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Valores de la Justicia en la Abogacía

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2.

2 VALORES Y CUALIDADES DE LA PROFESIÓN JURÍDICA


JUSTICIA
La abogacía ha sido diseñada para la Justicia. Para la deontología jurídica el valor supremo es la justicia, y
a ella dirige su atención.
La palabra justicia proviene del sustantivo latino iustitia y este, a su vez, del adjetivo iustus, que significa
“justo, apegado a derecho”. Ambas palabras tienen la raíz ius, “derecho”.
La Justicia tiene muchas acepciones y formas de entenderla:
a) Justicia como virtud: Desde una valoración subjetiva, la justicia como virtud moral es la virtud suprema,
la expresión del bien absoluto, la perfección individual del ser humano. Es un principio operativo que nos
dirige a ser justos.
b) Justicia como resultado: La idea de justicia lleva implícita una noción de reparto. El dar a cada uno lo
suyo implica un conocimiento previo de lo que es propio de cada cual, y una atribución a título personal de
lo que hemos individualizado como de su pertenencia.
Para actuar, dando a cada uno lo suyo, son necesarios, entre otros, dos requisitos: querer dar a cada uno
y saber qué es lo que corresponde a cada uno.
El primer requisito, el querer, se refiere al ámbito de la voluntad. El segundo, el saber, es propio de la razón
prudente. El jurista, presuponiendo la voluntad de dar a cada uno lo suyo, también debe discernir cuál es su
derecho, lo justo. Para ello debe poseer la virtud de la prudencia.
Esta perspectiva de la justicia desde el ámbito de la proporcionalidad, tiene dos visiones diferentes: de
acuerdo con Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, dividen la justicia en general y particular.
JUSTICIA GENERAL: La justicia general es la que tiene la sociedad frente a los individuos, garantiza la
conservación de la sociedad y permite que ésta pueda cumplir sus fines. Esta es un presupuesto de armonía
social, por lo que exige la aplicación de la totalidad de los valores, solo que con distinta intensidad, según el
caso. Esta cobra una nueva dimensión en cada caso particular.
JUSTICIA PARTICULAR: La justicia particular, en cambio, equivale a lo que hoy comúnmente entendemos
por justicia, como aquella virtud de dar a cada uno lo debido. La justicia particular se divide, a su vez, en
justicia conmutativa y justicia distributiva.
Justicia conmutativa: La justicia conmutativa trata las relaciones entre las partes, tiene por base el criterio
de igualdad o igualación de oportunidades, reconociendo en la justicia una función integradora que asegura
el mismo tratamiento para todos los individuos.
La justicia conmutativa es aquella que se genera como consecuencia del intercambio de bienes, o por la
lesión o apoderamiento de los bienes del otro.
La diferencia específica de la justicia conmutativa es que la deuda está vinculada a una conmutación, ya
sea voluntaria, como es el caso de los contratos, o ya sea involuntaria, como es el caso de la lesión o
sustracción de un bien ajeno (en cuyo caso la conmutación consiste en la reparación o restitución que es
impuesta por el juez).
La fuente más común de obligaciones de justicia conmutativa es el contrato o acuerdo de voluntades por el
que una o varias personas se obligan con otra u otras a la entrega de una cosa o a la prestación de un
servicio.
Justicia distributiva: La distributiva se refiere a la igualdad que tienen todos los ciudadanos frente a la ley,
en esta la proporcionalidad tiene su razón en los méritos y circunstancias personales de aquéllos que
participan en la distribución, en esta se ejerce el reparto de bienes y cargas o funciones entre los miembros
de una comunidad.
La justicia distributiva se predica no sólo del gobernante de la comunidad política, sino también de todo aquél
que tenga que administrar y repartir bienes que son comunes. Cualquier persona que tenga a su cargo una
comunidad —desde el presidente de una república, pasando por el administrador de una sociedad mercantil,
hasta una madre de familia o el director de un club deportivo— ha de vivir la justicia distributiva en la medida
en que ha de repartir bienes, cargas, tareas y funciones que son comunes.
Una vez tomada la decisión de repartir, para que la distribución sea justa, ha de atenerse a los criterios del
reparto justo, estos criterios son:
La condición es la situación especial en que se encuentra una persona frente a la comunidad. En la mayoría
de los casos este criterio funciona como presunción jurídica de capacidad, aportación o necesidad. Por
ejemplo, la condición de menor o mayor de edad, presume una mayor o menor aportación o necesidad; igual
ocurre con la condición de nacional o extranjero, casado o soltero, jubilado o trabajador, hombre o mujer.
La capacidad se tiene en cuenta, sobre todo, en el reparto de cargas y funciones. El caso más típico es el
de los impuestos: es justo que pague más quien gana más. La contribución al bien de la comunidad es un
criterio que se tiene especialmente en cuenta en las sociedades mercantiles, donde lo justo es repartir
mayores dividendos a quien más ha contribuido con la puesta en marcha y mantenimiento de la empresa.
El Estado también tiene en cuenta el criterio de la contribución a la hora de repartir determinados bienes,
como por ejemplo la pensión de jubilación.
Por último, está el criterio de la necesidad, por el cual, en determinados repartos es justo que reciban más
quienes más lo necesitan. Esta satisfacción de las necesidades básicas de los ciudadanos no es de la
exclusiva incumbencia de los poderes públicos, sino también de los particulares, que han de contribuir, en
la medida de sus posibilidades, para que todos puedan llevar a término una vida digna del hombre.
La infracción de la justicia distributiva se llama, en general, acepción de personas, consiste en aceptar o dar
preferencia injustamente a una respecto a otra, es decir, sin tener en cuenta los criterios del reparto justo.
JUSTICIA SOCIAL: También existe la justicia social, la que tiene el propósito de lograr la distribución justa
de los bienes sociales y obliga a realizar las prestaciones y contribuciones necesarias para crear la riqueza
común que permita el progreso social y económico.
En el fondo, la justicia social, más que una categoría que haya que añadir a la justicia conmutativa y
distributiva, es como una categoría transversal que perfecciona la naturaleza social que por definición tiene
toda justicia.
A diferencia de la justicia, que busca el equilibrio entre el bien común y el bien personal, la justicia social da
un paso más y promueve el reparto equitativo de los bienes y servicios. Para ello se apoya en normativas y
leyes que garanticen su práctica. Su fin último es acabar con la pobreza y la desigualdad y conseguir el
pleno desarrollo de las personas.

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