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Biografía y Poemas de Unamuno

Una revista de poesía dirigida por mujeres. Un programa de televisión realizado por mujeres. Los poetas del Grupo Cero realizamos un trabajo de difusión de la obra de los más grandes poetas de la historia, seguimos el trabajo emprendido en 1981 cuando se funda la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero y que, a través de las revistas que componen su historia, continúa acercando la poesía a todas las clases sociales. Una idea original de Miguel Oscar Menassa www.poesiamaspoesia.com
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Biografía y Poemas de Unamuno

Una revista de poesía dirigida por mujeres. Un programa de televisión realizado por mujeres. Los poetas del Grupo Cero realizamos un trabajo de difusión de la obra de los más grandes poetas de la historia, seguimos el trabajo emprendido en 1981 cuando se funda la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero y que, a través de las revistas que componen su historia, continúa acercando la poesía a todas las clases sociales. Una idea original de Miguel Oscar Menassa www.poesiamaspoesia.com
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ÍNDICE

1. BIOGRAFÍA ..................................................................................................... 3
1.1. De la profusión. De Soliloquios y Conversaciones .................................... 9
2. POEMAS ........................................................................................................ 19
2.1 Credo Poético ........................................................................................ 19
2.2 Leer, leer, leer, vivir la vida ................................................................... 20
2.3 Me destierro a la memoria ..................................................................... 21
2.4 Cancionero 242 ..................................................................................... 21
2.5 Cancionero 99 ....................................................................................... 22
2.6 Cancionero 68 ....................................................................................... 23
2.7 Cancionero 97 ....................................................................................... 24
2.8 Cancionero 307 ..................................................................................... 25
2.9 De la profusión. De Soliloquios y Conversaciones ............................... 26
2.10 A mi Buitre .......................................................................................... 27
2.11 Castilla ................................................................................................ 27
2.12 Dolor Común ...................................................................................... 28
2.13 Junto a la laguna del Cristo en la aldehuela de ................................. 29
2.14 La oración del ateo ............................................................................. 29
2.15 Nuestro secreto .................................................................................. 30
2.16 Pasásteis como pasan por el roble .................................................... 30
2.17 El cuerpo canta .................................................................................. 32
2.18 La sangre de mi espíritu ..................................................................... 32
2.19 Ay, triste España de Caín................................................................... 33

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1. BIOGRAFÍA

Miguel de Unamuno y Jugo nació el 29 de septiembre de 1864 en Bilbao, ciudad que le


vio nacer y en la que pasó su infancia y su adolescencia. Fue en Salamanca donde
estableció su hogar, donde permaneció de forma casi ininterrumpida el resto de su vida,
y donde murió la tarde del último día del año 1936, después de una intensa vida social,
política, académica e de poeta.

El padre de Unamuno, Félix de Unamuno se casó con su sobrina Salomé de Jugo con la
que tuvo seis hijos de los que Miguel fue el tercero y el primer varón. Su padre era
comerciante y la situación económica de la familia Unamuno era desahogada hasta su
muerte en 1870, cuando Miguel tenía seis años. La muerte de su padre “condenaría a la
familia a una vida austera, de apuros económicos”. Su padre, antes de establecerse
definitivamente en Bilbao, había emigrado a Méjico y había amasado una pequeña
fortuna de la que disfrutaba su familia. Además, el padre a su regreso trajo consigo una
pequeña biblioteca que fue el primer contacto del pequeño Miguel con los libros, entre
los que había de Historia, Derecho, Filosofía, Ciencias Sociales y Ciencias Generales.
Con nueve años, estalló la Segunda Guerra Carlista cuando se dispone a tomar su
primera comunión, y casi sin saberlo, cobra también conciencia del hecho de la guerra
civil”.
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Unamuno lo consideró “como el primer hecho significativo en su vida: la explosión, el 21
de febrero de 1874, sobre uno de los tejados cercanos a su casa, de una bomba carlista”.
En el bachillerato Unamuno estudió latín, geografía, historia, retórica, álgebra, aritmética,
psicología, lógica, ética, etc. En el tercer curso de bachillerato fue cuando Miguel
comenzó sus lecturas filosóficas. Por obligación de su profesor debían leer a Balmes y a
Donoso Cortés, pero estos autores no satisfacían las inquietudes de Unamuno y
comenzó a leer a Kant, Descartes, Hegel, Fichte y Newton, entre otros. Las lecturas de
estos autores, de los libros de la pequeña biblioteca que dejó su padre y su propia
inquietud intelectual, fueron poniendo las bases del trabajo de Unamuno como literato y
pensador.
El viejo Bilbao de las siete calles, del que dice Unamuno en su obra De mi país que fue
“mi mundo, mi verdadero mundo, la placenta de mi espíritu embrionario, el que fraguó la
roca sobre que mi visión del universo posa”, y que retrató magistralmente en su primera
novela Paz en la guerra (1897).
Unamuno terminó el bachillerato y partió hacia Madrid en 1880 para comenzar sus
estudios universitarios, la carrera de Filosofía y Letras. Madrid fue otra de las ciudades
que dejaron huella en Don Miguel. Completó su carrera en Madrid y este fue el único
periodo de su vida en el que Unamuno permaneció durante largo tiempo en la capital.
Unamuno nunca accedió a asentarse en Madrid a pesar de que, incluso su amigo José
Ortega y Gasset, siempre quiso que Unamuno estuviera en Madrid y optara a una cátedra
en la corte. En sus años universitarios Unamuno aprendió alemán leyendo a Hegel y a
Goethe en el Ateneo de Madrid. En este año de 1880 publicó su primer artículo
periodístico titulado “La unión hace la fuerza” que apareció en El noticiero bilbaíno. La
experiencia de Unamuno en la capital también fue decisiva en su vida por otro importante
motivo, pues fue allí donde Unamuno dejó de acudir a misa.

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Advierte la importancia de la cultura anglosajona, centroeuropea y nórdica y sigue de
cerca la literatura en lengua inglesa e italiana, cuando en España, las mejores cabezas
son apenas tributarias y esclavas de la cultura francesa mal digerida. Y no es que
desconozca esta cultura, simplemente la sitúa en su lugar entre otras igualmente
importantes y trata con ella de poder a poder. Su dominio del griego y del latín clásicos.
Como del árabe, hebreo y sánscrito, evidente en sus trabajos de lingüística, se une al
perfecto manejo del francés, inglés, alemán, italiano, danés, portugués, gallego, catalán
y aun del griego moderno y el milenario vascuence, que con su insuperable dominio del
castellano más vivo le abren todas las puertas de la cultura universal.
Es uno de los hombres más culto de su época.
En 1883 hizo su examen de licenciatura, acabó la carrera y en 1884 se doctoró con una
tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. Cuando
leyó su tesis regresó a Bilbao el mismo año. La principal ocupación de Unamuno a su
regreso a Bilbao fue la preparación de oposiciones. En esta época en su ciudad natal
comenzó también la militancia socialista de Don Miguel. En 1889 Unamuno hizo su primer
viaje al extranjero y visitó dos países, Italia y Francia. Decidida su entrega a la docencia,
en el curso de estos años hizo hasta cinco oposiciones a cátedras de Enseñanza Media.
Primero a una de Psicología, Lógica y Ética, y luego a otra de Metafísica, ésta de
enseñanza superior. “Pero dada mi criterio de entonces en la materia y dada, sobre todo,
la independencia del juicio que ya por aquella época era mi dote espiritual, fracasé y no
pude sino fracasar, en ambas oposiciones.
Quiero decir que me quedé sin ninguna de ambas cátedras. Y entonces decidí,
aprovechando mis aficiones a lenguas, opositar a latín y griego. Y después de dos
infructuosas oposiciones, a cátedras de latín logré al cabo ganar una cátedra de lengua
griega”. obtuvo la plaza para la Cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca de la
que tomó posesión en junio de 1891.
El 2 de octubre de ese mismo año regresó a Salamanca para comenzar las clases.
Antes de ganar las oposiciones, Unamuno había contraído matrimonio el 31 de enero del
mismo año con Concha Lizarraga, con la que mantenía un noviazgo desde los doce años.
Concha Lizarraga fue su primer amor y permaneció a su lado hasta que ella murió el 15
de mayo de 1934 en Salamanca. Doña Concha tuvo un papel muy importante en la vida
de Don Miguel. Entre sus apuros económicos, entre los desvelos y preocupaciones
religiosas, mucho más importantes, en su trabajo de escritor, siempre la figura de aquella
fiel compañera acude cada vez que el desánimo se apodera de Unamuno.

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Miguel de Unamuno tuvo nueve hijos con Doña Concha: Fernando, Pablo, Raimundín,
Salomé, Felisa, José, María, Rafael y Ramón. Unamuno encontró en su hogar la paz y la
alegría que en ocasiones le faltaban a causa de sus preocupaciones religiosas,
académicas, políticas y sociales. “Junto a sus hijos y a su mujer encuentra algo de
sosiego. Fuera, en la lucha, la polémica encarnizada en la universidad y en otros ámbitos
de la vida local y nacional”.

Su hijo Raimundo —que nació el 7 de enero de 1896— y su temprana muerte en 1902


influyeron de manera profunda en Don Miguel que vivió muy de cerca su enfermedad:
sufría de una meningitis que le produjo una hidrocefalia que resultó fatal. Don Miguel
sufrió cada momento de los seis años que vivió su hijo junto a él y no le abandonó nunca,
incluso tenía su cuna instalada en su despacho mientras trabajaba.
Unamuno ya estaba instalado en Salamanca con su familia desde 1891 y ejercía su labor
docente de forma continua e intachable debido a la propia actitud de Don Miguel como
profesor, “era puntual en sus clases y buen cumplidor de los deberes académicos.
Recuerdos elogiosos de su magisterio han suscrito varios de sus discípulos”. Al mismo
tiempo estaba escribiendo su primera gran obra dentro de la prolífica producción de Don
Miguel que abarca numerosos géneros como la novela, la poesía, el teatro o el ensayo.
En 1897 se publicó Paz en la guerra, novela centrada en la Segunda Guerra Carlista y
en el sitio de Bilbao en 1874. En el mismo año de la publicación de Paz en la guerra se

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produjo una experiencia en la vida de Unamuno que le llevó a sufrir su gran crisis religiosa
de 1897.
Unamuno había caído en un cierto agnosticismo en su etapa de universitario en Madrid
y esta crisis la interpretó como una especie de conversión, un principio para recuperar la
fe que había perdido hacía ya años.

Fruto de esta crisis religiosa, Unamuno escribió y leyó en 1899 en el Ateneo de Madrid
un ensayo titulado “Nicodemo el fariseo” que fue el primero de una obra que empezó a
escribir y que, en un principio, tituló Meditaciones evangélicas pero que nunca llegó a
terminar. No obstante, “el contenido de todas ellas, años más tarde, está refundido en
Del sentimiento trágico de la vida”. En este texto, “Nicodemo el fariseo”, aparecen ya
esbozadas algunas de las ideas capitales de la filosofía de Unamuno, como la idea del
poder creador de la fe: “Cuando la razón me dice que no hay finalidad trascendente, la fe
me contesta que debe haberla, y como debe haberla la habrá. Porque no consiste tanto
la fe, señores, en crear lo que no vimos, cuanto en crear lo que no vemos. Sólo la fe
crea”. “Nicodemo el fariseo” es el ensayo que mejor refleja el cambio que se dio en la
religiosidad de Don Miguel a partir de la crisis de 1897, “estado que, representa mejor
que ningún otro escrito”, y que “subsiste hasta el momento en que Unamuno descubre
que ‘Dios es ateo’, es decir, hasta cuando comprende que no puede volver a la fe de la
infancia que añora.

Durante esos primeros años en Salamanca Don Miguel acudía a sus clases, atendía a
sus obligaciones familiares y docentes, al mismo tiempo que seguía publicando escritos
que agitaban, de algún modo, la vida local de Salamanca y la vida nacional. Pero
Unamuno siempre se negó a ser un dirigente político.

En una superficial aproximación a la vida cotidiana de Unamuno pudiera parecer que esta
vida tranquila que llevaba en Salamanca era fiel reflejo de la propia actitud de Don Miguel
pero él, lejos de desentenderse de los problemas que afectaban a España, seguía muy
de cerca la vida nacional y la vida de la ciudad de Salamanca y de su universidad. De
hecho, el 30 de octubre de 1900 Unamuno fue nombrado rector de la Universidad de
Salamanca —después de no pocas polémicas entre los miembros del claustro— con el
apoyo del alumnado pero sin el respaldo de la mayoría de aquél, que se había inclinado
hacia el lado del rector saliente, Don Mamés Esperabé Lozano, y que no veía con buenos
ojos el nombramiento de Unamuno. Don Miguel aún le dio más razones para su antipatía
al hacerse cargo de la reorganización de la universidad y crear una cátedra de Filología
comparada de latín y castellano que el mismo rector desempeñó. Emilio Salcedo narra
de este modo el nombramiento del nuevo rector en su exhaustiva biografía de Don
Miguel:

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El acto es breve (…) De sí les dice que espera poder hacer algo, que lo creía posible y
que la única manera de saberlo era comprobándolo al frente de la universidad. Terminó
pidiendo leal colaboración (…) Al salir del aula, los estudiantes aclaman a Unamuno, le
aplauden y piden a gritos que vaya al Paraninfo. Y allá van. El rector ya es Unamuno; el
rector dirige a los estudiantes unas breves palabras (…) Y termina, contemplando el
rostro de algunos de sus compañeros de claustro, presintiendo la dura lucha que se le
avecina: “Huid de albergar en vuestra alma la envidia y la soberbia”.
Unamuno ocupó la rectoría hasta 1914, año en el que fue destituido por primera vez como
máxima autoridad de la Universidad de Salamanca. Durante estos catorce años como
rector, Unamuno publicó algunas de sus obras capitales. El mismo año de su
nombramiento, Don Miguel escribió Tres ensayos (1900) que plantea el problema de la
personalidad íntima, ya sea personal o colectiva. Dos años más tarde apareció Amor y
pedagogía (1902) — novela a la que Unamuno había titulado originariamente Todo un
hombre— y Paisajes (1902).
La gran variedad de temas de Unamuno y su uso de diferentes géneros iban haciéndose
patentes en la producción de Don Miguel, pues el cambio de tono de sus obras es
sorprendente: cómo pasa del tono de “subjetividad crítica, desnudez y arbitrariedad de
Amor y pedagogía”, a la descripción de los diferentes paisajes que lleva a cabo en
Paisajes. Estos lugares y paisajes que visitó se quedaban grabados en la retina de Don
Miguel, en la memoria del artista que era Unamuno, en la mirada del hombre que usaba
las palabras para describir el mundo, pero que también sabía pintarlo con los trazos de
su lapicero de dibujar que tantas veces había utilizado en sus años de juventud. “El
paisaje como asunto literario es género en el que Unamuno ha dejado marca
personalísima”. Unamuno es capaz de escribir una novela, Amor y pedagogía en la que
trata de caracterizar la filosofía, y un año más tarde publicar De mi país (1903),
recopilación de artículos periodísticos que Don Miguel publicó en el diario bilbaíno El
Nervión “sobre motivos costumbristas, aderezados con reflexiones sociológicas y
literarias”.

En 1905 Unamuno publicó una de sus obras filosóficamente más relevantes, Vida de Don
Quijote y Sancho, en la que se pueden encontrar algunas de sus tesis filosóficas más
importes mediante comentarios a pasajes de la novela de Cervantes, de “nuestra Biblia
nacional”, como le gustaba llamarla a Unamuno. Este ensayo sobre la obra de Cervantes
supuso un nuevo motivo para alimentar aún más, a través de la escritura, el afán de
inmortalidad de Don Miguel. Este “hambre de inmortalidad”— expresión que el propio
Unamuno usa para acentuar el carácter instintivo que cree que posee en el ser humano
el deseo de inmortalidad— “explica la atracción de figuras novelescas como las de Don
Quijote y Sancho, llamados a no morir, portadores de alguna manera del espíritu creador”.

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La producción literaria de Unamuno en estos catorce primeros años de rectorado fue muy
prolífica. Después de Vida de Don Quijote y Sancho, Unamuno cambió de género y
publicó en 1907 una obra que tituló Poesías. Al año siguiente escribió la obra en la que
mejor recogió sus recuerdos pasados y que llevó por título Recuerdos de niñez y
mocedad. En 1909, Unamuno volvió a cambiar de género y publicó dos obras teatrales,
La esfinge y La difunta.

1.1. De la profusión. De Soliloquios y Conversaciones

Ahora, estoy recogiendo más datos de esta tragicomedia, de esta farsa fúnebre. Pensé
primero hacer de ello un sainete; pero considerándolo mejor he decidido meterlo de
cualquier manera, como Cervantes metió en su Quijote aquellas novelas que en él
figuran, en una novela que estoy escribiendo para desquitarme de los quebraderos de
cabeza que me da el embarazo de mi mujer.
Pero ¿te has metido a escribir una novela?
¿Y qué quieres que hiciese?
¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento
se hace él solo.
¿Y cómo es eso?
Pues mire, un día de éstos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer
algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir
una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí
unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, si saber, lo que seguiría, sin
plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según
hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter, será el de
no tenerlo.
Sí, como el mío
No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.
Convéncete, pues, de que meditas más y mejor escribiendo estas cosas como la que
ahora te estás dirigiendo aquí a ti mismo, que no encerrándote en tu cuarto a eso que
se llama meditar y no es sino divagar. La necesidad de dar a tu pensamiento expresión
trasmisible es lo que le ata a proceso vivo y eficaz. Con la pluma en la mano es como
mejor se te ocurren las cosas, y es porque entonces no piensas para ti mismo, sino que
piensas para los demás. Pensar para sí mismo no es, en rigor, pensar, es perderse en
vagas ensoñaciones como el que se pasea por los bodes del sopor contemplando las
espirales del humo del cigarro. Pensar es pensar para los demás; pensar es una
función social

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Unamuno ya era un escritor reconocido, capaz de abarcar numerosos temas en diversos
géneros: había publicado ensayo, poesía, teatro y novela. Su producción de textos no
cesó hasta el mismo año de su muerte. En 1910 vio la luz la colección de ensayos que
Unamuno tituló Mi religión y otros ensayos breves que se caracteriza por la notable
diversidad de temas que Unamuno trata: la religión, la verdad, la política, la cultura, la
pornografía, la lujuria, la opinión pública, además de escribir sobre otros literatos y
pensadores cuyas obras conoce como Ibsen o Kierkegaard, al que comenzó a leer en
1901 y que le sirvió de “compañero de su nueva trayectoria.

Unamuno continuaba con su infatigable labor escritora y en 1911 publicó tres obras:
Rosario de sonetos líricos, Por tierras de Portugal y España y Soliloquios y
conversaciones; y en 1912 otra colección de ensayos con un título que podría
corresponder muy bien con el temperamento del propio Unamuno, Contra esto y aquello.
Las cargas familiares y los compromisos que de ellas se derivaban obligaban a Unamuno
a trabajar sin descanso: escribía numerosos artículos para diferentes diarios,
pronunciaba conferencias en diversos lugares, además de escribir sus obras y cumplir
puntualmente con su responsabilidad docente y su responsabilidad académica como
máxima autoridad de la universidad.

10
El año 1913 fue un año notable dentro de la producción escrita de Don Miguel pues
publicó nada menos que cuatro obras entre las que se encuentra la que se puede
considerar la obra más genuinamente filosófica de Don Miguel: Del sentimiento trágico
de la vida en los hombres y en los pueblos. Las otras tres obras que publicó Unamuno
en 1913 corresponden, en primer lugar, a una colección de cuentos que recogió en un
volumen y tituló El espejo de la muerte. Y, en segundo lugar, a dos obras teatrales que
aparecieron con los títulos de La venda y La princesa doña Lambra que se publicaron
juntas en un mismo volumen.

La obra Del sentimiento trágico de la vida está compuesta por nueve ensayos y un epílogo
dedicado a Don Quijote en la tragicomedia europea contemporánea. En ella Unamuno
recogió sus principales preocupaciones filosóficas agrupadas en torno al recurrente tema
unamuniano de la inmortalidad humana. En esta obra es donde claramente se puede
encontrar la síntesis de las inquietudes y cuestiones filosóficas de Unamuno en torno a
la inmortalidad. En palabras de Julián Marías, “el tema de Unamuno (…) es, pues, el
hombre en su integridad, que va de su nacimiento a su muerte, con su carne, su vida, su
personalidad y, sobre todo, su afán de no morirse nunca”. En una carta a Pedro Jiménez
Ilundain Unamuno dio noticia de esta obra que comenzó a publicar por entregas en 1911
y que más tarde reagrupó en su forma definitiva:
A la vez he enviado ya a La España moderna el primero de mis ensayos, bajo el título
común de Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. Serán siete
u ocho ensayos que luego constituirán un libro. En ellos he refundido mi Tratado del amor
de Dios que, en la forma que lo planeé primero, me iba resultando irrealizable. Hay un
ensayo dedicado a la lucha del Papado contra el sillonismo41, el modernismo, etc.,
justificándola en cierto modo. Y todo ello acaba estableciendo la filosofía de la
incertidumbre y la desesperación. En el fondo algo pesimista. En el verano de 1914,
Unamuno llevó a su familia a pasar las vacaciones a Portugal, pero él debía regresar
antes a Salamanca por los compromisos que le reclamaban allí.
El 30 de agosto Don Miguel ya estaba en la ciudad castellana y se enteró de manera
indirecta de su propia destitución: En la Plaza Mayor cuelgan los periódicos locales unas
carteleras en que dan avances de las noticias más salientes que van a publicar. Los
titulares de la guerra europea llenan las planas de todos los diarios y la gente tiene avidez
de noticias. Entre los telegramas de la guerra, la agencia de información lanza una bomba
auténtica: Bergamín ha destituido al rector. Y Unamuno se entera bajo los soportales de
la Plaza Mayor de Salamanca, en la cartelera de un periódico.

El año de la publicación de su famosa obra Niebla (1914), es también el año en el que


comenzó una de las etapas más duras de Unamuno, la de los últimos veintidós años de
su vida, que estuvo marcada por su primera destitución como rector y por la infatigable
11
campaña política que emprendió Unamuno a partir de entonces. Este activismo político
le llevó a sufrir un destierro que le alejó de su país y de su familia, además de una
condena de dieciséis años de presidio en 1920 por injurias contra Alfonso XIII escritas en
un artículo. El motivo que precipitó su destitución como rector fue el problema que tuvo
Unamuno con las autoridades políticas por la convalidación del título de bachiller a un
colombiano por el que el ministro Bergamín le reclamó. Unamuno contestó a Bergamín
—que no profesaba una gran admiración por Unamuno— justificando la decisión que
había tomado con arreglo a la ley vigente, pero parece que el tema no quedó zanjado en
este cruce de notas entre el rector de Salamanca y el ministro Bergamín. De este modo,
Unamuno perdió la rectoría por motivos que él mismo en un escrito público afirmó que
aún desconocía en el momento de su destitución. Según sus propias explicaciones, él
había actuado correctamente e hizo pública su disconformidad con la decisión que había
tomado el gobierno y que consideraba absolutamente injusta.

Probablemente motivos políticos llevaron a Bergamín a tomar esta decisión, y el talante


polémico y díscolo de Don Miguel no ayudara mucho a mantener la armonía entre las
autoridades del gobierno y la propia autoridad de Unamuno en la universidad. Ferrater
Mora interpreta el motivo de la destitución de Unamuno con estas palabras que bien
pudieran caracterizar el propio talante político de Unamuno:
Esta destitución tuvo lugar en 1914 (…) y el motivo de ella fue precisamente la denuncia
de la incompatibilidad entre la dedicación pedagógica y la política. Denuncia curiosa en
un país donde más que en una gran mayoría de otros las fallas de la política son tan
graves que es obra de caridad repararlas por todos los medios que se pueda entre ellos,
por la pedagogía. Sobre todo cuando por “pedagogía” se entiende el trabajo a favor de la
regeneración material y moral del país, el esfuerzo denodado para que el país se avive,
labore, crea, sea.

A partir de su destitución Unamuno se involucró de forma más activa en cuestiones


políticas. En mayo de 1927 Don Miguel participó como orador en el gran mitin de la
izquierda celebrado en la plaza de toros de Madrid. Y en septiembre de ese mismo año
fue elegido concejal en el Ayuntamiento de Salamanca. En 1920 Unamuno dio el salto a
la política nacional y presentó su candidatura a las elecciones de diputados, además de
presentarse en 1922 como candidato republicano a las Cortes. Pero antes de esta
candidatura Unamuno estaba haciendo frente a sus problemas con la justicia causados
todos por el mismo motivo: proferir injurias contra el rey Alfonso XIII. En una carta a Pedro
Jiménez Ilundain lo explica el propio Unamuno:

Estoy sometido desde hace año y medio a tres procesos. Los tres en Valencia y los tres
por supuestas injurias por escrito a S. M.; y estoy en libertad provisional, con obligación
de presentarme en el Juzgado los días 1 y 15 de cada mes, con retención de la séptima
12
parte del sueldo. Alcanzó el indulto; más, para obtenerlo, he de someterme a juicio, y no
quiero. No paso por esa farsa de que no retire el Fiscal la acusación, o más bien que
retire en dos y acaso me condenen en el tercero y me indulten. Los problemas con el
gobierno y la justicia se agravaron más aún a partir del golpe de estado de Primo de
Rivera —que se produjo el 13 de septiembre de 1923— que acabó por exasperar el
talante luchador de Unamuno y que terminó con su condena a destierro.

El filósofo Miguel De Unamuno junto con sus alumnos en Salamanca.


Entretanto, Don Miguel seguía escribiendo y publicando. Desde 1917 hasta 1924
Unamuno publicó una docena de obras relevantes. Dentro de los ensayos y artículos
editó tres obras: Ensayos (1916-1918), Sensaciones de Bilbao (1922) y Andanzas y
visiones españolas (1922). Además, no dejó de cultivar su faceta de novelista y escribió
tres de sus novelas más populares: Abel Sánchez (1917), Tres novelas ejemplares y un
prólogo (1920) y La tía Tula (1921). Tres obras poéticas corresponden también a esta
etapa, entre las que se incluyen una de las obras en verso más importantes que escribió
Unamuno: El Cristo de Velázquez (1920), además publicó Rimas de dentro (1923) y
Teresa (1923). Por último, Unamuno escribió tres obras teatrales que tituló con diferentes
nombres de mujer: Fedra (1921), Soledad (1921) y Raquel (1921).

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Esta es la mejor prueba del espíritu infatigable de Don Miguel que no abandonó su
profesión y su vocación como escritor a pesar de todos los problemas políticos en los que
estaba involucrado. Unamuno seguía trabajando sin descanso por su familia y por su
empeño en arreglar los problemas políticos y sociales de su país que le afectaban tanto
como los problemas filosóficos y religiosos que le atormentaban. Unamuno llegó a
obsesionarse con el estado de España, llegó a preocuparse de manera tal que no veía
solución a los problemas que afectaban al país. En una carta a Ilundain, Unamuno
expresa su falta de esperanza por encontrar alguna solución próxima:
Lo de aquí cada vez peor. Vivimos bajo un compacto y enorme nubarrón negro, preñado
de pedrisco, que nos cubre todo el cielo, nos quita el sol, nos amaga con apedrearnos
cualquier día. Yo me consumo en una expectativa incesante.
El sentimiento de incertidumbre e inseguridad es general y continuo. Nadie sabe lo que
va a pasar aquí. Y lo más terrible sería que no pasase nada. Unamuno también participó
de manera activa en la vida académica de la Universidad de Salamanca, pues a pesar
de su destitución como rector de 1914, el 19 de noviembre de 1921 es nombrado decano
de la Facultad de Letras y vicerrector y, a su vez, ejercía como rector en funciones. Dos
años después Unamuno presentó su dimisión para ambos cargos, pero fue confirmado
en los puestos por la mayoría del claustro. Don Miguel seguía siendo una autoridad
académica y moral en la propia universidad. Pero este activismo político de Unamuno y
su perpetua crítica a las autoridades políticas —que ya se habían personalizado en la
figura de Primo de Rivera después del golpe de estado— precipitaron los acontecimientos
y el 20 de febrero de 1924 fue el día en el que la vida del entonces vicerrector dio un giro
completo. Ese día el gobernador de Salamanca recibió del gobierno la orden de cesar a
Unamuno de sus puestos en la universidad y la pena que le condenaba al destierro.

Esta noticia no pasó inadvertida de ningún modo y las protestas contra el destierro de
Unamuno se extendieron por todo el país y por el extranjero, por todo el continente
europeo y por Hispanoamérica. A pesar de ello, Unamuno tuvo que abandonar la
península y el 10 de marzo de 1924 llegó a Fuerteventura, lugar elegido para el
confinamiento de Don Miguel. Durante su estancia en la isla Unamuno recibía noticias de
la península e incluso le visitaron algunas personas. Entre ellas se encontraba Henri
Dumay que propuso a Don Miguel un plan de fuga desde la isla a París, al que Unamuno
accedió después de no pocas dudas por abandonar definitivamente su país. El talante
luchador de Unamuno contra la política nacional no cesó ni siquiera en su destierro.
Unamuno continuó su lucha:
Desde Fuerteventura siguió hablando y escribiendo contra el dictador y contra el
monarca, y cuando el director de Le Quotidien, donde Don Miguel colaboraba, le preparó
la huida de la isla, partió de ésta hacia Francia para proseguir allá, sin momento de tregua,
y en destierro voluntario, su oposición indomado.

14
Unamuno llegó a París el 28 de julio de 1924 pero su estancia en aquella ciudad era ya
un destierro voluntario, porque antes de abandonar Fuerteventura había llegado a la isla
el indulto del gobierno. Unamuno decidió exiliarse en Francia por propia voluntad, pues a
pesar de ese indulto seguía manteniendo su postura contraria al régimen español. Este
destierro, además de mantenerle lejos de su familia y de la ciudad de Salamanca que
consideraba su hogar —ambas cosas entristecían profundamente a Don Miguel—, le
costó su cátedra en Salamanca de la que fue despojado por no acudir a sus clases,
después de treinta y cinco años en posesión de ella. Unamuno siguió escribiendo en
París contra los políticos españoles, pero no dejó de lado su tarea como novelista y fue
en la capital francesa donde escribió Cómo se hace una novela (1925).
Unamuno ya no se sentía bien en París, dudaba si volver a España, entonces decidió
abandonar París pero no regresó a su patria sino que tomó un tren y se quedó en
Hendaya desde donde podía contemplar el País Vasco. En 1928 comenzó a colaborar
con Eduardo Ortega y Gasset —hermano de José Ortega y Gasset— en la publicación
de Hojas Libres, pequeña revista contra el régimen de Primo de Rivera que se difundía
en España clandestinamente. Unamuno ya no pudo soportar más la lejanía de su familia
y de su país y el 9 de marzo de 1930 atravesó a pie hasta España por el pueblo fronterizo
guipuzcoano de Irún.

Unamuno tardó varios días en regresar a Salamanca, antes de eso fue de Irún a San
Sebastián y de allí a Bilbao. En su camino a Salamanca se detuvo en Valladolid. Cuando
por fin llegó a Salamanca su recibimiento fue apoteósico. Por fin volvía el rector.
Unamuno tenía muchos enemigos pero mucha gente veía también en Don Miguel al
rector, al hombre luchador, a aquel hombre que había sufrido pena de destierro y
procesos judiciales por defender el país contra aquellos que él consideraba que llevaban
el destino de España hacia un camino que no era el correcto.
Durante su estancia en tierras extrañas tampoco Unamuno dejó de producir. Durante su
destierro escribió Sombras de sueño (1930) que es la adaptación de su obra de teatro
Tulio Montalbán y Julio Macedo —que se publicó en 1927—, El hermano Juan o el mundo
de teatro que se publicó en 1934. Las obras más importantes fruto de su experiencia en
el destierro son Cómo se hace una novela (1925), los versos de De Fuerteventura a París
(1925) —ambas publicadas en París—, y Romancero del destierro (1928). En 1925 en
París, Unamuno también publicó La agonía del cristianismo.

La situación política en España cambió. El rey salió hacia el exilio y se proclamó la


Segunda República. El propio Unamuno fue el encargado de anunciarla en Salamanca.
En este año de 1931 no sólo el sistema político español cambió, también la situación de
Unamuno volvió a normalizarse, volvió a parecerse a aquel estado de reconocimiento y
de popularidad que dejó atrás el mismo día de su destierro.

15
En 1931 Unamuno publicó otra novela que alcanzó gran reconocimiento, San Manuel
Bueno, Mártir; y tres historias más.
Además Don Miguel fue nombrado “alcalde-presidente honorario” del primer
ayuntamiento de la Segunda República en Salamanca. Y de nuevo Unamuno volvió a
ocupar la rectoría que le habían arrebatado hacía diecisiete años. El 18 de abril de 1931,
Unamuno fue nombrado de nuevo rector de la Universidad de Salamanca. Al mes
siguiente se publicó en el periódico norteamericano The New York Times un artículo
redactado por el propio Unamuno sobre la nueva situación política española. El año 1931
fue el gran regreso de Don Miguel como personaje público y reconocido no solo por la
mayoría de la ciudad de Salamanca, sino también por todo el país y por muchos países
del extranjero en los que las obras de Don Miguel ya habían empezado a ser traducidas,
países como Francia e Italia, y en el continente americano, en el que Unamuno hacía ya
años que colaboraba en algunos diarios como el argentino La Nación.

De hecho, en el año 1934, Unamuno fue nombrado Doctor Honoris Causa por la
universidad francesa de Grenoble, y de nuevo en 1936, la Universidad de Oxford hizo lo
propio y Don Miguel viajó hasta Inglaterra para acudir a su investidura. El propio gobierno
volvía a reconocer el peso público de Don Miguel y el 27 de abril de 1931 le nombró
presidente del Consejo de Instrucción Pública —cargo del que dimitió un año después, el
1 de mayo de 1932—, y en 1935, el Consejo de Ministros le nombró ciudadano de honor.
Unamuno ya había entrado de nuevo en la vida política del país con todas sus esperanzas
puestas en la nueva república de la que en los dos últimos años de su vida acabaría
desilusionándose. Don Miguel seguía presente en la vida pública.

16
Jean Cassou —el traductor francés que Unamuno conoció en París— caracteriza el
talante de Unamuno en el texto a modo de prólogo que escribió para la edición francesa
de la primera publicación de Cómo se hace una novela, con las siguientes palabras:
Tal es la agonía de Don Miguel de Unamuno, hombre en lucha, en lucha consigo mismo,
con su pueblo y contra su pueblo, hombre hostil, hombre de guerra civil, tribuno sin
partidarios, hombre solitario, desterrado, salvaje, orador en el desierto, provocador,
irreconciliable, enemigo de la nada y a quien la nada atrae y devora, desgarrado entre la
vida y la muerte, muerto y resucitado a la vez, invencible y siempre vencido.
Participando de manera práctica también en la vida política Unamuno fue elegido
diputado a Cortes por la ciudad de Salamanca. Acabó hastiado de los asuntos políticos
y dejó de creer en la república que se estaba fraguando en el país y abandonó las Cortes.
Ferrater Mora resume con las siguientes palabras esta etapa agitada de Don Miguel en
la vida política nacional:

Fue proclamado en 1935 ciudadano de honor de la República y recibió, entre grandes


festejos, en 1934, la jubilación de su cátedra, nombrándosele simultáneamente rector
perpetuo de Salamanca. Estas consagraciones marcaron el fin de una etapa turbulenta
que todavía había perdurado en las Cortes Constituyentes donde sus discursos eran, al
tiempo que orlados de doctrina, repletos de incisivos ataques.

En efecto, el 29 de septiembre de 1934 llegó el momento de dar la última clase de Don


Miguel como profesor de la Universidad de Salamanca. Pero su jubilación no fue acogida
como el retiro de cualquier profesor. El aula donde Don Miguel impartió su última lección
se llenó, todos querían acudir a la última clase de Don Miguel, todos apreciaban al viejo
catedrático luchador que había sido centro y figura de los treinta y cuatro últimos años de
la Universidad. Se celebraron grandes fiestas en honor y, como homenaje a Don Miguel,
se creó una cátedra con su nombre con la que Don Miguel poseía plena libertad para
regentarla a su parecer.

Pero Unamuno volvió a levantarse y a rebelarse contra lo que no le parecía bien y


denunció al gobierno de la República. Este levantamiento contra la autoridad produjo una
nueva destitución, esta vez, el gobierno destituyó a Unamuno como rector perpetuo y
anuló la creación de la cátedra que llevaba su nombre. En abril de 1936 Don Miguel ya
estaba enfermo y distanciado de sus amistades por haber apoyado a los militares —que
posteriormente se alzaron el 18 de julio de 1936—, aunque posteriormente fue repudiado
en Salamanca por republicano. “El claustro unánimemente, decide retirar su confianza a
Don Miguel de Unamuno y pedir al general Franco su destitución como rector perpetuo
de Salamanca” que le destituyó el 22 de octubre mediante decreto.

17
En el mismo año de su muerte ocurrió un hecho que fue el máximo ejemplo del perpetuo
talante crítico de Don Miguel con las autoridades políticas. Enfrentado ya con los militares,
con el nuevo gobierno militar del general Franco, Unamuno fue protagonista de un
enfrentamiento con el general Millán Astray. Se celebraba en el Paraninfo de la
Universidad de Salamanca un acto literario en conmemoración de la festividad de la raza.
El acto era presidido por Miguel de Unamuno. A este acto acudió también la esposa del
general Franco, Carmen Polo de Franco que tomó asiento a la derecha del rector, Don
Miguel. El guión del acto se componía de diferentes discursos en torno al tema de la raza.
Después de terminar todos los oradores, tomó la palabra Don Miguel para cerrar el acto,
a pesar de que había anunciado que no lo haría. Unamuno sostenía en sus manos una
cuartilla doblada con notas que había ido tomando a lo largo de las intervenciones de los
anteriores oradores. Unamuno comenzó su intervención haciendo una dura crítica a la
guerra civil con estas famosas palabras:

La nuestra es una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo.
Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio
que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia.

18
Don Miguel continuó su discurso defendiendo a vascos y catalanes, remitiéndose a sus
orígenes vascos. El general Millán Astray airado, golpeó violentamente la mesa e
interrumpió el discurso de Don Miguel pronunciando unas palabras a favor del
levantamiento militar, defendiendo a los soldados y terminó gritando “¡Mueran los
intelectuales!, ¡Viva la muerte!”. Don Miguel, fiel a sus principios y a sus palabras, replicó
dirigiéndose directamente al general. El espectáculo ya estaba servido, el público se
escandalizó por lo que estaba aconteciendo, y comenzaron a abuchear a Don Miguel.
La esposa de Franco entonces tomó del brazo a Unamuno y ayudada por su guardia
personal consiguió sacar a Don Miguel del Paraninfo y llevarle hasta su casa. Este
incidente le costó a Don Miguel los reproches y el ser repudiado por algunos sectores de
la ciudad de Salamanca que lo tacharon de “rojo”, y de posicionarse en contra de España.
Aislado, repudiado por el gobierno y hastiado de tanta polémica, Unamuno decidió
recluirse en su propia casa, decidió encerrarse voluntariamente y alejarse de la vida
pública como forma de protesta. Don Miguel ya no recibió el nuevo año, murió de repente
el último día del año 1936, año en el que la guerra civil que estalló trajo nuevos e
importantes cambios que dividieron de nuevo la España que tanto había preocupado a
Don Miguel.

2. POEMAS

2.1 Credo Poético

Piensa el sentimiento, siente el pensamiento,


que tus cantos tengan nidos en la tierra
y que, cuando en vuelo a los cielos suban,
tras las nubes no se pierdan.
Peso necesitan, en las alas peso,
la columna de humo, se disipa entera,
algo que no es música es la poesía,
la pesada sólo queda.
Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido.
¿Sentimiento puro? Quien en ello crea
de la fuente den sentir nunca ha llegado
a la vida y honda vena.

19
No te cuides en exceso del ropaje,
de escultor y no de sastre es tu tarea,
no te olvides de que nunca más hermosa
que desnuda está la idea.
No el que un alma encarna en carne, ten presente,
no el que forma da a la idea es el poeta,
sino que es el que alma encuentra tras la carne,
tras la forma encuentra idea.
De las fórmulas la broza es lo que hace
que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;
la desnudas con tus manos y tus ojos
gozarán de su belleza.
Busca líneas de desnudo, que, aunque trates
de envolvernos en lo vago de la niebla,
aun la niebla tiene líneas y se esculpe
ten, pues, ojos, no los pierdas.
Que tus cantos sean cantos esculpidos,
ancla en tierra mientras tanto que se elevan;
el lenguaje es, ante todo, pensamiento
y es pensada su belleza.
Sujetemos en verdades del espíritu
las entrañas de las formas pasajeras,
que la idea reine en todo soberana;
esculpamos, pues, la niebla.

2.2 Leer, leer, leer, vivir la vida

Leer, leer, leer, vivir la vida


que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.
Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?

20
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

2.3 Me destierro a la memoria

Me destierro a la memoria,
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo,
en el yermo de la historia,
que es enfermedad la vida
y muero viviendo enfermo.
Me voy, pues, me voy al yermo
donde la muerte me olvida.
Y os llevo conmigo, hermanos,
para poblar mi desierto.
Cuando me creáis más muerto
retemblaré en vuestras manos.
Aquí os dejo mi alma-libro,
hombre-mundo verdadero.
Cuando vibres todo entero,
soy yo, lector, que en ti vibro.

2.4 Cancionero 242

Preso estuvo Colón,


preso Cervantes,
y no por los gigantes,
y Fray Luis de León
¡ay la Inquisición!
preso Quevedo
«¿nunca se ha de decir lo que se siente?»
quiero y no puedo.
España una prisión,
su entraña se resiente
y engendra la desidia,
la desidia la envidia.

21
¡Ay terrible llaneza,
española grandeza,
que allana la cabeza que se encumbre,
la que no se haga a la común costumbre!;
¡ay triste pesadumbre
del corazón castizo
con un amor de tierra quitadizo!
«La sombra de Caín» (dijo Machado)
del labrador
que quería por fuerza ser amado
conquistador.
¡Ay santísima gana!
derretida en galbana, que es desgana,
pues por tristes pasiones
no,
es que nos sale… de los corazones.
Mas al cabo ha llegado el estrambote,
cofradía estrambótica,
la que lleva por mote:
¡La Unión Patriótica!

2.5 Cancionero 99

¡Qué tontos se han vuelto todos!


No hacen sino repetir
las más viejas tonterías;
¡tal es nuestro porvenir!
Prosa, prosa, prosa, prosa,
y en prosa lo he de decir
por no callarme; callarme
me es lo mismo que morir.
Prosa pura que en pureza
da poesía sutil
sin rodeos ni metáforas
yendo derecha a su fin.
Prosa que se rinda al canto;
el canto le hará sufrir

22
el yugo del ritmo noble,
sin el cual es prosa vil.
Multiplicación y suma,
cantándolas aprendí,
mas no se aprende cantando
ni a restar ni a dividir.
10 de abril de 1928

2.6 Cancionero 68

No la acción, no la acción, antes el acto


no la Pasión, sino lo padecido;
religión y política son hechos.
¿Doctrinas? Dios me libre. Sucumbimos
a los tiranos que por burla torpe
de verdugos en jueces convertidos,
hacen sistema de la tiranía
y la bautizan nombre de fajismo.
No el acto puro, pura nadería
de filósofos que hacen los esbirros
y que pintan con éter en el éter éter,
como Jean Paul, el pobre, dijo.
Nada de puro, la pureza es mengua;
sin sales de la tierra y sus residuos
es impotable el agua destilada
e irrespirable puro el cielo mismo.
Dejaré a esos serviles mentecatos,
que prediquen la acción, el tío vivo,
y aquí a quijotear, que Don Quijote
no fue un puro doctor en quijotismo.
27 de marzo de 1928

23
2.7 Cancionero 97

–¿Qué me dices de mi España,


palomita mensajera,
que has cruzado por sus campos
camino de la frontera?
–Que la vi a vista de pájaro,
pues no vuelo a ras de tierra;
todo estaba tan tranquilo
como en un día de fiesta.
–¿Qué me dices, palomita?
¿Qué me dices, mensajera?
¿Quieres decir tan tranquilo
como en una hora de siesta?
–Huyo de los cazadores
ansiosos de una merienda;
no quiero que de mi pecho
hagan carne de escopeta.
–¿Y por eso es que no has visto
si la fiesta es más que siesta?
No sabes, mi palomita,
ni de la misa la media.
–No saber es lo que vale,
que el que sabe se enajena;
tradición es de palomas
la santísima inocencia.
–¿Y por qué traes en el pico,
palomita mensajera,
esa ramita de oliva?
¿La mercaste en una feria?
–Lo que merqué fue aceituna
que se me ha caído a tierra,
y ahora no más que un recuerdo
es el ramito que queda.
–¿Recuerdo o señuelo? dime:
te has hecho refitolera;

24
estaba yo equivocado
pues sabes más de la cuenta.
–Mi sencillez ha aprendido
de la serpiente prudencia
y ha enseñado a la serpiente
sencillez como defensa.
–Pues, vuélvete, palomita,
vuelve al palomar y espera
que por sencilla y prudente
acabes en la cazuela.
9 de abril de 1928

2.8 Cancionero 307

«¿Qué es la verdad?»–y volvióse.


«¿La verdad? Un espantajo;
quede a Vargas el escéptico,
que es escriba, averiguarlo».
«No encuentro en él culpa alguna”;
luego se lavó las manos,
«chinchorrerías rabínicas
¡pobre pueblo soberano!»
«Orden, orden, salus pópuli
suprema lex esto, palo!
«Al palo con él, y déjenme
de una vez en paz, ¡marranos!»
«La autoridad ante todo
mi profesión es el mando,
la justicia es pura letra,
mera invención de letrados».
«Escrito queda lo escrito»,
dijo a lo Blas, el dogmático.
Era romano de raza
todo un patriota Pilatos.
31 de julio de 1928

25
2.9 De la profusión. De Soliloquios y Conversaciones

Ahora, estoy recogiendo más datos de esta tragicomedia, de esta farsa fúnebre. Pensé
primero hacer de ello un sainete; pero considerándolo mejor he decidido meterlo de
cualquier manera, como Cervantes metió en su Quijote aquellas novelas que en él
figuran, en una novela que estoy escribiendo para desquitarme de los quebraderos de
cabeza que me da el embarazo de mi mujer.
Pero ¿te has metido a escribir una novela?
¿Y qué quieres que hiciese?
¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento
se hace él solo.
¿Y cómo es eso?
Pues mire, un día de éstos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer
algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir
una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí
unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, si saber, lo que seguiría, sin
plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según
hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter, será el de
no tenerlo.
Sí, como el mío
No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.
Convéncete, pues, de que meditas más y mejor escribiendo estas cosas como la que
ahora te estás dirigiendo aquí a ti mismo, que no encerrándote en tu cuarto a eso que
se llama meditar y no es sino divagar. La necesidad de dar a tu pensamiento expresión
trasmisible es lo que le ata a proceso vivo y eficaz. Con la pluma en la mano es como
mejor se te ocurren las cosas, y es porque entonces no piensas para ti mismo, sino que
piensas para los demás. Pensar para sí mismo no es, en rigor, pensar, es perderse en
vagas ensoñaciones como el que se pasea por los bodes del sopor contemplando las
espirales del humo del cigarro. Pensar es pensar para los demás; pensar es una
función social

26
2.10 A mi Buitre

Este buitre voraz de ceño torvo


que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.
El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.
Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría
mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.

2.11 Castilla

Tú me levantas, tierra de Castilla,


en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo,
Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.
Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.
Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.

27
¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!

2.12 Dolor Común

Cállate, corazón, son tus pesares


de los que no deben decirse, deja
se pudran en tu seno; si te aqueja
un dolor de ti solo no acíbares
a los demás la paz de sus hogares
con importuno grito. Esa tu queja,
siendo egoísta como es, refleja
tu vanidad no más. Nunca separes
tu dolor del común dolor humano,
busca el íntimo aquel en que radica
la hermandad que te liga con tu hermano,
el que agranda la mente y no la achica;
solitario y carnal es siempre vano;
sólo el dolor común nos santifica.
EN HORAS DE INSOMNIO – Virginia
Me voy de aquí, no quiero más oírme;
de mi voz toda voz suéname a eco,
ya falta así de confesor, si peco
se me escapa el poder arrepentirme.
No hallo fuera de mí en que me afirme
nada de humano y me resulto hueco;
si esta cárcel por otra al fin no trueco
en mi vacío acabaré de hundirme.
Oh triste soledad, la del engaño
de creerse en humana compañía
moviéndose entre espejos, ermitaño.
He ido muriendo hasta llegar al día
en que espejo de espejos, soy me extraño
a mí mismo y descubro no vivía.

28
2.13 Junto a la laguna del Cristo en la aldehuela de

Noche blanca en que el agua cristalina


duerme queda en su lecho de laguna
sobre la cual redonda llena luna
que ejército de estrellas encamina
vela, y se espeja una redonda encina
en el espejo sin rizada alguna;
noche blanca en que el agua hace de cuna
de la más alta y más honda doctrina.
Es un rasgón del cielo que abrazado
tiene en sus brazos la Naturaleza;
es un rasgón del cielo que ha posado
y en el silencio de la noche reza
la oración del amante resignado
sólo al amor, que es su única riqueza.

2.14 La oración del ateo

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,


y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes
a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.
¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande
para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

29
2.15 Nuestro secreto

No me preguntes más, es mi secreto,


secreto para mí terrible y santo;
ante él me velo con un negro manto
de luto de piedad; no rompo el seto
que cierra su recinto, me someto
de mi vida al misterio, el desencanto
huyendo del saber y a Dios levanto
con mis ojos mi pecho siempre inquieto.
Hay del alma en el fondo oscura sima
y en ella hay un fatídico recodo
que es nefando franquear; allá en la cima
brilla el sol que hace polvo al sucio lodo;
alza los ojos y tu pecho anima;
conócete, mortal, mas no del todo.

2.16 Pasásteis como pasan por el roble

Pasásteis como pasan por el roble


las hojas que arrebata en primavera
pedrisco intempestivo;
pasásteis, hijos de mi raza noble,
vestida el alma de infantil eusquera,
pasásteis al archivo
de mármol funeral de una iglesia
que en el regazo recogido y verde
el Pirineo vasco
al tibio sol del monte se acurruca.
Abajo, el Bidasoa va y se pierde
en la mar; un peñasco
recoge de sus olas el gemido,
que pasan, tal las hojas rumorosas,
tal vosotros, oscuros
hijos sumisos del hogar henchido
de silenciosa tradición.

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Las fosas
que a vuestros huesos, puros,
blancos, les dan de última cuna lecho,
fosas que abrió el cañón en sorda guerra,
no escucharán el canto
de la materna lluvia que el helecho
deja caer en vuestra patria tierra
como celeste llanto…
No escucharán la esquila de la vaca
que en la ladera, al pie del caserío,
dobla su cuello al suelo,
ni a lo lejos la voz de la resaca
de la mar que amamanta a vuestro río
y es canto de consuelo.
Fuísteis como corderos, en los ojos
guardando la sonrisa dolorida
lágrimas del ocaso,
de vuestras madres el alma de hinojos,
¡y en la agonía de la paz la vida
rendísteis al acaso..!.
¿Por qué? ¿Por qué? Jamás esta pregunta
terrible torturó vuestra inocencia;
nacísteis… nadie sabe
por qué ni para qué… ara la yunta,
y el campo que ara es toda su conciencia,
y canta y vuela el ave…
¡Orhoit Gutaz! Pedís nuestro recuerdo
y una lección nos dais de mansedumbre;
calle el porqué…, vivamos
como habéis muerto, sin porqué, es lo cuerdo…
los ríos a la mar…, es la costumbre
y con ella pasamos…

31
2.17 El cuerpo canta

El cuerpo canta;
la sangre aúlla;
la tierra charla;
la mar murmura;
el cielo calla
y el hombre escucha.
Sobre la palabra:
“La he estado mintiendo y he estado mintiendo. ¡Siempre es así! Todo es fantasía y no
hay más que fantasía. El hombre en cuanto habla miente, y en cuanto se habla a sí
mismo, es decir, en cuanto piensa sabiendo que piensa, se miente. No hay más verdad
que la vida fisiológica. La palabra, este producto social, se ha hecho para mentir. Le he
oído a nuestro filosofo que la verdad es, como la palabra, un producto social, lo que
creen todos, y creyéndolo se entienden. Lo que es producto social es la mentira.”

2.18 La sangre de mi espíritu

La sangre de mi espíritu es mi lengua,


y mi patria es allí donde resuene
soberano su verbo, que no amengua
su voz por mucho que ambos mundos llene.
Ya Séneca la preludió aún no nacida
y en su austero latín ella se encierra;
Alfonso a Europa dio con ella vida.
Colón con ella redobló la Tierra.
Y esta mi lengua flota como el arca
de cien pueblos contrarios y distantes,
que las flores en ella hallaron brote,
de Juárez y Rizal, pues ella abarca
legión de razas, lengua en que a Cervantes
Dios le dio el Evangelio del Quijote.

32
2.19 Ay, triste España de Caín

¡Ay, triste España de Caín, la roja


de sangre hermana y por la bilis gualda,
muerdes porque no comes, y en la espalda
llevas carga de siglos de congoja!
Medra machorra envidia en mente floja
—te enseñó a no pensar Padre Ripalda—
rezagada y vacía está tu falda
e insulto el bien ajeno se te antoja
Democracia frailuna con regüeldo
de refectorio y ojo al chafarote,
¡viva la Virgen!, no hace falta bieldo.
Gobierno de alpargata y de capote,
timba, charada, a fin de mes el sueldo,
y apedrear al loco Don Quijote.

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