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Incapacidad Permanente: Conceptos y Prestaciones

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SECRETARÍA GENERAL

Unidad de Formación y Documentación

TEMA 59. INCAPACIDAD PERMANENTE EN LA MODALIDAD CONTRIBUTIVA:


CONCEPTO. GRADOS DE INCAPACIDAD. PRESTACIONES. DETERMINACIÓN Y
CUANTÍA. BENEFICIARIOS. NACIMIENTO, DURACIÓN Y EXTINCIÓN DEL
DERECHO. INVALIDEZ SOVI.

INTRODUCCIÓN:

Esta contingencia -modificada, de forma simbólica, en su denominación desde agosto de


1997-, ha sido objeto de sucesivas reformas con el propósito de establecer una mayor seguridad
jurídica en la determinación de las pensiones de incapacidad permanente y de mejorar el ámbito
de su acción protectora.
La Ley 24/1997, de 15 de julio, de consolidación y racionalización del sistema de la
Seguridad Social, hace previsible que, a través de las medidas sobre objetivación de la calificación,
que en ella se introducen, y con las limitaciones para el acceso a la incapacidad permanente de
quienes puedan acceder a la pensión de jubilación, que también contempla, se modere el
crecimiento de las nuevas altas y se corrijan algunas disfunciones de una protección que se instauró
en España a través del precedente Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez.
No obstante, conviene señalar que las disposiciones reglamentarias que la Ley 24/1997
preveía para regular la lista de enfermedades, su valoración, la determinación de los grados de
incapacidad, el régimen de incompatibilidades de éstos y el concepto de profesión habitual, no han
sido dictadas hasta la fecha, manteniendo su vigencia la regulación anterior.
Asimismo, y en relación con las limitaciones para causar las prestaciones por incapacidad
permanente cuando el trabajador tiene cumplida la edad ordinaria de jubilación en la fecha del
hecho causante -también introducidas por la Ley 24/1997-, hay que destacar la modificación
llevada a cabo por la Ley 35/2002, de 12 de julio, de medidas para el establecimiento de un sistema
de jubilación gradual y flexible, que contempla la posibilidad de acceder a las prestaciones por
incapacidad permanente, aunque el trabajador tenga cumplida la edad ordinaria de jubilación y
reúna las condiciones de acceso a la pensión de jubilación, cuando la causa originaria de la
incapacidad derive de un accidente de trabajo o de una enfermedad profesional.
También indicar la modificación efectuada por la Ley 52/2003, de 10 de diciembre, que
incorpora al ordenamiento jurídico de la Seguridad Social, de una manera expresa, los criterios
jurídicos sobre el cómputo del período de cotización exigible y la forma de cálculo de la base
reguladora de la pensión en los supuestos en que se accede a ésta desde una situación de alta o
asimilada a la de alta, sin obligación de cotizar.
En virtud de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres
y hombres, se establece el cómputo de los períodos de cotización asimilados por parto a efectos de
las pensiones contributivas de incapacidad permanente.
Posteriormente, la Ley 40/2007, de 4 de diciembre, de medidas en materia de Seguridad
Social, establece una serie de modificaciones en relación con la incapacidad permanente. En
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concreto, se flexibiliza el período mínimo de cotización exigible a los trabajadores más jóvenes, se
modifica la forma de cálculo del importe de las pensiones derivadas de enfermedad común y
también la del complemento de gran invalidez, desvinculándolo del importe de la pensión de
incapacidad permanente absoluta, y se garantizan cuantías mínimas para determinadas
circunstancias. Además, en virtud de la citada ley, la situación de incapacidad permanente revisable
en el plazo de 6 meses se ha sustituido por una demora de calificación, hasta un máximo de 730
días naturales, para los casos en que continúe la necesidad de tratamiento médico por la expectativa
de recuperación o la mejoría del estado del trabajador.
La Ley 26/2009, de 23 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2010,
introduce modificaciones en la obtención de la base reguladora de las pensiones de incapacidad
permanente derivadas de contingencias comunes; en estos supuestos, el período de bases de
cotización a computar se cuenta a partir del mes anterior al mes previo al del hecho causante.
La Ley 27/2011, de 1 de agosto, sobre actualización, adecuación y modernización del
sistema de la Seguridad Social, introduce innovaciones en el régimen jurídico de la pensión de
incapacidad permanente que se refieren, por un lado, al cálculo de la base reguladora de las
pensiones derivadas de contingencias comunes y, por otro, a la compatibilidad e incompatibilidad
con un trabajo. La ley contempla también algunas previsiones específicas que amplían los
beneficios por cuidado de hijos o menores acogidos aplicables a todos los efectos, salvo para el
cumplimiento del período mínimo de cotización exigido (desarrollado en el Real Decreto
1716/2012, de 28 de diciembre).
Es importante destacar igualmente las modificaciones introducidas por la Ley 1/2014, de 28
de febrero, para la protección de los trabajadores a tiempo parcial y otras medidas urgentes en el
orden económico y social (que procede del Real Decreto-ley 11/2013, de 2 de agosto), en relación
con las reglas para determinar, respectivamente, los períodos de cotizaciones necesarios para
acceder a las prestaciones de incapacidad permanente y la cuantía de las pensiones de incapacidad
permanente derivada de enfermedad común.
Además, en virtud de la Ley 22/2013, de 23 de diciembre, de Presupuestos Generales del
Estado para el año 2014, se modifica el concepto de incapacidad permanente, eliminándose la
necesidad del alta médica para valorar la incapacidad permanente.
Y, por último, señalar que, para las pensiones que se causan a partir de 1 de enero de 2016,
la Ley General de la Seguridad Social (texto refundido aprobado por el Real Decreto legislativo
8/2015, de 30 de octubre) contempló el reconocimiento de un complemento de la pensión
contributiva de incapacidad permanente, por su aportación demográfica a la Seguridad Social, a
las mujeres que hayan tenido 2 o más hijos, biológicos o adoptados. El Real Decreto-ley 3/2021,
de 2 de febrero, por el que se adoptan medidas para la reducción de la brecha de género y otras
materias en los ámbitos de la Seguridad Social y económico regula el complemento de pensiones
contributivas para la reducción de la brecha de género que sustituye el complemento por
maternidad por aportación demográfica por un complemento dirigido a la reducción de la brecha
de género, con el que se persigue reparar el perjuicio que han sufrido a lo largo de su carrera
profesional las mujeres por asumir un papel principal en la tarea de los cuidados de los hijos que
se proyecta en el ámbito de las pensiones. Serán beneficiarios las mujeres y los hombres que hayan

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tenido uno o más hijos o hijas y que sean personas beneficiarias de una pensión contributiva de
jubilación (salvo la jubilación parcial), de incapacidad permanente o de viudedad.

1. INCAPACIDAD PERMANENTE EN LA MODALIDAD CONTRIBUTIVA


1.1. Regulación.
La regulación de esta contingencia se contiene en:

• Capítulo XI del título II del Real Decreto Legislativo8/2015, de 30 de octubre, que aprueba el
Texto Refundido de la Ley General de la Seguridad Social, «Incapacidad Permanente
Contributiva» (artículos 193 a 200).

• Sección 1ª. Del capítulo II del título VI: «Prestaciones no contributivas» de la mencionada
LGSS, artículos 363 a 368, que lleva por nombre «Invalidez no contributiva».

• Reglamento general de prestaciones de 23 de diciembre de 1966, modificado por el Decreto de


23 de junio de 1972.

• Orden de 15 de abril de 1969.

• Real Decreto 1799/1985, de 2 de octubre.

• Real Decreto 1609/1982, de 24 de septiembre, sobre evaluación y declaración de las situaciones


de incapacidad permanente en la Seguridad Social (parcialmente derogado), así como el Real
Decreto 1300/1995, de 21 de julio, por el que se desarrolla, en materia de incapacidades
laborales del sistema de la Seguridad Social, la Ley 42/1994, de 30 de diciembre y la Orden
Ministerial de 18 de enero de 1996, que lo desarrolla.

• Real Decreto 1131/2002, de 31 de octubre, por el que se regula la Seguridad Social de los
trabajadores contratados a tiempo parcial así como la jubilación parcial.

• Real Decreto 1132/2002, de 31 de octubre, sobre jubilación gradual y flexible, en cuyos


artículos 10 y 11 se regulan las prestaciones de IP para los mayores de 65 años.

1.2. Concepto.

La definición de la incapacidad permanente a efectos de su protección dentro del sistema de


Seguridad Social difiere según se trate de la modalidad contributiva o de la no contributiva. De
acuerdo con el carácter profesional que tiene la modalidad contributiva, el concepto de incapacidad
permanente tiene en cuenta no sólo la alteración continuada de la salud sino también y, sobre todo,
su incidencia en la realización de la actividad profesional de quien la padece. Sin embargo, en la
modalidad no contributiva, cuyo objetivo no es suplir la pérdida de rentas salariales sino atender
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las necesidades económicas básicas de las personas que carezcan de protección por vía
contributiva, la invalidez queda definida en función del grado de disminución de las capacidades
físicas, psíquicas o sensoriales.
De esta forma, la Ley General de la Seguridad Social -artículo 193.1- define la incapacidad
permanente contributiva como:
“La situación del trabajador que, después de haber estado sometido al tratamiento prescrito,
presenta reducciones anatómicas o funcionales graves, susceptibles de determinación objetiva y
previsiblemente definitivas, que disminuyan o anulen su capacidad laboral. No obstará a tal
calificación la posibilidad de recuperación de la capacidad laboral del incapacitado, si dicha
posibilidad se estima médicamente como incierta o a largo plazo.
Las reducciones anatómicas o funcionales existentes en la fecha de la afiliación del
interesado en la Seguridad Social no impedirán la calificación de la situación de incapacidad
permanente, cuando se trate de personas con discapacidad y con posterioridad a la afiliación tales
reducciones se hayan agravado, provocando por sí mismas o por concurrencia con nuevas lesiones
o patologías una disminución o anulación de la capacidad laboral que tenía el interesado en el
momento de su afiliación”.
De esta definición legal pueden extraerse algunos aspectos básicos que deben concurrir para
que la incapacidad se considere protegible en la modalidad contributiva:
a) Haber estado sometido al tratamiento prescrito.
b) Presentar reducciones anatómicas y funcionales graves.
La incapacidad determinante de la declaración de incapacidad permanente puede ser una lesión
física que suponga tanto una pérdida anatómica (amputación de miembros o extirpación de
órganos), como funcional en una parte del cuerpo que, a su vez, determine una disminución en
la capacidad plena del trabajador a efectos laborales.
c) Las reducciones anatómicas o funcionales deben ser susceptibles de determinación objetiva.
Esta referencia legal parece destinada a excluir como causa de la incapacidad las situaciones
subjetivas que no puedan ser susceptibles de comprobación (molestias, trastornos, dolores sin
sintomatología objetivable médicamente).
d) Las secuelas o dolencias de las lesiones deben ser previsiblemente definitivas.
Por contraste con la figura de la incapacidad temporal en que el carácter transitorio y susceptible
de curación es lo definitorio, la incapacidad requiere para su calificación una estabilidad en las
secuelas, que permanezcan una vez ha sido sometido a tratamiento el afectado.
Sin embargo, la Ley sólo exige que se trate de una previsión, ya que también se establece que
no obsta a la calificación de la incapacidad como permanente la posibilidad de recuperarse si se
estima médicamente incierta o a largo plazo. Para ello existe la revisión de la incapacidad por
mejoría o agravamiento, que permite modular la prestación a la situación real del afectado.
e) Como consecuencia de las lesiones debe producirse una disminución o anulación de la
capacidad laboral.
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Este es el elemento clave de cara a configurar la incapacidad en la modalidad contributiva.


Una de las novedades introducidas en la Ley de consolidación y racionalización del sistema
de la Seguridad Social en relación con las pensiones de incapacidad permanente era la redefinición
del concepto de profesión habitual. En este sentido, las referencias contenidas en la Ley General
de la Seguridad Social y en las normas de desarrollo a la expresión "profesión habitual" aplicada a
la incapacidad permanente, se entenderían realizadas a la expresión "profesión que ejercía el
interesado o del grupo profesional, en que aquélla estaba encuadrada".
Siguiendo la definición que la ley antedicha establece para los distintos grados de
incapacidad, en los mismos términos se recoge en la Ley General de la Seguridad Social -artículo
194-, lo que implica un importante cambio en la consideración de la profesión ejercida por el
interesado a efectos de la calificación de la incapacidad permanente, ya que esta nueva regulación
hace depender la calificación, no sólo de la incidencia que para la profesión habitual tienen las
lesiones o dolencias padecidas, sino también del porcentaje de reducción de la capacidad de trabajo
en general, según lo que reglamentariamente se establezca.
Sin embargo, de acuerdo con lo previsto en la disposición transitoria vigésima sexta de la
Ley General de la Seguridad Social, lo dispuesto en el citado artículo 194 únicamente será de
aplicación a partir de la fecha en que entren en vigor las disposiciones reglamentarias
correspondientes.
Así pues, hasta que se desarrolle reglamentariamente dicho artículo, se aplicará la redacción
del artículo 194 tal y como figura en la citada disposición transitoria vigésima sexta, que define los
diferentes grados de incapacidad en función de la incidencia que las lesiones o dolencias tienen
sobre la profesión habitual o en relación con todo tipo de trabajo.

2. GRADOS DE INCAPACIDAD.

Como ya se ha indicado, y hasta la fecha en que entren en vigor las disposiciones


reglamentarias a que se refiere el apartado 3 del artículo 194 de la Ley General de la Seguridad
Social, la incapacidad permanente, cualquiera que sea la causa determinante, se clasificará con
arreglo a los siguientes grados:

a) Incapacidad permanente parcial para la profesión habitual.


b) Incapacidad permanente total para la profesión habitual.
c) Incapacidad permanente absoluta para todo trabajo.
d) Gran invalidez.

a) Incapacidad permanente parcial (IPP)

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Según el artículo 194.3 de la Ley General de la Seguridad Social [en la redacción de la


disposición transitoria vigésima sexta. uno de la LGSS] “se entenderá por incapacidad permanente
parcial para la profesión habitual la que, sin alcanzar el grado de total, ocasione al trabajador
una disminución no inferior al 33 por ciento en su rendimiento normal para dicha profesión, sin
impedirle la realización de las tareas fundamentales de la misma”.
Se trata, pues, de cuantificar la pérdida no de las facultades físicas o psíquicas generales sino
de las capacidades precisas para obtener el rendimiento normal en la profesión habitual,
computando el conjunto de actividades y tareas que se requiere para los trabajos propios de dicha
profesión, entendida en sentido amplio (aquellos trabajos para los que esté capacitado el afectado
dentro de su categoría laboral).

b) Incapacidad permanente total (IPT)

Se entiende por incapacidad permanente total para la profesión habitual “la que inhabilite al
trabajador para la realización de todas o de las fundamentales tareas de dicha profesión, siempre
que pueda dedicarse a otra distinta”.
Lo que define este grado de incapacidad es, por tanto, la capacidad laboral residual, la
posibilidad de seguir generando rentas salariales por otra profesión diferente a la habitual, y no
otras circunstancias de orden personal o socio-económico, como pueden ser la edad o la posibilidad
de recolocación.
Sin embargo, estas circunstancias adicionales pueden suponer una mejora en la cuantía de la
prestación, aunque no implican una calificación en un grado diferente (superior) al de IPT.
Así, junto con la incapacidad permanente total, existe, como especificidad de esta, la
denominada “cualificada”, cuando por la edad (mínimo 55 años), falta de preparación general o
especializada, y circunstancias sociales y laborales del lugar de residencia del trabajador, se
presume la dificultad de obtener empleo en actividad distinta de la habitual anterior.
Por lo tanto, la IPT cualificada no es un grado de incapacidad, sino una prestación superior
en cuanto al porcentaje en relación con los supuestos en que no concurren dichas circunstancias
especiales.

c) Incapacidad permanente absoluta (IPA)

La Ley General de la Seguridad Social define este grado de incapacidad estableciendo que
“se entenderá por incapacidad permanente absoluta para todo trabajo la que inhabilite por completo
al trabajador para toda profesión u oficio”.
Esta inhabilitación “por completo” para toda profesión u oficio hay que conjugarla con la
que establece el artículo 198.2 de la Ley General de la Seguridad Social cuando dice que las
pensiones vitalicias en caso de IPA no impedirán el ejercicio de aquellas actividades, sean o no

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lucrativas, compatibles con el estado del incapacitado y que no representan un cambio en su


capacidad de trabajo a efectos de revisión.

d) Gran invalidez (GI)

Se define legalmente como “la situación del trabajador afecto de incapacidad permanente y
que, por consecuencia de pérdidas anatómicas o funcionales, necesite la asistencia de otra persona
para los actos más esenciales de la vida, tales como vestirse, desplazarse, comer o análogos”.

3. PRESTACIONES: DETERMINACIÓN Y CUANTÍA.

3.1. Incapacidad permanente parcial (IPP).

La prestación económica por IPP consistirá en una cantidad a tanto alzado.


En concreto, la prestación consiste en una indemnización a tanto alzado de 24 mensualidades
de la base reguladora que haya servido para determinar la prestación por IT de la que se derive
esta incapacidad permanente, es decir, la que haya correspondido en función de la contingencia
causante de la IT.
Esta indemnización a tanto alzado es plenamente compatible con el mantenimiento del
trabajo que se viniera desarrollando, toda vez que no se extingue la relación laboral, pues se
conserva la capacidad suficiente para desempeñar las tareas fundamentales de la profesión que se
ejercía. Por supuesto, también es compatible con el ejercicio de cualquier otra profesión u oficio,
tanto por cuenta ajena como por cuenta propia.

3.2. Incapacidad permanente total (IPT).

La prestación económica correspondiente a la IPT consistirá en una pensión vitalicia, que


podrá excepcionalmente ser sustituida por una indemnización a tanto alzado cuando el beneficiario
fuera menor de 60 años.
Los declarados en situación de IPT percibirán la pensión prevista en el párrafo anterior
incrementada en el porcentaje fijado reglamentariamente, cuando por su edad, falta de preparación
general o especializada y circunstancias sociales y laborales del lugar de residencia se presuma la
dificultad de obtener empleo en actividad distinta de la habitual anterior.
Las disposiciones reglamentarias establecen que la pensión vitalicia será del 55 por 100 de
la base reguladora.
La cuantía de la pensión de incapacidad permanente total derivada de enfermedad común no
podrá resultar inferior al importe mínimo fijado anualmente en la Ley de Presupuestos Generales

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del Estado para la pensión de incapacidad permanente total derivada de enfermedad común de
titulares menores de sesenta años con cónyuge no a cargo.
Lo fundamental, pues, para establecer la cuantía de la pensión, es la determinación de la base
reguladora, pues el cálculo de ésta es diferente según que la contingencia causante sea una
enfermedad común, un accidente no laboral, o un accidente de trabajo o enfermedad profesional:

1. Base reguladora en caso de enfermedad común.

La base reguladora de las pensiones de incapacidad permanente derivada de enfermedad común se


determinará de conformidad con las siguientes normas:
a) Se hallará el cociente que resulte de dividir por 112 las bases de cotización del interesado
durante los 96 meses anteriores al mes previo al del hecho causante.
El cómputo de dichas bases se realizará conforme a las siguientes reglas:
1ª) Las bases correspondientes a los 24 meses anteriores al mes previo al del hecho
causante se computarán en su valor nominal.
2ª) Las restantes bases de cotización se actualizarán de acuerdo con la evolución que
haya experimentado el índice de precios al consumo (IPC) desde los meses a que
aquéllas correspondan hasta el mes inmediato anterior a aquél en que se inicie el
período de bases no actualizables a que se refiere la regla anterior.
b) Al resultado obtenido en razón a lo establecido en la norma anterior se le aplicará el porcentaje
que corresponda en función de los años de cotización, según la escala prevista para las pensiones
de jubilación, considerándose a tal efecto como cotizados los años que le resten al interesado,
en la fecha del hecho causante, para cumplir la edad ordinaria de jubilación vigente en cada
momento. En caso de no alcanzarse 15 años de cotización, el porcentaje aplicable será del 50
por 100.
El importe resultante constituirá la base reguladora a la que, para obtener la cuantía de la
pensión que corresponda, habrá de aplicarse el porcentaje previsto para el grado de incapacidad
reconocido.
La fórmula de cálculo de la base reguladora presenta particularidades en los supuestos en
que, como consecuencia de la aplicación de las reglas sobre período mínimo cotizado en función
de la edad del interesado en el momento del hecho causante, se exija acreditar un período mínimo
de cotización inferior a 8 años.
Para estos supuestos, la base reguladora se obtendrá de forma análoga a la establecida en
los párrafos anteriores [normas a) y b)], pero computando –en la norma a)- bases mensuales de
cotización en número igual al de meses de que conste el período mínimo exigible, sin tener en
cuenta las fracciones de mes, y excluyendo, en todo caso, de la actualización las bases
correspondientes a los veinticuatro meses inmediatamente anteriores al mes previo a aquél en que
se produzca el hecho causante. La suma de las bases de cotización que correspondan en virtud del
período mínimo de cotización exigible se dividirá por el número de meses a que dichas bases se
refieran, multiplicando este divisor por el coeficiente 1,1666 (para que se produzca una
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proporcionalidad similar a la de la fórmula general, de manera que el divisor refleje la existencia


de 2 pagas extraordinarias por cada 12 mensualidades).
Si en el período que ha de tomarse para el cálculo de la base reguladora aparecen meses en
los que no existía la obligación de cotizar, las primeras cuarenta y ocho mensualidades se
integrarán con la base mínima de entre todas las existentes en cada momento, y el resto de
mensualidades con el 50 por 100 de dicha base mínima.
En los supuestos en que en alguno de los meses a tener en cuenta para la determinación de
la base reguladora, la obligación de cotizar exista sólo durante una parte del mismo, procederá la
integración señalada en el párrafo anterior, por la parte del mes en que no exista obligación de
cotizar, siempre que la base de cotización correspondiente al primer período no alcance la cuantía
de la base mínima mensual señalada. En tal supuesto, la integración alcanzará hasta esta última
cuantía.
En el cálculo de la base reguladora, en los supuestos de trabajadores contratados a tiempo
parcial, hay que tener en cuenta las siguientes particularidades:
- A efectos de la determinación de la cuantía de las pensiones de incapacidad permanente
derivada de enfermedad común, el número de días cotizados acreditados computables se
incrementará con la aplicación del coeficiente del 1,5, sin que el número de días resultante pueda
ser superior al período de alta a tiempo parcial.
El porcentaje a aplicar sobre la respectiva base reguladora se determinará conforme a la escala
general (prevista en el artículo 210.1 y en la disposición transitoria novena de la Ley General de
la Seguridad Social), con la siguiente excepción: cuando el interesado acredite un período de
cotización inferior a quince años, considerando la suma de los días a tiempo completo con los
días a tiempo parcial incrementados ya estos últimos con el coeficiente del 1,5, el porcentaje a
aplicar sobre la respectiva base reguladora será el equivalente al que resulte de aplicar a 50 el
porcentaje que represente el período de cotización acreditado por el trabajador sobre 15 años.
-En aquellos supuestos en los que el trabajador haya desempeñado trabajos a tiempo parcial,
para la determinación de la base reguladora de la pensión de incapacidad permanente derivada
de enfermedad común, se tomen en consideración los periodos en los que se hubiera
permanecido en alta con un contrato a tiempo parcial, cualquiera que sea la duración de la
jornada.
- La integración de lagunas se lleva a cabo con la base mínima de cotización de entre las
aplicables en cada momento correspondiente al número de horas contratadas en la fecha en que
se interrumpió o extinguió la obligación de cotizar.

2. Base reguladora en caso de accidente no laboral (en situación de alta o asimilada a la de alta).
La base reguladora será el cociente que resulte de dividir por 28 la suma de las bases de cotización
del interesado durante un período ininterrumpido de 24 meses, elegido por el beneficiario dentro
de los 7 años inmediatamente anteriores a la fecha del hecho causante de la pensión.

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Como particularidad, cabe mencionar que, en aquellos casos en que el trabajador


accidentado (al que en situación de alta no se le pide período alguno de cotización previa) proceda
de una situación de alta o asimilada al alta, sin obligación de cotizar, o estando en alta, con
obligación de cotizar, acredite un breve período de cotización (inferior a 24 meses consecutivos),
se aplicará la fórmula más favorable entre:
- La norma de general aplicación prevista en el artículo 7 del Decreto 1646/1972, de 23 de junio:
el cociente que resulte de dividir por 28 la suma de las bases de cotización del interesado durante
un período ininterrumpido de 24 meses, elegido por el beneficiario dentro de los 7 años
inmediatamente anteriores a la fecha del hecho causante de la pensión.
- El resultado de dividir por 28 la suma de los importes correspondientes a la base mínima de
cotización de trabajadores mayores de 18 años, de los 24 meses inmediatamente anteriores a
aquél en que se cause la prestación.

3. Base reguladora en casos de accidente de trabajo o enfermedad profesional.


Tal como ocurre con los supuestos derivados de accidente no laboral, se mantiene la
regulación primitiva de estas prestaciones, sin que haya sufrido modificación alguna a pesar de la
amplia reforma llevada a cabo por la Ley 26/1985 en materia de incapacidad permanente.
De esta forma, se sigue aplicando para el cálculo de la base reguladora la fórmula de los
salarios reales percibidos en el año anterior. Así, el salario base anual de la pensión estará integrado
por los conceptos que a continuación se expresan:
• Sueldo diario: el que por jornada normal de trabajo perciba el trabajador en la fecha del accidente
se multiplicará por los 365 días del año.
• Gratificaciones o pagas extraordinarias computables, tanto de carácter fijo como voluntario:
serán incluidas por su importe total anual.
• Casa-habitación: será computada por el precio pactado por escrito y, en su defecto, por el 10
por 100 del salario.
• Alimentación: será computada por el precio pactado por escrito y, en su defecto, por el 20 por
100 del salario.
• Beneficios o participación en los ingresos computables: su importe será el percibido por el
trabajador en el año anterior al accidente.
• Pluses y retribuciones complementarias computables: la suma total de las cantidades percibidas
se dividirá por el número de días efectivamente trabajados en la empresa en la que se accidentó,
y el cociente se multiplicará por 273 -salvo que el número de días laborales efectivos en la
actividad de que se trate sea menor, en cuyo caso, se aplicará el multiplicador que corresponda-
, obteniéndose así el importe total anual computable. A estos efectos, el período realmente
trabajado se fijará retroactivamente desde el día inmediatamente anterior al siniestro, sin que
pueda exceder en ningún caso de un año.

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La base reguladora será el resultado de dividir por 12 la suma de los conceptos señalados.
Los pensionistas, en estos casos, perciben consecuentemente doce mensualidades de su pensión.
Para los beneficiarios de pensión derivada de enfermedad profesional que se encuentren en
situación de inactividad laboral en la fecha del diagnóstico de la enfermedad, la base reguladora
vendrá determinada por los salarios que, en la fecha del diagnóstico de la enfermedad profesional,
perciban los que se encuentren realizando una actividad laboral de la misma categoría y
condiciones de trabajo que la del interesado, sin computar a estos efectos los conceptos salariales
que, por su especial carácter, deban excluirse, como son los aumentos periódicos por años de
servicio en cuanto éstos no hayan sido efectivamente prestados y el incentivo correspondiente a
los trabajos por unidad de obra realizada, si no se demuestra que real o legalmente eran de esta
índole los habitualmente prestados.
Ahora bien, cuando se trata de trabajadores a tiempo parcial, debe tenerse en cuenta lo
siguiente:
• El salario diario, cuando el trabajador no preste servicios todos los días o, prestándolos, su
jornada de trabajo sea irregular o variable, será el que resulte de dividir entre siete o treinta el
semanal o mensual pactado en función de la distribución de las horas de trabajo concretadas en
el contrato para cada uno de esos periodos.
• Los complementos salariales, su cuantía en el año anterior al del hecho causante, se divide entre
el número de horas efectivamente trabajadas en ese período, multiplicando el resultado por la
cifra que resulte de aplicar a 1.826 el coeficiente de proporcionalidad entre la jornada habitual
de la actividad de que se trate y la que se recoja en el contrato.

*Incremento del 20 por 100 de la base reguladora de la pensión.

Aunque la regla general es que la cuantía de la pensión de IPT consiste en un 55 por 100 de
la base reguladora, cabe la posibilidad de incrementar ese porcentaje añadiendo un 20 por 100 de
la base reguladora.
La edad a partir de la cual podrá reconocerse el derecho al incremento es de 55 años,
cualquiera que sea la edad en el momento del hecho causante, cuando se reúnan los demás
requisitos exigidos.
Para el reconocimiento y mantenimiento de este incremento es necesario que el beneficiario
no realice trabajo por cuenta propia ni por cuenta ajena, quedando en suspenso su percepción
cuando el trabajador obtenga un empleo.

*Indemnización a tanto alzado sustitutoria de la pensión.

Otra particularidad que se produce en la prestación por IPT es la posibilidad de sustituir, en


ciertos casos, el cobro de la pensión por una indemnización a tanto alzado.

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Para que pueda producirse este hecho es preciso que:


1. El beneficiario sea menor de 60 años.
2. Las lesiones sean definitivas, presumiéndose que no son susceptibles de modificación que
produzca una revisión de la incapacidad.
3. Se acredite que el beneficiario está trabajando por cuenta ajena o por cuenta propia, o
bien que el importe de la indemnización se invertirá en proyectos que generen ingresos como
trabajador autónomo, siempre que tenga aptitud suficiente para desarrollar la actividad de que se
trate.
4. La solicitud se presente dentro del plazo de 3 años siguientes a la fecha de la resolución,
o sentencia firme, que reconozca el derecho a la pensión (si es menor de 21 años, dentro de los 3
años siguientes al cumplimiento de dicha edad).
La cuantía de la indemnización será equivalente al importe de 84 mensualidades de la
pensión, siempre que el beneficiario tuviese menos de 54 años de edad en el momento de formular
la petición.
En el caso de que el beneficiario fuese mayor de esta edad, la cuantía de la indemnización
se determinará de acuerdo con su edad en el momento de la solicitud, conforme a una escala que
va desde las 72 mensualidades con 54 años de edad a 12 mensualidades con 59 años.
Al cumplir los 60 años, el beneficiario pasará a percibir la pensión anteriormente reconocida,
revalorizada con los incrementos que para las pensiones de igual naturaleza se hayan establecido
desde la fecha en que se autorizó la sustitución por la indemnización.
Sin embargo, en el caso de que, antes de cumplir los 60 años de edad, se produzca el
fallecimiento de un beneficiario cuya pensión haya sido sustituida por una indemnización, podrán
causarse las prestaciones de muerte y supervivencia como si dicho beneficiario hubiera sido
pensionista en tal momento.

*Compatibilidad con el trabajo

En caso de IPT, la pensión vitalicia correspondiente será compatible con el salario que pueda
percibir el trabajador en la misma empresa o en otra distinta, siempre y cuando las funciones no
coincidan con aquellas que dieron lugar a la incapacidad permanente total.
El pensionista debe comunicar la realización del trabajo por cuenta propia o cuenta ajena, a
la entidad competente, teniendo en cuenta que si tales trabajos dan lugar a su inclusión en algún
régimen de Seguridad Social, el empresario o él mismo (según los casos) ha de cursar el alta y
cotizar, si no cometería una falta leve, sancionable con la pérdida de una mensualidad de la pensión,
con independencia de la obligación de devolver los importes indebidamente percibidos de la
misma.
En relación con las prestaciones de desempleo, deben hacerse algunas matizaciones:

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Si el trabajador está percibiendo la prestación o el subsidio por desempleo y pasa a ser


pensionista de incapacidad, puede optar entre seguir percibiendo aquéllos hasta su agotamiento o
la pensión que le corresponda por incapacidad.
Si el trabajador pierde su empleo como consecuencia de haber sido declarado incapacitado
en grado de IPT, puede optar entre la prestación por desempleo y la pensión de incapacidad. Se
entenderá que opta por la pensión cuando la haya sustituido por una indemnización a tanto alzado.
Si el trabajador, siendo ya incapacitado permanente, pierde el trabajo compatible con su
situación de pensionista, tiene derecho a percibir la prestación por desempleo (o el subsidio que le
corresponda) además de la pensión.
Cuando un beneficiario de pensión de IPT esté percibiendo prestación por desempleo (que
sea incompatible con el percibo de la pensión) y, sin haberla agotado, es contratado para ejercer
una actividad distinta de la que motivó la declaración de incapacidad, por un período que le da
derecho a otra prestación de desempleo y opta, al final de este período de trabajo, por reabrir el
derecho inicial de desempleo por el tiempo que le restaba, el percibo de ambas prestaciones -
pensión y desempleo no agotado- causadas por la misma actividad para la que fue declarado
incapacitado seguirán siendo incompatibles.
Sin embargo, si el interesado opta por percibir la prestación de desempleo correspondiente
al desarrollo de actividad distinta de la que motivó su declaración de incapacidad, este percibo será
compatible con la pensión de IPT.

3.3. Incapacidad permanente absoluta (IPA).

La prestación económica correspondiente a la incapacidad permanente absoluta consistirá


en una pensión vitalicia, cuya cuantía será equivalente al 100 por 100 de la base reguladora.
La determinación de la base reguladora sigue las mismas reglas señaladas para la
incapacidad permanente total, en los supuestos de enfermedad común, accidente no laboral en
situación de alta y contingencias profesionales.
Sin embargo, como ya se ha señalado, cabe la posibilidad de acceder a esta pensión de IPA
desde la situación de no alta cuando la causa sea una enfermedad común o un accidente no laboral,
circunstancia que no es aplicable al grado de IPT.
En estos casos de no alta, la base reguladora se calcula, cuando la incapacidad deriva de una
enfermedad común, de conformidad con las normas señaladas para los supuestos de enfermedad
común en el grado de IPT [normas a) y b)]. Respecto a las pensiones derivadas de accidente no
laboral, para el cómputo de su base reguladora, se aplicarán únicamente las reglas previstas en la
norma a).
Siguiendo la previsión legal, las pensiones de IPA no impedirán el ejercicio de aquellas
actividades, sean o no lucrativas, compatibles con el estado del incapacitado y que no representen
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un cambio en su capacidad de trabajo a efectos de revisión, incluso si dan lugar a su inclusión en


algún régimen del sistema, en cuyo caso, el beneficiario deberá comunicar a la entidad gestora tal
circunstancia. Como consecuencia de estos trabajos, nacerá la obligación de la correspondiente alta
y cotización en el régimen de Seguridad Social en cuyo campo de aplicación quede incluido.
El cumplimiento de estas obligaciones se entiende sin perjuicio de las facultades de revisión
de la incapacidad permanente que asisten a la entidad gestora, así como de la posible
incompatibilidad entre el percibo de la pensión y el trabajo desarrollado.
Desde el 1-1-2014, el disfrute de la pensión de incapacidad permanente absoluta a partir de
la edad de acceso a la pensión de jubilación es incompatible con el desempeño por el pensionista
de un trabajo, por cuenta propia o por cuenta ajena, que determine su inclusión en alguno de los
regímenes del Sistema de la Seguridad Social.
Esta prestación está exenta del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.

3.4. Gran invalidez (GI).

La calificación de la incapacidad permanente en el grado de gran invalidez supone el derecho


a una pensión vitalicia según lo establecido para la incapacidad permanente total o, en su caso, la
incapacidad permanente absoluta. Su cuantía se incrementará con un complemento, destinado a
que la persona con discapacidad pueda remunerar a la persona que le atienda.
El importe de dicho complemento será equivalente al resultado de sumar el 45 por 100 de la
base mínima de cotización vigente en el momento del hecho causante y el 30 por 100 de la última
base de cotización del trabajador correspondiente a la contingencia de la que derive la situación de
incapacidad permanente. En ningún caso el complemento señalado podrá tener un importe inferior
al 45 por 100 de la pensión percibida, sin el complemento, por el trabajador.
En relación con la compatibilidad e incompatibilidad de las pensiones de gran invalidez se
aplican las mismas reglas que para la incapacidad permanente absoluta.
Esta prestación está exenta del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.

3.5. Complemento para la reducción de la brecha de género en las pensiones de incapacidad


permanente.

Serán beneficiarios las mujeres y los hombres que hayan tenido uno o más hijos o hijas y que sean
personas beneficiarias de una pensión contributiva de incapacidad permanente.
Para que los hombres tengan derecho al complemento deberán acreditar:
▪ Causar una pensión contributiva de incapacidad permanente y haber interrumpido o haber visto
afectada su carrera profesional con ocasión del nacimiento o adopción, con arreglo a las
siguientes condiciones:

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1.ª En el supuesto de hijos o hijas nacidos o adoptados hasta el 31 de diciembre de 1994, tener
más de ciento veinte días sin cotización entre los nueve meses anteriores al nacimiento y los
tres años posteriores a dicha fecha o, en caso de adopción, entre la fecha de la resolución
judicial por la que se constituya y los tres años siguientes, siempre que la suma de las cuantías
de las pensiones reconocidas sea inferior a la suma de las pensiones que le corresponda a la
mujer.

2.ª En el supuesto de hijos o hijas nacidos o adoptados desde el 1 de enero de 1995, que la suma
de las bases de cotización de los veinticuatro meses siguientes al del nacimiento o al de la
resolución judicial por la que se constituya la adopción sea inferior, en más de un 15 por ciento,
a la de los veinticuatro meses inmediatamente anteriores, siempre que la suma de las cuantías
de las pensiones reconocidas sea inferior a la suma de las pensiones que le corresponda a la
mujer.
La cuantía del complemento se fijará en la correspondiente ley de presupuestos generales del
Estado de cada año.

En el año 2023, el importe es de 30,40 € mensuales por cada hijo o hija, con el límite de cuatro
veces dicho importe.

El complemento no se tiene en cuenta en la aplicación del límite máximo de las pensiones


contributivas ni para determinar el complemento para pensiones inferiores a la mínima.

El percibo del complemento es incompatible con la percepción de este complemento por el otro
progenitor, por los mismos hijos o hijas.

En el supuesto de que los progenitores sean dos mujeres, se reconocerá a la que perciba pensiones
públicas cuya suma sea de menor cuantía.

En el supuesto de que los progenitores sean una mujer y un hombre que cumpla con los requisitos
anteriormente señalados, podrá percibirlo el hombre si la suma de las cuantías de sus pensiones
reconocidas es inferior a la suma de las pensiones que le corresponda a la mujer.

Si los dos progenitores son hombres, se reconocerá a aquel que perciba pensiones públicas cuya
suma de menor cuantía.

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4. BENEFICIARIOS.
Para causar una pensión de incapacidad permanente en el sistema de la Seguridad Social es
preciso reunir ciertas condiciones que se estudian a continuación de manera separada y que se
refiere a:
a) La situación de la relación jurídica con la Seguridad Social en el momento de causar el
derecho.
b) La necesidad de reunir (en ciertos casos) un período mínimo de cotización previo.
c) El hecho de no tener cumplida la edad ordinaria de jubilación en la fecha del hecho causante
de la incapacidad permanente o, teniendo dicha edad, no reunir todos los requisitos para acceder
a la pensión de jubilación en el sistema de la Seguridad Social, cuando la incapacidad derive de
contingencias comunes.
d) El hecho causante y la determinación de un grado de incapacidad permanente susceptible de
protección económica por el Sistema.
e) Las normas especiales en supuestos derivados de AT y EP.

a) Relación jurídica con la Seguridad Social.

La Ley General de la Seguridad Social señala que “las personas incluidas en el campo de
aplicación de este Régimen General causarán derecho a las prestaciones del mismo cuando, además
de los particulares exigidos para la respectiva prestación, reúnan el requisito general de estar
afiliadas y en alta en este régimen o en situación asimilada al alta, al sobrevenir la contingencia o
situación protegida, salvo disposición legal expresa en contrario”.
Esta condición es exigible en todos los regímenes del Sistema.

a.1) Situación de alta


Es la situación en que se encuentra la persona que ejerce una actividad por cuenta ajena o
por cuenta propia incluida en el campo de aplicación de alguno de los Regímenes del sistema de
Seguridad Social y que está incorporada al mismo en virtud del acto administrativo oportuno (la
formalización del alta).
Por tanto, se entiende que la situación de alta supone que la persona afectada de incapacidad
en alguno de sus grados se encuentra ejerciendo una actividad laboral o profesional en el momento
de producirse el accidente o la enfermedad causante de la declaración de incapacidad.
Esta exigencia legal excluye, en principio, de protección a la incapacidad derivada de
lesiones anteriores a la afiliación y alta.
Sin embargo, la Ley General de la Seguridad Social establece que cuando se trate de
personas con discapacidad, si con posterioridad a la afiliación se ha producido una agravación de
las reducciones anatómicas o funcionales preexistentes, provocando por sí mismas o por

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concurrencia con nuevas lesiones o patologías una disminución o anulación de la capacidad laboral,
procederá la calificación de la situación de incapacidad permanente.
Se debe mencionar también a algunos colectivos de carácter religioso que, pese a estar
integrados en el Régimen General, como asimilados a trabajadores por cuenta ajena, sólo están
protegidos a efectos de incapacidad permanente para las contingencias comunes:
•Clero diocesano de la Iglesia Católica.
•Ministros de culto de la Unión de Iglesias Cristianas Adventistas del Séptimo Día en
España.
•Ministros de culto de las Comunidades Israelitas en España.

a.2) Situaciones asimiladas al alta

A efectos de incapacidad permanente se tienen en cuenta las siguientes:


1. La situación legal de desempleo, total y subsidiado, y la de paro involuntario una vez
agotada la prestación contributiva o el subsidio asistencial, siempre que en tal situación se
mantenga la inscripción como desempleado en la Oficina de Empleo, aunque no es
absolutamente necesario, según matiza la jurisprudencia.
2. Trabajadores en paro involuntario, excluidos legalmente del régimen de desempleo o que
no hayan podido tener derecho a las prestaciones del mismo.
3. La excedencia forzosa del trabajador por cuenta ajena, motivada por su designación para
ocupar un cargo público que imposibilite su asistencia al trabajo, así como para ejercer
funciones sindicales de ámbito provincial o superior.
4. El período de excedencia que los trabajadores disfruten, en razón del cuidado de otros
familiares, hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, que, por razones de edad,
accidente, enfermedad o discapacidad, no puedan valerse por sí mismos, que exceda del
período considerado como de cotización efectiva.
Los tres años del período de excedencia que los trabajadores disfruten en razón del cuidado
de cada hijo o menor en régimen de acogimiento permanente o de guarda con fines de
adopción, tienen la consideración de período de cotización efectiva.
De igual modo, se considerará efectivamente cotizado el primer año los tres primeros años
del período de excedencia que los trabajadores disfruten en razón del cuidado de otros
familiares, hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, que, por razones de edad,
accidente, enfermedad o discapacidad, no puedan valerse por sí mismos, y no desempeñen
una actividad retribuida.
En el caso de empleados públicos, incluidos en el ámbito de aplicación del Régimen
General de la Seguridad Social, se computará como efectivamente cotizado la totalidad del
período de excedencia (hasta 3 años) que se disfrute para atender al cuidado de cada hijo,

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tanto cuando lo sea por naturaleza como por adopción, o de cada menor sujeto a guarda con
fines de adopción o acogimiento permanente, o para atender al cuidado de un familiar.
5. El traslado del trabajador por la empresa fuera del territorio nacional.
6. La suscripción de convenio especial en sus diferentes tipos (Orden TAS/ 2865/2003, de 13
de octubre).
7. Los períodos de inactividad entre trabajos de temporada.
8. Los períodos de prisión sufridos como consecuencia de los supuestos contemplados en la
Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía, en los términos regulados en la Ley 18/1984,
de 8 de junio.
9. La percepción de ayudas equivalentes a jubilación anticipada por reconversión o
reindustrialización.
10. La situación de aquellos trabajadores que no se encuentren en alta ni en ninguna otra de las
situaciones asimiladas a la misma, después de haber prestado servicios en puestos de trabajo
que ofrecieran riesgo de enfermedad profesional y a los solos efectos de que pueda
declararse una incapacidad permanente debida a dicha contingencia.
11. El período considerado como de cotización efectiva en los supuestos de trabajadoras
víctimas de la violencia de género (6 meses, prorrogables, en su caso, por períodos de 3
meses, con un máximo de 18 meses).
12. Trabajadores afectados por el síndrome del aceite tóxico que por tal causa cesaron en su
día en el ejercicio de su actividad laboral, sin que hayan podido reanudar dicho ejercicio, y
que hubieran estado en alta en alguno de los regímenes del sistema (para contingencias
comunes).
13. El período de vacaciones retribuidas y que no hayan sido disfrutadas con anterioridad a la
extinción de la relación laboral.
14. El período de percepción de ayudas previas a la jubilación ordinaria en el sistema de la
Seguridad Social, concedidas a trabajadores afectados por procesos de reestructuración de
empresas (para las pensiones derivadas de contingencias comunes).
Se pueden mencionar otras situaciones que pueden considerarse, por sus efectos, similares a las
situaciones asimiladas a la de alta:
- La situación de prolongación de efectos de la incapacidad temporal (como norma general, de
los 545 a 730 días naturales).
- La situación de incapacidad temporal, así como los períodos de descanso por maternidad,
paternidad, adopción, guarda con fines de adopción y acogimiento familiar (de duración no
inferior a un año), que subsistan una vez extinguido el contrato de trabajo.
- Las situaciones de alta en determinados casos de despido disciplinario declarado improcedente.

a.3) Situación de no alta


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La Ley 26/1985, de 31 de julio, flexibilizó el requisito del alta y lo eliminó para poder causar
pensiones de incapacidad permanente en caso de incapacidad permanente absoluta o gran
invalidez, derivadas de contingencias comunes, siempre que se tuviera cubierto el período mínimo
de cotización exigido para estos casos (15 años, de los cuales 3 deben estar incluidos en los últimos
10 años).
Actualmente, la Ley General de la Seguridad Social -artículo 195.4 y 5- recoge esta
posibilidad matizando que la falta de alta o situación asimilada debe producirse en el momento del
hecho causante y que, para poder causar pensión en el Régimen General y en otro u otros del
sistema, en casos de no alta, será necesario que las cotizaciones acreditadas en cada uno de ellos
se superpongan, al menos, durante 15 años.
a.4) Otras situaciones:

Alta de pleno derecho. Se considera de pleno derecho en situación de alta, a efectos de la


protección por accidente de trabajo y enfermedad profesional, a los trabajadores por cuenta ajena,
tanto del Régimen General como de los Regímenes Especiales, que incluyan la protección por
contingencias profesionales, aunque la empresa haya incumplido sus obligaciones en materia de
afiliación, alta y cotización, sin perjuicio de la responsabilidad empresarial que resulte procedente.
Alta especial. Durante las situaciones de huelga y cierre patronal el trabajador permanecerá
en situación de alta especial en la Seguridad Social.
Se pueden referir, finalmente, otras situaciones en que los efectos de la situación de alta
quedan limitados a las contingencias profesionales (AT- EP):
- Las prestaciones personales obligatorias a ayuntamientos o entidades locales menores, incluso
aunque se hayan incumplido las obligaciones de alta y cotización. En este caso, las prestaciones
se otorgarán con el mismo alcance y condiciones que en el Régimen General de la Seguridad
Social.
- La actividad de Presidente, Vocal y Suplente de las Mesas Electorales queda protegida por el
sistema de Seguridad Social frente a las contingencias y situaciones que puedan derivarse de su
participación en las elecciones, quedando asimilados a trabajadores por cuenta ajena del
Régimen General para la contingencia de accidente de trabajo.

b) Período mínimo de cotización


El reconocimiento del derecho a las prestaciones de incapacidad permanente requiere en
algunos casos el cumplimiento de un período mínimo de cotización previo al hecho causante. Como
regla general, se establece que no se exigirá período previo de cotización en los casos de
incapacidad permanente derivada de accidente, sea o no laboral, o de enfermedad profesional, salvo
disposición legal expresa en contrario.
De esta manera, cuando la incapacidad permanente deriva de una enfermedad común, sí será
preciso acreditar un período mínimo de cotización.

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Como excepción a la regla general, también debe acreditarse el cumplimiento de un período


previo de cotización en el supuesto de incapacidad permanente en los grados de incapacidad
permanente absoluta o gran invalidez derivada de accidente no laboral, cuando el interesado no se
encuentre en alta o situación asimilada en el momento del hecho causante.
Se examinan a continuación los períodos mínimos de cotización que deben acreditarse según
el grado de incapacidad reconocido, la contingencia de que derive y la situación del interesado en
su relación con la Seguridad Social.

b.1) En caso de incapacidad permanente parcial.

Para esta prestación sólo se exigirá el cumplimiento de período mínimo de cotización si


deriva de enfermedad común.
Este período mínimo será de 1800 días, que han de estar comprendidos en los 10 años
inmediatamente anteriores a la fecha en que se haya extinguido la incapacidad temporal de la que
se derive la incapacidad permanente.
Sin embargo, puesto que la edad mínima de acceso al trabajo es de 16 años, hasta que no se
cumpliesen 21 años de edad no se podría acreditar el período mínimo exigido, suponiendo además
que el interesado haya trabajado y permanecido en alta ininterrumpidamente durante todo ese
período de 5 años. De esta forma, quedarían desprotegidos los jóvenes trabajadores entre 16 y 21
años por imposibilidad material de cumplir este requisito. De ahí que se establezca una norma
especial para los menores de 21 años en la fecha de la baja por enfermedad, según la cual deberán
acreditar como cotizado la mitad de los días transcurridos entre la fecha en que hayan cumplido
los 16 años de edad y la de iniciación del proceso de incapacidad temporal, a lo que se sumará todo
el período, agotado o no, de la incapacidad temporal (545 días naturales).

b.2) En casos de incapacidad permanente total, absoluta o gran invalidez, derivadas de


enfermedad común, en situación de alta o asimilada.
Si el interesado se encuentra en alta o situación asimilada al sobrevenir la contingencia no
se le exigirá período previo de cotización, salvo en el supuesto de que la incapacidad derive de
enfermedad común, en aplicación de la regla general antes mencionada. En tal caso, el período
mínimo difiere en función de la edad del interesado.
1. Si el causante tiene menos de 31 años de edad:
La tercera parte del tiempo transcurrido entre la fecha en que cumplió los 16 años y la del
hecho causante de la pensión.

2. Si el causante tiene cumplidos 31 años de edad:

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- La cuarta parte del tiempo transcurrido entre la fecha en que se haya cumplido los 20 años
y el día en que se hubiese producido el hecho causante, con un mínimo, en todo caso, de
5 años. (Carencia genérica).
- En este supuesto, al menos una quinta parte del período de cotización exigible deberá estar
comprendida dentro de los 10 años inmediatamente anteriores al hecho causante.
(Carencia específica).
En todos estos casos, no se tendrán en consideración las fracciones de edad del interesado
en la fecha del hecho causante que sean inferiores a medio año (excepto aquéllos cuya edad se
encuentre entre los 16 y los 16 años y medio). Asimismo, cuando tales fracciones sean superiores
a 6 meses, se considerarán equivalentes a medio año. El período resultante será objeto de redondeo,
despreciándose, en su caso, las fracciones de mes.
Cuando se acceda a las pensiones de incapacidad permanente, desde una situación de alta o
asimilada al alta, sin obligación de cotizar (por ejemplo, el período de excedencia por cuidado de
otros familiares que exceda del período considerado como de cotización efectiva; el paro
involuntario una vez agotada la prestación de desempleo), el período de los 10 años, dentro de los
cuales deba estar comprendido, al menos, una quinta parte del período de cotización exigible, se
computará, hacia atrás, desde la fecha en que cesó la obligación de cotizar.
Este criterio se aplica, igualmente, a quienes, sin haber completado el período específico de
cotización exigible, causen la pensión desde una situación de alta, con obligación de cotizar,
cuando dicha situación proceda de otra inmediatamente anterior de alta o asimilada al alta, pero
sin obligación de cotizar.
Para acreditar el período mínimo de cotización, tanto a efectos del período genérico como
del específico, serán computables, además de los días efectivamente cotizados:
- En el caso de trabajadores que encontrándose en situación de IT no hayan llegado a agotar el
período máximo de duración señalado para dicha situación (545 días naturales), los días
que falten para agotar ese período máximo.
- Los "días cuota", es decir, los correspondientes a las pagas extraordinarias de julio y
diciembre, para cuyo cálculo se tendrá en cuenta la reglamentación, ordenanza laboral o
convenio colectivo aplicable.
A estos efectos, podrán computarse las cotizaciones efectuadas por pagas extraordinarias hasta
un máximo de 60 días al año y, únicamente, en el caso de que los días reales cotizados no
fueran suficientes para reunir el período mínimo exigido.
- Los períodos cotizados al amparo de los distintos Convenios Especiales con la
Administración de la Seguridad Social.
- Los períodos cotizados en la Caja de Seguros Sociales de Guinea por los trabajadores
españoles que estuvieron afiliados a dicha Caja y que han causado alta en la Seguridad
Social española.
- Los tres años del período de excedencia por cuidado de cada hijo o menor, en régimen de
acogimiento permanente o de guarda con fines de adopción.
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- El primer año del período de excedencia que los trabajadores disfruten en razón del cuidado
de otros familiares, hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, que, por razones
de edad, accidente, enfermedad o discapacidad, no puedan valerse por sí mismos, y no
desempeñen una actividad retribuida.
- El período de suspensión con reserva del puesto de trabajo en los supuestos de trabajadoras
víctimas de la violencia de género (6 meses, prorrogables, en su caso, por períodos de 3
meses, con un máximo de 18 meses).
- Los períodos asimilados por parto: 112 días completos de cotización por cada parto de un
solo hijo y de 14 días más por cada hijo a partir del segundo, éste incluido, si el parto fuera
múltiple, salvo si, por ser trabajadora o funcionaria en el momento del parto, se hubiera
cotizado durante la totalidad de las dieciséis semanas o, si el parto fuese múltiple, durante
el tiempo que corresponda.
Los días que se computen como cotizados en concepto de beneficios por cuidado de hijos o
menores se aplicarán a todos los efectos, salvo para el cumplimiento del período mínimo de
cotización exigido. Tampoco tendrán la consideración de situación asimilada al alta para poder
causar otras prestaciones de la Seguridad Social.
Se considerará como período cotizado aquel de interrupción de la cotización, derivado de la
extinción de la relación laboral o de la finalización del cobro de prestaciones de desempleo
producidas entre los nueve meses anteriores al nacimiento, o los tres anteriores a la adopción o
acogimiento permanente de un menor y la finalización del sexto año posterior a dicha situación.
En el año 2018, la duración de este cómputo como período cotizado será de 243 días por
cada hijo o menor adoptado o acogido. Dicho período se incrementará anualmente, hasta alcanzar
el máximo de 270 días por hijo en el año 2019, sin que en ningún caso pueda ser superior a la
interrupción real de la cotización.
Este beneficio solo se reconocerá a uno de los progenitores; en caso de controversia entre
ellos se otorgará el derecho a la madre. Y puede ser compatible en un mismo beneficiario con los
períodos de cotización asimilados por parto.
Debe recalcarse la importancia práctica del principio de intercomunicación o cómputo
recíproco de cotizaciones entre los distintos regímenes de Seguridad Social, que alcanza también
a las cotizaciones efectuadas a las entidades sustitutorias de las entidades gestoras del sistema de
la Seguridad Social y al Régimen de Clases Pasivas del Estado, así como a los supuestos de alta
indebida en un régimen, de personas incluidas en el campo de aplicación de otro régimen distinto.

b.3) En caso de incapacidad permanente absoluta y gran invalidez derivadas de contingencias


comunes (enfermedad común o accidente no laboral) en situación de no alta.

Una de las medidas más relevantes introducidas en el régimen jurídico de las pensiones de
incapacidad a raíz de la Ley 26/1985, de 31 de julio, fue la supresión del requisito de alta para el
acceso a las pensiones de incapacidad permanente en los grados de absoluta o gran invalidez, a la

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vez que se establecía como condición correlativa el cumplimiento de un período mínimo de


cotización previo de carácter fijo y no vinculado a la edad del interesado en el momento de
sobrevenir la contingencia.
La actual Ley General de la Seguridad Social recoge esta posibilidad siempre que se acredite
un período previo de cotización de 15 años, de los cuales al menos 3 deben estar comprendidos
entre los 10 años inmediatamente anteriores al hecho causante.

*Determinación de los períodos mínimos de cotización para los trabajadores a tiempo parcial.

Se tendrán en cuenta los distintos períodos durante los cuales el trabajador haya permanecido
en alta con un contrato a tiempo parcial, cualquiera que sea la duración de la jornada realizada en
cada uno de ellos.

A tal efecto, el coeficiente de parcialidad, que viene determinado por el porcentaje de la


jornada realizada a tiempo parcial respecto de la jornada realizada por un trabajador a tiempo
completo comparable, se aplicará sobre el período de alta con contrato a tiempo parcial, siendo el
resultado el número de días que se considerarán efectivamente cotizados en cada periodo.

Al número de días que resulten se le sumarán, en su caso, los días cotizados a tiempo
completo, siendo el resultado el total de días de cotización acreditados computables.

Una vez determinado el número de días de cotización acreditados, se procederá a calcular el


coeficiente global de parcialidad, siendo este el porcentaje que representa el número de días
trabajados y acreditados como cotizados sobre el total de días en alta a lo largo de la vida laboral
del trabajador.

El período mínimo de cotización exigido será el resultado de aplicar al período regulado con
carácter general el coeficiente global de parcialidad.

Si para acceder a la correspondiente prestación económica se exige que parte o la totalidad


del período mínimo de cotización exigido esté comprendido en un plazo de tiempo determinado,
el coeficiente global de parcialidad se aplicará para fijar el período de cotización exigible. El
espacio temporal en el que habrá de estar comprendido el período exigible será, en todo caso, el
establecido con carácter general para la respectiva prestación.

c) Edad. Cumplimiento de requisitos para acceder a pensión de jubilación.


De acuerdo con el artículo 195.1, párrafo segundo, de la Ley General de la Seguridad Social:
“No se reconocerá el derecho a las prestaciones de incapacidad permanente derivada de
contingencias comunes cuando el beneficiario, en la fecha del hecho causante, tenga la edad
prevista en el artículo 205.1.a) de esta ley y reúna los requisitos para acceder a la pensión de
jubilación en el sistema de la Seguridad Social”.

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En relación con la edad, debe de tenerse en cuenta también la disposición transitoria séptima
de dicha ley.
Por tanto, sí se podrá acceder a las prestaciones de incapacidad permanente, aunque el
trabajador, en la fecha del hecho causante, tenga la edad ordinaria de jubilación vigente en cada
momento o más y reúna las condiciones de acceso a la pensión de jubilación, cuando la causa
originaria de la incapacidad derive de un accidente de trabajo o de una enfermedad profesional.
Así, el acceso al derecho a las prestaciones por incapacidad permanente se condiciona a no
tener, en la fecha del hecho causante, una edad igual o superior a la establecida en cada momento
como ordinaria para tener derecho a la pensión de jubilación, sólo cuando la incapacidad derive de
contingencias comunes. Pero, a su vez, la edad sólo opera como impedimento para acceder a las
prestaciones de incapacidad permanente por dichas contingencias si se reúnen todos los requisitos
para alcanzar la pensión de jubilación.
Por ello, aquellas personas que, sin reunir todos los requisitos para acceder a la pensión de
jubilación, tengan la edad ordinaria de jubilación vigente en cada momento o más, sigan trabajando,
y sufran un accidente no laboral o una enfermedad común que les incapacite, podrán causar
prestaciones de incapacidad permanente derivada de estas contingencias. Ahora bien, en estos
casos la cuantía de la pensión de incapacidad permanente será equivalente al resultado de aplicar
a la correspondiente base reguladora el porcentaje que corresponda al período mínimo de
cotización que esté establecido en cada momento, para el acceso a la pensión de jubilación. Cuando
la incapacidad permanente derive de enfermedad común, se considerará como base reguladora el
resultado de aplicar únicamente lo establecido en la norma a) de las señaladas para la determinación
de la base reguladora en los supuestos de enfermedad común en el grado de IPT.
Por otra parte, las pensiones de incapacidad permanente, cuando sus beneficiarios cumplan
la edad ordinaria de jubilación exigida en cada momento, pasarán a denominarse pensiones de
jubilación. La nueva denominación no implicará modificación alguna, respecto de las condiciones
de la prestación que se viniese percibiendo.

d) Normas especiales para supuestos derivados de accidente de trabajo y enfermedad profesional


(AT-EP).
En relación con las condiciones de acceso al derecho a las prestaciones de incapacidad
permanente, en aquellos supuestos en que la contingencia causante sea de origen profesional, es
decir, un accidente de trabajo o una enfermedad profesional, se establecen una serie de
particularidades, en el sentido de facilitar el acceso a la prestación:
- No es necesario acreditar ningún período de cotización previo para tener derecho a la
prestación.
- A efectos de las prestaciones derivadas de AT-EP, los trabajadores se consideran en situación
de alta, de pleno derecho, aunque su empresario hubiese incumplido sus obligaciones, y
ello sin perjuicio de la responsabilidad empresarial que resulte procedente por su
incumplimiento.

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- Las prestaciones económicas que tengan su causa en un accidente de trabajo o enfermedad


profesional se incrementarán, según la gravedad de la falta, de un 30 a un 50 por 100,
cuando la lesión se produzca por máquinas, artefactos o en instalaciones, centros o lugares
de trabajo que carezcan de los dispositivos de precaución reglamentarios, los tengan
inutilizados o en malas condiciones, o cuando no se hayan observado las medidas generales
o particulares de seguridad e higiene en el trabajo, o las elementales de salubridad o las de
adecuación personal a cada trabajo, habida cuenta de sus características y de la edad, sexo
y demás condiciones del trabajador.
La responsabilidad del pago del recargo recaerá directamente sobre el empresario infractor y
no podrá ser objeto de seguro alguno, siendo nulo de pleno derecho cualquier pacto o
contrato que se realice para cubrirla, compensarla o transmitirla.
Esta responsabilidad es independiente y compatible con las de todo orden, incluso penal, que
puedan derivarse de la infracción.
- Los pensionistas por enfermedad profesional podrán realizar trabajos por cuenta ajena,
siempre con autorización previa de la entidad gestora, teniendo en cuenta la naturaleza y
condiciones del trabajo a realizar y las circunstancias que concurren en la enfermedad
profesional del trabajo.
Los empresarios que los empleen deberán comprobar, antes de admitirles al trabajo, que han
obtenido esta autorización. El incumplimiento por parte del empresario o del trabajador de
estas obligaciones podrá dar lugar a las sanciones previstas en la Ley sobre infracciones y
sanciones en el orden social.

5. NACIMIENTO, DURACIÓN Y EXTINCIÓN DEL DERECHO.


5.1. Nacimiento.
El derecho a las prestaciones económicas por incapacidad permanente nace, cuando
concurran las condiciones de acceso a las mismas, mediante resolución expresa del director
provincial de la entidad gestora (INSS o ISM).
Sin embargo, los efectos económicos de las prestaciones de incapacidad permanente, es
decir, el momento a partir del cual se tiene derecho a percibir la prestación, nacen para cada grado
de incapacidad permanente:

a) Incapacidad Permanente Parcial:

Se hace efectiva la prestación en un solo pago, tras adoptarse la resolución definitiva en vía
administrativa.

b) Incapacidad Permanente Total:

Si deriva de una incapacidad temporal previa y ésta se hubiera extinguido, los efectos
económicos se iniciarán desde el día siguiente al de la extinción de esta situación, salvo que la
prestación reconocida por incapacidad permanente resulte inferior a la que en concepto de
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prolongación de los efectos de la IT venía percibiendo el interesado, en cuyo caso, los efectos
coincidirán con la fecha de la propuesta de la resolución de la entidad gestora.
Cuando la cuantía de la pensión reconocida sea superior a la percibida en concepto de
prolongación de los efectos de la IT, los efectos económicos se retrotraerán al día siguiente al de
extinción de la incapacidad temporal y se deducirán, del importe a abonar, las cantidades que se
hubieran satisfecho durante ese período.
Si no ha existido incapacidad temporal o ésta no se ha extinguido, los efectos económicos
serán desde la fecha de emisión del dictamen-propuesta del Equipo de Valoración de
Incapacidades (EVI) o del dictamen médico del Instituto Catalán de Evaluaciones Médicas (ICAM)
en el ámbito de la Comunidad Autónoma de Cataluña o, en su caso, en la fecha de la propuesta de
resolución de la entidad gestora, en función de similares criterios a los analizados para el caso de
que el hecho causante se produzca en el momento de la extinción de la IT (cuantía de la pensión
de IP inferior a la de la prestación de IT).
El incremento del 20 por 100 de la base reguladora, para los supuestos de incapacitados
mayores de 55 años, tendrá efectos desde la fecha de solicitud de este incremento, con una
retroactividad máxima de 3 meses siempre que durante ese período ya tuvieran 55 años cumplidos.
La sustitución de la pensión por la indemnización a tanto alzado será efectiva a partir de la
resolución favorable del subdirector general de Ordenación y Asistencia Jurídica del INSS (que
actúa por delegación del director general del INSS).

c) Incapacidad Permanente Absoluta y Gran Invalidez.

Son de aplicación las mismas reglas expresadas para la incapacidad permanente total con la
particularidad de que, a diferencia de ésta, en los grados de incapacidad permanente absoluta y
gran invalidez es posible acceder a la prestación desde la situación de no alta si la causa de la
incapacidad es de origen común (enfermedad común o accidente no laboral).
Pues bien, en los casos de beneficiarios procedentes de una situación de no alta y que, por
tanto, carecen de la protección por incapacidad temporal previa a la declaración de incapacidad
permanente, los efectos económicos se producen desde el momento de la solicitud y, en
consecuencia, excepcionalmente en tal supuesto, también se entenderá producido el hecho causante
en dicho momento.

5.2. Duración.

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El carácter vitalicio de las pensiones les atribuye una duración en principio indeterminada, salvo
cuando la protección consiste en prestaciones de pago único. Sin embargo, la revisión de la
incapacidad permanente puede implicar la transformación de la pensión.

5.3. Devengo y responsabilidad del pago.


Las pensiones de incapacidad permanente se devengan por mensualidades naturales
vencidas, con dos pagas extraordinarias que se abonan junto con las ordinarias de junio y
noviembre.
Como particularidad, las pensiones derivadas de accidente de trabajo o enfermedad
profesional se abonan en doce mensualidades, ya que las pagas extraordinarias están prorrateadas
en las mensualidades ordinarias, al haber sido ya tenidas en cuenta en la cuantía de la base
reguladora de la pensión por su fórmula especial.
El pago correrá a cargo de:
1. En caso de enfermedad común y accidente no laboral: la entidad gestora (INSS o ISM).
2. En caso de accidente de trabajo: el INSS o la Mutua colaboradora con la Seguridad Social,
según quien tuviera a su cargo la protección de la incapacidad derivada de dicha contingencia.
3. En caso de enfermedad profesional: el INSS o la Mutua colaboradora con la Seguridad
Social, en función de la entidad con que se hubiera concertado la cobertura de dicha contingencia,
ya que desde 1-1-08, se ha implantado, con carácter general para las Mutuas, la obligación de
ingresar el capital coste de las pensiones derivadas de enfermedad profesional cuya responsabilidad
corresponda asumir.

5.4. Suspensión.

El derecho a las prestaciones económicas por incapacidad permanente podrá ser suspendido
cuando acontezca alguna de las circunstancias siguientes:
1. Que el beneficiario haya actuado fraudulentamente para obtener o conservar el derecho a las
mismas.
2. Que la incapacidad permanente sea debida o se haya agravado a consecuencia de
imprudencia temeraria del beneficiario.
3. Que la incapacidad permanente sea debida o se haya agravado a consecuencia de haber
rechazado o abandonado, sin causa razonable, el tratamiento sanitario que le hubiera sido
indicado durante la situación de incapacidad temporal.
4. Que el beneficiario, sin causa razonable, rechace o abandone los tratamientos o procesos de
readaptación y rehabilitación procedentes.
El incumplimiento, por parte del beneficiario de la obligación de presentar, en los plazos
legales establecidos, declaraciones preceptivas o documentos, antecedentes, justificantes o datos
que no obren en la entidad gestora, cuando sean requeridos y siempre que los mismos puedan
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afectar a la conservación del derecho a la prestación, podrá dar lugar a que se adopten las medidas
preventivas necesarias, mediante la suspensión cautelar del abono de las citadas prestaciones, hasta
tanto quede debidamente acreditado que se cumplen los requisitos legales imprescindibles para el
mantenimiento del derecho (artículo 52 de la Ley General de la Seguridad Social).

5.5. Extinción.
Una vez reconocidas, las pensiones de incapacidad permanente se extinguirán en los
supuestos siguientes:
1. Por revisión de la incapacidad declarada.
2. Por reconocimiento del derecho a la pensión de jubilación, cuando se opte por esta pensión.
3. Por fallecimiento del beneficiario.
4. Por concurrir alguna causa de las mencionadas en el apartado dedicado a la suspensión si
supone una infracción que afecte al cumplimiento y conservación de los requisitos que den
derecho a la prestación y se dicte resolución administrativa definitiva al respecto.
5. Por revisión de oficio dictada por la entidad gestora en alguno de los casos en que tal actuación
esté legalmente permitida y de ella se derive la pérdida del derecho a la pensión.

6. INVALIDEZ SOVI.

El Decreto 1564/1967, de 6 de junio, mantiene el derecho a causar prestaciones de dicho seguro a


quienes no se encontraran en activo en la fecha del 1 de enero de 1967. El Texto Refundido de la
LGSS de 2015 mantiene este derecho en su disposición transitoria segunda.

6.1. Situaciones protegibles.


a) Invalidez permanente y absoluta para su profesión habitual de un trabajador mayor de 50 años.
b) Invalidez de un trabajador mayor de 30 años y menor de 50 años, producida por alguna de las
siguientes causas:
• Pérdida total o en sus partes esenciales de las dos extremidades superiores o inferiores.

• Pérdida total de movimientos análogo a la mutilación de las extremidades superiores o


inferiores.

• Pérdida total de la visión.

• Enajenación mental incurable.

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c) El supuesto de incapacidad permanente total para su profesión habitual padecida por un trabajador
mayor de 60 años. Este supuesto se considera Vejez por invalidez.

6.2. Requisitos.
Se exige para tener derecho a las prestaciones los siguientes requisitos:
a) No tener derecho a ninguna otra pensión de los regímenes que integran el Sistema de la
Seguridad Social española (incluida las entidades “sustitutorias” pendientes de integración) a
excepción de la pensión de viudedad, que es compatible.
b) Que la incapacidad no derive de AT/EP indemnizable.
c) Tener cubiertos 1.800 días de cotización al SOVI.
La prestación consiste en una pensión, que tiene las siguientes características:
• Es única.

• Es vitalicia.

• Es imprescriptible.

• Es de cuantía fija.
La cuantía de la pensión se calcula de la siguiente forma:
▪ Si existe concurrencia con otras pensiones (que sean distintas del sistema de la Seguridad
Social).
▪ Si no existe concurrencia, se concede la pensión básica más las mejoras.
En las revalorización anuales de las pensiones de la Seguridad, los Decretos de revalorización
establecen las cuantías fijas de las pensiones del SOVI.
La pensión de invalidez SOVI es incompatible con el resto de las pensiones del mismo sistema.
Es compatible con la pensión de viudedad del sistema de la Seguridad Social (DT 2ª apartado 3 del
TRLGSS) si bien su suma no podrá ser suprior al doble del importe de la pensión mínima de viudedad
para beneficiarios con 65 o más años que esté establecido en cada momento. Caso de superarse dicho
límite, se procederá a la minoración de la cuantía de la pensión del seguro obligatorio de vejez e
invalidez, en el importe necesario para no exceder del límite indicado.

6.3. Nacimiento y efectividad.


▪ El derecho a la prestación nace cuando se produce el hecho causante.
▪ El derecho se hará efectivo desde el día primero del mes siguiente a aquel en que tenga entrada
la solicitud.

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6.4. Suspensión y extinción.


▪ El percibo de la pensión es incompatible con la realización de cualquier trabajo o actividad que
determine su inclusión en el sistema de la Seguridad Social, quedando en suspenso el derecho
a la misma.
▪ La extinción de la pensión se produce por las mismas causas y supuestos que las pensiones
reconocidas al amparo de la legislación actual del régimen general.

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