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Tomas DE Aquino - filosofia
Historia de la Filosofía (Colegio Nuestra Señora De Loreto)
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TOMAS DE AQUINO
TEORIA DEL CONOCIMIENTO
La filosofía de Tomás parte de su teoría del conocimiento que establece qué es lo que
podemos conocer y cuáles son los límites de nuestro conocimiento. Se trata de una teoría
del conocimiento empirista que sostiene que nuestro conocimiento parte siempre de los
sentidos. Por lo tanto, en el tema del conocimiento (como en todo lo demás) Santo Tomás
sigue a Aristóteles y se opone a Platón cuya teoría del conocimiento es racionalista ya que
desprecia el conocimiento sensible y considera que ha de ser la razón por sí misma la que
alcance el verdadero conocimiento. Tomás, sostiene que el origen de todos nuestros
conocimientos está en la experiencia, en el conocimiento sensible. Sin embargo, no se
queda ahí, ya que, a partir del conocimiento sensible de los seres particulares y concretos, el
entendimiento humano tiene la capacidad de ir más allá para adquirir un conocimiento
intelectual de las esencias universales, a través del proceso de abstracción. El proceso es el
siguiente:
- A través de los órganos de los sentidos captamos la realidad sensible, los objetos
singulares, particulares y concretos (este árbol). Obtenemos así imagen particular que se
almacena en la imaginación o memoria.
- Sobre esa imagen actúa el Entendimiento Agente, despojándola de sus elementos
individuales y elaborando una representación general, es decir, su función es abstraer el
elemento universal o esencia.
- Esta representación general pasa al Entendimiento Paciente que la recibe produciendo el
concepto (el concepto de árbol). La función del Entendimiento Paciente es conocer el
universal abstraído por el Entendimiento Agente.
Esta concepción empirista del conocimiento marca unos límites al conocimiento de los
que carecía la teoría platónica, que a su vez inspiró a San Agustín. Para Platón y sus
seguidores la razón es capaz, a través de la reminiscencia, de captar las realidades
inmateriales y las Ideas. Para Tomás, que sigue a Aristóteles, el conocimiento se origina a
partir de la experiencia y tiene unos límites que marca la propia experiencia. Por ello sobre
las realidades inmateriales y Dios, sólo se puede tener un conocimiento imperfecto y
analógico elaborado a partir de los datos de los sentidos. Este último punto será de gran
importancia cuando se plantee el problema de las relaciones entre razón y fe.
En cuanto a las relaciones entre razón y fe como fuentes de conocimiento, Tomás afirma
que tanto la fe (en la Revelación) como la razón son fuentes de conocimiento y dan lugar a
dos ciencias: la Teología Revelada y la Filosofía, respectivamente. Durante los primeros
siglos de la Edad Media, la fe y la teología tenían una primacía absoluta sobre la razón y
la filosofía, pues se consideraba que éstas últimas, por sí solas, no eran capaces de
proporcionarnos un verdadero y completo conocimiento de la realidad, algo que sólo se
alcanza a través de la fe, siendo la razón el instrumento que nos ayuda a profundizar en las
afirmaciones de la fe (posición de San Agustín). A partir del siglo XI esa concepción de las
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relaciones entre fe y razón entra en crisis y comienzan a surgir disputas entre los que
otorgan primacía a la fe sobre la razón y los que lo hacen justamente al revés. Sto. Tomás
en el siglo XIII armoniza la razón y la fe manteniendo una posición que afirma:
- La autonomía de la razón frente a la fe (se separa de San Agustín): la razón y la fe son dos
fuentes de conocimiento distintas y autónomas.
- Aunque sean autónomas, cuando sus objetos de investigación coincidan, no pueden
contradecirse, ya que la verdad es sólo una. Si Dios es el que habla a través de la
Revelación y Dios es el creador de la razón humana, es lógico pensar que lo que nos dice
directamente desde la revelación es lo mismo que lo que nos dice indirectamente a través
de la razón. Rechaza, por tanto, la teoría de la doble verdad de Averroes que sostenía que
razón y fe pueden llegar a verdades opuestas.
Según Tomás existe un conjunto de verdades que son comunes a la razón y a la fe, es decir
se conocen por fe, pero también pueden demostrarse racionalmente. Se llaman preámbulos
de la fe, son: que Dios existe, que es omnipotente, que el alma es inmortal, y la creación del
mundo a partir de la nada. Estas verdades se diferencian de los artículos de fe, verdades
sólo conocidas por revelación como por ejemplo la trinidad divina. Tomás justifica la
existencia de tales verdades alegando dos tipos de razones:
- Circunstanciales, ya que es conveniente que ciertas verdades alcanzadas racionalmente
sean también reveladas, ya que muchos hombres, por pereza, falta de tiempo o capacidad,
no podrían alcanzarlas de otro modo.
- Estructurales, ya que dada la posibilidad de error que amenaza al hombre, conviene que
estas verdades lleguen a los hombres por la vía de la revelación para garantizar su
conocimiento.
Su posición conciliadora se manifiesta también en su defensa de la colaboración entre la
razón y la fe, ambas ciencias deben prestarse ayuda mutua. La razón debe ayudar a la fe:
- Proporcionándole procedimientos de ordenación
- Demostrando los preámbulos de la fe que son verdades alcanzables por la luz de la razón
- Proporcionando armas dialécticas para defender los artículos de fe frente a los ataques que
les dirigen los filósofos y haciendo ver que son, al menos, creíbles.
La fe debe ayudar a la razón:
- Adelantándose a la razón pues sólo con ésta es muy costoso y lento llegar a la verdad.
- Confirmando con la autoridad divina lo que descubre la razón
- Sirviéndole de criterio extrínseco: señalándole al hombre que debe revisar sus posiciones
filosóficas si le llevan a conclusiones contrarias a la fe, pues ello es prueba de que está
equivocado.
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Ontología
La ontología tomista está basada, por una parte, en la revelación y, por otra, en la filosofía
de Aristóteles de quien toma, entre otras, la teoría hilemórfica según la cual todas las
substancias, salvo Dios, son un compuesto de dos elementos: la materia y la forma o
esencia, y la teoría de la potencia y el acto según la cual todas las substancias, salvo Dios,
son un compuesto de acto y potencia. Por supuesto, Santo Tomás tiene que negar todas
aquellas ideas de Aristóteles que contradicen el dogma cristiano, entre ellas, la eternidad del
mundo. Santo Tomás tiene que establecer, tal como exige la revelación, que el mundo fue
creado por Dios a partir de la nada y que existe una diferencia radical entre Dios y todas las
criaturas. Dios es el ser absolutamente necesario, existe y no puede no existir. Mientras que
todos los demás seres son contingentes, existen, pero podrían no existir si Dios así lo
decidiera. Para ello Tomás añade a las distinciones que Aristóteles había establecido en los
seres, materia-forma, acto-potencia, una distinción más, la distinción entre esencia y
existencia.
En todos los seres, salvo Dios, se distingue la esencia, aquello que un ser es, de la
existencia, el acto de existir o ser en el mundo. La esencia está en potencia de existir, tiene
la posibilidad de existir, pero también de no existir, es contingente, no necesaria. Es preciso
que algo o alguien la haga existir actualizando su potencialidad. Ese algo es Dios, el único
ser necesario y simple cuya esencia coincide con su existencia. Dios es libre de dar o no dar
la existencia a las criaturas.
Santo Tomás al demostrar que Dios es causa de todo cuanto existe, ha demostrado que
Dios ha creado el mundo a partir de la nada, ni siquiera la materia es eterna. Ese acto de
creación ha sido un acto totalmente libre pues lo contrario sería minimizar la perfección
divina. Dios, además, no es sólo causa del comienzo del mundo, sino también de su
duración pues lo conserva por medio de una creación continua a la que llamamos
providencia.
Antropología
La psicología de Santo Tomás está basada en la de Aristóteles con las salvedades que exige
la fe cristiana. El ser humano, tal como estableció Aristóteles, es una sustancia compuesta
de materia y forma. Ambos elementos son inseparables. El cuerpo es la parte material,
dotada de órganos sensoriales. El alma es la forma o esencia y es principio de vida. En el
alma humana racional, se integran las capacidades del alma vegetativa propia de las plantas
y del alma sensitiva propia de los animales. Sin embargo, Tomás tiene que afirmar la
inmortalidad del alma que Aristóteles había negado. Para que el alma pueda existir por sí
misma una vez que el cuerpo ha muerto Tomás tiene que admitir que por sí sola constituye
una sustancia que subsiste a la muerte del cuerpo y es incorruptible. Esto significa que,
aunque el alma realiza la plenitud de sus capacidades unida al cuerpo y posee una
inclinación natural a unirse a éste, puede subsistir separadamente. Pero entonces algunas
capacidades humanas se anulan. Por ejemplo, se anula la capacidad sensitiva, aunque se
mantiene la racional.
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ETICA
La ética de Santo Tomás utiliza la ética de Aristóteles, pero la adapta a la teología cristiana.
La ética aristotélica establecía que la finalidad del ser humano es la felicidad y que ésta
consistía primordialmente en la contemplación o actividad intelectual. Para Santo Tomás el
fin que el ser humano persigue es también la felicidad, pero ésta consiste en la
contemplación de Dios, algo que sólo se consigue plenamente en la vida futura. Nuestros
actos son buenos o malos, según sirvan para lograr o no dicho fin. Por tanto, aunque la
felicidad plena no puede alcanzarse en esta vida mortal, cada uno debe dirigir a ese fin
todos sus actos. Esto significa que obrar bien consistirá en obrar orientándonos hacia
Dios. Para conseguir ese objetivo, el ser humano debe cumplir los preceptos de la Ley
Natural. La Ley Natural es la parte de la Ley Eterna referida específicamente al ser
humano y la Ley Eterna es la ley con la que Dios gobierna el mundo. Los preceptos de la
Ley Natural se pueden conocer a través de la razón pues coinciden con las tendencias
naturales del ser humano. Esas tendencias naturales y los preceptos que de ellas se derivan
son:
- De la tendencia natural, que compartimos con todos los seres, a conservar nuestra vida se
deriva que es bueno todo lo que conserva la vida y malo lo que la acaba.
- De la tendencia, que compartimos con los animales, a procrear y cuidar de la prole se
deriva el precepto de hacer lo propio con nuestros hijos.
- De la tendencia, exclusivamente humana, al conocimiento se deriva el precepto de buscar
la verdad y especialmente la suma verdad que es Dios.
Dado que las normas de la Ley Natural se asientan en la naturaleza humana misma son
universales, eternas e inmutables. Por otra parte, aunque la ley natural se obtiene a partir del
análisis racional de las tendencias naturales del hombre, dado que el hombre tiene la
posibilidad de equivocarse y, puesto que, no todos los hombres pueden dedicarse a
investigar sobre ella, Dios decidió que la Ley Natural se expresase positivamente por medio
de la Revelación en la forma de los Diez Mandamientos.
Política
Inspirada en Aristóteles, establece que el ser humano es sociable por naturaleza y que sólo
en sociedad alcanza a desarrollarse plenamente como ser humano. Santo Tomás también
coincide con Aristóteles en su análisis de las formas de gobierno y en su preferencia por la
monarquía y la aristocracia. Pero Santo Tomás debe añadir a todo esto que, dado que la
felicidad del ser humano está en la contemplación de Dios en la otra vida el Estado debe
subordinarse a la Iglesia y permitir todo aquello que conduzca al ser humano hasta Dios y
prohibir todo aquello que le aleje de Dios. Para ello el buen gobierno, que busca el bien
común, dicta la Ley Positiva. La Ley Positiva es el conjunto de leyes con las que los
hombres regulan su convivencia en sociedad. Debe basarse en la Ley Natural y no puede
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nunca entrar en contradicción con ella. Por lo tanto, el planteamiento tomista de las
relaciones entre la ley natural y positiva excluye el laicismo como forma de organizar la
vida social. La política debe basarse en la religión.