Facultad de Ciencias de la Salud
Licenciatura en Psicología Clínica
Curso: MODELO PSICOTERAPÉUTICO HUMANÍSTICO EXISTENCIAL
Catedrático: Dra. CARMEN MARIA ALVARADO PINEDA
Sección: A Ciclo: 10
INVESTIGACION
Alumna: Joselyn Andreina Boteo Gonzalez (9943-15-4785)
Guatemala 25 de agosto de 2024
Vida de Carl Rogers
Carl Ransom Rogers nació el día de enero de 1902 en Oak Park, Chicago, siendo el cuarto de
seis hermanos. Sus padres fueron Walter Rogers (ingeniero civil) y Julia Rogers (ama de casa),
siendo el cuarto de seis hermanos. La familia tenía fuertes convicciones cristianas y
evangélicas, siendo la religión importante en el desarrollo madurativo e intelectual del autor. La
vinculación familiar era positiva y estrecha, inculcando los padres valores como la importancia
del esfuerzo y la perseverancia.
Cuando tenía doce años su familia compró una granja y se trasladó a ella, transcurriendo en
ella su adolescencia y adquiriendo Rogers un gran interés en la agricultura y la biología,
participando activamente en el cuidado de los animales y leyendo a menudo literatura científica
vinculada a dicho sector.
En 1919 se inscribió en la Universidad de Wisconsin en la carrera de Agricultura. Sin embargo,
a lo largo de sus estudios y tras la asistencia a diversas jornadas religiosas decidió virar su
interés y sus estudios hacia la teología y la historia.
En 1922, durante su penúltimo año de estudios, fue escogido para participar en una
conferencia internacional de la Federación Mundial de Estudiantes Cristianos en China.
Durante la estancia en el continente asiático y en la conferencia pudo observar una gran
diversidad de creencias y el enfrentamiento aún existente entre los miembros de los países
involucrados en bandos opuestos durante la Primera Guerra Mundial. Este viaje haría que
Rogers se replanteara su concepción de la vida. Tras su vuelta, se gradúa en Historia.
Durante sus años universitarios retomaría el contacto con Ellen Elliott, una antigua compañera
de primaria de quien se enamoraría y con quien terminaría por casarse en 1924. Tras ello y una
vez terminados sus estudios la pareja se mudó a Nueva York, donde Rogers se inscribiría en el
“Union Theological Seminary”. Allí proseguiría sus estudios sobre teología y filosofía a la par
que empezaría a asistir a diferentes cursos de la Escuela de Maestros de la Universidad de
Columbia. En estos últimos descubrió y se interesó por aspectos vinculados a la psicología.
Tras concluir en uno de los seminarios que su camino y su filosofía no se adscribían a la
religión (si bien conservaba el interés por aspectos como el significado de la vida), decidió
abandonar la carrera de teología. Asimismo se inscribiría en la Universidad de Columbia para
estudiar Psicología, concretamente en el programa de psicología clínica, y empezaría a trabajar
con menores en el Instituto para la Orientación Infantil de Nueva York. Obtuvo el título de
máster en 1928, y el doctorado en Psicología en 1931.
Durante el año 1928, fue contratado en la Sociedad de Rochester para la Prevención de la
Crueldad Infantil, en el que trabajaría aspectos como la prevención de los delitos en jóvenes en
riesgo de exclusión social y con distintas problemáticas y del que llegaría a ser nombrado
director. En este lugar trabajaría durante doce años, observando y trabajando con múltiples
pacientes.
Llegó a ser presidente de la Asociación Psicológica Norteamericana y estuvo muy vinculado
durante años a la Universidad de Chicago como profesor de Psicología y miembro activo de su
Centro de Asesoramiento Psicológico. Rogers fue el primero en conceptualizar la terapia
centrada en la persona, y fue un conocido consejero, teórico de la personalidad y un
desarrollador clave de la psicología humanista. Carl R. Rogers puede que sea más conocido
por su trabajo en psicología. Sin embargo, su contribución al campo de la educación, en forma
de aprendizaje experimental, es igualmente profunda.
En 1945 fue invitado a crear un centro asistencial en la Universidad de Chicago, aprendiendo
conforme pasaba el tiempo a establecer relaciones útiles, cercanas y terapéuticamente
productivas con sus pacientes. Debido a sus numerosas contribuciones en 1947 fue nombrado
presidente de la American Psychological Association (APA). A lo largo de 1951 publicaría
“Psicoterapia centrada en el cliente”, en la que el autor desarrolla su conocida teoría en la que
remarca el papel de la capacidad de cada uno de nosotros para lograr el crecimiento y el
cambio personal.
Rogers volvió a la Universidad de Wisconsin en 1957, donde ejercería de profesor del
departamento de psicología a la par que realizaría programas de investigación con población
esquizofrénica. Sin embargo diferentes conflictos en dicho departamento provocaron que el
autor se desencantara con el mundo universitario. En 1964 se le ofreció un puesto como
investigador en La Jolla, lugar donde residió y trabajó hasta su muerte.
Fundamentos de terapia centrada en la persona.
Los fundamentos del Enfoque Centrado en la Persona de Carl Rogers son el marco actitudinal
para la transformación (empatía, mirada positiva incondicional, y congruencia personal), así
como la confianza plena en el ser humano y sus capacidades, y la importancia nuclear de la
Presencia como facilitadora del proceso.
A la vez, Rogers describió su Enfoque Centrado en la Persona de manera abierta y ecléctica,
por lo que creemos que el EICP es fiel a esta premisa por lo integrativo del enfoque que, a
partir de los paradigmas que lo constituyen, conlleva la incorporación múltiples y específicas
aportaciones, conocimientos, modelos y herramientas que, añadiendo valor, permiten
ajustarnos y adaptarnos a cada persona, grupo y caso en particular.
El Enfoque Integral Centrado en la Persona nos proporciona un marco desde el que
entendemos el ser humano y las relaciones, y para nosotros se enriquece día a día con todo
aquello aprendido y aprehendido de nuestros alumnos, clientes, colegas, y compañeros de
camino en este proyecto en el cual creemos profundamente.
La terapia centrada en la persona fue desarrollada por Carl Rogers en las décadas de 1940 y
1950. Sus aportaciones fueron fundamentales para el desarrollo de la psicoterapia científica tal
y como la conocemos en la actualidad.
La obra de Rogers se enmarca en el humanismo psicológico, un movimiento que reivindicó la
bondad del ser humano y su tendencia innata al crecimiento personal frente a las perspectivas
más frías y pesimistas del psicoanálisis y del conductismo. Rogers y Abraham Maslow son
considerados los pioneros de esta orientación teórica.
Para Rogers la psicopatología se deriva de la incongruencia entre la experiencia del organismo
(“yo organísmico) y el autoconcepto, o sentido de la identidad; así, los síntomas aparecen
cuando la conducta y las emociones no son coherentes con la idea que tiene la persona de ella
misma.
En consecuencia la terapia debe focalizarse en que la persona alcance dicha congruencia.
Cuando lo haga podrá desarrollarse plenamente, mostrándose abierto a las experiencias del
presente y sintiendo confianza en su propio organismo.
Probablemente la aportación más importante de Rogers fue la identificación de factores
comunes que explican el éxito de distintas terapias. Para este autor -y para muchos otros
después de él- la eficacia de la psicoterapia no depende tanto de que se apliquen determinadas
técnicas como de que pase por unas fases concretas y de las actitudes del terapeuta.
Fases de la terapia
A partir de sus investigaciones Rogers propuso un esquema básico y flexible del proceso
psicoterapéutico; a día de hoy este modelo sigue utilizándose, independientemente de la
orientación teórica del terapeuta, si bien cada tipo de terapia puede focalizarse en una etapa
concreta.
1. Catarsis
La palabra “catarsis” proviene de la Grecia clásica, donde se usaba para hacer referencia a la
capacidad de la tragedia para purificar a las personas al hacerlas sentir compasión y miedo
intensos. Posteriormente Freud y Breuer llamaron “método catártico” a su técnica terapéutica,
consistente en la expresión de emociones reprimidas.
En este modelo, la catarsis es la exploración de las propias emociones y de la situación vital
por parte del cliente. Egan habla de esta fase como “identificación y clarificación de situaciones
conflictivas y oportunidades no aprovechadas”; se trata de que la persona logre centrar la
problemática para poder resolverla durante las etapas siguientes.
La terapia centrada en la persona de Rogers se centra en la fase de catarsis: promueve el
desarrollo personal del cliente para que más adelante éste pueda comprender y resolver sus
problemas por sí mismo.
2. Insight
“Insight” es un término anglosajón que se puede traducir como “intuición”, “introspección”,
“percepción”, “comprensión” o “profundización”, entre otras alternativas. En la terapia este
término denota un momento en que el cliente reinterpreta su situación en conjunto y percibe “la
verdad” -o al menos pasa a identificarse con una narrativa determinada.
En esta fase es clave el papel de las metas personales del cliente; según Egan, en la segunda
etapa se construye una nueva perspectiva y se genera un compromiso con los nuevos
objetivos. El psicoanálisis y la terapia psicodinámica se focalizan en la etapa de insight.
3. Acción
La fase de acción consiste, como su nombre indica, en actuar para lograr los nuevos objetivos.
En esta fase se preparan y se aplican estrategias para solucionar los problemas que bloquean
el bienestar o el desarrollo personal.
La terapia de modificación de conducta, que utiliza técnicas cognitivas y conductuales para
resolver problemas concretos de los clientes, es probablemente el mejor ejemplo de
psicoterapia focalizada en la fase de acción.
Actitudes terapéuticas
Según Rogers el éxito de la terapia depende fundamentalmente de que se cumplan ciertas
condiciones; considera que estas son necesarias y suficientes para el cambio terapéutico, y por
tanto más importantes que cualquier técnica concreta.
Entre estos requisitos, que se refieren a actitudes del cliente y del terapeuta, Rogers destaca
los tres que dependen del clínico: la autenticidad, la empatía y la aceptación
incondicional del cliente.
1. Contacto psicológico
Debe existir una relación personal entre el terapeuta y el cliente para que la terapia pueda
funcionar. Además esta relación debe resultar significativa para ambas partes.
2. Incongruencia del cliente
La terapia sólo tendrá éxito en caso de que exista una incongruencia entre el yo organísmico
del cliente y su autoconcept****o. Como hemos explicado previamente, el concepto de “yo
organísmico” se refiere a los procesos fisiológicos y el de “autoconcepto” al sentido de la
identidad consciente.
3. Autenticidad del terapeuta
Que el terapeuta sea auténtico, o congruente, significa que se encuentra en contacto con sus
sentimientos y que los comunica al cliente de forma abierta. Esto ayuda a crear una relación
personal sincera y puede implicar que el terapeuta haga autorrevelaciones con respecto a su
propia vida.
4. Aceptación positiva incondicional
El terapeuta debe aceptar al cliente tal y como es, sin juzgar sus actos o pensamientos,
además de respetarlo e interesarse sinceramente por él. La aceptación positiva incondicional
permite que el cliente perciba sus experiencias sin la distorsión propia de las relaciones
cotidianas, y por tanto que pueda reinterpretarse a sí mismo sin juicios apriorísticos.
5. Comprensión empática
Para Rogers la empatía implica la capacidad de introducirse en la perspectiva del cliente y
de percibir el mundo desde ésta, así como de experimentar sus sentimientos. La comprensión
por parte del terapeuta facilita que el cliente se acepte a sí mismo y a sus experiencias.
6. Percepción del cliente
Aunque el terapeuta sienta verdadera empatía por el cliente y lo acepte de forma incondicional,
si éste no lo percibe la relación terapéutica no se desarrollará adecuadamente; por tanto, el
terapeuta debe ser capaz de transmitir al cliente las actitudes que le ayudarán a cambiar.