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Cartas de Maria

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Hola, mi querida/o hija/o

Mi corazón necesitaba escribirte estas simples líneas que, como pájaro de luz,
lleguen de mi corazón al tuyo... te iluminen, disipen dudas y angustias, y te
hagan caminar hacia tu verdadero destino: a los brazos de mi Hijo, Jesús...

Sí, querida/o mía/o, tu verdadero destino, que no es muchas veces el que te


propone el mundo y por el que tantos esfuerzos gastas olvidándote del negocio
mas importante que tienes: la salvación de tu alma... No estés triste hija/o, yo
siempre camino contigo, y mi hijo, siempre esta con nosotras, tu solo confía y todo
saldrá bien.

Nunca olvides lo mucho que te amo,

Tu madre del cielo, María


Mi querida/o hija/o

Los problemas, son todos camino hacia el Padre, el dolor, la angustia, la soledad...
todo va moldeando el alma de acuerdo a las respuestas que vayas dando... tú,
seguro, me dirás: “¡Pero lo que a mi me pasa es tan duro!!!” Lo sé, hija/o, ¿acaso
por un momento has pensado que no lo sé? Querida/o, si lloro con tus lágrimas y
río contigo sin que me notes a tu lado.... cómo no saber lo que siente tu alma, si yo
misma lo he padecido... bien sé lo que es el dolor, la soledad, la traición..., pero
también sé que todo eso, puesto en las manos del Padre, se transforma en camino
de Salvación...

Cuando yo vivía entre ustedes, meditaba todas esas cosas y las guardaba en mi
corazón, las que comprendía y las que no, las que me alegraban y las que me
lastimaban, como perlas de un collar incompleto que, lentamente, con el tiempo,
iban tomando su verdadero lugar...

Hoy solo te recuerdo que no estas solo y que te amo infinitamente.

Mamá María
¿Sabes hija/o?

Me gusta mucho caminar en los atardeceres, luego de un largo día de trabajo..., y


me encantaría que hoy me acompañases... o mañana, o el sábado, aunque sé que
estás un poco cansada... ¿cómo lo sé? Pues verás, estoy contigo cuando abres los
ojos y miras el despertador, que no te regala unos minutos mas, y debes levantarte
rápido a preparar el desayuno, mientras se calienta el agua te miro... te amo...
luego, voy y me siento a desayunar contigo. He estado contigo todos esos días que
vas corriendo al trabajo o a la Universidad o al colegio, ahí estoy siempre hija/o
mía/o, corriendo también contigo. Permanezco contigo en el trabajo o en la
universidad o en colegio, ayudándote, aconsejándote, pidiéndote que sonrías
siempre, que trates bien a todos, ya que nunca sabes cuanto bien haces con una
sonrisa... eres mi embajador/a cuando sonríes, cuando eres amable, cuando
perdonas...

¡¡cuando perdonas haces sonreír a mi Hijo!!!

Yo estoy contigo siempre Hija/o, y NUNCA me alejaré de ti.. solo confía y déjame
ser parte de tu corazón.

María
Amado/a hijo/a:

Quise escribirte esta carta para que no te olvides que estoy a tu lado, a los pies de
tu cruz velando por ti como lo hice por mi Hijo Jesús, al que con tanto amor y a
la vez tanto dolor te regale para que pudieras salvarte.

Verás que con Jesús, estando el a punto de morir me volvió tu madre, quiso
compartirme contigo porque así te ama Él, también lo hizo por mi, que con mi
corazón destrozado aceptaba la voluntad de Dios de ver crucificado a mi único
Hijo, no quiso dejarme ni un segundo sin su amor y entonces me dijo agonizante,
con su rostro casi irreconocible...

"He aquí tu hijo"

y es entonces cuando te vi y te ame; desde ese momento no dejo de pensar en ti, no


he dejado un segundo de amarte y de interceder por ti, pero tu a veces no me oyes,
pues yo soy toda silencio y calma, haz la prueba serena tu corazón y me
encontrarás.

Tu madre, con el más grande y puro amor,

María

Querido/a hijo/a,
Te pido que seas paciente con eso que tanto te aflige, ¿sabes acaso cuantas
aflicciones tuve que pasar al ser la Madre del Redentor?, pero siempre creí que
Dios sabía lo que hacía, aun con aquello que no lograba entender dije: "Hágase en
mi", yo te invito a que tu también lo intentes amado mío, aumenta tu fe en el
amor de mi Hijo, ¿Acaso no recuerdas que después de su cruz resucitó?, ¿Acaso no
recuerdas que Dios cumplió sus promesas?... que en esos momentos donde te
invada la duda y el temor recuerdes esto que te digo y puedas decir también como
yo "Hágase en mi".

Tatúate las palabras de “Jesús, yo confío en ti” en tu alma y en tu corazón y


veras la grandeza de mi hijo.

Te amo,

María
Hijo/a mío/a:

Se que muchas veces no sientes a Jesús a tu lado, crees que desapareció, te cuento
que se perfectamente como te sientes, por tres días perdí a mi bello Jesús y fue
desesperante, ¿pero sabes algo? ¡Jamás deje de buscarlo! corrí día y noche con mi
esposo José buscando a aquel que debíamos cuidar para el plan de salvación de
Dios ¡y al final lo encontré!, por eso hijito mío, no te canses de buscar a Jesús aún
cuando sientas que se ha ido, el jamás se apartaría de tu lado, simplemente se esta
encargando de los planes que el Padre tiene para ti y tu debes confiar y creer en
ello.

Con el amor mas grande de todos,

María

Amado Mío/a,

¡No temas pequeño/a mío/a! ¿acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre?
Acude a mi, pues Jesús no se niega a mis pedidos, acude a mi y te enseñare a
amarlo, hijito/a yo también fui humana como tu, aunque me pinten tan
resplandeciente a veces, solo fui una niña confiada en el amor del Padre, yo sólo
puse mi fe inquebrantable y mi abandonado amor, Dios luego lo hizo todo, verás
que tuve problemas iguales a los tuyos: también perdí a seres queridos, a mi
compañero de vida, mi esposo José, también tuve que ser madre soltera por un
tiempo, también viví humildemente pero la providencia de Dios jamás se hizo
faltar, también tuve miedo, pues el ángel tuvo que decirme ¡No temas María!,
también sufrí la muerte de mi hijo y fue tan desgarrador momento... pero confié
en que los planes de Dios eran mejores que los míos, no aparte mis ojos en cosas
vanas de la tierra, no quise hacer más de mi vida sino un servicio pleno y entrega
constante a Dios, verás que logré mi santidad practicando las virtudes que tu
también puedes alcanzar... mi pequeñez agradó al Señor, tómame de la mano y
jamás te perderás, ten por seguro que me encargaré de llevarte a Jesús...

Tu hijo mío, solo tienes que confiar, confiar en que no te soltaré y confiar en la
grandeza de plan que ya esta preparado para ti. Repite una y otra vez “Jesús, yo
confío en ti”.

Te amo y te amaré por siempre,

María

Una pequeña carta para TI, hijo/a mío/a,

Estoy al lado de la Cruz, y desde allí recurro a tu soledad. Tu, que tantas veces me miraste sin verme y
me oíste sin escucharme. A Ti, que tantas veces, te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para
que no te pierdas. A Ti, que no siempre crees que estoy a tu lado, porque que me buscas sin hallarme y
pierdes la fe de encontrarme. A Ti, que piensas que soy sólo un recuerdo y no llegas a comprender que
estoy viva. En el principio de tu vida estaba yo, y lo estaré al final de tu vida, porque mi tema preferido
es el AMOR. Esa fue mi razón para vivir y para morir. Fui elegida la Madre del Amor. Fui libre hasta
el final, como quiero que lo seas tu. Tuve un ideal claro y lo defendí con mi instinto maternal, luchando
contra el dolor y la impotencia. Soy maestra y servidora, fiel al mandato que el Señor me dio. Soy
sensible a la amistad y espero que tu alma, me regale ese lazo profundo de intimidad. Estoy segura que
en tu corazón, tienes un tesoro escondido hijo/A mío/a: no tengas miedo de mostrarlo. Te encontrarás a
ti mismo/a y te sorprenderás cuando descubras cuánto tienes aún para dar. ¡Cómo espero verte crecer
humanamente: leer a través de la transparencia de tu mirada las necesidades de los otros; descubrir la
alegría en todo lo que encares. En definitiva, no verte arrepentido/a de haberte abandonado al Amor,
con las lágrimas y el dolor que eso implica, con la soledad y la renuncia que conlleva, con la
incomprensión y la desatención de los más cercanos!.
Recuerda que yo permanezco casi sola frente a la Cruz que tiene a mi Hijo, y que desde ahí, no sé ni
cómo ni por qué, aún con mi propia debilidad, recobro fuerzas, y voy en busca de los que el me
encomendó. Por eso, cada vez que sientes que aflojas en tu perseverancia, búscame. Cada vez que te
sientas cansado/a, háblame, cuéntamelo. Cada vez que te creas poca cosa, no te olvides que el Señor me
eligió por mi pequeñez y honró mi sencillez.
No te canses de pedirme, que yo no me cansaré de darte.
No te canses de seguirme, que yo no me cansaré de acompañarte.
Nunca te dejaré solo/a.
Y recuerda que como alguna vez le dije a Juan, a ti también te digo: Aquí me tienes a tu lado.

Tu madre María, que te ama infinitamente

Hijo/a ¿Cómo estás?

Tenía que enviarte esta nota para decirte lo mucho que me importas, ayer te vi cuando
caminabas y charlabas con tus amigos. Yo esperé todo el día, deseando que tú quisieras
también hablar conmigo. Conforme avanzaba el día, mi hijo te dio una caída de sol para
cerrar tu día. Te dio la brisa suave y fresca para que descansases y esperé para hablar contigo,
porque soy tu madre y te amo mucho. Te vi quedarte dormido y tenía ganas de tocarte la
frente, seguí esperando para hablar contigo.

¡Tengo tantos regalos para ti!

Te levantaste esta mañana muy deprisa y no tuviste tiempo de hablar conmigo. Mis lágrimas
estaban en la lluvia y el rocío de esta mañana.
Hoy te sientes triste y solo, me duele el corazón de verte así, pero te comprendo, porque también
a mi me han desilusionado, pero te sigo amando. Yo trato de decírtelo a través del cielo azul, de
los campos verdes, de las flores. Te grito en los riachuelos y les doy a los pájaros canciones de
amor para cantarte.

Te visto con cálidos rayitos de sol y perfumo el aire con las esencias de la naturaleza. Mi amor
por ti es más hondo que los mares y más grande que cualquier necesidad que tengas en el
corazón. Si tan solo supieses cuánto anhelo hablar y caminar contigo.

Yo sé lo dura que es la vida en la tierra. Por eso quiero ayudarte. Quiero que conozcas a mi
Jesús y a su Padre, ellos también quieren ayudarte. Yo mientras tanto, te seguiré cuidando y
protegiendo con mi manto.

¡Llámame!, ¡pregúntame!, ¡habla conmigo!


No me olvides, por favor, tengo tanto que compartir contigo....

Yo sí te he escogido a ti, y por esta razón, sabré esperarte, porque te amo.

María

Querido Hijo/a

Te escribo como madre y lo primero que quiero decirte es que Dios te ama y se preocupa continuamente por ti y
que me ha encargado que te cuide como madre.
El mundo te dice lo que hay que mirar las cosas desde arriba, porque solo el que tiene dinero, fama y poder está
cerca de la felicidad. Sin embargo, recuerda que mi–hijo, nació acá abajo, entre la gente sencilla, humilde y pobre,
y desde abajo comenzó a construir el Reino de Dios con la única fuerza de su amor.
Te voy a contar un secreto: Dios no está allá arriba, en el cielo, sino acá abajo, en el cielo. ,Y aquí abajo, en el
cielo, te necesitamos con un corazón grande y sensible, con unos ojos bien abiertos, capaces de ver la vida como la
vemos aquí.
Entonces entenderás que Dios te es imprescindible, que lo necesitas más que el aire que respiras. Desearás
escucharle, hablarle, sentirte cerca de Él en la oración, porque es el motor que te impulsa y la fuerza que te anima.
Entonces comprenderás que la humildad y la sencillez son la llave que abre las puertas de todos los corazones. `te
darás cuenta de que, cuanto más te olvides de ti mismo y vivas para los demás, más feliz serás, porque estarás más
lleno de Dios.
Te olvidarás de las cosas que la sociedad de consumo te ofrece y, cuando tengas que usarlas, lo harás sin rendirles
el corazón, porque tu corazón le pertenece a Otro y tu tesoro está lleno de otra clase de riquezas.
Sentirás que tu vida se llena de sentido y caminarás por ella en busca de tu meta, que está aquí en el mundo y
sobre todo aquí en el cielo.
Trabajarás por hacer un mundo mejor hasta consumir tus fuerzas y al final, cuando veas que la labor te
sobrepasa, entenderás que estás trabajando en la obra de Dios. y que tú solo eres un obrero en ella, incapaz de
entenderla del todo y de terminarla, pero seguro de que se acabará y la disfrutarás con todos los otros.
Como ves, el camino no es fácil, ni mucho menos, pero tampoco es imposible. Te lo digo yo, que lo seguí la primera,
justo tras mi hijo. Me dirás que lo tuve fácil, por ser la madre del hijo de Dios, pero no es cierto. Dios no me lo
puso nada fácil. Yo también tuve que buscar constantemente su voluntad. Desde que le dije el sí anduve en
búsqueda y en inquietud constante. A mí también me costó aprender a ver las cosas desde Dios. Me costó reconocer
al hijo de Dios en el pesebre y sobre todo en la cruz hasta que comprendí que el arma de Dios es el amor y que no
hay mayor amor que dar la vida por los demás.

Querido hijo/a, ya sabes lo que has de hacer si quieres ser un hijo/a digno de tu madre, que te quiere siempre.

María, tu madre del cielo

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