Poema 1: CANTO DE ESPERANZA Poema 2: CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA
Juventud, divino tesoro, Otra juzgó que era mi boca
¡ya te vas para no volver! el estuche de su pasión;
Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste. y que me roería, loca,
Cuando quiero llorar, no lloro...
Un soplo milenario trae amagos de peste. y a veces lloro sin querer... con sus dientes el corazón.
Se asesinan los hombres en el extremo Este.
Plural ha sido la celeste Poniendo en un amor de exceso
¿Ha nacido el apocalíptico Anticristo? historia de mi corazón. la mira de su voluntad,
Era una dulce niña, en este mientras eran abrazo y beso
Se han sabido presagios, y prodigios se han visto síntesis de la eternidad;
mundo de duelo y de aflicción.
y parece inminente el retorno del Cristo.
Miraba como el alba pura; y de nuestra carne ligera
La tierra está preñada de dolor tan profundo sonreía como una flor. imaginar siempre un Edén,
que el soñador, imperial meditabundo, Era su cabellera obscura sin pensar que la Primavera
hecha de noche y de dolor. y la carne acaban también...
sufre con las angustias del corazón del mundo.
Yo era tímido como un niño. Juventud, divino tesoro,
Verdugos de ideales afligieron la tierra, ¡ya te vas para no volver!
Ella, naturalmente, fue,
en un pozo de sombras la humanidad se encierra para mi amor hecho de armiño, Cuando quiero llorar, no lloro...
con los rudos molosos del odio y de la guerra. Herodías y Salomé... y a veces lloro sin querer.
Juventud, divino tesoro, ¡Y las demás! En tantos climas,
¡Oh, Señor Jesucristo!, ¿por qué tardas, qué esperas
¡ya te vas para no volver! en tantas tierras siempre son,
para tender tu mano de luz sobre las fieras Cuando quiero llorar, no lloro... si no pretextos de mis rimas
y hacer brillar al sol tus divinas banderas? y a veces lloro sin querer... fantasmas de mi corazón.
Surge de pronto y vierte la esencia de la vida Y más consoladora y más En vano busqué a la princesa
halagadora y expresiva, que estaba triste de esperar.
sobre tanta alma loca, triste o empedernida, La vida es dura. Amarga y pesa.
la otra fue más sensitiva
que, amante de tinieblas, tu dulce aurora olvida. cual no pensé encontrar jamás. ¡Ya no hay princesa que cantar!
Ven, Señor, para hacer la gloria de ti mismo, Pues a su continua ternura Mas a pesar del tiempo terco,
ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo, una pasión violenta unía. mi sed de amor no tiene fin;
En un peplo de gasa pura con el cabello gris, me acerco
ven a traer amor y paz sobre el abismo. a los rosales del jardín...
una bacante se envolvía...
Y tu caballo blanco, que miró al visionario, Juventud, divino tesoro,
En sus brazos tomó mi ensueño
pase. Y suene el divino clarín extraordinario. y lo arrulló como a un bebé... ¡ya te vas para no volver!
Mi corazón será brasa de tu incensario. Y te mató, triste y pequeño, Cuando quiero llorar, no lloro...
falto de luz, falto de fe... y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!
Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Poema 3: YO PERSIGO UNA FORMA Poema 5: SONATINA ¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
botón de pensamiento que busca ser la rosa; La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
se anuncia con un beso que en mis labios se posa Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
al abrazo imposible de la Venus de Milo. que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave de oro;
Adornan verdes palmas el blanco peristilo; ¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
y en un vaso olvidado se desmaya una flor.
los astros me han predicho la visión de la Diosa; (La princesa está triste. La princesa está pálida)
y en mi alma reposa la luz como reposa ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
el ave de la luna sobre un lago tranquilo. Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
Y no hallo sino la palabra que huye, La princesa no ríe, la princesa no siente;
la iniciación melódica que de la flauta fluye la princesa persigue por el cielo de Oriente
¡Calla, calla, princesa dice el hada madrina,
la libélula vaga de una vaga ilusión.
y la barca del sueño que en el espacio boga; en caballo con alas, hacia acá se encamina,
¿Piensa acaso en el príncipe del Golconsa o de China,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente, o en el que ha detenido su carroza argentina el feliz caballero que te adora sin verte,
el sollozo continuo del chorro de la fuente para ver de sus ojos la dulzura de luz? y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga. ¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes, a encenderte los labios con su beso de amor!
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
Poema 4: PROPÓSITO PRIMAVERAL (A Vargas Vila) ¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
A saludar me ofrezco y a celebrar me obligo quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
tu triunfo, Amor, al beso de la estación que llega ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
mientras el blanco cisne del lago azul navega saludar a los lirios con los versos de mayo,
en el mágico parque de mis triunfos testigo. o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Amor, tu hoz de oro ha segado mi trigo; Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
por ti me halaga el suave son de la flauta griega, ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
y por ti Venus pródiga sus manzanas me entrega Y están tristes las flores por la flor de la corte;
y me brinda las perlas de las mieles del higo. los jazmines de Oriente, los nulumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
En el erecto término coloco una corona
en que de rosas frescas la púrpura detona;
y en tanto canta el agua bajo el boscaje oscuro,
junto a la adolescente que en el misterio inicio
apuraré, alternando con tu dulce ejercicio,
las ánforas de oro del divino Epicuro.