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Caso Linda Loaiza: Violencia y Justicia

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REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACION


UNIVERSITARIA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL DE LA SEGURIDAD (UNES)
CATEDRA: ETICA Y DERECHOS HUMANOS

ANALISIS CRÍTICO

INSTRUCTOR:
Mgs. Pérez Yohan
INTEGRANTE:
Márquez R. (C.I.V- 13225728)

LA GUAIRA, 2021
Linda Loaiza López Soto tenía 18 años y vivía con su hermana mayor,
Ana Secilia López en Caracas. Linda se había inscrito en la Facultad de
Veterinaria de la Universidad Central de Venezuela pero el 27 de marzo del
2001, fue secuestrada al salir de su residencia por Luis Carrera Almoina y,
bajo amenaza de muerte, retenida por más de tres meses. Durante su
cautiverio, Linda fue abusada sexualmente, gravemente agredida y torturada,
sufriendo lesiones físicas y psicológicas.

Su hermana intentó denunciar la desaparición de Linda pero los


oficiales se negaron a recibir la denuncia, alegando que Linda y su agresor
eran pareja y que lo mejor era esperar. A pesar de otros múltiples intentos,
los oficiales no procesaron ni una sola denuncia por la desaparición de Linda
Loaiza. El 19 de julio del 2001, Linda logró escapar. Los golpes recibidos
durante su cautiverio fueron de tal intensidad que la tuvieron que operar
numerosas veces; estuvo hospitalizada durante un año, para la
reconstrucción del rostro.

Durante el transcurso de la investigación, Linda Loaiza fue


revictimizada a través de un proceso judicial que estuvo plagado de
estereotipos de género, irregularidades, retrasos y hasta destrucción de
evidencia. Sumado a un total de 37 diferimientos y 10 inhibiciones por parte
de los operadores de justicia que no querían conocer el caso, el proceso
penal contra la persona responsable de secuestrar y torturar a Linda sigue en
revisión por parte del Ministerio Público actualmente. El 11 de noviembre del
2007, Linda, su familia, y su abogado presentaron el caso ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Fue un proceso discriminatorio porque durante la investigación y


proceso, el Ministerio Público y los órganos del proceso judicial solamente
consideraban como válido lo dicho por el agresor, sin valorar ni tomar en
consideración mi testimonio. Siempre desestimaron las palabras de la
víctima. El sistema de justicia en Venezuela orquestó beneficiar al agresor
con una pena menor: seis años y un mes. Esto fue una decisión en
consonancia con un gobierno patriarcal. No se condenó al agresor por el
delito de violencia sexual y homicidio calificado en grado de frustrado y
tortura. En un momento del proceso hicieron un cambio de calificativo a la
pena y lo encarcelaron por los delitos de lesiones gravísimas y privación
ilegítima de la libertad; es decir, lo castigaron por crímenes menores.

A la victima según la CONVENCION INTERAMERICANA PARA


PREVENIR, SANCIONAR Y ERRADICAR LA VIOLENCIA CONTRA LA
MUJER "CONVENCION DE BELEM DO PARA", le violaron los siguientes
derechos:

Derecho a la Integridad Personal, Artículo 5. Toda mujer podrá ejercer


libre y plenamente sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y
culturales y contará con la total protección de esos derechos consagrados en
los instrumentos regionales e internacionales sobre derechos humanos. Los
Estados Partes reconocen que la violencia contra la mujer impide y anula el
ejercicio de esos derechos.

Derecho a la Libertad Personal y Garantías Judiciales, Artículo 7. Los


Estados Partes condenan todas las formas de violencia contra la mujer y
convienen en adoptar, por todos los medios apropiados y sin dilaciones,
políticas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar dicha violencia y en
llevar a cabo lo siguiente:

a. abstenerse de cualquier acción o práctica de violencia contra la mujer y


velar por que las autoridades, sus funcionarios, personal y agentes e
instituciones se comporten de conformidad con esta obligación;

b. actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la


violencia contra la mujer;

c. incluir en su legislación interna normas penales, civiles y administrativas,


así como las de otra naturaleza que sean necesarias para prevenir,
sancionar y erradicar la violencia contra la mujer y adoptar las medidas
administrativas apropiadas que sean del caso;

d. adoptar medidas jurídicas para conminar al agresor a abstenerse de


hostigar, intimidar, amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la mujer
de cualquier forma que atente contra su integridad o perjudique su
propiedad;

e. tomar todas las medidas apropiadas, incluyendo medidas de tipo


legislativo, para modificar o abolir leyes y reglamentos vigentes, o para
modificar prácticas jurídicas o consuetudinarias que respalden la
persistencia o la tolerancia de la violencia contra la mujer;

f. establecer procedimientos legales justos y eficaces para la mujer que


haya sido sometida a violencia, que incluyan, entre otros, medidas de
protección, un juicio oportuno y el acceso efectivo a tales procedimientos;

g. establecer los mecanismos judiciales y administrativos necesarios para


asegurar que la mujer objeto de violencia tenga acceso efectivo a
resarcimiento, reparación del daño u otros medios de compensación justos
y eficaces, y

h. adoptar las disposiciones legislativas o de otra índole que sean


necesarias para hacer efectiva esta Convención.

Artículo 8. Los Estados Partes convienen en adoptar, en forma


progresiva, medidas específicas, inclusive programas para:

a. fomentar el conocimiento y la observancia del derecho de la mujer a una


vida libre de violencia, y el derecho de la mujer a que se respeten y protejan
sus derechos humanos;

b. modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y


mujeres, incluyendo el diseño de programas de educación formales y no
formales apropiados a todo nivel del proceso educativo, para contrarrestar
prejuicios y costumbres y todo otro tipo de prácticas que se basen en la
premisa de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los géneros o en
los papeles estereotipados para el hombre y la mujer que legitimizan o
exacerban la violencia contra la mujer;

c. fomentar la educación y capacitación del personal en la administración


de justicia, policial y demás funcionarios encargados de la aplicación de la
ley, así como del personal a cuyo cargo esté la aplicación de las políticas
de prevención, sanción y eliminación de la violencia contra la mujer;

d. suministrar los servicios especializados apropiados para la atención


necesaria a la mujer objeto de violencia, por medio de entidades de los
sectores público y privado, inclusive refugios, servicios de orientación para
toda la familia, cuando sea del caso, y cuidado y custodia de los menores
afectados;

e. fomentar y apoyar programas de educación gubernamentales y del


sector privado destinados a concientizar al público sobre los problemas
relacionados con la violencia contra la mujer, los recursos legales y la
reparación que corresponda;

f. ofrecer a la mujer objeto de violencia acceso a programas eficaces de


rehabilitación y capacitación que le permitan participar plenamente en la
vida pública, privada y social;

g. alentar a los medios de comunicación a elaborar directrices adecuadas


de difusión que contribuyan a erradicar la violencia contra la mujer en todas
sus formas y a realzar el respeto a la dignidad de la mujer;

h. garantizar la investigación y recopilación de estadísticas y demás


información pertinente sobre las causas, consecuencias y frecuencia de la
violencia contra la mujer, con el fin de evaluar la eficacia de las medidas
para prevenir, sancionar y eliminar la violencia contra la mujer y de formular
y aplicar los cambios que sean necesarios, y
i. promover la cooperación internacional para el intercambio de ideas y
experiencias y la ejecución de programas encaminados a proteger a la
mujer objeto de violencia.

Derecho a la Vida Privada, Dignidad y Autonomía, Artículo 11. Los


Estados Partes en esta Convención y la Comisión Interamericana de
Mujeres, podrán requerir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos
opinión consultiva sobre la interpretación de esta Convención.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos indicó que, ante una


violación de derechos humanos, el Estado tiene la obligación de suministrar
recursos judiciales efectivos a las víctimas y hacer todo lo necesario para
que estas conozcan la verdad de lo sucedido. Esto incluye llevar una
investigación de manera diligente, ordenar y practicar las pruebas
necesarias. En los casos de violencia contra la mujer, se debe además
llevar a cabo el proceso con una perspectiva de género. En particular en los
casos de violaciones sexuales, no se debe valorar únicamente la evidencia
física sino los distintos elementos probatorios, incluyendo la declaración de
la víctima. La Corte Interamericana de Derechos Humanos llegó a la
conclusión que, en el presente caso, el Estado venezolano no cumplió con
su deber de investigar por las razones que se detallan a continuación.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos recordó que los actos


de violencia sexual y aún más los casos de violación sexual pueden
constituir una forma de tortura, pues es una experiencia traumática que
causa gran sufrimiento a la víctima, y un acto que busca intimidar, humillar
y controlar a la víctima. De acuerdo a la Corte, tres son los elementos
constitutivos de la tortura: 1) intencionalidad, 2) severidad de los
sufrimientos que causa, y 3) la existencia de un fin o propósito.

Debido a la injusticia que se presentó con la victima aquí en


Venezuela, violándole sus derechos Humanos como mujer, la misma
presento una petición ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos,
denunciando que el Estado de Venezuela había vulnerado los derechos a la
vida.

Artículo 4. Toda mujer tiene derecho al reconocimiento, goce,


ejercicio y protección de todos los derechos humanos y a las libertades
consagradas por los instrumentos regionales e internacionales sobre
derechos humanos. Estos derechos comprenden, entre otros:

a. el derecho a que se respete su vida;

b. el derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral;

c. el derecho a la libertad y a la seguridad personal;

d. el derecho a no ser sometida a torturas;

e. el derecho a que se respete la dignidad inherente a su persona y que se


proteja a su familia;

f. el derecho a igualdad de protección ante la ley y de la ley;

g. el derecho a un recurso sencillo y rápido ante los tribunales


competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos;

h. el derecho a libertad de asociación;

i. el derecho a la libertad de profesar la religión y las creencias propias


dentro de la ley, y

j. el derecho a tener igualdad de acceso a las funciones públicas de su país


y a participar en los asuntos públicos, incluyendo la toma de decisiones.

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