ALUMNA: ABIGGAIL ESPINOZA MÉNDEZ
NARRATIVA PERSONAL DE MI EXPERIENCIA CON EL TEATRO Y CON LAS ARTES VISUALES
COMO MÚSICA, EXPRESIÓN CORPORAL Y DANZA.
Desde temprana edad, el arte ha sido mi refugio y mi forma de expresión más
auténtica. Recuerdo claramente la primera vez que subí al escenario de la
escuela primaria para una pequeña representación teatral. Tenía solo ocho
años y, a pesar de mi nerviosismo, el momento en que las luces se encendieron
y el telón se levantó me llenó de una energía indescriptible. En aquel momento,
me di cuenta de que el teatro no era solo una forma de actuar, sino una
manera de conectar profundamente con el público y conmigo mismo.
El teatro me llevó a explorar muchas facetas del arte. Cada obra en la que
participaba era un viaje en sí mismo, una oportunidad para transformarme en
diferentes personajes y vivir historias ajenas. La camaradería con mis
compañeros, el rigor de los ensayos y el entusiasmo de las presentaciones me
enseñaron la importancia de la disciplina, la empatía y la colaboración.
Pero mi relación con las artes no se limitaba al teatro.
Al mismo tiempo, descubrí la danza como una forma poderosa de expresión
corporal. Recuerdo mis primeras clases de danza hawaiana, donde el
movimiento se convirtió en un lenguaje propio. La danza me enseñó a ser
consciente de mi cuerpo, a explorar nuevas formas de movimiento y a
interpretar el ritmo y la emoción a través del gesto. Bailar me permitió liberar
tensiones y conectarme con mi cuerpo de una manera que nunca había
experimentado antes.
La expresión corporal también jugó un papel crucial en mi desarrollo artístico.
En talleres y clases, aprendí a utilizar mi cuerpo para contar historias, explorar
emociones y conectar con los demás de una manera más profunda. A través de
ejercicios de improvisación y técnicas de relajación, descubrí que el cuerpo es
una herramienta increíblemente poderosa para la comunicación y la
autoexploración.
La mejor experiencia sin duda alguna, fue la danza hawaiana, polinesia,
tahitiana por que me permitia liberarme con amor, era un sentimiento tan
profundo que no se puede explicar; bailar me hacia plenamente feliz y era una
manera de comunicar esa felicidad.