A.
Una visión integrada de inclusión financiera y eps
El concepto de inclusión financiera que propone la Red de Instituciones Financieras de
Desarrollo (rfd, 2017) comprende los siguientes aspectos: · acceso y uso de servicios
financieros, · entorno de regulación apropiada, · protección al usuario financiero, y · educación
financiera. Consideramos que esta definición es la adecuada para Ecuador, con el aditamento
de que es indispensable ir más allá en el resultado, en la medida que se propone que la
inclusión financiera debe ser un instrumento que sostenga la «inclusión productiva» y
provoque mayor crecimiento económico de tipo inclusivo. Dicho planteamiento tiene la
antesala en varias investigaciones que han demostrado empíricamente que la profundización y
diversificación de los productos y servicios financieros han desembocado en crecimiento
económico sostenido, permitiendo la acumulación de capital físico y aumento de la eficiencia
económica (King y Levine, 1993). En el gráfico 1 se puede apreciar una panorámica de los
elementos que configuran la inclusión financiera.
El tamaño de la intermediación financiera se correlaciona positivamente entre el grado de
actividad económica, es decir, la profundización medida en el tamaño de los oferentes de los
servicios y productos financieros, y el volumen de crédito entregado a las diferentes empresas
comparado con el pib (Goldsmith, 1969). Dicha dotación efectiva de los diferentes servicios
financieros por parte de los distintos oferentes del sistema financiero nacional que se encargan
de la intermediación financiera, deben acentuar un grado de compromiso en el desarrollo de
las diferentes estrategias de inclusión de los segmentos históricamente excluidos. En América
Latina, la cepal (2018c) ha puntualizado con cierta insistencia en sus publicaciones que la
inequidad social es económicamente ineficiente, ya que se convierte en una traba para el
desarrollo socioeconómico de los países. Las alternativas para enfrentar tal situación son
multifacéticas, pues van desde la estabilidad monetaria-financiera, pasando por el ejercicio de
los derechos y aumento de la productividad; la readecuación de la educación al nuevo contexto
tecnológico hasta llegar al fortalecimiento de los sistemas de protección social y cuidado. Cabe
señalar que varias propuestas para la diversificación y profundización del sistema financiero
nacional para alcanzar niveles de inclusión financiera que permitan incluir a los diferentes
segmentos de la población que requieran de productos y servicios financieros, se encuentran
delimitadas en varios estudios en análisis de oferta y demanda. Para lo cual, la cepal (2018d)
señala que la falta o insuficiencia de inclusión recae en la esfera de la demanda. Según cepal
(2018e), los factores identificados de la demanda que afectan directamente a la inclusión
financiera son: · Percepción del sistema financiero: desconfianza hacia el sector financiero; ese
sentimiento puede ser parcialmente influenciado por la infraestructura regulatoria de
protección al cliente y por la falta de educación financiera y ejecución de los contratos. · Costos
desde el punto de vista del empresario: paso de la informalidad a la formalidad, cambio de
estatus jurídico —de persona natural a persona jurídica— y costos fijos que son
independientes de la escala de la producción. · Capacidad de diversificar la oferta financiera: la
baja demanda de productos debido al desconocimiento de los instrumentos financieros y sus
beneficios a corto y largo plazo. · Falta de identificación de los productos financieros: las pymes
necesitan productos que se adapten a su perfil y al marco temporal de sus operaciones, y en
los que se tome en cuenta el hecho de que sus activos son limitados. · Cultura empresarial: en
América Latina, la cultura empresarial no es necesariamente una de riesgo; las pymes y las
organizaciones de economía popular y solidaria no tienen como objetivo transformarse en
empresas de mayor tamaño. La cultura empresarial también puede incluir el tipo de relación
que tienen las pymes o sus representantes con el banco.
Existe la suficiente oferta de productos y servicios financieros por parte de los bancos privados
nacionales, en el caso ecuatoriano suman 24 bancos privados, 31 cooperativas y 4 mutualistas
(bce, 2019a). Según el estudio sobre inclusión financiera realizado por cepal (2018f), se señala
la necesidad de encontrar las determinantes que expliquen la falta de demanda de servicios
financieros que puedan atarse a la necesidades de los diferentes segmentos de la población en
su conjunto. Para el Ecuador se han encontrado varias limitantes según la encuesta realizada
por el Banco Central del Ecuador, en donde se señalan la percepción de los usuarios al acceso
de productos financieros.
Para Ferraz y Ramos (2018), la inclusión financiera se puede definir en términos de tres
dimensiones: acceso, uso y calidad. El acceso se relaciona con la oferta de servicios financieros
que la posibiliten; el uso se relaciona con el desempeño de una función específica: el empleo
de un determinado servicio financiero; y la calidad se vincula con la eficiencia del servicio y su
adecuación a las necesidades del beneficiario del producto financiero. El concepto de inclusión
financiera tiene que ver con el acceso a servicios financieros y su uso, pero también con la
calidad de dichos servicios, que deben ser entregados adecuadamente según sus necesidades a
todos los segmentos de la población (Almeida, 2017). Según Calle (2016), se entiende como
inclusión financiera a: […] El proceso que promueve un acceso asequible, oportuno y adecuado
a una amplia gama de productos y servicios financieros regulados, ampliando su uso para
todos los segmentos de la sociedad mediante la puesta en práctica de enfoques existentes e
innovadores, que comprenden la sensibilización y la educación financiera; todo con el objetivo
de promover el bienestar financiero y la inclusión económica y social. (pág. 41) Por su parte, la
economía popular y solidaria no es una economía «de» y «para» pobres, sino un conjunto de
relaciones sociales y económicas en las que predominan las acciones solidarias y cooperativas y
el trabajo sobre el capital, pero al mismo tiempo se interrelaciona con resto de actividades
mercantiles (Coraggio, 2011). La Constitución vigente determina que el sistema económico es
social y solidario, fundamentado en relaciones de solidaridad y equilibrio entre sociedad,
Estado y mercado, en plena armonía con la naturaleza; por tanto, reconoce expresamente la
diversidad de formas de producción, ya sean pública, privada, mixta, popular y solidaria
(García, 2016). El marco legal e institucional para tales fines se establecieron en la Ley Orgánica
de la Economía Popular y Solidaria y del Sector Financiero Popular y Solidario, vigente desde
2011. En esta ley establecen varias medidas de fomento, entre las principales, márgenes de
preferencia en las compras públicas; implementar productos y servicios financieros
especializados y diferenciados; implementará dentro del régimen curricular, en los tres niveles
educativos, programas de formación, asignaturas, carreras y programas de capacitación en
temas relacionados; impulso de medios de pagos complementarios; y acceso a la seguridad
social. Por lo expuesto, cuando se habla de la necesidad de crear oportunidades económicas
para la base social de una nación debería inmediatamente pensarse en la inclusión financiera,
pues se trata de un mecanismo para dotar de recursos y servicios indispensables para el
consumo, la inversión, el emprendimiento. Lamentablemente, la experiencia latinoamericana
no se presenta de esta manera. Para empezar, porque no ha habido consenso sobre la
definición sobre su naturaleza y alcances, luego porque las políticas públicas lo han visto como
parte de aquellas políticas residuales en el sentido de que pueden esperar a que el propio
mercado se encargue de ellas. Esta situación ha sido la que ha predominado en buena parte de
América Latina, especialmente en el caso ecuatoriano. En términos generales, no ha habido un
consenso en Ecuador sobre la definición de inclusión financiera, en muchas ocasiones el
debate se centró casi exclusivamente en la profundización financiera —expansión de los
servicios financieros o incremento de la bancarización—1 posteriormente, desde mediados de
los 90 del siglo pasado, las propuestas pasaron por el tema de microcrédito para, finalmente,
llegar a una visión integrada que toma en cuenta la inequidad en el acceso a los servicios
financieros, como resultado de bajos niveles de ingresos y de ahorros de buena parte de las
poblaciones, diferencias en disponibilidad de infraestructuras entre el campo y la ciudad,
patrones de consumo insostenibles. En este contexto, la inclusión financiera debe analizarse en
un contexto amplio y multidimensional, que se interrelaciona directamente con la inclusión
productiva y en el marco del sistema monetario-financiero de la dolarización y la posición del
sector externo (García, 2016).
B. Situación de la inclusión financiera en América Latina
Según el Global Findex del Banco Mundial, tres de cada cuatro personas adultas en el mundo
no mantienen productos bancarios por un conjunto de causas que se relacionan con bajos
niveles de ingreso de las familias, costos de acceso altos para los segmentos más pobres y
limitada educación financiera.
En concreto, aproximadamente 1200 millones de adultos obtuvieron una cuenta desde 2011.
Entre 2014 y 2017, la proporción de adultos que tienen una cuenta en una entidad financiera o
un servicio de dinero móvil aumentó a nivel mundial de 62% a 69%. En las economías en
desarrollo, la proporción aumentó del 54% al 63% (Global Findex, 2017). Según Pérez y
Titelman (2018), solo 45% de la población latinoamericana tiene acceso a servicios financieros
formales; además, en el sector productivo, solo 45% de las pymes y 65% de empresas grandes
tienen acceso a financiamiento bancario.2
C. Situación de la inclusión financiera en Ecuador
Aproximadamente, 51% de la población mayor a 15 años tiene acceso a una cuenta financiera,
año 2017 (véase Tabla 2). A partir de esta situación se derivan un conjunto de limitaciones que
denotan una baja inclusión financiera en el país, según el siguiente detalle que hace referencia
a la población mayor de 15 años (Global Findex, 2017): · 28% dispone de una tarjeta de débito;
· 11,8% tomó un crédito en una entidad financiera; · 8,7% es titular de una tarjeta de crédito; y
· 64,4% efectuó un depósito en el último año en una entidad financiera.
En este punto, conviene detenerse en algunos aspectos sobre el acceso al crédito en Ecuador.
Tal como se mencionó en líneas anteriores, cerca del 12% de la población mayor de 15 años
accedió a un crédito en una entidad financiera. Esta relación muestra que el acceso a crédito
en Ecuador es menor a otros países como Uruguay, Bolivia, Perú y Colombia (véase Tabla 3).
Los segmentos consumo y productivo son los más importantes dentro de la estructura de los
créditos del sistema financiero nacional y su dinámica ha sido importante en los últimos años;
sin embargo, el microcrédito se ha estancado dentro de esta estructura —menos del 10% del
total de operaciones activas—. El monto promedio de microcrédito por operación pasó de usd
4502 en 2017 a usd 5034 en 2018 (véase Tabla 6).
D. Indicadores de acceso y uso de los principales servicios financieros
Las dimensiones acceso y uso establecidas por la rfd permiten tener un acercamiento a la
realidad del sector financiero formal a lo que respecta a la dotación y utilización de varios
productos financieros. Los principales productos financieros son: i) cuenta ahorro ii) tarjetas de
débito iii) tarjetas de crédito iv) cuentas corrientes.
Según la gráfica, las cuentas de ahorro son el producto financiero frecuentemente utilizado,
pasando de alrededor 2.326.525 en el primer trimestre del 2016 a 1.442.896 cuentas de ahorro
en el primer trimestre del 2018, es decir, existe una variación del -4% en promedio. El siguiente
producto financiero utilizado es la tarje de débito, cuya variación es en promedio del 0,3% al
año 2018; seguido por la tarjeta de crédito y las cuentas corrientes; dichos servicios financieros
también tienen variaciones negativas al primer trimestre del 2018. Cabe recalcar que el acceso
y uso de los diferentes servicios y productos financieros por parte de los diferentes agentes
económicos, son reportados y monitoreados por la Superintendencia de Bancos (sb) y el Banco
Central del Ecuador (bce), y compiladas en los diferentes boletines de Inclusión Financiera en
los recientes años. Dicha información de acceso y uso carecen de exactitud en el Ecuador, ya
que la información estadística es un aglomerado de cuentas abiertas, sin ninguna exactitud o
profundidad de análisis.
AGENDA DE POLÍTICAS PÚBLICAS DE INCLUSIÓN FINANCIERA Y EPS
La propuesta de agenda recoge los principales objetivos, lineamientos y acciones que son
indispensables para la integración de la inclusión financiera con la inclusión productiva
relacionada con la eps, bajo una visión amplia e integrada. Comprende cuatro elementos
interrelacionados entre sí, tal como se puede apreciar en el recuadro 1. a. Supuestos o
condiciones necesarias b. Visión estratégica c. Objetivos d. Principales políticas y estrategias e.
Identificación de actores
A. Supuestos y condiciones Esta agenda parte de los siguientes supuestos: Articulación de
recursos financieros bancarios a la política productiva para reactivación y empleo decente. Un
elemento crítico para que se pueda implementar la presenta propuesta de agenda de política
pública tiene que ver con el hecho de que se requiere una gestión integral de los recursos
disponibles en todo el sistema financiero nacional a una prioridad que es la producción y el
empleo. No se trata de satanizar ni desvalorizar los otros procesos económicos relacionados
con el consumo, sino simplemente poner por delante las prioridades como sociedad
organizada, en este caso, la reactivación productiva y el empleo decente.
En la medida en que cerca de 6 de cada 10 ecuatorianos que forman parte de la pea se
encuentra bajo diferentes formas de empleo inadecuado, es decir, sin garantías que protejan
sus derechos sociales, pone en evidencia la magnitud del problema socioeconómico, pero al
mismo tiempo la gran oportunidad de impactar favorablemente en una dinámica
socioeconómica de gran envergadura. La generación de ingresos en grandes segmentos
poblacionales a partir del financiamiento productivo va dinamizar el circuito del consumo y
retroalimentar el proceso económico. Fortalecimiento del mercado de valores bajo perspectiva
inclusiva y fondeo de recursos de mediano y largo plazo. La dinámica del mercado de valores
en Ecuador ha sido muy endeble desde décadas atrás, debido a un conjunto de circunstancias
adversas de tipo regulatorio, debilidad institucional, carencias de instrumentos efectivos de
promoción, entre otras. Ahora, la propuesta es un giro apreciable de su funcionamiento desde
una perspectiva inclusiva. Existe un mecanismo que no ha sido explotado a cabalidad: el
Registro Especial Bursátil (reb), el cual ha sido diseñado para facilitar la participación directa de
las pymes y de las organizaciones de la eps. Mejoramiento apreciable de la calidad institucional
de la banca pública, del sistema financiero popular y solidario y de las organizaciones de la
economía popular y solidaria. El mejoramiento de la calidad institucional es un requisito
fundamental para una adecuada política de inclusión financiera y que pretenda tener
resultados concretos. Por el contrario, la dispersión, la desarticulación y la improvisación
institucional se constituyen en grandes trabas que limitan considerablemente los propósitos de
inclusión financiera para la producción. En tal contexto, la propuesta de calidad institucional
implica, entre otros elementos: · Fortalecimiento de la regulación, control y promoción de
servicios financieros. Debe existir regulación diferenciada pero no «excepcionalidad
normativa». · Reformas legales que faciliten el funcionamiento del mercado de valores y
mercado de seguros. · Participación del sistema universitario para inclusión financiera y
productiva. · Incentivos a nuevas tecnologías aplicadas a servicios financieros. En definitiva se
requiere una participación activa y consciente de los actores público, privado y asociativo con
compromisos permanentes en corto, mediano y largo plazo.
B. Visión estratégica Al 2023, la inclusión financiera se convierte en principal sustento de la
inclusión productiva, con especial atención en las diferentes formas y organizaciones de la eps.
Se trata de una visión de mediano y largo plazo que muestra el sendero por el cual el país
debería transitar y que pondría nuevas bases materiales para un mejoramiento progresivo de
las condiciones de vida de los ecuatorianos, a partir del aprovechamiento efectivo de sus
recursos actuales y potenciales. La inclusión financiera como herramienta de la inclusión
productiva no termina en las actividades económicas que se realizan a través de las diferentes
unidades y organizaciones de la eps, pero de lo que se trata es de impulsar una nueva visión
diferente por la cual se establecen prioridades para la producción y la generación-
consolidación de empleo decente. Definitivamente, no se trata de negar la necesidad del
financiamiento bancario para el consumo de bienes nacionales e importados, sino poner por
delante las alternativas para un financiamiento productivo. El país había discutido de forma
parcial el tema de la inclusión financiera en las décadas finales del siglo xx, tal como se hizo
referencia en la introducción de este documento, de ahí la importancia de estructurar una
visión nacional de inclusiones financiera-productiva. El «acento» en las inclusiones financiera-
productiva se fundamenta en que aproximadamente 6 de cada 10 ecuatorianos en capacidad
de trabajar se encuentran en las diferentes formas de empleo inadecuado (Grupo Faro, 2019),
por tanto, quedan claras las prioridades para la sociedad ecuatoriana. C. Objetivos A partir de
los supuestos y de la visión estratégica antes señaladas, se identificaron cuatro objetivos
estratégicos que guían a la presente propuesta de agenda: · Coherencia entre las políticas de
regulación y promoción de la inclusión financiera · Mejoramiento de la cultura financiera y
productiva de las organizaciones de eps · Disponibilidad suficiente de recursos financieros para
eps · Acceso dinámico al financiamiento bancario, al mercado de valores y a otros mecanismos
alternativos de financiamiento
D. Principales estrategias, lineamientos de políticas y actividades
Se identificaron ocho estrategias para el cumplimiento de los objetivos propuestos, que se
detallan a continuación y que pueden visualizarse de manera esquemática en el recuadro 3. ·
Fortalecimiento un marco regulatorio y de incentivos para el sistema financiero que permita la
reorientación del crédito hacia el desarrollo productivo, la profundización de la inclusión
financiera y mejoramiento de sus niveles de solvencia y eficiencia. · Implementación de un
sostenido programa de educación financiera en todos los niveles de educación y por parte del
propio sistema financiero nacional. · Mejoramiento de condiciones de captación de recursos
para el fondeo del sistema financiero nacional. · Fortalecimiento de líneas de crédito dirigidas a
eps, de primero y segundo pisos, adaptadas a sus necesidades y bajo criterios de flexibilidad e
inclusión. · Operatividad de mecanismos para el financiamiento de la eps a través del mercado
de valores por medio de las opciones existentes y nuevos productos financieros.
ESTRATEGIA NACIONAL DE INCLUSIÓN FINANCIERA 2020–2024
La Estrategia Nacional de Inclusión Financiera de Ecuador (ENIF) sienta las bases para trabajar
de manera coordinada y colaborativa en potenciar el desarrollo y el bienestar económico de
individuos y mipymes, a través de la provisión sostenible de servicios financieros de calidad y
del empoderamiento del consumidor financiero. El bienestar económico de los individuos y de
sus hogares se hará posible al dotarlos de herramientas financieras y cognitivas que faciliten un
mejor manejo de sus finanzas, contribuyan a incrementar su capacidad productiva y les
aseguren una mayor capacidad de enfrentar fluctuaciones inesperadas en sus ingresos. En el
caso de las mipymes, estas mismas herramientas potenciarán su productividad, innovación y
capacidad de generar empleo. La ENIF representa el compromiso vigente y renovado con la
inclusión financiera en Ecuador, por parte de los sectores público y privado, y materializa la
necesidad de colaboración y coordinación para avanzar en esta materia. Se ha construido sobre
la base del trabajo realizado en este ámbito durante los últimos veinte años en el país,
articulando una gran gama de acciones fundamentales para facilitar el acceso y uso de
servicios financieros de calidad por parte de individuos y empresas. La inclusión financiera en
el país ha mostrado progresos significativos en los últimos diez años. Así, por ejemplo, la
población con cuentas en el sistema financiero creció por encima de 14 puntos porcentuales y
diversas políticas y regulaciones acompañan este progreso, como son la regulación de cuentas
básicas, de agentes corresponsales, o la inclusión de las cooperativas en el sistema de pagos
interbancario. Sin embargo, aún queda pendiente brindar acceso a servicios financieros
formales a más de 6 millones de ecuatorianos adultos, que carecen de una cuenta en el
sistema financiero y trabajar en la formalización de una elevada proporción de personas que
utilizan servicios financieros informales. A ello se suma que el potencial de las nuevas
tecnologías, para reducir los costos y expandir el alcance del sector financiero formal, aún no
está siendo aprovechado. Así, por ejemplo, solo el 20% de los ecuatorianos realizó pagos
digitales el año anterior, frente a un 35% en la Región y un 53% en países de ingresos similares.
A lo largo de los últimos meses, debido a la crisis sanitaria ocasionada por el virus COVID-19, se
han hecho más evidentes los costos de esta exclusión financiera y las barreras para el
aprovechamiento de servicios y canales digitales. Así, por ejemplo, la carencia de cuentas
bancarias en la mayoría de la población de bajos ingresos le ha obligado a efectuar pagos en
efectivo a través de las instituciones financieras, provocando que se generen largas colas que
han puesto en peligro la salud de las personas; a esto se le suman la falta de una
infraestructura adecuada y de productos de pago electrónicos que funcionen de manera
eficiente a nivel nacional, lo que ha imposibilitado el impulso al comercio electrónico como
mecanismo para facilitar el cumplimiento de las normas de distanciamiento social en una gran
porcentaje de la población. Las barreras para la inclusión financiera afectan con mayor
intensidad a las mujeres; al sector rural; a las etnias, como la indígena o la montubia; y a los
migran- tes. Así, por ejemplo, solo el 43% de las mujeres tienen una cuenta en el sistema
financiero, frente al 60% de los hombres; el 8% de las mujeres han obtenido un préstamo del
sistema financiero, frente a un 16% de los hombres. Las mismas disparidades se observan en la
población indígena, donde solo un 38% tiene acceso a cuentas bancarias, versus el 69% de los
mestizos. También se aprecia una disparidad en cuanto a la infraestructura del sistema
financiero disponible en las localidades habitadas de manera mayoritaria por población
perteneciente a una etnia. En las parroquias con mayor proporción de población étnica (más
de 60% del total), se observa una menor presencia del sistema financiero (alrededor de 15
puntos porcentuales), que en las parroquias con menor proporción de población perteneciente
a etnias (población étnica inferior al 30% del total). Adicionalmente, los altos niveles de
informalidad de las microempresas, sus limitaciones en infraestructura crediticia y en el uso de
garantías muebles limitan su acceso a productos financieros. De hecho, el 50% de los
microempresarios ecuatorianos señala que realiza todas sus transacciones en efectivo. Los
bajos niveles de educación financiera y la limitada articulación y eficiencia de los mecanismos
de protección al consumidor tampoco contribuyen a una mayor inclusión financiera. Para hacer
frente a estos desafíos, la ENIF ha identificado un conjunto de acciones, coordinadas y
secuenciadas, a ser implementadas de manera colaborativa por los sectores público y privado.
La implementación de estas acciones tiene las siguientes metas: • Un incremento significativo
en el acceso a servicios financieros, medido a través del acceso a cuentas bancarias. Se prevé
un incremento progresivo del 51% en 2017 al 75% en el 2024. Ello va de la mano con algunos
resultados esperados como un salto aún mayor del acceso a cuentas por parte de los
segmentos menos favorecidos como las mujeres (del 43% al 75%), la población rural (del 48%
al 75%) y los migrantes (en particular refugiados y solicitantes de refugio). • La expansión de
los puntos de atención del sistema financiero, principalmente a través de agentes
corresponsales o agregadores de pagos. Hoy en día, el 27% de las parroquias del país no
cuentan con ningún punto de atención del sistema financiero. Para el 2024, el objetivo
propuesto es que no existan parroquias sin puntos de atención.
• Una de las metas trazadas es el incremento de la utilización de servicios financieros digitales,
empezando por los pagos. Se espera que la proporción de adultos que hicieron pagos digitales,
que hoy corresponde a un 22%, se incremente y alcance al 60% de la población. • Una mayor
disponibilidad, calidad y adecuación de formas de financiamiento para las mipymes, a través de
la mejora de la oferta crediticia y de sus indicadores de sostenibilidad, así como de otros
mecanismos de financiamiento como el leasing y el factoring. Ello estará medido por el
incremento del financiamiento para actividades productivas y una reducción de la proporción
de cartera en riesgo para los segmentos de microcrédito y consumo. Para la ejecución de estas
acciones, la ENIF se ha estructurado en cuatro áreas de política temáticas y en tres elementos
transversales. Las áreas de política son las siguientes: (i) puntos de acceso e infraestructura de
pagos, (ii) oferta de productos básicos y servicios financieros digitales, (iii) financiamiento de la
mipyme e infraestructura de crédito y (iv) protección al consumidor y educación financiera.
Estas se apoyan en tres elementos o cimientos necesarios para alcanzar los objetivos de cada
área de política. Estos elementos incluyen: (i) el compromiso de los sectores público y privado,
(ii) un marco regulatorio favorable para expandir la inclusión financiera y (iii) la infraestructura
del sistema financiero y conectividad. La ENIF contiene un plan de acción detallado, con
alrededor de 40 acciones organizadas según las áreas y elementos mencionados. Estas
acciones han sido priorizadas, a partir de un conjunto más extenso, y se han asignado
responsables y encargados de su cumplimiento. Se espera que estas permitan alcanzar los
objetivos mencionados. Entre las acciones consideradas de alta prioridad y de alto impacto se
pueden mencionar las siguientes: • Diseñar un marco de regulación y supervisión específico y
proporcional al riesgo, para proveedores de servicios de pagos que, incorpore a instituciones
no financieras y evaluar la incorporación de los proveedores no bancarios de dinero
electrónico. • Implementar de manera progresiva el proyecto Pago Seguro para lograr que, al
menos, el 90% de los usuarios del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) reciban
estos beneficios a través de una cuenta en instituciones financieras. • Hacer más eficiente el
mercado de crédito a través de la revisión de los techos a las tasas de interés y a las tarifas,
simplificando su comprensión, uso y aplicación. • Fortalecer y definir de manera clara los
objetivos estratégicos de la banca pública con relación a la inclusión financiera, enfocándose en
intervenciones específicas, complementarias a las actividades del resto del sistema financiero y
sostenibles. • Fortalecer el sistema de referencias crediticias y reformar el sistema de registro
de garantías muebles, a través de un marco jurídico e institucional único e integrado para
transacciones garantizadas, y mejoras regulatorias que favorezcan la recuperación de dinero de
créditos garantizados con colaterales. • Mejorar el marco de regulación y supervisión de
protección al consumidor, para asegurar una mejor cobertura y efectividad de las normas,
aplicable a cualquier tipo de institución del sistema financiero, en temas como trato justo,
adecuación de productos, responsabilidad en caso de fraude, privacidad de datos y resolución
de conflictos. • Fortalecer la capacidad técnica y legal de las autoridades financieras para
regular y supervisar, de manera efectiva, los temas de protección al consumidor financiero. •
Articular las iniciativas de educación financiera para asegurar su eficiencia y efectividad para
empoderar y dotar de la capacidad de elegir a los individuos y empresas. • Diseñar un
programa de educación financiera para los receptores de pagos del Gobierno. La
implementación de esta ENIF está asegurada a través de una estructura de coordinación y
colaboración interinstitucional sin precedentes en el país, que congrega y se apoya en la
experiencia y en los recursos de actores de los sectores público y privado comprometidos en
avanzar con la inclusión financiera. Medir el progreso en el alcance de la visión y en los
objetivos trazados en la ENIF es parte esencial del proceso de implementación, y para ello se
ha diseñado un sistema robusto de monitoreo y evaluación, que incluye un conjunto de
indicadores y metas clave, que permitirán evaluar el impacto de las acciones mencionadas en
los niveles de acceso y uso de servicios financieros de calidad por parte de individuos y
empresas. Los objetivos y acciones definidos en el marco de esta estrategia son
complementarios con otras iniciativas del sector financiero, incluyendo los objetivos de
estabilidad e integridad del sistema financiero.
Introducción
En el complejo entramado económico global, la noción de inclusión
financiera ha evolucionado más allá de una mera accesibilidad a los
servicios bancarios, transformándose en un concepto integral que
abarca diversos elementos cruciales. En este contexto, la Red de
Instituciones Financieras de Desarrollo propone una visión que va
más allá del acceso, considerando factores como la regulación, la
protección del usuario y la educación financiera. Este enfoque
adquiere especial importancia en el contexto ecuatoriano, donde la
inclusión financiera se percibe no solo como un fin en sí mismo, sino
como una herramienta estratégica para impulsar la "inclusión
productiva" y fomentar un crecimiento económico genuinamente
inclusivo.
América Latina, al igual que otras regiones, enfrenta desafíos
significativos en términos de acceso a servicios financieros y
desarrollo económico equitativo. La inequidad social ha sido
identificada como un obstáculo para el progreso económico eficiente.
En este contexto, la diversificación y profundización del sistema
financiero se presentan como elementos cruciales para abordar estas
disparidades.
Este escenario plantea interrogantes específicos en el ámbito
ecuatoriano, donde el acceso a servicios financieros se encuentra en
un punto crucial. La población, en su mayoría, enfrenta limitaciones
en la posesión de tarjetas y el acceso a créditos formales, destacando
la necesidad de estrategias inclusivas y sostenibles.
Frente a estos desafíos, se propone una agenda de políticas públicas
que no solo aborde la inclusión financiera, sino que también la vincule
estrechamente con la inclusión productiva. Esta propuesta se apoya
en supuestos clave, como la articulación de recursos financieros hacia
la política productiva y el fortalecimiento institucional.
La visión estratégica delineada para el año 2023 busca consolidar la
inclusión financiera como el motor principal de la inclusión
productiva, con un enfoque especial en las organizaciones de
economía popular y solidaria (eps). Cuatro objetivos estratégicos
guían esta agenda, apuntando a lograr coherencia regulatoria,
mejorar la cultura financiera, asegurar la disponibilidad de recursos
para las eps y facilitar un acceso dinámico a distintas formas de
financiamiento.
En este contexto, las estrategias propuestas representan un
compromiso integral para transformar la inclusión financiera en un
catalizador tangible del desarrollo económico en Ecuador,
enfrentando los desafíos actuales con una visión a largo plazo y
soluciones que involucren a diversos sectores de la sociedad.