Incapacidad Permanente: Conceptos y Prestaciones
Incapacidad Permanente: Conceptos y Prestaciones
INTRODUCCIÓN:
concreto, se flexibiliza el período mínimo de cotización exigible a los trabajadores más jóvenes, se
modifica la forma de cálculo del importe de las pensiones derivadas de enfermedad común y
también la del complemento de gran invalidez, desvinculándolo del importe de la pensión de
incapacidad permanente absoluta, y se garantizan cuantías mínimas para determinadas
circunstancias. Además, en virtud de la citada ley, la situación de incapacidad permanente revisable
en el plazo de 6 meses se ha sustituido por una demora de calificación, hasta un máximo de 730
días naturales, para los casos en que continúe la necesidad de tratamiento médico por la expectativa
de recuperación o la mejoría del estado del trabajador.
La Ley 26/2009, de 23 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2010,
introduce modificaciones en la obtención de la base reguladora de las pensiones de incapacidad
permanente derivadas de contingencias comunes; en estos supuestos, el período de bases de
cotización a computar se cuenta a partir del mes anterior al mes previo al del hecho causante.
La Ley 27/2011, de 1 de agosto, sobre actualización, adecuación y modernización del
sistema de la Seguridad Social, introduce innovaciones en el régimen jurídico de la pensión de
incapacidad permanente que se refieren, por un lado, al cálculo de la base reguladora de las
pensiones derivadas de contingencias comunes y, por otro, a la compatibilidad e incompatibilidad
con un trabajo. La ley contempla también algunas previsiones específicas que amplían los
beneficios por cuidado de hijos o menores acogidos aplicables a todos los efectos, salvo para el
cumplimiento del período mínimo de cotización exigido (desarrollado en el Real Decreto
1716/2012, de 28 de diciembre).
Es importante destacar igualmente las modificaciones introducidas por la Ley 1/2014, de 28
de febrero, para la protección de los trabajadores a tiempo parcial y otras medidas urgentes en el
orden económico y social (que procede del Real Decreto-ley 11/2013, de 2 de agosto), en relación
con las reglas para determinar, respectivamente, los períodos de cotizaciones necesarios para
acceder a las prestaciones de incapacidad permanente y la cuantía de las pensiones de incapacidad
permanente derivada de enfermedad común.
Además, en virtud de la Ley 22/2013, de 23 de diciembre, de Presupuestos Generales del
Estado para el año 2014, se modifica el concepto de incapacidad permanente, eliminándose la
necesidad del alta médica para valorar la incapacidad permanente.
Y, por último, señalar que, para las pensiones que se causan a partir de 1 de enero de 2016,
la Ley General de la Seguridad Social (texto refundido aprobado por el Real Decreto legislativo
8/2015, de 30 de octubre) contempló el reconocimiento de un complemento de la pensión
contributiva de incapacidad permanente, por su aportación demográfica a la Seguridad Social, a
las mujeres que hayan tenido 2 o más hijos, biológicos o adoptados. El Real Decreto-ley 3/2021,
de 2 de febrero, por el que se adoptan medidas para la reducción de la brecha de género y otras
materias en los ámbitos de la Seguridad Social y económico regula el complemento de pensiones
contributivas para la reducción de la brecha de género que sustituye el complemento por
maternidad por aportación demográfica por un complemento dirigido a la reducción de la brecha
de género, con el que se persigue reparar el perjuicio que han sufrido a lo largo de su carrera
profesional las mujeres por asumir un papel principal en la tarea de los cuidados de los hijos que
se proyecta en el ámbito de las pensiones. Serán beneficiarios las mujeres y los hombres que hayan
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tenido uno o más hijos o hijas y que sean personas beneficiarias de una pensión contributiva de
jubilación (salvo la jubilación parcial), de incapacidad permanente o de viudedad.
• Capítulo XI del título II del Real Decreto Legislativo8/2015, de 30 de octubre, que aprueba el
Texto Refundido de la Ley General de la Seguridad Social, «Incapacidad Permanente
Contributiva» (artículos 193 a 200).
• Sección 1ª. Del capítulo II del título VI: «Prestaciones no contributivas» de la mencionada
LGSS, artículos 363 a 368, que lleva por nombre «Invalidez no contributiva».
• Real Decreto 1131/2002, de 31 de octubre, por el que se regula la Seguridad Social de los
trabajadores contratados a tiempo parcial así como la jubilación parcial.
1.2. Concepto.
las necesidades económicas básicas de las personas que carezcan de protección por vía
contributiva, la invalidez queda definida en función del grado de disminución de las capacidades
físicas, psíquicas o sensoriales.
De esta forma, la Ley General de la Seguridad Social -artículo 193.1- define la incapacidad
permanente contributiva como:
“La situación del trabajador que, después de haber estado sometido al tratamiento prescrito,
presenta reducciones anatómicas o funcionales graves, susceptibles de determinación objetiva y
previsiblemente definitivas, que disminuyan o anulen su capacidad laboral. No obstará a tal
calificación la posibilidad de recuperación de la capacidad laboral del incapacitado, si dicha
posibilidad se estima médicamente como incierta o a largo plazo.
Las reducciones anatómicas o funcionales existentes en la fecha de la afiliación del
interesado en la Seguridad Social no impedirán la calificación de la situación de incapacidad
permanente, cuando se trate de personas con discapacidad y con posterioridad a la afiliación tales
reducciones se hayan agravado, provocando por sí mismas o por concurrencia con nuevas lesiones
o patologías una disminución o anulación de la capacidad laboral que tenía el interesado en el
momento de su afiliación”.
De esta definición legal pueden extraerse algunos aspectos básicos que deben concurrir para
que la incapacidad se considere protegible en la modalidad contributiva:
a) Haber estado sometido al tratamiento prescrito.
b) Presentar reducciones anatómicas y funcionales graves.
La incapacidad determinante de la declaración de incapacidad permanente puede ser una lesión
física que suponga tanto una pérdida anatómica (amputación de miembros o extirpación de
órganos), como funcional en una parte del cuerpo que, a su vez, determine una disminución en
la capacidad plena del trabajador a efectos laborales.
c) Las reducciones anatómicas o funcionales deben ser susceptibles de determinación objetiva.
Esta referencia legal parece destinada a excluir como causa de la incapacidad las situaciones
subjetivas que no puedan ser susceptibles de comprobación (molestias, trastornos, dolores sin
sintomatología objetivable médicamente).
d) Las secuelas o dolencias de las lesiones deben ser previsiblemente definitivas.
Por contraste con la figura de la incapacidad temporal en que el carácter transitorio y susceptible
de curación es lo definitorio, la incapacidad requiere para su calificación una estabilidad en las
secuelas, que permanezcan una vez ha sido sometido a tratamiento el afectado.
Sin embargo, la Ley sólo exige que se trate de una previsión, ya que también se establece que
no obsta a la calificación de la incapacidad como permanente la posibilidad de recuperarse si se
estima médicamente incierta o a largo plazo. Para ello existe la revisión de la incapacidad por
mejoría o agravamiento, que permite modular la prestación a la situación real del afectado.
e) Como consecuencia de las lesiones debe producirse una disminución o anulación de la
capacidad laboral.
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2. GRADOS DE INCAPACIDAD.
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Se entiende por incapacidad permanente total para la profesión habitual “la que inhabilite al
trabajador para la realización de todas o de las fundamentales tareas de dicha profesión, siempre
que pueda dedicarse a otra distinta”.
Lo que define este grado de incapacidad es, por tanto, la capacidad laboral residual, la
posibilidad de seguir generando rentas salariales por otra profesión diferente a la habitual, y no
otras circunstancias de orden personal o socio-económico, como pueden ser la edad o la posibilidad
de recolocación.
Sin embargo, estas circunstancias adicionales pueden suponer una mejora en la cuantía de la
prestación, aunque no implican una calificación en un grado diferente (superior) al de IPT.
Así, junto con la incapacidad permanente total, existe, como especificidad de esta, la
denominada “cualificada”, cuando por la edad (mínimo 55 años), falta de preparación general o
especializada, y circunstancias sociales y laborales del lugar de residencia del trabajador, se
presume la dificultad de obtener empleo en actividad distinta de la habitual anterior.
Por lo tanto, la IPT cualificada no es un grado de incapacidad, sino una prestación superior
en cuanto al porcentaje en relación con los supuestos en que no concurren dichas circunstancias
especiales.
La Ley General de la Seguridad Social define este grado de incapacidad estableciendo que
“se entenderá por incapacidad permanente absoluta para todo trabajo la que inhabilite por completo
al trabajador para toda profesión u oficio”.
Esta inhabilitación “por completo” para toda profesión u oficio hay que conjugarla con la
que establece el artículo 198.2 de la Ley General de la Seguridad Social cuando dice que las
pensiones vitalicias en caso de IPA no impedirán el ejercicio de aquellas actividades, sean o no
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Se define legalmente como “la situación del trabajador afecto de incapacidad permanente y
que, por consecuencia de pérdidas anatómicas o funcionales, necesite la asistencia de otra persona
para los actos más esenciales de la vida, tales como vestirse, desplazarse, comer o análogos”.
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del Estado para la pensión de incapacidad permanente total derivada de enfermedad común de
titulares menores de sesenta años con cónyuge no a cargo.
Lo fundamental, pues, para establecer la cuantía de la pensión, es la determinación de la base
reguladora, pues el cálculo de ésta es diferente según que la contingencia causante sea una
enfermedad común, un accidente no laboral, o un accidente de trabajo o enfermedad profesional:
2. Base reguladora en caso de accidente no laboral (en situación de alta o asimilada a la de alta).
La base reguladora será el cociente que resulte de dividir por 28 la suma de las bases de cotización
del interesado durante un período ininterrumpido de 24 meses, elegido por el beneficiario dentro
de los 7 años inmediatamente anteriores a la fecha del hecho causante de la pensión.
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La base reguladora será el resultado de dividir por 12 la suma de los conceptos señalados.
Los pensionistas, en estos casos, perciben consecuentemente doce mensualidades de su pensión.
Para los beneficiarios de pensión derivada de enfermedad profesional que se encuentren en
situación de inactividad laboral en la fecha del diagnóstico de la enfermedad, la base reguladora
vendrá determinada por los salarios que, en la fecha del diagnóstico de la enfermedad profesional,
perciban los que se encuentren realizando una actividad laboral de la misma categoría y
condiciones de trabajo que la del interesado, sin computar a estos efectos los conceptos salariales
que, por su especial carácter, deban excluirse, como son los aumentos periódicos por años de
servicio en cuanto éstos no hayan sido efectivamente prestados y el incentivo correspondiente a
los trabajos por unidad de obra realizada, si no se demuestra que real o legalmente eran de esta
índole los habitualmente prestados.
Ahora bien, cuando se trata de trabajadores a tiempo parcial, debe tenerse en cuenta lo
siguiente:
• El salario diario, cuando el trabajador no preste servicios todos los días o, prestándolos, su
jornada de trabajo sea irregular o variable, será el que resulte de dividir entre siete o treinta el
semanal o mensual pactado en función de la distribución de las horas de trabajo concretadas en
el contrato para cada uno de esos periodos.
• Los complementos salariales, su cuantía en el año anterior al del hecho causante, se divide entre
el número de horas efectivamente trabajadas en ese período, multiplicando el resultado por la
cifra que resulte de aplicar a 1.826 el coeficiente de proporcionalidad entre la jornada habitual
de la actividad de que se trate y la que se recoja en el contrato.
Aunque la regla general es que la cuantía de la pensión de IPT consiste en un 55 por 100 de
la base reguladora, cabe la posibilidad de incrementar ese porcentaje añadiendo un 20 por 100 de
la base reguladora.
La edad a partir de la cual podrá reconocerse el derecho al incremento es de 55 años,
cualquiera que sea la edad en el momento del hecho causante, cuando se reúnan los demás
requisitos exigidos.
Para el reconocimiento y mantenimiento de este incremento es necesario que el beneficiario
no realice trabajo por cuenta propia ni por cuenta ajena, quedando en suspenso su percepción
cuando el trabajador obtenga un empleo.
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En caso de IPT, la pensión vitalicia correspondiente será compatible con el salario que pueda
percibir el trabajador en la misma empresa o en otra distinta, siempre y cuando las funciones no
coincidan con aquellas que dieron lugar a la incapacidad permanente total.
El pensionista debe comunicar la realización del trabajo por cuenta propia o cuenta ajena, a
la entidad competente, teniendo en cuenta que si tales trabajos dan lugar a su inclusión en algún
régimen de Seguridad Social, el empresario o él mismo (según los casos) ha de cursar el alta y
cotizar, si no cometería una falta leve, sancionable con la pérdida de una mensualidad de la pensión,
con independencia de la obligación de devolver los importes indebidamente percibidos de la
misma.
En relación con las prestaciones de desempleo, deben hacerse algunas matizaciones:
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Serán beneficiarios las mujeres y los hombres que hayan tenido uno o más hijos o hijas y que sean
personas beneficiarias de una pensión contributiva de incapacidad permanente.
Para que los hombres tengan derecho al complemento deberán acreditar:
▪ Causar una pensión contributiva de incapacidad permanente y haber interrumpido o haber visto
afectada su carrera profesional con ocasión del nacimiento o adopción, con arreglo a las
siguientes condiciones:
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1.ª En el supuesto de hijos o hijas nacidos o adoptados hasta el 31 de diciembre de 1994, tener
más de ciento veinte días sin cotización entre los nueve meses anteriores al nacimiento y los
tres años posteriores a dicha fecha o, en caso de adopción, entre la fecha de la resolución
judicial por la que se constituya y los tres años siguientes, siempre que la suma de las cuantías
de las pensiones reconocidas sea inferior a la suma de las pensiones que le corresponda a la
mujer.
2.ª En el supuesto de hijos o hijas nacidos o adoptados desde el 1 de enero de 1995, que la suma
de las bases de cotización de los veinticuatro meses siguientes al del nacimiento o al de la
resolución judicial por la que se constituya la adopción sea inferior, en más de un 15 por ciento,
a la de los veinticuatro meses inmediatamente anteriores, siempre que la suma de las cuantías
de las pensiones reconocidas sea inferior a la suma de las pensiones que le corresponda a la
mujer.
La cuantía del complemento se fijará en la correspondiente ley de presupuestos generales del
Estado de cada año.
En el año 2023, el importe es de 30,40 € mensuales por cada hijo o hija, con el límite de cuatro
veces dicho importe.
El percibo del complemento es incompatible con la percepción de este complemento por el otro
progenitor, por los mismos hijos o hijas.
En el supuesto de que los progenitores sean dos mujeres, se reconocerá a la que perciba pensiones
públicas cuya suma sea de menor cuantía.
En el supuesto de que los progenitores sean una mujer y un hombre que cumpla con los requisitos
anteriormente señalados, podrá percibirlo el hombre si la suma de las cuantías de sus pensiones
reconocidas es inferior a la suma de las pensiones que le corresponda a la mujer.
Si los dos progenitores son hombres, se reconocerá a aquel que perciba pensiones públicas cuya
suma de menor cuantía.
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4. BENEFICIARIOS.
Para causar una pensión de incapacidad permanente en el sistema de la Seguridad Social es
preciso reunir ciertas condiciones que se estudian a continuación de manera separada y que se
refiere a:
a) La situación de la relación jurídica con la Seguridad Social en el momento de causar el
derecho.
b) La necesidad de reunir (en ciertos casos) un período mínimo de cotización previo.
c) El hecho de no tener cumplida la edad ordinaria de jubilación en la fecha del hecho causante
de la incapacidad permanente o, teniendo dicha edad, no reunir todos los requisitos para acceder
a la pensión de jubilación en el sistema de la Seguridad Social, cuando la incapacidad derive de
contingencias comunes.
d) El hecho causante y la determinación de un grado de incapacidad permanente susceptible de
protección económica por el Sistema.
e) Las normas especiales en supuestos derivados de AT y EP.
La Ley General de la Seguridad Social señala que “las personas incluidas en el campo de
aplicación de este Régimen General causarán derecho a las prestaciones del mismo cuando, además
de los particulares exigidos para la respectiva prestación, reúnan el requisito general de estar
afiliadas y en alta en este régimen o en situación asimilada al alta, al sobrevenir la contingencia o
situación protegida, salvo disposición legal expresa en contrario”.
Esta condición es exigible en todos los regímenes del Sistema.
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concurrencia con nuevas lesiones o patologías una disminución o anulación de la capacidad laboral,
procederá la calificación de la situación de incapacidad permanente.
Se debe mencionar también a algunos colectivos de carácter religioso que, pese a estar
integrados en el Régimen General, como asimilados a trabajadores por cuenta ajena, sólo están
protegidos a efectos de incapacidad permanente para las contingencias comunes:
•Clero diocesano de la Iglesia Católica.
•Ministros de culto de la Unión de Iglesias Cristianas Adventistas del Séptimo Día en
España.
•Ministros de culto de las Comunidades Israelitas en España.
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tanto cuando lo sea por naturaleza como por adopción, o de cada menor sujeto a guarda con
fines de adopción o acogimiento permanente, o para atender al cuidado de un familiar.
5. El traslado del trabajador por la empresa fuera del territorio nacional.
6. La suscripción de convenio especial en sus diferentes tipos (Orden TAS/ 2865/2003, de 13
de octubre).
7. Los períodos de inactividad entre trabajos de temporada.
8. Los períodos de prisión sufridos como consecuencia de los supuestos contemplados en la
Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía, en los términos regulados en la Ley 18/1984,
de 8 de junio.
9. La percepción de ayudas equivalentes a jubilación anticipada por reconversión o
reindustrialización.
10. La situación de aquellos trabajadores que no se encuentren en alta ni en ninguna otra de las
situaciones asimiladas a la misma, después de haber prestado servicios en puestos de trabajo
que ofrecieran riesgo de enfermedad profesional y a los solos efectos de que pueda
declararse una incapacidad permanente debida a dicha contingencia.
11. El período considerado como de cotización efectiva en los supuestos de trabajadoras
víctimas de la violencia de género (6 meses, prorrogables, en su caso, por períodos de 3
meses, con un máximo de 18 meses).
12. Trabajadores afectados por el síndrome del aceite tóxico que por tal causa cesaron en su
día en el ejercicio de su actividad laboral, sin que hayan podido reanudar dicho ejercicio, y
que hubieran estado en alta en alguno de los regímenes del sistema (para contingencias
comunes).
13. El período de vacaciones retribuidas y que no hayan sido disfrutadas con anterioridad a la
extinción de la relación laboral.
14. El período de percepción de ayudas previas a la jubilación ordinaria en el sistema de la
Seguridad Social, concedidas a trabajadores afectados por procesos de reestructuración de
empresas (para las pensiones derivadas de contingencias comunes).
Se pueden mencionar otras situaciones que pueden considerarse, por sus efectos, similares a las
situaciones asimiladas a la de alta:
- La situación de prolongación de efectos de la incapacidad temporal (como norma general, de
los 545 a 730 días naturales).
- La situación de incapacidad temporal, así como los períodos de descanso por maternidad,
paternidad, adopción, guarda con fines de adopción y acogimiento familiar (de duración no
inferior a un año), que subsistan una vez extinguido el contrato de trabajo.
- Las situaciones de alta en determinados casos de despido disciplinario declarado improcedente.
La Ley 26/1985, de 31 de julio, flexibilizó el requisito del alta y lo eliminó para poder causar
pensiones de incapacidad permanente en caso de incapacidad permanente absoluta o gran
invalidez, derivadas de contingencias comunes, siempre que se tuviera cubierto el período mínimo
de cotización exigido para estos casos (15 años, de los cuales 3 deben estar incluidos en los últimos
10 años).
Actualmente, la Ley General de la Seguridad Social -artículo 195.4 y 5- recoge esta
posibilidad matizando que la falta de alta o situación asimilada debe producirse en el momento del
hecho causante y que, para poder causar pensión en el Régimen General y en otro u otros del
sistema, en casos de no alta, será necesario que las cotizaciones acreditadas en cada uno de ellos
se superpongan, al menos, durante 15 años.
a.4) Otras situaciones:
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- La cuarta parte del tiempo transcurrido entre la fecha en que se haya cumplido los 20 años
y el día en que se hubiese producido el hecho causante, con un mínimo, en todo caso, de
5 años. (Carencia genérica).
- En este supuesto, al menos una quinta parte del período de cotización exigible deberá estar
comprendida dentro de los 10 años inmediatamente anteriores al hecho causante.
(Carencia específica).
En todos estos casos, no se tendrán en consideración las fracciones de edad del interesado
en la fecha del hecho causante que sean inferiores a medio año (excepto aquéllos cuya edad se
encuentre entre los 16 y los 16 años y medio). Asimismo, cuando tales fracciones sean superiores
a 6 meses, se considerarán equivalentes a medio año. El período resultante será objeto de redondeo,
despreciándose, en su caso, las fracciones de mes.
Cuando se acceda a las pensiones de incapacidad permanente, desde una situación de alta o
asimilada al alta, sin obligación de cotizar (por ejemplo, el período de excedencia por cuidado de
otros familiares que exceda del período considerado como de cotización efectiva; el paro
involuntario una vez agotada la prestación de desempleo), el período de los 10 años, dentro de los
cuales deba estar comprendido, al menos, una quinta parte del período de cotización exigible, se
computará, hacia atrás, desde la fecha en que cesó la obligación de cotizar.
Este criterio se aplica, igualmente, a quienes, sin haber completado el período específico de
cotización exigible, causen la pensión desde una situación de alta, con obligación de cotizar,
cuando dicha situación proceda de otra inmediatamente anterior de alta o asimilada al alta, pero
sin obligación de cotizar.
Para acreditar el período mínimo de cotización, tanto a efectos del período genérico como
del específico, serán computables, además de los días efectivamente cotizados:
- En el caso de trabajadores que encontrándose en situación de IT no hayan llegado a agotar el
período máximo de duración señalado para dicha situación (545 días naturales), los días
que falten para agotar ese período máximo.
- Los "días cuota", es decir, los correspondientes a las pagas extraordinarias de julio y
diciembre, para cuyo cálculo se tendrá en cuenta la reglamentación, ordenanza laboral o
convenio colectivo aplicable.
A estos efectos, podrán computarse las cotizaciones efectuadas por pagas extraordinarias hasta
un máximo de 60 días al año y, únicamente, en el caso de que los días reales cotizados no
fueran suficientes para reunir el período mínimo exigido.
- Los períodos cotizados al amparo de los distintos Convenios Especiales con la
Administración de la Seguridad Social.
- Los períodos cotizados en la Caja de Seguros Sociales de Guinea por los trabajadores
españoles que estuvieron afiliados a dicha Caja y que han causado alta en la Seguridad
Social española.
- Los tres años del período de excedencia por cuidado de cada hijo o menor, en régimen de
acogimiento permanente o de guarda con fines de adopción.
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- El primer año del período de excedencia que los trabajadores disfruten en razón del cuidado
de otros familiares, hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, que, por razones
de edad, accidente, enfermedad o discapacidad, no puedan valerse por sí mismos, y no
desempeñen una actividad retribuida.
- El período de suspensión con reserva del puesto de trabajo en los supuestos de trabajadoras
víctimas de la violencia de género (6 meses, prorrogables, en su caso, por períodos de 3
meses, con un máximo de 18 meses).
- Los períodos asimilados por parto: 112 días completos de cotización por cada parto de un
solo hijo y de 14 días más por cada hijo a partir del segundo, éste incluido, si el parto fuera
múltiple, salvo si, por ser trabajadora o funcionaria en el momento del parto, se hubiera
cotizado durante la totalidad de las dieciséis semanas o, si el parto fuese múltiple, durante
el tiempo que corresponda.
Los días que se computen como cotizados en concepto de beneficios por cuidado de hijos o
menores se aplicarán a todos los efectos, salvo para el cumplimiento del período mínimo de
cotización exigido. Tampoco tendrán la consideración de situación asimilada al alta para poder
causar otras prestaciones de la Seguridad Social.
Se considerará como período cotizado aquel de interrupción de la cotización, derivado de la
extinción de la relación laboral o de la finalización del cobro de prestaciones de desempleo
producidas entre los nueve meses anteriores al nacimiento, o los tres anteriores a la adopción o
acogimiento permanente de un menor y la finalización del sexto año posterior a dicha situación.
En el año 2018, la duración de este cómputo como período cotizado será de 243 días por
cada hijo o menor adoptado o acogido. Dicho período se incrementará anualmente, hasta alcanzar
el máximo de 270 días por hijo en el año 2019, sin que en ningún caso pueda ser superior a la
interrupción real de la cotización.
Este beneficio solo se reconocerá a uno de los progenitores; en caso de controversia entre
ellos se otorgará el derecho a la madre. Y puede ser compatible en un mismo beneficiario con los
períodos de cotización asimilados por parto.
Debe recalcarse la importancia práctica del principio de intercomunicación o cómputo
recíproco de cotizaciones entre los distintos regímenes de Seguridad Social, que alcanza también
a las cotizaciones efectuadas a las entidades sustitutorias de las entidades gestoras del sistema de
la Seguridad Social y al Régimen de Clases Pasivas del Estado, así como a los supuestos de alta
indebida en un régimen, de personas incluidas en el campo de aplicación de otro régimen distinto.
Una de las medidas más relevantes introducidas en el régimen jurídico de las pensiones de
incapacidad a raíz de la Ley 26/1985, de 31 de julio, fue la supresión del requisito de alta para el
acceso a las pensiones de incapacidad permanente en los grados de absoluta o gran invalidez, a la
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*Determinación de los períodos mínimos de cotización para los trabajadores a tiempo parcial.
Se tendrán en cuenta los distintos períodos durante los cuales el trabajador haya permanecido
en alta con un contrato a tiempo parcial, cualquiera que sea la duración de la jornada realizada en
cada uno de ellos.
Al número de días que resulten se le sumarán, en su caso, los días cotizados a tiempo
completo, siendo el resultado el total de días de cotización acreditados computables.
El período mínimo de cotización exigido será el resultado de aplicar al período regulado con
carácter general el coeficiente global de parcialidad.
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En relación con la edad, debe de tenerse en cuenta también la disposición transitoria séptima
de dicha ley.
Por tanto, sí se podrá acceder a las prestaciones de incapacidad permanente, aunque el
trabajador, en la fecha del hecho causante, tenga la edad ordinaria de jubilación vigente en cada
momento o más y reúna las condiciones de acceso a la pensión de jubilación, cuando la causa
originaria de la incapacidad derive de un accidente de trabajo o de una enfermedad profesional.
Así, el acceso al derecho a las prestaciones por incapacidad permanente se condiciona a no
tener, en la fecha del hecho causante, una edad igual o superior a la establecida en cada momento
como ordinaria para tener derecho a la pensión de jubilación, sólo cuando la incapacidad derive de
contingencias comunes. Pero, a su vez, la edad sólo opera como impedimento para acceder a las
prestaciones de incapacidad permanente por dichas contingencias si se reúnen todos los requisitos
para alcanzar la pensión de jubilación.
Por ello, aquellas personas que, sin reunir todos los requisitos para acceder a la pensión de
jubilación, tengan la edad ordinaria de jubilación vigente en cada momento o más, sigan trabajando,
y sufran un accidente no laboral o una enfermedad común que les incapacite, podrán causar
prestaciones de incapacidad permanente derivada de estas contingencias. Ahora bien, en estos
casos la cuantía de la pensión de incapacidad permanente será equivalente al resultado de aplicar
a la correspondiente base reguladora el porcentaje que corresponda al período mínimo de
cotización que esté establecido en cada momento, para el acceso a la pensión de jubilación. Cuando
la incapacidad permanente derive de enfermedad común, se considerará como base reguladora el
resultado de aplicar únicamente lo establecido en la norma a) de las señaladas para la determinación
de la base reguladora en los supuestos de enfermedad común en el grado de IPT.
Por otra parte, las pensiones de incapacidad permanente, cuando sus beneficiarios cumplan
la edad ordinaria de jubilación exigida en cada momento, pasarán a denominarse pensiones de
jubilación. La nueva denominación no implicará modificación alguna, respecto de las condiciones
de la prestación que se viniese percibiendo.
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Se hace efectiva la prestación en un solo pago, tras adoptarse la resolución definitiva en vía
administrativa.
Si deriva de una incapacidad temporal previa y ésta se hubiera extinguido, los efectos
económicos se iniciarán desde el día siguiente al de la extinción de esta situación, salvo que la
prestación reconocida por incapacidad permanente resulte inferior a la que en concepto de
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prolongación de los efectos de la IT venía percibiendo el interesado, en cuyo caso, los efectos
coincidirán con la fecha de la propuesta de la resolución de la entidad gestora.
Cuando la cuantía de la pensión reconocida sea superior a la percibida en concepto de
prolongación de los efectos de la IT, los efectos económicos se retrotraerán al día siguiente al de
extinción de la incapacidad temporal y se deducirán, del importe a abonar, las cantidades que se
hubieran satisfecho durante ese período.
Si no ha existido incapacidad temporal o ésta no se ha extinguido, los efectos económicos
serán desde la fecha de emisión del dictamen-propuesta del Equipo de Valoración de
Incapacidades (EVI) o del dictamen médico del Instituto Catalán de Evaluaciones Médicas (ICAM)
en el ámbito de la Comunidad Autónoma de Cataluña o, en su caso, en la fecha de la propuesta de
resolución de la entidad gestora, en función de similares criterios a los analizados para el caso de
que el hecho causante se produzca en el momento de la extinción de la IT (cuantía de la pensión
de IP inferior a la de la prestación de IT).
El incremento del 20 por 100 de la base reguladora, para los supuestos de incapacitados
mayores de 55 años, tendrá efectos desde la fecha de solicitud de este incremento, con una
retroactividad máxima de 3 meses siempre que durante ese período ya tuvieran 55 años cumplidos.
La sustitución de la pensión por la indemnización a tanto alzado será efectiva a partir de la
resolución favorable del subdirector general de Ordenación y Asistencia Jurídica del INSS (que
actúa por delegación del director general del INSS).
Son de aplicación las mismas reglas expresadas para la incapacidad permanente total con la
particularidad de que, a diferencia de ésta, en los grados de incapacidad permanente absoluta y
gran invalidez es posible acceder a la prestación desde la situación de no alta si la causa de la
incapacidad es de origen común (enfermedad común o accidente no laboral).
Pues bien, en los casos de beneficiarios procedentes de una situación de no alta y que, por
tanto, carecen de la protección por incapacidad temporal previa a la declaración de incapacidad
permanente, los efectos económicos se producen desde el momento de la solicitud y, en
consecuencia, excepcionalmente en tal supuesto, también se entenderá producido el hecho causante
en dicho momento.
5.2. Duración.
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El carácter vitalicio de las pensiones les atribuye una duración en principio indeterminada, salvo
cuando la protección consiste en prestaciones de pago único. Sin embargo, la revisión de la
incapacidad permanente puede implicar la transformación de la pensión.
5.4. Suspensión.
El derecho a las prestaciones económicas por incapacidad permanente podrá ser suspendido
cuando acontezca alguna de las circunstancias siguientes:
1. Que el beneficiario haya actuado fraudulentamente para obtener o conservar el derecho a las
mismas.
2. Que la incapacidad permanente sea debida o se haya agravado a consecuencia de
imprudencia temeraria del beneficiario.
3. Que la incapacidad permanente sea debida o se haya agravado a consecuencia de haber
rechazado o abandonado, sin causa razonable, el tratamiento sanitario que le hubiera sido
indicado durante la situación de incapacidad temporal.
4. Que el beneficiario, sin causa razonable, rechace o abandone los tratamientos o procesos de
readaptación y rehabilitación procedentes.
El incumplimiento, por parte del beneficiario de la obligación de presentar, en los plazos
legales establecidos, declaraciones preceptivas o documentos, antecedentes, justificantes o datos
que no obren en la entidad gestora, cuando sean requeridos y siempre que los mismos puedan
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afectar a la conservación del derecho a la prestación, podrá dar lugar a que se adopten las medidas
preventivas necesarias, mediante la suspensión cautelar del abono de las citadas prestaciones, hasta
tanto quede debidamente acreditado que se cumplen los requisitos legales imprescindibles para el
mantenimiento del derecho (artículo 52 de la Ley General de la Seguridad Social).
5.5. Extinción.
Una vez reconocidas, las pensiones de incapacidad permanente se extinguirán en los
supuestos siguientes:
1. Por revisión de la incapacidad declarada.
2. Por reconocimiento del derecho a la pensión de jubilación, cuando se opte por esta pensión.
3. Por fallecimiento del beneficiario.
4. Por concurrir alguna causa de las mencionadas en el apartado dedicado a la suspensión si
supone una infracción que afecte al cumplimiento y conservación de los requisitos que den
derecho a la prestación y se dicte resolución administrativa definitiva al respecto.
5. Por revisión de oficio dictada por la entidad gestora en alguno de los casos en que tal actuación
esté legalmente permitida y de ella se derive la pérdida del derecho a la pensión.
6. INVALIDEZ SOVI.
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c) El supuesto de incapacidad permanente total para su profesión habitual padecida por un trabajador
mayor de 60 años. Este supuesto se considera Vejez por invalidez.
6.2. Requisitos.
Se exige para tener derecho a las prestaciones los siguientes requisitos:
a) No tener derecho a ninguna otra pensión de los regímenes que integran el Sistema de la
Seguridad Social española (incluida las entidades “sustitutorias” pendientes de integración) a
excepción de la pensión de viudedad, que es compatible.
b) Que la incapacidad no derive de AT/EP indemnizable.
c) Tener cubiertos 1.800 días de cotización al SOVI.
La prestación consiste en una pensión, que tiene las siguientes características:
• Es única.
• Es vitalicia.
• Es imprescriptible.
• Es de cuantía fija.
La cuantía de la pensión se calcula de la siguiente forma:
▪ Si existe concurrencia con otras pensiones (que sean distintas del sistema de la Seguridad
Social).
▪ Si no existe concurrencia, se concede la pensión básica más las mejoras.
En las revalorización anuales de las pensiones de la Seguridad, los Decretos de revalorización
establecen las cuantías fijas de las pensiones del SOVI.
La pensión de invalidez SOVI es incompatible con el resto de las pensiones del mismo sistema.
Es compatible con la pensión de viudedad del sistema de la Seguridad Social (DT 2ª apartado 3 del
TRLGSS) si bien su suma no podrá ser suprior al doble del importe de la pensión mínima de viudedad
para beneficiarios con 65 o más años que esté establecido en cada momento. Caso de superarse dicho
límite, se procederá a la minoración de la cuantía de la pensión del seguro obligatorio de vejez e
invalidez, en el importe necesario para no exceder del límite indicado.
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