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TEMA, RESUMEN, TESIS Y ESTRUCTURA SEGÚN LA TESIS

CARTAS AL DIRECTOR QUE TRATAN EL MISMO ASUNTO, PERO TIENEN DISTINTO


TEMA
1. “Ecologismo urbano” Miguel Ángel Loma www.elperiodicodeExtremadura.com
24/10/2017

Ecologismo urbano

2. Ecologismo urbano
Si hiciéramos una encuesta entre la juventud española sobre su actitud respecto al
cuidado de nuestro entorno natural, la limpieza, el ruido, la ecología, etcétera, es
seguro que la inmensa mayoría de nuestros jóvenes, por no decir la totalidad, se
definirían como acérrimos defensores del medio ambiente. Y no serían pocos los
que se manifestasen dispuestos a ofrecer parte de su tiempo en labores
relacionadas con esa defensa, incluso sin retribución económica. Pero a quien no
viva al margen de lugares de la ciudad donde se suelen concentrar jóvenes
espontáneamente, no le cabrá duda de que todos esos generosos sentimientos y
desprendidas adhesiones, tan propiamente juveniles, chocan con la incoherencia
de la realidad entre lo que dicen y lo que practican cuando se refiere a esos
ámbitos. Porque allí donde exista una concentración de jóvenes con un mínimo
ambiente festivo, por muchas advertencias que se les hagan sobre el uso de
contenedores, papeleras y depósitos de residuos, cuando abandonan el espacio
que ocuparon lo dejan «adornado» por toda clase de envases, papeles,
desperdicios y las más variadas basurillas.

2. “¿Jóvenes dormidos?” Eduardo M. Ortega Martín www.laregion.es 10/09/2017

¿Jóvenes dormidos?

Jóvenes dormidos que solo miran el culto al cuerpo, el gimnasio, pero que no se
preocupan en general por el medio ambiente, o los problemas sociales, o están
desencantados porque tienen tres carreras y están en paro. Jóvenes en parte
adormecidos, que toman red bull, fuman hachís y hacen botellón... ¿Ese es el
futuro?

Jóvenes que se suicidan, pero que, por consentimiento de la familia, se silencia su


número, el tema; pero se suicidan por el desencanto que les lleva a la
desesperación, y por una sociedad que les pide demasiado para subirse al carro de
un futuro.

Creo sinceramente que hay que fomentar los valores, pero para alguien con
contratos basura, sobre todo si quiere formar una familia, es difícil salir adelante.
Abrirse la puerta a un futuro, crear independencia económica, es el primer pilar
para salir adelante, y para no seguir dependiendo de los padres. Los jóvenes en
parte se han rebelado porque no encuentran ese camino nuevo y esa esperanza
que necesitan, en un país donde si cobras el salario mínimo te obliga a tener dos o
tres trabajos, lo cual es una perversa alienación.

La libertad sin independencia económica, y sin un trabajo digno, es una utopía, y


nuestra juventud no lo tiene nada fácil, y cada día su incorporación al mercado
laboral se hace más tarde, salvo muy contadas excepciones.

Creo que nuestros políticos y la propia Unión Europea no hacen todo lo que deben
para estimular la creación de puestos de trabajo estables, y que tengan
rentabilidad y permanencia. Por ello son los propios jóvenes los que deben de
levantarse y luchar esa batalla por sus derechos y deberes.

Parece que la sociedad y su escalafón de medida estuviese preparada


exclusivamente para los adultos, marginando a esos jóvenes, así como a las
personas mayores en la toma de decisiones, y un simple voto cada cuatro años no
soluciona este grave problema.

3. “La enfermedad del siglo XXI” Aroa Feijoo Santiago www.elpais.com 7/10/2017

La enfermedad del siglo


XXI
La enfermedad del siglo XXI

De WhatsApp a Instagram, de Twitter al correo electrónico y Facebook para el final.


Apps para ligar, para leer los periódicos, para retocar fotos... Todo eso sin levantar la
vista de una pantalla de unas cuantas pulgadas que nos cabe perfectamente en el
bolsillo del pantalón y a la que llegamos a prestar más atención que al trabajo, los
estudios y, en el peor de los casos, que a la gente que nos rodea. Así nos encontramos
la gran mayoría de los adolescentes. Somos incapaces de salir y no llevarlo encima, nos
metemos en la ducha y lo llevamos con nosotros para escuchar música; quedamos con
amigos y no podemos evitar echarle un ojo a nuestros nuevos mensajes o
notificaciones, exponer todo lo que hacemos, dónde estamos o con quién mediante
las redes sociales. Nosotros, los jóvenes, los más adictos, lo vemos normal, pero, ¿todo
esto tendrá una mala repercusión en nuestro futuro? Debemos apostar por el
autocontrol y ser responsables con el uso que le asignamos a nuestro móvil, porque
cuando se abusa
de él podemos resultar perjudicados, nosotros y nuestro futuro.
AROA FEIJOO SANTIAGO, elpais.com, 7/10/2017

4. “Apuestas y drogas” JOSÉ LUIS GARDÓN, elpais.com, 27/09/2017

Apuestas y drogas

Los medios han informado de algo muy preocupante: se triplica la adicción de los
jóvenes españoles a las apuestas deportivas. Las familias y el sistema educativo son
parte del problema, pero no podemos ignorar la responsabilidad de los grandes
periodistas y comunicadores deportivos de radio y televisión. A cualquier hora, en las
cadenas de radio y televisión incitarán a nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) a que
apuesten. Y nuestros chicos no tendrán, con su móvil, ni que moverse del sillón. Otro
mandato constitucional, prevenir, educar y proteger la salud −artículo 43−,
desobedecido por todos. No me hablen más de reformar la Constitución. Mejor será
cumplirla. O intentar cumplirla.

JOSÉ LUIS GARDÓN, elpais.com, 27/09/2017


TEXTO 1
‘AnZiedad’ Luz Sáchez Mellado
Da gusto verlos. Tan altos, tan guapos, tan listos, tan libres. Tan nosotros mismos, pero
tan mejorados por los recursos y los desvelos que hemos invertido en ellos, que no
reparamos en lo que se les puede pasar por la cabeza. Son nuestros hijos, nuestros
vecinos, nuestros chicos y chicas, nuestro futuro. Esos seres digitales que se van a
comer el mundo porque lo tienen todo para devorarlo. Los viejos pensamos que son
felices por defecto. Porque no tienen cargas, porque están en la flor de la edad, porque
es lo que toca. Igual erramos. Nuestro mundo no es el suyo. Mientras nosotros
tenemos todo el pescado vendido, ellos aún no han pescado, las artes de pesca han
cambiado y no sabemos enseñarles. Mientras nosotros elegíamos un oficio entre un
puñado, ellos escogen entre el infinito, con la diferencia de que los trabajos de los que
comerán aún no existen, y los que existen tienen los días contados. Mientras nosotros
pasábamos selectividad y tirábamos, a ellos les miden a la centésima para una beca,
unas prácticas, un curro precario. Mientras nosotros nos comparábamos con los
amigos, los primos y las portadas del ¡Hola!, ellos se comparan con 1.000 millones de
usuarios de Instagram con caras perfectas, cuerpos perfectos y vidas perfectas, aunque
sean falsas, sin salir de su cuarto. Mientras nosotros, en fin, soñábamos con vivir de lo
que amábamos, ellos sueñan con el éxito, sea eso lo que sea, y todo lo demás se les
hace poco porque les venden que, si quieren, pueden.
No, no estoy agorera. Un reportaje del muy riguroso The Economist sostiene que la
generación Z —los nacidos desde 1997— es la más ansiosa y deprimida de la historia.
Me lo creo. En el siglo XX, cuando el globo era finito, decíamos que algo se nos hacía un
mundo cuando no podíamos con ello. En el XXI, lo que a muchos se les hace un mundo
es, literalmente, el mundo entero. Un mundo tramposo, retocado, implacable.

a) ¿Cuál es el tema del texto?


b) ¿Cuál es la idea que defiende la autora?
c) Extrae un ejemplo de argumento de:
-Comparación o analogía
-Autoridad/Cita
-Argum. basado en definiciones
-Ejemplificación
-Contraste de ideas

TIPOS DE ESTRUCTURA EN TEXTOS DEL MISMO ASUNTO


1. “Fumar es malo, muy malo para la salud…” www.abc.es 27/05/2018

Fumar es malo, muy malo, para la salud. No en vano, infinidad de estudios han
demostrado que el tabaco es, simple y llanamente, el principal factor de riesgo para
sufrir una muerte prematura. Tal es así que si queremos vivir muchos años y con salud,
lo primero que hay que hacer es no empezar a fumar o, en su caso, dejarlo. Por
ejemplo, para no sentir que nos falta el aliento –literalmente– cada vez que subamos
unas escaleras o realicemos cualquier otra actividad física. Y es que el humo del tabaco
es muy nocivo para los pulmones. Pero aún hay más. Como muestra un estudio
internacional dirigido por investigadores de la Universidad de California en San Diego
(EE.UU.), el humo del tabaco también destruye los vasos sanguíneos que portan
oxígeno y nutrientes a los músculos de las piernas, reduciendo así notablemente
nuestra capacidad para hacer ejercicio.

2. “El humo de los fumadores es malo también para los gatos y perros”
www.heraldo.es 30/12/2015

El humo de los fumadores es malo también para los gatos y perros, según un
estudio de la Universidad de Glasgow (Escocia) cuyos resultados fueron revelados
este martes.

Células dañadas, aumento de peso tras la castración y una mayor posibilidad de


contraer ciertos cánceres son algunos de los problemas que amenazan a los
animales expuestos al tabaco, dijo Clare Knottenbelt, profesor de medicina y
oncología del Instituto veterinario de esta universidad escocesa.

"Hemos demostrado que los gatos absorben una cantidad de humo significativa
cuando viven en una casa. Nuestro estudio sobre los gatos demuestra que se ven
más afectados, quizás por su higiene minuciosa que incrementa la cantidad de
humo absorbido por su cuerpo", dijo el profesor en un pasaje de un comunicado
difundido este martes.

Asimismo, los investigadores descubrieron en los testículos de los machos


castrados un gen indicador de células dañadas más presente en los perros que
viven en un hogar de fumadores.

"El peligro para el fumador se ve acompañado de un peligro de tabaquismo pasivo


para los otros, y los propietarios de perros y gatos olvidan a menudo los riesgos a
los que exponen a sus animales", subrayó el profesor.

3. “Las personas pueden pensar que fumar es algo con estilo”


www.ehowespanol.com (Adaptación)

Las personas pueden pensar que fumar es algo con estilo. Pueden fumar por la presión
de sus amigos, porque quieren pasar el rato con compañeros que se toman un recreo
para fumar y no quieren parecer diferentes. O las personas pueden ser incapaces de
dejar de fumar porque son muy adictas.
El hábito de fumar tiene efectos extremadamente negativos, especialmente sobre la
apariencia y la salud. Este hábito afecta no sólo al fumador, sino también a quienes
están cerca de él.
En definitiva, fumar es un hecho detestable que no beneficia a nadie.
TEXTO 2
“Estudiantes por el clima” elpais.com 11/03/2019
TEXTO 3
“Robots buenos” Jose Ignacio Torreblanca www.elmundo.es 29/12/2018
Se ha puesto de moda dibujar un futuro terrible donde los robots despojan a los
humanos de sus empleos. A un lado quedarían unos pocos privilegiados con altas
cualificaciones y buenos salarios. Al otro, millones de trabajadores redundantes en
trabajos mal pagados. En ese futuro distópico el término robot se reencontraría con
su origen: el sistema de semi-esclavitud feudal (en checo, robota) por el cual los
siervos pagaban al señor la renta de sus tierras en trabajo forzado y que inspiró la obra
de Karel Capek (Rossum's Universal Robots, 1920) en la que unos autómatas se
rebelaban contra sus creadores eliminando a la raza humana (sí, el argumento
de Terminator no es tan original).

Se ha puesto de moda dibujar un futuro terrible donde los robots despojan a los
humanos de sus empleos. A un lado quedarían unos pocos privilegiados con altas
cualificaciones y buenos salarios. Al otro, millones de trabajadores redundantes en
trabajos mal pagados. En ese futuro distópico el término robot se reencontraría con
su origen: el sistema de semi-esclavitud feudal (en checo, robota) por el cual los
siervos pagaban al señor la renta de sus tierras en trabajo forzado y que inspiró la obra
de Karel Capek (Rossum's Universal Robots, 1920) en la que unos autómatas se
rebelaban contra sus creadores eliminando a la raza humana (sí, el argumento
de Terminator no es tan original).
Con el supuesto Robocalipsis a la vuelta de la esquina, algunos proponen cerrar las
puertas al campo de los robots, limitar su uso. Se le atribuye a Ned Luud el proponer
en 1779 una solución tan intuitiva como estúpida para preservar los empleos
artesanales: destruir los telares mecánicos (de ahí el nombre de luditas). Sorprende
que volvamos a picar una y otra vez en la falsa alarma del sometimiento del hombre a
la máquina.
Pero antes de emprenderla contra los robots sepamos que la inteligencia artificial no
tiene por qué competir con los humanos. Jim Wilson, coautor de Collaborative
Intelligence (Harvard Business Review, mayo de 2018), sostiene lo contrario: que los
humanos se beneficiarán, y mucho, de esta revolución. La inteligencia artificial
aumentará nuestras capacidades, nos permitirá hacer cosas que de otra manera no
podríamos hacer. Amplificará nuestras capacidades analíticas, cognitivas,
comunicativas y creativas; también las físicas en los trabajos pesados y peligrosos,
que serán más seguros, efectivos y precisos. Lo más importante es que los robots
también nos necesitan: para programarlos, entrenarlos y mantenerlos de tal manera
que puedan servirnos mejor. Serán cobots, no robots porque trabajarán con y para
nosotros.
En 1964, hace ya más de cincuenta años, Umberto Eco nos señaló la dicotomía entre
"apocalípticos" e "integrados": con cada avance tecnológico, la sociedad se divide
entre los profetas del desastre que anuncian el fin de los tiempos y los que se
apropian con toda naturalidad de la tecnología para mejorar sus vidas. Frente a los
milenaristas de la tecnología me quedo con todos los abuelos integrados de este país
que han hecho grupos de whatsapp para estar en contacto con sus nietos y todos
aquellos que sueñan con un futuro mejor. En 2019 la inteligencia artificial hará tu vida
mejor. Así que Feliz Robot 2019.

TEXTO 4
“Todos somos raros (aunque unos más que otros)” Rosa Montero
www.elpaissemanal.com 20/01/2019
Un estudio reciente del departamento de psicología de la Universidad de Yale (EE UU)
ha demostrado que nadie es normal, o lo que es lo mismo, que la normalidad es tan
sólo un valor estadístico, lo cual, por otra parte, es una verdad de Perogrullo, una
obviedad que muy dentro de nosotros todos sabemos. El individuo supuestamente
normal no es más que un modelo imposible diseñado con los rasgos más habituales,
pero como nadie puede estar dentro de los valores mayoritarios en todos los registros
de su vida, resulta que todos somos raros de algún modo. Y esas desviaciones nos
definen de tal manera que a menudo pienso que el amor consiste, precisamente, en
encontrar a alguien con quien compartir nuestras rarezas.

Eso sí, algunos parecen más raros que otros. O quizá en esto influya un sesgo cultural:
no en todas las sociedades resulta igual de fácil mostrar tus diferencias. Por ejemplo,
yo diría que Reino Unido siempre ha respetado e incluso fomentado la excentricidad,
mientras que la sociedad española ha sido tradicionalmente mucho más normativa.
Lord Byron, un excéntrico él mismo, dijo que la decadencia del imperio español fue a
causa de la publicación del Quijote, porque el libro esencial de nuestra cultura nos
enseñaba que el individuo que se atrevía a ser distinto y a tener grandes sueños se
convertía en un patético bufón de quien todos se burlaban. Yo no sé si nuestro
hipertrofiado sentido del ridículo se deberá al hidalgo manchego; más bien creo que
Cervantes, con su enorme talento, supo captar ese rasgo de nuestra cultura. Pero lo
que sí es cierto es que la diferencia es un valor, que la diversidad contribuye al éxito
adaptativo de nuestra especie y que la gente rara, en un amplio arco que va desde lo
más estrafalario hasta lo más sublime, es el motor de la historia.

El neuropsicólogo escocés David Weeks publicó en 1995 un libro sobre la excentricidad


en el que concluía que quienes poseían esta peculiaridad eran más felices, consumían
menos drogas y eran muy creativos. También calculaba que sólo había un excéntrico
por cada 5.000 o 10.000 personas, lo cual me parece bajísimo. Creo que Weeks sólo se
refería a los raros geniales, y eso, claro, es afinar mucho. Pero basta con mirar de cerca
a tus vecinos para advertir que los seres humanos somos un hervor de extravagancias.

Y si no, consulta en Internet los récords Guinness más estrafalarios y pásmate ante las
cosas a las que la gente se dedica. Hay un récord para saltar 100 metros vallas con
aletas de bucear en los pies, una suprema tontería que hace la carrera dificilísima
(¿cómo se le ocurriría a alguien semejante idea?). Otros doblan sartenes de aluminio
con las manos, o arrastran camiones tirando con una oreja, o con el pene, los dientes,
el pelo e incluso uno "con la cuenca de los ojos", que no sé muy bien qué espeluznante
cosa significa. Todas estas actividades, por extrañas que parezcan, tienen numerosos
competidores y son retos exigentes que obligan a largos y duros entrenamientos. La
ambición de una vida.

Este artículo se ha cocido en mi cabeza tras leer que un francés de 71 años zarpó a
finales de diciembre de las islas Canarias encerrado dentro de una especie de barril
naranja, con el que espera llegar al Caribe en tres meses, impulsado tan sólo por el
oleaje. Viva la excentricidad, me dije, divertida ante un proyecto tan loco que, por otra
parte, va a servir de estudio sobre los efectos de la soledad en el encierro. No es el
único que se mete en estos líos. Por ejemplo, también me fascina que se hayan
presentado miles de personas al proyecto Mars One, que pretende enviar 24 colonos a
Marte en 2027, en un viaje sin retorno. Ahora Mars One está en entredicho (se habla
incluso de estafa), pero los aspirantes acudieron honestamente, dispuestos a irse a
Marte para el resto de su vida. ¿No es formidable esa temeridad, esa excentricidad?
¿Por qué se empeña el ser humano en hacer cosas tan peligrosas y tan inútiles como,
pongamos, subir hasta la cumbre del Everest? Pues simplemente porque la montaña
está ahí. La curiosidad, el amor al reto, la necesidad de lograr algo distinto y una
gloriosa chifladura forman parte de la condición humana. Sin los raros, aún
seguiríamos en las cavernas.
TEXTO 5
“Caminantes con camino” Joana Bonet www.lavanguardia.com 08/04/2019
Andamos más que nunca, aunque no vayamos a ninguna parte. Andamos para
salvarnos, para alargar la vida produciendo endorfinas y luchando contra el colesterol.
Contamos nuestros pasos gracias a las aplicaciones que se ocupan de registrar los
kilómetros que recorremos al día o nos proponen rutas aleatorias. Ayer, cuatro pisos y
7.000 pasos, marcaba la mía. Da gusto que te informen de tus pisadas. Nunca se me
hubiera ocurrido registrarlas, pero vivimos en una era de cálculo que introduce nuestras
vidas en hojas de Excel. Todo se contabiliza: las horas de sueño, las calorías consumidas,
los gigas de memoria ocupados... Las mediciones de nuestros hábitos más sencillos se
han impuesto gracias a la tecnología de bolsillo, pues traen implícitas promesas de
redención. Nos atamos a ellas, nuevos cordones umbilicales que nos hacen sentir
mejores. La actual ideología del bienestar ha alertado del sedentarismo como principio
del mal, y cada vez son más los andarines urbanos que recuperan un hábito propio de
nuestros ociosos antepasados: pasear.

En el libro ilustrado Mujeres que pisan fuerte (Maeva), su autora, Karin Sagner, entiende
el paseo como estado de transición y de observación. En su día, Baudelaire negó la
existencia de flâneuses, ya que física y moralmente las mujeres no tenían la libertad de
los hombres para acceder a las calles de la ciudad, al verse reducidas a objeto de la
mirada de los caballeros paseantes. Aún a principios del siglo pasado una mujer sola en
la calle no era sino una prostituta. ¿Y qué es entonces una flâneuse? Aquella que no sólo
contempla, sino también participa, que se detiene en los detalles y amplía la mirada;
Virginia Woolf, siempre precisa, expresó la diferencia en una carta a una amiga:
“Deambular, contemplar, olfatear… Hay un modo de caminar que busca descubrir más
que llegar a un sitio”.

Desde el ancho de las aceras hasta los nombres de las calles, el urbanismo no ha sido
concebido desde una perspectiva inclusiva ni mucho menos feminista. Y, a pesar de que
las mujeres avancen con pasos firmes, el miedo persiste entre las caminantes solitarias
que no pueden abandonarse al ensueño y deben velar por su seguridad. Caminar es
descubrir. Bien lo resumió Walter Benjamin: “Caminar sin rumbo, deambular y perderse
en la multitud es la forma de empezar a encontrar nuevos rumbos”.

Desde hace unos años, la venta de zapatos de tacón cae progresivamente. En la pasarela
apenas se ven. Según un estudio de la consultora de mercado NPD Group, el año pasado
bajó un 12%, mientras la de zapatillas deportivas creció un 37%. El zapato ha mutado su
carga fetichista, y en verdad parece una secreta venganza: chanclas, crocs, cuñas,
tacones cuadrados o bailarinas sustituyen a los stilettos. Coincide con un tiempo en que
las mujeres se calzan las deportivas para avanzar en el espacio público que les había
estado vedado. Caminar es descubrir, pero también resistir.

PARA SEGUIR PRACTICANDO…

TRES PROFESIONES IMPOSIBLES

Cuando empieza a caernos un torrente de reproches por el tipo de madre o padre que
somos, la bilis nos recuerda que la impotencia tiene sabor amargo. Un chaparrón de
verano que nos derraman encima aquellos que un día fueron kilos de ternura que
trajinábamos con amor y malabarismos. “Lo he hecho lo mejor que he sabido”,
aconsejan decir los psicólogos cuando los adolescentes cortan el segundo cordón
umbilical para despegar del nido con mirada torva. Les urge matar al padre y a la
madre que idealizaron, edipos que no podían concebir la vida sin sus papis hasta que
un día despertaron y los dinosaurios sí estaban ahí, con ridículos trajes de padres.

Durante setenta días, las familias han tenido la posibilidad de ejercer más que nunca lo
que Sigmund Freud denominó una “profesión imposible”, la de educador, pues se
puede dar anticipadamente por cierta la insuficiencia del resultado, y, por tanto, la
consecución de un fracaso. Puede que dentro de unos años guardemos recuerdo de
este confinamiento como una prueba de fuego para la convivencia familiar: el balance
ha sido arduo para quienes han teletrabajado con los hijos en casa. Control,
conocimiento, creatividad y confianza, se han dicho los más responsables, cuatro ces
que no siempre son practicables.

Y ahí está la segunda profesión imposible para Freud, la de gobernar. El Gobierno ha


repetido una y mil veces que obedece a la ideología de salvar vidas, y cada fallo –y no
digamos muerte– desgasta. Dilaciones, contradicciones, retrasos... y a cambio infinitas
protestas con sartenes y cucharones. Todo individuo ansía tener unos padres
ejemplares y unos gobernantes capaces, superiores a la media. Ahí está la frase que
me dio Zapatero en una entrevista para Marie Claire: “Yo, cada noche, le digo a mi
mujer: ‘Sonsoles, no te puedes imaginar la cantidad de cientos de miles de españoles
que podrían gobernar’”. Las élites lo despellejaron. Pero ¿cómo que cualquiera?
Maldito buenismo neorrepublicano.

Hoy la ministra portavoz Montero acusa la áspera soledad de la gobernanza como


justificación a pactar con Bildu. Hay ojeras, rastros de diazepán entre los máximos
responsables de todos los colores juzgados sin filtros. La historia siempre ha
recolocado las percepciones del presente.

Otra alternativa para no esperar tanto es el diván, la tercera profesión imposible según
Freud: el lector de traumas que insiste en hurgar en las desconexiones del consciente
para comprender mejor la realidad. Nunca será suficiente, porque la vida es también
una profesión imposible, y aquí estamos.

Joana Bonet, La Vanguardia, 25/05/2020

EL MOMENTO MÁS PELIGROSO

Tengo la impresión de que, desde un punto de vista social, la parte más peligrosa de la
pandemia comienza ahora (...)

Ahora vemos que los contagios no ocurren al azar. Ya no se ve a los contagiados en los
hospitales, en las UCI, pero percibimos que el virus afecta a grupos concretos. Los
rebrotes se ceban con los trabajadores del campo, los temporeros. En Lleida, en el alto
Aragón, en Andalucía, hemos visto que el virus se transmite no en los aeropuertos,
sino en los barracones donde se amontonan los jornaleros. En Alemania, el mayor
brote fue en un matadero en el que trabajaban inmigrantes en las peores
circunstancias. Raro es el cayuco que no trae un infectado. El virus se muestra
electivamente afín con la pobreza, con la falta de salubridad, con las pésimas
condiciones laborales, con la falta de higiene. Las molestias y sufrimientos cotidianos
que genera se ceban en los más dependientes. Estas son cosas tan viejas como el sol y
la experiencia de todas las pestes nos muestra esta asociación entre epidemia, muerte
y pobreza (...)

Seguro que esto tiene que ver con el resultado de una encuesta que ha dispuesto la
Unión Europea para medir el grado de aceptación de las medidas de los gobiernos en
esta pandemia. Aquí la conocemos por el trabajo del conocido sociólogo Ignacio
Sánchez Cuenca, publicado este martes en la Revista Contexto. Los resultados son
llamativos. Los daneses son los más satisfechos con su gobierno y sólo muestran su
pesar por las medidas adoptadas algo más del 10% de la población. Irlanda, Portugal,
Finlandia, Holanda y Austria están por debajo del 20%. Alemania ronda el 30%. Pero
España, el país más descontento, está en el 60% de insatisfacción. Esto necesita al
parecer una explicación adecuada.

La causa de la insatisfacción no es el número de muertos. Ciertamente, hay países con


pocos muertos y un grado de insatisfacción casi tan alto como el nuestro. El ejemplo es
Polonia. En el pico tuvo 535 muertos, pero la insatisfacción es del 57%, casi la de
España. O Bulgaria, con solo 56 muertos, pero una insatisfacción del 51%. Una
correlación significativa se da entre Suecia y Alemania. Ambas tienen el mismo índice
de insatisfacción, alrededor del 30%, pero Alemania con bastantes más muertos. Ésta,
por tanto, no parece ser la clave. Incluso Italia tiene menos grado de insatisfacción que
España.

Sánchez Cuenca ha relacionado la insatisfacción con la calidad de la democracia. Y


asume que cuanto mayor es la calidad democrática de un país, menor es la
insatisfacción con su gobierno. Esto es casi tautológico. Una democracia de poca
calidad y poca confianza en los partidos políticos produce una ciudadanía irritada. (...)
El caso español es interesante porque tiene la mínima confianza en sus partidos y en
sus instituciones, como Grecia, pero multiplica por tres su insatisfacción. Francia
podría ser un caso similar, y en cierto modo Italia. Ambas tienen una amplia
desconfianza y una insatisfacción intensa. (...)

En efecto, la clase alta ha crispado, pero la insatisfacción de la clase baja puede ser
genuina. Así que todo lo que sabemos es que España ha tenido más muertos (de clase
baja), los españoles tienen menos confianza en los partidos e instituciones, y además
están más insatisfechos que ningún otro pueblo de Europa. Creo que esto no es
porque la estrategia de la crispación haya tenido éxito, sino sencillamente porque
somos un Estado débil, una sociedad frágil y una ciudadanía muy cansada de ambas
cosas, en medio de una vida cotidiana llena de fastidios, miedos y amarguras, aunque
ya no esté paralizada por el rostro trágico de la pandemia.

José Luis Villacañas, El Levante, 01 /07 /2020 (Adaptado)


JÓVENES SIN FANTASMAS

Los llamamos generación Z, y con ellos se nos acaba el abecedario. De ahí que
sintamos que son algo más que jóvenes, especies híbridas que agrandan la brecha
entre lo que nosotros y ellos entendemos por juventud. Como ha sucedido desde los
antiguos griegos, nos preocupamos por nuestros adolescentes en lugar de hacer
autocrítica. Y nos hacemos cruces porque su mundo nos parece escurridizo y
desmañado. Desde nuestra tarima de adultos criticamos las horas que pasan
aletargados en sus cuartos, a menudo oscuros, cuevas alumbradas por varias pantallas.
La ropa en revoltijo, la cama por hacer, su mascota durmiendo sobre la almohada. Les
vemos ojear pocos libros, pero están informados.

No las noticias del día a día; ahora, son capaces de completarlas con la información
que reciben a través de sus redes alternativas. Apenas los conocemos de verdad,
ignoramos su forma de cogerle el paso a la vida. Evidencias empíricas certifican la
existencia de una juventud responsable, que sale de fiesta la mitad de veces que
nosotros a los veinte años, que ha colocado la tasa de fracaso escolar en el mínimo
histórico en nuestro país y cuyo compromiso ecológico debería sacarnos los colores.
Hoy, sólo el 8% de nuestros jóvenes prueba el alcohol semanalmente, a pesar de la
foto fija del botellón; y, según la encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas
secundarias en España (Estudes 2018-19), el consumo de cocaína, éxtasis,
alucinógenos y anfetaminas se ha reducido a la mitad en las dos últimas décadas. El
interés por la política ha crecido entre ellos en los últimos 14 años –según el CIS–,
aunque, eso sí, en paralelo a la desconfianza. Ni son borregos ni llevan un perenne
nubarrón negro encima. De hecho, se declaran más felices que las generaciones
anteriores: los adolescentes que dicen estar hoy muy satisfechos con su vida han
pasado del 28% en el cambio de milenio al optimista 44% actual.

Cioran –al que la editorial Tusquets acaba de empezar a reeditar al completo– tenía
claro que “deja uno de ser joven cuando no escoge a sus enemigos, cuando se
contenta con los que tiene a mano”. Ellos conocen perfectamente a los suyos, desde la
cronificada precariedad laboral que imposibilita su emancipación hasta la crisis
medioambiental, pasando por su compromiso frente a la diversidad o la persistente
desigualdad. El fantasma de una generación de jóvenes adocenados ha sido construido
por un relato melancólico, terriblemente inmaduro y agigantado por los prejuicios de
quienes se sienten superiores, pero son incapaces de afinar la mirada y ejercitar la
tolerancia ante el mundo que llega.

Joana Bonet, La Vanguardia, 19/02/2020

POR UN PUÑADO DE «LIKES»

La CNN hizo hace unos meses un documental sobre un nuevo e inquietante fenómeno.
Entrevistaban a diversos cirujanos plásticos que explicaron cómo van cambiando las
modas en esto de hacerse un lifting o variar de aspecto. “Hasta hace poco” –explicaba
uno de los entrevistados–, “lo habitual era que los pacientes nos pidieran los labios de
Angelina Jolie, las orejas de Scarlett Johansson o la barbilla de George Clooney, pero
esto pertenece al pasado. Ahora quieren que los convirtamos en su propio selfi. Sí,
vienen a la consulta con una instantánea muy photoshopeada de sí mismos y dicen:
«Mire doctor, así es como quiero que me deje»”.

Según el documental, otros pacientes (todos jovencísimos, por cierto) les mostraban la
foto de algún muñeco o muñeca de su gusto. Las chicas la de una Barbie o una Bratz;
los chicos la de algún superhéroe, como Capitán América. Cuando se les preguntaba
por qué querían parecerse a un ser irreal y de plástico, contestaban que precisamente
por eso. “Porque solo un muñeco es perfecto, sin defectos y por eso fotografían súper
guay; así es como quiero yo salir en mi perfil de Instagram”. Aquí el reportaje llegaba a
otro punto aún más inquietante del fenómeno. Explicaba que si bien no todos los
jóvenes –o no tan jóvenes– tienen el delirio de pasar por el quirófano con el afán de
convertirse en su mejor “Yo” virtual, todos sin excepción hablaban del número de
seguidores que tenían en internet y de cómo esa circunstancia condiciona sus vidas.

El Proyecto Autoestima, una macro encuesta destinada a estudiar cómo se perciben


los adolescentes, descubrió hace unos años que el 67 por ciento de las niñas entre 10 y
17 años se sienten presionadas por la necesidad de ser bellas. A pesar de que el
porcentaje varía ligeramente de un país a otro, la tónica general señala que los
adolescentes creen que dicha presión viene o bien del entorno o bien de las redes
sociales. En ese sentido me parece interesante una noticia aparecida recientemente
según la cual los responsables de Instagram están dispuestos a suprimir los likes.

Teniendo en cuenta que Instagram tiene nada menos que 802 millones de usuarios,
será interesante ver qué pasa. La razón de este cambio según sus responsables es
acabar con la tiranía de los “me gusta” y conseguir más atracción hacia el contenido de
aquello que se sube a la red. También desean evitar la presión y las inseguridades que
crea a tantas personas la dependencia del implacable (y casi siempre caprichoso)
veredicto ajeno.

La idea es que el titular pueda seguir viendo su número de likes y con quién ha
generado vínculo pero el resto de los usuarios, no. Me parece una medida sensata,
pero ¿estarán dispuestas estas plataformas a tirar piedras contra su propio tejado? Al
fin y al cabo los “me gusta” son la esencia misma y también lo más popular de dichas
plataformas.

Pero existe otro problema a tener en cuenta. La eliminación de esta métrica dificulta la
forma en la que las marcas miden la respuesta de su público y se verían forzadas a
depender de otros datos, como el número de seguidores o del caudal de comentarios
a pesar de que estos son, como bien se sabe, muy manipulables. Teniendo en cuenta
toda la vanidad y sobre todo el dinero que se mueve alrededor de estas plataformas,
resulta difícil creer que la iniciativa salga adelante.

Y mientras tanto, y sin que nadie lo remedie, porque al fin y al cabo a quién le interesa
matar a la gallina de los huevos de oro, ahí están los jóvenes y no tan jóvenes
dispuestos a lo que sea por sumar likes. Tal vez aquí no seamos tan extremos como en
los Estados Unidos y nadie acuda al cirujano para que lo convierta en el clon sexy de su
propia foto de Instagram. Pero mirando alrededor me da a mí que hay muchos por ahí
que, de tanto poner cara de selfi, a punto están de convertirse en su propio avatar. ¿Se
han fijado? Hasta los niños de tres años posan ahora poniendo cara cool. Ellos aún no
lo saben, pero en realidad lo hacen por las mismas razones que los personajes del
famoso spaghetti western protagonizado por Clint Eastwood. En ese caso, mataban
por un puñado de dólares. Como los tiempos adelantan que es una barbaridad, ahora
la gente mata por un puñado de likes.

xlsemanal.com/ 30/9/2019
UN REGALO NO ES UN OBJETO, ES UN DON

Regalar, según la RAE, alude a halagar, acariciar, recrear, alegrar. Solo una de las
acepciones se refiere a dar algo a alguien en muestra de afecto, ni siquiera aquí incluye
la palabra objeto. Sin embargo, hoy un regalo es sinónimo de un objeto. Se olvida así
que se trata de un don ligado al amor, por tanto a una falta que se regala. En palabras
de Lacan, el amor es “dar lo que no se tiene”, revelar una falta que nos empuja al
vínculo. Cuando estamos hartos difícilmente podemos amar.

El capitalismo consumista no entiende de amor, prefiere obturarlo con objetos cuya


acumulación nos impide apreciar los detalles de cada uno y refuerza todavía más
nuestra insatisfacción. Un joven paciente viene a la sesión malhumorado porque acaba
de comprar un videojuego muy deseado y, mientras regresa a casa, recibe un mensaje
de la compañía que le recuerda que en breve saldrá una versión nueva. El intervalo de
satisfacción de su juego está a punto de caducar y no le queda otra que adquirir el
próximo.

Esa tiranía del objeto, a la que las nuevas generaciones están expuestas, nos los
muestra como caprichosos, volubles, insatisfechos permanentemente. Un engaño en
el que caemos fácil, los adultos, al tratar de saciarlos con más y más objetos, que no
dejan de renovar su insatisfacción, y creer que los niños prefieren recibir antes que
dar, cuando en realidad es lo contrario. Ellos y ellas no dejan de mostrarnos todo lo
que hacen, empezando por el primer objeto que les pedimos nos entreguen cuando
llega la hora (heces). Luego, las sublimarán en manualidades, dibujos, “regalos” que
acogemos con entusiasmo por ser ellos sus autores. También nos “regalan”, sin cesar,
su imagen para que la fotografiemos.
A pesar de eso, seguimos creyendo que lo que nos piden es lo que desean. ¿Quién no
ha pedido un juguete o un café cuando lo que realmente deseaba era jugar con su
madre o su padre, o contarle sus cosas a un amigo?

No es fácil sacudirse esa exigencia social del objeto, pero hay modos propios para
manejarse con ella. A la regla clásica de los cuatro regalos, algo para leer, algo para
ponerse, algo que necesitemos y algo que deseemos, sin utilidad aparente, se puede
añadir un quinto: el objeto nada . Se trata de un objeto extraño porque no tiene una
sustancia previa, evoca esa falta del amor y permite incluir cosas que uno imagina o
que ni siquiera pensó antes: una excursión, una partida de cartas, pasear por algún
rincón desconocido, cocinar un pastel. El regalo no es otro que la compañía, y eso sí
que tiene efectos secundarios, muy saludables, por cierto.

José R. Ubieto, la Vanguardia, 31/12/2020

PRODUCCIÓN TEXTUAL
TEXTO 6
“Más leer y menos clicar” Lorenzo Silva www.elespanol.com 01/09/2018
Escribo estas líneas como colofón agradecido de un verano en el que me he regalado
volver a dedicarle muchas decenas de horas a la lectura, hasta el punto de convertirla
en la ocupación principal de mis días de descanso. Hablo, naturalmente, de la lectura
de libros, que en este agosto han sido sobre todo clásicos escritos unos cuantos siglos
atrás. La lectura forma parte de mi rutina de todo el año, pero he de reconocer que
echaba de menos aquella experiencia gloriosa, que tanto apuré en mi juventud, de
dedicar horas y horas a leer, en lugar de hacerlo al salto de mata impuesto por las
urgencias diarias y cada vez más caóticas que apremian al autónomo dedicado a una
profesión creativa.
Recuperar esa experiencia, tras haber tomado hace meses ya la decisión
de desconectar por completo de las redes sociales como herramienta de interacción y
conversación, lleva a la firme convicción de que en los últimos años hemos sido objeto
de una colosal estafa, una suplantación sensacional que malbarata las horas y el
conocimiento de cientos de millones de personas. En ese flujo al que constantemente
se nos invita —o incluso parece que se nos conmina— apenas circula sustancia de
peso, pero demanda y consume un tiempo que nos hurta a la conversación más
formidable y enjundiosa que ha inventado el hombre, y que no es otra que la lectura
literaria, esa bendita "comunicación en el seno de la soledad" de la que hablaba
Marcel Proust y que se aprecia, en especial, cuando se practica como inmersión.
La comunicación entre personas en la era digital, plasmada también en textos, pero
sobre todo en imágenes, se ha sometido a una doble tiranía: la de la exhibición y la de
la inmediatez. La comunicación entre personas que se articula a través del libro le
proporciona al lector, por el contrario, una doble libertad: la del recogimiento y la del
diferimiento. Nada para apreciarlo como leer una obra escrita hace casi 1.500 años —
que además suma más de 1.400 páginas y apenas tiene lectores— y constatar que su
sentido permanece tan incólume que se realiza plenamente en la interpretación del
texto, por ejemplo, a la luz de lo que uno acaba de ver en el telediario. Comprende
uno, de paso, que en la naturaleza humana los cambios acontecen mucho más
despacio de lo que sugiere nuestro engañoso carrusel de novedades.
Ya quisiéramos los que escribimos poder estar seguros de que nuestras palabras serán
capaces de una perduración tal, que empuje a un lector tan diferido en el tiempo a
recogerse en ellas para encontrar ecos de su propia observación y vivencia. No se nos
otorga esa prerrogativa, que administran los dioses y los hombres con criterios ajenos
a nuestra jurisdicción. En cambio, tenemos los que leemos el privilegio inmenso de
saber que hay palabras escritas por otros, hace siglos y aun milenios, que nos sirven
para reencontrarnos con lo más profundo de nosotros mismos y atisbar alguna verdad
de las que más nos incumben. No podemos permitir que nos roben ese tesoro quienes
buscan estabularnos a golpe de clic en la gran granja global de datos. Es perentorio
rebelarse: leer mucho más, clicar mucho menos.

MORFOLOGÍA
TEXTO 7
“Nomófobos” Imma Monsó La VANGUARDIA 10/01/2019
La mayoría de adicciones tienen sufijos que evocan la enfermedad o la manía y se
definen por la necesidad imperiosa de consumir el objeto del deseo (toxicomanía,
ninfomanía, dipsomanía...). Cocainómanos, ludópatas y cleptómanos desean
desesperadamente esnifar, jugar, robar... La nomofobia o adicción al móvil, en cambio,
no se define por el deseo sino por el terror (fobia) a estar separado del objeto ansiado, lo
que resulta curiosamente significativo. Así las cosas, los nomófobos deberían estar
preocupados. Pero ¡no lo están! Y eso es debido, probablemente, a que la adicción al
smartphone tiene dos características que la hacen singular.
La primera es que el nomófobo se siente respaldado por la comunidad global. No está
solo: su dependencia es la misma que la de su vecino, sus amigos, su madre o incluso su
abuela. Y eso le da alas. La entrevistadora de un programa sobre el tema se acerca a un
grupo de chicas: “¿Os consideráis adictas al móvil?”, pregunta. “¡Y tanto!”, responden
alborozadas. Nada de subterfugios ni mentirijillas. Nada de frases solemnes y valerosas
al estilo de Alcohólicos Anónimos (“Me llamo Miriam y soy alcohólica”). Al contrario, las
tres proclaman su nomofobia con risueño desparpajo. Una de ellas explica que cuando
se palpa el bolsillo y no encuentra el smartphone el corazón se le pone “a mil”. Y le hace
gracia. A continuación, la entrevistadora habla con un hombre joven que dice trabajar en
una agencia publicitaria y que se declara, con rotundidad, “adicto total”.

“¿También en el trabajo?”, pregunta ella. Él dice que claro, que en las reuniones todos
tienen el móvil a mano porque “las ideas fluyen mejor”. Hace treinta años, en editoriales
y agencias publicitarias, las ideas también fluían mejor si se tenía a mano un whisky y un
cigarrillo. Muchos eran adictos, pero al menos no hablaban de su adicción a tontas y a
locas entre risitas conejiles: se la tomaban en serio.

Y así llegamos a la segunda característica que hace la adicción al móvil tan singular.
Según los cada vez más numerosos informes, los daños causados por esta nueva
dependencia son básicamente mentales: fragilidad depresiva, trastornos de ansiedad y
pérdida de concentración. Y ese es otro punto que contribuye a que nadie la tome muy
en serio. Porque, ¿a quién le importa un poco de concentración más o menos en este
mundo demencial en que vivimos? ¿A quién le importa un hipotético deterioro de la -
salud mental en el imperio de lo visible, del culto al cuerpo y de la salud física? Un solo
informe demostrando que el uso excesivo del smartphone contribuye a la pérdida de los
pelos de las cejas sería mil veces más efectivo para frenar la adicción. Me temo que
hasta concienciarnos de los estragos habrá que esperar un tiempo. Largo.

TEXTO 8
“El árbitro cobró penalti” Álex Grijelmo www.as.com 27/01/2019
Hispanoamericanos y españoles compartimos una lengua unida y diversa, de modo
que las palabras circulan entre nosotros sin necesidad de pasaporte. Algunas van de
acá hacia allá, y otras de allá hacia acá.

Por ejemplo, en España decimos "tiza" (saludamos con este motivo a los jugadores de
billar y a los viejos maestros de escuela), palabra que en su día tomamos del nahuatl,
lengua precolombina hablada en lo que hoy es México (concretamente, la tomamos
del término "tizatl"). Y a su vez en México a la tiza le llaman "gis", vocablo procedente
del latín "gypsum" y que les llegó desde España (donde significaba "yeso").
El fútbol ha hecho viajar también a algunas palabras. Acá decimos "cuerpear", por
ejemplo, que vino de allá; y allá hablaban de los "galácticos" a los que dio nombre
colectivo Alfredo Relaño aquí. De Uruguay nos llegó "hincha", y nosotros intentamos
seguir exportando el "tiquitaca" al resto del ámbito del español, ahora con menos
éxito.
En el marco de esos intercambios enriquecedores, el verbo "cobrar" está entrando en
el léxico de nuestro fútbol tal como se usa en Argentina; con un sentido que provocó
aquellas chuscas situaciones que relataba Di Stéfano, ocurridas al poco de llegar él a
España. Ante decisiones de los árbitros que el jugador argentino no entendía, les
preguntaba: "¿Qué cobró?". Los trencillas se quedaban estupefactos al pensar que le
acusaba de soborno, y Di Stéfano fue multado varias veces.
Sin embargo, La Saeta Rubia no tenía mala intención, sino que simplemente pretendía
saber qué había señalado el juez de la contienda. Porque "cobrar" puede equivaler en
el español rioplantense a señalar algo. Según recoge el Diccionario de
Americanismos (elaborado por las academias de aquel continente), ese verbo significa
en Chile, Paraguay y Uruguay (tal vez falta incluir a Argentina) "señalar el árbitro las
infracciones e incidencias del juego".
Como sucede a menudo, los usos de América tienen algún origen en el español de
aquí. "Cobrar" figuraba ya en los diccionarios del siglo XVIII con el equivalente de
"enmendar" y "reparar", y el árbitro enmienda o repara con sus decisiones las
infracciones de algún jugador.

Me gustó escuchar el domingo 20 de enero, a las 14.10, el comentario de un periodista


de beIN Sports que resumía el partido Getafe-Alavés del día anterior y que dijo:
"Munuera Montero cobró penalti". Muy bien. El idioma español es la suma de todas
las maneras de hablarlo, y tan nuestras son las palabras de allá como suyas las que
nacieron aquí.
SINTAXIS
TEXTO 9
“La vela y la caja de chinchetas” Javier Sampedro www.elpais.com 07/03/2019
TEXTO 10
“Alexa y mi futuro” Ángeles Caso Magazine 10/03/2019
Acabo de conocer a Alexa. Me refiero a ese pequeño aparato de inteligencia artificial que
tan de moda se está poniendo. En realidad no nos hemos conocido cara a cara: tan sólo
la he oído a través del teléfono de unos amigos que la tienen en su casa. (Por cierto:
¿Alexa no podría ser Alexo? ¿Esa cosa que, se supone, nos ayuda en nuestro día a día,
debe imitar necesariamente a una secretaria fiel, una esposa diligente o una madre
generosa?). En fin, el caso es que al otro lado de la línea telefónica Alexa me muestra
algunas de sus múltiples habilidades y conocimientos: me dice qué tiempo va a hacer
mañana, me pone música de los Rolling, me lee un fragmento del Quijote y hasta me
canta un par de canciones infantiles. Luego se despide de mí como si fuera el ser más
tierno del universo.
Confieso que me da un ataque de risa, de esa risa incontenible que te hace llorar. Pero
en el fondo, no sé si mis carcajadas no son una especie de ataque de nervios: acabo de
divisar el futuro, y no es algo que suceda precisamente a menudo. No me refiero al
futuro de la humanidad en su conjunto, por supuesto, sino al mío personal: falta
poquísimo para que Alexa me sustituya como escritora. Seguro que en algún sitio
alguien estará diseñando ya un robot capaz de crear los mejores libros y artículos del
mundo, que contendrán la cantidad necesaria de lo que sea que los lectores quieran.

Algunos de ustedes –con suerte, algunos– quizá estén pensando que es probable que
eso llegue a ocurrir, y que tal vez lo que escriban las Alexas del cercano porvenir será
perfecto, impecable, rumoroso como un arroyo de montaña o trepidante como un viaje
en una gran noria, según se les pida. Pero que le faltará el alma. Y sí, lectoras y lectores
míos, le faltará el alma, y con ella le faltarán el temblor de la vida y su imperfección, pero
no creo que eso le importe a nadie demasiado: el alma –sea eso lo que sea– ya no está
de moda, y el temblor de la vida, tampoco. Sólo importan ya el entretenimiento puro y
duro y algunas dosis de banal autoayuda.

Así que más nos vale a todos los anticuados que aún creemos en la belleza de las
profundidades aceptar que Alexa y compañía, con sus mentes infinitamente planas, nos
comerán pronto el poco terreno que todavía nos queda. Y más nos vale despedirnos con
un ataque de risa ante la verificación definitiva de nuestra inanidad. ¡Qué le vamos a
hacer!

SEMÁNTICA Y LEXICOLOGÍA
TEXTO 11
“Los ricos tienen razón” Óscar Esquivias www.20minutos.es 16/03/2018
Victor Hugo afirmó en Los miserables que "No sería un odio inteligente el odio al lujo.
Este odio implicaría el odio a las artes" (repite cuatro veces la palabra "odio", sí, qué le
vamos a hacer). Quizá inspirados por el escritor francés, los ricos de España se han
unido para promover que la Real Academia cambie las definiciones actuales de
"lujo" que, según el marqués de Griñón, son inexactas y muy despectivas porque
relacionan tal concepto únicamente con lo excesivo, innecesario y caro.
Volviendo a la definición de "lujo", yo me imagino que habrá en la Real Academia un
Departamento de Atención al Agraviado (DAA) que se encargue de despachar estas
quejas, porque apenas hay día en el que alguien no pida (a menudo airadamente) que
se corrija tal o cual definición. Hay casos en los que, ciertamente, el diccionario se va
quedando obsoleto y necesita matizar o reformular sus contenidos. Muchas palabras
nacen y otras mueren, las hay que se enriquecen y otras que pierden significados. A
algunas se las ve languidecer, como plantas mustias. A mí me produce mucha ternura
encontrar en el diccionario de 1732 la afirmación de que "enamoramiento […] es voz
antigua y de poco uso" (se ve que luego, a finales de siglo, llegó el Romanticismo, la
gente se volvió a enamorar locamente, la palabra retoñó y se salvó de desaparecer).
"Sexo débil", "mujer fácil", "gitano", "judío" o "matrimonio" han sido términos sobre
los que se ha polemizado de forma encendida y pública, y todos ellos se han
beneficiado de oportunas matizaciones. Y ahora, desde el lugar más inesperado (algún
despacho de plutócratas decorado con Fortunys y con aroma a habanos) llega al DAA la
querella del lujo.
Yo, cuando leí la noticia, pensé que era una broma, pero después de consultar el
diccionario creo que los ricos tienen su parte de razón y que algunas de las acepciones
actuales de "lujo" son mejorables. La primera ("Demasía en el adorno, en la pompa y
en el regalo") tiene una redacción añeja y redicha. La última ("Todo aquello que supera
los medios normales de alguien para conseguirlo") puede expresarse de manera más
clara. Y, desde luego, se podría añadir una nueva que explique el valor ponderativo
que damos a la palabra cuando queremos alabar algo o a alguien. "Es un lujo estar
contigo", le decimos a una persona cuya presencia es todo lo contrario de superflua o
gravosa.
Así que me uno a la petición de los fúcares para que la palabra "lujo" tenga la suntuosa
y bruñida definición que merece.

TEXTO 12
“Google: pagar por los contenidos” www.elmundo.es 25/03/2019
El Parlamento europeo vota mañana una directiva destinada a proteger la propiedad
intelectual de los medios y los autores
Los eurodiputados tienen mañana la oportunidad de poner fin a un abuso de posición
dominante del que vienen aprovechándose las grandes plataformas digitales como
Google. El Parlamento europeo votará una urgente directiva destinada a proteger la
propiedad intelectual de los medios, los autores y los artistas, obligando a estas
plataformas a remunerar, algo que hasta ahora no hacen, los derechos de autor.
Porque si bien es cierto que gracias a Google News o YouTube los contenidos
informativos y artísticos alcanzan mayor difusión, son las plataformas -que concentran
además el negocio de la publicidad en internet- las que obtienen inmensos beneficios,
poniendo en riesgo la viabilidad de los medios de comunicación.

TEXTO 13
“La insoportable contaminación por plásticos” www.ecoticias.com 27/02/2019
Ya sabemos que la contaminación por plásticos es un gran problema. Quieres
contribuir, reciclas, y crees que ya está todo resuelto. Te engañan. Solo se recicla el
30% de lo que se produce y el plástico no se recicla de forma infinita. Quieres dar un
paso más y decides ir a limpiar una playa, pero tu buena acción de ese día no va a
impedir que llegue más basura al día siguiente. Decides ir más allá y te comprometes a
no consumir más pajitas o a llevar siempre tu propia bolsa. Esas acciones personales
están muy bien pero no será suficiente para que el cambio global que necesitamos
ocurra.

Y te preguntarás, ¿pero qué más tengo que hacer? A lo mejor no te has parado a
pensar que la responsabilidad de este problema no es solo tuya. Tú no eres el
responsable de elegir cómo se envasan los productos, ni de cómo se gestionan los
residuos. Aunque puedas contribuir a este cambio comprando productos sin envases
de usar y tirar, las principales responsables son las empresas. Las grandes marcas que
siguen sin eliminar sus malditos plásticos de un solo uso para continuar con su
insostenible modelo.

Este mes de marzo desarrollamos una serie de actividades bajo el lema “Maldito
Plástico” para señalar a los verdaderos responsables de este problema, las empresas.
Queremos que las grandes marcas eliminen de una vez su maldito plástico y que
busquen formas de proporcionar sus productos con envases reutilizables, recargables,
o rellenables para poner fin al usar y tirar, y a la contaminación por plásticos.

Así que lo que puedes hacer es pedirles con nosotros que cambien mientras sigues
dando tus propios pasos personales para alejarte de la cultura del usar y tirar. Ante
esta crisis de la contaminación por plásticos no te quedes de brazos cruzados, no mires
para otro lado y únete. Pídele a las marcas más contaminantes que eliminen su
maldito plástico.

TEXTO 14
“Privacidad” Julio Llamazares www.elpais.com 17/01/2018
MODALIZACIÓN
TEXTO 15
“Proteger los datos personales” www.elpais.com 08/12/2018
TEXTO 16
“La huelga y el reguetón” Eduardo Riestra www.lavosdegalicia.es 18/03/2018

La necesidad de la huelga del pasado jueves quedó contundentemente


demostrada cuando seis millones de mujeres se echaron a la calle. Sin palabras.
En mi ciudad hubo sin embargo dos manifestaciones, y en estas se veían
pancartas y banderas de grupos políticos o sindicatos que desvirtuaban la causa
de la huelga, porque la lucha no es contra el machismo del Gobierno. Es contra
el machismo a secas. El de los sindicatos, también. Lo que está claro es que esto
solo va a cambiar si las mujeres siguen empujando.

Pero hay un asunto para mí gravísimo que no está siendo abordado. Las niñas
de trece, de catorce, de quince años, que no tienen problemas de brechas
salariales ni de conciliación familiar, y que, con sus melenas por la cintura y sus
blusas desabrochadas, andan debajo de mi casa merodeando a los machitos de
reguetón, que las cortejan y las desprecian, -ven aquí mamasita- y las toman y
las dejan, y les explican que te voy a haser gosar. Las hijas -o algunas ya nietas-
de las que lucharon por el divorcio no hace tanto, de las que pelearon por su
derecho a decidir sobre su propio cuerpo, de las que se hicieron médicas y
abogadas y arquitectas y toman ahora las calles, se suben la falda del uniforme
al salir del colegio y se mueven remolonas en torno a chavales a los que se van
acercando despasito.

España, no nos olvidemos, ha sido y sigue siendo ejemplo de libertad y


democracia, y si tenemos aún muchas carencias, tenemos ya muchas virtudes.
La manifestación del 8M fue una de ellas. Pero el reguetón, no.
TEXTO 17
“Fin de la escapada” Irene Vallejo www.clasicasymodernas.org/fin-la-escapada/
14/03/2018
Bajo las estrellas, el descampado solitario y oscuro. Una adolescente escucha los pasos
de un hombre que camina tras ella, furtivo. El miedo sabe a metal en su saliva,
retumba en su pecho. La joven arranca a correr como la liebre que olfatea al perro de
caza. Pero él es más rápido, ya la alcanza, jadea en su nuca. Ella grita, pidiendo ayuda.
El terror de su voz taladra la noche del bosque. Y entonces sucede el prodigio: sus
cabellos se convierten en hojas, sus brazos en ramas; clava los pies en la tierra; una
corteza rodea su piel. Ovidio cuenta que la ninfa Dafne se convirtió en laurel para
salvarse. El dios Apolo, que la perseguía sin piedad, solo pudo abrazar un áspero
tronco.
La violación es un delito cruel que amenaza con degradar a la víctima. Hay países
donde la mujer agredida es repudiada por su propia familia, o incluso forzada a casarse
con su violador, como si fuera mercancía dañada. Tradicionalmente, el riesgo de asalto
sexual ha servido como pretexto para amputar libertades a las niñas y adultas: acudir a
la escuela, salir sin compañía, trabajar fuera del hogar, viajar. Durante siglos, las
mujeres hemos sufrido, por miedo al crimen ajeno, el encierro, la vigilancia sobre
nuestros vestidos, la turbia amenaza del rumor y la sospecha. Dejemos atrás la antigua
maldición: que nunca más volvamos a quedarnos quietas y vegetar, como Dafne.
TEXTO 18
“Sin datos” Leila Guerrero www.elpais.com 17/07/2017
TEXTO 19
“¿Todo vale? Gabriel Ramírez www.elcorreo.web.es 16/10/2018
Ser un ignorante no es problema alguno. Al contrario, hoy en día, cuando todo se ha
abaratado hasta el dolor, cualquier ignorante puede presumir de serlo y hacer o decir
lo que quiera sin correr el más mínimo peligro. Ni siquiera le tacharán de serlo o de
parecer más tonto que pichote. ¿Quieres ser escritor, guapo? ¿Sabes juntar frases y
eso? Pues, ya está; ya lo eres, enhorabuena. ¿Eres universitario y no lees? ¿Eres
licenciado y no pisas una sala de cine ni bajo amenazas? ¿Te las das de listo? Pues
nada, aquí todo vale. Enhorabuena.

Tampoco representa un problema insultar con saña. ¿Qué pasa, es que ya no se


puede decir nada? preguntan algunos que creen estar haciendo justicia o algo
parecido. El caso es que teniendo una red social a mano puedes sentirte el rey. Hay
que ser verdaderamente estúpido, pero no son pocos los que, aprovechando el
revuelo y bloqueando al que insultan, se sienten grandes, duros e importantes.
Efectivamente, estos son unos ignorantes. También lo son.

Resulta asombroso cómo algunos se llenan la boca con palabras enormes. ¿Problema?
En absoluto. Dignidad, lealtad, amistad, valor o unidad. El que mira atónito
conociendo la verdad no puede entender nada, pero la verdad la conocen pocos y eso
de la dignidad viste mucho, eso de la unidad o la lealtad tiene un tirón enorme y son
muchos los que se apuntan, aunque no sepan de la misa la media, aunque no sepan
que, por ejemplo, la única lealtad de algunos es la que rinden ante el dinero. Pero no
hay problema si te apropias y haces tuyas y solo tuyas estas palabras tan grandotas .
Total, casi nadie sabe ya lo que significan y representan.

Sirvan estos ejemplos para que se pueda pensar en qué situación nos encontramos. A
mí, desde luego, me causa miedo, bochorno, perplejidad y un rechazo absoluto. No sé
a ustedes, pero a mí sí.
LITERATURA
TEXTO 20
“Envejecer con ella” Luís García Montero Infolibre 21/04/2019

Tal vez se trata de la misma ilusión, pero su voz seductora siempre ha elegido el
vocabulario y el tono según las necesidades de la edad. Llevamos muchos años
hablando de todo. Vivir con ella supone provocar en cualquier momento
conversaciones sobre el amor, el odio, el miedo, la alegría, las ilusiones y el lugar
melancólico de los sueños perdidos. Los sueños perdidos son un lugar, igual que el
presente, eso dice ella, y conviene hacer los lugares habitables para encontrar en el
fuego lo mejor de nosotros, no un caldo sucio de rencores y facturas.

De niño me regaló la imaginación envuelta en los versos de Espronceda, Zorrilla, el


Duque de Rivas y Campoamor. Una pirata me habló de la libertad, un Cristo de las
promesas que deben cumplirse, un castellano viejo de la dignidad más valiosa que
cualquier palacio y un enamorado de las cartas de amor que escribe la muerte. La
imaginación me ayudó a mirar por las cerraduras de las puertas en busca de los otros.
Y comprendí el dolor ajeno hasta el punto de hacerlo propio. Mirar por el ojo de una
cerradura es también una forma de buscarse a uno mismo.

En la adolescencia comprendí el sentido de la soledad y la tristeza gracias a Gustavo


Adolfo y Rosalía. Hay mucho de máscara y de falso en los gritos, sobre todo si
intentamos hablar de las cosas importantes, y conviene pensar las palabras, sugerir,
enfadarse a media voz, amarse en un susurro. Saber de soledades es muy importante
cuando uno está decidido a embarcarse en una ilusión colectiva.

La juventud con ella fue una apuesta erótica y cívica por la plenitud, un compromiso
de rebeldía como norma. Rebeldía con Leopardi contra los que quieren hacer
incompatible el vitalismo y la lucidez. Rebeldía con Baudelaire por la velocidad de las
ciudades modernas que nos hacen y nos deshacen. Rebeldía con Cernuda contra la
superstición de las victorias. Rebeldía con Blas de Otero contra la superstición de las
derrotas en esta vida que, como murmuró García Lorca, no es noble, ni buena, ni
sagrada. María Zambrano me ayudó a darle vueltas a una razón poética.

De juventud y madurez fueron las palabras en el tiempo de Antonio Machado , su


escepticismo con creencias, una fatalidad vital que le da a los versos más claros y
descriptivos la música de la meditación, la profundidad coloquial de un pensamiento
en el que se puede compartir la intimidad o el rumor de las plazas. En esas plazas y en
esa intimidad me cité con Ángela Figueras Aymerich, Gloria Fuertes, Pasolini, Jaime Gil
de Biedma, Ángel González, José Agustín Goytisolo, Francisco Brines, Joan Margarit y
Patrizia Cavalli.
Desde la niñez a la madurez la poesía se empeñó en explicarme su paradoja: tener
imaginación es la forma más honesta de sentirse responsable. La hostilidad del
mundo exterior no vale de excusa si de lo que se trata es de mirarse a los ojos y
preguntarse: ¿qué puedo hacer yo?, ¿qué debo hacer yo? La verdad es una amante
muy desprestigiada, hemos descubierto mil razones para dudar de su compañía, nos
ha presentado a novios insufribles, pero tampoco es aconsejable vivir sin ella, echarla
fuera de la pandilla, quedarse sin su luna en una barra de bar llena de cínicos,
mentirosos y bocas sin escrúpulos y sin crepúsculos.

Esta lección imaginativa de la responsabilidad es lo que más le agradezco a la poesía


mientras envejezco con ella. Porque el mundo cambia, la tecnología le da la vuelta a la
piel del mundo, el horizonte es un sumidero roto por el que se escapa el agua… y ya
me queda lejos incluso el presente. Pero la poesía me ha enseñado la responsabilidad
como única forma de buscar las palabras sin engañarme. Verdad, destino, historia y
vida.

No son las redes, son nuestros dedos sobre las redes. No es el pasado, es nuestro
olvido. No es la política, es el vértigo de los que opinan que mentir es la única manera
de estar en posesión de la verdad. Cuando quieren convertirnos en fieras a través la
confusión entre lo privado y lo público, no es mala respuesta encontrar la poesía que
llevamos dentro.
TEXTO 21
“Los estadios y los teatros” Elvira Sastre El País 05/04/2019
TEXTO 22
“Caperucita y el lobo tóxico” Daniel Gascón El País 13/04/2019

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