Introducción a la Pragmática Lingüística
Introducción a la Pragmática Lingüística
son exclusivamente didácticos. Prohibida su reproducción parcial o total sin permiso escrito de la editorial correspondiente.
MONTESINOS
Graciela Reyes
Índice
PRÓLOGO ................................................................... 11
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3. Acuerdos y transgresiones regla crea lo que llamamos gol. Las reglas constitutivas no tienen
la forma de una prescripción («haga esto», «no haga esto»), sino
que crean un comportamiento al definirlo, por lo cual equivalen
a la fórmula «X vale como Y»: en el ejemplo del fútbol, «entrar
la pelota en el arco dadas ciertas circunstancias vale como un
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«Bien, creo; le gusta trabajar allí, y todavía no lo han mandado fuerte es esa expectativa que, si el hablante parece no cumplir-
a la cárcel». con el principio de cooperación, el oyente, en lugar de pensar
A puede preguntar qué es lo que B quiere decir cuando dice que efectivamente el hablante no cumple, va a pensar que el
que a C todavía no lo han mandado a la cárcel, y la respuesta hablante quiere decir otra cosa. La otra cosa, lo que el hablante
puede ser que C es el tipo de persona a quien tienta mucho el quiere decir, surge por implicatura.
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mentira. Por otra parte, la improbabilidad misma del ejemplo de Las implicaturas conversacionales son, en efecto, cancelables.
los hijos de Lola muestra que nuestro comportamiento lingüísti- Supóngase que estamos hablando de Nueva York y que yo digo
co habitual es «cooperativo»: nadie diría, en condiciones norma- Julia vivió en Nueva York muchos años. Como, por regla gene-
les, que Lola tiene dos hijos sabiendo que tiene cuatro, salvo que ral, el presente es más relevante que el pasado, al usar yo el
mienta descaradamente, o que quiera decir (implicar) alguna pasado inmediatamente di lugar a que mi interlocutor pensara
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otra cosa más (por ejemplo, que Lola parece amar solamente a que Julia ya no vive en Nueva York. Pero yo puedo agregar sin
dos de sus hijos, etc.). Quien quiera implicar algo más tiene que contradecirme Y todavía vive en Nueva York, disipando así la
descontar que su interlocutor sabe que él sabe que su interlocu- ímplicatura, ya que la forma verbal vivió, por sí misma, no
tor sabe algo sobre Lola o sus hijos. quiere decir ‘ya no vive’, aunque suele significar eso en la con-
Antes de acusarme de mentir, o de ser irrelevante, o de no versación por razones relacionadas con los mecanismos que regu-
dar la información suficiente, o de presentarla de un modo oscu- lan el intercambio de información. Este análisis es muy impor-
ro, mi interlocutor va a pensar que si yo parezco violar una tante para las gramáticas descriptivas, que explican la función y
máxima es porque le quiero decir algo más. En efecto: si mi el significado de las formas lingüísticas y a veces sobrecargan a
interlocutor sabe que yo sé algo y que sé que él sabe que lo sé, éstas con rasgos semánticos que en realidad son implicaturas
va a interpretar lo que le quiero decir (no sólo lo que le digo) conversacionales. El significado del pretérito simple vivió, en
y va a sacar las implicaturas correspondientes. Supóngase que nuestro ejemplo, es sólo indicar pasado con respecto a un punto
alguien me pregunta la hora y yo contesto Todavía no ha pasado de referencia presente. El valor ‘negación del presente’ (vivió
el cartero. A primera vista el cartero no viene al caso. Sin em- — ‘ya no vive’) es en realidad una implicatura muy frecuente,
bargo, mi interlocutor va a buscar la relevancia de lo que digo, derivada de cómo tratamos el tiempo en la conversación, y no
porque supone —ante todo— que cumplo con la máxima de del contenido semántico del pretérito simple.
relación («sea relevante»), y va a hacer una inferencia de este La lógica, decía Grice, acepta sin discusión que hay una di-
tipo: «ella sabe que yo sé que el cartero pasa todos los días más vergencia de significado entre las expresiones del lenguaje for-
o menos a las 12, y sabe que yo sé que ella sabe que lo sé, por mal, como ~, A, V, y sus contrapartidas en el lenguaje natural
lo tanto lo que me quiere decir es que todavía no son las 12». (no, y, o, etc.). Las expresiones lingüísticas carecen de la preci-
La diferencia entre Pepa se casó y tuvo dos hijos y Pepa tuvo sión de las no lingüísticas, a las que se ha dotado de una inter-
dos hijos y se casó no reside en los significados literales de la pretación con dos valores que es inequívoca e invariable. Como
conjunción y; el problema es de tipo pragmático más que semán- muchas expresiones lingüísticas son, por el contrario, equívocas
tico. Una de las submáximas de manera es la submáxima de y variables, resulta difícil asignar valor de verdad a las oraciones
orden («sea ordenado»), y esperamos que los relatos estén orga- en que aparecen. Volvemos, como se ve, a un problema relacio-
nizados según el orden cronológico de los hechos, y no un orden nado con el de las palabras «desconcertantes» de Austin: la
arbitrario. Por lo tanto, cuando se viola la máxima se genera indeterminación de significados con respecto a los valores de
automáticamente una implicatura, por ejemplo en este caso que verdad. Para quienes ven el lenguaje natural como defectuoso,
los hijos de Pepa son extramatrimoniales. es decir, no totalmente inteligible, lo propio sería, observa Gri-
Como se ve en los ejemplos, las implicaturas no forman parte ce, construir un lenguaje ideal, cuyas oraciones fueran claras,
de las expresiones lingüísticas, a diferencia de las implicaciones determinadas en cuanto a su valor de verdad, libres de implica-
y de las presuposiciones, que vienen incluidas en las formas ciones metafísicas; de este modo, los fundamentos de las ciencias
lingüísticas. Por eso las implicaturas conversacionales pueden serían filosóficamente seguros, ya que las afirmaciones de los
eliminarse del contexto, y los demás tipos de implicación no. científicos se podrían expresar usando este lenguaje ideal. Para
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los que, en cambio, confían en que el lenguaje natural sirve para de los dos elementos que y une sin alterar el valor de verdad de
hacer ciencia, la exigencia de un lenguaje ideal descansa en la oración. Se puede considerar, por lo tanto, o bien que la
presupuestos equivocados, entre ellos que el rasero para medir el conjunción y es ambigua, o bien que los significados de las
grado de adecuación de una lengua es su capacidad para servir a palabras son, en general, vagos, y dependen de su colocación en
la ciencia. El lenguaje tiene muchas funciones importantes apar- la frase,
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te de las que se relacionan con la investigación científica; sabe- En el primer caso, la semántica tiene que producir inacaba-
mos perfectamente bien lo que significa una expresión sin nece- bles listas de significados posibles en las palabras de apariencia
sidad de analizarla. Según Grice, el presupuesto, común a las más inocente. Habría que prever casos como el siguiente, que
dos partes, de que hay una divergencia entre las expresiones de tomo de Levinson (Pragmatics, 1983, p. 99):
un lenguaje formal y las de las lenguas naturales es erróneo, y
deriva de una falta de atención a las condiciones que gobiernan a) La bandera es blanca.
el uso del lenguaje en la conversación corriente. b) La bandera es blanca y roja.
El concepto de significado intencional (meaning-nn) y el re-
conocimiento de que existe un contrato que se cumple o se En a), blanca significa ‘totalmente blanca’; en b), blanca significa
espera que se cumpla en todos los intercambios comunicativos, ‘parcialmente blanca’. ¿Debemos asignar al adjetivo blanco es-
contribuyen a reivindicar al lenguaje natural, acusado de ambi- tos dos significados? Puede uno imaginarse fácilmente la prolife-
güedad e imprecisión. Hay una lógica en el uso del lenguaje, y ración de significados con que tendría que habérselas la semán-
su cartilla es el principio de cooperación: la comunicación inten- tica. Si, en cambio, la semántica proclama que el lenguaje es
cional obedece a una lógica según la cual producimos e interpre- impreciso y vago, le resultaría difícil explicar por qué cualquier
tamos significados lingüísticos de un modo muy eficiente. hablante de español entiende rápidamente y sin ningún quebra-
Una consecuencia no desdeñable de la teoría de Grice es que dero de cabeza lo que significa blanca en los dos casos. La
la semántica queda aliviada de descripciones engorrosas o incom- noción de implicatura ofrece una buena salida, porque permite
pletas: en lugar de pensar que ciertas expresiones tienen muchos afirmar que las expresiones del lenguaje natural tienden a tener
significados posibles, podemos pensar que gran parte de esos sig- significados simples, unitarios y estables, que, una vez que las
nificados son implicaturas producidas de un modo perfectamente expresiones se ponen en contexto, pueden recubrirse de otros
previsible al usarse las expresiones en la comunicación. Hemos significados o matices: una sobrecarga pragmática fácil de ser
visto el caso del pasado simple. Podemos agregar un ejemplo concebida como un conjunto de implicaturas.
favorito de los lógicos, el de las conjunciones. Compárese el uso La sobrecarga puede calcularse, y en realidad no interesa sí
de y en los siguientes enunciados a) y b): la calcula la semántica o la pragmática: lo que interesa es que,
pese a lo que pudiera parecer, el lenguaje es eficiente y el éxito
a) Luis se levantó y se dio una ducha. o felicidad lingüística de que hablaba Austin depende de factores
b) La capital de Argentina es Buenos Aires y la capital que pueden hacerse explícitos, hasta cierto punto, mediante una
de Uruguay es Montevideo. teoría del uso.
Hemos estado hablando hasta ahora de implicaturas conver-
En a), y significa ‘y luego’, por lo que resultaría inaceptable sacionales particularizadas, que se calculan en cada caso según
cambiar el orden de los dos sucesos (?? Luis se dio una ducha y los datos del contexto, y son inferencias basadas en el contenido
se levantó). En b), y significa sólo adición, el valor estándar de de lo dicho unidas a suposiciones sobre las normas de coopera-
la conjunción copulativa, de modo que se puede alterar el orden ción que regulan el comportamiento lingüístico. Antes de ínves-
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Reconsideremos un ejemplo visto arriba, el del enunciado lenguaje «no serio»; para Austin, los actos de habla «no serios»
Todavía no ha pasado el cartero (dado como respuesta a la eran «parásitos» respecto de los serios. Es legítimo, sin embargo,
pregunta ¿Qué hora es?). El que así contesta viola ostentosamen- invertir los términos, y sostener que si no fuéramos capaces de
te la máxima de relevancia, pero su interlocutor conoce demasia- hablar en broma tampoco podríamos hablar en serio, cualquiera
do bien los juegos lingüísticos como para no conectar al irrele- que sea el alcance que queramos dar a la expresión «en serio».
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vante cartero con la hora del día. Si, para preguntar la hora, yo La frecuencia misma con, que cuestionamos si algo es dicho en
le digo a alguien, en lugar de una frase consabida como ¿Qué serio o no, o los altibajos y gradaciones entre lo serio y lo no
hora es?, algo así como Quizá quieras descubrir tu muñeca iz- serio que tan bien regulan las relaciones interpersonales, revela
quierda y mirar ese aparatito que llevas atado con una correa de que los actos que Austin distinguía tan fácilmente en teoría sue-
imitación piel y decirme en qué situación se encuentra la aguja len presentarse entremezclados en el lenguaje cotidiano, especial-
más corta y en qué situación se encuentra la aguja más larga mente en el más «ordinario», en el más familiar. Como a la
respecto de los números romanos de color azul impresos sobre la pragmática le está asignado el estudio del uso del lenguaje, quizá
esfera blanca, salvo que tengas algo mejor que hacer, mi interlo- salgan de la pragmática estudios lingüísticos sobre el humor y, en
cutor, si piensa que soy sensata y estoy sobria, posiblemente va general, sobre los lenguajes «no serios» y su función social, psi-
a tratar de buscar alguna razón para tal horrorosa prolijidad, que cológica, retórica.
contraviene la máxima de cantidad y también, supongo, las otras Se ha intentado aplicar las teorías de Grice a un lenguaje «no
tres. El malentendido, ese fantasma, es algo que por lo común serio», el de la literatura. Partiendo del concepto de «situación
combatimos heroicamente, porque la suposición de que nuestros literaria» (por oposición a «lenguaje poético» y a «obra litera-
interlocutores quieren decir algo (en. el sentido del meaning-nn ria»), Marie Louise Pratt (Toward a Speech Act Theory of Lite-
de Grice) es sostén de todos nuestros intercambios lingüísticos: rary Discourse, 1977), presenta una consideración del discurso
podremos «suspender la incredulidad», como quería Coleridge, literario según la cual, en lugar de dejarlo aislado de otros usos
para leer literatura, pero no suspendemos fácilmente la suposi- del lenguaje (a la manera de la poética estructural), lo integra en
ción básica de que todos nosotros —salvo los dementes, y eso una clase de actos de habla que funcionan, básicamente, de
hasta cierto punto— hablamos y escribimos movidos por alguna manera similar a todos los demás actos de habla.
intención comunicativa que puede descifrarse racionalmente. Limitando su estudio a la narrativa, Pratt descubre semejan-
Sin embargo, el juego lingüístico admite, precisamente por- zas formales y funcionales entre las narraciones orales espontá-
que es un juego, es decir, una actividad regida por normas cons- neas del tipo de las que estudió Labov (véase «Narrative Analy-
titutivas y regulativas, que exploremos sus límites, probando la sis», 1969) y los relatos literarios. La semejanza se debe a que
resistencia y alcance de esas normas. Hacer juegos de palabras, tanto las narraciones espontáneas de la conversación como las
hablar irónicamente, manipular sonidos en lugar de sentidos, narraciones literarias son discursos asertivos en los que se trata
escribir poemas, inventar diálogos posibles y, en general, «no de atraer el interés del auditorio. La cualidad de «narrable»
hablar en serio», son actividades que parecen desafiar las normas depende en gran medida de que lo narrado sea fuera de lo
de cooperación lingüística, pero que realmente las presuponen y común, inesperado, problemático. Nótese que esto contradice la
refuerzan. Sería curioso hacer una estadística de cuánto tiempo idea de efectividad máxima de la información, tal como la plan-
dedicamos a hablar en serio y cuánto a cultivar nuestras habili- tea Grice, pues desplaza la relevancia: en los relatos conversacio-
dades lingüísticas no hablando en serio. nales o literarios la relevancia coincide con la «narrabilidad», es
Pese al apacible buen humor con que exponía sus ideas, Aus- decir, uno cuenta lo que supone que va a interesar por extraor-
tin descartó completamente de su consideración toda forma de dinario o desusado o gracioso, y lo cuenta de modo que atraiga
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al auditorio, desplegando todos los recursos lingüísticos posibles violación de las máximas que Grice llama flouting, o sea burlarse
para involucrar al que oye en lo que oye. de las máximas, pero no le está permitido violarlas (de ahí la
Al decir que los relatos son actos asertivos se entiende por diferencia entre verdad y mentira, por ejemplo). Sabemos tam-
«aserción» el tipo de enunciado que intenta representar un esta- bién que al narrador ficticio, o a los personajes, les está permiti-
do de cosas, el enunciado «representativo», el que, según Grice, do desobedecer las máximas por las mismas razones por las que
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produce actividad mental (thought-producing texts). En la litera- las puede desobedecer un hablante en cualquier situación comu-
tura, como en los relatos espontáneos, es más importante el nicativa: el personaje puede, intencionalmente o no, mentir, no
despliegue lingüístico que la información que se transmite, según dar toda la información requerida porque no la sabe o porque si
Pratt La elaboración estética de la narrativa espontánea y la del la da viola la máxima de cualidad (hay «choques» entre las
discurso literario no son las mismas, dice la autora, porque el dis- máximas, a veces), etc. El autor sigue las mismas reglas del
curso literario escrito, por el proceso mismo que lo lleva a ser principio de cooperación cuando escribe un cuento que cuando
incorporado en la institución denominada literatura, es suscepti- escribe una carta a su editor, pero al escribir literatura presupone
ble de determinadas elaboraciones verbales, generalmente más las reglas mediante algo parecido a guiñar un ojo, como hacemos
complicadas. Sin embargo, ambas situaciones de habla son simi- todos cuando no hablamos en serio y queremos que se note. A
lares y, además, comparten sus características recreativas e inter- veces, como el autor literario, estamos seguros de que se nota
pretativas (es decir, la exigencia de participación intelectual y porque hay una institución que nos asegura que nuestras inten-
emocional del lector y oyente) con otros comportamientos verba- ciones serán bien reconocidas y que nadie tomará nuestra auto-
les, como los chistes y juegos de la conversación. El texto litera- biografía ficticia por el relato histórico verdadero de nuestra
rio es, esencialmente, no informativo, pero ésta es una caracte- vida...
rística que comparte con muchos otros mensajes (las bromas, El lector de un relato literario atiende, en realidad, a dos
ironías, los «supongamos que» de la conversación, etc.) que tam- enunciaciones a la vez: la del autor y la del narrador y personajes
bién carecen, como el literario, de fuerza ilocucionaria. ficticios. Volviendo a Pratt: para mantener el principio de coo-
Entre los diferentes tipos de violaciones de las máximas, hay peración el lector debe sobreentender que el autor, digan lo que
uno que Grice llama flouting: el hablante «se burla» de la máxi- digan los personajes, observa también ese principio, y a partir de
ma usando, por ejemplo, expresiones figuradas, generalmente tal sobreentendido hace todas las implicaturas necesarias para
para provocar una implicatura. Así, por ejemplo, la violación que el acto de habla literario se cumpla satisfactoriamente. Es
deliberada de la máxima de cualidad da lugar a la metáfora, la decir, la situación que llamamos literaria impone un tipo de
ironía, la hipérbole. contrato comunicativo donde al autor le está permitido burlarse
¿Cómo sabemos que el no cumplimiento de las máximas, de las máximas del mismo modo que nos está permitido a todos
cuando se produce en un texto literario, no pone en peligro el en ciertos casos, por ejemplo cuando somos irónicos. Esa burla
principio de cooperación? Según Pratt, lo sabemos gracias a es un imperativo: la convención que determina qué tipo de enun-
nuestro conocimiento de la situación de habla literaria. Este ciación es la literatura. Los personajes pertenecen a otro nivel,
conocimiento tácito (que es un aspecto de lo que los sociolingüis- donde los actos de habla se cumplen siguiendo el principio de
tas llamaron competencia comunicativa), nos permite hacer es- cooperación, o violando las máximas, tal y como sucede en las
pontáneamente una serie de implicaturas. Así, las implicaturas interacciones que Austin llamaba serias, aunque, estrictamente,
que hacemos al leer una novela son diferentes de las que hace- no lo sean.
mos, por ejemplo, al leer el periódico, Sabemos, entre otras La teoría de Pratt es uno de los intentos mejor articulados de
cosas, que al autor de la novela sólo le está permitido el tipo de acercar los principios centrales de pragmática a la teoría literaria.
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En trabajos muy recientes, se sigue insistiendo en señalar los ele- neral de uso del lenguaje en distintas comunidades y en distintas
mentos comunes a la conversación (terreno predilecto de los situaciones.
filósofos del lenguaje corriente) y a la literatura. Pero la idea de
que lenguaje corriente y lenguaje poético forman un continuum 3.4. Relevancia comunicativa
viene de lejos: ya está en los discípulos de Saussure que se
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interesaron por la parole y, entre nosotros, la expusieron magis- El programa de Grice ha recibido muchas críticas y ha mos-
tralmente Dámaso Alonso y Amado Alonso al estudiar la poe- trado una notable resistencia a todas. De hecho, el principio
sía.. El nuevo interés de la lingüística por el uso del lenguaje básico de la racionalidad y la eficiencia de la conversación no
pone estos viejos temas otra vez sobre el tapete, especialmente parece en peligro, aunque algunos críticos proponen reducir las
en el mundo anglosajón, donde hay autores que los presentan máximas, que (como ya observó Grice) se superponen en muchos
como novedades. No quiero tratar aquí esos problemas. Presen- casos. La más drástica reducción es la que proponen Sperber y
to el caso del principio de cooperación en la literatura sólo para Wilson, que creen que la comunicación se explica por un solo
ilustrar la teoría de Grice con un caso extremo de supuesta principio, el de la relevancia (Relevance, 1986). Estos autores
violación de las máximas: hay unas convenciones, las literarias, definen la relevancia (y la comunicación) desde un punto de vista
que regulan a su vez las convenciones generales del principio de diferente, sin embargo, del de Grice.
cooperación. Lo mismo pasa con otros géneros. Incluso dentro Para entender esta definición de relevancia, tenemos que par-
de la conversación, hay reglas regulativas diferentes para enun- tir de la idea de entorno cognitivo (cognitive environment). El
ciados como Te prometo que te voy a ayudar dicho en alguna entorno cognitivo de un individuo es el conjunto de hechos o de
circunstancia dramática y Tú eres mi rey dicho al niño menor con suposiciones que son, para ese individuo, «manifiestos». «Mani-
un beso. Tenemos una serie de recursos para salir de unas con- fiestos» significa que el individuo es capaz de representarlos men-
venciones, entrar en otras, volver a salir. Los registros lingüísti- talmente y de aceptar esa representación como verdadera (o
cos desempeñan un gran papel en esta adaptabilidad del lenguaje probablemente verdadera). Algo manifiesto es perceptible o in-
a la situación. Y hay muchos otros medios: tonos de voz, ento- ferible y puede ser, por supuesto, verdadero o falso. El entorno
nación, gesto, postura del cuerpo, etc. Unos y otros obedecen a cognitivo de cada individuo es diferente, ya sea porque su mun-
convenciones que interesan, en su mayor parte, a la pragmática do físico es diferente, porque sus capacidades perceptivas o infe-
y también, como hemos visto en el capítulo 1, a otras disciplinas: renciales son distintas, porque cada grupo habla lenguas diferen-
la sociolingüística, la filosofía, la psicología, la antropología, los tes con las que construye representaciones diferentes, o porque
estudios literarios. las memorias y experiencias y la interpretación de ellas difieren.
Como la conversación exige continuos cambios de posición Pero podemos estar seguros de que, en alguna medida, los par-
—de convenciones— dominar una lengua es saber manejar con ticipantes de una conversación compartimos nuestros entornos
soltura sus normas constitutivas y también sus normas regulati- cognitivos: gracias a eso podemos comunicarnos.
vas. Todos sabemos que no basta aprender la gramática de una Del conjunto de hechos y suposiciones disponibles que cons-
lengua extranjera o memorizar medio diccionario si no sabemos tituyen su entorno cognitivo, el individuo elige algunos y no
usar las convenciones culturales que rigen el uso de esa lengua otros para «procesarlos» como información. ¿Cuáles elige y por
en cierta comunidad. Una gramática impecable puede ser perfec- qué? Según Sperber y Wilson, lo que hace que una información
tamente inútil si no podemos usarla adecuadamente. Nos corres- sea digna de ser procesada es una sola propiedad, la relevancia
ponde ahora preguntarnos si el principio de cooperación tiene (Relevance, p. 46).
suficiente poder explicativo como para describir el contrato ge- Los seres humanos (y esta es una idea común a los estudios
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de pragmática) somos muy eficientes para procesar información. manifiestas por el cambio de entorno (provocado por el cambio
Eficiencia, en la teoría de Sperber y Wilson, se define en rela- de postura de Pedro), ¿cuáles va a elegir María para procesar
ción con una meta que puede ser absoluta, como por ejemplo mentalmente? Seguramente va a elegir algo de lo que pueda
resolver un problema, o relativa, como por ejemplo mejorar las sacar más conclusiones (y conseguir así el efecto de multiplica-
relaciones con el cónyuge. Ser eficiente para alcanzar una meta ción). Quizá ya consideró mentalmente al vendedor de helados,
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absoluta es simplemente lograr lo propuesto con el menor gasto de modo que sería una pérdida de recursos volver a considerarlo;
(de tiempo, esfuerzo, dinero); en cuanto a metas relativas, se el hombre desconocido es una presencia nueva, pero nada se
trata de lograr todo lo posible al menor costo posible. Los seres sigue de ella; el hecho de que Guillermo se aproxima es el único
humanos son muy complejos procesadores de información, y su cambio relevante, en el nuevo entorno cognitivo de María, y es el
eficiencia no se puede medir fácilmente. A diferencia de un dis- único fenómeno al que va a prestar atención, si quiere lograr
positivo simple que cumple una función en respuesta a un solo es- eficiencia cognitiva. Todos los seres humanos, según Sperber y
tímulo, los seres humanos podemos ser eficientes creando más Wilson, nos comportamos como se va a comportar María: somos
estímulos y multiplicando las preguntas, en lugar de responder a proclives a dedicarnos al procesamiento de información más efi-
una sola, quizá porque todas nuestras actividades informativas ciente, y lo hacemos automáticamente, incluso inconsciente-
están supeditadas a una meta general y abstracta: mejorar nues- mente.
tro conocimiento del mundo. Ahora bien, el procesamiento de información exige esfuerzo,
La eficiencia en nuestros intercambios comunicativos consiste y siempre esperamos recompensa por el esfuerzo. Si le mostra-
esencialmente, según estos autores, en usar bien nuestros recur- mos algo a alguien lo hacemos porque eso que le mostramos es
sos para procesar información, de modo que consigamos «la relevante, y algún provecho va a obtenerse prestándole atención.
mayor contribución a las metas cognitivas de la mente humana La comunicación, según estos autores, tiene por finalidad alterar
con el menor costo posible» (ibíd., p. 48). En nuestro entorno el entorno cognitivo de los oyentes con una garantía de relevan-
cognitivo hay información que no necesita ser procesada, ya que cia. Contando con esa garantía, María, la chica del parque, hace
podemos acceder a ella directamente, y hay información total- una serie de inferencias. En primer lugar, nota que Pedro cam-
mente desconectada de nuestro entorno, de modo que se reque- bió de postura de tal modo como para mostrarle algo, y no
riría un gran esfuerzo, quizás en buena parte inútil, para incor- simplemente para sentarse con mayor comodidad (se ha quedado
porarla. Un tercer tipo de información es nueva pero conectada un poco rígido, digamos, en lugar de distenderse contra el res-
con la que ya tenemos: la conexión provoca más información
paldo del asiento). María infiere que el comportamiento de Pe-
nueva, que no se hubiera podido inferir sin la conexión. Llega-
mos así a la noción cognitiva de relevancia: cuando el procesa- dro lleva la intención de atraer su atención hacia algo, y, si tiene
miento de nueva información produce este efecto de multiplica- suficiente confianza en la garantía de relevancia que le ofrece el
ción se trata de un procesamiento relevante. Cuanta más multi- comportamiento de Pedro, va a inferir que alguna información
plicación, más relevancia. nueva que él le ha hecho manifiesta al ampliarle el campo visual
Pedro y María están sentados en un banco del parque. Él se es información relevante. Después de mirar lo que se ve (vende-
echa para atrás, con lo que modifica el campo visual de María, dor de helados, desconocido paseante, amigo pesado) infiere que
donde ahora aparecen manifiestas cosas que antes no podía ver, lo único relevante es el amigo pesado, y que eso es precisamente
por ejemplo un vendedor de helados que ya había observado lo que le quiso mostrar Pedro al cambiar de postura en el banco.
antes, un hombre que nunca había visto y su amigo Guillermo, De modo que María no sólo es consciente de que se acerca
un pesado, que viene hacia ellos. De todas las nuevas cosas Guillermo, sino de que Pedro ha tenido la intención de que ella
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humanos automáticamente dirigen su atención hacia lo que es «A la llana, con palabras significantes»
más relevante para ellos. Detrás de cada acto ostensivo —lingüís-
tico o no— hay una intención con una garantía de relevancia. ...No hay para qué andéis mendigando sentencias de
Estamos siempre dentro de la creencia de que la comunicación filósofos, consejos de la Divina Escritura, fábulas de
es intencional y debe ser así reconocida (Relevance, p. 50). Lo poetas, oraciones de retóricos, milagros de santos, sino
procurar que a la llana, con palabras significantes, ho-
que ha variado, respecto del programa de Grice, es la reducción nestas y bien colocadas, salga vuestra oración y período
de las máximas del contrato de cooperación a un solo principio, sonoro y festivo, pintando, en todo lo que alcanzáredes
el de relevancia presentado con metáforas financieras: esfuerzo, y fuere posible, vuestra intención; dando a entender
vuestros conceptos sin intricarlos y escurecerlos.
coste, garantía, provecho. En esta teoría la relevancia no es,
como se ve, una máxima del tipo de las de Grice, sino que surge Cervantes, Quijote, Prólogo de 1605.
de una tendencia natural de los seres humanos a maximizar el
valor informativo de los estímulos que provienen del entorno.
Pero sigue en pie, en esta reformulación teórica, el principio
esencial de Grice: que el acto de comunicarse crea ciertas expec-
tativas que aprovecha al máximo de un modo racional y eficien-
te. Sin embargo, un comportamiento lingüístico bastante frecuen-
te y siempre bien visto parece contradecir este principio: la cor-
tesíá. Por cortesía, el hablante se comporta a veces de un modo
que parece irracional y poco eficiente.
Se ha propuesto resolver el problema agregando al conjunto
de máximas del «Principio de Cooperación» otro conjunto de
máximas, las correspondientes a un «Principio de cortesía».
Leech, autor de la propuesta, distingue una serie de máximas en
acción, entre ellas la de tacto, la de generosidad, la de aproba-
ción, la de modestia (Leech, Principies of Pragmatics, 1983).
Sostiene Leech que muchas veces decimos, de una manera per-
fectamente apropiada, cosas que son falsas o menos informativas
que lo requerido. Esto es verdad, y también que la cortesía está
regulada socialmente y que contribuye a la buena fortuna de la
comunicación. Sin embargo, los comportamientos corteses, aun-
que necesarios y efectivos, no se dan automáticamente por des-
contados para avanzar en la conversación, como parece suceder
siempre con los principios básicos de cooperación de Grice: es
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muy difícil socavar la suposición de que nuestros interlocutores verdad. Pero en estos casos la máxima de verdad, aunque no
son «cooperativos»; la de que siempre son, por añadidura, corte- cumplida, sigue en pie.
ses, es, en cambio, una suposición mucho más débil. Resulta difí- Los principios pragmáticos con los que trabajamos quizá no
cil no ser cooperativo en una conversación, pero no es tan difícil sean universales, aunque, de momento, los podemos tratar como
ser descortés: esto revela que se trata de principios de índole generales. Sólo el acopio de datos procedentes de otras culturas
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madre diga nada. Para que esto sea así, la situación no debe ser quiero prometer. ¿Soy insincero? ¿Soy doble? Ningún ser huma-
ambigua, y lo que la madre dice no debe confundir al niño no es monolítico.
(«Sources of pragmatic generalizations», 1987), Por polifonía (tema de nuestro último capítulo) suele enten-
Lo que está en cuestión en las críticas a la teoría de Grice es derse la pluralidad de voces (no siempre armoniosas) que se
la base filosófica de nuestro modelo de lenguaje y de uso del perciben en un enunciado. Es difícil establecer quién dice qué
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lenguaje. Toda teoría lingüística presupone una ideología. La cuando yo hablo; no solamente cuando repito palabras, cuando
pragmática, aunque intentó salir de los espacios asépticos, priva- soy portavoz oficial de otro, cuando cito entre comillas o sin
dos y abstractos del sistema lingüístico, y entrar en los aires comillas, sino en cualquier acto de habla. Mi vocabulario viene
contaminados del uso, no está libre de simplificaciones engaño- de fuera de mí, el lenguaje viene de afuera, yo me lo apropio
sas que no reflejan adecuadamente la realidad que se pretende pero no es mío, y por lo tanto habla en mí y por mí y para mí:
estudiar. es otra voz, múltiple, unida a las voces de los seres humanos que
Ya hemos apuntado la implausibilidad psicológica de la no- lo usan a mi alrededor y que también hablan en mí. La conscien-
ción de intención, a propósito de lo que Melibea dice y no dice, cia es plural, intersubjetiva, polifónica.
y acabamos de ver que la sinceridad es un valor que puede variar A un cartero de Ohio le preguntó algo un periodista acerca
según las sociedades. Lo que subyace a estos problemas es nues- de la enorme cantidad de junk mail que se reparte diariamente.
tra noción de sujeto hablante: un individuo ideal, racional y Junk mail es un término ya aceptado en inglés (lo registra el
eficiente salvo indicación contraria, que siempre habla por sí y es diccionario Webster), aunque peyorativo, ya que literalmente
responsable de lo que dice... significa ‘correo-basura’ (correo que consiste en anuncios publi-
Ya no te quiero, es cierto, pero tal vez te quiero afirma el citarios, estrafalarias ofertas, cupones de descuento, etc.). El
hablante del poema de Neruda. La contradicción es patente: es cartero de Ohio, en su respuesta, usó (¿repitió?) la expresión
cierto que no te quiero, pero tal vez te quiero. Si es cierta una junk mail, aunque el United States Postal Service ha dispuesto
cosa, no puede ser cierta la contraria ni la posibilidad de la que tales correspondencias lleven el nombre oficial de bulk rate
contraria. Pero no percibimos ese enunciado, ni en un poema ni business mail. La respuesta del cartero salió publicada en un
fuera de un poema, como un sinsentido, a causa de su realismo periódico, y como consecuencia del uso de junk mail, que les
psicológico: el individuo que quiere es presentado no como una está prohibido a sus empleados, el Servicio Postal castigó al
entidad monolítica e invariable, sino como un ser en el tiempo, cartero con una suspensión. Me imagino que el hombre se defen-
variable en su continuidad, ambivalente. Somos seres ambivalen- dió diciendo que usó esa expresión porque es la más corriente,
tes y contradictorios, sujetos a variaciones ligeras o profundas, y la que usa todo el mundo (su interlocutor en la entrevista, en
no podemos esperar que nuestros actos de habla sean lo que primer lugar). El cartero podría argüir que no la usó él mismo,
nosotros no somos. Prometer, por ejemplo, presupone con gran sino que el común de la gente habló a través de él cuando
optimismo que lo que motiva la promesa hoy —un sentimiento pronunció la palabra prohibida. El cartero no quiso decir ‘correo-
hacia alguien, la creencia en una obligación— seguirá siendo basura’, solamente lo dijo. Por supuesto usar el lenguaje significa
válido cuando llegue el momento de cumplir la promesa, es entre otras cosas usar las palabras de los otros, con sentidos o
decir, que yo seguiré siendo la misma persona y sintiendo lo connotaciones que a veces no queremos decir, pero que, como el
mismo. Y aún sucede que uno promete sin sinceridad: digamos cartero, decimos. No se sabe de la existencia de ningún hablante
que otro en mí, por ejemplo eso que de niños llamábamos la voz unitario, absolutamente responsable de cada fono que emite. En
de la conciencia, me lleva a prometer lo que en realidad no la medida en que el lenguaje es un hecho social, pertenece a
todos y a nadie, y es esencialmente multívoco.
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Tampoco existe la situación estereotipada de habla: las dos cos? ¿La eficiencia es lo natural, lo normal, y la ineficiencia lo
cabecitas del diagrama de Saussure, frente a frente, solas en un desviante? Y finalmente: ¿con qué criterios (ideológicos) defini-
vacío, comunicándose por las ondas del aire. Sin embargo, la mos lo normal y lo desviante?
teoría de los actos de habla y la de la implicatura no han modi- Se ha visto el programa de Grice, donde la eficiencia es lo
ficado este esquema. Las situaciones en las que realmente esta- natural y esperable, como una concepción del uso de la lengua
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mos a solas con otra persona, hablando (pero no en un vacío, ni que equipara el discurso a un bien de consumo, intercambiado
como sujetos unitarios, claro) son quizá, menos frecuentes que en un mercado competitivo. En el mundo de Grice y de su
las situaciones en que hablamos con otros, o con otro delante de auditorio, dice Marie Louise Pratt, la producción industrial, el
otros o para otros o sin saber que hay otros, o hablamos en comercio, la ciencia y los mass media son los más poderosos
nombre de otro, etc. etc. La trivialidad de estos asuntos parece determinantes de la vida social y material, y la visión del lengua-
dejarlos al margen de la lingüística. Sin embargo, nos comunica- je que ellos proponen está diseñada a semejanza de ese mundo
mos en sociedad y en público, no siempre encerrados con el (Pratt, «Ideology and Speech Act Theory», 1986). Podemos dis-
médico en los cinco minutos que nos concede después del exa- tinguir tres factores que no se tienen en cuenta en la teoría de
men. Cuando escribo estas notas, me comunico de manera dife- Grice: relaciones afectivas, relaciones de poder, y el problema
rida con un conjunto de «caras» que no conozco y que además de las metas compartidas.
no conoceré, en su totalidad, nunca (y nótese cuántas voces En cuanto a las relaciones afectivas, sucede que el lenguaje
hablan en mi texto, desde las que cito con título y página hasta más íntimo es el que más alejado parece de los principios de
las innumerables que no puedo distinguir). Nuestros entornos Grice. Una rencilla familiar, por ejemplo, es eminentemente
cognitivos, el mío y el de mis lectores, sólo coinciden parcialmen- cooperativa: los participantes se oyen, siguen turnos para gritar-
te y de manera variable y, para mí, hasta cierto punto imprevisi- se, tienen mucho empeño en mantener la relevancia de cada
ble (pues no puedo prever con seguridad lo que es «manifiesto» enunciado, o al menos cierta coherencia. Pero, por supuesto,
para ustedes, ni siquiera lo que yo misma hago o no hago mani- siguen reglas no griceanas, como «exagere las faltas del otro»,
fiesto). Y mi relevancia es una «garantía» de la que, estrictamen- «deforme la verdad», «rechace lo que el otro quiere decir en
te, no tengo plena garantía. Pero queda vigente el hecho de que beneficio de lo que usted le quiere hacer decir», etc. El lenguaje
nada de eso me disuade de emprender la tarea de comunicarme. del amor, por otra parte, suele mostrar una cantidad escasa de
El uso del lenguaje es posible porque, digamos lo que digamos relevancia (en el sentido de Sperber y Wilson), y no cumple nada
del lenguaje, le tenemos fe: al código y a los principios de la bien con el principio de cantidad (¿cuántas veces se repite la
comunicación. conocidísima información de que uno quiere al otro?).
Siempre se dice que las simplificaciones son necesarias para En cuanto a las relaciones de poder, el principio de coopera-
poder estudiar un fenómeno. También se dice que las metáforas ción supone que los participantes en la conversación están en pie
son necesarias para ayudar a comprender algo nuevo o difícil de de igualdad, cuando es muy frecuente que un individuo o un
captar. Son cosas ciertas. El problema surge cuando el esquema grupo legislen sobre lo que es relevante y lo que no lo es, sobre
simplificado o la metáfora que tenía que servir de soporte a otra la cantidad de información necesaria y, claro, sobre quién puede
cosa adquieren vida propia, realidad empírica, cuando uno con- hablar y quién tiene que callarse (pensemos en una conversación
funde lo que ha aislado y puesto in vitro, momentáneamente, con un policía, e incluso con el médico, con el jefe, con cualquie-
para estudiarlo mejor, con lo que quiere conocer in vivo. ¿Puede ra que a causa de su posición o por mera autoridad, real o
sostenerse que los principios de la cooperación expuestos por impostada, nos intimide). La noción de lenguaje como intercam-
Grice se cumplen realmente en todos nuestros hechos lingüísti- bio de bienes produce la metáfora del «mercado lingüístico»,
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