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Inconstitucionalidad Ley 906 de 2004

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Sentencia C-330/13

REGULACION ESPECIAL E INTEGRAL DE PROCEDIMIENTO


PENAL CUANDO SE ENCUENTRA INVOLUCRADA PERSONA
CON DISCAPACIDAD-Inhibición para decidir de fondo

DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD-Requisitos

ACCION PUBLICA DE INCONSTITUCIONALIDAD-Necesidad de


un mínimo de argumentación

DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD-Razones claras,


ciertas, específicas, pertinentes y suficientes

PRINCIPIO PRO ACTIONE-Jurisprudencia constitucional

CONTROL CONSTITUCIONAL DE OMISION LEGISLATIVA


ABSOLUTA-Incompetencia de la Corte Constitucional

OMISION LEGISLATIVA ABSOLUTA-Jurisprudencia constitucional

OMISION LEGISLATIVA RELATIVA-Jurisprudencia constitucional

DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD-Inhibición por


incumplimiento de requisitos de certeza, pertinencia y claridad, y
existencia eventual de una omisión legislativa absoluta

DEMANDA DE INCONSTITUCIONALID-Inhibición para


pronunciarse sobre la constitucionalidad de los artículos
283,286,288,289,293,348,350,351,356,367 y 368 de la Ley 906 de 2004,
por la cual se expide el Código de Procedimiento Penal

Referencia: expediente D-9386


Demanda de inconstitucionalidad contra
los artículos 283, 286 (parcial), 288
(parcial), 289 (parcial), 293 (parcial), 348,
350, 351, 356, 367 (parcial) y 368 de la
Ley 906 de 2004 (Código de
Procedimiento Penal).

Demandante: Enoc Rodríguez Gómez.

Magistrado Ponente:
2

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA

Bogotá, D.C., cinco (5) de junio de dos mil trece (2013).

La Sala Plena de la Corte Constitucional, en ejercicio de sus atribuciones


constitucionales y legales, en especial las previstas en el artículo 241,
numeral 4º, de la Constitución Política, y cumplidos todos los trámites y
requisitos contemplados en el Decreto 2067 de 1991, ha proferido la
siguiente

SENTENCIA

I. ANTECEDENTES

En ejercicio de la acción pública consagrada en el artículo 241 de la


Constitución Política, el ciudadano Enoc Rodríguez Gómez presentó
demanda de inconstitucionalidad contra los artículos 283, 286 (parcial), 288
(parcial), 289 (parcial), 293 (parcial), 348, 350, 351, 356, 367 (parcial) y 368
de la Ley 906 de 2004, por la cual se expide el Código de Procedimiento
Penal, por considerarlas incompatibles con los artículos 13, 29 y 229 de la
Constitución Política.

Mediante providencia del veintidós (22) de noviembre de dos mil doce


(2012), el Magistrado Luis Ernesto Vargas Silva dispuso admitir la demanda,
por considerar que reunía los requisitos exigidos por el artículo 2° del
Decreto 2067 de 1991. Invitó a participar en el presente juicio a las
Universidades Externado de Colombia, Nacional de Colombia, de la Sabana,
Libre, Eafit de Medellín, del Atlántico, Industrial de Santander, de Ibagué, de
Antioquia, del Atlántico y del Rosario, de los Andes (Programa de Acción por
la Igualdad y la Inclusión Social -Paiis) y al Instituto Nacional Penitenciario
y Carcelario (Inpec), solicitándoles emitir concepto técnico sobre la norma
demandada, de conformidad con lo previsto en el artículo 13 del Decreto
2067 de 1991.

En la misma providencia dispuso comunicar la iniciación del presente


proceso al Presidente de la República y al Presidente del Congreso de la
República, para los fines previstos en el artículo 244 de la Constitución, así
como a los Ministerios del Interior, de Justicia y del Derecho, de Protección
Social, y a la Fiscalía General de la Nación.

Cumplidos los trámites constitucionales y legales propios de esta clase de


procesos, entra la Corte a decidir sobre la demanda de la referencia.

II. LA NORMA DEMANDADA


3

A continuación se transcribe el texto de las disposiciones demandadas, de


conformidad con su publicación en el Diario Oficial No. 45.657, de 31 de
agosto de 2004.

“LEY 906 DE 2004


(agosto 31)
Diario Oficial No. 45.657, de 31 de agosto de 2004

RAMA LEGISLATIVA - PODER PÚBLICO

<NOTA: Consultar versión corregida de la Ley 906 publicada en


el Diario Oficial No. 45.658>

Por la cual se expide el Código de Procedimiento Penal.

EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA

DECRETA
(…)

ARTÍCULO 283. ACEPTACIÓN POR EL IMPUTADO. La


aceptación por el imputado es el reconocimiento libre, consciente
y espontáneo de haber participado en alguna forma o grado en la
ejecución de la conducta delictiva que se investiga.
(…)
ARTÍCULO 286. CONCEPTO. La formulación de la imputación
es el acto a través del cual la Fiscalía General de la Nación
comunica a una persona su calidad de imputado, en audiencia
que se lleva a cabo ante el juez de control de garantías.
(…)
ARTÍCULO 288. CONTENIDO. Para la formulación de la
imputación, el fiscal deberá expresar oralmente:
1. Individualización concreta del imputado, incluyendo su
nombre, los datos que sirvan para identificarlo y el domicilio de
citaciones.
2. Relación clara y sucinta de los hechos jurídicamente
relevantes, en lenguaje comprensible, lo cual no implicará el
descubrimiento de los elementos materiales probatorios,
evidencia física ni de la información en poder de la Fiscalía, sin
perjuicio de lo requerido para solicitar la imposición de medida
de aseguramiento.
3. Posibilidad del investigado de allanarse a la imputación y a
obtener rebaja de pena de conformidad con el artículo 351.
4

ARTÍCULO 289 (Modificado por el artículo 18 de la Ley 1142


de 2007):
Formalidades. La formulación de la imputación se cumplirá con
la presencia del imputado o su defensor, ya sea de confianza o, a
falta de este, el que fuere designado por el sistema nacional de
defensoría pública.
PARÁGRAFO 1o. <Apartes tachados INEXEQUIBLES, el resto
del parágrafo CONDICIONALMENTE exequible> Ante el juez
de control de garantías, el fiscal podrá legalizar la captura,
formular imputación, solicitar imposición de medida de
aseguramiento y hacer las solicitudes que considere procedentes,
con la sola presencia del defensor de confianza o designado por
el sistema nacional de defensoría pública, cuando el capturado
haya entrado en estado de inconsciencia después de la privación
de la libertad o se encuentre en un estado de salud que le impida
ejercer su defensa material. En este caso, la posibilidad de
allanarse a la imputación se mantendrá hasta cuando la persona
haya recobrado la conciencia, con el mismo descuento punitivo
indicado en el inciso 1o del artículo 351 de este código. [El
aparte subrayado fue declarado inexequible mediante sentencia
C-425 de 2008].
ARTÍCULO 293 (Modificado por el artículo 69 de la Ley 1453
de 2011): Procedimiento en caso de aceptación de la imputación.
Si el imputado, por iniciativa propia o por acuerdo con la Fiscalía
acepta la imputación, se entenderá que lo actuado es suficiente
como acusación. La Fiscalía adjuntará el escrito que contiene la
imputación o acuerdo que será enviado al Juez de conocimiento.
Examinado por el juez de conocimiento el acuerdo para
determinar que es voluntario, libre y espontáneo, procederá a
aceptarlo sin que a partir de entonces sea posible la retractación
de alguno de los intervinientes, y convocará a audiencia para la
individualización de la pena y sentencia.
PARÁGRAFO. La retractación por parte de los imputados que
acepten cargos será válida en cualquier momento, siempre y
cuando se demuestre por parte de estos que se vicio su
consentimiento o que se violaron sus garantías fundamentales.
PARÁGRAFO 2o. Cuando el capturado se encuentre recluido en
clínica u hospital, pero consciente y en estado de salud que le
permita ejercer su defensa material, el juez de control de
garantías, a solicitud del fiscal, se trasladará hasta ese lugar para
los efectos de la legalización de captura, la formulación de la
imputación y la respuesta a las demás solicitudes de las partes.
PARÁGRAFO 3o. <Parágrafo INEXEQUIBLE>
(…)
TITULO II.
PREACUERDOS Y NEGOCIACIONES ENTRE LA FISCALIA
Y EL IMPUTADO O ACUSADO.
5

CAPITULO ÚNICO.

ARTÍCULO 348. FINALIDADES. Con el fin de humanizar la


actuación procesal y la pena; obtener pronta y cumplida justicia;
activar la solución de los conflictos sociales que genera el delito;
propiciar la reparación integral de los perjuicios ocasionados con
el injusto y lograr la participación del imputado en la definición
de su caso, la Fiscalía y el imputado o acusado podrán llegar a
preacuerdos que impliquen la terminación del proceso.
El funcionario, al celebrar los preacuerdos, debe observar las
directivas de la Fiscalía General de la Nación y las pautas
trazadas como política criminal, a fin de aprestigiar la
administración de justicia y evitar su cuestionamiento.
ARTÍCULO 350. PREACUERDOS DESDE LA AUDIENCIA
DE FORMULACIÓN DE IMPUTACIÓN. Desde la audiencia de
formulación de imputación y hasta antes de ser presentado el
escrito de acusación, la Fiscalía y el imputado podrán llegar a un
preacuerdo sobre los términos de la imputación. Obtenido este
preacuerdo, el fiscal lo presentará ante el juez de conocimiento
como escrito de acusación.
El fiscal y el imputado, a través de su defensor, podrán adelantar
conversaciones para llegar a un acuerdo, en el cual el imputado
se declarará culpable del delito imputado, o de uno relacionado
de pena menor, a cambio de que el fiscal:
1. Elimine de su acusación alguna causal de agravación punitiva,
o algún cargo específico.
2. Tipifique la conducta, dentro de su alegación conclusiva, de
una forma específica con miras a disminuir la pena.
ARTÍCULO 351. MODALIDADES. La aceptación de los cargos
determinados en la audiencia de formulación de la imputación,
comporta una rebaja hasta de la mitad de la pena imponible,
acuerdo que se consignará en el escrito de acusación.
También podrán el fiscal y el imputado llegar a un preacuerdo
sobre los hechos imputados y sus consecuencias. Si hubiere un
cambio favorable para el imputado con relación a la pena por
imponer, esto constituirá la única rebaja compensatoria por el
acuerdo. Para efectos de la acusación se procederá en la forma
prevista en el inciso anterior.
En el evento que la Fiscalía, por causa de nuevos elementos
cognoscitivos, proyecte formular cargos distintos y más gravosos
a los consignados en la formulación de la imputación, los
preacuerdos deben referirse a esta nueva y posible imputación.
Los preacuerdos celebrados entre Fiscalía y acusado obligan al
juez de conocimiento, salvo que ellos desconozcan o quebranten
las garantías fundamentales.
Aprobados los preacuerdos por el juez, procederá a convocar la
6

audiencia para dictar la sentencia correspondiente.


Las reparaciones efectivas a la víctima que puedan resultar de los
preacuerdos entre fiscal e imputado o acusado, pueden aceptarse
por la víctima. En caso de rehusarlos, esta podrá acudir a las vías
judiciales pertinentes.
ARTÍCULO 352. PREACUERDOS POSTERIORES A LA
PRESENTACIÓN DE LA ACUSACIÓN. Presentada la
acusación y hasta el momento en que sea interrogado el acusado
al inicio del juicio oral sobre la aceptación de su responsabilidad,
el fiscal y el acusado podrán realizar preacuerdos en los términos
previstos en el artículo anterior.
Cuando los preacuerdos se realizaren en este ámbito procesal, la
pena imponible se reducirá en una tercera parte.
ARTÍCULO 356. DESARROLLO DE LA AUDIENCIA
PREPARATORIA. En desarrollo de la audiencia el juez
dispondrá:
1. Que las partes manifiesten sus observaciones pertinentes al
procedimiento de descubrimiento de elementos probatorios, en
especial, si el efectuado fuera de la sede de la audiencia de
formulación de acusación ha quedado completo. Si no lo
estuviere, el juez lo rechazará.
2. Que la defensa descubra sus elementos materiales probatorios
y evidencia física.
3. Que la Fiscalía y la defensa enuncien la totalidad de las
pruebas que harán valer en la audiencia del juicio oral y público.
4. Que las partes manifiesten si tienen interés en hacer
estipulaciones probatorias. En este caso decretará un receso por
el término de una (1) hora, al cabo de la cual se reanudará la
audiencia para que la Fiscalía y la defensa se manifiesten al
respecto.
PARÁGRAFO. Se entiende por estipulaciones probatorias los
acuerdos celebrados entre la Fiscalía y la defensa para aceptar
como probados alguno o algunos de los hechos o sus
circunstancias.
5. Que el acusado manifieste si acepta o no los cargos. En el
primer caso se procederá a dictar sentencia reduciendo hasta en la
tercera parte la pena a imponer, conforme lo previsto en el
artículo 351. En el segundo caso se continuará con el trámite
ordinario.
(…)
ARTÍCULO 367. ALEGACIÓN INICIAL. Una vez instalado el
juicio oral, el juez advertirá al acusado, si está presente, que le
asiste el derecho a guardar silencio y a no autoincriminarse, y le
concederá el uso de la palabra para que manifieste, sin apremio ni
juramento, si se declara inocente o culpable. La declaración
podrá ser mixta, o sea, de culpabilidad para alguno de los cargos
y de inocencia para los otros.
7

De declararse culpable tendrá derecho a la rebaja de una sexta


parte de la pena imponible respecto de los cargos aceptados.
Si el acusado no hiciere manifestación, se entenderá que es de
inocencia. Igual consideración se hará en los casos de contumacia
o de persona ausente. Si el acusado se declara inocente se
procederá a la presentación del caso.
ARTÍCULO 368. CONDICIONES DE VALIDEZ DE LA
MANIFESTACIÓN. De reconocer el acusado su culpabilidad, el
juez deberá verificar que actúa de manera libre, voluntaria,
debidamente informado de las consecuencias de su decisión y
asesorado por su defensor. Igualmente, preguntará al acusado o a
su defensor si su aceptación de los cargos corresponde a un
acuerdo celebrado con la Fiscalía.
De advertir el juez algún desconocimiento o quebrantamiento de
garantías fundamentales, rechazará la alegación de culpabilidad y
adelantará el procedimiento como si hubiese habido una
alegación de no culpabilidad”.

III. LA DEMANDA

1. El demandante considera que los apartes normativos subrayados resultan


incompatibles con los artículos 13, 29 y 229 de la Constitución Política, al no
prever diferencias de trato entre imputables e inimputables durante la etapa
de formulación de la imputación, aceptación de cargos y audiencia pública de
juzgamiento, en el proceso penal.

2. El actor comienza por proponer que si el inimputable, tal como se concibe


en el artículo 33 del Código Penal no está en capacidad de comprender la
formulación de la imputación, aceptar cargos, hacer negociaciones o suscribir
acuerdos con la Fiscalía General de la Nación, posibilidades establecidas en
las disposiciones demandadas para los imputables, correlativas a beneficios
en la dosificación de la pena, entonces se presenta una violación al derecho a
la igualdad.

3. En su concepto, la ausencia de una regulación especial para los


inimputables evidencia un “desdén del poder de configuración legislativa del
Congreso” que afecta la seguridad jurídica, la estabilidad del sistema penal, y
derivan en una omisión legislativa contraria a los artículos 13, 29 y 229 de la
Carta Política. Precisa que, de acuerdo con la sentencia C-128 de 2011, una
omisión de ese tipo se presenta “cuando se vincula con un aspecto puntual
dentro de una normatividad específica; pero aquella se vuelve
constitucionalmente reprochable si se predica de un elemento que, por
razones lógicas o jurídica –específicamente por razones constitucionales-
debería estar incluido en el sistema normativo de que se trata, de modo que
su ausencia constituye una imperfección del régimen que lo hace
inequitativo, inoperante o ineficiente”.
8

De igual manera, estima que, como condición para adoptar la decisión por la
cual se impone una medida de seguridad al inimputable, el Congreso de la
República debe expedir un estatuto especial en el cual se determine (i) cómo
debe nacer el proceso penal contra las personas inimputables, y (ii) cómo
debe adelantarse el juicio oral en esos casos, pues en la regulación actual
resulta claro cuál es la fórmula para ejecutar las medidas de seguridad, pero
no cómo debe efectuarse la formulación de imputación, la acusación y el
juicio oral. Específicamente, en la primera actuación formal del proceso
penal, la formulación de imputación, no existe distinción alguna en atención a
si el infractor es imputable o inimputable, lo que se constata a partir de la
lectura del artículo 126 del CPP (Ley 906 de 2004).

4. Para esclarecer las razones por las que esa identidad de trato se opone a la
Constitución, el actor plantea que el artículo 33 del Código Penal establece
que “es inimputable quien en el momento de ejecutar la conducta típica y
antijurídica, no tuviere capacidad para comprender su ilicitud, o para
determinarse de acuerdo con esa comprensión, por inmadurez psicológica,
trastorno mental, diversidad cultural, o estados similares”.

En ese marco, afirma el actor, que debe definirse el concepto imputable,


como “la persona madura psicológicamente, sano mental, y quien no
presenta incompatibilidades culturales especiales”, y concluye que se trata
de dos “personalidades totalmente opuestas” frente al poder punitivo del
Estado. Al existir una “verdadera” diferencia entre los sujetos, por lo que
deben ser tratados de manera distinta.

La inimputabilidad se puede dar por tres condiciones: primero, por inmadurez


psicológica, que se divide en los supuestos de (i) minoría de edad, (ii)
ceguera o sordomudez (discapacidad visual o auditiva), y (iii) diversidad
étnica o socio cultural. Segundo, por trastorno mental, que puede ser a su vez
(i) permanente, o (ii) transitorio; y tercero, por diversidad sociocultural (la
repetición de esta causa se presenta en la demanda).

5. El actor afirma que se concentrará en los “inimputables inmaduros


psicológicos mayores de 18 años” y los “trastornados mentales permanentes
y transitorio (enfermo médicamente comprobado”, dejando de lado los otros
supuestos, debido a la existencia de una legislación especial para los menores
de edad (Ley 1098 de 2006) y en cuanto a las etnias “cuentan con su propia
normativa para el juzgamiento de las conductas criminales”.

En la sentencia C-839 de 2001, la Corte Constitucional se pronunció sobre la


necesidad de tratar de manera distinta a los inimputables por minoría de edad,
y de ahí surgió la Ley 1098 de 2006, mencionada. También en sentencia C-
370 de 2002, la Corporación se pronunció sobre la diversidad sociocultural, y
reflexionó sobre la necesidad de adoptar medidas precisas “para las personas
especiales como los inimputables inmadures sicológicos mayores de 18 años
y los inimputables trastornados mentales permanentes y transitorios”.
9

Posteriormente, explica, mediante un esquema las distintas diferencias entre


los dos grupos objeto de comparación, tratados de igual manera por el
Legislador en el procedimiento penal.

PERSONA INIMPUTABLE PERSONA IMPUTABLE


PRIMERA DIFERENCIA1
No tiene capacidad para comprender Es una persona madura
la ilicitud de su conducta o psicológicamente, sano mental, y sin
determinarse de acuerdo con esa “incompatibilidades culturales
comprensión, por inmadurez especiales”.
psicológica o trastorno mental.
No puede “concebir el acto de Entiende y puede aceptar los cargos.
imputación, por no entender, no
puede aceptar cargos”.
SEGUNDA DIFERENCIA
“Se les impone medida de Se le impone sanción con propósitos
seguridad” (no sanción), con fines de prevención general, justa
de protección, curación, tutela y retribución, prevención especial,
rehabilitación, que se concreta en un reinserción social y protección al
tratamiento médico, mediante la condenado. Se concretan en la
internación en establecimientos restricción del derecho de libertad de
siquiátricas o clínicas adecuadas. locomoción, “de manera plena
(Artículos 70 y 71 del Código Penal) dependiendo el monto de prisión”.
Comentario o cuestionamiento: a pesar de esta diferencia “finalística”, el
procedimiento para llegar a ese fin es el mismo, en contravía del artículo 13
constitucional. Quien no tiene la capacidad de comprender la ilicitud de la
conducta típica y antijurídica al momento de cometerla, tampoco podrá
comprender ninguna de las instituciones jurídicas establecidas en los
artículos demandados, las cuales están dirigidas exclusivamente a los
inimputables, de donde se desprende una tercera desigualdad.
TERCERA DIFERENCIA
(El demandante la divide a su vez en tres consideraciones)
No recibe rebajas en el tiempo de Puede recibir una rebaja de la pena
duración de las medidas de hasta del 50%, dependiendo, entre
seguridad, pues no tiene la otros factores, del momento en que
comprensión requerida para aceptar acepte su responsabilidad.
los cargos imputados (Artículo 288,
numeral 3º CPP).
Tampoco puede acceder a esa clase
de rebajas porque la función de la
medida de seguridad es curativa y de
rehabilitación, así que no tiene
sentido que se prolongue más allá del

1 En este aparte se presenta una versión casi idéntica al cuadro comparativo presentado por el actor. Solo se
efectúan leves modificaciones al texto para facilitar su comprensión, intentando respetar al máximo sus
argumentos.
10

tiempo necesario para el


restablecimiento de su capacidad
psíquica; ni disminuye cuando no se
logra la curación o rehabilitación.
Un “trastornado mental” no puede En caso de ser capturado
ejercer su defensa material. En caso inconsciente y posteriormente recibir
de captura no es claro cuánto deberá auxilio para que recobre su
esperar para que recobre conciencia conciencia y en ese momento aceptar
y se allane a cargos (artículo 289, cargos, con acceso a la reducción de
CPP, modificado por el 18 de la Ley la pena (Art. 289, CPP; modificado
1142 de 2007) por el artículo 18 de la Ley 1142 de
2007).
Carece de iniciativa propia para Tiene capacidad para negociar con el
acordar con el fiscal los cargos, por fiscal los cargos imputados y acceder
lo que no accede a rebaja en el a rebajas de pena (Arts. 293, 348,
tiempo de duración de la medida de 350, 351, 352, 356 CPP).
seguridad (artículos 293, 348, 350,
351, 352 y 356 CPP).
No puede declararse culpable o Puede declararse culpable para así
inocente: “el inimputable no es recibir la reducción de la pena
culpable. No podrá responder en (Artículos 267 y 268 CP).
juicio al juez”.

6. Según lo expuesto, en concepto del actor, el inimputable está en desventaja


en relación con el imputable, frente a ejercicio del ius puniendi del Estado.
Mientras al segundo la ley le ofrece beneficios de rebajas de penas y la
“posibilidad de rituar un proceso expedito”, los inimputables son
discriminados al verse sometidos a juicios prolongados, sin resolverse de
fondo su situación, “al punto de evidenciarse decisiones como el decreto de
nulidades de allanamientos a cargos, prolongando el estado de sufrimiento
del investigado y sus familias como queda evidenciado en los audios que se
anexan como trabajo de campo efectuado para poder edificar este juicio de
inconstitucionalidad”.

7. Todo lo anterior representa un desconocimiento de las obligaciones


estatales de proteger especialmente a las personas en situación de debilidad
manifiesta; y promover las condiciones para que la igualdad sea real y
efectiva, ambas contenidas en el artículo 13 de la Constitución Política. Para
cumplir esos mandatos, el Congreso de la República debe regular la
investigación y juicio de los inimputables por inmadurez psicológica o
trastorno mental, de acuerdo con los principios rectores de la Ley 906, de
manera que existan beneficios para ellos en el procedimiento penal, sin que el
juez deba crear figuras como la semiculpabilidad (hace referencia a una
sentencia que anexa al trámite), eventualmente incompatibles con el principio
de legalidad, o incurra en error al determinar el tiempo de duración de la
medida de seguridad, sin consultar la rehabilitación o curación de la persona
inimputable.
11

8. Indica que en la sentencia C-370 de 2002 la Corte afirmó que la


calificación de una persona como inimputable “implica (…) un cierto juicio
de disvalor, puesto que implica una especie de protección paternalista”, y
plantea que esa protección no se presenta en el procedimiento penal seguido a
inimputables. De otra parte, afirma que en la sentencia C-022 de 1999,
conceptuó la Corporación que para hablar de igualdad o desigualdad deben
responderse tres preguntas: “¿igualdad entre quiénes?, ¿igualdad en qué?,
¿igualdad con base en qué criterio”.

Y propone la siguiente respuesta: las normas cuya inconstitucionalidad


demanda tratan de igual manera a “dos distintos”, imputables e inimputables,
al momento de formulación e imputación, formulación de la acusación y
juicio oral, en relación con los requerimientos que se le hacen para el
allanamiento a cargos, la declaratoria de culpabilidad o inocencia. El criterio
es la forma de terminar el proceso penal, mediante penas en un caso y
medidas de seguridad en el otro, pero en ambos casos, “bajo un mismo rito
procesal”.

7. De lo expuesto, surge una infracción a los artículos 13, 29 y 229 de la


Constitución y una “imperfección” en el sistema procesal penal, que lleva al
juez de conocimiento a crear fórmulas ajenas al ordenamiento jurídico, al
juzgar a los inimputables y calcular la duración de la medida de seguridad
(nuevamente, hace referencia a una decisión judicial, anexa a la demanda).
En el caso objeto de estudio “se ha evidenciado se favorece al IMPUTABLE y
nada se dice del sujeto que verdaderamente está en condición de debilidad
manifiesta por condición mental y estado de marginalidad”.

8. De igual forma se viola el artículo 29 de la Constitución, pues las formas


propias del juicio al inimputable “en las condiciones hoy plasmadas en el
Código Procesal Penal [son] discriminatori[as], en el entendido de que no
hay forma de alcanzar la terminación pronta del proceso”, a pesar de que la
celeridad es una norma rectora del mismo, porque ello exige conciencia de
los actos.

9. Considera que el “inmaduro psicológico” o el “trastornado mental” no


tienen capacidad de comprender la ilicitud del delito, ni determinarse con esa
comprensión, escoger un abogado, controvertir las pruebas o impugnar la
sentencia condenatoria, por lo que es indispensable que existan reglas claras,
concretas y precisas sobre el procedimiento a seguir en estos casos “porque
las normas sustanciales sin las procesales, resultan de cuestionable
aplicación y es allí donde el operador jurídico entra en vacilaciones y se
evidencia la omisión legislativa relativa”, inseguridad jurídica y
desconfianza en el sistema penal; “por lo tanto, aquí se reclama el estatuto
que contenga ‘las formas propias del juicio al inimputable’, para que en su
vinculación al proceso penal y posterior juzgamiento se pueda agotar el
12

debido proceso establecido en el artículo 29 de la Carta Política en


concordancia con el artículo 229 superior”.

“En este mismo sentido, como el inimputable no comprende y no


entiende, la consecuencia es que no puede reconocer conductas
punibles de manera libre y espontánea; pues no es consciente; en
esa medida tampoco puede ser beneficiado de la regla establecida
en el canon 351 y 356 (numeral 5º) del Código de Procedimiento
penal, es decir, no puede aceptar los cargos determinados en la
audiencia de imputación, ni al iniciar la audiencia preparatoria
para los efectos de los beneficios de las rebajas de penas
contenidas en esas normas procesales en el tiempo que
eventualmente pueda durar la medida de seguridad imponible.
Queda excluido de esos beneficios si la regla es aceptar cargos de
manera consciente”.

Añade que en las sentencias C-176 de 1993, C-394 de 1995, C-358 de 1997 y
C-297 de 2002, la Corte Constitucional colombiana se pronunció sobre la
duración de las penas y las medidas de seguridad, “calificándose el
tratamiento distinto; pero no se ha pronunciado sobre el procedimiento a
seguir para el inimputable”.

10. Con base en esos argumentos solicita declarar “que las normas acusadas
atentan contra el principio de igualdad y como consecuencia deben ser
inaplicadas, es decir declaradas condicionalmente exequibles frente a los
imputables e inxequibles frente a los imputables y le ordene al … Congreso
de la República [que] expida el Estatuto correspondiente para imputar,
acusar y juzgar a los inimputables”.

IV. INTERVENCIONES

1. De entidades públicas

1.1. Del Ministerio del Interior y de Justicia.

Gloria Inés Córdoba Rocha, apoderada del Ministerio del Interior y de


Justicia, solicitó declarar la exequibilidad de los enunciados normativos
demandados, con fundamento en las siguientes razones:

En un amplio acápite de su intervención se refiere al concepto de


inimputabilidad en el orden jurídico colombiano, con el propósio de explicar
que “en derecho colombiano no es exacto señalar que el inimputable sea
irresponsable”, de acuerdo con la jurisprudencia de la Corte Constitucional.
La distinción entre imputables e inimputables no se predica de la
responsabilidad, sino de la configuración y estructura de la conducta que
sirve de fundamento a la responsabilidad.
13

La inquietud sobre la validez del acuerdo celebrado entre el inimputable y la


Fiscalía para poner fin a un proceso mediante admisión de responsabilidad es
legítima y pertinente, sin que resulte relevante la distinción entre aceptación,
allanamiento a la imputación, y negociación o acuerdo sobre responsabilidad,
pues tales figuras cumplen las mismas finalidades de política criminal,
asociadas a la colaboración con la administración de justicia y la eficacia de
la sanción, a cambio de una disminución de la pena.

El orden jurídico, sin embargo, “conviene” en que este tipo de terminación


anticipada del proceso o negociación no puede tener aplicación frente a
personas inimputables. En esos casos, el proceso ordinario ofrece el ejercicio
pleno de las garantías debidas al inimputable y es el único dispositivo
adecuado para brindar el rango de protección establecido por la doctrina del
Tribunal Constitucional, según el cual el debido proceso de los inimputables
debe ser especialmente generoso y respetado.

La jurisprudencia estima que es improcedente la terminación anticipada del


proceso en casos de inimputables, pues este tipo de trámite carecería de
objeto, ante la imposibilidad de castigar al responsable del delito mediante la
imposición de una pena. Sería un contrasentido reconocer la colaboración a la
aceptación de una responsabilidad que no tiene por supuesto la culpabilidad.

Si, como consecuencia de la culminación prematura del trámite se


disminuyera el tiempo de tratamiento, curación o rehabilitación (fines que
persiguen las medidas de seguridad), no se protegería la salud mental de la
persona afectada. Por ello, el Estado no puede hacer uso de este tipo de
medidas en el juicio de personas inimputables, dado que su duración no
depende de la gravedad del delito, sino de la recuperación del inimputable,
aspecto evidente en casos de trastorno mental transitorio, en los que no se
impone medida de seguridad alguna.

Tanto la jurisprudencia constitucional como la penal han enfatizado en que la


manifestación de conformidad con la terminación prematura del proceso debe
obedecer a la libre voluntad del imputado, aspecto que no podría verificarse
en relación con el inimputable, en cuyo caso la aceptación de cargos o la
manifestación de voluntad no sería libre. Su conocimiento estaría viciado en
razón a su condición mental.

El respeto por la dignidad de las personas inimputables es la razón por la que


la jurisprudencia descarta que el proceso penal pueda concluir de manera
prematura porque (i) la garantía del juzgamiento debe ser reforzada y
generosa, lo que sólo se logra en el proceso ordinario; (ii) los fines que
persigue el procedimiento abreviado sólo son compatibles con penas que se
cuantifican con base en la gravedad y demás circunstancias del delito,
aspectos que no se determinan de igual manera en las medidas de seguridad,
cuya duración depende del proceso de recuperación del paciente. Cualquier
disminución del período efectuada de esa manera no resultaría beneficiosa
14

para la persona sino que la perjudicaría, al igual que a la sociedad. Y (iii) el


consentimiento del inimputable sería viciado, incumpliendo la condición
legal de que la aceptación o allanamiento a los cargos sea libre, voluntaria,
razonada y ampliamente informada.

En relación con la presunta violación de los artículos 13, 29 y 229


constitucionales, expresa que la culpabilidad se fundamenta en la capacidad
de comprender y orientar los actos hacia esa comprensión, y que de acuerdo
con el artículo 33 del Código Penal, el inimputable no cuenta con esa
facultad. No actúa culpablemente pues no puede valorar la antijuridicidad de
la acción, ni regular su conducta de forma consecuente. Por ese motivo es
diferente aplicar una pena al sujeto activo de la infracción, con funciones de
prevención general, retribución, prevención especial, reinserción social y
protección al condenado a una medida de seguridad, cuya finalidades, según
el artículo 5º del Código Penal, son de protección, curación, tutela y
rehabilitación, pues el sujeto activo padece una enfermedad o trastorno
mental que incidió en la realización de una conducta típica y antijurídica,
condición que demanda atención y asistencia.

Cuando el trastorno mental es transitorio, y no preordenado, el agente no obra


dentro de las distintas formas de culpabilidad, por lo que no puede
imponérsele pena ni medida de seguridad, pues no le es exigible una
conducta adecuada a la norma. En ese sentido, la imputabilidad o
inimputabilidad son conceptos jurídicos, cuya declaración corresponde al
juez, no al médico, después del análisis del material probatorio bajo los
principios de la sana crítica. Lo que resulta importante para su declaración no
es el origen de la alteración, sino su “coetaneidad con el hecho realizado”.

En relación con la omisión legislativa, la Corte ha sostenido que el actor debe


demostrar “(i) que existe norma constitucional expresa que contemple el
deber de expedir la norma que la desarrolle; (ii) que el Legislador omitió tal
obligación, sin que mediara motivo razonable a pesar de que reguló
parcialmente la misma materia; (iii) que la conducta omisiva propicia una
desigualdad de trato injustificada entre los casos que no están sujetos a las
consecuencias previstas por la norma” (Cita C-509 de 2004),

Esas condiciones no se cumplen en el caso objeto de estudio, pues de las


normas demandadas no surge la obligación de promulgar la regulación que se
considera omitida.

2. De Instituciones Educativas.

2.1. De la Universidad de Ibagué

La Institución educativa mencionada presentó escrito a la Corte


Constitucional, solicitando declarar la inexequibilidad del precepto acusado,
con base en las siguientes razones:
15

De acuerdo con el artículo 33 del Código Penal, existe una diferencia entre
personas imputables e inimputables. Las primeros pueden conocer la ilicitud
o antijuridicidad de sus actos y adecuar su conducta de manera conforme a lo
exigido por el ordenamiento jurídico y la ley penal específicamente, mientras
que las segundos carecen de esa capacidad.

Con base en esa distinción, el proceso penal previsto en la Ley 906 de 2004,
y concretamente, las normas objeto de censura constitucional, enfrentan a las
personas inimputables a una serie de preguntas, compromisos y situaciones
incompatibles con su condición. Así, la formulación de la imputación, la
pregunta sobre la aceptación de cargos, la acusación, o la posible suscripción
de acuerdos, son asuntos que no deberían hallarse previstos cuando el
proceso involucra a una persona inimputable.

Por lo tanto, se configura la omisión legislativa relativa que destaca al actor,


y la Corte debe ordenar al Legislador que promulgue una regulación integral
en la materia.

2.2. De la Universidad de los Andes.

La Universidad mencionada, a través del Programa de Acción por la Igualdad


y la Inclusión Social (Paiis), intervino en este trámite con el propósito de
solicitar la declaración de exequibilidad de las disposiciones demandadas.
Sin embargo, solicita que la decisión se condicione con el propósito de que la
Corte haga explícita la obligación de todas las autoridades e instituciones
involucradas en el proceso penal, de adoptar los ‘ajustes razonables’ que sean
necesarios para que las personas con discapacidad vinculadas a un proceso
penal ejerzan sus derechos a la igualdad y el debido proceso, y destaque la
obligación estatal de reconocer la capacidad jurídica de las personas con
discapacidad, de acuerdo con los compromisos adquiridos por el Estado bajo
la Convención de las Personas con Discapacidad (CDPD).

Paiis divide su intervención en cuatro acápites, así: (i) la diferencia entre la


inimputabilidad y la discapacidad; (ii) la obligación del Estado de reconocer
la capacidad jurídica de las personas con discapacidad; (iii) las obligaciones
estatales frente a las personas con discapacidad involucradas en el proceso
penal, y (iv) las peticiones concretas elevadas a la Corte.

a. En el acápite destinado a establecer la diferencia entre inimputabilidad y


discapacidad, indican que el actor parece confundir el concepto de
inimputablidad con el de discapacidad cognitiva y psicosocial, al asumir que
una persona inimputable no puede comprender las actuaciones que tienen
lugar en el proceso penal desde la formulación de la imputación y la captura,
hasta la sentencia.
16

Precisan que la inimputabilidad se refiere al estado mental de una persona al


momento de comisión de la conducta típica, y no genera ninguna presunción
de incapacidad para comprender otros actos. La discapacidad es una categoría
que expresa una forma de diversidad humana. La CDPD (integrada al orden
interno por el artículo 93 de la Constitución) representa un cambio de
paradigma en materia de discapacidad, al abandonar concepciones que la
asocian a un castigo o una enfermedad, y establecer en cambio que se trata de
“un concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre las
personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno que
evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de
condiciones con las demás” (CDPD, Preámbulo, literal e) , y disponer en su
artículo 1º que se incluyen entre las personas con discapacidad “aquellas que
tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo
plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su
participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con
los demás”.

De acuerdo con la Convención, Colombia está obligada a adoptar un modelo


‘social’ de la discapacidad, con oposición a los modelos de ‘prescindencia’ o
‘médico’ que históricamente han dominado la concepción de la discapacidad.
El primero, al asociar la discapacidad a cuestiones religiosas, tenía por
respuesta la eliminación o la segregación de las personas con discapacidad;
mientras que el segundo, consistente en ubicar las causas de la discapacidad
en la ciencia, considera que las personas con discapacidad pueden ser útiles a
la sociedad si superan un proceso de “normalización”: si la discapacidad es
una enfermedad, puede y debe tratarse. La incapacidad equivale entonces al
diagnóstico médico y confiere a la persona experta (el médico) el manejo de
la vida de las personas con discapacidad, por lo que el modelo deriva en
prácticas sobreprotectoras, incluida la sustracción de la capacidad jurídica de
las personas con discapacidad, suponiendo que no pueden “entender el
mundo” y precisan de protección, lo que termina por silenciar su proyecto de
vida, voluntad y preferencias.

El modelo social consagrado en la CDPD, y obligatorio en Colombia, asocia


la discapacidad con la interacción entre las limitaciones funcionales de una
persona y las barreras existentes en el entorno, que le impiden el pleno
ejercicio de sus derechos. La causa de la discriminación no se encuentra en la
diversidad funcional sino en las limitaciones de la sociedad para prestar
servicios básicos y adecuados que aseguren su inclusión social y para
reconocer que las personas con discapacidad tienen gran capital para aportar
a la sociedad, por lo que deben eliminarse las barreras que impidan el goce
efectivo de sus derechos:

“La CDPD establece la obligación de reconocer la capacidad


jurídica plena de las personas con discapacidas en su artíclo 12,
por tanto, es necesario afirmar que no se puede determinar si una
personas es inimputable dentro de un proceso penal basándose en
17

criterios objetivos. Cada caso es bien distinto y el hecho de que


una persona tenga una discapacidad cognitiva, sensorial o
psicosocial no puede ser un elemento definitivo para la
inimputabilidad ni genera una presunción de inimputabilidad.
El demandante, citando la legislación vigente y doctrina
colombiana, hace una clasificación de las personas inimputables,
así, afirma que los menores de edad, las personas ciegas, sordas y
mudas son en todos los casos inmaduros psicológicamente y por
lo tanto inimputables; de igual forma se da a entender que todas
las personas que posean una discapacidad psicosocial, serían
inimputables en caso de verse sindicados en un proceso penal.
Sin embargo, el demandante está cometiendo un grave error al
igualar la discapacidad con la inimputablilidad, estos son
conceptos distintos y uno no implica necesariamente los otros
(sic). En ningún momento en el artículo 33 del Código Penal
colombiano se menciona la discapacidad como elemento
constitutivo de la inimputabilidad”.

Para los intervinientes, los conceptos de ‘inimputabilidad’ y ‘medidas de


seguridad’, en sí mismos, presentan cuestiones constitucionales que deben
examinarse a luz de los artículos 13 y 14 de la CDPD, como lo ha sostenido
la Oficina del Alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas
sobre los Derechos Humanos. Sin embargo, como ese concepto no es objeto
de la demanda, la intervención se centra en señalar que inimputabilidad no
equivale a discapacidad, y que la primera debe determinarse en el marco de
un proceso penal tomando en cuenta las circunstancias presentes al momento
de la comisión de una conducta punible.

b) Reconocimiento de capacidad jurídica a las personas con discapacidad.

La CDPD establece en su artículo 12 el derecho al igual reconocimiento de


las personas con discapacidad ante la ley y especialmente, de su plena
capacidad legal, eliminando por lo tanto la presunción de incapacidad frente a
personas con discapacidad, mediante la regla general de ‘apoyo en la toma de
decisiones, en lugar de la sustitución de la voluntad’.

Según el artículo citado, los Estados parte de la Convención tienen la


obligacíon de tomar medidas pertinentes y efectivas para el ejercicio de los
derechos de las personas con discapacidad en iguales condiciones que las
demás personas. En ese marco, las personas con discapacidad tienen derecho
al reconocimiento de su personalidad jurídica en todos los aspectos de su
vida, obligación que no se agota en asuntos patrimoniales y financieros, sino
que comprende el acceso a la justicia en igualdad de condiciones con el resto
de la población.

A su turno, el artículo 13 de la CDPD obliga a los Estados partes a capacitar a


los funcionarios de la administración de justicia y realizar los ajustes
18

procedimentales adecuados, con el fin de que las personas con discapacidad


participen de manera directa e indirecta en los procesos judiciales.

La Convención, en fin, obliga a reconocer que las personas con discapacidad


son sujetos de derecho, con plena capacidad jurídica para “usar derechos y
gozar su ciudadanía y contraer obligaciones”, en tanto instancias del
ejercicio de reivindicación y dignificación de estas personas, en procura de la
inclusión y participación social plena. La vinculación de una persona con
discapacidad cognitiva o psicosocial a un proceso penal no implica la
presunción de inimputabilidad, sino de capacidad legal a la luz de la CDPD, y
la obligación de adoptar los ajustes razonables para que acceda a la justicia en
igualdad de condiciones con las demás personas, durante el proceso, y en el
momento de ejecución de la pena.

c) Ajustes razonables en el proceso penal para garantizar los derechos de las


personas con discapacidad.

El artículo 2º de la CDPD define los ajustes razonables como “las


modificaciones y adaptaciones necesarias y adecuadas que no impongan una
carga desproporcionada indebida, cuando se requieran en un caso
particular, para garantizar a las personas con discapacidad el goce o
ejercicio, en igualdad de condiciones con las demás, de todos los derechos y
libertades fundamentales”, e indica que la discriminación por motivos de
discapacidad incluye la ausencia de ajustes razonables.

La Corte ha desarrollado esa obligación al referirse a la implementación de


políticas con enfoque diferencial. Así, en la sentencia T-285 de 2012
reconoció la obligación de garantizar la asistencia especial a las personas con
discapacidad, refiriéndose expresamente a la adopción de ajustes razonables.
En un procedimiento penal, todas las autoridades involucradas deben adoptar
los ajustes razonables requeridos mediante protocolos que permitan
garantizar la igualdad de las personas con discapacidad inmersas en el
proceso.

Los ajustes razonables hacen innecesaria la promulgación de un régimen


paralelo para inimputables, tal como el que propone el actor en su demanda.
Ese régimen probablemente aumentaría el estigma y la discriminación contra
las personas con discapacidad cognitiva, psicosocial y auditiva, quienes ya
enfrentan estigmas asociados con la poca credibilidad de su testimonio o la
ausencia de información pertinente divulgada mediante formatos accesibles,
lo que claramente afecta su derecho fundamental a la igualdad.

Las personas con discapacidad cognitiva enfrentan múltiples barreras cuando


entran en contacto con la justicia penal. La Asociación Estadounidense sobre
Discapacidades Intelectuales y Desarrollo (AAIDD) afirma que cuando las
están involucradas en un proceso penal, como imputados o víctimas,
enfrentan miedos, prejuicios y falta de comprensión. Los operadores
19

jurídicos, en general, carecen de conocimiento adecuado para la aplicación de


estándares de debido proceso en estos casos.

La organización citada señala, además, que las personas con discapacidad (i)
“son victimizados con una frecuencia entre cuatro y diez veces mayor que las
personas sin discapacidad y sin embargo, con frecuencia son ignoradas o
devualuadas, y sus casos raramente juzgados”; (ii) “son excluidas de forma
rutinaria en razón de estereotipos o prejuicios sobre su competencia para
testificar y [sufren la] denegación de sus necesidades de apoyo y ajustes”;
(iii) “enfrentan denegaciones del derecho al debido proceso y la
representación efectiva en cada etapa del proceso”; (iv) son “sujetas a
abusos, explotación y exclusión de programas de habilitación, al momento de
ser encarceladas”; (v) “al entrar en contacto con el sistema de justicia
penal, las autoridades no identifican la discapacidad por falta de experticia
para discernir (y con frecuencia las personas con discapacidad cognitiva
compensan muy bien, por lo que la discapacidad se vuelve invisible)”; (vi)
“las personas con discapacidad cognitiva con frecuencia dan declaraciones
en su contra o aceptan cargos porque quieren complacer a las personas, o
están confundidas, o han sido desinformadas a través de técnicas de
investigación usadas inapropiadamente. Pueden también renunciar a sus
derechos sin saberlo por no conocer las obligaciones del Estado”; (vii) “ven
denegado su derecho a hablar porque se considera que su testimonio no es
creíble, ya sea como testigo, víctima o sindicado”.

En una investigación realizada por Paiis entre enero y mayo de 2012, sobre la
respuesta de la Fiscalía General de la Nación, el Instituto Nacional de
Medicina Legal y la Defensoría del Pueblo, en casos de violencia sexual
contra personas con discapacidad, se concluyó que no existen protocolos
claros para garantizar ajustes razonables para la participación de las víctimas
con discapacidad en el proceso penal; y se evidenció la inaccesibilidad física
y comunicacional que caracteriza los lugares en que se desarrolla el proceso
penal.

Recalcan los intervinientes que el Estado tiene la obligación apremiante de


dar respuesta a esa situación y que la adopción de ajustes razonables debe
ocurrir desde la primera actuación del proceso, mientras que la determinación
de inimputablilidad sólo se da en la fase de sentencia, después de haber
considerado las pruebas allegadas al proceso.

Explican que una persona con discapacidad cognitiva, auditiva o psicosocial


no siempre será inimputable; pero todas las personas con discapacidad
requieren, siempre, ajustes razonables dentro del proceso penal, dirigidos a
garantizar la accesibilidad. Estos ajustes pueden incluir “modificaciones
arquitectónicas (…) modificaciones en los formatos en los que se presenta la
información sobre los derechos y deberes de la persona vinculada (…)
ajustes en los tiempos de comunicación y plazos”.
20

El artículo 2º de la CDPD define el lenguaje“como toda aquella forma de


comunicación verbal, no verbal, la lengua de señas y cualquier otra, y con el
fin de transmitir efectivamente la comunicación”, de donde se deriva la
obligación estatal de disponer de dispositivos adecuados para lograr una
comunicación plena y adecuada, “tales como comunicaciones en formatos
accesibles y aumentativos, intérpretes, sistemas auditivos, lenguaje sencillo y
de fácil comprensión, dispositivos multimedia, y en general cualquier
mecanismo que la tecnología de la información permita” para alcanzar ese
fin.

Pueden concebirse diversos tipos de ajustes requeridos para una justicia


inclusiva, tales como la capacitación de los operadores judiciales en materia
de discapacidad y en los programas de derecho; la participacide las personas
con discapacidad en la educación legal y práctica jurídica; la accesibilidad
física de las instituciones, el desarrollo de sistemas de comunicación
apropiados y acordes a la diversidad de capacidades; la creación de códigos y
manuales de fácil lectura, incluidos el sistema braille y la disponibilidad de
intérpretes de lengua de señas.

Por ello, resulta indispensable que las autoridades judiciales brinden los
ajustes y modificaciones requeridos para que las personas con discapacidad
accedan en igualdad de condiciones a la justicia y ejerzan su derecho al
debido proceso; y prever un soporte para que su voluntad sea tenida en
cuenta, como consecuencia del reconocimiento de su capacidad plena.

La aplicación de apoyos en la toma de decisiones y el ejercicio de la


capacidad jurídica establecida en la Convención, es un sistema que potencia
la toma de decisiones por parte de la persona con discapacidad, libre de
obstrucciones o sustituciones por otras personas. Por lo tanto, no es necesario
un nuevo régimen para inimputables, sino la realización de los ajustes
razonables y la creación de un sistema de apoyo para que todas las personas
puedan comprender las etapas del proceso penal.

Por lo expuesto, solicitan a la Corte declarar la exequibilidad de los


enunciados normativos demandados y ordenar “a todas las autoridades
intervinientes en el proceso penal y ejecución de las penas, el desarrollo e
implementación de protocolos dirigidos a garantizar la adopción de todos los
ajustes razonables requeridos para que las personas con discapacidad
vinculadas a un proceso penal ejerzan sus derechos en igualdad de
condiciones que las demás personas en cumplimiento de las obligaciones
adquiridas por el Estado colombiano bajo la Convención sobre los Derechos
de las Personas con Discapacidad”.

2.3. De la Universidad del Rosario.

El Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario presentó concepto en el


presente trámite, solicitando (i) declarar la exequibilidad condicionada de las
21

disposiciones demandadas, en el entendido de que solo son aplicables en


procesos penales en los que se juzgue a personas imputables, y (ii) exhortar al
Congreso de la República para que expida un cuerpo normativo que regule el
allanamiento a cargos cuando el procesado sea inimputable.

De acuerdo con la intervención, el derecho penal colombiano plantea una


diferenciación entre imputables e inimputables que consiste en que, si bien
ambos pueden incurrir en conductas típicas y antijurídicas, sólo los primeros
cumplen con el requisito de la culpabilidad. Sin embargo, en materia de
aceptación de cargos, como vía para la finalización del procedimiento penal,
el Código de Procedimiento Penal no hace diferenciación alguna entre unos y
otros.

Ese tratamiento, formalmente igualitario, produce sin embargo una


desigualdad material, pues el inimputable, al estar afectado en su esfera
mental sufre también una afectación de su capacidad de conocimiento, que le
dificulta comprender y procesar la información que le es transmitida y que no
le permite entonces responder adecuadamente ante esa información.

El allanamiento de los cargos es el momento en que el juez pregunta al


procesado si desea aceptar los cargos por los que se le juzga, explicándole las
consecuencias jurídicas de esa actuación. “Un inimputable, cuya psiquis está
afectada (…) no puede comprender el tipo de información suministrada por
el operador de justicia, por lo que le será imposible formar un juicio
suficiente para tomar una decisión consciente en un asunto tan importante
como es su libertad”.

Por ello, la consecuencia de la responsabilidad penal en el caso de los


imputables es la imposición de una pena, mientras que a los inimputables les
corresponde una medida de seguridad. Esa diferencia merece la existencia de
normas procesales propias, adecuadas a la persona procesada. Por ello,
considera que debe existir un ordenamiento especial para los inimputables en
materia de allanamiento de cargos.

CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN

En ejercicio de la competencia prevista en los artículos 242.2 y 278.5 de la


Constitución, el Procurador General de la Nación emitió el concepto No.
5505 de veinticinco (25) de enero de dos mil trece (2013) solicitando que la
Corte se declare inhibida para pronunciarse de fondo sobre las acusaciones
planteadas contra los enunciados normativos demandados, contenidos en la
Ley 906 de 2004. Fundamenta su posición en las siguientes consideraciones:

1. La Corte Constitucional ha considerado procedente la presentación de


cargos de inconstitucionalidad por omisión legislativa, advirtiendo que en
esos casos, los requisitos argumentativos mínimos deben hallarse plenamente
satisfechos. En ese orden de ideas, ha admitido demandas en las cuales, en
22

lugar de discutirse una oposición entre un texto legislativo y una disposición


constitucional, se reprocha una omisión legislativa relativa, “un elemento que
por razones lógicas o jurídicas (…) debería estar incluido en el sistema
normativo de que se trata, de modo que su ausencia constituye una
imperfección del régimen que lo hace inequitativo, inoperante o ineficiente,
en particular por producir por lo general violaciones del derecho a la
igualdad o (…) al debido proceso”.

En esos eventos, de acuerdo con la jurisprudencia de la Corte Constitucional


es imprescindible que el demandante acredite “(i) que exista una norma sobre
la cual se predique necesariamente el cargo; (ii) que la misma excluya de sus
consecuencias jurídicas aquellos casos que, por ser asimilables, tenían que
estar contenidos en el texto normativo cuestionado, o que el precepto omita
incluir un ingrediente o condición que, de acuerdo con la Constitución,
resulta esencial para armonizar el texto legal con los mandatos de la Carta;
(iii) que la exclusión de los casos o ingredientes carezca de un principio de
razón suficiente; (iv) que la falta de justificación y objetividad genere para
los casos excluidos de la regulación legal una desigualad negativa frente a
los que se encuentran amparados por las consecuencias de la norma; y (v)
que la omisión sea el resultado del incumplimiento de un deber específico
impuesto por el constituyente al legislador”.

De igual forma ha señalado la Corporación que cuando el Legislador no


reproduce ningún precepto encaminado a ejecutar el deber que le ha impuesto
la constitución, de manera que se presenta una omisión legislativa absoluta, la
Corte no cuenta con un referente normativo para hacer la confrontación con
la Constitución, lo que le impide adelantar el juicio de inconstitucionalidad.

En ese marco, la Procuraduría considera que la demanda objeto de estudio no


satisface los requisitos constitucionales para construir un cargo por omisión
legislativa relativa, pues lo que el actor reprocha es que no exista un estatuto
que regule la imputación, acusación y juzgamiento de personas inimputables
mayores de 18 años, razón por la cual solicita ordenar al Congreso de la
República que expida tal normatividad.

Esa omisión no se predica entonces de cada una de las normas demandadas,


sino de todo el ordenamiento jurídico. Si pudiera decirse que de los artículos
invocados se desprende para el Legislador la obligación de proferir un
estatuto que regule el proceso penal contra las personas inimputables, en
cualquier caso, la Corte carece de una norma o referente legal con el cual
contrastar el cumplimiento o incumplimiento de ese deber, pues las normas
demandadas no se refieren a inimputables, sino que, por el contrario, toman
en consideración a las personas imputables, a quienes sí se puede juzgar en su
culpabilidad; condenar y sancionar penalmente y, por la misma razón, pueden
aceptar las conductas que les son imputadas, negociar con el ente acusador y
beneficiarse de penas menores a las que les correspondería en caso contrario.
23

Resulta imposible agregar o introducir a las disposiciones normativas


contenidos absolutamente nuevos y distintos, en donde se regule lo relativo a
los inimputables, quienes, como afirma la demanda, se encuentran en una
situación radicalmente diferente y, por esa misma razón, no pueden recibir el
mismo trato.

Finalmente, considera que en atención a los artículo 6º, 121, 241 y 113 de la
Constitución Política, la Corte no cuenta con la competencia de dictar
órdenes al Congreso de la república ni de fijarle condiciones para el ejercicio
de su función constitucional, como lo pretende el actor.

VI. FUNDAMENTOS DE LA DECISIÓN

Competencia de la Corte

De conformidad con lo dispuesto en el artículo 241, numeral 4o. de la


Constitución Política, la Corte Constitucional es competente para conocer y
decidir definitivamente sobre la demanda de inconstitucionalidad de la
referencia, pues las disposiciones acusadas forman parte de una ley de la
República, en este caso, de la Ley 906 de 2004, por la cual se expide el
Código de Procedimiento Penal.

Problema jurídico planteado.

De acuerdo con lo expuesto en los antecedentes de la demanda, corresponde a


la Sala Plena de la Corte Constitucional determinar si los artículos 283, 286,
288, 289, 293, 348, 350, 351, 356, 367 y 368 de la Ley 906 de 2004 son
incompatibles con los principios de igualdad (artículo 13, CP), debido
proceso (artículo 29, CP) y acceso a la administración de justicia (artículo
229 CP), al no prever un tratamiento especial para los inimputables en las
etapas del juicio penal correspondientes a la imputación de cargos, la
aceptación de los mismos y celebración de acuerdos con la Fiscalía General
de la Nación.

Antes de resolver el problema jurídico recién esbozado, la Corte deberá


responder los cuestionamientos que algunos intervinientes han elevado sobre
la aptitud de la demandada y, especialmente, aquellos contenidos en el
concepto de la Procuraduría General de la Nación.

Examen sobre la aptitud de la demanda.

1. La acción pública de inconstitucionalidad constituye una manifestación del


derecho fundamental de participación y la concepción participativa de la
democracia, así como una herramienta particularmente eficaz para asegurar la
supremacía y el carácter normativo de la Constitución. Su ejercicio, por lo
tanto, no se encuentra condicionado al cumplimiento de exigentes requisitos
24

procedimentales, ni requiere la asistencia de un profesional del derecho,


según lo establecen las normas reglamentarias pertinentes.

2. Este instrumento de control es particularmente poderoso en el estado


constitucional, pues involucra a los ciudadanos en la conservación del poder
normativo de la Carta, y les permite oponer en juicio su interpretación de las
normas superiores, con aquella que refleja el Legislador en las opciones
hermenéuticas que acoge, al promulgar o derogar las leyes.

Corresponde a la Corte Constitucional adelantar en ese evento un juicio de


compatibilidad lógica y normativa entre los mandatos de la Constitución
Política y las normas de rango legal, como manifestación de la competencia
genérica de guardar la supremacía e integridad de la Carta Política, misión
que debe cumplir en los precisos términos de las funciones que le confiere el
texto superior. (Artículo 241, Constitución Política).

4. La relación que surge entonces entre el Congreso de la República, foro


primordial de la democracia representativa, los ciudadanos, en ejercicio de la
democracia participativa, y el Tribunal Constitucional, órgano al que se
encomienda la guarda y la interpretación autorizada de las normas de mayor
jerarquía en el orden jurídico, llevan a que su regulación prevea ciertas
exigencias destinadas a evitar limitaciones injustificadas en el ejercicio del
poder de configuración del derecho que, de manera amplia, ostenta el
Legislador (Artículos 150 y 114 CP).

Esas exigencias, de acuerdo con el artículo 2º del Decreto 2067 de 1992, se


concretan en (i) señalar la normas acusadas y las que se consideran
infringidas, (ii) la competencia de la Corte, (iii) el trámite desconocido en la
tramitación del acto demandado, y (iv) las razones de la violación.

5. Además de ello, la Corporación ha expresado que el cumplimiento formal


de esos requisitos debe estar acompañado de mínimas exigencias
argumentativas, destinadas a evitar dos peligros: el primero, que la
Corporación establezca por su cuenta las razones de inconstitucionalidad (los
cargos), convirtiéndose en juez y parte del trámite de inconstitucionalidad y
generando una intromisión desproporcionada del Tribunal Constitucional en
las decisiones del Congreso. El segundo, que ante la ausencia de razones
comprensibles, que seriamente cuestionen la presunción de legalidad de la
ley, deba proferirse un fallo inhibitorio, que frustre el objetivo último del
acceso a la administración de justicia.

6. Concretamente, esa carga argumentativa consiste en que las razones de


inconstitucionalidad sean (i) claras, es decir, que la demanda siga un curso de
exposición y presente unas razonamiento inteligible sobre la presunta
inconformidad entre la ley y la Constitución; (ii) ciertas, lo que significa que
no se basen en interpretaciones puramente subjetivas, caprichosas o
irrazonables de los textos demandados, sino que expongan un contenido
25

normativo que razonablemente puede atribuírseles; (iii) específicas,


desechándose por tanto los argumentos genéricos o excesivamente vagos; (iv)
pertinentes, al plantear la oposición abstracta entre la ley y la Constitución; y
no a indagar la conveniencia o corrección de las decisiones legislativas
observadas desde un parámetro distinto a los mandatos del Texto superior; y
(v) suficientes, lo que denota su capacidad para generar una duda inicial sobre
la constitucionalidad de la Ley, tomando en cuenta que, en virtud de su origen
democrático, esta se presume constitucional2.

7. En relación con el cumplimiento de estos requisitos, sin embargo, la


Corporación ha indicado que la argumentación contenida en el escrito de
demanda debe ser analizada de manera flexible y que, en caso de dudas sobre
su aptitud, debe procederse al estudio de fondo pues desde el punto de vista
de la eficacia de los derechos de participación y acceso a la administración de
justicia, son preferibles las sentencias de fondo que los pronunciamientos
inhibitorios. Estas reglas constituyen a grandes rasgos el principio pro
actione, que ha sido explicado en recientes decisiones de la siguiente manera:

“No obstante, también ha resaltado, con base en el principio de


pro actione que el examen de los requisitos adjetivos de la
demanda de constitucionalidad no debe ser sometido a un
escrutinio excesivamente riguroso y que debe preferirse una
decisión de fondo antes que una inhibitoria, de manera que se
privilegie la efectividad de los derechos de participación
ciudadana y de acceso al recurso judicial efectivo ante la Corte.
Este principio tiene en cuenta que la acción de
inconstitucionalidad es de carácter público, es decir abierta a
todos los ciudadanos, por lo que no exige acreditar la condición
de abogado; en tal medida, ‘el rigor en el juicio que aplica la
Corte al examinar la demanda no puede convertirse en un
método de apreciación tan estricto que haga nugatorio el
derecho reconocido al actor y que la duda habrá de interpretarse
a favor del demandante, es decir, admitiendo la demanda y
fallando de fondo.’”3.

8. En síntesis, las demandas de inconstitucionalidad deben presentar razones


de censura claras, ciertas, específicas, pertinentes y suficientes, para que la
Corte pueda entrar a decidir de fondo sobre reales problemas jurídicos de
constitucionalidad, en el marco de un juicio de carácter normativo y
abstracto. Sin embargo, esos requisitos deben analizarse con suficiente
flexibilidad para que no se conviertan en una restricción desproporcionada
del acceso a la administración de justicia y a la participación ciudadana.
Finalmente, en caso de duda sobre su satisfacción, corresponde a la Corte
abordar el fondo de la discusión.

2 Al respecto, ver la sentencia C-1052 de 2001.


3Sentencia C-533 de 2012. M.P. Nilson Pinilla Pinilla), C-100 de 2011 (M.P. María Victoria Calle Correa y
C-978 de 2010 (M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.
26

9. El requisito de suficiencia adquiere especial protagonismo en el análisis de


cargos por omisiones legislativas, pues debido a las particularidades de esta
especie de control constitucional, la demanda debe cumplir ciertas exigencias
adicionales, sin que ello implique una renuncia al principio pro actione. La
existencia de requisitos adicionales no impide que en el análisis de cada uno
de ellos se aplique el principio citado.

El principio pro actione, en otros términos, no puede suplir carencias


absolutas de argumentación, ni frente a demandas por actuaciones ni en
relación con las que acusan la existencia de omisiones legislativas. Pero en
caso de que sea posible identificar el cargo de inconstitucionalidad a pesar de
las deficiencias de la demanda, o de duda sobre la satisfacción de las
condiciones citadas, deberá ser incorporado al escrutinio judicial sobre la
procedencia de la acción. En un amplio número de demandas por omisión
legislativa relativa se evidencia una marcada relación entre omisiones
legislativas y el mandato de no discriminación, o la protección de grupos
vulnerables, razón adicional para la aplicación del citado principio.

A continuación, la Sala hará referencia a las condiciones para abordar cargos


por omisiones legislativas, requisitos que deben cumplirse para que la
demanda cumpla con la carga argumentativa de suficiencia.

10. El control de constitucionalidad exige contrastar un texto legal con la


Constitución Política, con el propósito de determinar si el primero es
compatible con los mandatos contenidos en la segunda, pues esa conformidad
es condición de validez de las normas, en un sistema jerárquico en el que la
Carta Política ocupa el lugar más alto de las normas jurídicas socialmente
establecidas. El texto legal es entonces la concreción del actuar legislativo, y
su existencia es imprescindible para que la Corte inicie el examen de
compatibilidad lógica y normativa abstracto propuesto mediante la acción
ciudadana.

Sin embargo, no todas las demandas cuestionan los mandatos que se


desprenden de lo que dice un texto constitucional. Desde sus inicios, la
jurisprudencia constitucional debió analizar la procedencia de demandas de
inconstitucionalidad que se dirigían a cuestionar si una disposición específica
(o su contenido normativo) resultaba incompatible con la Constitución, no
por lo que expresaba sino por lo que callaba. Y en esas decisiones consideró
procedente el estudio de fondo, pues existía un texto objeto de control y que
su silencio podía ser razonablemente interpretado como una norma implícita,
con carácter de permisión o prohibición de supuestos que, inversamente,
estarían prohibidos o permitidos por la Constitución Política.4

Se evidenció, además, en esas decisiones, la ya mencionada existencia


habitual de una relación entre esos cargos y el principio de igualdad: los

4 Sentencias C-555 de 1994, C-545 de 1994, C-473 de 1994, C-108 de 1994, C-247 de 1995 y C-070 de
1996, entre otras.
27

silencios solían comportar exclusiones. Esa relación, aunque puede


considerarse una tendencia general de las demandas por omisión legislativa,
no constituye el único supuesto en que ésta puede producirse. Con el tiempo,
la Corporación las asoció también a violaciones al derecho fundamental al
debido proceso y el derecho de defensa; y, finalmente, en decisiones
recientes, ha aceptado su procedencia ante la ausencia de elementos que
tornan insuficientes o “incompletas” las decisiones legislativas, en el sentido
de no satisfacer adecuadamente los mandatos superiores.

11. En la sentencia C-543 de 1996, la Corporación analizó con especial


detenimiento la procedencia de la acción para estudiar la inconstitucionalidad
de omisiones legislativas absolutas, entendidas como la ausencia de un
desarrollo legislativo sobre materias en las que su necesidad fue prevista y
ordenada por el Constituyente, situación que se diferencia de las omisiones
relativas, debido a que en las últimas, sí existe la concreción legislativa que,
por diversas razones se acusa de ser insuficiente para concretar de manera
adecuada las cláusulas del Texto Superior.

En la sentencia citada (C-543 de 1996) se rechazó la procedencia de la acción


y la competencia de este Tribunal en estos eventos. La Corte, en efecto, no
puede suplir un vacío integral de regulación sin interferir intensamente en el
ejercicio de funciones de la rama legislativa, ni cuenta con herramientas para
controlar la absoluta inactividad legislativa en los distintos frentes en que
debe proyectarse:

“De acuerdo con la jurisprudencia y la doctrina se entiende por


omisión legislativa ‘todo tipo de abstención del legislador de
disponer lo prescrito por la Constitución’. Dichas omisiones,
entonces, se identifican con la ‘no acción’ o falta de actividad del
legislador en el cumplimiento de la obligación de legislar que le
impone expresamente el Constituyente. Para que se pueda hablar
de omisión legislativa, es requisito indispensable que en la Carta
exista una norma expresa que contemple el deber de expedir la
ley que desarrolle las normas constitucionales y el legislador lo
incumpla, pues sin deber no puede haber omisión. En
consecuencia, la omisión legislativa no se puede derivar de la
ausencia de leyes por incumplimiento del Congreso del deber
general de legislar. (C-543 de 1996).

Así, mientras en el primer evento, hablaríamos de la omisión


absoluta de un deber que la Constitución ha establecido de
manera concreta, que implica necesariamente la ausencia de
normatividad legal, en los demás, nos estaríamos refiriendo a la
violación del deber derivado del principio de igualdad o del
derecho de defensa, como elemento esencial del debido proceso,
por cuanto la ley existe pero no cubre todos los supuestos que
debería abarcar. Hay aquí una actuación imperfecta o incompleta
28

del legislador. En cambio en la primera, no hay actuación en


absoluto. (Ibídem).

[…] la acción pública de inconstitucionalidad si bien permite


realizar un control más o menos extenso de la labor legislativa,
no autoriza la fiscalización de lo que el legislador genéricamente
ha omitido, conforme a las directrices constitucionales. Las
actuaciones penalmente encuadrables o constitutivas de faltas
disciplinarias están sujetas a un control que escapa a la
competencia de la Corte. || Lo que se pretende mediante la acción
de inconstitucionalidad, es evaluar si el legislador al actuar, ha
vulnerado o no los distintos cánones que conforman la
Constitución. Por esta razón, hay que excluir de esta forma de
control el que se dirige a evaluar las omisiones legislativas
absolutas: si no hay actuación, no hay acto qué comparar con las
normas superiores; si no hay actuación, no hay acto que pueda
ser sujeto de control”.

12. En síntesis, del análisis efectuado en la sentencia C-543 de 1996 sobre la


omisiones legislativas es posible extraer tres conclusiones, para la
procedencia de la acción de inconstitucionalidad. Primero, debe existir una
norma legal objeto de control, pues en ausencia de texto específico, la
Corporación carece de competencia para adelantarlo 5; segundo, la omisión
debe surgir de un deber constitucional explícito y concreto, pues de otra
forma, debe entenderse que el Legislador decidió no regular el aspecto o la
materia cuyo desarrollo exige el demandante; y, tercero, la Corte carece de
competencia para controlar omisiones legislativas absolutas, sin perjuicio de
la posibilidad de los afectados por esa situación de perseguir por otros medios
la eficacia de sus derechos. (C-543 de 1996).

13. Posteriormente, la Corporación avanzó en la comprensión de la


inconstitucionalidad por omisión, sentando de manera sistemática en la
sentencia C-185 de 2002, las pautas básicas de análisis sobre eventuales
omisiones del Legislador6. En el fallo se plantearon las condiciones de
procedencia de la acción, tal como actualmente se conciben; y la
imposibilidad de adelantar el control si la demanda no específica cuál es la
norma que origina la exclusión de un supuesto que debía prever, según la
Constitución Política.

“Por el contrario, en el caso de la llamada omisión relativa o


parcial, la competencia de la Corte Constitucional para proferir
decisión de fondo está plenamente justificada, pues aquella se
5En estos casos, la presunta infracción a la Carta proviene, no del derecho positivo preexistente - fruto de la
acción legislativa ordinaria o especial- como es lo común, sino de la falta de regulación normativa en torno a
materias constitucionales sobre las cuales el Congreso tiene asignada una específica y concreta obligación de
hacer. C-185 de 2002. M.P. Rodrigo Escobar Gil.
6Ese avance, al analizar si el Legislador incurrió en una omisión legislativa al no definir la caución juratoria
en las normas en que se hacía referencia a la caución prendaria, como medio para suspender la medida de
aseguramiento.(Ibídem).
29

edifica sobre una acción normativa del legislador, específica y


concreta, de la que éste ha excluido determinado ingrediente o
condición jurídica que resulta imprescindible a la materia allí
tratada, o que habiéndolo incluido, termina por ser insuficiente e
incompleto frente a ciertas situaciones que también se han debido
integrar a sus presupuestos fácticos. En consecuencia, puede
afirmarse que en esta hipótesis, se cumple a cabalidad el
fundamento básico del control constitucional - la confrontación
objetiva entre la ley y la Constitución -, ya que el debate se
suscita en torno a un texto legal que se reputa imperfecto en su
concepción, y que a partir de la ausencia parcial de regulación, al
cotejarlo con la Carta, aquél puede resultar arbitrario,
inequitativo o discriminatorio en perjuicio de ciertas garantías
constitucionales como la igualdad y el debido proceso.7

para efectos de proceder al examen de constitucionalidad de una


disposición jurídica, por haber incurrido el Congreso en omisión
legislativa relativa, la Corte ha considerado necesario el
cumplimiento de ciertas condiciones, a saber: (i) que exista una
norma sobre la cual se predique necesariamente el cargo; (ii) que
la misma excluya de sus consecuencias jurídicas aquellos casos
que, por ser asimilables, tenían que estar contenidos en el texto
normativo cuestionado, o que el precepto omita incluir un
ingrediente o condición que, de acuerdo con la Constitución,
resulta esencial para armonizar el texto legal con los mandatos de
la Carta; (iii) que la exclusión de los casos o ingredientes carezca
de un principio de razón suficiente; (iv) que la falta de
justificación y objetividad genere para los casos excluidos de la
regulación legal una desigualdad negativa frente a los que se
encuentran amparados por las consecuencias de la norma; y (v)
que la omisión sea el resultado del incumplimiento de un deber
específico impuesto por el constituyente al legislador.8
[…] sólo es posible entrar a evaluar la ocurrencia de una omisión
legislativa relativa, cuando el actor ha dirigido la acusación
contra la norma de cuyo texto surge o emerge la omisión alegada.
En este sentido, la posibilidad de que el juez constitucional pueda
emitir pronunciamiento de fondo, queda supeditada al hecho de
que la omisión sea predicable directamente del dispositivo
impugnado, y en ningún caso de otro u otros que no hayan sido
vinculados al proceso: ‘Para que una demanda de
7 Continuó la Corte su exposición con esta referencia: “No obstante, la omisión del legislador también puede
ser relativa, caso en el cual se la denomina, llanamente, omisión legislativa. Una omisión es relativa cuando
se vincula con un aspecto puntual dentro de una normatividad específica; pero aquella se vuelve
constitucionalmente reprochable si se predica de un elemento que, por razones lógicas o jurídicas –
específicamente por razones constitucionales -, debería estar incluido en el sistema normativo de que se
trata, de modo que su ausencia constituye una imperfección del régimen que lo hace inequitativo, inoperante
o ineficiente. De lo anterior se deduce, entonces, que las omisiones legislativas relativas son susceptibles de
control constitucional.” (Sentencia C-041 de 2002, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra).
8Sentencias C-543/96 (M.P. Carlos Gaviria Díaz), C-427/2000 (M.P. Vladimiro Naranjo Mesa) y C-
1549/2000 (M.P. (e) Martha Victoria Sáchica de Moncaleano), entre otras.
30

inconstitucionalidad contra una omisión legislativa relativa sea


admisible, resulta necesario que el actor acuse el contenido
normativo específicamente vinculado con la omisión. De esta
suerte, no resultan atendibles los cargos generales que se dirigen
a atacar un conjunto indeterminado de normas con el argumento
de que omiten la regulación de un aspecto particular, o los que se
dirigen a atacar normas de las cuales no emerge el precepto que
el demandante echa de menos’”9.

14. El remedio judicial adecuado frente a una omisión legislativa depende, a


su vez, de la naturaleza de esta última. Por las razones expuestas, en caso de
que se demande la declaración de una omisión absoluta, la Corte debe
proferir una decisión inhibitoria por ausencia de competencia. Por el
contrario, al constatar la existencia de omisiones relativas, la Corporación ha
acudido, por regla general a decisiones aditivas, destinadas a incorporar en el
entendimiento de la disposición los supuestos dejados de lado por el
Legislador en la regulación, aunque también ha considerado procedente
proferir exhortos al Legislador para que colme la laguna 10, cuando el supuesto
normativo que hace falta en la regulación podría ser desarrollado de distintas
maneras, de manera que el llamado (exhorto) preserva la competencia general
de configuración del derecho del Congreso de la República. Sobre el punto,
expresó la Corporación en sentencia C-728 de 2009:

“En las sentencias C-891A de 2006 y C-208 de 2007, la Corte


hizo un recuento de las opciones aplicables al propósito de
reparar una omisión legislativa contraria a la Constitución, para
lo cual señaló, en primer lugar, que es preciso tener en cuenta
que, ‘(…) como quiera que en tales hipótesis la
inconstitucionalidad no radica en los contenidos normativos que
cuentan con base textual expresa, sino en un significado
implícito que surte efectos violatorios de la Carta, la depuración
del ordenamiento no se logra mediante el decreto de la
inexequibilidad de las disposiciones de la cuales se predica la
omisión y que lo conducente es neutralizar el comentado efecto
de la omisión legislativa que riñe con la Constitución y en su
lugar incorporar un significado que sea acorde con los dictados
superiores.’

Así, dijo la Corte que cuando la inconstitucionalidad de la


omisión legislativa proviene de una violación del principio de
igualdad, de ordinario la solución se encuentra en una sentencia
de exequibilidad aditiva que permita extender a los sujetos

9C-185 de 2002 (M.P. Rodrigo Escobar Gil). Citando a su vez, la última referencia proviene del
pronunciamiento C-041 de 2002 (M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra). Estas reglas han sido reiteradas en un
conjunto amplio de sentencias. Recientemente, ver las decisiones C-895 de 2012, C-642 de 2012, C-632 de
2012, C-533 de 2012, C-600 de 2011, C-262 de 2011, C-127 de 2011, C-936 de 2010, C-884 de 2010, entre
muchas otras.
10 C-728 de 2009.
31

excluidos la cobertura de aquellos contenidos normativos de los


que se predica la omisión. || Tal solución no cabe, sin embargo, al
menos sin cierto tipo de matización, cuando la omisión no se
desprende de la exclusión de algunos sujetos en circunstancias en
las cuales cabía predicar el imperativo constitucional de una
identidad de régimen jurídico, eventualidad ante la cual se ha
planteado la alternativa de una sentencia integradora “(…) que
permita mantener la disposición enjuiciada en el ordenamiento y
superar la inconstitucionalidad derivada de la omisión ‘...
desplazando la lectura afectada de invalidez mediante la
proyección, sobre el precepto inferior, de los contenidos de la
Carta que, en esas circunstancias, brinda una solución
constitucionalmente adecuada, precisa e indudable’”11

14. En el asunto objeto de estudio, en concepto del Procurador General de la


Nación, la demanda es inepta para generar una decisión de fondo, por
diversos motivos. Por otra parte, aunque el Ministerio de Justicia y del
Derecho no solicita la inhibición, sí sostiene que el actor atribuye a las
normas demandadas un contenido que no es predicable de ellas, pues
desconoce que la inimputabilidad depende de la declaración que, en ese
sentido, efectúe el juez al dictar sentencia.

El señor Procurador General de la Nación considera que el cargo no satisface


las condiciones mínimas de estudio de una omisión legislativa relativa; de
una parte, porque las normas cuestionadas no hacen referencia al
procedimiento de las personas inimputables, de manera que no existe una
norma específica que pueda ser objeto de control abstracto; y de otra, porque
el actor solicita la expedición de un régimen procedimental específico e
integral para las personas inimputables, lo que demuestra que su
argumentación tiene por objeto demostrar la existencia de una omisión
legislativa absoluta, lo que debe llevar a un fallo inhibitorio.

Por su parte, el grupo Paiis, de la Universidad de los Andes, si bien comparte


algunas de las críticas a la demanda y principalmente, la confusión entre
inimputabilidad y discapacidad psíquica, considera que sí es procedente un
fallo de fondo y que este debe consistir en la declaratoria de exequibilidad
condicionada de las disposiciones demandadas. Los argumentos de la
demanda suponen que el inimputable es una persona que, en el momento de
adelantarse el proceso penal no posee la capacidad de comprender las
actuaciones que en este se desarrollan; presupuesto fácticamente equívoco y
normativamente incompatible con los mandatos de reconocer la autonomía y
capacidad jurídica de las personas con discapacidad, contenidos en la CDPD.

11 Ibídem. Ver también, C-891 A de 2006. Excepcionalmente, la Corporación ha efectuado exhortos


genéricos cuando la existencia de una omisión legislativa absoluta es evidente, como ocurrió en la sentencia
C-489 de 2012, relativa a la omisión del Legislador de desarrollar lo concerniente a las entidades territoriales
indígenas y las regiones en la Ley de Ordenamiento Territorial. El Magistrado Luis Ernesto Vargas Silva
salvó su voto, considerando que proferir órdenes resultaba inconsistente con la decisión inhibitoria.
32

En concepto del grupo académico, la respuesta constitucional al problema


planteado, una vez efectuadas las precisiones previas, no debe ser la
declaratoria de inexequibilidad de la norma, sino un pronunciamiento de
constitucionalidad condicionada, en el sentido de que todos los funcionarios y
operadores jurídicos involucrados en el proceso penal deben efectuar los
ajustes razonables para evitar la violación al principio de igualdad y la
prohibición de discriminación, y asegurar al máximo la participación y la
capacidad jurídica de las personas con discapacidad en el proceso penal.

15. En criterio de la Sala Plena, la demanda plantea diversos problemas


argumentativos al ser analizada bajo los parámetros sentados en la decisión
C-1052 de 2001, y en la jurisprudencia sobre omisiones legislativas relativas,
reiterada en párrafos precedentes, como pasa a explicarse. Estos problemas
afectan la certeza, pertinencia y suficiencia de la demanda.

15.1. El primer problema de certeza de la demanda consiste en la utilización


ambigua de la expresión “inimputabilidad” y su confusión con la expresión
“imputado”. Así, aunque el actor comienza por citar el artículo 33 del Código
Penal, que define la inimputabilidad, y afirma además, con bases doctrinales
que el ordenamiento penal colombiano recoge un concepto “biopsicológico –
normativo” de inimputabilidad, esto es, un concepto que relaciona una
condición mental con unos supuestos que se determinan jurídicamente,
posteriormente habla de la persona inimputable como “trastornado
médicamente certificado”, y bajo ese supuesto construye toda su acusación.

El error en que incurre es que, tras aceptar la existencia de condicionantes


normativas en el concepto de inimputabilidad, que concretamente hacen
referencia a (i) que la condición mental que padezca la persona juzgada
estuviera presente y hubiera incidido en la realización de la conducta típica y
antijurídica objeto de juzgamiento; y (ii) que esta condición le haya impedido
al agente comprender la antijuridicidad del hecho, el actor obvia todo ello
para plantear que es inimputable quien sea diagnosticado con un “trastorno
mental” determinado.

Este error es relevante no solo porque el uso ambiguo del término condiciona
el significado de las premisas sobre las que edifica su cargo, sino porque
efectivamente se proyecta en toda la concepción de los cargos, pues el actor
plantea que debe existir un procedimiento específico para los inimputables,
entendiéndolos como “trastornados mentales” o “inmaduros psicológicos”,
pero pasa por alto que la inimputabilidad se deberá comprobar en el proceso
(precisamente por sus componentes normativos) y, por lo tanto, solo podrá
considerarse jurídicamente existente cuando el juez la declare al dictar
sentencia. El Programa Paiis desvela, en su intervención, con claridad el error
argumentativo. El actor confunde los conceptos de persona con discapacidad
psicosocial o cognitiva con inimputable. La Sala volverá sobre este punto al
33

momento de plantear sus reflexiones finales, a partir del fundamento 16 de


esta providencia.

15.2. En segundo término, la demanda no satisface el requisito de claridad,


porque incurre en una contradicción lógica en su censura.

De acuerdo con el razonamiento del actor, el Legislador violó el principio de


igualdad al proferir las normas cuestionadas, pues previó un trato idéntico
para personas que se encuentran en una situación de hecho diferente, o que
son diferentes, como en ocasiones lo afirma. Como puede verse en el cuadro
incorporado en la demanda -resumido en los antecedentes de esta
providencia-, en concepto del demandante existen diferencias entre las
personas imputables e inimputables que no fueron tomadas en cuenta por el
Legislador al momento de regular la formulación de la imputación, la
acusación, la posibilidad de allanamiento a los cargos, y la eventual
celebración de acuerdos entre el imputado y la Fiscalía, entre las que se
cuentan la posibilidad de entender el delito y los cargos que se le imputan; la
diferencia entre los fines de las penas y las medidas de seguridad.

Sin embargo, su razonamiento se dirige a cuestionar las consecuencias


jurídicas derivadas de ese trato idéntico y que ubican en situación de
desventaja a los inimputables, quienes, por hallarse en condición de
vulnerabilidad derivada de las patologías mentales que enfrentan, deberían
recibir un trato diferencial favorable.

En esa línea argumentativa afirma que las normas demandadas prevén


beneficios en la dosificación de la pena y permiten la posibilidad de lograr la
terminación anticipada del proceso, pero tales medidas solo pueden favorecer
las personas imputables, pues los inimputables no puede comprender el
alcance de esos beneficios, ni obtener su aplicación al momento de
imponérseles una medida de seguridad, lo que lleva a los jueces a adoptar
decisiones incompatibles con el principio de legalidad y la seguridad jurídica
que debe caracterizar el procedimiento penal. Un acuerdo suscrito con un
inimputable puede ser declarado nulo, perdiéndose así la celeridad del
proceso.

El problema de claridad en la demanda es que se plantea la violación del


principio de igualdad al dar un tratamiento jurídico idéntico a imputables e
inimputables en relación con los mecanismos de aceptación de la imputación,
allanamiento a cargos y celebración de acuerdos con la Fiscalía; sin embargo,
lo que en realidad reprocha es que es la diferencia de consecuencias jurídicas,
debido a la imposibilidad para acceder a los beneficios de rebajas de penas y
terminación anticipada del proceso.

No hace falta acoger todas las premisas fácticas sobre las que se basa la
demanda, por demás discutibles, sobre la imposibilidad del inimputable para
comprender distintas actuaciones del proceso, para percibir el problema
34

argumentativo de la demanda. El actor considera inconstitucional la


inexistencia de un procedimiento para que el inimputable acepte cargos (o la
acusación o negocie con la Fiscalía) porque ello le impide acceder a
beneficios. Pero a la vez explica que esos beneficios no tienen sentido en su
caso por las diferencias entre las penas y las medidas de seguridad; e incluso
propone que dentro del fin de prevención especial de las segundas no tiene
sentido la rebaja de la pena, dado que su duración depende de la condición de
salud del afectado y no deben extenderse una vez se demuestra la
rehabilitación o curación de la persona.

En ese marco, si según los propios argumentos del actor, de las medidas de
seguridad está excluido el fin retributivo (o de retribución justa y
proporcional a la gravedad del delito), ¿cuál es entonces la lesión a los
derechos de los inimputables derivada de que no accedan a rebajas en la
duración de la medida ni a la terminación anticipada del proceso? El actor
responde esa pregunta con base en lo que –afirma- ha evidenciado en
sentencias dictadas en casos concretos (trabajo de campo, según explica). En
esas decisiones, según su narración, se ha declarado la semiculpabilidad de la
persona; se ha efectuado una tasación inadecuada de la medida de seguridad
o se ha declarado la nulidad de lo actuado, en caso de aceptación de cargos
por un inimputable12.

Al respecto, debe decirse que estas razones carecen de pertinencia. No son


susceptibles de análisis en sede de control abstracto, pues se concretan en
acuaciones dirigidas contra las decisiones adoptadas por los jueces de
conocimiento de distintos procesos penales y no son objeto de control por
parte de la Corte.

15.3. Con todo, las deficiencias planteadas pueden ser superadas, con base en
las precisiones que diversos intervinientes han planteado sobre los cargos de
la demanda, y en aplicación del principio pro actione. Como se explicó en
considerandos previos, este principio debe aplicarse de manera tal que la
Corte no sea quien plantee los cargos de inconstitucionalidad para luego
decidir sobre su viabilidad, pero persiguiendo a la vez la eficacia del derecho
de participación y el acceso a la administración de justicia. En la medida en
que la demanda atañe a los derechos de personas de especial protección
constitucional y a la eficacia del principio de igualdad y la prohibición de
discriminación, resulta plenamente justificada su aplicación en esta
oportunidad.

En ese orden de ideas, a pesar de sus deficiencias argumentativas, la demanda


toca una materia de evidente relevancia constitucional. Los derechos de las
personas con discapacidad mental o psíquica en el marco del proceso penal o,

12 En este punto de la demanda, el actor incurre en una nueva imprecisión, al considerar que la medida de
seguridad consiste siempre en el internamiento de la persona, supuesto que, ha sido rechazado abiertamente
por la jurisprudencia constitucional. La medida de seguridad debe definirse de acuerdo con las características
de cada caso y, por ese motivo, no necesariamente debe implicar el internamiento de la persona. La Sala no
se detendrá en este aspecto, pues no es un elemento central de la demanda.
35

en otros términos, si, con independencia de los beneficios a los que puedan
acceder estas personas, la inexistencia de un estatuto de procedimiento penal
para las personas con este tipo de discapacidades es violatoria del derecho a
la igualdad.

Propuesto así el problema jurídico, aún se enfrenta con dos objeciones


importantes, propuestas por la Procuraduría General de la Nación. Primero,
las disposiciones demandadas no hacen referencia a las personas con
discapacidad mental. Ello, sin embargo, no implica que las excluyan, como
asume el demandante (Este aspecto se explicará con mayor detalle a partir del
considerando 16, sobre precisiones finales). Sin embargo, lo que debe
resaltarse es que el concepto de discapacidad mental, o disfunción mental, al
que parece apuntar la demanda es en verdad amplio y comprende supuestos
muy diversos. No es cierto, ni fáctica ni normativamente, que en todos estos
supuestos la persona con discapacidad mental carezca de capacidad jurídica o
de capacidad cognoscitiva para comprender el procedimiento penal.

Segundo, la omisión legislativa relativa se caracteriza por excluir


determinados supuestos que deberían ser incluidos en una regulación
específica y determinada por parte del Legislador. El actor plantea en este
caso todo lo contrario: que el legislador incluye a las personas con
discapacidad mental en el mismo supuesto que a las personas que no
presentan esa condición. De ahí surge un problema técnico, que da lugar a la
tercera objeción planteada en el concepto de la Procuraduría dentro de este
trámite. No puede por vía de omisión legislativa solucionarse este problema,
en tanto no es claro cuál “ingrediente” podría añadirse a las disposiciones
demandadas para solucionar el problema de igualdad planteado.

Y ello revela el tercero de los problemas de la demanda, una vez interpretada.


El actor no propone la ausencia de un “ingrediente” en las disposiciones
demandadas, sino la inexistencia de una regulación integral sobre el
procedimiento que debe aplicarse a las personas con discapacidad,
preocupación que se haría evidente en los momentos del proceso en los que
se le solicita expresar autónomamente su voluntad (la aceptación de la
imputación, el allanamiento a los cargos, y la celebración de acuerdos con la
Fiscalía de la Nación).

En caso de que el actor tenga razón en ese reproche, no estaríamos frente a


una omisión legislativa relativa, sino ante una ausencia integral de
regulación, o en otros términos, una omisión legislativa absoluta, en los
términos explicados en el fundamento 16 de esta decisión.

De acuerdo con las consideraciones precedentes, debido a problemas de


certeza, pertinencia y claridad de la demanda; y en atención a que se discute
la existencia eventual de una omisión legislativa absoluta, la Corporación se
declarará inhibida para pronunciarse de fondo sobre los cargos de la
demanda.
36

VII. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto la Corte Constitucional de la República de


Colombia, administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la
Constitución,

RESUELVE:

Primero.- Declararse INHIBIDA para pronunciarse sobre la


constitucionalidad de los artículos 283, 286, 288, 289, 293, 348, 350, 351,
356, 367 y 368 de la Ley 906 de 2004, por la cual se expide el Código de
Procedimiento Penal, por los cargos de la demanda.

Notifíquese, comuníquese, cúmplase, e insértese en la Gaceta de la Corte


Constitucional, y archívese el expediente.

JORGE IVÁN PALACIO PALACIO


Presidente

MAURICIO GONZÁLEZ CUERVO


MARÍA VICTORIA CALLE CORREA Magistrado
Magistrada

LUIS GUILLERMO GUERRERO PÉREZ ALBERTO ROJAS RÍOS


Magistrado Magistrado
Ausente en comisión

GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO NILSON PINILLA PINILLA


Magistrado Magistrado
Ausente en comisión Ausente en vacaciones
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JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB LUIS ERNESTO VARGAS SILVA


Magistrado Magistrado
Con aclaración de voto

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ


Secretaria General
ACLARACIÓN DE VOTO DEL MAGISTRADO
LUIS ERNESTO VARGAS SILVA
A LA SENTENCIA C-330/13

PERSONAS CON DISCAPACIDAD MENTAL O COGNITIVA-


Obligaciones del Estado en todo tipo de procedimientos, incluidos
aquellos de carácter penal (Aclaración de voto)

CONVENCION INTERNACIONAL SOBRE DERECHOS DE


PERSONAS CON DISCAPACIDAD-Incidencia de ésta en el marco
constitucional colombiano (Aclaración de voto)

ENFOQUE PARA COMPRENSION DE LA SITUACION DE


PERSONAS CON DISCAPACIDAD-Prescindencia, marginación,
rehabilitador y social (Aclaración de voto)

DIVERSIDAD FUNCIONAL Y BARRERAS SOCIALES-Aspectos


para distinguir al momento de acercarse a la situación de las personas con
discapacidad mental en el proceso penal (Aclaración de voto)

PRINCIPIO DE TOMA DE CONCIENCIA-Las personas con


discapacidad no deben permanecer como un colectivo invisible por más
tiempo (Aclaración de voto)

PRINCIPIO DE ACCESIBILIDAD UNIVERSAL-Eliminación de


barreras que impidan el goce efectivo de los derechos por parte de las
personas con discapacidad (Aclaración de voto)

PRINCIPIO DE AJUSTES RAZONABLES-Modificaciones y


adaptaciones para garantizar a las personas con discapacidad el goce y
ejercicio en condiciones de igualdad de sus derechos humanos y
libertades fundamentales (Aclaración de voto)

CONTROL CONSTITUCIONAL DE OMISION LEGISLATIVA


ABSOLUTA-Incompetencia de la Corte Constitucional (Aclaración de
voto)

Con el respeto acostumbrado por las decisiones de la Sala Plena, en esta


oportunidad aclaro el sentido de mi voto, debido a que, si bien comparto el
sentido de la decisión, estimo que la argumentación presentada en la sentencia
es insuficiente, por las siguientes razones:
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1. Comparto la decisión adoptada por la Sala Plena en la sentencia C-330 de


2013. Tal como lo explicó la Corte, estimo que el actor planteó una
interpretación de las normas demandadas basada en una confusión entre los
conceptos de inimputabilidad y discapacidad psicológica o cognitiva, que
afecta la certeza de la demanda; considero que en caso de subsanar esa
dificultad con base en el principio pro actione, asumiendo así que el actor en
realidad pleanteaba la necesidad de un régimen especial en materia de
mecanismos de terminación anticipada del proceso por colaboración, tal cargo
no podía ser abordado de fondo por aludir a una omisión legislativa absoluta.

2. Sin embargo, como ponente de la decisión, presenté a la Sala Plena un


proyecto de sentencia en el cual, además del texto actual de la providencia se
adelantaron algunas precisiones sobre las obligaciones del Estado frente a las
personas con discapacidad mental o cognitiva, relevantes en todo tipo de
procedimientos, incluidos aquellos de carácter penal. La mayoría de los
Magistrados consideró que esas reflexiones resultaban innecesarios, una vez
definida la ausencia de competencia de la Corte para emitir un
pronunciamiento de fondo.

3. Respeto la decisión mayoritaria, en el sentido de aprobar el proyecto sin


esos considerandos, pues entiendo que la economía argumentativa es una
virtud judicial. Sin embargo, no comparto con la mayoría la apreciación sobre
la irrelevancia o impertinencia de tales consideraciones, pues estos resultaban
de especial trascendencia en el marco del problema jurídico abordado y se
relacionaban directamente con el sentido de la decisión. A continuación,
trascribo los numerales eliminados de la ponencia original:

“Tomando en cuenta que, como se explicó, la demanda y la posterior


discusión iniciada por los intervinientes atañe los derechos de un grupo de
especial protección constitucional, la Sala adelantará unas precisiones finales
sobre el alcance de esta decisión, para evitar que se interprete como una
negación de derechos de las personas con discapacidad.

A pesar de esta conclusión [es decir, la ineptitud de la demanda], la Sala


constata que el problema jurídico planteado concierne a un grupo de especial
protección constitucional, cuyos derechos deben ser respetados con especial
intensidad en el marco de un proceso penal y, particularmente, a partir de la
ratificación y aprobación de la Convención de las Naciones Unidas sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad. Como se explicará en los párrafos
finales, la inhibición frente a los cargos presentados en la demanda no implica
un desconocimiento de esos principios y de los deberes del Estado frente a
este grupo poblacional:

16. La inquietud que se presenta en la demanda y se refleja en las


intervenciones presentadas en este trámite es un asunto que no solo posee
plena relevancia constitucional, sino que además se relaciona con una de las
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materias de mayor actualidad en el Derecho Internacional de los Derechos


Humanos.

La reciente adopción por las Naciones Unidas de la Convención sobre


Derechos de Personas con Discapacidad (en adelante, la Convención)
constituye un momento clave en el cambio de paradigma que viene gestándose
hace más de dos décadas en el derecho internacional de los derechos humanos
sobre la concepción jurídica de la discapacidad. La Convención puede
interpretarse como la decisión internacional de dirigir sus esfuerzos hacia un
enfoque social de la discapacidad, dejando atrás el enfoque médico que
caracterizó su concepción en el pasado.

La Corte Constitucional se ha referido a esta situación en diversos


pronunciamientos, resaltando los elementos centrales de la orientación social
de la discapacidad. Cabe entonces distinguir entre dos conceptos que suelen
rodear el entendimiento de los derechos de las personas con discapacidad.
Tradicionalmente, la discapacidad se concibió como la existencia de una
limitación funcional que afectaba a la persona y le impedía desarrollarse
plenamente durante su vida, cumplir un rol determinado o aportar a la
sociedad en términos productivos. El manejo de una situación como esta se
concretaba en la atención médica destinada a la recuperación de la limitación
funcional, condicionando así la integración de la persona a la superación de tal
condición.

El enfoque social no pone su mirada en las funciones fisiológicas, mentales o


físicas de la persona, sino que la traslada a la sociedad, para identificar la
discapacidad con la falta de adaptación del medio a todas las personas, sin
importar cuáles son las funciones que cumplen y cuáles se les dificultan,
consciente de que todos los seres humanos ejercen o desempeñan algunas de
mejor manera que otras, por lo que, como indica Christian Courtis 13, es
desafortunado que el enfoque tradicional de la discapacidad se haya
concentrado en etiquetar a las personas por lo que no pueden hacer. Sobre los
distintos acercamientos a la discapacidad, la Corte ha explicado:

“3.6. En las sentencias C-804 de 2009 y T-340 de 2010, la Corte


hizo una amplia referencia a las distintas perspectivas adoptadas
históricamente para la comprensión de la situación de las personas
con discapacidad. Esos enfoques fueron denominados “de
prescindencia”, “de marginación” “rehabilitador (o médico)”, y
“social”.

3.6.1. De forma concisa, el enfoque de “prescindencia” entiende


la discapacidad desde una perspectiva metafísica, como un castigo
de los dioses, el producto de brujería o de una maldición, así que
propone, como medida para enfrentarla, la eliminación de la

13Discapacidad e inclusión social: retos teóricos y desafíos sociales. En revista Jueces para la Democracia.
Nro 51.
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persona que la padece. Este enfoque desconoce así la dignidad


humana de la persona con discapacidad, y considera legítimo
prescindir de ella (como su nombre lo indica) o relegarla al
ostracismo.

3.6.2. En el modelo de “marginación, las personas con


discapacidad son equiparadas a seres anormales, que dependen
de otros y por tanto son tratadas como objeto de caridad y sujetos
de asistencia. No sobra señalar que esta idea sobre la persona
con discapacidad ha llevado a justificar prácticas de marginación
social, fundadas en que a las personas con discapacidad se deben
mantener aisladas de la vida social”. (C-804 de 2009).

3.6.3. El enfoque de “rehabilitación” (o médico) concibe la


discapacidad como la manifestación de diversas condiciones
físicas, fisiológicas o psicológicas que alteran la normalidad
orgánica de la persona. Desde ese punto de vista, como es natural,
las medidas adoptadas se cifran en el tratamiento de la condición
médica que se considera constitutiva de la discapacidad.

Este enfoque respeta la dignidad de la persona con discapacidad


pero sólo en tanto se concibe que puede ser curada de ella, y tiene
(o ha tenido en el tiempo) manifestaciones difícilmente
compatibles con el respeto por los derechos humanos, como el
internamiento forzado, o la facultad de los médicos de decidir
sobre los aspectos vitales de la vida del sujeto con discapacidad.
Sin embargo, también tiene la potencialidad de brindar
información científica relevante para el diseño de sistemas de
atención en seguridad social de las personas con discapacidad.

3.6.4. Finalmente, el enfoque “social” asocia la discapacidad, no a


la condición médica de una persona sino a la reacción social o a
las dificultades de interacción con su entorno, derivadas de esa
condición. Esa reacción social limita la autodeterminación de la
persona con discapacidad y le impide integrarse adecuadamente a
la comunidad. Desde esa óptica, el enfoque social tiene por norte
la adopción de medidas que (i) permitan al mayor nivel posible el
ejercicio de la autonomía de la persona con discapacidad; (ii)
aseguren su participación en todas las decisiones que los afecten;
(iii) garanticen la adaptación del entorno a las necesidades de la
persona con discapacidad; y (iv), aprovechen al máximo las
capacidades de la persona, desplazando así el concepto de
“discapacidad” por el de “diversidad funcional”.

Sentencias C-804 de 2009, T-340 de 2010, T-1258 de 2008 y T-109 de 2012. Agustina Palacios. El modelo
social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la Convención Internacional sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad. Colección Cermi. Madrid, 2008.
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De esta forma vale la pena distinguir entre dos aspectos, al momento de


acercarse a la situación de las personas con discapacidad mental en el proceso
penal. De una parte, la diversidad funcional haría referencia a la condición
médica que según criterios de esa ciencia puede concebirse como un
“trastorno”. De otra parte, las barreras sociales, que son las limitaciones de la
sociedad para permitir la integración de todos quienes la componen.

A decir verdad, como se observa en la definición del artículo 2º de la


Convención, el instrumento no abandona por completo la diversidad
funcional, ni parece necesario dejarla de lado, pues como toda diferencia en un
orden constitucional respetuoso de la dignidad de todas las personas, es un
insumo del pluralismo. Lo que sí resulta claro, es que la Convención encauza
sus esfuerzos en la eliminación de las barreras sociales.

Ello explica la solicitud de declaratoria de exequibilidad condicionada de las


disposiciones demandadas, formulada por el programa Paiis, de la
Universidad de los Andes. Los intervinientes dejan en claro que, en efecto, el
proceso penal puede ser fruto de violación de derechos de las personas con
discapacidad si no se adoptan cautelas especiales que les aseguren un trato
igualitario en la diferencia y si no se asumen las obligaciones que el país
adquirió con la suscripción de la Convención, y otros instrumentos jurídicos
afines.

18. La Corporación, según se explicó, carece de competencia para declarar la


exequibilidad de la normas demandadas, y menos aún para condicionar su
interpretación para hacerla acorde con la Carta Política, como requiere Paiis,
pues ello implicaría entrar a decidir sobre la eventual existencia de una
omisión legislativa absoluta. Por fortuna, tampoco resulta imprescindible una
decisión de ese tipo para alcanzar el loable objetivo perseguido por la
demanda, el programa Paiis y otros intervinientes.

La Convención hace parte del bloque de constitucionalidad, en tanto


instrumento de derechos humanos ratificado y aprobado por Colombia, y en
virtud de lo dispuesto en el artículo 93 de la Constitución Política. En ese
sentido, sus normas se encuentran incorporadas al orden interno, y sus
cláusulas cuentan con jerarquía constitucional, de manera que, de una parte,
vinculan al Legislador, y de otro lado, pueden y deben ser aplicadas
directamente por los jueces en los casos concretos.

Además de ello, la interpretación y aplicación de las demás normas del


ordenamiento debe ser conforme a sus mandatos, lo que significa que siempre
que una persona con discapacidad mental se vea inmersa en un proceso penal
tiene derecho a exigir de las autoridades los deberes que el Estado asumió al
suscribirla. Diversos principios y mandatos de la Convención deben ser
tenidos entonces en cuenta por todos los operadores jurídicos involucrados en
el proceso penal, en tanto normas integradas a la Constitución Política.
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19. El primer principio que desea destacar la Sala es el de toma de conciencia.


Las personas con discapacidad no deben permanecer como un colectivo
invisible por más tiempo. Para que sus derechos sean adecuadamente
protegidos y respetados en el marco del proceso penal es imprescindible el
desarrollo de políticas de capacitación para jueces, fiscales y demás
funcionarios que intervienen en el proceso penal. Es también necesario que
esa capacitación dé cuenta de la primacía del enfoque social y, en
consecuencia, genere en los funcionarios el compromiso de erradicar las
barreras para el ejercicio pleno de los derechos de las personas con
discapacidad.

20. En segundo lugar, recuerda la Sala que el principio de accesibilidad


universal ordena expresamente la eliminación de barreras que impidan el goce
efectivo de los derechos por parte de las personas con discapacidad. Este
derecho suele asociarse –acertadamente- a la adecuación de las instalaciones,
de manera que el acceso a las mismas no representen cargas
desproporcionadas para las personas con discapacidad. Sin embargo, su
alcance es mucho más amplio, e incluye el diseño e implementación de
sistemas de comunicación adecuados, servicios de intérpretes, formatos
especiales, y cualquier otra medida destinada a eliminar las desigualdades en
el acceso.

21. En tercer término, según lo solicitó la tantas veces nombrada intervención


del programa Paiis, el principio de ajustes razonables constituye tal vez la
pieza esencial en el marco de las medidas que el estado debe adoptar, de
manera inmediata, para la garantía de los derechos de las personas con
discapacidad. Este principio, se concreta en “las modificaciones y
adaptaciones necesarias y adecuadas requeridas en un caso particular, para
garantizarle a las personas con discapacidad el goce y el ejercicio en
condiciones de igualdad de sus derechos humanos y libertades fundamentales,
los cuales no deben imponer una carga desproporcionada o indebida” al
Estado (T-427 de 2012. M.P. María Victoria Calle Correa; CDPC, artículo 2º,
inciso 3º).

Los ajustes razonables obedecen a la constatación sobre la diversidad de la


diversidad funcional, y la diversidad de barreras que pueden enfrentar las
personas con discapacidad. Unas y otras (diversidades funcionales y barreras
sociales) no pueden ser previstas en su integridad por las normas generales y
abstractas, lo que justifica la adopción de estos ajustes en cada caso, a medida
que el orden normativo en su conjunto avanza hacia la plena inclusión de
todos y todas.

Sin embargo, no hace falta un pronunciamiento de la Corte para que ello


ocurra. Los jueces, fiscales, y demás autoridades tienen la obligación de
aplicar este tipo de ajustes siempre que ello resulte necesario, y la omisión en
el cumplimiento de ese deber puede ser demandada por vía de la acción de
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tutela, en la medida en que se traduzca en un desconocimiento de los derechos


fundamentales de las personas con discapacidad.

22. En ese sentido, debe indicarse que la adopción de la Convención comporta


para el Estado colombiano un conjunto de obligaciones para hacer efectivos
los derechos de las personas con discapacidad. Siguiendo una clasificación
consolidada en el derecho internacional de los derechos humanos, ese
conjunto comprende obligaciones de respeto, cumplimiento y garantía, sin que
en el texto de la Convención se haya expresado de manera taxativa cuáles son
de cumplimiento inmediato y cuáles deben adaptarse progresivamente.

Con todo, en la redacción de la Convención se planteó la importancia de


mantener presentes los principios de universalidad, interdependencia e
indivisibilidad de los derechos humanos, aspecto que, recogido por la
jurisprudencia constitucional, significa el rechazo de la categorización entre
derechos fundamentales, a manera de “generaciones”, o de “derechos
positivos y negativos”, “de defensa y prestacionales” (C-288 de 2012, entre
otras). En efecto, ha comprendido la Corte que los derechos, como conjuntos
complejos de posiciones jurídicas comportan obligaciones positivas y
negativas; de hacer y no hacer; más o menos costosas.

En ese contexto jurisprudencial deberán interpretarse las obligaciones


contraídas por el Estado, sin que sea posible ni necesario en esta oportunidad
analizar el alcance de cada una de ellas. Sí resulta adecuado, empero, señalar
que por su naturaleza, los ajustes razonables deben adoptarse de forma
inmediata siempre que ello resulte necesario. En efecto, se trata de medidas
que no suponen cargas o costos exorbitantes para el Estado, y que obedecen a
las necesidades de cada caso, de donde se sigue que no existe justificación
para postergar su eficacia.

Otras medidas deberán adelantarse de manera progresiva, pero es enfática la


Corte al señalar, en armonía con lo expresado por el Comité de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales de la ONU en su Observación General
Número 3, que la progresividad es incompatible con la pasividad y que supone
dar pasos constantes hacia la plena eficacia de todos los derechos humanos.

22. Finalmente, dada la inquietud constitucional que motiva este proceso, es


preciso referirse a una de las disposiciones de mayor alcance de la
Convención, en consideración al cambio profundo que plantea sobre la
concepción tradicional de la discapacidad. El artículo 16 de la Convención
establece el derecho al igual reconocimiento como personas ante la ley.

Esta disposición se divide en cinco incisos, y en los tres primeros se


establecen normas de importancia para el asunto objeto de estudio: (i) “los
Estados Partes reafirman que las personas con discapacidad tienen derecho
en todas partes al reconocimiento de su personalidad jurídica”; (ii) “los
Estados Partes reconocerán que las personas con discapacidad tienen
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capacidad jurídica en igualdad de condiciones con las demás en todos los


aspectos de la vida”; (iii) “los Estados Partes adoptarán las medidas
pertinentes para proporcionar acceso a las personas con discapacidad al
apoyo que puedan necesitar en el ejercicio de su capacidad jurídica”14.

En las sesiones en que se discutió el texto de la Convención existió amplia


controversia sobre el alcance de este reconocimiento, principalmente, en torno
a si implica el reconocimiento de la titularidad de derechos, o si además de
ello supone la capacidad de obrar. Independientemente de ello, las cláusulas
de la convención deben entenderse de acuerdo con su finalidad y objeto. El
objeto de la Convención es el de eliminar las barreras y obstáculos sociales
que enfrentan las personas con discapacidad, propiciando así el ejercicio de la
autonomía y la participación de este grupo poblacional en todas las decisiones
que les conciernen. El lema del movimiento social “nada de nosotros sin
nosotros” es elocuente en relación con estas finalidades15.

Por lo tanto, no resulta aceptable que se plantee –como supone el demandante-


como regla general que es imposible la participación de las personas con
discapacidad mental en el curso del proceso penal. Por el contrario, su
participación debe ser garantizada y, cuando sea posible la expresión de la
voluntad mediante apoyos adecuados, y tomando en consideración la situación
específica de cada persona, no existe una razón para que se considere
imposible el acogimiento a algunas de las figuras del Código Penal que
suponen el ejercicio de la autonomía. Estos aspectos deberán ser estudiados en

14“El Congreso de la República ha demostrado ya su interés por avanzar en el desarrollo de este mandato, al
proferir la Ley Estatutaria 1618 de 2013, por medio de la cual se establecen disposiciones para garantizar el
pleno ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad, que dispone las siguientes reglas sobre el
derecho al acceso a la justicia de las personas con discapacidad: A rtículo 21. Acceso a la justicia. El Estado
garantizará el acceso a la justicia de las personas con discapacidad, en concordancia con el artículo 13 de la
Ley 1346 de 2009. Para garantizar el ejercicio efectivo de acceso a la justicia el Ministerio de Justicia y del
Derecho, en alianza con el Ministerio Público, los organismos de control y la rama judicial, deberán
garantizar el acceso de las personas con discapacidad en todos los programas de acceso a la Justicia. Para
ello, adoptará entre otras, las siguientes medidas: 1. El Ministerio de Justicia y del Derecho, y la rama
judicial, deberá implementar programas de formación y gestión para la atención de casos de violación a los
derechos de las personas con discapacidad, que involucren a jueces, auxiliares de justicia, casas de justicia,
centros de conciliación, comisarías de familia, personerías, entre otros. Así mismo implementará programas
de formación orientados a la comprensión de la discapacidad y la forma de garantizar la cabal atención y
orientación a las personas con discapacidad, facilitando los servicios de apoyo requeridos para garantizar
en igualdad de condiciones con las demás personas el acceso a la Justicia. 2. El Ministerio de Justicia y del
Derecho, o quien haga sus veces, en alianza con el Ministerio Público y las comisarías de familia y el ICBF,
deberán proponer e implementar ajustes y reformas al sistema de Interdicción judicial de manera que se
desarrolle un sistema que favorezca el ejercicio de la capacidad jurídica y la toma de decisiones con apoyo
de las personas con discapacidad, conforme al artículo 12 de la Convención sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad de Naciones Unidas. 3. El Gobierno Nacional desarrollará un proyecto de
fortalecimiento y apoyo a las organizaciones de y para personas con discapacidad en todo el país, para dar a
conocer sus derechos y la forma de hacerlos efectivos. 4. Las Instituciones de educación superior que cuenten
con facultades de derecho y consultorios jurídicos, deberán desarrollar programas de formación y apoyo al
restablecimiento de derechos de las personas con discapacidad”. El control automático de constitucionalidad
de la Ley fue adelantado por la Corte mediante sentencia C-765 de 2012
5. El Gobierno Nacional junto con las organizaciones nacionales e internacionales, realizará campañas de
respeto hacia las personas con discapacidad, otorgando espacios a auto gestores que hablen de sus
experiencias conforme a la Ley 1346 de 2009.
15Al respecto, consultar el texto de Agustina Palacios. El modelo social de discapacidad: orígenes,
caracterización y plasmación en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad. Colección Cermi. Madrid, 2008.
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cada caso concreto, y manteniendo presente, que la Convención Internacional


sobre Derechos de Personas con Discapacidad es vinculante en el orden
interno y propicia la autonomía, la igualdad de derechos, la libertad y la
participación de las personas con discapacidad.

23. En la sentencia C-370 de 2002, la Corporación recurrió a un ejemplo sobre


la situación en que se encontraba una persona con identidad cultural diversa
por hacer parte de una comunidad indígena, frente a una persona con eventual
diversidad social, por ejemplo, por provenir de un país extranjero, con valores
diversos, al momento de explicar la incursión en un tipo punible como
consecuencia de un error de prohibición. Ese procedimiento tenía como
finalidad explicar el alcance de la disposición acusada en el marco de la
dogmática actual del derecho penal.

De igual manera, estima adecuado la Sala explicar el alcance de lo expuesto


hasta el momento, con base en un ejemplo similar. La comprensión de ello es,
en concepto de este Tribunal, una manifestación del proceso de toma de
conciencia sobre los derechos de las personas con discapacidad.

23.1 El actor parte de suponer que una persona inimputable es alguien que
tiene un trastorno mental médicamente diagnosticado. Al hacerlo, confunde la
inimputabilidad con una condición médica que, en los términos recién
explicados, es una manifestación de diversidad funcional. La diversidad
funcional sería entonces esa condición médica determinada, relacionada con el
funcionamiento de las esferas congnitivas, físicas o fisiológicas del ser
humano (en el tema que nos ocupa, principalmente cognitivas o psicológicas).
Pero una diversidad de ese tipo no constituye, en sí misma, una discapacidad
mental, pues esta última hace referencia a la dificultad de la sociedad para
adaptarse a la diversidad funcional.

23.2 Así las cosas, es posible concebir la realización de un hecho punible, por
dos sujetos distintos. El delito es un hurto simple y puede suponerse, también
que al momento de ocurrencia de los hechos, el primero tenía diagnóstico
médico-psiquiátrico de cleptomanía; el segundo, diagnóstico de trastorno
afectivo bipolar (TAB).

23.3 Para el demandante, ambos son inimputables (personas con una


condición médica psiquiátrica diagnosticada). Pero, como la inimputabilidad
debe comprobarse a lo largo del proceso, y hace referencia a la existencia de
una condición psicológica o cognitiva que impide la comprensión de la ilicitud
de un acto, o dirigir el comportamiento de acuerdo con esa comprensión; y,
como además de ello, debe demostrarse que la condición se hallaba presente al
momento de los hechos, es probable que al terminar el proceso penal solo el
primero sea un inimputable, suponiendo demostrado que su conducta maníaca
lo condicionó a hurtar o a no poder guiarse de acuerdo con el conocimiento
sobre la antijuridicidad de esa conducta, mientras que sería improbable esa
conclusión en relación con la segunda persona.
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23.4 Ahora bien, en el desarrollo del procedimiento penal no es claro cuál de


los dos enfrentará dificultades para comprender las principales actuaciones del
mismo, si es que alguno las afronta. No parece que la cleptomanía o la
ansiedad crónica afecten ese conocimiento, de manera que la diversidad
funcional puede ir de la mano de la plena comprensión de ciertas actuaciones
jurídicas, lo que explica que en el evento supuesto no exista razón para evitar
o limitar la participación de estas personas en el proceso penal.

23.5 Pero, finalmente, es viable imaginar que la persona que padece el TAB se
encuentra en mayores dificultades para manifestar su voluntad en caso de que
así se le solicite en el proceso penal. Tal vez el apremio de los funcionarios
haga más intenso su desasosiego y, por lo tanto, desde el punto de vista social,
ella sería la persona que enfrenta la discapacidad y que requiere los ajustes
razonables. Con todo, en la medida en que es poco probable que el hurto haya
sido condicionado por una situación de ansiedad, su aceptación de la
imputación, allanamiento a cargos o los acuerdos que suscriba a la Ficalía
tendrían, en principio, pleno sentido.

24. Este ejemplo ilustra dos aspectos de la exposición previa: primero, la


diversidad funcional en los casos analizados no es sinónimo de
inimputabilidad, ni constituye, en sí misma, una discapacidad. Y segundo, la
discapacidad, incluso psicológica o psiquiátrica, no es un obstáculo para el
ejercicio de la capacidad jurídica. La suscripción de la Convención por parte
de Colombia y su pertenencia al bloque de constitucionalidad hacen
imperativo que cada órgano del poder público desarrolle y aplique sus
mandatos en el ámbito de su competencia. Y, en caso de que ello no ocurra, las
personas con discapacidad pueden acudir a la acción de tutela en defensa de
sus derechos fundamentales.

25. En síntesis, la Corte carece de competencia para pronunciarse sobre la


eventual existencia de una omisión legislativa absoluta del legislador, derivada
de no regular de manera especial e integral el procedimiento penal que debe
seguirse cuando en este se encuentra involucrada una persona con
discapacidad.

Sin embargo, aclara la Sala que el Estado posee obligaciones frente a este
colectivo en todos los ámbitos de la vida social y de las actuaciones
institucionales. En el procedimiento penal, las obligaciones de toma de
conciencia, ajustes razonables, eliminación de barreras de acceso; así como
los principios de propiciar al máximo la autonomía y la participación de las
personas con discapacidad en los asuntos que les conciernen deben guiar las
actuaciones de todos los operadores jurídicos, sin perjuicio de las medidas
legislativas que el Congreso de la República adopte para lograr un eficaz
cumplimiento de los compromisos adquiridos, al suscribir la Convención
mencionada.
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En el marco de cada caso concreto, deberán respetarse los derechos de las


personas con discapacidad, tomando en consideración lo dispuesto en la
Convención, la Constitución Política, la Ley y la jurisprudencia constitucional,
obligación derivada del principio de legalidad, cuyo incumplimiento, puede
dar lugar a la procedencia de la acción de tutela, si comporta la afectación de
los derechos fundamentales de las personas con discapacidad, sujetos de
especial protección constitucional”.

5. Propuse estas consideraciones como manifestación concreta del principio de


toma de conciencia sobre los derechos de las personas con discapacidad (la
toma de conciencia desde el órgano de cierre de la jurisdicción constitucional).

Pero, además de ello, esos fundamentos permitían comprender de mejor


manera las razones que tuvo la Corte para considerar que la demanda no
reunía los requisitos argumentativos mínimos para una decisión de fondo: si el
actor dirigió sus cargos contra contenidos normativos derivados de una
interpretación puramente subjetiva de las normas demandadas, ello ocurrió, en
parte, por la confusión entre inimputabilidad y disfunción cognitiva; y, en
parte, por ignorar el alcance de las obligaciones surgidas para el Estado tras la
suscripción de la Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad, de 2006.

Por ese motivo, las reflexiones expuestas no solo resultaban adecuadas para
esclarecer aspectos relevantes sobre los derechos de las personas con
discapacidad, sino que contribuían a estructurar el sentido de la decisión
inhibitoria que finalmente adoptó la Sala.

6. Finalmente, deseo señalar que las decisiones inhibitorias, aunque no


solucionen un problema de constitucionalidad, sí contienen jurisprudencia; y a
la Corte Constitucional corresponde desarrollarla con esmero, especialmente
en aquellos escenarios en que resulte útil y necesario para el goce efectivo de
los derechos fundamentales de las personas y los grupos que son titulares de
una protección constitucional reforzada.

Por todo lo expuesto, estimo que en ocasiones el minimalismo constitucional,


orientación actualmente defendida por buena parte de la teoría jurídica
constitucional, y basada en la optimización de la labor judicial mediante la
economía argumentativa en las decisiones de los jueces, no es la mejor
respuesta que el Tribunal constitucional puede brindar a las personas y grupos
de especial protección constitucional, menos aún cuando se trata de un grupo
tradicionalmente invisibilizado, como las personas con discapacidad cognitiva
o psicológica.

Fecha ut supra,
49

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA


MAGISTRADO

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