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Filosofía Platónica: Ideas y Ontología

Platónn

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LA FILOSOFÍA PLATÓNICA.

1. INTRODUCCIÓN

Platón (427 A.C), nace en la más noble familia ateniense, porque su padre
desciende del rey Codro y su madre de Solón. Esta vinculación por sangre está
potenciada al máximo por una serie de circunstancias políticas verdaderamente
decisivas.
Efectivamente su nacimiento coincide con la muerte de Pericles y con la crisis del
partido popular, que ya no volverá a encontrar un líder que se le parezca, siquiera
lejanamente. Desde ahora la guerra contra Esparta está conducida por demagogos.
Resulta de todo esto que, por primera vez en mucho tiempo, el programa del
partido popular se hace problemático, y en cambio la nobleza presenta soluciones
sugestivas para la vida de los atenienses y de todos los griegos.

Platón permaneció siempre en Atenas dedicado a la investigación filosófica y


científica y a la educación de los jóvenes, especialmente desde la fundación de la
Academia. Sólo abandonó su ciudad en los períodos de los viajes, que emprendió
con una finalidad casi siempre política. Únicamente el primero de ellos tuvo
motivaciones distintas. En efecto, el 399, después de la muerte de Sócrates, quizá
para evitar posibles persecuciones, se dirigió junto con otros socráticos a Megara,
donde fue huésped de Euclides. De allí viajó a Creta, Egipto y Cirene, retornando a
Atenas hacia el 396.

Cuando los oligarcas llegan al poder, estableciendo el gobierno de los Treinta, los
amigos y parientes de Platón solicitan su colaboración. No se sabe hasta dónde
llega este comienzo de colaboración, si queda sólo en palabras o se traduce también
en actos. Sin embargo los Treinta en muy poco tiempo cometen los errores e
injusticias del anterior régimen democrático, y Platón, lleno de indignación se
convierte en un aristócrata desilusionado que renuncia a participar en la política
del nuevo régimen.

Poco tiempo después se reorganizan los demócratas y suprimen el régimen


oligárquico y Platón se siente empujado a ocuparse de nuevo de los asuntos
públicos.

Esta actitud se ve bruscamente truncada por el proceso, la condena y la muerte de


Sócrates.
Desde ahora Platón, apartado de la actividad política concreta, desarrolla una
intensa labor intelectual desarrollada a través de sus <<Diálogos>>: Apología a
Sócrates, Critón, Protágoras, Ion, Fedro, Parménides, Sofista, Teeteto, Crátilo, El
Banquete, El Timeo, La República, Leyes…

Los diálogos platónicos están estructurados al más puro estilo de filosofía


académido-sistemática ya que en ellos Platón intenta evidenciar que no todas las
opiniones valen lo mismo, que no es lo mismo la doxa que la epísteme y que toda
argumentación exige pensar contra alguien o contra algo. En sus obras
encontramos varios mitos que nos puede conducir erróneamente a pensar que
Platón sigue “preso” del mito pero debemos darnos cuenta que nuestro presente
también está lleno de mitos; la Paz, el progreso… y por ello es importante
subrayar el papel del mito platónico, el cual no es sino un tipo de mito
“iluminador”, motor del logos.

2. ONTOLOGÍA PLATÓNICA O METAFÍSICA.

Los diálogos de Platón nos informan de que la comunidad matemática griega a la


que pertenecía Platón se vio gravemente agitada por el descubrimiento de los
inconmensurables: Los pitagóricos proponían el arché o principio ontológico de
todo lo real en los números naturales. Las cosas del mundo podían hacerse
corresponder con los números naturales, y las relaciones entre estos explicarían a
su vez las relaciones entre las cosas. Platón descubre que el cuadrado representa
un terrible ente geométrico pues en él encontramos un segmento, la diagonal, que
no es conmensurable con otro segmento, el lado. Dicho descubrimiento trituró la
creencia pitagórica en los números enteros. Por otra parte dicho descubrimiento
conllevo el descubrimiento de un nuevo campo de reflexión: la ontología, el cual
pasará a ser el taller donde los filósofos desarrollar su saber.

Dicho descubrimiento conlleva en el pensamiento platónico a la primera división


ontológica de la Historia de la filosofía de corte helénico: Mundo sensible y Mundo
de las ideas o de las formas.

El mundo sensible se basaba en la tesis de Heráclito del continuo fluir mientras


que el mundo de las formas (ontología) estaba conformado por el pensamiento
parminediano: formas puras, eternas, inmutables…

Por tanto, existen dos planos de la realidad, uno sensible, material, y otro
inmaterial e invisible, que sólo puede ser captado por la inteligencia. El plano
suprasensible está compuesto por las Ideas. Sin embargo, al hablar de Ideas no se
refiere Platón al concepto, al universal. Idea significa para Platón esencia, causa,
principio de las realidades físicas; una esencia que es inteligible y como tal puede
ser captada por el pensamiento, pero no producida por él.

Para Platón las Ideas tiene realidad por sí mismas y en sí mismas, y son la causa de
la determinación y de la inteligibilidad de la realidad sensible; si el mundo físico no
es pura indeterminación, como pensaba Heráclito, si la medida de la realidad no es
el hombre, como pretendía Protágoras, es porque existe una realidad en sí y por sí
que causa y determina la consistencia de la realidad sensible.

3. Teoría de las ideas/formas o epistemología platónica.

La teoría platónica de las ideas representa el punto capital de su pensamiento a la


vez que marca el rumbo de la posterior tradición filosófica. Dicha teoría está
realizada a través de la construcción de sus Diálogos. Para nuestro filósofo, la
estructura de la realidad suprasensible deberá ser necesariamente racional, pues
de ella depende la estructura inteligible del mundo sensible y nuestra misma
capacidad cognoscitiva. Las ideas de Platón son múltiples pero existe una Idea
de todo lo que es y entre ellas debe haber una jerarquía, un orden, una primera de
las que las demás procedan.

En la República señala un orden jerárquico entre las Ideas. En la cumbre de todas


ellas sitúa el Bien (sol), principio incondicionado de todo, fuente de verdad y de ser
de las demás Ideas:

-Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al que conoce el
ocer es la Idea del Bien. Y por ser causa de la ciencia y de la verdad, concíbela como
cognoscible; y aun siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si estimamos
correctamente el asunto, tendremos a la Idea del Bien por algo distinto y más bello
que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz y a la vista por afines al
sol pero que sería erróneo creer que son el sol, análogamente ahora es correcto
pensar que ambas cosas, la verdad y la ciencia, son afines al Bien, pero sería
equivocado creer que una u otra fueran el Bien, ya que la condición del Bien es
mucho más digna de estima. […] Pienso que puedes decir que el sol no sólo aporta a
lo que se ve la propiedad de ser visto, sino también la génesis, el crecimiento y la
nutrición.

Volviendo con la teoría de las ideas, podemos decir que se puede dividir en cuatro
apartados o fases:

1) fase acrítica: Pertenece a ella todos los diálogos anteriores a La República.

2) Fase crítica: Representada por su obra El Parménides.

3) Fase de re-organización dialéctica: Pertenecen a ella sus obras Sofista y Teeteto.

4) Fase de expansión cósmica: Representada por su obra Timeo.

FASE ACRÍTICA

En esta fase platón nos va introduciendo en su teoría sin reparar directamente en


ella o en sus “objetos” principales: las ideas. Así mismo nos ofrece una trituración
del relativismo epistemológico de los sofistas mediante la diferenciación entre doxa
y epísteme y su propuesta de acceso al conocimiento; anamnesis.

 Trituración del relativismo epistemológico de los sofistas: Los sofistas


habían establecido que no existía un conocimiento universalmente válido y
compartido por todos. Protágoras había afirmado que el hombre solo
conoce las cosas tal y como se le presentan a él, a su subjetividad. Frente a
los Sofístas, Sócrates había afirmado que existía una verdad universalmente
válida. Platón también coincide con su maestro Sócrates en que existe un
saber universalizable.

Aquí es el momento donde entra en vigor la tesis de que “no todas las
opiniones valen lo mismo”.

A finales del siglo XVII, los Helenos sentaron las bases de una civilización
científica brillante prolongada hasta la actualidad. Iniciaron el estudio
teórico y sistemático de la matemática, física y biología y por tanto los
nuevos modelos impersonales (agua, aire, apeiron, fuego…) y por tanto
universalizables superando así las tesis relativistas, fueron poniendo en
entredicho las explicaciones mítico-poéticas de la etapa anterior. Este grupo
de Helenos conocidos como pre-socráticos realizaron tal ardua labor
basándose en la primea ciencia abstracta de nuestra civilización: En efecto,
La mayoría de estos pre-socráticos eran grandes geómetras como se
demuestra al recordar que el primer teorema de la geometría euclidiana se
lo debemos a Tales de Mileto.

Gracias a la geometría pues, pudo darse en Grecia un despertar del


racionalismo científico-categorial impulsado por el descubrimiento de la
geometría que a su vez conllevó la diferenciación de dos planos en el
discurso: la doxa y la epísteme: La doxa supone el campo de la razón no
fundamentada (opinión, subjetividad, el psicologismo…), mientras que la
epísteme supone la argumentación, fundamentación del discurso (como se
observa en la descripción de los teoremas de la geometría).

Platón en su obra La República, en el libro VII, nos ofrece el llamado mito


de la caverna.

En una caverna subterránea hay unos hombres apresados a un tabique que


tienen ante sí un muro donde se proyectan unas sombras. Los presos no pueden
girarse y por eso no saben que las sombras son proyectadas por la luz de una
hoguera que incide sobre unos objetos que unos porteadores desplazan sobre el
tabique. Esas sombras son por tanto la única realidad que los presos de la caverna
conocen, y pasarían su vida pensando que las sombras son la única realidad a
menos que sucediese lo siguiente:

«[…] que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el
cuello y marchar mirando a la luz y, al hacer todo esto, sufriera y a causa del
encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto
antes. […]

Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo


antes de llegar a la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y,
tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo
de los objetos que ahora decimos son los verdaderos?

—Por cierto, al menos inmediatamente.

—Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En


primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los
hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos
mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo
mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el
sol y la luz del sol. […]

Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no


tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?

—Sin duda.

—Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con


aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente
hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo
nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido
hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar
marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo
matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?

—Seguramente.»

Para poder entender la división de los grado del ser y del conocer, debemos
añadir a esta imagen anterior que nos ofrece el mito las instrucciones de Platón
cuando nos narra el pasaje de la línea dividida: toma una línea y dividela en dos
segmentos desiguales, que representan la sensación y la inteligencia. Después corta
otra vez cada uno de estos segmentos siguiendo la misma proporción inicial. Cada
uno de los subsegmentos es la imagen del siguiente. El primer subsegmento
simboliza las sombras, los reflejos en los espejos y cualquier otra figuración de las
cosas visibles. Estas cosas que se ven y en general se sienten están sometidas al
nacimiento y a la anulación y no alcanzan el nivel de seres auténticos, aunque sí
son imágenes que proceden segundo subsegmento, el que corona el mundo sensible.

En cuanto a las ciencias, cuyo paradigma es la geometría, tercer segmento, son


el comienzo del universo intelectual, pero parten de supuestos no conocidos
directamente ni previamente demostrados. Para alcanzar un conocimiento
absoluto, cuarto segmento, hay que deducir todos esos conocimientos de principios
a priori, las ideas.

Dicha alegoría de la línea dividida podemos ponerla en relación a la imagen de el


mito de la caverna. El plano de las sombras que correspondería a las sombras
proyectadas en la pared de la cueva y el plano de los objetos sensibles productores
de sombras, representados con el muro, fuego… representa el plano de la doxa
(psicologismo, subjetivismo…) mientras que el razonamiento discursivo propio de
la geometría inicia ya el camino que conlleva a la dialéctica que es el estudio de las
ideas en su fase comunicativa, grado sumo del conocimiento.

En cuanto a su teoría de cómo accedemos al conocimiento, presenta gran


influencia del orfismo tamizado por el pitagorismo: Platón consideraba que el
alma es inmortal y habita en el Mundo de las ideas donde las contempla a todas.
Allí es transportada por un aúriga y dos caballos. Cuando uno de los caballos
comete una falta, el alma cae al Mundo sensible introduciéndose en un cuerpo. En
él, al observar los entes cambiantes del mundo sensible, accede al conocimiento
mediante el recuerdo de las ideas que se le habían olvidado en su caída a este
mundo. Por tanto Platón afirma la existencia de ideas innatas, conoce es recordar.
Anámnesis.

FASE CRÍTICA.

En dicha fase Platón nos expone su ya elaborada teoría de las ideas y la somete a
juicio entre sus discípulos de la Academia.

El tramo nuclear de esta fase es la exposición que hace Sócrates entonces a la


relación entre ideas, a la relación entre las ideas y las cosas y por ultimo sobre las
clases de Ideas.
Parménides entra en discusión con Sócrates y le plantea las siguientes preguntas:

1) ¿Cuál es el número máximo de ideas admisibles?

2) ¿Cómo se relacionan las ideas con el mundo sensible?

3) ¿Cómo se relacionan las ideas entre sí?

La primera pregunta no encontró solución en toda la obra platónica pero en el


Parménides, Platón nos plantea que en una conversación entre el joven Sócrates y
Parménides, Sócrates le preguntó a Parménides si también cosas tan simples como
el pelo, la basura…poseían sus ideas correspondientes. Parménides le contesto que
sí, que a cada clase de cosas le corresponde una idea.

FASE DE REORGANIZACIÓN DIALÉCTICA.

En dicha fase responde a la pregunta de cómo se relacionan las ideas entre sí. Para
ello recurre a examinar tres posibilidades:

1) Comunicación total entre ideas: Platón rechaza este tipo de comunicación ya


que si todo está conectado con todo no podemos conocer nada y por tanto es
imposible el conocimiento.
2) incomunicación total entre ideas: esta tesis es la del pluralismo radical y Platón
la rechaza también debido a que si nada está conectado con nada entonces no
podemos conocer nada.

3) Comunicación parcial o principio de desconexión / symploke: no todo está


conectado con todo pero tampoco nada está conectado con nada sino que algunas
ideas tienden a relación y otras no. Determinados campos mantienen contacto y
otros se enfrentan.

Platón se acoge a esta tercera posibilidad y propone a este estudio de la relación


entre las ideas como Dialéctica, la cual es la ocupación del filósofo.

FASE DE EXPANSIÓN CÓSMICA.

En esta fase de la teoría Platón nos describe su explicación de cómo lo sensible se


relaciona con lo inteligible. Para ello nos describe a lo sensible como el producto de
la acción ordenadora de un Demiurgo que plasma en la materia mediante
relaciones geométricas las ideas inteligibles.

La materia es indeterminación e ininteligibilidad pero también madre y


receptáculo de lo visible. La materia tiene, por tanto, una cierta realidad; siendo
indeterminada, sin medida ni orden, no se identifica, sin embargo, con el no-ser.
Si la materia nunca aparece en su forma originaria, sino ordenada y como
elemento del que todo procede, ello es debido a la intervención del Demiurgo, un
Dios artífice que piensa y quiere, un Dios personal que tomando como modelo al
mundo de las Ideas, plasma en la materia las formas, ordenando lo que en origen
era desordenado y caótico.

4. ANTROPOLOGÍA PLATÓNICA.

El dualismo platónico se hace presente también en su concepción del hombre. Para


Platón, como para Sócrates, el hombre es sobre todo su alma. Y el alma pertenece
al plano de lo suprasensible, mientras que el cuerpo es de naturaleza sensible.
Como ya ha quedado señalado, Platón considera que sólo el conocimiento de lo
permanente y estable, las Ideas, genera ciencia; la realidad sensible puede causar
sólo opinión. Ahora bien, ¿cómo puede el hombre entrar en contacto con lo
invisible y eterno, con las Ideas? Sólo en virtud de su alma, que antes de su unión
con el cuerpo tuvo conocimiento de ellas. Por lo tanto, el conocimiento sería sólo un
recuerdo, anámnêsis, sacar a la luz aquello que desde siempre estaba presente en el
interior del alma.

Para Platón la ciencia, el verdadero conocimiento, es la filosofía, que él identifica


con la dialéctica, esto es, el conocimiento de la realidad trascendente, de su
estructura y de las relaciones que existen entre las diversas Ideas.

En el cuarto libro de la República Platón presenta una visión compuesta del alma
humana; además de una parte racional, el alma humana poseería también una
parte irracional y concupiscible (alogiston – eputhimêtikon) y otra irascible (to
thumoidés), tendente por naturaleza a colaborar con la razón (cfr. República IV
439 d-441 a). La imagen de la que Platón se sirve en el Fedro es la del auriga, la
razón, que guía una biga arrastrada por dos caballos, uno rebelde, que se resiste a
obedecer al auriga persiguiendo las pasiones concupiscibles, y el otro dócil a las
órdenes de la razón.

La tarea de la parte racional del alma es precisamente la de guiar al hombre en su


conducta.

5. ESTÉTICA

La belleza es para Platón un valor trascendente que es captado sólo por el filósofo,
no por el artista, o que el artista puede aferrar en la medida en que es raptado por
el poder de los dioses, entusiasta, es decir, en la medida en que también él es
filósofo y conoce el fundamento de lo que dice. Platón rechaza la habilidad artística
porque presenta una belleza que no es verdadera. Platón medía la belleza por su
relación con la verdad, y la belleza producida por la habilidad de los poetas no era
una belleza verdadera.

La dimensión del arte como habilidad es considerada por Platón mímêsis,


imitación, pero tal imitación contiene una visión de la realidad demasiado pobre y
limitada, notablemente distante de su profunda riqueza. Si lo verdadero, lo real, es
la Idea, el arte, en cuanto imitación de la realidad sensible, no puede ofrecer otra
cosa que la reproducción de algo que de suyo es ya un derivado, una copia; el arte
deviene entonces copia de copia. Así concebido, el arte mimético más que
manifestar la verdad, llega por el contrario a encubrirla, a esconderla. No sirve
para mejorar y educar a los hombres, sino que entraña más bien, con su fuerza
fascinante, el riesgo de alejarlos de la verdad, de encadenarlos a la oscuridad de la
caverna.

En consecuencia, es necesario expulsar a los artistas de la ciudad. La educación de


los jóvenes no puede ser confiada a estos poetas; un estado no se puede fundar
sobre las bases de la habilidad poética, sobre un saber tan poco serio. La
verdadera autoridad para Platón es la de los filósofos, no la de los poetas. Para
Platón son los filósofos verdaderos artistas, porque son capaces de captar «la
realidad que verdaderamente es sin color, sin forma, impalpable, que sólo puede
ser contemplada por la inteligencia».

6. ÉTICA

Para Platón, el hombre presenta una ruptura ontológica evidenciada en la división


cuerpo-alma. El cuerpo sería la cárcel del alma, su tumba y mientras el hombre
permanezca ligado al cuerpo, se encontrará como muerto, pues la esencia del
hombre es su alma. La raíz de todo mal –pasiones, luchas, ignorancia…– es el
cuerpo. La ética platónica, al menos en sus primeros diálogos, está condicionada
por estos presupuestos y buscará como liberar al alma del cuerpo, buscar la
purificación de lo sensible, vivir con la mirada puesta en la muerte que permite
iniciar la verdadera vida.

Platón, como hemos señalado, parte de la ética de Sócrates y como él se opone al


positivismo de Isócrates; el hombre persigue la felicidad y la felicidad requiere la
virtud que se identifica con el conocimiento (intelectualismo moral). Ahora bien,
Platón no acepta la tesis de la unidad de la virtud socrática (la virtud solo la
representa el conocimento).

En República IV distingue las cuatro virtudes después llamadas cardinales:


fortaleza, templanza, sabiduría y justicia (427 e-428 a). Sólo la sabiduría es una
virtud de la parte racional del alma. La virtud más completa es para Platón la
justicia, porque logra la armonía del alma en cada una de sus partes.

Ser justo, y más en general ser virtuoso, requiere por tanto no sólo la educación de
la parte racional, sino también de las partes concupiscible e irascible.

6. POLÍTICA

La ética platónica conduce a la política ya que Platón desarrolla su teoría política


en sus obra “La República” donde expone su creación de la “ciudad ideal” divida
en tres grupos sociales que se relacionan con los tres tipos de alma.

Platón inaugura el proyecto clásico en la civilización grecolatina de identificar


el saber con el poder, al situar al filósofo-rey, aquel que ha estudiado las Ideas
con mayor dedicación, en la cúspide de la sociedad política.

En República diseña lo que debería ser el verdadero estado para poder formar al
hombre perfecto. En la descripción de tal estado señala las distintas clases de
ciudadanos –trabajadores, guardianes y políticos– que se corresponden a las tres
partes del alma. Del mismo modo que el hombre justo es quien consigue armonizar
las partes distintas del alma, bajo la guía de la razón, la ciudad justa será aquella
en la que las tres clases de ciudadanos conviven armonizadas, realizando cada
ciudadano la tarea que le corresponde (principio de especialización).

El primer libro forma una totalidad autónoma, independiente del resto de la obra,
perteneciendo al período socrático de Platón. Los libros II al V tienen como claro
punto de referencia la constitución espartana, y los libros VI, VII y final del V, de
matiz claramente pitagórico están centrados en la aparición del filósofo rey.

El punto de partida es un diálogo, el Trasímaco, que trata de la Justicia. El


segundo momento de la obra (libros II-V) tienen como tema central el estudio de la
casta de los gobernantes. En la última parte se centra en re-examinar ciertos
tópicos propuestos en el libro VI, introduce el mito de la caverna, un difícil pasaje
matemático y por supuesto el mito de Er que cierra el libro y gira en torno al tema
pitagórico de la inmortalidad del alma.
En esa ciudad han de existir dos castas, por una parte los guerreros, guardianes o
auxiliares, y por otra los productores.

El problema ético del hombre justo se plantea a partir del final del libro primero y
se desarrolla en el segundo, tercero y comienzos del cuarto. Mientras encuentran la
solución, Platón se dedica a establecer una correspondencia entre el hombre
individual y lo que según él es una ciudad perfecta.

En ella el estamento superior de los guardianes se desglosa en dos especies, los


simples guardianes o guerreros y los que Platón llama sucesivamente «guardianes
y gobernantes». Conectando con su idea del alma del hombre, los guardianes
gobernantes representarían al alma racional de la ciudad, los guardianes al alma
irascible y los guerreros al alma apetitiva.

El ataque a la cultura griega, y más concretamente a la ateniense, se inicia con una


exigencia de igualdad relativa entre la mujer y el varón. La liberación femenina, la
abolición de la familia y la comunidad de mujeres e hijos. También ataca a
Homero. Concretamente, las obras cardinales de la educación ateniense, la Iliada y
la Odisea están sometidas a una implacable y sistemática censura en todos aquellos
pasajes que cantan la desmesura de los hombres y los dioses, o inspiran terror a los
trabajos y la muerte.

Esta censura a Homero se prolonga con la pretensión de eliminar nada menos que
la comedia y la tragedia y en general cualquier género literario imitativo. Después
Platón se decide a depurar los modos musicales y los mismos instrumentos
musicales, quedando únicamente la lira y la cítara.

Además la dieta que el joven Platón quiere imponer a los sufridos ciudadanos es
verdaderamente ascética, pues queda reducida a muy poco, y excluye el pescado,
los guisos, la cocina siciliana y la pastelería ática. El amor libre entre personas del
mismo sexo queda severamente proscrito, a pesar de ser la costumbre común en
todas las ciudades estado.

Platón acompaña este ataque a la paideia tradicional con una violenta censura de
la mitología popular.

Pero Platón todavía no ha desguazado las instituciones más íntimas del estado
ciudad. Por lo que se refiere a la esclavitud, está negada expresamente en la
comunidad primitiva y no aparece tampoco en la descripción de la ciudad ideal
aunque es cierto que el libro V admite la posibilidad de hacer esclavos a condición
de que no sean griegos.

El final del libro V de República y los libros VI y VII íntegros tienen un sentido
distinto y con frecuencia contradictorio al de la obra inicial. Es ahora cuando
Platón introduce expresa y enfáticamente el principio según el cual la ciudad sólo
es gobernable cuando los filósofos son reyes, o cuando los que reinan tienen la
fortuna de hacerse filósofos.
El oficio de los nuevos filósofos no es desengañar a sus conciudadanos ni polemizar
con ellos, sino descubrir la auténtica realidad, la arquitectura oculta pero
perfectamente trabada del mundo que está a la vista todos los días y que es puro
capricho y caos mientras sólo se atiende a los ojos.

La aparición del nuevo estamento de los filósofos reyes obliga a modificar el


esquema de la primera entrega de la Politeia. Efectivamente la primitiva casta de
los guardianes guerreros, destinada entonces a gobernar según el modelo
espartano, tenía una educación permanente, basada simultáneamente en la
gimnasia y la música. La educación de estos nuevos y extraños gobernantes que
son los filósofos ha de ser forzosamente distinta.

Las asignaturas que Platón introduce ahora se corresponden, punto por punto, con
el plan de estudios de las escuelas pitagóricas. Abre marcha la ciencia del cálculo,
la logística, sigue la geometría y en un tercer momento la ciencia de los sólidos que
el filósofo importa de Italia Después de todos estos conocimientos pero sin
abandonar el ámbito de las matemáticas, viene la astronomía. Cierra este
programa la música, una música que no se oye, y que estudia la proporción
matemática entre los sonidos.

Ahora, en vista del largo «cursus studiorum» que tienen por delante, los futuros
filósofos políticos deben ser escogidos precisamente cuando son niños. A los veinte
años, gracias a una nueva criba, los mejores de todos en inteligencia estudian los
conocimientos que son preludio de la dialéctica, y a los treinta los verdaderamente
sobresalientes podrán dedicarse a la gaya ciencia. Finalmente se aplicarán
laboriosamente a las tareas de la guerra y al fin de su preparación –no antes de los
cincuenta años– pueden gobernar.

Por último Este filosofo bosqueja en su Republica las diversas formas de gobierno,
que pasan, de las que considera las mas perfectas como la aristocracia o gobierno
de los filósofos, hasta aquellas en decadencia política en formas tales como la
timocracia, la oligarquía que surge cuando los propietarios asumen el poder
político; y la democracia o gobierno de las masas -sistema criticado por Platón -,
hasta la tiranía.

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