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Pixie

La novela es parte del programa Filosofía para Niños, su autor es Lipman Matthew, y muestra las diversas perplejidades de una niña sobre su propia identidad y sobre el lenguaje.

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Pixie

La novela es parte del programa Filosofía para Niños, su autor es Lipman Matthew, y muestra las diversas perplejidades de una niña sobre su propia identidad y sobre el lenguaje.

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Pa Reom ner me ey era ee Reem as Rea Ne RSMO ol inane Bd een ec ee eee tc SR meee eae or Pe Do Mette ee Cee mM et ees mT So OES ue cmc significado o sentido se les escapa todavia. Al igual que los fil6sofos, no dejan de pre- Pees eee aOR Tao te a ee TE cs oan también por qué y para qué estén. Y es ese SeenON Me em a de encontrar el sentido de las cosas, el que ays oe ee ca peace een CeCe Cee RRC USC ttc aR oc ce CR ee Ue ce ORC ace noo eo Pee omen Come) Ce are eet aocecat Le respuesta correcta que sacamos de algin Senate ne eee ie artes ON eee we ey Perea eae test Cee oe nee cen? afirmar con rotundidad que el razonamien- to infantil sea difererte al de los adultos; Seer mer sr er meee rs een ase UR cto ae eRe enon cto ee Pee eTocs Sea ee Este es el planteamiento global de Pixie Cece ROM acum nace Nifios dirigido por el profesor Matthew Lipman y extendido a diversos paises del ‘mundo, como Canad, Chile, Australia Ia RFA y otros muchos): partir de esa curiosi- Cen ecm Tee Pe eMC Secrest ect Ses us Sc ris Proyecto Didéctico Quirén Programa Filosofia para Nifios Matthew Lipman Pixie “Traducoién Félix Garcia Moriyén a ‘EDICIONES DE La ToRRE Mapa 1989 Proyecto Didactico Quirén. Programa Filosofia para Nifios. Coordinador: Félix Gatcla Morivén. Pixie es una de las novelas que componen el curriculum FILosorta Para Nios, disefiado para proporcinar a los nifios y jévenes un pensamiento critico, reflexivo y solidario, Ocupa el tercer lugar en una serie de siete novelas y esté destinada fundamentalmente a nifios entre las edades de ocho y diez ‘ios (3° y 42 de EGB), Del texto: Mathew Lipman © De esta edicién: Ediciones de la Torre Esproceda, 20. 26008 - Madrid Tel (1) 44277 98 ET Index: 11,223 Brimora edicién: junio, 1989 ISBN: 84-86587.58-1 Depésito legal: M. 19.654.1989, Impreso en Espala/Printed in Spain Fotocomposicién: Monofer Fotocompasiciin, S. AL Juan de Arolas, 3, 28017 - Madrid Inmpresn: GRAFICAS MARCAR, 5. / Ulises, 98 » 2 pants 28043 Maced Capitulo I HORA me toca a mil |He tenido que esperar tanto tiempo hasta que los demas han contado sus cuentos. Empezaré diciéndoos mi nombre. Mi nombre es Pixie. Pixie no es mi verdadero nombre. Mi verdadero nombre es el que me pusieron mi padre y mi madre. Pixie es un nombre que me he puesto yo misnia. éCudntos afios terigo? Los mismos que ta. Puedo cruzar mis piernas y andar de rodillas. Mi padre dice que ando como si estuviera hecha de goma. Ayer por la noche puse mis piernas alrededor de mi cuello y anduve apoyaéndome en las manos. No; td no puedes cruzar tus piernas y ponerlas alrededor de tu cuello al mismo tiempo. Una cosa u otra, pero no las dos. gQué pretendes conseguir, convertirme en una rosquilla? Mi madre dice que me comporto como si estuviera hecha de vinagre. No sé lo que es el vinagre. Posible- mente es algo agradable, como los helados. Mi cuento es bastante largo, por lo que seré mejor 5 10 15 10 15 20 25 que os sentéis. (Este afio tengo mucha més paciencia que el afio pasado. El afio pasado hubiera dicho: «(Sentaos! {No pienso contaros nada hasta que no os sentéis! ;Puedo hacer muchas cosas mientras espero a que lo hagais!».) iTiene gracia! Ya no me gusta hablar de esa ma- nera. Lo tinico que quiero es empezar mi relato. La razén por la que me inventé este cuento es que todos los de mi clase tenfamos que inventar uno. Lo que quiero contaros ahora es el relato de cémo llegué a inventarme mi relato, En primer lugar, tenemos el relato y después viene el relato de cémo sucedid. Lo que quiero decir es que primero tuvo que suceder y que después vino el relato. Por tanto, es un relato de lo que sucedié antes. Es un relato de cémo sucedié. No teniamos idea de que habfa que inventar un cuento hasta que el sefior Mulligan nos hablé de ir al z00. EI sefior Mulligan es nuestro profesor. Tiene las orejas un poco hacia fuera, como las mias. Pero yo puedo mover mis orejas y él no puede. (No quiero decir que é1 no pueda mover mis orejas. Lo que quiero decir es que él no puede mover sus propias orejas.) iE! seficr Mulligan es tan mayor! Fijate, jtiene una hija que va a tener un hijo! Realmente lleva viviendo mucho tiempo: Me pregunto si conocié a Abraham 6 Lincoln. (El afio pasado se lo hubiera preguntado, pero este afio ya sé mds cosas.) En cualquier caso, el sefior Mulligan nos dijo que fbamos a hacer una excursién al 200 y que querfa que después de la excursi6n cada uno de nosotros hiciera un cuento sobre la excursién. O sobre los animales que habiamos visto. O sobre la forma en que los ani- males habian sido capturados y traidos al-zoo. «Vuestro cuento tiene que tratar sobre cualquier cosa que os haya sugerido el zoo», dijo el sefior Mulli- gan. Recuerdo muy bien cuando nos dijo eso. Por eso, cuando inventé mi relato no traté de nada del zoo, sino de algo que el 200 me sugiri6. Cuando el sefior Mulligan nos hablé de sus planes para hacer una excursién al zoo, todos gritamo: «jBravo!» «\Estupendo!» «jFenémeno!» Todos; excep- to Neil. Neil dijo: «gA quién le va a apetecer ir al zoo?» Y luego hizo una mueca tapdndose la nariz con los dedos. Eso me puso furiosa. Realmente furiosa. Le dije: «Neil, jte crees muy listo, gno? ¢Cémo crees que ibas a oler tii si tuvieras que pasarte todo el dia encerrado en una jaula?» Lo tinico que hizo fue sacarme la lengua. Natural- mente, le devolui el gesto, moviendo ademés mis 10 15 25 30 10 15 20 25 30 manos con los dedos pulgares apoyados en las sienes. Entonces me dijo que tenia goma de mascar en el pelo, y eso no era cierto. {Estoy segura que me la habia quitado completamente! iQué gente més tonta! Justo un momento antes de que el sefior Mulligan nos dejara salir para tomarnos el bocadillo, se echo hacia atrés en su silla y estuvo limpiando sus gafas durante un minuto. A continuacién dijo: «Sobre la excursién al zoo, una cosa ms: Hay algo que quiero que hagdis cada uno de vosotros. Quiero que cada uno guarde un secreto, iy no se lo diga a nadie!» —Seiior Mulligan, gni siquiera a nuestro mejor amigo? —le pregunté. —Ni siquiera a vuestro mejor amigo —respondié. —éNi siquiera a usted? —pregunté Nikki. —Ni siquiera a mi —respondié el sefior Mulligan. Entonces Isabel se levanté para hablar. Isabel es la nifia a la que me refer{ antes cuando hablé de mi me- jor amiga. Es mi mejor amiga. —éQué clase de secreto?, sefior Mulligan —dijo. —Quiero que cada uno de vosotros piense en algdn animal, algtin pajaro o algdn reptil que sea su favorito —respondié—. Y esa sera vuestra criatura misteriosa. Cuando vayais por el zoo con el resto de vuestros compafieros, tened los ojos bien abiertos 8 para encontrar a vuestra criatura misteriosa. Y cuan- do la veais, pensad cémo podrfais incluir a vuestra criatura misteriosa en vuestro cuento. Al dia siguiente de la excursién, cuando volvamos a estar en clase, todos tendréis que contar el cuento de la criatura maravillosa. iEstaba tan nerviosa! Pues no tuve que pensar cudl serfa mi criatura misteriosa; supe cual seria inmedia- tamente. Y estaba segura de que a nadie més se le ocurrirfa la misma criatura. {Casi no podia esperar a verlal Cuando empezamos a salir de la clase en direccién al patio, pude escuchar a Tomi cuchicheando con Kate e intentando averiguar cual iba a ser su criatura misteriosa. Al bajar por las escaleras hacia la puerta de en- trada, Isabel y yo fbamos de la mano como vamos siempre. No hablabamos porque las dos estébamos pensando. Estaba pensando en la suerte que tenfa por tener una amiga que no intentaria sonsacarme el secreto. Quizds ella estaba pensando lo mismo, pues de pronto se paré y me abraz6, y yo la abracé a ella, justo en el descansillo de las escaleras. Luego segui- mos bajando hasta llegar al patio. Mas tarde, mientras estaba sentada en mi sitio, empecé a pensar otra vez en mi criatura misteriosa. Isabel dice que parecia que estaba sofiando despierta. = 10 15 20 26 30 10 15 20 25 Fuera lo que fuera, el hecho es que mi barbilla estaba apoyada en mi mano y mi codo encima de la mesa. No sé cuanto tiempo estuve asi, pero debié ser bastante. De pronto me di cuenta de que estaba en clase. Y entonces noté algo muy gracioso. gSabéis qué? Mi brazo se habia ido a dormir. Todavia sigo sin entenderlo. Si yo estaba despier- ta, gcémo es posible que una parte de mi misma estu- viera dormida? Seguro que estaba dormido. No podia utilizarlo. No era nada mds que una cosa que estaba colgando de mi hombro. Ni siquiera podfa sentirlo; tan sdlo un. ligero hormigueo. @Alguna vez se te ha ido a dormir tu brazo? ¢No es muy extrafio? {Es como si ya no te pertenecieral ¢Cémo es posible que una parte de ti mismo no te pertenezca a ti? Pero ves, eso es lo que me tiene despistada y con- fusa. O mi cuerpo y yo somos lo mismo o no lo somos. Si mi cuerpo y yo somos lo mismo, entonces mi cuerpo no puede pertenecerme a mi. Y si mi cuerpo y yo somos diferentes, entonces, aquién soy yo? Después, cuando se lo estaba contando a Isabel, me dijo: —Pixie, tu cuerpo te pertenece a ti y tt perteneces a tu cuerpo. 10 —Claro —dije yo—, pero épertenezco yo a mi cuerpo de la misma manera que mi cuerpo me perte- nece a mf? Miré a Brian y tuve ganas de poder contarle lo de mi brazo. Pero sabfa que era una pérdida de tiempo intentarlo. Brian no me contestarfa. El no hablaria nunca ni a nadie. Brian llevaba muchos afios sin hablar. Le preguntamos al sefior Mulligan si le pasaba algo, pero nos dijo que no, que simplemente no queria hablar. A pesar de todo, lo intenté. De veras lo intenté. Me acerqué y me senté a su lado y le dije: —Brian, mi brazo se quedé dormido hace un rato. Se limité a mirarme durante un momento y luego miré hacia otro lado. En vista de eso, continué: —Senti como si estuviera hecho de goma. Era como si no fuera mi brazo. El siguié mirando hacia otro lado. Entonces dije: —<éTe gustaria a ti, Brian, sentir que tu brazo estu- viera hecho de goma? En ese momento se volvié y me miré. Se limits a mirarme fijamente, con esos ojos suyos que parece que te atraviesan cuando te miran. Me levanté y me fui a mi sitio. Isabel dice que Brian tiene unos ojos de lobo. No sé cémo puede ser eso, u 10 15 20 25 30 5 Es igual que cuando mi madre me dice a todas horas que tengo la boca de mi padre. Es igual que la pregunta que me hacia antes: gcémo es posible que una parte mia pertenezca a otra persona? 12 Capitulo II SABEL —dije—. ¢Cémo es posible que Brian in- vente una historia sobre una criatura misteriosa si él nunca dice nada. —iOh!, puede inventarse una —respondié Isabel—, pero no tiene por qué hablar de ella. Le basta con pensarla hasta que la escribe. —<éEs ésa la clase de cosas que ocupan constan- temente su mente? —pregunté—. ¢Se cuenta a si mismo historias que él ha inventado? —Es posible —contesté Isabel—. Con Brian todo es posible. Me gusta Isabel. Es exactemente igual que yo en todas las cosas de mi misma que me gustan. Y es dife- rente de mf en todas las cosas de mi misma que no me gustan. Su pelo y sus cejas son del negro mas negro, y sus ojos son del mismo color amarillo y castafio que los lirios que crecen en el macizo de plantas que hay junto al campo de balonmano, 13 10 15 20 10 15 20 ‘Aquella noche, en la cena, les conté a mis padres lo de la visita al zoo y les dije que tenfa que inven- tarme una historia sobre una criatura misteriosa. Pero no les dije nada de mi secreto. Tampoco le dije nada a Miranda. Sélo porque sea mi hermana, porque tenga dos afios més que yo y porque compartamos la misma habitacién, no tengo que contarle todo. jEstarfa bueno! Ademés, éalguna vez me ha ensefiado ella ese libro en el que siempre esta escribiendo cosas? ¢¥ me deja estar a su lado escuchando cuando su amiga Sue viene a verla? {No paran de cuchichear y de reirse como tontas! Seguro que delante de mi le dird a Sue: «Espera un momento. Tengo que deshacerme de mi hermana.» .iNo puedo contaros lo mucho que la odio cuando hace esol Quitando eso, normalmente nos llevamos bien, excepto que ella siempre ocupa toda la cama y tengo que empujarla para que se vaya a su lado. A su lado de la cama, quiero decir. Sé que quieres que contintie con mi cuento, pero todas las cosas que me ocurrieron tienen algo que ver, en cierto sentido, con mi cuento. Por eso no me queda mas remedio que contértelas. 4 Ademés, ino esta bien ser tan impaciente! De acuerdo; es posible que algunas veces hable de cosas que no tienen relacién con mi cuento. Como el hecho de que soy capaz de dar tres volteretas segui- das. Eso no tiene nada que ver con mi cuento, pero été eres capaz de dar tres volteretas seguidas? iNo me mires de esa manera! jFijate en lo que me obligaste a hacer! Casi me olvidé de contarte lo que me sucedié aquella noche. Me desperté a media noche porque estaba te- niendo una clase de suefio muy gracioso. En realidad no era algo malo, pero si algo extrafio. La farola de la calle que esta junto a nuestra ven- tana no funcionaba, por lo que nuestra habitacién estaba totalmente a oscuras. De pronto me di cuenta de que algo estaba encima de mi pierna. Supuse que era Miranda, por lo que le di un empujén y ‘die: «Miranda, jquita tu pierna de encima!» Pero la pierna volvié a deslizarse lentamente y se puso en el mismo sitio en el que habfa estado ante- riormente. Volvi a empujarla y empecé a enfadarme cuando dije: «Miranda, ite he dicho que te quites!» Pero la pierna volvié lentamente una vez mas. Me incorporé y agarré la pierna. Parecia como si estuviera hecha de goma; se doblaba en todos los sen- tidos en los que yo empujaba. Acerqué el pie a mi cara para poder mirarlo de cerca. gY a que no sabes lo que pas6? Me parecié muy familiar. De hecho, era casi igual que mi pie. 15 10 15 20 10 15 20 25 De hecho, jera mi pie! Se habia quedado dormido y eso es lo que me hizo pensar que era el pie de Miranda. A la mafiana siguiente, cuando se lo conté a Mi- randa, le pregunté: —éCrees que si mi cabeza se queda dormida, pen- saré que es la tuya? Miranda miré al gato que estaba intentando co- gerse su cola en el suelo de la cocina y me dijo: —Témate el desayuno. Ves, ésa es la gran diferencia entre Miranda y yo. Para ella las cosas nunca son un problema. No es que se crea que se sabe todas las respuestas. Simplemente se trata de que ni siquiera esta interesada en las preguntas. Miranda corrié delante de mf hacia el cuarto de bafio y cerré la puerta por dentro, sélo para que yo me quedara fuera. Golpeé la puerta con mi pufio y le dije: —Miranda, eso no es justo. Tengo tanto derecho a utilizar el cuarto de bafio como td. La podfa escuchar lavandose los dientes, pero paré un momento y me contesté gritando: —Espera tu turno. Por la forma en que lo dijo, podria asegurar que tenia la boca llena de pasta de dientes. Deseé que se la tragara. 16 —iEh! —grité todo lo alto que pude—, jcierra el grifo! gNo te has enterado de que hay escasez de agua? Segui dando golpes en la puerta con mi pufio. Grité: —Miranda, el hecho de que tengas once afios no te da derecho a ir empujando a todo el mundo que te rodea. Pensé paga mi misma: «Cuando yo tenga once afios, ga quién podré ir empujando? A nadie.» En ese momento me dejé entrar. No lo hizo por- que yo le diera pena, sino porque ya habia terminado. Si estaba esperando a que le contara mi secreto sobre la criatura misteriosa, ya podia olvidarse de ello. Por lo menos eso es lo que yo esperaba que estuviera esperando. Eso pasé el martes por la mafiana. El miércoles por la mafiana no fue mucho mejor. En el desayuno soy la tinica que toma cereales. Todos los demas en mi familia tomas huevos escalfa- dos. Y todo el mundo se mete conmigo. —Pixie —dijo mi madre—, utiliza la servilleta. Vas a llenarte todo el vestido de manchas de leche. —Pixie —dijo mi padre—, no llenes tanto tu taza. Siempre te dejas la mitad. Una persona podria vivir con lo que tt desperdicias. —Pixie —dice Miranda—, no te eches primero el 7 10 15 25 10 15 20 azticar sobre los cereales. Primero echa la leche y después el azticar. Mi padre tiene razén: desperdicio la comida. Mi madre tiene razén: me pongo hecha un asco cuando como. Todo el mundo tiene razén: tardo mucho tiem- po en hacer las cosas. Pero Miranda me pone enferma. {Qué importa que ponga primero el azticar o primero la leclie? Hay muchas cosas que estén bien y t@juchas cosas que estén mal, pero hay muchas que no estan ni bien ni mal. Algunas veces me pregunto cémo se pondria Mi- randa si yo me empefiara en decirla qué zapato tenfa que ponerse primero. O que esta bien estornudar una vez, pero no dos. O que esta bien morderse las ufias de ia mano derecha, pero no las de la mano izquierda: Quizé me invente un cuento realmente increfble y le diga que la gente que aprieta el tubo de la pasta de dientes por la parte de arriba en lugar de por abajo llega a tener los parpados llenos de pelo. Parpados llenos de pelo, jqué cosa tan horrible! 18 Capitulo III a STABA mirando a Brian de reojo y vi a Milla Mae que se acercaba y le cogia de la mano. Le llevé a la esquina de la clase en la que estan los libros y se sentaron en un par de tabure- tes. Ella le hablaba con mucha tranquilidad y él la miraba a los ojos; a continuacién, a la boca; y luego, otra vez a los ojos. No podia evitar el preguntarme cémo era posible que alguien pudiera dejar de hablar en algiin mo- mento. Yo hablo constantemente; nunca dejo ide ha- blar. Ni siquiera me puedo imaginar en qué consistiria el estar callada todo el tiempo. Isabel estaba leyendo un libro, pero la interrump\. —Isabel —dije—, gpor qué habla la gente? Isabel fruncié sus labios como si fuera a silbar, y dijo lentamente: —Supongo que si la gente habla es porque quiere que los demas sepan lo que siente y lo que piensa. —Imaginate que no quieren que los demas sepan lo que sienten y lo que piensan —Ie dije. 19 10 15 20 10 15 20 25 30 Isabel se quedé pensando un momento y luego dijo: —Entonces quizés dejarian de hablar. eee Tommy me dijo: —Pixie, la excursién al zoo es ya dentro de una semana y no puedo imaginar ninguna criatura secreta. éEscogiste la tuya? —Desde luego —le contesté—. Pero no pensarés que voy a decirtela, verdad? En realidad no pienso decirselo a nadie. —No te estoy pidiendo que me lo digas —me contesté—. Pero gno podrias sugerirme algo? Sélo se me ocurren gatos, perros, caballos, vacas; pero esos animales no estén en el zoo. No sé por qué lo hice. No pretendia ser mala. Sdlo queria divertirme un poco. Lo que quiero decir es que Tommy se burla de mf algunas veces, y por eso se me ocurrié que era una buena ocasién para burlarme yo de él. —Muy bien. ¢Por qué no coges un unicornio como tu criatura misteriosa? —éUn unicornio? —pregunté. Se le podia ver fa- cilmente en la cara que nunca habia ofdo hablar de un unicornio—. gQué es eso? —Es como un caballo, pero tiene un cuerno bas- tante largo y puntiagudo que le sale del medio de la frente. 20 —iEstupendo! Muchas gracias, Pixie —dijo Tom- my—. Estoy seguro de que necesitaba ayuda. Pensé para mi misma: «Espérate a que intente encontrar un unicornio en el zoo. Me encantarfa ver su cara cuando é1 descubra que no existe ese ani- mal.» Era el miércoles por la noche. Me quedé pensando en la excursién al zoo y en Isabel y Tommy y Brian y Willae Mae, y no podia dormirme. Me imagino que estaba apretando mi lengua contra los dientes cuando de repente me di cuenta de que dos dientes se mo- vian, De hecho se movian tanto que podia meter la punta de mi lengua entre los dientes y la encia: Me levanté de un salto dela cama y salf corriendo por el pasillo. —iMama, mama! —grité—. Todos mis dientes se estén cayendo! Mi madre dijo algo parecido a un gemido y me contest6: —Desde luego, carifio. Son tus dientes de leche. Ya has perdido muchos y con el tiempo llegaran a caerse todos. En ese momento empecé a lloriquear. —Mama —dije—, {qué pasarfa si se me cayeran todos los dientes de leche y no me salieran otros dien- tes? PL 10 15 20 25 30 10 15 25 30 Antes de que mi madre pudiera contestar, mi padre dijo: —Te pondriamos una dentadura postiza. Intenté imaginarme a mi misma mirdndome en un espejo: {Nueve afios y una dentadura postiza! —Papa —dije entonces—, gcémo sabe un diente cuando tiene que caerse? —No lo sé —me contesté—. Le empujan. —éQuién? ¢Mi lengua? —No; los dientes que estan creciendo por dentro. —iPapa! —dije después de haber pensado un poco en lo que me habia dicho—. Si no me salen otros dien- tes, épodria plantarme unos pocos, igual que se planta un Arbol pequefio? —le empujé un poco en el hombro, pues estaba empezando a dormirse—. ¢Podria plan- tarlos? Dime, podria plantarlos? —Dicen que si le arrancas la cola a un lagarto le creceré una nueva. O que tt puedes plantar una cola Pequefia en su cuerpo y le creceré. O que puedes plantar los pies de un lagarto y si al crecer no siguen siendo unos pies, pueden convertirse en una cola. —Papa —dije—, lo que estas diciendo no tiene sen- tido. Qué tienen que ver la cola de un lagarto con los dientes de las personas? —Pixie tiene razén, Ralph —dijo mi madre—. Las dos cosas no se parecen absolutamente en nada. De todas formas, ées cierto que puedes replantar la cola de un lagarto, o se trata sélo de algo que'te has inven- tado? —No puedo recordar dénde lo he leido —contestd ad mi padre—. No estoy seguro. Quizés me lo haya inventado todo. En esos momentos me estaba quedando dormida, y antes de que pudiera darme cuenta me habfa que- dado dormida entre papd y mamé. Y sofié con un lagarto que habia perdido su cola y alguien habia puesto un pequefio pie en el lugar en el que habia estado la cola. Pero el pequefio pie no sabia qué ser al crecer. Podfa ser tanto un pie como una cola, pero no sabfa cudl de los dos. jEstaba tan confundido! Siguis haciéndose mds grande y mds grande, y sabia que tenfa que tomar una decisién muy pronto. Pero era capaz de decidir qué tenia que ser. Eso es todo lo que puedo recordar de mi suefio. Después del colegio me fui a casa de Isabel. Vive en un apartamento en el piso 18. Apreté todos los botones del ascensor, por lo que se paraba en! todos los pisos. Hice esperar a todo el mundo y todos se enfadaron bastante. Pero creo que no lo volveré a hacer. Las dinicas personas que estaban en casa de Isabel eran su madre y su hermana Connie. Connie no va al colegio todavia. Me dijo: —jHola, Pixie! Vamos a ir a casa de mi abuela el Dia de Accién de Gracias. El Dia de Accién de Gracias me parecia algo muy lejano, pero le contesté: 23 10 15 20 25 30 10 20 25 30 —Eso es estupendo. {Quiénes estardn alli, aparte de tu abuela? Connie parecié quedarse algo confusa y miré a Isabel en busca de ayuda. —La familia —dijo Isabel. —La familia —repitié Connie. —éPero quiénes? —pregunté- tias? —Pues claro —contesté Isabel—. Y mis primos. Estaran todos alli. —Y la familia —dijo Connie. —No, Connie —dijo Isabel rigndose—. No digas «y la familiay. La familia no es algo ademas de nosotros, la abuela, los primos y los tios. Connie miré a Isabel con una expresién de verda- dero disgusto. Estoy segura de que no podia entender lo que Isabel estaba diciendo. —Déjame intentarlo a mi —dije—. Connie, cuando todos tus parientes estén juntos 0 cuando queremos hablar de todos ellos, decimos normalmente que son tu «familia». —iOh! —dijo Connie, afiadiendo a continuacién—: éQué pasa cuando no estan juntos? ¢Siguen siendo mi familia? —Desde luego —dijo Isabel. —Por lo tanto, gmi familia se compone de las per- sonas que tienen un parentesco conmigo? —pregunté Connie. —Eso es. Todos tus parientes y solamente tus parientes —le contesté. . éTus tlos y tus 24 TU tienes también una familia? —me pregunté ntras me miraba. —Desde luego —dije—. Todas las personas de mi familia son mis parientes, del mismo modo que todas las personas de tu familia son tus parientes. —éSon tus tias, tus tios, tus primos? —Si —dije. —Pero las personas de tu familia, gson diferentes de las personas de mi familia? —Claro. éSignifica eso —pregunté Connie, empujando mi pecho con su dedo— que todas las familias son igua- les, pero que se componen de personas que son dife- rentes? Miré a Isabel y ella me miré a mi. A continuacién, Isabel suspiré y se volvié a Connie. —Me imagino que lo que quieres decir es'que las personas de diferentes familias son diferentes, pero que la relacién entre ellas es la misma. Connie torcié un poco el gesto, haciendo una ligera mueca con su boca, y en su frente aparecieron unas suaves arrugas. —Mira, Connie —le dije—. Té eres hija de tu madre y yo soy hija de mi madre. Somos personas diferentes, pero las dos somos hijas, —Fijate —afiadio Isabel—. Pixie tiene una relacién madre-hija en su familia, y nosotras tenemos una rela- cién madre-hija en nuestra familia. Connie no sonrid. Miré primero a Isabel y después me miré a mi. Nos miré con mucha atencién, como si 25 10 15 20 25 10 estuviera estudiando nuestros rostros para descubrir lo que querlamos decir. —éNo te das cuenta? —dijo Isabel riéndose—. Nos- otros somos miembros de nuestra familia y Pixie es miembro de su familia, —Si toda la familia estar aqui en la comida del Dia de Accién de Gracias, gestarén también los miembros de la familia? —pregunt6 Connie después de unos momentos en los que las tres habfamos permanecido en silencio. 26 Capitulo IV LA MARANA siguiente, mi madre estaba ha- ciendo una segunda tanda de tostadas y estaba de espaldas a nosotras. Estaba a punto de comerme un trozo de tostada cuando me paré y me puse a observar cémo comia Miranda. Al principio, Miranda intenté no hacerme caso, pero no pudo aguantarse. —iMaméa! —grité—. {Me esté mirando otra ‘vez! iDile que deje de mirarme de ese modo! —Deja de molestar a tu hermana —dijo mi madre sin volverse. Segui mirandola; di por supuesto que no estaba haciendo nada, tan sélo mirando. Miranda me dio una patada. Me dio una patada en la espinilla, justo debajo de la rodilla. En realidad no me hizo dafio, pero de todas formas chillé y lloré durante un buen rato. Mi madre se dio la vuelta y regafié a Miranda. Eso me hizo sentirme mejor, pero segui quejéndome a pesar de todo. —Siempre esta intentando chincharme, mama —dijo Miranda. 27 10 15 10 15 20 30 Estaba sentada en el suelo, sujeténdome la espini- lla, y mi madre se agaché, me miré a la cara y cogié mis manos. —éPor qué, Pixie? Simplemente dime por qué. —éPor qué qué? —dije sin dejar de loriquear. —<@Por qué no puedes llevarte bien con tu her- mana? —éPor qué no la preguntas a ella por qué ella no puede llevarse bien conmigo? —éAcaso te ha hecho algo? No sé cémo, pero cuando mi madre me hizo esa pregunta me parecié recordar algo que habia olvidado durante mucho, mucho tiempo. —Pues claro que me ha hecho algo —grité, y sefialé a mi hermana con el dedo, mientras ella me miraba como si no tuviera ni idea de lo que me hacia estar tan enfadada. —El afio pasado, érecuerdas cuando la sefiora Wood, la de la puerta de al lado, dio esa fiesta a Ellen? Pues bien, ella le dijo a Miranda que me invitara, y Miranda fue tan miserable que ni siquiera me lo dijo. No me enteré hasta ei dia siguiente. Cuando por fin me enteré de la fiesta, me encerré en el armario de tu cuarto, cerré la puerta y permanect allf, sentada en el suelo, entre los zapatos, durante dos horas. Todo el tiempo estuve Hlorando encima de tus zapatos. Miranda parecié muy sorprendida. —¢Es cierto eso, Miranda? —dijo mi madre. —jNo! —contest6 Miranda—. Ellen escribié una invitacién para cada una. Tenja la intencién de traér- 28 noslas y darnoslas personalmente. Pero me encontré a mf por casualidad en la calle un dia antes de la fiesta y me dio mi invitacién. Estuvimos hablando un buen rato, y se olvidé de lo que tenfa que hacer, volvién- dose a casa sin traerle a Pixie su invitacién. No se dio cuenta de su error hasta dos dfas después y le dio vergiienza explicarle a Pixie lo que habia ocurrido, por lo que no dijo nada. —Lo ves, Pixie —fue todo lo que dijo mi madre mientras me miraba. No dije nada. Tampoco queria pensar que sdlo habfa sido un accidente. Era mucho més sencillo pen- sar que Miranda habia tenido la culpa. —Ella es tu hermana —dijo mi madre—. Y tii eres la suya. —No quiero ser su hermana —murmuré—. Pre- fiero tener a Isabel como hermana. —Tenemos que ser hermanas, porque tenemos los mismos padres —dijo Miranda inmediatamente—. No te vendria mal estudiar un poco en qué consisten las relaciones familiares. Me quedé un rato sentada, con la barbilla apoyada en mi mano y haciendo sobresalir mi labio inferior. —éQué importancia tiene? —dije por fin—. Si no puedes ver 0 tocar una cosa, esa cosa no es real. Y todo el mundo sabe que no se pueden ver ni tocar las relaciones familiares. Eso quiere decir que no son reales. —jMamé, mira lo que Pixie esté diciendo! —grité Miranda—. {Dice que la gente no puede ver las rela- 29 10. 15 25 30 10 15 25 30 ciones! Pero cualquiera puede ver que yo soy mas alta que ella, y «ser més alta que» es una relacién. Y cual- quiera puede ver que yo estoy cerca de ti, y gno es «cerca de» una relacién? —La gente es real —dije poniéndome en pie—, y las cosas son reales, pero las relaciones sdlo existen en nuestra mente. —Cémo estés tan segura de eso? —pregunté mi madre. —Porque nadie puede mirarme a mi y decir si soy la prima de alguien o si soy sobrina de alguien, mien- tras que les basta con mirarme a mi para decir que soy bajita y delgada. —No estoy tan segura‘de que no se puedan ver las relaciones familiares —dijo mi madre—. Ya sabes que siempre te estoy diciendo: «Eres hija de tu padre, tie- nes su misma boca». —Si —contesté—. Y papa dice que tengo tus ojos. Pero gqué pasa con Miranda? Papa dice que Miranda tiene sus ojos y tu boca. gCémo es posible eso? —No es necesario que parezcamos todos iguales para ser de la misma familia —respondié mi madre. —jMamé! —dijo Miranda arrugando la nariz— gTiene raz6n Pixie cuando dice que una cosa no puede ser real si no la podemos ver o tocar? —Supongo que dependerd de lo que llamemos «realy —dijo mi madre. —iMaméa! —dije yo—. ¢Por qué no puedes sim- plemente decir quién de las dos tiene raz6n? —éHace falta que una de las dos tenga razén y la 30 otra esté equivocada? —contesté mi madre con un tono de voz especial, como si estuviera preguntén- dose a si misma en voz alta. Todavia estoy intentando saber lo que quiso decir. Ya lo sé. Quieres que siga contando la historia de mi excursién al zoo. La historia que me sugirié mi viaje al zoo. Pero yo la llamo mi «historia misteriosa». No pue- do decirte de qué se trata en este momento. Quizds nunca te la cuente. éCrees que puedes adivinar de qué trata mi «histo- ria misteriosa»? Puedes estar seguro de que nunca lo adivinards. Ademis, incluso aunque lo adivinaras, no te dirfa nunca si era cierto. jFastidiate! Més adelante, si resulta al final que no te cuento mi historia, quizd te explique la razdn de no coniédrtela. pero ahora vamos a volver al relato de cémo llegué a inventarme mi historia misteriosa. iOh! Hay algo que se me olvidé mencionar. Es algo que dijo mi madre cuando Miranda me dio una patada porque no dejaba de mirarla y mi madre la rifté. Miranda, eso no es una excusa —sefialé mi madre. 31 10 15 20 25 30 16 15 20 25 —Mami, es una excusa —dije—, pero sélo una excusa. —Pixie —me contesté mi madre—, me parece que si tienes una excusa para hacer algo es porque tienes una buena razén para hacerlo. —Pero, mama —repliqué—. Si me hago una peque- fia herida en el dedo y le digo al profesor que me he hecho dafio y que necesito que me dejen ir a casa, todo el mundo sabe que estoy utilizando la herida del dedo como una excusa. Una excusa no es una buena raz6n; es precisamente una mala razén. —Pixie —dijo Miranda—, ¢tienes que estar discu- tiendo siempre por todo? —No estoy discutiendo. Sdlo hago preguntas. <éAcaso es eso un crimen? Fue entonces cuando Miranda dijo que siempre estaba intentando chincharla. ;Como si alguien fuera a creerse semejante excusa por haberme dado una patada! Me senté encima de mi padre y le quité las gafas e intenté ponérmelas a continuacién. No podfa ver abso- lutamente nada, por lo que volvi a ponérselas. No dijo una palabra; tan sélo me miraba por encima de las gafas. Y Miranda estaba alli, de pie, con las manos en sus caderas, mirandonos. —Me he enterado de que vas a hacer una excur- si6n al 200 —dijo mi padre. 32 —Papa, te lo he contado cientos de veces. Te has olvidado de todo lo que te conté. —No, no me he olvidado —me contest6—. Tienes que pensar en una criatura misteriosa. Y tienes que inventarte un cuento sobre algo que te sugiera la excursién al zoo. —iPapa! —le dije dandole un gran abrazo—. jEres maravilloso! Ahora me imagino que querrés que te diga cuél es mi criatura misteriosa. —No, si se trata de un secreto. Y ti no podrés contarme tu cuento hasta después de que hayas visi- tado el zoo. —iPobre papa! —dije mientras le daba otro gran abrazo. —éPor qué «pobre papén? —me pregunté. —Porque te crees que tengo que esperar hasta después de la excursién al zoo para inventarme un cuento sobre lo que me sugiere esa excursién. —éSi? gY qué te sugiere la excursién al zoo? —Eso me toca a mi saberlo y a ti descubrirlo. Pero te diré algo, te daré una pista. Me hizo preguntarme sobre la diferencia entre los animales que piensan y lo que no piensan. Y me hizo preguntarme cémo empie- za el pensamiento, o de dénde viene. —ijOh! éEs eso todo? jBien! Estoy seguro de que no tendrds ningtin problema para inventarte un cuen- to sobre eso. Me limité a refirme. No le dije que ya tenia mi cuento completamente inventado. Fue entonces cuando el gato pasé corriendo por la 33 10 15 20 25 10 15 habitacién. Me bajé rdpidamente de las piernas de mi padre y chillé al gato, intentando cogerle por toda la casa. Cuando volvi, mi padre me estaba mirando. —Pixie —me dijo—, ¢por qué chillas tanto? ¢Me ves a mi alguna vez corriendo por la casa y chillando como ti? —No —le éontesté—. Pero ¢lo hiciste cuando tenfas mi edad? —Supongo que lo hice. Pero eso no significa que esté bien. —Ya lo sé. El que tt lo hayas hecho alguna vez no es una excusa para que lo haga yo ahora. Sin em- bargo. : —Sin embargo..., ¢qué? —me pregunts. —Quizds si no estaba mal para ti entonces, tam- poco esté mal para mi ahora. Eso es todo. 34 Capitulo V IRANDA —dije después de que nos ha- biamos acostado y habiamos apagado la luz—, éa dénde se va la luz cuando apagas la lampara? Nosotros decimos a veces que la luz «se ha ido», pero en realidad, ga dénde se ha ido? —Se va a dormir —dijo Miranda—, y eso es lo mejor que puedes hacer ahora. —Miranda, estoy hablando en serio —insisti—. ¢A dénde se va? —Se va al lugar de donde procede la oscuridad. Ahora déjame en paz. —éQuieres decir que viene del Espacio, como E.T. y cosas parecidas? —como no me contestaba, in sisti—. Sabes que no creo en nada de eso. —Primero no crees en las relaciones —me dijo Miranda, dandose la vuelta en la oscuridad—. Ahora no crees en el espacio. {Hay algo en lo que ti creas? —Eso no es justo. Sélo porque me pregunto por algunas cosas, inmediatamente me dices que no creo en ellas. Siempre te lo tomas todo a broma. 35 10 15 20 10 15 20 25 Y después de decir eso me dila vuelta y me puse a dormir, pero no antes de decirme a mi misma: «Espa- cio! Es s6lo una palabra. No es mas que el vacfo. A la gente le gusta hablan del espacio como si fuera algo, pero en realidad no es nada.» Y afiadi: «Miranda puede quedarse con sus relaciones y con su espacio; yo me quedo con mi criatura misteriosa y con mi relato misterioso y todos los dems misterios.» No tenfa ni idea de cuales podrian ser mis otros misterios, pero me imaginé que Miranda nunca se enteraria. A la mafiana siguiente me quedé tumbada en la cama mientras Miranda se vestia. —Mas te valdria darte prisa y vestirte —me dijo—. éQué te pasa? —Nada —contesté—. Sélo estoy pensando. —Puedes pensar y vestirte al mismo tiempo. —Estoy pensando —dije, aparentando que no la habia escuchado— cémo en este momento, en toda la ciudad, todo el mundo se-esta levantando de la cama, poniéndose sus vestidos, desayunando y preparan- dose para ir al colegio. En este momento es muy pro- bable que Isabel se esté cepillando los dientes, Willa Mae se esté tomando una tostada y Brian se esté atando los cordones de los zapatos. Y aqui estoy yo, en la cama, pensando en ellos. —Entonces —dijo Miranda, con una mirada burlo- na—, éyo-estoy cerca de ti y ellos estan lejos de ti? 36 —iAja! —afirmé. —Bien, «cerca de» y «lejos de» son relaciones. No sélo eso: son relaciones espaciales. Y mas todavia, es més tarde de lo que tti te crees, y «més tarde que» es una relacién temporal, y si no te levantas ahora mis- mo se lo digo a mama. —iEl tiempo! —la grité—. Eso es como el espacio, sdlo una palabra. —Mira, Pixie —me dijo Miranda sin levantar mu- cho la voz—, es tarde y la escuela esta lejos. Cuando hablamos del tiempo queremos decir antes y después, més pronto o mas tarde. Cuando hablamos del espa: cio queremos decir lejos y cerca. éTe enteras? Fue como si una luz se hubiera encendido en mi cabeza. —jOh! —dije—. Ahora entiendo lo que me quieres decir. Ahora entiendo de qué estan hechos el espacio y el tiempo. El espacio consiste en relaciones espacia- les y el tiempo en relaciones temporales. ¢Es eso lo que quieres decir? —No lo sé —fue todo lo que contesté Miranda—. éPor qué no se lo preguntas al sefior Mulligan? Si es que eres capaz de llegar alguna vez a su clase hoy por la mafiana. —Sefior Mulligan, gqué es una relacién? —iHumm! —parecié decir el sefior Mulligan mien- tras se quedaba pensando—. Supongo que lo pode- 37 10 15 20 25 10 15 20 25 30 mos considerar una conexién. Pero quizés sea mejor que le preguntemos a los demés qué son las relacio- nes. —Hay relaciones familiares —dijo Isabel. Son las que enlazan a unas personas con otras en una misma familia. Por ejemplo, si dos personas son hermanas, ésa es su relacién. —Los nimeros tienen relaciones —dijo Rusty—. Un némero puede ser més pequefio que otro. O puede ser mayor. O pueden ser del mismo tamajfio. —No pueden existir dos ntimeros del mismo ta- mafio —dijo Chita—. Serfan el mismo ntimero. —Las palabras se unen con otras palabras —dijo denny—. Quiero decir que en las oraciones los sujetos se unen con los verbos, como en «el perro ladra». —Y las cosas tienen relaciones —dijo Tommy—. Hay una relacién entre la rueda y el coche, o entre un dedo y la mano, o entre una puerta y una casa. —iLo sé, lo sé! —exclamé entonces Robert, mien- tras levantaba el brazo y lo movia para llamar la atencién—. Las palabras y las cosas tienen relaciones. La palabra «montafia» tiene una relacidn con todas las montafias que existen. Y la palabra «China» tiene relacién con un pafs, China. El sefior Mulligan esperé callado un rato, pero nadie dijo nada mas. —Lo hicisteis muy bien, chicos. Pixie, {te ha ser- vido para algo? —Fueron unos ejemplos buenos —contesté—, pero sigo queriendo saber lo que son las relaciones. 38 —éQué te dije que eran? —me dijo, mientras se pasaba su mano por la cabeza. —Nadie me dice nada. Todo lo tengo que resolver yo por mf misma —le dije y le miré poniendo la mas triste expresién que pude poner. Era como si Brian no quisiera irse a casa. Eso fue lo primero que pensé, pero luego me di cuenta de que estaba pensando en algo. Se limité a mirarme. La clase se qued6 vacia en seguida y sélo permanectamos Brian, el sefior Mulligan y yo. Entonces se acercé a la pizarra y escribi6 esto: montafia, ————»> LN —iOh, Brian! —dije—. Creo que sé a qué te refie- res. Es como lo que dijo Robert. Existe la palabra «montafia» y existe también la montafia misma. Y la flecha se refiere a la relacién que hay entre la palabra y la cosa, Brian sonrié. No puedo recordar haberle visto sonreir nunca antes. A continuacién se volvié hacia la pizarra, cogié otra vez una tiza y escribid: Las montafias estén cerca. Las casas estan lejos. Lejos y cerca son relaciones espaciales. 39 10 15 20 25 10 15 20 25 30 —Yo también puedo hacerlo —dije al tiempo que me refa y daba una palmada. Entonces escribi: Hoy es antes de la excursién al zoo. La semana que viene sera después de la excursién al zoo. Antes y después son realmente temporales. Brian volvié a sonrefr. Me agradaba el poder ha- cerle sonrefr. Pero entonces debié de tener otra idea, pues se volvié hacia la pizarra y escribié: lejos cerca relaciones antes después —Brian —pregunté el sefior Mulligan—, gestés diciendo que la palabra «relaciény tiene una relacién con lejos, cerca, antes y después de la mismia manera que la palabra «montafia» tiene una relacién con la montafia real? Brian asintié con un movimiento de su cabeza. —Sefior Mulligan, la palabra «montafiay y la idea «montafiay estan en nuestras mentes, gverdad? — pregunté yo—.

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