Actitudes Éticas (Iván)
La actitud ética es la conducta racional, observando practicando moral, la virtud, el deber, y la
felicidad y el buen vivir. Los valores éticos se adquieren durante el desarrollo individual de
cada ser humano con experiencia en el entorno familiar, social, escolar e, inclusive, a través de
los medios de comunicación. Los valores éticos demuestran la personalidad del individuo, una
imagen positiva o negativa, como consecuencia de su conducta. Asimismo, se pueden apreciar
las convicciones, los sentimientos y los intereses que la persona posee.
El comportamiento de los directores en la empresa suele ser señalado como un factor
importante para construir una cultura de ética. Es fácil entender cómo se puede motivar a
todo el personal a tomar decisiones y tener actitudes éticamente aceptables, mediante
políticas formales apoyadas y respetadas por los directivos de la compañía. En empresas
donde existe un ambiente de respeto a los valores éticos, todos entienden que el logro de sus
objetivos no justifica utilizar medios éticamente objetables. En organizaciones donde la
política formal está enfocada solamente al logro de objetivos económicos, sus integrantes
fácilmente se olvidan de los principios éticos. Esta visión desanima al personal porque les
origina un conflicto entre sus convicciones morales y las exigencias del logro de metas
económicas impuestas por la empresa.
El ambiente formal de la ética en una empresa es importante, no sólo porque motiva a los
empleados a comportarse éticamente, sino porque estos pueden apoyarse en una buena
política de la compañía cuando desean hacer respetar sus propios valores.
Lo anterior debe hacer a sus dirigentes particularmente exigentes con la ética de quienes
integran los niveles superiores de la empresa, ya que si su comportamiento es dudoso pueden
contaminar a las personas que dependen de ellos. Su integridad personal es muy importante.
La fortaleza de una empresa es su ética interna, las buenas relaciones de los directivos con sus
colaboradores, lo cual requiere una fuerte dosis de respeto mutuo que contribuya a la
eficiencia del conjunto.
Actitudes éticas sociales como la honestidad, responsabilidad, lealtad, respeto, calidad y
eficiencia en el desempeño de sus deberes, no solo tienen mérito como valores éticos,
también poseen un valor económico tangible y ayudan a la empresa al logro de objetivos
compartidos: productividad, calidad, crecimiento, confianza, credibilidad y prestigio en la
comunidad. Las organizaciones que crecen y perduran están unidas por valores, normas y
experiencias compartidas por sus integrantes.
Petrick y Quinn (1997) exponen cinco razones por las que se debe ser más éticos al tomar
decisiones:
1. Los costos de la conducta carente de ética en el lugar de trabajo.
2. La falta de conciencia respecto a actos directivos, éticamente cuestionables, relacionados
con esta función.
3. La erosión generalizada de la integridad y la exposición a riesgos éticos.
4. Las presiones de corrupción global que amenazan la reputación gerencial y organizacional.
5. Los beneficios de una mayor rentabilidad y orden organizacional intrínsecamente deseables.
Blanchard y Peale (1988) ofrecen un grupo de interrogantes que contribuyen a la toma de
decisiones éticas. Recomiendan hacerse estas preguntas antes de tomar una decisión, y
llaman a estas tres preguntas la "prueba de ética".
1. ¿Es legal? ¿Infringiré las leyes civiles o la política de la compañía?
2. ¿Es equilibrada? ¿Es justa con todos los afectados en el corto plazo, así como en el largo
plazo? ¿Promueve relaciones en las que todas las partes ganan?
3. ¿Cómo me hará sentir respecto a mí mismo? ¿Me enorgullecerá? ¿Me sentiría bien si mi
decisión se publicara en un periódico? ¿Me sentiría bien si mi familia se enterara?
Como es lógico, las respuestas equivocadas a las preguntas anteriores motivarían al gerente a
reconsiderar su decisión. De lo contrario estaríamos ante actitudes inéticas, tales como:
1. Aprovechar la confianza de jefes y compañeros.
2. Utilización de los medios de la empresa para actividades privadas.
3. Aceptar sobornos a cambio de información, permisos, o algún otro beneficio.
4. Uso de información privilegiada a cambio de beneficios personales.
Llevar una conducta ética en la administración no solo contribuye a que el negocio siempre va
a fluir de manera eficaz, esto hace que tenga un atractivo puesto que cuando se administra
bajo todos los requisitos pertinentes y a su vez son plenamente cumplidos se goza de
beneficios a la hora de hablar de estado creditito, otro factor que influye fuertemente a la de
ser considerados por otras instituciones o ayudas. En conclusión, la ética en la administración
va a depender de los principios de todos aquellos que participen en la misma. Dentro del
mundo de los negocios se debe de llevar un comportamiento ético ya que este ayudará a
lograr que tanto el propietario como lo que este bajo su administración pueda funcionar de
manera positiva contribuyendo así a un mejor manejo de lo relacionado.