PINTURA DEL RENACIMIENTO ITALIANO (RESUMEN).
La pintura renacentista surge en Italia en el siglo XV (Quattrocento). Tomará como
referente la Antigüedad clásica.
El nuevo lenguaje pictórico tiene como precedentes a Giotto (pintor italiano del
Trecento) y la escuela flamenca que aportará la técnica del óleo sobre tabla y el alto
grado de realismo.
Durante el Quattrocento surgen diversas escuelas artísticas: Florencia, Umbría,
Padua, Venecia, etc. Buscaron la captación del espacio en perspectiva mediante
líneas que convergen en un mismo punto de fuga, búsqueda de una luz real que
ilumine los ambientes, representación de figuras corpóreas y empleo de cánones
matemáticos y geométricos.
Como técnicas se emplearon el fresco, temple sobre tabla y el óleo. El dibujo
predomina sobre el color que contribuye a crear las formas. Las composiciones son
cerradas y el movimiento controlado. Aún se aprecia cierto sentido narrativo y
descriptivo del gótico. La iconografía alude a asuntos mitológicos y alegóricos. Las
metamorfosis de Ovidio será una fuente iconográfica muy empleada. El retrato se
convierte en símbolo de prestigio social. La corriente filosófica neoplatónica impulsada
por Ficino calará en el ambiente intelectual de los Médici.
En el Cinquecento (siglo XVI) se busca la belleza idealizada basada en el orden,
equilibrio, armonía, simplicidad y grandiosidad. El óleo se generaliza y continúan los
grandes ciclos al fresco. La línea domina sobre el color y las composiciones tienden
hacia esquemas geométricos.
La Escuela veneciana aporta como novedad el óleo sobre lienzo. Los pintores
emplean una luz dorada y un color muy rico con destellos de luz. El color se aplica en
pinceladas sueltas y es el elemento principal de la obra. Las composiciones son
complejas y hay numerosos personajes; dinamismo, escorzos y puntos de vista bajos.
A partir de 1520 (Manierismo), el estilo es refinado, con temática compleja, a veces de
difícil interpretación, con una fuerte carga alegórica. Las composiciones son
inestables, apareciendo líneas abiertas y movimientos ondulantes. Los fondos
espaciales se distorsionan y se crean ambientes muy artificiosos. Las formas se
alargan y generan angustia.
Fra Angélico es del primer Renacimiento. Aunque sus escenas se enmarcan en
arquitecturas clásicas, el sentido narrativo y el excesivo detallismo todavía enlazan con
el Gótico. Sobresale La Anunciación.
También destaca Masaccio. Sus planteamientos pictóricos están en el ciclo pintado al
fresco en la capilla Brancacci en la iglesia de Santa María del Carmine, Florencia. Aquí
desarrolla escenas de la vida de San Pedro. Las figuras están inmersas en la
Naturaleza. Utiliza arquitecturas clásicas como telón de fondo, emplea las leyes de la
perspectiva y dota de gran corporeidad a las figuras gracias al color, la luz y las
sombras.
Piero della Francesca utiliza una luz muy blanca y fría, confiere a sus obras un sentido
escultórico y enigmático.
A mediados del siglo XV surge una segunda generación de maestros pintores.
Destacaron Verrochio, Ghirlandaio y Botticelli.
Botticelli concibió su obra en gran formato y en clave neoplatónica, muy influenciado
por el círculo intelectual de Lorenzo el Magnífico. Destacan sus obras mitológicas y
alegóricas “La alegoría de la primavera” y “El nacimiento de Venus”.
Del Cinquecento sobresale Leonardo da Vinci. Como humanista, cultivó diversos
campos del saber: pintura, escultura, ingeniería, anatomía, etc. Sus reflexiones acerca
del arte de la pintura se exponen en “El Tratado de la Pintura”. Después de una
primera etapa florentina, estuvo al servicio de Francisco Sforza en Milán. Allí ejecutó
obras como La Virgen de las rocas (emplea el sfumato y la perspectiva aérea). Para el
convento de Santa María de las Gracias en Milán pintó la Última Cena, centrándose en
el momento mismo de la traición de Jesús. Posteriormente realiza la famosa
Gioconda.
Miguel Ángel desarrolló su propio estilo manierista en la bóveda de la Capilla Sixtina,
donde exhibió un ciclo de pinturas al fresco con temática alusiva al Antiguo
Testamento, donde pintará posteriormente el Juicio Final.
Rafael Sanzio refleja en sus primeras obras la captación de la belleza idealizada
neoplatónica. Como obras citamos la Escuela de Atenas (sala de la Signatura, Roma).
De la Escuela veneciana destacan Tiziano, Tintoretto y Veronés. Se caracterizan por el
uso de la técnica del óleo sobre lienzo, dominio del color sobre el dibujo, ejecución con
pincelada suelta, gran importancia concedida al paisaje y la luz y el gran desarrollo de
la temática mitológica y religiosa.
PINTURA ITALIANA DEL CINQUECENTO
La pintura renacentista surge en Italia en el siglo XV (Quattrocento). Tomará como
referente la Antigüedad clásica.
El nuevo lenguaje pictórico tiene como precedentes a Giotto (pintor italiano del
Trecento) y la escuela flamenca que aportará la técnica del óleo sobre tabla y el alto
grado de realismo.
En el Cinquecento (siglo XVI) se busca la belleza idealizada basada en el orden,
equilibrio, armonía, simplicidad y grandiosidad. El óleo se generaliza y continúan los
grandes ciclos al fresco. La línea domina sobre el color y las composiciones tienden
hacia esquemas geométricos.
La Escuela veneciana aporta como novedad el óleo sobre lienzo. Los pintores
emplean una luz dorada y un color muy rico con destellos de luz. El color se aplica en
pinceladas sueltas y es el elemento principal de la obra. Las composiciones son
complejas y hay numerosos personajes; dinamismo, escorzos y puntos de vista bajos.
El gran genio creador del Cinquecento es Leornardo da Vinci. Como hombre
humanista, cultivó diversos campos del saber: pintura, escultura, ingeniería, anatomía,
etc. Además, sus reflexiones acerca del arte de la pintura quedaron plasmadas en una
obra teórica “El Tratado de la Pintura”. Después de una primera etapa florentina,
Leonardo da Vinci estuvo al servicio de Francisco Sforza en Milán. Allí ejecutó obras
tan novedosas como La Virgen de las rocas. En ella observamos la técnica del
sfumato y la perspectiva aérea, señas de identidad del pintor. Para el convento de
Santa María de las Gracias en Milán pintó la Última Cena, centrándose en el momento
mismo de la traición de Jesús más que en el rito eucarístico. De regreso a Florencia,
continuó con su labor pictórica. En esta etapa se enmarca su obra más icónica: la
Gioconda. Tras breves estancias en Roma y Milán, decepcionado por no conseguir
trabajo en la corte papal, se trasladó a la corte de Francisco I en Francia donde
fallecerá en 1519.
Como pintor, Miguel Ángel desarrolló su propio estilo manierista en la bóveda de la
Capilla Sixtina donde exhibió un ciclo de pinturas al fresco con temática alusiva al
Antiguo Tetamento. En el testero de la capilla pintaría años después, por encargo del
Papa Paulo III, el Juicio Final.
Rafael Sanzio, nacido en Perugia, refleja en sus primeras obras el interés por la
captación de la bella idealizada neoplatónica. A los veinticinco años se instaló en
Roma, introducido por Bramante en la corte papal de Julio II quien le encargó la
decoración al fresco de varias estancias vaticanas.
Entre ellas destacamos la sala de la Signatura en la que Rafael representó la Escuela
de Atenas haciendo exhibición de un estilo plenamente renacentista.
Dentro de la Escuela veneciana destacamos la producción artística de Tiziano,
Tintoretto y Veronés. Su obra da testimonio de las características esenciales de dicha
Escuela: empleo de la técnica del óleo sobre lienzo, dominio del color sobre el dibujo,
ejecución con pincelada suelta, gran importancia concedida al paisaje y la luz así
como el gran desarrollo de la temática mitológica y religiosa.
PINTURA ITALIANA DEL QUATTROCENTO
La pintura renacentista surge en Italia en el siglo XV (Quattrocento). Al igual que la
arquitectura y la escultura, tomará como referente la Antigüedad clásica. El mundo
grecolatino se convertirá en paradigma de perfección y modelo a imitar. Sin embargo,
los pintores renacentistas no podrán inspirarse en la pintura griega puesto que no se
conservan ejemplos; por ello, fue imprescindible recurrir al estudio del relieve clásico.
El nuevo lenguaje pictórico tiene como precedentes formales más próximos la obra de
Giotto (pintor italiano del Trecento) y la escuela flamenca que aportará
fundamentalmente la técnica del óleo sobre tabla y el alto grado de realismo con el
que los pintores flamencos conciben las obras.
Durante el Quattrocento surgen en Italia diversas escuelas de producción artística:
Florencia, Umbría, Padua, Venecia, etc. Todas ellas exploraron los mismos caminos:
captación del espacio en perspectiva a través de líneas que convergen en un mismo
punto de fuga, búsqueda de un luz real que ilumine los ambientes, representación de
figuras corpóreas y empleo de cánones matemáticos y geométricos.
Desde el punto de vista técnico, debemos tener en cuenta la técnica al fresco, el
temple sobre tabla y el óleo por influencia flamenca. El dibujo predomina sobre el color
aunque éste ya no tiene un sentido decorativo sino que contribuye a crear las formas.
La composiciones son cerradas y el movimiento controlado. Por influencia gótica,
todavía se aprecia un cierto sentido narrativo y descriptivo. La iconografía se renueva
apareciendo asuntos mitológicos y alegóricos. En ocasiones los temas religiosos se
funden con los mitológicos (“concordatio”). Las metamorfosis de Ovidio será una
fuente iconográfica muy empleada por los pintores renacentistas. De igual manera, el
retrato (primero de perfil estricto y posteriormente de tres cuartos) será un reclamo
constante por parte de los mecenas y clientes del arte. El retrato se convierte en
símbolo de prestigio social.
La corriente filosófica neoplatónica impulsada por Ficino calará profundamente en el
ambiente intelectual de los Médici.
La pintura de Fra Angélico se encuadra en el primer Renacimiento. Aunque sus
escenas se enmarcan en arquitecturas clásicas, el sentido narrativo y el excesivo
detallismo todavía enlazan con el mundo gótico. Su obra más representativa es La
Anunciación (Museo del Prado).
El verdadero creador del lenguaje renacentista en el Quattrocento es Masaccio.
Podemos observar sus planteamientos pictóricos en el ciclo pintado al fresco en la
capilla Brancacci en la iglesia de Santa María del Carmine, Florencia. En este ciclo
desarrolla numerosas escenas en relación con la vida de San Pedro. Las figuras están
inmersas en la Naturaleza. Utiliza arquitecturas clásicas como telón de fondo, emplea
las leyes de la perspectiva y dota de gran corporeidad a las figuras gracias al color, la
luz y las sombras.
Piero della Francesca presenta un estilo muy personal. La utilización de una luz
extremadamente blanca y fría confiere a sus obras un sentido escultórico y enigmático.
Su iconografía también ha sido objeto de muchos debates.
A mediados del siglo XV surge una segunda generación de maestros pintores.
Destacaron Verrochio, Ghirlandaio y Botticelli.
Botticelli concibió su obra en gran formato y en clave neoplatónica, muy influenciado
por el círculo intelectual de Lorenzo el Magnífico. Su obras mitológicas y alegóricas
más significativas son “La alegoría de la primavera” y “El nacimiento de Venus”.