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Empleo Informal en México: Retos y Realidades

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1.

Introducción

El empleo informal es un tema cuya complejidad se puede observar desde su

definición ya que, actualmente, existen varias maneras de identificar a este sector

propuestas por diferentes organizaciones. Así por ejemplo, la Organización

Internacional de Trabajo (OIT) muestra su visión sobre el trabajo informal en el

documento Decent Work and the Informal Economy, el cual define como

característica primordial de todos los trabajadores informales el no ser reconocidos ni

protegidos por los marcos legales y regulatorios. Otras características importantes

que presentan los trabajadores informales según la OIT es la falta de protección social

y de derechos de propiedad o de seguridad y también su dependencia de instituciones

informales para el cumplimiento de contratos (OIT, 2002a). Con esto vemos que la

visión de esta organización se basa, sobre todo, en el apego de los trabajadores a los

marcos e instituciones legales.

Por otro lado, en México el Instituto Nacional de Estadística Geografía e

Informática (INEGI) utiliza otra serie de variables, tales como la rama de actividad,

tamaño de empresa, tipo de contrato y prestaciones sociales, para identificar al trabajo

informal. A partir de estas características el INEGI define a las unidades del sector

informal (o sector no estructurado) de la economía como: “microempresas sin nombre

o registro de hasta 15 trabajadores en actividades manufactureras y menores de seis en

actividades no manufactureras; y microempresas con nombre o registro de hasta 15

trabajadores en actividades manufactureras y menores de seis trabajadores en

actividades no manufactureras cuya producción o prestación de servicios son

realizados sin un local o en pequeños locales o talleres.” (INEGI, 2004, p. 135).


Con estos ejemplos de definiciones podemos observar que cada institución

escoge sus propios criterios clave para identificar al sector informal en un país. En la

realidad, los estudios empíricos sobre el empleo informal han identificado a este

sector con características muy diversas, siendo algunas de los más comunes el número

de personas que trabajan en la empresa (menos de 5 ó 15 dependiendo del país e

investigador), el estatus legal del trabajador, y la protección del seguro social (Henley,

Arabsheibani y Carneiro, 2006).

Aún con esto, en países como México donde todos podemos observar un sin

número de “changarros” y otros negocios claramente informales al pasar por las calles

de las grandes ciudades, cualquiera que sea le definición que se utilice, el trabajo

informal forma parte de la realidad diaria. Según datos proporcionados por el INEGI,

la ocupación en el sector informal en México ha pasado de 8.9 millones de ocupados

en 1996 a 10.8 millones en el año 2003 (INEGI, 2004). Según Márquez-Padilla y

Tapia de la oficina de Políticas Públicas de la Presidencia, hoy día 28.2 por ciento de

la población empleada de México trabaja en el sector informal de la economía. Este

porcentaje, según la definición utilizada por la OIT, sube hasta más del 50% para el

año de 1998 en México (OIT, 2002b). Así vemos que, siguiendo varias definiciones,

en México aproximadamente entre un tercio y la mitad de los empleos son informales.

Estas cifras muestran ser llamativas al compararlas con las que proporciona la

OIT para algunos países desarrollados como los Estados Unidos, en donde no más del

25% de los empleos se consideraron como informales (OIT, 2002b). Tomando en

cuenta que, bajo el mismo criterio del reporte de la OIT, el 55% de los empleos en

México fueron clasificados dentro de la informalidad, se ve, ciertamente, que nuestro

país dista en este aspecto de los más desarrollados. No obstante, si hacemos la misma

comparación con otros países latinoamericanos, las diferencias dejan de ser tan
grandes. El mismo reporte anteriormente mencionado indica que en Brasil, por

ejemplo, el 60% de sus empleos son informales, siendo el promedio para América

Latina en general del 51%. Es decir, México ciertamente muestra tener un sector

informal amplio, pero éste no resulta ser anormal para la región de países en

desarrollo en la que se encuentra.

Este panorama de alta informalidad en el mercado laboral mexicano se podría

considerar como un problema si se ve al empleo informal como generador de algunas

dificultades económicas. Una de éstas es, por ejemplo, su influencia sobre el sistema

de recaudación fiscal. En casos de un segmento de empleo informal muy amplio el

trabajo no declarado, y que por consiguiente no paga impuestos, se vuelve tan común

entre la población económicamente activa que la detección y sanción de éste contrae

costos muy altos para las autoridades. Éste fenómeno reduce la base tributaria, con lo

cual bajan las contribuciones y se crea una presión por subir los impuestos (OCDE,

2004). La subida de impuestos a su vez crea mayores incentivos para la evasión con

lo cual el país se puede encerrar en un círculo poco eficiente de altos impuestos y

pequeñas bases tributarias, caso que, para cualquiera que conoce el sistema fiscal

tributario de México, suena bastante familiar.

Otra consecuencia de la informalidad que se podría considerar problemática es

la competencia desigual entre empresas que ésta genera. Este argumento se relaciona

con el anterior ya que, al haber altos impuestos generados por la dinámica descrita

que tiene orígenes en la informalidad, claramente los empresarios que evaden dichos

impuestos estando dentro del sector informal enfrentan menores costos que los

empresarios formales. Según un estudio citado por la OCDE, entre 500 compañías

entrevistadas en varias ciudades mexicanas, entre el 30 y 40% de los productores

consideraban que la economía informal tenía una fuerte presencia en sus mercados, y
que, además, ésta había reducido de manera considerable sus propias ganancias

(OCDE, 2004). La existencia de esta competencia injusta genera, una vez más, un

círculo vicioso que conlleva un constante crecimiento del sector informal.

Además, la informalidad puede llegar a crear también problemas sociales en

los países en que sus índices se vuelven muy altos. Basándonos en las características

de la economía informal descritas por la OIT, los trabajadores que se encuentran en

este sector al no estar representados por organismos legales tampoco pueden gozar de

protección legal de sus empleos. Asimismo estas personas raramente cuentan con

contratos laborales por escrito. Con todo esto sus empleos son altamente inestables y

sus ingresos pueden ser bajos e irregulares (OIT, 2002a). Todo lo anterior crea un

fuerte panorama de inseguridad laboral en torno a este tipo de empleos. Si, además,

existe un gran sector de trabajadores en estas condiciones de baja seguridad laboral,

podrían comenzar a surgir problemas sociales a nivel nacional.

Finalmente, también existe una relación entre la productividad y el empleo

informal que se ha discutido ampliamente. Por un lado, investigadores como Cimoli,

Primi y Pugno argumentan que la informalidad genera una reducción en la

productividad de la economía nacional (Cimoli, Primi y Pugno, 2006). Su visión

entiende al empleo informal como el sector inferior de un mercado laboral

segmentado y que obstaculiza el desarrollo económico de un país. Para probar que

los empleos informales tienen una baja productividad estos autores hacen un análisis

empírico de los sectores formal e informal que considera sus rendimientos respectivos

y que muestra que a fines del decenio de 1990 la productividad del trabajo en el sector

informal era solamente el 20% de aquella en el sector formal. No obstante, el análisis

propuesto por Cimoli, Primi y Pugno no logra demostrar que haya una clara
causalidad de la informalidad a la baja productividad, lo cual podría cuestionar sus

conclusiones.

Desde un punto de vista distinto, si consideramos que el sector informal no

siempre está formado por trabajadores desplazados involuntariamente hacia éste, sino

que también existe un movimiento voluntario hacia él, se puede argumentar que la

causalidad va en el otro sentido, desde la baja productividad de la economía hacia la

informalidad. Ésta es la visión que presenta Maloney para explicar la relación inversa

existente entre el tamaño del sector informal y la productividad del sector formal en

los países (Maloney, 2004). Dicho autor argumenta que, al contrario de lo sugerido

por la teoría de mercados segmentados, esta relación no se debe necesariamente a la

existencia de distorsiones del mercado laboral en los países con grandes sectores

informales.

Mediante un simple modelo en el cual Maloney asume que no existen

distorsiones en el mercado laboral, el autor muestra que cuando la productividad (y

por lo mismo también los salarios) del sector formal es baja, esto disminuye el costo

de oportunidad de los trabajadores informales para abrir sus propios pequeños

negocios. Así pues, puede haber un equilibrio de bajos salarios (y baja productividad)

en ambos sectores aún sin distorsiones. Según Maloney, si un país lograra

desarrollarse y aumentar la productividad de su sector formal, esto aumentaría a su

vez el costo de oportunidad de encontrarse en el sector informal y haría que las

pequeñas empresas informales y poco productivas no fueran sostenibles. Así pues,

según este enfoque es la baja productividad la que aumenta el tamaño del sector

informal.

Con lo anterior vemos ciertamente existen algunos problemas evidentes

generados por la informalidad, como lo es su efecto en la recaudación fiscal. No


obstante, hay otras dificultades económicas atribuidas por algunos a la informalidad,

como la baja productividad, cuya causalidad no es del todo clara. Así pues la

gravedad de los posibles problemas que el sector informal podría generar sobre una

economía depende de la visión que se tenga de la dinámica del mercado laboral en

general y de la informalidad en particular. Esto muestra la importancia de estudiar al

empleo informal más a fondo para comprender mejor el efecto que una alta tasa de

éste podría tener sobre la economía mexicana.

El objetivo de este estudio es precisamente realizar un análisis de la dinámica

del mercado laboral mexicano para averiguar si éste presenta características de un

mercado segmentado con un sector inferior (el informal) y otro superior (formal), o si

más bien muestra ser un mercado bien integrado en el que los trabajadores deciden

libremente en qué sector emplearse. La importancia de los resultados radica en que

éstos permitirán un acercamiento más adecuado al asunto de la informalidad que,

como hemos visto, tiene una magnitud considerable en nuestro país.

A continuación se describe la estructura del resto del trabajo. En la sección

dos se presenta el marco teórico en el que se inscribe el estudio de la tesis. En él se

discutirán las dos teorías principales sobre los orígenes de la informalidad, sus

aplicaciones empíricas a nivel mundial y al caso específico de México.

Posteriormente la tercera parte del trabajo presenta la importancia de distinguir entre

las dos teorías mencionadas para un manejo adecuado del tema de la informalidad así

como la propuesta de la tesis y la sección cuatro detalla los datos y la metodología. La

teoría de los modelos econométricos utilizados se presenta en el capítulo cinco y su

construcción empírica en la parte seis del trabajo. Finalmente los resultados se

exhiben en la sección siete y el capítulo ocho presenta las conclusiones y críticas al

estudio realizado así como propone algunas ideas para trabajos futuros sobre el tema.

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