todo lo demás se le
83
daría por añadidura; permite que nosotros siguiendo sus
enseñanzas aprendamos a combinar el trabajo y la oración;
haz que nuestra plegaria, como la de esta virgen fundadora,
inspire lo que hacemos para cumplir con conciencia nuestra
tarea en esta vida y para saber poner nuestros talentos, en tus
manos y al servicio de los hermanos, te lo pedimos por
Jesucristo nuestro Señor.
Gozos y oración final
Día Séptimo
(14 de Agosto)
Centralidad de Dios
A ejemplo de la Virgen Madre, el contemplativo es la
persona centrada en Dios, es aquel para quien Dios es el
unum necessarium, ante el cual todo cobra su verdadero
sentido, porque se mira con nuevos ojos. La persona
contemplativa comprende la importancia de las cosas, pero
estas no roban su corazón ni bloquean su mente, por el
contrario son una escalera para llegar a Dios: para ella todo
“lleva significación” del Altísimo.
Quien se sumerge en el misterio de la contemplación ve con
ojos espirituales: esto le permite contemplar el mundo y las
personas con la mirada de Dios, (VDq 10)
Reflexión
En este caminar mariano, Beatriz de Silva ha descubierto, que
orar no es un ejercicio que se realice de una manera
individual y solitaria, aunque puede ser que para alguien que
vea las cosas con ojos superficiales, la plegaria sea un
aislamiento de la realidad, pero para quien realmente tenga
una verdadera experiencia de oración cristiana, como lo ha
vivido santa Beatriz, ésta es una oportunidad para
84
relacionarse a profundidad con la vida, con las cosas, con las
personas y con Dios.
A través de su vida claustral, nuestra santa fue ejemplo vivo y
ayuda para el pueblo de Dios en su época. El permanecer
junto a sus hermanos y hermanas, el ayudar a recomponer los
lazos truncados, el gestionar las tensiones y los conflictos, el
acoger las debilidades ajenas; fueron senderos recorridos por
nuestra santa, permitiéndole tomar contacto con la propia
debilidad encomendándola a la ternura de Dios y de la
comunidad. Todas estas realidades vivenciadas desde la fe, la
impulsaron a compartir la suerte de muchos hermanos y
hermanas en el mundo y, a ofrendar, el día a día de su
propia existencia, el sacrificio fecundo y silencioso de su
entrega y consagración.
Lectura Breve
Romanos 8, 35. 37-39
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la
angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los
peligros?, ¿la espada? Pero en todo esto salimos vencedores
gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la
muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo
presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la
profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del
amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.
Responsorio
V/. Voy a escuchar lo que dice el Señor: seguramente habla
de la paz.
R/. Voy a escuchar lo que dice el Señor: seguramente habla
de la paz.
V/. A su pueblo y a sus amigos y a los que se convierten de
corazón.
R/. Seguramente habla de la paz.
85
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Voy a escuchar lo que dice el Señor: seguramente habla
de la paz.
Preces
Con el ejemplo y patrocinio de Santa Beatriz de Silva,
maestra y modelo de oración, presentemos a Dios nuestras
súplicas:
R/. Señor nuestro, escúchanos
Oremos por la Santa Iglesia de Dios, extendida de un
límite al otro de la tierra; que el Señor la preserve de todo
mal y la guarde hasta el fin del mundo. Roguemos al
Señor.
Para que el Señor conceda luz, prudencia, sabiduría, valor,
discernimiento y acierto a nuestros políticos y
gobernantes, a las instituciones, y a todos los que vivimos
en este país, de tal modo que podamos encontrar salidas
justas y razonables, conformes con el bien común.
Roguemos al Señor.
Para que aquellos hermanos nuestros que se encuentran
afligidos por la enfermedad, el Señor los libre de toda
dolencia y de todo padecimiento, y puedan volver con
buena salud a sus labores cotidianas. Roguemos al Señor.
Para que cada uno de nosotros, iluminado por el
Evangelio, podamos ofrecer en la vida social y política
una presencia unida, coherente, honesta, desinteresada,
abierta a la colaboración con todos los hombres de buena
voluntad. Roguemos al Señor.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
86
Oración para el día Séptimo
Padre de las luces, en la fuente del Evangelio, quien desee no
solo beber sino también calmar la sed de trascendencia e
inmortalidad, ha de orarte –si quiere ser escuchado- en lo
secreto y profundo de su corazón; te alabamos por santa
Beatriz de Silva quien sustrayéndose del bullicio del mundo
en el silencio del claustro, supo, como virgen prudente
disfrutar anticipadamente de las alegrías eternas; haz que a
ejemplo de esta santa fundadora, sepamos emplear
asertivamente el don de comunicarnos para poder así cantar
en el cielo tus glorias en tu compañía y la de todos tus santos,
por Jesucristo nuestro Señor.
Gozos y oración final
Día Octavo
(15 de Agosto)
La contemplación nace de la fe
Contemplar, pues, es tener en Cristo Jesús, que tiene el rostro
dirigido constantemente hacia el Padre, una mirada
transfigurada por la acción del Espíritu, mirada en la que
florece el asombro por Dios y por sus maravillas; es tener una
mente limpia en la que resuenan las vibraciones del Verbo y
la voz del Espíritu como soplo de brisa suave.
No es por azar que la contemplación nace de la fe, la cual es
puerta y fruto de la contemplación: solo por el “heme aquí”
confiado (cf. Lc 2,38) es posible entrar en el Misterio. (VDq
11)
Reflexión
Al saludo del ángel, María reacciona con asombro; al saludo
de María, Isabel reacciona con sorpresa. Es que cuando Dios
nos visita sentimos siempre este tipo de sensaciones. Muchos
tienen dudas y, a veces, hasta miedo. Pero hay una señal
87
inequívoca que indica que Dios hace su visita. Ese signo es la
paz duradera, la alegría y el gozo interno que lleva a renacer,
a un cambio. Eso fue lo que sintió María, eso fue lo que vivió
Isabel.
De igual manera, en ese trato amistoso que es la oración, la
Virgen Madre se siente nuevamente alabada por ese otro ser
maravilloso: Beatriz de silva. Y resuenan con armoniosa
melodía, las mismas palabras extraordinarias, antaño
escuchadas: “amada y favorecida”, “has encontrado el favor
de Dios”, “el Espíritu Santo descenderá sobre ti”, “bendita
eres entre todas las mujeres”, “feliz tú porque has creído.”
Es que cuando oras, no estás solo. Estás nada menos que
dejándote introducir en lo más profundo de la existencia: en
la revelación trinitaria y eclesial. Relación fecunda de amor
que hace ver y vivir distinto. Relación que transforma.
Relación que no es etérea ni está en las nubes. La comunión
trinitaria la vives aquí en la tierra, en aquella sociedad
humana y divina que se llama la humanidad, y en esa otra
comunidad llamada Iglesia.
Lectura Breve
Sirácida 24, 18-20
En mi está la gracia de camino y de verdad, en mi toda
esperanza de vida y de virtud, vengan a mí los que aman y
sáciense de mis frutos, mi nombre es más dulce que la miel y
mi herencia mejor que los panales.
Responsorio
V/. Te doy gracias, Señor de todo corazón; delante de los
ángeles tañere ara ti
R/. Te doy gracias, Señor de todo corazón; delante de los
ángeles tañere ara ti
88
V/. Me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre.
R/. Delante de los ángeles tañere ara ti
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Te doy gracias, Señor de todo corazón; delante de los
ángeles tañere ara ti
Preces
Presentemos al Señor nuestras oraciones, implorando hoy la
intercesión de Santa Beatriz de Silva, de quien hemos
recordado la santidad de su vida y de sus obras, diciendo:
R/. Señor nuestro, escúchanos
Para que el Papa, los obispos y todos los ministros de la
Iglesia sean fieles servidores del Evangelio. Roguemos al
Señor.
Para que Dios ilumine y dé sabiduría y discernimiento a
nuestros gobernantes; que a la hora de gobernar respeten
y promuevan la verdad y el bien de la familia, la totalidad
de los derechos humanos con sus deberes, libertades y
exigencias, sin discriminaciones. Roguemos al Señor.
Para que los justos que sufren persecución por la causa del
Evangelio, experimenten la mano salvadora del Señor,
detenga el furor de sus perseguidores y apacigüe su cólera.
Roguemos al Señor.
Para que el Señor Jesús que nos ha dado su Palabra para
guiarnos por los caminos del mundo; nos conceda la
gracia de escucharla, cumplirla y poder ser así testigos del
evangelio. Roguemos al Señor.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
89
Oración para el día Octavo
Padre de amor, la caridad es el signo elocuente de la
coherencia en el seguimiento de Jesús; te damos gracias por la
vida y la obra de Santa Beatriz de Silva, quien fue el consuelo
y amparo de los más pobres y necesitados, a quienes socorrió
generosamente y remedió con ejemplar agrado y prudencia
sus necesidades espirituales y corporales; por la caridad que
ardía en el corazón de esta virgen fundadora alcánzanos un
amor grande y generoso como el de tu unigénito, Jesucristo,
nuestro Señor.
Gozos y oración final
Día Noveno
(16 de Agosto)
La contemplación profecía y signo
La vida monástica se configura según su propio estilo en
profecía y signo, que “debe atraer eficazmente a todos los
miembros de la Iglesia a cumplir sin desfallecimiento los
deberes de la vida cristiana”.
Las comunidades de orantes y, en particular, las comunidades
contemplativas, “que con su separación del mundo se
encuentran más íntimamente unidos a Cristo, corazón del
mundo”, no proponen una realización más perfecta del
Evangelio sino que, actuando las exigencias del Bautismo,
constituyen una instancia de discernimiento y convocación al
servicio de toda la Iglesia: signo que indica un camino, una
búsqueda, recordando al pueblo de Dios el sentido primero y
último de lo que él vive. (VDq 4)
Reflexión
La vida consagrada al estilo de Santa Beatriz de silva, es un
don de Dios para la Iglesia, nace en la Iglesia, crece en la
Iglesia, está orientada toda ella hacia la Iglesia. En la escuela
90
de la Virgen Madre, nuestra santa, ha vivido en profunda
comunión con la Iglesia, transformándose en viva
prolongación del misterio de María, virgen, esposa y madre,
que acoge y guarda la Palabra para devolverla al mundo,
contribuyendo así a que Cristo nazca y crezca en el corazón
de los hombres sedientos, de Aquel que es “camino, verdad y
vida.”
Al igual que María, Beatriz de Silva, se empeñó en ser el
puente a través del cual Dios cruza para encontrar al hombre
y el hombre atraviesa para encontrar a Dios y contemplar su
rostro y el rostro de Cristo en sus hermanos. Su testimonio de
vida mostró a los hombres y mujeres de su época, y muestra
al mundo de hoy, la fecundidad del evangelio, al permanecer
inmersa en las realidades temporales y en la construcción de
la ciudad terrena. En el corazón de su madre -la Iglesia- ella
fue signo elocuente de amor.
Lectura Breve
Efesios 1, 18-19
Que les ilumine la mirada interior, para que entiendan lo que
esperamos a raíz del llamado de Dios, qué herencia tan
grande y gloriosa reserva Dios a sus santos, y con qué fuerza
tan extraordinaria actúa en favor de los que creemos, en esa
misma fuerza todopoderosa.
Responsorio
V/. Grande eres tú y haces maravillas; tú eres el único Dios.
R/. Grande eres tú y haces maravillas; tú eres el único Dios.
V/. Porque eres bueno y clemente, rico en misericordia con
los que te invocan.
R/. Tú eres el único Dios.
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Grande eres tú y haces maravillas; tú eres el único Dios.
91
Preces
Jesucristo es el testigo fiel, el servidor de todos, de quien
Santa Beatriz dio testimonio con su entrega en la vida
claustral; por la intercesión de esta virgen fundadora,
invoquemos al padre por la necesidades de todos los
hombres.
R/. Señor nuestro, escúchanos
Oremos por la Iglesia, santa y católica, para que Dios,
creador de todas las cosas, le conceda su paz, perpetua y
duradera y la guarde para que persevere en la virtud
perfecta gracias a la fe. Roguemos al Señor.
Por los gobernantes de las naciones, para que lleguen a
acuerdos de paz, colaboración y progreso, buscando
siempre el bien de sus conciudadanos. Roguemos al Señor.
Por los que están en la pobreza y exclusión; para que los
cristianos seamos sensibles ante esta realidad que sufren
muchos hermanos nuestros. que denunciemos esta
situación injusta y ellos se sientan acompañados por
nuestra operante caridad. Roguemos al Señor.
Por nosotros, que estamos reunidos en la celebración de
este novenario para que seamos en nuestro entorno
testigos de fraternidad y solidaridad. Roguemos al Señor.
Se rezan un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración para el día Noveno
Padre, Señor del día y de la noche, al acudir a Ti, durante
estos días que hemos realizado esta novena; te suplicamos
por la gloriosa intercesión de Santa Beatriz, que nos alcances
para cada uno de nosotros, la paz en el perdón y el gozo en
la reconciliación; de tal manera que siguiendo las huellas de
92
Cristo Jesús, amado esposo de las vírgenes, podamos vivir
como ella, esa relación esponsal de cercanía, de
perfeccionamiento y de gracia de la cual fue madre y
maestra, modelo acabado de santidad. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
93
Preparación para todos los días
Acto de Fe
Creo firmemente en el misterio de la Santísima Trinidad,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo
Dios verdadero. Creo en el misterio de la Encarnación; que la
segunda persona de la Santísima Trinidad, que es el Hijo, se
encarnó y se hizo hombre en las purísimas entrañas de la
Virgen María nuestra Señora, por obra del Espíritu Santo,
quedando siempre virgen y verdadera Madre de Dios. Así
mismo, creo que Dios es remunerador, justo juez y Padre
misericordioso, que premia a los buenos, castiga a los malos y
perdona a los pecadores arrepentidos. Y creo y confieso de
todo corazón, todo cuanto nuestra Santa Madre Iglesia
Católica Romana, tiene y enseña por de fe, y protesto vivir y
morir, con la divina gracia, en esta santa fe en particular,
siempre que suficientemente me fueren propuestos, según
fuere obligado; y si tuviera mil vidas, las expondría por su
defensa y sellaría con mi sangre las verdades católicas.
Acto de Esperanza
Dios mío, esperanza mía y refugio mío: desconfiado de mi
miseria, en ti pongo todas mis esperanzas, esperando, como
firmemente espero en tu infinita bondad y misericordia y en
los méritos de Jesucristo mi Redentor, que, arrepentido de
94
mis culpas como me arrepiento de todo corazón, y las
detesto por ser ofensa contra ti que eres mi Dios y Señor, me
las perdonarás y perseverando con tu gracia en la enmienda,
me darás la gloria, pues en ti confía y de ti espera tanto bien
mi corazón, oh vida y alma mía.
Acto de Caridad
¡Oh vida de mi alma! ¡Oh alma de mi vida! ¡Oh amor mío,
mi Dios y Señor! Te amo, Señor y Dios mío, de todo corazón,
con toda mi alma, y sobre todas las cosas, y quisiera, Señor,
abrasarme con el fuego de tu divino amor y amarte como te
aman los ángeles y santos de cielo y los justos de la tierra, y
como te amó y ama la purísima Virgen María, mi Señora; y si
fuera posible, quisiera amarte con el amor infinito con que te
amas a ti mismo, y que con este amor te hubieran amado
todas las creaturas desde el principio del mundo, y así
continuara por toda la eternidad. Amén.
Oración del Seráfico San Francisco
¡Oh gran Dios, soberano y dulce Jesús mío! te pido con
humilde rendimiento que alumbres mi rudeza con los rayos
de tu luz, y que destierres de mi las funestas sombras del
engaño. Dame, Señor, una fe constante, una esperanza firme
y una caridad fervorosa, con perfecto reconocimiento de tu
grandeza y de mi nada, para que en todas mis obras, palabras
y pensamientos, guiado de tu luz, obre en todo tu santo
beneplácito y rectísima voluntad. Amén.
Día Primero
(25 de Septiembre)
Consideración
Apenas fue concebido el Seráfico Padre, y aun antes de que
naciera, comenzó el cielo a pronosticar su santidad; pues
muchas noches antes de su nacimiento se vieron en el valle de
Espoleto tantas luces y resplandores, que convertían el día la
95
oscuridad de la noche. Receloso lucifer de que aquel niño
naciese para su daño, destinó muchos demonios para que le
quitasen la vida, y para que, si no podían ejecutar esta
crueldad, le hicieran sangrienta guerra; pero de todas sus
diabólicas furias le defendió Dios nuestro Señor por el
ministerio de sus santos ángeles.
Oración para el día Primero
¡Señor mío Jesucristo, luz y resplandor del eterno Padre! que
ilustraste con tantas luces al Seráfico San Francisco y que le
defendiste por medio de tus santos ángeles de la furia
infernal; te suplico, Señor, que por la intercesión de tan gran
santo, sea alumbrado mi entendimiento para que conozca yo
los pecados que contra tu divina Majestad he cometido; y
que, confesándolos todos con verdadero dolor, me libres de
las asechanzas del demonio, para vivir y morir en tu santa
gracia y en el ejercicio de las virtudes. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego la oración para todos los días.
Oración para todos los días
Seráfico Padre mío, prodigio de santidad, portento de gracia
atlante del cielo, asombro del mundo, imagen viva de
Jesucristo, varón apostólico, juez de los entendimientos,
mártir de deseo, sustentáculo de la fe, espada contra los
herejes, credo de las maravillas de Dios a quien los brutos
obedecen, los peces escuchan, las aves alegres festejan, a cuya
voz los mares y elementos se rinden, y la naturaleza obedece,
viéndose contra sus fueros sujeta; los sepulcros tiemblan, con
tantas maravillas, que arrojan vivos a los que escondían
muertos.
96
Trinidad, ángel, serafín, patriarca, profeta, confesor, virgen,
alférez de Jesucristo, columna de la Iglesia. En quien estando
en pie, depositó nuestro Redentor los triunfos y señales de
nuestra redención. Te suplicamos que por los méritos, de
Nuestro Señor Jesucristo y tu intercesión, nos alcances los
favores que te pedimos en esta oración; si es para mayor
honra y gloria de Dios nuestro Señor. En cuya voluntad nos
resignamos. Conformes: que nuestro deseo es verle nuestro
temor el perderle, nuestro gozo él amarle nuestro dolor no
gozarle; la vida de nuestra alma es su gracia, la cual deseamos
para alabarlo eternamente en la gloria. Amén.
Responso del Seráfico
Con sacra espada, Francisco
traspasado te miramos;
con celeste gracia fulgen
tus estigmas, dulce amado.
Con el que te dio estos dones
que intercedas te rogamos,
para que unja nuestras almas
con su sangre del costado.
Hollando las cosas vanas
y a Dios por siempre buscando,
mereciste estos presentes
de su amor dulce y sagrado.
Con el que te dio estos dones…
Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo.
Con el que te dio estos dones…
97
V/. Ruega a Cristo por nosotros, oh Seráfico llagado,
R/. Para que por siempre seamos dignos de alcanzar las
promesas y gracias de nuestro Señor Jesucristo
Oración
Dios y Señor nuestro, que por los méritos de nuestro Seráfico
Padre San Francisco te complaces en extender y dilatar tu
Santa Iglesia con nuevos hijos, concédenos la gracia de que,
imitando a tan santo fundador, despreciemos las cosas
terrenas y lleguemos a gozarnos eternamente con la
participación y posesión de los bienes celestiales. Por
Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Se pide la gracia necesaria. Luego se dicen los gozos y la salve a San
Francisco.
Primeros Gozos
Para los días 1, 4, y 7
Imagen del Redentor,
con sus llagas señalado:
De Cristo crucificado
alcánzanos el amor
Tu nacer fue esclarecido
por Dios al mundo anunciado,
de sus luces ilustrado,
de las tinieblas temido;
y en tu juvenil candor
fuiste siempre conservado
De Cristo crucificado…
Desde tu oriente, Jesús
quiso dar a conocer,
Que una copia ibas a ser
de su vida y de su Cruz:
Por esto naciste flor
en pesebre despreciado.
98
De Cristo crucificado…
De las gracias en la fuente
es un ángel tu padrino,
Y otro por orden divino
te imprime una cruz luciente;
desde tu primer albor
apareciste cruzado.
De Cristo crucificado…
Cuando la pasión divina
tu pensamiento embargaba,
a reparar se te enviaba
de las iglesias la ruina;
insigne reparador,
toda ruina has reparado.
De Cristo crucificado…
Al hambriento sustentar
fue por siempre tu vivir;
al desnudo por vestir
te llegaste a desnudar;
te ofreciste proveedor
a todo necesitado.
De Cristo crucificado…
Con afrentas a millones
el mundo te desprecio;
duros azotes, prisiones,
hasta tu padre te dio;
a toda pena y rigor
por Cristo te has sujetado.
De Cristo crucificado…
De todo te desnudaste
con ferviente regocijo,
y hasta el título de hijo
de tu padre renunciaste;
por heredar lo mejor
te hiciste desheredado.
De Cristo crucificado…
99
De Cristo las leyes todas
rigen tus diarias acciones,
y en tu regla los blasones
del evangelio acomodas;
del mundo reformador
formas nuevo apostolado.
De Cristo crucificado…
En sueños tu regla vio
cual palma muy elevada
de muchos frutos colmada
el Papa que la aprobó;
como experto sembrador
el cielo te ha coronado.
De Cristo crucificado…
Vio también que sustentabas
con tus brazos de gigante.
y con esfuerzos de amante
la Iglesia, que tanto amabas;
sublime sustentador,
con pobreza has sustentado.
De Cristo crucificado…
De la Iglesia eres sostén
con tus duras penitencias,
oraciones y abstinencias,
y exhortaciones al bien;
fuiste columna mayor
cuando más debilitado.
De Cristo crucificado…
En humildad, regia dote,
creciste con raro esmero,
de modo que ni el postrero
quisiste ser sacerdote;
en presencia del Señor
fuiste todo aniquilado.
De Cristo crucificado…
100
Sin el sacerdocio fuiste
un apóstol sin igual,
y el grado sacerdotal
que temblando no admitiste,
con respetuoso temor
fue por ti reverenciado.
Imagen del Redentor,
con sus llagas señalado:
De Cristo crucificado
alcánzanos el amor
Segundos Gozos
Para los días 2, 5, y 8
Imagen del Redentor,
con sus llagas señalado:
De Cristo crucificado
alcánzanos el amor
La pobreza tanto amaste
que la hiciste tu señora,
y hasta tu última hora
de corazón la abrazaste
en la nada Fundador
pusiste tu principado.
De Cristo crucificado…
En la obediencia tú fuiste
un portento para visto,
pues los consejos de Cristo
preceptos tuyos hiciste;
como obediente el mejor
a lo sublime has llegado.
De Cristo crucificado…
De la angelical limpieza
fue tan ardiente tu celo,
que juzgo, que el mismo cielo
admira tu gran pureza;
por conservar esta flor
101
viviste mortificado.
De Cristo crucificado…
De la nieve cual sayal
animoso te cubriste,
y victorioso saliste
del enemigo carnal;
y así el mundo tu candor
de admiración ha llenado.
De Cristo crucificado…
A la zarza te arrojaste,
y de tus venas hermosas
salieron las bellas rosas
con que el zarzal adornaste;
de tu pureza el olor
a la Iglesia ha perfumado.
De Cristo crucificado…
El Cristo de tus amores
esas rosas aceptó
y con ellas coronó
a la Reina de las flores;
como en premio de ese honor
de honores te ha coronado
De Cristo crucificado…
Al Pastor de los pastores
tales rosas consagraste,
Y por ellas alcanzaste
muchas gracias y favores;
para evitar el ardor,
que nos acarrea el pecado.
De Cristo crucificado…
Con tu palabra encendida
a los pobres pecadores,
para aplacar los furores
de la justicia ofendida,
como gran predicador
a penitencia has llamado.
102
De Cristo crucificado…
Del mundo la salvación
fue tu constante deseo,
y alcanzaste un jubileo
de perfecta remisión;
muchas almas al Señor
por este medio has llevado
De Cristo crucificado…
Tu ardiente amor acreditan
esas encarnadas rosas,
esas llagas milagrosas,
que a contrición nos excitan:
de la caridad doctor
te ostentas así llagado.
De Cristo crucificado…
Del martirio la corona
tu noble pecho buscaba,
pero Cristo que te amaba
en su imagen te transforma,
quedando por tu fervor
tu corazón traspasado.
De Cristo crucificado…
Tus manos, pies y costado
heridos por Cristo fueron;
sus amores esto hicieron
pues eres de Cristo amado;
por tu seráfico ardor
en el fuiste transformado.
De Cristo crucificado…
Imagen del Redentor,
con sus llagas señalado:
De Cristo crucificado
alcánzanos el amor
Terceros Gozos
Para los días 3, 6, y 9
103
Imagen del Redentor,
con sus llagas señalado:
De Cristo crucificado
alcánzanos el amor
Sobre la desnuda tierra
desnudo quisiste morir
como Cristo por seguir
hasta la muerte su senda;
eres copia del Señor
porque fuiste anonadado.
De Cristo crucificado…
Tu cuerpo desfallecido
crucificaste de suerte
que a la hora de la muerte
perdón le pides rendido;
como amante vencedor
sublimaste al humillado
De Cristo crucificado…
Como estrella sol y luna
al meridiano subiste
de la gloria porque fuiste
humilde desde tu cuna;
y era tu mayor honor
el verte siempre humillado.
De Cristo crucificado…
A la silla que Luzbel
por su soberbia perdió
tu humildad te sublimó
para afrenta eterna de él:
De dichas restaurador
te pregona el desdichado.
De Cristo crucificado…
A tu cuerpo ya sin vida
la corrupción no llegó,
y de tus llagas manó
104
un raudal de sangre viva;
y la viña del Señor
con tu sangre la has regado.
De Cristo crucificado…
Dos siglos después de muerto
fresco tu cuerpo se halló,
y el milagro publicó
de tu espíritu el acierto;
la gloria de tu Hacedor
hasta muerto has predicado.
De Cristo crucificado…
A tu boca pie pisó
llevado de tu humildad;
mas, la misma santidad
tus mismos pies ensalzó;
de las gracias el dador
en tu humildad se ha gozado.
De Cristo crucificado…
Te admira difunto en pie,
con tus ojos refulgentes,
y tus llagas florecientes
la que es regla de la Fe;
como a su esposo y doctor
el anillo te ha entregado.
De Cristo crucificado…
de tus milagros sin cuento
pierde el álgebra el guarismo;
eres de gracias abismo,
y de santidad portento;
eres prodigio, el mayor
de todos los que has obrado.
De Cristo crucificado…
Eres sol que entre sayales
esplendes con luz radiante,
y alumbras al caminante
105
con fulgores celestiales;
de tu ardiente resplandor
todo el mundo está abrasado.
De Cristo crucificado…
Amoroso Serafín:
haz con tus ruegos prolijos
que nosotros tus devotos
consigamos nuestro fin,
observando con fervor
el ejemplo que nos has dado.
De Cristo crucificado…
Imagen del Redentor,
con sus llagas señalado:
De Cristo crucificado
alcánzanos el amor
Salve para todos los días
Dios te salve, Serafín,
Padre abrasado Francisco,
en la pobreza más rica
imagen propia de Cristo.
Viva voz de penitencia,
reforma del cristianismo,
y la pauta más segura
para llorar los delitos.
Dio te salve, a ti llamamos
los desterrados; los hijos
de Eva, gimiendo y llorando;
a ti van nuestros suspiros.
De lágrimas en el valle
el mar de nuestros conflictos
106
te ofrecemos ea, pues,
haz de abogado el oficio.
Vuelve a nosotros tus ojos
misericordiosos, píos;
y después de este destierro
en que gemimos cautivos,
a Jesús muéstranos tierno
fruto de María bendito;
¡Oh clemente, o piadoso,
misericordioso asilo!
¡Oh dulce y manso Patriarca!
obediente, pobre y limpio,
ruega por nos, porque seamos
hoy de las promesas dignos. Amén.
Día Segundo
(26 de Septiembre)
Consideración
Hallándose la madre del Seráfico San Francisco en manifiesto
peligro de vida, con recios y prolijos dolores, sin poder dar a
luz, se le apareció un ángel en traje de peregrino,
prometiéndole que saldría con felicidad de aquel aprieto, si la
llevaban a un pesebre que estaba allí cercano; y habiéndolo
ejecutado así, templados los dolores y recobrados los
alientos, nació con facilidad el tierno infante que enviaba
Dios al mundo para viva copia de nuestro Divino Redentor.
Oración para el día Segundo
Dulcísimo Jesús de mi vida, que dispusiste con admirable
providencia que naciera el Seráfico San Francisco en un
establo a semejanza tuya, te suplico, Señor, que por su
intercesión, te dignes infundirme el amor a la humildad y la
107
pobreza, para que como verdadero pobre de espíritu, tenga
derecho a las riquezas celestiales de tu santo reino. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego la oración para todos los días.
Día Tercero
(27 de Septiembre)
Consideración
Un ángel en traje de peregrino, se ofreció por padrino de
bautismo del Seráfico Padre, y acabada esta sagrada función
desapareció. Le pusieron por nombre Juan; después fue
conocido por el nuevo nombre de Francisco. En el mismo
traje de peregrino lo tomó en otra ocasión otro ángel en sus
brazos, dejándole estampada en el hombro derecho una cruz
roja en señal del principado con que el cielo lo favorecía.
Oración para el día Tercero
Omnipotente Dios, creador y conservador mío, que me
formaste de la nada y me trajiste al gremio de tu Santa Iglesia
por la puerta del bautismo, donde profesé tu santa ley de
gracia, fui señalado con la insignia del cristiano, y recibí otros
admirables dones en virtud de este admirable Sacramento por
los méritos del Inmaculado Cordero, Jesucristo, mi Redentor.
Te ruego, Señor, que por esos mismos infinitos méritos, y por
la intercesión del Seráfico San Francisco a quien concediste un
ángel por padrino (que se interpreta gracia), que mi ángel
custodio me sirva de padrino ante tu divina Majestad,
alcanzándome auxilios eficaces para vivir y morir en tu santa
gracia, y dar entero cumplimiento a lo que prometí en el
santo bautismo. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego la oración para todos los días.
108
Día Cuarto
(28 de Septiembre)
Consideración
Haciendo oración el Seráfico Padre en la ermita de San
Damián, le habló un devoto crucifijo que allí se veneraba, y
en voz sensible le dijo: “Anda Francisco, repara mi casa que
se cae”. Entendió el Seráfico Padre estas palabras de la casa
material o ermita de San Damián, y trató de buscar medios
para cumplir con el divino mandato, comenzando su reparo
con mucho trabajo y fatiga.
Oración para el día Cuarto
Señor mío Jesucristo, reparador universal de todas nuestras
ruinas: te suplicamos Señor, que por la intercesión de tu
amado siervo San Francisco, se repare en nuestras almas la
ruina de la culpa. Las ilustres y renueves con tu gracia, para
que habites siempre en ellas, como en tus templos vivos,
encendiendo en tu santo amor las lámparas de nuestros
corazones, para que fervorosamente te amemos en esta vida
y así continuemos por toda la eternidad en la gloria. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego la oración para todos los días.
Día Quinto
(29 de Septiembre)
Consideración
Se retiró el Seráfico Padre al desierto, en donde permaneció
treinta días en una gruta, empleándolos en oración, ayunos y
penitencia. Volvió luego a la ciudad, y reputado por loco, fue
ultrajado y escarnecido con afrentas y con asquerosas
inmundicias que le arrojaban los mozos. Viéndolo así su
padre, después de muchas injurias, lo puso en rigurosa
109
prisión, de la cual, pasados algunos días, lo liberó su piadosa
madre. Irritado su padre puso demanda contra él ante el
obispo, pretendiendo que renunciase su herencia. El santo no
solamente la renunció, sino también el título de hijo, para no
tener otro padre sino a Dios, y decirle en adelante con más
confianza y libertad: “Padre nuestro, que estás en los cielos.”
Oración para el día Quinto
Dilectísimo Jesús, amparo, refugio y padre amoroso: te
suplico, que a imitación del glorioso San Francisco, me
aficione yo a la penitencia y la mortificación, desnudándome
de todas las conveniencias temporales que apartan de tu
santo servicio, para que teniéndote a ti por padre y amparo
en todas mis necesidades espirituales y temporales, halle el
remedio de mi alma en los auxilios de tu infinita misericordia.
Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego la oración para todos los días.
Día Sexto
(30 de Septiembre)
Consideración
Habiendo reparado el Seráfico
Padre las tres ermitas de la
Porciúncula, San Pedro y San
Damián, ya con su trabajo
personal, ya recogiendo limosna,
oyendo aquel pasaje del Santo
Evangelio en que envía el Señor a
sus apóstoles a predicar, confiados
en la Divina Providencia, y sin
llevar cosa alguna, recibió aquellas
palabras, como oráculos en que
110
Dios le manifestaba el modo de vida que había de observar
en adelante. En esta atención se vistió un hábito penitente,
se ciñó una cuerda y se descalzó. Habiéndosele juntado unos
compañeros inspirados y movidos de su ejemplo, escribió su
regla; se la llevó al Papa Inocencio III, y pareciendo a algunos
cardenales impracticable su guarda, vio en sueños el Pontífice
una palma que, naciendo muy pequeña, crecía
apresuradamente y se cargaba de sazonados frutos, en la cual
se le dio a entender aquella regla y vida. También vio al
Seráfico Padre que, arrimándose a la Iglesia que amenazaba
ruina, la sustentaba con sus hombros; y entendiendo
finalmente la voluntad divina, le aprobó y confirmó la regla,
ordenando al Santo de diácono, y a sus compañeros de
sacerdotes, y concediéndoles facultad de predicar por todo el
mundo la penitencia.
Oración para el día Sexto
Dulcísimo Jesús del alma mía, camino, verdad y vida, que
encaminaste al Seráfico Padre San Francisco por el camino de
la vida apostólica del Evangelio, cifrada en su regla, te
suplico, Señor mío, que por su intercesión encamines los
pasos de mi vida a la guarda de tus santos mandamientos,
que son el camino por donde se sube a gozar eternamente de
la gloria. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego la oración para todos los días.
Día Séptimo
(1 de Octubre)
Consideración
Por suplicas del Seráfico Padre le concedieron los monjes de
San Benito para habitación suya y de sus compañeros, la casa
de Nuestra Señora de los Ángeles de la Porciúncula, que el
111
Santo había reparado. En esta misma Iglesia, algunos años
después, Nuestro Señor Jesucristo le concedió al Santo, por
ruegos de éste e intercesión de su Santísima Madre, la grande
indulgencia de la Porciúncula. Poco después, antes de haberse
publicado solemnemente esta gracia (aunque ya estaba
confirmada por la silla apostólica), para librase el Santo
Patriarca de una grave tentación, se arrojó desnudo en una
espinosa zarza, que con el riego de su sangre brotó
milagrosamente rosas blancas y encarnadas, quedando en
adelante desarmada de sus espinas. Avisado de los ángeles
que en la iglesia estaba Cristo nuestro Señor y su Santísima
Madre, se vistió, y postrado en su presencia adoró con
humildad profunda la Majestad Soberana, y enterado de la
voluntad divina, presentó aquellas milagrosas flores para que
mandara publicar la indulgencia, señalando el día para su
consecución. Condescendió benignamente el Pastor supremo,
y la mando publicar a seis obispos, se ejecutó con milagrosas
circunstancias. Esta misma indulgencia la han extendido
después los Sumos Pontífices con mucho provecho de las
almas.
Oración para el día Séptimo
Señor mío Jesucristo, que de la superabundancia de tus
santísimos méritos, de los de tu sacratísima Madre y demás
santos, nos dejaste en tu Iglesia un admirable tesoro para
nuestro socorro y alivio, te pedimos rendidos que nos libres
de las tentaciones del demonio; y pues concediste al glorioso
San Francisco la indulgencia de la Porciúncula para consuelo
de las almas, haz que merezcamos por su intercesión
conseguirla, y lograr también en la hora de nuestra muerte las
indulgencias a nosotros concedidas, para que sin detenernos
en el purgatorio, vayamos a gozar por eternidades en la
gloria. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego la oración para todos los días.
112
Día Octavo
(2 de Octubre)
Consideración
Retirado el Seráfico Padre en el monte Alvernia a fin de
ayunar la cuaresma del Arcángel San Miguel, el mismo día de
la exaltación de la Cruz, estando en oración, se le apareció
Cristo Señor nuestro, en forma de serafín con seis alas; le
imprimió las llagas, descubriéndose en las manos y los pies
del Santo los clavos formados de una carne nerviosa, duros,
fuertes y sólidos, cuyas cabezas sobresalían en las palmas de
las manos y en lo superior de los pies, y las puntas por la
parte opuesta retorcidas, los cuales tocados se movían,
resultando de la una parte a la otra su movimiento. La llaga
del costado, como una hermosa rosa encarnada, solía verter
tanta sangre de suavísimo olor, que rociaba la túnica y paños
menores. Padecía vehementes y gravísimos dolores, y
formaban en el Seráfico Padre las cinco llagas una tierna y
devota hermosura.
Oración para el día Octavo
Señor mío Jesucristo, amantísimo Redentor y Salvador
nuestro, para inflamar nuestros helados corazones en tu
divino amor y en la compasión de tu sagrada Pasión,
imprimiste al glorioso Padre San Francisco las llagas y señales
de nuestra redención: concédenos, piadosísimo Señor, por su
intercesión, que llevando continuamente la Cruz, siempre
tengamos impresa en nuestros corazones tu sagrada Pasión,
para que sintiendo y agradeciendo lo que padeciste por
nosotros, consigamos los copiosos frutos de nuestra
redención en tu gloria. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego la oración para todos los días.
113
Día Noveno
(3 de Octubre)
Consideración
Fue el transito feliz del Seráfico Padre en el convento de la
Porciúncula. Lo llevaron a depositar en la iglesia de San Jorge
y lo pasaron por el convento de San Damián, donde vivía su
hija espiritual, la gloriosa Santa Clara, la cual con afectuosa
ternura registró y besó sus sagradas llagas, y queriendo
quedarse con un clavo de ellas por reliquia, no pudo sacarlo;
pero a la devota violencia salió copiosa sangre que recogió
en un lienzo.
A los dos años lo canonizó el Papa Gregorio IX. Acabada la
nueva iglesia que se hizo para poner en ella su sepulcro, se
celebró su solemne traslación. Dejaron el santo cuerpo en un
arca preciosa sobre el altar de la bóveda o iglesia subterránea.
Después de doscientos años hizo abrir la bóveda el papa
Nicolás V, con algunos cardenales y religiosos, y lo halló
puesto en pie como si estuviera vivo, sin arrimo a parte
alguna, cubierta la cabeza con la casulla, los ojos en
elevación, claros y resplandecientes, las manos cruzadas
dentro de las mangas, las llagas cruentas, hermosas y bañadas
en sangre fresca y exhalando suavísima fragancia. Con gran
ternura tocaron y besaron el Pontífice y los de su comitiva las
milagrosas llagas. Lo mismo ejecutó después el Sumo Pontífice
Sixto IV, y hallado sin mudanza alguna aquel prodigio, lo
quiso manifestar a todo el mundo; pero San Juan Capistrano
(a quien mandó el mismo Pontífice encomendar a Dios este
negocio) tuvo revelación de que no convenía por entonces,
ni era voluntad de Dios. El glorioso San Pío V, quiso también
visitar el cuerpo del Seráfico Patriarca, pero no se pudo hallar
la puerta de la bóveda, y cedió de sus intentos, venerando las
ocultas disposiciones de la Divina Providencia. Finalmente, el
Papa Pío VIII, concedió, a instancia del General de los
Conventuales, que se hiciese diligencia para hallar el santo
114
cadáver. Cincuenta y dos noches se estuvo practicando la
excavación, hasta que al fin, con increíble trabajo, fue hallado
debajo del ara máxima del altar de la basílica inferior de Asís,
como lo hizo constar el Vicario de Cristo en 1820.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego la oración para todos los días.
115
Oración para todos los días
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Padre y
Redentor mío, en quien creo, en quien espero, y a quien amo
sobre todas las cosas, me pesa de lo íntimo de mi corazón, de
haberte ofendido y de haber sido tan ingrato a tus inmensos
beneficios, renovando, con mis pecados las penas de tu
pasión y muerte. Desde ahora propongo enmendarme y
tener más presente tus penas, a imitación de tu fidelísimo
siervo Francisco, cuya protección imploro en este día, para
alcanzar lo que más convenga a tu mayor gloria y bien de mi
alma. Amén.
Día Primero
(25 de Septiembre)
Consideración
San Buenaventura, San Bernardino de Sena, León X y otros,
prueban que se refiere a San Francisco, aquel pasaje del
Apocalipsis: Yo vi a otro Ángel que salía del Oriente, que
tenía la señal de Dios vivo. Considera que antes de nacer San
Francisco tuvo su precursor y sus profetas; un personaje
desconocido recorría con frecuencia las calles de Asís,
gritando: Paz y bien, paz y bien. Corría el año de 1182, en
que los astros centelleaban con sorprendente lucidez, en una
noche serena y magnífica, la ciudad de Asís, en Italia;
conciertos de voces angélicas, con dulcísimas armonías de
gozo, resonaban hacia una antigua ermita semiderruida,
llamada de Nuestra Señora de los Ángeles, cercana a la
ciudad cuando he aquí que en casa de Pedro Bernardone, su
esposa Pica de Bourlemont da a luz, con singular providencia,
en un establo, junto a un asnillo y a un buey, un tierno niño,
a quien en el santo bautismo, se puso el nombre de Juan,
116
pero que después se le llamó Francisco de Asís. Tal fue el
nacimiento de nuestro Seráfico Patriarca, tan semejante al de
nuestro Salvador Jesús de quien iba a ser imagen viva y
perfecto imitador.
Medítese el don que con él hizo Dios nuestro Señor al mundo, y
por él pídase la gracia que se necesite.
Ejemplo
La niñez y educación de Francisco fueron, como se puede
presumir, de los altos destinos a que la Providencia divina lo
llamara. Aunque el jovencillo Francisco, por naturaleza dulce,
jovial, alegre y de formas simpáticas, se entretenía con los de
su edad en juegos pueriles, y después, cuando de más años,
afable siempre, comunicativo, y de afabilísimo trato, pero de
genio elevado, emprendedor y marcadamente desprendido,
seguía por oficio de su padre las fluctuaciones del comercio;
Francisco, instruido por los eclesiásticos de San Jorge y
asistido con singularísimo favor del Cielo, no se dejó llevar,
dice su seráfico cronista San Buenaventura de la codicia, tan
común a los mercaderes, ni su hermosa alma, naturalmente
elevada, se manchó jamás en el lodazal inmundo de la
concupiscencia, conservando hasta la muerte la rica, cuanto
preciosa virtud de la inocencia. En su condición, naturalmente
humana y amorosa, se había propuesto dar siempre con
generosidad todo lo que se le pidiera, principalmente si se lo
pedían por amor de Dios.
Cierto día, San Francisco iba elegantemente vestido, a probar
sus atavíos al campo, cuando un soldado de familia hidalga,
pero tan pobre, haraposo y mugriento, que bien se echaba de
ver lo poco que le había servido la milicia, se presentó a San
Francisco y, con acento lastimero, le pidió una limosna por
amor de Dios. San Francisco movido a compasión se
desprendió de sus galas y las dio a aquel pobre soldado en
cambio de sus harapos.
117
La noche siguiente San Francisco tuvo un sueño
extraordinario. Vio un soberbio y magnífico palacio cuyas
largas galerías y espaciosos salones, ricamente decorados,
estaban llenos de lujosos vestidos y resplandecientes armas,
en las que estaba grabada la señal de la cruz. San Francisco
estaba asombrado de lo que veía, y preguntándose a sí
mismo sobre el destino de aquel equipo y arsenal tan
precioso, escuchó una voz que le dijo: Todo esto es para ti,
Francisco, y para tus soldados. Exaltada la imaginación
entusiasta de San Francisco con aquella visión y persuadido
de que la suerte lo destinaba a ocupar en el mundo un lugar
distinguido en la milicia, salió de Asís con ánimo de alistarse
en el ejército de Gualtero de Briena; pero en el camino
hallándose descansando en Espoleto, se durmió San Francisco
y en su apacible sueño oyó la misma voz que antes, pero más
grave y penetrante, que le decía: Francisco, ¿a quién prefieres
servir?, ¿al opulento o al miserable?, ¿al vasallo o al rey? Y
contestó San Francisco, trémulo, sin dudar del origen divino
de la voz "Señor dijo, al rey prefiero"; y replicó: Pues ¿cómo
lo dejas por el vasallo? Francisco dijo, ¿Qué quieres que haga,
Señor? La voz dijo: Torna a tu patria, allí lo irás sabiendo.
Se volvió San Francisco, por el camino andado, y entró de
nuevo en Asís; no sabía todavía la celestial milicia a que Dios
le llamaba, y de la cual había de ser esclarecido Jefe, según el
cielo lo había destinado.
Oración para el día Primero
Glorioso Capitán del ejército de Cristo, amadísimo padre San
Francisco, ya que tengo la dicha de seguir tu estandarte,
consígueme del Señor la fidelidad y el fervor en seguirlo hasta
la muerte. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego los gozos.
118
Gozos
Gloria a Francisco cantemos,
nuestro Padre y Fundador
Gloria a una voz entonemos
Gloria, alabanza y honor.
Antes de tu nacimiento
nos dicen lo que serás
voces de bien y de paz
y luces del firmamento:
de gracia serás portento
de virtudes esplendor.
Gloria a una voz…
En vil establo naciste
como en pesebre Jesús,
desde el cual hasta la cruz,
paso a paso le seguiste:
siempre tras Jesús corriste
¡Con qué anhelo! ¡Con qué ardor!
Gloria a una voz…
Con la pobreza te desposas,
hollando fausto y riqueza,
clamando con entereza:
"Dios mío y todas las cosas";
de tres Ordenes famosas
llegas a ser fundador.
Gloria a una voz…
Humilde y pobre sayal
con tosca cuerda ceñido
y pie descalzo, has querido
por librea y por caudal;
¡Oh pobreza celestial
joya de ingente valor!
Gloria a una voz…
Sobre el Alvernia arrobado
contemplabas la Pasión,
cuando a ti de alta región,
119
bajo un Serafín alado,
que en manos, pies y costado
te imprimió llagas de amor.
Gloria a una voz…
En Cristo crucificado
con divina maestría,
fuiste ya, desde aquel día,
perfectamente trocado;
el orbe entero admirado,
celebra tan gran favor.
Gloria a una voz…
Desnudo en el duro suelo,
cual Jesús en vil madero
mueres por fin, y, ligero,
vuela tu espíritu al cielo,
donde, sin nube y sin velo,
gozarás siempre al Señor.
Gloria a una voz…
Seamos imitadores
de tan divino modelo,
y, con devoción y celo,
repitamos mil loores
al que es de frailes menores
luz, guía, norte y honor.
Gloria a una voz…
V/. Ruega por nosotros, bienaventurado Padre San Francisco.
R/. Para que seamos dignos de las promesas de nuestro Señor
Jesucristo.
120
Oración
Oh, Dios, que por los méritos del bienaventurado Padre San
Francisco has enriquecido a tu Iglesia con nueva y hermosa
fecundidad de santos hijos; concédenos, Señor, que imitando
sus santificadores ejemplos, despreciemos todas las cosas
terrenas. Amén.
Día Segundo
(26 de Septiembre)
Consideración
Considera el estado en que se encontraba el mundo a la
venida de San Francisco. Espantosas revoluciones y sociales
sacudimientos se levantaban por doquier, en ademán
siniestro contra la Iglesia; las naciones, las provincias y hasta
los mismos pueblos no pensaban más que en armarse los
unos contra los otros y en hostilizarse cruelmente, por lo que
se ha dado en llamar espíritu de conquista. Los errores, las
herejías y las sectas, como resultado de las grandes
turbaciones sociales, pululaban por doquiera y no había
genios extraordinarios que los desbarataban. Victoriosa la
morisma, perjuros los emperadores y los reyes, osados los
herejes, y lo que era más doloroso, corrompidas las
costumbres de los fieles, ¿quién iba a detener aquel torrente?
La civilización cristiana estaba hecha jirones por los
conquistadores. África ya no era patria de los Ciprianos,
Tertulianos, Agustinos, etc., ya habían desamparado los
anacoretas el desierto; la Grecia sólo conservaba un
cristianismo desmembrado; hasta las vírgenes consagradas a
Dios habían desaparecido del mundo. Irritada la cólera divina
por los crímenes y horrendas abominaciones de que estaba
cubierta la tierra, quiere destruir este mundo; pero la Virgen
Santísima le presenta dos grandes siervos suyos: San Francisco
y Santo Domingo; y a San Francisco presenta como un nuevo
121
redentor del mundo, en quien están vinculados su suerte y sus
destinos.
Medítese el don que con él hizo Dios nuestro Señor al mundo, y
por él pídase la gracia que se necesite.
Ejemplo
A poca distancia de Asís, se encontraba la Iglesia de San
Damián, sola, ruinosa y desierta, cuando San Francisco era
joven todavía, y su grande alma, aunque resuelta a obrar lo
mejor, no atinaba en qué podía servir, con mayor provecho,
al Rey de la gloria. San Francisco iba, pues, con frecuencia a
la solitaria iglesia de San Damián, y en ella pasaba largas
horas, arrodillado o postrado en el suelo, pidiendo a una
imagen de Jesús Crucificado que había en el altar, que
señalase un fin, un norte a su vida: ¡Francisco!, le dijo una
voz por tres veces, levántate y repara mi casa que se hunde.
Asustado el joven Francisco, al verse solo, quedó como
atónito el eco de aquella voz misteriosa; vuelto en sí, resolvió
poner en ejecución lo que él entendía que se le mandaba: se
dio a mendigar por la ciudad, hallando más burlas y
atropellos que limosnas; llegó a vender un caballo y gran
cantidad de paños de su casa; trabajaba todo el día, llevaba a
cuestas piedras, cal y maderas y todo lo necesario para la
reparación de aquella Iglesia. Concluida esta, puso mano a
restaurar otra llamada de San Pedro, por la gran devoción
que le inspiraba la fe vivísima del Príncipe de los Apóstoles.
Luego quiso restaurar otra tercera, distante más de una milla
de la ciudad, tan ruinosa que sólo servía de guarida a los
pastores y labradores en tiempo de lluvia, llamada Santa
María de los Ángeles, o Porciúncula, por ser pequeña. En
todo esto preludiaba Francisco, dice su glorioso cronista San
Buenaventura, las tres Ordenes que, por inspiración divina,
había de fundar para reparar la gran morada de la Iglesia
Universal; mas él no lo sabía, y sólo pensaba en aquellos tres
122
santuarios, testigos de sus primeras lágrimas y objeto de su
primera solicitud.
Oración para el día Segundo
¡Seráfico Padre mío San Francisco!, por la prontitud con que
hacías todo lo que sabías ser de la mayor gloria del Señor,
alcánzame el santo ardor y anhelo en seguir siempre lo
mejor, para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego los gozos.
Día Tercero
(27 de Septiembre)
Consideración
Considera las grandes dificultades que tuvo que vencer el
Padre San Francisco, para seguir en todo, la voluntad divina,
por el camino que le señalaba, y cómo triunfó de todas las
repugnancias humanas. Asís, su patria, que le había visto antes
tan pulcro, elegante y simpático, ignorando el comercio que
San Francisco tiene con el cielo, se admira y no comprende
cómo se ha alejado de la tierra, y lo trata como un loco,
viéndolo desarrapado, descalzo, revuelto e inculto su cabello,
crecida la barba, la tez marchita, cubierta de polvo, y en todo
como fuera de sí, que ha perdido la razón humana se
conduce como un ente extraño; los muchachos se divierten
en hostigarle, tirándole ya piedras, ya infecto lodo; los
perros, instigados por el populacho y por su natural aversión
a las figuras de miserable aspecto, le muerden y tiran con sus
dientes de sus harapos, Francisco lleva todo en admirable
paciencia y se siente feliz en verse tan humillado.
Su padre se avergüenza, y lleno de enojo al ver a su hijo
Francisco por las calles de Asís en tal estado, y por la
123
disipación de los bienes de familia, que a su parecer ha hecho,
lo pone preso en una mazmorra de su casa, de cuya prisión,
su madre, más compasiva, después de algún tiempo, lo saca.
Francisco sigue imperturbable, a pesar de eso, el camino que
le ha señalado: los bienes y riquezas de este mundo no tienen
para él ningún aprecio, y aún los aborrece y detesta, lo
mismo que los honores y las mundanas honras. En
consecuencia tiene que presentarse ante el Obispo de Asís,
como reo a quien su mismo padre acusa. No importa:
Francisco confiesa, sencillamente, que aún tiene algunos
dineros de lo que había ganado antes con el comercio de la
casa paterna; por las reclamaciones de su padre y la
exhortación del Obispo, entrega esas pocas monedas; y,
despojándose con extraña alegría de sus mismos vestidos, y
entregándolo todo a su padre en presencia del mismo
Obispo, pronuncia estas palabras memorables, que salieron
de su corazón como un sollozo sublime: Hasta ahora ye he
llamado padre en la tierra; desde hoy más podré exclamar
con toda mi alma: Padre nuestro que estás en los cielos, y en
Dios tendré todas las cosas.
Medítese el don que con él hizo Dios nuestro Señor al mundo, y
por él pídase la gracia que se necesite.
Ejemplo
En el precioso libro "Florecillas de
San Francisco" se cuenta, con la
sencillez con que escribían los
antiguos, lo siguiente: Al tiempo
que San Francisco andaba
todavía en hábito seglar, aunque
había dado ya de mano al
mundo y entregado al desprecio y
a la mortificación para hacer
penitencia mientras que muchos le
124
tenía por tonto y como tal era escarnecido y apedreado con
lodo en las calles, tanto por sus parientes como por los
extraños.
Bernardo de Quintabal, que era de los nobles, ricos y
pudientes de Asís, comenzó a considerar sabiamente en San
Francisco el gran desprecio que hacía del mundo y la
paciencia con que sufría las injurias, tanto, que después de
dos años de ser despreciado y vilipendiado de las gentes,
parecía cada vez más constante en sus propósitos, y a pensar
y a decir de sí mismo: "Imposible parece que este hermano no
posea gracia extraordinaria de Dios"; y creyéndolo así, lo
invitó una noche a cenar y a dormir en su casa y aceptando
San Francisco, fue a cenar y a albergarse con él. Entonces le
entró a Bernardo un gran deseo de contemplar la santidad de
su huésped y para esto hizo poner una cama en su propia
habitación, iluminada siempre de noche con una lámpara.
San Francisco, para ocultar su santidad, luego que entró en la
habitación, se echó en su cama e hizo que dormía. De ahí a
un rato hizo lo mismo Bernardo, acostándose y empezando a
roncar con gran fuerza, como si estuviese dormido
profundamente; por lo cual San Francisco creyendo
verdaderamente que Bernardo dormía el primer sueño, se
levantó de la cama, y poniéndose en oración con los ojos y
las manos levantadas al cielo con grandísima devoción y
fervor, decía: "¡Mi Dios y mi Todo!", y repitiendo esto, y
llorando con lágrima viva, permaneció hasta el amanecer,
siempre repitiendo: "¡Mi Dios y mi Todo!" por lo cual
Bernardo fue tocado e inspirado por el Espíritu Santo y
amaneciendo, llamando a San Francisco, le dijo: "Hermano
Francisco, yo estoy dispuesto de todo corazón a dejar el
mundo y a seguirte en todo lo que me mandes". Oyendo esto
San Francisco, se alegró mucho en su espíritu. Este fue el
primer compañero de San Francisco; luego, por motivos
igualmente extraordinarios, se le juntaron el Canónico Pedro
125
Cataneo y Egidio o Gil, y luego otros, hasta que se completó
el número de doce siendo en esto semejante a Jesucristo.
Oración para el día Tercero
Oh, Santo Patriarca, Padre mío San Francisco, por aquel
ferviente amor a Dios que te hizo despreciar todas las cosas
del mundo, haz que yo, desprendido también de todo afecto
terreno, no ame más que a Dios y le sirva con perfección
hasta llegar a gozarte en la eterna gloria. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego los gozos.
Día Cuarto
(28 de Septiembre)
Consideración
Considera el gran respeto que tenía el Padre San Francisco al
Santo Evangelio, y a la viva fe en Dios y en su Iglesia.
Acompañado ya de los dos primeros discípulos, Bernardo de
Quintabal, rico propietario de Asís y Pedro Cataneo,
opulento canónigo de aquella catedral, y viendo que ellos
estaban dispuestos a seguirle, los hizo entrar en la Iglesia y
después de larga y fervorosa oración, hecha la señal de la
Cruz, San Francisco abrió tres veces el Evangelio, en memoria
de la Santísima Trinidad, y a la vez primera salió este oráculo:
"Si quieres ser perfecto, ve y vende cuanto tienes y dalo a los
pobres"; la segunda. "No lleves nada por el camino, ni
bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengas dos túnicas"; la
tercera: "Si alguno quiere venir, niéguese a sí mismo, y tome
su cruz y sígame". Alzó San Francisco las manos al cielo y,
vuelto a sus dos discípulos, exclamó: "He aquí hermanos,
nuestra regla y nuestra vida, y la de cuantos quieran vivir en
nuestra compañía: vayan, pues, y hagan como han oído".
126
Un cuarto de hora después, Bernardo de Quintabal y Pedro
Cataneo distribuían, en la plaza pública de Asís a los pobres
de la ciudad, el dinero de sus arcas, las prendas de sus
armarios y los muebles de sus casas, y en ese mismo día, al
caer el sol, el rico ciudadano y el opulento canónigo no
tenían más que la túnica de jerga y el cordón que San
Francisco vistiera; lo mismo hicieron los demás discípulos que
se fueron juntando para seguir a Cristo, con San Francisco y
su santa locura.
Medítese el don que con él hizo Dios nuestro Señor al mundo, y
por él pídase la gracia que se necesite.
Ejemplo
Teniendo ya San Francisco doce discípulos resueltos a dejar el
mundo y seguirle, conocida la voluntad divina, respecto del
fin para que los llamara por tan nuevo camino, enteramente
desconocido al mundo, se retiró a la soledad y después de
muchos ayunos, penitencias y oraciones, conversando
Jesucristo con su siervo Francisco como un amigo conversa
con el amigo, escribió la Santa Regla, dictándosela el mismo
Altísimo, como dice el Seráfico Patriarca, y la confirmó con
repetidos milagros entre otros el que los mismos discípulos de
San Francisco oyeran la voz del mismo Dios, que decía:
"Francisco, cuanto esta regla contiene todo es mío; nada
tuyo; y quiero que se guarde a la letra, a la letra, a la letra;
sin glosa, sin glosa, sin glosa". Escrita, pues, la Regla por
inspiración divina, dispuso San Francisco ir a presentarse, con
su compañía de hombres, como él hechos pobres y sencillos a
Roma.
El Papa había tenido visiones terribles; entre otras vio en
espíritu que la basílica de San Juan de Letrán, cabeza y madre
de todas las Iglesias de la cristiandad, tambaleaba, próxima a
desplomarse, y que un pordiosero, en rostro y traje igual al
que andaba en Roma, sostenía con sus hombros el inmenso
127
edificio para que no viniera a tierra. Entonces el Papa hizo
buscar a Francisco por toda Roma, y al cabo dieron con él en
un hospital. Cuando Francisco se presentó ante el Papa y los
Cardenales, puso en manos del Pontífice la Regla y, con
sencillez admirable y profundísima humildad, dijo a Su
Santidad que su Señor Jesucristo le había dado aquella Regla
de vida, y que suplicaba fuera aprobada por su Vicario en la
tierra. El Papa se inclinaba a los ruegos del pobrecillo
Francisco, pero los Cardenales, asustados de la humildad tan
extraordinaria que en ella se prescribía, y de la absoluta
cuanto al parecer, sobrehumana pobreza que prendía para sí
y para los suyos el pobre Francisco, la suponían como
impracticable, y opinaban que no debía aprobarse.
En esto se levanta Francisco, por insinuación del Pontífice, y
habla con un lenguaje tan elevado y divino, sobre su Regla,
delante de aquella augusta asamblea, que todos se quedan
santamente aturdidos de una elocuencia tan arrebatadora en
un hombre tan sencillo; se dirige, principalmente, al mismo
Soberano Pontífice, y con poesía verdaderamente divina, le
pinta y describe la virtud de la pobreza de Jesucristo y sus
Apóstoles, desconocida ya en el mundo bajo la bellísima
parábola de una doncella pobre, pero hermosa, que habitaba
en un desierto; un gran Rey se enamoró de su modestia y
gentileza, y la tomó por esposa, de la cual tuvo muchos hijos,
a los cuales llegados ya a la edad adulta, dijo su madre:
"Hijitos míos, no se avergüencen, porque hijos son del Rey:
vayan, pues, a su corte, y él les suministrará todo lo necesario
para vivir".
El Rey era Jesucristo; la hermosa doncella, la pobreza, que
habita los desiertos porque los hombres la desprecian e
injurian. Mas el Rey del cielo se enamoró tan perdidamente
de ella, que descendió a la tierra para poseerla; la tomó
desde la gruta de Belén, y de ella tuvo hijos en el desierto de
128
la vida, apóstoles, anacoretas y tantos como el amor de
Cristo a la pobreza hizo suyos en el mundo.
Beatísimo Pare, la pobreza envía hoy a su esposo Jesucristo
nuevos hijos, que nada quieren del mundo y en todo se
asemejan a ella, ¿cómo podrá su padre abandonarlos? Esto y
tantas otras cosas diría San Francisco, que, al terminar su
discurso, el Papa se volvió a los Cardenales, exclamando: "He
aquí verdaderamente al que, con obras y doctrinas, sostendrá
a la Iglesia de Cristo". Y confirmó su Regla.
Oración para el día Cuarto
Oh, Serafín humano, Padre mío San Francisco, que nos has
dado una Regla escrita con el dedo de Dios vivo, y revelada
por el Espíritu Santo, aprobada por el Vicario de Cristo en la
tierra y confirmada por un sin número de mártires, confesores
y doctores insignes, te ruego me alcances gran aprecio a los
mandamientos de Dios, y fidelidad para guardarlos hasta la
muerte. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego los gozos.
Día Quinto
(29 de Septiembre)
Consideración
Considera la firme y segura esperanza que San Francisco tenía
en Dios, por cuyo amor había dejado todas las cosas.
Teniendo a Dios, no veía ni quería nada. Había fundado una
Orden que, según se le había revelado, había de extenderse
por todo el mundo y ser la más numerosa, y sin embargo,
prohíbe a sus frailes las herencias, las casas, el dinero; no
quiere que posean, como suyo, ni siquiera un palmo de
tierra. Y para proveerse del necesario alimento, les dice:
129
Vayan a la mesa del Señor pidiendo limosna de puerta en
puerta.
Intenta fundar la segunda Orden, llamada por él de Señoras
pobres; parece que a estas pobres religiosas les permitirá tener
bienes, porque viviendo en clausura y, sobre todo, siendo
mujeres, no conviene que salgan para ir pidiendo limosna de
puerta en puerta para procurarse alimento. Pues ni eso.
Quiere que se contenten con lo que reciban
espontáneamente de los piadosos bienhechores, y de lo que
ellas podrían procurarse con una labor honesta de sus manos.
Y aunque parezca esto imposible, de suerte que el Sumo
Pontífice quería dispensarlas sobre esto. Clara la primogénita
y fidelísima hija de San Francisco, madre de todas, rehúsa
humildemente tal dispensa; y sin embargo, se ha llenado
Italia, Europa y el mundo entero de vírgenes franciscanas.
Funda la Tercera Orden como arca de salvación que Dios le
ha inspirado, para que, por ella se salven todos los hombres,
sin dejar, por eso, sus estados y condiciones de vida; pero les
advierte que no sean solícitos de las cosas temporales, que
busquen, ante todo, a Dios y las cosas celestiales, que usen las
cosas del mundo como si no las usasen, y vean que las
avecillas del cielo no siembran, ni los lirios y flores del campo
se visten, y sin embargo, Dios cuida de ellos. Si la pobreza y
el desprendimiento, desconocidos desde el tiempo de los
Apóstoles y sostenido por una gran confianza en Dios, llega a
practicarse por Francisco, hombre en extremo providencial
que, sin tener la propiedad de un grano de arena, sustentará
los millones y millones de pobres, que a través de los siglos,
asistan a su mesa.
Medítese el don que con él hizo Dios nuestro Señor al mundo, y
por él pídase la gracia que se necesite.
130
Ejemplo
En el año 1219 convocó San Francisco un Capítulo General en
Santa María de los Ángeles, cerca de Asís con el fin de tratar
del bien de la Orden que hacía diez años había fundado. Al
precepto del Seráfico Patriarca salieron tantos religiosos de
diferentes puntos, que llegaron a reunirse más de cinco mil,
los cuales, aunque de diferentes naciones y lenguas todos
vestían la gloriosa divisa de Menores. Como eran tantos,
tuvieron que acampar por sesiones y morar durante el
tiempo del Capítulo, bajo tiendas cubiertas con mimbres y de
esteras, que por esto fue llamado aquel el Capítulo de las
esteras. Jamás el cielo había contemplado un espectáculo
como el que le ofrecía, ya Francisco, a los diez años de
fundar su Orden, con semejante ejército de fervientes
soldados de Jesucristo.
Francisco, cual solícito Capitán, recorría aquel bendito
campo, pasando revista a las numerosas y largas filas de sus
hijos, confortando a todos y animándolos al amor de Dios y
a la penitencia. Allí se empleaban en continua oración, en
cantar salmos y alabanzas a Dios, teniendo por templo la
naturaleza, por altar la tienda y por cúpula los cielos;
dormían sobre el duro suelo o sobre algunas ramas de
árboles, y el silencio, la paz y el deseo de conquistar el cielo
reinaban en aquella prodigiosa multitud. El glorioso Santo
Domingo, hermanado santamente con San Francisco, se
encontraba allí y trató de indiscreto a San Francisco, por
haber reunido tantos miles de religiosos, sin haber proveído
antes a su manutención, pero San Francisco replicó: "Esto no
me pertenece a mí, sino a nuestro Señor que, según me ha
prometido, nunca faltará a los suyos".
Y efectivamente, a poco empezaron a divisarse de todas
direcciones carruajes, acémilas y personas llenas de
provisiones, dirigiéndose todos hacia la llanura de Santa
María de los Ángeles, llevando todo lo necesario para el
131
sustento. Hasta los Prelados y nobles que habían acudido
para ver este espectáculo, se tenían por dichosos de servir la
comida a estos santos religiosos, bendiciendo la bondad
divina por tanta liberalidad. Entonces Santo Domingo,
maravillado de la gran fe y confianza de San Francisco, se
arrojó a sus pies y el pidió perdón del juicio poco favorable
que de él había formado.
Al concluir el Capítulo, San Francisco dirigió a los cinco mil
hijos suyos allí reunidos, un largo discurso sobre la vanidad
de las cosas mundanas, sobre la preciosidad de las celestiales y
particularmente, sobre la confianza que habían de tener en
Dios. Y concluyó con estas memorables palabras, tomadas a
la letra: “¡Oh, mis muy amados hermanos, y para siempre
benditos hijos! Oídme, oíd la voz de vuestro Padre: Grandes
cosas prometimos: aguardemos estas; suspiremos por
aquellas; el placer es breve, la pena perpetua, el trabajo fácil,
la gloria infinita; la vocación es de muchos, la elección de
pocos, de todos será la recompensa.” Amén.
Oración para el día Quinto
Glorioso Padre mío San Francisco, ya que, por una gracia
singular del cielo, alcánzame de Cristo, divino Rey nuestro,
que, con fervoroso ánimo, te siga a ti como a un esforzado
Capitán, imitándote en el desprendimiento de las cosas
temporales y en el aprecio de las eternas, amando, con todo
ardor a Dios, hasta verlo y gozarlo en tu dichosa compañía,
allá en el cielo. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego los gozos.
132
Día Sexto
(30 de Septiembre)
Consideración
Considera la profundísima humildad de San Francisco, por la
cual es llamado el humilde San Francisco. Por humildad se
asocia a los insultos de los libertinos que se mofan de su
virtud, se confunde, cuando los aplausos de los pueblos
patentizan su santidad, y gime y llora sin consuelo,
creyéndose así mismo el mayor pecador del mundo, y
teniéndose por indigno de que le sostenga la tierra que pisa.
Por humildad rehúsa ser General de la Orden que por
inspiración divina ha fundado, y quiere más obedecer que
mandar; por eso nombra otro superior, y está pronto a
obedecer ciegamente al último novicio que le pongan de
guardián. Por humildad, se horroriza santamente de la
elevadísima dignidad de sacerdote, y no quiere ordenarse;
por humildad, se arroja con frecuencia al suelo, y manda que
le pisen, y al mismo tiempo le insulten, como al gusano más
vil y despreciable; por humildad, en fin, inventa y hace cosas
tan raras, que la historia lo reconoce por el hombre humilde
por sobrenombre; humilde en sus vestidos, humilde en sus
aspiraciones, humilde en sus afectos, humilde en lo más duro
que tiene el hombre, en el despojo de sí mismo y de sus más
delicados sentimientos.
Medítese el don que con él hizo Dios nuestro Señor al mundo, y
por él pídase la gracia que se necesite.
Ejemplo
San Francisco, en su profundísima humildad, no podía sufrir
que le tuviesen por otro de lo que él mismo se creía que era,
y por eso les decía a sus compañeros que le tuvieran por el
mayor pecador del mundo; pero uno de ellos le dijo un día:
"¿Cómo crees que yo crea, con verdad, que tú eres el mayor
pecador del mundo cuando todas las gentes y pueblos se
133
convierten a Dios con sólo contemplar tus virtudes?
Nosotros, tus hijos, vemos con frecuencia que Cristo y su
divina Madre conversan contigo familiarmente, teniendo
revelación de que el Señor te ha encumbrado tanto, que allá
en el Cielo, entre los más alabados serafines, tiene trono, el
más resplandeciente para ti. ¿Cómo puedes decir, con
verdad, y cómo podemos nosotros creer que tú eres el mayor
pecador del mundo? Esto no puede ser..." "Ay, hermano, -
contestó entre lágrimas y suspiros el Padre San Francisco- has
de saber que eso precisamente es lo que me humilla, me
confunde y me hace gemir inconsolable, al ver que soy otro
de lo que piensan de mí; yo sé, conozco y creo que si el
hombre más pecador del mundo recibiera del Señor los
favores y mercedes que yo recibo, correspondería mejor que
yo a ellos, y por Dios, si levantase su mano de mí y no me
sostuviera, conozco que cometería mayores males que todos
los hombres, y que sería peor que todos ellos y por esto digo,
y quiero que sepan la verdad que yo soy el mayor pecador y
el más ingrato de todos los hombres".
Esta ciencia tan profunda de la humildad, que los sabios del
mundo no conocen, la tenía el Padre San Francisco y una
santidad tan grande como la suya unida a tan profundísima
humildad le mereció ir a ocupar en el cielo el encumbrado
trono de la gloria que Lucifer perdió por su soberbia, y del
cual le hablaba, por revelación divina el compañero.
Oración para el día Sexto
Humildísimo Padre mío San Francisco, ya que por tu
humildad sin ejemplo en la historia de los hombres, has
conseguido del Señor el altísimo trono de gloria, que entre
serafines, ocupas en el cielo, consígueme del mismo Dios,
humillado en Belén y en el Calvario, de cuyos misterios fuiste
tan apasionado, luz para conocerme a mí mismo y gracia
para imitar tu humildad. Amén.
134
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego los gozos.
Día Séptimo
(1 de Octubre)
Consideración
Considera la mortificación, el celo por la salvación de las
almas y el grandísimo amor a Dios de San Francisco. Él era
inocente, no había tiznado siquiera su frente la imagen del
crimen, y no obstante, sujeta su carne virginal a los rigores de
una mortificación sin rival entre los más grandes penitentes.
Ya se arroja en los helados estanques, ya extiende su cuerpo
sobre carbones encendidos, ya se recuesta desnudo sobre las
punzantes espinas. Su comida son las raíces amargas, su
vestido un horroroso cilicio, su bebida el agua mezclada con
lágrimas que derrama, en vista de un Dios sediento y
moribundo. Arde en su pecho un fuego divino, desea
convertir al mundo, manda apóstoles nuevos a todas las
naciones y se lanza él mismo en las poblaciones de Europa,
predicando en todas partes y fundando conventos, para
comenzar su misión divina. Aspira al martirio, y se embarca
repetidas veces para llevar el conocimiento de Jesucristo a los
bárbaros de allende los mares; no puede conseguir la palma
de los mártires, y vuelve, regresa, en alas del fervor, a los
desiertos de su patria, allí desahoga su enardecido amor a
Dios a rienda suelta, atruena los aires con sollozos y clamores,
continua sus disciplinas hasta faltarle la sangre, y ese Ángel
humanado, a no poder más desfallecido y sin fuerzas, pasa
sus interminables vigilias, interrumpiendo el silencio de la
noche con esa aspiración sublime: "Mi Dios y mi todo".
Medítese el don que con él hizo Dios nuestro Señor al mundo, y
por él pídase la gracia que se necesite.
135
Ejemplo
Cuando San Francisco por amor de Dios, se aborrecía a sí
mismo, hasta declararse como verdugo de su cuerpo otro
tanto amaba y se enternecía con las criaturas, en las que veía
reflejarse la bondad y magnificencia del Creador de todas
ellas. Desde el sol, que espléndido alumbra los cielos y a
quien San Francisco consagró un cántico, hasta el humilde
gusanillo oculto entre la hierba y la florecilla silvestre, el aire,
el agua y el átomo de arena, todas esas cosas miraba el
extático Serafín de Asís como hechuras de las manos de Dios,
y a todas esas criaturas llamaba sus hermanitas, llegando su
sensibilidad y su amor hasta hablar tiernamente con ellas. A
las hormigas solía decir: "No sean de condición tan codiciosa,
hermanitas mías, sino confíen más en la Providencia"; a los
grajos y gorriones: "canten mejor las alabanzas al Señor y no
formen, hermanitos míos, tan parlera algarabía"; a un
polluelo que picaba a otros pequeños por hurtarles el grano,
lo maldijo, como cruel con sus hermanitos; a un lobo feroz
que en el pueblo de Gubbio, devoraba animales y hasta
hombres, lo volvió manso como cordero diciéndole:
"Hermano lobo, tú has hecho muchos daños en este
territorio, atropellando y matando las criaturas de Dios sin su
licencia, por lo cual eres digno de la horca, como ladrón
homicida; pero como sé que has hecho tantos daños por el
hambre, pórtate bien y yo haré que no te falte el sustento".
Los corderos, sobre todo, le movían siempre a mucha ternura
con sólo verlos, solía llorar cuando los miraba en algún
peligro. A un pastor que llevaba un cordero atado, le dijo
compasivo el Padre San Francisco:
-¿Por qué llevas atado a ese inocente corderillo con sogas tan
recias?
-Porque voy a venderlo.
-¿Y qué hará el que lo compre?
-Matarlo para comer.
136
El Santo Padre, al oír esto, se enterneció mucho, y dio su
manto por el corderillo; y así le libró la vida.
Amaba con particularidad a los hermanos pajarillos, como él
decía, y una vez, yendo de camino con Fray Maceo, se puso
a predicarles, y ellos venían del aire y de las ramas de los
árboles y, en derredor suyo, se ponían muy mansos y muy
callados a oírle; la sustancia de la plática que les hizo, fue
esta, según cuentan las crónicas: "Pájaros, hermanitos míos,
ustedes están muy obligados a alabar a nuestro Creador,
porque les ha dado la vida, y con ella, graciosas alas para
volar por la vasta región del aire, y picos finos para cantar sus
alabanzas: además de esto, ustedes no siembran y no siegan,
y Dios los alimenta con su providencia, dándoles los ríos y las
fuentes para su bebida, los montes y los valles para su
refugio, y los árboles altos para hacer en ellos sus nidos, y
conociendo que ustedes no saben hilar, ni coser, Dios los viste
a ustedes y a sus hijos; por todo lo cual, pajaritos míos, han
de alabar y bendecir a Dios".
Y al decir estas palabras San Francisco, todas aquellas avecillas
abrieron sus alas, y con apacibles gorjeos, mostraron su
docilidad y su júbilo. San Francisco las miraba con grandísimo
placer, y quedaba embelesado de su mansedumbre, belleza y
variedad de colores, y de su familiaridad y atención en
escucharle. Por eso se reprendía a sí mismo de no haber
pensado antes en predicar a las avecillas, que tan reverentes
oían la palabra de Dios. Por fin les dio la bendición para que
volasen, y ellas se dispersaron en distintas direcciones,
entendiendo el Santo, con esto, que así irán sus hijos por el
mundo, a modo de avecillas, mansas e inocentes, no
poseyendo nada propio y sólo confiando en la providencia
con que Dios les atiende desde el cielo.
137
Oración para el día Séptimo
Amantísimo Padre mío San Francisco, que con tanto rigor
trataste a tu bendito y virginal cuerpo, mientras tenías en tu
sensible corazón un amor y ternura sin límites para todas las
criaturas; alcánzame, Padre mío, un santo rigor para conmigo
mismo, y un verdadero espíritu de caridad y dulzura para mis
prójimos por amor a Dios, a quien tú tanto amaste y con
tanta gloria posees en el cielo. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego los gozos.
Día Octavo
(2 de Octubre)
Consideración
Considera el grande amor que tuvo San Francisco a Dios y
cómo lo manifestaba. La naturaleza entera era un libro donde
San Francisco contemplaba las bondades del Señor, no
viendo en las criaturas sino pequeños arroyuelos de la
138
perfección infinita de Dios hacia el cual él, de continuo se
extasiaba. Ocupaba su mente en su Amado; fija en sus
celestiales resplandores, se levanta extático, unas veces, sobre
las copas de los árboles; volaba, otras, por la región de los
aires, y acercándose tanto por la contemplación a la fuente
de luz inaccesible ¿quién puede concebir la abundancia de
amor que inundaba su alma?
La Imagen del Crucifijo le movía a lágrimas con solo mirarla;
la pasión y muerte de un Dios no se apartaba de su memoria,
y familiarizado con ese recuerdo llenaba los aires de ardientes
suspiros, regaba el duro suelo con lágrimas, se daba golpes de
pecho, gritaba y se quejaba como si sintiera arrancársele el
alma. ¿Qué tienes Padre? -le preguntaban sus discípulos. -¡Ay!
contestaba el enamorado Serafín, lloro la muerte de mi Señor
Jesucristo, y me lamento de que los hombres no lloren.
Medítese el don que con él hizo Dios nuestro Señor al mundo, y
por él pídase la gracia que se necesite.
Ejemplo
Habiéndose retirado el Seráfico Patriarca dos años antes de su
muerte, al monte Alvernia, para ejercitarse allí con más
quietud de su alma en la tierra y dolorosa Pasión de
Jesucristo, le regalaba Dios con tan extraordinarios favores,
que ignoraba ya el seráfico Padre si vivía en este mundo. En
una misteriosa noche sobretodo, parecía que todo el monte
ardía en esplendente llama, que iluminaba los valles del
contorno, como si el sol estuviese sobre el horizonte; San
Francisco se sintió como fuera de sí, y alzando los ojos al
cielo, vio bajar, hendiendo los aires, un como Serafín con seis
alas encendidas y rodeado de inefables resplandores.
Cuando llegó cerca, divisó el varón de Dios, dice San
Buenaventura, que no sólo era alado, sino también
crucificado dolorosamente, el que se aparecía entre tanta
139
gloria. Al contemplarle así, se inflama el alma de San
Francisco en deseos inextinguibles de amar y sufrir; amar al
que en tan graciosísima y bellísima presencia, tan
familiarmente se le aparecía, y sufrir por el cruento
espectáculo del suplicio de cruz en que, al mismo tiempo le
veía. Más, por íntimos y misteriosos coloquios, comprendió
San Francisco que, siendo incompatible la inmortalidad de
Serafín con la flaqueza de padecer, no por martirio de la
carne, como él había deseado, sino por incendio de amor,
quedará transformado en imagen viva del Redentor. Y como
si el fuego del divino amor, superior en poder y eficacia al
fuego material, que quema y transforma los cuerpos, se
hubiera apoderado por completo de San Francisco, pareció
como un volcán de encendidísimo amor en su interior,
mientras que sus aberturas misteriosas en forma de llagas, se
descubrían en su exterior, teniendo atravesados sus pies y
manos por extraños clavos de adolorida carne, con sus
cabezas por un lado y sus retorcidas puntas por el opuesto, y
en el costado derecho una herida ancha y profunda, como si
el hierro de una lanza la hubiera causado, con sus labios
enrojecidos por la sangre que de ella derramaba. Con esto se
completó en el Serafín humano, San Francisco, la imagen del
Redentor; y así, al bajar del monte, vino la efigie del
Crucificado, no figurada en talla de piedra o madera, por
mano del hombre, sino impresa y delineada en su carne con
el dedo de Dios vivo.
Oración para el día Octavo
Oh, Padre mío Santísimo, señalado con las sangrientas señales
de la Redención, haz que yo como hijo tuyo, participe de
esas fuentes y manantiales de amor y de dolor: la Iglesia
asegura que el renovar Jesús en ti esas llagas de su Pasión,
cuando el mundo estaba frío e indiferente, fue para
inflamarlo de nuevo por ti y tus hijos en el divino amor.
¡Hijo tuyo soy! consígueme pues, Padre mío, ese amor a Dios
y ese dolor de mis pecados, a fin de que Jesucristo crucificado
140
reine en mí, y, por Él, sea admitido en la gloria de la
resurrección. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego los gozos.
Día Noveno
(3 de Octubre)
Consideración
Considera la muerte de San Francisco. Dos años vivió todavía
en este mundo, si puede llamarse vida del mundo, la que
vivió después de la impresión de las sagradas llagas. Herido
de muerte por el amor divino, San Francisco vive y no vive,
muere y no muere; vive muriendo y muere viviendo. "¡Ay de
mí! -exclama sin cesar, que no sé otra cosa que a Jesucristo y
este crucificado; para mí el mundo está ya crucificado y yo
estoy crucificado para el mundo; con Cristo estoy clavado en
la cruz y en mi cuerpo llevo impresas sus estigmas; vivo yo,
mas no yo, sino que Cristo crucificado vive en mí". Sentado
en humilde jumentillo, por no poder andar por las llagas de
los pies; sin vista en los ojos del cuerpo, que la había perdido
del excesivo llorar; con las manos taladradas y recogidas
delante de su abierto costado en forma de cruz, el llagado
Padre San Francisco, acompañado de sus compasivos y
tiernos hijos, recorría los pueblos y ciudades, repitiendo,
entre transportes divinos, esos amorosos suspiros.
Los últimos días encruelecidos los dolores del Serafín
agonizante, pidió perdón a su cuerpo, ahora sagrado por las
llagas, de haberle maltratado antes en provecho del espíritu,
dictó su admirable testamento, en que dejó no oro, ni plata,
ni palacios, ni posesiones, ni gloria mundana, que nada es y
como el humo acaba, sino lo que tanto vale y tan conforme
es a nuestra pobre alma. Nos dejó el recuerdo inalterable, de
su humildad profunda, de su caridad inmensa, de su celo
141
ardiente, de su amor a Dios que fue inexplicable. Nos dejó
tres Reglas, que han enviado al cielo innumerables Santos;
nos dejó en fin, su bendición, que dio, al tiempo de morir a
sus hijos presentes y a los que le sucedieren hasta el fin del
mundo. Como el momento se aproximaba, se tendió
desnudo como Jesucristo, sobre el suelo duro y extendió sus
llagadas manos en cruz; sus pobres y afligidos hijos lloraban
inconsolables al ver que pronto iban a perder el Padre que
tanto amaban; él rezaba, con voz clara y sonora el Salmo 141,
y al terminar el verso que dice: "Señor, saca de mi alma esta
cárcel", entregó su espíritu. Su alma en forma de refulgente
estrella, rodeada de luz clarísima y precedida de inefables
resplandores, fue vista cruzar las nubes y subir al cielo.
Medítese el don que con él hizo Dios nuestro Señor al mundo, y
por él pídase la gracia que se necesite.
Ejemplo
Entre las portentosas maravillas que se cuentan de nuestro
Padre San Francisco en su vida, una es el habérsele aparecido,
en cierta ocasión Jesucristo sentado sobre una piedra que
servía al Santo de mesa y, con familiaridad de amigo
hablándole de la protección que dispensaría a su Orden
después de su tránsito, le reveló cuatro cosas, que
demuestran, claramente, el amor que nuestro Señor tiene a la
Orden, y la voluntad que tiene de premiar, aún con
bendiciones temporales, cualquier bien que se le hace La
Primera, que la Orden duraría hasta el fin del mundo; la
segunda, que todos aquellos que la persiguen maliciosamente,
no vivirán muchos años, a no ser que se conviertan, y que
recompensará cualquier bien que se le haga; tercera, que el
que en su Orden quisiera vivir mal, no duraría mucho tiempo
en ella y cuarta, que los que perseveren fielmente en ella,
tendrán una santa muerte. Estos favores son muy grandes, es
verdad, pero no olvidemos que exigen, de nuestra parte, una
142
fiel correspondencia a la gracia del Señor, el cual nos la
conceda a todos. Amén.
Oración para el día Noveno
Gloriosísimo Padre San Francisco, triunfador del mundo,
demonio y carne; imagen viva de Jesucristo, Serafín
encendidísimo, Patriarca de
los pobres, dechado de los
sencillos y humildes de
corazón, mártir del amor y
estrella resplandeciente del
espíritu; desde el altísimo
trono de gloria que ocupas,
tan cerca del Señor, dirige
una mirada, benigna y
amorosa, sobre nosotros,
hijos tuyos, que estamos
gimiendo aún y suspirando
en este valle de lágrimas.
Ampáranos con tu
poderosísima protección a
todos, para que, siguiendo tu
glorioso estandarte, con el
espíritu de fervor que nos
dejaste por herencia,
triunfemos de nuestros
enemigos y consigamos
vernos todos juntos en el
reino de la gloria. Amén.
Se rezan cinco Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en reverencia de
las cinco llagas de nuestro Redentor, impresas en el cuerpo del
Seráfico, y luego los gozos.
143
Oración a Jesús Crucificado
Para pedirle la gracia de una Santa muerte.
¡Oh Jesús mío! Por tu Pasión y muerte santísima, te suplico
humildemente me libres de muerte repentina e imprevista y
me concedas la gracia de prepararme con tiempo para el
trance de la muerte, recibir debidamente los últimos
sacramentos y concluir la vida presente en vuestra amistad,
con un perfectísimo amor a ti e invocando tu Santísimo
nombre. Amén.
Virgen Santísima: Por los dolores de tu corazón en la muerte
de Jesucristo, alcánzame la gracia de morir santamente.
Amén.
¡Ven, Espíritu Santo, y abrasa a las almas de tus fieles en el
fuego de tu amor!
Oración Preparatoria
Unámonos a María, recogida con los Apóstoles en el Cenáculo,
preparándose a recibir al Espíritu Santo.
María, habitación y templo, el más precioso del Divino
Espíritu: Permite a este hijo tuyo unirse a ti en esta novena,
conmemorando tu retiro en el Cenáculo en unión de los
Apóstoles, que, confortados con tu presencia y ejemplo,
purificaron sus almas y las prepararon para ser, en el día de
Pentecostés, digna mansión del Espíritu Santo. Purifíqueme yo
también por tu influjo maternal; sienta la necesidad de llorar
mis pecados pasados, de borrar los vestigios de ellos con
lágrimas y penitencia, de abrazarme con resignación a la cruz
144
y de hallar en ella mi consuelo y mi esperanza. Obtenme,
Madre amabilísima, la gracia de sentir la necesidad que tengo
de recibir los divinos dones del Espíritu de caridad y de amor,
para que en unión tuya los busque con toda la eficacia de que
soy capaz, e interponiendo tus méritos y valimiento ante ese
Divino Espíritu de que fuiste y eres el más precioso y acabado
tabernáculo, haz que esta novena sea el principio de mi
santificación, por la habitación en mí del Espíritu Santo y por
la difusión de su preciosos dones, que me lleven a amarle con
todas mis fuerzas en el tiempo y en la eternidad. Amén.
Día primero
La habitación del Espíritu Santo en el alma, por la gracia.
Consideración
Estas palabras se refieren al Espíritu Santo que, en unión del
Padre y del Verbo, desciende a hacer su habitación en el alma
justa o justificada por la penitencia. En virtud de esta unión
íntima con el Espíritu Santo, el justo vive con la vida de Dios
mismo, sus acciones humanas se divinizan y a más del fin
natural que les es propio, adquieren una virtud sobrenatural
que las hace merecedoras de eterna recompensa. Dios habita
en el alma y el alma habita en Dios, y entre Dios y el alma se
establecen relaciones mucho más íntimas que entre el amigo y
el amigo, entre el padre y el hijo, entre el esposo y la esposa;
y el alma, así endiosada, se siente ya aquí en el mundo
desterrada del cielo, su verdadera patria, donde sin término
se unirá por siempre a Dios.
Oración
Divino Espíritu: Ante ti se postra humillado un pobre
pecador, indigno de estar en tu presencia, y sin méritos
ningunos para solicitar tu favor; pero confiado en tu ayuda y
en la virtud de la sangre divina que por él vertió su Redentor
Jesús, y en la poderosa intercesión de María, Madre de Jesús
y Madre suya, viene doliente y afligido por los estragos que
145
en su corazón ha hecho el pecado, desalentado por no poder
arrancar de sí los afectos mundanales, incompatibles con la
posesión exclusiva que tú quieres de su alma, y angustiado
por los obstáculos que cada día pone a la efusión de tu vida
divina. Padre de los pobres, socorre a este infeliz; fuente de
aguas puras, lava las inmundicias de este corazón; luz de las
almas disipa las tinieblas que me rodean, y sobre todo y a
pesar de mi indignidad, usa de tu ilimitada indulgencia,
comunicándote a mi alma y haciéndole sentir tu presencia
por la renovación de mi vida y por el ejercicio de las virtudes
cristianas que, por ti sostenidas, me merezcan el aumento de
tu gracia y me sean prenda de tus misericordias en el tiempo
y en la eternidad. Amén.
Un padrenuestro y siete veces gloria al Padre etc., en honor del
Espíritu Santo.
V/. Gloria al Padre sempiterno, gloria al Hijo soberano.
R/. Y por los siglos infinitos gloria al Espíritu Santo.
V/. Alabemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y Ensalcémosle, por todos los siglos.
Oración Final
Espíritu Divino: Atiende a los ruegos de un alma pecadora,
pero humillada en tu presencia y que viene a implorar tu
caridad, Socórreme en los combates, protégeme en los
peligros, consuélame en las aflicciones, alienta mi cobardía y
desfallecimientos en la virtud, excita en mí el espíritu de la
oración. Espíritu vivificador: Perfecciona y consuma lo que en
mí has comenzado; asiéntate en mi alma como rey y
soberano; graba profundamente en mi corazón la efigie de
Jesús, mi Redentor crucificado, aplicándome sus méritos y
encendiéndome en su amor. Se el alma de mi alma, la vida
de mi vida. Así como lejos de ti, todo soy el ser más
desgraciado, así en ti todo lo tengo, nada temo, nada deseo,
146
nada ambiciono, sino permanecer con ti en el tiempo y en la
eternidad.
Difúndete también sobre esta república cristiana y haz que sus
autoridades, eclesiástica y civil, reciban la abundancia de tus
dones para regir sabia y cristianamente los pueblos que les
están confiados. Llena a los sacerdotes del Espíritu de tu
caridad y enciéndelos en celo por la salvación de las almas.
Alimenta en todos el espíritu de la esperanza y de la ardiente
caridad. Protege a la Iglesia, y a tu luz disípense las tinieblas
de que tratan de rodearla sus enemigos. Salva de las
maquinaciones de éstos a nuestro Santo Padre el Papa, y
llegue pronto para él y para la Iglesia el ansiado día de su
libertad y del reinado inmortal de Jesucristo en los siglos.
Amén.
Gozos
Ven, Deidad Suprema
Espíritu Santo,
y a la tierra envía
de tu luz los rayos:
Ven, y que en tus fuegos
muera yo abrasado.
Padre de los huérfanos,
de pobres amparo,
foco en que las almas
en luz se inundaron:
Ven, y que en…
Del hombre que llora
refrigerio grato,
y del alma triste
huésped regalado:
Ven, y que en…
Ven, descanso alegre
después del trabajo,
del calor refresco
y solaz del llanto:
147
Ven, celeste lumbre,
enciende en tus rayos
nuestras almas frías
que a ti se confiaron:
Ven, y que en…
Sin tu luz el hombre
nada es: un gusano
para el mal nacido
y el ajeno daño:
Ven, y que en…
Da riego a lo seco,
lava lo manchado
y nuestras heridas
cicatriza blando:
Ven, y que en…
Lo áspero suaviza,
enciende lo helado,
y dirige al término
nuestro errante paso
Ven, y que en…
Concede a los fieles
que en ti confiamos,
de tus siete dones
el tesoro santo:
Ven, y que en…
Danos tus virtudes
y que merezcamos
con plácida muerte
volar al descanso:
Ven, y que en…
V/. Envía tu Espíritu Señor y todas las cosas serán creadas de
nuevo.
R/. Y así se renovará la faz de la tierra.
148
Oración
Oh Dios que te dignaste ilustrar los corazones de tus fieles,
por medio de las luces del Espíritu Santo; concédenos por este
mismo Espíritu, que nos haga obrar el bien y derrame en
nosotros sus inefables consolaciones, por Jesucristo Nuestro
Señor. Amén.
Día segundo
La sabiduría: Primer don del Espíritu Santo.
Consideración
Esta casa de la sabiduría increada, es, según el sentir de los
sagrados intérpretes, el alma cristiana justificada, y las siete
columnas los siete dones del Espíritu Santo; el primero de los
cuales es la misma sabiduría, infusa en el alma con la gracia
santificante y que se desarrolla a medida que el hombre
adquiere, por el mérito, nuevos grados de gracia.
Esta sabiduría divina, infinitamente superior a la adquirida
por la humana ciencia, hace de la criatura más humilde e
ignorante un ser capaz de escudriñar con seguridad los
misterios de Dios y contemplarlo cara a cara en el cielo,
después de haber aquí en la tierra comprendido su destino
sobrenatural y marchado hacia él sin vacilación y con
seguridad plena, al amparo de las tres virtudes teologales,
compañeras inseparables de esta divina sabiduría.
¡Feliz el cristiano que merece ser
elevado a tan grande altura! A esa luz
que el Espíritu Santo le comunica, le es
dado ver y comprender el secreto de
su dicha y de su felicidad, los medios
que a ella llevan, lo efímero y
despreciable de las criaturas y lo
seguro y firme de cuanto estriba en
Dios y a Dios conduce.
149
Oración
Dígnate, oh Santo Espíritu, hacer a esta pobre criatura
participante de ese regalo divino con que te has propuesto
hacer la felicidad de tus amadores. Conozca por ti al Padre y
al Verbo de donde procedes y comprenda que solo
amándote puedo ser feliz. Hazme ver la nada y el vacío que
tienen las criaturas, para no dejarme engañar con las
apariencias de bien con que mis enemigos las presentan; y,
sobre todo, lávame y purifícame más y más para que esa
sabiduría divina no halle obstáculos en mi alma a sus
soberanos esplendores. Amén.
Un padrenuestro y siete veces gloria al Padre etc., en honor del
Espíritu Santo.
V/. Gloria al Padre sempiterno, gloria al Hijo soberano.
R/. Y por los siglos infinitos gloria al Espíritu Santo.
V/. Alabemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y Ensalcémosle, por todos los siglos.
Se hace la petición, luego la oración final y los gozos.
Día Tercero
La inteligencia: segundo don del Espíritu Santo.
Consideración
La inteligencia o el entendimiento, es el asiento de la
sabiduría; pero para que la sabiduría divina, primer don del
Espíritu Santo, resida en el entendimiento humano, es preciso
que este sea levantado, fortalecido y preparado por este
Divino Espíritu, o sea: Es necesaria una especie de creación
sobrenatural que haga a las facultades naturales elevarse
sobre la esfera que les es propia, hasta las alturas de Dios. Al
entendimiento, así preparado, son perceptibles verdades que
no hallan cabida en la mente de los soberbios, que a sí
mismos se titulan sabios y que quizá lo sean en verdades
150
puramente especulativas y de ningún provecho para su
felicidad, de la que, por el contrario, se desvían a medida de
la confianza que en si tienen. A un alma sencilla y humilde,
revela el Espíritu del Señor, y con más seguridad y
certidumbre, más cúmulo de verdades útiles para su salvación
en una hora que pase cerca del tabernáculo, que las que
pudiera adquirir un letrado después de largos estudios y
disquisiciones. Pidamos, pues, al Espíritu Santo, este don
precioso y estimémoslo infinitamente más que la buena
sabiduría.
Oración
Humildemente postrado ante ti, Divino Espíritu, vengo a
solicitar el don precioso de la inteligencia, con el cual,
conociendo las verdades que se encierran en tu Divina
Esencia, consustancial con la del Padre y el Verbo, y en los
misterios de Jesús encarnado y presente en la Eucaristía, sienta
iluminada mi alma y encendida en santos afectos que me
obliguen a despreciar lo terreno y caduco, y a aspirar sólo a
lo celestial y divino. Amén.
Un padrenuestro y siete veces gloria al Padre etc., en honor del
Espíritu Santo.
V/. Gloria al Padre
sempiterno, gloria al Hijo
soberano.
R/. Y por los siglos infinitos
gloria al Espíritu Santo.
V/. Alabemos al Padre, al
Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y
Ensalcémosle, por todos los
siglos.
Se hace la petición, luego la oración final y los gozos.
151
Día Cuarto
El don de consejo: tercero del Espíritu Santo.
Consideración
Muchos son los guías y conductores que se ofrecen al hombre
en su camino por la tierra, y todos ellos le prometen un
término venturoso, si se somete a sus dictámenes y consejos.
El mundo le presenta caminos sembrados de flores, de
hechiceros vergeles y de goces sin término, aunque
circunscritos por los cortos límites del tiempo; la pasión, o sea
la carne, le estimula asimismo el goce disfrutado a costa de
los grandes intereses de su alma inmortal, puesta al servicio
de lo efímero y transitorio, y el demonio transfigurado en
ángel de luz, repite las palabras tentadoras que en otro
tiempo dijo a Cristo, invitando a la humanidad a echar una
ojeada sobre las grandezas mundanales. “Todo esto te daré –
le dice- si postrado en tierra me adoras”.
Solicitado el hombre por tantos halagos seductores y
fascinado por la pasión y el demonio de los sentidos,
sucumbiría infaliblemente si el Espíritu Santo no le enviase un
rayo de su luz esplendorosa para discernir la verdad del error
y dar tras los vestigios de Cristo con el sendero único que, al
través de esos inextricables laberintos, lleva a Dios. Esta
disposición del alma para descubrir entre tanto engaño la
verdad, constituye el don de consejo que hemos de pedir al
Divino Espíritu.
Oración
Alumbra mi camino, Espíritu Santo, y sé mi guía en las
tortuosas sendas de la vida, por las que tratan de extraviarme
malignos enemigos, conjurados para mi perdición. Sepa, por
tu don de consejo, discernir lo verdadero de lo falso, lo justo
de lo injusto, lo que es medio de salvación de lo que me sería
causa u ocasión de ruina. Deteste la vanidad y la mentira y
152
busque con tu auxilio, cuanto a ti me acerque, aunque para
obtenerlo tuviera que hacer costosos sacrificios. Esto te pido
por los méritos de mi Señor Jesucristo y de su Santísima
Madre, y por el amor infinito de que eres eterna
manifestación. Amén.
Un padrenuestro y siete veces gloria al Padre etc., en honor del
Espíritu Santo.
V/. Gloria al Padre sempiterno, gloria al Hijo soberano.
R/. Y por los siglos infinitos gloria al Espíritu Santo.
V/. Alabemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y Ensalcémosle, por todos los siglos.
Se hace la petición, luego la oración final y los gozos.
Día Quinto
El don de ciencia: cuarto del Espíritu Santo.
Consideración
Al relatar el libro de la sabiduría los favores que Dios concede
al varón justo, cuenta entre ellos, que “le concedió la ciencia
de los Santos”. Ciencia sobrenatural, tan superior a la
adquirida por humanos medios, cuanto de Dios dista la
humana criatura. Jamás la ciencia humana ha hecho la
felicidad de sus adoradores; basada, por el contrario, en la
soberbia, hinche en ella a las almas y las hace aceptar como
verdades los más locos y desatinados desvaríos. Precisamente
nuestro siglo hallase enfermo de las dolencias que en él
produce esa vana y falsa ciencia, de que tanto blasona y que
ha destruido los gérmenes de la caridad, hija del cielo, y ha
entregado al hombre, sin Dios e inerme, como párvulo a las
más degradantes pasiones y al más refinado sensualismo.
Felices los humildes y sencillos de quienes toma posesión el
Espíritu de Dios y levantados por Él, miran desde las alturas
de la fe la vanidad y nada de la ciencia mundanal y aprenden
en su fuente la ciencia de los santos, que consiste en conocer
153
y amar a ese mismo Espíritu, fuente de paz, de dicha y de
felicidad.
Oración
Infunde en mi alma, Espíritu Divino, la ciencia de los santos,
don precioso y que estimo en más que todos los tesoros.
Haz que a la luz de esta ciencia divina, vea la nada y la
vanidad de lo terreno, desprecie lo caduco y perecedero,
compadezca a los pecadores hinchados con la ciencia
mundanal y admiradores de sus prestigios, mientras descuidan
la única ciencia necesaria de su salvación. Llegue, finalmente,
por el cultivo de esta ciencia a enriquecer mi alma de
virtudes, entre las cuales descuelle el amor que a ti te debo
con el Padre y el Hijo, de quienes procedes y con quienes
reinas por todos los siglos. Amén.
Un padrenuestro y siete veces gloria al Padre etc., en honor del
Espíritu Santo.
V/. Gloria al Padre sempiterno, gloria al Hijo soberano.
R/. Y por los siglos infinitos gloria al Espíritu Santo.
V/. Alabemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Alabémosles y Ensalcémosles, por todos los siglos.
Se hace la petición, luego la oración final y los gozos.
Día Sexto
La fortaleza: quinto don del Espíritu Santo.
Consideración
La debilidad del hombre, enfermedad innata heredada de
Adán pecador, le inhabilita para el bien hasta el punto de que
el mismo Apóstol se quejaba amargamente de ver en sus
miembros quebrantados por el trabajo y la penitencia, una
ley contraria a la ley de la razón y que le sometía, a pesar
suyo, a la ley del pecado; y es dogma de fe que nada,
154
absolutamente nada, podemos hacer por nuestro propio
esfuerzo en el orden sobrenatural, sin el auxilio de la gracia.
De aquí el gran deber de la oración, medio eficacísimo para
fortalecer nuestra alma en su lucha con las malas pasiones y
alentarla en la práctica del bien. La oración hecha con las
condiciones exigidas, trae al Espíritu Santo a nuestro corazón,
y, entre otros dones, le comunica el de fortaleza, revestido
del cual el hombre, poseedor de la fuerza de Dios, sujeta a
los enemigos interiores, conculca las leyes que, a fuerza de
pesadas cadenas, retienen a los pecadores uncidos a la
esclavitud del mundo maldecido por Cristo y ahuyenta a
Satanás. En vista, pues, de los gravísimos peligros que nos
rodean, solicitemos del Divino Espíritu el valioso don de
fortaleza para sostenernos en los combates y vencer a
nuestros enemigos.
Oración
Ven, Espíritu de fortaleza, aliento de los débiles, ven a
comunicar a esta alma que te invoca, tu fuerza divina, sin la
cual sucumbiría miserablemente, víctima de sus constantes y
osados enemigos. Una triste experiencia me ha enseñado
cuán poco valgo cuando tú te alejas de mí. Sufre, pues, mis
miserias y castígame con todo género de males, menos con el
de retirarte de mi pobre y necesitado corazón. Purifícalo más
y más para que merezca ser digno asiento de tu divina
Fortaleza, base de su felicidad. Amén.
Un padrenuestro y siete veces gloria al Padre etc., en honor del
Espíritu Santo.
V/. Gloria al Padre sempiterno, gloria al Hijo soberano.
R/. Y por los siglos infinitos gloria al Espíritu Santo.
V/. Alabemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y Ensalcémosle, por todos los siglos.
Se hace la petición, luego la oración final y los gozos.
155
Día Séptimo
La piedad: sexto don del Espíritu Santo.
Consideración
El concepto de la piedad es, por desgracia, poco
comprendido aun por personas que se llaman piadosas y que
la hacen consistir en frecuentes rezos, numerosas devociones
y permanencia más o menos prolongada en las Iglesias, con
descuido no pocas veces de deberes no menos sagrados y
trascendentales. La piedad no es nada de eso. La piedad es
un aroma divino que perfuma cuanto toca con perfume de
cielo; es un hábito constante en la práctica de virtudes, un
brote espontáneo de un alma unida a Dios. La piedad sólida
está basada en el sacrificio y va siempre acompañada de la
caridad. Se manifiesta no sólo en el templo y en la oración
recogida, sino también, y muy especialmente en el trabajo, en
el alegre cumplimiento del deber y aun en el trato benévolo
y cortés con el mundo, a la vez que intransigente con sus
máximas opuestas a la doctrina de Cristo. La persona piadosa
es siempre severa consigo misma e indulgente con los otros,
aunque sean pecadores; es, en una palabra, la piedad, la
reproducción del carácter de Cristo en el alma cristiana y uno
de los más preciosos dones del Espíritu Santo.
Oración
Concédeme, Espíritu consolador, te lo suplico, el don
precioso de la verdadera piedad, basada en el espíritu de
sacrificio y en la abnegación de sí mismo. Sea ferviente y
asiduo en la oración, constante en el trabajo, regulado en el
cumplimiento de mis deberes domésticos y sociales, accesible
a los pobres y necesitados, caritativo con todos y verdadero
imitador de Jesús, con cuya cruz me abrase en los casos
adversos, para gloria de su nombre y santificación de mi
alma. Amén.
Un padrenuestro y siete veces gloria al Padre etc., en honor del
Espíritu Santo.
156
V/. Gloria al Padre sempiterno, gloria al Hijo soberano.
R/. Y por los siglos infinitos gloria al Espíritu Santo.
V/. Alabemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y Ensalcémosle, por todos los siglos.
Se hace la petición, luego la oración final y los gozos.
Día Octavo
El temor de Dios: séptimo don del Espíritu Santo.
Consideración
No se trata aquí del temor servil de un esclavo que tiembla
ante su amo irritado; ni tampoco del temor provocado por la
muerte y demás efectos de la divina justicia. Este temor,
séptimo don del Espíritu Santo, tiene su origen en la caridad,
o sea en el amor; es el temor de un hijo amante que,
precisamente porque ama, y ama mucho, teme causar a la
persona amada el menor desagrado que mengüe la mutua
corriente de amor, y este temor le obliga a someterse a
cualquier sacrificio. El temor, así entendido, es el principio de
la sabiduría, es el aliciente del amor, es el móvil del sacrificio
y de las grandes acciones. En él abundaron todos los santos,
siendo tanto más encumbrada su santidad cuanto más
impregnada estaba de este temor saludable de desagradar al
que miraban como único objeto de su amor.
Oración
Infunde, Espíritu Santo, en mi alma pecadora, el santo temor
de Dios, que me excite a lavar hasta las más pequeñas
manchas que aún queden de mis pasadas prevaricaciones, y a
vigilar sobre mí mismo para no contraer nuevas. Aumenta la
lumbre de mi alma para que me sea dado registrarla con
escrupulosidad y alejar de ella cuanto desagradar pudiera a
los divinos ojos, y siendo así acepto al divino amador,
merecer tus favores en la tierra y gozar de ti en la eternidad.
Amén.
157
Un padrenuestro y siete veces gloria al Padre etc., en honor del
Espíritu Santo.
V/. Gloria al Padre sempiterno, gloria al Hijo soberano.
R/. Y por los siglos infinitos gloria al Espíritu Santo.
V/. Alabemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y Ensalcémosle, por todos los siglos.
Se hace la petición, luego la oración final y los gozos.
Día Noveno
Los frutos del espíritu santo.
Consideración
Los ricos dones del Espíritu Santo, cuidadosamente guardados
en el alma, dan lugar a manifestaciones de preciosos efectos
que hacen sentir en ella anticipadamente algo de los goces del
cielo.
Estos son:
1º. El acrecimiento y desarrollo de la caridad, que nos une a
Dios y a nuestros prójimos.
2º. La facilidad y gozo espiritual en el ejercicio de la virtud
3º. La paz del alma, tesoro preciosísimo que Jesús trajo del
cielo como el mejor regalo para sus imitadores
4º. La paciencia en las adversidades de la vida
5º. Liberalidad y amplitud de espíritu en la práctica del bien
6º. Bondad, o sea la disposición del alma al ejercicio continuo
de la caridad
7º. Benignidad, o compasión y lástima de las humanas
flaquezas
8º. Mansedumbre, a semejanza del que dijo: “Aprended de
mí que soy manso y humilde de corazón”
9º. Fe, o sea adhesión sincera a las enseñanzas de la Iglesia
10º. Modestia, basada en la humildad y en el propio
conocimiento
158
11º. Continencia, es decir, medida justa dentro de los límites
puestos por Dios a la satisfacción de nuestras necesidades
12º. Castidad, virtud preciosa que nos asemeja a los ángeles y
nos permite la unión más íntima con Dios.
Oración
Divino Espíritu: Dame a comprender la dicha inefable que
inundará el alma que te posee y las inestimables riquezas que
otorgas con tus siete dones preciosísimos. ¡Cuán viles y
despreciables son los miserables bienes terrenales en
comparación de los frutos que corresponden a cada uno de
tus dones! Dame luz para conocerlos y aliento para romper
los lazos que todavía me unen a este mundo efímero y
engañoso. Basta ya de afectos terrenales, basta de engaños e
ilusiones. En ti, Verdad suprema, se inspire mi entendimiento;
contigo, Bien sumo, abrace mi voluntad, y fuera de ti, nada
apetezca ni ame mi corazón, que quiero sea sólo tuyo en la
vida y en la muerte. Amén.
Un padrenuestro y siete veces gloria al Padre etc., en honor del
Espíritu Santo.
V/. Gloria al Padre sempiterno, gloria al Hijo soberano.
R/. Y por los siglos infinitos gloria al Espíritu Santo.
V/. Alabemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y Ensalcémosle, por todos los siglos.
Se hace la petición, luego la oración final y los gozos.
159
Acto de Contrición
¡Clementísimo Jesús! ¡Redentor de los hombres! ¡Te adoro
por ser quien eres, por tu bondad y misericordia infinitas,
porque me creaste y redimiste para tu gloria! Aquí me tienes,
Señor, ante tu suprema Majestad, llamado a penitencia por la
Inmaculada Virgen María, mi Señora, en su aparición de
Lourdes, a donde vino a buscarme como oveja perdida en el
desierto de mi vida. Prodigio admirable de la ternura de tu
amor, que aumentó el asombro del sacrificio infinito que
permanentemente se ofrece en el mundo.
Abrumado Señor, con el peso de mis iniquidades,
avergonzado y confundido vengo a suplicarte ¡Jesús
amabilísimo! que me perdones y recibas en tu gracia,
limpiando mi corazón, purificando mis potencias y curando
mi cuerpo con aquella agua milagrosa que dejó en Lourdes la
divina Corredentora de los
hombres, a fin de que puedas
reconocer en mí, por su
intercesión poderosa al ser que
creaste a imagen y semejanza
tuya. ¡Oh mi Salvador! que no me
sea infructuoso tu sacrificio de
sangre, para que, movido a
penitencia por la nueva aparición
de tu divina Madre, obtenga el
perdón de mis pecados, la gracia
de mi santificación y la esperanza
de tu gloria. Amén.
160
Día Primero
(2 de Febrero)
Consideración
Lourdes, ciudad del departamento de los altos Pirineos, en
Francia, se halla en el centro de caminos frecuentados por
viajeros distinguidos, por los baños saludables que tiene la
comarca. Por esto y por la antigua moralidad de sus
habitantes, es una ciudad a propósito para dar publicidad al
mundo de cualquier acontecimiento extraordinario aún en
orden sobrenatural.
Bernarda, joven adolescente, de familia muy pobre y sencilla,
se había ejercitado desde la niñez en la devoción a la
Santísima Virgen. Se gozaba mirando frecuentemente al cielo,
donde creía ver el trono de su divina Madre. Pastorcilla de
inocencia infantil, había adquirido delicadeza de sentimientos
por el ejercicio de su piedad. Volvió a Lourdes algo enferma,
cuando apenas tenía catorce años de edad, dejando el
humilde oficio de pastora por voluntad de sus padres.
El domingo, 11 de febrero de 1858, salió Bernarda a buscar
leña con otras compañeras también, adolescentes, a
inmediaciones de la ciudad, por el lado del río Gave.
Separada algún tanto de ellas, frente a la gruta de las rocas de
Massabielle, sintió, como a medio día, un zumbido de aire
impetuoso que la asustó. Volvió la vista a todas partes y no
vio nada. Se detuvo un momento, y un nuevo ruido más
fuerte la conmovió por segunda vez. Dirigió la mirada a las
aberturas sobrepuestas que forman la gruta en las rocas, al
lado opuesto del canal que compartía allí las aguas del río, y
vio, en la abertura media, una Señora de aspecto soberano,
de incomparable belleza y atractivo divino, rodeada de
esplendorosa luz. Pisaba un rosal silvestre en parte saliente de
la cavidad media. Bernarda comprendió que era aparición del
cielo y cayó postrada de rodillas para rezar el rosario. Al
161
persignarse le faltó el aliento pero la augusta Aparición la
animó con un movimiento de ojos, sonriendo cariñosa y
levantando la mano para persignarse. La misma Señora
empezó a rezar en su rosario de cuentas blancas y engaste de
oro que deslizaba entre los dedos. Contemplativa y solemne
aparecía con noble majestad oyendo a Bernarda, a quien
miraba cariñosa y acompañaba en este acto de piedad. Al
acabar el rosario la divina Señora desapareció.
La luz que reflejó sobre Bernarda había llenado de belleza
aquel paraje solitario, y todo quedó como antes después de
retirarse la Señora. La naturaleza apareció mustia y desierta
para aquella joven cuya alma no acababa de bajar de las altas
regiones en que anduvo abismada, y prevaleció con ella el
gozo celestial unido al terror de profanarle si contaba a sus
compañeras lo ocurrido.
Bernarda les preguntó si habían visto a la Señora, y como
dijeron que no, se abstuvo de revelarles lo que había pasado.
Más, excitada por otras personas con interés edificante, refirió
lo sucedido no solo a su madre, sino a cuantos se lo
preguntaban.
La impresión en las gentes llegó a ser inmensa e imborrable.
Acontecimientos posteriores debían hacerla poderosamente
comunicativa e invencible. Contenta hablaba Bernarda con
mucho despejo y seguridad, de modo que si no persuadía, se
notaba que su cerebro estaba sano y que era probable que
hubiera visto algo extraordinario, sobrenatural, que se
relacionaba no solo con las gentes de aquella ciudad, sino
con la nación en que había aparecido y hasta con el mundo
entero.
Oración para el día Primero
¡Purísima Señora! ¡Madre de nuestro Redentor Jesucristo! si
ahora te has dignado presentarte al mundo como cuando
162
visitaste a Santa Isabel, que postrada adoro en ti al Divino
Salvador y sintió en su seno la santificación del Bautista; ¿Cuál
debe ser nuestro júbilo y afecto para corresponder por la
inmensa bondad de tus apariciones, como si en la casa de
cada uno de nosotros te hubieses presentado? ¡Ay, Señora
mía! si con tu presencia divina iluminaste los oscuros parajes
de la gruta solitaria de Lourdes e hiciste participante a
Bernarda de un reflejo de la grandeza de tu gloria: ¿Cuánta
dulzura y bendición puede esperarse que anuncian esas
apariciones maravillosas para naciones, pueblos, familias y
devotos que te buscan como a Madre?
Tu presencia iluminó la gruta donde apareciste cariñosa,
dejando a Bernarda anegada en inefable gozo. Tu
comunicación visible ¡Señora amabilísima! es una muestra de
los particulares designios del Altísimo en los cielos y en la
tierra. Porque solo acontecen estas cosas cuando son
necesarias para la humanidad enferma y extraviada.
¡Y tú, Virgen piadosísima! te has presentado de un modo
extraordinario para prevenirnos de satanás que ha desatado
mayores fuerzas de perversión y más poderosas trazas para
estos tiempos de apostasía, y por eso escogiste la sencillez de
Bernarda y un lugar desierto para advertirnos que debemos
hacer penitencia para volver a la inocencia primera. Dígnate,
Señora, infundirnos la pureza santa y un reflejo de esa divina
claridad que se desprenda de ti y que separa el alma de la
triste lobreguez en que vive.
Danos tu ayuda para purificarnos en esta novena con los
divinos sacramentos, y que, firmes en la fe, invoquemos tu
dulce nombre para cumplir la ley del Señor y servirte siempre
con amor. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
163
Gozos
Sois del divino candor
la Inmaculada María;
Sois de Dios la Madre pía,
la escogida del Señor.
En una roca escarpada,
Tabor de luz y belleza,
ostentó Dios tu grandeza,
¡Oh Virgen Inmaculada!
y la razón humillada
te proclamó con fervor.
Sois de Dios…
Una triste leñadora,
pobre, sin luz, sin amparo
fue de aquel prodigio raro
la estrella consoladora;
de todo triunfó, Señora,
sosteniendo con valor.
Sois de Dios…
Gemido del peregrino
fue el acento del Rosario,
imitando en el santuario
aquel arcángel divino,
que sublimó tu destino
diciendo con grande honor:
Sois de Dios…
Tres veces, por el pecado,
la penitencia anunciaste,
y a penitencia llamaste
al hombre desheredado;
y ante la roca postrado,
te confesó el pecador.
Sois de Dios…
Yo soy de la Concepción
la Inmaculada María,
dijiste, ¡Señora mía!
164
a tu hija de dilección,
y con grande admiración
fue de todos el clamor.
Sois de Dios…
Mandaste a tu mensajera
que al sacerdote avisara,
que un templo te levantara,
en la preciosa ladera,
donde el pueblo repitiera
esta alabanza de amor.
Sois de Dios…
A la pobre Bernardita,
hacerla feliz le prometiste,
trocando su vida triste
por una gloria infinita,
haz ¡Oh Madre bendita!
que sea yo su imitador.
Sois de Dios…
Una fuente milagrosa
abriste por mí en la roca;
dulce para quien te invoca
en amargura angustiosa;
deja ¡Madre cariñosa!
que te aclame en mi dolor:
Sois de Dios…
Al gemido de tu Iglesia
apareciste, Señora,
como reina protectora
llamándome a penitencia;
y al bendecir tu clemencia
te repetí con clamor:
Sois de Dios…
Pisabas rosal sin flores,
con angustiosa mirada,
y dijiste, consternada,
¡Rueguen por los pecadores!
165
y a esos divinos clamores
te repitió el pecador:
Sois de Dios…
Sois del divino candor
la Inmaculada María;
Sois de Dios la Madre pía,
la escogida del Señor.
Jaculatoria
V/. Toda hermosa eres María
R/. Toda hermosa eres María
V/. Y mancha original no hay en ti
R/. Y mancha original no hay en ti
V/. Tú gloria de Jerusalén
R/. Tú la alegría de Israel
V/. Tú el honor de nuestro pueblo
R/. De pecadores abogada
V/. ¡Oh María!
R/. ¡Oh María!
V/. Virgen prudentísima
R/. Madre clementísima
V/. Ruega por nosotros
R/. Y por nosotros intercede al Señor Jesucristo
V/. En tu concepción ¡Oh Virgen, fuiste Inmaculada!
R/. Ruega por nosotros al Padre cuyo Hijo concebiste
Oremos
¡Dios Todopoderoso! que para salvar al hombre hiciste que
apareciera el Lourdes la Inmaculada Reina de los cielos, que
abriera allí una fuente milagrosa y un templo para rogar por
166
los pecadores. Por esta bondad que tanto ha ensalzado a tu
divina Madre, te suplicamos que infundas en nosotros un
gran horror al pecado, y que purificados, con los santos
sacramentos de la penitencia, tengamos la dicha de ir a
bendecirte en tu gloria. Amén.
Día Segundo
(3 de Febrero)
Consideración
Tres día después de la primera aparición, el domingo 14 de
febrero, Bernarda y otras niñas oyeron misa y se prepararon
para ir a la gruta, llevando una botella de agua bendita para
que Bernarda le echara a la visión cuando se le presentara, y
le dijera que si venia de parte de Dios, que se le acercara, y si
de parte del diablo, que se fuera.
Llegaron todas a la gruta y se pusieron a rezar sin notar nada.
De repente, Bernarda se trasfiguró, y les dijo: “miren, ella es.”
Las compañeras nada vieron, pero creyeron a Bernarda por
su acento conmovido y porque su cara se inundó de divinos
resplandores. Una de la niñas puso en manos de Bernarda la
botella, y ella roció de agua a la maravillosa visión, y le dijo
que, si venia de parte de Dios, se le acercara. No se atrevió a
decir si de parte del diablo, porque la profunda veneración
que le inspiraba le hizo comprender que aquella era una frase
de horrible profanación, imposible de pronunciar.
La divina Señora miró a Bernarda con cariño, se inclinó varias
veces al oír el nombre de Dios, y se acercó hasta la orilla de
la roca. La vestidura de la Señora era de anchos y largos
pliegues, blanca como la nieve. Ceñía su cintura una banda
azul, como el fondo límpido del firmamento. Su aspecto era
de radiante juventud, tenía el candor de la primera edad, la
suprema dignidad de la pureza, la majestad de la más alta de
las maternidades y la mirada de la sabiduría infinita que todo
167
lo penetra. Bernarda, dispuesta por su inocencia, acendrada
con su habitual devoción del Rosario, entró en aquella esfera
de bienaventuranza que la visión le hacía sentir.
Hollaba la Señora un áspero rosal sin florecer, y se había
puesto en un punto extremo de la roca, que probablemente
no había tocado planta humana. Desde aquel punto, entre la
tierra y el cielo, y en aquella soledad, apareciendo por
segunda vez en su aspecto divino, aseguraba a Bernarda que
no era un fantasma ni una ilusión. Se proponía significar,
además, que la familia humana era como un rosal silvestre
que el tiempo presentaba sin atractivos, y era preciso
contener su rápido descenso en la pendiente del abismo y
restablecerla en la fe del Señor y en la caridad que ordenaba
la moral.
Bernarda nada de esto comprendía, y continuó rezando con
la Señora hasta que acabó. Después de esto la visión
desapareció.
Oración para el día Segundo
¡Inmaculada Señora! ¡Madre admirable, la más grande
creación del Todopoderoso! ¿Con qué palabras podrá
hablarse de la que es Madre del Divino Verbo y Santuario del
Espíritu que vivifica los cielos y la tierra? ¡La transparencia del
rocío y la limpieza de la luz, son representaciones para los
sentidos, pero débiles imágenes para llegar a tener idea de la
pureza de la que fue escogida para Madre de Dios, de aquella
Virgen en quien se complació el Altísimo cuando la hizo
Reina del cielo y de la tierra para gloria de su Nombre! Tú
misma, Señora mía, dijiste que el Todopoderoso había
obrado en ti cosas grandes, y que por eso, te llamaría
bienaventurada todas las generaciones. Habitas la grandeza
del Empíreo, pero tus delicias son estar con la indigencia
oprimida, con los enfermos que te buscan humildes, con el
corazón penitente que confía en ti.
168
Alcánzanos por tu ruego, como Reina poderosa, la fe sencilla,
la inteligencia de tus dones y disposición para poseerlos. La
vida inútil del pecador, es como la caña seca quebrantada,
que provoca derribarla. Y has venido como cariñosa Madre a
reanimarnos con el prodigio de tus apariciones, para que,
dejando el mundo, veamos que solo en el cielo está la
grandeza de nuestro reino.
Haz ¡Virgen purísima! que este reino sea el pensamiento
dominante de nuestra vida, y que a él se refieran todos
nuestros anhelos de consuelo, de felicidad y de esperanza.
Arranca de nuestra alma toda afección terrena y pon
únicamente en ella la reverencia de tu Concepción
Inmaculada, para que, inspirándonos en este don divino, se
cumplan en nosotros los designios del Altísimo y lleguemos
felices a bendecirte en el palacio de tu gloria. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Tercero
(4 de Febrero)
Consideración
La relación que Bernarda y sus compañeras hicieron en sus
casas de lo ocurrido en la gruta por la segunda vez, se
extendió en la ciudad. La sencillez y pureza de la relación
entrañaba algo misterioso que se imponía. Los niños que la
oyeron atentos, se hicieron pregoneros de ella. Así penetro la
noticia, primero en la clase pobre y honrada, que fácilmente
creyó los prodigios que se referían. Esta clase sigue a la
adolescente, que con mayor constancia ama, cree y espera, y
en ella debían empezar a lucir los primeros albores de aquel
sobrenatural suceso.
Una señora y una joven fueron a la casa de Bernarda a
preguntarle con interés lo ocurrido, y ella les repitió la
169
relación de lo que había visto. Conjeturando y queriendo
indagar más, instaron y obtuvieron permiso de los padres de
Bernarda para que fuera a la gruta con ellas, llevando tintero,
pluma y papel, para ver si la Aparición quería comunicar algo
por escrito.
El jueves 18 de febrero, a las seis de la mañana, después de
oír la primera misa, se fueron llevando también un cirio
bendito para encender en la gruta. Bernarda apresuró el
paso, llegó primero, se puso de rodillas y comenzó el rosario.
Un momento después se le oyó una exclamación de alegría:
la Virgen acaba de presentársele en medio de fulgurante
aureola, como en las ocasiones anteriores, e inclinando la
cabeza hacia ella, le hacía señas para que se le acercara, como
si hubiera estado esperándola para comunicarle alguna cosa.
“Ya está aquí, dijo Bernarda a las compañeras, y me hace
señas para que me acerque.”
Ellas le dijeron que le preguntara si quería que se retirasen.
Bernarda la miró, y les dijo que podían quedarse. Entonces
encendieron reverentemente el cirio y se arrodillaron sin ver
nada, pero sin poner en duda la Aparición, porque Bernarda
se hallaba estática y transfigurada. Las compañeras le
presentaron a Bernarda los útiles de escritorio para que
rogará a la Señora que escribiera. Bernarda tomó estas cosas y
se le acercó, pero la Señora, descendiendo de la cavidad
donde se presentó desde la primera vez, atrayéndola con la
mirada, se iba retirando hacia el interior de la gruta. Bernarda
la siguió y le presentó el tintero y la pluma. Las dos
compañeras se adelantaron también, y ella les hizo señas para
que se detuvieran. En seguida suplicó a la visión que
escribiera, y ella le respondió con inefable acento que lo que
tenía que decir no era necesario escribirlo, que solo deseaba
que volviera allí durante quince días. Bernarda se lo
prometió, y la Señora le dijo que ella también le prometía
hacerla feliz, no en este mundo, sino en el otro. Bernarda
170
volvió la vista a sus compañeras, viendo que la Señora
miraba complacida a la más joven, que pertenecía a la
Congregación de las Hijas de María, y se lo dijo a ésta, que al
instante se puso contentísima. Las dos compañeras dijeron a
Bernarda que le preguntara si podían volver en los quince
días, y ella respondió que volvieran y que deseaba ver allí
mucha gente. Diciendo esto, desapareció.
Oración para el día Tercero
¡Oh Virgen soberana! ¡Inmaculada Reina y Madre nuestra! Tú
que eres para los peregrinos de la tierra la estrella de la
mañana, la salud de los enfermos y el refugio de los
pecadores; reconocemos, Señora, que nos hemos extraviado,
que se ha entenebrecido nuestra inteligencia y se ha
debilitado nuestra voluntad para el bien. La majestad Altísima
ha permitido que su Iglesia, que realiza maravillosamente los
destinos de la humanidad, sea combatida, humillada y
escarnecida como su fundador, y que participemos de estos
rigores sufriendo las persecuciones del demonio y el desprecio
de las gentes por la esperanza en sus divinas promesas, para
que sostenida la Congregación de los fieles por sí sola, con la
ternura de su fe, dé gloria al Señor.
Esta agitación, Señora, es una prueba pavorosa, pero es la
que separa a los malos de los buenos, es la que deja en la era
el grano sin la paja. Te pedimos ¡Madre nuestra! que nos
infundas la devoción del santísimo rosario que establece la
escala de comunión contigo. Y por la que te apareciste a
Bernarda en la gruta y te haces sentir en el alma de los que
con las alabanzas de rosario tejen tu corona. En la persona de
Bernarda prometiste hacer dichosos a tus devotos, no en esta
vida sino en la otra. Danos Señora, con la devoción que te
pedimos, el sentimiento práctico de ella y la confianza de tu
amor. Concédenos, en la dulce repetición de la Avemarías,
aquella luz permanente que necesita nuestra alma, como
lámpara encendida, para ver con delicia santa, no solo la
171
evidencia de que el Señor es contigo, sino que de Él tienes la
plenitud de las gracias y riquezas de aquel tesoro eterno que
repartes a los que se congratulan en repetir tu nombre en el
dulce cántico del rosario. Te prometemos, Señora, huir de las
concurrencias y atractivos peligrosos, y ejercitarnos en la
santa oración, para obtener tu protección. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Cuarto
(5 de Febrero)
Consideración
Tres notables apariciones habían pasado, y de las que
Bernarda daba razón. La noticia debía suscitar opiniones
diversas, persecuciones de sectas, risas desdeñosas,
incredulidades frías, a la vez que expectativa grande y
entusiasmo contenido por prudente circunspección.
El pueblo dócil, que espera la inteligencia imparcial, la crítica
científica y hasta el escepticismo orgulloso, estaba enfrente de
aquel llamamiento soberano de la divina Aparición. Si era la
Reina y Madre de Dios, que movía el sentimiento popular,
¿Quién podría resistir a su voz?
Desde su gloriosa Asunción, jamás la Madre de Dios se había
vuelto a aparecer tan visiblemente en la tierra. La casa de
Nazaret, viajando por el aire, viniendo de Palestina a
Dalmacia, y de allí a Italia, atravesando el mar Adriático,
hasta fijarse en Loreto, es uno de los milagros que más han
asombrado al mundo. Pero ahora es la misma Señora de la
casa, es la Madre del mismo Dios, es la Corredentora de los
hombres que, como pastora universal, llama a todos sin
distinción alguna.
172
La noticia de este llamamiento se esparció el mismo día en
Lourdes, y fue más allá de las poblaciones, de los valles y de
las montañas, porque era día de mercado y, por lo mismo,
de gran concurso de las gentes de la comarca. En la mañana
siguiente, 19 de febrero, hubo mucha concurrencia a la gruta,
mayor fue la del sábado y mucho más la del 21 del mismo
mes, primer domingo de cuaresma. En este día el gentío era
de millares de personas que se remecían en aquel campo,
como espigas de trigo, en torno de la gruta y hasta largas
distancias.
Bernarda llegó con una persona de su familia y atravesó la
multitud sin preocuparse de que la esperaban, y se arrodilló a
rezar como antes, a la entrada de la gruta. La visión se le
presentó, porque al instante se encendió su cara como un
ascua, poniéndola brillante y dando a sus facciones una
marca de angelical nobleza y dignidad incomparables. Un
profesor de medicina se acercó y le tomo el pulso, indicando
que se hallaba en calma y que ningún mal le podía ocasionar
aquel cambio. Los que pudieron ver a Bernarda, entendieron
desde el principio que una poderosa impresión moral se
había apoderado de ella, sin violentarla; impresión que,
como un reflejo irresistible, recibían los demás.
Bernarda anduvo de rodillas hasta el interior de la gruta,
porque la visión cambió de sitio. La Señora mirando entonces
desde la abertura principal, dirigió una mirada entristecida y
confidencial que se extendió por la multitud, pareciendo que
recorría en aquel instante toda la tierra. Bernarda le
preguntó: “¿Qué tienes? ¿Qué es necesario hacer?” La Señora
respondió con solemnidad: “Es necesario rogar por los
pecadores.” En seguida varió de expresión y volvió a entrar
en la región de la gloria con su atractiva serenidad y reposo
soberano. Desapareció la Señora y Bernarda recobró su
natural fisionomía. Los creyentes, anhelantes y conmovidos
173
de respeto preguntaron a Bernarda la causa, y ella respondió
sencillamente lo que había pasado.
Oración para el día Cuarto
¡Virgen amabilísima! ¡Reina y Madre nuestra! fuiste vaso
purísimo de elección, para que no se rompiera al presenciar el
tremendo sacrificio que por nosotros se ofreció en la cruz. En
este momento de dolores, de la mayor desolación que
conocen los siglos, ¡Tu alma oprimida de amargura, tu cabeza
coronada con los rayos de la tormenta y tus vestidos
salpicados con la sangre del cuerpo purísimo de tu Dios! Con
tu tristísima mirada, apuraste los tormentos de tu Hijo, y con
tus sufrimientos engrandeciste la redención. En esta situación
de horrores, en lo más colmado de la pena, y cuando
esperabas morir con tu divino Hijo, le oíste decir desde la
cruz: que serías nuestra Madre y nosotros quedaríamos como
tus hijos. Haz ¡Reina de las madres! ¡Señora angustiadísima!
que aquellos acentos de amor resuenen y conmuevan siempre
las entrañas de nuestro ser. Y puesto que sobreviviste a la
muerte de nuestro divino Redentor para servirnos de Madre;
ayúdanos, Señora, a arrojar de nuestro corazón el amor
propio para que no nos oprima la soberbia con la ingratitud
de nuestras abominaciones.
Desde ese día terrible en que el Señor ofreció su sangre por
nosotros, tu ternura de Madre, penetrando los tiempos y
lugares, vio en esta época de desolación creciente la bendita
gruta de Lourdes, y a Bernarda para hacerla mensajera de tus
órdenes. ¡Oh Señora nuestra! Tu invisible manto ha venido
preparando nuestro corazón y has aparecido con la dulce
ternura de tu amor a recibir nuestras plegarias. ¡Dígnate
Madre purísima! ser para con nuestro Dios la intérprete de
nuestros sentimientos. Infúndenos Señora, un gran
sentimiento de caridad, para rogar contigo por los pecadores.
Tú que has hecho tan célebre tu nombre de Madre, que
ofreciste también tu vida en el calvario por ellos, viendo las
174
angustias y tribulaciones de la triste humanidad, has venido
nuevamente compasiva a traernos nuestra salud. Júntanos a
todos, como polluelos debajo de tus alas, a fin de pasar las
tormentas de esta vida, con la esperanza de verte en tu
gloria. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Quinto
(6 de Febrero)
Consideración
Tres días llevaba la aparición de los quince que había
prometido presentarse, y la multitud, llena de asombro,
miraba ya a Bernarda como Santa, Pero en los círculos
discutidores triunfaba la idea de la imposibilidad del milagro,
porque, fuera de las transformaciones y de lo que Bernarda
decía, para ellos nada de eso era milagro, y no había otra
prueba para sostener la idea religiosa militante, que la
evidencia de hacer notar su misión elevada. Era preciso que
se presentara a todo género de examen y de combate. La
persecución misma debía purificarla para que brillara en toda
su grandeza por su virtud perseverante y santa. La autoridad
pública le presentó el primer combate, y con éste, el primer
triunfo por aquella explosión de sentimientos entusiastas de
amor y de fe de las gentes innumerables que venían a la
ciudad.
El domingo 21 de febrero, día en que Bernarda había estado
en la gruta, fue aprehendida por la tarde, al salir de las
vísperas en la Iglesia, y llevada a la oficina de policía, como
sindicada de delito de estar engañando con supersticiones
para estafar a las gentes. El jefe de policía, ante quien se
condujo, se admiró de encontrar en Bernarda una niña
campesina, de alma pura, y comenzó a examinarla con
fingida bondad; pero el jefe, cambiando bruscamente de
175
tono, le habló con la violencia de incrédulo, en la persuasión
de que no decía la verdad. Bernarda repitió lo que había
dicho con la misma ingenuidad. Aquel agente era impío, y
aunque vencido por la inocencia, todavía sospechaba el
engaño, y prohibió a Bernarda que volviera a la gruta y a su
padre que la dejara ir allí.
El día siguiente (lunes), era el cuarto de la quincena y
Bernarda fue mandada a la escuela, desde temprano para que
no pudiera ir a la gruta. En la escuela había cundido también
la despreocupación y fue regañada para que dejara sus
embustes de apariciones, con perjuicio de la religión. Algunas
de sus compañeras le hicieron también sus burlas por estas
cosas.
Bernarda salió como a medio día, muy acongojada por lo
que desde el día anterior estaba pasando, a propósito para
que no se dejara engreír. En el camino oyó la campanada de
la salutación angélica y en el acto corrió para la gruta sin
poderse contener. Llego a rezar su rosario delante de mucha
gente que la había aguardado. Pero en vano, porque la
Señora no se le presentó y ella se deshizo en llanto. Se
levantó consternada, y en la ciudad los críticos filósofos
aplaudieron diciendo que había triunfado la autoridad.
Las gentes advirtieron que las transformaciones de Bernarda
no habían sido efecto de su oración, sino de la aparición que,
como su centro luminoso, transmitía su luz haciéndola reflejar
sobre el rostro de Bernarda. Esta, le dijo a su padre que no
había podido resistir el ir a la gruta, y él, conmovido, le
levantó la prohibición. La policía los reconvino por
desobediencia, pero no hallando en esto ningún delito se
abstuvo de castigarlos.
Al siguiente día, martes por la mañana, volvió Bernarda a la
gruta donde la gente la esperaba desde antes de salir el sol.
176
Apenas se arrodillo quedó transfigurada, no dudando nadie
que tenía delante a la visión. “Bernardita, le dijo la Señora,
tengo un secreto que comunicarte que no revelarás a nadie.”
Este acento inefable de confianza y cariño, venido desde tan
alto con tan dulce y armoniosa voz, la indemnizó de todo lo
que había sufrido. La Aparición hizo entonces sus
recomendaciones misteriosas a Bernarda, y luego le dijo para
concluir: “Ahora, hija mía, ve a decir a los sacerdotes que
quiero que se me edifique aquí un templo.” Su mirada
enérgica, sin perder su amabilidad, tomó un aire soberano
como que esperaba lo que mandaba, y desapareció dejando
a Bernarda con esta impresión.
Oración para el día Quinto
¡Dulcísima María! ¡Fuente de consuelo y Madre Inmaculada!
Eres, Señora, la urna de amor, de belleza y santidad que
complació al Todopoderoso como la mejor obra de sus
manos hecha con todo el primor de su sabiduría, para
comunicarle sus divinas confidencias. Tú, Señora, reúnes lo
que hay de más hermoso y grande en el cielo y en la tierra;
eres la más pura, la más humilde y consagrada al Señor.
Cuando brillaron los resplandores de tu gloria, los espíritus
angélicos se prosternaron al verte tan excelente en sí misma y
tan encumbrada sobre todos ellos. Y cuando oyeron que
serías la Madre del Divino Verbo y que con Él harías tu
peregrinación en el mundo, te reconocieron y magnificaron
como Reina universal. Intercede, Señora, por tu Concepción
purísima para ver en ti la ternura de nuestro Dios y
comprender que te ha destinado en el peligroso tránsito de
nuestra vida mortal, para servirte de Madre, y que, por tu
mediación con el Altísimo, nada nos negará que nos
convenga. Tú, que dispones de los tesoros eternos, estampa
en nosotros con indeleble marca el sentimiento divino de que
el Señor, por tú mediación, es el que nos atrae con infinito
amor. Que por nosotros se encarnó y sufrió la muerte, y que
para derramar sus bendiciones solo quiere en nosotros el
177
cumplimiento de sus mandamientos. Y esto es tan grande
para creerlo, y es tanta nuestra miseria, que aunque este amor
es propio de la bondad eterna, necesitamos, Señora, que
vengan en auxilio de nuestra fe. Eres, en el cielo la ciudad
santa y el alcázar supremo del Rey, y por tu cariño inflamado
en el seno del Eterno, haz pedido a los sacerdotes para ti, un
templo en esas ásperas y desiertas rocas. Dígnate disponer
¡Madre purísima! que seamos todos templo vivo a donde
puedas venir a recibir las confidencias de nuestro amor, de
nuestra debilidad y sufrimientos.
Perdona ¡Virgen amabilísima! esta dureza y ceguedad de
nuestro espíritu, que corresponde a la desierta roca donde te
has presentado. Limpia, para tu servicio,
este campo que las pasiones han
incendiado y esterilizado. Adórnalo
con las preseas de tu gratísima
presencia para resistir a las
perturbaciones que combaten y
debilitan nuestro espíritu, y a los
seductores halagos que lo
enervan. Haznos conocer la
nobleza de nuestro origen y la
excelencia del destino a que nos
llamas como hijos redimidos con la
preciosa sangre del Señor, para poder
entrar en su reino. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Sexto
(7 de Febrero)
Consideración
Bernarda le llevó al venerable señor Cura el mansaje
diciéndole que la Santísima Virgen quería que los sacerdotes
178
le edificaran un templo en aquella gruta. Aquel señor estaba
dotado de razón elevada y era severo en la piedad. Al
principio recibió mal a Bernarda como portadora de
novedades que exponían la majestad de la Iglesia. Pero al
hablar con ella, le halló completa naturalidad y clara
inteligencia de lo que refería. Bernarda sostuvo que la visión
no le había dicho que era la Santísima Virgen, pero creía que
era ella por la impresión que le causaba.
El venerable sacerdote pensando en la posibilidad de que
esto fuera así, pero dudando de una niña ignorante, que de
buena fe podía estar alucinada, le dijo que pidiera a la visión
que hiciera florecer el rosal que pisaba, y que si esto sucedía,
no siendo tiempo de flores, se tendría por muy dichoso en
creer que la Reina del cielo se dignaba dirigirle sus órdenes y
que con todas sus fuerzas trabajaría en la obra.
Pronto se supo en la ciudad el rechazo del señor Cura, y
aquellas ilustraciones que resistiendo lo sobrenatural lo
atribuyen todo a superstición y a fanatismo, se complacieron
alabando la contestación del piadoso ministro, siendo seguro
que el rosal no florecería, ni podría ocurrir nada milagroso
para acreditar las relaciones de la vidente.
El poder civil y el eclesiástico parecían estar unidos para
resistir, y no obstante la pobre niña dejaba profunda marca y
había hecho mella en ambos sin que nadie lo notase. Era el
espíritu de la sabiduría, y de verdad que daba testimonio por
la sublime voz de Bernarda, por su elevada fortaleza y
tranquila fisionomía. La celeste visión en sus confidencias
había templado el alma de Bernarda y ésta apareció
suavemente firme ante el jefe de policía que primero quiso
extraviarla con fingida bondad y después intimidarla y
confundirla para hacerla parecer una impostora, con
interrogatorios impetuosos cargados de insidias.
179
Bernarda siempre refirió lo mismo sin mudar de voz ni de
aspecto, y ratificó del mismo modo aquello en que había sido
mal comprendida, hasta rendir al empleado que vio inútiles
todos sus recursos para hacer que Bernarda se contradijera, y
que, aterrada, desfigurase lo que había dicho. El señor
Payremale, Cura de la ciudad, al examinar a Bernarda,
empezó con la entonación solemne del sacerdote que invoca
a Dios para ahuyentar el mal espíritu, y concluyó por respetar
el invencible espíritu de la vidente y admirar su rectitud.
Al siguiente día (miércoles), la concurrencia a la gruta fue de
las más notables. Muchos entusiastas incrédulos acudieron a
la cita general para gozarse en su triunfo. Bernarda atravesó
sin cortedad aquella multitud curiosa y devota que había
tomado puesto desde el amanecer. El impulso interior que la
había guiado en aquel camino, dominaba sus sentidos.
Apenas llegó a la gruta, sacó su rosario y se puso a rezar
como si estuviera sola. Su cara se transfiguró de hermosura;
sus ojos se agrandaron y los tenía fijos en el rosal, sin bajar
los párpados, como si no quisiera perder nada de la visión
arrebatadora que tenía delante. En esta situación el respeto y
el asombro se extendió a todos.
A poco comenzó Bernarda a andar de rodillas por la ladera
escarpada de la roca, hasta que llegó al fondo de la gruta,
repitiendo con solemne melancolía: ¡Penitencia, penitencia,
penitencia! El rosal no floreció, pero nadie se pudo mofar de
lo que vio. La impresión fue profunda y la concurrencia
estuvo seria e impotente, dominando en todos la
certidumbre de que algo extraordinario para el mundo,
estaba ocurriendo en aquel lugar.
Bernarda acabó de rezar, recobró su estado natural, y volvió
a casa del señor Cura y le manifestó que había pedido a la
aparición a nombre suyo, que hiciese florecer el rosal, y que
la Señora se había sonreído y le había dicho que “rogara por
180
los pecadores y subiera a la gruta.” Que luego había dicho en
voz más alta: “¡Penitencia, penitencia, penitencia! Palabras
que había repetido andando de rodillas hasta el fondo de la
gruta, donde le comunicó otro secreto, le ordenó que a nadie
lo dijera y desapareció.
Oración para el día Sexto
¡Virgen concebida en la pureza! ¡Compasivo refugio de los
pecadores! postrados humildemente a tus pies, arrepentidos
de haberte ofendido, quisiéramos reparar con la penitencia y
el sacrificio de nuestra vida, la enormidad de nuestros
pecados. Cuando nuestro divino Salvador peregrinó en la
tierra, jamás se le vio reír ¡Pero sí muchas veces llorar! A
nosotros nos preocupan mucho las comodidades de la vida y
no sabemos sufrir con humildad, para seguir sus huellas.
¡Oh mi divina Madre! si le fuera permitido a nuestra alma
presentarse hoy al trono de tu Hijo, retrocedería anonadada
ante los resplandores de su gloria. Huiría de su presencia
devorada de horrible avidez conociendo la nada de donde
salió. ¡Ay! volvería cruelmente entristecida al valle de los
llantos. Entonces recordaría el llamado a penitencia que tú
misma le hiciste y que repetiste con interés en la gruta de
Lourdes, con el amor y ternura de Madre, pronunciando la
palabra tres veces con voz de solemnidad. ¡Ay Reina de
misericordia! compadécete de nuestra ceguedad, ablanda
nuestra dureza y cúbrenos con ese manto con que cubriste el
cuerpo ensangrentado de tu Divino Hijo, para movernos a
penitencia. Ruega Señora por nosotros y presenta al supremo
juez el madero de la Cruz, que fue tu Astro de Reina de
Dolores, y aquella cruel agonía que te hizo Reina de los
mártires, y aquella desolación amarguísima que como tesoro
infinito de tu Divino Hijo, tuvo por nosotros al tiempo de
morir. Y con tan valiosa ofrenda, pide madre purísima para
tus hijos adoptivos, la gracia del perdón. Haz que descienda
181
sobre nosotros, con el espíritu de penitencia, el sentimiento
de dolor por haber ofendido a nuestro Dios y Redentor.
¡Dígnate Virgen amabilísima! por tu Concepción Inmaculada,
darnos un gran espíritu de caridad para ofrecer al Señor
nuestro pobre holocausto, renunciando a las ilusiones de la
vanidad, para que con tu protección hallemos suaves los
senderos de la Cruz y merezcamos ver en el cielo a nuestro
amabilísimo Creador Y Señor para bendecirlo y adorarlo en
los siglos de los siglos. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Séptimo
(8 de Febrero)
Consideración
La gruta de Lourdes es hoy un santuario de adoración
suntuosamente decorado, de entrada circular, ancha y alta
para ser vista en lo interior. Las orillas del Gave, río que pasa
cerca, se han convertido en casas de campo elegantes, con
jardines y parque que deleitan y dan sombra a los peregrinos
que se arrodillan de lejos, mirando hacia la gruta. Ésta se
halla iluminada día y noche por lámparas y cirios. Encima
está la magnífica Basílica que el señor Payremale, Cura de la
ciudad hizo construir. De allí sale en procesión el Santísimo
sacramento debajo del palio; recorre algún espacio y vuelve a
la gruta entre nubes de incienso, acompañado de numerosas
voces que cantan himnos a grande orquesta.
La procesión pasa por entre compactas filas de asientos, y
detrás se coloca a los enfermos en camillas. Al llegar el divino
Sacramento a la fuente, los enfermos gritan misericordia, y su
tierno y conmovedor alarido, hace prorrumpir a todos en
sollozos y gemidos. Muchos de los enfermos se levantan
sanos y el clamoreo crece entonces con voces de alabanza y
182
glorificaciones de entusiasmo. Los agraciados gritan con
efusión su agradecimiento. Lloran con amor porque en su
dolencia han adorado al Señor, han participado de su
paciencia, le han ofrecido su agonía con todos sus dolores,
para asegurar su salvación.
Lourdes es la nueva tierra santa, la tierra de los prodigios que
se ven y se admiran diariamente, no solo en la gruta sino en
la Cripta, templo construido debajo de la Basílica misma y en
las piscinas exteriores a donde llega el agua al estanque
principal de la gruta.
Los Anales religiosos de Lourdes, circulan con profesión hasta
en los lugares más remotos, y no es excusable a ninguna
persona educada, ignorar lo que ha pasado allí, y aun lo que
está pasando. A pesar de esto hay dos corrientes en Lourdes
que pugnan, la que impele a ver los hechos y examinarlos
con imparcialidad, y la que los rechaza con impío furor sin
estudiarlos. Estos siguen oponiendo obstáculos a las
manifestaciones del más estupendo acontecimiento del siglo.
El jueves 25 de febrero y octavo de la quincena; Bernarda
llego a la gruta de mañana, y al comenzar el rosario, todos
vieron su faz transfigurada. Esta impresión de irresistible
efecto, hizo descubrir a todos la cabeza. “Hija mía le dijo la
Aparición, quiero confiarte un último secreto concerniente a
ti, que no se lo dirás a nadie.” Luego que Bernarda la oyó, le
dijo: “ahora ve a beber y a bañarte en la fuente y come la
yerba que brota junto a ella.” Bernarda miró en torno suyo,
y no viendo nada, se fue al río. “No es ahí, le dijo la Señora,
yo no te he dicho que bebas en el Gave, sino en la fuente que
está aquí.” Y alargando la mano le señalo el suelo seco de la
gruta.
Bernarda anduvo de rodillas hasta el punto indicado, y allí se
puso a escarbar la tierra con las manos. La atención de todos
183
se aumentó porque no se comprendía aquellas idas y venidas
de Bernarda, ni lo que se le veía hacer. Los incrédulos
empezaban a sonreírse, pero un momento después vieron
que se humedecía la pequeña cavidad que Bernarda estaba
abriendo con los dedos, y que saliendo agua, se llenaba el
hueco. Pronto empañó los bordes y corrió en un hilo tenue,
que filtrándose entre la arena, se movía hacia el Gave.
Bernarda agrandó la cavidad y tres veces trató de beber, pero
no pudo por lo enlodado del agua. A la cuarta tentativa
bebió por fin, se lavó y comió de la yerba que había allí. La
Señora dirigió a Bernarda una mirada de satisfacción y
desapareció.
Grande fue la sensación de los que presenciaron el
nacimiento de la fuente. Vieron que si nuestra Señora no
quiso hacer florecer el rosal, en cambio hizo un prodigio
mayor, dando al mundo una fuente de purificación, y un
testimonio eterno de su aparición. Todos oyeron conmovidos
lo que Bernarda refirió, todos quisieron entrar en la gruta, sin
cansarse de mirar el agua. Cada uno le tocaba como podía y
empapaba en ella su pañuelo. Hoy es un manantial
copiosísimo que tiene un estanque aseado y todas las cosas
necesarias para el baño de los enfermos.
Oración para el día Séptimo
¡Poderosísima Virgen María! ¡Madre de misericordia! ¡Estrella
de la mañana! ¡Salud de los enfermos! Tú Señora, eres tan
dulce, y tan amable, que haces de la enfermedad una
bendición, llenando de la suavidad el alma del que padece,
inspirándola por tus dolores en la Pasión de tu Santísimo
Hijo, para obtener con seguridad la salvación.
Has dado al mundo una fuente de agua viva, que salta hasta
la vida eterna, y de la que nuestro Divino Salvador hizo
mérito para convertir a la Samaritana. Fuente riquísima
abierta por tu misericordia, para curar los males del alma y
184
cuerpo de esa fuente. ¡Oh Reina amabilísima! busco el
restablecimiento de mi salud perdida, si es de tu agrado; si
no, déjame que te bendiga en mi dolor, si así conviene a mi
alma, de cuya dicha solo tú Señora mía, puedes juzgar como
Madre Sapientísima. Pero no le niegues a mi espíritu
atribulado los auxilios eternos con que fuiste Concebida sin
mancha de pecado original; tan bella y compasiva, tan pura y
hermosa como la llama de amor encendida por el mismo
Dios.
Las fuentes purísimas de sangre que se abrieron en el
Calvario, hicieron la redención del mundo, y para esta nueva
regeneración nos has pedido ¡Virgen Inmaculada! que todos
busquemos a Dios y hagamos penitencia. Nos diste una
fuente abierta por ti, Señora, para curar a los enfermos
desahuciados que te buscan con humildad, como los pastores
te buscaron en la gruta de Belén.
Despierta ¡Reina de los Santos! mi aletargada fe, para seguir
en todo tus aspiraciones. Dame la paz y la instrucción
necesaria para resistir el mal y contribuir a los designios del
Altísimo, manifestados solemnemente en estos sagrados
misterios de tu aparición. Atiende ¡piadosísima Madre! a mis
necesidades. Abrígame entre los pliegues de tu manto, para
no verme oprimido en la tribulación, como te hallaste tú al
pie de la Cruz, oyendo los insultos y las burlas que hacían de
tu Divino Hijo, donde orabas con Él, por el perdón de sus
verdugos.
Oye benigna mis ruegos ¡Madre castísima! para que por tu
intercesión poderosa, el Señor restablezca mi salud, me dé un
arrepentimiento eficaz de todas mis faltas, viva consagrado
únicamente al servicio de mi Dios y muera contento en la
confianza de tu amor. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
185
Día Octavo
(9 de Febrero)
Consideración
El nacimiento de la fuente fue el 25 de febrero por la
mañana, día de mercado y octavo de la quincena, se supo el
mismo día en las poblaciones inmediatas. La gente vino
ansiosa de verla y presenció la visita de Bernarda al siguiente
día en la gruta. Ella se presentó como siempre, inadvertida de
la multitud que la esperaba, rezó el rosario y se levantó
entristecida diciendo que la Señora no se le había presentado.
No eran, pues, alucinaciones sino verdaderas apariciones que
Dios, para su gloria, así las disponía. Esto pasó desapercibido
por entones, porque lo que todos veían asombrados era la
fuente milagrosa. Se levantaban y contemplaban el agua
portentosa que se deslizaba suavemente hacia el Gave.
Tocaban el prodigio sin creerlo; mojaban los pañuelos y se
complacían con el rumor de la corriente como una voz de lo
alto que anunciaba la realidad de los milagros de las
generaciones venideras, porque era la fuente de la Madre de
Dios, de quien nadie dudaba que fuese la visión.
Enfurecidos los impíos, ese mismo día llevaron a Bernarda al
tribunal del Departamento. Los magistrados la interrogaron
con nuevos pretextos, pero nada hallaron que diera pábulo a
sus sospechas. Los sabios de la ciencia sin Dios y los fanáticos
rabiosos de la incredulidad, agotaban sus recursos y sus
filosofías. Bernarda, huyendo tanto de las aclamaciones como
de la persecución, conservaba los secretos divinos
recomendados, imaginando que la Señora se agradaba que
los guardase en su corazón.
El Prefecto, incrédulo también, aunque aceptando por
transacción los milagros del establecimiento del Cristianismo,
quiso que el Alcalde prohibiera por bando la ida a la gruta,
186
pero este se excusó diciendo que allí no había desorden, y
que la gente mejoraba visiblemente con la idea de que era la
Reina de los cielos la que allí se aparecía.
Al fin los empleados, incrédulos exaltados, cubrieron de tropa
los senderos de la gruta, pero los soldados, impresionados,
abrían paso a todos y aseguraban la veneración y el respeto a
la gruta. La tropa pareció entonces inútil y la retiraron.
Siguieron las transfiguraciones de la vidente y empezaron las
maravillosas curaciones con el agua de la gruta. La
incredulidad palpó su derrota e increpó a Bernarda de
embustera; rechazó la fuente suponiéndola casual; negó las
curaciones milagrosas atribuyéndolas solo a las propiedades
curativas del agua; disputó a los médicos las declaraciones de
haber enfermedades incurables y sostuvo la especialidad
curativa del agua.
La violencia satánica seguía con asombro de todos
aumentando la fe, y tan grande era ya la concurrencia, que ni
en las casa ni en las calles y plazas, encontraban las gentes
dónde alojarse. Frente a la gruta se veía un lago de caras
martirizadas por la apretura y por el empeño de mirar la
entrada y salida de Bernarda.
Se acabaron las reconvenciones y las bufonadas impías. Nada
se podía hacer ni decir ante aquellos grupos flotantes que,
como nubes, se unían, se apretaban y sufrían gustosamente
con sus miradas suplicantes.
El historiador de estas cosas, que mereció la aprobación
pontificia, hace notar que en los días 25 y 26 de febrero de
1858, cantaba la Iglesia sucesivamente, los Santos Evangelios
en que se refieren los prodigios del Señor en la piscina de
Jerusalén, donde un ángel al mover sus aguas curaba al
enfermo que en ellas se lavaba.
187
La Santísima Virgen repitió a Bernarda la orden de que
bebiese y se lavase en aquella agua y comiese la yerba de la
gruta, como para enseñar a todos lo que debían hacer. Hizo
que se les repitiera a los sacerdotes que le levantaran un
templo y le hicieran procesiones.
El 25 de Marzo del mismo año, día de la anunciación, suplicó
Bernarda a la divina Aparición que le dijera quien era y como
se llamaba. La divina Señora tenía las manos juntas, su rostro
brillaba con el esplendor de la eterna beatitud. A la pregunta
de Bernarda separó las manos y dejó deslizar el rosario de
engastes de oro y cuentas de alabastro. Abrió luego los brazos
y los inclino como para presentar al mundo sus manos
virginales llenas de amor y bendiciones. Luego los levantó y
los unió con fervor sobre el pecho, y mirando al cielo con
acento de soberana majestad, enternecida pronunció estas
dulcísima palabras: “Yo soy la Inmaculada Concepción,” Al
decir esto, desapareció, dejando a Bernarda anegada en un
inmenso mar de purísimas fruiciones.
Oración para el día Octavo
¡Santísima María! ¡Madre del amor hermoso! ¡Recurso de los
que sufren! El misericordioso Dios que tiene en sí la
omnipotencia, sabiduría, la bondad, ante quien pasan como
eterna lluvia de oro las muchedumbres angélicas en extática
adoración, glorificando y bendiciendo su santo nombre y su
infinita esencia. Aquel supremo Rey, que da los colores y las
formas a los lirios, que creo la tenue claridad del alba, los
resplandores del sol y los arreboles de la tarde; que ha
llenado los abismos del espacio y ha hecho del hombre un
mundo en que aparece el alma, a veces como lago
transparente y sosegado y otras como borrascoso mar, según
el sentimiento que llegue a dominarla. El mismo sapientísimo
Creador que ha hecho tales maravillas ¿Con qué gloria y
magnificencia te formaría, ¡oh Señora y Madre Inmaculada!
habiéndote predestinado como su obra predilecta?
188
Cuando te pregunto Bernarda quién eras, tu espíritu mirando
ese universo admirable de tu interior, todo santo y colmado
de bellezas y armonías, dando gracias al Todopoderoso,
dijiste con asombro de todos, que eras la Inmaculada
Concepción. El día de la anunciación era para ti, Señora, el
gran recuerdo de aquel divino acento que, por primera vez,
con profunda emoción de amor, de honra y de gloria, te hizo
saber que estando llena de gracia, eras la Madre del divino
Dios. Eco delicioso que vino del Altísimo y debía resonar
eternamente en todas las almas.
Y puesto que con este recuerdo de sublime gratitud quisiste
dar al universo una señal de tu bondad y grandeza, dejando
ver en Lourdes un primoroso rayo de tu purísima faz; dígnate
¡querida Madre nuestra! destruir las tinieblas de la doctrina
insana que en este tiempo domina y aflige a todo el mundo.
Haz que venga a nuestra pobre inteligencia la luz divina para
comprender la grandeza de tus dones, el consuelo a los
enfermos, la paciencia a todos, y la dicha y esperanza de
verte en la gloria. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Noveno
(10 de Febrero)
Consideración
El camino de Lourdes en la gruta por las rocas de Massabielle,
llegó a ser en la ciudad el paseo más agradable y la
peregrinación más frecuentada. Los obreros después de su
jornal, se reunían entusiastas con la idea de que la Santísima
Virgen había elegido el lugar en que ellos vivían, para
presentarse al mundo y establecer la fuente milagrosa. Con
tan excelente pensamiento trabajaban por la noche en
componer lo que había de peligroso en la ladera de la roca.
189
Las curaciones continuaron con asombro y el agua de la
fuente era cogida con avidez y llevada a largas distancias.
Gentes de toda clase iban y venían a la gruta a todas horas.
Se descubrían la cabeza y se arrodillaban a vista del lugar
santo. Los cojos, los ciegos y tullidos que salían curados de la
aguas, dejaban allí señalada su gratitud. Se ponían cirios
encendidos, adornos de flores. Allí quedaban valiosas
ofrendas de alhajas preciosas y ¡Cosa admirable! nadie se
atrevía a tocar esos objetos venerados que veían sin custodia.
En todas partes llamaban a Bernarda, la santa. Algunos con
sinceridad y otros insidiosamente le ofrecieron dinero para
remediar las necesidades de su familia, que eran extremas, y
todo lo rehusó con naturalidad y constancia. Un impulso de
altísima piedad hizo que continuara yendo a la gruta, aun
después de la quincena. En una de esas memorables
ocasiones, el lunes de Pascua, 5 de Abril, postrada Bernarda
delante de la Aparición, rezaba fervorosa teniendo un cirio
encendido, y absorta en su plegaria dejó resbalar el cirio,
quedando las manos, sin advertirlo, encima de la llama. El
cirio quedó apoyado en el suelo debajo de sus manos, y la
llama le salía por entre los dedos y oscilaba agitada fuera de
ellos. Este hecho lo vieron estupefactos todos, en más de un
cuarto de hora que duró ardiendo la llama entre sus manos
sin quemarla.
Acontecimientos de esta naturaleza eran frecuentes, y tan
extraordinarios, que atraían a los extranjeros y a toda clase
de personas. Noticia eran estas que, saliendo de Francia, se
extendían no solo por Europa, sino que pasaban los mares y
recorrían el continente Americano.
Los empleados de la administración y demás incrédulos,
irritados por la propagación asombrosa de aquello que tenían
como superstición, volvieron a preguntar a Bernarda, y
aunque no hallaron motivo legal de procedimiento, se
190
ordenó que la encerrasen en una prisión como loca. Esta
orden atroz quedo sin efecto por una protesta enérgica del
ilustre Payremalle, Cura de la ciudad, que tomo por su cuenta
la defensa de esa pequeña oveja suya, a quien llego a verle
sin amparo. Se prohibió entonces la entrada a la gruta, se
puso una fuerte barrera para impedir el ascenso, y fue
despejado aquel lugar sagrado de las ofrendas que tenía. Se
colocaron centinelas en el camino principal y en todas las
entradas, y se mandó que nadie hablase de las apariciones.
Sorprendida la gente sana de aquel furor satánico se vio con
admiración que la verdad de aquellos hechos sobrenaturales
se sostenía firme por sí sola, destituida de toda fuerza
humana hasta el apoyo de la autoridad eclesiástica que no
quiso entonces emitir su opinión. Esta reserva de gran
prudencia mal interpretada por los enemigos, hizo que se
manifestase públicamente el vehemente anhelo de que el
Gobierno de la Iglesia pronunciase su fallo. De todas partes
se hacía la misma instancia y aun el Ministro del imperio,
encargado de la suprema inspección de los cultos, solicitó la
decisión eclesiástica. El hecho había llamado tanto la
atención, que muchas personas notables de la Corte fueron a
la gruta y con espíritu imparcial y justiciero informaron al
Emperador la verdad de todo lo que pasaba. De orden de
esta Majestad se acabaron la persecución y todas las
prohibiciones.
Una comisión de sabios fue nombrada entonces para
examinar y comprobar los acontecimientos, y después de oír
sus concejos, la decisión episcopal fue aprobada por el Sumo
Pontífice.
La gruta es hoy un santuario donde concurren peregrinos de
las naciones de todo el mundo, y el agua de la fuente
milagrosa, circula con profusión por el orbe católico y hace
curaciones admirables por todas partes.
191
Oración para el día Noveno
¡Purísima María! ¡Reina del universo! Tú que eres la Madre de
los pobres y el consuelo de los afligidos, que a todos alivias y
socorres con cariñoso anhelo: a ti, Señora, acudimos hoy,
buscando con seguridad el remedio de todos nuestros males.
El Altísimo Señor, compadecido e la caída del hombre, quiso
que el Divino Verbo tomara carne en tus purísimas entrañas y
fuera el Redentor del mundo, destinado a levantar de su
caída al hombre miserable afeado por el pecado. El hombre
rebelde pudo quedar abandonado, vivir y morir como el
insecto que pasa desapercibido, o como la planta venenosa,
que se destruye con horror. Mas ¡Oh caridad inmensa! aquel
Dios que suelta el rayo y desata las tempestades, que tiene en
su mano todo lo terrible para castigar ¡Ay! no pudo contener
los raudales de su bondad y se anonadó cuanto pudo por
salvar al hombre. Él mismo que rechazó la servidumbre, que
quiso que solo fuéramos sus domésticos y amigos ¡Con qué
dulzura, Señora y Madre nuestra nos abría su corazón para
decirnos: “Vengan a mí todos los que están cansados y
fatigados, que yo los aliviaré!” Y en cambio, solo nos pedía el
misericordiosísimo Señor el reconocimiento de su poder, la
gratitud de habernos creado a su imagen y semejanza,
conservado y redimido y la correspondencia a su amor
profundo, para llevarnos al cielo. Por eso, señora, descendió
del palacio de la luz eterna al valle de los llantos, y desde
aquel duro y áspero pesebre empezó a llorar y gemir el duelo
del pecado.
A su ejemplo ¡Madre Inmaculada! tú como corredentora
seguiste nuestros pasos, presenciaste la muerte de tu Divino
Hijo, nos atrajiste con grandes gemidos de dolor y suavizaste
nuestras agonías para salvarnos como Madre. Permítenos,
pues, Señora, que al terminar esta Novena, aceptes con
bondad esta humilde lagrima de nuestro corazón; que excuses
nuestras faltas, que grabes en nuestras almas el asombro de
tus prodigios y los efectos de tu gracia. Si nuestros males no
192
quedaran del todo remediados ¡Oh Virgen amabilísima! que
nos sirva esta plegaria para perfeccionarnos en la confianza
que hemos merecido de tu cariño. También te suplicamos que
excites en nosotros la contrición y nos acompañes al morir
como lo haces con todos tus devotos. Por último te pedimos
la dicha de verte con tu Divino Hijo en el trono de la
bienaventuranza. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
193
¿Dónde nació María?
Conforme a una antigua tradición es la ciudad de Jerusalén la
feliz cuna de María. Es verdad que a partir del siglo trece, por
causa de la traslación milagrosa de la casita de Nazaret a
Italia, se formó la opinión de que había nacido en aquella
ciudad; hasta parece que en la inscripción que se puso allí por
orden del Sumo Pontífice Clemente VIII, se definía la
cuestión: “Aquí vio la luz la Santísima Virgen María Madre de
Dios. Aquí fue saludada por el Ángel. Aquí el Verbo Eterno se
hizo carne.” Más, por otra parte, Benedicto XIV dice
refiriéndose a esto, que “las inscripciones dejan en pie los
derechos de la historia sin querer definir nada sobre el
particular. Parece pues, que la opinión de que nació en
Jerusalén, por ser la más antigua (llega hasta el siglo
segundo), por estar defendida con la autoridad de ilustres y
grandes padres orientales, muy bien
informados en la materia, como
San Pedro de Alejandría, San
Gregorio Niseno, San
Epifanio, San Juan
Damasceno, Sinesio de
Ptolemaida, etc. Por
haberse edificado junto a
la piscina un templo,
quizás desde tiempos de
Santa Elena, para honrar
el lugar de nacimiento de
María; por haberse
finalmente puesto la Santa
Iglesia en el oficio de la
presentación de nuestra Señora:
194
“María nace en la casa de Joaquín, en la Probática piscina y
después es conducida al templo” podemos concluir que ésta
es la opinión más fundada.
Oración para todos los días
Oh María Virgen Santísima y dulcísima, que al nacer en
Jerusalén, por las exquisitas prendas de tu cuerpo purísimo,
por las singulares excelencias de tu alma Inmaculada, por la
incomparable predestinación de tu persona sagrada,
enaltecida con gracia y enriquecida con preciosos dones,
apareciste como una suavísima aurora que bañó el mundo
en cendales de luz de tu fe, como firmísima prenda de
esperanza que nos anunció a Jesús, como escogidísima flor
que perfuma nuestras almas con todas las virtudes;
elevadísima cumbre de la santidad y perfección para ejemplo
nuestro, como futura Reina del mundo y del cielo, coronada
de poder y de gloria y sobre todo te anunciaste desde tu cuna
como la incomparable Virgen de las Vírgenes y Madre
bendita de Dios mismo, te suplicamos rendida y
amorosamente que nos hagas servirte, imitarte y honrarte
como mereces y contigo amar y adorar y glorificar a Jesús,
nuestra vida, nuestro bien, nuestro todo en el tiempo y en la
eternidad. Amén.
Día primero
(30 de Agosto)
El cuerpo de María
Acerquémonos respetuosos a la cuna de María rodeada de
ángeles y ahí podremos contemplar su cuerpo virginal y
gracioso en que resplandece la proporción, la armonía y la
distinción de las partes, al tiempo que la nobleza de la regia
estirpe de los príncipes de Israel. Penetra en su limpio
corazón y lo verás exento de toda pasión baja, inclinada
hacia Dios desde el primer impulso y regado por sangre tan
pura como sumo de flores del cielo. Es en verdad su cuerpo
195
como un nácar escogido en que se encerrará un día la perla
más preciosa, el Verbo de Dios.
Oración
¡Oh dulcísima Niña María!, ya que tu nacimiento fue como el
abrirse de una flor de alegría para nosotros, porque el Señor
reflejó en tu cuerpo su belleza, lo bañó en su limpieza y
puridad y lo hizo Santo como arca incomparable de su
Divinidad, danos la gracia de mantener puros nuestros
cuerpos consagrados por el bautismo como templo de Dios y
tantas veces divinizados por el beso santo de la comunión.
Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Práctica
Cuan bello sería que imitaras a San Serafín de Montegranario,
capuchino, llamado el Santo alegre, que cada día visitaba
alguna Iglesia e imagen de María. Llevaba estampas y
medallitas de Nuestra Señora sobre el pecho, no podía
permitir que los cuadros y estatuas de María estuviesen
tornados de polvo, siendo un hermano lego ignorante, la
conocía admirablemente y hablaba con frecuencia de Ella y
desde niño la había tomado por Madre suya. Su muerte fue
placidísima, después de ser recreado por una aparición de
nuestra Señora.
Gozos
Oh Reina pequeña,
fragante violeta
ábreme las puertas
de tu corazón.
¡Oh Reina del cielo! ¡Oh niña María!
Por siempre este día, me consagro a vos.
196
Mira a tus Padres,
contigo se alegran
cual lúcida estrella,
brillas en derredor.
¡Oh Reina del cielo…
Alumbra las nubes,
trasciende los cielos
traspasa las almas
del celeste amor.
¡Oh Reina del cielo…
Vigila a los hombres
atiende a sus ruegos,
concédeles del cielo
gracia y bendición
¡Oh Reina del cielo…
Oh Niña que bello
resuena en tus labios,
el tierno cántico
que eleva hasta Dios.
¡Oh Reina del cielo…
De aquí ya nos vamos,
alegres cantando
llevando en los labios
la dulce canción.
¡Oh Reina del cielo…
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de las promesa de nuestro Señor
Jesucristo
Oración Final
Concede a tus siervos, Señor, el don de tu gracia, para que, a
quienes recibimos las primicias de la salvación por la
maternidad de la Virgen María, la fiesta anual de su
nacimiento nos traiga aumento de paz. Por Cristo nuestro
Señor. Amén.
197
Día Segundo
(31 de Agosto)
Excelencia del alma de María
No solamente al nacer sino que desde su Concepción el alma
de María fue riquísimo cofre de belleza: Era Inmaculada
porque estaba exenta de la culpa original como egregio tallo
de donde había de brotar la flor de la hermosura y santidad,
Cristo Jesús; no solamente Inmaculada, sino como enseña San
Bernardo, Dios nuestro Señor pensó en María y decretó
crearla adornada de gracia y embellecida de dones antes de
pensar en Adán. Por eso nunca su predestinación dependió
de éste, ni fue incluida remotamente en la ley del pecado y
desde que empezó su vida en el seno de su madre fue templo
de Dios, estuvo embellecida por la gracia santificante
perfeccionada con todas las virtudes teologales y morales y
con toda la profusión de dones del Espíritu de Dios, en grado
superior a todos los ángeles y santos.
Oración
¡Oh alma Inmaculada de María! Incomparable ornamento de
la creación, esplendor de los cielos, júbilo de los ángeles,
belleza de la Iglesia, orgullo de la humanidad, gloria purísima
de las almas fieles, joya fulgentísima del Artista Divino,
templo de sus delicias y palacio augusto de sus grandezas;
ensalzamos ese Dios que te creó excelsa y a ti te veneramos,
te reverenciamos y te amamos, rogándote, purifiques nuestras
almas del pecado ya que no tienen la dicha de adornarse
siempre con la estola de la gracia. Amén
Se rezan tres Avemarías…
Práctica
Tienes un bello ejemplo de imitar en San Leonardo de
Puertomauricio. Tenía entre sus propósitos el guardar una
ardiente y filial devoción a la Santísima Virgen y el predicar
198
con singular fervor sus sermones. Era señaladamente devoto
de su Inmaculada Concepción y por ver defendido este
dogma había ofrecido sangre y vida. Llevaba de continuo
sobre el pecho una imagencita de María, la cual besaba y
ponía sobre los enfermos y con ella se desahogaba en
tiernísimas y donosas pláticas. Ofrecía sus oraciones y obras
satisfactorias especialmente por las almas de las que habían
sido devotas de María. Las preparaciones a las fiestas de
nuestra Señora ayunaba, hacia genuflexiones etc., y llegado el
día era tal su ardor en las pláticas y requerimientos sobre la
Divina Señora que ablandaba los corazones más endurecidos.
Gozos y oración como en el primer día
Día Tercero
(1 de Septiembre)
Santidad incomparable de María
Aquella primera gracia penetró en el alma de María, según
dice el Espíritu Santo como un río impetuoso y alegre de
abundantes y cristalinas aguas. Al regarlas, la hizo florido
huerto que fecundó de modo estupendo para que diera los
frutos más gallardos de santidad.
Tenemos pues a María con entendimiento lúcido, brillante,
penetrado de la luz divina y que bebe a raudales el
conocimiento de Dios desde el seno de su madre. Así mismo
le fue otorgada una voluntad prevenida por la gracia y
colmada de virtudes y dones, en forma tal, que jamás llegó a
esa aula santa, como dice San Buenaventura, ningún hálito de
pecado venial ni menos mortal, ni tuvo siquiera la
concupiscencia o inclinación desordenada del apetito
sensitivo hacia los bienes externos.
199
Oración
Oh feliz María, azucena fragante plantada por la mano de
Dios, que fuiste toda limpia en la mente del Altísimo cuando
te predestinó; fuiste pura en tu cuerpo e Inmaculada en tu
alma, en el momento de la Concepción; y fuiste dechado de
cifra moralmente impecable de santidad en tu natividad y tu
vida; alcánzanos la gracia de aspirar reverentes el aroma de
tus celestiales virtudes, para no dejar enfangar nuestras almas
con el pecado. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Práctica
Es muy hermosa la de llevar el escapulario azul de la
Inmaculada que fue dado por la misma Santísima Virgen a la
V. Úrsula de Benincas. Se ganan muchas indulgencias plenarias
y parciales con tal de llevarlo para honrar el misterio de la
Inmaculada concepción y pedir por los pecadores. Si se rezan
los seis padrenuestros, avemarías y glorias en honor de la
Santísima Trinidad se puede luchar así mismo una indulgencia
plenaria cada vez.
Gozos y oración como en el primer día
Día Cuarto
(2 de Septiembre)
María Madre del Altísimo
Al llegarnos reverentes sobre la cuna de María, lo que más
nos fascina es ver que en ella debemos saludar a la futura
Madre del Altísimo; María, dice el Evangelio, de la cual nació
Jesús. Esta dignidad es sin par, es tan encumbrada, por tener
como término suyo, a una persona divina, el Verbo de Dios,
por establecer entre María y Jesús el mayor y más legítimo
vinculo de consanguinidad, por echar un dorado parentesco
de afinidad entre Ella y la Trinidad Beatísima. Además, la
200
maternidad divina de María, es la raíz profundísima, el título
sólido, la insondable medida y altísimo fin de las gracias y la
gloria de la excelsa Señora y podemos repetir con San Alberto
Magno y con su discípulo Santo Tomás: “Es una dignidad en
cierto modo infinita.”
Oración
¡Oh incomparable y bellísima María! Escogida entre todas las
criaturas como vaso insigne para la encarnación del Verbo,
como fecundo tallo que nos diera la flor de la redención,
como blanquísima nube que nos lloviera el rocío del cielo,
celebramos tu grandeza y queremos venerarte con alma
rendida y encendido corazón como a Madre de Dios y
Señora nuestra. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Práctica
El sábado consagrado a honrar a la Santísima Virgen es una
de las más bellas tradiciones. De tiempo inmemorial se tiene
esta devoción, primero por creer que la Santísima Virgen
nació en sábado como dice el Cardenal Baronio; segundo
porque el sábado santo cuando la fe de muchos discípulos
trepidaba, la de María permaneció firme; tercero para honrar
los dolores que Ella padeció en este mismo día por la soledad
de Nuestro Señor. Podrías honrarla con oír la Santa Misa en
su honor, recibir la Sagrada Comunión, dar alguna limosna o
visitar alguna Iglesia.
Gozos y oración como en el primer día
201
Día Quinto
(3 de Septiembre)
María Madre espiritual de los hombres
Pensemos que María desde que nace está destinada como el
tallo a la flor para darnos a Jesús nuestro Redentor, Salvador
y autor de la gracia. Desde la Encarnación, Ella coopera física
y moralmente con su sangre virginal y su voluntad nobilísima,
a la redención nuestra. Ella pues, con Jesucristo nuestro
Señor, nos da la vida de la gracia y por eso será nuestra
Madre espiritual, título que le será ratificado por el mismo
Señor desde la cruz. Ella tiene como la más sublime de las
Madres un corazón, mar de ternuras, cielo de encantos y
tesoro de bellezas, para regalar a todos los que quieran
aceptar ser sus hijos.
Oración
No es posible Señora que dudemos siquiera un instante en
llamarte y aclamarte Madre nuestra dulcísima. ¡Qué más
seguridad que gozar del amparo de tu regazo, qué mayor
fuerza que el poder de tu cetro, ni más dicha que las ternuras
de tu corazón, ni más embeleso que los tesoros de tu alma
bendita! Nuestra gloria mientras vivamos estribará en ser
hijos tuyos fidelísimos. Oh María, la mejor de las madres.
Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Práctica
Es granjearse la protección de la Santísima Virgen el llevar
siempre consigo el escapulario llamado del Carmen. Su origen
podemos decir que es divino, pues fue dado por la Santísima
Virgen a San Simón Stock, carmelita del siglo trece y
confirmada esta revelación con la que hizo también la divina
madre al Papa Juan XIII, “Recibe hijo mío este escapulario de
tu orden… el que muera con él no padecerá el fuego eterno;
es señal de salvación, vanguardia de los peligros, y prenda de
202
la paz y alianza eterna.” Al Papa dijo que todos los sábados
bajaría al purgatorio para librar de sus llamas a las almas de
los que hubieran llevado su escapulario hasta la muerte.
Gozos y oración como en el primer día
Día Sexto
(4 de Septiembre)
María nuestra universal medianera
“Tu nacimiento Virgen, Madre de Dios, inunda de gozo al
mundo” nos dice la Iglesia santa y ello es ciertísimo porque
en María poseemos la abogada y universal medianera de
todas las gracias. Ella con Jesús las mereció cooperando a su
sacrificio, pues dice Benedicto XV: “María, con Cristo rescató
al generó humano” y las llaves de oro de los infinitos tesoros
son su corazón y sus manos. Pues Pío X enseña que María es
la dispensadora de todas las gracias que Jesús nos ganó con su
muerte y con su sangre. Y León XIII hace propias las felices
palabras de San Bernardino de Sena: “Toda gracia concedida
a los hombres pasa por tres grados perfectamente
escalonados. De Dios a Cristo; de Cristo a María; de María a
nosotros”
Oración
Gracias, alabanzas, adoración y júbilo, diré siempre a ti, ¡Oh
María, mi dulce Madre, mi poderosa medianera, mi fiel
intercesora ante el Señor! Que jamás se cansen mis labios de
invocarte, ni mi corazón de amarte porque eres con Jesús y
por Jesús la bendita salvadora de mi alma. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Práctica
Muy glorioso sería para la Santísima Virgen María y benéfico
para tu alma que llevaras contigo y propagaras la devoción a
la medalla milagrosa que fue acuñada por orden de la
203
Santísima Virgen. Efectivamente, después de varias
apariciones a Santa Catalina Labouré la Santísima Virgen le
dijo: “Es preciso acuñar una medalla según este modelo;
cuántos la lleven teniendo aplicadas las indulgencias y
devotamente recen esta súplica “Oh maría concebida sin
pecado, ruega por nosotros, que recurrimos a ti” alcanzarán
especial protección de la Madre de Dios.
Gozos y oración como en el primer día
Día Séptimo
(5 de Septiembre)
María, Reina del santísimo Rosario
Una de las más hermosas y santas advocaciones con que la
Iglesia honra a María es el Santo Rosario que repite como
suave música del alma el padrenuestro y el avemaría, al
tiempo que se contemplan mentalmente los sagrados
misterios de la vida de nuestro Señor y su Madre Santísima. El
Santísimo Rosario ha sido recomendado por cuarenta y
nueve Papas, ha sido la devoción de los Santos; el martillo de
las herejías y el baluarte de la fe y la moral cristianas. Rezarlo
en familia, es como lo enseña León XIII elevar al Cielo el
perfumado incienso de nuestras alabanzas, para que de allá
desciendan nubes de bendiciones y gracias.
Oración
Que felices nos sentimos dulce Princesita nuestra Virgen
María, al desgranar sobre tu altar, como aromadas rosas del
alma, como encendidas llamas de afecto, las preces del Santo
Rosario, que ansiamos sea nuestra constante canción filial a la
Madre y protesta de fidelidad a la Emperatriz soberana de la
católica ciudad. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
204
Práctica
Otra de las prácticas más santas y recomendadas con
encarecimiento por la Iglesia es el Santo Rosario. Su Santidad
león XIII ha escrito diez Encíclicas para aconsejarlo al pueblo
cristiano y tanto él como sus predecesores lo enriquecieron
con innumerables indulgencias. Para la meditación de los
misterios basta recordarlos piadosamente mientras se recitan
el padrenuestro y el avemaría.
Muy benéfica sería para tu alma que te hicieras inscribir en la
cofradía del Santo Rosario tan enriquecida de indulgencias.
Recuerda además, que todos los Santos del siglo XIII a esta
parte, han sido ferventísimos devotos del Santo Rosario.
Gozos y oración como en el primer día
Día Octavo
(6 de Septiembre)
El Santísimo Rosario es práctica santa
Ninguna de las devociones, como dice León XIII, es más
benéfica para el hombre. Santifica nuestros labios al contacto
de las oraciones más sagradas, purifica y adorna nuestra
imaginación y memoria, con el recuerdo y representación de
la vida de Jesús y María. Principalmente es una lección
continua de santidad para el entendimiento, sobre el cual
derrama raudales de luz con los ejemplos más preciosos del
maestro Divino y su bendita Madre y de modo singular la
voluntad, el corazón, se sienten invitados, estimulados hacia
la santidad al contemplar el amor indecible, misericordia
incomparable que el cielo pone ante nosotros con los
misterios de esas dos vidas, dechados perfectos de toda
santidad.
205
Oración
Oh Niña María Virgen Santísima, seas mil veces bendita por
las gracias, excelencias y dones que como rico caudal de joyas
derramó en tu alma el Altísimo a través de tu vida
incomparable; y seas glorificada porque de esas perlas
preciosas adornas a tus devotos; cuando meditan los misterios
del Rosario, los enriqueces para el cielo y tornas en trasunto y
reflejo de tu perfección encantadora y de la santidad divina
de Jesús Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Práctica
La Santa Iglesia recomienda varias oraciones en honor de la
Santísima Virgen. Acaso la primera y más excelente sea la
Salve que ella repite al fin del oficio y que es un grito de
ternura, súplica y amor a María. Fue compuesta por Pedro,
obispo de Compostela y por San Bernardo. Obra del mismo
Santo es el “Acordaos” tan llena de suavidad y afecto. No
puedo menos de recomendar vivamente también las letanías
llamadas “Lauretanas” porque se suelen cantar solemnemente
en la Capilla de Nuestra Señora de Loreto todos los sábados:
Son invocaciones que resumen títulos de honor, veneración y
amor a la Santísima Virgen. Han sido solemnemente
aprobadas y recomendadas por Sixto V, San Pío V, Gregorio
XVI, león XIII y Benedicto XV.
Gozos y oración como en el primer día
Día Noveno
(7 de Septiembre)
La devoción a Nuestra Señora
La devoción a la Santísima Virgen es, conforme a la
enseñanza de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia, signo
seguro de salvación. Ella inclina suavemente nuestro espíritu y
206
corazón al conocimiento, estudio, amor, veneración,
imitación y servicio de María. Debe ser nuestra devoción,
como enseña San Luís María Grignion de Monfort, íntima, o
sea desde el fondo del alma; filial y obsequiosa y además,
constante. No son verdaderos devotos de María los que
presumen que con rezarle alguna oración raras veces, pueden
entregarse al pecado: ni los que hacen mofas amargas de las
prácticas de piedad; ni los inconstantes y los exigentes que
piden un milagro a trueque de cada avemaría que le
obsequian. No; ser devoto ferviente de María es darse a Ella
en cuerpo y alma, por el tiempo y la eternidad.
Oración
Yo creo Madre mía, con San Buenaventura y San Alfonso,
que ningún devoto tuyo padecerá las llamas del infierno; por
eso quiero ser tu hijo y servidor, tu discípulo y esclavo, y
pasar mi vida sirviendo a Jesús y a ti, y sellar mis labios
diciendo: Jesús y María, los amo con toda mi alma. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Práctica
El “Ángelus”, es una de las más bellas prácticas que tiene la
Santa Iglesia en honor de María. Su origen se remonta hasta
el siglo X y parece que nació en la Orden Benedictina. Con él
se glorifica especialmente el misterio de la encarnación del
Verbo, el de la Santísima Trinidad y a la misma Santísima
Virgen en cuyo seno se encerró el Dios vivo.
Se debe recitar de rodillas a menos que un
justo motivo lo impida. Los sábados y
domingos se debe decir de pie y en el
tiempo pascual se sustituye el ángelus por la
mañana, al medio día y por la tarde, por el
rezo del “Regina Coeli”. Tiene indulgencia
plenaria una vez al mes.
Gozos y oración como en el primer día
207
Introducción
La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a
dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre
dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda
de auxiliadora; por eso el pueblo de Dios la invoca como
consoladora de los afligidos, salud de los enfermos y refugio
de los pecadores, para obtener consuelo en la tribulación,
alivio en la enfermedad y fuerza
liberadora en el pecado; porque ella,
la libre de todo pecado, conduce a
sus hijos a esto, a vencer con
enérgica determinación el pecado. Y,
hay que afirmarlo nuevamente,
dicha liberación del pecado es la
condición necesaria para todas las
costumbres cristianas.
Oración para todos los días
Dulcísima y amabilísima Madre del Socorro, ¡Única alegría y
consuelo de nuestro corazón! Nosotros, humildes y devotos
hijos tuyos deseosos de agradarte aunque indignísimos, nos
postramos reverentes a tus plantas virginales y te ofrecemos
esta novena, como tributo de nuestro amor y gratitud.
Siempre y para todos los necesitados te has mostrado Madre
benignísima y nosotros, como nuestros padres, te
reconocemos y confesamos como nuestro más poderoso y
eficaz socorro. Danos, oh Madre, tu bendición y acepta
nuestros pobres obsequios durante los días de esta novena,
208
que comenzamos y hemos de acabar bajo tu amparo
maternal. Amén.
Día primero
(7 de junio)
Poderosísima patrona de esta ciudad afortunada, que se
gloria de ser herencia tuya. ¡Reina soberana y clementísima
Madre del socorro! Llenos de confianza te invocamos y a la
faz del universo pregonamos que tú has sido siempre
protectora fiel y bienhechora incomparable de este pueblo.
Imploramos tus favores, y como gracia singular te pedimos
que conserves y avives en nosotros la fe, la esperanza y la
caridad. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Gozos
Pues la Iglesia te aclama
Patrona en la tierra y cielo
¡Da socorro y consuelo
al pueblo fiel que te ama!
Cual patrona sin igual
atenta a nuestros clamores,
nos dispensas mil favores
y nos apartas del mal.
como a médica especial
el moribundo a ti clama.
Da socorro…
Abogada nos defiendes
en todo peligro y lance;
siendo tu poder tan grande
a todos benigna atiendes.
Tu brazo potente extiendes
al que confiado te llama.
Da socorro…
209
Defensora sabia y fuerte
de este tu pueblo afligido,
contémplale arrepentido,
¡Líbrale de eterna muerte!
¡Oh qué feliz es la suerte
del que por Madre te aclama!
Da socorro…
¡Eres Madre, nuestro honor,
de esta ciudad ornamento,
de nuestra flaqueza aliento
y el centro de nuestro amor!
y por ti en el célico ardor
nuestro corazón se inflama,
Da socorro…
¡Dulcísima protectora
del miserable y cuitado
apártanos del pecado,
alúmbranos, bella aurora!
¡Primorosa y gran Señora.
bendice al pueblo que te ama!
Da socorro…
Pues la Iglesia te aclama
Patrona en la tierra y cielo
¡Da socorro y consuelo
al pueblo fiel que te ama!
Oración Final
Madre amantísima del Socorro, ya que nuestros mayores
tuvieron la feliz inspiración de elegirte por su especial patrona
y se consagraron a tu amor y culto, nosotros renovamos esta
elección y nos gloriamos de ser tus hijos amantes y devotos.
Tú siempre nos has colmado de beneficios y nos has librado
de calamidades. En ti confiamos y de ti esperamos el socorro
en nuestras miserias, el consuelo en nuestras aflicciones y la
gracia de vivir y morir como cristianos. Haz Señora y Madre
amorosísima que todos tus hijos vivamos siempre en la gracia
210
y amor de tu Hijo santísimo y evitemos con sumo cuidado los
contagios diabólicos, o sea, la peste de errores y de vicios.
Amén.
Invocación
¡Oh Madre de ternura y de clemencia,
perdona mi locura y mi demencia!
¡Oh Madre del amparo y del consuelo,
eleva mis afectos hacia el cielo!
¡Oh Madre del Cordero Inmaculado,
apaga los incendios del pecado!
¡Oh Madre de Jesús mi Salvador,
aplaca su justicia y su rigor!
¡Oh Madre del Socorro milagrosa,
líbranos de la peste contagiosa!
¡Sé siempre propicia y amorosa!
¡Oh dulce, siempre Virgen, oh clemente!
¡No permitas que la infernal serpiente
destruya tu herencia venturosa!
Junto a la cruz doliente y amorosa,
viendo del buen Jesús la ignominiosa muerte
por hijo me adoptaste. ¡Feliz suerte!
¡Socórrenos oh Madre primorosa!
Oración
Oh Dios omnipotente y misericordioso, que para socorrer al
humano linaje, quisiste que la bienaventurada Virgen María
fuera la Madre de tu Hijo unigénito; te rogamos que, siendo
ella nuestra intercesora, nos concedas el que evitemos las
211
tentaciones diabólicas y podamos así servirte con toda
nuestra alma, por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Día Segundo
(8 de junio)
¡Oh prudentísima, sapientísima y justísima abogada de los
reos miserables, que lamentan su desgracia en este valle de
aflicciones! ¿Qué sería de nosotros pecadores, si tu tierna
compasión no tomara a su cargo la defensa de nuestra causa,
para con el Dios de justicia, enojado por nuestras culpas? ¡Oh
eficaz e incomparable medicina de nuestras dolencias!, que
atendiendo a nuestros clamores, apenas acudimos a tu
socorro lo hallamos siempre pronto a nuestro favor. Tú,
santísima María, que más que las viudas de Sarepta y
Sunamitis, tienes tan acreditado para con nosotros el blasón
con que justamente te honramos, escucha nuestras gemidos,
socorre a los que a ti llegan, defiende a los que peligran y no
olvides los suspiros de tantos como pedimos tu amparo,
socorro y protección, para que siendo nuestra abogada y
nuestra madre, consigamos de tu Hijo el servirle dignamente
en esta vida y el gozarte después en la eterna. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Tercero
(9 de junio)
¡Oh purísima, amabilísima medianera entre Dios y los
hombres, para aplacar su ira justa; quien como otra hermosa
Ester para con el irritado Azuero, por tu mediación salva tu
pueblo tantas veces afligido, interponiendo tus méritos y
valimientos contra nuestras iniquidades y delitos! ¡Oh
hermosura y belleza superior a la de los ángeles y arcángeles,
cuya ternura es capaz de encantar al mismo Dios, haciéndole
desarmar su brazo poderoso, tantas veces levantado para
212
nuestro castigo, revocando la sentencia y trocando el justo
furor en blanda misericordia. Tú, Señora, Reina y Madre del
Socorro, que eres el espejo sin mancilla, el candor de la luz
eterna y la imagen de la divina bondad; Hija, la más querida
del Padre; Madre, la más amada del Hijo, y Esposa predilecta
y escogida del Espíritu Santo, a quien nada se le niega, a
quien todo se le concede; haz, Señora que perdonada tu
ciudad, se salve de los peligros del alma y cuerpo que le
rodean y amenazan, para que siendo nuestra medianera en la
vida, seas nuestra felicidad en la muerte. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Cuarto
(10 de junio)
¡Oh dichosísima y santísima protectora, a cuyo abrigo solo
pudo salvarse, por la redención de tu Santísimo Hijo, el
proscrito y desgraciado linaje de Adán! ¡Oh asilo sagrado de
los miserables que cual Rebeca con el criado de Abraham
sabes favorecer a los desvalidos, culpables y sentenciados,
hallando todos en ti el socorro en sus necesidades, la
protección en sus tribulaciones, el alivio en sus dolencias y la
seguridad en sus peligros; tú, pues,
Madre amantísima, que eres el
fuerte armado, la ciudad de
refugio, la torre misteriosa de
David, el escudo
impenetrable a todos
nuestros perseguidores,
protege Señora y socorre a
nuestra Iglesia Santa, a
nuestra católica República, a
nuestra Patria afortunada, a
nuestros hermanos difuntos, a
nuestros bienhechores, a nuestros
213
parientes y enemigos, para que todos en paz y caridad
vivamos, te sirvamos, te amemos, te alabemos, y cantemos tu
protección soberana hasta en las eternas moradas de la
celestial Jerusalén. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Quinto
(11 de junio)
¡Oh dulce y cariñosa Madre del Socorro, Madre del
Unigénito del padre, Madre del amor hermoso, del temor y
de la santa esperanza; madre de pecadores arrepentidos, y
madre universal de todos los vivientes! ¡Oh hermosísima Sara,
Raquel incomparable, que manifiestas tu cariño y lo fino de
tu amor para con los miserables hijos de Eva, desterrados,
castigados y afligidos! Tú, que eres la única Madre de la
divina gracia; Madre purísima, castísima, amable y admirable;
Madre del Creador y Salvador; por aquel amor que le tuviste
y por aquella pureza por la que fuiste escogida para ser única
Madre de Dios, te suplicamos humildemente, que
extendiendo a nosotros esas entrañas de piedad, esos ojos de
clemencia, nos alcances de Jesús, fruto bendito de tu vientre
virginal, la gracia de no ofenderte y de amarte como hijos, de
servirte como esclavos, de alabarte como ángeles y gozarte
como bienaventurados en la patria celestial. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Sexto
(12 de junio)
¡Oh admirable, poderosa y clementísima Defensora, que
tomando a tu cargo la salvación de tu ciudad, la libras de
todos los peligros! ¡Oh invicta, fuerte, hermosa y valerosa
Judit, que adornada de todos los atavíos de esplendor, de
todas las gracias y bellezas encantadoras, con que te dotó el
214
mismo que te escogió para quebrantar la cabeza de la
serpiente y para triunfar victoriosa de la culpa y del pecado!
Tú sola, quien con brazo poderoso diste muerte a la Hidra
infernal de la herejía, para defender a la Iglesia y a tu ciudad;
haz, Señora, que siendo tú el Socorro de los cristianos, la
defensora celosa de la ley santa del Señor, la Hija verdadera
del Príncipe, más bella que la luna, más hermosa que el sol y
que la heroína de Betulia, y más terrible que los ejércitos
organizados en campaña, por ti y contigo seamos todos
defendidos, protegidos, socorridos, consolados y premiados
con la corona de la inmortalidad, que preparas a los que
viven y mueren en tu santo amor y devoción. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Séptimo
(13 de junio)
¡Oh benignísima, suavísima y gloriosa intercesora, Madre
dulcísima del Socorro, que cual Axa para con su padre Caleb,
nos alcanzas del cielo las lluvias oportunas y convenientes en
los tiempos de sequedad y de aridez; nos provees de
alimento en los de calamidad y miseria; nos libras de los
rayos cuando amenaza la tempestad horrísona, fertilizas
nuestros campos, extingues las langostas y demás plagas
nocivas, de que son fieles testigos nuestros ojos y los de
nuestros antepasados y mayores; agradecidos a tantos
beneficios y favores como te has dignado en todo tiempo
dispensarnos, te reconocemos como a nuestra única
intercesora; te confesamos como a nuestro único socorro; a ti
llegamos como a nuestro único consuelo, suplicándote
intercedas a Dios por todos y cada uno de nosotros, y
prosigas derramando las liberalidades de tu amor. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
215
Día Octavo
(14 de junio)
¡Oh serenísima, hermosísima y prodigiosa Madre y Señora del
Socorro, portento maravilloso de la gracia, milagro de la
omnipotencia, prodigio admirable de la naturaleza, hermosa
paloma Inmaculada, escogida por Dios para colocar en ti su
tálamo y su trono, tú Señora, que eres la gloria de nuestra
ciudad, dichosa por tu protección; tú que eres Virgen
prudentísima, Virgen poderosa, clemente y fiel, espejo de la
justicia, silla de la sabiduría y causa de nuestra alegría; tú sola
puedes alegrar, nuestro corazón afligido, enjugar nuestras
lágrimas, poner fin a nuestros males; por tanto, siendo
nuestra honra, nuestro blasón y nuestro escudo, en ti
confiamos, a ti llegamos y venimos con toda devoción y
rendimiento a suplicarte, Madre amorosa, no abandones a
tus hijos, no olvides a tus devotos, socorre en todas sus
calamidades, enfermedades y adversidades a nuestros padres,
hermanos y parientes, amigos y vecinos, para que siendo
nuestro mayor honor en la vida, seas también nuestro premio
y laurel en la gloria. Amén.
Se rezan tres Avemarías…
Día Noveno
(15 de junio)
¡Oh gloriosa, dichosa, feliz y bienaventurada sobre todas las
criaturas María Santísima del Socorro, emperatriz soberana,
reina poderosísima, princesa divina, gloria de Jerusalén,
alegría de Israel; tú que eres gloria de los ángeles que te
admiran, de los justos que te desean, de tus hijos que te
aman, de los hombres que te veneran y de tus enemigos que
te temen; tu, Señora, que con el título que te honra nuestra
devoción y amor has sido tantas veces nuestra gloria, nuestro
gozo y la causa de nuestras más lisonjeras esperanzas,
216
animados de las que nos franquea tu cariño maternal y
confiados en tu bondad y clemencia soberanas tan
acreditadas en todos tiempos con signos y portentos
inenarrables; por última vez, ante esa tu peregrina imagen, y
dándote las gracias por la salud con que nos has socorrido
para concluir esta novena, te suplicamos de nuevo olvides
nuestros yerros, fragilidades e ignorancias, nos concedas el
don de la perseverancia en la fe, en la religión y en tu santa
devoción, de tal modo que siendo nuestra felicidad en la
tierra, corones nuestra gloria en la bienaventuranza del cielo.
Amén.
Se rezan tres Avemarías…
217
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos,
líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del
Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
Se reza un padrenuestro, avemaría, gloria; luego el Credo de
los Apóstoles.
En las cuentas del Padrenuestro antes de cada decena:
V. Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y
la Divinidad de tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
R. Como propiciación de nuestros pecados y los del mundo
entero.
En las 10 cuentas pequeñas de cada decena:
V. Por su dolorosa Pasión
R. Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
En la doxología final se repite la siguiente oración tres veces:
V. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,
R. Ten piedad de nosotros y del mundo entero.
V. ¡Oh sangre y agua! Que brotaste del costado de Jesús,
como un manantial infinito de misericordia para con nosotros
R. ¡Jesús en ti confió!
218
Día Primero
(Viernes Santo)
Consideración
"Hoy tráeme a toda la humanidad, especialmente a todos los
pecadores y sumérgelos en la inmensidad de mi Misericordia.
De esta forma me consolarás de la amarga tristeza en que me
sume la pérdida de las almas".
Misericordiosísimo Jesús, cuya inclinación natural es la de
tener compasión de nosotros y perdonarnos, no mires
nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en tu
bondad infinita. Acógenos en la morada de tu Corazón
Misericordiosísimo y no permitas que salgamos jamás de Él.
Te lo pedimos por el amor que te une al Padre y al Espíritu
Santo.
Oración
Padre Eterno, vuelve tu mirada misericordiosa hacia toda la
humanidad y en especial hacia los pobres pecadores,
encerrándoles en el misericordiosísimo Corazón de Jesús y,
por los méritos de su dolorosa Pasión, muéstranos tu
misericordia, para que alabemos la omnipotencia de tu
misericordia, por los siglos de los siglos. Amén.
A continuación, se reza la Coronilla de la Divina Misericordia
Día Segundo
(Sábado Santo)
Consideración
"Hoy tráeme a las almas de los sacerdotes y religiosos y
sumérgelas en mi insondable misericordia. Fueron ellas las
que me dieron fortaleza para soportar las amarguras de mi
Pasión. A través de ellas, como a través de canales, mi
misericordia fluye hacia la humanidad".
219
Misericordiosísimo Jesús, de quien procede todo bien,
multiplica tus gracias sobre las almas consagradas a tu
servicio, para que puedan hacer obras dignas de misericordia;
y que todos los que las vean, glorifiquen al Padre de
misericordia que está en el cielo.
Oración
Padre Eterno, mira con misericordia al grupo elegido de tu
Viña, las almas de los sacerdotes y religiosos, dótalas con la
fortaleza de tus bendiciones y por el amor del Corazón de tu
Hijo, al cual están unidas, concédeles el poder de tu luz, para
que puedan guiar a otros por el camino de la salvación y con
una sola voz canten alabanzas a tu misericordia, por los siglos
de los siglos. Amén.
A continuación, se reza la Coronilla de la Divina Misericordia
Día Tercero
(Domingo de Pascua)
Consideración
"Hoy tráeme a todas las almas devotas y fieles y sumérgelas
en el gran océano de mi misericordia. Ellas me confortaron a
lo largo del Vía Crucis y fueron una gota de consuelo en
medio de un mar de amargura".
Misericordiosísimo Jesús, que desde el tesoro de tu
misericordia, distribuyes tus gracias a raudales entre todos y
cada uno de nosotros. Acógenos en el seno de tu muy
compasivo Corazón y no permitas que salgamos nunca de Él.
Te imploramos esta gracia en virtud del más excelso amor;
aquel con el que tu Corazón arde por el Padre celestial.
Oración
220
Padre Eterno, vuelve tus ojos misericordiosos hacia las almas
fieles, que guardan el legado de tu Hijo. Y por los méritos y
dolores de su Pasión, concédeles tu bendición y tenlas
siempre bajo tu tutela. Que nunca claudique su amor o
pierdan el tesoro de nuestra santa Fe, sino que, con todo el
ejército de Ángeles y Santos, glorifiquen tu infinita
misericordia, por los siglos de los siglos. Amén.
A continuación, se reza la Coronilla de la Divina Misericordia
Día Cuarto
(Lunes de Pascua)
Consideración
"Hoy tráeme a los que no creen en mí y a los que todavía no
me conocen. Pensaba en ellos durante las angustias de mi
Pasión, y su futuro fervor sirvió de consuelo a mi Corazón.
Sumérgelos en la inmensidad de mi misericordia".
Misericordiosísimo Jesús, tú que
eres la Luz del género humano,
recibe en la morada de tu
Corazón lleno de
compasión, a las almas de
aquellos que todavía no
creen en ti, o que no te
conocen. Que los rayos de
tu Gracia las ilumine para
que también, unidas a
nosotros, ensalcen tu
maravillosa misericordia; y
no las dejes salir de la
morada de tu Corazón
desbordante de piedad.
221
Oración
Padre Eterno, vuelve tu piadosa mirada hacia las almas de
aquellos que no creen en tu Hijo, y hacia las de aquellos que
todavía no te conocen, pero que están presentes en el muy
compasivo Corazón de Jesús. Aproxímalas a la luz del
Evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es
amarte. Concédeles que también ellas ensalcen la generosidad
de tu misericordia, por los siglos de los siglos. Amén.
A continuación, se reza la Coronilla de la Divina Misericordia
Día Quinto
(Martes de Pascua)
Consideración
"Hoy tráeme a las almas de nuestros hermanos separados y
sumérgelas en la inmensidad de mi misericordia. Ellas,
durante las angustias de mi Pasión, desgarraron mi Cuerpo y
mi Corazón, es decir, mi Iglesia. A medida que se
reincorporan a ella, mis heridas cicatrizan, y de esta forma
sirven de bálsamo a mi Pasión".
Misericordiosísimo Jesús, que eres la bondad misma, no
niegues la luz a aquellos que te buscan. Recibe en el seno de
tu Corazón, desbordante de piedad, a las almas de nuestros
hermanos separados. Encamínalas, con la ayuda de tu Luz,
hacia la unidad de la Iglesia, y no las dejes marchar de la
morada de tu muy compasivo Corazón, que es todo amor;
haz que también ellas lleguen a glorificar la generosidad de tu
misericordia.
Oración
Padre Eterno, vuelve tu mirada misericordiosa hacia las almas
de nuestros hermanos separados, especialmente hacia las
almas de aquellos que han malgastado tus bendiciones y
abusado de tus gracias manteniéndose obstinadamente en el
222
error. También ellas están acogidas en el Corazón
misericordioso de Jesús; no mires sus errores sino el Amor de
tu Hijo y los dolores que para su provecho sufrió y aceptó
por ellas durante su Pasión y haz que también ellas
glorifiquen tu gran misericordia por los siglos de los siglos.
Amén.
A continuación, se reza la Coronilla de la Divina Misericordia
Día Sexto
(Miércoles de Pascua)
Consideración
"Hoy tráeme a las almas mansas y humildes y a las almas de
los niños pequeños y sumérgelas en mi misericordia. Estas
almas son las más parecidas a mi Corazón. Ellas me
proporcionaron fortaleza durante mi amarga agonía, ya que
las veía como ángeles terrenales, velando junto a mis altares.
Derramo sobre ellas un torrente de gracias porque solo el
alma humilde es capaz de recibir mi Gracia. Es a las almas
humildes a las que concedo mi Confianza".
Misericordiosísimo Jesús, que dijiste: "Aprendan de mí, que
soy manso y humilde de Corazón". Acoge en el seno de tu
Corazón desbordante de piedad, a todas las almas mansas y
humildes, y a las de los niños pequeños. Estas almas son la
delicia de las regiones celestiales y las preferidas del Padre
Eterno, que muy particularmente se recrea en ellas. Son como
un ramillete de florecillas que despiden su perfume ante el
trono de Dios y el mismo Dios se embriaga con su fragancia.
Ellas encuentran abrigo perenne en tu piadosísimo Corazón,
oh, Jesús, y entonan incesantemente himnos de amor y de
gloria.
223
Oración
Padre Eterno, vuelve tu mirada llena de misericordia hacia las
almas mansas, hacia las almas humildes y hacia las almas de
los niños pequeños acurrucadas en el seno del Corazón de
Jesús rebosante de piedad. Estas almas son las que se
asemejan más a tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra
hasta alcanzar tu trono, Señor y Padre de misericordia y
bondad suprema. Te suplico, bendigas a toda la humanidad,
por el amor que te inspiran estas almas y el gozo que te
proporcionan, para lograr que todas las almas entonen a la
vez, las alabanzas que se merece tu misericordia, por los siglos
de los siglos. Amén.
A continuación, se reza la Coronilla de la Divina Misericordia
Día Séptimo
(Jueves de Pascua)
Consideración
"Hoy tráeme a las almas que especialmente veneran y
glorifican mi misericordia y sumérgelas en mi misericordia."
Estas almas compartieron los sufrimientos de mi Pasión y
penetraron en mi Espíritu más profundamente que ninguna
otra. Son vivo reflejo de mi compasivo Corazón y brillarán
con esplendor especial en la vida futura. Ninguna de ellas
sufrirá el tormento del fuego del infierno, porque las
defenderé con particular empeño a la hora de la muerte".
Misericordiosísimo Jesús, cuyo Corazón es el amor mismo,
acoge en el seno de tu piadosísimo Corazón a las almas de
aquellos que de una manera especial alaban y honran la
grandeza de tu misericordia. Dótalas con el poder de Dios y
en medio de las dificultades y aflicciones, haz que sigan
adelante, confiadas en tu misericordia; y unidas a ti, oh,
Jesús, carguen sobre sus hombros el peso de toda la
humanidad; y por ello no serán juzgadas con severidad, sino
224
que tu misericordia las protegerá especialmente cuando llegue
la hora de la muerte.
Oración
Padre Eterno, vuelve tu mirada hacia las almas que alaban y
honran tu supremo atributo, la misericordia infinita, y que
están protegidas dentro del muy compasivo Corazón de
Jesús. Estas almas son un Evangelio viviente, sus manos están
rebosantes de obras de misericordia, y sus corazones,
desbordantes de alegría, entonan cánticos de alabanza a ti,
Altísimo Señor, exaltando tu misericordia. Te lo suplico,
Señor: Muéstrales tu misericordia, de acuerdo con la
esperanza y confianza que en ti depositan. Que se cumpla en
ellas la promesa hecha por Jesús: "A las almas que veneren mi
infinita misericordia, las protegeré durante toda su vida,
como a mi propia Gloria, y muy especialmente en la hora de
la muerte".
A continuación, se reza la Coronilla de la Divina Misericordia
Día Octavo
(Viernes de Pascua)
Consideración
"Hoy tráeme a las almas que están detenidas en el Purgatorio
y sumérgelas en las profundidades de mi misericordia. Que mi
Sangre, cayendo a chorros, apacigüe las llamas en que se
abrasan. Todas estas almas me son muy queridas. Ellas
cumplen el castigo que se debe a mi justicia. En tu poder está
socorrerlos. Saca todas las indulgencias del tesoro de mi
Iglesia y ofrécelas por ellas. ¡Oh!, si supieras qué tormentos
padecen, ofrecerías continuamente por ellas el óbolo de tus
oraciones y así saldarías las deudas que ellas tienen con mi
justicia".
225
Misericordiosísimo Jesús, que exclamaste: ¡Misericordia!,
introduzco ahora en el seno de tu Corazón, desbordante de
misericordia, las almas del Purgatorio, almas que tanto
aprecias pero que, no obstante, han de pagar su culpa. Que el
manantial de sangre y agua que brotó de tu Corazón, apague
las llamas purificadoras, para que, también allí, el poder de tu
misericordia sea glorificado.
Oración
Padre Eterno, mira con ojos misericordiosos a estas almas que
padecen en el Purgatorio y que Jesús acoge en su Corazón
desbordante de compasión. Te suplico, por la dolorosa
Pasión que sufrió tu Hijo, y por toda la amargura que anegó
su Sacratísima Alma, que te muestres misericordioso con las
almas que se hallan bajo tu mirada justiciera. No las mires de
otro modo, sino sólo a través de las llagas de Jesús, tu Hijo
bien amado; porque creemos firmemente que tu bondad y
compasión son infinitas. Amén.
A continuación, se reza la Coronilla de la Divina Misericordia
Día Noveno
(Sábado de Pascua)
Consideración
"Hoy tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de
mi Misericordia. Estas almas, son las que más dolorosamente
hieren mi Corazón. Por su tibieza e indiferencia mi alma
sintió una inmensa repugnancia en el Huerto de los Olivos.
Ellas fueron las que me hicieron gritar: "Padre, si es posible,
aparta de mí este cáliz." Para ellas, la última esperanza de
salvación será el recurrir a mi Misericordia."
Piadosísimo Jesús, a ti que eres la piedad misma, hoy te traigo
al seno de tu compasivo Corazón a las almas enfermas de
226
tibieza. Que estas almas heladas, que se parecen a cadáveres y
que te llenan de repugnancia, se calienten con el fuego de tu
puro amor ¡Oh, Jesús!, todo compasión, ejerce la
omnipotencia de tu misericordia, y atráelas a ti, que eres
llama de amor puro y comunícales el fuego de tu divino
amor, porque tú todo lo puedes.
Oración
Padre Eterno, mira con ojos misericordiosos a las almas tibias
que, a pesar de todo, Jesús cobija en el seno de su Corazón
todo misericordia. Padre de misericordia, te ruego, por los
sufrimientos que padeció tu Hijo, y por sus tres largas horas
de agonía en la Cruz: Que ellas también glorifiquen el mar sin
fondo de tu misericordia. Amén.
A continuación, se reza la Coronilla de la Divina Misericordia
227
Acto de Contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, por ser tú
quien eres, infinitamente bueno y amable, que derramaste
por mí tu inocente sangre con una ternura y caridad sin
límites, me pesa, Redentor mío, de haberte ofendido, y me
duelo de este mal, sobre todo cuanto puedo sentir los otros
males y desgracias que puedan sobrevenirme. Propongo con
toda la verdad y sinceridad de mi alma la enmienda de mi
vida, para lo cual confío que me ayudarás con tu divina
gracia, y que, haciendo yo de mi parte lo que puedo y lo que
debo, me darás la vida eterna. Amén.
Oración para todos los días
Dios de mi corazón, bien sumo y, único mío, hoy vengo a
confesar con ternura de mi alma la inefable magnificencia con
que has engrandecido a la Santísima Virgen María, a quien
hiciste verdadera Madre del dulce Jesús, tu Hijo, y por
consiguiente Madre mía; y aunque el título con que la venero
en esta santa imagen, y le ofrezco esta novena, es el del
Olvido, renombre que a primera vista parece triste y estéril,
tengo la dulce confianza de que tú lo convertirás en un
manantial de luz, de devoción y salud para mi alma, porque
tu divina gracia alumbrará mis tinieblas, y con ella veré mil y
mil grandezas de la Santísima Virgen, y otras tantas lecciones
de salvación para mí que encierra ese mismo título.
228
Tú mismo, Dios mío, que eres infinitamente incapaz de
olvido, no te desdeñas de que yo, pobrecillo, usando en mi
oración el estilo de tus divinas Escrituras, enternezca tu
corazón, pidiéndote unas veces que olvides mis ignorancias y
los delitos de mi juventud, y otras que no olvides por más
tiempo mi tribulación, y pues tú mismo me enseñas que el
título de Olvido tiene también aun respecto de ti un sentido
santo y feliz, permíteme decirte con emoción de mi alma que
la primera de tus gracias para con la bendita entre todas las
mujeres fue el más dichoso de tus olvidos. ¡Oh, y qué criatura
tan privilegiada, tan bella, tan llena de delicias la hiciste,
disponiendo que fuese concebida sin la mancha del pecado
original, y por consiguiente toda limpia y rica de gracias
desde su primer instante! Tú, Dios mío, olvidaste para esto el
estorbo y demérito de la naturaleza humana, viciada en su
primer origen por el pecado de Adán, nuestro primer padre;
y aunque nuestro linaje no merecía ninguna excepción de la
desgracia común, en la ternura de tu corazón divino para con
María cupo un olvido, una excepción venturosa, que la
engrandece incomparablemente, y hace tus delicias.
Tú tenías un derecho de dejar a toda la descendencia de
Adán envuelta en las consecuencias de su caída, pues que no
eran sino puras gracias los bienes sobrenaturales que Adán y
nosotros con él perdimos por su pecado; pero tú olvidaste
también esos mismos derechos en gracia de María, esta hija tu
predilecta, a quien se la honraría algún día en tu Iglesia con
los renombres de azucena entre las espinas, de perfecta tuya.
No olvidaste, oh Dios mío, por Abraham, ni por Isaac, ni por
Jacob, ni por el santo precursor de tu Hijo, lo que olvidaste
por mi madre la Santísima Virgen María, pues ellos, aunque
destinados a tanta santidad, fueron concebidos en pecado.
Quisiera, Dios mío, ser un serafín para cantarte, Santo, Santo,
Santo, por este olvido feliz, que tuvo cabida en ti, a favor de
la Bendita Virgen María. Dirígeme ahora con las luces de tu
229
divina gracia para descubrir felizmente e imitar con utilidad
de mi alma los virtuosísimos y santísimos olvidos con que
María Santísima, mi madre, correspondió en su vida mortal a
dicha gracia y misericordia tuya. Amén.
Día primero
(6 de Agosto)
Consideración
Consideremos en primer lugar, como fundamento de toda
esta santa novena, que el título de Olvido, con que en ella
invocamos a la dulcísima Virgen María, nuestra madre,
aunque a primera vista parece impropio y sombrío, se le
aplica no sin bella propiedad, aun en el sentido de mayor
magnificencia y gloria para la Señora, como se ve en la
oración primera de todos los días. Hay además otra
inteligencia de ese mismo título, que puede servirnos de
manantial de reflexiones santas, utilísimas para nuestro
provecho y salvación eterna. Todas estas reflexiones, que
iremos repartiendo para cada día de la novena, están
recopiladas en esta expresión, en este solo pensamiento:
¿Nuestro negocio único no consiste en que seamos santos?
¿No es esto lo que el corazón de Dios quiere de nosotros? ¿Y
cuántas cosas no debemos santamente olvidar para trabajar
de veras en ser santos? He aquí un sentido del título
de Olvido, el más saludable para nosotros, en cuya aplicación
práctica tendremos por guía, por hermoso modelo, por
maestra amabilísima a María Santísima, nuestra madre, de
cuyos olvidos, incomparablemente santos, iremos notando
uno cada día para imitarle nosotros.
Consideremos cuál fue en la Santísima Virgen el primero de
estos felices olvidos. Enriquecida, cual fue esta bellísima
criatura, con la gracia de Dios y la más copiosa infusión de sus
divinos dones desde su instante primero, ¿Cómo le
negaremos el piadoso sentimiento de que ya desde entonces
230
tuvo su alma bendita: El uso de la razón, una luz brillantísima
de la amabilidad y hermosura de Dios, de la única riqueza
que es la de las virtudes, y de la nada y mentira de todos los
que este mundo insensato llama felicidad y bienes? A
consecuencia de esta luz divina, la bendita Virgen separó con
un acto nobilísimo de amor de Dios todos los sentimientos de
su corazón de la felicidad y bienes de este mundo, como
quien se desentiende de todo, y todo lo olvida, para que en
su alma tenga cabida un objeto solo, un pensamiento solo, el
amor de una cosa sola. Desde entonces ya, ¡Oh gran Dios!
esta dichosa criatura, olvidada de todo lo demás, solo suspira
por ti con gemidos de inocencia y de amor, cual paloma
tuya, que desde el seno de su santa madre, como desde un
santo retiro, hacía con sus encendidas ansias las delicias de tu
divino agrado.
Ya que nosotros no pudimos dirigirnos a Dios tan de
temprano, debimos consagrarle todo nuestro corazón desde
los hermosos días en que llegamos al uso de la razón, y
supimos por las instrucciones de los que nos educaron
felizmente según los principios de nuestra santa religión
cristiana, que creados para amar a Dios y gozarle
eternamente, redimidos con la sangre de Jesucristo, su Hijo,
ninguna cosa debía ocupar más día y noche nuestro
pensamiento que la divina ley. ¡Qué dicha la de aquellas
almas, que desentendidas desde entonces por un olvido santo
de lo que el mundo tanto estima, se propusieron llenar su
memoria del recuerdo continuo del fin último para que
nacieron, y alimentaron su corazón con fervorosos actos de
amor divino! Lloremos con el dolor más vivo el que una
ocupación tan hermosa y amable no haya sido la nuestra
desde que tuvimos uso de razón, dirijamos entrañables
suspiros a la Beatísima Virgen para que nos alcance el perdón
de tan lastimosa pérdida, y la incomparable gracia de acertar
a repararla.
Oración
231
Dulcísima y bendita Virgen María te confesamos con la
ternura de nuestro corazón, la predilecta de Dios entre todas
las hijas de Adán y delicia suya desde la eternidad, en la cual
te decretó ya y te vio limpia de la mancha común del pecado
original, y copiosamente provista de las bendiciones de su
gracia desde el momento primero de tu feliz Concepción. Por
este privilegio inefable, apenas eras una flor acabada de
brotar en la tierra bendita del seno de tu santa madre, y ya
eras maravilla de la naturaleza y de la gracia. Bendito sea
eternamente el feliz olvido, con que la caridad de Dios se
desentendió para engrandecerte así de los estorbos y
deméritos de nuestro linaje humano. Por este olvido tan
venturoso para ti, oh Virgen bendita, dirige sobre nosotros la
más tierna de tus miradas, y alcánzanos la gracia de
olvidarnos para siempre de la falsa felicidad de este mundo,
entregando nuestros corazones a Dios sin ninguna reserva.
Amén.
Aquí se hace una breve oración mental, y cada uno pedirá por la
intercesión de María Santísima, la gracia especial que solicita en esta
novena, rezando en seguida tres Avemarías.
Gozos
La Venerable Madre Patrocinio alabó a nuestra Madre del Olvido
con estos gozos.
Triunfo y gloria en la tierra
cantemos a la grande y excelsa María,
a la aurora del más bello día
del Olvido a la Virgen sin par.
Gloria y triunfo repitan acordes
en el cielo los ángeles santos
y al abismo desciendan sus cantos
de luzbel para eterno pesar.
Tú cuando Eva homicida
232
lanzó al mundo a la muerte,
a infausta suerte,
opusiste el solar
de Satán orgulloso,
pisó tu planta el cuello,
día tan puro y bello,
trajo al mundo la paz.
Triunfo y gloria…
Desde el primer instante
de tu ser venturoso,
postró el dragón furioso,
tu brazo vencedor,
como un sol limpia y pura,
naciste y candorosa,
como en abril la rosa,
bella como el amor.
Triunfo y gloria…
Genio celeste un día
en Nazaret te dijo:
“Llena de gracia, un Hijo
concebirás; un Dios”
“Hágase,” tu dijiste.
Y súbito del cielo el Verbo
a nuestro suelo
amante descendió.
Triunfo y gloria…
En Éfrata la humilde
en Belén dichosa,
nacer viste gozosa,
al Divino Emmanuel,
Gloria y paz cantaron
bellísimos Querubes
y en luminosas nubes,
lo viste envuelto a Él.
Triunfo y gloria…
De allí doquier constante
233
sus huellas tú seguiste,
y siempre Madre fuiste,
amante y sin igual
hasta aquel trance acerbo,
en que al dejar al hombre
Madre te hizo en su nombre,
del mísero mortal.
Triunfo y gloria…
¿Y podrás, Virgen santa,
podrás dejar de amarnos?
¿Podrás nunca olvidarnos?
¡Recuerdo punzador!
No, no que nuestra eres,
y tú debes salvarnos;
no, que sin ti quedarnos,
muerte será y horror.
Triunfo y gloria…
Misericordia y Triunfo,
es tu lema escogido
y Madre del Olvido,
el mundo te aclamó.
No porque olvidar puedas,
al que te busca y ama
nunca en vano te llama,
quien nunca te olvido.
Triunfo y gloria…
Vela Madre amorosa,
vela sobre la patria,
del averno la saña
refrene tu poder,
jamás olvidar puedas
que tuyo es este suelo,
y sin ti no hay consuelo,
ni gloria, ni placer.
Triunfo y gloria…
Al cielo, pues al cielo
234
lánzate ya, alma mía
y en brazos de María
busca eterno gozar,
ella olvidar ignora,
ella solo amar sabe;
¿Quién hay que no la alabe
y anhele siempre amar?
Triunfo y gloria…
Letanías a la Virgen del Olvido, Triunfo y
Misericordias
Señor Ten piedad
Cristo Ten piedad
Señor Ten piedad
Dios Padre Celestial Ten misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo Ten misericordia de nosotros
Trinidad santa, único Dios Ten misericordia de nosotros
Santa María Ruega por nosotros
Santa María del Olvido Triunfo y Misericordias Ruega por
nosotros
Pararrayos de la Divina Justicia Ruega por nosotros
Arca de Noé en el diluvio Ruega por nosotros
Tú que no te niegas a la oración humilde Ruega por nosotros
Guía y amparo nuestro Ruega por nosotros
Virgen preciosísima Ruega por nosotros
Virgen milagrosísima Ruega por nosotros
Virgen invictísima Ruega por nosotros
Llena de las Misericordias y tesoros de Jesús Ruega por
nosotros
Consoladora del mundo Ruega por nosotros
Consuelo de los afligidos Ruega por nosotros
Alegría de la Iglesia católica Ruega por nosotros
Tú que aplastaste la cabeza de la infernal serpiente Ruega por
nosotros
235
Fuente de santidad para los que te sirven Ruega por nosotros
Milagro de los milagros de Dios Ruega por nosotros
Encanto de cielo y tierra Ruega por nosotros
Alegría de los ángeles Ruega por nosotros
Gozo de los santos Ruega por nosotros
Reina y Madre de Misericordia Ruega por nosotros
Vida, dulzura y esperanza nuestra Ruega por nosotros
Abogada nuestra Ruega por nosotros
Ojos de misericordia Ruega por nosotros
Señora nuestra Ruega por nosotros
¡Oh clementísima! Ruega por nosotros
¡Oh piadosa! Ruega por nosotros
¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros
Hija del Padre Ruega por nosotros
Madre del Hijo Ruega por nosotros
Esposa del Espíritu Santo Ruega por nosotros
Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad Ruega por nosotros
Concebida sin mancha de pecado original Ruega por nosotros
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo Perdónanos
Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo Escúchanos
Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo Ten
misericordia de nosotros
V. Ruega por nosotros santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias
de Cristo nuestro Señor
Oremos
Oh Virgen Sacratísima, que quieres ser venerada con el título
del Olvido, Triunfo y Misericordias, con promesas inefables a
cuantos te invoquen, alcánzanos de tu Hijo y Señor que
jamás nos olvidemos de ti, ni de Él, que triunfemos
constantemente del infernal dragón y que gocemos de las
236
divinas misericordias en lo próspero y adverso, en la vida y
en la muerte, en el tiempo y la eternidad. Amén.
Salve a la Virgen del Olvido ¡Salve, Virgen del Olvido,
triunfo y Misericordias! ¡Salve, Reina! ¡Salve, Madre!
Madre del que sufre, Madre del que llora, Madre del que
acude y a tus pies implora, Virgen prodigiosa, no nos
abandones, llena de esperanza nuestros corazones, llévanos
un día contigo a la gloria, con sor Patrocinio a cantar tu
victoria.
Oración Final
¡Oh Santísima y Bendita Virgen María! Madre de Dios y
nuestra, con los más íntimos sentimientos de nuestro corazón
te llamamos y reverenciamos en esta tu sagrada imagen
del Olvido, bien persuadidos
de que en tu caridad
incomparable no cabe jamás
que te olvides de nosotros.
Mas en nosotros es muy
posible, y aun frecuente, que
nos olvidemos de ti, sin
embargo que este olvido es
para nosotros una terrible
desgracia, y la ingratitud más
monstruosa. Consíguenos,
pues, la gracia de no
olvidarnos jamás, sea
frecuente alimento de
nuestras almas alguno de los
infinitos títulos de grandeza y
de gloria, con que Dios te ha
enriquecido entre todas las
puras criaturas.
237
Eres entre todas ellas la más bella y amable. La santa Iglesia
en tus alabanzas recurre a la gallardía de los árboles, a la
belleza de las flores, a la delicia de los jardines para
inspirarnos el posible concepto de tu hermosura. Recuerde
nuestra memoria muy de continuo alguna de estas bellas
semejanzas, ellas servirán para que nuestras almas,
juntamente con el recuerdo de tu belleza divina, perciban el
atractivo y la fragancia celestial con que tu santidad, más que
de ángeles, más que de serafines, trascendió desde la tierra
hasta lo más encumbrado de los cielos, y nos atrajo desde el
seno del Eterno Padre al Hijo de sus delicias eternas.
Eres a consecuencia de esto la más amante de las madres,
madre del amor hermoso y de los pensamientos más puros,
del conocimiento y sabiduría de las cosas divinas, por
consiguiente de la ciencia feliz de las verdades católicas;
madre de la esperanza santa, cual lo es la importante, la
sublime confianza de conseguir la eterna paz y felicidad de la
gloria. No se borre jamás de nuestros corazones el bellísimo
sentimiento de que eres en el sentido dicho nuestra madre,
para que el solo recuerdo del nombre de María, aun la
sombra de afición menos honesta, vaya muy lejos de
nosotros, nuestra fe se avive, la santa ley moral de Jesucristo,
tu Hijo, sea invariablemente la regla de nuestra vida; tus
divinas virtudes, tu incomparable amor de Dios y del
prójimo, tu limpieza Inmaculada, siendo la delicia de nuestro
pensamiento, sean también nuestros hermosos modelos y
nuestra dulce imitación. ¡Oh qué dicha la nuestra, si con la
divina gracia llegamos a imitar a tan santa criatura!
Alcánzanos, Virgen Bendita, esta inefable gracia y la de que
muriendo con la muerte de los santos, cubiertos bajo el
manto real de tu protección, vayamos a gozar de la presencia
de Dios y de la tuya en la Gloria. Amén.
238
Día Segundo
(7 de Agosto)
Consideración
Consideremos en este día que el espectáculo de este mundo
visible nos presenta a cada paso mil y mil bellezas, que
pueden elevarnos a Dios, a su conocimiento, a la
contemplación de sus divinos atributos, y servirnos por
consiguiente, con la gracia de Dios, de medios de salvación.
¡Qué rasgos de su magnificencia y de su gloria no brillan en el
Cielo! ¿Quién da un solo paso sobre la tierra, que no vea,
que no palpe en cada hierbecilla, en cada flor, en cada
propiedad de la naturaleza un manantial ya de delicias
inocentes, ya de regalo y de alimento para nosotros, y por
consiguiente de admiración y de reconocimiento de cómo es
para nosotros nuestro Dios infinitamente amable? ¿Y cuántas
ventajas no podemos conseguir, si de percibir por nuestros
sentidos estos atractivos santos, con que nos eleva a nuestro
239
Dios la vista de la naturaleza, enriquecemos con las ideas y
recuerdos de ellos la imaginación y la memoria?
Pero, ¡Ay! Este mundo visible nos ofrece también, entre los
demás objetos, aquellos de que por nuestra flaqueza y
corrupción abusamos con facilidad y frecuencia para el vicio,
entre ellos aquellas tres concupiscencias de lo malo, que San
Juan en su carta observa reinan tan generalmente en el
mundo, encuentran a cada paso el estímulo y el alimento de
sus deseos corrompidos: la abominable impureza, los
atractivos de un amor infame; la avaricia, el brillo de unos
metales, que solo tienen de valor lo que tienen de aptitud
para la honesta utilidad de esta vida; y el bien de los
prójimos, la soberbia, el resplandor del mando y de las
dignidades, que sin virtudes y sin méritos no son más que
perdición propia y de otros. ¡Oh, y qué bien obraríamos si en
cuanto es posible nos desentendiésemos de esta parte del
espectáculo del mundo, y ella fuese para nosotros una
materia de desprecio y olvido santo! Más por una funesta
desgracia, sucede todo lo contrario.
El trato diario de las gentes nos ofrece la experiencia también
diaria de que apenas uno u otro hace mérito de las maravillas
de la naturaleza para no olvidarse de Dios, para concebir de
sus divinos atributos algún sentimiento racional y santo, por
no tomar en boca aquellos monstruos, que en nuestros días,
más que en los anteriores, osan pronunciar que no hay Dios.
Pero en tratándose de todo lo que este mundo presenta de
cebo para las pasiones, aun las más viles y vergonzosas,
¿quién es el que no piensa? ¿Quién el que no habla? ¿Quién
es el que no trata de esto y suspira por esto con una memoria
casi no interrumpida sino por el sueño?
Aprendamos, oh hombres engañados, a tener un olvido más
feliz y un recuerdo más santo. Lo tuvo el primero en este
punto la Santísima Virgen María en el grado más excelente.
240
Era su alma en todo incomparablemente grande, su
sensibilidad finísima, su espíritu comprensivo y penetrante, su
imaginación fecunda y viva. Pero en toda esta economía de
su interior no había cabida para el pensamiento y recuerdo
de cosa de este mundo, que fuese, no digo yo menos decente
y peligrosa, sino inútil y frívola. Por el contrario, ¡qué
sabiduría la suya tan sublime de todas las cosas de la
naturaleza, en cuanto de ellas podía hacerse escalón para
subir a la contemplación y amor de Dios, haciendo un uso
inocente y saludable! En cuanto a esto su pensamiento y su
memoria le suministraban los más bellos y frecuentes recursos
de acordarse de Dios y amarle, o por mejor decir, de no
olvidarse jamás. Este fue el grande uso que la Santísima
Virgen hizo del espectáculo de este mundo visible desde su
hermosa salida a la luz de este mundo. Hasta la inocente
alegría que puede caber en un convite no fue desconocida en
la Santísima Virgen, y para que la alegría no se interrumpiese
en las bodas de Canán, hace presente a su Hijo que
comenzaba a sentirse la falta del vino. Dirijamos ahora
nosotros a la Santísima Virgen nuestras ardientes súplicas,
para que nos alcance la gracia de olvidarnos de lo que hay en
este mundo de atractivo para el pecado, y de enriquecer
nuestra memoria de ideas y recuerdos de Dios.
Oración
¡Oh Santísima Bendita Virgen María! Bendita sea mil veces la
sabiduría celestial, con que hiciste de las hermosas hechuras
de las manos divinas en este mundo visible el uso más
dichoso y santo, teniendo prontas en tu feliz memoria
aquellas imágenes e ideas de las criaturas, que lo son también
de la bondad, amabilidad y ternura del corazón de Dios, al
paso que acertaste a sepultar en el más profundo olvido todo
lo que ellas pueden ofrecer de estímulo y atractivo para el
pecado. Sentimos en lo íntimo del alma, ¡Oh Virgen Bendita!
haber abusado funestamente de la hermosura de este mundo
visible. ¡Oh, y cuán pesados somos de imaginación y de
241
sentimiento para elevarnos a Dios por la belleza de sus obras!
¡Oh, y cuán desgraciadamente fácil es nuestra memoria para
exponer la limpieza de nuestro corazón con el recuerdo de
objetos peligrosos! Con el gemido más íntimo de nuestras
almas te pedimos nos alcances la gracia de entender saludable
y eficazmente que ni nuestro pensamiento ni nuestro corazón
han sido formados para adornos ni colores. Consíguenos la
gracia de hacer de estas cosas solo el uso más inocente y
preciso, y de olvidarlas para todo lo demás. Amén.
Tres Avemarías.
Día Tercero
(8 de Agosto)
Consideración
Desde hoy consideraremos ciertos pasajes de la vida de la
Santísima Virgen María, según la historia del sagrado
Evangelio, en que ejercitando la más heroica santidad
practicó algún olvido santo. Consideremos hoy su
presentación en el templo. En este notable pasaje la Bendita
Niña María fue llevada al templo santo de Jerusalén, para
que allí fuese educada, ejercitada en toda virtud, y
consagrada perfectamente a ser solo delicia del corazón de
Dios, sin que ni la carne ni la sangre reservasen para sí una
sola parte de aquella víctima santa. El sacrificio que la tierna
Virgen María hizo de sí misma al amor de Dios en esta
ocasión, ni aun la más expresiva elocuencia del hombre ni
aun de ángel podría declararlo.
Era el natural de la Virgen el más excelentemente dispuesto
para sentir y amar; su entendimiento el más claro y
penetrante; su sensibilidad y ternura de corazón de una
delicadeza y nobleza incomparables. Estaban estos hermosos
principios de sentimiento y amor divino, y sobrenaturalmente
realzados con una caridad y gracia de Dios superior a la de
242
los serafines, que junto al trono de Dios entonan el trisagio,
el himno eterno de su amor y de su gloria. ¿Cuál sería, pues,
el sentimiento de esta preciosa y divina criatura al despedirse
de sus padres, de sus amabilísimos y santos padres Joaquín y
Ana, para quedarse en el templo? ¿No sentiría la augusta niña
profundamente conmovida su ternura santa al oír las
palabras, el último vale de la despedida de sus padres? Y al
recibir de ellos el último abrazo, ¿No querría ya liquidarse su
alma? Sin embargo, su amor a Dios se sobrepone a los
sentimientos de la naturaleza, y teniendo para el mérito el
dolor más vivo y profundo que en tales ocasiones ha sentido
jamás pura criatura, se lo ofrece al Señor con tanta nobleza y
señorío de sí misma, que no manifiesta señal ni mínima
perturbación. No es esta una suposición arbitraria, se funda
en la grandeza y dignidad sin ejemplo con que la Santísima
Virgen María se portó en otros pasajes, aún más delicados y
críticos, de que el sagrado Evangelio nos habla expresamente.
Me parece que la estoy viendo cual recién despedida de sus
padres, se dirige a lo interior de aquel santuario con pasos
que no titubean, llevando revertido el semblante, juntamente
con su casta hermosura, el señorío y reposo de su alma.
Desde ese momento practica la Santísima Virgen la virtud de
olvidar santamente, que el Espíritu Santo describe y enseña en
aquellas palabras del salmo: Oye, hija, -dice- atiende, inclina
tu oído, y olvídate de tu pueblo y de la casa de tu padre. No
porque olvidase los santos deberes que dulcemente le unían a
sus santos padres, a quienes frecuentemente presentaba a los
ojos de Dios, como si los tres corazones fuesen más bien para
el amor de Dios un corazón, sino porque en este feliz
recuerdo no intervenían ninguna de aquellas aficiones
pueriles, ningunas de aquellas pequeñeces que en semejantes
ausencias hacen suspirar a cada paso por la presencia
corporal, por tales conveniencias que allí se disfrutaban y
hacen perder, cuando menos, el tiempo en pensamientos y
correspondencias sensibles. ¡Oh, y cuán imperfectamente se
243
practican por nosotros esas separaciones santas, a que muchas
veces nos obliga nuestra vocación y nuestros deberes!
Cuando otra cosa no podemos, nuestra imaginación está
llena de especies molestas, de cuidados frívolos sobre las
personas de quienes nos hemos separado, y hasta los días y
los momentos en que se espera su correspondencia nos llevan
un tiempo infinitamente precioso. Posible nos es encomendar
esto al amoroso cuidado de la divina Providencia y aprender
a olvidar santamente, como olvidó la Santísima Virgen María.
Pidámosle que nos alcance esta dichosa paz del corazón.
Oración
¡Oh Santísima y bendita Virgen María! Tiernísimamente te
bendecimos y alabamos por aquella sabiduría y santidad
inefables, con que en tan delicados años, al ser presentada en
el templo y separada de tus amabilísimos padres, supiste
hermanar en un enlace, el más bello y admirable, tu ternura
para con ellos con la ofrenda y sacrificio de ti misma al amor
de Dios y un amor más que seráfico. ¡Cuán llenos de
majestad y gracia fueron tus pasos, oh hija del príncipe,
cuando despedida de tus padres te retiraste a lo más interior
de aquel asilo santo! Por aquel olvido
santísimo con que desde aquel
momento, sin faltar un solo ápice al
recuerdo que les era debido,
conservaste tu interior
perfectamente libre de toda
memoria menos necesaria y útil,
te pedimos, ¡Oh feliz criatura!,
nos alcances de Dios la dichosa
gracia de la paz del corazón y
del recogimiento interior. Amén.
Tres Avemarías.
244
Día Cuarto
(9 de Agosto)
Consideración
Jamás ofreció una pura criatura espectáculo más grandioso
como el que la Santísima Virgen María presentó al cielo y a la
tierra en su Anunciación. Considerémosle devotamente.
Un príncipe de los Cielos, un arcángel se le envía por el
mismo Dios como embajador suyo. Jamás se ha oído
salutación más augusta, tan expresiva, ni que exprese títulos
más llenos de grandeza y de gloria. Entre los demás se le
apellida, no así como quiera, agradable a los ojos de Dios, lo
cual aún por sí solo es una honra y felicidad incomparable,
sino llena de gracia y bendita entre las mujeres. El negocio
por fin de que se trata, el destino que se le anuncia, nada
menos es que una dignidad infinita en su línea, dignidad de
Madre del mismo Dios, de suerte que toda esta grandiosa
embajada podía ceñirse a sola esta expresión tan sencilla
como llena de energía y de sentido: dentro de pocos
instantes el Hijo de Dios vivo, y por consiguiente Dios
mismo, será con verdad y con propiedad un hijo tuyo.
Entre tanto se aguardaba que la Santísima Virgen diese su
consentimiento, el sí de sus divinos labios para la Encarnación
del Hijo de Dios. ¿Quién no hubiera dicho que esta criatura
feliz, ocupada toda ella en el negocio inaudito que se le
anunciaba, enajenada y fuera de sí misma con la repentina
noticia de su elevación, llena toda ella de la imagen de su
dignidad, no podría dar cabida en el momento más que a
este pensamiento solo: Voy a ser madre del mismo Dios?
Mas, ¡Oh capacidad inmensa del corazón de María Santísima!
¡Oh virtud, oh santidad en cuya comparación parecen
sombras las acciones más heroicas y santas! ¿Sabes a lo que
atiende la Santísima Virgen en momentos tan críticos e
245
importantes? Como si la grandeza y la gloria que se le
anuncia no hablasen con su persona, y solo hablasen con ella
los oficios y los deberes que por este mismo hecho se le
imponían, reflexiona que se le dice ser madre, se acuerda de
su resolución divina de purísima virginidad, y llena de
majestad, sin dejar de ser incomparablemente humilde, le
consulta al arcángel el modo de no mancillar la maternidad
su virginal propósito. Recuerda, sin duda, con su inefable
sabiduría todo el fondo de obligaciones, de trabajos, de
padecimientos y de sacrificios a que según lo que estaba
escrito del Salvador del mundo era consiguiente que hubiese
de quedar sometida por el hecho mismo de ser madre de tal
Hijo; y como desentendida de todo, olvidada de todo, hasta
de la grandeza y dignidad infinita a que la eleva, y fija toda
su atención en las virtudes, en los trabajos y en los sacrificios
con que se ha de consagrar y ser víctima del amor de Dios y
de los hombres, consiente por fin, y dice: He aquí la esclava
del Señor, hágase conmigo según tu palabra.
¡Ah! nosotros por el contrario, apenas acertamos a entender
en algún negocio, aun el más santo, sin echar el ojo a nuestro
engrandecimiento propio o a nuestro interés. Todo lo
olvidamos menos esto, siendo tan justo, tan saludable, tan
dulce hacerlo todo por el amor de Jesucristo y de las almas
redimidas con su sangre. Aprovechemos la feliz ocasión de
pedir a la Santísima Virgen nos alcance la gracia de olvidar
nuestro interés propio por la causa de Dios.
Oración
Santísima y bendita Virgen María; alabanza eterna te den
todas las generaciones por la santidad sin semejante con que
respondiste a la embajada del arcángel San Gabriel. Jamás
corazón de pura criatura abrigó caridad tan tierna para con
sus prójimos, jamás alguna desplegó sus labios con tanta
gracia, como lo hicieron tu corazón y tus labios en aquel
consentimiento, en aquel sí que diste para que el Hijo de Dios
246
se hiciese hombre en tus virginales entrañas. Olvidada
entonces de todo, hasta de ti misma y de tu infinita dignidad,
solo atendiste a que se cumpliera el pensamiento eterno de
Dios para nuestra redención y salvación eterna. Por este
santísimo olvido alcánzanos la dichosa gracia de olvidar
todos los intereses humanos por la gloria de Dios y salud de
nuestras almas. Amén.
Tres Avemarías.
Día Quinto
(10 de Agosto)
Consideración
Uno de los actos más solemnes que hizo la Santísima Virgen
fue el de presentar a su Niño Jesús en el templo. Se sometió
en esta ocasión a dos ceremonias mandadas en la ley antigua:
la una de ofrecer al Señor los hijos varones primogénitos, y la
otra de purificarse las madres de sus inmundicias del parto,
cumplido el término que fijaba la ley, con la oración del
sacerdote y con la ofrenda que para esto debía llevar, según
se prescribía en la misma ley.
Ni aún la expresión más elocuente explicaría con dignidad el
generoso olvido con que María Santísima desentendió, al
cumplir la ceremonia de la purificación, las altas
consideraciones que indicaban estar exenta de ella. ¿No es
evidente que la dicha ley hablaba en términos expresos y a la
letra de las madres, que lo eran sin privilegio sobre el orden
común de la naturaleza? Y a consecuencia, ¿Qué tenía que
ver dicha ceremonia con aquella hija del Rey, con aquella
princesa augusta, con la mujer predilecta y bendita entre
todas, que juntó la infinita dignidad de Madre del mismo
Dios con la hermosa gloria, con la prerrogativa sin ejemplo
de la más limpia e incorrupta virginidad? ¿Con esta sujeción a
la ley, no se daba un motivo a la opinión común de los
247
hombres de que teniéndola por madre en el concepto
común, la confundieran con las otras madres, y a su precioso,
a su Divino Niño con los otros hijos? ¿Y hasta qué punto de
claridad y de viveza no distinguiría un entendimiento tan
penetrante como el de la Virgen todo lo que había de sentido
y solidez en estas razones? Sin embargo, no titubea un solo
instante en cumplir a la letra una ley que tanto la humillaba.
Presenta su ofrenda, escogiendo la más humilde de las dos
que señalaba la ley, lleva en sus virginales brazos a su dulce
Jesús, como poniendo ya a los ojos de Dios sobre las sagradas
aras aquella víctima inmaculada, que ella misma volvería a
ofrecer sobre la cruz en el Calvario; y practica virtudes tan
heroicas, tan sin aparato, y con tanta sencillez, que parece no
había allí nada de brillante ni de grandioso, cuando su
conducta llena de delicias el corazón de Dios, y es el asombro
de los ángeles. El Evangelio mismo, al hablar de este pasaje,
nos presenta la conducta de la Santísima Virgen como si en él
no hubiera otro carácter que el de discípula de los santos
Simeón y Ana, que allí anunciaron al mundo la dignidad y la
misión divina del Niño que la Virgen llevaba en sus brazos.
¿Y no imprimiremos en lo más íntimo de nuestras almas este
ejemplar de humildad y de modestia tan hermoso como
grande? He dicho grande, entendamos que la humildad es la
verdadera grandeza del corazón, porque inspirando al
hombre desconfianza de sí mismo y confianza en Dios, le
inspira por consiguiente esperanza y magnanimidad para
emprender grandes cosas del servicio del Señor. La soberbia,
por el contrario, es la madre de la ridícula jactancia, y en
llegando el caso de obrar, no produce sino cobardía o
temeridad. Derramemos ahora nuestro corazón, delante de
Dios, a fin de que por la intercesión de la Santísima Virgen
María nos conceda la inefable dicha de ser verdaderos
humildes.
248
Oración
¡Oh Santísima y Bendita Virgen María! Bendecimos con el
más puro gozo de nuestros corazones la humildad prodigiosa
con que en tu purificación fuiste la admiración de los ángeles,
el ejemplar de los santos, la delicia del mismo Dios. Tus
manos presentaron allí a los ojos de Dios la víctima de la
salvación del género humano, la lumbrera de las naciones, la
gloria del pueblo escogido; pues tu Niño Jesús es todo esto y
aun infinitamente más. Al mismo tiempo, ¡Qué bella pareciste
a los ojos de Dios al someter por su amor a la humilde
ceremonia de la purificación tu purísima persona, aquella
persona que por su destino y sus virtudes se deja ver hermosa
como la luna, escogida como el sol, y majestuosamente
terrible como escuadrón formado en batalla! Alcánzanos,
Virgen Bendita, que sea una delicia para nuestras almas el ser
humildes a imitación tuya. Amén.
Tres Avemarías.
Día Sexto
(11 de Agosto)
Consideración
Consideremos que uno de los muchos pasajes en que la
Santísima Virgen María ejercitó la virtud de olvidar
santamente fue el de su viaje y huida a Egipto en compañía
de su dulce Jesús y de su esposo San José. Un ángel avisó al
bendito esposo que emprendiese este camino, a fin de
ponerse a salvo del furor del tirano Herodes, que trataba de
arrancar al Niño Jesús de entre los vivos, hasta con la
horrorosa medida de hacer morir a todo los niños de Belén y
sus contornos, que no tuviesen más de dos años. Una
intimación semejante suponía no solo una posibilidad sino un
peligro real de que el Niño Jesús pereciese en aquella
persecución. ¿Y este peligro no presentaba al parecer o una
contradicción o una idea muy difícil de conciliar a quien sabía
249
indudablemente los hechos anteriores, la edad, las
circunstancias, el género de muerte en que el dulce Jesús
había de expirar?
La Santísima Virgen, enriquecida sin duda alguna con el
conocimiento más claro y sublime de las escrituras sagradas,
ilustrada perfectísimamente sobre lo que ellas anunciaban
acerca de la vida y muerte de su Niño Jesús, sabía que no
moriría en edad tan tierna, que a su muerte precederían su
vida privada, sus incomparables virtudes en ella, y después su
vida pública, su predicación y sus milagros, habiendo de
perfeccionar por fin la obra de la redención de los hombres
con su muerte de cruz en la edad de varón perfecto. ¿Cómo,
pues (parece que la prudentísima Virgen podría haber
objetado), cómo, pues, ahora se supone verdadero peligro de
perecer mi dulce Jesús entre los niños de la comarca de
Belén? ¿Podrá el furor de Herodes turbar el orden de los
divinos decretos? ¿Apagar el sol de justicia tan luego como
acaba de nacer sin que haya alumbrado al mundo con el
resplandor de unas virtudes y de un Evangelio divino?
¿Adelantar el tiempo de la muerte del Salvador? Más la
Santísima Virgen no hace ninguno de estos argumentos, y
lleno todo el santuario de su alma de un sentimiento de
adoración a la divinidad y a sus augustos secretos el más
profundo que hubo jamás en pura criatura, toma en sus
brazos a su dulce Jesús, estrecha contra su pecho virginal
aquella prenda de su corazón, sigue adonde su santo esposo
la guía, se somete con alegría a las penalidades de un largo
viaje, y llega por fin al Egipto, este país de idólatras, que tan
lejos estaba de merecer la más útil y dichosa de todas las
visitas. ¿Y no fue esta humildísima conducta de la Virgen un
olvido santo de todas las dificultades, de todos los reparos,
de todas las razones que el más fino de los ingenios pudiera
haberle sugerido por atender con la más amable docilidad a
la razón de las razones, a la razón única de que un Dios
infalible y santo así lo mandaba?
250
Reprensible por el contrario, criminal es la conducta del
hombre, cuando en medio de brillar a sus ojos por pruebas
indudables que Dios ha revelado y dispuesto una cosa, se
vuelve y se revuelve en mil cavilaciones por no oír la voz de
Dios, de un Dios que no le impone ni un solo sacrificio que
no sea para él un inagotable manantial de bienes. Y para
poner algún ejemplo, ¿Cuántas utilidades nos proporciona la
santa fe con que creemos las verdades enseñadas en su santa
Iglesia Católica como reveladas por el mismo Dios? Sin ella
nuestras disputas serían eternas; eternas y sumamente
aflictivas serían nuestras dudas, con ella la más hermosa calma
y todas las delicias de la paz en punto a religión nos
acompañan hasta el sepulcro. ¿Cuán criminal por
consiguiente no es aquel hombre que, como sucede
frecuentemente en nuestros días, se empeña en olvidar, en
desatender o en no consultar las invencibles pruebas de que
esta fe viene de Dios, buscando por el contrario todas las
cavilaciones imaginables para no someterse a esta creencia
feliz?
Pidamos humildísimamente a la Santísima Virgen nos alcance
la gracia de olvidar toda cavilación humana cuando se trata
de creer y obedecer a Dios.
Oración
¡Oh Santísima y bendita Virgen María! Los ángeles, los santos,
las criaturas todas se derramen en tus alabanzas, porque tu fe
a la palabra de Dios fue la más dócil y sencilla, y tu
obediencia a sus disposiciones fue como el más dulce
atractivo, como herida de amor para el corazón de Dios. Esta
fe sin cavilaciones, esta obediencia sin réplica es un bálsamo
divino para sanar de la indocilidad y curiosidad tan funestas
de la mujer primera. Nuestras almas sienten hoy el placer más
entrañable y puro, porque un sentimiento tan bello y tan
constante en la Iglesia Católica te reconoce y publica
reparadora de los males causados por Eva. Y pues en tu
251
docilidad a las disposiciones de Dios intervino un dichoso
olvido de dificultades humanas, alcánzanos la dicha de
desentendernos de todo, para ejecutar con amable sencillez la
voluntad de Dios. Amén.
Tres Avemarías.
Día Séptimo
(12 de Agosto)
Consideración
No hay un espectáculo de santidad más admirable que el de
una criatura, que distinguida por las prendas más excelentes
de naturaleza, y por los más copiosos dones de gracia, hace,
habla, vive, respira tan solo para Dios, que no da muestra ni
mínima de conocer su riqueza, ni de estimación propia. ¡Oh,
y cuán repetidos y hermosos fueron los ejemplos que la
Santísima Virgen María nos dio de este bienaventurado
olvido de sí misma!
En el pasaje de las bodas de Canaán se ve brillar uno de los
más bellos rasgos de las virtudes de la Virgen en esta línea.
Todos saben que el dulcísimo Jesús honró la celebridad y
convite de aquellas bodas con su asistencia, y que una
concurrencia tan feliz se vio también adornada y enriquecida
con la gloria y la delicia de tener consigo a la bendita entre
todas las mujeres. Faltó el vino en medio de la comida, y esta
falta y el disgusto que de allí se originaría fueron entendidos
de la Virgen, que finísima cual era en sus sentimientos tuvo
pena de que los esposos padeciesen. Se desplegó entonces la
gracia de aquellos benditos labios, y le dijo a su Jesús: no
tienen vino. Diríase que hubo menos ternura en la respuesta
de Jesucristo si la fe de que era todo un Dios no nos inspirase
la veneración más profunda de todas sus palabras y acciones,
obligándonos a suponer un sentido misterioso y divino hasta
en la que nos parece menos dulce y amable. Mujer, ¿qué
252
tengo yo en esto que ver contigo?, respondió Jesucristo a su
Santísima Madre, aún no ha llegado mi hora. Mas no turbó
un solo instante el corazón de María Santísima lo menos
cariñoso de esta respuesta, ni el concepto clarísimo de
las gracias y dotes de que se hallaba enriquecida su augusta
persona, ni la grandiosa idea que tenía de la dignidad de
Madre de Dios, dignidad de la que tenía no el título solo sino
la propiedad, ni el íntimo sentimiento con que su corazón le
daba testimonio de la ternura de su amor a su Jesús, ni el
dulce recuerdo de los desvelos con que se había desvivido
por su alimento, asistencia y conservación de su preciosa
vida.
Nada, nada debilita ni en lo más mínimo la fuerza de su
amor, ni menoscaba su dulzura y la apacibilidad de su
corazón generoso y grande, y como quien no entiende de
nada, sino de consolar y de multiplicar el bien, les dice a los
asistentes de la mesa con relación a su querido Hijo: Ustedes
hagan cuanto él les diga ¿Quién vio jamás un amor de Dios
tan encendido, tan puro, tan sin mezcla de atención y
estimación propia? ¿Quién un esmero tan fino en procurar el
consuelo del prójimo, aun en los disgustos pequeños? Ni aún
se interrumpe este cuidado cariñoso de la Virgen con el
desabrimiento que parecía percibirse en la respuesta de Jesús.
¡Mujer ínclita, que con ejemplo tan expresivo nos inspira la
importante máxima de que nuestros cuidados y nuestras
delicias en el servicio de Dios no deben ser nuestros consuelos
sensibles, sino el puro amor de Dios, la ejecución de su
voluntad divina, el adelantamiento en la virtud y el bien
posible de nuestros prójimos! Aprovechemos la hermosa
ocasión que este recuerdo nos ofrece para pedir al Señor, por
la intercesión de María Santísima, la gracia de ser amantes de
Dios y del prójimo, no por interés sino con generosidad.
253
Oración
¡Oh Santísima y Bendita Virgen María! Alabada sea de los
ángeles y de los hombres la gracia y perfección que sabes dar
aun a las acciones que por su materia parecen pequeñas. Lo
decimos con mucha ternura de nuestras almas: eres aquella
esposa de los sagrados cánticos que disparas flechas del santo
amor al corazón del Divino Esposo hasta con una sola de tus
miradas, hasta con uno solo de tus cabellos. ¡Oh, y qué de
agrado y de delicias para el corazón de Jesús supiste embeber
en la santa sencillez de aquellas dos expresiones tuyas en el
convite de Caná: no tienen vino; Ustedes hagan cuanto él les
diga!
Inspíranos Virgen Sacratísima, con tu ejemplo y con tu
poderosa intercesión, la sabiduría celestial de acertar a unir el
mérito de la santidad y el mayor agrado a los divinos ojos
hasta con las acciones más pequeñas, atendiendo en ellas
únicamente a la gloria de Dios, al bien de nuestros hermanos
y a la salvación de nuestras almas. Amén.
Tres Avemarías.
Día Octavo
(13 de Agosto)
Consideración
Así como la muerte del dulce Jesús expirando por nosotros
en un patíbulo a los ojos de su misma Madre fue para su
corazón el más terrible y doloroso de todos los pasajes de su
vida, fue también la ocasión en que su santidad desplegó y
puso en ejecución lo más heroico de sus divinas virtudes. Allí
rayó hasta un punto de gracia y de perfección el más sublime:
Aquel olvido santo, que desde el principio de esta santa
novena hemos ido notando en los más importantes hechos
de su portentosa vida. La fortaleza incomparable con que allí
arrostró el peligro de su vida propia, desentendiéndose del
254
amor a ella, y permaneciendo inseparable al pie de la
sacrosanta cruz, fue la parte mínima de aquel olvido santo.
Sin entrar en cuenta que todo pudiera haberlo temido con
razón de parte de la fiereza, inhumanidad y atropellos de los
judíos. ¿No sentiría íntimamente que según la ternura de su
amor a Jesús, su vida naturalmente peligraría, desfallecería
con la vista de la sangre y de la muerte de aquella prenda de
su santo amor? ¿Esperaría poder vivir viendo morir a su Jesús,
y morir enclavado? ¿Rasgado? ¿Hendida su cabeza con las
espinas? ¿Sus huesos todos en disposición de podérsele
contar? ¿Habiendo de recoger ella misma sus últimos
suspiros? ¿Esperaría la amantísima madre poder naturalmente
conservar la vida, así herida en aquel pedazo de su corazón,
así atravesada de parte a parte?
Pero desestimó este peligro inminente, y le olvidó por vivir
muriendo junto a su querido Jesús. Ni aun atendió a la honra
de su ínclita persona, que siendo la más ilustre, privilegiada y
distinguida por Dios entre todas las puras criaturas, no titubeó
un instante en arrojarse en aquel abismo de deshonor y de
ignominias de que el dulce Jesús murió rodeado, y aun
sumergido en ellas. ¡Oh, y cuántos dirían, oyéndolo la
Bendita Virgen: es esta la madre de ese hombre que muere en
ese suplicio!
Más un desentenderse la Virgen en el Calvario de su honra y
de su vida por el amor a Jesús, ¿Cómo puede ser allí el
mínimo de sus olvidos santos? Oigámoslo de la feliz
aplicación que San Buenaventura hace a la Santísima Virgen
de una expresión del Evangelio. Queriendo Jesucristo
inspirarnos un sentimiento sublime del amor de Dios al
mundo, nos dice: Así amó Dios al mundo, que por él entregó
a su Hijo Unigénito. Pues el doctor seráfico, cifrando en esta
misma frase el cariño con que la Virgen nos ama, dice: María
Santísima amó al mundo hasta el extremo de entregar, de
desprenderse por él del Hijo de sus entrañas. ¿Ves hasta
255
dónde llegó allí el olvido de la Santísima Virgen por
nosotros? Se olvidó, más que de su honra, más que de su
vida, más que de sí misma, porque se olvidó hasta de su
Jesús, entregándolo, porque nosotros no pereciésemos. ¡Oh
corazón de la Virgen! ¡Oh ternura! ¡Oh caridad! ¡Oh cariño
que nos tiene! ¿Y nosotros no acertaremos ni aun a perdonar,
ni aun a olvidar una injuria por el amor de tal Hijo y de tal
Madre? Pidamos rendidamente a María Santísima nos alcance
de Jesús la gracia de este olvido santo.
Oración
¡Oh Santísima y Bendita Virgen María!
Hoy derramamos nuestros corazones
en tu presencia, y con emoción de
nuestras almas te pedimos que esos
labios divinos se desplieguen con su
acostumbrada gracia para responder a
esta dificultad que se nos ofrece. ¿A
quién amas más tiernamente a Jesús o
a nosotros? Pues a tu dulce Jesús le
ofreces, le entregas tú misma con el
querer más generoso a la cruz y a la
muerte por nosotros. ¡Ah, querida
Madre! Todo el secreto consiste en que tú está viendo la
fineza con que Jesús da por nuestra vida la suya, y sabes que
el gran medio de agradarle y amarle es que nos ames a
nosotros, ofreciéndote tú misma en sacrificio, como víctima
de nuestra eterna salvación. Una vergüenza santa cubre
nuestro rostro al considerar las cavilaciones con que
pretendemos excusar nuestros resentimientos con el prójimo;
desde este mismo instante proponemos perdonarle y amarle
muy de corazón. Alcánzanos, oh tiernísima madre, esta
gracia, prenda para nosotros de perdón y de vida eterna.
Amén.
Tres Avemarías.
256
Día Noveno
(14 de Agosto)
Consideración
En la serie de esta novena hemos reflexionado, con relación
al título del Olvido, que no es posible se olvide la Santísima
Virgen de nosotros; pero sí lo es que nosotros nos olvidemos
de tan tierna madre. Dediquemos esta lección a considerar
cuán funesto será para nosotros este olvido. Cómo este
olvido nuestro quiere decir que habitualmente vive el que así
se olvida, sin pensar en María Santísima, sin recordar la
inmensa riqueza de las gracias de que Dios ha colmado a tan
bella criatura, sin reflexionar sobre sus divinas virtudes, sobre
su encendida caridad a Dios y al prójimo, sobre su castidad
más que angélica, sobre su fortaleza y su paciencia más que
heroica, de aquí nace que olvidarse de la Santísima Virgen
María quiere en sustancia decir lo mismo que no tenerle
devoción. ¿Y cuánta desgracia es no tener devoción a la
Virgen? ¿Qué pérdida para el alma? Enseñan los teólogos que
la devoción a María Santísima es una de las felices señales de
ser del número de los escogidos de Dios. ¿Quién no aspirará,
aunque sea a costa de desvelos, a poder contar con tan dulce
motivo de sus esperanzas, a presentarse a los divinos ojos
marcados con este carácter de salud, y a grabar hasta en lo
íntimo de su corazón tan ilustre título de su gloria y
salvación? Pero desenvolvamos algún tanto las razones de ser
esta una de las señales de predestinación, y nos formaremos
una idea más clara de la pérdida que padeceremos con no
tenerla.
La devoción a María Santísima incluye en primer lugar una
memoria frecuente de su santidad, un pensamiento que se
ocupa repetidas veces en los hermosos pasajes de su santísima
vida, y por consiguiente en las virtudes, que en ellos, no
como quiera, ejercitó, sino que llenó hasta en una tilde, hasta
en un ápice con una gracia, delicadeza y perfección superior
257
aun a la caridad del serafín más encumbrado. ¿Y este
frecuente recuerdo qué utilidades, qué de inspiraciones y
movimientos santos no producirá en nuestro corazón?
¿Cuántas veces sentimos impelido todo nuestro interior al
amor de Dios con oír o con leer lo que le amó tal o tal santo?
¿Pues qué impulso tan dichoso y fuerte no recibirá nuestro
corazón con la meditación y la memoria de las virtudes de la
Reina de los Santos? Si nos sentimos vehementemente
inclinados (por ejemplo) a la venganza, ¿Será posible que este
furor no calme, y sea terminado por la dulzura y la paz al
poner los ojos del alma en la Madre de todo un Dios
presenciando el suplicio de su mismo hijo, la muerte
cruelísima de su Jesús, al pie mismo de la cruz sacrosanta, sin
un solo movimiento de venganza contra los judíos, y aun
franqueando para ellos, como para todos, las entrañas de su
divina caridad? Y más que en el modo con que la Santísima
Virgen ejecutó sus incomparables virtudes brilla una gracia
toda característicamente suya, que nos encanta y nos excita a
su imitación con un atractivo santo; gracia que consiste en
que la Santísima Virgen supo hermanar a toda la
magnificencia y la gloria de sus virtudes una sencillez tan sin
aparato, que solo parece hacer una cosa común cuando
ejercita y despliega sentimientos y acciones de primer
orden. He aquí la esclava del Señor, dice dando el sí, nada
menos que para la Encarnación del Hijo de Dios en sus
entrañas: he aquí la esclava del Señor: hágase conmigo según
tu palabra. Esta gracia, esta amable sencillez, ¿A quién no
convidarán a ser santo?
Es imposible además ser devotos de la Virgen sin amarla y
repetirle actos de veneración y de obsequio. ¿Y hubo jamás
criatura tan bienhechora, tan fina en hacer beneficios?
¿Cuántos, cuán abundantes y colmados no serán los que
dispense a sus devotos? Bellísima aplicación es la que hace la
Iglesia Santa, cuando pone en boca de María Santísima
aquella expresión de la sabiduría: yo amo a los que me
258
aman; expresión divina, que significa toda la fineza del amor
más entrañable y generoso.
Y si el devoto de la Virgen cuenta para el negocio de su
salvación con mil y mil recuerdos de las virtudes de María
Santísima, que tan feliz y poderosamente inclinan a amarla, y
con tantas gracias e inspiraciones que les alcanzará de la
misericordia de Dios una madre tan poderosa como amante
de sus queridos hijos, ¿Cómo la verdadera devoción a la
Virgen no será una especial y dichosa esperanza de ser de los
escogidos de Dios? ¿Un maná de los Cielos, un manantial de
aquellas aguas que saltan hasta la vida, eterna? ¡Oh, y qué de
bienes pierde el que se olvida de la Virgen! Hoy, que damos
fin a esta santa novena, enviemos hasta los Cielos un gemido
de amor a María Santísima para que nos alcance del dulce
Jesús la gracia singularísima de serle verdaderamente devotos.
Oración
¡Oh Santísima y bendita Virgen María! Tu memoria es dulce
sobre la miel y el panal; la invocación de tu nombre es una
unción divina que se derrama entre suavidades y delicias
hasta lo más íntimo de las almas. Ser con verdad devotos y
amantes tuyos es unirse en los sentimientos y en el amor con
Dios, que te ama como a su predilecta entre todas las puras
criaturas, es como el iris, señal de paz con el cielo, y
esperanza de vida eterna. Queremos más bien morir que
dejarte de amar tiernamente. Oye, Virgen amantísima, este
gemido de amor con que hoy penetramos el Cielo para
pediros que tu nombre se imprima como un sello sobre
nuestros corazones y nuestros brazos; alcánzanos de Dios la
gracia de que la desgracia de olvidarte no tenga cabida en
nosotros, y la devoción a ti sea en nuestras almas una
consecuencia de nuestro amor a Jesucristo. Amén.
Tres Avemarías.
259
Preparación para todos los días
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.
Salve, ejemplo de hombre justo y trabajador.
A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a
nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos
gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal.
Oh, carpintero de Nazaret, modelo de prudencia y de
obediencia, intercede por nosotros. Amén.
Día primero
José trabajó en comunión con la creación
"Viniendo a su patria, Jesús les enseñaba en su sinagoga, de
tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a
éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del
carpintero?” (Mt 13, 55)
Consideración
José desarrolló el arte de cuidar. Como carpintero debió
mantener un continuo conocimiento, contacto y cuidado de
la creación; con seguridad conoció la calidad de las maderas,
su origen, tiempos y los instrumentos para moldearlas.
Además, como hombre de fe, el trabajo en contacto con la
creación le permitió descubrir una profunda comunión con
las creaturas y llegar por ellas a alabar al Creador. Con el
trabajo José no solo sostuvo y cuidó a su familia; podemos
creer que era un contemplativo, que hizo de su trabajo
260
manual una experiencia de comunión con Dios, con sus
paisanos que le conocían como el carpintero y con la
creación.
“Un aspecto que caracteriza a San José, es su relación con el
trabajo. San José era un carpintero que trabajaba
honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él,
Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que
significa comer el pan que es fruto del propio trabajo.
El trabajo se convierte en participación en la obra misma de
la salvación, en oportunidad para acelerar el advenimiento
del Reino, para desarrollar las propias potencialidades y
cualidades, poniéndolas al servicio de la sociedad y de la
comunión. El trabajo se convierte en ocasión de realización
no solo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo
original de la sociedad que es la familia… La persona que
trabaja, cualquiera que sea su tarea, colabora con Dios
mismo, se convierte un poco en creador del mundo que nos
rodea”. (Patris corde 6)
Al igual que José, podemos cada día entrar en contacto con
la creación y hacer de ese contacto nuestra oración. Con ello,
se acrecentará el deseo de ayudar a algunos a dignificar su
trabajo, en contacto con la creación, como servicio a Dios y
al prójimo, y para lograr su sustento.
Oración
Señor Jesucristo, tú que trabajaste
con tus manos en el taller de
Nazaret, despierta en nosotros la
capacidad de contemplar a nuestro
Padre en las labores cotidianas,
como José, el carpintero que trabajó
alabándote en medio de la creación.
Amén.
261
Práctica
Realizar una tarea, propia de nuestro trabajo o del cuidado
del hogar, a ritmo sereno, tomando consciencia de todo lo
que está presente y de cómo nuestro cuerpo se hace oración
en contacto con la creación.
Gozos
Pues la Iglesia te saluda
José, universal patrón.
Acógenos bajo el manto
de tu excelsa protección.
José de noble prosapia,
de ilustres reyes nacido
y del Eterno escogido
de Jesús para tutor:
¿Quién como tú venturoso
santo predestinado?
Acógenos, etc...
Lirio más terso y fragante
no vio el valle de Judea.
Por eso en ti se recrea
de toda pureza Dios
y hace tu vara florida
con universal espanto.
Acógenos, etc...
De la más pura doncella
que admiró la luz del día,
de la celestial María,
os dio mano y corazón.
¡Oh, el más feliz de los hombres
y de la Virgen encanto!
Acógenos, etc...
¡Qué bien se encuentra en tus brazos
ese Niño flor del Cielo!
¡Cómo le guarda tu anhelo!
262
¡cómo lo estrecha tu amor!
Si lo pierdes un instante,
cómo te anegas en llanto.
Acógenos, etc...
Venturoso le sustentas
con el sudor de tu frente,
padre de tu Redentor;
vives para Él solamente,
mueres al sonar la hora,
de su fúnebre quebranto.
Acógenos, etc...
Con Jesús y con María
formas el grupo más bello,
de la Trinidad destello,
de la Iglesia adoración.
Por eso el cristiano pueblo
te repite amable santo.
Acógenos, etc...
Tu Nombre es cada día
más glorioso y más amable,
que a poder tan admirable
no resiste el corazón.
Su providencia te nombra
Colombia que te ama tanto.
Acógenos, etc...
De tu pueblo la grey querida
no es la que menos te ama,
pues por patrón te reclama
y descansa en tu favor;
acoge su humilde ruego
y no desoigas su canto.
Acógenos, etc...
263
Oración Final
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra
tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima
esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.
Con aquella caridad que te tuvo unido con la Inmaculada
Virgen María, Madre de Dios, y por el paterno amor con que
abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que
vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre
adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras
necesidades. Protege, oh providentísimo Custodio de la
divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aleja
de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y
vicios.
Asístenos propicio desde el cielo, en esta lucha contra el
poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste de la
muerte la vida amenazada del Niño Jesús, así ahora defiende
a la Santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda
adversidad.
Y a cada uno de nosotros protégenos con tu constante
patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu
auxilio, podamos vivir y morir santamente y alcanzar en los
cielos la eterna bienaventuranza. Amén
Día Segundo
José veló por la unidad en el hogar
"Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre
a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se
quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que
estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le
buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no
encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió
que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo
264
sentado en medio de los maestros, escuchándolos y
preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos
por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron,
quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿Por qué
nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te
andábamos buscando.» Él les dijo: «Y ¿Por qué me buscaban?
¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero
ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con
ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre
conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.
Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante
Dios y ante los hombres." (Lc 2,42- 52)
Consideración
José superó las dificultades que, como en todo hogar, se le
presentaron. El amor a su esposa y a su hijo adoptivo
adquirió pleno sentido en su camino de fe. Por eso lo llevó al
templo, le enseñó a meditar las Escrituras y a orar a Dios en
lo secreto del corazón; a perdonar y a reconciliarse
continuamente. Así, José sostuvo la unidad de su hogar, y se
ha convertido con el paso de los siglos en protector y
custodio de los hogares.
“El Santo Patriarca contempla a la multitud de cristianos que
conformamos la Iglesia como confiados especialmente a su
265
cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra,
sobre la cual, puesto que es el esposo de María y el padre de
Jesucristo, conserva cierta paternal autoridad. Es, por tanto,
conveniente y sumamente digno del bienaventurado José
que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo
momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y
defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo.”.
(Quamquam pluries 3)
Oración
Señor Jesucristo, Tú que gozaste de la unidad del hogar de
Nazaret, por la dedicación de San José, mira nuestra
fragilidad y concédenos espíritu de fortaleza, amor y
concordia para mantener nuestros hogares unidos. Amén.
Práctica
Es hora de sentarse y, serenamente, dialogar sobre nuestras
fragilidades que ponen en riesgo la unidad de nuestro hogar,
para que cada uno asuma con humildad la actitud que
beneficie a todos. Nos puede ayudar, volver a meditar en las
cualidades de San José.
Día Tercero
José, reconciliado con su propia historia
"María, estaba desposada con José y, antes de empezar a
vivir juntos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.
Su marido José, como era justo y no quería ponerla en
evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía
planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños
y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a
María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu
Santo… Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del
Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer." (Mt 1,
18-20.24)
266
Consideración
Los acontecimientos se desencadenan sin que podamos tener
el control sobre todos. José lo vivió en carne propia, una
frustración personal y profunda: mirar su esposa a los ojos y
saber que esperaba un hijo sin intervención suya. Pero, en su
duda, se abrió a la gracia de Dios para reconciliarse con la
historia.
“José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que
acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge,
asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia
historia. Si no nos reconciliamos con nuestra historia, ni
siquiera podremos dar el paso siguiente, porque siempre
seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las
consiguientes decepciones. La vida espiritual de José no nos
muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Sólo a
partir de esta acogida, de esta reconciliación, podemos
también intuir una historia más grande, un significado más
profundo.” (Patris Corde 4)
La confianza en Dios se convierte en el eje del dinamismo de
la existencia de José. Conoce la historia de su pueblo y
recuerda que Dios no le ha fallado. La reconciliación con las
“frustraciones” en nuestra historia se anclan en una inmensa
confianza en los planes amorosos de Dios para con cada uno
de nosotros y todo nuestro pueblo: todos estamos en su
corazón.
Oración
Señor Jesucristo, Tú que bebiste el cáliz que hubieras
preferido se apartara de ti, infunde en nuestro corazón tal
confianza en la voluntad del Padre que, al igual que José, nos
reconciliemos con nuestra propia historia en la que reinará tu
amor. Amén.
267
Práctica
Traer a la memoria y al corazón aquel acontecimiento con el
cual aún no logramos reconciliarnos, simbolizado en una
palabra escrita y postrado ante el Señor, ofrecerlo a Dios para
recibir de Él la valentía que libera y restablece.
Día Cuarto
José y el arte de amar
"Les doy un mandamiento nuevo: Que se amen los unos a los
otros. Que, como yo los he amado, así se amen también
ustedes los unos a los otros. En esto conocerán todos que son
discípulos míos: si se aman los unos a los otros.»" (Jn 13, 34-
35)
Consideración
José aprendió a vivir su existencia con amor, como creyente.
Él escuchaba los sábados en la sinagoga: “Amarás al Señor Tu
Dios, y a tu prójimo como a ti mismo”, y también lo
experimentó en todo su ser. Para José, María fue el objeto de
su amor; ella fue su posible “reina”, si él llegase a gobernar.
Pero, descubrió que el camino de amor que Dios le trazó, lo
invitó a formar no solo un hogar para él, sino para toda la
humanidad. El afecto y los sentimientos no le fueron
suficientes, fue necesario que desarrollara el arte de amar,
como un don de Dios. Y amó al ver al amado de todos los
tiempos en su casa y se dejó amar por él y lo amó con todo
su ser.
“Jesús vio la ternura de Dios en José: «Como un padre siente
ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes
lo temen» (Sal 103,13).En la sinagoga, durante la oración de
los Salmos, José ciertamente habrá oído el eco de que el Dios
de Israel es un Dios de ternura, que es bueno para todos y «su
ternura alcanza a todas las criaturas» (Sal 145,9). La historia de
la salvación se cumple creyendo «contra toda esperanza» (Rm
4,18) a través de nuestras debilidades”. (Patris Corde 2)
268
El arte de amar requiere encuentro, transparencia, perdón,
entrega, gozo compartido; esto lo refleja la actitud de José en
medio de las dificultades de su hogar. Veamos el rostro de un
José enamorado de María, enternecido con Jesús, paciente
con el adolescente que se quedó en Jerusalén sin su
conocimiento. No sabemos hasta dónde José pudo reconocer
la realeza espiritual de su hijo. Por eso debió vivir un amor
lleno de humildad y decisión. José necesitó de una profunda
comunión con Dios para amar así. Por eso, nuestra oración
está llamada a ser más un encuentro amoroso que un
discurso; una mirada tierna más que unas manos que piden,
una confianza absoluta más que un reclamo de beneficios. Así
fue la oración de José, el hombre que había desarrollado las
artes de contemplar, amar y cuidar.
Oración
Infunde, Señor, tu espíritu en nuestros corazones, para que al
igual que José en su hogar de Nazaret, descubramos la
belleza del amor en el perdón, el servicio y la ternura. Amén.
Práctica
Será una bella y gozosa tarea: Hablar serenamente a nuestros
seres queridos, abrirles nuestro corazón y decirles que nuestro
anhelo es que nos una el amor continuamente.
Día Quinto
José y la sabiduría de obedecer
"El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal
ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que
podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud
reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció
experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se
convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le
obedecen”. (Hbr 5, 7-9)
269
Consideración
“En el segundo sueño el ángel ordenó a José: «Levántate,
toma contigo al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate
allí hasta que te diga, porque Herodes va a buscar al niño
para matarlo» (Mt 2,13). José no dudó en obedecer, sin
cuestionarse acerca de las dificultades que podía encontrar:
«Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a
Egipto, donde estuvo hasta la muerte de Herodes» (Mt 2,14-
15).
En Egipto, José esperó con confianza y paciencia el aviso
prometido por el ángel para regresar a su país. Y cuando en
un tercer sueño el mensajero divino, después de haberle
informado que los que intentaban matar al niño habían
muerto, le ordenó que se levantara, que tomase consigo al
niño y a su madre y que volviera a la tierra de Israel. Él una
vez más obedeció sin vacilar.
San Lucas, resalta que los padres de Jesús observaban todas
las prescripciones de la ley: Los ritos de la circuncisión de
Jesús, de la purificación de María después del parto, de la
presentación del primogénito a Dios. En cada circunstancia de
su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la
Anunciación y Jesús en Getsemaní. José, en su papel de
cabeza de familia, enseñó a Jesús a ser sumiso a sus padres,
según el mandamiento de Dios.
En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús
aprendió a hacer la voluntad del Padre. Incluso en el
momento más difícil de su vida, prefirió hacer la voluntad del
Padre y se hizo «obediente hasta la muerte […] de cruz».”
(Patris Corde 3)
Oración
Señor Jesucristo que nos enseñaste la bella oración del Padre
Nuestro, permite serenar nuestro corazón, para que esté en
270
capacidad de conocer y aceptar la voluntad del Padre sobre
toda nuestra existencia. Amén.
Práctica
Todos sabemos qué aspecto de nuestra existencia no está en
obediencia al plan de Dios. En oración presentémoslo y
digamos con Jesús: “que se haga tu voluntad y no la mía.”
Día Sexto
Serenidad y prudencia de José
"Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació
Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son:
desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde
David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones;
desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce
generaciones." (Mt 1,16-17)
Consideración
José pertenecía a la línea real de Israel y posiblemente era un
hombre destinado a reinar; sin embargo, comparte en
sencillez la vida de su pueblo, como un carpintero creyente.
Conserva el sueño de ver a Dios reinar en los corazones de
todos y anhela la justicia y la paz para su nación. Su
prudencia era manifestación de su confianza en Dios. Él sabía
que alguien de su estirpe reinaría, pero ignoraba que su
misión llegaría a ser educar al Rey definitivo de su pueblo y
de la humanidad. Indudablemente la prudencia lo había
preparado serenamente.
“La felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio,
sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre
la frustración, sino sólo la confianza. Su silencio persistente no
contempla quejas, sino gestos concretos de confianza. El
mundo necesita padres, rechaza a los amos (…) Toda
271
vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la
maduración del simple sacrificio.” (Patris Corde 7)
Es posible que en nuestros corazones también se alberguen
grandes deseos y expectativas, pero al igual que en José,
muchas veces son necesarias la serenidad y la prudencia. Así
podríamos descubrir el verdadero alcance de nuestra misión;
tal vez estar llamados, como José, a cuidar de la presencia del
Cristo que pueda reinar en aquellos que se nos han confiado:
hijos, estudiantes, parientes, fieles, nuevas generaciones. Sin
lugar a dudas, lo que cultivemos en ellos será fruto de lo que
la prudencia y la serenidad haya podido cultivar en nosotros.
Oración
Señor Jesucristo, tú que fuiste educado por la serenidad y la
prudencia de José, concédenos la docilidad de espíritu para
dejar aflorar en nuestros corazones las cualidades que dieron
armonía al hogar de Nazaret. Amén.
Práctica
Miraremos serenamente los ojos de una persona que se nos
haya confiado y permitiremos que nos interpele; le diremos
que estamos dispuestos a servir al Cristo que vive en ella.
272
Día Séptimo
La valentía creativa de José
“Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras, que te
asistió cuando hacías el mundo, y que sabe lo que es grato a
tus ojos y lo que es recto según tus preceptos. Mándala desde
tus santos cielos, y de tu trono de gloria envíala, para que me
asista en mis trabajos y venga yo a saber lo que te es grato.
Porque ella conoce y entiende todas las cosas, y me guiará
prudentemente en mis obras, y me guardará en su
esplendor.” (Sab 9,9-11)
Consideración
El silencio de José, su mansedumbre y docilidad, forjaron en
él una capacidad creativa, valiente y arriesgada. José corrió el
riesgo existencial de apostarlo todo, incluyendo su capacidad
creativa a favor de los planes de Dios. Su creatividad no se
mermó por la obediencia, al contrario, despejó el corazón de
sus propios egoísmos y le permitió ser dócil al Espíritu.
Inspirado y fortalecido en el cuidado de su familia, se
mantuvo fiel, como hombre de fe en Israel, y con la fuerza
espiritual que ilumina las mentes de quienes oran.
“José era el hombre por medio del cual Dios se ocupó de los
comienzos de la historia de la redención. Él era el verdadero
“milagro” con el que Dios salvó al Niño y a su madre. El cielo
intervino confiando en la valentía creadora de este hombre,
que cuando llegó a Belén y no encontró un lugar donde
María pudiera dar a luz, se instaló en un establo y lo arregló
hasta convertirlo en un lugar lo más acogedor posible para el
Hijo de Dios que venía al mundo (cf. Lc 2,6-7). Ante el
peligro inminente de Herodes, que quería matar al Niño,
José fue alertado una vez más en un sueño para protegerlo, y
en medio de la noche organizó la huida a Egipto. (…) Dios
siempre logra salvar lo que es importante, con la condición
de que tengamos la misma valentía creativa del carpintero de
273
Nazaret, que sabía transformar un problema en una
oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la
Providencia. Si a veces pareciera que Dios no nos ayuda, no
significa que nos haya abandonado, sino que confía en
nosotros, en lo que podemos planear, inventar,
encontrar.”(Patris corde 5)
Oración
Señor Jesucristo, tú que todo lo haces nuevo; concédenos tu
Espíritu, para que, al igual que José, renovemos el modo de
servir a nuestros hermanos. Amén.
Práctica
Propóngase, a nivel personal y familiar, un modo nuevo y
creativo de vivir algún aspecto de la fe cristiana, por ejemplo
la forma de orar o de servir en casa.
Día Octavo
José y el arte de contemplar a Dios
"El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
«Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a
Egipto; y quédate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes
va a buscar al niño para matarle.» Él se levantó, tomó de
noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;" (Mt 2,13-14)
Consideración
José probablemente pertenecía a un círculo de tradición
espiritual (su esposa, María, era pariente de Isabel, esposa del
sacerdote Zacarías, y su hijo Juan Bautista, hombre del
desierto, tal vez vivió en comunión con una comunidad de
profunda espiritualidad: los esenios). Una vida de fe y
espiritualidad prepara el corazón para escuchar la voz del
Señor. Los cuatro sueños de José, narrados en el Evangelio,
hablan de la capacidad interior propia de quienes saben el
significado profundo del salmo 1: “En la ley del Señor está su
274
deleite, y en su ley medita de día y de noche”. José era un
hombre de silencio, de oración contemplativa; su alma estaba
siempre dispuesta a la voz del Señor.
“El sueño es un lugar privilegiado para buscar la verdad…
Además de que también Dios habla en los sueños, si bien no
siempre, pero Dios muchas veces eligió hablar en los sueños,
tal como se lee en la Biblia. Y así lo hizo con José que era el
hombre de los sueños, pero no era un soñador… (Papa
Francisco, homilías)
Quien ora, en silencio, abandonando sus propios planes,
abierto a la voluntad de Dios, -que muchas veces nos
desconcierta-, podrá comprender la disposición continua de
José. Necesitamos más familias que enriquezcan su tradición
espiritual, esa que se inicia en el bautismo y se alimenta con
los sacramentos; que comparten la Palabra de Dios en el
hogar; que saben hacer oración en silencio; y que disciernen
lo que resuena en los corazones. Como los sueños de José,
los planes surgen en la oración.
275
Oración
Señor Jesucristo, tú que subías continuamente al monte y
pasabas la noche en oración, abierto en silencio a la voz del
Padre, danos tu Espíritu para que en actitud contemplativa de
adoración, nos abramos a los designios de su voluntad. Amén
Práctica
Establecer diariamente un momento de silencio interior para
examinar si aquello que mueve nuestra vida cada día son solo
los deseos o la experiencia amorosa de Dios.
Día Noveno
Nuestra devoción a san José
“Acuérdense de sus superiores que les expusieron la palabra
de Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, imiten
su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre.”
(Hbr 13, 7-8).
Consideración
En pleno siglo XXI cobra gran sentido la devoción a san José.
Una devoción que nos lleva a la meditación sobre nuestro
estilo de vida, en medio de un mundo marcado por el
individualismo, el hedonismo, la fractura de los hogares y la
necesidad de protección a causa de la pandemia. San José
emerge en el Evangelio como un rostro decidido, amoroso y
protector.
El hombre que supo desarrollar el arte de cuidar a aquellos
que Dios le confió, nos anima al gozo del cuidado mutuo. El
hombre que creció en el arte de amar a María y a su Hijo
adoptivo, nos muestra al Maestro, Jesús de Nazaret, como
amor hasta la cruz. El hombre que sabía contemplar a Dios en
medio de su trabajo, de la creación y de la cotidianidad, nos
despierta el anhelo de una oración más profunda y silenciosa,
a solas y en familia.
276
Una auténtica devoción a San José, a la vez que nos enseña a
confiar en la Voluntad de Dios, nos impulsa al trabajo
creativo, perseverante y alegre en medio de un mundo que
suele presentarse como oscuro y confuso.
No le pedimos a San José, lo miramos e imitamos su fe; no
esperamos sus milagros, “él era el milagro” como dice el papa
Francisco; no lo reducimos a una imagen, lo reconocemos
como el rostro muchas veces desconocido del Evangelio,
profundamente humano, cercano y digno de imitar.
Oración
Padre nuestro, que confiaste los primeros misterios de la
salvación de los hombres a la fiel custodia de San José, haz
que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los
lleve a plenitud en su misión salvadora. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Práctica
En la fiesta de San José preparar y compartir una cena, con la
presencia y participación de todos los miembros del hogar. Al
bendecir la mesa invocar la intercesión de san José para que
nunca falte el pan de cada día.
277
Oración para todos los días
Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los
hombres, que les diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor
para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen,
naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en
nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan
soberano beneficio. En torno a él te ofrezco la pobreza,
humildad y demás virtudes de tu hijo humanado;
suplicándote por sus divinos méritos, por las incomodidades
con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en su
pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad
profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo
lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su
cuna y more eternamente. Amén.
Oración a la Santísima Virgen
Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente
por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera por
madre suya, te suplico que tú misma prepares y dispongas mi
alma, y la de todos los que en este tiempo hagan esta
novena, para el nacimiento espiritual de tu adorado Hijo.
¡Oh dulcísima Madre! Comunícame algo del profundo
recogimiento y divina ternura con la que guardaste tú, para
que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle
por toda la eternidad. Amén.
Oración a San José
¡Oh Santísimo San José! Esposo de María y padre adoptivo
de Jesús. Infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para
tan altos ministerios y te adornó con todos los dones
278
proporcionados a tan excelente grandeza. Te ruego, por el
amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos
deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su
divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén
Gozos
Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Oh sapiencia suma del Dios soberano,
que al nivel de un niño te hayas rebajado!
¡Oh Divino Niño, ven para enseñarnos
la prudencia que hace verdaderos sabios!
¡Ven a nuestras…
¡Oh, Adonaí potente que, a Moisés hablando,
de Israel al pueblo diste los mandatos!
¡Ah! ven prontamente para rescatarnos.
¡Y que un niño débil muestre fuerte brazo!
¡Ven a nuestras…
¡Oh raíz sagrada de Jesé, que en lo alto
presentan al orbe tu fragante nardo!
¡Dulcísimo Niño que has sido llamado
lirio de los valles bella flor del campo!
¡Ven a nuestras…
¡Llave de David que abre al desterrado
las cerradas puertas del regio palacio!
¡Sácanos, Oh Niño, con tu blanda mano,
de la cárcel triste que labró el pecado!
¡Ven a nuestras…
¡Oh lumbre de Oriente sol de eternos rayos,
que entre las tinieblas tu esplendor veamos!
¡Niño tan preciado, dicha del cristiano,
luzca la sonrisa de tus dulces labios!
¡Ven a nuestras…
279
¡Espejo sin mancha Santo de los santos,
sin igual imagen del Dios soberano!
¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado
y, en forma de Niño da al mísero amparo!
¡Ven a nuestras…
¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro,
de Israel anhelo, pastor del rebaño!
¡Niño que apacientas con suave cayado
ya la oveja arisca, ya el cordero manso!
¡Ven a nuestras…
¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto
bienhechor rocío, como riego santo!
¡Ven hermoso Niño! Ven Dios humanado
luce, hermosa estrella, brota flor del campo.
¡Ven a nuestras…
Ven que ya María previene sus brazos
do su niño vean, en tiempo cercano!
¡Ven, que ya José, con anhelo sacro,
se dispone a hacerse de tu amor sagrario!
¡Ven a nuestras…
¡Del débil auxilio del doliente amparo,
consuelo del triste, luz del desterrado!
¡Vida de mi vida, mi dueño adorado,
mi constante amigo, mi divino hermano!
¡Ven a nuestras…
¡Ven ante mis ojos, de ti enamorados!
¡Bese ya tus plantes! ¡Bese ya tus manos!
¡Prosternado en tierra te tiendo los brazos,
y aún más que mis frases, te dice mi llanto!
¡Ven a nuestras…
Ven, Salvador nuestro,
por quien suspiramos,
Oración al Niño Jesús
Acuérdate ¡Oh dulcísimo Niño Jesús! Que dijiste a la
Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona
280
suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras
para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo
lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y
nada te será negado.” Llenos de confianza en ti ¡Oh Jesús,
que eres la misma verdad! Venimos a exponerte toda nuestra
miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una
eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos de tu
encarnación y de tu infancia, la gracia de la cual necesitamos
tanto. Nos entregamos a ti ¡Oh Niño omnipotente! Seguros
de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en
virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharas
favorablemente nuestra súplica. Amén.
Día primero
(16 de Diciembre)
En el principio de los tiempos el Verbo reposaba en el seno
de su Padre en lo más alto de los cielos: Allí era la causa, a la
par que el modelo de toda creación. En esas profundidades
de una incalculable eternidad permanecía el Niño de Belén.
Allí es donde debemos datar la genealogía del Eterno que no
tiene antepasados, y contemplan la vida de complacencia
infinita que allí llevaba.
La vida del Verbo Eterno en el seno de su Padre era una vida
maravillosa y sin embargo, misterio sublime, busca otra
morada en una mansión creada. No era porque en su
mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad sino porque
su misericordia infinita anhelaba la redención y la salvación
del género humano, que sin Él no podría verificarse.
El pecado de Adán había ofendido a un Dios y esa ofensa
infinita no podría ser condonada sino por los méritos del
mismo Dios. La raza de Adán había desobedecido y merecido
un castigo eterno; era pues, necesario para salvarla y
satisfacer su culpa que Dios, sin dejar el cielo, tomase la forma
281
del hombre sobre la tierra y con la obediencia a los designios
de su Padre, expiase aquella desobediencia, ingratitud y
rebeldía.
Era necesario en las miras de su amor que tomase la forma,
las debilidades e ignorancia sistemática del hombre, que
creciese para darle crecimiento espiritual; que sufriese, para
morir a sus pasiones y a su orgullo y por eso el Verbo Eterno
ardiendo en deseos de salvar al hombre resolvió hacerse
hombre también y así redimir al culpable.
Día Segundo
(17 de Diciembre)
El Verbo eterno se halla a punto de tomar su naturaleza
creada en la santa casa de Nazaret en donde moraban María
y José. Cuando la sombra del secreto divino vino a deslizarse
sobre ella, María estaba sola engolfada en la oración. Pasaba
las silenciosas horas de la noche en la unión más estrecha con
Dios y mientras oraba, el Verbo tomó posesión de su morada
creada.
Sin embargo, no llegó inopinadamente; antes de presentarse
envió un mensajero, que fue el Arcángel San Gabriel, para
pedir a María de parte de Dios su consentimiento para la
encarnación. El Creador no quiso efectuar este gran misterio
sin la aquiescencia de su criatura. Aquel momento fue muy
solemne. Era potestativo en María el rehusar... ¡Con qué
adorables delicias, con qué inefables complacencias
aguardaría la Santísima Trinidad a que María abriese los
labios y pronunciase el Sí que debió ser suave melodía para
sus oídos, y con el cual se conformaba su profunda humildad
a la omnipotente voluntad divina!
La Virgen Inmaculada ha dado su asentimiento. El Arcángel
ha desaparecido. Dios se ha revestido de una naturaleza
creada; la voluntad eterna está cumplida y la creación
282
completa. El Verbo se ha hecho carne, y aunque todavía
invisible para el mundo, habita ya entre los hombres que su
inmenso amor ha venido a rescatar.
Día Tercero
(18 de Diciembre)
Así había comenzado su vida encarnada el Niño Jesús.
Consideremos el alma gloriosa y el Santo Cuerpo que había
tomado, adorándolos profundamente. Admirando en primer
lugar el alma de ese divino Niño, consideremos en ella la
plenitud de su ciencia beatífica, por la cual desde el primer
momento de su vida vio la divina esencia más claramente
que todos los ángeles y leyó lo pasado y lo porvenir con
todos sus arcanos y conocimientos.
Del alma del Niño Jesús pasamos ahora a su cuerpo, que era
un mundo de maravillas, una obra maestra de la mano de
Dios. Quiso que fuese pequeño y débil como el de todos los
niños y sujeto a todas las incomodidades de la infancia, para
asemejarse más a nosotros y participar en nuestras
humillaciones. La belleza de este cuerpo del Divino Niño fue
superior a cuanto se ha imaginado jamás, y la divina sangre
que por sus venas empezó a circular desde el momento de su
Encarnación, es la que lavó todas las manchas del mundo
culpable. Pidámosle que lave las nuestras en el sacramento de
la penitencia para que el día de su dichosa Navidad nos
encuentre purificados, perdonados y dispuestos a recibirle
con amor y provecho espiritual.
Día Cuarto
(19 de Diciembre)
Desde el seno de su Madre comenzó el Niño Jesús a poner en
práctica su eterna sumisión a Dios, que continuó sin la menor
interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno
Padre, le amaba, se sometía a su voluntad; aceptaba con
283
resignación toda su debilidad, toda su humillación, todas sus
incomodidades. ¿Quién de nosotros quisiera retroceder a un
estado semejante con el pleno goce de la razón y de la
reflexión? Por ahí entró el Divino Niño en su dolorosa y
humillante carrera; así empezó a anonadarse delante de su
Padre; a enseñarnos lo que Dios merece por parte de su
criatura; a expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros
pecados.
¿Deseamos hacer una verdadera oración? Empecemos por
formarnos de ella una exacta idea, contemplado al Niño en
el seno de su Madre. El Divino Niño ora y ora del modo más
excelente. Su mismo estado, lo acepta con la intención de
honrar a Dios, en su oración y en ese estado expresa
altamente todo lo que Dios merece, y de qué modo quiere
ser adorado por nosotros. Unámonos a las adoraciones del
Niño Dios en el seno de María; unámonos a su profundo
abatimiento, y sea éste el primer efecto de nuestro sacrificio a
Dios. Desaparezcamos a nuestros propios ojos, y que Dios sea
todo para nosotros.
Día Quinto
(20 de Diciembre)
Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús en el seno
de su purísima Madre; veamos hoy la vida que lleva también
María durante el mismo espacio de tiempo. María no cesaba
de aspirar el momento en que gozaría de esa visión beatífica
terrestre, la faz de Dios encarnado. Estaba a punto de ver
aquella faz humana que debía iluminar el cielo durante toda
la eternidad. Iba a leer el amor filial en aquellos mismos ojos
cuyos rayos debería esparcir para siempre la felicidad en
millones de elegidos. Iba a verle en la ignorancia aparente de
la infancia, en los encantos particulares de la juventud y en la
serenidad reflexiva de la edad madura.
284
¡Tal era la vida de expectativa de María! Era inaudita en sí
misma, mas no por eso dejaba de ser el tipo magnífico de
toda vida cristiana. No nos contentemos con admirar a Jesús
residiendo en María, sino pensamos que en nosotros también
reside por esencia, potencia y presencia.
Día Sexto
(21 de Diciembre)
Jesús había sido concebido en Nazaret, domicilio de José y
María, y allí era de creerse que había de nacer, según todas
las probabilidades. Más Dios lo tenía dispuesto de otra
manera, y los profetas habían anunciado que el Mesías
nacería en Belén de Judá, ciudad de David. Para que se
cumpliese esta predicción, Dios se sirvió de un medio que no
parecía tener ninguna relación con este objeto, a saber: La
orden dada por el emperador Augusto de que todos los
súbditos del imperio romano se empadronasen en el lugar de
donde eran originarios.
María y José como descendientes que eran de David, estaban
obligados a ir a Belén. No ignoraba Jesús en qué lugar debía
nacer y así inspira a sus padres que se entreguen a la
Providencia, y que de esta manera concurran a la ejecución
de sus designios. Almas interiores, observen este manejo del
Divino Niño, porque es el más importante de la vida
espiritual: aprendan que el que se haya entregado a Dios ya
no ha de pertenecer a sí mismo, ni ha de querer si no lo que
Dios quiera para él.
Día Séptimo
(22 de Diciembre)
Representémonos el viaje de María y José hacia Belén,
llevando consigo aún no nacido, al creador del universo,
hecho hombre. Contemplemos la humildad y la obediencia
de ese Divino Niño, que aunque de raza judía y habiendo
285
amado durante siglos a su pueblo con una predilección
inexplicable obedece así a un príncipe extranjero que forma
el censo de población de su provincia, como si hubiera para
él en esa circunstancia algo que le halagase, y quisiera
apresurarse a aprovechar la ocasión de hacerse empadronar
oficial y auténticamente como súbdito en el momento en que
venía al mundo.
El anhelo de José, la expectativa de María son cosas que no
puede expresar el lenguaje humano. El Padre Eterno se halla,
si nos es lícito emplear esta expresión, adorablemente
impaciente por dar a su hijo único al mundo y verle ocupar
su puesto entre las criaturas visibles. El Espíritu Santo arde en
deseos de presentar a la luz del día esa santa humanidad, que
él mismo ha formado con divino esmero.
Día Octavo
(23 de Diciembre)
Llegan a Belén José y María buscando hospedaje en los
mesones, pero no encuentran, ya por hallarse todos
ocupados, ya porque se les deshace a causa de su pobreza.
Empero, nada puede turbar la paz interior de los que están
fijos en Dios. Si José experimentaba tristeza cuando era
rechazado de casa en casa, porque pensaba en María y en el
Niño, se sonreía también con santa tranquilidad cuando
fijaba la mirada en su casta esposa.
El ruido de cada puerta que se cerraba ante ellos era una
dulce melodía para sus oídos. Eso era lo que había venido a
buscar. El deseo de esas humillaciones era lo que había
contribuido a hacerle tomar la forma humana. ¡Oh Divino
Niño de Belén! Estos días que tantos han pasado en fiestas y
diversiones o descansando muellemente en cómodas y ricas
mansiones, ha sido para tus padres un día de fatiga y
vejaciones de toda clase.
286
¡Ay! El espíritu de Belén es el de un mundo que ha olvidado a
Dios. ¡Cuántas veces no ha sido también el nuestro! Se pone
el sol el 24 de diciembre detrás de los tejados de Belén y sus
últimos rayos doran la cima de las rocas escarpadas que lo
rodean. Hombres groseros, codean rudamente al Señor en las
calles de aquella aldea oriental y cierran sus puertas al ver a
su Madre. La bóveda de los cielos aparece purpurina por
encima de aquellas colinas frecuentadas por los pastores. Las
estrellas van apareciendo unas tras otras. Algunas horas más y
aparecerá el Verbo Eterno.
Día Noveno
(24 de Diciembre)
La noche ha cerrado del todo en las campiñas de Belén.
Desechados por los hombres y viéndose sin abrigo, María y
José han salido de la inhospitalaria población, y se han
refugiado en una gruta que se encontraba al pie de la colina.
Seguía a la Reina de los Ángeles el jumento que le había
servido de cabalgadura durante el viaje y en aquella cueva
hallaron un manso buey, dejado ahí probablemente por
alguno de los caminantes que había ido a buscar hospedaje
en la ciudad. El Divino Niño, desconocido por sus criaturas va
a tener que acudir a los irracionales para que calienten con su
tibio aliento la atmósfera helada de esa noche de invierno, y
le manifiesten con esto su humilde actitud, el respeto y la
adoración que le había negado Belén.
La rojiza linterna que José tenía en la mano iluminaba
tenuemente ese pobrísimo recinto, ese pesebre lleno de paja
que es figura profética de las maravillas del altar y de la
íntima y prodigiosa unión eucarística que Jesús ha de contraer
con los hombres. María está en adoración en medio de la
gruta, y así van pasando silenciosamente las horas de esa
noche llena de misterios. Pero ha llegado la media noche y de
repente vemos dentro de ese pesebre antes vacío, al Divino
Niño esperado, vaticinado, deseado durante cuatro mil años
287
con tan inefables anhelos. A sus pies se postra su Santísima
Madre en los transporte de una adoración de la cual nada
puede dar idea. José también se le acerca y le rinde el
homenaje con que inaugura su misterioso e imperturbable
oficio de padre putativo del redentor de los hombres.
La multitud de ángeles que descienden del cielo a contemplar
esa maravilla sin par, deja estallar su alegría y hace vibrar en
los aires las armonías de esa “Gloria in Excelsis”, que es el eco
de adoración que se produce en torno al trono del Altísimo
hecha perceptible por un instante a los oídos de la pobre
tierra. Convocados por ellos, vienen en tropel los pastores de
la comarca a adorar al “recién nacido” y a prestarle sus
humildes ofrendas.
Ya brilla en Oriente la misteriosa estrella de Jacob; y ya se
pone en marcha hacia Belén la caravana espléndida de los
Reyes Magos, que dentro de pocos días vendrán a depositar
a los pies del Divino Niño el oro, el incienso y la mirra, que
son símbolos de la caridad, de la oración y de la
mortificación.
¡Oh, adorable Niño! Nosotros también los que hemos hecho
esta novena para prepararnos al día de tu Navidad,
queremos ofrecerte nuestra pobre adoración; no la rechaces,
ven a nuestras almas, ven a
nuestros corazones llenos de
amor. Enciende en ellos la
devoción a tu Santa Infancia, no
intermitente y sólo circunscrita al
tiempo de tu Navidad sino
siempre y en todos los tiempos;
devoción que fiel y celosamente
propagada nos conduzca a la
vida eterna, librándonos del
pecado y sembrando en nosotros
todas las virtudes cristianas.
288
ÍNDICE
NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN ............................. 1
PRIMERA VERSIÓN ................................................................... 1
Oración para todos los días ............................................ 1
Día Primero ................................................................... 2
Gozos ............................................................................ 5
Oración Final................................................................. 7
Día Segundo ................................................................. 10
Día Tercero .................................................................. 11
Día Cuarto .................................................................... 13
Día Quinto ................................................................... 14
Día sexto ...................................................................... 16
Día séptimo .................................................................. 18
Día Octavo .................................................................. 20
Día Noveno................................................................. 22
SEGUNDA VERSIÓN ............................................................... 25
Oración para todos los días ......................................... 25
Día Primero ................................................................. 26
Gozos .......................................................................... 27
Oración Final............................................................... 29
Día Segundo ................................................................ 29
Día Tercero ................................................................. 30
Día Cuarto .................................................................... 31
Día Quinto ................................................................... 31
Día sexto ..................................................................... 32
Día séptimo ................................................................. 32
Día Octavo .................................................................. 33
289
Día Noveno................................................................. 33
NOVENA A NUESTRA MADRE SANTA BEATRIZ ....................... 35
PRIMERA VERSIÓN ................................................................ 35
Oración para todos los días ......................................... 35
Día Primero ................................................................. 35
Primeros Gozos ........................................................... 38
Segundos Gozos .......................................................... 40
Oración Final............................................................... 43
Día Segundo ................................................................ 43
Día Tercero ................................................................. 45
Día Cuarto ................................................................... 47
Día Quinto .................................................................. 50
Día Sexto ...................................................................... 51
Día Séptimo ................................................................. 53
Día Octavo .................................................................. 56
Día Noveno................................................................. 58
SEGUNDA VERSIÓN ................................................................ 61
Oración para todos los días .......................................... 61
Día Primero .................................................................. 61
Gozos .......................................................................... 64
Oración Final............................................................... 67
Día Segundo ................................................................ 68
Día Tercero .................................................................. 71
Día Cuarto ................................................................... 74
Día Quinto .................................................................. 77
Día Sexto ..................................................................... 80
Día Séptimo ................................................................. 83
290
Día Octavo .................................................................. 86
Día Noveno................................................................. 89
NOVENA AL SERAFÍCO PADRE SAN FRANCISCO DE ASÍS ........ 93
PRIMERA VERSIÓN ................................................................ 93
Preparación para todos los días ................................... 93
Día Primero ................................................................. 94
Oración para todos los días ......................................... 95
Primeros Gozos ........................................................... 97
Segundos Gozos ......................................................... 100
Terceros Gozos ........................................................... 102
Salve para todos los días ............................................. 105
Día Segundo ............................................................... 106
Día Tercero ................................................................ 107
Día Cuarto .................................................................. 108
Día Quinto ................................................................. 108
Día Sexto .................................................................... 109
Día Séptimo ................................................................ 110
Día Octavo ................................................................. 112
Día Noveno................................................................ 113
SEGUNDA VERSIÓN ............................................................... 115
Oración para todos los días ........................................ 115
Día Primero ................................................................ 115
Gozos ......................................................................... 118
Oración ...................................................................... 120
Día Segundo ............................................................... 120
Día Tercero ................................................................ 122
Día Cuarto .................................................................. 125
291
Día Quinto ................................................................. 128
Día Sexto .................................................................... 132
Día Séptimo ................................................................ 134
Día Octavo ................................................................. 137
Día Noveno................................................................ 140
NOVENA AL ESPÍRITU SANTO ................................................. 143
Oración a Jesús Crucificado .................................................... 143
Oración Preparatoria .............................................................. 143
Día primero ............................................................................ 144
Oración Final.............................................................. 145
Gozos ......................................................................... 146
Día segundo ........................................................................... 148
Día Tercero ............................................................................ 149
Día Cuarto .............................................................................. 151
Día Quinto ............................................................................. 152
Día Sexto ................................................................................ 153
Día Séptimo............................................................................ 155
Día Octavo............................................................................. 156
Día Noveno ........................................................................... 157
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES .......................... 159
Acto de Contrición ................................................................. 159
Día Primero ................................................................ 160
Gozos ......................................................................... 163
Día Segundo ............................................................... 166
Día Tercero ................................................................ 168
Día Cuarto .................................................................. 171
Día Quinto ................................................................. 174
292
Día Sexto .................................................................... 177
Día Séptimo ................................................................ 181
Día Octavo ................................................................. 185
Día Noveno................................................................ 188
NOVENA A LA NIÑA MARÍA .................................................... 193
¿Dónde nació María?.............................................................. 193
Oración para todos los días .................................................... 194
Día primero ................................................................ 194
Gozos ......................................................................... 195
Oración Final.............................................................. 196
Día Segundo ............................................................... 197
Día Tercero ................................................................ 198
Día Cuarto .................................................................. 199
Día Quinto ................................................................. 201
Día Sexto ................................................................... 202
Día Séptimo ............................................................... 203
Día Octavo ................................................................ 204
Día Noveno............................................................... 205
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL SOCORRO ..................... 207
Introducción .......................................................................... 207
Oración para todos los días ................................................... 207
Día primero ............................................................... 208
Gozos ........................................................................ 208
Oración Final............................................................. 209
Invocación .................................................................. 210
Día Segundo ............................................................... 211
Día Tercero ................................................................ 211
293
Día Cuarto .................................................................. 212
Día Quinto ................................................................. 213
Día Sexto .................................................................... 213
Día Séptimo ................................................................ 214
Día Octavo ................................................................. 215
Día Noveno................................................................ 215
NOVENA AL SEÑOR DE LA MISERICORDIA ............................. 217
Coronilla ................................................................................ 217
Día Primero ................................................................ 218
Día Segundo ............................................................... 218
Día Tercero ................................................................ 219
Día Cuarto ................................................................. 220
Día Quinto ................................................................. 221
Día Sexto ................................................................... 222
Día Séptimo ............................................................... 223
Día Octavo ................................................................ 224
Día Noveno............................................................... 225
NOVENA A LA VIRGEN DEL OLVIDO ...................................... 227
Acto de Contrición ................................................................ 227
Oración para todos los días ................................................... 227
Día primero ............................................................... 229
Gozos ......................................................................... 231
Letanías a la Virgen del Olvido .................................. 234
Oración Final............................................................. 236
Día Segundo .............................................................. 238
Día Tercero ................................................................ 241
Día Cuarto ................................................................. 244
294
Día Quinto ................................................................ 246
Día Sexto ................................................................... 248
Día Séptimo ................................................................ 251
Día Octavo ................................................................ 253
Día Noveno............................................................... 256
NOVENA A SAN JOSÉ .............................................................. 259
Preparación para todos los días ............................................. 259
Día primero ............................................................... 259
Gozos ......................................................................... 261
Oración Final............................................................. 263
Día Segundo .............................................................. 263
Día Tercero ............................................................... 265
Día Cuarto ................................................................. 267
Día Quinto ................................................................ 268
Día Sexto ................................................................... 270
Día Séptimo ............................................................... 272
Día Octavo ................................................................ 273
Día Noveno............................................................... 275
NOVENA DE NAVIDAD ........................................................... 277
Oración para todos los días ................................................... 277
Oración a la Santísima Virgen ................................................ 277
Oración a San José ................................................................ 277
Gozos ........................................................................ 278
Oración al Niño Jesús ............................................................ 279
Día primero ............................................................... 280
Día Segundo ............................................................... 281
Día Tercero ............................................................... 282
295
Día Cuarto ................................................................. 282
Día Quinto ................................................................ 283
Día Sexto ................................................................... 284
Día Séptimo ............................................................... 284
Día Octavo ................................................................ 285
Día Noveno............................................................... 286
296
Aprobaciones
Novena de San Francisco de Asís 1ra versión
Gobierno eclesiástico, Bogotá, Abril 16 de 1943
Puede imprimirse,
✠ Luis Andrade V., OFM
Vic. Gen.
Novena al Espíritu Santo
Puede imprimirse,
✠ Manuel José,
Arzobispo de Medellín.
Eladio J. Jaramillo, Secretario.
Novena a la Virgen de Lourdes
Gobierno eclesiástico, Tunja, 6 de Septiembre de 1893
Puede imprimirse,
✠ José Benigno
Obispo de Tunja
Reimprímase
✠ Antonio Vicente
Obispo del Socorro
Novena a la Niña María
Puede imprimirse,
✠ Juan Manuel
Arzobispo Coadjutor de Bogotá
Novena a la Virgen del Socorro
Puede Reimprimirse,
✠ Jesús Martínez Vargas
Vic. Gral.