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El Renacimiento Francés

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El Renacimiento Francés: "Gargantúa y Pantagruel" de Francois Rabelais.

El Renacimiento francés: "Gargantúa y Pantagruel" de


Francois Rabelais.
François Rabelais:

Gargantúa y Pantagruel

La obra que hoy conocemos como Gargantúa y Pantagruel consta de


cinco libros publicados entre 1532 y 1564, y aparecido el último
bastante después de la muerte de François Rabelais, por lo que cabe
incluso abrigar alguna duda sobre su paternidad.

La horripilantísima vida de gran Gargantúa, padre de Pantagruel (La


vie trè horrificque du grand Gargantua père de Pantagruel) se publicó
en Lyon en 1534 o 1535, un par de años después que Los horribles y
espantosos hechos y proezas de muy famoso Pantagruel, Rey de los
Sedientos, hijo del gran gigante Gargantúa (Les horribles et
espoventables faictz et prouesses du tresrenommé Pantagruel Roy des
Dipsodes, filz du grant géant Gargantua). Ambas eran tan sólo
aparentemente anónimas, pues que tras el anagrama de Alcofribas
Nasier que las firmaba se transparentaba el nombre de François
Rabelais. Fue éste un médico del Hospital de Lyon, uno de los primeros
que practicó la disección, amigo de humanistas y enemigo de papistas y
"sorbonícolas", que realizó algunas estancias en Italia con el séquito de
importantes diplomáticos, como médico, que publicó libros propios y
ajenos de arqueología y medicina, y que murió en la ciudad de París a
avanzada edad en 1553.

Aunque segundo en la publicación, Gargantúa es el primer libro en el


tiempo de la ficción, y ese es el lugar que en 1542 le dio el autor en la
primera edición conjunta de ambos, y el que conservó ulteriormente.
Así quedaba constituido lo que podríamos llamar casi un ciclo, a la
manera de la épica tradicional. Cantar y contar, tras las hazañas o
aventuras de un héroe, las de sus antepasados, era uno más entre los
muchos procedimientos y elementos narrativos tradicionales que
aprovechaba el autor. El personaje mismo de Gargantúa, como antes el
de Pantagruel (conocido como el demonio que arroja sal a la boca de los
borrachos), no era nuevo para el público: el mismo año en que se
publicaba Pantagruel de Rabelais, aparecían (y también con ocasión de
las ferias lionesas de otoño, en las que el libro era una mercancía más)

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las anónimas Grandes e inestimables crónicas del enorme gigante
Gargantúa (Grandes et inestimables Chronicques de l´ènorme géant
Gargantua), a las que Rabelais se refería precisamente en las primeras
líneas de su obra. Pero a lo largo de treinta años y cinco libros, Rabelais
fue combinando elementos de una profusa y viva cultura popular con la
cultura humanística y con una azarosa experiencia personal, en una
obra abigarrada y tremendamente original. Y lo que había empezado
aparentemente como una parodia de los libros de caballerías (o sus
deformaciones), y tomando como pretexto personajes de farsa y
almanaque, terminó constituyendo un fresco grotesco y genial, no sólo
de una época, sino también de unas constantes inmutables de la
humanidad.

Ello explica la fortuna de una obra en que seriedad y comicidad son de


todo punto inseparables. Los aspectos históricos, ideológicos,
estilísticos, han mantenido su interés y vitalidad a lo largo de los
cuatrocientos cincuenta años que nos separan de ella, como reflejan sus
innumerables ediciones y traducciones. No es sólo una obra crucial en
la literatura francesa, es un clásico universal. Si Chateaubriand dijo:
"Rabelais a créé les lettres francaises: Montaigne, La Fontaine, Molière,
viennet de sa descendance" ("Rabelais creó las letras francesas:
Montaigne, La Fontaine, Molière, descienden de él"), Coleridge fue más
allá: "Yo sitúo a Rabelais -dijo- entre los ingenios que han creado el
mundo: Shakespeare, Dante, Cervantes." Aunque lo cierto es, como
observó Céline, que sus sucesores no supieron aprovechar la mejor
lección del autor: la libertad de lenguaje.

Dentro del conjunto, Gargantúa, tiene algunas características que


permiten destacarlo del resto. El libro se abre y se cierra con dos de los
pasajes más famosos y controvertidos del autor (el desconcertante
prólogo, respuesta ya a la acogida que había recibido el libro anterior, y
la descripción de la abadía de Thélème, por ejemplo), y tiene la sólida y
perfecta construcción. Tras la genealogía y nacimiento del héroe
(pasajes perfectamente paralelos a los de Pantagruel ), la acción se
desarrolla en torno a dos núcleos importantes, la educación y la guerra,
dos temas mayores en relación con la gigantesca empresa de
modernización de la época (simbólicamente, cabría decir que la
invención de la imprenta corre pareja con la de la pólvora en la
masificación de ambos fenómenos atribuible a la nueva sociedad). En el
tratamiento del primero se ha visto una contraposición por parte de
Rabelais de los antiguos métodos de enseñanza frente a los modernos; y
en el del segundo, un reflejo de los conflictos atribuidos a la belicosidad
del Emperador y/o de los señores feudales. La ironía y comicidad del
relato suscitan sin embargo serias dudas sobre su interpretación: si en
el prólogo el autor nos invitaba a buscar en su obra "la sustanciosa
médula", el lector se siente inclinado a creer que, de haber una que no

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sea precisamente la comicidad, radicaría en la demolición de todas las
ideologías. La guerra terminará, obviamente, con la victoria de los
buenos y la recompensa del vencedor a sus colaboradores. Y siendo uno
un monje, ¿qué mejor para él que una abadía? Pero antes de que el
lector haya tenido tiempo de ver existir (siquiera sea en el tiempo de la
ficción) el "mundo del revés" que en ella se nos describe (para lo cual el
autor utiliza la forma de la utopía y los rasgos de la nueva corte), un
"enigma" hallado entre sus escombros vaticina un terrible conflicto, en
el que cabría ver un aviso en relación con las querellas
contemporáneas, si no fuera porque el léxico empleado es el del juego
de pelota, el famoso "jeu de paume" tan de moda en la época...

- Prado, Juan Manuel y Rodrigo, Ricardo (Dir.) (1984) HISTORIA


UNIVERSAL DE LA LITERATURA. Fascículo 66: El Renacimiento
Francés. Barcelona. Hispamérica-

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