Evolución y Distribución Demográfica en España
Evolución y Distribución Demográfica en España
LA POBLACIÓN ESPAÑOLA
CONTENIDOS
1. Fuentes para el estudio de la población.
2. Distribución territorial de la población.
3. Evolución histórica de la población española.
4. Movimientos naturales de población.
5. Las Migraciones.
6. Ventajas e inconvenientes de los movimientos migratorios: respeto por las distintas culturas.
7. Conformación del espacio demográfico actual. Tasas demográficas.
8. Estructura de la población española: la pirámide de población. Estructura económica de la
población: indicadores socioeconómicos.
9. Los desequilibrios territoriales en la actualidad. El reto demográfico: envejecimiento y despoblación
rural.
10. El futuro del crecimiento y de la estructura de la población.
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2. DISTRIBUCIÓN TERRITORIAL DE LA POBLACIÓN.
España cuenta actualmente con más de 48.400 millones de habitantes en el tercer trimestre de
2023, según datos del INE, mientras que en todo el mundo ascendemos a más de 8 mil millones de
habitantes.
Se entiende por Densidad de Población al número de habitantes que hay por km2. La densidad
media de población en España ronda los 96 Hab/km2.
La distribución territorial de la población analiza la forma en que ésta se localiza sobre el
territorio. La población española presenta estas características:
- Aumento generalizado de la densidad de población.
- Concentración en áreas urbanas frente al despoblamiento de las zonas rurales.
- Contraste entre un litoral, fuertemente poblado y un interior semivacío.
La distribución de la población en España es muy irregular: hay una oposición entre un interior
semivacío y un litoral denso y muy poblado, con excepciones de Madrid y Sevilla. El interior tiene menor
crecimiento natural y una estructura de población envejecida, frente a un litoral de población más joven.
El desequilibrio entre áreas de concentración y otras áreas de vacío se puede analizar mediante
diferentes variables:
1º. Por comunidades autónomas, la densidad se distribuye así:
- Las comunidades con más porcentaje de población son Andalucía, Cataluña, Comunidad de
Madrid y Comunidad Valenciana, concentran más del 50% del total. Las de menos son La Rioja, Comunidad
Foral de Navarra, Cantabria, Islas Baleares, Ceuta y Melilla.
- Por densidad los resultados cambian. Los valores más altos están en Comunidad de Madrid, País.
Vasco y Canarias, con cifras superiores a los 200 Hab/km2. Le siguen Principado de Asturias, Islas
Baleares, Cantabria, Cataluña y Comunidad valenciana.
Andalucía, Galicia y Región de Murcia están por encima de la media, pero sin llegar a 100 Hab/km2.
Tienen baja densidad de población, Aragón, las dos Castillas y Extremadura.
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Especialmente importante fue el descenso de la mortalidad infantil por la aparición de clínicas para
partos. La esperanza de vida subió a los 65 años.
A partir de 1975 hasta hoy entramos en el Régimen Demográfico Moderno en el que cambia la
tendencia y el crecimiento natural se hace más lento por la fuerte caída de la natalidad debido a una serie
de factores como la crisis económica de 1975, que produjo un fuerte aumento del paro y retrasó la edad de
matrimonio; el cambio de mentalidad con la democracia, la incorporación de la mujer al trabajo; la difusión
de los anticonceptivos, la disminución de la religiosidad, el aumento del nivel de vida que llevó consigo un
aumento de las necesidades y el consumo (el hijo se convierte ahora en un peso económico) y los cambios
culturales donde se valora más la importancia de la formación y cuidados del hijo. La mortalidad permanece
baja como en el régimen anterior, pero en los últimos años está aumentando debido al envejecimiento de la
población. Las causas de la mortalidad actual son las tres C (Cáncer, Corazón, Carretera), el Sida y el
Alzheimer. Hoy la mortalidad infantil es muy baja, mientras que la Esperanza de vida es cada vez más alta:
los hombres alcanzan los 80 años y las mujeres 86 años.
España ganaría casi un millón de habitantes en los 15 próximos años y más de tres millones hasta
2070 si se mantuvieran las tendencias demográficas actuales. La población de 65 y más años supondría el
26,5% del total en el año 2035.
Para tener datos estadísticos utilizamos los Indicadores demográficos o Tasas (TN, TM, TMI, TF,
EV, TCN).
La evolución de la natalidad, mortalidad y crecimiento natural en el último siglo y medio ha sufrido
importantes cambios.
En cuanto a la NATALIDAD, hasta fechas recientes, España ha sido un país con alta natalidad, con
algunas excepciones debido a la Guerra Civil, emigración, crisis económicas (autarquía)… A todos ha
sorprendido que, en un período de tiempo muy corto, la natalidad y la fecundidad españolas se hayan
situado entre las más bajas del mundo. Se considera alta TN a cifras superiores a 30 por mil, media entre 20
y 30 por mil, y baja por debajo a 20 por mil.
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Las causas son variadas: junto a causas de índole económica (coste de la crianza y educación de
los hijos, aumento del nivel de renta), existen también razones como la secularización de la sociedad
española, la difusión de los métodos anticonceptivos, la emancipación de la mujer y su incorporación al
mercado laboral…
La natalidad y la fecundidad se han reducido en todas las comunidades autónomas, aunque sigue
habiendo diferencias regionales: las regiones meridionales e insulares son las que poseen las mayores
tasas de natalidad, seguidas por las regiones económicamente más desarrolladas.
Tasas de natalidad superiores al 8% tienen Andalucía, Islas Baleares, Canarias, Cataluña,
Comunidad Valenciana, Comunidad de Madrid, Región de Murcia y Comunidad Foral de Navarra. En
cambio, las comunidades del centro y del norte peninsular presentan tasas más bajas, menos del 8% tienen
Principado de Asturias, Castilla y León y Galicia.
En cuanto a la MORTALIDAD, hasta finales del siglo XIX la población española se caracterizaba por
altas tasas de mortalidad y baja esperanza de vida. En la actualidad, la tasa de mortalidad se considera
baja, en torno al 9,1 por mil. Se considera alta por encima del 15 por mil, media entre 10 y 15 por mil y baja
por debajo a 10 por mil. La mortalidad infantil ha seguido una trayectoria muy similar.
Los factores que explican el descenso de la mortalidad son: los avances médicos y en la higiene,
una mejor alimentación, mayor calidad de vida y una combinación de factores de tipo social, demográfico,
económico y cultural que han repercutido positivamente en una mejora de la salud de la población.
La esperanza de vida al nacer también evolucionó. A principios del siglo XIX se encontraba en torno
a los 35 años, y en la actualidad es de unos 80 años para los hombres y 86 para las mujeres.
En cuanto a las causas de la mortalidad, en el pasado dominaba la mortalidad catastrófica que se
debían a crisis de subsistencia, hambrunas, epidemias, guerras, etc., y que mantenían estancada a la
población, pese a las elevadas tasas de natalidad. En cambio, en la actualidad, las causas de muerte se
relacionan con las enfermedades degenerativas en edades avanzadas (Alzheimer) y con las famosas «tres
C» (corazón, cáncer y carretera). La mortalidad es mayor entre los hombres que entre las mujeres.
También la distribución de la mortalidad por comunidades autónomas es desigual. En la actualidad,
las comunidades con una tasa de mortalidad más alta son: Principado de Asturias, Aragón, Islas Baleares y
Galicia; en cambio, las tasas más bajas corresponden a Canarias, Comunidad de Madrid, Región de Murcia,
Andalucía y Cataluña.
Por último, el CRECIMIENTO NATURAL ha tenido una tendencia positiva desde finales del siglo
XIX, debido al continuo descenso de la mortalidad y a la más lenta reducción de la natalidad.
No obstante, se pueden establecer diferentes etapas:
1. 1850-1950: Las tasas de crecimiento son altas, como consecuencia del ligero descenso de la
mortalidad y del mantenimiento de unas tasas de natalidad altas, pero habrá dos puntos de inflexión: la
epidemia de gripe de 1918 y la mortalidad provocada por la Guerra Civil. (Régimen Demográfico Antiguo)
2. 1950-1975: Es el periodo de mayor crecimiento natural, el “baby boom” o explosión demográfica,
fruto de una mortalidad que ha llegado a sus valores más bajos y de una natalidad que se mantiene
bastante elevada. (Régimen de Transición Demográfica)
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3. 1975-1998: El crecimiento natural descendió bruscamente, por la caída de la fecundidad y el
incremento de la mortalidad, pasando del 1,1% en 1977 al 0,2% en 1998. (Régimen Demográfico Moderno).
Se considera alto por encima del 20%, medio entre 10% y 20%, bajo entre 10% y 0%, y negativo por debajo
del 0%.
También hay diferencias regionales con una oposición entre comunidades positivas (Canarias,
Comunidad de Madrid, Región de Murcia y Andalucía), y otras con incrementos débiles o negativos.
4. Desde 1998 a la actualidad. La natalidad se mantiene baja y muestra ligeras oscilaciones
ligadas a la coyuntura económica y a la inmigración.
Entre 1998 y 2008, la natalidad experimentó una ligera recuperación motivada por la favorable
coyuntura económica. La inmigración contribuye al aumento de la natalidad, sobre todo por el incremento de
las mujeres en edad fértil.
La crisis 2008-2013 ocasionó un nuevo descenso de la tasa de natalidad, Las familias sufrieron un
enorme incremento del paro, reducción salarial y dificultades para acceder a los créditos. Además, la
inmigración disminuyó, así como la fecundidad de las mujeres extranjeras.
Entre 2014 y 2020, a pesar del inicio de la recuperación económica y el aumento de la inmigración
extranjera no se percibió un aumento de la natalidad. No solo se antepone otros objetivos a la formación de
familia (estudiar, trabajar o viajar), sino que incluso aquellas que desean tener hijos encuentran serias
dificultades de conciliar vida familiar y laboral.
Desde 2020, la difícil situación económica derivada del COVID-19 y del encarecimiento energético,
agravado por la guerra en Ucrania y Palestina, ha repercutido negativamente en la tasa de natalidad.
5. LAS MIGRACIONES.
También la población española ha experimentado movimientos migratorios. Se llama Migración o
Movimiento Migratorio al desplazamiento de la población a un lugar diferente al de su residencia habitual,
por un periodo superior a un año. Son movimientos de la población en el espacio.
Todo movimiento migratorio puede analizarse desde una doble perspectiva:
- Emigración: es la salida de la población de su lugar de origen para irse a vivir a otro lugar.
- Inmigración: es la llegada de la población a un lugar de destino a vivir.
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Las razones o causas que mueven a las personas a desplazarse pueden ser muy diversas:
económicas (la búsqueda de un empleo en otro lugar, que permita mejorar la situación económica y las
condiciones de calidad de vida y bienestar social), sociales (salud, familiares, guerras…), políticas (exilios,
destierros), catástrofes (terremotos, inundaciones…)
La historia de los movimientos migratorios en España se puede analizar en tres grandes apartados:
1.- MIGRACIONES INTERIORES: son las que se realizan dentro de las fronteras de un país.
Hay cuatro modalidades:
1.1. Migraciones estacionales y temporales: campesinos que emigran a otras áreas rurales para
tareas agrarias estacionales (vendimia, aceituna, fresas…), ganaderos trashumantes, o los que van hacia
áreas urbanas en estaciones de poco trabajo en el campo (construcción, turismo…).
1.2. Éxodo rural: son migraciones desde áreas rurales a urbanas con carácter definitivo o de larga
duración. Son campesinos de Galicia, del interior o de Andalucía que se van a zonas industriales
(Comunidad de Madrid, Cataluña, País Vasco) o a zonas turísticas (Levante, Islas Baleares, Costa del Sol).
El éxodo rural ha tenido cuatro etapas en la historia de España:
Primera etapa (1900-1930): hubo un exceso de mano de obra en el campo por la
mecanización agraria y marcharon a la ciudad a trabajar en las industrias y en las obras
públicas de la II República.
Segunda etapa (1930-50): el éxodo rural se estancó por la Guerra Civil y la Posguerra
(hambre, industrias destrozadas…).
Tercera etapa (1950-75): etapa de gran éxodo rural en España por el crecimiento
demográfico y la crisis agrícola por la mecanización del campo. Van a las ciudades por el
auge industrial con los Planes de Desarrollo de Franco y por el boom turístico.
Cuarta etapa (1975 – hoy): el éxodo rural ha decaído por la crisis industrial. Se han
producido muchos retornos al pueblo. Sólo el turismo y la agricultura de invernaderos atraen
emigrantes al litoral mediterráneo, Islas Baleares y Canarias.
1.3. Migraciones interurbanas: muchos trabajadores cualificados del sector terciario o servicios
(administrativos, técnicos, médicos, profesores) cambian de ciudad.
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2.- MIGRACIONES EXTERIORES: son las que se realizan fuera de las fronteras del propio país.
Hasta 1975 España ha sido un país de emigrantes, pero desde los años 80 España se ha convertido en un
país de inmigrantes, salvando el breve periodo surgido a partir de la crisis de finales de 2007.
Existen diferentes tipos de migraciones exteriores:
Emigración transoceánica o a ultramar: se dirigió principalmente a América Latina,
[Link]., Canadá y Australia. Con etapas de auge y otras de crisis.
Las etapas de auge fueron dos:
1) Desde mediados del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial: procedían de zonas
próximas al atlántico (gallegos, asturianos y canarios) e iban a América Latina
(Argentina, Cuba, Brasil, México y Uruguay), eran hombres campesinos o ganaderos de
bajo nivel de cualificación.
2) Después de la Segunda Guerra Mundial (1950 a 1960): procedían de Galicia y
Canarias e iban a América (Venezuela, Brasil y Argentina), eran campesinos más
cualificados y obreros y técnicos industriales.
En cambio, fueron etapas de crisis el periodo entre las dos guerras mundiales (había
escasez de transporte y dificultades para salir al exterior), y después de 1960 al terminar
el bloqueo internacional la emigración se centró en Europa por su cercanía.
Emigración a Europa: Hasta 1950 procedían del campo levantino, Aragón, Comunidad
Foral de Navarra y Castilla y León, e iban sobre todo a Francia. Fundamentalmente, eran
agricultores estacionales (vendimia), obreros de la construcción, muchachas del servicio
doméstico y refugiados políticos.
Desde 1950 a 1975 salían adultos varones poco cualificados de todas las regiones
españolas, sobre todo de Andalucía y Galicia, e iban a Suiza, Francia y Alemania a trabajos
duros, peligrosos y mal pagados (construcción, industrias, agricultura).
Desde 1975 decayó por la crisis energética, que hizo que regresaran a España muchos
emigrantes.
Emigración a nuevos destinos: desde 1975 españoles con gran cualificación profesional
salen a trabajar fuera de España, con buenos trabajos y muy bien pagados (científicos a
EEUU, técnicos e ingenieros a países árabes como Argelia, Arabia Saudí, Libia, Irak…).
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Desde 2015, el inicio de la recuperación de la crisis ha ralentizado la emigración exterior.
Con todo, España tiene, según los últimos datos publicados por la ONU, casi millón y medio
de emigrantes, lo que supone un 3,14% de la población española. Si se compara con el
resto de los países emigrantes, España tiene un porcentaje de emigrantes medio, ya que
está en el puesto 46º de los 195 del ranking de emigrantes.
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--. Los inmigrantes extracomunitarios proceden de África (Marruecos), Iberoamérica (Ecuador,
Colombia) y Asia (China, Pakistán). Son jóvenes que acuden a España por motivos económicos (carencia
de recursos y trabajo en sus países de origen) o políticos (persecuciones) realizan trabajos de baja
cualificación en el sector servicios, construcción, agricultura, minería o pesca.
El destino principal de los inmigrantes son las comunidades con grandes centros urbanos y de
servicios -Madrid, Cataluña, valle del Ebro, costa mediterránea, Canarias y Baleares-; con actividades
agropecuarias o relacionadas con la construcción y con modelos residenciales para la población jubilada.
No obstante, la saturación del mercado laboral de estas regiones ha provocado algunas migraciones hacia
las comunidades del interior y del cantábrico.
1. Demográficas:
Disminución de población total española.
Envejecimiento de la población, debido a que la población que emigra es población joven, que es la
que está en edad de trabajar.
Desequilibrios territoriales, pues la distinta participación de las regiones en las corrientes migratorias
ha contribuido a los desequilibrios actuales en el reparto espacial de la población española.
2. Económicas:
Disminución de los problemas de desempleo, debido a la disminución de la presión demográfica.
Divisas enviadas por los emigrantes, que en los años 60 y 70 ayudaron a financiar el desarrollo
económico español y a reducir el déficit comercial.
Pérdida de fuerza de trabajo, muchas veces cualificada y formada con capital público.
3. Sociales:
Desarraigo, al incorporarse a sociedades cuya lengua y costumbres desconocían.
Malas condiciones de vida, debido a la separación familiar y uso de viviendas de poca calidad.
Malas condiciones laborales, ya que cuentan con salarios frecuentemente más bajos que la
población autóctona y desempeñan trabajos más duros. Asimismo, son los más expuestos a los
despidos o búsquedas de empleo.
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Por otra parte, las consecuencias de la inmigración son variadas.
1. Demográficas:
Aumenta la tasa de natalidad. La población inmigrante, generalmente, es población joven, con una
mayor tasa de hijos por mujer y maternidad más temprana. De este modo, contribuye al crecimiento
demográfico y frena el envejecimiento de la población. Ello resulta muy positivo para poder
mantener el sistema de pensiones.
2. Económicas:
Aporta población activa, concretamente mano de obra joven y dispuesta a realizar trabajos duros y
peor remunerados (agricultura, construcción, hostelería, servicio doméstico, cuidado de personas
mayores…). En un primer momento, la población activa inmigrante era mayoritariamente adulta-
joven, entre 16-35 años. En la actualidad predominan los adultos-maduros, entre 35y 64 años,
debido al envejecimiento de los ya instalados y a la emigración de los más jóvenes a raíz de la crisis
económica.
Contribuyen económicamente con sus impuestos, y como importante colectivo de consumidores.
Contribuye al crecimiento del PIB, aporta más dinero a las arcas públicas del que consume en
educación y sanidad; y alivia la carga del elevado gasto en pensiones.
Conflictos laborales (salarios a la baja). La inmigración se relaciona con algunos problemas, tales
como la pérdida de competitividad, la presión a la baja sobre los salarios y la acentuación de la
escasa movilidad geográfica de los trabajadores españoles.
Aumento del déficit exterior, debido a las remesas enviadas por los inmigrantes a sus países de
origen y al consumo de bienes importados, como el automóvil.
3. Sociales:
Multiculturalidad (posibilidad de conocer nuevas culturas, músicas, gastronomía, modas, formas de
ver el mundo, tradiciones, e incluso superar barreras idiomáticas, si es el caso.
Hacer vida en otro país abre las puertas del conocimiento a través de la historia autóctona de cada
nación, e incluso mediante recorridos de los sitios museos o sitios históricos más representativos
del lugar.
Problemas de integración, aceptación y convivencia, por las diferencias culturales, lingüísticas y
religiosas que pueden suscitar tensiones con la población autóctona.
Han surgido actitudes xenófobas por temor a perder la identidad nacional, por la percepción de que
son competencia laboral o que provocan inseguridad (prostitución, tráfico de drogas, mafias…)
Duras condiciones laborales y de vida de los inmigrantes (salarios bajos, ausencia de contratos y
seguros, barrios y viviendas de mala calidad, …).
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7. CONFORMACIÓN DEL ESPACIO DEMOGRÁFICO ACTUAL. TASAS DEMOGRÁFICAS.
La conformación del espacio demográfico actual se traduce como la dinámica demográfica actual en
España.
Según datos del INE, la población en España es superior a 48.000.000 de habitantes en el tercer
trimestre de 2023. Esta cifra supone un descenso de población con respecto a años anteriores. Para
analizar esta situación, se utilizan las TASAS DEMOGRÁFICAS que constituyen una colección de
indicadores que resumen la evolución histórica del comportamiento de los fenómenos demográficos en
España (natalidad, fecundidad, mortalidad y nupcialidad), del movimiento migratorio y del crecimiento y
estructura de la población residente en el país. Se calculan a partir de los resultados de las estadísticas de
Nacimientos, Defunciones y Matrimonios, de la Estadística de migraciones y de las cifras de población
residente en España.
La evolución de la natalidad y la mortalidad nos la proporcionan las Estadísticas del Movimiento
Natural de la Población. Según datos definitivos del INE, en el año 2021 se registró una tasa bruta de
natalidad del 7,12 por mil, continuándose así la tendencia decreciente en el número de nacimientos desde
2008, interrumpida por un leve incremento experimentado en el año 2014. Los motivos de este descenso en
la natalidad son:
Un menor número de mujeres en edad fértil (entre 15 y 49 años), que se reduce desde 2009 casi un
4%. Las generaciones o cohortes que llegan a este grupo de edad empiezan a ser menos numerosas
(nacidas en la crisis de natalidad de los años 80 y principios de los 90), lo cual conlleva que se empiezan a
notar los efectos del envejecimiento. A esto se suma la evolución de los flujos migratorios con una menor
llegada y mayor flujo de salida.
Vuelve a descender el número de hijos por mujer en edad fértil situándose en 1,16, frente a años
anteriores donde llegó a ser de 1,44 en 2008 pero inferior a 2 desde 1982. Según nacionalidad, este
descenso se produce tanto entre mujeres extranjeras como españolas.
Adicionalmente, la edad media a la maternidad continuó aumentando, superando los 34 años.
En cuanto a mortalidad, en el año 2023 la tasa bruta de mortalidad se encuentra en un 9,49 por mil.
El aumento en el número de defunciones durante la primera mitad de 2020 se ha debido, principalmente, al
efecto de la pandemia de COVID-19 desde el mes de marzo. La tasa de mortalidad infantil (menores de un
año) también es baja, entorno a un 2,54 por mil. La esperanza de vida al nacer ha aumentado hasta los
83,08 años (80 años para hombres y 85 para mujeres). A la vista de estos datos más recientes, parece
previsible que la esperanza de vida siga aumentando dado que continúa cayendo la mortalidad a edades
elevadas. El porcentaje de cada generación que alcanzaba los 65 años en 1919 (cuando se estableció
como edad de jubilación), no alcanzaba el 34% mientras que ahora es del 90%. En la actualidad dicho 34%
corresponde a los 89 años de edad.
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8. ESTRUCTURA DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA: LA PIRÁMIDE DE POBLACIÓN. ESTRUCTURA
ECONÓMICA DE LA POBLACIÓN: INDICADORES SOCIOECONÓMICOS.
La ESTRUCTURA DE LA POBLACIÓN muestra las características de la composición de la
población por:
1) Sexo
2) Edad
3) Actividad económica
a) Los grupos de edad: siempre nacen más niños que niñas (aprox.: 105 niños / 100 niñas), por
lo que en las edades jóvenes predominan los varones. Sin embargo, en la edad adulta madura
(50-54 años) tienden a igualarse los efectivos de ambos sexos, para acabar desequilibrándose
de nuevo, pero a favor de las mujeres gracias a su mayor esperanza de vida.
b) Nacionalidad: analizando la población de nacionalidad extranjera residente en España
(inmigrantes), hay mayor número de hombres que de mujeres debido a que quienes suelen inmigrar son los
varones.
Por otro lado, se entiende por estructura de la población por edad a la distribución de la población
según grupos de edad. Distinguimos tres grupos de edad: jóvenes (0-14 años), adultos (15-64 años) y
ancianos (65 años y más). A partir de ello, una población se considera:
•Joven: cuando hay >35% de jóvenes.
•Envejecida: cuando hay >12% de ancianos.
Actualmente la población española es una población envejecida, ya que >12% de población son
ancianos, y los jóvenes apenas alcanzan el 15%.
A junio de 2023 los jóvenes (0-14 años) representaban un 13,39%; los adultos (15-64 años) un
66,33%; y los ancianos (65 años o más) el 20,27%.
Las causas del envejecimiento hay que encontrarlas en la baja natalidad desde 1975 (que reduce el
número de jóvenes), el progresivo aumento de la esperanza de vida (que incrementa el número de
ancianos) y la elevada emigración del pasado, que se agravó con la crisis de 2008-2013 por el repunte de la
emigración al exterior y el descenso de la inmigración.
Sin embargo, aunque todas las provincias españolas cuentan hoy con más de un 12% de población
anciana, sí existen diferencias territoriales en el envejecimiento. Las provincias más envejecidas son las de
Galicia y el interior peninsular. En ellas la emigración de épocas pasadas redujo la población joven y la
natalidad; los retornos ocurridos tras la crisis de 1975 causaron sobreenvejecimiento; y el menor dinamismo
económico ha atraído menos inmigración exterior.
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Las provincias menos envejecidas son las tradicionalmente más natalistas (Murcia, Andalucía
occidental). Las que por sus actividades económicas pasadas y actuales atraen a inmigrantes nacionales o
extranjeros (archipiélagos, Madrid, litoral mediterráneo). Y las provincias que reciben población joven desde
otras limítrofes buscando precios del suelo más baratos (Guadalajara y Toledo).
Las consecuencias del envejecimiento son la desaceleración económica (menos población activa),
aumento de los gastos en pensiones, sanidad y cuidados de ancianos (aumento de las cargas familiares y
más residencias).
Aunque, por un lado, la tasa de dependencia aumenta al prolongarse la escolaridad obligatoria, las
prejubilaciones, la generalización de la jubilación pagada y la creciente incorporación de la mujer al trabajo
la disminuyen.
Por sexos, la tasa de actividad masculina descendió hasta 1996, por la emigración, las jubilaciones
anticipadas, la reconversión industrial y la crisis de 1990-1995. Desde 1996, la tasa se recupera, por la
prosperidad económica y la inmigración. La tasa de actividad femenina, partiendo de cifras bajas, aumenta
desde la década de 1970, por el cambio de mentalidad, control de la natalidad, crecimiento del sector
terciario y la necesidad de un segundo salario en la familia.
La mayor tasa de actividad masculina se da entre los 35-39 años y la femenina entre 25-29 años,
por el acceso de las mujeres a la maternidad, a veces incompatible con el trabajo.
Las tasas más altas de actividad corresponden a las regiones más dinámicas económicamente en el
sector terciario (costa mediterránea, archipiélagos y Madrid) o más diversificadas (Navarra y La Rioja). Son
más bajas en zonas menos dinámicas (Galicia e interior peninsular), más afectadas por la crisis industrial
(cornisa cantábrica), con mayor población joven (Andalucía) o envejecidas (interior peninsular).
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Entre 1985 y 2008, la tasa de actividad creció. Se incorpora al mercado laboral la generación más
numerosa del baby boom, un alto volumen de inmigrantes y un creciente número de mujeres.
Sin embargo, desde 2008 la tasa de actividad decrece a causa de las crisis económicas: financiera
(2008-2013) motivada por la burbuja inmobiliaria; y sanitaria (2020), por la pandemia de la COVID-19.
Después, se recupera.
Del mismo modo, la tasa de paro ha pasado por diferentes etapas. Hasta 1975 la tasa de paro no
fue un problema (3%), pues se resolvía con la emigración al exterior y la escasa incorporación de la mujer al
trabajo. Entre 1975 y 1985 experimentó un gran aumento debido a la crisis económica, reconversión
industrial, retorno de emigrantes, la incorporación de la mujer al empleo y el aumento de la demanda (los
nacidos en el baby boom de los 60). Entre 1985 y 1995 retrocedería para volver a subir (crisis del 92-95).
Entre 1995 y 2008 el paro desciende por la favorable coyuntura económica y la incorporación al empleo de
generaciones menos numerosas (la natalidad descendió sostenidamente desde 1975). Entre 2008 y 20013,
la crisis financiera disparó la tasa de paro. Pero a partir de 2014, la recuperación internacional y las
reformas económicas han reducido el paro, aunque sin alcanzar los niveles previos a la crisis. A ello también
ha contribuido la COVID-19, que provocó una paralización de la economía. A partir de ahí se registran leves
descensos, hasta alcanzar un 13,26% en el primer trimestre de 2023.
El desempleo es mayor entre los jóvenes, mujeres, en personas con menor cualificación profesional,
en invierno o acabadas las recolecciones. Las tasas de desempleo más altas afectan a Melilla, Andalucía,
Extremadura, Canarias, Castilla La Mancha, Ceuta y Murcia, con más del 20 %. Y las más bajas, inferiores
al 10%, Navarra y País Vasco.
La evolución por sectores económicos, a lo largo del siglo XX ha dejado evidente una tendencia a la
TERCIARIZACIÓN.
Hasta 1960, España fue un país básicamente agrícola. Además, la Guerra Civil y la dolorosa
posguerra habían supuesto un retroceso en su desarrollo económico. El Plan de Estabilización de 1959,
abandonando la autarquía, y la favorable coyuntura económica internacional favorecieron el desarrollo
industrial del país y su modernización, hasta convertirlo en los años 80 en un país desarrollado coincidiendo
con su entrada en la UE en 1986. El sector secundario ha reducido sus efectivos gracias a las nuevas
tecnologías que requieren menos mano de obra.
Por el contrario, el terciario no ha dejado de crecer gracias al desarrollo del estado del bienestar
(educación, sanidad, servicios sociales) y al progresivo aumento del nivel de vida que aumenta el consumo
de los servicios, incorporación de la mujer al trabajo, la disminución en los otros sectores económicos.
Por regiones, el sector primario es superior en Extremadura, Región de Murcia, Galicia, Andalucía,
Castilla y León y Castilla-La Mancha; el secundario en La Rioja, Comunidad Foral de Navarra, Cataluña,
Comunidad Valenciana y País Vasco, y el terciario en Comunidad de Madrid, Canarias e Islas Baleares.
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9. LOS DESEQUILIBRIOS TERRITORIALES EN LA ACTUALIDAD. EL RETO DEMOGRÁFICO:
ENVEJECIMIENTO Y DESPOBLACIÓN RURAL.
En España el primer tipo de desequilibrio territorial que encontramos es el de tipo demográfico,
entre una España urbana, en donde se concentra la población, y una España rural, con grandes vacíos
demográficos que vienen a coincidir a grandes rasgos con la España que crece en población y la España
que pierde población.
Los más de 48.000.000 de habitantes no se reparten por igual en el territorio español. La densidad
de población media española en el tercer trimestre de 2023 es de 96 Hab/km2, aproximadamente. Pero en
1991, era de 80 Hab/km2, y en 1900 de 37 Hab/km2. Estas variaciones a lo largo de la historia también se
han manifestado en la existencia de zonas de gran concentración de la población junto a zonas de vacío
demográfico, que igualmente han variado en su localización.
Las zonas más densamente pobladas son el centro de la península ibérica (Madrid y su área
metropolitana), el litoral mediterráneo en el este y sur peninsular, Canarias, Baleares, así como el litoral
cantábrico al norte. Los valles del Guadalquivir, del Ebro y del Duero son áreas con una densidad de
población superior a la media. Las menos densas y que menos han evolucionado son Aragón, Castilla y
León, Castilla-La Mancha y Extremadura.
No obstante, se viene observando desde la década de los años ochenta una variación en los
contrastes de la distribución de la población. Los motivos están muy relacionados con las repercusiones de
las crisis económicas de la segunda mitad de los años setenta y los primeros años noventa, así como los
nuevos factores de desarrollo surgidos a partir de ellas.
Así pues, se está produciendo un proceso de desconcentración de la población desde los
grandes municipios hacia otros más pequeños, pero de índole urbana y bien comunicados con las grandes
áreas de población que siguen siendo los centros neurálgicos de las actividades económicas, aunque estas,
como la población, busquen localizaciones en zonas periféricas, aunque bien comunicadas. Del mismo
modo, el mayor crecimiento demográfico se produce en la España urbana, la que tiene una población más
joven, con mayor índice de ocupación y mayor concentración de actividad industrial y de servicios.
Otra forma de comprobar los desequilibrios territoriales es a través del análisis de las variables
socioeconómicas, tales como el Producto Interior Bruto (PIB), el nivel de pobreza, nivel de estudios, el
desempleo, etc. Por ejemplo, algunas provincias españolas tienen tasas de desempleo inferiores al 10% de
su población activa, mientras que otras superan el 20%. Las provincias con mayor índice de desempleo en
España son esencialmente las del sur, situadas en las comunidades autónomas de Andalucía, Extremadura,
Castilla-La Mancha y Canarias.
El indicador más utilizado para medir las diferencias socioeconómicas entre unos territorios y otros
es la renta per cápita, o PIB por habitante, por el que se confirma una clara diferencia entre el noreste
peninsular junto con Madrid, como la zona con mayor riqueza de España, y el resto. Entre 2007 y 2014, las
regiones que sufrieron una mayor pérdida de ingresos fueron las del sureste peninsular: Andalucía, Región
de Murcia y Comunidad Valenciana. Por el contrario, tres comunidades autónomas vieron aumentada su
renta media anual: Aragón, Galicia y La Rioja.
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Las provincias con mayor renta provincial son Madrid, las provincias vascas, Navarra y las
catalanas. Las que tienen menor renta provincial son las extremeñas, así como algunas andaluzas (Cádiz,
Málaga, Granada, Jaén, Córdoba) y castellanas (Toledo). Se acercan a la media nacional las del norte
(Zaragoza, Teruel, La Rioja, Valladolid, Palencia) o las Islas Baleares.
Se puede identificar que, normalmente, las provincias con mayor empleo son las que tiene mayor
PIB per cápita (País Vasco, Cataluña, Madrid) y las que tienen mayor desempleo son las que tienen menor
PIB (Extremadura y Andalucía).
Además de demográficos y socioeconómicos, los desequilibrios también se producen en la
disponibilidad que tienen los territorios de infraestructuras y equipamientos. Un ejemplo de ello es la
accesibilidad por carretera, autovía y autopista que existe en España.
Finalmente, en la sociedad de la información actual, también se producen desequilibrios territoriales
en el uso y acceso a las tecnologías de la información y la comunicación.
Por otro lado, España ha experimentado un importante crecimiento demográfico este siglo. Entre
2001 y 2023, el país pasa de 41,1 a 48 millones de habitantes. Sin embargo, la cifra global esconde una
realidad diferente: en el siglo XXI se ha intensificado el proceso de despoblación, y este proceso de
pérdida se acelera en la última década.
Cuatro comunidades autónomas pierden población a lo largo del siglo XXI (Extremadura, Galicia,
Castilla y León y Asturias); pero ya son nueve las que pierden en la última década (2010-2019): Además de
las anteriores, también pierden Aragón, Cantabria, Castilla – La Mancha, Comunidad Valenciana y La Rioja.
El fenómeno de la despoblación es eminentemente rural, y afecta con mayor gravedad a los pequeños
municipios. En la última década, ocho de cada diez municipios menores de 5.000 habitantes han perdido
habitantes. Pero la despoblación también llega a las pequeñas ciudades y capitales del interior: A la
despoblación se suman los problemas derivados de la dispersión territorial y la baja densidad de población,
que dificultan la prestación de servicios básicos.
La pérdida de población se acompaña de los efectos del proceso de envejecimiento. La longevidad
de nuestra sociedad es un éxito de país, situándonos como el país de la UE con la mayor esperanza de vida
al nacer. En España ya hay casi 9 millones de personas mayores de 65 años, una de cada cinco personas.
Y las proyecciones del INE avanzan que, para 2050, las mayores de 65 años serán ya más de 15,5
millones, y casi una de cada tres personas habrán alcanzado los 65 años. El envejecimiento se concentra
en los pequeños municipios rurales: En los municipios de menos de 5.000 habitantes, 1,5 millones de
personas ya superan los 65 años. Es decir, una de cada cuatro personas ya tiene más de 65 años.
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Asturias, Galicia, Castilla y León, País Vasco, Cantabria, Aragón, La Rioja y Extremadura son las
comunidades autónomas con mayor edad media en España. Todas ellas superan el 20% de personas
mayores. Baleares y Murcia son las comunidades con proporciones más bajas, con un 16%.
Los países de la Unión Europea con mayor número de personas mayores, en 2020, son Alemania
(18,1 millones), Italia (13,9 millones), Francia (13,7 millones), y España (9,3 millones).
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