Estado del arte.
Todos los seres humanos experimentamos emociones, las emociones son un
componente básico de nuestras vidas, independientemente de cómo las
expresamos o las vivimos. Están presentes en cada decisión que tomamos, pues
constituyen la base de la motivación humana.
Las emociones surgen como resultado de la interacción de factores biológicos,
psicológicos y sociales, de la estructura de la personalidad y de las normas
culturales de cada individuo. Son esencialmente, una manifestación de la vida de
cada persona; por eso hay quienes son más sensibles a ellas, y por tanto más
proclives a tener dificultades a la hora de regularlas o para responder de forma
sana a determinados estímulos o situaciones. Sin embargo, es posible aprender a
utilizar estrategias y recursos que nos ayuden a ser más felices y llevar una
existencia más plena, durante toda nuestra vida, especialmente durante la infancia
y adolescencia, periodos de enorme plasticidad cerebral, en las que chicos y
chicas pueden alcanzar un desarrollo óptimo de sus potencialidades siempre que
disfruten de un contexto favorable.
La adolescencia es una etapa de enorme importancia, durante la cual se producen
innumerables cambios que afectan a las esferas física, cognitiva, emocional y
conductual que en muchas ocasiones generan un gran malestar emocional y
sufrimiento. La educación emocional puede paliar estos efectos indeseables en los
y las adolescentes, y no solo eso, sino que además podrán obtener numerosos
beneficios; una adecuada autoestima, mayor resiliencia, autocontrol y dominio de
las emociones, mejor autoconocimiento y madurez personal, capacidad para
resolver conflictos, mayor tolerancia a la frustración y sobre todo conseguirán
alcanzar el equilibrio emocional necesario para vivir una vida más estable, feliz y
productiva.
Atendiendo a esta problemática se han encontrado diferentes estudios que buscan
intervenir e impactar frente a la inteligencia emocional de los adolescentes, por
ejemplo: Un programa de formación en desarrollo de habilidades sociales para
mejorar la resiliencia psicológica y el nivel de inteligencia emocional de los
adolescentes que se realizó en diciembre del año 2021, la población fueron 70
estudiantes de una escuela secundaria en Turquía. Las escalas se administraron
en el grupo de intervención antes de iniciar el programa de educación, quienes
luego recibieron un programa de educación de 7 semanas. Un mes después de la
administración del programa de educación, las escalas fueron nuevamente
administradas durante el seguimiento. Como resultado se encontró que el
programa de educación mejoró y aumentó la resiliencia psicológica de los
adolescentes y el nivel de inteligencia emocional. Como conclusión, los resultados
sugieren que el programa de entrenamiento tiene efectos positivos en la mejora de
los niveles de inteligencia emocional y resiliencia psicológica de los adolescentes,
especialmente a largo plazo, lo que necesita ser desarrollado y aplicado en
diferentes muestras (Esin Cerit, 2021).
En el año 2020, desde la Dirección de Adolescencias y Juventudes del Ministerio
de Salud de la Nación (DIAJU) se creó el Consejo Asesor de Salud Adolescente y
Juvenil (CONSAJU)1 , un espacio de participación comunitaria que tiene como
objetivo asesorar a la DIAJU y al Ministerio en las políticas públicas destinadas a
adolescencias y juventudes, y que está conformado por representantes
adolescentes y jóvenes de organizaciones de la sociedad civil de todo el país,
asociaciones de profesionales, sociedades científicas y agencias del sistema de
Naciones Unidas.
Una de las primeras acciones del CONSAJU fue la elaboración de un Primer
Diagnóstico Federal (2021) sobre el acceso a la salud de las adolescencias y
juventudes: una de las principales preocupaciones fue la salud mental. No solo se
plantearon problemáticas en su abordaje en torno a “la necesidad de apuntalar la
prevención y las prácticas de autocuidados de la población”, “las desigualdades en
el acceso” y “la necesidad de espacios de escucha y reflexión” sino que también
fue una temática transversal a todas las demás, vinculadas con educación,
consumos, salud sexual, violencias y salud comunitaria.
A instancias del CONSAJU, durante el año 2022 se organizó el Foro de Ideas para
el Abordaje de la Salud Mental con Adolescentes y Jóvenes, apuntando a iniciar
una red dinámica, diversa y de intercambio en donde se pudiera diagnosticar y
pensar estrategias para planificar con adolescentes y jóvenes políticas para
mejorar el acceso a la salud mental de esta población. Allí, se planteó la
necesidad de contar con materiales actualizados y focalizados en la promoción en
ámbitos comunitarios, y se concluyó en la necesidad de elaborar un kit de
herramientas para desarrollar talleres que apunten a producir cuidados en salud
mental, abordando las problemáticas de manera integral, con enfoque de
derechos y perspectiva comunitaria.
Existen variadas definiciones sobre estas etapas de la vida, que cambian según
las disciplinas, las épocas y los contextos. Por ejemplo, el Código Civil y Comercial
define a la adolescencia como el período comprendido entre los 13 y los 18 años,
momento en que se adquiere la mayoría de edad; mientras que para la
Organización Mundial de la Salud (OMS) , es la etapa entre los 10 y los 19 años,
en la que tiene lugar un rápido crecimiento físico, cognoscitivo y social, y esto
influye en cómo les adolescentes se sienten, piensan, toman decisiones e
interactúan con su entorno. Además, se denomina “adolescencia temprana” al
momento entre los 10 y 14 años; y “adolescencia tardía”, entre los 15 y 19 años.
En ese mismo marco, se consideran jóvenes a las personas de 15 a 24 años
(DIAJU 2023).
Sin embargo, las condiciones sociales, económicas, políticas, culturales y
comunitarias son diversas en cada contexto. Por eso, sería una simplificación
concebir la adolescencia y la juventud como fenómenos uniformes y universales,
que ocurren del mismo modo en todas las personas. De igual manera, sería
reduccionista anclarlas en categorías fijas solo por la edad.
Para dar cuenta de esta diversidad es conveniente usar el plural: adolescencias y
juventudes. Rastrear sus itinerarios y trayectorias de vida, contemplando sus
marcos sociohistóricos y comunitarios, sus diferencias e inequidades, permite
comprender y abordar sus especificidades en el presente.
En contraposición con perspectivas tutelares, que ubican a las adolescencias y
juventudes como períodos de transición, poniendo el foco en la adultez y el valor
en “el futuro”, o como etapas problemáticas y disruptivas, el marco normativo
vigente en el país reconoce a adolescentes y jóvenes como sujetos de derecho,
ciudadanos y actores estratégicos, con autonomía para tomar decisiones.
La autonomía progresiva es uno de los principios que rige el efectivo cumplimiento
de los derechos de cada adolescente. Ejercer la autonomía significa poder tomar
decisiones. Es una de las muchas habilidades que comienzan a desarrollarse
durante la niñez y continúan en las siguientes etapas de la vida. No
necesariamente guarda relación con la edad4, pero sí con distintas características
individuales y del entorno (familia, educación, cultura, etc.).
Por eso, cada persona desarrolla esta habilidad de manera diferente. La
autonomía se constituye en un articulador entre habilidades, competencias,
conocimientos y el ejercicio progresivo de los derechos.
En relación a la autonomía, resulta fundamental tener en cuenta a adolescentes y
jóvenes con discapacidad, que muchas veces ven vulnerado su derecho a la
participación plena y en igualdad de condiciones que el resto de las personas.
Para que esto sea posible, es necesario generar medidas de accesibilidad, es
decir, que permitan su participación con la mayor autonomía posible, tendiendo al
diseño universal
Por su parte, el enfoque del curso de vida entiende a las comunidades y sus
integrantes como un todo, y a sus vidas y su salud como un trayecto continuo,
donde lo que sucede en un momento se ve afectado por lo que sucedió antes y, al
mismo tiempo, dejará huellas para el futuro. Este enfoque permite abandonar la
idea de las adolescencias y juventudes como períodos de transición.
Es fundamental, entonces, garantizar el derecho a la participación de las
adolescencias y juventudes en el diseño y la implementación de políticas y
estrategias integrales, reconociéndolas como sujetos de derechos, situadas en
contextos sociohistóricos específicos y con capacidades para intervenir
protagónicamente en su presente.
La salud es un proceso dinámico, en movimiento, que no se refiere solo a lo físico
ni a la ausencia de enfermedad. Tampoco se trata de una relación unicausal entre
fenómenos biológicos y responsabilidades individuales.
La salud integral, entendida como un proceso físico, mental y social, tiene que ver
con cómo vive cada persona, sus gustos, aspiraciones, preocupaciones, su
historia de vida, su entorno. Es una realidad social y cultural; un campo en tensión
donde se juegan diversas dimensiones que la atraviesan y la construyen
constantemente.
El reconocimiento de la salud como derecho humano pone de manifiesto la
estrecha relación entre esta y las condiciones sociales y económicas, el entorno
físico y los estilos de vida individuales. Considerar los determinantes sociales de la
salud implica incorporar las condiciones de vida de las poblaciones incluyendo la
dimensión de equidad.
En este marco, la promoción de la salud se posiciona como un enfoque y una
práctica integral. A diferencia de la prevención, que hace eje en la enfermedad y,
por eso, es una acción que en general desarrolla el sector sanitario, la promoción
hace eje en la salud, es decir, está direccionada al conjunto de los componentes
de la vida que generan salud. Por lo tanto, se corre de lo estrictamente médico
asistencial para involucrar a diversos actores de la comunidad en la producción de
conocimientos y prácticas interdisciplinarias, intersectoriales y en red.
Al mismo tiempo, incorpora la perspectiva de la vulnerabilidad que al incluir
dimensiones colectivas y contextuales permite analizar los problemas de salud
desde una mirada compleja, multicausal. De este modo, se diferencia del enfoque
de riesgo, que se basa en la probabilidad de que ocurra un fenómeno en función
de la exposición a determinados factores de riesgo, relacionados con diferentes
comportamientos de riesgo. La vulnerabilidad, en cambio, no se explica
únicamente por el comportamiento de las personas o del grupo de pertenencia. En
este sentido, facilita el trabajo ante escenarios donde interactúan múltiples
dimensiones de manera dinámica y variable.
El enfoque de promoción de la salud integral, además, prioriza la participación
activa de las personas en los procesos de salud; las opiniones de adolescentes y
jóvenes deben ser escuchadas y tenidas en cuenta. Son quienes tienen la mejor
comprensión acerca de sus propias realidades, necesidades y deseos, y pueden
comprometerse activamente en las decisiones que afectan su vida. Incluirles
permite que las intervenciones respondan a sus necesidades reales y les
empodera para la exigibilidad de sus derechos. La participación comunitaria es un
eje clave en el acceso al ejercicio de su salud; promoverla es, también, promover
el ejercicio de la ciudadanía
La adolescencia es una etapa con múltiples implicaciones según diferentes teorías
evolutivas, para el enfoque positivo del desarrollo de la adolescencia en este
momento vital, los adolescentes cuentan con diversas capacidades que les
permite afrontar los diferentes acontecimientos que se presentan en este periodo.
Por lo cual es importante potenciar esas capacidades en el adolescente. Un tema
crucial para el adolescente es el componente emocional donde se ha implicado la
gestión de las emociones y# su impacto en las diferentes dimensiones del ser
humano, debido a esto se presenta la necesidad de promover la inteligencia
emocional en esta población, reconociendo este asunto emocional como un factor
protector.
La adolescencia es definida por la OMS como el periodo de crecimiento y
desarrollo que se da a partir de la finalización de la niñez y antes de la edad adulta
y que oscila entre los 10 y 19 años. Esta etapa suele ser percibida socialmente
como tormentosa 14 puesto que además de presentar cambios físicos,
hormonales y psicológicos, se encuentra la aparición de posibles desacuerdos
frente a los adultos (figuras de autoridad) debido a que en esta etapa no solo se
desarrolla y se estructura su propia identidad sino además su autonomía y
dependencia emocional y social, por lo que es posible que los padres perciban
rechazo “rebeldía” o ausencia por parte de sus hijos (Heras Nieto & Ortín Elizalde,
2010).
Frente a la concepción teórica de la adolescencia existen diversas teorías del
desarrollo que permiten entender este periodo evolutivo y todas sus implicaciones,
por lo que no existe una única perspectiva teórica que sustente los cambios
psicológicos, físicos, biológicos, emocionales y sociales que se movilizan en esta
fase. Algunas de las teorías más tradicionales suelen estar ubicadas en el modelo
del déficit o en la concepción negativa de la adolescencia, la cual se fundamenta
en los factores de riesgo y prevención de conductas problemáticas de dicha fase
evolutiva, sin embargo, en los últimos años ha ido surgiendo un nuevo modelo
centrado en el desarrollo positivo y en las competencias en la adolescencia
Sus raíces tienen que ver con la psicología positiva de Martín Selinman, del cual
se retoman algunos constructos para la comunicación: la comunicación y
estructuración de la visión frente al crecimiento del adolescente en este modelo
(Universidad de Navarra, 2018). Teniendo en cuenta lo anterior, el enfoque PYD
no centraliza su atención en la evitación de conductas de riesgo asociadas a la
adolescencia, sino que su énfasis va dirigido a la existencia de condiciones
saludables y la amplitud del concepto de salud donde se involucren y promuevan
las habilidades, conductas y competencias necesarias para el éxito en la vida
dimensional de los adolescentes, brindando un papel más activo en ellos frente a
su etapa evolutiva, incidiendo indirectamente en los factores de riesgo, además;
en la 15 misma vía de salud, como un término más amplio y contribuyendo a esta
perspectiva de promoción y generación de recursos, se identifica la importancia
del bienestar emocional, social y psicológico, para hablar de una buena salud
mental en el adolescente (Oliva Delgado, y otros, 2010).
La Inteligencia Emocional es definida desde la importancia de reconocer y
demostrar los sentimientos para el desarrollo del cuerpo y la sanidad mental.
Además, se refiere a la inteligencia emocional como una habilidad consciente
cimentada en la emoción. (San José Marqués & Ursua Lezaun , 2017)
Posteriormente, se entiende por inteligencia emocional a las competencias que
poseen las personas para responder a las dificultades que se presentan en la vida.
También, es definida como la capacidad de reglamentar el genio y evitar que las
alteraciones reduzcan la facultad de pensar. Asimismo, la inteligencia emocional
hace referencia a la 17 facultad que tienen los sujetos de ser solidarios y de
mantener una actitud positiva (Casas Fernández, 2003) Luego, se le concede gran
interés a desarrollar competencias emociónales para conducir mejor nuestras
vidas y tener éxito en lo que nos propongamos.
Además, se nombra que es mucho más valioso ser solidarios, reconocer las
emociones propias y ajenas que tener solamente un cociente intelectual elevado.
En la actualidad comprendernos el valor de extender las competencias
emocionales, motivo por el cual algunos autores han relacionado la inteligencia
emocional con alcanzar una vida feliz (Casas Fernández, 2003) Como señalamos
anteriormente, reconocer las emociones propias y las de los demás contribuye a
desarrollar la inteligencia emocional, pero, adicionalmente, se considera que se
deben ejecutar también las siguientes competencias: controlar las emociones,
tener la capacidad de exponer pertinentemente las sensaciones, contar con
estímulos para realizar una acción y lograr los objetivos propuestos (Olvera López,
Domínguez Trejo, & Cruz Martínez, 2002) Asimismo, se define a la inteligencia
emocional como las competencias de la aprobación y la dirección responsable de
las sensaciones, entendiendo que estas inciden en las determinaciones que
tomamos en la vida (Arrabal Martín E. , Inteligencia emocional).
También, podemos explicar la inteligencia emocional desde factores colectivos,
emocionales y particulares que repercuten en la adaptación de los sujetos frente a
las exigencias del contexto (Mamani-Benito, Brousett-Minaya, Ccori-Zúñiga, &
VillasanteIdme, 2017). Todo lo anterior comprueba la importancia de extender la
inteligencia emocional, pero ¿qué necesitamos para desarrollarla? Existen cuatro
habilidades que nos permiten progresar para tener inteligencia emocional:
Manifestar las emociones, es decir, permitirnos hablar sobre eso que estamos
sintiendo, establecer vínculos con las personas para facilitar el entendimiento y la
tolerancia, interpretar la inteligencia emocional desde el reconocimiento de las
sensaciones para poderlas gestionar, y finalmente, controlar las sensaciones
promoviendo un crecimiento emocional (Siguenza Marín, Carballido Guisado,
Pérez Albéñiz, & Fonseca Pedrero, 2019).
No obstante, durante esta investigación encontramos que una de las causas que
impide que las personas desarrollen inteligencia emocional es el desconocimiento
del significado de las “emociones”, razón por la cual consideramos importante
ofrecer una definición acerca de las emociones ¿qué son las emociones? en
respuesta, podemos comprender por emoción a una destreza multifacética donde
encontramos tres sistemas de respuesta: Mental-Individual, Comportamental-
Significativo y Orgánico-Flexible) (Chóliz Montañés, 2005) Más adelante, en la
teoría realista del sentimiento se examinan tres perspectivas de emoción:
Satisfacción-Descontento, Rigidez-Relajación, Agitación-Tranquilidad (Chóliz
Montañés, 2005)
En otro estudió que tuvo como objetivo determinar la eficacia de un programa de
intervención para desarrollar la inteligencia emocional en un grupo de riesgo, el
mismo que fue sometido a una evaluación antes y después de una intervención.
La población consta de 33 adolescentes, mujeres identificadas con ideación
suicida, y los instrumentos aplicados 10 fueron la escala de ideación suicida de
Beck y el inventario de inteligencia emocional de Barón Ice. Se corrobora la
prevalencia de la inteligencia emocional afectada en sujetos que presentan
ideación suicida; así también, los resultados concuerdan con estudios que
sustentan que la inteligencia emocional modula el riesgo suicida, por lo tanto; se
ha demostrado que la eficacia del programa de intervención permitió el desarrollo
de la inteligencia emocional en las dimensiones antes mencionadas, por
consecuencia se disminuyeron los niveles de ideación suicida en la población de
riesgo ( Mamani-Benito, Brousett-Minaya2, CcoriZúñiga, & Villasante-Idme, 2017)
Por otro lado, en otro estudio se encontró el objetivo de evaluar un programa de
inteligencia emocional (INTEMO – UR) en adolescentes, estudiantes de una
institución educativa, este programa se realizó en un total de 10 sesiones, la
organización de las sesiones se dividió en 4 fases que correspondían a las 4
ramas del modelo de IE propuestos por los autores Mayer y Salovey. Como
resultados se encontraron mejorías en aspectos relevante frentes a la IE aunque
no significativamente, sin embargo, se encontró que el programa es novedoso y se
adecua a la población aplicada, además el programa evidenció la necesidad de la
implementación de programas en las instituciones educativas donde esté implícito
el trabajo de las emociones debido a que los estudiantes identificaban una leve
mejoría además una gran satisfacción con el programa, reflejando la importancia
de potenciar este tipo de programas de educación emocional ya que brindan
estrategias e impulsan habilidades relacionadas con la salud mental de los
jóvenes disminuyendo factores de riesgo (SigüenzaMarín, Carballido-Guisado,
Pérez-Albéniz, & Fonseca-Pedrero, 2019)
Además, otro estudio tuvo como objetivo analizar los niveles de auto concepto, de
inteligencia emocional y el nivel de ansiedad en estudiantes adolescente, y
determinar la 11 eficacia de un programa de inteligencia emocional. Los alumnos
que hicieron parte del estudio comprendían las edades entre 12 y 19 años. La
intervención se desarrolló en horas de tutoría y fueron los maestros quienes una
vez formados desarrollaron las actividades con los estudiantes. El programa
evidenció eficacia en la mejoría en la dimensión social del auto concepto, sin
embargo, en el resto de dimensiones como inteligencia emocional y ansiedad no
se produjeron cambios, el estudio manifiesta la creencia de que este resultado
refleja la importancia de implicar en mayor grado a las familias en este tipo de
intervenciones (Sosa Baltasar, Relación entre autoconcepto, ansiedad e
inteligencia emocional: eficacia de un programa de intervención en estudiantes
adolescentes, 2014).
Referencias
ADESAM (2017). Derechos humanos en salud: En el camino de implementación de la Ley
Nacional de Salud Mental.
CONISMA, Ministerio de Educación y Ministerio de Salud (2014). Pautas para evitar el
uso inapropiado de diagnósticos, medicamentos u otros tratamientos a partir de
problemáticas del ámbito escolar. Pág.7
CONSAJU (2021). Diagnóstico Federal de Salud Adolescente y Juvenil. Dirección de
Adolescencias y Juventudes, Ministerio de Salud de la Nación (2021). Participar.
Experiencias de participación adolescente y juvenil en políticas sanitarias.
Dirección de Adolescencias y Juventudes, Ministerio de Salud de la Nación (2023).
Lineamientos para el Abordaje de la Salud Integral de Adolescentes en el Primer Nivel de
Atención. CABA: Ministerio de Salud de la Nación.
Dirección de Adolescencias y Juventudes, Ministerio de Salud de la Nación (2021).
Rotafolio. Salud integral en las adolescencias. DIAJU.
Dirección de Adolescencias y Juventudes, Sociedad Argentina de Pediatría, UNICEF
(2021). Abordaje integral del suicidio en las adolescencias, lineamientos para equipos de
salud. CABA: Ministerio de Salud de la Nación. Dirección de Estadísticas e Información de
Salud (2023). Estadísticas Vitales. Información Básica. Año 2021.
Marco normativo Organización de las Naciones Unidas (2006). Convención sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad y su protocolo facultativo.
Manual de mapeo colectivo: recursos cartográficos críticos para procesos territoriales de
creación colaborativa. Rovere, M. (1997). Planificación estratégica en salud;
acompañando la democratización de un sector en crisis. SEDRONAR (2019). Jugadas:
adolescencias y juventudes ni puestas ni sacadas. Buenos Aires: Ministerio de Salud de la
Nación. Programa Recreación Comunitaria GCBA. Recursos didácticos y teóricos.
Organización Mundial de la Salud (2023a), Determinantes sociales de la salud en la
Región de las Américas.
Organización Mundial de la Salud (2023b). Temas de salud. Salud del adolescente.
Organización Panamericana de la Salud y Organización Mundial de la Salud (2003).
Informe mundial sobre la violencia y la salud. Washington, D.C.
Organización Panamericana de la Salud y Organización Mundial de la Salud (2021). Plan
de acción sobre salud mental: Informe final.
Organización Panamericana de la Salud y Organización Mundial de la Salud (2023). Una
nueva agenda para la salud mental en las Américas. Informe de la Comisión de Alto Nivel
sobre Salud Mental y COVID-19 de la Organización Panamericana de la Salud.
Organización Panamericana de la Salud, Organización Mundial de la Salud (6 de
septiembre de 2023), Campaña para la reducción del estigma en salud mental. (Risler ). y
P. Ares (2013). Manual de mapeo colectivo: recursos cartográficos críticos para procesos
territoriales de creación colaborativa.
Rovere, M. (1997). Planificación estratégica en salud; acompañando la democratización
de un sector en crisis.
SEDRONAR (2019). Jugadas: adolescencias y juventudes ni puestas ni sacadas.Buenos
Aires: Ministerio de Salud de la Nación. Organización Mundial de la Salud (2023a),
Determinantes sociales de la salud en la Región de las Américas. Organización Mundial
de la Salud (2023b). Temas de salud. Salud del adolescente.