Biografía y Poemas de Unamuno
Biografía y Poemas de Unamuno
1. BIOGRAFÍA ..................................................................................................... 3
1.1. De la profusión. De Soliloquios y Conversaciones .................................... 9
2. POEMAS ........................................................................................................ 19
2.1 Credo Poético ........................................................................................ 19
2.2 Leer, leer, leer, vivir la vida ................................................................... 20
2.3 Me destierro a la memoria ..................................................................... 21
2.4 Cancionero 242 ..................................................................................... 21
2.5 Cancionero 99 ....................................................................................... 22
2.6 Cancionero 68 ....................................................................................... 23
2.7 Cancionero 97 ....................................................................................... 24
2.8 Cancionero 307 ..................................................................................... 25
2.9 De la profusión. De Soliloquios y Conversaciones ............................... 26
2.10 A mi Buitre .......................................................................................... 27
2.11 Castilla ................................................................................................ 27
2.12 Dolor Común ...................................................................................... 28
2.13 Junto a la laguna del Cristo en la aldehuela de ................................. 29
2.14 La oración del ateo ............................................................................. 29
2.15 Nuestro secreto .................................................................................. 30
2.16 Pasásteis como pasan por el roble .................................................... 30
2.17 El cuerpo canta .................................................................................. 32
2.18 La sangre de mi espíritu ..................................................................... 32
2.19 Ay, triste España de Caín................................................................... 33
2
1. BIOGRAFÍA
El padre de Unamuno, Félix de Unamuno se casó con su sobrina Salomé de Jugo con la
que tuvo seis hijos de los que Miguel fue el tercero y el primer varón. Su padre era
comerciante y la situación económica de la familia Unamuno era desahogada hasta su
muerte en 1870, cuando Miguel tenía seis años. La muerte de su padre “condenaría a la
familia a una vida austera, de apuros económicos”. Su padre, antes de establecerse
definitivamente en Bilbao, había emigrado a Méjico y había amasado una pequeña
fortuna de la que disfrutaba su familia. Además, el padre a su regreso trajo consigo una
pequeña biblioteca que fue el primer contacto del pequeño Miguel con los libros, entre
los que había de Historia, Derecho, Filosofía, Ciencias Sociales y Ciencias Generales.
Con nueve años, estalló la Segunda Guerra Carlista cuando se dispone a tomar su
primera comunión, y casi sin saberlo, cobra también conciencia del hecho de la guerra
civil”.
3
Unamuno lo consideró “como el primer hecho significativo en su vida: la explosión, el 21
de febrero de 1874, sobre uno de los tejados cercanos a su casa, de una bomba carlista”.
En el bachillerato Unamuno estudió latín, geografía, historia, retórica, álgebra, aritmética,
psicología, lógica, ética, etc. En el tercer curso de bachillerato fue cuando Miguel
comenzó sus lecturas filosóficas. Por obligación de su profesor debían leer a Balmes y a
Donoso Cortés, pero estos autores no satisfacían las inquietudes de Unamuno y
comenzó a leer a Kant, Descartes, Hegel, Fichte y Newton, entre otros. Las lecturas de
estos autores, de los libros de la pequeña biblioteca que dejó su padre y su propia
inquietud intelectual, fueron poniendo las bases del trabajo de Unamuno como literato y
pensador.
El viejo Bilbao de las siete calles, del que dice Unamuno en su obra De mi país que fue
“mi mundo, mi verdadero mundo, la placenta de mi espíritu embrionario, el que fraguó la
roca sobre que mi visión del universo posa”, y que retrató magistralmente en su primera
novela Paz en la guerra (1897).
Unamuno terminó el bachillerato y partió hacia Madrid en 1880 para comenzar sus
estudios universitarios, la carrera de Filosofía y Letras. Madrid fue otra de las ciudades
que dejaron huella en Don Miguel. Completó su carrera en Madrid y este fue el único
periodo de su vida en el que Unamuno permaneció durante largo tiempo en la capital.
Unamuno nunca accedió a asentarse en Madrid a pesar de que, incluso su amigo José
Ortega y Gasset, siempre quiso que Unamuno estuviera en Madrid y optara a una cátedra
en la corte. En sus años universitarios Unamuno aprendió alemán leyendo a Hegel y a
Goethe en el Ateneo de Madrid. En este año de 1880 publicó su primer artículo
periodístico titulado “La unión hace la fuerza” que apareció en El noticiero bilbaíno. La
experiencia de Unamuno en la capital también fue decisiva en su vida por otro importante
motivo, pues fue allí donde Unamuno dejó de acudir a misa.
4
Advierte la importancia de la cultura anglosajona, centroeuropea y nórdica y sigue de
cerca la literatura en lengua inglesa e italiana, cuando en España, las mejores cabezas
son apenas tributarias y esclavas de la cultura francesa mal digerida. Y no es que
desconozca esta cultura, simplemente la sitúa en su lugar entre otras igualmente
importantes y trata con ella de poder a poder. Su dominio del griego y del latín clásicos.
Como del árabe, hebreo y sánscrito, evidente en sus trabajos de lingüística, se une al
perfecto manejo del francés, inglés, alemán, italiano, danés, portugués, gallego, catalán
y aun del griego moderno y el milenario vascuence, que con su insuperable dominio del
castellano más vivo le abren todas las puertas de la cultura universal.
Es uno de los hombres más culto de su época.
En 1883 hizo su examen de licenciatura, acabó la carrera y en 1884 se doctoró con una
tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. Cuando
leyó su tesis regresó a Bilbao el mismo año. La principal ocupación de Unamuno a su
regreso a Bilbao fue la preparación de oposiciones. En esta época en su ciudad natal
comenzó también la militancia socialista de Don Miguel. En 1889 Unamuno hizo su primer
viaje al extranjero y visitó dos países, Italia y Francia. Decidida su entrega a la docencia,
en el curso de estos años hizo hasta cinco oposiciones a cátedras de Enseñanza Media.
Primero a una de Psicología, Lógica y Ética, y luego a otra de Metafísica, ésta de
enseñanza superior. “Pero dada mi criterio de entonces en la materia y dada, sobre todo,
la independencia del juicio que ya por aquella época era mi dote espiritual, fracasé y no
pude sino fracasar, en ambas oposiciones.
Quiero decir que me quedé sin ninguna de ambas cátedras. Y entonces decidí,
aprovechando mis aficiones a lenguas, opositar a latín y griego. Y después de dos
infructuosas oposiciones, a cátedras de latín logré al cabo ganar una cátedra de lengua
griega”. obtuvo la plaza para la Cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca de la
que tomó posesión en junio de 1891.
El 2 de octubre de ese mismo año regresó a Salamanca para comenzar las clases.
Antes de ganar las oposiciones, Unamuno había contraído matrimonio el 31 de enero del
mismo año con Concha Lizarraga, con la que mantenía un noviazgo desde los doce años.
Concha Lizarraga fue su primer amor y permaneció a su lado hasta que ella murió el 15
de mayo de 1934 en Salamanca. Doña Concha tuvo un papel muy importante en la vida
de Don Miguel. Entre sus apuros económicos, entre los desvelos y preocupaciones
religiosas, mucho más importantes, en su trabajo de escritor, siempre la figura de aquella
fiel compañera acude cada vez que el desánimo se apodera de Unamuno.
5
Miguel de Unamuno tuvo nueve hijos con Doña Concha: Fernando, Pablo, Raimundín,
Salomé, Felisa, José, María, Rafael y Ramón. Unamuno encontró en su hogar la paz y la
alegría que en ocasiones le faltaban a causa de sus preocupaciones religiosas,
académicas, políticas y sociales. “Junto a sus hijos y a su mujer encuentra algo de
sosiego. Fuera, en la lucha, la polémica encarnizada en la universidad y en otros ámbitos
de la vida local y nacional”.
6
produjo una experiencia en la vida de Unamuno que le llevó a sufrir su gran crisis religiosa
de 1897.
Unamuno había caído en un cierto agnosticismo en su etapa de universitario en Madrid
y esta crisis la interpretó como una especie de conversión, un principio para recuperar la
fe que había perdido hacía ya años.
Fruto de esta crisis religiosa, Unamuno escribió y leyó en 1899 en el Ateneo de Madrid
un ensayo titulado “Nicodemo el fariseo” que fue el primero de una obra que empezó a
escribir y que, en un principio, tituló Meditaciones evangélicas pero que nunca llegó a
terminar. No obstante, “el contenido de todas ellas, años más tarde, está refundido en
Del sentimiento trágico de la vida”. En este texto, “Nicodemo el fariseo”, aparecen ya
esbozadas algunas de las ideas capitales de la filosofía de Unamuno, como la idea del
poder creador de la fe: “Cuando la razón me dice que no hay finalidad trascendente, la fe
me contesta que debe haberla, y como debe haberla la habrá. Porque no consiste tanto
la fe, señores, en crear lo que no vimos, cuanto en crear lo que no vemos. Sólo la fe
crea”. “Nicodemo el fariseo” es el ensayo que mejor refleja el cambio que se dio en la
religiosidad de Don Miguel a partir de la crisis de 1897, “estado que, representa mejor
que ningún otro escrito”, y que “subsiste hasta el momento en que Unamuno descubre
que ‘Dios es ateo’, es decir, hasta cuando comprende que no puede volver a la fe de la
infancia que añora.
Durante esos primeros años en Salamanca Don Miguel acudía a sus clases, atendía a
sus obligaciones familiares y docentes, al mismo tiempo que seguía publicando escritos
que agitaban, de algún modo, la vida local de Salamanca y la vida nacional. Pero
Unamuno siempre se negó a ser un dirigente político.
En una superficial aproximación a la vida cotidiana de Unamuno pudiera parecer que esta
vida tranquila que llevaba en Salamanca era fiel reflejo de la propia actitud de Don Miguel
pero él, lejos de desentenderse de los problemas que afectaban a España, seguía muy
de cerca la vida nacional y la vida de la ciudad de Salamanca y de su universidad. De
hecho, el 30 de octubre de 1900 Unamuno fue nombrado rector de la Universidad de
Salamanca —después de no pocas polémicas entre los miembros del claustro— con el
apoyo del alumnado pero sin el respaldo de la mayoría de aquél, que se había inclinado
hacia el lado del rector saliente, Don Mamés Esperabé Lozano, y que no veía con buenos
ojos el nombramiento de Unamuno. Don Miguel aún le dio más razones para su antipatía
al hacerse cargo de la reorganización de la universidad y crear una cátedra de Filología
comparada de latín y castellano que el mismo rector desempeñó. Emilio Salcedo narra
de este modo el nombramiento del nuevo rector en su exhaustiva biografía de Don
Miguel:
7
El acto es breve (…) De sí les dice que espera poder hacer algo, que lo creía posible y
que la única manera de saberlo era comprobándolo al frente de la universidad. Terminó
pidiendo leal colaboración (…) Al salir del aula, los estudiantes aclaman a Unamuno, le
aplauden y piden a gritos que vaya al Paraninfo. Y allá van. El rector ya es Unamuno; el
rector dirige a los estudiantes unas breves palabras (…) Y termina, contemplando el
rostro de algunos de sus compañeros de claustro, presintiendo la dura lucha que se le
avecina: “Huid de albergar en vuestra alma la envidia y la soberbia”.
Unamuno ocupó la rectoría hasta 1914, año en el que fue destituido por primera vez como
máxima autoridad de la Universidad de Salamanca. Durante estos catorce años como
rector, Unamuno publicó algunas de sus obras capitales. El mismo año de su
nombramiento, Don Miguel escribió Tres ensayos (1900) que plantea el problema de la
personalidad íntima, ya sea personal o colectiva. Dos años más tarde apareció Amor y
pedagogía (1902) — novela a la que Unamuno había titulado originariamente Todo un
hombre— y Paisajes (1902).
La gran variedad de temas de Unamuno y su uso de diferentes géneros iban haciéndose
patentes en la producción de Don Miguel, pues el cambio de tono de sus obras es
sorprendente: cómo pasa del tono de “subjetividad crítica, desnudez y arbitrariedad de
Amor y pedagogía”, a la descripción de los diferentes paisajes que lleva a cabo en
Paisajes. Estos lugares y paisajes que visitó se quedaban grabados en la retina de Don
Miguel, en la memoria del artista que era Unamuno, en la mirada del hombre que usaba
las palabras para describir el mundo, pero que también sabía pintarlo con los trazos de
su lapicero de dibujar que tantas veces había utilizado en sus años de juventud. “El
paisaje como asunto literario es género en el que Unamuno ha dejado marca
personalísima”. Unamuno es capaz de escribir una novela, Amor y pedagogía en la que
trata de caracterizar la filosofía, y un año más tarde publicar De mi país (1903),
recopilación de artículos periodísticos que Don Miguel publicó en el diario bilbaíno El
Nervión “sobre motivos costumbristas, aderezados con reflexiones sociológicas y
literarias”.
En 1905 Unamuno publicó una de sus obras filosóficamente más relevantes, Vida de Don
Quijote y Sancho, en la que se pueden encontrar algunas de sus tesis filosóficas más
importes mediante comentarios a pasajes de la novela de Cervantes, de “nuestra Biblia
nacional”, como le gustaba llamarla a Unamuno. Este ensayo sobre la obra de Cervantes
supuso un nuevo motivo para alimentar aún más, a través de la escritura, el afán de
inmortalidad de Don Miguel. Este “hambre de inmortalidad”— expresión que el propio
Unamuno usa para acentuar el carácter instintivo que cree que posee en el ser humano
el deseo de inmortalidad— “explica la atracción de figuras novelescas como las de Don
Quijote y Sancho, llamados a no morir, portadores de alguna manera del espíritu creador”.
8
La producción literaria de Unamuno en estos catorce primeros años de rectorado fue muy
prolífica. Después de Vida de Don Quijote y Sancho, Unamuno cambió de género y
publicó en 1907 una obra que tituló Poesías. Al año siguiente escribió la obra en la que
mejor recogió sus recuerdos pasados y que llevó por título Recuerdos de niñez y
mocedad. En 1909, Unamuno volvió a cambiar de género y publicó dos obras teatrales,
La esfinge y La difunta.
Ahora, estoy recogiendo más datos de esta tragicomedia, de esta farsa fúnebre. Pensé
primero hacer de ello un sainete; pero considerándolo mejor he decidido meterlo de
cualquier manera, como Cervantes metió en su Quijote aquellas novelas que en él
figuran, en una novela que estoy escribiendo para desquitarme de los quebraderos de
cabeza que me da el embarazo de mi mujer.
Pero ¿te has metido a escribir una novela?
¿Y qué quieres que hiciese?
¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento
se hace él solo.
¿Y cómo es eso?
Pues mire, un día de éstos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer
algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir
una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí
unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, si saber, lo que seguiría, sin
plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según
hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter, será el de
no tenerlo.
Sí, como el mío
No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.
Convéncete, pues, de que meditas más y mejor escribiendo estas cosas como la que
ahora te estás dirigiendo aquí a ti mismo, que no encerrándote en tu cuarto a eso que
se llama meditar y no es sino divagar. La necesidad de dar a tu pensamiento expresión
trasmisible es lo que le ata a proceso vivo y eficaz. Con la pluma en la mano es como
mejor se te ocurren las cosas, y es porque entonces no piensas para ti mismo, sino que
piensas para los demás. Pensar para sí mismo no es, en rigor, pensar, es perderse en
vagas ensoñaciones como el que se pasea por los bodes del sopor contemplando las
espirales del humo del cigarro. Pensar es pensar para los demás; pensar es una
función social
9
Unamuno ya era un escritor reconocido, capaz de abarcar numerosos temas en diversos
géneros: había publicado ensayo, poesía, teatro y novela. Su producción de textos no
cesó hasta el mismo año de su muerte. En 1910 vio la luz la colección de ensayos que
Unamuno tituló Mi religión y otros ensayos breves que se caracteriza por la notable
diversidad de temas que Unamuno trata: la religión, la verdad, la política, la cultura, la
pornografía, la lujuria, la opinión pública, además de escribir sobre otros literatos y
pensadores cuyas obras conoce como Ibsen o Kierkegaard, al que comenzó a leer en
1901 y que le sirvió de “compañero de su nueva trayectoria.
Unamuno continuaba con su infatigable labor escritora y en 1911 publicó tres obras:
Rosario de sonetos líricos, Por tierras de Portugal y España y Soliloquios y
conversaciones; y en 1912 otra colección de ensayos con un título que podría
corresponder muy bien con el temperamento del propio Unamuno, Contra esto y aquello.
Las cargas familiares y los compromisos que de ellas se derivaban obligaban a Unamuno
a trabajar sin descanso: escribía numerosos artículos para diferentes diarios,
pronunciaba conferencias en diversos lugares, además de escribir sus obras y cumplir
puntualmente con su responsabilidad docente y su responsabilidad académica como
máxima autoridad de la universidad.
10
El año 1913 fue un año notable dentro de la producción escrita de Don Miguel pues
publicó nada menos que cuatro obras entre las que se encuentra la que se puede
considerar la obra más genuinamente filosófica de Don Miguel: Del sentimiento trágico
de la vida en los hombres y en los pueblos. Las otras tres obras que publicó Unamuno
en 1913 corresponden, en primer lugar, a una colección de cuentos que recogió en un
volumen y tituló El espejo de la muerte. Y, en segundo lugar, a dos obras teatrales que
aparecieron con los títulos de La venda y La princesa doña Lambra que se publicaron
juntas en un mismo volumen.
La obra Del sentimiento trágico de la vida está compuesta por nueve ensayos y un epílogo
dedicado a Don Quijote en la tragicomedia europea contemporánea. En ella Unamuno
recogió sus principales preocupaciones filosóficas agrupadas en torno al recurrente tema
unamuniano de la inmortalidad humana. En esta obra es donde claramente se puede
encontrar la síntesis de las inquietudes y cuestiones filosóficas de Unamuno en torno a
la inmortalidad. En palabras de Julián Marías, “el tema de Unamuno (…) es, pues, el
hombre en su integridad, que va de su nacimiento a su muerte, con su carne, su vida, su
personalidad y, sobre todo, su afán de no morirse nunca”. En una carta a Pedro Jiménez
Ilundain Unamuno dio noticia de esta obra que comenzó a publicar por entregas en 1911
y que más tarde reagrupó en su forma definitiva:
A la vez he enviado ya a La España moderna el primero de mis ensayos, bajo el título
común de Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. Serán siete
u ocho ensayos que luego constituirán un libro. En ellos he refundido mi Tratado del amor
de Dios que, en la forma que lo planeé primero, me iba resultando irrealizable. Hay un
ensayo dedicado a la lucha del Papado contra el sillonismo41, el modernismo, etc.,
justificándola en cierto modo. Y todo ello acaba estableciendo la filosofía de la
incertidumbre y la desesperación. En el fondo algo pesimista. En el verano de 1914,
Unamuno llevó a su familia a pasar las vacaciones a Portugal, pero él debía regresar
antes a Salamanca por los compromisos que le reclamaban allí.
El 30 de agosto Don Miguel ya estaba en la ciudad castellana y se enteró de manera
indirecta de su propia destitución: En la Plaza Mayor cuelgan los periódicos locales unas
carteleras en que dan avances de las noticias más salientes que van a publicar. Los
titulares de la guerra europea llenan las planas de todos los diarios y la gente tiene avidez
de noticias. Entre los telegramas de la guerra, la agencia de información lanza una bomba
auténtica: Bergamín ha destituido al rector. Y Unamuno se entera bajo los soportales de
la Plaza Mayor de Salamanca, en la cartelera de un periódico.
Estoy sometido desde hace año y medio a tres procesos. Los tres en Valencia y los tres
por supuestas injurias por escrito a S. M.; y estoy en libertad provisional, con obligación
de presentarme en el Juzgado los días 1 y 15 de cada mes, con retención de la séptima
12
parte del sueldo. Alcanzó el indulto; más, para obtenerlo, he de someterme a juicio, y no
quiero. No paso por esa farsa de que no retire el Fiscal la acusación, o más bien que
retire en dos y acaso me condenen en el tercero y me indulten. Los problemas con el
gobierno y la justicia se agravaron más aún a partir del golpe de estado de Primo de
Rivera —que se produjo el 13 de septiembre de 1923— que acabó por exasperar el
talante luchador de Unamuno y que terminó con su condena a destierro.
13
Esta es la mejor prueba del espíritu infatigable de Don Miguel que no abandonó su
profesión y su vocación como escritor a pesar de todos los problemas políticos en los que
estaba involucrado. Unamuno seguía trabajando sin descanso por su familia y por su
empeño en arreglar los problemas políticos y sociales de su país que le afectaban tanto
como los problemas filosóficos y religiosos que le atormentaban. Unamuno llegó a
obsesionarse con el estado de España, llegó a preocuparse de manera tal que no veía
solución a los problemas que afectaban al país. En una carta a Ilundain, Unamuno
expresa su falta de esperanza por encontrar alguna solución próxima:
Lo de aquí cada vez peor. Vivimos bajo un compacto y enorme nubarrón negro, preñado
de pedrisco, que nos cubre todo el cielo, nos quita el sol, nos amaga con apedrearnos
cualquier día. Yo me consumo en una expectativa incesante.
El sentimiento de incertidumbre e inseguridad es general y continuo. Nadie sabe lo que
va a pasar aquí. Y lo más terrible sería que no pasase nada. Unamuno también participó
de manera activa en la vida académica de la Universidad de Salamanca, pues a pesar
de su destitución como rector de 1914, el 19 de noviembre de 1921 es nombrado decano
de la Facultad de Letras y vicerrector y, a su vez, ejercía como rector en funciones. Dos
años después Unamuno presentó su dimisión para ambos cargos, pero fue confirmado
en los puestos por la mayoría del claustro. Don Miguel seguía siendo una autoridad
académica y moral en la propia universidad. Pero este activismo político de Unamuno y
su perpetua crítica a las autoridades políticas —que ya se habían personalizado en la
figura de Primo de Rivera después del golpe de estado— precipitaron los acontecimientos
y el 20 de febrero de 1924 fue el día en el que la vida del entonces vicerrector dio un giro
completo. Ese día el gobernador de Salamanca recibió del gobierno la orden de cesar a
Unamuno de sus puestos en la universidad y la pena que le condenaba al destierro.
Esta noticia no pasó inadvertida de ningún modo y las protestas contra el destierro de
Unamuno se extendieron por todo el país y por el extranjero, por todo el continente
europeo y por Hispanoamérica. A pesar de ello, Unamuno tuvo que abandonar la
península y el 10 de marzo de 1924 llegó a Fuerteventura, lugar elegido para el
confinamiento de Don Miguel. Durante su estancia en la isla Unamuno recibía noticias de
la península e incluso le visitaron algunas personas. Entre ellas se encontraba Henri
Dumay que propuso a Don Miguel un plan de fuga desde la isla a París, al que Unamuno
accedió después de no pocas dudas por abandonar definitivamente su país. El talante
luchador de Unamuno contra la política nacional no cesó ni siquiera en su destierro.
Unamuno continuó su lucha:
Desde Fuerteventura siguió hablando y escribiendo contra el dictador y contra el
monarca, y cuando el director de Le Quotidien, donde Don Miguel colaboraba, le preparó
la huida de la isla, partió de ésta hacia Francia para proseguir allá, sin momento de tregua,
y en destierro voluntario, su oposición indomado.
14
Unamuno llegó a París el 28 de julio de 1924 pero su estancia en aquella ciudad era ya
un destierro voluntario, porque antes de abandonar Fuerteventura había llegado a la isla
el indulto del gobierno. Unamuno decidió exiliarse en Francia por propia voluntad, pues a
pesar de ese indulto seguía manteniendo su postura contraria al régimen español. Este
destierro, además de mantenerle lejos de su familia y de la ciudad de Salamanca que
consideraba su hogar —ambas cosas entristecían profundamente a Don Miguel—, le
costó su cátedra en Salamanca de la que fue despojado por no acudir a sus clases,
después de treinta y cinco años en posesión de ella. Unamuno siguió escribiendo en
París contra los políticos españoles, pero no dejó de lado su tarea como novelista y fue
en la capital francesa donde escribió Cómo se hace una novela (1925).
Unamuno ya no se sentía bien en París, dudaba si volver a España, entonces decidió
abandonar París pero no regresó a su patria sino que tomó un tren y se quedó en
Hendaya desde donde podía contemplar el País Vasco. En 1928 comenzó a colaborar
con Eduardo Ortega y Gasset —hermano de José Ortega y Gasset— en la publicación
de Hojas Libres, pequeña revista contra el régimen de Primo de Rivera que se difundía
en España clandestinamente. Unamuno ya no pudo soportar más la lejanía de su familia
y de su país y el 9 de marzo de 1930 atravesó a pie hasta España por el pueblo fronterizo
guipuzcoano de Irún.
Unamuno tardó varios días en regresar a Salamanca, antes de eso fue de Irún a San
Sebastián y de allí a Bilbao. En su camino a Salamanca se detuvo en Valladolid. Cuando
por fin llegó a Salamanca su recibimiento fue apoteósico. Por fin volvía el rector.
Unamuno tenía muchos enemigos pero mucha gente veía también en Don Miguel al
rector, al hombre luchador, a aquel hombre que había sufrido pena de destierro y
procesos judiciales por defender el país contra aquellos que él consideraba que llevaban
el destino de España hacia un camino que no era el correcto.
Durante su estancia en tierras extrañas tampoco Unamuno dejó de producir. Durante su
destierro escribió Sombras de sueño (1930) que es la adaptación de su obra de teatro
Tulio Montalbán y Julio Macedo —que se publicó en 1927—, El hermano Juan o el mundo
de teatro que se publicó en 1934. Las obras más importantes fruto de su experiencia en
el destierro son Cómo se hace una novela (1925), los versos de De Fuerteventura a París
(1925) —ambas publicadas en París—, y Romancero del destierro (1928). En 1925 en
París, Unamuno también publicó La agonía del cristianismo.
15
En 1931 Unamuno publicó otra novela que alcanzó gran reconocimiento, San Manuel
Bueno, Mártir; y tres historias más.
Además Don Miguel fue nombrado “alcalde-presidente honorario” del primer
ayuntamiento de la Segunda República en Salamanca. Y de nuevo Unamuno volvió a
ocupar la rectoría que le habían arrebatado hacía diecisiete años. El 18 de abril de 1931,
Unamuno fue nombrado de nuevo rector de la Universidad de Salamanca. Al mes
siguiente se publicó en el periódico norteamericano The New York Times un artículo
redactado por el propio Unamuno sobre la nueva situación política española. El año 1931
fue el gran regreso de Don Miguel como personaje público y reconocido no solo por la
mayoría de la ciudad de Salamanca, sino también por todo el país y por muchos países
del extranjero en los que las obras de Don Miguel ya habían empezado a ser traducidas,
países como Francia e Italia, y en el continente americano, en el que Unamuno hacía ya
años que colaboraba en algunos diarios como el argentino La Nación.
De hecho, en el año 1934, Unamuno fue nombrado Doctor Honoris Causa por la
universidad francesa de Grenoble, y de nuevo en 1936, la Universidad de Oxford hizo lo
propio y Don Miguel viajó hasta Inglaterra para acudir a su investidura. El propio gobierno
volvía a reconocer el peso público de Don Miguel y el 27 de abril de 1931 le nombró
presidente del Consejo de Instrucción Pública —cargo del que dimitió un año después, el
1 de mayo de 1932—, y en 1935, el Consejo de Ministros le nombró ciudadano de honor.
Unamuno ya había entrado de nuevo en la vida política del país con todas sus esperanzas
puestas en la nueva república de la que en los dos últimos años de su vida acabaría
desilusionándose. Don Miguel seguía presente en la vida pública.
16
Jean Cassou —el traductor francés que Unamuno conoció en París— caracteriza el
talante de Unamuno en el texto a modo de prólogo que escribió para la edición francesa
de la primera publicación de Cómo se hace una novela, con las siguientes palabras:
Tal es la agonía de Don Miguel de Unamuno, hombre en lucha, en lucha consigo mismo,
con su pueblo y contra su pueblo, hombre hostil, hombre de guerra civil, tribuno sin
partidarios, hombre solitario, desterrado, salvaje, orador en el desierto, provocador,
irreconciliable, enemigo de la nada y a quien la nada atrae y devora, desgarrado entre la
vida y la muerte, muerto y resucitado a la vez, invencible y siempre vencido.
Participando de manera práctica también en la vida política Unamuno fue elegido
diputado a Cortes por la ciudad de Salamanca. Acabó hastiado de los asuntos políticos
y dejó de creer en la república que se estaba fraguando en el país y abandonó las Cortes.
Ferrater Mora resume con las siguientes palabras esta etapa agitada de Don Miguel en
la vida política nacional:
17
En el mismo año de su muerte ocurrió un hecho que fue el máximo ejemplo del perpetuo
talante crítico de Don Miguel con las autoridades políticas. Enfrentado ya con los militares,
con el nuevo gobierno militar del general Franco, Unamuno fue protagonista de un
enfrentamiento con el general Millán Astray. Se celebraba en el Paraninfo de la
Universidad de Salamanca un acto literario en conmemoración de la festividad de la raza.
El acto era presidido por Miguel de Unamuno. A este acto acudió también la esposa del
general Franco, Carmen Polo de Franco que tomó asiento a la derecha del rector, Don
Miguel. El guión del acto se componía de diferentes discursos en torno al tema de la raza.
Después de terminar todos los oradores, tomó la palabra Don Miguel para cerrar el acto,
a pesar de que había anunciado que no lo haría. Unamuno sostenía en sus manos una
cuartilla doblada con notas que había ido tomando a lo largo de las intervenciones de los
anteriores oradores. Unamuno comenzó su intervención haciendo una dura crítica a la
guerra civil con estas famosas palabras:
La nuestra es una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo.
Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio
que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia.
18
Don Miguel continuó su discurso defendiendo a vascos y catalanes, remitiéndose a sus
orígenes vascos. El general Millán Astray airado, golpeó violentamente la mesa e
interrumpió el discurso de Don Miguel pronunciando unas palabras a favor del
levantamiento militar, defendiendo a los soldados y terminó gritando “¡Mueran los
intelectuales!, ¡Viva la muerte!”. Don Miguel, fiel a sus principios y a sus palabras, replicó
dirigiéndose directamente al general. El espectáculo ya estaba servido, el público se
escandalizó por lo que estaba aconteciendo, y comenzaron a abuchear a Don Miguel.
La esposa de Franco entonces tomó del brazo a Unamuno y ayudada por su guardia
personal consiguió sacar a Don Miguel del Paraninfo y llevarle hasta su casa. Este
incidente le costó a Don Miguel los reproches y el ser repudiado por algunos sectores de
la ciudad de Salamanca que lo tacharon de “rojo”, y de posicionarse en contra de España.
Aislado, repudiado por el gobierno y hastiado de tanta polémica, Unamuno decidió
recluirse en su propia casa, decidió encerrarse voluntariamente y alejarse de la vida
pública como forma de protesta. Don Miguel ya no recibió el nuevo año, murió de repente
el último día del año 1936, año en el que la guerra civil que estalló trajo nuevos e
importantes cambios que dividieron de nuevo la España que tanto había preocupado a
Don Miguel.
2. POEMAS
19
No te cuides en exceso del ropaje,
de escultor y no de sastre es tu tarea,
no te olvides de que nunca más hermosa
que desnuda está la idea.
No el que un alma encarna en carne, ten presente,
no el que forma da a la idea es el poeta,
sino que es el que alma encuentra tras la carne,
tras la forma encuentra idea.
De las fórmulas la broza es lo que hace
que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;
la desnudas con tus manos y tus ojos
gozarán de su belleza.
Busca líneas de desnudo, que, aunque trates
de envolvernos en lo vago de la niebla,
aun la niebla tiene líneas y se esculpe
ten, pues, ojos, no los pierdas.
Que tus cantos sean cantos esculpidos,
ancla en tierra mientras tanto que se elevan;
el lenguaje es, ante todo, pensamiento
y es pensada su belleza.
Sujetemos en verdades del espíritu
las entrañas de las formas pasajeras,
que la idea reine en todo soberana;
esculpamos, pues, la niebla.
20
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?
Me destierro a la memoria,
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo,
en el yermo de la historia,
que es enfermedad la vida
y muero viviendo enfermo.
Me voy, pues, me voy al yermo
donde la muerte me olvida.
Y os llevo conmigo, hermanos,
para poblar mi desierto.
Cuando me creáis más muerto
retemblaré en vuestras manos.
Aquí os dejo mi alma-libro,
hombre-mundo verdadero.
Cuando vibres todo entero,
soy yo, lector, que en ti vibro.
21
¡Ay terrible llaneza,
española grandeza,
que allana la cabeza que se encumbre,
la que no se haga a la común costumbre!;
¡ay triste pesadumbre
del corazón castizo
con un amor de tierra quitadizo!
«La sombra de Caín» (dijo Machado)
del labrador
que quería por fuerza ser amado
conquistador.
¡Ay santísima gana!
derretida en galbana, que es desgana,
pues por tristes pasiones
no,
es que nos sale… de los corazones.
Mas al cabo ha llegado el estrambote,
cofradía estrambótica,
la que lleva por mote:
¡La Unión Patriótica!
2.5 Cancionero 99
22
el yugo del ritmo noble,
sin el cual es prosa vil.
Multiplicación y suma,
cantándolas aprendí,
mas no se aprende cantando
ni a restar ni a dividir.
10 de abril de 1928
2.6 Cancionero 68
23
2.7 Cancionero 97
24
estaba yo equivocado
pues sabes más de la cuenta.
–Mi sencillez ha aprendido
de la serpiente prudencia
y ha enseñado a la serpiente
sencillez como defensa.
–Pues, vuélvete, palomita,
vuelve al palomar y espera
que por sencilla y prudente
acabes en la cazuela.
9 de abril de 1928
25
2.9 De la profusión. De Soliloquios y Conversaciones
Ahora, estoy recogiendo más datos de esta tragicomedia, de esta farsa fúnebre. Pensé
primero hacer de ello un sainete; pero considerándolo mejor he decidido meterlo de
cualquier manera, como Cervantes metió en su Quijote aquellas novelas que en él
figuran, en una novela que estoy escribiendo para desquitarme de los quebraderos de
cabeza que me da el embarazo de mi mujer.
Pero ¿te has metido a escribir una novela?
¿Y qué quieres que hiciese?
¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento
se hace él solo.
¿Y cómo es eso?
Pues mire, un día de éstos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer
algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir
una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí
unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, si saber, lo que seguiría, sin
plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según
hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter, será el de
no tenerlo.
Sí, como el mío
No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.
Convéncete, pues, de que meditas más y mejor escribiendo estas cosas como la que
ahora te estás dirigiendo aquí a ti mismo, que no encerrándote en tu cuarto a eso que
se llama meditar y no es sino divagar. La necesidad de dar a tu pensamiento expresión
trasmisible es lo que le ata a proceso vivo y eficaz. Con la pluma en la mano es como
mejor se te ocurren las cosas, y es porque entonces no piensas para ti mismo, sino que
piensas para los demás. Pensar para sí mismo no es, en rigor, pensar, es perderse en
vagas ensoñaciones como el que se pasea por los bodes del sopor contemplando las
espirales del humo del cigarro. Pensar es pensar para los demás; pensar es una
función social
26
2.10 A mi Buitre
2.11 Castilla
27
¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!
28
2.13 Junto a la laguna del Cristo en la aldehuela de
29
2.15 Nuestro secreto
30
Las fosas
que a vuestros huesos, puros,
blancos, les dan de última cuna lecho,
fosas que abrió el cañón en sorda guerra,
no escucharán el canto
de la materna lluvia que el helecho
deja caer en vuestra patria tierra
como celeste llanto…
No escucharán la esquila de la vaca
que en la ladera, al pie del caserío,
dobla su cuello al suelo,
ni a lo lejos la voz de la resaca
de la mar que amamanta a vuestro río
y es canto de consuelo.
Fuísteis como corderos, en los ojos
guardando la sonrisa dolorida
lágrimas del ocaso,
de vuestras madres el alma de hinojos,
¡y en la agonía de la paz la vida
rendísteis al acaso..!.
¿Por qué? ¿Por qué? Jamás esta pregunta
terrible torturó vuestra inocencia;
nacísteis… nadie sabe
por qué ni para qué… ara la yunta,
y el campo que ara es toda su conciencia,
y canta y vuela el ave…
¡Orhoit Gutaz! Pedís nuestro recuerdo
y una lección nos dais de mansedumbre;
calle el porqué…, vivamos
como habéis muerto, sin porqué, es lo cuerdo…
los ríos a la mar…, es la costumbre
y con ella pasamos…
31
2.17 El cuerpo canta
El cuerpo canta;
la sangre aúlla;
la tierra charla;
la mar murmura;
el cielo calla
y el hombre escucha.
Sobre la palabra:
“La he estado mintiendo y he estado mintiendo. ¡Siempre es así! Todo es fantasía y no
hay más que fantasía. El hombre en cuanto habla miente, y en cuanto se habla a sí
mismo, es decir, en cuanto piensa sabiendo que piensa, se miente. No hay más verdad
que la vida fisiológica. La palabra, este producto social, se ha hecho para mentir. Le he
oído a nuestro filosofo que la verdad es, como la palabra, un producto social, lo que
creen todos, y creyéndolo se entienden. Lo que es producto social es la mentira.”
32
2.19 Ay, triste España de Caín
33