Alcoholismo
¿Qué es?
Aunque el alcohol es la droga legal de mayor consumo la mayoría de personas no lo toman en
la cantidad y con la frecuencia suficiente para que su salud y su vida diaria se vea afectada.
En cambio, se considera que existe alcoholismo o un consumo problemático de
alcohol cuando se observan conductas como la pérdida del control de la ingesta, se
bebe en ayunas, ante acontecimientos estresantes, se recae en el consumo a pesar de los
perjuicios, se producen problemas familiares, laborales o sociales o hay pérdida de conciencia
de la realidad o negación.
Este patrón de consumo puede poner en riesgo la salud o seguridad de la persona
alcohólica. Por ejemplo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el alcoholismo es
el factor causal más de doscientas enfermedades, traumatismos y otros problemas de
salud. Además, provoca comportamientos destructivos y graves consecuencias sociales y
económicas en la persona con dependencia del alcohol y también puede perjudicar a quienes
forman parte de su entorno.1
¿En que afecta a la salud?
De acuerdo a la OMS, el uso nocivo del alcohol es un factor causal de más de doscientas
enfermedades y cada año se producen 3 millones de fallecimientos debido a esta causa,
lo que supone el 5,3% del total de defunciones.
A corto plazo, aumenta el riesgo de lesiones o fallecimiento por accidentes de tráfico, caídas,
ahogamiento o quemaduras, así como de cometer o sufrir actos violentos -homicidio, intento
de suicidio, agresiones sexuales, violencia de género, etc.-.
A largo plazo, su consumo excesivo puede ocasionar problemas de salud como:
Empeoramiento de trastornos mentales existentes o aparición de otros nuevos como
trastornos de ansiedad y depresión.
Enfermedades hepáticas como esteatosis hepática -concentración de grasa en el hígado-
y hepatitis -inflamación de este órgano-, que puede derivar en cirrosis e insuficiencia
hepática.
Trastornos digestivos como hemorragias esofágicas, esofagitis, gastritis -inflamación del
revestimiento del estómago- y pancreatitis -inflamación del páncreas-.
Déficit de tiamina, un tipo de vitamina B que puede producir encefalopatía de Wernicke y,
si esta no es tratada, síndrome de Korsakoff (en ambas se dan déficits cognitivos graves,
alteraciones de la marcha, alucinaciones, cambios en la visión, alteraciones cardiacas y
otras), coma o, incluso, la muerte.2
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Problemas cardiovasculares como hipertensión y agrandamiento del corazón -
cardiomegalia-.
Complicaciones de diabetes, en caso de padecerse esta enfermedad.
Disfunción eréctil en los hombres y problemas en la menstruación en las mujeres.
Osteoporosis y otros daños en los huesos.
Daños al cerebro, los nervios y complicaciones neurológicas como entumecimiento y
dolor en manos, demencia y pérdida de la memoria a corto plazo.
Sistema inmunitario debilitado, lo que aumenta el riesgo de infecciones como la
neumonía. Según la OMS, existe una relación causal entre el consumo nocivo de alcohol y
la incidencia y desenlace de enfermedades infecciosas como el VIH/Sida y la tuberculosis.
Problemas oculares como nistagmo -movimiento rápido e involuntario de los ojos – o la
debilidad y parálisis de los nervios oculares.
Mayor riesgo de sufrir un cáncer, especialmente de boca, garganta, hígado, esófago,
colon y mama -este último, incluso en caso de consumo moderado-.
Abortos espontáneos en las mujeres embarazadas y graves problemas en el desarrollo
del feto -síndrome alcohólico fetal-.
Posibles interacciones entre medicamentos y el alcohol, que puede aumentar o reducir
su eficacia o volverlos tóxicos.
Por otra parte, aumenta también el riesgo de problemas familiares, sociales y
laborales como problemas de pareja o desempleo.
¿Cómo se trata el alcoholismo?
El tratamiento inmediato de la intoxicación alcohólica, puede requerir la administración
de sueros por vía intravenosa para paliar la deshidratación y de vitaminas como la tiamina
que permitan corregir el déficit que produce el alcohol en el organismo-. En ocasiones, puede
ser necesaria la respiración asistida.
También deben tratarse las complicaciones que haya podido producir el consumo
excesivo de alcohol. Para los síntomas de la abstinencia, puede necesitarse recurrir a
sedantes suaves.
Posteriormente, el tratamiento dependerá de la gravedad del consumo de alcohol y
demás afecciones médicas y psiquiátricas de la persona afectada. En caso de existir
dependencia, esta puede necesitar seguir programas de desintoxicación y rehabilitación, que
combinan terapia psicológica con atención médica y apoyo familiar. Asimismo, puede ser
beneficiosa la participación en grupos de autoayuda como Alcohólicos Anónimos.3
Como medida preventiva cuando existe riesgo de alcoholismo o recaída, existen, además,
medicamentos que pueden ayudar a evitar la ingesta del alcohol pero que no curan el
alcoholismo ni suprimen las ganas de beber.
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